Mientras paro para
ver el defecto de los demás,
soy incapaz de ver sus virtudes.
Las relaciones se vuelven amargas y paso a vivir en un mundo de enemigos, donde
todos tienen uno u otro problema.
Paso a ser incapaz de
admirar la sencillez de la sonrisa de alguien,
o el esfuerzo de hacer una tarea
mejor de otra persona.
Y, ¿sabes lo peor? Paso a ser incapaz de ver mis propias virtudes.
Es como estar inmerso en la basura, reclamando y quejándome de la basura que los otros echan.
Poco a poco, paso a tener el mismo olor de esta basura.
Al ver las virtudes de los demás, puedo ver la flor en el jardín del vecino, aunque sea solitaria - y recibir su fragancia.
Nadie te provoca, tú te sientes provocado frente a las actitudes que otros tienen contigo.