En1979, tras dos aos y medio de autogestin, los trabajadores de la fbrica barcelonesa de electrodomsticos Numax deciden abandonar la empresa e ir al paro. 34 aos ms tarde, en 2013, la cooperativa vasca de electrodomsticos Fagor cierra las puertas dejando a sus trabajadores en la calle. Como quien hace el re-enactment de la batalla de Waterloo, los trabajadores de Fagor reconstruyen la historia de los trabajadores de Numax.
Lejos de la carismtica actualizacin de una batalla ganada o perdida, Numax-Fagor-plus es la colectivizacin de un discurso, la puesta a punto de una batalla que, evidentemente, nunca termin. El discurso todava pertenece a todo el mundo y, sin embargo, retomando las palabras de la reivindicacin nos damos cuenta de que somos incapaces de recordarlas. Es la palabra la que nos recuerda a nosotros.
La escena final es una fiesta donde se escuchan los anhelos de futuro de algunos trabajadores: estudiar magisterio, ir a vivir al campo, no volver a ser explotado por patronos o directamente no trabajar nunca ms. Estos deseos hicieron que la pelcula no fuera bien recibida por sindicatos y partidos obreros que la consideraron poco exaltadora de la lucha obrera. De esta manera, la pelcula vivi en el olvido durante aos.
Democracia real ya / No somos mercanca en manos de polticos y banqueros / Stop desahucios / No, no, no nos representan / Toma la calle / Lo llaman democracia y no lo es / No hay pan para tanto chorizo / Violencia es cobrar 600 euros / No a los recortes / Democracia 2.0 / Juventud sin futuro, sin casa, sin curro, sin miedo / Error del sistema, reiniciando / Esta crisis no la pagamos
En este ambiente, el 13 de noviembre de 2013, la fbrica Fagor Electrodomsticos presenta un concurso de acreedores dejando en la calle a unos 1.800 trabajadores. Fundada en 1956, la Mondragn Corporacin Cooperativa (MCC) es hoy en da la mayor cooperativa del mundo, agrupa a 110 cooperativas dedicadas a muy diversos sectores y emplea a ms de 80.000 personas.
La cada de Fagor, el buque insignia de la MCC, ha provocado un gran drama personal y social en todo el valle de Mondragn. Hablando con los trabajadores da la impresin de que se han despertado de un largo sueo y an se encuentran en estado de shock. Para muchos de ellos el cierre de la fbrica no slo ha representado la prdida de su puesto de trabajo y su capital invertido como socios, sino tambin la derrota de un modelo social, alternativo al sistema capitalista, en el que crean firmemente. Aqu haba unas ideas, un espritu. Hoy somos una empresa ms, como McDonalds, se lamentaba un trabajador.
En la actualidad, la esperanza de ser recolocado en otras empresas del grupo MCC ha fomentado un cierto individualismo que, sumado a la falta de tradicin sindical (debido a que los trabajadores-socios son dueos de la empresa), parece haber desactivado la protesta. Solamente una minora, muy crtica con la gestin de la direccin, mantiene movilizaciones en defensa de sus puestos de trabajo.
No fue casualidad que el siglo de los cuadros vivientes tambin fuera la edad del oro de lo figurativo: la posibilidad para los ciudadanos annimos de aparecer en la ficcin artstica de un acontecimiento histrico.
Puede decirse que el silencio poltico, la inaccin de una multitud an bastante ajena a la perspectiva de organizar su discurso y modular su voz, sublimaba su reflejo en la accin pura, en la pura aparicin y figuracin en la que se volcaba disfrazando su presente con toda la parafernalia del pasado: el pasado se converta en una fuente inagotable de pica barata, de herosmos participativos y escalofros de poca.
La eternidad de la gran Historia volva a reescribirse en los registros de la repetibilidad. Despus de pasarle revista y hacerla desfilar por los tableaux de las masas, la historia no enseaba nada, se enseaba. No es ninguna sorpresa que hoy, como entonces, el referente del que ms se abusa en el mbito de la recreacin histrica sea la escena de batalla: ningn otro tema es tan extrao a toda dialctica, tan cercano al carisma de una accin pura, de una convulsa ausencia de palabra; en ningn otro tema la multitud es tan activa, por un lado, y tan annima y sacrificable, por el otro; ninguna otra escena brinda la misma generosa oportunidad de actualizar estticamente, en escenas heroicas, las matanzas antiestticas de la historia militar.
