Foto: 5ª Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil.
Convocamos a la 5º Marcha Nacional contra el
Gatillo Fácil el 27 de AGOSTO
Marcharemos de Congreso a Plaza de Mayo para
decir:
- Basta de gatillo fácil
- Basta de torturas y muertes en cárceles,
comisarías, institutos de menores y otros lugares
de detención
- Basta de desapariciones forzadas, detenciones
arbitrarias y causas armadas
- Libertad a las/os presas/os políticas/os
- No a la reforma del código penal y la
implantación de la “doctrina Chocobar”
- Ni una menos: en las cárceles también
- No a las reformas de las leyes 12.256 y 24.660:
abajo la ley de sepultura
- No a la baja de la edad de imputabilidad
El 20 de mayo, en la masacre de San Miguel del
Monte los asesinos nos arrebataron la vida de
Camila, Aníbal, Gonzalo y Danilo y dejaron muy mal
herida a Rocío. Con el cinismo que lo caracteriza
el gobierno intentó desligarse del resultado
lógico de oficializar el gatillo fácil como
política de Estado.
La rápida reacción de vecinos y familiares al
recolectar las pruebas y sortear las amenazas dejó
en evidencia el funcionamiento inmediato de la
maquinaria de impunidad del Estado y de los
grandes medios de des-información para construir
como verdad la versión - coartada de los asesinos,
que fue desnudada por las acciones de denuncia y
solidaridad, como la movilización del 24 de mayo
organizada en diferentes puntos del país por
familiares que coordinamos en la Marcha Nacional.
Se hizo evidente el combo que rodea todo caso de
gatillo fácil: modificación de la escena del
crimen, ocultamiento y destrucción de pruebas;
cobertura de los asesinos por pares y funcionarios
políticos y judiciales; versión de los medios,
pistas falsas, y amenazas (muchas veces
concretadas) a testigos y familiares.
Contra esa armado y en absoluta disparidad de
fuerzas y recursos es que batallamos. Y en ese
marco el Estado apuesta al desgaste, a la falta de
recursos y al paso del tiempo para consagrar la
impunidad. Sabemos que sin la movilización, María
Viera -mamá de Fabián Gorosito- no hubiese
enjuiciado a los 12 policías, absueltos por
segunda vez por el crimen de Fabián, pero esta vez
5 de ellos condenados por privación ilegal de la
libertad y torturas a tres amigos de Fabián. El
comisario Héctor Amarilla, asesino de Nicolás
Vázquez seguiría prófugo ni hubiesen condenado a 7
policías por la desaparición de Daniel Solano, ni
habría fecha de inicio del juicio (en septiembre)
contra 7 policías de la Masacre de Pergamino.
Pero aún cuando le arrancamos condenas, siguen
libres como el sargento Oscar Ayunta, sentenciado
a 12 años de prisión -confirmada en tres
instancias- por el fusilamiento de Cristopher
Torres. Y muchas veces son irrisorias, como por el
fusilamiento de Ivan Mafud: una condena a 4 años
por “homicidio en exceso del deber” y los otros
once fueron absueltos.
El asesinato de nuestros pibes no es producto del
mal funcionamiento de las instituciones sino de la
represión estatal necesaria en una sociedad
dividida en clases; por eso no sólo peleamos por
la sentencia sino también por la conciencia.
Durante todo este año continuaron las represiones
en las manifestaciones populares contra las
políticas del gobierno. La misma respuesta
obtuvieron los trabajadores: MadyGraf, Femsa,
Feriantes de San Telmo, ATE, Telám, Feriazo de
Constitución - UTT. Ello dio lugar a la
persecución a militantes sociales y políticos
través de la judicialización y el uso
indiscriminado de la prisión preventiva -al igual
que a las clases más vulnerables- violando las
mismas garantías procesales de las que sí gozan
los privilegiados del poder, las clases más
favorecidas y las fuerzas de seguridad cuando se
encuentran procesados. La represión a los pueblos
mapuches es la reedición de esta nueva conquista
del desierto que persigue, asesina y criminaliza a
los distintos pueblos originarios que habitan en
nuestro país expulsándolos de sus propias tierras
o negándoles su derecho a recuperar su identidad.
