J†A
JMJ
Pax
Aquél de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 1-11
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
se retiró al monte de los
Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde
la multitud se le
acercaba; y Él, sentado entre ellos, les enseñaba.
Entonces, los escribas y fariseos le llevaron a una mujer
sorprendida en
adulterio. Poniéndola frente a Él le preguntaron:
"Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio.
Moisés nos manda en la Ley apedrear estas mujeres.
¿Tú qué dices?"
Le preguntaron esto para ponerle una trampa y poder acusarlo.
Pero Jesús se agachó y se puso a escribir con el dedo en la
tierra.
Pero como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo:
"Aquel de
ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra".
Se agachó de nuevo y siguió escribiendo en la tierra. Al oír
aquellas
palabras,
los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro,
empezando por los más
viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que
estaba de pie junto a
Él.
Entonces Jesús se enderezó y le preguntó:
"Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?
¿Ninguno te ha condenado?"
Ella le contestó: "Ninguno, Señor".
Entonces Jesús le dijo:
"Tampoco yo te condeno.
Vete, pero ya no vuelvas a pecar".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
5o. Dom de cuaresma Ciclo C
Señor, hazme justicia, defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del hombre injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.
Oración Colecta
Oremos:
Ven, Señor, en nuestra ayuda, para que podamos vivir y
actuar siempre con aquel
amor que impulsó a tu Hijo a entregarse por nosotros. Por
nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos...
Amén.
Yo realizaré algo nuevo y daré de beber a mi pueblo
Lectura del libro del profeta Isaías 43, 16-21
Esto
dice el Señor, el que abrió
un camino en el mar y un sendero en las aguas impetuosas; el
que hizo salir a
la batalla a un formidable ejército de carros y caballos,
que cayeron y no se
levantaron; que se apagaron como una mecha que se extingue:
"No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo. Yo voy a
realizar algo
nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?
Abriré caminos en el desierto y haré que corran los ríos en
tierra árida.
Me darán gloria las bestias salvajes, los chacales y las
avestruces; porque
haré brotar agua en el desierto y ríos en la llanura, para
apagar la sed de mi
pueblo escogido.
Entonces el pueblo que me he formado proclamará mis
alabanzas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 125
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Cuando el
Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar;
entonces nos cesaba de
reír nuestra boca ni se cansaba entonces la lengua de
cantar.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Aun los
mismos paganos con asombro decían: "¡Grandes cosas ha hecho
por ellos el
Señor!" y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por
su pueblo el
Señor.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Como cambian
los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora
nuestra suerte, Señor, y
entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con
dolor.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iban
llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán
con sus gavillas.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Todo lo considero como basura, con tal de asemejarme a Cristo
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los filipenses 3, 7-14
Hermanos:
Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a
causa de
Cristo.
Más aún, pienso que nada vale la pena en comparación con el
bien supremo, que
consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor: por cuyo amor
he renunciado a
todo, y todo lo considero como basura con tal de ganar a
Cristo y de estar
unido a él, no porque haya obtenido la justificación que
proviene de la ley,
sino la que procede de la fe en Cristo Jesús, con la que
Dios
hace justos a los que creen.
Y todo esto para conocer a Cristo, experimentar la fuerza de
su resurrección,
compartir sus sufrimientos y asemejarse a él en su muerte,
con la esperanza de
resucitar con él de entre los muertos.
No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o que sea ya
perfecto, pero me
esfuerzo en conquistarlo, porque Cristo Jesús me ha
conquistado.
No, hermanos, considero que todavía no lo he logrado.
Pero, eso sí, olvido lo que he dejado atrás y me lanzo hacia
adelante, en busca
de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo
Jesús nos llama desde
el cielo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Preparan el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y
todos los hombres
verán al Salvador.
Aleluya.
Aquél de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 1-11
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se retiró
al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en
el templo, donde la
multitud se le acercaba; y Él, sentado entre ellos, les
enseñaba.
Entonces, los escribas y fariseos le llevaron a una mujer
sorprendida en
adulterio. Poniéndola frente a Él le preguntaron:
"Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio.
Moisés nos manda en la Ley apedrear estas mujeres.
¿Tú qué dices?"
Le preguntaron esto para ponerle una trampa y poder
acusarlo.
Pero Jesús se agachó y se puso a escribir con el dedo en la
tierra.
Pero como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo:
"Aquel de
ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera
piedra".
Se agachó de nuevo y siguió escribiendo en la tierra. Al oír
aquellas
palabras,
los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro,
empezando por los más
viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que
estaba de pie junto a
Él.
Entonces Jesús se enderezó y le preguntó:
"Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?
¿Ninguno te ha condenado?"
Ella le contestó: "Ninguno, Señor".
Entonces Jesús le dijo:
"Tampoco yo te condeno.
Vete, pero ya no vuelvas a pecar".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, amados hermanos y hermanas, y pidamos la
misericordia del Señor para
que, compadeciéndose de su pueblo penitente, escuche
nuestras plegarias.
A cada petición respondemos: Por misericordia, Señor,
escúchanos.
Para
que el Redentor del mundo,
que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo,
libere a la Iglesia de
todo mal, roguemos al Señor.
Por misericordia, Señor, escúchanos.
Para
que el Redentor del mundo,
que oró en la cruz por quienes lo crucificaban, interceda
ante el Padre por los
pecadores, roguemos al Señor.
Por misericordia, Señor, escúchanos.
Para
que el Redentor del mundo,
que experimentó en la cruz el sufrimiento y la angustia,se
compadezca de los
que sufren, les dé fortaleza y paciencia y ponga fin a sus
dolores, roguemos al
Señor.
Por misericordia, Señor, escúchanos.
Para
que el Redentor del mundo nos
consuele a nosotros, sus siervos, que en estos días nos
disponemos a recordar
con veneración su cruz y nos reconforte con la fuerza de su
resurrección,
roguemos al Señor.
Por misericordia, Señor, escúchanos.
Celebrante:
Dios de bondad, que quieres renovar en Cristo el universo
entero, contempla
nuestra miseria y, puesto que enviaste a tu Hijo al mundo no
para condenarlo,
sino para salvarlo, escucha nuestras oraciones, perdona
nuestras culpas y haz
que renazca en nuestros corazones la alegría de una vida
nueva y exultante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tú, que nos has iluminado con las
enseñanzas de la fe, escucha, Señor, nuestra oración y
purifícanos por medio de
este sacrificio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos de la penitencia
Por eso, con todos los ángeles, te glorificamos y te aclamamos sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da fruto abundante.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, a cuantos participamos del
Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo, vivir siempre como miembros suyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Cuaresma. Quinto Domingo
UN CLAMOR DE JUSTICIA
— Anhelo de justicia y de mayor paz en el mundo. Vivir las exigencias de la justicia en nuestra vida personal y en el ámbito donde se desarrolla nuestra vida.
— Cumplimiento de los deberes profesionales y sociales.
— Santificar la sociedad desde dentro. Virtudes que amplían y perfeccionan el campo de la justicia.
I. Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa... Tú eres mi Dios y protector1, rezamos en la Antífona de entrada de la Misa.
En gran parte de la humanidad se oye un fuerte clamor por una mayor justicia, por “una paz mejor asegurada en un ambiente de respeto mutuo entre los hombres y entre los pueblos”2. Este deseo de construir un mundo más justo en el que se respete más al hombre, que fue creado por Dios a su imagen y semejanza, es parte muy fundamental del hambre y sed de justicia3 que debe existir en el corazón cristiano.
Toda la predicación de Jesús es una llamada a la justicia (en su plenitud, sin reduccionismos) y a la misericordia. El mismo Señor condena a los fariseos que devoran las casas de las viudas mientras fingen largas oraciones4. Y es el Apóstol Santiago quien dirige este severo reproche a quienes se enriquecen mediante el fraude y la injusticia: vuestra riqueza está podrida (...). El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a oídos del Señor de los ejércitos5.
La Iglesia, fiel a la enseñanza de la Sagrada Escritura, nos urge a que nos unamos a este clamor del mundo y lo convirtamos en una oración que llegue hasta nuestro Padre Dios. A la vez, nos impulsa y nos urge a vivir las exigencias de la justicia en nuestra vida personal, profesional y social, y a salir en defensa de quienes –por ser más débiles– no pueden hacer valer sus derechos. No son propias del cristiano las lamentaciones estériles. El Señor, en lugar de quejas inútiles, quiere que desagraviemos por las injusticias que cada día se cometen en el mundo, y que tratemos de remediar todas las que podamos, empezando por las que están a nuestro alcance, en el ámbito en el que se desarrolla nuestra vida: la madre de familia, en su hogar y con quienes se relaciona; el empresario, en la empresa; el catedrático, en la Universidad...
La solución última para instaurar y promover la justicia a todos los niveles está en el corazón de cada hombre, donde se fraguan todas las injusticias existentes, y donde está la posibilidad de volver rectas todas las relaciones humanas. “El hombre, negando e intentando negar a Dios, su Principio y Fin, altera profundamente su orden y equilibrio interior, el de la sociedad y también el de la creación visible.
“La Escritura considera en conexión con el pecado el conjunto de calamidades que oprimen al hombre en su ser individual y social”6. Por eso no podemos olvidar los cristianos que cuando, mediante nuestro apostolado personal, acercamos a los hombres a Dios, estamos haciendo un mundo más humano y más justo. Además, nuestra fe nos urge a no eludir jamás el compromiso personal en defensa de la justicia, de modo particular en aquellas manifestaciones más relacionadas con los derechos fundamentales de la persona: el derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la buena fama... “Hemos de sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una existencia digna, a trabajar y a descansar, a elegir estado, a formar un hogar, a traer hijos al mundo dentro del matrimonio y poder educarlos, a pasar serenamente el tiempo de la enfermedad o de la vejez, a acceder a la cultura, a asociarse con los demás ciudadanos para alcanzar fines lícitos, y, en primer término, a conocer y amar a Dios con plena libertad”7.
En nuestro ámbito personal, debemos preguntarnos si hacemos con perfección el trabajo por el que cobramos, si pagamos lo debido a las personas que nos prestan un servicio, si ejercitamos responsablemente los derechos y deberes que pueden influir en el modo de configurarse las instituciones en las que nos encontramos, si trabajamos aprovechando el tiempo, si defendemos la buena fama de los demás, si salimos en justa defensa de los más débiles, si acallamos las críticas difamatorias que pueden surgir a nuestro alrededor... Así amamos la justicia.
II. Los deberes profesionales son un lugar excepcional para vivir la virtud de la justicia. El dar a cada uno lo suyo, propio de esta virtud, significa en este caso cumplir lo estipulado. El patrono, el ama de casa con el servicio, el jefe, se obligan a dar la justa retribución a las personas que trabajan a sus órdenes de acuerdo con las leyes civiles justas y con lo que dicta la recta conciencia, que irá en ocasiones más allá de las propias leyes. Por otra parte, los obreros y empleados tienen el deber grave de trabajar responsablemente, con profesionalidad, aprovechando el tiempo. La laboriosidad se presenta así como una manifestación práctica de la justicia. “No creo en la justicia de los holgazanes –decía San Josemaría Escrivá–, porque (...) faltan, y a veces de modo grave, al más fundamental de los principios de la equidad: el del trabajo”8.
El mismo principio se puede aplicar a los estudiantes. Tienen un deber grave de estudiar –es su trabajo– y han contraído una obligación de justicia con la familia y con la sociedad, que les sostiene económicamente, para que se preparen y puedan rendir unos servicios eficaces.
Los deberes profesionales son, por otra parte, el cauce más oportuno con el que ordinariamente contamos para colaborar en la resolución de los problemas sociales y para intervenir en la construcción de un mundo más justo.
El cristiano, en su anhelo de construir este mundo, ha de ser ejemplar en el cumplimiento de las legítimas leyes civiles, porque si son justas son queridas por Dios y constituyen el fundamento de la misma convivencia humana. Como ciudadanos corrientes que son, han de ser ejemplares en el pago de los impuestos justos, necesarios para que la sociedad pueda llegar a donde el individuo personalmente sería ineficaz.
Dad a cada uno lo debido: a quien tributo, tributo; a quien impuestos, impuestos; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor9. Y lo hacen –dice el mismo Apóstol–, no solo por temor, sino también a causa de la conciencia10. Así vivieron los cristianos desde el comienzo sus obligaciones sociales, aun en medio de las persecuciones y del paganismo de los poderes públicos. “Como hemos aprendido de Él (Cristo) –escribía San Justino Mártir, a mediados del siglo ii–, nosotros procuramos pagar los tributos y contribuciones, íntegros y con rapidez, a vuestros encargados”11.
Entre los deberes sociales del cristiano, el Concilio Vaticano II recuerda “el derecho y al mismo tiempo el deber (...) de votar para promover el bien común”12. Desentenderse de manifestar la propia opinión en los distintos niveles en los que debemos ejercer estos derechos sociales y cívicos sería una falta contra la justicia, en algunas ocasiones grave, si ese abstencionismo favoreciera candidaturas (ya sea en la configuración de los parlamentos, en la junta de padres de un colegio, en la directiva de un colegio profesional, en los representantes de la empresa...) cuyo ideario es opuesto a los principios de la doctrina cristiana. Con mayor razón, sería una irresponsabilidad, y quizá una grave falta contra la justicia, apoyar organizaciones o personas –del modo que sea– que no respeten en su actuación los fundamentos de la ley natural y de la dignidad humana (aborto, divorcio, libertad de enseñanza, respeto a la familia...).
III. “El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen –radicalmente o en puntos sustanciales– a su fe y a su concepción del hombre. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de violencia y a la manera como esa ideología entiende la libertad individual de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia al hombre y a su historia personal y colectiva. Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales, y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social”13.
Hoy nos unimos a ese deseo de una mayor justicia, que es una de las principales características de nuestro tiempo14. Pedimos al Señor una mayor justicia y una mayor paz, pedimos por los gobernantes, como siempre se hizo en la Iglesia15, para que sean promotores de justicia, de paz, de un mayor respeto por la dignidad de la persona. Nosotros, en lo que está de nuestra parte, hacemos el propósito de llevar las exigencias del Evangelio a nuestra propia vida personal, a la familia, al mundo en el que cada día nos movemos y del que participamos.
Junto a lo que pertenece en sentido estricto a la virtud de la justicia, cuidaremos aquellas otras manifestaciones de virtudes naturales y sobrenaturales que la complementan y la enriquecen: la lealtad, la afabilidad, la alegría... Y, sobre todo, la fe, que nos da a conocer el verdadero valor de la persona, y la caridad, que nos lleva a comportarnos con los demás más allá de lo que pediría la estricta justicia, porque vemos en los demás hijos de Dios, al mismo Cristo que nos dice: lo que hicisteis por uno de estos mis hermanos más pequeños, por mí lo hicisteis16.
1 Sal 42, 1. — 2 Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens, 14-V-1971. — 3 Cfr. Mt 5, 6. — 4 Mc 12, 40. — 5 Sant 5, 2-4. — 6 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instr. Sobre libertad cristiana y liberación, 22-III-1986, n. 38. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 171. — 8 Ibídem, 169. — 9 Rom 13, 7. — 10 Cfr. Rom 13, 5. — 11 San Justino, Apología, 1, 7. — 12 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 75. — 13 Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens, 14-V-1971. — 14 Cfr. S. C. para la Doctrina de la Fe, loc. cit., 1. — 15 Cfr. 1 Tim 2, 1-2. — 16 Cfr. Mt 25, 40.
