Hoy, en el Día Internacional de la Niña, comparto estas reflexiones: Es importante, urgente siempre, trabajar y luchar en contra de la violencia hacia las mujeres; pero en esta lucha, cada día se hace imprescindible comenzar por dar una vida plena a las niñas. Millones de niñas en el mundo, padecen la violencia basada en género, son excluidas y maltratadas, explotadas sexualmente, se les niega el derecho a la educación y a la recreación. Es una realidad que puebla el globo terráqueo, además de todo lo que sufren a causa de los fundamentalismos culturales y religiosos, basta sólo considerar como un ejemplo, el fenómeno de la ablación que sufren millones de niñas en los países africanos y en otros países del mundo. En estos momentos, mientras reflexionamos sobre ellas, millones de niñas y adolescentes, pueden estar siendo mutiladas, sufriendo el dolor físico de la ablación y sintiendo como es cercenada su infancia, sin ni siquiera entender lo que padecen, ni por qué lo padecen. Inician así, un camino de penurias en el que se les niega el derecho al placer, a la valoración y el disfrute de sus cuerpos, en el que su salud física y mental es profundamente afectada. Otras tantas, conjuntamente con sus madres, estarán siendo repudiadas, por negarse a cumplir “con la tradición”.
La ablación o mutilación genital femenina comprende una serie de prácticas consistentes en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas. Entre otras consecuencias, las niñas mutiladas padecerán durante toda su vida problemas de salud irreversibles. Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente en vida han sido sometidas a la mutilación/ablación genital femenina en África y el Yemen. Además, las cifras están aumentando en Europa, Australia, Canadá y los Estados Unidos, principalmente entre los inmigrante procedentes de África y Asia sudoccidental. (http://www.unicef.org/spanish/protection/index_genitalmutilation.html)
Por otra parte, la discriminación, la explotación en el más amplio sentido, experimentado por niñas, niños y adolescentes en nuestros países latinoamericanos, donde un porcentaje importante no tiene acceso a la educación, donde deben crecer de repente, siendo víctimas de violencia sexual o siendo obligad@s a trabajar desde muy temprana edad; todo esto, también debe preocuparnos y más que pre-ocupar, nos debería ocupar. Independientemente de los esfuerzos de algunas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, todavía nos queda mucho por hacer.
Considero que es importante trabajar para atender y solucionar todos los problemas relacionados no sólo con la violencia hacia las mujeres y las niñas, sino con otros temas relacionados con la equidad de género y la participación; pero es fundamental abordar esta realidad desde la prevención y la prevención real, sólo la lograremos cuando tengamos claro de una vez por todas, que la educación es la prioridad y además la convicción plena del derecho de las niñas a la educación. En la medida que nos ocupemos con absoluta conciencia: equidad de género, visibilización y participación de las mujeres y educación, van tomadas de las manos. En la medida que nos ocupemos de ejercer acciones para una verdadera experiencia co-educativa, estaremos contribuyendo con una vida plena para las niñas y las adolescentes de hoy y para las mujeres del mañana.
En la medida que los Organismos Internacionales vinculados con las problemáticas y la atención de las mujeres, consideren la educación como una prioridad y no como una alternativa entre otras, se aportará un grano de arena más y se darán pasos significativos en estas luchas. Pero sobre todo, en la medida que día a día, todas las personas hagamos el esfuerzo por hacer de nuestra rutina diaria, un espacio para el bienestar, para la justicia y equidad de género, estaremos contribuyendo con la calidad de vida de las niñas, en una sociedad más sana.
En el día de hoy, recordamos especialmente a Malala, una valiente niña paquistaní, que el defender el derecho de las niñas a la educación, casi le causa la muerte. Pero, gracias a la vida, no la perdimos, suerte que dolorosamente no han tenido otras niñas y adolescentes. Hoy en día, Malala se mantiene perseverante en su lucha. Nos sumamos con entusiasmo a esta causa y al sueño de que cada día podamos sumar más niñas que vivan su infancia, que puedan quemar todas las etapas de la vida y recorrer caminos diferentes, en espacios de paz, de fraternidad y de sororidad.
Isabel Zerpa A.
Profesora de la Escuela de Educación
Universidad Central de Venezuela
Directora del Centro de Estudios de la Mujer
CEM-UCV