Carta abierta al Presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)
Dr. José María Lailla
Hoy he visto con detenimiento la sección "Un toque de humor" de la revista de la SEGO que usted representa. Durante dos años, su compañero de profesión, el doctor ginecólogo Javier Server Gonzálbez (del servicio de ginecología del Hospital de Gandía) ha estado publicando una serie de viñetas que, por decirlo suavemente, atentan a la dignidad del ser humano (entre los que, si me disculpa, incluiré a las mujeres).
No voy a discutir el nivel intelectual del supuesto humorista ni su supuesto sentido del humor. Esto lo dejaremos en blanco. Tampoco entraré a considerar posibles trastornos mentales. Aunque esto me preocupa algo más. Pero sí que le pido que aclare, dado que estas viñetas tienen una lectura muy específica que no deja duda a otras, si la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia que las pública ratifica estos mensajes. De no ser así le pido una excusa pública y que abran expediente a este doctor.
Por si usted no comprende parte de mi indignación, déjeme que le explique algo. Cuando un médico ginecólogo publica estos "chistes" públicamente en una gaceta, lo hace con la intención de que se conozca lo que piensa y/o siente. Pero además les hace cómplices a todos los ginecólogos y las ginecólogas que pertenecen a su asociación y que viñeta tras viñeta no denuncian ni se desmarcan de su contenido.
Que un ginecólogo haga un chiste sobre un prolapso de útero es de mal gusto. Como lo sería que la revista de pediatría publicara chistes de niños moribundos o la de traumatología, de inválidos.
Que un ginecólogo haga un chiste con un consentimiento informado en la puerta de una consulta de ginecología para "Mirada lasciva a las nalgas", debería provocar vergüenza antes que una sonrisa cómplice. Porque si lo que me está diciendo es que los ginecólogos nos miran las nalgas lascivamente, creo que se están metiendo en un jardín del que, quizá, les cueste un poco salir.
Que un ginecólogo haga un chiste sobre "el club de VPH" en el que de a entender que las mujeres contagiadas (por hombres, recuerde) son unas putas o promiscuas, o son físicamente atractivas (no quería entrar a valorarlo, pero el chiste está tan mal hecho que ni se entiende bien) debería provocarnos estupor y vergüenza antes que una sonrisa cómplice.
No sé usted, pero, como usuaria de los servicios de salud, preferiría que Torrente no fuera mi ginecólogo. Y desde luego, me gustaría saber que los demás, no solo no están de acuerdo con este doctor, sino que no toleran ningún trato discriminatorio, ofensivo ni insidioso hacia otro ser humano (entre los que, si me disculpa, incluiré a las mujeres).
Atentamente,
Mónica Felipe-Larralde
Adjunto enlace con la colección de viñetas (advierto que puede herir sensibilidades)