DIANA CASTRO BENETTI 7 FEB 2014 - 10:33 PM
Intinerario
Cautivos
Diana Castro Benetti
Caminamos presos. Cautivos de nuestros propios sueños encapsulados en categorías, ideas y conceptos reciclados de los juicios de otros.
Por: Diana Castro Benetti
Cautiverios que se asemejan a las esclavitudes de siempre con nudos de cabuya gruesa o soldaduras de hierro forjado. Manipulaciones perversas de los más vivos, audaces o ambiciosos. Celdas que cada quien compra para venderse con expectativa ilusa a la felicidad imaginada.
Reproducimos los esquemas y las lecciones de primaria para instalar lo conocido: la casa ideal, la familia perfecta, la chimenea que arde, la mujer perfecta o el héroe que todo lo puede. Conceptos sobre la política, la sociedad, la cultura, la amistad, el deber ser y el no ser siguen siendo categorías que les dan rodeos a los mismos sometimientos de generaciones antiguas. Eso sí, con un poco más de azúcar o de cirugías de fantasía. Nada nuevo. Sólo retoques. Repetimos por años las mismas guerras, los mismos acuerdos, las mismas paces, los mismos machismos, las mismas emancipaciones. Y casi como mitos eternos, tampoco se escapan lo sagrado, ni la oración, ni los fundamentalismos de todo color. Atrapados en nosotros y fijos en las ilusiones de poder y belleza, hasta la verdad y el orden son mentirosos. Esquemas viejos y caducos por siempre. No hablemos del amor ni de las recetas de cocina.
La mente y la razón construyen realidad, la contienen, pero cuando abogamos por una única forma de ver, sentir, hablar, decir, opinar y demás, cerramos la puerta a la innovación y a la exploración. Nos adherimos a lo finito, al límite, a una forma y a defender la realidad que más se nos acomoda pero que nunca espantará los miedos. Hay que contrarrestar, evaluar y deshojar lo inútil porque ninguna sociedad se construye con lo de siempre. Amores grandiosos, parejas ciertas, familias reconfiguradas, nuevas formas de concebir la profesión, la riqueza, la pobreza, los deleites y los deseos no llegan por arte de magia. Dejar atrás lo que no sirve no es fácil. Escoger lo que sirve tampoco. Es una labor de cirujano la de extirpar las ideas que se acomodan dando cátedra y pontificando la verdad absoluta, esos pequeños tumores. Es acción aguda y delicada la de indagar dónde están el dios, la pasión, la política o el amor.
Comprender qué es lo que realmente se busca o cómo renovar, construir y vivir es la apuesta de quien ha emprendido un viaje profundo de aventura e investigación interior. Un itinerario que requiere de mucha frialdad a la hora del basta ya y de altas dosis de coraje para abrirle la puerta a lo desconocido. Siempre volverán las máscaras y las cortinas de humo, pero, en su momento, antes o después, la evidencia, el espejo y una sinceridad desbordante le impedirán cerrar los ojos a sus propias duplicidades y mentiras. Todo buscador interior es un triturador de falsedades para poder salir del cautiverio, de su propio cautiverio.