"Una nación sin autocrítica es una nación ciega" decía el gran Octavio
Paz". A propósito que nuestro país se prepara para celebrar el
bicentenario del inicio de la independecia y el centenario de la
revolución mexicana yo me preguntaria si en verdad se estamos viviendo
una plena libertad, me queda claro como dice el doctor Narro (rector
de la UNAM) que "el mejor regalo que podemos darnos como mexicanos es
pagar las deudas que tenemos con la población indígena", y con muchos
más a los que nuestra historia les ha negado el derecho de admisión.
Quisiera plantear para eso las siguientes preguntas:
¿era en verdad la independencia lo que buscaba el cura Hidalgo cuando
exclamó "¡mueran los malos gobiernos, viva Fernando VII!"?
¿qué podemos hacer para pagar esas deudas pendientes con quiénes las
historia no quiso que aparecieran en sus páginas?
Saludos a todos desde Oaxaca.
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Querido Soid:
¡Cómo te recuerdo! Y me encanta poder compartir con vos y las demás personas el tema que planteás.
Se me ocurre trascribir una discusión
entre los protagonistas de una novelita que estoy escribiendo sobre
historia y filosofía. Ojalá reciba de ustedes algún comentario. Ahí va!!!! :
- ¡Claro! – grito - Lástima que, como opina Ricardo, los indígenas, verdaderos dueños de estas tierras fueron los que sufrieron más. Hasta los obligaron a cambiar de religión. ¡Qué horror!
- ¿Sufrieron?.... ¡Sufren! - comenta enfáticamente Ricardo - Por eso creo que no debemos dejarnos ahora dominar por potencias extranjeras. Mi mamá dice que están más baratas las papas extranjeras que las cultivadas aquí y están arruinando a nuestros campesinos.
- ¡No compren papas extranjeras! ¡No compren papas extranj…! – canta Jose golpeando el escritorio como si fuera tambor.
- Dejarnos dominar sería algo así como traicionar a las personas que lucharon por la independencia de América en 1821? – comenta Alberto.
- ¿Traicionar a quién? – pregunta Jose.- Yo, francamente, no sé si todavía hay indígenas en Costa Rica.
- Yo tampoco sé mucho de ellos... Si no fuera porque conozco a mi compañera Conchita.
- Bueno…pues entonces, Conchita nos puede hablar de este tema. Su bisabuelo era uno de los últimos caciques indígenas de Boruka - sugiere la Niña Tere.
- Sí. - comenta Conchita.- Ya les he contado algunas historias de nuestros antepasados. Pero, actualmente, todavía nuestros pueblos indígenas, y los de toda Latinoamérica, vivimos mucha discriminación.
- Yo supe que había indígenas en Costa Rica cuando les dieron la cédula de identidad hace unos pocos años – dice Ricardo.
- Bueno… Conchita: ¿Podrías darnos un ejemplo de discriminación? – la Niña Tere le dirige la pregunta a Conchita.
- ¡Pues eso! ¡Exactamente! Esos comentarios son un vivo ejemplo de discriminación. ………………………….Nos hicieron invisibles.
Silencio.
- ¡Claro! Estoy de acuerdo, Conchita, - digo para romper el hielo - pero recuerden que todas las personas tenemos la capacidad de construir un futuro mejor. ¿Cómo podaríamos cambiar esta situación?
-
Luego de escuchar a Ana Graciela y a Soid, recordé haber leído en “La Filosofia Nahuatl” de M. León - Portilla, una idea sobre el problema del libre albedrío en el pensamiento nahuatl que aún puede considerarse vivo en estos tiempos:
Y lo más trágico de nuestro existir
está en que no obstante nos pensamos libres, ignoramos cuál es
nuestro destino final.[1]
"Destino fatal". Sin embargo, aunque los nahuatls estaban en manos de los dioses porque se vivían en un doble plano mágico - religioso, también se hablaba de la importancia de un libre albedrío modificable por la educación; de la posibilidad de construir su propio proyecto de vida personal y social.
… en los
textos, de ordinario se admite que por
el control de sí mismo (mo-notza) se puede superar un
destino fatal, así como por negligencia es posible arruinarse[2].
Creo que no es cuestión de “pagar deudas pendientes”, sino de fortalecer a esas personas invisibilizadas para que luchen por “recobrar” su presencia en este mundo que tienen que compartir con tanta gente.
No me canso de repetir que no se trata de enseñar valores para la vida, sino de dar la oportunidad y la herramienta necesaria para aprender a valorar la propia vida, la de las demás personas y la del mundo circundante por un mejor entendimiento entre los pueblos.
¿No es ese el objetivo de Filosofía con Niños, Niñas y Adolescentes?