Por: Benicio Samuel Sánchez García
En el calendario litúrgico y en la vida cotidiana de los territorios hispanos, pocas tradiciones entrelazan tan perfectamente la fe, la historia y la gastronomía como la Rosca de Reyes. Ahora que nos acercamos a la Epifanía, recordamos la visita de los Sabios de Oriente al niño Jesús —quien, como bien apuntan los estudiosos de las escrituras, para ese momento ya residía en una casa y no en el pesebre—. Esta celebración no es solo un acto de fe, sino un eslabón cultural que une a España con América.
Orígenes: De las Saturnales a la Cristianización
Aunque hoy la asociamos estrictamente con el cristianismo, el origen de la rosca redonda se remonta a las fiestas romanas de las Saturnales. En estas celebraciones dedicadas al dios Saturno, se elaboraban panes redondos con higos, dátiles y miel. Dentro de la masa se escondía un haba seca; quien la encontraba era nombrado "Rey de la fiesta" por un día, una tradición que a menudo invertía los roles sociales entre amos y esclavos.
Con la llegada del cristianismo, la Iglesia no erradicó la costumbre, sino que la "bautizó". La fiesta pagana se transformó en la celebración de la Epifanía (manifestación), recordando el momento en que Jesús se revela a los gentiles representados por los Reyes Magos.
La tradición se arraigó fuertemente en Francia (con el Galette des Rois) y en España (con el Roscón de Reyes). Fue Felipe V quien importó a España la modalidad francesa de introducir una moneda o sorpresa, además del haba. Con la conquista y el Virreinato, esta costumbre cruzó el Atlántico, evolucionando en México con ingredientes locales como el acitrón (hoy sustituido por dulces de ate por razones ecológicas) y adoptando un simbolismo catequista más profundo.
La Anatomía de un Símbolo
Para el historiador y el genealogista, cada elemento de la Rosca es una lectura de la cosmovisión de nuestros antepasados. No es simplemente un pan dulce; es una representación teológica comestible:
• La Forma Ovalada o Circular: Representa el amor infinito de Dios, que no tiene principio ni fin. También se asocia con las coronas de los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar.
• Las Frutas Cristalizadas: Los higos, cerezas y tiras de ate que adornan el pan simbolizan las joyas incrustadas en las coronas de los Reyes. En un sentido más espiritual, representan las vanidades mundanas que debemos atravesar para encontrar lo verdaderamente valioso.
• El Muñeco Escondido: Tradicionalmente de porcelana y ahora de plástico, la figura del niño no es casualidad. Simboliza a Jesús siendo escondido por María y José para salvarlo de la Matanza de los Inocentes ordenada por el Rey Herodes.
• El Cuchillo: Al partir la rosca, el cuchillo representa el peligro que acechaba al infante Jesús y la crueldad de los soldados de Herodes en su búsqueda.
El Compromiso del Padrino
En la tradición mexicana, encontrar la figura del niño no es un simple juego de azar; conlleva una responsabilidad social y espiritual: el compadrazgo. Quien encuentra al niño se convierte en su "padrino", obligándose a presentarlo en el templo el día 2 de febrero, Día de la Candelaria.
Esta fecha cierra el ciclo de la Navidad (40 días después del nacimiento), conmemorando la presentación de Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen. Así, la Rosca de Reyes no es un evento aislado, sino el puente que conecta la Epifanía con la Candelaria, perpetuando la convivencia familiar mediante la tradicional "tamaliza".
Conclusión
Al partir la rosca este 6 de enero, no solo estamos degustando un postre virreinal. Estamos repitiendo un ritual que ha sobrevivido a imperios y que ha servido para mantener unidas a las familias a través de los siglos. Como genealogistas, valoramos estas repeticiones, pues son las tradiciones las que a menudo nos dan las pistas más claras sobre quiénes fueron nuestros antepasados y qué valoraban.