| CONSTRUCTIVISMO El término "constructivismo" ha sido empleado en campos tan distintos como la Teoría de la ciencia, la Teoría estética y la Filosofía moral. Se denominan "constructivistas" tanto a A.Rodchenko y L. Popova, que pertenecieron a las vanguardias artísticas de comienzos de siglo, como a matemáticos, Gödel, Brouwer y Kolmogorov, y a los partidarios de una modalidad no naturalista de Filosofía práctica, como P. Lorenzen y O.Schwemmer. El mismo J. Rawls se ha referido al "constructivismo kantiano" para marcar las distancias con respecto quienes aceptan la tesis de un orden moral preexistente. Por diferentes que hayan sido los usos del Constructivismo - formalismo estético, metodología y cognitivismo moral - es posible señalar, sin embargo, algunos elementos comunes: (a) la prioridad de los procedimientos y de las reglas, la idea de que la acción tiene consecuencias fácticas y, por eso, es anterior a los hechos, (b) la fundamentación metódica y normativa, con resultados distintos en el Arte, las Matemáticas, la Moral, que, sin embargo, refuerza el formalismo de las teorías, (c) una tesis fuerte: el conocimiento accede básicamente a aquellas entidades que los agentes han construido o son capaces de construir. En términos generales, el Constructivismo presenta los hechos como resultado de alguna actividad y considera que el lenguaje ordinario ha de ser reemplazado por otro tipo de lenguaje, más riguroso y menos ambiguo. En Teoría de la ciencia y en Filosofía moral, "Constructivismo" se refiere a un programa de pensamiento metódico que ha desarrollado la Escuela de Erlangen. A medio camino entre el Racionalismo crítico y la Teoría crítica, autores como P. Lorenzen, O. Schwemmer, F. Kambartel, W. Kamlah, K. Lorenz, J. Mittelstrass, P. Janich, C.F.Gethmann, Ch. Thiel critican, tanto el déficit pragmático de la Teoría analítica como la deficiente terminología de la Escuela de Frankfurt. El Constructivismo de Erlangen presenta un tipo de teoría no naturalista, en la cual el lenguaje establecerá las condiciones de todo discurso racional. A su vez, la racionalidad dependerá de un procedimiento, capaz de asegurar un nuevo comienzo: el "pensamiento metódico" es disciplina del pensar y del lenguaje. El nuevo rigor del procedimiento recuerda bastante las tesis de O.Neurath sobre los lenguajes modelos, con items bien definidos desde un núcleo de términos que sirven para avanzar paso a paso en el conocimiento. Sin embargo, la propedéutica lógica del Constructivismo no pretende establecer tan sólo un lenguaje riguroso, puesto que considera también los aspectos prácticos, todo lo que sucede en el nivel de la acción y la deliberación práctica. Por eso pretende definir normas del habla racional, para asegurar el entendimiento y la cooperación entre los agentes.Incluso el lenguaje básico tiene contenido, no todo es sintaxis lógica. Lo cual no impide que, como pensamiento metódico, trate de definir un lenguaje riguroso y básico que establezca las condiciones generales de posibilidad para el conocimiento científico y para la Filosofía. Las nuevas reglas del método sirven ante todo para definir los pasos de un argumento o de un diálogo, entre agentes que sopesan las razones a favor y las razones en contra de determinadas proposiciones. Los agentes tendrán motivos y demandas subjetivas, pero terminarán por acatar ciertas reglas compartidas, para facilitar el entendimiento mutuo. Por eso mismo, porque están deliberando sobre cuestiones que les atañen, querrán evitar las contingencias del lenguaje natural. Entonces habrán de construir argumentos racionales, para articular sus intereses y opiniones, por dispares que éstos sean. Así entra en escena el lenguaje básico, construido paso a paso y como base de acuerdo para tratar problemas de todos los campos y disciplinas. Ese nuevo lenguaje sirve también de puente entre teorías científicas y teorías filosóficas. El vocabulario básico es, por tanto, tanto el instrumento como el resultado óptimo de una investigación interdisciplinar o de un "saber infradisciplinar". Por todo ello, en el Constructivismo la Filosofía se define como "protociencia" o como investigación crítica de los fundamentos. Su función consiste principalmente en reconstruir aspectos básicos para el conocimiento y para la acción: (1) mediante fundamentos pragmáticos, (2) un tipo de argumentación rigurosa, (3) un uso racional del lenguaje . (1) El Constructivismo retoma algunas de las preguntas que se había planteado la Filosofía moderna, como, por