En El Aaiún y en Malabo

2 views
Skip to first unread message

Eye in the Sky

unread,
Dec 25, 2009, 1:02:42 AM12/25/09
to Guinea Ecuatorial
Se comprende la satisfacción del presidente del Gobierno, José Luis
Rodríguez Zapatero, cuando se le presentan ocasiones excepcionales,
como la de participar en las cumbres del G-20 o la de ejercer la
presidencia de la UE durante el primer semestre de 2010. Pero, en el
ámbito de la política internacional, España sólo puede marcar la
diferencia en muy contadas áreas geográficas. Señalemos en particular
tres: Cuba, Guinea Ecuatorial y el Sáhara. En Cuba, porque nuestros
socios de la UE nos conceden la primacía y acaban por adoptar como
posición común la que nosotros sugiramos. En Guinea Ecuatorial, por
razones análogas y en la cuestión del Sáhara, porque tuvimos las
últimas responsabilidades como potencia administradora.

En este tercer ámbito, el caso de Aminetu Haidar -la activista de los
Derechos Humanos y de la causa saharaui que, aferrada a una huelga de
hambre en Lanzarote, ha logrado ganar el pulso a Marruecos- merecería
un examen cuidadoso. Al final, bajo la presión de una huelga de hambre
de 32 días, ha logrado que se dejara sin efecto una deportación a
todas luces ilegal y que se le consintiera el retorno a su ciudad de
El Aaiún, donde le ha sido devuelto el pasaporte. Señala Tomás
Bárbulo, el enviado especial del diario EL PAÍS a El Aaiún, que la
policía marroquí ha impuesto el miedo y que la veintena de heridos
resultantes de la manifestación que celebraba el regreso de Aminetu ha
evitado acudir al hospital, habida cuenta de que los médicos tenían
orden de informar a la policía. Ahora el temor es que haya una ola de
represión tan pronto como los periodistas llegados a la capital
saharaui para acompañar el regreso de Aminetu abandonen la ciudad.
Estamos, pues, ante un caso en el que la presencia de periodistas
extranjeros en un lugar determinado bloquea la comisión de excesos por
las fuerzas policiales.

Esa función bloqueante se está cumpliendo ahora en El Aaiún, pero hace
40 años nuestros colegas extranjeros la cumplían en Madrid. Porque, si
bien Franco sólo se reconocía "responsable ante Dios y ante la
Historia", conforme rezaba al preámbulo de la Ley de Principios
Fundamentales del Movimiento, en la práctica respondía también ante
otra instancia menos etérea, más tangible: la prensa extranjera.
Entonces, una decena de corresponsales extranjeros -de José Antonio
Nováis, de Le Monde, a Walter Haubrich, del Frankfurter Allgemaine
Zeitung; de Richard Eder, del New York Times, a Jean Jacques Guillemé
Brûlon, del Figaro- eran la mejor garantía disponible frente a los
fervores represivos del régimen. La presencia de los periodistas -en
este caso en la ciudad de El Aaiún- tiene efectos catalíticos: hace
posibles determinados procesos que, en su ausencia, quedarían sin más
bloqueados.

Una comprobación adicional la aporta el caso de las elecciones
presidenciales de Guinea Ecuatorial, el domingo 29 de noviembre, sin
que se hubiera aceptado la presencia de periodistas ni la de
observadores internacionales. El presidente Obiang incumplió sus
promesas a Moratinos, el ministro de Exteriores, y pudo así ofrecer
sin contraste alguno cifras desmesuradas que le atribuían el 96,7 % de
los sufragios emitidos. Sin periodistas, el impacto de la noticia
electoral fue casi nulo. Tampoco después de la jornada de los comicios
ha sido aceptada la presencia de los informadores y esa oscuridad ha
favorecido un silencio casi total. Los esfuerzos del candidato de la
oposición, Plácido Micó, por presentar el caso de Guinea han sido
inútiles. Los medios españoles se han desentendido de un fraude
escandaloso, y los de los demás países para qué contar.

Se comprende bien desde una visión cínica que los beneficiarios del
petróleo, sobre todo norteamericanos y franceses, hagan prevalecer sus
intereses sobre los principios y se hayan desentendido de la vigencia
de los derechos humanos, pero en el caso de España es incomprensible
la conformidad del actual Gobierno con un régimen como el de Obiang
del que, además, nada favorable se desprende para los llamados
"intereses nacionales españoles".

Los periodistas ejercen una de las profesiones más exigentes, siempre
que la respeten como depositaria de un servicio de interés público.
Porque podría suceder que, mientras discutimos si el soporte del
futuro es el papel o Internet, el periodismo entendido de forma cabal
desaparezca. Y ya sería tarde para lamentarnos.

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
http://www.elpais.com/articulo/espana/Aaiun/Malabo/elpepiesp/20091222elpepinac_18/Tes

Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages