Hump’eel ikél
La prevención del VIH está en maya
Poco más de 77 por ciento de los municipios del estado de Yucatán son considerados indígenas, sin embargo, las autoridades encargadas de prevenir y atender el VIH/sida en la entidad reconocen que no existen campañas permanentes en lengua maya para informar a la población sobre el tema. La marginación social en la que viven estas personas, sumada a la necesidad económica que los hace migrar hacia las grandes ciudades y centros turísticos de la Península, las pone en una situación de vulnerabilidad frente a la infección.
Por Christian Rea Tizcareño
El señor Canul y la señora May se enfrentaron por primera vez al VIH/sida cuando murió su hijo, al año y medio de nacido. Al enterarse, la comunidad los aisló para evitar el “mal viento”. Los vecinos “no nos hablaban en la calle, nos ignoraban”. Tenían miedo de infectarse por intercambiar miradas o compartir alimentos, recuerda el matrimonio maya, que vive a unos 45 minutos de Mérida, Yucatán, en un pueblo de apenas “cinco cuadras pequeñas”.
La señora May tiene 31 años y es ama de casa. Canul, de 33, vendía gorras y sombreros en Cancún, Quintana Roo, estado a donde se dirige 92 por ciento de los mayas emigrantes de Yucatán, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). Pero hace más de un lustro conoció al dueño de una tienda de artesanías en Chichén Itzá, a quien ahora le surte pedidos semanales de 100 o 150 piezas, de entre tres y cinco pesos cada una.
La pareja va cada mes al Centro Ambulatorio de Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) de Mérida, la señora May platica que su bebé ya habría cumplido 12 años de edad. Su esposo añade: “Yo tuve la culpa pero pus no me di cuenta”.
“Yo me cuido”
David Gáber Osorno, director del Capasits de Mérida y responsable del Programa de VIH/sida de Yucatán, explica que hay al menos un caso seropositivo en 94 de los 106 municipios del estado, 77.3 por ciento de los cuales, la Secretaría de Salud (Ssa) local identifica como indígenas. A la fecha, la dependencia a su cargo tiene registradas 87 personas con el virus pertenecientes a pueblos originarios, 52 hombres y 35 mujeres, entre quienes se encuentra un niño.
Cita que de las 32 entidades del país, Yucatán está en el lugar 14 en cuanto al número de casos acumulados de sida: 3 mil 379, y el séptimo sitio en incidencia acumulada: 173.7 casos por 100 mil habitantes, cifra mayor a la media nacional, que es de 130.4, según reporta la Ssa federal.
El INEGI indica que después del náhuatl, la segunda lengua indígena con mayor número de hablantes es la maya: 759 mil, de los cuales, 69.5 por ciento reside en Yucatán. Al respecto, Gáber reconoce que no hay campañas permanentes de información del VIH en ese idioma, ni existe un programa específico para atender este sector de la sociedad. “Sin embargo, el trato que nosotros damos es por igual a las personas”.
De acuerdo con el doctor, los servidores públicos que trabajan con indígenas deben estar preparados para entender la cosmovisión de los pueblos originarios, mas el funcionario desconoce qué porcentaje de su personal está capacitado para ello. En el Capasits, la enfermera Consuelo narra que su comunicación con los mayas monolingües es a través de señas. Por ejemplo, don Pedro, a quien le escribe sus indicaciones médicas en un papel, y en su pueblo, localizado a tres horas de la capital, los familiares le traducen el mensaje.
El doctor Gáber destaca que en noviembre de 2010 la Ssa local implementó la campaña “Yo me cuido”, mediante la cual, la dependencia impartió un curso de ocho horas sobre VIH a 150 enlaces municipales de la Secretaría de la Juventud de Yucatán, instancia que el 1 de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el Sida, organizó un evento de clausura en el Complejo Deportivo “La Inalámbrica”, donde el conductor de televisión Kristoff dio una plática de sexualidad a las y los muchachos.
Diálogo intercultural
José Cauich, activista indígena del Oasis de San Juan de Dios, que es un albergue para personas con VIH ubicado en el municipio de Conkal, cuestiona las campañas gubernamentales: “¡Cuídate! ¡Protégete! ¿De qué? ¿Del ciclón? ¿Del sol? No se está haciendo nada con la población maya hablante”.
Dice que para prevenir el VIH e infecciones de transmisión sexual (ITS) en poblaciones indígenas, es necesario proveer de evidencia científica a los líderes de las propias comunidades originarias, de manera que sean éstos quienes repliquen la información en sus localidades, con un lenguaje claro y alejado de los tecnicismos de la epidemiología o de los escritorios burocráticos.
