CAPITULO XII
LUZ MÍSTICA SOBRE LA GUERRA MUNDIAL
Cuarta Parte
EL EVANGELIO DE LA ALEGRÍA
La reciente lucha titánica entre las naciones europeas ha alterado el equilibrio del mundo
entero hasta tal punto que las emociones de las personas que viven en las más remotas
regiones de la tierra han sido
exaltadas como nunca lo habían sido antes, expresando los
distintos pueblos cólera, odio, histerismo o abatimiento, según su naturaleza y temperamento.
Es evidente, para todos aquellos que han estudiado los misterios más profundos de la vida y
que comprenden el funcionamiento de la ley natural en los mundos espirituales, que los
habitantes de las regiones invisibles han sido afectados de un modo quizá aún mayor que los
que vivían en cuerpos físicos, los cuales, por su misma densidad, nos impiden el sentir toda la
fuerza de las emociones.
Después del estallido de la guerra la marea de emociones fue violenta porque no hubo medios
adecuados para encauzarla; pero gracias a los grandes esfuerzos y a una organización
apropiada, los Hermanos Mayores de la humanidad lograron después del primer año crear un
ejército de Auxiliares Invisibles, que, habiendo pasado por el portal de la muerte y sentido el
sufrimiento inherente a una
transición no debidamente preparada, estaban llenos de
compasión para con los demás y constantemente pasaban por el portal sombrío, y fueron
capacitados para calmar y ayudar a los recién llegados hasta que ellos mismos pudieran
equilibrarse de nuevo. Más tarde, sin embargo, las emociones de odio y malicia engendradas
por los habitantes del mundo físico se hicieron tan poderosas que hubo peligro de que se
impusieran del todo, por esta razón fue preciso adoptar nuevas medidas para contrarrestar
estos sentimientos, y en todas partes las fuerzas buenas fueron puestas en movimiento para
rehacer el equilibrio y dominar a las emociones más bajas.
Uno de los modos por el cual muchas personas contribuían a dificultar las cosas y a prolongar
la guerra, era su manera de acentuar constantemente su lado horrible y de olvidar el mirar a
su lado luminoso y brillante.
"¿El lado luminoso y brillante de aquella guerra cruel?", será probablemente la
pregunta que
se formulará el lector. "¿Qué quiere usted decir con esto?" Para algunos puede parecer hasta
un sacrilegio hablar de un lado luminoso de semejante calamidad como ellos la llaman. Pero
veamos si no hay un rayo de luz plateada hasta en las nubes más negras, y si no hay un
método por el cual este rayo de luz plateada pueda ser ensanchado más y más, hasta que toda
la nube se haya hecho luminosa.
Hace algún tiempo nos llamó la atención un libro titulado: "Pollyanna". Pollyanna era la
hijita de un misionero, cuyo sueldo era tan ínfimo que apenas podía satisfacer las estrictas
necesidades de la vida. De vez en cuando llegaban a la misión cajas con ropa vieja y otros
objetos usados para ser distribuidos. Pollyanna esperaba que algún día llegase un caja
conteniendo también una muñeca. Su padre hasta había escrito para preguntar si no era
posible mandarle con la próxima caja una muñeca desechada para su hija.
Llegó la caja, pero
en vez de la muñeca contenía un par de muletas pequeñas. Viendo el desencanto de la niña,
su padre le dijo: "Hay algo de lo cual podemos alegrarnos: de que no necesitemos las
muletas." Entonces ellos empezaron a "hacer el juego", según su modo de decir, buscando y
encontrando siempre algo por lo cual pudiesen estar agradecidos y contentos, sin importar lo
que fuese, y siempre encontraron cosas de éstas. Por ejemplo, cuando se veían forzados a
comer una comida muy deficiente en un restaurante, por no poder permitirse platos más
delicados, ellos decían: "Estamos contentos de que nos gusten las judías", aunque se fijasen al
mismo tiempo en un pavo trufado, inaccesible para sus medios económicos. Después
empezaron a "enseñar el juego" a otros, llevando algo de felicidad a muchos hogares, entre
ellos muchos que no creyeron nunca que podrían ser felices otra vez.
