Los proyectos sociales, como unidad operativa de la
gerencia social, es donde se determinan las acciones que son necesarias realizar
para lograr las transformaciones de situaciones sociales, económicas,
culturales, políticas de una región, por lo que su implementación oscila en un
período de tiempo a corto y mediano plazo, además que tienen un ciclo de
momentos a seguir para su preparación y planificación, por lo que, a
continuación, el presente artículo, muestra algunas orientaciones conceptuales
sobre este tema, así como expresar algunas ideas reflexivas propias de la autora.
¿Qué es un Proyecto Social? ¿Qué entendemos por proyecto?
En el lenguaje de la planificación, el término proyecto, encierra el conjunto de actividades que se proponen realizar de una manera articulada entre sí, con el fin de producir determinados bienes o servicios capaces de satisfacer necesidades o resolver problemas, dentro de los límites de un presupuesto y de un período de tiempo dado. (Ander y Aguilar, 1989: p. 5).
De manera particular, se destaca que los proyectos sociales han sido las actividades o acciones que se ejecutan en una región por parte de los actores de gobierno e involucrando a los ciudadanos vinculaos a los beneficios que éstos generarán (bienes o servicios), a los fines del desarrollo socio-económico de un área o de un sector cultural determinado, lo hacen de manera planificada, enmarcadas en un plan estratégico de desarrollo nacional, orientada a la consecución de objetivos que requieren de inversiones financieras y de la participación humana en un tiempo dado, por lo general oscila entre un corto y mediano plazo.
Planificación de Proyectos Sociales. ¿Hacia dónde se orientan los proyectos?
Es de asumirse que, la gerencia en cualquier organización se ejecuta en tres (3) niveles organizativos: institucional (alta dirección) quienes diseñan el Plan Estratégico a largo plazo de manera participativa; nivel intermedio (gerentes, directores) quienes son responsables de diseñar los planes tácticos; y el nivel operacional (supervisores y empleados) quienes son los ejecutores de los planes operativos (Chiavenato, 2002: p. 13), y esto también es aplicable a los niveles de la gerencia social. Por lo tanto, la formulación, ejecución y evaluación de proyectos sociales se consideran como la unidad operativa de la gerencia social, donde a nivel macro, son parte de una política social de desarrollo en un región, por tanto, están enmarcados en una planeación estratégica a largo plazo. Luego en los diferentes sectores de desarrollo se diseñan los programas sociales que entran en el nivel de planeación táctica. Finalmente, las acciones concretas para garantizar que las inversiones se orienten hacia lo social, están en el nivel de planificación operativa a corto plazo, es decir, los proyectos sociales, la última unidad de ejecución. (Candamil y López, 2004: p. 15).
Ahora bien, desde el punto de vista de las políticas sociales y los programas sociales de gobierno, los proyectos sociales se orientan hacia la distribución de bienes o servicios (productos), para satisfacer las necesidades de aquellos grupos que no poseen recursos para solventarlas autónomamente, con una caracterización y localización espacio-temporal precisa y acotada. Sus productos se entregan en forma gratuita o a un precio subsidiado. (Cohen y Martínez, 2010: p. 2)
En conclusión, la visión de los proyectos sociales es transformar la realidad detectada como situación problemática o de potencial desarrollo en un corto o mediano plazo, mediante el uso de recursos y la participación de los sujetos sociales vinculados, aspirando que a largo plazo, a su vez, generen una cadena de cambios y transformaciones en lo económico, social, cultural, político y ambiental, para beneficio de individuos particulares, de la comunidad en general o de grupos específicos.
El Proceso de Preparación de los Proyectos Sociales. ¿Qué implica un Proyecto Social? el acto ético que se debe apropiar.
