SÍNDROME DEL OPÉRCULO
TORÁCICO
Dr. Jairo Alonso Rendón Giraldo.
Especialista en Medicina Interna y Cardiología
Profesor de la Universidad
Pontificia Bolivariana
El síndrome del opérculo torácico (SOT) es una situación común, reconocida desde el punto de vista diagnóstico en pocas oportunidades, debido a la variedad de manifestaciones y a la inexistencia de una prueba definitiva para el diagnóstico. EL SOT ocurre predominantemente en adultos jóvenes y es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres.
Conceptualmente el síndrome del opérculo torácico lo constituye un complejo de síntomas causados por la compresión del plexo braquial o de la arteria o vena axilar o braquial a la salida del tórax. El cuadro clínico es muy variable dependiendo de la parte del plexo braquial comprometido y la extensión del compromiso vascular. En el 98% de los casos los síntomas son neurológicos, el 15% puede tener componente arterial y sólo el 1.5% tienen compromiso venoso, el cual, en la mayoría de los casos se evidencia como trombosis venosa subclavia o axilar.
La etiología del SOT
neurológico es una combinación de trauma de cuello agudo o crónico y
predisposición anatómica, siendo los más frecuentes los traumas secundarios a
accidentes automovilísticos.
CUADRO CLÍNICO
La sintomatología varía según el compromiso presente, muchos de estos pacientes pueden presentar dolor precordial de manera aguda o crónica. La sintomatología más fácilmente reconocible es la de origen vascular. La arterial consiste en frialdad, palidez y claudicación del brazo con el ejercicio. La obstrucción venosa produce edema, sudoración, cianosis y malestar, que se incrementa con el ejercicio. El síndrome del opérculo torácico por compromiso del plexo braquial es el más frecuente y se divide en:
A.- Superior: Por compromiso de las raíces C5-C7.
B.- Inferior: Por compromiso
C8-T1.
El superior puede presentar dolor en el cuello, en el lado ipsilateral, irradiado a oído, mandíbula, temporal y occipital. El dolor puede irradiarse a región romboidea, de manera posterior y anteriormente la región clavícula y pectoral, y lateralmente al deltoides y el trapecio y el brazo.
Usualmente el paciente con SOT inferior se presenta con malestar variable en el área anterior y posterior del hombro, irradiado al brazo en el área medial, el antebrazo y la mano. Las parestesias comprometen principalmente el IV y V dedos; puede comprometer la región anterior y posterior del cuello y además causar cefalea intensa. En algunos pacientes puede irradiarse a la región anterior y posterior de tórax, simulando una angina de pecho. Usualmente los síntomas se presentan durante o después del ejercicio, lo que ha más confuso el diagnóstico diferencial con los síndromes coronarios agudos.
Cualquiera de los síndromes neurológicos puede presentar frialdad subjetiva y palidez que pueden ser interpretados erróneamente como insuficiencia arterial. Los síntomas son leves e intermitentes, pero suelen presentar severidad progresiva, hasta comprometer las actividades diarias.
Los síntomas se sobreponen
de manera frecuente con los causados por otras patologías. Existe alta
incidencia de asociación entre el síndrome del opérculo torácico, la esofagitis
por reflujo y la enfermedad cardiovascular de tipo isquémica. Todas esas
situaciones manifiestan dolor precordial de diferentes intensidades, pero cuando
concomitan, crean cuadros clínicos verdaderamente dramáticos. En una serie se
demostró que en el grupo de pacientes con síndrome del opérculo torácico, el
34.5% tenía reflujo gastroesofágico y el 26% enfermedad coronaria, demostrada
angiográficamente. Por otra parte, de los pacientes operados por reflujo
gastroesofágico, en el 38% se encontró simultáneamente el síndrome del opérculo
torácico y enfermedad cardiovascular en el 39 %.
DIAGNÓSTICO
CLÍNICO.
El diagnóstico se basa en el cuadro clínico, una historia clínica minuciosa, un examen físico riguroso y la revisión de las consultas previas, para precisar cambios sutiles o drásticos en la trayectoria clínica del paciente. Los compromisos vasculares puros son fácilmente diagnosticados, pero son poco frecuentes.
No existe una única prueba que permita el diagnóstico certero. Las radiografías, la resonancia magnética nuclear y aun la EMG pueden no realizarlo.
