Ejercicio De Perfección Y Virtudes Cristianas

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Gigí Ruais

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Aug 3, 2024, 5:59:33 PM8/3/24
to hypalipor

When twenty years of age, Rodriguez entered the Society of Jesus. After completing his studies taught moral theology for twelve years at the College of Monterey, and subsequently filled the posts of master of novices for twelve more years, of rector for seventeen years, and of spiritual guide at Cordova for eleven years. As master of novices he had under his charge Francisco Surez, the celebrated theologian.

Alonso's characteristics in these offices were care, diligence, and charity. He was a religious of great piety and candour, hating all pride and ostentation. It was said of him by those who were personally acquainted with him, that his character and virtues were accurately depicted in Ejercicio de perfeccin y virtudes cristianas, published at Seville, 1609.

This work is based on the material which Rodriguez collected for his spiritual exhortations to his brethren, and published at the request of his superiors. Although the book thus written was primarily intended for the use of his religious brethren, yet he destined it also for the profit and edification of other religious and of laypersons in the world. Of set purpose it avoids the loftier flights of mysticism and all abstruse speculation. It is a book of practical instructions on all the virtues which perfect the Christian life, whether lived in the cloister or in the world. It became popular at once, and remained in use till the era of Vatican II by all classes of Christians, particularly by those who had entered religious life. More than twenty-five editions of the original Spanish have been issued, besides extracts and abridgements.

More than sixty editions have appeared in French in seven different translations, twenty in Italian, at least ten in German, and eight in Latin. An English translation from the French by Antony Hoskins was printed at St. Omer in 1612.

The best known English translation, under the title Practice of Christian Perfection, often reprinted, is that which first appeared in London, 1697, from the French text of Franois-Sraphin Rgnier-Desmarais. P.O. Shea issued in New York an edition adapted for general use in 1878. The book has been translated into nearly all the European languages and into many of those of the East. No other work of the author was published.[1]

Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
A los venerables hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos,
Obispos y otros Ordinarios en paz y comunin con la Sede Apostlica,
al clero y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad

El orden en el universo
1. La paz en la tierra, suprema aspiracin de toda la humanidad a travs de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.
2. El progreso cientfico y los adelantos tcnicos ensean claramente que en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intrnseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para aduearse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio.
3. Pero el progreso cientfico y los adelantos tcnicos lo primero que demuestran es la grandeza infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre. Dios hizo de la nada el universo, y en l derram los tesoros de su sabidura y de su bondad, por lo cual el salmista alaba a Dios en un pasaje con estas palabras: Oh Yahv, Seor nuestro, cun admirable es tu nombre en toda la tierra! [1]. Y en otro texto dice: Cuntas son tus obras, oh Seor, cun sabiamente ordenadas! [2] De igual manera, Dios cre al hombre a su imagen y semejanza [3], dotndole de inteligencia y libertad, y le constituy seor del universo, como el mismo salmista declara con esta sentencia: Has hecho al hombre poco menor que los ngeles, le has coronado de gloria y de honor. Le diste el seoro sobre las obras de tus manos. Todo lo has puesto debajo de sus pies [4].

El orden en la humanidad
4. Resulta, sin embargo, sorprendente el contraste que con este orden maravilloso del universo ofrece el desorden que reina entre los individuos y entre los pueblos. Parece como si las relaciones que entre ellos existen no pudieran regirse ms que por la fuerza.

5. Sin embargo, en lo ms ntimo del ser humano, el Creador ha impreso un orden que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente. Los hombres muestran que los preceptos de la ley estn escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia[5]. Por otra parte, cmo podra ser de otro modo? Todas las obras de Dios son, en efecto, reflejo de su infinita sabidura, y reflejo tanto ms luminoso cuanto mayor es el grado absoluto de perfeccin de que gozan [6].
6. Pero una opinin equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades polticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, siendo as que tales leyes son de otro gnero y hay que buscarlas solamente all donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre.
7. Son, en efecto, estas leyes las que ensean claramente a los hombres, primero, cmo deben regular sus mutuas relaciones en la convivencia humana; segundo, cmo deben ordenarse las relaciones de los ciudadanos con las autoridades pblicas de cada Estado; tercero, cmo deben relacionarse entre s los Estados; finalmente, cmo deben coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de otra, la comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constitucin es una exigencia urgente del bien comn universal.

La persona humana, sujeto de derechos y deberes
9. En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedro, y que, por tanto, el hombre tiene por s mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningn concepto [7].
10. Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado an esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna.

Los derechos del hombre
Derecho a la existencia y a un decoroso nivel de vida
11. Puestos a desarrollar, en primer trmino, el tema de los derechos del hombre, observamos que ste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia mdica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee tambin el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por ltimo, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento [8].

Derecho a la buena fama, a la verdad y a la cultura
12. El hombre exige, adems, por derecho natural el debido respeto a su persona, la buena reputacin social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y, dentro de los lmites del orden moral y del bien comn, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesin cualquiera, y, finalmente, disponer de una informacin objetiva de los sucesos pblicos.
13. Tambin es un derecho natural del hombre el acceso a los bienes de la cultura. Por ello, es igualmente necesario que reciba una instruccin fundamental comn y una formacin tcnica o profesional de acuerdo con el progreso de la cultura en su propio pas. Con este fin hay que esforzarse para que los ciudadanos puedan subir, s su capacidad intelectual lo permite, a los ms altos grados de los estudios, de tal forma que, dentro de lo posible, alcancen en la sociedad los cargos y responsabilidades adecuados a su talento y a la experiencia que hayan adquirido [9].

Derecho al culto divino
14. Entre los derechos del hombre d bese enumerar tambin el de poder venerar a Dios, segn la recta norma de su conciencia, y profesar la religin en privado y en pblico. Porque, como bien ensea Lactancio, para esto nacemos, para ofrecer a Dios, que nos crea, el justo y debido homenaje; para buscarle a El solo, para seguirle. Este es el vnculo de piedad que a El nos somete y nos liga, y del cual deriva el nombre mismo de religin [10]. A propsito de este punto, nuestro predecesor, de inmortal memoria, Len XIII afirma: Esta libertad, la libertad verdadera, digna de los hijos de Dios, que protege tan gloriosamente la dignidad de la persona humana, est por encima de toda violencia y de toda opresin y ha sido siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. Esta es la libertad que reivindicaron constantemente para s los apstoles, la que confirmaron con sus escritos los apologistas, la que consagraron con su sangre los innumerables mrtires cristianos [11].

Derechos familiares
15. Adems tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creacin el varn y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocacin del sacerdocio o de la vida religiosa [12].
16. Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contrado, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural dela sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto econmico y social como en la esfera cultural y tica; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misin.
17. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos [13].

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