La relación “amistosa” turismo-patrimonio, con algunas excepciones, sigue siendo, hasta el momento, una utopía. Al menos esta es mi opinión, basado en la experiencia cubana. En Cuba, específicamente en la provincia de Matanzas, hay muchas iniciativas, siempre desde los grupos turísticos, para “manejar” el turismo cultural. Si bien las leyes determinan los procedimientos a seguir y los límites y condiciones para el manejo del patrimonio cultural, la realidad es bien distinta. La realidad es que las leyes no se cumplen o se interpretan convenientemente a favor de los intereses económicos que siempre priman por sobre la protección de los sitios y monumentos.
Es importante, desde este punto de vista, la participación de especialistas en el manejo del patrimonio, no sólo para conformar los guiones para los guías turísticos y establecer los recorridos, sino una participación activa y permanente donde los profesionales estén comprometidos éticamente. Cuando la explotación turística del patrimonio se deja de la mano de los profesionales del turismo, se pierde la esencia de la historia, no porque carezcan de capacidad estos profesionales, sino porque su formación apunta hacia otros objetivos y es importante que exista un equilibrio que en la mayoría de los casos es difícil de establecer y mucho más de mantener. Este tema lo trato a partir de un caso específico en la ponencia que presento en este Foro Virtual.
Por otra parte, coincido en el punto que menciona Jorge Ruiz en su mensaje anterior en cuanto a la reconceptualización del patrimonio cultural en cada país teniendo en cuenta sus propias experiencias y problemáticas; no con el ánimo de distanciarnos como región, sino más bien para poder enfrentar las cuestiones que nos afectan directamente y que en muchas ocasiones son tratadas a partir de conceptos elitistas.
Saludos cordiales,
Odlanyer Hernández de Lara
Coordinador
Estimada Lidia Weisman:
En Cuba el Gobierno tiene preocupaciones reales por la protección del patrimonio, lo hizo saber en la primera reestructuración constitucional y de ahí en más en las leyes que se crearon para tal fin. No obstante, una realidad nos golpea y es que cuando se evalúan las particularidades provinciales de los organismos destinados a la protección del patrimonio se puede observar que hay escases de personal que tiene esa función, que hay limitantes logísticas que acortan el radio de acción, ya que en muchas ocasiones los sitios históricos se hallan en las afueras de las ciudades. En la provincia de Matanzas existe un riquísimo patrimonio industrial (entiéndase plantaciones azucareras y cafetaleras del siglo XIX) que en su mayoría no ha sido estudiado (con suerte se ha investigado algo de su historia) y están ahí esperando que algún día se les haga algo. Mientras tanto es víctima de los “buscadores de tesoros” que ven El Dorado en cada ruina antigua. Las alternativas son complejas y escasas. La inversión, ya sea privada o estatal, es una quimera, al menos en estos lugares, pues en algunos centros históricos sí se realizan.
Por eso veo en el turismo una alternativa de protección que a la vez provea soluciones económicas para las localidades, pero la experiencia me ha demostrado que se deben seguir muy de cerca para que no se tomen rumbos inesperados. Recuerden que me baso en la experiencia cubana (no es mi intención menospreciar el trabajo de los profesionales del turismo).
Saludos cordiales,
Odlanyer Hernández de Lara
Coordinador
Estimados:
He leído atentamente el Programa Vigías del Patrimonio Cultural y me parece una iniciativa muy bien pensada que puede ser una herramienta capaz de fortalecer la identidad del pueblo para con su patrimonio. Acompaño la idea de la Red Latinoamericana. Muchos países tienen políticas de conservación del patrimonio que en alguna manera ayuda, pero no es suficiente, nunca lo ha sido, pues los ejemplos sobran para demostrarlo. Me parece que esta iniciativa puede ser, como menciona Lydia Weisman, una punta de lanza perfecta para la protección del patrimonio, sobre todo porque el mismo pueblo hace valer sus derechos y en función de ellos exige, a la vez que educa.
En el caso de Cuba, sería bueno proponerlo como adscritos a los Centros Provinciales de Patrimonio Cultural, que en muchas ocasiones son instituciones que no cuentan con el personal suficiente para actuar.
Esta idea de la Red Latinoamericana puede apoyar las redes nacionales con las experiencias del resto de los países latinoamericano que pueden llegar a crear espacios de intercambio no solo dentro de los mismos países, sino también a nivel regional.
Para consolidar esta iniciativa, creo que sería pertinente aprovechar la ocasión del Foro para crear lo que podría ser una Comisión regional que se encargue de crear estas redes en sus respectivos países. Lógicamente, tendría que participar una, dos o tres (o las que se estimen conveniente) personas de cada país que presenten el tema en sus países a las autoridades pertinentes. No sé como funciones en otros lugares, pero en Cuba habría que presentárselo al Consejo Nacional de Patrimonio, que creo sería recibido con beneplácito. Sé que en La Habana funciona algo semejante, pero está circunscrito solamente a lo que es el Centro Histórico de la Habana Vieja. El resto de las provincias tienen muchas más dificultades en este sentido, con algunas excepciones.
Pues nada, me parece que de los participantes mismos se podrían ir escuchando propuestas para conformar esta “comisión” (o como prefieran llamarla) y no importa para nada la especialidad, lo importante creo que son las ganas de trabajar y las posibilidades reales que tenga cada uno para ocuparte de tan importante responsabilidad.
Tal vez por la iniciativa podría ya considerarse a César Maguiña Gómez (si lo cree pertinente) y por su rápida acogida y también por su destacada participación a Lydia Weisman, pero bueno, es solo una propuesta que creo debería considerarse entre todos los participantes.
Espero sus opiniones.