ejemplo, ¿qué significa filosofar? Si la actividad filosófica se define como actividad racional, primará la reflexión y la actividad crítica, pero entonces no tiene un lugar propio ni pertenece a ninguna ciencia en particular. A cambio, la Filosofía como crítica satisface una exigencia fundamental del pensamiento moderno: la racionalidad implica un tipo de práctica. Por lo tanto, Filosofía de la ciencia, Teoría del conocimiento y Filosofía moral ensanchan el campo de la Lógica y de las Matemáticas. Pero sólo la Etica logra definir un programa completo de fundamentación metódica y práctica. El Constructivismo rechaza, por tanto, la separación sistemática entre fundamentos teóricos y fundamentos prácticos, entre reglas y validez de las reglas. Porque entiende que toda cultura es práctica, desde el momento en que fue creada por agentes con capacidad para deliberar y para cambiar el curso de los acontecimientos. El método es ya un tipo de práctica, a pesar de que durante siglos el "método" haya sido definido de forma reducida, como "método axiomático". No es realmente así, ya que la cultura, no sólo la ciencia, ha estado guiada de forma expresa o no expresa por algún tipo de procedimiento. (2) El pensamiento metódico acentúa esa idea de acción siempre guiada por reglas. El procedimiento aparenta ser bastante complejo, pero, al final, debe ser accesible para todos los agentes racionales. Puesto que sirve para organizar la deliberación y la acción, este método ayuda a recuperar la unidad entre el pensamiento y la vida. Por lo tanto, la argumentación racional desempeña un papel central en esa síntesis entre lo teórico y lo práctico. En realidad, las normas ayudan a discutir sobre algo que es o ha sido importante en la vida de los agentes, puesto que forma parte de sus intereses y de sus preocupaciones vitales. Por este motivo, porque en el fondo están las cuestiones prácticas, el procedimiento ha de avanzar sólo paso a paso, con la ayuda de un lenguaje básico, que evite los elementos más ambiguos y los malentendidos. Este, el lenguaje básico resulta útil precisamente cuando los agentes discuten sobre los medios adecuados para conseguir determinados fines o cuando tratan de fijar las reglas para la argumentación sobre sus problemas. El Constructivismo enfatiza esa necesidad de una base común y de un vocabulario claro para argumentar de forma correcta. Esto implica lo siguiente: al comienzo habrá que introducir predicados según reglas (termini ), partículas que sirvan para unir enunciados (particulas lógicas), nuevos predicados (definiciones). Es decir, el procedimiento creará una base de sentencias elementales. En las sentencias no elementales habrá también reglas para organizar el diálogo entre proponente y oponente: el proceso argumentativo se inicia cuando el proponente introduce una tesis (regla de inicio), cada participante puede atacar la sentencia de otro o defenderse de un ataque (regla general ) y, si el oponente no consigue defender su propuesta, ganará el proponente (regla ganadora ). Por tanto, sólo se considerará "verdadera" aquella proposición que no puede ser refutada en el transcurso de procedimiento argumentativo. El resultado es una versión dialógica de la verdad: aunque el juego dialógico es sólo un procedimiento, es también un instrumento para investigar los diálogos reales y para determinar que algo era verdadero o falso. Según P.Lorenzen, "construir" no significa tan sólo llegar hasta convenciones sintácticas, sino que implica la validez de las normas. (3) La Filosofía como investigación crítica enseña los procedimientos para argumentar racionalmente. Aprendemos y enseñamos a argumentar por un doble motivo, teórico y práctico, como ya se ha indicado. Para que la vida siga al pensamiento, y para que la razón conserve su fuerza normativa. Los procedimientos de los que está hablando el Constructivismo invitan, por tanto, a renunciar provisionalmente a las rutinas lingüísticas, en beneficio de un mayor rigor y, por eso mismo, en beneficio de la mejor consecución de los objetivos que interesan a los agentes. Con estos objetivos de fondo, la Filosofía trata de identificar una base común, más rigurosa, para la deliberación teórica y práctica. Lejos, pues, de las ilusiones racionalistas sobre el alcance de un principio metódico sin relevancia práctica, el Constructivismo propone un uso razonable de reglas de la argumentación, en beneficio de la solución de problemas reales. Los argumentos no llevan a certezas absolutas, sin embargo, sino a una