Fragmento para Edgardo

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César Hazaki

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Aug 10, 2020, 5:57:08 PM8/10/20
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Fragmentos para Edgardo

Patear un penal

-Siempre es difícil patear un penal, el que diga lo contrario es uno de esos que no se anima a tomar la pelota e ir al punto marcado para la ejecución. Existen claro las excepciones, recuerdo a Ortigoza y al tucumano Albrech ahora. Ya sé que hay otros pero no vienen ahora al caso. Parado frente a la pesada pelota de papi fútbol pienso en eso. No sé por qué pateo siempre que me dejan o reconocen los demás que debo ser el ejecutor (muchos no reconocen nada, simplemente dejan que alguien se haga cargo, que ponga la pelota con paciencia en ese lugar exacto desde donde partirá el balón en busca de la red). – y ahí estabas vos, eras el arquero de turno Edgardo, Edgardo Gili. Ese tipaso que eras, con tu pelo lacio, voz suave, buen humor.

-Pienso que es injusto que estemos frente a frente. Podía haberle tocado a Luis, a Marcelo, a Alvaro ser el portero de turno. Pero no ahí está Edgardo con su remera blanca y su tremenda sencillez. Esa bonhomía que admiraba, ese hombre que contrastaba mucho con mi estilo calentón y cabronazo.

-Edgardo que antes de empezar el partido me comentaba detalles de su novela recién terminada. Fragmentos de la Fiebre. Edgardo que antes de hacer en calor en el vestuario, me la entregó con una dedicatoria: “Para César con cariño. Un abrazo, Edgardo”. De la fecha solo puedo distinguir 94. Me gusta imaginar hoy en medio de la pandemia que el día y el mes son precisamente la fecha de mi cumpleaños. Pero no lo puedo distinguir.

-Puta suerte no era un día para patear un penal con Edgardo en el arco. Quizás el Negro Rodríguez me trabó, quizás alguno de los muchachos que vienen cada tanto, no lo recuerdo, pero había una regla a quien le cometían el penal tenía derecho a patearlo. Ahí estábamos en una canchita al costado de las vías, a dos cuadras cuando mucho de la estación de tren Colegiales.

-Un penal es un suspiro eterno, un duelo inevitable donde el que patea lleva todas las de ganar. Un penal es el momento de gloria de un arquero: “Hoy te convertís en héroe” frase de Mascherano a Chiquito Romero. Lejos estábamos Edgardo y yo sé de las luces de la fama futbolera. Eramos, perdoná Edgardo, dos pataduras divertidos contagiados de la filosofía de Luis que abogaba por la lírica del caño, del pase profundo al vacío.

-Pero Edgardo y yo sabemos que no soy un tan angelical para no tratar de meter ese pesado balón de papi dentro del arco. Edgardo sabe que de mi insaciable sed de gol, definitivamente ese simple de partido de fútbol entre amigos  nos puso frente a frente. Un duelo minúsculo de la vida, que lleva a veces a creer en la gloria. Pero la puta madre me habías dado tu libro, me lo habías regalado y estaba en mi mochila esperándome,

 

-Sabes que no sé nada de la epidemia de fiebre amarilla. Voy a leer el libro, ya esta noche llego a casa y me pongo a leer.

Marzo 7.- Se llenaron los hospitales. En el de Hombres, en el de Mujeres, en la Casa de Expósitos, ya no es posible internar. Con urgencia se ha levantado el Lazareto de San roque, a tres kilómetros de la Plaza, y el gobierno provincial arrendará el Hospital Italiano. Se dice que la sociedad de Beneficencia habilitará otro en los próximos días. Todo es poco. El fenómeno es inabarcable. La ciudad entera es un hospital”.

-Y ahí me dejaste la semilla, la curiosidad, el interés por las pestes. Hiciste un golazo Edgardo. No hubo artículo que no leyera sobre el tema. Antes de que empezara la pandemia del Covit estaba releyendo La Peste de Camus. Mucho tiempo atrás había realizado un trabajo sobre una particular enfermedad localizada y daba como referencia tu libro. De eso te enteras y me lo hiciste saber por mail. Un golazo Edgardo, te lo aseguro. Me dejaste un legado.

-Después nos dejamos de ver, esas cosas, esas cosas que no se pueden describir de otra manera que diciendo esas cosas. Dejé de jugar al fútbol porque las gambas no me daban más, pese a los pedidos: Borussia vení a jugar. Dale Borussia te bancamos. Vení y jugá al arco Borussia. Así me llamaron y si hoy alguien me grita por la calle ¡Borussia! lo busco con alegría. Vos también me llamabas Borussia, sé no me vas a gritar cuando pueda andar por la calle.

“-Los ricos se fueron hace rato.

-Pero esos no van a galpones, van al norte, al aire sano…

-¿Y sus casas? ¿Quedaron abandonadas?

-Ni los muebles se llevaron. Por las dudas.”

- Sé que te fuiste, que no te pudimos despedir, que no estabas bien desde hace tiempo, sé que muchos, muchos te recordamos y sé, te lo digo con absoluta firmeza, que me dejaste un golazo, un premio a nuestra amistad, es el libro de tapas verdes que ahora releo con el mismo interés desde el año 94.

Chau Edgardo Gili.

Borussia. (César Hazaki)

PD: este podría ser un texto colectivo, de aquellos que jugamos juntos durante años al fútbol con Edgardo. Si tienen ganas pueden sumar su nombre al texto.

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