JULIO 7, 2009
Haciendo la obra de Dios
LEA: Juan 6:25-33
Nuestra competencia
proviene de Dios. —2 Corintios 3:5
Cuando era pastor solía tener una pesadilla una y otra vez. Me levantaba
para predicar el domingo por la mañana, miraba a mi congregación… ¡y veía
que no había nadie en los bancos!
No hace falta un Daniel (Daniel 2:1, 19) o un terapeuta en sueños para
interpretar la visión. Ésta salía de mi creencia de que todo dependía de mí.
Erróneamente creía que, si no predicaba con poder y persuasión, la congregación
disminuiría y la iglesia se vendría abajo. Pensaba que yo era el responsable de
los resultados de la obra de Dios.
En los Evangelios leemos que algunas personas Le preguntaron a Jesús,
«¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» (Juan 6:28).
¡Qué audacia! ¡Sólo Dios puede hacer las obras de Dios!
La respuesta de Jesús nos instruye a todos: «Ésta es la obra de Dios, que
creáis en el que él ha enviado» (v.29). Entonces, sea lo que sea que tengamos
que hacer, ya sea enseñar en una clase de escuela dominical, liderar un grupo
pequeño, contarle la historia del Evangelio a nuestro vecino, o predicar a miles,
debemos hacerlo por fe. No hay otra manera de «poner en práctica las obras de
Dios».
Nuestra responsabilidad es servir a Dios fielmente,
donde sea que Él nos haya colocado. Luego, hemos de dejarle los resultados al
Señor. Tal y como Jesús les recordó a Sus discípulos en Juan 15:5: «Separados
de mí nada podéis hacer». —DHR