Tras el episodio de la flota de Cámara, el ISLA DE PANAY fue uno más de los 35 vapores que utilizó la Compañía Trasatlántica para repatriar, en sucesivos viajes, las tropas de Cuba una vez perdida la guerra.
Uno de esos viajes, lo documenta Sanahuja con una información aparecida en el diario ‘El Aviso’, de Santander, el día 6 de diciembre de 1898:
La repatriación. En el día de hoy ha fondeado en este puerto el vapor ISLA DE PANAY procedente de La Habana conduciendo 1.450 repatriados entre jefes, oficiale se individuos de tropa, pertenecientes a los batallones de HernánCortés,Pizarro y Tarragona.A las diez de la mañana se encontraban en el muelle de pasajeros el general gobernador militar de la plaza, las autoridades civiles, los socios dela Cruz Roja y ambulancia de la misma, y a las diez y media empezarona llegar los Corconeras conduciendo aquellos que podían trasladarse por su pie al Depósito de Ultramar o ser conducidos en carruajes al hospital de María Cristina.
Todos ellos fueron socorridos por la junta de señoras de la Cruz Roja, con leche, caldo, jerez y bizcochos. Una sección de la Ambulancia compuesta de cuatro camillas se trasladó a bordo del trasatlántico para conducir a tierra a dos fracturados y algún otro que por su estado no pudiera efectuarlo a pie.Y no en balde se tomó este acuerdo pues fueron catorce más los que necesitaron ser trasladados en camilla desde a bordo al Hospital de María Cristina, siendo conducida la última camilla por varios señores socios e individuos de la junta de gobierno.El total de enfermos ingresados por cuenta de la Institución en el citado hospital de María Cristina, asciende a 178.
En la travesía del ISLA DE PANAY han ocurrido las defunciones de los soldados Carlos Ferrero y Miguel Cotolin. Al frente de la expedición viene don Federico Fosse, teniente coronel del regimiento de Tarragona.
1898. Repatriación de tropas. Cuban Photograph Album Collection.A continuación, el PANAY sirvió de nuevo en la línea de Manila para repatriar a los funcionarios, militares o no, que habían de regresar a España por mandato de los vencedores en la guerra. Apunta Sanahuja que la repatriación de los soldados vencidos en Filipinas fue más complicada que la repatriación desde Cuba y Puerto Rico. En junio de 1899 todavía quedaban unos 5.000 soldados españoles esparcidos por los manglares y las selvas del archipiélago filipino.
El tema de los prisioneros españoles en Filipinas, en manos de diferentesfacciones de la resistencia tagala, hizo que se enviasen comisiones negociadoraspara lograr su repatriación. La comisión oficial estaba formadapor los señores Ríos, Toral y Marcaina. Esta comisión gestiona con eficaciala libertad de los prisioneros, secundando las instrucciones del gobierno,que no ha escatimado nada para conseguir el fin que se propone, segúncitaba el diario ‘El Laboro’, en su edición del 30 de septiembre de 1899.
La complejidad de esta repatriación, a diferencia de la realizada en Cuba, era debida al estado de guerra en que se encontraba Estados Unidos-responsable de la repatriación- con la resistencia filipina. Lo narraba con claridad José Antonio Tojo Ramallo, doctor en Historia, en la Revista de Historia Naval, Año XXXVI, 2018, Número 142, en un artículo titulado ‘Los barcos del desastre. La repatriación de Filipinas (1898-1900)’:
Tras la firma del tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, España renunciaba a todo derecho de soberanía y propiedad sobre la isla de Cuba y las Filipinas, y cedía a Norteamérica Puerto Rico, Guam -en el archipiélago de las Marianas- y todos los islotes bajo su soberanía existentes en las Indias Occidentales. En contrapartida, los Estados Unidos se comprometían a liberar a todos los prisioneros españoles en manos insurrectas y a correr con los gastos de su repatriación,trámite que posiblemente hubiesen cumplido en tiempo y forma de no haberse desatado las hostilidades con los isleños, el 4 de febrero de 1899. A partir de entonces,cualquier intento de negociación entre ambos contendientes iba a complicarse sobremanera, dejando a un tiempo a España inhabilitada para hacerlo por su cuenta.
