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Boletín
mensual
Santa
Gianna
Boletín
Católico Apostólico Romano
En
promoción de la Vida y la Dignidad Humana.
N°78:
Abril 2014
En
el tiempo que he participado de la Pastoral Penitenciaria de la
Parroquia Santísima Trinidad, en Buenos Aires, tuve reiterados
debates, en ocasiones muy subidos de tono, principalmente -por no
decir únicamente- con la coordinadora del grupo, respecto del tema
del perdón.
La
cuestión que ha llevado a nuestras discusiones y peleas fue
esencialmente que la coordinadora (siempre muy dispuesta a juzgar y
condenar al que no piense como ella) tiene la idea de que vivimos en
una sociedad maldita incapaz de perdonar a pobre e inocente autor de
un delito, víctima de una sociedad marginadora y malvada que no lo
comprende y lo conduce inexorablemente a la delincuencia. La
obligación de quien ha sido víctima del delito -afirma- es
soportarlo pacientemente y perdonar a la persona que le ha ofendido,
aun en el mismo momento que lo ofende. Con un ejemplo gráfico,
mientras están matando a mi padre, violando y torturando a mi madre
y golpeándome a mi y a mis hermanos, yo debo decirle pacientemente
“te perdono, Dios te ama” y posteriormente no debo realizar la
denuncia, ya que la sociedad en general y yo en particular, soy
responsable de su accionar determinado por el entorno. Esto no es lo
que enseña Cristo (Lc. 17: 3-4)
Este
pensamiento me parece inaceptable. Cada persona es libre de dirigir
sus actos por más afectado que se encuentre su juicio. La Biblia nos
enseña que Dios nos ha dado libre albedrío y que ha sido el abuso
de esa libertad la causa de nuestra condenación, en el sentido de
que, el mal uso hecho por nuestros padres dicha facultad concluyó en
la caída de la humanidad, levantada por Cristo en la Cruz.
Ahora
bien, como somos gente mala, sin corazón, falsos cristianos e
hipócritas -dice la señora esta- el juez debe subsanar esto
perdonando al imputado y sobreseyendolo o bien, aquellos cobardes que
no son capaces de eso, aplicándole una pena lo más leve posible. Y,
una vez presos, la misma malvada sociedad que los metió injustamente
en la cárcel debe darles todas las comodidades y pagare por el mal
que le está obligando a sufrir.
El
perdón.
Como
Cristiano, considero que el perdón es una obligación de la persona
ofendida. Como abogado con formación Cristiana, considero lo mismo
y, como en varias oportunidades manifesté, si no fuera por eso, y
por la necesidad de toda persona de contar con una segunda
oportunidad (Mt. 18: 21-22) no encontraría motivos para defender al
autor de un delito. Pero el perdón del que habla esta señora no es
un perdón Cristiano.
Cuando
la escucho hablar, me viene a la mente la anécdota de la conversión
de San Jerónimo, quien
“Destrozado
su cuerpo con tanta penitencia y vigilia, pero apasionado siempre por
el estudio de la literatura latina, tiene un sueño o visión que nos
describe él mismo. Se ve por la noche ante el Juez Divino, que le
pregunta:
-
Tú, ¿qué eres?
-
¿Yo? Cristiano.
-
Tú no eres cristiano, sino ciceroniano.
Los
ángeles le azotan sin misericordia, y amanece con el cuerpo todo
lleno de cardenales. Aprende la lección. Seguirá siempre loco por
el estudio, pero ya no serán su ilusión Cicerón ni los grandes
clásicos paganos sino la Palabra de Dios que lee en la Biblia”
(Catolic.net).
Lo
cierto es que es perdón que tan orgullosamente predica la
coordinadora de la Pastoral Penitenciaria es más estoico que
Cristiano, máxime si se tiene en cuenta la soberbia con que lo
ostenta. Además de esto, es muy fácil hablar de perdón cuando no
se es víctima de un ilícito. Cuentan que el Dr. Zaffaroni, en un
congreso de Derecho, al volver a su auto encuentra el vidrio roto,
expreso “a estos delincuentes habría que matarlos a todos”.
