Para el pblico espaol, 'John Wick' ( Chad Stahelski y David Leitch, 2014) fue algo parecido a una aparicin mariana en mitad del no siempre espectacular catlogo de estrenos en VOD. Ya hubiese escuchado hablar antes de sus virtudes en medios extranjeros o (mejor an) se topase con ella por sorpresa, esta ejemplar pelcula de accin supuso un chute de adrenalina para todo el fan del gnero con algo de respeto por s mismo. La buena (genial) noticia es que ahora podr disfrutar de su secuela en pantalla grande, lo que tiene sentido: 'Pacto de sangre' supone, tanto a nivel visual como narrativo y temtico, un salto tan decisivo como el que va de la pequea pantalla al multicines. Si la primera vez se nos apareci la virgen con un hroe de accin/cmara de ecos culturales tan interesante como Wick, ahora tenemos la oportunidad de asistir a tres milagros. Y no precisamente menores.
En 'Eighties Noir: The Dissenting Voice in Reagan's America', artculo publicado en el Journal of Popular Film and Television, Robert Arnett se lamentaba de que "como gnero o movimiento, el neo-noir se ha vuelto tan amorfo que cualquier pelcula en la que aparezca un detective o un crimen ya cumple los requisitos". Y eso que Arnett estaba analizando simplemente la influencia que una dcada (los ochenta) y un paradigma (la posmodernidad) haban ejercido sobre la visin de autores como Michael Mann o el David Lynch de 'Terciopelo azul' (1986): desde entonces, esa mutacin autoconsciente que el cine negro empez a experimentar a partir del declive de su periodo neoclsico se convirti ms en etiqueta que en movimiento, capaz de abarcar desde un blockbuster con elementos de ciencia-ficcin hasta un ejercicio de estilo tan poco interesado en cualquier tipo de sustancia como 'Sin City' ( Robert Rodriguez y Frank Miller, 2005). Con 'John Wick', Stahaleski y Leitch, dos antiguos especialistas con multitud de crditos de segunda unidad a sus espaldas, se encontraron con un guin que no se apropiaba de cierta atmsfera neo-noir para aportar algo de pedigr a sus set pieces y dilogos, sino que viva y respiraba estilo hard-boiled sin adulterar. Derek Kolstad asegur haberse inspirado en la habilidad de Alistair MacLean, autor de 'El desafo de las guilas', para construir mundos a la hora de escribir su microuniverso cerrado en s mismo, una suerte de dimensin paralela neo-noir a la que los directores aadieron tambin la influencia del spaghetti western, el polar francs y el cine de samurais.
Nos enfrentamos a una pelcula tan autoconsciente que se abre con 'El moderno Sherlock Holmes' ( Buster Keaton, 1924) proyectada sobre un edificio y escenifica su pelea climtica en los espejos de una instalacin de arte moderno. En un primer impacto, ambas ideas pueden antojarse como caprichosas o gratuitas, pero adquieren todo su sentido cuando contemplamos 'John Wick: Pacto de sangre' en su conjunto, entendiendo as su inteligentsimo uso de una puesta en escena minimalista y el podero de su textura visual. No hay una sola escena de accin que desaproveche las posibilidades del espacio que la contiene, decisin que toca el cielo con un tiroteo disimulado en plenos pasillos del metro neoyorquino durante la hora punta. Lo que Chad Stahelski propone, en suma, es considerar la gran historia del cine de accin como una lnea recta entre el slapstick keatoniano y las posibilidades que el cine digital ofrece en trminos de abstraccin, con Steve McQueen, Lee Marvin o Chow Yun-fat como estaciones bsicas de peregrinaje.
Lo ms interesante es que la fotografa del dans Dan Laustsen contribuye a que nos sintamos en una instalacin mucho antes de que la pelcula nos coloque explcitamente dentro de una, como si todo el cosmos de asesinos al que John Wick es arrastrado contra su voluntad fuera un simulacro de ultraviolencia y estilazo noir, con su idlica casa apartada de la civilizacin actuando como nico islote de verdad an no corrompida. Lausten propone declinaciones gticas (ese suicidio ambientado en las termas romanas...) y urbanas de una paleta cromtica que, probablemente, pase a la historia como sello de identidad del cine impresionista contemporneo: el alto contraste entre tonos cercanos a las luces de nen, con el que probablemente empezase a experimentar el Ken Russell de la muy neo-noir 'La pasin de China Blue' (1984), coloca a 'John Wick: Pacto de sangre' (aunque la primera entrega ya haca evidentes mritos para ello) en una zona de privilegio dentro de un cine de accin cada vez ms tendente a la homogeneidad que marca el modelo Marvel. Al fin y al cabo, la instalacin donde se ven las caras John y los matones que van tras l se titula 'Reflexiones del Yo': bastante apropiado para una secuencia, y una pelcula, que intenta resquebrajar la identidad de un arquetipo iluminado como si toda la artillera del cine moderno estuviese empeada a hacerlo desaparecer.
En un mundo perfecto, solo los antiguos stuntmen y/o coordinadores de stunts deberan (legalmente) poder acceder a la silla del director en una pelcula de accin. Solo ellos entienden la fisicidad que requieren secuencias tan redondas como la huda de John Wick por las grutas y termas de Roma, una clase magistral de puesta en escena que fluye como un condenado ro, sin que el fantasma del montaje picado (ese mal de nuestro tiempo) amenace con embarullarla ni una sola vez. Una vez ms, Buster Keaton no estaba ah por casualidad: su cine inclua una serie de mandamientos sobre cmo plasmar el dinamismo en pantalla que, tras la llegada del sonoro, se fueron olvidando poco a poco. Sin embargo, Stahelski lo entiende. Y su avatar al otro lado de la pantalla, directamente, lo vive.
La sobrecarga de terminologa religiosa a lo largo de todo este artculo tambin tiene una razn de ser. El director conoci a su estrella rodando la triloga 'Matrix' ( Wachowskis, 1999-2003), lo que quiz podra explicar el halo de misticismo mesinico del que Keanu Reeves hace gala en estas pelculas. 'Pacto de sangre' va ms all que su predecesora en su afn por identificar a John Wick con una figura de leyenda (ah est el chiste recurrente sobre sus diferentes sobrenombres segn la nacionalidad del clan mafioso), pero la direccin de Stahelski no para de humanizarlo: como un San Sebastin cosido a pualadas por Common, o un Jess camino de la cruz y asistido solamente por mendigos, marginados y el patriarca casi demirgico (y falsamente imparcial) a quien da vida un delicioso Ian McShane. Decir que Reeves hace sus propias escenas de riesgo es quedarnos cortos: la estrella se deja centmetros de piel en cada secuencia de gun-fu, mientras que su personaje (lejos de la planificacin o la capacidad de adelantarse a los acontecimientos de hroes como Jason Bourne) reacciona a sus enemigos a travs del puro movimiento, del golpe instintivo y la progresin sin frenos de una fuerza de la naturaleza definida por su incapacidad para pararse y reflexionar. Keanu Reeves y John Wick, matrimonio actor-personaje celebrado en el cielo, no pueden ser entendidos ms que como una fiesta por parte de cualquier espectador mnimamente interesado en el cine de accin. O como una misa especialmente disfrutable.
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