Esta situación sería aprovechada por los líderes filipinos, deseosos de conseguir para su tierra el reconocimiento internacional de nación soberana e independiente. En un primer momento, exigiendo negociar con España y la Santa Sede la liberación de los presos civiles, militares y religiosos; a continuación, requiriendo importantes sumas de dinero, armas y munición a nuestro gobierno. De aceptar cualquiera de ambas demandas, el tratado de París quedaría automáticamente invalidado, y España, sujeta a un contencioso que bien pudiera saldarse con una segunda declaración de guerra por parte de los Estados Unidos.
A sabiendas de ello, y tras un mes de infructuosas gestiones por parte norteamericana, el gobierno liberal intentaría un acercamiento informala los líderes tagalos con el único objeto de conseguir la libertad de los prisioneros retenidos por estos. Fruto de aquellos primeros encuentros-mediatizados a través del general Diego de los Ríos, hombre de confianza del Gobierno en Manila-, España supo de las pretensiones de los insurrectos: como paso previo a cualquier negociación posterior, todos los reclusos filipinos confinados en penales españoles debían ser liberados de inmediato y repatriados a su tierra. En prueba de buena fe, el ministro de la guerra -general Correa García- accedería de inmediato a tal exigencia. Se confirmaba también la cifra de españoles cautivos:11.000 militares, en torno a 1.900 empleados civiles y particulares, y varios centenares de religiosos. En total, en torno a 13.000 almas, incluyendo mujeres y niños.
Pero con el Gobierno atado de pies y manos para cualquier negociación oficial, y teniendo que informar primero a los norteamericanos de cualquier encuentro, fue la iniciativa privada la que continuó en buena medida manteniendo los acercamientos, en especial, facilitando la llegada de medicinas y correspondencia a los prisioneros, Destacada sería la actuación del Casino Español y de la Unión Ibero-Americana de Manila,que desde fecha temprana nombraron comisiones permanentes, integradas por personas distinguidas con contactos al más alto nivel entre los líderes rebeldes, encargadas de proseguir -de forma no oficial con las negociaciones.
Manila. Traslación de loos restos de los héroes de Cavite y El Baler. ‘La Ilustración artística’, 4 de abril de 1904.El autor, comenta Vicente Sanahuja, continua en un extenso artículo sobre las diferentes repatriaciones llevadas a cabo y sus incidencias, pero en este preámbulo, sintetiza con claridad las dificultades con que se encontraban los gobiernos español y americano y, principalmente, por ser intermediaria, la Compañía Trasatlántica.
La repatriación de cadáveres y de soldados perdidos en la jungla filipina y cubana se prolongó durante años. Unos soldados perdidos en Tayabas pusieron en duda que los de Baler fuesen los últimos de Filipinas. En la web Fundación Museo Naval, Carmen García, social media de la Fundación Museo Naval, en un artículo titulado ‘El sitio de Tayabas y su capitulación el 15 de agosto de 1898 ¿Los últimos de Filipinas?’, cita:
El tres de junio de 1899 finalizaba la repatriación oficial de prisioneros. Poco después se rendían los últimos de Baler y también regresaron a España. Pero después de los últimos de filipinas aun quedaban dispersos por la selva, cinco mil soldados españoles, olvidados por España… Solo los recordaban sus familiares sin saber si estarían vivos o muertos.
El ISLA DE PANAY estuvo destinado en la línea de Extremo Oriente en los años que siguieron al final de la guerra con los Estados Unidos; en el viaje que realizó entre enero y abril de 1904 embarcaban en Manila los restos más gloriosos del naufragio colonial español, los restos de los héroes de Cavite y de Baler, cuyo desembarco en Barcelona el 17 de marzo de 1904 fue objeto de un recibimiento con presencia de todas las autoridades civiles y militares y de un fastuoso cortejo fúnebre. Los restos de los héroes de Cavite, informaba ‘La Vanguardia’ de ese mismo día, serán desembarcados en Cádiz para ser inhumados en el panteón de marinos ilustres de San Fernando.
Se resolvió como avería gruesa
El 23 de abril de 1904 salía del puerto de Barcelona el ISLA DE PANAY con destino a Manila, y al salir de la bocana, todavía con práctico a bordo, tocaba la punta del espigón. El buque siguió viaje, pero tuvo que arribar a Mahón para verificar el estado del casco tras la colisión. Del accidente existe una abundante documentación, declaraciones del capitán, peritos, el práctico, técnicos de la sociedad de clasificación del buque (Lloyd’s), de la que Vicente Sanahuja recoge muestras suficientes. Reproduciré dos de ellas. La primera, la información que publicaba ‘El Bien Público’ del 25 de abril de 1904:
(…) De los datos que hemos podido adquirir resulta que al salir el sábado dicho buque del puerto de Barcelona, y hallándose el practico sobre el puente, rozó ligeramente con la escollera de la Capitanía del Puerto. El capitán ordeno inspeccionar las sentinas y sin novedad alguna siguió viaje, cuando ayer mañana se notó una ligera vía de agua, y como durante el día fue en aumento, en junta de oficiales se decidió a las cinco de ayer tarde hacer rumbo a Mahón.
