Cada diciembre, el mundo occidental se detiene para conmemorar el nacimiento de Jesús. Las luces, los pesebres y las liturgias apuntan al día 25 como el momento cumbre de la historia cristiana. Sin embargo, una mirada más profunda a los textos sagrados, los registros astronómicos y las diversas tradiciones religiosas revela que la fecha exacta es uno de los misterios más fascinantes y debatidos de la antigüedad. No existe un certificado de nacimiento, y los evangelios de Mateo y Lucas —las principales fuentes primarias— no mencionan ni el día ni el mes.
Ante este vacío histórico, diferentes culturas y denominaciones han llenado el espacio con teología, cálculos astronómicos y tradiciones que van desde el crudo invierno hasta el calor del verano.
La hegemonía del 25 de diciembre
Para la Iglesia Católica y la mayoría de las denominaciones protestantes, el 25 de diciembre es la fecha oficial. No obstante, pocos historiadores defienden esto como un dato cronológico exacto. La elección de esta fecha en el siglo IV obedece más a una estrategia de inculturación que a la precisión histórica.
En la Roma antigua, el solsticio de invierno marcaba el renacimiento del Sol Invictus, una fiesta pagana de gran arraigo. Al situar el nacimiento de Cristo en esta fecha, la Iglesia primitiva simbolizó que Jesús era el “verdadero sol” que venía a iluminar al mundo, facilitando la transición del paganismo al cristianismo sin suprimir las festividades populares de la época.
El desfase oriental: La Navidad en enero
Si uno viaja a Rusia, Serbia o Jerusalén, notará que la Navidad ortodoxa no llega hasta el 7 de enero. Esto no se debe a un desacuerdo sobre la fecha histórica, sino a una discrepancia administrativa.
Las iglesias ortodoxas se rigen por el antiguo Calendario Juliano (implementado por Julio César), el cual tiene un desfase de 13 días con respecto al Calendario Gregoriano que utiliza Occidente. Litúrgicamente, los ortodoxos siguen celebrando el 25 de diciembre según su calendario, pero para el resto del mundo civil, ese día cae el 7 de enero.
La precisión de la revelación moderna: El 6 de abril
Mientras que las iglesias tradicionales se basan en concilios antiguos, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones) ofrece una fecha específica basada en sus propias escrituras. Apoyándose en el primer versículo de la sección 20 de Doctrina y Convenios, muchos miembros de esta fe creen que Jesús nació exactamente un 6 de abril. Aunque se unen a la celebración cultural de diciembre, esta fecha primaveral tiene un peso teológico significativo dentro de su doctrina.
Las pistas climáticas y la hipótesis del otoño
Un análisis textual de la Biblia y el Corán sugiere que el invierno es, quizás, la estación menos probable para el nacimiento.
El Evangelio de Lucas narra que, en el momento del nacimiento, había “pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”. En la geografía de Judea, diciembre es un mes frío y lluvioso; los rebaños suelen estar resguardados. La presencia de pastores pernoctando al aire libre sugiere una época más cálida, posiblemente principios de otoño (octubre) o primavera.
Este argumento es central para grupos como los Testigos de Jehová, quienes calculan el nacimiento hacia el mes de octubre, basándose también en los turnos sacerdotales del templo de Jerusalén. De manera similar, algunos grupos de Raíces Hebreas y Judíos Mesiánicos sitúan el nacimiento durante la fiesta de Sukkot (Tabernáculos), en septiembre u octubre, argumentando que teológicamente tiene sentido que el Mesías llegara para “acampar” (hacer tabernáculo) entre los hombres.
Curiosamente, el Islam ofrece una pista que apunta hacia el final del verano. En el Corán, la sura de María relata que, durante los dolores de parto, ella recibió la instrucción de sacudir una palmera para comer dátiles frescos. La temporada de maduración de los dátiles en la región ocurre entre agosto y septiembre, lo que descartaría el invierno por completo.
La paradoja del año cero
Si el día es incierto, el año es una paradoja. El monje Dionisio el Exiguo, quien calculó el calendario cristiano en el siglo VI, cometió errores de cómputo sobre los reinados romanos.
El registro histórico establece que Herodes el Grande murió en el año 4 a.C. Si seguimos el relato bíblico de que Jesús nació mientras Herodes aún vivía (y ordenaba la matanza de los inocentes), Jesús tuvo que haber nacido, irónicamente, antes de Cristo: probablemente entre el año 7 a.C. y el 4 a.C.
Conclusión
La fecha del nacimiento de Jesús de Nazaret actúa como un prisma a través del cual se pueden observar las prioridades de cada tradición. Para unos, es una verdad litúrgica que vence a la oscuridad del invierno; para otros, es una cuestión de precisión profética o de lógica agrícola.
Al final, la falta de una fecha exacta ha permitido que el evento trascienda el calendario, convirtiéndose en una celebración que, paradójicamente, logra unir —o al menos poner a dialogar— a romanos, ortodoxos, mormones y musulmanes en torno a la figura más influyente de la historia occidental.