Belén
unread,May 5, 2012, 7:56:54 PM5/5/12Sign in to reply to author
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to filosofia de la ciencia
Mas sobre Imre Lakatos que quiero compartir con ustedes:
Lakatos examina las debilidades del falsacionismo contrastando su
lógica interna con la posible confirmación empírica que podría
apoyarlo; dicho examen lo conduce a formular un meta criterio que guíe
la evaluación del falsacionismo, manteniendo, para este propósito, una
estricta observancia del criterio popperiano de la demarcación. El
meta criterio consiste, entonces, en la auto aplicación cuasi empírica
del criterio demarca torio falsacionista, en virtud del cual el
racionalismo crítico distinguía la ciencia de la pseudociencia; y
éste será cuasi-empírico porque el material observable y las
respectivas instancias refutadoras son provistas por la contrastación
historiografía en relación al proceder de la comunidad científica
respecto de las teorías tipificadas de inconsistentes (se imputa
inconsistencia a una teoría cuando entra en contradicción con un
enunciado básico y empíricamente crucial, aceptado por la comunidad
científica como legitimo falseador de aquella).
Esto significa que los enunciados que operarán como instancias de
falsación se refieren a juicios de la comunidad científica, emitidos a
modo de evaluaciones referidas a eventos ocurridos en el seno de las
teorías declaradas inconsistentes; en tal perspectiva dichos juicios
adquieren la categoría de enunciados básicos de segundo orden que
técnicamente se catalogan como evaluaciones básicas. Armado del
referido meta criterio Lakatos exigirá al falsacionismo que defina sus
instancias falseadoras; es decir: demanda que enuncie explícitamente
cuales serían las consecuencias empíricas que su teoría sería incapaz
de resistir y cuya conjeturable presencia le obligaría a abandonar su
criterio de demarcación.
Lakatos reflexiona sobre cuales podrían ser esas instancias que
Popper, contraviniendo su metodología, no precisó. Sin embargo,
considera un servicio de valor epistemológico dirimir el carácter
falseable de la teoría de la ciencia falsacionista, puesto que tal
condición es exigida -por el mismo Popper- para sostenerse dentro de
la racionalidad científica. Lakatos, intentando razonar como lo haría
su maestro y respetando sus premisas, infiere que: “...una teoría de
la racionalidad, o criterio de demarcación, ha de ser rechazada si es
inconsistente con un “juicio de valor” básico y aceptado por la elite
científica. Realmente esta regla metodológica (metafalsacionismo)
parece corresponder con la regla metodológica (falsacionismo) de
Popper, según la cual una teoría científica ha de ser rechazada si es
inconsistente con un enunciado básico (“empírico”) unánimemente
aceptado por la comunidad científica. Toda la metodología de Popper
reposa sobre la afirmación de que existen enunciados (relativamente)
singulares sobre cuyos valores de verdad los científicos pueden
alcanzar un acuerdo unánime: sin tal acuerdo se crearía una nueva
Babel y el soberbio edificio de la ciencias pronto se convertiría en
ruinas”.
Obviamente, al extender el criterio falsacionista a un segundo nivel
metafalsacionista (que ahora se requiere para poder someter a
falsación al falsacionismo) se necesitan acuerdos de la comunidad
científica que van más allá de la elemental legitimación de los
enunciados básicos (cuyo referente es empírico) y que confrontarían a
las teorías en calidad de potenciales falseadores; ahora, es menester
un acuerdo más complejo relacionado con la forma de discernir la
legitimidad de las evaluaciones en uso respecto del progreso de la
ciencia. En dicha metaevaluación la epistemología se ocupará de
someter a escrutinio la racionalidad de los criterios de la
demarcación y de progreso científico, para lo cual debe operar en un
segundo nivel de contrastación fáctica que –como llevamos dicho- ya no
es directamente empírico sino sólo cuasi-empírico, esto es: su base
observacional se configura a partir de las evaluaciones de primer
grado de la comunidad científica, estimando por tales los acuerdos que
ésta ha adoptado frente a las teorías que presentaban anomalías.
De tal modo las instancias de falsación ya no serán los enunciados
básicos (propios del primer nivel empírico) sino que ahora son
reemplazados por la instancia cuasi empírica de la evaluación básica,
según, históricamente, ha sido ejecutada por la comunidad científica.
Luego, el metacriterio que postula Lakatos se enunciará así: “...sí un
criterio de demarcación es inconsistente con las evaluaciones básicas
de la elite científica, debe ser rechazado”.
En consecuencia, la metódica de la metafalsación será historiográfica,
porque lo que ahora corresponde hacer es revisar como han funcionado
de hecho las evaluaciones de la comunidad científica con relación a
las teorías que reunían méritos para ser falseadas y, por tanto,
debían ser repudiadas por la comunidad científica; en definitiva, en
eso consistirá la prueba básica cuasi-empírica que usará Lakatos en la
evaluación metafalsacionista del racionalismo crítico.
Ahora bien, si la evidencia histórica muestra que la manifiesta
insuficiencia de una teoría condujo a la comunidad científica a
declararla falseada y consiguientemente resultó excluida del corpus
del conocimiento científico, entonces sobre la base de esa evidencia-
debe estimarse que el postulado falsacionista de Popper ha sido
corroborado. Pero, si resulta que las teorías que reunían méritos para
rechazarse continúan vigentes (con el beneplácito de la comunidad
científica) y, algunas de ellas con el transcurso del tiempo, han
llegado –incluso- a ser valoradas como auténtico progreso; entonces,
de acuerdo a la confrontación con la evidencia cuasi-empírica todo
indica que debe decretarse la falsación del falsacionismo y,
paralelamente, su marginación de la racionalidad científica.
Lakatos sostiene que el resultado del examen historiográfico permite
confirmar que muchas evaluaciones efectuadas por la comunidad
científica valoraron como importantes progresos del conocimiento y la
investigación a programas científicos que presentaban severas
anomalías en sus fundamentos. Popper creía, ingenuamente, que los
grandes científicos están dispuestos a abandonar sus teorías si estas
son refutadas, pero esa creencia se debe a una concepción de la
ciencia fundada en un antihistoricismo militante que no corresponde al
desarrollo de la ciencia real y le impide a Popper- aceptar la
peculiar racionalidad de muchos de los aspectos más impresionantes del
crecimiento de la ciencia: “Popper desea reconstruir como racional
(según sus términos) la aceptación provisional de teorías, se ve
obligado a ignorar el hecho histórico de que las teorías más
importantes nacen refutadas y que algunas leyes son reelaboradas y no
rechazadas a pesar de los conocidos contra-ejemplos. Tiende a cerrar
los ojos ante todas las anomalías conocidas con anterioridad a aquella
que posteriormente es entronizada como experimento crucial”.
A juicio de Lakatos, en toda investigación científica se encuentran
anomalías que bajo el prisma falsacionista ingenuo serían consideradas
refutaciones incontrarrestables, pero la actitud del científico,
normalmente, es pasarlas por alto concentrándose en las posibilidades
que le ofrece la heurística positiva de su investigación, confiando en
que más adelante, a la luz de nuevos descubrimientos, las
incongruencias se aclararan.
Juzgada desde el falsacionismo popperiano esta manera de actuar es una
estrategia censurable, pero, no obstante, es la actitud que la mayoría
de los científicos adoptan frente a las dificultades que les presenta
la investigación y, además, es una practica tácitamente aceptada por
la comunidad científica. Así, ha ocurrido que programas de
investigación que han llegado a ser exitosos progresaron a través de
un océano de anomalías y sobrevivieron recurriendo a hipótesis ad hoc,
hasta que –finalmente- lograron encontrarse con la esquiva fertilidad
heurística.
Por eso, aceptando la evidencia histórica, tenemos que reconocer: a)
en sus evaluaciones la comunidad científica no se ciñe a las
instrucciones metodológicas falsacionistas y, en consecuencia, el
progreso de la ciencia no es fiduciario de la lógica falsacionista; b)
la presencia de anomalías (potenciales instancias refutadoras) no es
argumento suficiente para excluir una teoría declarándola seudo
científica; c) la heurística positiva de una teoría puede tardar en
tomar fuerza y producir anticipaciones cruciales, d) la corroboración
empírica de las anticipaciones teóricas puede demorarse en presentarse
y, además, nunca es concluyente.
El epistemólogo ilustra sus afirmaciones con abundantes estudios de
casos, además de los ejemplos aportados por Khun y Feyerabend en este
mismo sentido, con quienes sostuvo permanente diálogo y debate. A raíz
de estas comprobaciones -concluye Lakatos- que es menester construir
un modelo de evaluación de la ciencia que sea compatible con la
ciencia real, en tanto: ”... los criterios científicos utópicos, o
bien crean exposiciones falsas e hipócritas de la perfección
científica o alimentan el punto de vista de que las teorías
científicas no son sino meras creencias enraizadas en intereses
inconfesables”.
A la par, se desprende de esta constatación que debe elaborarse un
modelo de ciencia que: a) sea congruente con la practica real de los
científicos reales; b) ofrezca una solución -racionalmente coherente-
al problema de discernir las cláusulas exigibles a una teoría
científica y cuando le es imputable la condición de pseudociencia; c)
determinar al menos aproximadamente- de qué modo se puede establecer,
al interior de la ciencia, que una teoría es mejor que otra.