_____________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

7/04 San Juan Bautista de la Salle (presbítero, blanco)
Antífona de Entrada
Dejen que los niños se acerquen a mí, dice el Señor, y no se lo impidan, porque de ellos es el Reino de Dios.
Oración Colecta
Oremos:
Señor y Dios nuestro, que quisiste confiar a san Juan Bautista
de la Salle la
misión de enseñar a los jóvenes, concédenos imitar de tal
manera a Cristo
Maestro, que podamos enseñar a nuestros hermanos, con la forma
en que vivimos,
el camino del cielo.
Pr nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 13-14; 2, 1-3
Querido
hermano: Conforma tu predicación a la sólida doctrina que
recibiste de mí
acerca de la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo
Jesús. Guarda este
tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en
nosotros.
Por tu parte, hijo mío, mantente firme con la gracia de Cristo
Jesús. Y lo que
me oíste proclamar en presencia de tantos testigos, confíalo a
personas fieles,
capaces, a su vez, de enseñarlo a otras personas. Comparte
conmigo los
sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 1
Dichoso quien ama la ley de Dios.
Dichoso aquel
que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos
pasos ni se burla
del bueno; que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus
mandamientos.
Dichoso quien ama la ley de Dios.
Es como un
árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca
se marchita. En
todo tendrá éxito.
Dichoso quien ama la ley de Dios.
En cambio los
malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el
Señor protege el
camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso quien ama la ley de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Que el mayor entre ustedes sea su servidor, porque el que se
humilla será
enaltecido, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio
Si no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5
Gloria a ti, Señor.
En cierta
ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
"¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?"
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:
"Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como
los niños,
no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga
pequeño como
este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y
el que reciba a un
niño como éste en mi nombre, me recibe a mí".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, los dones que la Iglesia te ofrece en memoria de tus
santos y haz que
este sacrificio impregne de tu amor todas nuestras
actividades.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Acción de los santos en la Iglesia
En verdad es
justo y necesario, nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, señor
nuestro.
Porque con la vida de tus santos, enriqueces a tu Iglesia con
formas siempre
nuevas de admirable santidad, y nos das pruebas indudables de
tu amor por
nosotros; y también, porque su ejemplo nos impulsa y su
intercesión nos ayuda a
colaborar en el misterio de la salvación.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los
ángeles y santos
diciendo:
Antífona de la Comunión
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no camina en tinieblas, porque tiene la luz de la vida.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo que hemos recibido en este
sacramento, nos
den fuerza, Señor, para que, a ejemplo de san Juan Bautista de
la Salle podamos
comunicar a los demás la luz de la verdad y el fuego de tu
amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
_____
San
Juan Bautista de la Salle
Educador
(año 1719)
Es el
fundador de los Hermanos Cristianos y nació en Francia en
1651.
Nació en Reims y murió en Rouen, las dos ciudades que hizo famosas Santa Juana de Arco.
Su vida coincide casi exactamente con los años del famoso rey Luis XIV.
Probablemente su existencia habría pasado desapercibida si se hubiera contentado con vivir de acuerdo a su clase social adinerada, sin preocuparse por hacer ninguna obra excepcional en favor del pueblo necesitado. Pero la fuerza misteriosa de la gracia de Dios encontró en él un instrumento dócil para renovar la pedagogía y fundar las primeras escuelas profesionales y las más antiguas escuelas normales y fundar una Comunidad religiosa que se ha mantenido en principalísimos puestos en la educación en todo el mundo. Este santo fue un genio de la pedagogía, o arte de educar.
Si San Juan Bautista de la Salle viviera hoy aquí en la tierra abriría los ojos aterrado al ver que la educación se ha secularizado, o sea se ha organizado como si Dios no existiera y sólo se preocupa por hacer de los seres humanos unos animalitos muy buen amaestrados, pero sin fe, sin mirar a la eternidad ni importarle nada la salvación del alma. Porque para él, lo imprescindible, lo que constituía su obsesión, era obtener la salvación del alma de los educandos y hacerlos crecer en la fe. Si no hubiera sido por estos dos fines, él no habría emprendido ninguna obra especial, porque esto era lo que en verdad le interesaba y le llamaba la atención: hacer que los educandos amaran y obedecieran a Dios y consiguieran llegar al reino eterno del cielo.
Juan Bautista había estudiado en el famoso seminario de San Suplicio en París y allí recibió una formidable formación que le sirvió para toda su vida. Fue ordenado sacerdote y por su posición social y sus hermosas cualidades parecía destinado para altos cargos eclesiásticos, cuando de pronto al morir su director espiritual lo dejó como encargado de una obra para niños pobres que el santo sacerdote había fundado: una escuela para niños y un orfelinato para niñas pobres, dirigido por unas hermanitas llamadas de El Niño Jesús. Allí en esa obra lo esperaba la Divina Providencia para encaminarlo hacia la gran obra que le tenía destinada: ser el reformador de la educación.
La Salle le dio un viraje de 180 grados a los antiguos métodos de educación. Antes se enseñaba a cada niño por aparte. Ahora La Salle los reúne por grupos para darles clases (en la actualidad eso parece tan natural, pero en aquel tiempo era una novedad). Antiguamente se educaba con base en gritos y golpes. El padre Juan Bautista reemplazaba el sistema del terror por el método del amor y de la convicción. Y los resultados fueron maravillosos. La gente se quedaba admirada al ver cómo mejoraba totalmente la juventud al ser educada con los métodos de nuestro santo.
No les enseñaba solamente cosas teóricas y abstractas, sino sobre todo aquellos conocimientos prácticos que más les iban a ser de utilidad en la vida diaria. Y todo con base en la religión y la amabilidad.
La Salle
empezó a reunir a sus profesores para instruirlos en el arte
de educar y para
formarlos fervorosamente en la vida religiosa. Y con los más
entusiastas fundó
la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas que hoy
son unos 15,000 en
más de mil colegios en todo el mundo. Y siguen siendo una
autoridad mundial en
pedagogía, en el arte de educar a la juventud. El éxito de los
Hermanos
Cristianos fue inmenso desde el principio de su congregación,
y ya en vida del
santo abrieron colegios en muchas ciudades y en varias
naciones. Un 15 de
agosto los consagró San Juan Bautista a la Santísima Virgen y
han permanecido
fervorosos propagadores de la devoción a la Madre de Dios.
Al principio algunos le fallaron porque el santo era tan bondadoso que no podía imaginar mala voluntad en ninguno de sus discípulos. Para él todo el mundo era bueno, y por mucho que lo hubieran ofendido estaba siempre dispuesto a perdonar y a volver a recibir al que había faltado. Y tuvo la prueba dolorosísima de ver que algunos lo engañaron y se dejaron contagiar por el espíritu del mundo. Pero luego sus asesores lo convencieron para que no aceptara a ciertos sujetos no confiables y que expulsara a algunos que se habían vuelto indignos. Y el santo aceptando con toda humildad y mansedumbre los buenos consejos recibidos procedió a purificar muy a tiempo su congregación.
Siendo de familia muy rica, repartió todos sus bienes entre los pobres y se dedicó a vivir como un verdadero pobre. Los últimos años cuando renunció a ser Superior General de su Congregación, pedía permiso al superior hasta para hacer los más pequeños gastos. Los viajes aunque a veces muy largos, los hacía casi siempre a pie, y pidiendo limosna para alimentarse por el camino, durmiendo en casitas pobrísimas, llenas de plagas y de incomodidades.
Una vez pasó todos los tres meses del crudísimo invierno, en una habitación sin calefacción y con ventanas llenas de rendijas y con varios grados bajo cero. Esto le trajo un terrible reumatismo que durante todo el resto de su vida le produjo tremendos dolores y las anticuadas curaciones que le hicieron para ese mal lo torturaron todavía mucho más.
En su juventud, por ser de familia muy adinerada, había gozado de una alimentación refinada y muy sabrosa. Cuando se dedicó a vivir la pobreza de una comunidad fervorosa y en la cual, los alimentos eran rudos y desagradables, tenía que aguantar muchas horas sin comer, para que su estómago fuera capaz de recibirle esos alimentos tan burdos.
Su sotana y su manto eran tan pobres y descoloridos, que un pobre no se los hubiera aceptado como limosna.
Su humildad era tan grande que se creía indigno de ser el superior de la comunidad. Estaba siempre dispuesto a dejar su alto puesto y alguna vez que por calumnias dispuso la autoridad superior quitarlo de ese cargo, él aceptó inmediatamente. Pero todos los Hermanos firmaron un memorial anunciando que no aceptaban por el momento a ningún otro como superior sino al Santo Fundador y tuvo que aceptar el seguir con el superiorato.
No se cansaba de
recomendar con sus palabras y sus
buenos ejemplos, a sus religiosos y amigos que la preocupación
número uno del
educador debe ser siempre el tratar de que los educandos
crezcan en el amor a
Dios y en la caridad hacia el prójimo, y que cada maestro debe
esforzarse con
toda su alma por tratar de que los jovencitos conserven su
inocencia si no la
han perdido o que recuperen su amistad con Dios por medio de
la conversión y de
un inmenso horror al
pecado y a todo lo que pueda
hacer daño a la santidad y a todo lo que se oponga a la eterna
salvación.
Pasaba muchas horas en oración y les insistía a sus religiosos que lo que más éxito consigue en la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos como Cristo lo recomendó en el evangelio: "haciendo a los demás todo el bien que deseamos que los demás no hagan a nosotros".
San Juan Bautista de la Salle murió el 7 de abril de 1619 a los 68 años. Fue declarado santo por el Sumo Pontífice León XIII en el año 1900. El Papa Pío XII lo nombró Patrono de los Educadores del mundo entero.
Santo educador: tú que recomendabas que se le concediera la máxima importancia a la clase de religión, considerándola la más provechosa de todas en todo colegio y escuela, pídele al buen Dios que la clase de religión vuelva a estar en primerísimo lugar en nuestros centros de educación y no vaya a ser reemplazada jamás por otras asignaturas menos importantes. Y ruégale a Dios que nos envíe muchos y santos y muy fervorosos profesores de religión.
Se recomienda ver la película y difundirla:
http://www.gloria.tv/?media=43645
___________________________________________________________________________________________
Fuente: Franciscanos.org
María Assunta Pallotta, Beata Virgen Misionera
Franciscana, Abril 7
Virgen Misionera Franciscana Martirologio Romano: En el lugar de Dongerkou, en China, beata María Asunto Pallotta, virgen de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, que, dedicada a cargos humildes, trabajó sencilla y desconocida por el reino de Cristo (1905).
Nació el año
1878 en Force (Marcas, Italia), de una familia
campesina, pobre, religiosa. |
___________________________________________________________________________________________
Enrique (Henry) Walpole, Santo Mártir Jesuita, Abril 7
Presbítero y Mártir Martirologio
Romano: En York, en Inglaterra, san Enrique
Walpole, de la Compañía de Jesús, y beato Alejandro
Rawlins, presbíteros y mártires, que, bajo la reina
Isabel I, fueron encarcelados y cruelmente
maltratados por ser sacerdotes, alcanzando la corona
eterna al ser después ahorcados y descuartizados
(1595).
Nació en
Cercenar, Norfolk, Inglaterra, en el año 1558. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente: Magnificat.ca ||
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Hermano José de Colonia, Santo Presbítero
Premostratense, Abril 7
Presbítero Martirologio Romano: En el monasterio de los Premostratenses de Steinfeld, en Alemania, san Hermano José, presbítero, que brilló por su delicado amor hacia la Virgen María y celebró con himnos y cánticos su devoción hacia el divino Corazón de Jesús (1241/1252).
Nacido en
Colonia en el año 1151, es llamado Hermano José por su
ferviente devoción al Santo Patriarca. |
___________________________________________________________________________________________
Eduardo (Edward) Oldcorne, Beato Mártir Jesuita, Abril 7
Presbítero y Mártir Martirologio
Romano: En Worcester, en Inglaterra, beatos
mártires Eduardo Oldcorne, presbítero, y Rodolfo
Ashley, religiosos de la Compañía de Jesús, que
ejercieron clandestinamente el ministerio durante
muchos años, pero finalmente, acusados de tomar
parte en un complot contra el rey Jacobo I, fueron
encarcelados y torturados, y después descuartizados
vivos (1606).
Nació en York,
Inglaterra, en el año 1561. |
_____________________________________________________________________
Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/
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Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Domingo de Ramos C
(I) Procesión
1. A la hora señalada los fieles se reúnen fuera del templo llevando ramos en la mano.
2. El celebrante, revestido con los ornamentos rojos requeridos para la misa, se acerca al lugar donde el pueblo está congregado. El celebrante, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que se quitará después de la procesión.
3. Se canta
la siguiente antífona (Mt 21,9) o un canto apropiado
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor, el Rey
de Israel! ¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante saluda al pueblo y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas palabras:
Queridos
hermanos y hermanas: Desde el principio de la Cuaresma nos
venimos preparando
con obras de penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la
Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la
Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su
entrada a la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un
día tener parte en
la Resurrección.
5. Después de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración para bendecir los Ramos
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y, a cuantos acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, concédenos reunirnos contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Evangelio
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se
aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al
monte de los Olivos,
envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar,
encontrarán amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos.
Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida
los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del
profeta: "Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y
montado en un burro,
en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les
había encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre
ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus
mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían
a su paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió.
Unos decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después
del evangelio, si se cree oportuno, se puede tener una breve
homilía. Antes de
comenzar la procesión, puede hacer una monición con estas
palabras:
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos
también nosotros con
júbilo al Señor.
8. Comienza
la procesión hacia el templo. Va delante el que lleva el
incienso, luego el que
lleva la cruz adornada, en medio de dos ministros con velas
encendidas. A
continuación el celebrante con los demás ministros. Por
último, los fieles con
los ramos cantando del salmo 23.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes,
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¿Quién
puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en
falso.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
Ese
recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!,
alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!,
alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos:
él es el Rey de la gloria.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Hosanna en el cielo!"
9. El celebrante, al llegar al altar, lo venera y -si lo juzga oportuno- lo inciensa. Después va a la sede (se quita la capa pluvial y se pone la casulla) y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que seguidamente ya se desarrolla como de costumbre.
(II)Entrada Solemne
1. La entrada solemne antes de la misa principal se celebra dentro del templo.
2. Los fieles se reúnen o en la puerta de la iglesia o en la misma iglesia, teniendo los ramos en la mano. El celebrante y los ministros se dirigen al lugar más apto de la iglesia donde la mayor parte de los fieles puedan apreciar el rito.
3. Mientras
el celebrante se dirige al lugar escogido,se canta la
siguiente antífona (Mt
21,9) o un canto apropiado
¡Hosanna al
Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el
Rey de Israel!
¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante
saluda al pueblo y hace una breve exhortación para invitar a
los fieles a
participar activa y conscientemente en la celebración de
este día. Puede
hacerlo con éstas palabras:
Queridos hermanos y hermanas: Desde el principio de la
Cuaresma nos venimos
preparando con obras de penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la
Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la
Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada
a la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un
día tener parte en
la Resurrección.
