hareji
unread,Jan 2, 2012, 1:30:57 PM1/2/12Sign in to reply to author
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to Hermes Trimegisto
Si queréis alcanzar sabiduría y ser sabios, sed entonces humildes.
Pero, ¿Qué es la humildad?
¿Será la inactividad?
¿Será la actividad?
Términos inconclusos que a veces aceptamos en una u otra forma,
creyendo que la humildad es la inactividad, o sea, dejar que otros
destruyan las cosas o nos destruyan a nosotros mismos y por humildes
callar, esto sería ignorancia. La humildad es la profunda abnegación
del espíritu en sí mismo, cuando se ha liberado de los prejuicios de
la forma al actuar al unísono con su conciencia; quiero decir, que la
persona humilde es la persona laboriosa, no importando la categoría
que ocupe o desempeñe en sus labores. Tanto así, un simple campesino
como un plenipotenciario, están en la misma escala, o mejor dicho, con
la misma oportunidad al igual que un Rey, dado que la laboriosidad del
hombre es esculpirse a sí mismo y ser un hombre abnegado, templado y
vigorosamente fuerte para soportar las circunstancias climatéricas de
la naturaleza como de sus semejantes; ser un baluarte de acción y por
decirlo así, un eslabón de la salud y de la alegría, que doquiera que
esté haya paz, porque la laboriosidad tiende a abolir la miseria;
doquiera que éste sea un eslabón de esa paz, al ser un hombre sano,
porque dado que es laborioso, llevará una vida altruista, optimista y
en su condición psíquica, moral, intelectual y espiritual, será un
faro de luz, será cada día un eslabón más que se entre funde
introspectivamente y reconoce, que él es para todos y los demás son
para él, dado que existe la ley del equilibrio, como existe el influjo
y reflujo según la Divina proporción en el plano en que nos
encontramos, que rota y se mueve en la armonía Divina de la Cadena
Planetaria.
El hombre humilde es el que alcanza la última palabra de resurrección
interior, el que reconoce el valor intrínseco de él y de los demás, el
que es piadoso a sí mismo, al conservar su laboriosidad siempre en
beneficio propio, para ser cual árbol frondoso. Supongamos un
naranjal; no está discutiendo, ni conferenciando, ni aconsejando, pero
allí bajo su copa, el caminante, el viajero fatigado del sol de medio
día encuentra la frescura y la tranquilidad que éste le presta, así
como a través de sus frutos, de su jugo, obtiene un alimento exquisito
para la salubridad. Supongamos un naranjal que dejara de serlo porque
no da frutos, de nada serviría que fuese naranjal. Igual es el
hombre, de nada le serviría ser humilde, si tan sólo se agacha y
soporta los golpes de la vida.
¡No! el hombre es humilde cuando es laborioso y altamente abnegado al
ser consciente, porque entonces es cual vertiente inagotable que se da
a la humanidad, al darse cuenta que él es la humanidad por ser ésta
una. Los pueblos y las naciones son tan sólo la discrepancia de la
personalidad, porque aquel que escudriña su conciencia es sensato y
actúa en pensamientos, acciones y emociones acorde con su Yo interno,
y actúa entonces acorde con la divina equidad, la Ley Divina, que
organiza su constitución evolutiva, tanto en la forma como en la vida
espiritual.
Roberto Samayoa G. (WIDRACABECK)