1.- Porque 250 mil jóvenes (dato MEF) dejarán de percibir 3
sueldos
y medio al año (2 gratis, 1 CTS y ½ vacaciones), lo que a un sueldo
promedio de 1,400 soles significa 1,050’000,000 soles que pierden los
trabajadores jóvenes y ganan los empresarios.
2.- Porque no es cierto que esta ley vaya a
crear
nuevos empleos para jóvenes. Si el “cholo barato” fuera la solución al
problema del desempleo, hace ya mucho tiempo que se habría logrado el
pleno empleo en el Perú.
No es cierto que los costos laborales sean
excesivos en el Perú y traben la generación de empleo: una hora de
trabajo en la industria peruana alcanza US$2,50 en Perú, US$ 3,60 en
Chile, US$ 4,10 en Brasil y Argentina, US$ 24 en Estados Unidos y US$ 33
en Alemania.
3.- Porque no es cierto que esta ley ayuda a la formalización del
empleo.
Hace más de 10 años se dio una ley recortando derechos de trabajadores
de microempresas y en el 2008 Alan García la amplió hasta medianas
empresas y todavía el 88% de empleo en pymes es informal.
Lo que
necesitan los microempresarios es crédito a tasas de interés justas,
apoyo a su asociatividad, facilidades de acceso a nuevos mercados,
infraestructura y promoción de nuevas tecnologías.
4.- Porque para promover más capacidades en los jóvenes no hay que tratarlos como
mano de obra
a sobreexplotar sino hay que invertir en mejorar la calidad de la
educación básica, institutos y universidades públicas y en ampliar los
programas de capacitación laboral juvenil cuyas evaluaciones de impacto
han mostrado resultados positivos.
5.- Porque esta ley reduce aún más la demanda, lo que en un contexto
de frenazo económico hará que las empresas vendan menos y recorten más
su producción y su empleo.
Los 4 paquetazos anteriores orientados a
elevar ganancias empresariales a costa del ambiente y los derechos
sociales no han dado resultado, por lo que es seguro que este tampoco lo
hará. Si está ley se mantuviera, las próximas fiestas serían tristes
para muchas familias y para el comercio.
6.- Porque el MEF y Ollanta piensan en un joven como un pulpín, pero
ellos han mostrado en las calles que conocen sus derechos.
Los jóvenes
merecen respeto y diálogo porque no son mano de obra barata sino
ciudadanos.