Durante el examen físico se deben revisar ambas extremidades, segmento por segmento, valorando temperatura, color, sensibilidad, reflejos, puntos dolorosos e irradiación. Se debe buscar de manera activa la evidencia de espasmos musculares en cuello, pectorales, y región dorsal. La diferencia de PA de más de 20mm de Hg. entre ambos brazos, sugiere compresión de la arteria subclavia.
El test de Adson descrito en 1947, buscaba la obliteración del pulso radial durante la maniobra, persiste únicamente como interés histórico, debido al elevado número de falsos negativos y falsos positivos.
La prueba más confiable, es la prueba de estrés con elevación de los brazos, descrita por Ross, en la cual el paciente coloca los brazos en abducción de 90 grados y rotación externa, con los codos en el plano frontal. Se instruye al paciente para que abra y cierre las manos de manera lenta, por un periodo de 3 minutos. Normalmente debe presentar solo fatiga leve. La mayoría de los pacientes con síndrome del opérculo torácico no son capaces de terminar la prueba, por la reproducción de los síntomas de manera gradual, con dolor en el cuello y el hombro, que se extiende posteriormente a los brazos y aparecen parestesias en manos y dedos. Los pacientes con compromiso arterial presentan palidez y luego rubicundez al bajar los brazos, y los pacientes con compromiso venoso desarrollan cianosis.
Algunos pacientes con el
cuadro crónico pueden presentar elevación persistente de la creatin fosfokinasa
(CPK), lo cual puede llevar a confusión con un evento cardiovascular durante un
episodio agudo, pero la fracción MB y las troponinas realizarían la
diferenciación.
EXAMENES COMPLEMENTARIOS.
Aún con un examen físico cuidadoso, es difícil encontrar hallazgos claros, por lo cual se han desarrollado varias pruebas para tratar de orientar a los clínicos en su diagnóstico, entre otros, el bloqueo del escaleno anterior; este sólo es de utilidad en los pacientes que tienen comprometido este músculo. Las radiografías de columna cervical pueden evidenciar anormalidades traumáticas o congénitas. La clásica “costilla cervical” no tiene importancia en la mayoría de los pacientes, excepto en aquellos con síndrome del opérculo torácico de tipo familiar. En mujeres no es inusual encontrar 9 o 10 vértebras cervicales, lo cual predispone a la aparición de este síndrome.
La arteriografía solo está indicada en pacientes con soplos, sospecha de aneurisma y pacientes con diferencia de más de 20 mm de Hg entre las presiones de ambos brazos.
La venografía posicional está indicada en los pacientes con trombosis. Se deber realizar de manera bilateral, por la alta incidencia de anomalías contralaterales, y en caso de trombosis existe la posibilidad de realizar trombolisis selectiva. La MRI y la tomografía axial computarizada, pueden evidenciar otras causas de compresión, como tumores o anomalías congénitas, pero la posibilidad de valoración de anomalías específicas aún está en evaluación.
Los estudios
neurofisiológicos son de poca utilidad, se utilizan más para descartar otras
causas de los síntomas, pues la compresión neurológica usualmente es posicional
e intermitente. Estos estudios son con mayor frecuencia positivos en las fases
tardías de la enfermedad. Los exámenes vasculares no invasivos, como el doppler
arterial o venoso, son usualmente de poca utilidad, excepto para la confirmación
de trombosis venosa profunda.
TRATAMIENTO
No existe un manejo
claramente definido de los síndromes compresivos, varían mucho de médico a
médico, puede ir desde conductas expectantes con antinflamatorios, reposo,
fisioterapia, inyección de esteroides, hasta el manejo quirúrgico. Este último
está indicado en pacientes que no responden a la fisioterapia realizada de
manera adecuada por 3 a 6 meses e incapacidad para la realización de actividades
diarias.
Sumario
El síndrome del opérculo
torácico (SOT), es una patología frecuente, pero poco diagnosticada, puede
causar dolor torácico de difícil diferenciación con otras patologías. Su origen
es neurológico o vascular y puede presentarse de manera concomitante en un
porcentaje importante con el reflujo gastroesofágico y la enfermedad coronaria.
A pesar de los avances en la tecnología, el diagnóstico continúa siendo
inminentemente clínico.