El sacerdote católico Raúl Lugo, quien desde hace dos décadas trabaja con campesinos indígenas en la organización civil Indignación, afirma que la prevención del VIH debe tener como eje el diálogo respetuoso entre occidente y la cosmovisión maya, la cual, “no es una pieza de museo”, sino una cultura sujeta a intercambios informativos.
Pero la herencia colonial de discriminación y desigualdad social a la cual están sometidas las comunidades originarias, limita el diálogo intercultural. Freddy Poot Sosa, responsable del Centro Regional de Información y Documentación del Pueblo Maya de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), ejemplifica que para la sociedad yucateca “nosotros somos los ‘huiros’ (término peyorativo) que nada más vamos a lavar la ropa, a trapear a las casas, planchar, cocinar, los albañiles, los peones, los que hacemos los mandados en las tiendas, camareras y jardineros en los hoteles”.
El investigador sostiene que los diferentes niveles de gobierno en México están obligados por la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas a usar las formas de interacción social de las comunidades, para así transmitir mensajes de interés público, tales como la prevención del VIH/sida. En el caso del maya, la difusión debe ser oral, pues la mayoría de los hablantes no lo escribe.
David Chávez Rivadeneyra, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, argumenta que según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, en el país hay 68, de las cuales, no se escribe ni el 10 por ciento. En consecuencia, la mejor manera de difundir información sobre VIH e ITS es la oralidad, mediante las radios locales o las bocinas de anuncios montadas en los pueblos.
La visibilidad cada vez mayor que han ganado los derechos humanos en los últimos años, ha contribuido a que las personas homosexuales puedan hacer exigibles las mismas garantías de las que gozan las personas heterosexuales.
En este artículo, el académico e investigador Héctor Salinas da cuenta de cómo muchos países de Centro y Sudamérica han adecuado paulatinamente sus leyes para dar cabida a una democracia sexual más tangible.
Héctor Miguel Salinas Hernández*
A partir de los años ochenta, Latinoamérica vivió un cambio en el modelo económico con el que había venido funcionando, lo cual trajo emparejado un proceso de democratización formal en distintos ámbitos, incluso en el de la sexualidad. La democracia sexual, de acuerdo con el teórico francés Eric Fassin, implica politizar los asuntos sexuales, es decir, desnaturalizarlos para asumirlos como construcciones culturales en las que cada persona pueda “privatizar” su sexualidad, o dicho de otro modo, construirla fuera del marco de normas generales, creando acuerdos más libres sobre la pareja, el contrato amoroso, el placer y la vivencia del cuerpo.
De acuerdo con Anthony Giddens, esta democratización tiene un parangón con las características clásicas de la democracia política: fomenta la autonomía, pues los individuos deben ser libres e iguales en la determinación de condiciones que atañen a sus propias vidas; reconoce la igualdad en la toma de decisiones, pues las preferencias de cada persona deben tener igualdad de importancia; promueve la discusión para lograr acuerdos para la negociación, la mediación y el logro de compromisos; requiere la responsabilidad pública sobre las decisiones tomadas, lo que trae como consecuencia la confianza; y, finalmente, está basada en el pluralismo, pues la diferencia debe ser reconocida como valor.
Esta vivencia “privatizada”, aunque se gesta en el ámbito de lo privado/íntimo, tiene un correlato público en la conformación de organizaciones y movimientos sociales que empujan los límites del sistema socio-cultural que establece una sexualidad heteronormada, y que buscan incidir en políticas públicas con un enfoque de derechos para las personas no heterosexuales. Así, desde hace algunos años con notable visibilidad, hemos sido testigos de legislaciones y políticas cuyo centro discursivo es la disidencia sexual.
El siguiente es un panorama de los asuntos de la disidencia sexual en Latinoamérica.
El Caribe
Trece de quince Estados de la Comunidad del Caribe aún penalizan actos sexuales entre personas del mismo sexo basados en leyes de sodomía heredadas de la colonización británica. En los países con herencia española, la situación varía de una nación a otra. Por ejemplo, la situación de Cuba al respecto es paradójica: luego de muchos años de represión, en la actualidad existe una iniciativa de ley en el Parlamento para reconocer derechos patrimoniales y la unión de parejas del mismo sexo, y existe el reconocimiento de la transexualidad como expresión legítima de la sexualidad de algunas personas que han podido, con apoyo del Estado, realizar cambios de sexo y género de manera oficial.
En Puerto Rico, en 2003, fue eliminada de su territorio la penalización de la homosexualidad a través del nuevo Código Civil, lo que ha permitido una mayor visibilidad del sector; en contraparte, en República Dominicana se prohíben sistemáticamente las manifestaciones del orgullo, pero se fomenta abiertamente el turismo (homo) sexual.
