En entornos clínicos complejos, donde las decisiones se toman en minutos, la diferencia no la hacen los protocolos: la hacen las personas. Pensamiento crítico, atención a la tarea, conciencia de situación, no tener miedo a hablar, adherencia, comunicación efectiva, trabajo en equipo, civilidad, empatía y compasión son capacidades humanas universales de confiabilidad y relación que pueden —y deben— entrenarse. En este cierre del año, te invito a explorar cómo estas habilidades fortalecen la práctica diaria, previenen daños y crean equipos más seguros, más humanos y profesionales.