Pero finalmente quedaron faltos de
toda clase de recursos y la madre de Pollyanna falleció
por las privaciones. Su padre no tardó en seguir a la madre, dejando a Pollyanna abandonada
al cuidado de un tía rica, soltera, pero avara e inhospitalaria., en Vermont. A pesar de la poco
cordial acogida que la niña encontró y las habitaciones que al principio la señalaron, ella
estaba siempre contenta y de buen humor e irradiando alegría sobre todas las personas que
había alrededor de ella, hasta su misma tía, la cual por insensible que fuese acabó por dejarse
influir. La mente rosada de la niña pronto encontró medios de adornar las paredes y piso de
su cuarto con todos los medios de belleza a su alcance. Faltándola cuadros, ella veía con
alegría que desde su pequeña ventana se descubría a su vista
una escena de paisaje más
hermoso que los más preciosos cuadros que un artista pudiera pintar y una alfombra de verde
y oro como ningún artesano hubiese jamás podido tejerla tan hermosa. Si en su pobre lavabo
no había ningún espejo, ella estaba contenta, porque así no podía ver sus pecas. Y si tenía
pecas, ¿no tenía razón para estar satisfecha de que no fuesen verrugas? Si su maleta era
pequeña y sus trajes muy pocos, ¿no era suficiente para celebrarlo, toda vez que de este modo
se terminaba bien pronto el trabajo de hacerla? Si sus padres no podían estar con ella, ¿rió era
motivo para alegrarse porque estaban con Dios en el cielo? Y puesto que ellos no pudieran
hablarla, ¿no podía regocijarse de que ella pudiera hablarles a
ellos?
Jugando en los campos como un pájaro más, se le pasó más de una vez la hora de cenar, y
cuando al llegar a casa su tía la enviaba a la cocina para cenar allí, con leche y pan nada más,
ella le decía su tía que esperaba lágrimas y pucheros: "Oh, me alegra mucho que haya usted
hecho esto, tía, porque me gustan mucho las sopas de leche." En los primeros tiempos la tía
solía tratarla con brusquedad, pero la niña supo siempre encontrar una excusa cariñosa para
estos malos tratos, y pagándolos en cambios con pensamientos de agradecimiento.
La primera persona convertida por ella fue la doncella, que solía tener muy mal humor los
días que tenia que lavar la ropa sucia y aguardando los lunes con disgusto. Bajo la influencia
de la alegría de la pequeña niña, Nancy, la doncella, pronto se sintió los lunes más contenta
que ningún otro día, porque no habría ningún otro día de levado en toda la semana, y pronto
la tuvo contenta porque su nombre no era Hepsibah, sino Nancy, a cuyo nombre siempre
había mostrado aversión. Una vez Nancy dijo a la pequeña, con mucha convicción: "En un
entierro, por cierto, no hay nada de lo que uno pueda alegrarse", a lo cual muy pronto
contestó Pollyanna: "Pues mira, podemos estar contentas de que no sea el nuestro." En cuanto
al jardinero, que se quejaba a ella de que estaba medio encorvado por el reumatismo, ella le
decía que debería estar agradecido por ello, porque no tenia necesidad de erguirse totalmente
cuando se agachaba para limpiar las malas hierbas del jardín.
Cerca de su casa vivía en una mansión soberbia un señor soltero de cierta edad, retirado del
mundo y taciturno. Cuando más él repudiaba a la niña con maneras
bruscas tanto más
contenta estaba y tanto más pronto la niña volvía a verle, aunque nadie más que ella lo
hiciese. En su inocencia y piedad ella atribuía aquella falta de cortesía a alguna pena secreta,
y por esta razón anhelaba poder enseñarle la manera de vivir alegremente, el "juego alegre"
aprendido de sus padres. Y se lo enseñó, y él lo aprendió, aun siendo trabajo duro al
principio. Cuando tuvo la desgracia de romperse una pierna, no era fácil convencerle que
debía alegrarse de no haberse rota las dos y de haberlo logrado hubiera sido mucho peor que
tuviera cien piernas y que todas ellas se le hubieran fracturado. La alegre disposición de
ánimo de la niña logró, por fin, que al hombre tan triste le gustase la luz del sol, que
abriese
las persianas, levantase las cortinas y abriese también su corazón al mundo. El quiso
adoptarla, pero no logrando su deseo, adoptó a un pequeño huérfano que ella hubo
encontrado perdido en el campo.