Centroamérica
Costa Rica proscribe legalmente las uniones de personas del mismo sexo desde mayo de 2006 por mandato de la Corte Suprema, porque ésta consideró que dichas uniones no son equiparables con las parejas heterosexuales. No obstante lo anterior, y como paradoja, la oferta de bienes y servicios (bares, discotecas, casinos) para el sector es de los más amplios de la zona, principalmente en lo que toca a la promoción de turismo gay friendly.
Una reforma constitucional similar a la tica fue aprobada por una parte del Congreso en El Salvador en abril de 2009, sin embargo no fue ratificada y en contrapartida en mayo de 2010 se creó, al interior de la Secretaría de Inclusión Social, la Dirección de Diversidad Sexual, una entidad técnica creada para contribuir a la identificación de prácticas de discriminación y para corregirla dentro de la Administración Pública.
En Guatemala también fue presentada una iniciativa que prohíbe el matrimonio entre parejas del mismo sexo, la cual pasó por dos votaciones a favor y quedó en espera de una tercera desde 2007. Asimismo, la Procuraduría de Derechos Humanos incluyó en 2009 a los sectores de la disidencia sexual como grupo de población vulnerable, hecho que en informes previos no existía.
Honduras se suma a la lista de países centroamericanos que prohíben de manera explícita el matrimonio para parejas del mismo sexo. La ley que lo consigna fue aprobada de manera unánime por el Congreso Hondureño en marzo de 2005, y proscribe además la posibilidad de la unión civil y la adopción para no heterosexuales. Paradójicamente, en junio de 2008 Honduras apoyó la resolución de la OEA sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género, en el que el gobierno se comprometió a terminar con la violencia y discriminación que persiste en ese país en contra de la comunidad de la disidencia sexual.
Nicaragua y Panamá tienen la nada envidiable condición de ser países del continente americano que hasta pleno siglo XXI tipificaron como delito a la homosexualidad. Sin embargo las cosas han empezado a cambiar. En el caso de Nicaragua, en mayo de 2008 entró en vigor un nuevo Código Penal que dejó de considerar las relaciones entre personas del mismo sexo como delitos punibles y Panamá, por su parte, despenalizó la homosexualidad el 31 de julio de 2008. Además, en septiembre de 2009, Nicaragua fue sede del II Encuentro Centroamericano por la Diversidad Sexual y en la actualidad existe una Procuraduría Especial de la Diversidad Sexual, encabezada por la activista lesbiana María Samira Montiel Sandino. Una propuesta para reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo fue eliminada por mayoría absoluta por el Congreso Panameño en 2004.
Sudamérica
Argentina reconoce el matrimonio universal desde julio de 2010, y la capital del país cuenta además con una Ley de Unión Civil para parejas del mismo sexo y algunos otros rasgos de política sobre no-discriminación y derechos económicos. En Bolivia la nueva Constitución aprobada en 2009 prohíbe la discriminación por orientación sexual en su artículo 14. En Chile en 2009 se aprobó un Pacto de Unión Civil que da cabida aproximadamente a dos millones de parejas heterosexuales no casadas, pero excluye explícitamente las uniones entre personas del mismo sexo.
Colombia cuenta con una serie de fallos de la Corte Constitucional que la colocan a la vanguardia en esta materia. Tanto las personas como las parejas no heterosexuales cuentan con los mismos derechos que las heterosexuales, amparadas en resoluciones basadas en la Constitución vigente que data de 1991, con la salvedad de que la unión civil no es llamada matrimonio. En la capital, además, existe la “Política LGBT”, que es el más acabado ejemplo de política pública de disidencia sexual en todo el continente americano.
En Ecuador, la homosexualidad estuvo legalmente prohibida hasta 1998, año en que el país reconoció el derecho a la no discriminación por orientación sexual a través de una reforma constitucional. La nueva Constitución estableció el derecho de toda persona a tomar sus propias decisiones en el ámbito de la sexualidad, su vida y su orientación sexual. También reconoce a la familia en sus diversos tipos, pues establece que las uniones de hecho entre dos personas, sin especificar su género, tienen los mismos derechos y obligaciones que el matrimonio, lo que equivale a otorgar derechos y obligaciones a las parejas homosexuales. En octubre de 2008 se emitió en el país el primer documento que reconoce la identidad de una persona transexual acorde con su identidad de género, tras un fallo emitido por la Corte Suprema.
