DOMINGO DÉCIMO CUARTO DE LUCAS (DOMINGO DEL CIEGO) ENERO 23 DE 2011

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PADRE DEMETRIOS GABRIEL

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Jan 21, 2011, 10:09:58 PM1/21/11
to IGLESIA ORTODOXA GRIEGA SAN MARCOS
SACRO ARZOBISPADO ORTODOXO GRIEGO DE MEXICO

23 de enero de 2010


Memoria de San clemente (†312), San Dionisio del Olimpo (†1540) y de
San Gennadio (†1565),

Tono II

EN LAUDES

SEGUNDO EVANGELIO MATUTINO
(Marcos 16, 1-8)

EN LA DIVINA LITURGIA

APOLITIQUIOS

1) De la Resurrección. Tono II:
Οτε κατήλθες πρός τόν θάνατον, η ζωή η αθάνατος, τότε τόν άδην
ενέκρωσας, τή αστραπή τής Θεότητος. Ότε δέ καί τούς τεθνεώτας εκ τόν
καταχθονίων ανέστησας, πάσαι αι δυνάμεις των επουρανίων εκραυγαζον:
Ζωοδότα Χριστέ, ο Θεός ημών, δόξα Σοι.
Cuando descendiste a la muerte,* Vida Inmortal,* entonces diste
muerte al Hades* con el esplendor de tu divinidad.* Y cuando
levantaste a los muertos,* de las entrañas de la tierra,* todas las
potestades celestiales exclamaron:* ¡Dador de la Vida, Cristo nuestro
Dios,* gloria a Ti!
2º) Del Templo:
Ευλογητός εί, Χριστέ ο Θεός ημών, ο πανσόφους τούς αλιείς αναδείξας,
καταπέμψας αυτοίς τό Πνεύμα τό Άγιον, καί δι’ αυτόν τήν οικουμένην
σαγηνεύσας, φιλάνθρωπε, δοξα Σοι.
Bendito eres Cristo, Dios nuestro;* que revelaste a los pescadores,*
como sumamente sabios,* enviándoles al Espíritu Santo.* y a través de
ellos pescaste al mundo,* amante de la humanidad,* gloria a Ti.
CONTAQUIO (de la Presentación al Templo)
Ο μήτραν παρθενικήν αγιάσας τώ τόκω σου, καί χείρας τού Συμεών
ευλογήσας ως έπρεπε, προφθάσας καί νύν έσωσας ημάς Χριστέ ο Θεός. Αλλ'
ειρήνευσον εν πολέμοις τό πολίτευμα, καί κραταίωσον Βασιλείς ούς
ηγάπησας, ο μόνος φιλάνθρωπος.
Tú que santificaste la matriz virginal con tu nacimiento, y bendijiste
las manos de Simeón, como era debido, te adelantaste ahora, Cristo
Dios y nos salvaste. Más pacífica en tiempos de guerra al gobierno, y
fortalece a los reyes que has amado, ¡oh! único filántropo.

EPÍSTOLA
Lector: Proquímenon. Tono 1º. Salmo 48.
Mi boca hablará sabiduría, y el estudio de mi corazón prudencia.
Verso: Escuchen esto, todas las naciones.

Lector: Lectura de la Primera Carta de Timoteo 1, 15-17
Hermanos: Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al
mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si
encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda
su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él
para alcanzar la Vida eterna. ¡Al Rey eterno y universal, al Dios
incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los
siglos! Amén.

EVANGELIO:
Sacerdote: Proclamación del Santo Evangelio según San Lucas (18,35-43)
Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del
camino, pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba mucha gente, preguntó
qué sucedía. 37 Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. 38 El
ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él
gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». 40 Jesús
se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le
preguntó: 41 «¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra
vez». 42 Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». 43
En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús,
glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.


PARA REFLEXIONAR
El encuentro del ciego de Jericó con Jesús, del cual nos habla el
evangelio proclamado, podría ser una valiosa ayuda para hacer de este
domingo un encuentro transformante con Cristo vivo.
En Jericó suceden eventos de particular relevancia. Ahí encontramos un
doble testimonio de que Jesús es quien trae la salvación al mundo: “Tu
fe te ha salvado”, le dirá al ciego; mientras que a Zaqueo dirá: “Hoy
ha llegado la salvación a esta casa..”
Con la curación del ciego de Jericó se cumple la profecía de Isaías:
Jesús es el profeta ungido para dar la vista a los ciegos y que hace
realidad el tiempo de gracia, pues el ciego no sólo recibe una
curación física sino también espiritual. Ha visto la salvación”: “Tu
fe te ha salvado.”
Jericó bien podría representar a Jesús mismo como salvación, puesto
que es un oasis en medio del desierto. Al acercarse a Jericó, Jesús
ofrece la salvación al ciego y, al atravesar el pueblo, declara
inaugurada la salvación en casa de Zaqueo: “Hoy, ha llegado la
salvación”. Lo que sucede en Jericó sólo se asemeja al momento en que
Jesús en la cruz le dice al “buen ladrón”: “Hoy estarás conmigo en el
Paraíso.” (23,42).
El ciego se cuenta entre los que están siempre a la orilla del camino,
entre aquellos que no pueden pagar cuando se les hace un bien (14,13):
“Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los
cojos, a los ciegos; y serás dichoso porque no te pueden
corresponder”, dice el Señor.
Todo ciego, está despojado, vive en las plazas, en las calles o a lo
largo del camino, y está dispuesto a recibir la propuesta del Señor,
pues forma parte de aquellos que se les hizo participar en la gran
cena (14,21): “Haz entrar aquí a los pobres y lisiados, ciegos y
cojos.”
En nuestro texto, el ciego aparece como un indigente excluido, es un
mendigo que está sentado junto al camino. Es prototipo del pobre.
Después, será prototipo del guía: puesto que sus ojos verán y se
pondrá en camino siguiendo a Jesús.
Su oído es agudo y pregunta qué era aquello. La presencia de Jesús
ocasionaba algo distinto de lo que ordinariamente ocasionaban los
peregrinos que iban y venían a Jerusalén. También el oído de Jesús es
agudo. Oye el clamor del pobre y del necesitado entre una multitud de
voces y de ruidos: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”. Este
es el grito del afligido, cuya única esperanza es el Señor. Creo que
no se encontrará en ninguna otra parte del Evangelio súplica igual. Si
acaso se parece, pero con menos fuerza, la que le dirigen los diez
leprosos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
Es un grito con toda la carga del dolor y de la desolación, el grito
de quien no tiene el menor apoyo ni la menor manera de obtener lo que
pide. Lo que suplica, lo espera como una gracia total. Y, ¿cómo
reacciona Jesús?: “Jesús interrumpe el desfile, se sale del protocolo,
se entretiene con los mendigos, habla, toca, cura... lo de siempre”.
El paso de Jesús no es indiferente, y mientras que quienes iban
delante reprenden al ciego a fin de que se calle, Jesús se detiene y
manda que se lo traigan, y le hace la oferta de la salvación: “¿Qué
quieres que haga por ti?” Jesús abre un diálogo marcado por la
generosidad, con la oferta de Aquél que puede dar respuesta a los
anhelos más profundos del hombre.
El ciego lo reconoce como Señor, y Jesús atiende a su súplica
haciéndole ver que la fe es la que le ha alcanzado la salvación. Es la
luz de la fe la que abre los ojos para ver quién es Jesús y después
seguirlo. ¡Identifiquémonos, hermanos sacerdotes, con este ciego y
sigamos su itinerario de fe y de oración!

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