reflexión normativa sobre los fines y los procedimientos. El lenguaje es el instrumento, y el principal obstáculo para conseguirlo. Por ello, porque se trata de evitar las imprecisiones del lenguaje ordinario, habrá que enseñar metódicamente un lenguaje ideal, el "ortolenguaje". Este resulta mucho más reflexivo que el "paralenguaje" , que es el lenguaje de las necesidades, aquel que describe bien las situaciones, pero que no ha sido introducido de forma metódica. Los términos ortolinguísticos, introducidos en modo apropiado, pueden reemplazar a los conceptos ordinarios, aportando mayor claridad a los problemas filosóficos, teóricos y prácticos. En suma, la construcción racional del lenguaje toma muy en serio la metáfora procedente de Foundations of the Unity of Science de O. Neurath. El trabajo sobre los procedimientos, sobre los argumentos, sobre la metodología, se parece bastante a la actividad de aquellos marineros que se encontraban en alta mar: con la vieja estructura, a sabiendas de que no llegarán a puerto, tienen que fabricar una nueva estructura. En la obra de P. Lorenzen, el lenguaje, con sus reglas, es como ese barco que ha de ser reparado en alta mar. Pero como siempre hay un lenguaje natural, funcionando como metalenguaje, ¿cómo alcanzar la certeza metódica sin recurrir a un lenguaje real? La respuesta es la siguiente: haciendo como "como si" no existiera el barco, exactamente igual a como lo haría el naufrago que ha de construir su balsa o su barco en mar abierto. Los predicados funcionan en modo análogo a las tablas salvadas del naufragio, paso a paso van mejorando nuestro principal instrumento para conocer de acuerdo a las reglas de la racionalidad. Es decir, determinadas reglas sirven para asegurar metódicamente el uso de los predicados. Reglas, partículas lógicas, paso a paso, irán forjando una sintaxis del habla racional. Mediante ésta, lograremos distinguir el lenguaje ordinario y el lenguaje que desearíamos hablar, un lenguaje crítico, introducido metódicamente. Este procedimentalismo de la Escuela de Erlangen tiene antecedentes en la Filosofía de Platon, de Descartes, de Kant. El antecedente más cercano está en el orden metódico de H. Dingler, a pesar de que su actitud política en la Alemania de los años treinta nada tiene que ver con la posición defendida por P.Lorenzen y O.Schwmmer. H.Dingler abogaba por un "idealismo pragmático" y por un cartesianismo que fuese operativo en Filosofía. Es decir, la reflexión como lucha contra el caos de las dudas. Filosofía es Teoría de la Ciencia y, en segundo lugar, "fundamentación plena". Fundamentar significa que las Ciencias exactas han de cumplir también los objetivos de la acción humana. Lo más importante es reconocer que la voluntad desempeña un papel relevante en el campo del conocimiento, pues todo conocimiento es también una forma de actividad. Por eso, la "vida conceptual" logrará una síntesis entre el hecho primario de la voluntad y la percepción "real" de las cosas. Pues sólo la praxis conecta lo teórico con lo empírico, lo subjetivo con lo objetivo. Hacia finales de los años sesenta, la Escuela de Erlangen corrige este enfoque monológico de Dingler mediante los procedimientos dialógicos o el denominado "principio de transubjetividad ". La transubjetividad pretende evitar que las opiniones e intereses individuales limiten el potencial intersubjetivo de la argumentación teórica y práctica. P. Lorenzen justificaba el tratamiento constructivo, paso a paso y sin circularidad, del siguiente modo: "La argumentación científica (en la que se trata de la verdad de opiniones) y el argumentar racional (en el que se trata de la prescripción de una voluntad) son también objeto de un arte: se ha de aprender como se debe argumentar. Se han de elaborar normas (reglas) de la argumentación racional" (Konstruktive Wissenschaftstheorie). Este sistema de conceptos fundamentales responde, en realidad, al programa de la Ilustración, pues vuelve a ocuparse de los juicios de valor y de la justificación de los sistemas normativos dentro de un esquema rigurosamente cognitivo. El Constructivismo asume los imperativos del pensamiento ilustrado, tal como la confianza en la investigación científica, la secularización, la necesidad de reformas políticas, etc. Demuestra así que el Circulo de Viena y el Positivismo habían explorado tan sólo una parte del programa de la Ilustración. Por eso, el Constructivismo defiende la tesis de que el pensar metódico es, ante todo, un "pensar práctico". El principio de