5. Después
de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración
para bendecir los
Ramos
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y,
a cuantos
acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor,
concédenos reunirnos
contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Evangelio
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se
aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al
monte de los Olivos,
envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán
amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si
alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida
los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta:
"Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y
montado en un burro,
en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había
encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre
ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus
mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a
su paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos
decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después del Evangelio, el celebrante con los ministros se dirigen solemnemente por la iglesia hacia el altar, mientras se puede cantar el salmo 46.
Pueblos
todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo,
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
El nos
somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios
asciende entre aclamaciones,
el Señor al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad;
porque Dios es Rey del mundo:
tocad con maestría.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios reina
sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado:
los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán,
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.
"¡Hosanna!
¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
8. Cuando ha llegado al altar, el celebrante lo venera, después va a la sede y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que seguidamente se desarrolla como de costumbre.
(III) Entrada Simple
1. En las restantes misas de este domingo en las que no se tiene entrada solemne, se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén por medio de la entrada simple.
2. Mientras el celebrante se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con el salmo:
Seis días
antes de la solemnidad de la Pascua, cuando el Señor subía a
la ciudad de
Jerusalén, los niños, con ramos de palmas, salieron a su
encuentro, y con
júbilo proclamaban:
"¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la
misericordia
de Dios!"
Llegado al altar, el celebrante lo venera y saluda al pueblo. Seguidamente, la misa se desarrolla como de costumbre.
3. Es conveniente, donde no se haya podido tener procesión ni entrada solemne, que se tenga una celebración de la Palabra sobre la entrada del Mesías y la Pasión del Señor, o en la tarde del sábado o en una hora oportuna del domingo.
Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador
se hiciese hombre
y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo
de una vida sumisa
a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos
sirvan de
testimonio y que un día participemos en su gloriosa
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No oculté el rostro a insultos, y sé que no quedaré avergonzado
Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7
En aquel
entonces, dijo Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda
confortar al
abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor
despierta mi
oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha
hecho oír sus
palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para
atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que
me tiraban de la
barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero
el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro
como roca y sé que
no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del Salmo 21
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme se
burlan de mí, hacen muecas, mueven la cabeza:
"Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto
lo
quiere".
Dios mío Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Me acorrala
una jauría de perros, me rodea una banda de malhechores; me
taladran las manos
y los pies, puedo contar mis huesos.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Se reparten
mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te
quedes lejos; fuerza
mía, ven corriendo a ayudarme.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu
fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor,
alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de
Israel.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado
Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Hermanos:
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las
prerrogativas de su
condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí
mismo, tomando la
condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así,
hecho uno de
ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso
la muerte, y una
muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el
nombre que está
sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen
la rodilla en el
cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan
públicamente que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Segunda Lectura Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11 Hermanos: Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y
gloria a Ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso
la muerte y una
muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el
nombre que está
sobre todo nombre. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 14-71; 23, 1-56
A. Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
†
"Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de
padecer,
porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta
que tenga cabal
cumplimiento en el Reino de Dios".
A. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la
acción de gracias y
dijo:
†. "Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro
que ya no
volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino
de Dios".
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo
partió y se lo dio,
diciendo:
†. "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto
en memoria
mía".
A. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino,
diciendo:
†. "Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que
se derrama
por ustedes. Pero miren: la mano del que me va a entregar está
conmigo en la
mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo
decretado; pero ¡ay de
aquel hombre por quien será entregado!"
A. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos
podía ser el que
lo iba a traicionar.
Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de
ellos debería ser
considerado como el más importante. Jesús les dijo:
†. "Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la
autoridad
se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino
todo lo
contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el
menor, y el que
gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién vale más,
el que está a la
mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está a la mesa?
Pues yo estoy en
medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado
conmigo en mis
pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio
a mí, para que
coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en
un trono, para
juzgar a las doce tribus de Israel".
A. Luego añadió:
†. "Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para
zarandearlos
como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no
desfallezca; y tú, una
vez convertido, confirma a tus hermanos".
A. El le contestó:
B. "Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y
a la
muerte".
†.Jesús le replicó:
"Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás
negado tres
veces que me conoces".
A. Después les dijo a todos ellos:
†. "Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalias,
¿acaso les
faltó algo?"
A. Ellos contestaron:
B. "Nada".
A. El añadió:
†. "Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que
los tome; y
el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les
aseguro que
conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: "Fue
contado entre los
malhechores", porque se acerca el cumplimiento de todo lo que
se refiere a
mí".
A. Ellos le dijeron:
B. "Señor, aquí hay dos espadas".
A. El les contestó:
†. "¡Basta ya!"
A. Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo
acompañaron los
discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo:
†. "Oren, para no caer en la tentación".
A. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra
y se puso a orar
de rodillas, diciendo:
†. "Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero
que no se
haga mi voluntad, sino la tuya".
A. Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; él, en
su angustia
mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas
gotas de sangre,
que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se
levantó, fue hacia sus
discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les
dijo:
†. "¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en
la
tentación".
A. Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada
por Judas, uno de
los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo:
†. "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?"
A. Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban
con él dijeron:
B. "Señor, ¿los atacamos con la espada?"
A. Y uno de ellos hirió a un criado del sumo sacerdote y le
cortó la oreja
derecha. Jesús intervino, diciendo:
†. "¡Dejen! ¡Basta!"
A. Le tocó la oreja y lo curó.
Después Jesús dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados
del templo y a los
ancianos que habían venido a arrestarlo:
†. "Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si
fuera un
bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y
no me echaron
mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas".
A. Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en
la casa del sumo
sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en
medio del patio,
se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al
verlo sentado
junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo:
B. "Este también estaba con él".
A. Pero él lo negó diciendo:
B. "No lo conozco, mujer".
A. Poco después lo vio otro y le dijo:
B. "Tú también eres uno de ellos".
A. Pedro replicó:
B. "¡Hombre, no lo soy!"
A. Y como después de una hora, otro insistió:
B. "Sin duda que éste también estaba con él, porque es
galileo".
A. Pedro contestó:
B. "¡Hombre, no sé de qué hablas!"
A. Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo.
El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces
de las palabras
que el Señor le había dicho: "Antes de que cante el gallo, me
negarás tres
veces", y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.
Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, le daban
golpes, le
tapaban la cara y le preguntaban:
B. "¿Adivina quién te ha pegado?"
A. Y proferían contra él muchos insultos.
Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos
sacerdotes.
Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron:
B. "Si tú eres el Mesías, dínoslo".
A. El les contestó:
†. "Si se lo digo, no lo van a creer, y si les pregunto, no me
van a
responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está
sentado a la derecha de
Dios todopoderoso".
A. Dijeron todos:
B. "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?"
A. El les contestó:
†. "Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy".
A. Entonces ellos dijeron:
B. "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo
hemos oído
de su boca".
A. El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los
escribas, se
levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron
a acusarlo,
diciendo:
B. "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación
y
oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él
es el Mesías
rey".
A. Pilato preguntó a Jesús:
B. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
A. El le contesto:
†. "Tú lo has dicho".
A. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:
B. "No encuentro ninguna culpa en este hombre".
A. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:
B. "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde
Galilea hasta
aquí".
A. Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse
de que era de la
jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba
en Jerusalén
precisamente por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía
mucho tiempo que
quería verlo, pues había oído hablar mucho de él y esperaba
presenciar algún
milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no le contestó
ni una palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo
sin cesar.
Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se
burló de él, y le
mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a
Pilato. Aquel mismo
día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran
enemigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al
pueblo, y les dijo:
B. "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al
pueblo; pero yo
lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él
ninguna de las
culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha
enviado de nuevo. Ya
ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues,
le aplicaré un
escarmiento y lo soltaré".
A. Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a
un preso. Ellos
vociferaron en masa, diciendo:
B. "¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!"
A. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta
acaecida en la ciudad
y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de
poner en libertad a
Jesús; pero ellos seguían gritando:
B. "¡Crucifícalo, crucifícalo!"
A. El les dijo por tercera vez:
B. "¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún
delito que
merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo
soltaré".
A. Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara.
Como iba
creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su
petición; soltó al
que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y
homicidio, y a
Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto
Simón de Cirene,
que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás
de Jesús. Lo iba
siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se
golpeaban el pecho y
lloraban por él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo:
†. "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y
por sus
hijos, porque van a venir días en que se dirá: "¡Dichosas las
estériles y
los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han
criado!"
Entonces dirán a los montes: "Desplómense sobre nosotros", y a
las
colinas: "Sepúltennos", porque si así tratan al árbol verde,
¿qué
pasará con el seco?"
A. Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos
con él. Cuando
llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí,
a él y
a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Jesús decía desde
la cruz:
†. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
A. Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.
El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas,
diciendo:
B. "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el
Mesías de
Dios, el elegido".
A. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a
él, le ofrecían
vinagre y le decían:
B. "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo".
A. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego,
latín y hebreo, que
decía: "Este es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús,
diciéndole:
B. "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros".
A. Pero el otro le reclamaba, indignado:
B. "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio?
Nosotros
justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste
ningún mal ha
hecho".
A. Y le decía a Jesús:
B. "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí".
A. Jesús le respondió:
†. "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
A. Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda
la región y se
oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del
templo se rasgó a la
mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo:
†. "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!"
A. Y dicho esto, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
A. El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios,
diciendo:
B. "Verdaderamente este hombre era justo".
A. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo,
mirando lo que
ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los
conocidos de Jesús se
mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían
seguido desde
Galilea, y permanecían mirando todo aquello.
Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y
justo, que no
había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con
sus actos, que era
natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino
de Dios, se
presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó
de la cruz, lo
envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en
la roca, donde no
habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya
iba a empezar el
sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
acompañaron a José
para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a
su casa,
prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo,
conforme al
mandamiento.
Hasta aquí la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san
Lucas.
Palabra del Señor
Celebrante: Imploremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres: Respondemos: Escúchanos, Señor. Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, roguemos al Señor. Escúchanos, Señor. Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones, roguemos al Señor. Escúchanos, Señor. Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte, roguemos al Señor. Escúchanos, Señor. Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, roguemos al Señor. Escúchanos, Señor. Celebrante: Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión, destruyese el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviese la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. El, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Por la Pasión de tu Hijo sé propicio a tu pueblo, Señor, y concédenos, por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La Pasión del Señor
El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados. Por eso, te alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
Oremos:
Padre todopoderoso, que nos has alimentado con esta
Eucaristía, y por medio de
la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que
la fe nos promete;
concédenos, Señor, llegar por medio de su Pasión, Muerte y
Resurrección a la
meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
_____________________________________________________________________
† Meditación diaria
Domingo de Ramos
ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN
— Entrada solemne, y a la vez sencilla, en Jerusalén. Jesús da cumplimiento a las antiguas profecías.
— El Señor llora sobre la ciudad. Correspondencia a la gracia.
— Alegría y dolor en este día: coherencia para seguir a Cristo hasta la Cruz.
I. “Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres”1.
Jesús sale muy de mañana de Betania. Allí, desde la tarde anterior, se habían congregado muchos fervientes discípulos suyos; unos eran paisanos de Galilea, llegados en peregrinación para celebrar la Pascua; otros eran habitantes de Jerusalén, convencidos por el reciente milagro de la resurrección de Lázaro. Acompañado de esta numerosa comitiva, junto a otros que se le van sumando en el camino, Jesús toma una vez más el viejo camino de Jericó a Jerusalén, hacia la pequeña cumbre del monte de los Olivos.
Las circunstancias se presentaban propicias para un gran recibimiento, pues era costumbre que las gentes saliesen al encuentro de los más importantes grupos de peregrinos para entrar en la ciudad entre cantos y manifestaciones de alegría. El Señor no manifestó ninguna oposición a los preparativos de esta entrada jubilosa. Él mismo elige la cabalgadura: un sencillo asno que manda traer de Betfagé, aldea muy cercana a Jerusalén. El asno había sido en Palestina la cabalgadura de personajes notables ya desde el tiempo de Balaán2.
El cortejo se organizó enseguida. Algunos extendieron su manto sobre la grupa del animal y ayudaron a Jesús a subir encima; otros, adelantándose, tendían sus mantos en el suelo para que el borrico pasase sobre ellos como sobre un tapiz, y muchos otros corrían por el camino a medida que adelantaba el cortejo hacia la ciudad, esparciendo ramas verdes a lo largo del trayecto y agitando ramos de olivo y de palma arrancados de los árboles de las inmediaciones. Y, al acercarse a la ciudad, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los que bajaban, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que había visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!3.
Jesús hace su entrada en Jerusalén como Mesías en un borrico, como había sido profetizado muchos siglos antes4. Y los cantos del pueblo son claramente mesiánicos. Esta gente llana –y sobre todo los fariseos– conocían bien estas profecías, y se manifiesta llena de júbilo. Jesús admite el homenaje, y a los fariseos que intentan apagar aquellas manifestaciones de fe y de alegría, el Señor les dice: Os digo que si estos callan gritarán las piedras5.
Con todo, el triunfo de Jesús es un triunfo sencillo, “se contenta con un pobre animal, por trono. No sé a vosotros; pero a mí no me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como un jumento: como un borriquito soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tu lado, porque tú me has tomado de tu diestra (Sal 72, 23-24), tú me llevas por el ronzal”6.
Jesús quiere también entrar hoy triunfante en la vida de los hombres sobre una cabalgadura humilde: quiere que demos testimonio de Él, en la sencillez de nuestro trabajo bien hecho, con nuestra alegría, con nuestra serenidad, con nuestra sincera preocupación por los demás. Quiere hacerse presente en nosotros a través de las circunstancias del vivir humano. También nosotros podemos decirle en el día de hoy: Ut iumentum factus sum apud te... “Como un borriquito estoy delante de Ti. Pero Tú estás siempre conmigo, me has tomado por el ronzal, me has hecho cumplir tu voluntad; et cum gloria suscepisti me, y después me darás un abrazo muy fuerte”7. Ut iumentum... como un borrico soy ante Ti, Señor..., como un borrico de carga, y siempre estaré contigo. Nos puede servir de jaculatoria para el día de hoy.
El Señor ha entrado triunfante en Jerusalén. Pocos días más tarde, en esa ciudad, será clavado en una cruz.
II. El cortejo triunfal de Jesús había rebasado la cima del monte de los Olivos y descendía por la vertiente occidental dirigiéndose al Templo, que desde allí se dominaba. Toda la ciudad aparecía ante la vista de Jesús. Al contemplar aquel panorama, Jesús lloró8.
Aquel llanto, entre tantos gritos alegres y en tan solemne entrada, debió de resultar completamente inesperado. Los discípulos estaban desconcertados viendo a Jesús. Tanta alegría se había roto de golpe, en un momento.
Jesús mira cómo Jerusalén se hunde en el pecado, en su ignorancia y en su ceguera: ¡Ay si conocieras por lo menos en este día que se te ha dado, lo que puede traerte la paz! Pero ahora todo está oculto a tus ojos9. Ve el Señor cómo sobre ella caerán otros días que ya no serán como este, día de alegría y de salvación, sino de desdicha y de ruina. Pocos años más tarde, la ciudad sería arrasada. Jesús llora la impenitencia de Jerusalén. ¡Qué elocuentes son estas lágrimas de Cristo! Lleno de misericordia, se compadece de esta ciudad que le rechaza.
