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Monseor Franois-Xavier Nguyn Van Thun nace en 1928 en Hue, regin central de Vietnam. Es ordenado sacerdote en 1953 y licencindose en derecho cannico en Roma el ao 1958. Obispo de Nhatrang de 1967 a 1975, ese ao Pablo VI le nombra obispo coadjutor de Saign, actualmente ciudad de Ho Chi-Minh.
Con el lenguaje de la experiencia, firmemente anclado en la Escritura y en los Padres de la Iglesia y alimentado por el testimonio de los santos y de los escritores contemporneos, el Autor pone de relieve la irresistible potencia de la Palabra de Dios y traza para el nuevo milenio el rostro de la que l llama la "Iglesia una, santa, catlica, apostlica y gozosa".
Juan Pablo II encarg al entonces arzobispo vietnamita F. X. Ngun van Thun la predicacin de los ejercicios espirituales de la Curia Romana del ao 2000.
As nacieron las veintids meditaciones sobre la esperanza en el mundo de hoy, presentadas por un testigo de la fe que ha madurado sus reflexiones durante la situacin desesperada de su encarcelamiento.
Brings the theological and catechetical principles of the third catechetical directory into the heart of everyday parish life by establishing a formal ritual institution of the age-old lay ministry of catechist.
sta es una meditacin sobre la vocacin del catequista. No importa si eres un(a) catequista con mucha experiencia o ests considerando la invitacin a catequizar, Llamados a ser testigos de la esperanza es una reflexin sobre la alegra de ser alguien que comparte la fe con otras personas y las responsabilidades que vienen con ello. Un catequista es primordialmente una persona que vive la gracia de su bautismo en lo cotidiano, un discpulo misionero alegre, un testigo apasionado del amor de Dios en la historia. Comenzando con algunas observaciones sobre el llamado a ser catequista, el libro hace una invitacin a contemplar cuatro imgenes que buscan inspirar una mayor apreciacin por este ministerio: evangelizador, puente, compaero y profeta de esperanza.
Hosffman Ospino es profesor de teologa en la Escuela de Teologa y Ministerio de Boston College en donde tambin es el director del Departamento de Educacin Religiosa y Ministerio Pastoral.
Para los ejercicios espirituales de la Curia Romana del ao 2000, Juan Pablo II ha llamado al arzobispo vietnamita Nguyen van Thuan. As han nacido las veintids meditaciones sobre la esperanza en el mundo de hoy, presentadas por un testigo de la fe que ha madurado sus reflexiones durante la situacin desesperada de su encarcelamiento.
Estoy de acuerdo contigo en que es un libro interesantsimo, que muestra un hombre extraordinario. Como quizs sepas acaba de fallecer, la semana pasada, despus de una larga enfermedad. Es una de esas personas que nos muestran lo que verdaderamente supone vivir en cristiano. Si no lo has ledo te recomiendo, del mismo autor, "Cinco panes y dos peces". Es parecido a este que estamos hablando, ms breve y pensado como libro de oracin, con breves meditaciones en torno a las ancdotas impresionantes de su vida en la crcel.
Este es un libro impresionante. Van Thuan relata su experiencia vietnamita ayudndose de continuos enlaces de fe con Dios en una aventura real. Es el nico libro con el conseguido ser sincero conmigo mismo y poder establecer una cierta oracin con Dios.
Este libro tiene como eje central la esperanza. Nos habla de una virtud teologal abierta al mundo y al hombre desde la raz del amor de Dios, que se ha entregado en su Hijo Jesucristo. Las pginas del arzobispo Van Thuan son un testamento de la capacidad de Dios en nuestro mundo, de la fuerza salvfica que tiene la salvacin y de la manifiesta autenticidad del hombre que se encuentra con quien le ha creado, su principio y fundamento. Entre los prrafos se van desgranando la abundante ciencia del Evangelio, actualizada permanentemente por la referencia a los Santos Padres, y, como rbrica personal, su testimonio de cautiverio por Cristo. Deca Charles Pguy que la fe que amo ms es la esperanza. El No tengis miedo se conjuga, en la gramtica que utiliza el pueblo de la esperanza, con el verbo del martirio. As se har vida la promesa del Seor de estar con los suyos hasta el fin de los siglos, en un arduo camino de santidad posible, que se ve iluminada por el camino, ms arduo todava, de los mrtires de nuestro siglo. Deca, y as lo recoge el arzobispo Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, que no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.