El buzo esta mañana ha bajado para inspeccionar el casco, hallando tres grietas. Por el Sr. inspector del dique y los técnicos de a bordo del ISLA DE PANAY opinan que puede arreglarse provisionalmente la avería sin grandes esfuerzos y sin necesidad de entrar en dique. Se ha telegrafiado a la Compañía Trasatlántica, de la que se esperan órdenes para proceder en consecuencia.
Jaime Iglesias Codina, que llegó a ser jefe de máquinas o primer maquinista en Trasatlántica. Navegó en el ISLA DE PANAY entre el 1 de abril de 1905 y el 18 de febrero de 1910; y entre el 29 de marzo y el 3 de octubre de 1911. Archivo Municipal de Masnou.Los pasajeros que conduce el trasatlántico ISLA DE PANAY aprovechando su estancia en este puerto, han subido a tierra recorriendo las poblaciones de Villa Carlos y Mahón. Entre el pasaje que conduce el ISLA DE PANAY se cuentan varias religiosas que de la Península pasan a las islas Filipinas, reclamados sus servicios por el Gobierno norteamericano.
La segunda viene recogida en el libro de Antonio Torrents Monner, ‘Modelos de liquidaciones de Avería gruesa’, en el capítulo ‘Liquidación de avería gruesa del vapor español ISLA DE PANAY, capitán don Feliciano Calzada. En su viaje de Barcelona para las islas Filipinas el día 23 de abril de 1904. Armadores Compañía Trasatlántica. Liquidador D. Antonio Torrents Monner’, en el cual reproduce el informe del inspector del Lloyd’s en Manila, Patrick Millar, fechado el 4 de junio de 1904:
Por convención entre la Compañía Trasatlántica española, armadora del vapor ISLA DE PANAY, y los receptores todos de las mercancías por dicho vapor conducidas, fué aceptado que la clasificación de las averías y gastos suplidos con motivo del accidente relatado, ocurrido en el momento de zarpar la nave del puerto de Barcelona, para el de Manila y sus escalas reglamentarias, debía sujetarse á lo que taxativamente viene establecido por las Reglas de York y Amberes de 1890, en vigor, desde entonces, por haber sido universalmente admitidas por el comercio marítimo. En cuanto, pues, dichas Reglas disponen, la presente clasificación y sucesiva liquidación han sido establecidas con arreglo á las mismas; y en aquellos puntos en que por las citadas Reglas no queda previsto, ha servido de régimen lo preceptuado por el vigente Código de Comercio español, á cuyas disposiciones el ISLA DE PANAY, por su nacionalidad, está sujeto.
Vistos los antecedentes que resultan de las actuaciones legales practicadas, que sirven de preliminar á la presente liquidación; siendo innegable el beneficio que recibió la total expedición mediante la arribada en Mahón para hacer las reparaciones provisionales ordenadas, con lo cual se evitaron los cuantiosos gastos y probables daños que la mercancía hubiera sufrido si el desembarque de la misma hubiese tenido lugar, caso de haberse decidido que la avería del buque debía ser corregida de un modo definitivo; considerando que no tan solo las Reglas décima y undécima de York-Amberes previenen que tales gastos de detención y reparación deben ser admitidos como un sacrificio en provecho de todos los intereses, sino que el mismo Código Mercantil en su espíritu recto é interpretación justa y equitativa, así considera también dichos dispendios, según la definición general que hace de la avería en su artículo 811.
El ISLA DE PANAY en Barcelona. Foto colección Jaume Cifré Sánchez.Procede que la clasificación de los referidos gastos y reparos, así como la de los demás que de los mismos se derivaron, se haga en la forma siguiente, distribuyéndose éstos en la conformidad que se detalla:
Avería particular. Las reparaciones y los gastos que, por consecuencia de las mismas, se practicaron é hicieron de un modo definitivo en Liverpool, de aquel dallo padecido por el vapor ISLA DE PANAY al rozar con la parte sumergida del muelle de España en el momento de zarpar del puerto de Barcelona ya que dicho daño fue recibido de un modo inevitable y del todo ajeno á la voluntad del hombre.
