PADRE DEMETRIOS GABRIEL
unread,Oct 30, 2011, 5:26:42 PM10/30/11Sign in to reply to author
Sign in to forward
You do not have permission to delete messages in this group
Either email addresses are anonymous for this group or you need the view member email addresses permission to view the original message
to IGLESIA ORTODOXA GRIEGA SAN MARCOS
Cada domingo por la mañana nos congregamos nosotros, los cristianos
ortodoxos, en la iglesia para celebrar juntos la Divina Liturgia. Sin
embargo sucede muy a menudo que por causa de la rutina o de las
distintas preocupaciones que nos asedian, nos olvidamos del carácter
alegre y reconfortante que esta celebración tiene.
Este articulo quiere refrescar en nuestra memoria el significado
básico de la eucaristía* como banquete del Señor.
Este banquete tan especial posee dos características decisivas: por un
lado es celebrado primordialmente a través de la conmemoración y por
otro ofrece a los bautizados el alimento necesario para vivir la vida
cristiana. Conmemoración y alimento son las dos palabras claves que
nos van a ayudar a comprender mejor la eucaristía.
El Apóstol Pablo habla en 1 Cor 11,23-26 con toda claridad sobre esta
celebración en el sentido de conmemoración de Nuestro Señor Jesús
Cristo: "Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el
Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar
gracias, lo partió y dijo: 'Este es mi cuerpo que se da por vosotros;
haced esto en recuerdo mío.' Asimismo también la copa después de cenar
diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces
la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.' Pues cada vez que coméis este
pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que
venga."
En estas palabras se encuentran entrelazados muchos aspectos
interesantes de la celebración eucarística de entre los cuales la
conmemoración es quizás uno de los más importantes. Evidentemente
compartieron todas las comunidades cristianas esta opinión desde los
principios y por ello ha pertenecido siempre a la Liturgia la lectura
en voz alta de algunos párrafos del Nuevo Testamento y la explicación
en el sermón de estas lecturas a fin de que los cristianos reciban la
enseñanza salvífica del Señor actualizada y se sientan reconfortados
por ella. Y efectivamente encontramos en los Evangelios y Epístolas
del Nuevo Testamento aquellas instrucciones y ejemplos de vida que los
testigos y servidores del Señor aprendieron de Jesús y que luego
transmitieron a las siguientes generaciones a fin de que las sabias
palabras y los hechos del maestro Jesús permanezcan para siempre
anclados en la vida diaria de los cristianos.
En la Divina Liturgia conmemora el sacerdote después del credo los
hechos salvíficos de Jesús Cristo, o sea que hacemos memoria de su
muerte, de su sepultura y de su resurrección y por supuesto de sus
palabras en la última cena, tal como los escritos de San Pablo y los
Evangelios las han conservado.
Finalmente comemos y bebemos todos los fieles el pan y el vino
consagrados como Cuerpo y Sangre del Hijo de Dios, cuya enseñanza y
cuya vida hicimos presente a través de la conmemoración.
Es justamente la participación en este banquete la que nos da la feliz
esperanza de ser también partícipes del Reino de Dios que se aproxima.
El Apóstol Pablo nos muestra en 1Cor 15 cómo funciona este concepto.
San Pablo denomina a Jesús Cristo en 1 Cor 15,20.22 primicias del
Reino de Dios que viene: "Cristo resucitó de entre los muertos como
primicias de los que durmieron ... Pues del mismo modo que en Adán
mueren todos, así también todos revivirán en Cristo." El verbo
"revivirán" está subrayado para denotar el carácter futuro de esta
esperanza. Por ello dice además el Señor en Lc 22:15-16: "Con ansia he
deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os
digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el
Reino de Dios." Jesús Cristo es entonces el primer brote fructífero
del Reino de Dios que nosotros tanto esperamos. Jesús ya ha recibido
el cumplimiento de las promesas gracias a su fidelidad a Dios
incondicional que lo llevó inclusive a la muerte en la cruz. A este
mismo hombre le está ahora permitido sentarse a la Diestra del Padre.
Pero hasta que el Señor exaltado por Dios Padre regrese, nos
alimentamos nosotros de las primicias, de los primeros frutos del
Reino a venir, que el Señor nos ha legado.
Quien ha observado un poco el comportamiento de los vegetales sabe que
curiosamente algunas plantas ofrecen sus frutos maduros antes del
tiempo marcado para la cosecha. Uno puede comer de estos frutos y
probar anticipadamente el gusto que tendrá toda la cosecha cuando el
resto de las plantas hayan cumplido el tiempo fijado para la
maduración.
De esta misma manera nos alimentamos nosotros de la eucaristía como de
los primeros frutos del Reino de Dios que se manifestaron en la
persona y en los hechos de Jesús Cristo, "el Jefe que lleva a la
Vida" (Hch 3,15).
Quizás resulte esta idea aún más comprensible si la comparamos con el
pre-estreno de una película cinematográfica. A una película se le hace
propaganda a través de un pre-estreno antes de que las salas de cine
la pongan en programa, es decir, antes de que esta película sea parte
de la realidad de su público en potencia. Una minoría elegida de entre
los periodistas y gente especializada tienen la posibilidad de ver la
obra de arte anticipadamente a fin de que con sus relatos e
impresiones creen expectativas entre el grueso del público que desea
ver esta película a estrenar.
De esta misma manera funciona comparativamente el Reino de Dios. Los
Apóstoles asistieron al "pre-estreno del Reino," es decir, ellos han
sido testigos de las palabras y los hechos del Señor Jesús Cristo y
han recibido los dones del Espíritu en Pentecostés. Nosotros ahora
podemos en cada celebración eucarística, en cada Divina Liturgia,
hacer presente estas vivencias a través de la conmemoración de manera
que nos den fortaleza y entendimiento para que podamos vivir cada día
con la felicidad del Reino de Dios hasta que regrese el Señor. El
hecho de participar de este banquete no nos exime automáticamente del
sufrimiento y las dificultades de la vida cotidiana, sino que las
mismas pueden quizás aún volverse peor. Sin embargo los dones
otorgados por el Señor están ahí para abrirnos nuevos horizontes a fin
de que, por un lado, aprendamos a tratar los problemas de esta vida
con sabiduría y para que, por otro lado, podamos probar
anticipadamente el fin de nuestra existencia y sepamos que al final
del camino nos espera una felicidad inagotable.