Según Candamil y Col. (2004), los proyectos sociales, además de tener un horizonte temporal entre un mediano y corto plazo, cumplen con un ciclo de vida que surge desde el momento en que se concibe la idea, hasta el momento de su culminación, en donde se evalúan los resultados alcanzados. Dicho ciclo consta de cuatro (04) momentos básicos: IDENTIFICACIÓN, FORMULACIÓN, APLICACIÓN – EJECUCIÓN (FINALIZACIÓN Y DESACTIVACIÓN) en el que se desarrolla la EVALUACIÓN final relacionada con los logros e impactos del proyecto (Ver Figura No. 1). Las fases de este proceso se consideran como momentos, obedeciendo al enfoque metodológico que sugiere que no hay una secuencialidad lineal, sino que es un proceso iterativo que puede darse indistinta e incluso alternadamente. Cada uno de estos momentos también tiene su proceso interno, atendiendo al enfoque de sistemas, pues si bien son partes de una estructura general, cada uno tiene su propia dinámica.
Figura No. 1: Momentos, procesos y actividades del proyecto (Candamil y Col., 2004: p. 23).
De forma reflexiva, dentro de todo este ciclo de momentos, por los cuales atraviesa la Formulación, Ejecución y Evaluación de los proyectos sociales, hay que tomar en cuenta el perfil ético a seguir durante todo el proceso por parte de los actores involucrados en el mismo, es decir, tantos los responsables de las unidades ejecutorias de los recursos (instancias de gobierno u otra organización privada o pública) como los beneficiarios directos del proyecto (comunidad o grupo social), por lo que en opinión particular de la autora es importante que ambas partes conozcan el objeto del proyecto así como los recursos asignados, para que haya un proceso de Evaluación constante y permanente en cada una de los momentos del ciclo de vida del proyecto.
Es por ello que, el gerente de proyectos desde la perspectiva de la gerencia social debe reunir un perfil mínimo, que posea como mínimo las siguientes calidades:
- Capacidad para gerenciar la complejidad.
- Orientación a la articulación social, ceder capacidad de toma de decisiones a los mismos protagonistas de los hechos.
- Capacidad para la concertación, diseñar nuevas estrategias de negociación, movilizar acuerdos institucionales y favorecer la participación activa de la comunidad y de los diferentes actores.
- Formación hacia el compromiso con causas sociales como democracia, cambio y desarrollo y sobre todo con las necesidades sociales.
Finalmente, podría decirse que debe tener un perfil de liderazgo, que le permita asumir retos, provocar cambios, promover la participación y concertación, con visión sistémica y pensamiento estratégico que le permita emprender acciones que tengan efectos reales de transformación.
El Proceso de Evaluación de los Proyectos Sociales. ¿Qué evaluamos? ¿Quién evalúa?
La evaluación no es una etapa final del proceso, ni es un fin en sí misma sino un medio para mejorar, de acuerdo a lo planteado por Candamil y Col. (2004), los proyectos de desarrollo realizan evaluaciones participativas entre los responsables de la ejecución y los beneficiarios del proyecto, de manera que facilite la toma de decisiones colectivas y la potenciación de la acción social, convirtiendo el proyecto de desarrollo en un proceso sociocultural de naturaleza democratizante. Asimismo, como se observa en la Figura No. 2, el proceso de evaluación atraviesa todo el ciclo de vida del proyecto, de la siguiente forma:
a) Evaluación Ex–Ante: Definidas las alternativas de proyecto, estas deben ser evaluadas para seleccionar la que presenta una mejor relación entre los costos de su implementación y el impacto estimado, para así realizar su Formulación. Se realiza antes de entrar en operación el proyecto, es decir, antes de ejecutar recursos. La finalidad de esta evaluación es conocer qué tan factible y eficaz es el proyecto.
b) Evaluación intermedia o de proceso (concurrente), se realiza de manera continua y permanente con el propósito de obtener conclusiones que permitan resolver los problemas y realizar los ajustes requeridos.
c) La evaluación terminal (ex-post), busca establecer el grado de cumplimiento de los objetivos, así como la valoración de la calidad de los resultados obtenidos.
d) En el caso de la evaluación de impacto, ésta se orienta a conocer la capacidad real de transformación de las condiciones iniciales que dieron origen al proyecto, identificadas en el diagnóstico. Se trata de evaluar la sostenibilidad del proceso en el tiempo, su efectividad y, en última instancia, saber si el proyecto es replicable dadas sus condiciones de éxito. La evaluación de impacto se realiza con posterioridad a la evaluación de resultados y corresponde a una valoración en el largo plazo del proyecto.