Ella logró que una señora se vistiera de colores alegres, después de haberse vestido siempre
de negro. Otra señora, rica y desgraciada porque su atención estaba concentrada sobre
desdichas pasadas, fue influenciada por Pollyanna en el sentido de ocuparse ahora
intensivamente de las miserias de otros. Habiendo aprendido cómo se puede dar alegría a los
demás, esta señora llegó a convertir su vida en una alegría continua. A un matrimonio que
estaba para divorciarse Pollyanna le hizo reunirse nuevamente y formar un hogar feliz, aun
siendo totalmente desconocidos para ella, encendiendo en sus corazones que se habían
helado, y un fuerte amor por sus hijitos. Poco a poco, este juego de alegría se difundió
por
toda la ciudad, los unos enseñándolo a los otros. Bajo su influencia hombres y mujeres se
convertían en seres distintos de antes: los desdichados se hacían felices, los enfermos
sanaban, los malhechores encontraban el camino de la virtud y los desesperados hallaban
consuelo y bríos nuevos.
El médico de más fama de la ciudad se convenció pronto de que Pollyanna era la mejor receta
para todos los males. "Esta chica, dijo, vale más que un gran frasco de tónico. Si alguien
puede aliviar a un enfermo, es ella; una dosis de Pollyanna cura más que una botica entera."
Pero el gran milagro del "juego alegre" fue la transformación operada en el carácter de su
malhumorada y puritana tía. Ella que había admitido a Pollyanna en su casa como un deber
estrictamente familiar, desarrolló bajo el trato cariñoso de su pequeña sobrina un corazón que
literalmente se desbordaba de afecto. Muy pronto Pollyanna fue sacada de su
guardilla fea y
desnuda e instalada en un gabinete lujoso en el piso donde vivía su tía, y de este modo el bien
que hacia reaccionaba sobre ella misma.
Esto no es más que
un cuento, pero está basado en hechos que tienen su raíz en las leyes
cósmicas. Lo que esta niña hacía respecto a las personas alrededor de ella, nosotros, como
estudiantes de las enseñanzas Rosacruces, podemos y debemos hacerlo en nuestra esfera
individual, tanto respecto al trato con nuestros parientes y amigos como respecto al mundo en
general.
En cuanto a su aplicación a la guerra en general, en vez de entristecernos por las derrotas o
catástrofes y en vez de añadir nuestra tristeza, odio y malicia a los sentimientos semejantes
engendrados por otros, deberíamos tratar de encontrar algún aspecto agradable y luminoso
hasta en tales horribles calamidades. Seguramente es razonable alegrarse
extraordinariamente, pensando en el sacrificio personal hecho por tantas almas nobles, que
han abandonado su actividad en el mundo, sus grandes ingresos de dinero y sus casas
confortables, para defender lo que para ellos es el ideal de mejorar
las condiciones del
mundo, para aquellos que vengan detrás de ellos, porque ellos mismos ya habían abandonado
toda esperanza de volver jamás para coger los frutos de su sacrificio. Igualmente podemos
alegrarnos de que muchas mujeres nobles dominadas por el lujo y una vida fácil, hayan
abandonado sus hogares y relaciones para dedicarse a la ardua tarea de cuidar a los heridos.
Hubo en todo esto un espíritu de altruismo, demostrado también por aquellas que, aunque
obligadas por las circunstancias a quedarse en sus casas, dedicaban sus horas libres a trabajos
manuales, cosiendo y trabajando a punto de aguja para los soldados en los campos de batalla.
Es un parto muy doloroso el nacimiento del altruismo en millones de corazones humanos,
pero por el sufrimiento inaudito de la última guerra la humanidad se hará más noble y
misericordiosa que hasta ahora. Si solamente podemos sacar esta impresión de los
sufrimientos y torturas
recientes, si solamente podemos enseñar a los demás a mirar hacia las
prosperidades futuras que tienen que acumularse como consecuencia de tantos sufrimientos,
entonces estaremos mejor preparados para restablecernos de la terrible pesadilla sufrida, y
para ayudar a los demás a que logren el mismo resultado.
De esta manera podemos imitar a la niña Pollyanna, y a condición de ser suficientemente
sinceros, nuestra manera de mirar las cosas contagiará a los demás y quedará arraigada en sus
corazones; y entonces, como los pensamientos son cosas, y los buenos pensamientos son mas
poderosos que los malos por estar en armonía con la marcha de la evolución, pronto vendrá el
día en que podremos imponernos y ganar ascendencia para establecer una paz
permanente.
Esperamos que esta sugestión será tomada muy en serio y puesta en práctica por todos
nuestros estudiantes, porque los tiempos lo reclaman con urgencia, mucho más que antes aun.
del libro "Enseñanzas de un Iniciado", de Max Heindel
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