Boletín dominical correspondiente al domingo 16 de enero de 2010

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PADRE DEMETRIOS GABRIEL

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Jan 15, 2011, 7:59:22 AM1/15/11
to IGLESIA ORTODOXA GRIEGA SAN MARCOS

Solemne conmemoración de la veneración a las cadenas de San Pedro

…y la vida del mundo venidero (1/3)

El regreso a casa. ¡Cuán dulce es el regreso a casa! ¡Una casa donde,
además, el padre espera tanto como los numerosos hermanos, hermanas, y
amigos! ¡Una casa que, además, no es un cuarto vacío, sino un palacio
real, donde el rey, padre preocupado, espera a sus hijos llegando
desde lejos!
¡Viajeros! Ustedes saben que este rey no es sino el Altísimo mismo.
Son los que Él espera preocupado. Del extranjero, vuelven a Él. Es
verdad que este mundo es también Su campo, pero lejano y hecho de
espinas. Es Él quien les ha enviado a este lugar lejano, a fin que Lo
deseen a Él, se den cuenta que no pueden pasarse encima de Él. No es
que Él quiso separarse de vosotros. ¡No! Es vuestra primera madre que
lo ha querido. Entonces, Dios la envió, tanto a ella como a toda su
descendencia, a este lugar lejano que es Suyo, sobre este campo de
espinas, donde el pan se gana con el sudor de la frente.
Una multitud de vuelos de vuestros antepasados han caído sobre este
campo de espinas y allí, se disputaron las raíces a las langostas y
las bestias. Se acostumbraron a la compañía de los que son inferiores.
Olvidando su casa y su origen, se pusieron a pensar que no hay un
mejor campo ni un mundo más iluminado que esta vasija de barro, ni una
compañía más distinguida que las bestias.
Los cielos mansos se entristecieron al ver al hombre volviéndose
discípulo de las fieras. Los ángeles luminosos estaban confusos al ver
envilecida a la imagen de Dios en el hombre. El Altísimo compadeció al
género humano, y tomó la decisión más dramática en la historia del
mundo creado, en la historia del cielo y de la tierra. Hizo lo que
sólo un inconmensurable amor podría hacer, a saber, enviar a Su Hijo
único a sufrir por la salvación de los hombres. Lo vistió del harapo
de los hombres, del harapo de los mendigos, a fin que ellos no Le
temieran a causa de Su luz, de Su magnificencia. Sacó de Su pecho la
perla más preciosa para tirarla a los puercos, a los que se volvieron
puercos.
Y el Hijo del Rey aceptó voluntariamente este sacrificio, y descendió
a un barrizal de miseria, donde los descendientes de Eva disputan las
raíces a las bestias. Él encontró una sola y única hija de Eva, una
sola y única Joven, pura y santa, digna de tejer de su propio cuerpo
un cuerpo para Él. Y en este vestido carnal miserable, vino entre los
hombres embriagados y llenos de rabia, vino como a una morada de
insensatos.
Apenas los discípulos de las fieras Lo percibieron, se lanzaron sobre
Él con un cuchillo. Él se apartó.
Cuando los llamaba hijos del Padre celestial, Lo miraban con ojos como
platos y Le reclamaron un milagro.
Cuando cumplía numerosos milagros, decían que Él los hacía con la
ayuda del demonio. Porque habían cesado de creer en Dios, mientras que
jamás cesaron de creer en el demonio.
Cuando echaba a los demonios fuera de los hombres, decían que era con
la ayuda de Beelzebú, el príncipe de los demonios, que Él los había
echado.
Cuando derramaba la sabiduría celestial sobre ellos, preguntaban en
qué escuela había estudiado. Y cuando reconocían que era carpintero, y
que no había tenido ni escuela ni profesor, Lo despreciaban.
Cuando devolvía la vista a los ciegos el sábado, Le hacían reprimendas
porque profanaba el sábado.
Cuando ayunaba, Lo llamaban glotón.
Cuando rezaba a Dios, Le decían impío.
Cuando frecuentaba a los pecadores, Lo llamaban pecador.
Cuando les preguntaba qué pecado había cometido, ladraban como perros
rabiosos.
Cuando les hablaba del Reino celestial, dudaban de Él, pensando que
quería entregarlos a los romanos. Pero cuando les decía que hay que
dar a César lo que correspondía a César, Lo acusaron ante los romanos
de ser un gran traidor.
Al final, Lo cubrieron de escupitajos; en realidad, Le dieron lo que
tenían y lo que eran: ¡escupitajos inmundos!
Lo crucificaron. Y mientras Su sangre santa se derramaba sobre la
tierra, le hacían muecas y bailaban alrededor.
Pero, Él fue vencedor y Se levantó del sepulcro; mostró al mundo quién
es. Y el mundo Lo siguió. Y el mundo comenzó a instruirse junto a Él,
abandonando la escuela de las fieras.
No se olviden, viajeros: ¡Su sangre se derramó sobre la tierra! Con Su
sangre, trazó vuestro camino de regreso a la Patria. Para que no se
extravíen. Los marineros escrutan las estrellas, para no extraviarse.
Escruten, pues, Su sangre, las gotas de Su sangre que brillan como
estrellas. Y verán el camino que conduce a vuestra Patria.