transubjetividad es el trasunto de los procedimientos dialógicos en Lógica, puesto que la estrategia vencedora en un diálogo práctico determinará si una tesis es o no es defendible, para la teoría y para la acción. El Constructivismo amplia de esta manera los procedimientos de la razón teórica hacia el campo de lo moral y de lo político, por considerar que es posible una argumentación práctica metódica. Justificar normas quiere decir dar argumentos de acuerdo con metanormas. La "verdad" implica que es posible la justificación de las normas. Al discutir sobre asuntos prácticos, formulamos una consulta práctica, hacemos propuestas de acción, construimos argumentos, alcanzamos un acuerdo entre aquellos agentes que se verán afectados por las normas. Por tanto, el razonamiento práctico ha de incluir también algún tipo de procedimiento, avanzando paso a paso, sin circularidad, atendiendo a la construcción terminológica, elaborando argumentaciones a favor y en contra con objeto de concluir en la justificación de las normas. De un modo análogo a lo que ocurre en la razón teórica. Según O.Schwemmer, hay tres niveles de justificación práctica, (1) La finalidad de las acciones, (2) Imperativos generalizables, una vez que han sido aceptadas las normas, (3) Universalización de un sistema de fines, que sea válido para todos y que defina lo moralmente correcto. Por lo tanto, el objetivo general del procedimiento no es otro que la justificación normativa. A su vez, las normas son demandas o requerimientos, que no dependen tan sólo de la voluntad o decisión de un agente, sino que aparecen como el resultado de otras demandas complementarias (transubjetividad). Es cierto, el discurso práctico no contiene verdades empíricas. Pero recoge los resultados del principio de transubjetividad, ese momento en el cual los agentes han logrado por fin trascender los deseos y las necesidades que no eran esenciales El principio transubjetivo es también un principio moral (Moralprinzip ), ya que define de forma interna, autónoma, el nivel superior según el cual evaluamos las acciones, sin el apoyo de datos externos a la misma moralidad. Es decir, sin el respaldo de una conciencia universal o de un hecho de razón (Faktum der Vernunft ). La primacía de la racionalidad, que es uno de los legados de la Ilustración, ha sido, pues, incluido en la reconstrucción de la Filosofía práctica de la Escuela de Erlangen. La razón mantiene su capacidad para orientar la deliberación y las decisiones, como medio para poner entre paréntesis creencias, tradiciones, o concepciones del mundo todavía ancladas en esquemas premodernos y precientíficos. Ahora bien, aunque los métodos racionales tienen capacidad suficiente para hacer todo eso, incluso para formar la opinión y la voluntad, no son, nunca han sido un don natural. Esto ocurre también con los procedimientos de argumentación, que son un tipo de artificio o de construcción, aunque su origen se encuentre en algo tan próximo como el deseo de solucionar los problemas, de armonizar los intereses de los agentes, de actuar de forma cooperativa. La teoría ayuda a la práctica, en el sentido de que mejora la capacidad de análisis, por ejemplo distinguiendo entre la norma y el origen de la norma. La génesis fáctica se refiere a un sistema de necesidades reales. En cambio, la génesis normativa se refiere a un sistema de fines, que han de ser justificados de forma intersubjetiva, a través de argumentos racionales. Con esta doble perspectiva, lo fáctico y la validez, el pensamiento metódico introduce un modelo que sirve tanto para analizar las normas como para analizar los procesos y la dinámica de la acción. Por eso ha sido definido como un método "en espiral", por lo que se asemeja al método dialéctico, en su ir y venir desde lo fáctico hasta lo normativo, de las normas a su origen. P.Lorenzen definía este complejo y brillante procedimiento - para lo teórico y lo práctico, para normas y para hechos, para la acción individual y para la cooperación, para la Ciencia y la Filosofía - de la manera siguiente: "Nuestro esbozo de las reglas de una argumentación racional no ha sido otra cosa que el esbozo de una génesis normativa de los medios lingüísticos para la argumentación teórica y práctica". |
Por solipsismo se entiende la teoría filosófica que postula que la realidad externa sólo es comprensible a través del yo, ya que éste es la única realidad tangible, así como la imposibilidad de conocer la realidad objetiva, en caso de que ésta fuera real, de manera consistente.