Mucho antes de que la teologa protocristiana asociara esta palabra con las funciones del culto y su peculiar protocolo de accin gestual y verbal, leiturgia indicaba, segn los antiguos griegos, cualquier tipo de accin que persiguiera finalidades y beneficios de orden pblico: un servicio que era preciso prestar a la colectividad y del que los ciudadanos tenan que hacerse cargo segn turnos establecidos. Los quehaceres representaban una necesidad o un beneficio ms all del inters especfico o de la identidad de quien se encargaba. Incluso en el mbito religioso del culto, la liturgia, que es la reactualizacin de un misterio, prescinde totalmente de la identidad o sinceridad del oficiante: el ministerio no pierde validez aunque lo lleve a cabo el peor de los curas. La asamblea sagrada no pierde su valor porque todos sus miembros sean pecadores empedernidos. Es ms, solo puede concebirse el ministerio que consiste en la actuacin del misterio como hecho cumplido, de la salvacin como adquirida y al mismo tiempo actual, en las formas operativas u operacionales del gesto y las palabras que vuelven, incansablemente, a actuar la escritura.
Quiz sea una exageracin creer que la lucha obrera fue la reescritura dialctica y laica de una promesa de felicidad o rescate que durante siglos se objetiv bajo las formas explcitamente ceremoniales del culto y que ahora encontraba, en la dialctica, su propia liturgia, su propio officium pblico: la construccin de un espacio de rescate y libertad en la inmanencia del presente y en un futuro ya no trascendente. Es innegable que, en su construccin de una dramaturgia del debate, hered una prerrogativa de la liturgia en sentido clsico: la idea de que la promesa de una libertad factual futura tuviera sentido solo si ya haba libertad, es decir, si esa libertad era un hecho cumplido para la consciencia obrera; y la idea de que, tal como la autoridad moral y poltica de la clase obrera se basaba en el conocimiento profundo, en la propiedad moral de los medios de produccin y de la operacin que los haca productivos, el lugar donde la libertad potencial se experimentaba a s misma, se actuaba como ya efectiva, era la operacin del discurso, la construccin, el encaje compartido de un dispositivo de libertad comn.
Si podemos esperar, a travs de una nueva idea de reenactment, que ese pasado pueda ser imaginado como an presente mediante la operacin del discurso, es porque en su tiempo fue, mediante la misma operacin discursiva, un futuro imaginado como ya presente.
Hace aproximadamente un ao, el artista Jordi Colomer me propuso presentar una pieza en el marco de una exposicin que estaba realizando en el Frac Basse Normandie, en Caen. En esa poca yo estaba escribiendo una pieza para una intrprete y pblico en la que una y otros mantenan un dilogo que desconocan previamente. Ese dilogo era la recreacin histrica de las asambleas de Numax, a la manera de las recreaciones. A diferencia de las recreaciones histricas de las grandes batallas o el famoso reenactment de la Batalla de Orgreave de Jeremy Deller aqu, en lugar de recrear los movimientos de los protagonistas, se recreaban sus palabras, que en verdad eran la verdadera accin de la ocupacin de la fbrica, el nico acto que polticamente tena sentido que forzramos a repetir al pblico que iba a venir a ver una performance.
Meses ms tarde, la crisis que asola el Sur de Europa nos reenviaba situaciones como la que nosotros habamos reproducido en el museo en fbricas de toda Espaa. Trabajadores expulsados por el sistema que intentaban tomar el destino en sus manos a la manera de los de Numax. En Noviembre del 2013 el cierre de Fagor, una fbrica de electrodomsticos como Numax, hace que vayamos a Mondragn para invitar a los obreros y obreras despedidos a realizar un reenactment de Numax. Los trabajadores aprovechan nuestra convocatoria para organizar una asamblea improvisada que recogemos con las cmaras tal como hiciera en su da Joaquim Jord. Aunque es la mayor asamblea realizada desde el cierre, apenas hay 80 trabajadores de los 1800 despedidos 3 meses antes.
Al volver a Barcelona, decidimos invitar a los antiguos trabajadores de Numax a realizar el reenactment de las asambleas que haban celebrado ellos mismos 35 aos antes y a ser testigos de la asamblea de los trabajadores de Fagor que acabamos de filmar. Algunos de los extrabajadores de Numax han muerto, otros prefieren no rememorar aquella poca o, sencillamente, son ya demasiado mayores o viven demasiado lejos como para aceptar al invitacin. De todas maneras, el grupo sigue estando muy cohesionado y acaban por venir una veintena.
Tanto en la experiencia con los extrabajadores de Fagor como con los de Numax la mise en abme que provoca el proyecto nos enfrenta a una traicin. Nadie se reconoce en las palabras de su antecesor. Los de Fagor no se reconocen en las palabras de los de Numax. Los antiguos trabajadores de Numax no se reconocen en las palabras de los de Fagor. Ni tan siquiera se reconocen en sus propias palabras de hace 35 aos. La pelcula de Jord los ha convertido en hroes, son los protagonistas de un conjunto escultrico de una pica muy singular y es muy difcil reconocerse en un hroe si no se est un poco loco. Sin embargo todas esas palabras, las de Numax, las de Fagor y las de la charla que mantuvimos tras el encuentro con los extrabajadores de Numax, siguen hoy resonando poderosamente. Circulan, las hacemos circular, pero nunca llegan a encarnarse donde se las espera.
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