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Filipinas es un exuberante rompecabezas tropical formado por siete mil islas, aunadas en tres grandes grupos; Luzón al norte, el conjunto de islas de las Bisayas en el centro, y la sureña y grandiosa Mindanao. Las hay para todos los gustos. Bohol ofrece sus colinas subacuáticas que al emerger dieron forma al más insólito de los paisajes, ya que cuando con el calor, su suelo verde se vuelve marrón, se asemejan a los famosos bombones kisses , de ahí que se les llame, Colinas de Chocolate. Camiguín es la isla de los volcanes. Negros cultiva la caña de azúcar. Luzón tiene de todo un poco y le coronan las impresionantes terrazas de arroz de Banaue, patrimonio de la humanidad de la Unesco. Mientras que en Zamboanga, capital de Mindanao, sus playas de arena rosa son irresistibles, como lo es su lengua, el chabacano. Sin embargo, entre este tesoro isleño que compone el país, hay una isla pequeña y única.
La isla de Boracay es un apéndice de la de Panay, situada en las Bisayas Occidentales. Su mayor atractivo es la arena coralina de las playas, blanca y suave como la harina, por las que es un placer pasear, ya que, a ninguna hora del tropical sol, quema. Desde la avioneta se la distingue, como un edén perdido entre el Mar de Sibuyan y el Estrecho Tablas. Se ven sus playas, rodeadas de cocoteros, de las que llama la atención, por su longitud de cinco kilómetros e inmaculada blancura, la famosa White Beach.

Nochevieja en la isla de Boracay, Filipinas.
Manena MunarUN TRANSPORTE DIVERTIDO
Al aterrizar, en el mismo aeropuerto, esperan los tricíclicos, pintados en vivos colores y con citas de la biblia en la carrocería, para trasladar a los pasajeros hasta la bangkas, como allí llaman a esas piraguas de madera con estabilizadores de bambú, que sirven para la pesca, traslados, para todo… engalanadas con una viveza que a la cámara se le escapan las fotos solas. Las alusiones a motivos religiosos protagonizan los medios de transporte pinoys (flipinos). En sus célebres jeepneys, la gua gua por excelencia del país, en barcas, motos, y triciclos. Y es que Filipinas es el único país católico del sudeste asiático y no cabe duda que hace gala de ello en todas sus acepciones. Como es el celebrar por todo lo alto Nochebuena, Navidad y Nochevieja.
BORACAY SE PONE DE MODA
Si antes la isla estaba habitada por el grupo étnico de los negritos; se pueden recordar aquellos tiempos en el Motag Living Museum, poco a poco se fue poniendo de moda, y del turismo nacional pasó al internacional, especialmente gente llegada de Hong Kong, Japón, Australia y de los países escandinavos europeos. Al comenzar su auge turístico, los manilenses tomaron por costumbre celebrar la Nochevieja en la paradisiaca isla, hasta que se puso de moda , y hoy cuenta con un público cosmopolita que se aloja bien en los muchos resorts de precio asequible, ventilador y hamaca, o bien en los lujosos hoteles cinco estrellas.

La playa se viste de fiesta.
Manena MunarEstá el espectacular Shangri-La enclavado en una colina con vistas al mar y playa privada. Mandarín Bay Resort se encuentra en pleno distrito de Bulagong, cuya playa homónima es la escogida para los deportes acuáticos, el prístino Henan Crystal Sands Resort cuenta con serie de piscinas infinitas que dan al mar, mientras que la imponente piscina de The Lind Boracay de situación privilegiada en White Beach, disfruta de una excelente panorámica en el ático del hotel.
ESPEJISMOS TROPICALES
A los pinoys les encanta el jolgorio y son muy hospitalarios. Dos motivos para tener garantizada una entrañable y jubilosa entrada de año. Si además el escenario es de los soñados, no se puede pedir mas. La promesa del paraíso se vuelve tangible desde la banca observando las cristalinas aguas por las que pululan peces de todos los posibles colores. Cerca de White Beach, y siendo el atardecer, hay que frotarse los ojos para dar veracidad al espejismo de un sol que vuelve rojo el horizonte y violeta las aguas.
Las bangkas han desplegado sus coloridas velas, y encendido las luces, preparándose para la pesca nocturna del calamar. La playa está vestida de fiesta por la estación navideña, y las palmeras, vestidas de luces, dan la bienvenida a todos aquellos que van a tener la suerte de brindar por el nuevo año en el paraíso. A pesar de que en el año 2018 se le dio una batida a la isla, limpiándola y limitando el aforo, White beach está llena de gente contemplando el ocaso, bien sentados en la playa, o en las mesas iluminadas por acogedores farolillos, que, junto con las lumínicas palmeras, pintan una postal difícil de olvidar.