Aún así no se puede decir que existe un sólo tipo de interpretación y definición de solipsismo, pero entre estas definiciones existen puntos de acuerdo.
Este tipo de razonamiento, que bien ha podido estar presente desde los comienzos del pensamiento autorreflexivo humano, tan indemostrable como difícil de refutar, podría haberse formulado explícitamente por primera vez como una variante extrema del relativismo de los sofistas, siendo superado por Platón gracias al postulado de las ideas trascendentes: "la fe platónica en las ideas trascendentes salvó a Grecia del solus ipse en que la hubiera encerrado la sofística. La razón humana es pensamiento genérico. Quien razona afirma la existencia de su prójimo, la necesidad del diálogo, la posible comunicación mental entre los hombres" (Antonio Machado. Juan de Mairena, XV, 1936).
El solipsismo adquirirá nuevas fuerzas como una variante extremosa del subjetivismo cartesiano con su hipótesis del genio maligno (Meditaciones metafísicas, 1641).
El Monólogo de Segismundo de la tragedia La vida es sueño (estrenada en 1635), de Calderón de la Barca refleja igualmente el pensamiento solipsista cuando el protagonista, Segismundo, encerrado desde que nació en una torre, se pregunta si es real el mundo que ve a través de la ventana y si esta vida en realidad no es más que un sueño.
En cualquier caso, el primer uso documentado del término aparece en el título de un texto de Giulio Clemente Scotti de 1645, un breve panegírico contra la Compañía de Jesús llamado "Monarchia solipsorum".1
Un experimento mental relacionado con la teoría del solipsismo, aunque en principio distinto, es la Teoría de los Cerebros en Cubetas de Jonathan Dancy y Hilary Putnam; es decir, la creencia de que el yo puede ser atrapado dentro de una realidad completamente desconocida, de manera que todo lo que uno piensa es ilusión. También el filósofo Horst Matthai Quelle trabajó principalmente con el concepto solipsista.
Ideas similares al solipsismo están presentes en parte de la filosofía oriental. El Taoísmo y distintas interpretaciones del Budismo, especialmente el Zen, enseñan que trazar una distinción entre el yo y el universo no tiene sentido y es arbitrario, y meramente un artefacto del lenguaje en lugar de una realidad inherente. Sin embargo, dichas filosofías podrían verse como contrarias al solipsismo, pues buscan más bien una anulación del yo. El mundo no es pues un sueño mío sino que yo soy un sueño del mundo. En el hinduismo, igualmente, se dice que "no somos más que el sueño de Brahma": en realidad no existimos, somos el sueño de un dios que está dormido.
Giovanni Gentile postuló una forma de solipsismo marcado por el sello de su Idealismo: mantenía que la visión propia de la realidad sólo existía en la medida en que se relaciona con el mundo íntimo de cada cual.
Hola!!debo hacer una corrección importantísima:NO SOLO EXISTEN 3 MANERAS DE VER AL MUNDO, EN REALIDAD SON MUCHAS, así como la compañera Belén lo muestra.
Mi confusión surgió debido a que en clase sólo tratamos 3 de ellas: realismo, idealismo y constructivismo. Sin embargo son muchas.
