Belén
unread,May 5, 2012, 9:57:50 PM5/5/12Sign in to reply to author
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to filosofia de la ciencia
El Razonamiento Inductivo y la Ciencia
Una opinión que en apariencia es de sentido común, a la vez que es
compartida por muchos investigadores consiste en asumir que el
conocimiento científico es conocimiento probado. En otras palabras,
las teorías científicas se derivarían, de algún modo, pero
rigurosamente, de los hechos de la experiencia adquiridos mediante la
observación y la experimentación.
La ciencia se basaría pues en lo que podemos ver, oír, tocar, etc. Las
opiniones y preferencias personales y las imaginaciones especulativas
no tendrían cabida en la actividad científica. La ciencia es objetiva.
El conocimiento científico es conocimiento fiable porque es
conocimiento objetivamente probado. Esta perspectiva es la que en la
época actual parece ser la opinión popular más compartida de lo que es
el conocimiento científico, tanto entre los investigadores como entre
los profanos en la materia. ¿Es así? ¡Pues va a ser que no! Se trata
de una escuela obsoleta e ingenua.
Esta concepción de la ciencia se hizo popular durante, y como
consecuencia, de la revolución científica que tuvo lugar
fundamentalmente en el siglo XVII y que fue llevada a cabo por los
grandes mitos actuales de la ciencia, como Galileo y Newton. Tanto el
filósofo Francis Bacon, como muchos de sus contemporáneos resumían así
su la actitud, estimulados por los éxitos de «grandes
experimentadores» como Galileo. La concepción inductivista ingenua de
la ciencia, puede ser considerada como un intento de formalizar esta
imagen popular de la ciencia. Se suele denominar inductivista porque
se basa en un razonamiento inductivo Sin embargo la mayor parte de los
filósofos y sociólogos de la ciencia consideran que es totalmente
errónea, e incluso es peligrosamente engañosa. El adjetivo «ingenuo»
es el adecuado para describir a muchos inductivistas, de acuerdo con
Chalmers (1984). Personalmente, como otros muchos, también mantengo
tal aserción. Pero vayamos por partes.
Según el inductivista ingenuo, la ciencia comienza con la observación.
El observador científico debe registrar con sus órganos sensoriales (o
expandidos por la instrumentación), de un modo fidedigno, todo lo que
pueda sobre su objeto de estudio y debe hacerlo con una mente libre
de prejuicios (pero, ¿realmente existe una mente humana libre de estos
últimos?).
Los enunciados a los que se llega de este modo (los llamaremos
enunciados observacionales o singulares) formarían pues, la base de la
que se derivan las leyes y teorías que constituyen el conocimiento
científico. La verdad de estos enunciados se ha de establecer mediante
una cuidadosa observación. Los enunciados singulares, a diferencia de
un segundo grupo ellos que veremos en breve, se refieren a un
determinado acontecimiento o estado de cosas en un lugar y momento
concretos. Las conclusiones directas así obtenidas constituirían los
denominados “enunciados generales” que expresan afirmaciones acerca de
las propiedades o el comportamiento de algún aspecto del universo. A
diferencia de los enunciados singulares, se refieren a todos los
acontecimientos de un determinado tipo en todos los lugares y en todos
los tiempos. Todas las leyes y teorías que constituyen el conocimiento
científico consistirían en afirmaciones generales de tal guisa, y
deberían ser considerados enunciados universales.
Ahora bien, si la ciencia se basa en la experiencia, entonces ¿por qué
medios se pueden obtener de los enunciados singulares, que resultan de
la observación, los denominados generales que constituyen el
conocimiento científico? ¿Cómo se pueden justificar las afirmaciones
generales y no restringidas que constituyen nuestras teorías, en base
a evidencias limitadas constituidas por un número más o menos
reducido de enunciados observacionales?
La respuesta inductivista consiste en alegar que, suponiendo que se
den ciertas condiciones, es lícito generalizar una ley universal, a
partir de una lista finita de enunciados observacionales singulares,.
Las condiciones que deben satisfacer tales generalizaciones para que
el inductivista las considere lícitas se pueden enumerar así (de
acuerdo con Chalmers):
• el número de enunciados observacionales que constituyan la base de
una generalización debe ser grande
• las observaciones deben repetirse en una amplia variedad de
condiciones, y
• ningún enunciado observacional aceptado debe entrar en contradicción
con la ley universal derivada.
La primera condición exige la necesidad de tomar una gran cantidad de
observaciones antes de que se pueda justificar cualquier
generalización. El inductivista insiste en que no debernos sacar
conclusiones precipitadas. La segunda condición resulta ser obvia, por
cuanto pretende garantizar la generalización de la conclusión,
mientras la tercera es trivial.
El tipo de razonamiento analizado, que nos lleva de una lista finita
de enunciados singulares a la justificación de un enunciado universal,
que nos conduce de una muestra a la población (“el todo”), se denomina
razonamiento inductivo y el proceso se denomina inducción. Podríamos
resumir la postura inductivista ingenua diciendo que, según ella, la
ciencia se basa en el principio de inducción, que podemos expresar
así:
Si en una amplia variedad de condiciones se observa una gran cantidad
de A, y si todos los A observados atesoran “sin excepción” la
propiedad B, entonces todos los A tienen la propiedad B
Así pues, según el inductivista ingenuo el conjunto del conocimiento
científico se construye mediante la inducción a partir de la base
segura que proporciona la observación. A medida que aumenta el número
de hechos establecidos mediante la observación y la experimentación, a
la par que se hagan más refinados y esotéricos los hechos (debido a
las continuas mejoras de las técnicas experimentales y
observacionales, un número creciente de leyes y teorías, lograrán
atesorar una mayor generalidad y alcance, a través del cuidadoso
razonamiento inductivo.