NO a la Incineracion

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marilyn iorio

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Nov 2, 2011, 12:58:45 AM11/2/11
to FisicoQuimico-Ambiental3410
Por qué no a la incineración?
Los altos niveles de basura que genera la población han llevado a un
colapso de los sistemas tradicionales de disposición de residuos, como
son los rellenos sanitarios. Ante la falta de espacio para construir
nuevos basureros y ante las deficiencias que han presentado muchos
rellenos existentes, se promueve quemar la basura como la “solución”
al problema. Sin embargo, la incineración de residuos origina nuevos
problemas ambientales y sanitarios, desincentiva la minimización de la
generación de residuos, y es incompatible con programas de
recuperación, reciclaje y compostaje que valoricen los materiales
descartados por la población.
Negocio verde
La incineración de residuos comenzó en EE.UU. y Europa Occidental en
las décadas del ‘50 y el ‘60. La difusión pública de las evidencias
científicas vinculadas a los impactos reales y potenciales de esta
tecnología despertó la oposición de ciudadanos y organizaciones que
comenzaron a movilizarse para evitar su instalación. Estas
movilizaciones lograron detener una mayor expansión de este tipo de
industrias en América del Norte y Europa. Frente a este obstáculo y
favorecida por las normativas existentes, la industria de la
incineración vio en América Latina, Europa del Este y Asia atractivos
mercados para colocar su producto.
La “solución” se vuelve un problema: emisiones y efectos en la salud y
el ambiente
La incineración de residuos libera al medio ambiente contaminante
sumamente tóxico. Las emisiones se dan en forma gaseosa (a través de
los gases de chimenea y de emisiones fugitivas), líquida (efluentes de
los dispositivos de lavado de gases) y sólida (cenizas y filtros).
Las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los
gases de las chimeneas pero en la práctica el mismo se reduce a unas
pocas sustancias. En el caso de las dioxinas, si bien actualmente
existen dispositivos para hacer monitoreo continuo, el proceso es tan
costoso que solo se realiza en un ínfimo número de países
desarrollados. En algunos países se requiere tomar muestras
esporádicas de las emisiones y someterlas a análisis altamente
costosos para conocer su contenido de dioxinas, pero difícilmente
éstas sean muestras representativas sobre el funcionamiento de los
incineradores ya que se toman en condiciones de operación óptimas y
con preaviso. Por otra parte, muchos países ni siquiera disponen de
laboratorios a escala real para medir concentración de dioxinas.
Entre los contaminantes tóxicos emitidos por los incineradores se
encuentran dioxinas y furanos, metales pesados tales como plomo,
cadmio y mercurio, gases de efecto invernadero, gases ácidos y
partículas ultra finas.
Dioxinas
Dioxinas es el nombre que se da a un grupo de compuestos con
estructura química similar. Son compuestos que se producen
involuntariamente en los procesos de combustión que involucran el
cloro. Este grupo abarca a las dibenzo-p-dioxinas policlorados,
furanos, bifenilos policlorados (PCBs), y otros compuestos clorados.
Las dioxinas son Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs). Son
sustancias sumamente tóxicas aún en muy bajas concentraciones,
persisten en el medio ambiente por períodos prolongados sin
degradarse, se concentran en los tejidos grasos de los organismos
vivos, se van acumulando a medida que asciende la cadena alimentaria
(proceso llamado biomagnificación), y se transmiten de la madre al
bebe durante la gestación o la lactancia. La Agencia de Protección del
Medio Ambiente de EE.UU. ha concluido que la fuente más importante de
exposición a las dioxinas es la alimentación.
Por otra parte, estos compuestos pueden ser fácilmente transportados
tanto por agua como por aire, desde la incineradora que le dio origen
a puntos muy alejados.
Las dioxinas son causantes de una variedad de problemas en la salud,
incluyendo malformaciones congénitas, desarrollo anormal del feto,
alteraciones en el sistema inmunológico y en el sistema hormonal,
desórdenes en el comportamiento, aumento en la incidencia de diabetes,
retraso en el desarrollo, y cáncer. La más tóxica de las dioxinas (2,
3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina) ha sido clasificada como
“cancerígeno humano cierto” por la Agencia Internacional de
Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial
de la Salud.
Metales pesados
Los metales pesados presentes en los materiales que ingresan al
incinerador no se destruyen en el proceso de incineración, sino que
son liberados íntegramente a través de sus efluentes. Entre los
metales pesados emitidos al medio ambiente durante el proceso de
incineración se encuentran el cadmio, plomo, mercurio, titanio, cromo,
manganeso, hierro, bario, cobre, zinc, estroncio y estaño.
Los metales pesados generan una serie de daños a la salud de los seres
vivos, incluyendo disfunciones neurológicas, alteraciones en el
sistema inmunológico, malformaciones congénitas, problemas en los
riñones y los pulmones.