Nada quedó por intentar: ni en milagros, ni en obras, ni en palabras; con tono de severidad unas veces, indulgente otras... Jesús lo ha intentado todo con todos: en la ciudad y en el campo, con gentes sencillas y con sabios doctores, en Galilea y en Judea... También ahora, y en cada época, Jesús entrega la riqueza de su gracia a cada hombre, porque su voluntad es siempre salvadora.
En nuestra vida, tampoco ha quedado nada por intentar, ningún remedio por poner. ¡Tantas veces Jesús se ha hecho el encontradizo con nosotros! ¡Tantas gracias ordinarias y extraordinarias ha derramado sobre nuestra vida! “El mismo Hijo de Dios se unió, en cierto modo, con cada hombre por su encarnación. Con manos humanas trabajó, con mente humana pensó, con voluntad humana obró, con corazón de hombre amó. Nacido de María Virgen se hizo de verdad uno de nosotros, igual que nosotros en todo menos en el pecado. Cordero inocente, mereció para nosotros la vida derramando libremente su sangre, y en Él el mismo Dios nos reconcilió consigo y entre nosotros mismos y nos arrancó de la esclavitud del diablo y del pecado, y así cada uno de nosotros puede decir con el Apóstol: el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20)”10.
La historia de cada hombre es la historia de la continua solicitud de Dios sobre él. Cada hombre es objeto de la predilección del Señor. Jesús lo intentó todo con Jerusalén, y la ciudad no quiso abrir la puertas a la misericordia. Es el misterio profundo de la libertad humana, que tiene la triste posibilidad de rechazar la gracia divina. “Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: “Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido”“11.
¿Cómo estamos respondiendo nosotros a los innumerables requerimientos del Espíritu Santo para que seamos santos en medio de nuestras tareas, en nuestro ambiente? Cada día, ¿cuántas veces decimos sí a Dios y no al egoísmo, a la pereza, a todo lo que significa desamor, aunque sea pequeño?
III. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando con ramos de palmas: “Hosanna en el cielo”12.
Nosotros conocemos ahora que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.
“¡Qué diferentes voces eran –comenta San Bernardo–: quita, quita, crucifícale y bendito sea el que viene en nombre del Señor, hosanna en las alturas! ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudan de los suyos y echan suertes sobre ellos”13.
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. En el fondo de nuestros corazones hay profundos contrastes: somos capaces de lo mejor y de lo peor. Si queremos tener la vida divina, triunfar con Cristo, hemos de ser constantes y hacer morir por la penitencia lo que nos aparta de Dios y nos impide acompañar al Señor hasta la Cruz.
“La liturgia del Domingo de Ramos pone en boca de los cristianos este cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos, puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria (Antífona de la distribución de los ramos). El que se queda recluido en la ciudadela del propio egoísmo no descenderá al campo de batalla. Sin embargo, si levanta las puertas de la fortaleza y permite que entre el Rey de la paz, saldrá con Él a combatir contra toda esa miseria que empaña los ojos e insensibiliza la conciencia”14.
María también está en Jerusalén, cerca de su Hijo, para celebrar la Pascua. La última Pascua judía y la primera Pascua en la que su Hijo es el Sacerdote y la Víctima. No nos separemos de Ella. Nuestra Señora nos enseñará a ser constantes, a luchar en lo pequeño, a crecer continuamente en el amor a Jesús. Contemplemos la Pasión, la Muerte y la Resurrección de su Hijo junto a Ella. No encontraremos un lugar más privilegiado.
1 San Andrés de Creta, Sermón 9 sobre el Domingo de Ramos. — 2 Cfr. Num 22, 21 ss. — 3 Lc 19, 37-38. — 4 Zac 9, 9. — 5 Lc 19, 40. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 181. — 7 ídem, citado por A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1983, p. 124. — 8 Lc 19, 41. — 9 Lc 19, 42. —10 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 22. — 11 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 761. — 12 Himno a Cristo Rey. Liturgia del Domingo de Ramos. — 13 San Bernardo, Sermón en el Domingo de Ramos, 2, 4. — 14 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 82.
_____________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa
Liduvina
Paciente enferma crónica
Año 1433
Oración
Santa Liduvina: Alcánzanos de Dios la gracia de aceptar con paciencia nuestros sufrimientos como pago por nuestros pecados y para conseguir la conversión y salvación de muchos pecadores.
Historia
Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos. Ella nos enseña a aprovechar la enfermedad para pagar nuestros pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice: Santa Liduvina fue "un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica".
Liduvina nació en Schiedam, Holanda, en 1380. Su padre era muy pobre y tenía por oficio el de "celador" o cuidador de fincas. Hasta los 15 años Liduvina era una muchacha como las demás: alegre, simpática, buena y muy bonita. Pero en aquel año su vida cambió completamente. Un día, después de jugar con sus amigos iban a patinar y en el camino callo en el hielo partiéndose la columna vertebral.
La
pobre muchacha empezó desde entonces un horroroso martirio.
Continuos vómitos,
jaquecas, fiebre intermitente y dolores por todo el cuerpo la
martirizaban todo
el día. En ninguna posición podía descansar. La altísima fiebre
le producía una
sed insaciable. Los médicos declararon que su enfermedad no
tenía remedio.
Liduvina se desesperaba en esa cama inmóvil, y cuando oía a sus compañeras correr y reír, se ponía a llorar y a preguntar a Dios por qué le había permitido tan horrible martirio. Pero un día Dios le dio un gran regalo: nombraron de párroco de su pueblo a un verdadero santo, el Padre Pott. Este virtuoso sacerdote lo primero que hizo fue recordarle que "Dios al árbol que más lo quiere más lo poda, para que produzca mayor fruto y a los hijos que más ama más los hace sufrir". Le colocó en frente de la cama un crucifijo, pidiéndole que de vez en cuando mirara a Jesús crucificado y se comparara con El y pensara que si Cristo sufrió tanto, debe ser que el sufrimiento lleva a la santidad.
En adelante ya no volvió más a pedir a Dios que le quitara sus sufrimientos, sino que se dedicó a pedir a Nuestro Señor que le diera valor y amor para sufrir como Jesús por la conversión de los pecadores, y la salvación de las almas.
Santa
Liduvina llegó a amar de tal manera sus sufrimientos que
repetía: "Si
bastara rezar una pequeña oración para que se me fueran mis
dolores, no la
rezaría". Descubrió que su "vocación" era ofrecer sus
padecimientos por la conversión de los pecadores. Se dedicó a
meditar
fuertemente en la Pasión y Muerte de Jesús. Y en adelante sus
sufrimientos se
le convirtieron en una fuete de gozo espiritual y en su "arma" y
su
"red" para apartar pecadores del camino hacia el infierno y
llevarlos
hacia el cielo. Decía que la Sagrada Comunión y la meditación en
la Pasión de
Nuestro Señor eran las dos fuentes que le concedían valor,
alegría y paz.
La enfermedad fue invadiendo todo su cuerpo. Una llaga le fue destrozando la piel. Perdió la vista por un ojo y el otro se le volvió tan sensible a la luz que no soportaba ni siquiera el reflejo de la llama de una vela. Estaba completamente paralizada y solamente podía mover un poco el brazo izquierdo. En los fríos terribles del invierno de Holanda quedaba a veces en tal estado de enfriamiento que sus lágrimas se le congelaban en la mejilla. En el hombro izquierdo se le formó un absceso dolorosísimo y la más aguda neuritis (o inflamación de los nervios) le producía dolores casi insoportables. Parecía que ya en vida estuviera descomponiéndose como un cadáver. Pero nadie la veía triste o desanimada, sino todo lo contrario: feliz por lograr sufrir por amor a Cristo y por la conversión de los pecadores. Y cosa rara: a pesar de que su enfermedad era tan destructora, se sentía a su alrededor un aroma agradable y que llenaba el alma de deseos de rezar y de meditar.
Cuentan las antiguas crónicas que recién paralizada una noche Liduvina soñó que Nuestro Señor le proponía: "Para pago de tus pecados y conversión de los pecadores, ¿qué prefieres, 38 años tullida en una cama o 38 horas en el purgatorio?". Y que ella respondió: "prefiero 38 horas en el purgatorio". Y sintió que moría que iba al purgatorio y empezaba a sufrir. Y pasaron 38 horas y 380 horas y 3,800 horas y su martirio no terminaba, y al fin preguntó a un ángel que pasaba por allí, "¿Por qué Nuestro Señor no me habrá cumplido el contrato que hicimos? Me dijo que me viniera 38 horas al purgatorio y ya llevo 3,800 horas". El ángel fue y averiguó y volvió con esta respuesta: "¿Qué cuántas horas cree que ha estado en el Purgatorio?" ¡Pues 3,800! ¿Sabe cuánto hace que Ud. se murió? No hace todavía cinco minutos que se murió. Su cadáver todavía está caliente y no se ha enfriado. Sus familiares todavía no saben que Ud. se ha muerto. ¿No han pasado cinco minutos y ya se imagina que van 3,800?". Al oír semejante respuesta, Liduvina se asustó y gritó: Dios mío, prefiero entonces estarme 38 años tullida en la tierra. Y despertó. Y en verdad estuvo 38 años paralizada y a quienes la compadecían les respondía: "Tengan cuidado porque la Justicia Divina en la otra vida es muy severa. No ofendan a Dios, porque el castigo que espera a los pecadores en la eternidad es algo terrible, que no podemos ni imaginar.
En
1421, o sea 12 años antes de su muerte, las autoridades civiles
de Schiedam (su
pueblo) publicaron un documento que decía: "Certificamos por las
declaraciones de muchos testigos presenciales, que durante los
últimos siete
años, Liduvina no ha comido ni bebido nada, y que así lo hace
actualmente. Vive
únicamente de la Sagrada Comunión que recibe".
Santa Liduvina, paralizada y sufriendo espantosamente en su lecho de enferma, recibió de Dios los dones de anunciar el futuro a muchas personas y de curar a numerosos enfermos, orando por ellos. A los 12 años de estar enferma y sufriendo, empezó a tener éxtasis y visiones. Mientras el cuerpo quedaba como sin vida, en los éxtasis conversaba con Dios, con la Sma. Virgen y con su Angel de la Guarda. Unas veces recibía de Dios la gracia de poder presenciar los sufrimientos que Jesucristo padeció en su Santísima Pasión. Otras veces contemplaba los sufrimientos de las almas del purgatorio, y en algunas ocasiones le permitían ver algunos de los goces que nos esperan en el cielo.
Dicen los que escribieron su biografía que después de cada éxtasis se afirmaba más y más en su "vocación" de salvar almas por medio de su sufrimiento ofrecidos a Dios, y que al finalizar cada una de estas visiones aumentaban los dolores de sus enfermedades pero aumentaba también el amor con el que ofrecía todo por Nuestro Señor.
Cambiaron al santo párroco que tanto la ayudaba, por otro menos santo y menos comprensivo, quien empezó a decir que Liduvina era una mentirosa que inventaba lo que decía. El pueblo se levantó en revolución para defender a su santa y las autoridades para evitar problemas, nombraron una comisión investigadora compuesta por personalidades muy serias. Los investigadores declararon que ella decía toda la verdad y que su caso era algo extraordinario que no podía explicarse sin una intervención sobrenatural. Y así la fama de la santa creció y se propagó.
En los últimos siete meses Santa Liduvina no pudo dormir ni siquiera una hora a causa de sus tremendos dolores. Pero no cesaba de elevar su oración a Dios, uniendo sus sufrimientos a los padecimientos de Cristo en la Cruz.
Y el 14 de abril de 1433, día de Pascua de Resurrección poco antes de las tres de la tarde, pasó santamente a la eternidad. Pocos días antes contempló en una visión que en la eternidad le estaban tejiendo una hermosa corona de premios. Pero aun debía sufrir un poco. En esos días llegaron unos soldados y la insultaron y la maltrataron. Ella ofreció todo a Dios con mucha paciencia y luego oyó una voz que le decía: "con esos sufrimientos ha quedado completa tu corona. Puedes morir en paz".
La última petición que le hizo al médico antes de morir fue que su casa la convirtieran en hospital para pobres. Y así se hizo. Y su fama se extendió ya en vida por muchos sitios y después de muerta sus milagros la hicieron muy popular. Tiene un gran templo en Schiedam. Tuvo el honor de que su biografía la escribiera el escritor Tomás de Kempis, autor del famosísimo libro "La imitación de Cristo".
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Fuente:
Multimedios.org
Valeriano, San Mártir, Abril 14
Mártir Etimológicamente significa "fuerte,
robusto". Viene de la lengua latina. |
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Juan de Montemarano, Santo Obispo, Abril 14
Obispo Martirologio Romano: En Montemarano, de la Campania, san
Juan, obispo, que se dedicó a ayudar a los pobres y a
la santificación del clero (s. XI/XII). |
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Fuente:
ar.geocities.com/misatridentina01 || Archidiócesis de Madrid
Pedro González (San
Telmo), Santo Dominico,
Abril 14
El
bienaventurado y apostólico varón san Pedro González,
llamado vulgarmente san Telmo, nació de padres nobles en
la villa de Fromesta, a cinco leguas de la ciudad de
Palencia. ________________________________ Es uno de los santos medievales más
populares, cuya figura se agrandó por el juego de la
fábula y cuyos milagros verdaderos o menos contribuyeron
a meterlo en las entrañas del pueblo. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Isabel (Josefina)
Calduch Rovira, Beata Virgen y
Mártir, Abril 14
Mártir Clarisa Capuchina Nació en Alcalá de Chivert (Castellón) el 9
de mayo de 1882, y fue martirizada en Cuevas de Vinromá
(Castellón) el 14 de abril de 1937. |
J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 1-9 )
Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Domingo de la Resurrección del Señor
Señor, protege siempre a tu Iglesia
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Antífona de Entrada
He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10, 34. 37-43)
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.
El nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 117
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Aleluya.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los colosenses (3, 1-4 )
Hermanos:
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
(Sólo el día de hoy es obligatoria; durante la octava es opcional)
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la víctima propicia de la Pascua. Cordero sin pecado, que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza. Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la vida, triunfante se levanta. “¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?” “A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua”. Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda. Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 1-9 )
Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Cristo ha resucitado y vive para interceder por nosotros; por eso digámosle:
Te glorificamos, Señor.
Porque con tu resurrección has vencido las tinieblas dando muerte al pecado y a la muerte y nos ofreces la vida en plenitud:
Te glorificamos, Señor.
Porque Tú eres el Viviente, el que nos renueva y nos permite vivir una vida nueva:
Te glorificamos, Señor.
Porque tu resurrección ha colmado de alegría a todos los pueblos y les abre esperanzas de paz y libertad:
Te glorificamos, Señor.
Porque hoy enriqueces a tu Iglesia con la vida de los nuevos bautizados:
Te glorificamos, Señor.
Porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna:
Te glorificamos, Señor.
Porque la luz del sepulcro vacío y el mensaje de la resurrección guían nuestra fe y allanan nuestro camino:
Te glorificamos, Señor.
