Tú, que en las horas de mis más profundos anhelos vienes,
Desde la profunda noche entre la inmensa calma,
Derramas en mí tus frutos de bienaventuranza,
Como lluvia de amorosas estrellas,
Sobre las flores del jardín de mi alma.
Oh, Deidad del alma mía!
Te adoro bajo tu dulce armonia,
Te amo tanto, tanto,
Que tu amor el universo llena,
Y engrandece al hombre peregrino,
Que al mirarte te siente internamente,
Y que palpita freneticamente al escuchar tu nombre,
Donde nunca podrá la terrible amargura,
Borrar del corazón ardiente de devoción,
Este fuego de amor inocente lleno de ventura,
Que siento arder en mi alma, mente y en mi corazón.
Ckrishnashi -HAREJI-