De qué barro estoy hechoTu vida interior te da la fuerza que necesitas para convertir tu vida en una vasija útil. Autor: P. Dennis Doren LC | Fuente: Catholic.net
A todos nosotros nos toca aguantar los golpes de la vida.
¿Quién de nosotros no ha tenido que sufrir desencantos, decepciones,
tristezas e infortunios?, y al mismo tiempo ¿quién de nosotros no ha
experimentado el amor, la fuerza de la oración, la gracia de Dios que
actúa en nuestra vida?
A lo largo de la historia ha habido un
utensilio muy importante: las vasijas; sí, las vasijas de barro,
aquellas que han sido moldeadas por las manos humanas y que tan
necesarias se convirtieron en siglos pasados. Te comparto esta breve
reflexión para que entiendas tu vida desde esta perspectiva.
Las
vasijas de barro, de todas formas y tamaños, eran utensilios valiosos
en los hogares de la antigüedad. Nuestros antepasados usaban grandes
tinajas para almacenar agua y aceite; empleaban cántaros para acarrear
agua y frascos de terracota para guardar perfumes.
Las vasijas
de barro,
para almacenamiento, se llenaban de granos y otros alimentos. Las amas
de casa usaban cazuelas de barro para cocinar. En las comidas, usaban
utensilios de barro como platos y tazones; en la noche, iluminaban las
casas con lámparas de barro.
Los alfareros que fabricaban estos
utensilios tan necesarios eran parte muy importante de la economía de
los antiguos pueblos y ciudades.
Un alfarero, en un momento de inspiración, describió así su artesanía:
Mis dos manos dieron forma a esta vasija. Y el lugar en el que se forma
en realidad es uno de tensión entre la presión aplicada en el exterior y
la presión de la mano del interior; es un verdadero arte manejar ambas
manos, mientras una presiona, la otra va moldeando con suavidad y
cariño. Así ha sido mi vida. Tristeza, muerte e infortunio, amistad y
todas las cosas que me han sucedido que ni siquiera elegí. Todas
influyeron
en mi vida. Son las manos que me han ido formando por fuera y hacen que
hoy sean parte de lo que soy. Sin embargo, hay cosas que creo que tengo
dentro de mí: mi fe en Dios y el cariño y respeto de algunos amigos que
actuaron en mí. Mi vida, al igual que esta vasija, es el resultado de lo
que ocurrió en el exterior y de lo que sucede en el interior de mi
vida. La vida, como esta vasija, se forma en lugares de tensión.
A lo largo del día quizá nos sintamos regulados por las tensiones y
demandas de los demás, abrumados por las responsabilidades y presionados
por los retos que nos acosan desde el exterior. Sin fortaleza de
espíritu en nuestro interior, sin esos momentos de fe, de oración, de
esperanza, esas dificultades nos llevarán al derrumbe, porque la tensión
externa es muy fuerte.
Recuerda: tu vida interior te da las
fuerzas que necesitas para convertir tu vida en una vasija
útil, grata a los ojos del alfarero y gratas a los ojos de los que la
utilizan. Así es, estamos llamados a que a través de nosotros se haga el
bien, se viva en la verdad y se trasmita el amor, hoy es tu
oportunidad. Por eso, no nos desanimemos:
pues aunque por fuera nos vamos deteriorando, por dentro nos renovamos día a día (2 Corintios 4:16) --
Johanny E. Ramírez B
"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás por amor; si gritas, gritarás
con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con
amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino AMOR serán tus FRUTOS". (San Agustín, Obispo de Hipona)