Figura No. 2: Proceso de Evaluación en el Ciclo de Vida del Proyecto (Candamil y Col., 2004: p. 22).
La razón de hacer hincapié, en la Evaluación como acto ético de apropiación por parte de los agentes involucrados en los diferentes proyectos sociales, es porque desde allí se pueden corregir los errores, identificar y analizar los cambios resultantes en el proceso e intervenir sobre él para fortalecer logros y aciertos. Un sistema de evaluación transparente, claramente definido, facilita el control, la retroalimentación constante, la identificación de vacíos en el proceso, los asuntos que no pudieron preverse, así como el grado de cumplimiento de los objetivos y la capacidad de transformación de las situaciones que dieron origen al mismo.
El Árbol del Problema en los Proyectos Sociales. Discute con otras formas de realizar el Diagnóstico y El Árbol del Problema en los Proyectos Sociales.
Según Candamil y Col. (2004), de haber realizado la identificación, caracterización de los hechos, fenómenos o circunstancias que determinan la aparición de situaciones que se configuran como problemas, se jerarquiza el de mayor importancia, y luego se procede a la focalización del problema, que permite identificar un problema motriz o central, seleccionar los problemas raíz o causa que están determinando su aparición, así como las consecuencias o efectos indeseados que genera. Existen diversas formas para representarlos jerárquicamente, entre las cuales se encuentran la espina de pescado, la matriz DOFA y el árbol de problemas; aquí se hará referencia a la técnica del árbol de problemas proporcionada por la metodología ZOPP, en la cual el problema central es el tronco del árbol, la raíz son las causas y las hojas sus efectos o consecuencias (ver Figura No. 3). La focalización, facilita plantear el problema, ya que ayuda a identificar cómo se interrelacionan los hechos que se encuentran en una situación dada; de otra parte, el árbol de problemas permite tener un mapa conceptual para una lectura e interpretación en una forma integral.
En este sentido, Cohen y Martínez (2010: p. 114), lo definen como una técnica participativa que ayuda a desarrollar ideas creativas para identificar el problema y organizar la información recolectada, generando un modelo de relaciones causales que lo explican, facilitando la identificación y organización de las causas y consecuencias de un problema. Por tanto es complementaria, y no sustituye, a la información de base. La lógica es que cada problema es consecuencia de los que aparecen debajo de él y, a su vez, es causante de los que están encima, reflejando la interrelación entre causas y efectos.
Figura No. 3: Diagrama del Árbol del Problema (Cohen y Martínez, 2010)
En base a la experiencia personal como investigadora, donde se ha manejado en varias oportunidades esta técnica del Árbol del Problema, vale decir, que la misma es de mucha utilidad en lo que se refiere a proyectos sociales que se construyen de la mano con la comunidad en estudio, pues los ciudadanos involucrados son los sujetos directos que mejor conocen su realidad y tomando sus opiniones se pueden fundamentar buenos argumentos sobre las causas que dan origen al problema y las potenciales consecuencias que más les ha afectado en su territorio y en el área que precisen, obviamente siempre debe existir el apoyo y acompañamiento técnico por parte de la gerencia, para ayudar a diseñar un buen árbol del problema, puesto que de allí es que se van a plantear los objetivos y metas del Proyecto Social, así como las áreas de intervención donde se aportará la alternativa de solución.
REFERENCIAS
Ander-Egg, Ezequiel y Aguilar, María José (1.989). Como Elaborar un Proyecto: Guía para Diseñar Proyectos Sociales y Culturales. Argentina.
Cohen, Ernesto y Martínez, Rodrigo (2010). Manual de Formulación, Evaluación y Monitoreo de Proyectos Sociales. CEPAL.
Chiavenato, Idalberto (2002). Administración en los Nuevos Tiempos. Mc-Graw Hill, Bogotá Colombia.
Candamil Calle, María Del Socorro y López Becerra, Mario Hernán (2004). Los Proyectos Sociales, una Herramienta de la Gerencia Social. Colombia.