Mercurio
La incineración de residuos es una importante fuente de emisión de
mercurio al medio ambiente. El mercurio es bioacumulativo, y produce
daños en el organismo a dosis muy bajas. Ataca el sistema nervioso
central, puede dañar los riñones y los pulmones, y puede atravesar la
placenta y la barrera hematoencefálica.
Partículas ultra finas
Entre las partículas que la incineración libera a la atmósfera se
encuentran las partículas ultra finas, que por su ínfimo tamaño no son
capturadas por los equipos de control de la contaminación. Son por
ende liberadas a la atmósfera, donde pueden permanecer por períodos
prolongados, e ingresan fácilmente al organismo ya que tampoco son
filtradas por los mecanismos naturales del cuerpo.
Estas partículas transportan metales pesados, dioxinas y compuestos
similares. Algunos metales pesados, al ser liberados en forma de
partículas ultra finas, adquieren mayor potencial de daño ambiental y
sanitario que el que tenían en la masa original de residuos.
Las partículas ultra finas han sido relacionadas con una variedad de
problemas en la salud, incluyendo asma, problemas en el funcionamiento
de los pulmones y problemas cardíacos.
Otros contaminantes
La incineración de residuos también contribuye en las emisiones de
gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono.
También emite gases ácidos, como óxidos de azufre y dióxido de
nitrógeno, entre otros. Estos gases son precursores de la lluvia ácida
y tienen una variedad de efectos en la salud, provocando especialmente
problemas respiratorios.
Además de las dioxinas y furanos, los incineradores emiten otros COPs
tales como los bifenilos policlorados, bencenos clorados y naftalenos
policlorados, y otros compuestos como los hidrocarburos aromáticos
policíclicos (PAH) y compuestos orgánicos volátiles (VOC). Todas estas
sustancias son altamente tóxicas, y causantes de una variedad de
problemas a la salud.
Estos son sólo algunos de los compuestos que han sido identificados en
las emisiones de los incineradores. Sin embargo, quedan muchos más por
identificar, y por definir qué impactos tienen sobre el medio ambiente
y la salud de la población.
Control de la contaminación: Misión imposible
Además de provocar la emisión al ambiente de compuestos peligrosos, la
tecnología de la incineración no destruye jamás el 100% de los
residuos. Parte de ellos son emitidos al ambiente intacto. Además,
algunos de los residuos que ingresan a un incinerador son muy
volátiles y se escapan a la atmósfera durante su almacenamiento,
transporte y manejo rutinario.
El transporte de los residuos peligrosos desde las industrias a los
incineradores incrementa las probabilidades de accidentes durante su
traslado. Un accidente en un camión que transporta desechos peligrosos
podría tener consecuencias sumamente graves.
Las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los
gases de las chimeneas pero omiten decir que las dioxinas no pueden
ser monitoreadas continuamente. Apenas se puede -y de manera
esporádica- tomar muestras de las emisiones y someterlas a análisis
altamente costosos para conocer su contenido de dioxinas. Por otra
parte, muchos países ni siquiera disponen de laboratorios a escala
real para medir concentración de dioxinas.
Aún así, tampoco se ejerce control sobre el destino de las
contaminantes cenizas que se generan por la incineración de los
residuos.
Plantas de “recuperación de energía”: maquillaje para la industria
incineradora
Ante el desprestigio que sufre actualmente la industria incineradora,
se ha tornado imperante para los promotores de la incineración buscar
la manera de re-etiquetar a su tecnología de manera que se diferencie
de las sucias plantas de quema masiva.
La estrategia adoptada por la industria incineradora ha sido promover
cada vez más las llamadas plantas de “recuperación de energía”, como
un método de “valorización” de los residuos a través de la
recuperación de la energía que se produce durante la combustión. Entre
estas plantas de “recuperación de energía” se encuentran la
gasificación, la pirólisis, el tratamiento por arco de plasma y las
plantas de co-generación, entre otros.
Sin embargo, la premisa de que se “recupera” energía en estos sistemas
de tratamiento es una falacia si se toma en consideración el ciclo de
vida de los materiales. La energía que se recupera en este tipo de
plantas es mucho menor a la que se necesita para producir los
materiales que se destruyen. Al finalizar el proceso, los materiales
tratados por estos procesos son inservibles, y se necesita extraer
materiales vírgenes para reemplazar esos productos. La energía
necesaria para producir esos productos con materiales vírgenes supera
ampliamente a la energía que esas plantas recuperan.
El verdadero ahorro de energía se da cuando se aprovechan esos
materiales a través de la reparación, la reutilización, el reciclaje,
el compostaje, etc.
Por otra parte, las plantas de “recuperación de energía” emiten al
medio ambiente los mismos contaminantes que la incineración, por lo
que son también un problema para el medio ambiente y la salud de la
población.
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