Celebrante:
Te glorificamos y te pedimos que tu gracia renueve nuestras vidas, las sumerja en tu misterio y un día disfrutemos en plenitud de tu resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Regocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Pascual I
El misterio pascual
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo nuestra Pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Domingo de Resurrección
Resucitó de entre los muertos
— La Resurrección del Señor, fundamento de nuestra fe. Jesucristo vive: esta es la gran alegría de todos los cristianos.
— La luz de Cristo. La Resurrección, una fuerte llamada al apostolado.
— Apariciones de Jesús: el encuentro con su Madre, a quien se aparece en primer lugar. Vivir este tiempo litúrgico muy cerca de la Virgen.
I. En verdad ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad1.
“Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar el cuerpo muerto de Jesús. —Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro, salido ya el sol (Mc 16, 1-2). Y entrando, se quedan consternadas porque no hallan el cuerpo del Señor. —Un mancebo, cubierto de vestidura blanca, les dice: No temáis: sé que buscáis a Jesús Nazareno: non est hic, surrexit enim sicut dixit, —no está aquí, porque ha resucitado, según predijo (Mt 28, 5).
“¡Ha resucitado! —Jesús ha resucitado. No está en el sepulcro. —La Vida pudo más que la muerte”2.
La Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil y nuestra fe vacía de contenido3. Además, en la Resurrección de Cristo se apoya nuestra futura resurrección. Porque Dios, rico en misericordia, movido del gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por el pecado, nos dio vida juntamente con Cristo... y nos resucitó con Él4. La Pascua es la fiesta de nuestra redención y, por tanto, fiesta de acción de gracias y de alegría.
La Resurrección del Señor es una realidad central de la fe católica, y como tal fue predicada desde los comienzos del Cristianismo. La importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección de Jesús5. Anuncian que Cristo vive, y este es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que, después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo vive! La Resurrección es el argumento supremo de la divinidad de Nuestro Señor.
Después de resucitar por su propia virtud, Jesús glorioso fue visto por los discípulos, que pudieron cerciorarse de que era Él mismo: pudieron hablar con Él, le vieron comer, comprobaron las huellas de los clavos y de la lanza... Los Apóstoles declaran que se manifestó con numerosas pruebas6, y muchos de estos hombres murieron testificando esta verdad.
Jesucristo vive. Y esto nos colma de alegría el corazón. “Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia (...): en Él, lo encontramos todo; fuera de Él, nuestra vida queda vacía”7.
“Se apareció a su Madre Santísima. —Se apareció a María de Magdala, que está loca de amor. —Y a Pedro y a los demás Apóstoles. —Y a ti y a mí, que somos sus discípulos y más locos que la Magdalena: ¡qué cosas le hemos dicho!
“Que nunca muramos por el pecado; que sea eterna nuestra resurrección espiritual. —Y (...) has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto mis labios sobre su costado abierto”8.
II. Dice bellamente San León Magno9 que Jesús se apresuró a resucitar cuanto antes porque tenía prisa en consolar a su Madre y a los discípulos: estuvo en el sepulcro el tiempo estrictamente necesario para cumplir los tres días profetizados. Resucitó al tercer día, pero lo antes que pudo, al amanecer, cuando aún estaba oscuro10, anticipando el amanecer con su propia luz.
El mundo había quedado a oscuras. Solo la Virgen María era un faro en medio de tantas tinieblas. La Resurrección es la gran luz para todo el mundo: Yo soy la luz11, había dicho Jesús; luz para el mundo, para cada época de la historia, para cada sociedad, para cada hombre.
Ayer noche, mientras participábamos –si nos fue posible– en la liturgia de la Vigilia pascual, vimos cómo al principio reinaba en el templo una oscuridad total, imagen de las tinieblas en las que se debate la humanidad sin Cristo, sin la revelación de Dios. En un instante el celebrante proclamó la conmovedora y feliz noticia: La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu12. Y de la luz del cirio pascual, que simboliza a Cristo, todos los fieles recibieron la luz: el templo quedó iluminado con la luz del cirio pascual y de todos los fieles. Es la luz que la Iglesia derrama sobre toda la tierra sumida en tinieblas.
La Resurrección de Cristo es una fuerte llamada al apostolado: ser luz y llevar la luz a otros. Para eso hemos de estar unidos a Cristo. “Instaurare omnia in Christo, da como lema San Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 1, 10); informar el mundo entero con el espíritu de Jesús, colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Jn 12, 32), cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Cristo con su Encarnación, con su vida de trabajo en Nazareth, con su predicación y milagros por las tierras de Judea y de Galilea, con su muerte en la Cruz, con su Resurrección, es el centro de la creación, Primogénito y Señor de toda criatura.
“Nuestra misión de cristianos es proclamar esa Realeza de Cristo, anunciarla con nuestra palabra y con nuestras obras. Quiere el Señor a los suyos en todas las encrucijadas de la tierra. A algunos los llama al desierto, a desentenderse de los avatares de la sociedad de los hombres, para hacer que esos mismos hombres recuerden a los demás, con su testimonio, que existe Dios. A otros, les encomienda el ministerio sacerdotal. A la gran mayoría, los quiere en medio del mundo, en las ocupaciones terrenas. Por lo tanto, deben estos cristianos llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña”13.
III. La Virgen, que estuvo acompañada por las santas mujeres en las horas tremendas de la crucifixión de su Hijo, no acompañó a estas en el piadoso intento de terminar de embalsamar el Cuerpo muerto de Jesús. María Magdalena y las demás mujeres que le habían seguido desde Galilea han olvidado las palabras del Señor acerca de su Resurrección al tercer día. La Virgen Santísima sabe que resucitará. En un clima de oración, que nosotros no podemos describir, Ella espera a su Hijo glorificado.
“Los evangelios no nos hablan de una aparición de Jesús resucitado a María. De todos modos, como Ella estuvo de manera especialmente cercana a la cruz del Hijo, hubo de tener también una experiencia privilegiada de su resurrección”14. Una tradición antiquísima de la Iglesia nos transmite que Jesús se apareció en primer lugar y a solas a su Madre. En primer término, porque Ella es la primera y principal corredentora del género humano, en perfecta unión con su Hijo. A solas, puesto que esta aparición tenía una razón de ser muy diferente de las demás apariciones a las mujeres y a los discípulos. A estos había que reconfortarlos y ganarlos definitivamente para la fe. La Virgen, que ya había sido constituida Madre del género humano reconciliado con Dios, no dejó en ningún momento de estar en perfecta unión con la Trinidad Beatísima. Toda la esperanza en la Resurrección de Jesús que quedaba sobre la tierra se había cobijado en su corazón.
No sabemos de qué manera tuvo lugar la aparición de Jesús a su Madre. A María Magdalena se le apareció de forma que ella no le reconoció en un primer momento. A los dos discípulos de Emaús se les unió como un hombre que iba de viaje. A los Apóstoles reunidos en el Cenáculo se les apareció con las puertas cerradas... A su Madre, en una intimidad que podemos imaginar, se le mostró en tal forma que Ella conociera, en todo caso, su estado glorioso y que ya no continuaría la misma vida de antes sobre la tierra15. La Virgen, después de tanto dolor, se llenó de una inmensa alegría. “No sale tan hermoso el lucero de la mañana –dice fray Luis de Granada–, como resplandeció en los ojos de la Madre aquella cara llena de gracias y aquel espejo sin mancilla de la gloria divina. Ve el cuerpo del Hijo resucitado y glorioso, despedidas ya todas las fealdades pasadas, vuelta la gracia de aquellos ojos divinos y resucitada y acrecentada su primera hermosura. Las aberturas de las llagas, que eran para la Madre como cuchillos de dolor, verlas hechas fuentes de amor; al que vio penar entre ladrones, verle acompañado de ángeles y santos; al que la encomendaba desde la cruz al discípulo ve cómo ahora extiende sus amorosos brazos y le da dulce paz en el rostro; al que tuvo muerto en sus brazos, verle ahora resucitado ante sus ojos. Tiénele, no le deja; abrázale y pídele que no se le vaya; entonces, enmudecida de dolor, no sabía qué decir; ahora, enmudecida de alegría, no puede hablar”16. Nosotros nos unimos a esta inmensa alegría.
Se cuenta que Santo Tomás de Aquino, cada año en esta fiesta, aconsejaba a sus oyentes que no dejaran de felicitar a la Virgen por la Resurrección de su Hijo17. Es lo que hacemos nosotros, comenzando hoy a rezar el Regina Coeli, que ocupará el lugar del Ángelus durante el tiempo Pascual: Alégrate, Reina del cielo, ¡aleluya!, porque Aquel a quien mereciste llevar dentro de ti ha resucitado, según predijo... Y le pedimos que nosotros resucitemos en íntima unión con Jesucristo. Hagamos el propósito de vivir este tiempo pascual muy cerca de Santa María.
1 Antífona de entrada de la Misa. Cfr. Lc 24, 34; Cfr. Apoc 1, 6. — 2 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, primer misterio glorioso. — 3 Cfr. 1 Cor 15, 14-17. — 4 Ef 2, 4-6. — 5 Cfr Hech 1, 22; 2, 32; 3, 15; etc. — 6 Hech 1, 3. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 102. — 8 ídem, Santo Rosario, primer misterio glorioso. — 9 San León Magno, Sermón 71, 2. — 10 Jn 20, 1. — 11 Jn 8, 12. — 12 Misal Romano, Vigilia pascual. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 105. — 14 Juan Pablo II, Discurso en el santuario de Nª Sª de la Alborada, Guayaquil, 31-I-1985. — 15 Cfr. F. M. Willam, Vida de María, Herder, Barcelona 1974, p. 330. — 16 Fray Luis de Granada, Libro de la oración y meditación, Palabra, 2ª ed., Madrid 1979, 26, 4, 16. — 17 Cfr. Fr. J. F. P., Vida y misericordia de la Santísima Virgen, según los textos de Santo Tomás de Aquino, Segovia 1935, pp. 181-182.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Anselmo
Arzobispo.
Doctor de la Iglesia
(1109)
21 de abril
Historia:
Anselmo significa: Dios en mi defensa.
Nació en Aosta del Piamonte (Italia). De noble familia lombarda, su padre quiso educarle para la política, por lo que nunca aprobó su temprana decisión de hacerse monje. Recibió una excelente educación clásica, siendo tenido por uno de los mejores latinistas de su tiempo. Esta educación le llevo al uso preciso de la palabra y a la necesidad de claridad de su pensamiento.
Su padre era muy amigo de las fiestas y de aparecer bien en público. La mamá en cambio era sumamente piadosa y humilde. Mientras el papá lo animaba a ser un triunfador en el mucho, la madre le mostraba el bellísimo cielo azul de Italia y le decía: allá arriba empieza el verdadero reino de Dios. Y Anselmo se fue inclinando más a ganarse su cielo que la mamá le mostraba, que las glorias humanas que le ponderaba su padre.
De jovencito fue encomendado a un profesor muy riguroso, regañón y humillante y el niño empezó a perder la alegría y a volverse demasiado tímido y retraído. Entonces lo llevaron a los Padres Benedictinos y estos por medio de la bondad y de la alegría lo transformaron en un estudiante alegre y entusiasta. Más tarde Anselmo dirá: "Mis progresos espirituales, después de Dios y mi madre, los debo a haber tenido unos excelentes profesores en mi niñez, los Padres Benedictinos".
El papá le ofrece triunfar en el mundo y lo lleva a fiestas y a torneos. Pero aunque Anselmo participa con mucho entusiasmo, después de cada fiesta mundana siente su alma llena de tristeza y desilusión. Y exclama: "El navío de mi corazón pierde el timón en cada fiesta y se deja llevar por las olas de la perdición". Toda la vida se arrepentirá de esos años de mundanalidad. Afortunadamente se decide a aceptar otra propuesta: la de hacerse religioso. Y allí sí encuentra la paz.
Ha muerto la mamá y no se entiende bien con el papá. Anselmo huye del hogar y se va para Francia donde, según le han contado hay un monje famoso, muy sabio y muy amable que sabe dirigir maravillosamente a la juventud. Ese monje se llama Lanfranco. El joven Anselmo tiene 27 años y sale de su país acompañado solamente de un burrito que lleva sus pocas pertenencias. Va a hacerse monje benedictino.
Lanfranco recibe a Anselmo con gran amabilidad y se dedica a dirigirlo y a formarlo. En adelante serán grandes amigos por toda la vida y Anselmo irá reemplazando a su maestro en sus altos cargos. Cuando a Lanfranco lo nombran arzobispo, Anselmo es nombrado superior del convento, y aunque se negaba totalmente a aceptar tan delicado cargo, lo obligaron a aceptar y gobernó con gran prudencia y con la más exquisita bondad. Exigía exacto cumplimiento del deber pero sabía gobernar con gran prudencia y amabilidad, por eso lo amaban y lo estimaban.
Todos los ratos libres los dedicaba a estudiar y a escribir, llegando así a ser uno de los autores más leídos en la Iglesia Católica. Durante siglos los maestros de teología han leído y citado las enseñanzas de este gran sabio que escribió dos libros muy famosos: El Monologio y el Prosologio, y fue el verdadero precursor de Santo Tomás, el escritor que más unió las dos grandes ciencias, la Filosofía y la Teología (El dice que Monologio significa: manera de meditar en las razones de la fe). Fue el mayor teólogo de su tiempo. Gran sabio.
Su amigo Lanfranco, Arzobispo de Cantorbery, murió muy pronto, más por angustias, por las persecuciones del gobierno, que por viejo o por enfermedad. Y entonces el Papa nombró para reemplazarlo a San Anselmo. Casi se desmaya del susto, al recibir el nombramiento, pero tuvo que obedecer.
El rey Guillermo quería nombrar él mismo a obispos y sacerdotes. Anselmo se le opuso diciéndole que esto era un derecho exclusivo de la Iglesia Católica. El rey entonces expulsó de Inglaterra al arzobispo Anselmo, el cual aprovechó para dedicarse en Francia y en Italia a estudiar y a escribir.
A la muerte de Guillermo regresó Anselmo a Inglaterra pero el nuevo rey Enrique quería también nombrar él mismo a los obispos y disponer de los bienes de la Iglesia. Anselmo se le opuso valientemente. Enrique quiso expulsarlo. El Sumo Pontífice amenazó con excomulgar al rey si expulsaba al arzobispo. Entonces enviaron delegados a Roma y el Papa le dio toda la razón a Anselmo. El santo consiguió con sus ruegos en Roma que no fuera sancionado el rey y así obtuvo que Inglaterra no se separara de la Iglesia Católica todavía. El era extraordinariamente bondadoso.
San Anselmo murió el 21 de abril del año 1109.
Por la gran sabiduría de sus escritos, la Santa Sede lo ha nombrado Doctor de la Iglesia. Era gran devoto de la Virgen María y decía que no hay criatura tan sublime y tan perfecta como Ella y que en santidad sólo la supera Dios. Sus últimas palabras antes de morir fueron estas: "Allí donde están los verdaderos goces celestiales, allí deben estar siempre los deseos de nuestro corazón".
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Maximiano de Constantinopla, Santo Obispo, Abril 21
ObispoEtimológicamente: Maximiano = Aquel que es el más grande, es de origen latino.
