Actualmente, los hombres han llegado a ser mucho más perversos de lo que nunca antes lo habían sido. Más que en ninguna era pasada, hacen uso de su inteligencia y su talento para solazarse en la crueldad. Parece que el hombre gozara de tal manera infligiéndole dolor a otros que, como lo revela la historia, se han librado 15.000 guerras en los últimos 5.500 años... y no se muestran signos de que este espantoso pasatiempo vaya a terminar. Una inminente guerra nuclear significaría la destrucción de la raza humana. ¿Y cuál es, exactamente, la causa de toda esta ansiedad y este horror? Resulta patente que aún predomina la bestia en el hombre; aún no ha sido dominada. Sólo cuando esto se haya logrado, podremos alcanzar paz y alegría.
El odio, la envidia, la codicia, el deseo de sobresalir, de competir y de compararse con otros... todos estos rasgos negativos han de ser arrancados de raíz. Estos rasgos están viciando, no ya solamente a la generalidad de los hombres, sino también a los ascetas, los monjes, los superiores de instituciones religiosas y eruditos, entre los cuales la envidia y la codicia han causado verdaderos estragos. Cuando todos estos maestros y preceptores que se proyectan como encarnación de ideales exhiben toda esta gama de características tan bajas, ¿cómo podrían corregir al mundo? Su único aporte es la intensificación de esta corrupción.
Lo que el mundo de hoy necesita no es un nuevo orden ni una nueva educación, ni un nuevo sistema ni una nueva sociedad, ni una nueva religión. El remedio debe buscarse en una mente y un corazón llenos de virtud, de una piedad que debe echar raíces y germinar en todo lugar, en especial en la mente y el corazón de los jóvenes y los niños. Los buenos y los piadosos deben hacer suyo el deber de promover esta tarea, como la única gran disciplina espiritual que haya de emprenderse.
Sri Sathya Sai Baba