Hay
quienes vieron esto como un acto de hipocresía por ir en contra de
su doctrina garantista, al contrario, creo que es algo natural en el
hombre esa reacción, por más templado que sea su carácter.
El
perdón, y en particular el perdón Cristiano (vale decir que el
perdón nace con el Cristianismo), lleva consigo un proceso interior
en la persona que sufrió un hecho lesivo de cualquier índole. No
hay persona, por santa que sea, que no haya pasado por un proceso
previo a perdonar a quien lo ha ofendido: ni siquiera quienes hacen
gala de su infalible capacidad de perdonar. De hecho, sin ir más
lejos, esta mujer nunca me perdonó haber denunciado un hecho del que
fui víctima.
La
mujer iraní.
Recientemente
circuló la historia de una muer iraní que perdonó al asesino de su
hijo en el momento que iba a ser colgado en la horca en una ejecución
pública.
“Los
dos (agresor y víctima) tuvieron una pelea callejera y Balal sacó
un cuchillo de cocina, apuñalando a Abdollah. La familia de la
víctima cree que Balal no tenía intención de matar a su hijo, dijo
el reporte”
(CNN en español). Hechos como este suceden en nuestro país
permanentemente y las familias de las víctimas, no siempre del todo
inocentes, expresan su dolor con una ira apenas contenida,
comprensible, pero nada justificable, con expresiones como “mi
hijo, mi padre, mi pariente, no va a descansar en paz, hasta el el
asesino, no se pudra en la cárcel” (como señalara mons. Aguer).
En
este caso, “una
de las fotos de Khamooshi muestra a la madre de Balal, Koukab,
sentada en el suelo antes que su hijo saliera. "Ella ya no tenía
energía", dijo Khamooshi. Ella estaba "resignada al hecho
que ella perdería a su hijo. Fue muy conmovedor"
(CNN en español).
“Luego
(la madre de la víctima) caminó hacia Balal y pidió una silla para
pararse sobre de ella. Se subió y abofeteó a Balal y dijo
"perdonado". Ella y el padre de Abdollah le quitaron la
soga. La familia de Balal se apresuró, los abrazó y les
agradecieron lo que habían hecho.”
(CNN en español).
Ahora
bien, este hecho no sucedió de un día para el otro. Como cuenta la
madre de la víctima, durante los años que duró el juicio ella
estuvo sufriendo mucho y que “no
podía pedirse a sí misma que perdonara al asesino”
(CNN en español). Pero fue a raíz de un sueño y de la insistencia
de su familia, que decidió tener este acto de
heroísmo.
No
fue el perdón estoico de quien no tiene sentimientos ni tampoco el
perdón inmediato impuesto del que hablaba anteriormente, sino que
llevó un proceso de años hasta que, luego de un conflicto interior,
esta madre hizo lo correcto.
En
Argentina.
Otro
caso impactante de perdón que se dio aquí en Argentina gráfica,
aun mejor, lo que se quiere expresar, cuando una mujer perdonó al
responsable de matar a golpes de puño y
de piedra, a
su hijo de 31 años por que este lo habría ofendido previamente.
“
Una
madre argentina conmovió al país cuando en pleno juicio se acercó
al asesino de su hijo, lo perdonó públicamente, le regaló un
rosario, lo abrazó y le pidió acercarse a Dios”
(catholic.net).
La
“madre
de la víctima, quien alcanzara notoriedad nacional cuando en la
primera audiencia del juicio perdonó a Chávez y le regaló un
rosario, se dispuso -una vez conocida la sentencia- a reflexionar con
los medios de prensa. Dijo: "No soy ni juez, ni abogado. La
justicia en la tierra está organizada de esta manera. En este
profundo dolor comprendí que me tenía que ubicar en una realidad
que no puede volver atrás”
(bolsonweb.com)
“
Agregó:
"Por un lado, estamos la familia con la pérdida, pero como
somos
cristianos y practicamos una fe profunda,
sabemos que Mariano nos acompaña desde Dios. Al joven que se hizo
responsable de esta situación y a su familia les di una herramienta.