Hoy
nos encontramos con este santo que murió el año 434.
Lo vemos como un luchador valiente contra Nestorio. |
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Bartolomé Cerveri, Beato Sacerdote y Mártir, Abril 21
Presbítero y MártirMartirologio
Romano: En Cervere, cerca de Fossano, en el
Piamonte, beato Bartolomé Cerveri, presbítero de la
Orden de Predicadores y mártir, que luchó por
defender la fe católica y la confirmó al morir
atravesado por lanzas de herejes (1466).
Nacido
en Savigliano (Turín) alrededor de 1420. |
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Fuente:
Arquidiocesisgdl.org.mx
Román Adame Rosales,
Santo Presbítero y Mártir Méxicano, 21 de abril
Presbítero y MártirMartirologio
Romano: En Nochistlán, en el territorio de
Guadalajara, en México, san Román Adame, presbítero
y mártir, que en la persecución contra la Iglesia
fue martirizado por confesar a Cristo Rey (1927).
Nacido
en Teocaltiche, Jalisco, el 27 de febrero de 1859, fue
ordenado presbítero por su obispo, Don Pedro Loza y
Pardavé, el 30 de noviembre de 1890, tras lo cual, le
fueron conferidos varios nombramientos hasta que el 4
de enero de 1914 llegó al que sería su último destino,
Nochistlán, Zacatecas. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Conrado (Juan
Evangelista) Birndorfer de Parzham,
Santo Religioso
Capuchino, Abril 21
Religioso CapuchinoMartirologio
Romano: En Altötting, en la región alemana
de Baviera, san Conrado de Parzham (Juan)
Birndorfer, religioso de la Orden de Hermanos
Menores Capuchinos, que durante más de cuarenta años
ejerció el humilde oficio de portero, siempre
generoso con los pobres, y que nunca dejaba marchar
a un menesteroso sin haberle ofrecido una ayuda
cristiana con sus amables palabras (1891).
Hermano
religioso que nació en Parzham (Alemania), de padres
labradores, y, después de una juventud ejemplar,
profesó en la Orden capuchina en 1842. Durante
cuarenta y tres años ejerció el oficio de portero en
el convento de Altötting (Baviera), célebre
santuario mariano, dando a todos ejemplo de oración,
caridad activa y paciencia. Lo canonizó Pío XI en
1934. |
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Fuente:
Catacombe.Roma.it || Actas de los Mártires: Eusebio de Cesarea
Apolonio de Roma, Santo Mártir, Abril 21
MártirMartirologio
Romano: En Roma, conmemoración de san
Apolonio, filósofo y mártir, que, en tiempo del
emperador Cómodo, ante el prefecto Perenio y el
Senado defendió con aguda palabra la causa de la fe
cristiana, que confirmó con el testimonio de su
sangre al ser condenado a la pena capital (185).
Apolonio,
senador romano, era conocido entre los cristianos de
la Urbe por su elevada condición social y profunda
cultura. Denunciado probablemente por un esclavo suyo,
el juez invitó a Apolonio a sincerarse frente al
senado. |
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Fuente:
Santiebeati.it
Juan Saziari, Beato Religioso Franciscano,
Abril 21
Religioso FranciscanoMartirologio
Romano: En la ciudad de Cagli, del Piceno,
en Italia, beato Juan Saziari, religioso de la
Tercera Orden de San Francisco (c. 1372).
En
el 1287, durante una cruenta batalla, la antiquísima
comuna de Cagli fue casi totalmente incendiada. Esta
comuna surgió sobre el Monte Petrano pero dos años
después de los habitantes decidieron desplazar el
centro de las actividades ciudadanas a sus faldas. Es
aquí, donde algunas décadas después, vivió el beato
Juan Saziari. |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos Completando el santoral
de este día, Abril 21
San Aristo, presbítero y mártir |
J†A
JMJ
Pax
Ocho días después, se les apareció Jesús
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día
de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa
donde se hallaban
los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en
medio de ellos y
les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los
discípulos vieron al
Señor se llenaron de alegría.De nuevo Jesús les dijo:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los
envío yo".
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo: a quienes les perdonen los pecados,
les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les
quedarán sin
perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba
con ellos cuando
vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero Tomás les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi
dedo en los
agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no
creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada, y Tomás
estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos,
y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego le dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae acá tu mano y métela
en mi
costado. No sigas dudando, sino ¡cree!"
Tomás le respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que
ustedes crean
que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo en
él tengan vida
en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
2o. Dom. de Pascua Ciclo C: Domingo de la Divina Misericordia (indulgencia plenaria)
Como niños recién nacidos, deseen una leche pura y espiritual que les haga crecer hacia
la salvación. Aleluya. No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo
con la celebración
anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros tu gracia
para que
comprendamos a fondo la inestimable riqueza del bautismo que
nos ha purificado,
del Espíritu que nos ha dado una vida nueva y de la Sangre que
nos ha redimido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Crecía el número de los creyentes en el Señor
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16
En aquellos
días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y
prodigios en medio
del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común
acuerdo, en el
pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles,
aunque la gente los
tenía en gran estima.
El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba
creciendo de día en
día, hasta el punto de sacar en literas y camillas a los
enfermos y ponerlos en
las plazas para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra
cayera sobre
alguno de ellos.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando
enfermos y
atormentados por espíritus malignos; y todos quedaban curados.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 117
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Diga la
casa de Israel: Su misericordia es eterna; diga la casa de
Aarón: su
misericordia es eterna; digan los que temen al Señor: su
misericordia es
eterna.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra
que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la
mano del Señor, es un milagro patente. Este es el día del
triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Libéranos,
Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en el nombre
del Señor; que
Dios desde su templo nos bendiga; que el Señor, nuestro Dios,
nos ilumine.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo para siempre
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan,
hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino
y en la
perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos
por haber
predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí
en éxtasis, y oí a mis espaldas una voz potente como de
trompeta, que decía:
"Escribe en un libro lo que veas, y envíalo a las siete
comunidades
cristianas de Asia".
Me volví para ver quién me hablaba; y al volverme vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas a un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho con una franja de oro. Al contemplarlo caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas, yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos; yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto: tanto sobre las cosas que están sucediendo como sobre las que sucederán después". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen
sin haberme visto,
dice el Señor. Aleluya.
Ocho días después, se les apareció Jesús
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al
anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las
puertas de la casa
donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se
presentó Jesús en
medio de ellos y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los
discípulos vieron al
Señor se llenaron de alegría.De nuevo Jesús les dijo:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los
envío yo".
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo: a quienes les perdonen los
pecados, les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les
quedarán sin
perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba
con ellos cuando
vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero Tomás les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi
dedo en los
agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no
creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada, y Tomás
estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de
ellos, y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego le dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae acá tu mano y
métela en mi
costado. No sigas dudando, sino ¡cree!"
Tomás le respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin
haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que
ustedes crean
que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo
en él tengan vida
en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor purificados
nuestros
sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con
insistencia al Señor;
Respondemos:Rey vencedor, escúchanos.
A Cristo,
que, con su gloriosa resurrección ha vencido la muerte y ha
destruido el
pecado, pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles
a las promesas
del bautismo que renovaron en la noche santa de Pascua,
roguemos al Señor.
Rey vencedor, escúchanos.
A Cristo,
que, con su santa resurrección ha otorgado el perdón y la paz
a los pecadores,
supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida
conserven
íntegramente los dones de la misericordia que el Padre les ha
restituido,
roguemos al Señor.
Rey vencedor, escúchanos.
A Cristo,
que, con su gloriosa resurrección ha dado al mundo la vida
verdadera y ha
renovado toda la creación, pidámosle por quienes por no creer
en su triunfo
viven sin esperanza, roguemos al Señor.
Rey vencedor, escúchanos.
A Cristo,
que, con su santa resurrección ha colmado de alegría a los
pueblos, los ha
enriquecido con sus dones y ha hecho vibrar de gozo nuestros
corazones,
pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran,
roguemos al
Señor.
Rey vencedor, escúchanos.
A Cristo,
que, con su gloriosa resurrección anunció la alegría a las
mujeres, y por medio
de las mujeres a los apóstoles, y por medio de los apóstoles
al mundo entero,
pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su
triunfo, roguemos al
Señor.
Rey vencedor, escúchanos.
Celebrante:
Señor, Dios nuestro, escucha nuestra oración y danos la fuerza
de tu Espíritu
para que ofrezcamos, juntamente con nuestro amor, el obsequio
de nuestra
obediencia libre.
Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina, inmortal y
glorioso, por los
siglos de los siglos.
Amén.
Recibe,
Señor las Ofrendas que (junto con los recién bautizados) te
presentamos; tú que
nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo,
guíanos a la
felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Prefacio
Demos
gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado. porque él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de
alegría y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Jesús dijo a Tomás:
"Acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente". Aleluya.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este
sacramento nos
impulse siempre a servirte mejor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
PASCUA. SEGUNDO DOMINGO
LA FE DE TOMAS
- Aparición de Jesús a los Apóstoles estando ausente Tomás. Le comunican que Jesús ha resucitado. Apostolado con quienes han conocido a Cristo, pero no le tratan.
- El acto de fe del Apóstol Tomás. Nuestra fe ha de ser operativa: actos de fe, confianza con el Señor, apostolado.
- La Resurrección es una llamada a manifestar con nuestra vida que Cristo vive. Necesidad de estar bien formados.
I. El primer día de la semana (1), el día en que resucitó el Señor, el primer día del mundo nuevo, está repleto de acontecimientos: desde la mañana, muy temprano (2), cuando las mujeres van al sepulcro, hasta la noche, muy tarde (3), cuando Jesús viene a confortar a sus más íntimos: La paz sea con vosotros, les dice. Y dicho esto les mostró las manos y el costado. En esta ocasión, Tomás no estaba con los demás Apóstoles; no pudo ver al Señor, ni oír sus consoladoras palabras.
Este Apóstol fue el que dijo una vez: Vayamos también nosotros y muramos con él (4). Y en la Ultima Cena expresó al Señor su ignorancia, con la mayor sencillez: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo vamos a saber el camino? (5) Llenos de un profundo gozo, los Apóstoles buscarían a Tomás por Jerusalén aquella misma noche o al día siguiente. En cuanto dieron con él, les faltó tiempo para decirle: ¡Hemos visto al Señor! Pero Tomás, como los demás, estaba profundamente afectado por lo que habían visto sus ojos: jamás olvidaría la Crucifixión y Muerte del Maestro. No da ningún crédito a lo que los demás le dicen: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré (6). Los que habían compartido con él aquellos tres años y con quienes por tantos lazos estaba unido, le repetirían de mil formas diferentes la misma verdad, que era su alegría y su seguridad: ¡Hemos visto al Señor! Tomás pensaba que el Señor estaba muerto. Los demás le aseguraban que vive, que ellos mismos lo han visto y oído, que han estado con Él. Así hemos de hacer nosotros: para muchos hombres y para muchas mujeres Cristo es como si estuviera muerto, porque apenas significa nada para ellos, casi no cuenta en su vida. Nuestra fe en Cristo resucitado nos impulsa a ir a esas personas, a decirles de mil formas diferentes que Cristo vive, que nos unimos a Él por la fe y lo tratamos cada día, que orienta y da sentido a nuestra vida.
De esta manera, cumpliendo con esa exigencia de la fe, que es darla a conocer con el ejemplo y la palabra, contribuimos personalmente a edificar la Iglesia, como aquellos primeros cristianos de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles: crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor (7).
II. A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. Después dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel (8).
La respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración y de entrega sin límites: ¡Señor mío y Dios mío! Son las suyas cuatro palabras inagotables. Su fe brota, no tanto de la evidencia de Jesús, sino de un dolor inmenso. No son tanto las pruebas como el amor el que le lleva a la adoración y a la vuelta al apostolado. La Tradición nos dice que el Apóstol Tomás morirá mártir por la fe en su Señor. Gastó la vida en su servicio.
Las dudas primeras de Tomás han servido para confirmar la fe de los que más tarde habían de creer en Él. “¿Es que pensáis -comenta San Gregorio Magno- que aconteció por pura casualidad que estuviese ausente entonces aquel discípulo elegido, que al volver oyese relatar la aparición, y que al oír dudase, dudando palpase y palpando creyese? No fue por casualidad, sino por disposición de Dios. La divina clemencia actuó de modo admirable para que, tocando el discípulo dubitativo las heridas de la carne de su Maestro, sanara en nosotros las heridas de la incredulidad (...). Así el discípulo, dudando y palpando, se convirtió en testigo de la verdadera resurrección” (9).
Si nuestra fe es firme, también se apoyará en ella la de otros muchos. Es preciso que nuestra fe en Jesucristo vaya creciendo de día en día, que aprendamos a mirar los acontecimientos y las personas como Él los mira, que nuestro actuar en medio del mundo esté vivificado por la doctrina de Jesús. Pero, en ocasiones, también nosotros nos encontramos faltos de fe como el Apóstol Tomás. Tenemos necesidad de más confianza en el Señor ante las dificultades en el apostolado, ante acontecimientos que no sabemos interpretar desde un punto de vista sobrenatural, en momentos de oscuridad, que Dios permite para que crezcamos en otras virtudes...
La virtud de la fe es la que nos da la verdadera dimensión de los acontecimientos y la que nos permite juzgar rectamente de todas las cosas. “Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien nos movemos y existimos (Hech 17, 28); buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre” (10).
Meditemos el Evangelio de la Misa de hoy. “Pongamos de nuevo los ojos en el Maestro. Quizá tú también escuches en este momento el reproche dirigido a Tomás: mete aquí tu dedo, y registra mis manos; y trae tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel (Jn 20, 27); y, con el Apóstol, saldrá de tu alma, con sincera contrición, aquel grito: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20, 28), te reconozco definitivamente por Maestro, y ya para siempre -con tu auxilio- voy a atesorar tus enseñanzas y me esforzaré en seguirlas con lealtad” (11).
¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Señor y mi Dios! Estas palabras han servido de jaculatoria a muchos cristianos, y como acto de fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, al pasar delante de un sagrario, en el momento de la Consagración en la Santa Misa... También pueden ayudarnos a nosotros para actualizar nuestra fe y nuestro amor a Cristo resucitado, realmente presente en la Hostia Santa.
III. El Señor le contestó a Tomás: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído (12). “Sentencia en la que sin duda estamos señalados nosotros -dice San Gregorio Magno‑, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Se alude a nosotros, con tal que vivamos conforme a la fe; porque sólo cree de verdad el que practica lo que cree” (13).
La Resurrección del Señor es una llamada a que manifestemos con nuestra vida que Él vive. Las obras del cristiano deben ser fruto y manifestación del amor a Cristo.
En los primeros siglos la difusión del cristianismo se realizó principalmente por el testimonio personal de los cristianos que se convertían. Era una predicación sencilla de la Buena Nueva: de hombre a hombre, de familia a familia; entre quienes tenían el mismo oficio, entre vecinos; en los barrios, en los mercados, en las calles. Hoy también quiere el Señor que el mundo, la calle, el trabajo, las familias sean el cauce para la transmisión de la fe.