1. Por ser testigo de la vida de Cristo y en Cristo, como hemos visto en la catequesis anterior, la Iglesia es tambin testigo de la esperanza: de la esperanza evanglica, que en Cristo encuentra su fuente. El concilio Vaticano II dice de Cristo en la constitucin pastoral Gaudium et spes: El Seor es el fin de la historia humana..., centro de la humanidad, gozo del corazn humano y plenitud total de sus aspiraciones (n. 45). En ese texto el Concilio recuerda las palabras de Pablo VI que, en una alocucin haba dicho de Cristo que es el centro de los deseos de la historia y la civilizacin (Discurso 3 de febrero de 1965). Como se ve, la esperanza testimoniada por la Iglesia reviste dimensiones muy vastas, ms an, podramos decir que es inmensa.
4. Se trata de la esperanza de estar con Cristo en la casa del Padre despus de la muerte. El apstol Pablo estaba lleno de esa esperanza, hasta el punto que pudo decir: deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor (Flp 1, 23). Estamos, pues, llenos de buen nimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Seor (2 Co 5, 8). La esperanza cristiana nos asegura, adems, que el exilio fuera del cuerpo no durar y que nuestra felicidad en compaa del Seor alcanzar su plenitud con la resurreccin de los cuerpos al fin del mundo. Jess nos ofrece la certeza: la pone en relacin con la Eucarista: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitar el ltimo da (Jn 6, 54) Es una autntica resurreccin de los cuerpos, con la plena reintegracin de la persona en la nueva vida del cielo, y no una reencarnacin entendida como vuelta a la vida en la misma tierra, en otros cuerpos. En la revelacin de Cristo, predicada y testimoniada por la Iglesia, la esperanza de la resurreccin se coloca en el contexto de un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21, 1), en donde encuentra plenitud de realizacin la vida nueva participad los hombres por el Verbo encarnado.
6. Pero la esperanza que deriva de Cristo, an teniendo un trmino ltimo, que est ms all de todo confn temporal, al mismo tiempo penetra en la vida del cristiano tambin en el tiempo. Lo afirma san Pablo: En l (Cristo) tambin vosotros, tras haber odo la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvacin, y credo tambin en l, fuisteis sellados con el Espritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redencin del pueblo de su posesin, para alabanza de su gloria (Ef 1, 13-14). En efecto, es Dios el que nos conforta... en Cristo y el que nos ungi, y el que nos marc con su sello y nos dio en arras el Espritu en nuestros corazones (2 Co 1, 21-22).
De esta esperanza es testigo la Iglesia, que la anuncia y lleva como don a las personas que aceptan a Cristo y viven en l, y al conjunto de todos los hombres y de todos los pueblos, a los que debe y quiere dar a conocer, segn la voluntad de Cristo, el evangelio del reino (Mt 24, 14).
7. Tambin frente a las dificultades de la vida presente y a las dolorosas experiencias de prevaricaciones y fracasos del hombre en la historia, la esperanza es la fuente del optimismo cristiano. Ciertamente la Iglesia no puede cerrar los ojos ante el abundante mal que existe en el mundo. Con todo, sabe que puede contar con la presencia victoriosa de Cristo, y en esa certeza inspira su accin larga y paciente, recordando siempre aquella declaracin de su Fundador en el discurso de despedida a los Apstoles: Os he dicho estas cosas para que tengis paz en m. En el mundo tendris tribulacin. Pero nimo!: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33).
La certeza de esta victoria de Cristo, que se va haciendo cada vez ms profunda en la historia, es la causa del optimismo sobrenatural de la Iglesia al mirar el mundo y la vida, que traduce en accin el don de la esperanza. La Iglesia se ha entrenado en la historia a resistir y a continuar en su obra como ministra de Cristo crucificado y resucitado: pero es en virtud del Espritu Santo como espera obtener siempre nuevas victorias espirituales, infundiendo en las almas y propagando en el mundo el fermento evanglico de gracia y de verdad (cf. Jn 16, 13). La Iglesia quiere transmitir a sus miembros y, en cuanto le sea posible, a todos los hombres ese optimismo cristiano, hecho de confianza, valenta y perseverancia clarividente. Hace suyas las palabras del Apstol Pablo en la carta a los Romanos: El Dios (dador) de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espritu Santo (Rm 15, 13). El Dios de la esperanza es el Dios de la paciencia y del consuelo (Rm 15, 5).
8. De hecho, la Iglesia puede hacer suyas en todo tiempo las memorables palabras de san Francisco Javier, inspiradas por la gracia que actuaba en l: No recuerdo haber tenido nunca tantas y tan continuas consolaciones espirituales, como en estas islas... (se trata de las Islas del Moro, donde entre grandes dificultades, el santo misionero anunciaba el Evangelio). He caminado mucho por islas rodeadas de amigos no muy sinceros, en tierras donde no se puede encontrar ningn remedio para las enfermedades corporales, ni ayuda humana para la conservacin de la vida. Esas islas no deberan llamarse Islas del Moro, sino Islas de la esperanza en Dios (Epist. S. Francisci Xavierii, en: Monumenta Missionum Societatis Iesu, vol. I, Romae, 1944, pg. 380).
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