Literatura del Yoga

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hareji

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Mar 19, 2012, 9:30:54 PM3/19/12
to Hermes Trimegisto
¿Qué es el Yoga? Es una pregunta importante para aquellos que se
interesan en lo real, lo verdadero. Annie Besant, en su libro
Introducción al Yoga nos responde esta pregunta:

Desgraciadamente para quienes desconocen el sánscrito, la literatura
del Yoga en lenguas occidentales no vale gran cosa. Las enseñanzas
generales del Yoga se encuentran en los Upanishads y en el
Bhagavadgita. De los primeros poseemos diversas traducciones; pero
tratan del Yoga en general, y no en particular. Exponen los principios
capitales sin dar ningún detalle sobre los métodos.

Aun el Bhagavadgita enseña a ofrecer sacrificios, a mantenerse
ecuánime, etc.; pero todo esto es moral preceptiva, absolutamente
necesaria en verdad, pero que no enseña el modo de alcanzar las
requeridas cualidades.

La literatura especial del Yoga se encuentra, ante todo, en algunos de
los Upanishads menores, "los ciento ocho", como se les llama, muy
pocos de ellos traducidos. Viene después la enorme masa de literatura
constituida por los Tantras, libros muy útiles, valiosos e
instructivos, que contienen toda clase de ciencia oculta, por más que
no gocen de muy buena fama entre los eruditos occidentales.

Hay Tantras de tres clases: los que tratan de magia blanca, los de
magia negra y los de magia gris entremezclada de ambas.

Ahora bien; magia es el conjunto de métodos utilizados para lograr
deliberadamente estados físicos supernormales por la acción de la
voluntad. La tensión nerviosa dimanante de la ansiedad o de la
neurastenia determina la histeria o la locura; pero la misma tensión,
producida por la voluntad, hace al hombre sensible a las vibraciones
suprafísicas.

El acto de dormirse no tiene importancia alguna, al paso que el entrar
en samadhi es una inestimable facultad. El procedimiento no varía en
el fondo, aunque el sueño proviene de las ordinarias condiciones de la
vida fisiológica y el samadhi de la acción de una voluntad ejercitada.
El yogui domina por completo su voluntad y sabe cómo emplearla para
obtener premeditados y previstos resultados. A este conocimiento se le
llama magia, la única ciencia que en pasados tiempos recibió el nombre
de "ciencia magna". Los Tantras contienen toda esta ciencia, con el
aspecto oculto del hombre y de la naturaleza, los medios a propósito
para descubrirlo, y los principios por los cuales puede regenerarse el
hombre. La dificultad está en que todas estas enseñanzas tántricas son
de arriesgadísima aplicación práctica sin la guía de un instructor, y
repetidos casos hay de quienes por carecer de él quebrantaron
gravemente su salud al emplear los procedimientos mágicos.

Por esto tienen los Tantras tan mala fama entre las gentes. La mayor
parte de los tratados de magia y ocultismo que se venden públicamente
en los Estados Unidos no son ni más ni menos que traducciones
fragmentarias de los Tantras.

Otra dificultad consiste en que estas obrara designan frecuentemente
con el nombre de un órgano del cuerpo, un centro astral o mental. Esto
se funda en que todos los centros de los cuerpos físico, astral y
mental están recíprocamente relacionados; pero ningún buen instructor
permitirá que el alumno se sirva de los órganos corporales hasta que
tenga cierto dominio sobre los centros superiores y haya purificado
cuidadosamente el cuerpo físico. El conocimiento de los centros
superiores facilita el de los inferiores, y el instructor versado en
todo ello puede colocar al alumno en el recto camino; pero se expone a
graves consecuencias quien tome en sentido literalmente físico los
nombres de los órganos a que se refieren los Tantras sin conocer su
verdadera aplicación. Por ejemplo, en uno de los sutras se dice que
meditando con la atención puesta en determinada parte de la lengua se
obtiene la vista astral. Esto significa que se obtendrá la vista
astral meditando con la atención puesta en la glándula pituitaria que
está situada sobre la parte de la lengua a que dicho sutra se refiere.
Los nombres especiales con que se designan los centros tienen sus
correspondientes en el cuerpo físico, y en las obras tántricas suelen
aplicarse a los órganos físicos, siendo así que se refieren a los
centros superiores.

