Capítulo I: Esto no puede estar pasando...
Esto que te voy a contar me paso hace poco:
Yo soy un chico normal de 18 años, buen estudiante, buena persona y un poco friki la verdad; en mi clase me siento al lado de una de la chica mas guapa que he visto en mi vida, mide mas o menos 1,60 cm,
pelo castaño oscuro que brilla con la luz del sol, ojos verdes como un campo en primavera, su piel es color café con leche o como caramelo no sabría decirte el tono.
La miro todos los días con el deseo de poder decirle que la amo pero soy muy tímido y no me atrevo a confesárselo.
Un día yendo hacia la escuela sobre las 7.50 de la mañana, me tope con una anciana de aspecto extraño, al momento de verla me percate de que le había caído el monedero del bolso, lo recogí y se lo
entregue a la señora:
- Perdone, se le ha caído el monedero
- ¡Ay! Gracias hijo, no me había dado cuenta, seguro que tengo un agujero en el bolso o algo, eres muy amable, toma ¿quieres un caramelo?
No me fiaba de la gente desconocida y menos aun si esta me da un caramelo, pero el caramelo era de una marca conocida así que lo cogí y le di las gracias.
Abrí el envoltorio del caramelo, vi que no tenia nada extraño ni peculiar así que me lo metí en la boca y seguí mi camino.
Cuando ya estaba entrando en la clase no había todavía nadie porque siempre soy el primero en llegar; me senté en mi sitio y empece a sacar las cosas de mi mochila pero de repente me empezó a doler
la cabeza como si tuviera un martillo dentro golpeando, entonces me di cuenta de que mi ropa me estaba quedando enorme y que todo se estaba haciendo mas grande a mi alrededor, no podía creerlo...¡estaba encogiendo!
- ¡Socorrooo! ¡Que alguien me ayude!
Grite y grite pero nadie vino en mi ayuda, hasta que pare de encoger, salí de dentro de mi camiseta y todo era gigantesco a mi alrededor; todo empezó a temblar, eran como pasos de gigante, me metí otra vez en mi camiseta
hasta que la vi, era Ainhoa, la chica que me gustaba y una de mis mejores amigas, si alguien podría ayudarme era ella, me deslice por el pantalón hasta llegar al suelo entonces corrí hacia donde estaba ella, alce mi vista y
ahí estaba, tan guapa como siempre; me costo la vida llegar hasta una de sus balerinas (zapatos), claro media como unos 6 centímetros mas o menos.
Escale su balerina negra hasta llegar al pantalón pero un movimiento de su pie me hizo resbalar y caer dentro de su zapato; a ella le gustaba jugar con la balerina, girarla, tirarla, sostenerla solo con el dedo gordo del pie,
así estuve yo durante las 4 horas que duraban las clases.
Sono el timbre de fin de las clases y Ainhoa se levanto lo mas rápido que pudo y fue directa hacia su casa, yo estaba aplastado entre su pie y el zapato, dolía un poco pero no me importaba porque era uno de mis fetiches;
tenia el pie delante de mi cara, estaba un poco sudoroso por el calor que hacia y sin pensármelo dos veces empece a lamerlo y besarlo con delicadeza, era delicioso, nunca había probado algo así; logre alcanzar una gota de sudor
que estaba la lado mio, era un poco mas pequeña que mi cabeza, la chupe, estaba salada pero aun así estaba deliciosa; me empalme, tenia que aprovecharlo así que me arrastre como pude hacia sus dedos, metí mi pene entre
el meñique y el anular mientras yo chupaba su pulgar, nunca me había sentido tan excitado, no podía creérmelo ¡me estoy follando el pie de la mujer que amo!, estaba llegando al clímax, grite su nombre y me corrí entre sus dedos,
estaba muy cansado ya había terminado de soltar todo el semen que podía así que cerré los ojos y empece a dormirme.