En la filosofía moderna el término realismo se aplica a la doctrina que manifiesta que los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido. En este sentido, es contrario al idealismo de filósofos como George Berkeley o Immanuel Kant. En su forma extrema, llamado a veces realismo ingenuo, se piensa que las cosas percibidas por los sentidos son en rigor lo que parecen ser. En versiones más complejas, a veces denominadas como realismo crítico, se da alguna explicación de la relación entre el objeto y el observador que tiene en cuenta la posibilidad de que tengan lugar ilusiones, alucinaciones y otros errores de la percepción.
En la filosofía medieval, el término realismo hacía referencia a una posición que consideraba las formas platónicas, o conceptos universales, como reales. Esta posición se llama ahora realismo platónico. En la filosofía de Platón, un nombre común, como cama, se refiere a la naturaleza ideal del objeto, sugerida por su definición, y esta naturaleza ideal tiene una existencia metafísica independiente de los objetos particulares de esta clase. Así, la circularidad existe aparte de los círculos particulares, la justicia, independientemente de los individuos o Estados justos particulares, y la idea de cama, independientemente de las camas particulares. En la Edad Media, esta posición fue defendida frente el nominalismo, que negaba la existencia de tales universales. Los nominalistas afirmaban que los muchos objetos llamados por un único nombre no comparten nada sino sólo dicho nombre. El término medio entre estas dos posiciones incluía el realismo moderado, que afirmaba que los universales existen en los objetos del mismo tipo pero no independientes de ellos, y el conceptualismo, que mantenía que los universales podrían existir con independencia de los objetos de un tipo particular, pero sólo como una idea de la mente, no como una entidad metafísica que existe en sí misma.
El término realismo, interpretado con facilidad en su aplicación a la filosofía, no es la defensa de un mundo natural, ni la oposición al idealismo (el opuesto de éste sería, en todo caso, el empirismo), ni siquiera está ligado de forma directa o explícita con la verdad. Las tesis fundamentales de todo realismo se pueden enunciar como sigue:
La razón por la que el término realismo se aplica a corrientes filosóficas muy diferentes entre sí, es la naturaleza del objeto. Puede ser material, pero también un objeto espiritual, una creación matemática, una idea, una teoría científica etc.
Análogamente, las posturas no realistas defienden que el objeto sólo existe en nuestra mente, o bien que ni siquiera tiene sentido hablar de que dicho objeto exista. Como posturas no realistas en algún sentido dado encontramos los idealismos, el instrumentalismo, el nominalismo, etc.
Los pintores hacen su autorretrato de dos maneras: una, la menos profunda, pintando su cara; otra, la más valiosa, pintando un árbol, unos caballos, la destrucción de Sodoma y Gomorra. Un árbol de Van Gogh no es un árbol de Millet, aunque los dos hayan tomado el mismo modelo. Pintar o relatar algo “tal como es” es el alegre propósito de artistas que se han titulado “realistas.” Pero los artistas no se dividen en aquellos que la transcriben tal como es y los que la transcriben tal como la ven: todos sin excepción pertenecen a esta segunda categoría: todos dan de la realidad externa una versión subjetiva y estrictamente personal. Es tarea fácil mostrar cómo hasta en los más encarnizados partidarios del retrato fiel se da un documento de su visión del mundo y de sus prejuicios cuando creen hondamente estar dando un documento estrictamente objetivo.
Estos realistas ingenuos parten del principio de que fuera del yo hay un mundo que puede ser descrito independientemente de nuestras limitaciones y características personales. Pero si eso es cierto hasta cierto punto para un pentágono o para un mineral, no lo es de ningún modo para un paisaje. En estos casos, la realidad no está únicamente fuera sino también dentro del observador, y en rigor la realidad está constituida por una trama objeto-sujeto que no puede ser escindida. El mundo de la pintura, por ejemplo, es el mundo de los colores y los colores no existen en la naturaleza; fuera de nosotros hay quizás ciertos corpúsculos que viajan a una velocidad fantástica, guiados por ondas-pilotos de naturaleza matemática. Como dice Whitehead, la naturaleza es una triste cosa, sin colores ni sonidos ni fragancias; todos esos atributos son puramente humanos. Radical pero inevitablemente (pero, ¿por qué evitarlo?) nuestra visión del mundo es subjetiva, y cada uno de nosotros está creando colores y músicas, groseros o delicados, complejos o simples, según nuestra sensibilidad, nuestra imaginación y nuestro talento.