La Alta

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César Hazaki

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Feb 19, 2021, 12:00:52 PM2/19/21
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Se sintió como Alicia, pero no era segura como la niña del cuento. Alicia podía hacerse alta y luego bajita. Podía ser aguda y audaz en su travesura
En cambio ella se volvía alta y después más alta, por si fuera poco el médico decía que iba a ser más alta. Todo ocurriría en poco tiempo. Cada dos meses debía cambiar su ropa. Este año le habían comprado una cama nueva más, mucho más larga.
Y lógico, le cambió el carácter, se enojaba más y solía andar solitaria por el campo. No le gustaba hablar y prefería comer sola.
Lo que más apenaba a su madre fue que dejó de bailar, algo que hacía desde pequeña.
Los dos años que siguieron casi no se le oía en casa. Silenciosa no demandaba nada, soportaba sus cambios dignamente.
Un día en el bosque rodeaba el pueblo se afincó una tribu gitana y estuvo espiando la alegría de los zíngaros que cantaban y bailaban todo el día.
Arriba del largo roble mientras acariciaba su osito de peluche la sorprendió la más bella de las bailarinas, le habló en un idioma que la niña no conocía. La gitana de grandes ojos morenos se sentó a su lado y comenzó a cantar, fue un quejido desgarrador y al mismo tiempo bellísimo. Mientras cantaba hacía palmas y la invitó a hacer lo mismo. Cuando terminó la tomó suavemente de la mano y fueron hacia los carromatos. Allí pasó tardes enteras escuchando canciones. Las fue aprendiendo en silencio, miraba los movimientos de su amiga y los copiaba en el medio del bosque, cuando retornaba a su casa.
Cuando llegó su cumpleaños de quince sus padres le organizaron una fiesta a la que estaba invitado todo el pueblo menos gitanos, por supuesto, dado que nadie los consideraba parte del pueblo. Es más la mayoría vivía como una desgracia su campamento y no veían la hora de que partieran.
Desde los primeros momentos del ágape ella estuvo callada, con gesto adusto durante un largo tiempo del agasajo. Pero en un momento desde los cuatro costados se escucharon guitarras, rítmicos batir de palmas y voces potentes que cantaban. Los invitados a la fiesta estaban sorprendidos e inquietos. Nadia sabía que hacer, de pronto llegaron los gitanos en círculo cerrado y se fueron abriendo como si fueran los pétalos de una rosa. Abrieron paso a una esbelta bailarina que se movía a veces como una gacela y otras como un tigre.
Los padres de la niña alta comprendieron que su hija era ya una mujer mujer y que la danza era su destino.
Finalizó la danza bailando sobre una mesa, con el último zapateo el bosque se llenó de vivas y gritos de alegría.
Cuando apoyó su zapato gitano de baile sobre su padre desde la altura de la mesa, la niña alta supo que había estado a la altura de lo quería. Y que en esa altura se sentía muy, pero muy bien.
C.H.
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