El gran cineasta Ingmar Bergman en 1984 fusionó teatro, cine y televisión en una película corta que presentaba a un veterano director de teatro enfrentado a su pasado con el fantasma de su amante muerta, y enfrentado al presente con la hija de ambos a la que
ha dado el papel protagonista que su madre bordara hace años. Y lo contamos, disculpen, porque en esta versión las cosas son bastante distintas.