Avería común. Lo son el gasto extraordinario por la forzosa detención del vapor en el puerto de Mahón; los salarios y manutención de la tripulación; el carbón extra consumido; las reparaciones provisionales, protestas, inspecciones, peritajes é intervenciones, la comisión del consignatario, los telegramas, y cuantos más fueron necesarios suplir para la reunión de documentos, firma de compromisos, etc. indispensables para poder formar, de una manera acertada, el Reglamento de avería.
Asimismo, deben calificarse de avería común todos los gastos referentes á la traducción de documentos; impresión de la Liquidación é importe de los honorarios devengados por la redacción y formación de la misma.
Barcelona 30 de junio de 1905. El Liquidador.
Apostilla Sanahuja que en este soberbio documento, de especial degustación para amantes del Derecho marítimo, se narraba, carga a carga, y propietario a propietario, el valor, cantidad, especificación de la mercancía y contribución a la avería gruesa citada; Quod scripsi, scripsi.
Llegada a Barcelona de los restos del comandante Fortea, otro de los últimos de Filipinas
El 10 de septiembre de 1910, el ISLA DE PANAY fondeaba en Barcelona procedente de Manila. A bordo iban los restos de uno de los últimos héroes de Filipinas, distinguido en la defensa de Santo Domingo de Basco, en la isla de Batanes: el comandante Julián Fortea. En Manila, la despedida de los restos del infortunado comandante fue espectacular, con misa, comitivas, procesiones y desfiles más la habitual presencia de vapores y lanchas hasta llegar al PANAY, y su posterior escolta hasta su salida.
‘La Vanguardia’ en su edición del 11 de septiembre de ese año, informaba del desembarco en Barcelona de los restos del comandante Fortea y de su traslado hasta el pontón hidrográfico COCODRILO. Entre otras personas, en la comisión que subió al PANAY a por la urna se encontraban el capitán de infantería don Miguel Fortea y el segundo teniente de la misma arma don Julio Fortea, hijos del heroico defensor de Santo Domingo.
Desembarco de los restos del comandante Fortea. Foto de J. Llorens. Archivo municipal de BarcelonaDel traslado al pontón, ‘La Vanguardia’ decía:
Al desembarcar del ISLA DE PANAY los restos, el capellán de á bordo, P. Mestrés, rezó un responso en presencia de la comisión citada y del capitán y oficialidad del buque, estando también presente el funcionario de la Trasatlántica señor Bourgeois. Los restos del comandante Fortea, encerrados en una urna, fueron depositados en una falúa de la Compañía Trasatlántica, que remolcó una lancha á vapor del cañonero TEMERARIO hasta el pontón COCODRILO, donde se halla instalada la Comisión Oceanográfica. En la falúa custodiaron los preciados restos el capitán del ISLA DE PANAY, señor Pérez Soria, dos oficiales, el sobrecargo y los comisionados antes citados. Cuatro marineros del trasatlántico llevaban faroles encendidos. En la cámara del COCODRILO quedó depositada la urna, custodiándola los oficiales del buque, estando iluminada la estancia por cuatro faroles.
Por su parte, ‘El Diluvio’ del 10 de septiembre publicaba esta información:
En el vapor correo de Manila, ISLA DE PANAY, llegaron ayer a este puerto los restos del heroico comandante de infantería don Julián Fortea Selvi. Inmediatamente de haber fondeado el vapor, se personaron á bordo el presidente de la Comisión del homenaje, comandante señor Acevedo, siendo recibido por la oficialidad del buque, quien le enseñó los restos del malogrado comandante Fortea, que están encerrados en una urna y se hallaban depositados en un camarote de primera clase.
La Comisión acordó verificar hoy el traslado de los restos á uno de los barcos de guerra surtos en este puerto y mañana, á las once, transportarlos al muelle de la Paz en una lancha de la Comandancia de Marina. Habiendo mostrado deseos varias Sociedades de acudir al muelle a recibir los restos del comandante Fortea, con sus respectivos estandartes, se consultó anoche al capitán general, al regresar en el rápido, y el señor Weyler manifestó que por su parte tratándose de un acto tan patriótico no tenía inconveniente. No obstante, el comandante señor Acevedo visitará hoy al gobernador civil para conocer su opinión sobre el particular.