Resultaba difícil convertir el famoso drama de Ibsen en ópera y hay que aplaudir el intento, aunque el libreto de Àlex Rigola deje que desear. Pero lo compensa la partitura elaborada por este compositor valenciano, que resulta brillante
en lo instrumental y estridente y destemplada en lo vocal, tal y como es habitual en todos los intentos contemporáneos de prolongar el género con hechuras posmodernas que no terminan de casar. En todo caso una notable nueva ópera española que celebramos sinceramente.