Explicación del Credo
por San Nicolás Velimirovitch (+1956)

Tropario de la Resurrección (Tono 1)

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo Cuerpo fue
custodiado por los guardias resucitaste al tercer día, oh Salvador,
concediendo al mundo la vida, por lo tanto los poderes celestiales
clamaron a Ti, oh Dador de Vida, gloria a tu resurrección, oh Cristo,
gloria a tu reino, gloria a tu plan de salvación, oh único amante de
la humanidad.

Tropario de las cadenas de Pedro (Tono 4)

¡Oh Principal en las Sedes de los Apóstoles! Te habías presentado
entre nosotros sin dejar los habitantes de Romo, de quienes te
revestiste de las venerables cadenas; que al prosternarnos ante ella
con fe, a ti suplicamos que, por tus intercesiones ante Dios, nos
otorgues la gran misericordia.

Kontakion (Tono 1)

¡Oh Cristo Dios!, Tú que por Tu Nacimiento santificaste el vien¬tre
virginal y bendijiste, como es digno, las manos de Simeón; y ahora nos
alcanzaste y nos salvaste. Conserva en la paz a Tu rebaño durante las
guerras y afirma a Tu Iglesia que amaste, porque eres el Único Amante
de la humanidad.

Carta a los Colosenses (3:4-11)

Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros
aparecerán gloriosos con Él. Por tanto, mortifican cuanto en vosotros
es terreno: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la
codicia, que es una idolatría, todo lo cual atrae la ira de Dios sobre
los rebeldes, y que también ustedes practicaron en otro tiempo, cuando
vivieron de ese modo. Mas ahora, desechen también ustedes todo esto:
cólera, ira, maldad, maledicencia y obscenidades, lejos de su boca. No
se mientan unos a otros, pues despojados del hombre viejo con sus
obras, se han revestido del hombre nuevo, que se va renovando hasta
alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador,
donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro,
escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos.

Santo Evangelio según San Lucas (17:12-19)

En aquel tiempo, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez
hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz
dijeron: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!” Al verlos, les
dijo: “Vayan y muéstrense a los sacerdotes”. Y sucedió que, mientras
iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió
glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los
pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la
palabra Jesús y dijo: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve,
¿dónde están? ¿No ha habido quién volviera a dar gloria a Dios sino
éste extranjero?” Y le dijo: “Levántate y anda; tu fe te ha salvado”.

