Elisabeth Larena es una bilbaína de cuarenta años que lleva quince haciendo teleseries. Con tan escaso bagaje se ha atrevido a escribir esta comedieta cuyo mediano éxito se basa en la presencia de una actriz nonagenaria que genera comprensibles simpatías y
tres cuartas partes del aforo. La otra cuarta parte, a poco que se mantenga despierta saldrá de la función muy cabreada porque la propuesta es deficiente. Lo mejor, que dura solo ochenta minutos. Lo peor, un amateurismo al que le falta una década de oficio
y aprendizaje.
Elisabeth Larena es una bilbaína de cuarenta años que lleva quince haciendo teleseries. Con tan escaso bagaje se ha atrevido a escribir esta comedieta cuyo mediano éxito se basa en la presencia de una actriz nonagenaria que genera comprensibles simpatías que
generan tres cuartas partes del aforo. La otra cuarta parte, a poco que se mantenga despierta saldrá de la función muy cabreada porque la propuesta es impresentable. Lo mejor, que dura solo ochenta minutos. Lo peor, un amateurismo al que le falta una década
de oficio y aprendizaje.