En contraste, en Paraguay el Código Civil establece de manera explícita el matrimonio sólo para heterosexuales y distinta edad para consentir prácticas sexuales entre heterosexuales y homosexuales. Empero, el movimiento social por la disidencia ha logrado la incorporación formal de una mujer trans y un joven abiertamente gay a la función pública y algunas campañas contra la homofobia en Secretarías estatales como la Policía, Juventud, Educación y Salud.
Uruguay es uno de los países latinoamericanos que mayor desarrollo ha tenido en materia de derechos para las comunidades de la disidencia sexual. En 2007 el Congreso aprobó las uniones civiles entre personas del mismo sexo con todos los derechos y obligaciones del matrimonio y en 2009 aprobó la ley que les permite a las parejas del mismo sexo la adopción. Además está permitido el ingreso a las fuerzas armadas de gays y lesbianas, se reconoce la libertad de identidad trans y se tipifican como delitos los crímenes de odio por orientación sexual y de género. Además, desde 2005 existe la Plazoleta de la Diversidad Sexual, un espacio público promovido por las autoridades de Montevideo y el Centro de Investigación y Estudios Interdisciplinarios en Sexualidad del Uruguay, misma organización que distribuye en los colegios de todo el país el manual “Educando en la Diversidad, Orientación Sexual e Identidad de Género en las Aulas”, aprobado en septiembre de 2009.
En Venezuela, en marzo de 2009 el Parlamento reconoció las uniones entre personas del mismo sexo con la figura de “Asociaciones de Convivencia”, que reconocen los mismos derechos y obligaciones que para la figura del matrimonio.
Globalización de derechos
Como puede verse, con la apertura de las sociedades a la globalización, la mayoría de los países latinoamericanos ha establecido en diferente grado formas legales e institucionales de protección de derechos humanos con criterios de corrección política. Pese a ello, permanece para las personas no heterosexuales una práctica punitiva legitimada basada en la aplicación de criterios homofóbicos sobre la disidencia sexual que poco aportan para la construcción democrática. La erradicación de la homofobia es aún materia pendiente en las transformaciones sociales necesarias para la democratización plena de los países latinoamericanos.
* Profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México
Carlos Bonfil
Antes de 1869, año en que se acuña el término clínico de homosexualidad para el deseo erótico cuyo objeto es una persona del mismo sexo, dicha atracción había conocido múltiples denominaciones –inversión, uranismo, sodomía–, cada una aproximativa y azarosa, ninguna de ellas interesada en reglamentar social y científicamente el deseo. Lo que propone el escritor italiano Paolo Zanotti, profesor de literatura en la Universidad de Bolonia, en su libro Gay, la identidad homosexual de Platón a Marlene Dietrich, es un recorrido histórico por la construcción de lo que hoy llamamos una subcultura gay. El título original del libro también sugiere una crónica amena y documentada de “cómo fue inventada la identidad homosexual”.
La primera exploración la hace Zanotti en la Grecia clásica, una cultura donde los hombres que creían poseer un alma noble y un carácter viril, buscaban como objeto de placer sexual a sus semejantes, es decir, a otros hombres dueños de cualidades parecidas. Como lo señala Michel Foucault en su Historia de la sexualidad, los roles sexuales actuales de activo y pasivo tuvieron entonces una connotación distinta. El hombre activo era el iniciador de los adolescentes a un mundo de la sexualidad que era también un mundo de madurez y de sabiduría; como las mujeres, el efebo debía ser sexualmente receptivo y no había en ello demérito alguno, solamente la pasividad adulta era objeto de condena social.
La tiranía de los roles sexuales
De acuerdo con el autor, en la era moderna la condena de la homosexualidad pasa por la reprobación de toda conducta capaz de menguar las cualidades intrínsecas al varón en la sociedad burguesa. Una de ellas es esencial: el control de las pasiones. El comportamiento viril idóneo se construye con prohibiciones nuevas: el hombre no debe llorar ni manifestar debilidad de carácter, no debe ceder a la coquetería en el vestir ni tampoco en el arreglo personal.
Contrariamente a la mujer, determinada desde su nacimiento por su sexualidad y por las funciones biológicas y sociales que con ella se relacionan, el hombre tiene la posibilidad y el deber de controlar sus impulsos sexuales con el fin único de “ganarse la anhelada identidad viril”. Zanotti reproduce la sentencia: “Mujer se nace, hombre se hace”. El varón que transgrede estas prohibiciones y se identifica con el sexo opuesto se coloca de inmediato como un renegado de su propio sexo y por lo mismo un paria digno de reprobación. Y añade el autor: “La prohibición del sexo entre hombres trae consigo otra importante novedad: la desconfianza hacia la amistad masculina. La intimidad entre dos hombres será fuente de una angustia creciente: a partir de 1770, por ejemplo, los chicos de los colegios ingleses ya no podrán compartir cama”.
