Boletin
mensual
Santo
Tomás Moro
Boletín
Católico Apostólico Romano
Apologética
Cristiana.
N°97:
Abril 2014.
Si
bien esta noticia es un poco vieja, quise dejar el tema para el
corriente mes de cara a Semana Santa y Pascua, atento al carácter
intrínseco de esta fiesta que se identifica con el arrepentimiento y
perdón de los pecados.
Cada
año, el tema de la Confesión es un punto que me invita a recordar
el valor y la importancia de este magnífico Sacramento que nos
significa el perdón de todos nuestros pecados, la reconciliación y
amistad con el Señor (y con la Iglesia) a quienes, al pecar,
ofendimos y nos da la certidumbre sobre la Salvación Eterna.
Algunos
dirán que dicha certeza no se tiene hasta el momento de la muerte o
que los que se confiesan son, en su gran mayoría hipócritas que
quieren aparentar y engañarse a si mismos. Bueno, yo digo, hipócrita
el que hace esa consideración que, ya de por sí esta juzgando la
conciencia de otro, en cambio quien se confiesa ya tiene la certeza
de saberse perdonado y quien muere en falta, pero habiendo tenido la
intención de confesarse cuanto antes, ya está salvado.
Así
decía el P. Loring (QEPD), que hay un acto de constricción que gana
automáticamente el cielo si se dice al momento de la muerte y con
firme convicción y arrepentimiento y es “Dios mio perdóname”.
Papa
Francisco.
El
mes pasado, fue nuevamente noticia nuestro Santo Padre el Papa
Francisco, quien sorprendió a los fieles al acercarse publicamente a
la confesión. Es la primera vez que no tuve oportunidad de leer
críticas a una actitud del Papa, ni siquiera de aquellos sectores
que buscan hasta el punto de la i para conjeturar que no lo puso como
una señal secreta modernista anti-católica y masónica.
Evidentemente
este Pontífice está siguiendo los pasos de su Señor del modo más
evangélico posible, del mismo modo que lo hizo mientras fue
Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, y de la misma
manera que durante sus primeros días de pontificado, lo que ya da la
pauta que no fue por “puro populismo” como se llegó a decir,
sino que es una convicción profunda de su corazón.
“Al
término de su homilía en la basílica de San Pedro sobre la
parábola del hijo pródigo y la importancia de la confesión, el
Papa Francisco pasó inesperadamente a dar ejemplo. Cuando el maestro
de ceremonias le llevó hasta el lugar donde debería ponerse a
escuchar las confesiones de los fieles, el Santo Padre le dijo
«Espera» y se fue a confesarse él mismo en un confesonario
cercano.
...El
Santo Padre, que recuerda continuamente la misericordia de Dios, ha
confesado fieles en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de
Janeiro y dedica siempre media hora a esta actividad en las visitas a
las parroquias que realiza algunos domingos. Ésta ha sido la primera
vez que lo hace en la basílica.
...Tanto
Juan Pablo II como Benedicto XVI solían bajar a confesar a la
basílica de San Pedro un día de la Semana Santa, pero no se
recuerda en tiempos recientes ver a un Papa que se confiesa delante
de los demás fieles. En varias ocasiones, el Papa Francisco ha dicho
que acude a confesarse cada quince días, pero nunca ha comentado
cuándo lo hace o quien es su confesor”
(ABC.es).
Lo
primero que cabe decir, a modo de broma, es que su actitud no es muy
ignaciana, ya que San Ignacio recomienda la confesión de 8 en 8
días. Pero al margen de eso, se puede apreciar claramente que no hay
en su obrar, ni siquiera en el mencionar que se confiesa
quincenalmente, soberbia alguna.
Si
bien dice el Señor, “que
tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”
(Mt. 6: 1-7) lo cierto es que la confesión es un presupuesto de todo
Católico que merezca tal nombre, hasta del más mediocre; por lo
tanto, decir lo obvio no hace que esto no sea secreto, sí en cambio
el ocultamiento de la demás información.
La
Confesión.
Ahora
bien, en cuanto a la confesión (o Penitencia), “"toda
la fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia
de Dios y nos une con Él con profunda amistad" (Catecismo
Romano, 2, 5, 18). El fin y el efecto de este sacramento son, pues,
la
reconciliación con Dios.
En los que reciben el sacramento de la Penitencia con
un corazón contrito y con una disposición religiosa,
"tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia,
a las que acompaña un profundo consuelo espiritual" (Concilio
de Trento: DS 1674). En efecto, el sacramento de la reconciliación
con Dios produce una verdadera "resurrección espiritual",
una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los
hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios
(Lc 15,32)”
(CIC 1468).
“Este
sacramento reconcilia con la Iglesia al penitente.
El pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna. El sacramento de
la Penitencia la repara o la restaura. En este sentido, no cura
solamente al que se reintegra en la comunión eclesial, tiene también
un efecto vivificante sobre la vida de la Iglesia que ha sufrido por
el pecado de uno de sus miembros (cf 1 Co 12,26). Restablecido o
afirmado en la comunión de los santos, el pecador es fortalecido por
el intercambio de los bienes espirituales entre todos los miembros
vivos del Cuerpo de Cristo, estén todavía en situación de
peregrinos o que se hallen ya en la patria celestial (cf LG 48-50):
...«Pero
hay que añadir que tal reconciliación con Dios tiene como
consecuencia, por así decir, otras reconciliaciones que reparan las
rupturas causadas por el pecado: el
penitente perdonado se reconcilia consigo mismo
en el fondo más íntimo de su propio ser, en el que recupera la
propia verdad interior; se
reconcilia con los hermanos, agredidos y lesionados por él de algún
modo;
se reconcilia con la Iglesia, se reconcilia con toda la creación»
(Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et paenitentita, 31)”
(CIC
1469).
Ahora
bien, alguno podrá objetar, con razón que la reconciliación con la
persona ofendida debe darse directamente con esta, y no deja de ser
cierto, pero en este sentido hay que hacer unas observaciones:
1)
En lo que hace a la reconciliación con el prójimo, está claro que,
cuando uno ofende a su hermano, antes o después de confesarse debe
también pedirle disculpas, y que el hecho de que él lo perdone o
no, en todo caso repercutirá en el alma de indolente y no de quien
pidió perdón.
2)
La segunda, es que a veces las ofensas no son conocidas por el
ofendido, por ejemplo un hurto, un pensamiento malo o un
resentimiento o incluso el adulterio y la confesión de este al
ofendido puede ser contraproducente, por eso a veces será
conveniente resarcir el daño en lo secreto, reponiendo lo quitado o
bien mediante alguna obra buena hacia la persona contra la que se
pensó mal o se tuvo bronca. Lo mismo en el caso del adulterio, poco
le servirá al esposo que la mujer le diga “te engañé con tres
tipos, pero ya me confesé”, probablemente eso termine de destruir
una relación desde ya endeble. Es preferible guardar silencio,
aunque depende del carácter de cada persona (hay quienes prefieren
enterarse y perdonar, eso lo sabrá la pareja según cuanto conozca
al otro).
El
Papa del mundo.
Últimamente
se está escuchando por ahí, muy especialmente en la farándula y
entre los opinólogos es “este
papa ya no le pertenece a la Iglesia Católica, le pertenece al
mundo”.
La
humildad y el carisma del Papa Francisco han llevado a que la gente
le tome un profundo carino, aunque no están muy dispuestos a
imitarlo, y que pretendan, de algún modo apropiarse de él.
Recientemente
alguien, evidentemente ignorante como pocos, decía que este Papa
está fabricando puentes sobre los muros que dividen a las
religiones. Que eso quiere decir pontífice, el que hace puentes y
que es lo que Francisco está haciendo.
Bueno,
veamos, por empezar, quienes dicen eso, definitivamente no estuvieron
vivos durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI,
quienes lograron la conversión de muchísimos protestantes al
Catolicismo y fomentaron el diálogo inter-religioso. Pero al margen
de eso, este es un análisis muy particular del término pontífice.
El
pontífice, efectivamente es el que hace puentes, pero no en el
sentido que muy burdamente decía este analista. Es Pontífice es el
que hace puentes entre Dios y los hombres, no entre las diferentes
religiones, eso es una idea sincretista new age, del todo ajena a la
doctrina de la Iglesia. Quienes sostienen esto suponen que todas las
religiones son lo mismo, que todas llevan a Dios de uno u otro modo y
ponen en la Iglesia locuras que esta nunca dijo.
En
cuanto a ser el Papa del mundo, Francisco es el Papa de la Iglesia
Católica:el mundo no tiene un Papa, los judíos no tienen Papa, los
musulmanes tampoco, ni los ateos, ni los budistas, ni los Umbanda, ni
los evangélicos. El Papa es el Papa de la Iglesia Católica. Pero
vamos a concederles el gusto de apropiarse de nuestro Pastor ¿Cómo
pueden decir que es el Papa del mundo si no lo obedecen? Si realmente
es el Papa del mundo, que lo sigan, que lo obedezcan, empezando por
el principio: EL BAUTISMO.
Pascua.
La
pascua, como decía, es tiempo de conversión y reconciliación con
el señor. En la Pascua, Cristo derramó su Sangre por ´por nuestra
salvación, “él
quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el
cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz”
(Col. 1: 20), es por eso que este tiempo debe vivirse con especial
devoción, sobre todo la semana Santa, viviendo a fondo los misterios
de la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Señor.
Conclusión.
En
fin, nuestro Santo Padre, una vez más ha dado el ejemplo en lo que
respecta al modo de obrar del Cristiano. Ha demostrado, en esta
oportunidad, la importancia de un magnífico Sacramento que, a su
vez, es condición indispensable para alcanzar el más Sublime de
todos los Sacramentos, hacia el cuál todos se orientan: El Cuerpo y
la Sangre de nuestro Señor.
Preparémonos
estos últimos días de la cuaresma para recibir a Cristo en nuestras
Almas, en nuestros Corazones y en nuestras vidas, en una sincera y
absoluta conversión.