Una noche mágica.
Manena MunarLos paroles (faroles) navideños, esas estrellas de papel grandes y luminosas, características de Filipinas, cuelgan de las tiendas, y de los puestos de frutas, abalorios, y de pescado incluso, paralelos a White Beach, mientras que los restaurantes se atavían a cada cual más vistoso. Los árboles de Navidad, hechos de madera, unos pintados de blanco, azul, otros de verde, imitan a los reales y compiten en un alarde de colgantes y luces. Boracay se prepara para la gran noche. Los niños han moldeado letreros de arena en las playas en honor al año que entra y los restaurantes empiezan a abrir sus puertas.
NOCHEVIEJA EN BORACAY
Se escucha un tímido petardo que se convertirá en un auténtico bombardeo cuando den las doce de la noche. Los restaurantes están a rebosar. En algunos, más formales, las reservas se han hecho con meses de antelación, por ejemplo, en el Rima Mediterranean Tree Top Dinning del Hotel Shangri La. No dan abasto aquellos de comida tradicional, como The Ruf Resto Bar o Mama's Fish House. Más tarde, la animada vida nocturna de Boracay, hará gala del Cotillón, y música de todo tipo alegrará la noche, en lugares como Red Pirates Pub, Exit Bar, The Manic Money Crew o Club Galaxy. Entre tanto, los isleños se van a casa a disfrutar de Bisperas ng Bagong Taon, de la Nochevieja, celebrando un banquete que simboliza la esperanza de un año nuevo fructífero.

Puesta de sol en la playa.
Manena MunarLa cena de la Nochevieja filipina está aderezada por supersticiones ancestrales. No suele aparecer pollo en el menú ya que es un animal que picotea y rastrea buscando comida y no es buena señal para la entrada del año. El cerdo es el elegido en esta ocasión; un dorado lechón kawali, asado a fuego lento. No hay celebración en Filipinas que no vaya acompañada de los fideos de arroz que componen el sabroso plato de pancit, como promesa de una larga vida. El arroz glutinoso del postre bibingka sale a la mesa, pues es imprescindible algo pegajoso para mantener la familia unida y para que cuando llegue la fortuna, ésta se queda pegada a la persona.
Otra costumbre curiosa es la de colmar los recipientes, de alimentos básicos como arroz, harina, sal, azúcar para garantizar que así estén todo el año, al igual que los contenedores de agua se llenan rogando por su abundancia durante los doce siguientes meses. Empiezan a sonar las bocinas de los coches, y las motorinas, pero también el golpear de cacerolas y sartenes para espantar a los malos espíritus. Los lunares protagonizan vestidos, camisas, pantalones o zapatos. No se puede abrir un año sin un lunar, pues su forma circular atraerá la fortuna y buena salud, al igual que los pendientes de monedas que cuelgan de las orejas femeninas, llaman al dinero. Los hay quienes se llenan los bolsillos de monedas, y al dar las doce las hacen sonar escandalosamente para ahuyentar a las almas traviesas.

Un fin de año diferente en Boracay, Filipinas.
Manena MunarLos vendedores ofrecen pulseras carismáticas y mazorcas de maíz asadas. Al filo de la media noche se llenan las playas de turistas, principalmente White Beach, pero también las de Diniwid cuyas aguas transparentes y la elevación de la montaña sobre la blanca arena, es ideal para hacer fotos, Puka Shell Beach, al noroeste de la isla, junto al pueblo de Yapak, una auténtica y solitaria maravilla, o Bulagang. Los locales se quedan en casa hasta tomar las doce uvas al son de las campanadas. El ruido de la música, petardos, bocinas y cacerolas se une en una escandalosa y común algarabía para espantar de nuevo a los malos espíritus, mientras que puertas y ventanas se abren de par en par y que la buena suerte entre sin cortapisas.
MANIGONG BAGONG TAON (FELIZ AÑO NUEVO)
La playa está a rebosar de gente con trompetas, confetis, máscaras. Brindan unos con otros, y los fuegos artificiales iluminan el cielo. Las bangkas encienden sus luces, y los niños, al punto de la media noche, saltan lo más alto que pueden, pues así crecerán de golpe. Dan las doce, los petardos se multiplican, se escuchan las campanadas que salen de las casas, los fuegos artificiales ciegan el cielo y una gran voz común grita al unísono, apagando los demás sonidos ¡Feliz Año Nuevo!
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