Para confesar nuestra fe con la palabra es necesario conocer su contenido con claridad y precisión. Por eso, nuestra Madre la Iglesia ha hecho tanto hincapié a lo largo de los siglos en el estudio del Catecismo, donde, de una manera breve y sencilla, se contiene lo esencial que hemos de conocer para poder vivirlo después. Ya San Agustín insistía a aquellos catecúmenos a punto de recibir el Bautismo: “Así, pues, el sábado próximo, en que celebraremos la vigilia, si Dios quiere, habréis de dar no la oración (el Padrenuestro), sino el símbolo (el Credo); porque si ahora no lo aprendéis, después, en la iglesia, no se lo habéis de oír todos los días al pueblo. Y, en aprendiéndolo bien, decidlo a diario para que no se olvide: al levantaros de la cama, al ir a dormiros, dad vuestro símbolo, dádselo a Dios, procurando hacer memoria de ello, y sin pereza de repetirlo. Es cosa buena repetir para no olvidar. No digáis: "Ya lo dije ayer, y lo digo hoy, y a diario lo digo; téngolo bien grabado en la memoria". Sea para ti como un recordatorio de tu fe y un espejo donde te mires. Mírate, pues, en él; examina si continúas creyendo todas las verdades que de palabra dices creer, y regocíjate a diario en tu fe. Sean ellas tu riqueza; sean a modo de vestidos para el aderezo de tu alma” (14). ¡A cuántos cristianos habría que decirles estas mismas palabras, pues han olvidado lo esencial del contenido de su fe! Jesucristo nos pide también que le confesemos con obras delante del os hombres. Por eso, pensemos; ¿no tendríamos que ser más valientes en esa o aquella ocasión?, ¿no tendríamos que ser más sacrificados a la hora de sacar adelante nuestros quehaceres? Pensemos en nuestro trabajo, en el ambiente que nos rodea: ¿se nos conoce como personas que llevan vida de fe?, ¿nos falta audacia en el apostolado?, ¿conocemos con profundidad lo esencial de nuestra fe? Terminamos nuestra oración pidiendo a la Virgen, Asiento de la Sabiduría, Reina de los Apóstoles, que nos ayude a manifestar con nuestra conducta y nuestras palabras que Cristo vive.
(1) Jn 20, 1.- (2) Mc 16, 2.- (3) Jn 20, 19.- (4) Jn 11, 16.- (5) Jn 14, 5.- (6) Jn 20, 25.- (7) Hech 5, 14.- (8) Jn 20, 26-27.- (9) SAN GREGORIO MAGNO, Homilías sobre los Evangelios, 26, 7.- (10) CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4.- (11) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 145.- (12) Jn 20, 29.- (13) SAN GREGORIO MAGNO, loc. cit., 26, 9.- (14) SAN AGUSTIN, Sermón 58, 15.
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10 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia

La celebración del Domingo de la Divina de la Misericordia tiene lugar en el segundo Domingo de Pascua ¿Qué es y por qué es tan importante este día para los católicos? Estas son 10 cosas que debes saber al respecto:
1. El Domingo de la Misericordia se basa en revelaciones privadas
La celebración de esta fiesta se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.
2. Forma parte del calendario de la Iglesia por acción de San Juan Pablo II
En el año 2000, San Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de Abril, 2000)
3. Esta revelación privada tiene efectos válidos en la liturgia
En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.
4. La Iglesia invita a celebrar la Divina Misericordia de varias formas
Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]
5. La imagen de la Divina Misericordia fue revelada por Jesús mismo
Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.
En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.
“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".
6. Esta devoción cuenta con oraciones particulares
La Coronilla es un conjunto de plegarias utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.
Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con oraciones diferentes. Puede acceder a la Coronilla en el siguiente enlace.
7. La Divina Misericordia está vinculada al Evangelio del segundo Domingo de Pascua
La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo –tras su resurrección–, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.
Este momento está registrado en Juan 20:19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.
Ese pasaje se lee ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás, en la que lo invita a tocar sus llagas. Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.
8. Los sacerdotes tienen un empoderamiento especial para administrar la Divina Misericordia
En Juan 20, 21-23 dice: “Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’”.
9. La confesión es la acción de la Divina Misericordia hasta el fin de los tiempos
Jesús capacitó a los apóstoles (y sus sucesores en el ministerio) con el Espíritu Santo para perdonar o retener (no perdonar) los pecados.
Debido a que están facultados con el Espíritu de Dios para hacer esto, su administración del perdón es eficaz: realmente elimina el pecado en lugar de ser solo un símbolo de perdón.
10. En las revelaciones privadas Jesús le da suma importancia a su Segunda Venida
Jesús promete regresar en gloria a juzgar al mundo en el amor, como claramente lo dice en su discurso del Reino en los capítulos 13 y 25 de San Mateo.
Solo en el contexto de una revelación pública como es enseñado por el Magisterio de la Iglesia se puede situar las palabras de la revelación privada dada a Sor Faustina:
“Prepararás al mundo para Mí última venida”. (Diario 429)
“Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia”. (Diario 848)
“Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia”. (Diario 965)
“Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita”. (Diario 1160)
“Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia”. (Diario 1588)
“Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia”. (Diario 1146)
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5 buenas razones para rezar la Coronilla de la Divina Misericordia
1. Jesús lo pide
Jesús se le apareció a la religiosa polaca Santa María Faustina Kowalska (1905-1938) y le pidió dar a conocer la misericordia divina a través de tres medios:
a) La imagen con la inscripción “Jesús, en Ti confío”.
Dijo Jesús: “Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá”. (Diario de Santa Faustina #48).
b) La fiesta de la Divina Misericordia, el Segundo Domingo de la Misericordia (este año el 8 de abril).
Dijo Jesús: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores... El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas.” (Ídem, #699).
c) La oración que Él le dictó: “Coronilla de la Divina Misericordia”.
2. Se obtienen gracias extraordinarias
Jesús dijo: “Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta Coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta Coronilla” (Ídem #848).
Dijo: “Hasta el pecador más empedernido, si reza esta Coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita...deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia” (Ídem #687).
Prometió: “Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta Coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón” (Ídem #811).
3. El Papa Francisco lo recomienda
El 23 de abril de 2017 el Papa Francisco presidió el Regina Coeli desde la ventana del estudio pontificio y recordó que la Divina Misericordia "es la piedra angular en la vida de la fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús”. También dijo que es un instrumento contra la violencia y el rencor.
En el Segundo Domingo de Cuaresma de 2016, el Papa Francisco mandó repartir a los fieles en la Plaza de San Pedro “cajitas de Misericordia”, “medicina para el mundo de hoy” que contenían la imagen del Señor de la Divina Misericordia, la explicación de la Coronilla y un Rosario para rezarla.
En su Bula “Misericordie Vultus”, el Papa llama a Santa Faustina “grande apóstol de la misericordia” y pide su intercesión.
4. Es sumamente fácil rezarla
Jesús se la enseñó así a santa Faustina:
Se reza “con un Rosario común, del modo siguiente: Primero rezarás una vez el Padre nuestro, el Ave María y el Credo. Después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras: ‘Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero’. En las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: ‘Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero’. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: ‘Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero’...” (ïdem #476).
5. Sólo toma cinco minutos
En un retiro con un grupo de seminaristas, Sosa Elízaga invitó a rezar en grupo la Coronilla a las 3:00 p.m. diciendo: “sólo toma cinco minutos”. Al terminar, uno comentó: “chequé con mi reloj, y efectivamente son cinco minutos”.
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Diario de Santa Faustina
(Se puede descargar gratis de www.Divina-Misericordia.org Biblioteca)
FIESTA: Domingo siguiente a Pascua, quien se confiese y comulgue obtendrá el perdón total de las culpas y penas (699). Lee 570, 49, 280.
280 Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por el recogimiento interior y por mortificación exterior. Durante tres horas llevé un cinturón [silicio
de hierro], orando incesantemente por los pecadores y para obtener misericordia para el mundo entero; y Jesús me dijo: Hoy Mi mirada se posa con complacencia sobre esta casa.
Fuentes de Misericordia
CONFESIÓN
Cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia (1182). Soy más generoso para los pecadores: por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia (1275). Aún si un alma fuera como un cadáver en descomposición y humanamente sin ninguna posibilidad de restauración y todo estuviera perdido, no es así para Dios: el milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Infelices los que no aprovechan de este milagro de la Misericordia Divina!: lo pedirán en vano, cuando sea demasiado tarde (1448). Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi Justicia (1146). Cuando te acercas a esta Fuente de Mi Misericordia, siempre fluye sobre tu alma la Sangre y el Agua que brotó de Mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete en Mi misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de Mi gracia. Cuando te acercas a la confesión debes saber que Yo Mismo te espero en el confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero Yo Mismo actúo en tu alma... de esta Fuente de la Misericordia las almas sacan gracias exclusivamente con el recipiente de la confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no conocerá límites. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria, porque Mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia los humildes (1602). Lee 1485,1521.
COMUNIÓN: Hágase en mi, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según Tu voluntad… estas palabras elevan al alma a las cumbres de la santidad… pero la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites… recoge de la fuente de la vida no sólo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad…(1487-9). Mi deleite es unirme a ti (570).
15:00 Hora de la Divina Misericordia / Hora del Vía Crucis
En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión (1320). Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. En esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo (1572). Ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal (1320).
Coronilla a la Divina Misericordia
Jesús garantiza la conversión, aunque no sea instantánea, de quien la rece (687). En las cuentas grandes, nos unimos a los sacrificios eucarísticos (Misas) que se celebran en ese momento en el mundo y ofrecemos las Hostias en todos los sagrarios. En las cuentas pequeñas, meditamos la Pasión.
A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad (1731). Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común: primero rezarás una vez el Padre Nuestro y el Ave María y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre Nuestro, dirás las siguientes palabras: “Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad, de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero”; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: “Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero” (476). Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por ellas (848), Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte (754) Rézala incesantemente. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita (687): colmaré su alma de paz, y la hora de su muerte será feliz. Que el alma no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador Misericordioso (1541). Cuando delante de un agonizante se reza esta coronilla, se aplaca la ira Divina y la insondable misericordia envuelve al alma (811). Después de la Misa, Adoración, Rosario y Vía Crucis (recomendando el tradicional, Juan Pablo II creó uno 100% bíblico), es la oración más poderosa para unidad ecuménica: a) los hermanos separados rezan el Credo de los Apóstoles porque es un documento indiscutido del Siglo I y porque consideran ‘católica’ como ‘universal’ y b) El Ave María es 100% bíblico, incluso la intercesión de los Santos (Lc 16, 19-31; además si pedimos a los ‘vivos’ que recen por nosotros, ¿cómo no poder pedir a los que están cara a Dios?), además Lutero rezaba a la Virgen, pero si alguno se niega, puede quedarse callado desde el ‘ruega’.
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¿Sabías que puedes obtener una indulgencia plenaria el Domingo de la Misericordia?
En sus apariciones a Santa Faustina Kowalska, Cristo, bajo la devoción del Señor de la Divina Misericordia; aseguró varias gracias a los que se acercaran a su misericordia.
“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas… Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata”, dijo el Señor en una promesa que hizo a la santa polaca en una de las apariciones místicas que le concedió.
Más adelante, San Juan Pablo II instituyó oficialmente la indulgencia plenaria para esta fiesta.
En el 2002, esta promesa de Cristo se hizo “oficial” en la Iglesia cuando, por mandato del Papa polaco, la Santa Sede publicó el “decreto sobre las indulgencias recibidas en la Fiesta de la Divina Misericordia”, un don que también puede alcanzar a los enfermos y los navegantes en altamar.
En el segundo Domingo de Pascua, que este año se celebra el 8 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.
“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.
Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.
También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.
Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.
Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.
Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.
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San Luis María
Grignon de Montfort
Fundador
(1716)
"A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy
devoto de la Virgen María".
- San Luis de Montfort
Libros
http://www.sgmontfort.es/show/archivos.html
El libro de
San Luis, Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María,
se ha
propagado por todo el mundo con enorme provecho para sus
lectores. El Papa Juan
Pablo II tomó como lema una frase que repetía mucho este gran
santo:
"Soy todo tuyo Oh María, y todo cuanto tengo, tuyo es".
https://www.youtube.com/watch?v=E9oSAolD1p4
SU VIDA
Es el fundador de los padres Montfortianos y de las Hermanas de la Sabiduría. Nació en Montfort, Francia, en 1673. Era el mayor de una familia de ocho hijosDesde muy joven fue un gran devoto de la Santísima Virgen. A los 12 años ya la gente lo veía pasar largos ratos arrodillado ante la estatua de la Madre de Dios. Antes de ir al colegio por la mañana y al salir de clase por la tarde, iba a arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora y allí se quedaba como extasiado. Cuando salía del templo después de haber estado rezando a la Reina Celestial, sus ojos le brillaban con un fulgor especial.
Luis no se contentaba con rezar. Su caridad era muy práctica. Un día al ver que uno de sus compañeros asistía a clase con unos harapos muy humillantes, hizo una colecta entre sus compañeros para conseguirle un vestido y se fue donde el sastre y le dijo: "Mire, señor: los alumnos hemos reunido un dinero para comprarle un vestido de paño a nuestro compañero, pero no nos alcanza para el costo total. ¿Quiere usted completar lo que falta?". El sastre aceptó y le hizo un hermoso traje al joven pobre.
El papá de Luis María era sumamente colérico, un hombre muy violento. Los psicólogos dicen que si Montfort no hubiera sido tan extraordinariamente devoto de la Virgen María, habría sido un hombre colérico, déspota y arrogante porque era el temperamento que había heredado de su propio padre. Pero nada suaviza tanto la aspereza masculina como la bondad y la amabilidad de una mujer santa. Y esto fue lo que salvó el temperamento de Luis. Cuando su padre estallaba en arrebatos de mal humor, el joven se refugiaba en sitios solitarios y allí rezaba a la Virgen amable, a la Madre del Señor. Y esto lo hará durante toda su vida. En sus 43 años de vida, cuando sea incomprendido, perseguido, insultado con el mayor desprecio, encontrará siempre la paz orando a la Reina Celestial, confiando en su auxilio poderoso y desahogando en su corazón de Madre, las penas que invaden su corazón de hijo.
Con grandes sacrificios logró conseguir con qué ir a estudiar al más famoso seminario de Francia, el seminario de San Suplicio en París. Allí sobresalió como un seminarista totalmente mariano. Sentía enorme gozo en mantener siempre adornado de flores el altar de la Santísima Virgen.
Luis Grignon de Montfort será un gran peregrino durante su vida de sacerdote. Pero cuando él era seminarista concedían un viaje especial a un Santuario de la Virgen a los que sobresalieran en piedad y estudio. Y Luis se ganó ese premio. Se fue en peregrinación al Santuario de la Virgen en Chartres. Y al llegar allí permaneció ocho horas seguidas rezando de rodillas, sin moverse. ¿Cómo podía pasar tanto tiempo rezando así de inmóvil? Es que él no iba como algunos de nosotros a rezar como un mendigo que pide que se le atienda rapidito para poder alejarse. El iba a charlas con sus dos grandes amigos, Jesús y María. Y con ellos las horas parecen minutos.
Su primera Misa quiso celebrarla en un altar de la Virgen, y durante muchos años la Catedral de Nuestra Señora de París fue su templo preferido y su refugio.