Viviendo la Epifanía
El río Jordán

El río Jordán juega un rol muy importante en la Biblia. Antes de ser
el río en donde Jesús el Mesías es bautizado, es revelado como el río
que establece los límites de la “tierra prometida”. Cruzar el Jordán,
para el pueblo de Israel, fue ingresar en el cumplimiento de las
promesas del Señor. Éste era el acto de entrar a la tierra “de la que
fluye leche y miel”, el lugar en donde Dios habitaría junto a su
pueblo proveyéndoles de la infinita bendición de su presencia.
En el Nuevo Testamento, con su característica de cumplimiento
espiritual y místico del Antiguo, cruzar el Jordán era entrar al Reino
de Dios, era experimentar la plenitud de la vida de los siglos por
venir. El hecho que Moisés no fuera bendecido con cruzar el Jordán
vino a ser un símbolo de que la Ley por sí misma no podía salvar ni a
Israel ni al mundo. Tuvo que ser Josué, cuyo nombre literalmente
significa salvador, y que es la forma hebrea de la palabra griega
Jesús, quien guió al pueblo para cruzar al Jordán e ingresar a la
tierra prometida, y así simbolizar el acto salvador del nuevo Josué,
Jesús el Mesías y Salvador, en el nuevo pacto de la gracia.
Cuando Josué llegó las corrientes del Jordán se detuvieron ante la
presencia del pueblo de Dios, con los sacerdotes llevando en sus manos
el arca de la alianza. De la misma manera que las aguas del mar se
abrieron para permitir que el pueblo de Dios pasara sobre tierras
secas en el momento del éxodo de Egipto, de la misma manera ingresar a
la tierra prometida el río Jordán abrió un camino al pueblo de Dios
para que pudieran pasar al lugar que en definitiva sería el destino
final.
El Señor le ordenó también a Josué tomar doce piedras del río Jordán y
ubicarlas juntas en forma de una pila por el lugar en donde habían
pasado en una de las orillas para que “el pueblo de Israel recordara
por siempre” lo que el Señor había hecho por ellos.
Después que el pueblo hubo pasado el río Jordán, “las aguas del Jordán
regresaron a su lugar como antes” (Jos 4:18). Este maravilloso milagro
se convirtió en parte de la memoria viva de Israel, y el evento fue
celebrado cada vez que el pueblo de Dios se congregaba a partir de
entonces. Los salmos que recuerdan este acto divino son también
cantados en la Iglesia para la fiesta de la Epifanía como
prefiguraciones del acto final de la salvación de Dios para todo su
pueblo en la muerte y resurrección de su Ungido, el Hijo amado que fue
bautizado en las mismas corrientes del Jordán.
El río Jordán fue también parte del paso de Elías y de Eliseo, un
evento también recordado en la Liturgia de la Epifanía (II Rey 2). Fue
del Jordán que Elías fue llevado a los cielos para regresar otra vez,
como lo enseñaba la tradición, a preparar el camino a la venida del
Mesías (ver Mt 17:9-13). Fue también en el Jordán que Naamán el sirio
fue limpiado de su lepra, una señal de la que Jesús dice es una
prefiguración a la salvación de todos los pueblos y no solo a Israel
(Lc 4:27).
¿Podemos ser lavados en cualquier río y quedar limpios? La respuesta
de Dios es no. Solamente en el Jordán, en el bautismo de Cristo somos
lavados de nuestros pecados. Solamente por medio del Jordán entramos
a la tierra de los vivientes, a la tierra prometida del Reino de Dios.
Solamente por las aguas santificadas del Jordán, Dios nos santifica a
nosotros por siempre.

R.P. Thomas Hopko

NADYA AGUILAR

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Mar 1, 2011, 5:17:58 PM3/1/11
to iglesia-ortodoxa-...@googlegroups.com, Gabriel Jaime Londoño
Hola padre;
 
Me gustaría saber de usted, por error borré el archivo en el cual estaban sus telefonos, podría enviarme nuevamente los números y si es posible, regaleme tambien el de la casa de los abuelos.
 
Muchas gracias y un abrazo enorme,
 


 
Nadya A.



Nelson Vasquez

unread,
Mar 1, 2011, 7:18:54 PM3/1/11
to IGLESIA ORTODOXA SAN MARCOS -MEDELLIN
Hola NADYA, que bueno saber de tí. Mis teléfonos son (Oficina 2318796) Cel: 310 4243815 y el de la CASA DE LOS ABUELOS: 412 38 21
QUE NOS VAYA MUY BIEN.  chao Nelson.
P.D. mi correo personal es: nelsonva...@hotmail.com
 

From: nagu...@hotmail.com
To: iglesia-ortodoxa-...@googlegroups.com; gjai...@yahoo.com
Subject: RE: Boletín dominical correspondiente al domingo 16 de enero de 2010
Date: Tue, 1 Mar 2011 17:17:58 -0500
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