Esta torcida aplicación se llama "velo" y está hecha de propósito para
librar al lector profano de los peligros de la práctica. Aunque un
individuo estuviera meditando toda su vida en la parte de la lengua a
que el sutra se refiere, no le sucedería nada de particular; pero si
supiese a qué centro superior corresponde esa parte de la lengua y
meditase sobre él, podría sobrevenirle gravísimo daño.

También se dice: "Meditad en el ombligo." Esto significa el plexo
solar, íntimamente relacionado con el ombligo, y quien fijara su
pensamiento en el plexo solar sin instructor a propósito, se
acarrearía un grave desarreglo nervioso de curación casi imposible. En
India hay muchas personas víctimas de las prácticas de magia mal
comprendidas, por lo que no es prudente entregarse a ellas sin
instructor que enseñe su significado y diga lo que se puede practicar
sin peligro.

También forma parte de la literatura Yoga, un pequeño libro titulado:
Los Sutras de Patanjali. Es valioso, aunque cabe el temor de que pocos
sean capaces de sacar provecho de su lectura por sí mismos, pues,
aparte de que solo contiene palabras sánscritas incompletamente
traducidas, y las más difíciles se repiten una y otra vez, sin
explicar su significado, de suerte que el estudiante no puede obtener
mucha luz.

DEFINICIONES. – Hay seis palabras que se repiten frecuentemente en el
texto y a primera vista parecen sinónimas algunas de ellas, pero que
conviene definir para evitar confusiones. Estas palabras son:
desenvolvimiento, evolución, espiritualidad, psiquismo, yoga y
misticismo.

"Desenvolvimiento" se refiere siempre a la conciencia, y "evolución" a
las formas. Según Heriberto Spencer, evolución es el proceso por el
cual lo homogéneo se convierte en heterogéneo, lo simple en lo
complejo. Pero la conciencia, o sea el Espíritu, no crece ni se
perfecciona, porque siempre es el mismo, y lo único que le cabe es
explayarse hacia el exterior en vez de permanecer retraído en el
interior. Nuestro Dios interno no evoluciona, sino que manifiesta sus
potencias a través de la materia de que al efecto se revistió, y esta
materia evoluciona para servirle. El Espíritu se va manifestando tal
cual es. Así dice San Ambrosio: "Llega a ser lo que eres", y aunque
esta expresión parezca paradójica, encierra una gran verdad, pues
significa llegar a ser en manifestación externa lo que ya somos en
realidad internamente. Tal es el objeto de todo el procedimiento del
Yoga.

"Espiritualidad" es la realización del Yo. "Psiquismo" es la
manifestación de la inteligencia por medio de un vehículo material.

"Yoga" es el procedimiento de unión con el Yo por medio del intelecto.
Es una ciencia.

"Misticismo" es el procedimiento de unión con el Yo por medio de la
emoción.

El místico fija la mente en el objeto de su devoción, y en un rapto de
amor y adoración se olvida de todo lo externo, e inconscientemente
Envuelto en el objeto de su amor, una enorme oleada de emoción lo
empuja hacia Dios. No se da cuenta de cómo alcanzó tan superior
estado. Sólo conoce a Dios y el amor que a Dios tiene. Tal es el rapto
del místico y el triunfo del santo.

El yogui puede emplear la devoción como medio, según nos indica
explícitamente Patanjali, quien expone varios métodos de practicar el
Yoga, y entre ellos la "devoción a Ishvara". Sin embargo, esta
devoción no está muy de acuerdo con el temperamento científico, para
quien no es en sí misma un fin, sino un medio de concentrar la mente.
En cambio, la devoción a Ishvara es el verdadero camino por donde el
místico alcanza la unión Dios.

El yogui considera la devoción a Ishvara como el procedimiento
científico de concentrar la mente, y nada podría señalar con tanta
claridad la diferencia psicológica entre el Yoga y el misticismo. El
yogui considera la devoción a Ishvara como el medio de concentrar la
mente; el místico la considera como el medio de unirse con su Amado.
Para el místico es Dios el objeto de sus ansias, de sus delicias y su
única aspiración es unirse con Dios. Para el yogui, fijar la atención
en Dios es tan sólo un eficaz procedimiento de concentrar la mente. El
yogui se vale de la devoción como medio para obtener un fin. El
místico tiene a Dios por objetivo y se une con El por rapto.

Annie Besant
Introducción al Yoga
Por Jivaduck Samayoa
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