El mal en su palabra simbólica, es la reacción todavía materializada
en el estado sensorio de nuestra constitución en su proceso de
depuración. Al decir depuración dirán ustedes, pero si el mal no
tiende a depurar al hombre, a lo cual sencillamente respondemos "por
el mal sufrimos" entonces, si por el mal sufrimos por él entendemos;
porque cuando nos saca de nuestras casillas naturales, ya nuestros
sentidos han saciado todos sus apetitos (de la forma) y como ya no se
encuentra apetencia por nada de lo que es terrenal, viene una reacción
tan firme, que la corrupción va siendo desechada a fondo. El mal está
en esto.
Roberto Samayoa