La relectura de la historia de las civilizaciones a través del entendimiento de la sexualidad como una construcción social es el objeto de la llamada teoría queer, y es precisamente este marco teórico el que aborda Zanotti sin abusar de jergas académicas, para señalar que la homosexualidad es ante todo una construcción moderna donde el poder, encargado de reprimir los placeres, tiene paradójicamente la posibilidad de producirlos.
El dandismo, una matriz de las nuevas identidades
En la antigüedad las grandes ciudades (Atenas y Florencia, destaca el autor) fueron núcleos que facilitaron la diversificación de las sexualidades, los lugares en que se forjaron los primeros estereotipos de la identidad gay. En el siglo XIX la figura del dandy, ese artista empeñado en hacer de su vida una obra de arte (el Oscar Wilde de El retrato de Dorian Gray, el J.K. Huysmans de A contracorriente), vuelve la mirada a un pasado que glorifica el artificio y las posturas trágicas, el culto de la sensibilidad extrema y el goce de iconos del sufrimiento como la figura de San Sebastián.
En la reivindicación hay un rechazo tajante de reglamentar la vida privada y del utilitarismo de una sexualidad fincada en la procreación. Un dandy, recuerda Zanotti, es un ser ocioso, elegantemente frío y estéril, alérgico al trabajo. Un ser como Des Esseintes, el dilettante en la novela A contracorriente: “un tipo degenerado de clase alta: último vástago de una estirpe ilustrada venida a menos, con un sistema nervioso al límite del agotamiento después de una serie de experiencias juveniles en busca de los placeres más extravagantes, especialmente sexuales”. El personaje descrito tiene a menudo un fin trágico, en la cárcel o en un lecho de hospital, o termina, como el autor Huysmans, orillado a elegir entre el misticismo o el suicidio.
El dandismo provocador tiene larga vida en Europa y no son pocos los invertidos que en él encuentran su primer modelo de identificación exaltada. Luego de un aparente ocaso a raíz de revoluciones del siglo XX, y del prolongado dominio de una medicalización represiva, con los embates de la interpretación psicoanalítica y su entronización del Edipo y de la culpa, la sensibilidad homosexual es de nuevo reivindicada por la cultura pop y en 1964 la escritora estadunidense Susan Sontag le brinda un sustento teórico en sus Notas sobre el Camp. Lo que en un inicio es un arma defensiva de las minorías sexuales, se transforma en elemento importante de una identidad homosexual crecientemente integrada a la cultura de masas.
Mente sana en un cuerpo de gimnasio
En los años setenta el cineasta Pier Paolo Pasolini reivindica el carácter declaradamente subversivo del deseo homosexual. Según su apreciación, las relaciones homosexuales no conllevan de modo espontáneo una lógica de reciprocidad, y el deseo polimorfo se expande como una vegetación venenosa que permea todas las capas de la sociedad burguesa (Teorema, 1968). Los encuentros son fortuitos, clandestinos, sin vocación de trascendencia. Son ilegítimos y oscuros, como en una novela de Jean Genet, y requieren de la complicidad secreta de sus iniciados en baños de vapor, en mingitorios macilentos o en los cuartos oscuros de los bares.
Con la aparición del sida, la epidemia que perturba a las buenas conciencias, se opera una metamorfosis en la identidad y cultura del hombre gay, quien procura dar de sí mismo una imagen más sana, busca la aprobación social y la inserción a la vida cívica a través de la conquista de nuevos derechos, entre ellos el del matrimonio.
Dice Zanotti: “A partir de los años ochenta este ideal se difunde en todo el universo masculino y el hombre gay se convierte en su prototipo perfecto: el gay con cuerpo de gimnasio, hedonista y con un buen empleo, es el ejemplo más perfeccionado del macho actual, y el mercado enseguida se hará eco de ello. La imagen del antiguo dandy aferrado a una juventud irreal se ha sustituido por la del gay joven y saludable; lo que supuso que a los no tan jóvenes (por ejemplo, Foucault) les costara reconocerse en esta nueva identidad”. La construcción de esta identidad homosexual tiene como contraparte obligada una estrategia que consiste en desmontar los mitos, fetiches y prejuicios en torno a una minoría sexual que al cabo de siglos de discriminación y estigmas, aún reserva al mundo circundante de las mayorías, revelaciones siempre sorprendentes.
Paolo Zanotti, Gay, la identidad homosexual, de Platón a Marlene Dietrich (Turner, Fondo de Cultura Económica, 2010)