Y en ese camino dejan libre al prefecto Francisco
Javier Pintos al asesino de Rafael Nahuel.
En mayo pasado aprobaron el protocolo para el uso
de las pistolas tasér, mal llamadas no letales
porque ya se saben que matan. Y profundizando la
explícita defensa del accionar del policía
Chocobar que tiró a matar por la espalda a Juan
Pablo Kukoc, el Gobierno avanzó con dos fallos
judiciales en la legitimación del protocolo que
autoriza a las fuerzas represivas a disparar a
“sospechosos” sin necesidad de que posean armas
reales, cuando consideren que “huyen” de un
presunto delito o que hay alta probabilidad de que
provoquen daños a terceros. Por eso la ministra
Patricia Bullrich festejó la absolución de la
oficial Carla Céspedes que mató por la espalda a
Ariel Santos en 2016, reafirmando con claridad que
el gatillo fácil es política de Estado.
Hay registrados más de 6.500 casos de asesinatos
por gatillo fácil, torturas seguidas de muerte en
cárceles y comisarías y desapariciones, desde 1983
y con gobiernos nacionales, provinciales y
municipales de distinto color político.
Hoy nos matan un pibe cada 21 horas. No son casos
aislados, basta nombrar que en noviembre en la
comisaría 3° de Ezeiza, cometieron una nueva
masacre, similar a la de Pergamino, asesinando
ésta vez a 11 personas -detenidas por hechos
menores- y un día antes de la masacre de Monte
fusilaron a Diego Cagliero y 48hs. después a
Maximiliano Rosasco de 15 balazos y a Jimena
Gramajo. Y el 18 de Junio fusilaron a Silvia
Maldonado en Santiago del Estero, menor de edad y
madre de un bebé de un año y otro de un mes; díez
días después a Matías Alderete en la Matanza y el
5 de Julio a Ariel Espada que aún pelea por su
vida.
Estas formas de represión son ejercidas de manera
sistemática a lo largo y a lo ancho del país y
dirigidas fundamentalmente a los jóvenes de los
barrios más humildes; donde se suceden
impunemente, además de asesinatos policiales,
múltiples violencias: redes de trata -como
confirmó el reciente hallazgo del cuerpo de
Johanna Ramallo, desaparecida en 2017-,
femicidios, travesticidios, o el impulso de
acciones lesbofóbicas como la que originó la
prisión de Higui.
El consumo problemático de drogas de parte de la
juventud de los barrios es utilizado por el Estado
para ejercer parte del control social. Por un
lado, nos niegan el derecho a la asistencia ante
esa situación de salud y por otro lado usufructúan
el manejo de la caja del narcotráfico. La mafia
policial-judicial es parte del problema y no de la
solución.
Desde que llegó al gobierno de Cambiemos tuvo la
política intensificar la represión de la clase
trabajadora. Las reformas de las leyes 12.256 y
24.660 arrebataron casi todos los derechos a los
privados de libertad, e intentaron bajar la edad
de imputabilidad. A eso responde la intención de
reformar el Código Penal para librar de
responsabilidad a los policías que matan a
nuestros pibes, devolver a los milicos a las
calles para colaborar con las fuerzas de
inseguridad y que juntos aumenten los niveles de
represión a los que nos someten bajo la excusa de
las “nuevas amenazas”, como el terrorismo y el
narcotráfico.
Por eso denunciamos que no se trata de uno, dos o
mil policías sino DE TODA LA INSTITUCIÓN, así como
de todas las otras fuerzas represivas: gendarmes,
prefectos, penitenciarios, etc., y que EL
RESPONSABLE ES EL ESTADO.
Ante este panorama, necesitamos estar más unidos
que nunca para enfrentar y frenar este avance en
las políticas represivas del Estado.
NI UN PIBE MENOS !
NI UNA PIBA MENOS !
¡ NI UNA BALA MÁS !
¡ EL ESTADO ES RESPONSABLE !
Familiares organizadores de la Marcha Nacional
contra el Gatillo Fácil.