Señoría, señores del jurado paso a narrar los hechos:
El miércoles 4 de diciembre, día de autos, hubo muchas bajas de asistencia y un superhábit de escenas sobre el affaire Schneider. Hicimos lo que pudimos y las levantamos con mayor o menor fortuna tanto los aprendices de actor y como los de probada experiencia.
Algunas escenas estaban más definidas y otras menos pero el resumen de lo que pudimos disfrutar fue lo siguiente:
-Una escena de Xavi en la que María Schneider, tras la violación (perdón señoría, supuesta violación), va a cenar con su novio y él le pide matrimonio y la supuesta (¿como era señoría?), si, violentación de Brando le pone celoso. Bien por Dionisio en su versión de novio poca cosa y bien por Aída como Maria Cristine Schneider condimentada con mantequila aún sin duchar.
-Otra escena, esta vez mía, que casi obligué a que fuera la siguiente porque me explotaba en las manos, oiga. Y es que casi me representaba encima, oiga. Bueno, ya paro, señoría. Ustedes me perdonarán. Y he aquí, que tres redactores del Canal Arte, años más tarde, están confeccionando un monógrafico sobre El último tango en París cuando Martina (personaje compuesto por una sembradísima Helena que probó su vis dramática con mucho tino) llega con la noticia de las declaraciones de Bertolucci sobre la famosa escena de la mantequilla para sus dos colegas (Dionisio y Roger). Y hasta ahí puedo leer. Estoy en ello, ya la mandaré.
-Tercer hinchable (parafraseando a Xavi que dice que la obra debe ser susceptible de ser hinchada como un castillo), el de Roger. Dos aspirantes a actrices, años más tarde, en la cola de un casting en el que van a recrear la película original hasta el más mínimo detalle. Como en una gronholm-selección, la mantequilla preside la sala de espera y una experimentada actriz necesitada de pasta intenta disuadir a una chica que no sabe a lo que va y lo lesivo que aquello será para su saludo mental y, quien sabe si sexual. Helena la cutre-aspirante-necesitada de pasta y Aída en el papel de "¿yesodeuntraumaquesloquees?".
-Cuarta escena, de Dionisio. Por fin, dos actorassssosssss en escena. Ahí nos vemos a Brando y María antes de rodar y Brando diciéndole a la chica que él también ha pasado por ahí, que tuvo que hacer el ridículo en el Actor´s Studio y que sabe lo que siente (no me quedó claro si la pareja se dispone a rodar la escena de autos, señoría, lo siento). María Schneider se deja llevar. Placer inmenso al ver la verdad emocional de nuestros dos divos: ambos tienen miedo, cada uno a su manera. Fue guaaaaayyyy!!
-Quinta escena o esce (es que fue muy cortita) de Aída. A falta de actrices (Montse vuelve de una vez y vosotras Sandra y Laura a ver si faltamos menos), Helena y yo intentamos recrear una escena en la que María Schneider encarnada por mí (por ende, con treinta años más) humillaba a su peluquera tras haber visto avivados instintos incomprensibles de sí misma por la escena recién rodada, ¿se entiende?. A veces, yo tampoco me entiendo, lo que sí que sé es que tengo pereza narrativa y oiga, señoría, que los linotipistas de escenario también somos humanos.
Tras la intensidad de la jornada de trabajo, llegó Mireia y nos preguntó si teníamos frío y le dijimos que no y nos pusimos a charlar con un tono de "somos los putosgenios de la dramaturgia contemporánea" tan subido que, nos respondió, poco más o menos, que dispusiéramos del Obrador de la Sala Beckett a nuestro antojo, que era nuestra casa de usted para servirle, oiga. ¡Qué nos quedáramos ahí hasta tipo mayo o así, que Los Innombrables éramos ya como la cal de las paredes, más o menos (Bueno, es lo que yo entendí).¡¡¡ Lo flipas!!!
Y yo me fui a mi casa, pensando. Desde luego, nosotros venga a currarnos documentos sobre Ideología y Poder para que luego la cosa haya entrado así, sin.... sin...Lo voy a decir de una vez porque todos lo estais pensando, sin MANTEQUILLA. Y, mire usted por donde, señoría ha vuelto a salir la palabra mágica, que aprovecho para usar de colofón (sí, colofón) y, adiós muy buenas, se acabó la primera sesión.
Chim pom!!! (¿os iría bien, poemas en lugar de crónicas? es que sin querer se me van las teclas de ripiospardos)
Besos, mañana más