María y un Río de RosasMiro tu rostro, María y tu sonrisa me inspira confianza, como siempre... Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
Durante estos días, en los que debí guardar cama por mi salud, he
pensado muchísimo, Señora, en el tema del Santo Rosario..., tú siempre
nos dices que debemos rezarlo, la Iglesia misma nos aconseja y yo...
amiga mía, trato de hacerlo, pero... me falta constancia... es que entre
el trabajo, la casa, la familia, rara vez hallo el tiempo de rezarlo
completo y... no te molestes pero... a veces me baja sueño, es... tan
monótono, decir siempre lo mismo, siento que termino no diciendo nada...
María, no te me enojes, por favor, es que no entiendo como ese simple
cordón lleno de cuentas iguales, sin nada en particular, puede ayudar a
salvar mi alma...
- No quiero ni levantar mi mirada hacia ti,
Señora, pues supongo que estarás muy desilusionada de mí... todo es
silencio en la Parroquia de Lujan, en esta tarde de domingo...
- Hija querida ¡Si supieras cuanto te amo!
Sabrías que no puedo entristecerme por tan poco...Miro tu rostro y tu sonrisa mansa me inspira confianza, como siempre...
- Lo que sucede contigo, es que del Rosario sólo ves las cuentas... - No entiendo, Señora...
-
Claro, hija, dejas que el árbol te oculte el bosque, te quedas en las
cuentas... en la repetición monótona. Así... ¡hasta yo me dormiría! - Y... ¿Qué debo ver, entonces?
-
Debes ver las rosas...- dices con voz angelical, que, viniendo desde
los comienzos del tiempo, parece un eco de tu respuesta al ángel... - Perdón María pero... ¿Qué rosas?
-
Trataré de explicarte, el Rosario es... un río de rosas, un hermoso,
difícil, triste y glorioso río de rosas que, si puedes verlo en cada uno
de sus misterios, te
aseguro te parecerán pocas las cuentas del cordón... - Enséñame, Señora, a ver tan bello río.
-
Bien, comenzaré por decirte que este río tiene una fuente inagotable,
que son los Misterios Gozosos, y tres poderosos afluentes que son los
misterios dolorosos, gloriosos y luminosos. El río nace pleno de rosas
blancas allá en Nazaret... aún recuerdo el perfume del Ángel Gabriel...
piensa, hija, siente y medita ese momento, acompáñame a la pequeña
habitación, quédate conmigo mientras repites los 10 Ave María... Escucha
el saludo del ángel, escucha con el alma como describe la Encarnación
del Hijo de Dios en su más humilde esclava... - ¡Es cierto, Señora!... Reina mía, es cierto, pocos resultan los diez rezos para acompañarte en semejante momento.
-
Luego, hija mía, las rosas se van salpicando de arena, porque me
acompañan en la caravana a casa de Isabel, afrontan conmigo el viento y
la soledad, y me cubren con sus pétalos para que nadie sospeche el
secreto. Mientras rezas este misterio, escucha el sonido del viento,
deja que me apoye en tu hombro, porque el viaje es largo y estoy un poco
cansada.
Ya estamos entrando al tercer misterio, las rosas se
han tornado rosadas y con una increíble suavidad, muchas decidieron
dejar sus pétalos en el pesebre, morir allí, para ser cuna de Cristo,
decidieron entregar sus pétalos, para que no lastimasen al niño las
espinas ¿Comprendes, hija? Ya había espinas esperando a Jesús... Oye,
mientras rezas, como cantan los ángeles, percibe desde el alma como el
cielo, expectante, espera en Belén... - Señora, ahora voy
comprendiendo, como debe mi alma entrar en cada misterio,
conocerlo profundamente, aprender de cada gesto, de cada palabra del
Maestro y tuya... así, no soy yo quien reza, sino mi alma, extasiada de
amor, hace brotar de mis labios la oración hecha alabanza...
-
Me alegras mucho, querida, me alegras al esforzarte por comprender...
tú sólo pon la voluntad de comprender, que mi Hijo te iluminará al alma,
ni lo dudes... Sigamos ahora, si miras las rosas con atención, veras
que tienen fulgores plateados... me esperan ansiosas a la puerta del
Templo... Jesús es reconocido por Simeón, pero el color de las rosas me
habla de espadas que aún no puedo ver.
En el último misterio las
rosas están azuladas de angustia... mi Hijo no está conmigo, son tres
días de búsqueda desesperada, tres días que son prefacio de los que
llegarán después. Al tercer día las rosas se van dirigiendo al Templo,
las sigo, ya
casi no razono pues un atroz dolor me desgarra el alma..., entro al
Templo, tras José ¡Allí está! Bendito Dios, no entiendo, no importa, le
abrazo, le pregunto, le miro, le beso... mi hijo, mi querido amor.
Volvemos a casa, las rosas nos siguen... por dieciocho años el río
vivirá oculto en mi corazón... serán largos y difíciles años, en los que
la rutina contrastará con la magnificencia del anuncio del ángel, pero
será tiempo de aprendizaje para mí... valiosos años, hija, muy valiosos.
Dime ahora, querida mía ¿Te has aburrido rezando los misterios gozosos?
- Para nada, hermosa Madre mía, mil horas te escucharía... me has
regalado una inmensa alegría al despertar en mí esta forma de rezar el
Rosario.
- Pero aún nos queda un problema, hija..., tú me
decías que no hallabas tiempo
entre las muchas tareas que realizas... piensa hijas, las tareas, son
eso, tareas, necesarias unas, superfluas otras, pero ¿Todas son
beneficiosas para la salvación de tu alma?... Trata de que nunca te
falte tiempo para la oración... este tiempo es más bien un estado
interior..., verás como la oración es el camino para hallar la paz,
sentirás que tienes de donde aferrarte para superar las tormentas del
alma... sólo la oración te acerca al corazón amoroso de Dios... no
existe sitio más bello. Te marchas ahora, María, me dejas
tu mejor sonrisa, un beso en el alma, y una profunda enseñanza... te vas
y te quedas, siempre estarás cuando te necesite... no, mejor decir,
siempre estarás... no solo cuando te necesite, sino siempre, siempre...
querida madre mía... aún debes contarme como sigue este río de rosas,
como han llegado las rosas a ser cuentas
y las cuentas oración... pero eso será otro día... ahora... ahora
sostengo el rosario entre mis manos... ya no será más un cordón con
cuentas... ahora, tú me has enseñado a ver en él un Río de Rosas.
NOTA"Estos
relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi
imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído.
Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de
revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla
de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden
exclusivamente a la imaginación de la autora, sin intervención
sobrenatural alguna."
--
Johanny E. Ramírez B
"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás por amor; si gritas, gritarás
con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con
amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino AMOR serán tus FRUTOS". (San Agustín, Obispo de Hipona)