Insertar a un escultor contemporáneo en el mismo corazón del Museo del Prado parece un tanto osado y criticable. Lo justifican porque el arte clásico le inspiró y fue un asiduo visitante de nuestro gran museo. Sería en todo caso una relación conceptual no muy
deducible a simple vista en su manera de abordar la perspectiva, la composición y la puesta en escena con el arte y la arquitectura renacentista y barroca. Da para cavilar un rato.