En el superficial y caótico panorama de la cultura actual -posmoderna, prerracional, anti espiritual y consumista- todo sirve para presunciones impostadas que pretenden innovar estropeando. Y no iba a pasar menos con Miguel de Unamuno y esa novela suya con
la que rompió los convencionalismos del género. Esta versión teatral es un chiste malo y largo, otro insulso producto del teatro subvencionado.