Entiendo que el tiempo puede ser un instante para su transformación.
Esté poco tiempo o toda una vida encerrado dentro de un sistema
penitenciario, me pregunto cómo sale él a la sociedad luego de
haber confesado tanta violencia...."
(bolsonweb.com)
Este
sí es un gesto de magnanimidad a tener en cuenta. Ante el dolor de
una madre, de una familia, los mismos entendieron tres cosas: Por un
lado, que el victimario ya tuvo o tendrá su condena por el mal
producido, no tiene sentido agravarlo más con un algo que, además,
afecta a la propia familia: el odio. “La venganza nunca es buena,
mata el alma y la envenena” decía el chavo del ocho.
Por
otro lado, la familia comprendió que vivimos en una sociedad,
lamentablemente, cada vez más violenta. Se exalta “música” que
habla de prostitución, pedofilia, de matar a los policías, de
infidelidades, de toda clase de anti-valores y apología del crimen y
que se difunde libremente bajo pretexto de “arte”.
Finalmente
entendió algo fundamental “somos
cristianos y practicamos una fe profunda”.
“Solo
Dios cura las heridas.
Yo te perdono. Y si mi hijo te ofendió te pido perdón. Yo lo amaba
y ahora quiero que vos no sufras. El destino que te toca me duele
porque trabajo con jóvenes. En esta tierra hay mucha violencia. Y
vos has sido víctima de ella desde que naciste. Es el amor
el que también ayuda a curar las heridas",
dijo la mujer y lo abrazó (..) Ante estas palabras, el acusado
estalló en llanto.”
(Catholic.net).
Noticias
como estas sobran. Siempre cito el caso de un homicida serial que
violó, asesinó y escondió y más tarde, a cambio de su vida,
confesó el crimen de innumerables mujeres, y fue perdonado por la
familia de una de ellas con el mismo argumento “somos
Cristianos
y nos pusiste en una situación dificil ya que mi
fe me impone perdonarte”.
El psicópata, que no expresó una sola emoción en todo el juicio,
ni al recordar cada uno de los crímenes, se puso a llorar.
Conclusión.
El
perdón es una obligación del Cristiano. La comprensión de la
situación que viven miles de personas que son llevadas por las
circunstancias a una forma de vida sumamente reprobable también,
pero este perdón no es algo inmediato ni irreflexivo, sino que lleva
un proceso interior a veces muy largo y difícil. Puede incluso
llevar una vida.
Además,
corresponde a la víctima, no al juez, dispensar ese perdón. El juez
es un tercero en el hecho que no tiene otra participación que la de
impartir justicia conforme a derecho: ese es su papel. Perdonar al
agresor implicaría, al contrario de lo que algunos creen, un act de
injusticia.
A
modo de ejemplo, siempre recuerdo las palabras del prof. Leonetti en
la materia introducción del derecho, haciendo referencia a un
oficial subalterno NAZI que, condenado a muerte, pide perdón por
todo el dolor causado. Uno de los parientes de las víctimas, que
representaba al resto, le responde “no puedo asumir prerrogativa de
perdonarte en nombre de los que no están. No se si ellos te
perdonarían”. En cambio esta persona, sí asumió el papel de
condenar. El oficial no pidió un indulro de la pena, sino el perdón
de sus hechos, que le fue negado. Esa sí es una actitud anti
Cristiana y deplorable, sobre todo e consideración de que el agresor
recibiría, de todos modos, su condena.
Fuentes:
La
Biblia.
Catholic.net.
CNN
en español.
Claves
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Agradecemos
a aquellos colaboradores que ya hicieron posible la difusión de la
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Editor
Santiago Luis Pupi.
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