Por
Jose A. Cano via @granadaimedia
En
el experimento crepero el cambio ha sido un chavico por un euro, un equivalencia establecida para “facilitar” la idea, aunque no sea real.
“Es difícil ponerle precio al tiempo o el trabajo en una moneda que no existe, así que hacemos esa equivalencia para que la gente
pueda adaptarse”, explica Gloria a Granadaimedia. “De momento queremos mantenerla más tiempo como algo cerrado. Si otros grupos, de
otros barrios o de otras cooperativas, quisieran usarla, les diríamos como funciona, pero les recomendaríamos que creasen ellos la suya
según sus necesidades. Las monedas sociales son una transición hacia otro modelo económico, no un fin en sí
mismas“.
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