Montfort
dedicó todas sus grandes cualidades de predicador y de conductor
de multitudes
a predicar misiones para convertir pecadores. Grandes multitudes
lo seguían de
un pueblo a otro, después de cada misión, rezando y cantando. Se
daba cuenta de
que el canto echa fuera muchos malos humores y enciende el
fervor. Decía que
una misión sin canto era como un cuerpo sin alma. El mismo
componía la letra de
muchas canciones a Nuestro Señor y a la Virgen María y hacía
cantar a las
multitudes. Llegaba a los sitios más impensados y preguntaba a
las gentes:
"¿Aman a Nuestro Señor? ¿Y por qué no lo aman más? ¿Ofenden al
buen Dios?
¿Y porqué ofenderlo si es tan santo?".
Era todo fuego para predicar. Donde Montfort llegaba, el pecado tenía que salir corriendo. Pero no era él quien conseguía las conversiones. Era la Virgen María a quien invocaba constantemente. Ella rogaba a Jesús y Jesús cambiaba los corazones. Después de unos Retiros dejó escrito: "Ha nacido en mí una confianza sin límites en Nuestro Señor y en su Madre Santísima". No tenía miedo ni a las cantinas, ni a los sitios de juego, ni a los lugares de perdición. Allí se iba resuelto a tratar de quitarse almas al diablo. Y viajaba confiado porque no iba nunca solo. Consigo llevaba el crucifijo y la imagen de la Virgen, y Jesús y María se comportaban con él como formidables defensores.
A pie y de limosna se fue hasta Roma, pidiendo a Dios la eficacia de la palabra, y la obtuvo de tal manera que al oír sus sermones se convertían hasta los más endurecidos pecadores. El Papa Clemente XI lo recibió muy amablemente y le concedió el título de "Misionero Apostólico", con permiso de predicar por todas partes.
En cada pueblo o vereda donde predicaba procuraba dejar una cruz, construida en sitio que fuera visible para los caminantes y dejaba en todos un gran amor por los sacramentos y por el rezo del Santo Rosario. Esto no se lo perdonaban los herejes jansenistas que decían que no había que recibir casi nunca los sacramentos porque no somos dignos de recibirlos. Y con esta teoría tan dañosa enfriaban mucho la fe y la devoción. Y como Luis Montfort decía todo lo contrario y se esforzaba por propagar la frecuente confesión y comunión y una gran devoción a Nuestra Señora, lo perseguían por todas partes. Pero él recordaba muy bien aquellas frases de Jesús: "El discípulo no es más que su maestro. Si a Mí me han perseguido y me han inventado tantas cosas, así os tratarán a vosotros". Y nuestro santo se alegraba porque con las persecuciones se hacía más semejante al Divino Maestro.
Antes de ir a regiones peligrosas o a sitios donde mucho se pecaba, rezaba con fervor a la Sma. Virgen, y adelante que "donde la Madre de Dios llega, no hay diablo que se resista". Las personas que habían sido víctimas de la perdición se quedaban admiradas de la manera tan franca como les hablaba este hombre de Dios. Y la Virgen María se encargaba de conseguir la eficacia para sus predicaciones.
San Luis de Montfort fundó unas Comunidades religiosas que han hecho inmenso bien en las almas. Los Padres Montfortianos (a cuya comunidad le puso por nombre "Compañía de María") y las Hermanas de la Sabiduría.
Murió San Luis el 28 de abril de 1716, a la edad de 43 años, agotado de tanto trabajar y predicar.
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ORACIÓN
San Luis
Grignon de Montfort, ruega a la Virgen Santísima
que nos envíe muchos apóstoles que, como tú, se dediquen
a hacer y a amar más y más a Jesús.
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Sobre la tumba de San Luis de Montfort dice:
¿Qué miras, caminante? Una antorcha apagada, un hombre a quien el fuego del amor consumió, y que se hizo todo para todos, Luis María Grignon Montfort.
¿Preguntas por su vida? No hay ninguna más íntegra, ¿Su penitencia indagas? Ninguna más austera. ¿Investigas su celo? Ninguno más ardiente. ¿Y su piedad Mariana? Ninguno a San Bernardo más cercano.
Sacerdote de Cristo, a Cristo reprodujo en su conducta, y enseñó en sus palabras. Infatigable, tan sólo en el sepulcro descansó, fue padre de los pobres, defensor de los huérfanos, y reconciliador de los pecadores.
Su gloriosa
muerte fue semejante a su vida. Como vivió, murió.
Maduro para Dios, voló al cielo a los 43 años de edad.
Este es el libro que el demonio nunca quiso que se difundiera
En el pasado el demonio intentó evitar la difusión del “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen (VD)” de San Luis María Grignon de Montfort -cuya fiesta se celebra hoy-, que propone un método de consagración a Jesucristo por medio de la Virgen María que ha sido adoptado por grandes santos como San Juan Pablo II o San Pío X.
El Tratado, que estuvo extraviado 130 años, fue reconocido por su autenticidad y pureza doctrinal por el Papa Pío IX en un decreto del 12 de mayo de 1853, un año antes de promulgar el dogma de la Inmaculada Concepción.
En el mismo manuscrito Grignon de Montfort vaticina la persecución de su obra, su casi desaparición y los padecimientos que él mismo viviría por revelar la doctrina que explica la función de la Santísima Virgen en el plan divino de la salvación y en la vida del cristiano.
“Preveo claramente que muchas bestias rugientes llegan furiosas a destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo o sepultar, al menos, estas líneas en las tinieblas o en el silencio de un cofre a fin de que no sea publicado” (VD 114).
Monfort sufrió un intento de asesinato y su Congregación de los Misioneros de la Compañía de María recibió diversos ataques en tiempos de herejías como el jansenismo o el iluminismo.
“Atacarán, incluso, a quienes lo lean y pongan en práctica. Pero, ¡qué importa! ¡Tanto mejor! Esta perspectiva me anima y hace esperar un gran éxito, es decir, la formación de un escuadrón de aguerridos y valientes soldados de Jesús y de María, de uno y otro sexo, que combatirán al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida, en los tiempos, como nunca peligrosos, que van a llegar” (VD 114).
Por su contenido, el manuscrito compuesto cerca del 1712 siempre fue objeto del odio del demonio, sin embargo no pudo desaparecerlo. Fue sepultado “en las tinieblas y el silencio de un cofre” (VD 114) y ocultado en un la capilla de un campo francés; tiempo después pasaría a la biblioteca de la Compañía de María en la Casa Madre (Francia), donde sería descubierto por el P. Pedro Rautureau el 29 de abril de 1842.
La primera publicación del Tratado se hizo en 1843, desde entonces se ha convertido en uno de los libros más apreciados del catolicismo contemporáneo, y uno de los que más han contribuido a fomentar la piedad cristiana en el mundo entero.
El mismo San Luis María explica en su obra que esta devoción es el camino más “fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a la unión con Dios, en la cual consiste la perfección cristiana” (VD 152).
“Por esta devoción entregas a Jesucristo, de la manera más perfecta –puesto que lo entregas por manos de María–, todo cuanto le puedes dar y mucho más que por las demás devociones, por las cuales le entregas solamente parte de tu tiempo, de tus buenas obras, satisfacciones y mortificaciones. Por esta consagración le entregas y consagras todo, hasta el derecho de disponer de tus bienes interiores y satisfacciones que cada día puedes ganar por tus buenas obras, lo cual no se hace ni siquiera en las órdenes o institutos religiosos”. (VD 123)
Para defender esta postura señala que “la Iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y después a Jesucristo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús (Lc. 1, 42). Y esto, no porque la Virgen María sea mayor que Jesucristo o igual a Él, lo cual sería intolerable herejía, sino porque para bendecir más perfectamente a Jesucristo hay que bendecir primero a María”. (VD 95)
El Beato Pío IX afirmó que la verdadera devoción propuesta por San Luis María es la mejor y más aceptable, mientras que el Papa San Pío X aprobó la fórmula de consagración del Santo.
San Juan Pablo II se reconoció deudor de Grignon de Montfort al adoptar como lema episcopal Totus tuus, fórmula de consagración a María del fundador francés y uno de sus lemas marianos.
Asimismo expresó en la encíclica Redemptoris Mater que le era grato recordar “la figura de San Luis María Grignion de Montfort, el cual proponía a los cristianos la consagración a Cristo por manos de María, como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo”.
Más adelante, al final de su vida, en una carta dirigida a la familia montfortiana en el año 2003, el Papa Wojtyla contó que en su juventud la lectura del “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen” le ayudó mucho porque allí encontró la respuesta a sus dudas sobre el temor del culto excesivo a María que podría dejar de lado la supremacía del culto a Cristo.
“Bajo la guía sabia de San Luis María comprendí que, si se vive el misterio de María en Cristo, ese peligro no existe. En efecto, el pensamiento mariológico de este santo ‘está basado en el misterio trinitario y en la verdad de la encarnación del Verbo de Dios’", señaló el Pontífice polaco.
También señaló: “la doctrina de este Santo ha ejercido un profundo influjo en la devoción mariana de muchos fieles y también en mi vida. Se trata de una doctrina vivida, de notable profundidad ascética y mística, expresada con un estilo vivo y ardiente, que utiliza a menudo imágenes y símbolos”.
En la actualidad congregaciones y grupos de la Iglesia como el Movimiento Lazos de Amor Mariano (LAM) preparan a miles de fieles en diversos países que desean consagrarse a la Madre de Dios a través del método de San Luis María.
¿Te has consagrado a la Virgen María? Aquí un “método” seguido por grandes santos
San Luis María Grignon de Montfort en su “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen” propone un método de consagración a María seguido por grandes santos, con el que el Movimiento Lazos de Amor Mariano (LAM) prepara a miles de fieles en diversos países que desean consagrarse a la Madre de Dios.
En declaraciones a ACI Prensa, Wilson Tamayo, Subdirector General de LAM, explicó que en la historia de la Iglesia siempre se han dado actos de consagración a la Virgen, “pero lo que hace San Luis de Montfort es dar un paso más y decir que esta consagración no solamente es un acto devocional, sino que es un acto de entrega verdadera, entrega total”.
En este sentido, los temas de preparación que San Luis propone en su Tratado son desarrollados y profundizados durante 33 semanas en los grupos de consagración de Lazos de Amor Mariano. Esto da providencialmente 9 meses y es entendido simbólicamente como “una especie de gestación en María para nacer en Jesucristo”, señaló Tamayo.
Los contenidos que se trabajan se dividen en cuatro bloques y son en referencia al conocimiento del mundo, de uno mismo, de la Virgen y de Jesucristo. Al final los participantes realizan su consagración, generalmente en una fiesta mariana especial y con una Eucaristía solemne.
Dentro de los Papas y Santos que han destacado la Consagración a la Virgen María por el método de Montfort están el Beato Pío IX, quien afirmó que la verdadera devoción propuesta por San Luis es la mejor y más aceptable, mientras que San Pío X aprobó la fórmula de consagración del Santo.
San Juan Pablo II expresó en la encíclica Redemptoris Mater que le era grato recordar “la figura de San Luis María Grignion de Montfort, el cual proponía a los cristianos la consagración a Cristo por manos de María, como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo”.
Más adelante, al final de su vida, en una carta dirigida a la familia montfortiana (2004), contó que en su juventud la lectura del “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen” le ayudó mucho porque allí encontró la respuesta a sus dudas sobre el temor del culto excesivo a María que podría dejar de lado la supremacía del culto a Cristo.
“Bajo la guía sabia de San Luis María comprendí que, si se vive el misterio de María en Cristo, ese peligro no existe. En efecto, el pensamiento mariológico de este santo ‘está basado en el misterio trinitario y en la verdad de la encarnación del Verbo de Dios’", señaló el Pontífice polaco.
Luego explicó que el lema “Totus tuus” que aparecía en su escudo episcopal se inspiraba en las enseñanzas de Montfort. “La doctrina de este Santo ha ejercido un profundo influjo en la devoción mariana de muchos fieles y también en mi vida. Se trata de una doctrina vivida, de notable profundidad ascética y mística, expresada con un estilo vivo y ardiente, que utiliza a menudo imágenes y símbolos”. ¿Cómo acceder a la preparación?
Los interesados en consagrarse a María según el método de San Luis María Grignon de Monfort pueden contactarse con el Movimiento Lazos de Amor Mariano, que actualmente se encuentra en varias ciudades de Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Venezuela, Panamá, Uruguay, Brasil, México y Perú.
Asimismo, con el objetivo de que más personas se consagren, el Movimiento ha creado la consagración online donde los fieles que tal vez tienen dificultades para unirse físicamente a algún grupo, pueden prepararse a través de internet con videos formativos y tutores virtuales, quienes los acompañarán en su proceso.
“No tengan miedo de recibir a María en su casa, de abrirle las puertas de par en par. Ella lo único que sabe hacer es llevarnos a Jesús y esta consagración es un tesoro de la Iglesia”, puntualizó Wilson Tamayo.
Lazos de Amor Mariano es una Asociación Privada de Fieles que nació en Colombia el 16 de julio de 1999, día de la Virgen del Carmen, encabezada por su actual director general Rodrigo Jaramillo. El movimiento se ha expandido rápidamente y a través de sus misioneros promueve el amor a la Virgen María, Jesús Eucaristía y al Papa.
Más información en: https://www.facebook.com/Mov.LazosdeAmorMariano
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Pedro Chanel, Santo Sacerdote y Mártir, Abril 28
Sacerdote y Mártir Futuna es una pequeña “expresión
geográfica”, una de las islas Fiji, señalada en los
mapas con un punto entre el ecuador y el trópico de
Capricornio en el inmenso océano Pacífico. Hoy es una
posesión francesa, meta de turistas amantes de lo
exótico. Los habitantes son católicos y viven una vida
pacífica. Pero hace 140 años, precisamente el 12 de
noviembre de 1837, cuando desembarcó allí el misionero
marista Pedro Chanel, junto con un compañero laico, la
isla estaba dividida por dos tribus continuamente en
guerra. |
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Fuente:
Vatican.va
Gianna Beretta Molla, Santa Médico, esposa y madre de
familia, Abril 28
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Médico, esposa y madre de familia Gianna Beretta nació en Magenta (provincia
de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna
infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana
que recibe de sus padres. Considera la vida como un don
maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la
Providencia, y convencida de la necesidad y de la
eficacia de la oración.
Magenta. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Luquesio y Buonadonna de Poggibonsi, Beatos Terciarios
Franciscanos,
Abril 28
Luquesio nació en Gaggiano, caserío del
Chianti. Siempre había deseado seguir la carrera de las
armas y era del partido de los Güelfos. Pero después de
haber participado en las luchas políticas a sus propias
expensas, decidió retirarse y se trasladó a Poggibonsi
(Siena), donde comenzó a ejercer el comercio con lo cual
recuperó su holgura económica perdida en las lides
políticas. Casado, era muy consciente de que una mujer
es muy buena si no malgasta la hacienda. Pero poco a
poco, de avaro que era, comenzó a ser generoso y fue
acercándose paulatinamente a las prácticas piadosas, al
igual que su mujer. |
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Fuente:
Montfort.org
María Luisa de Jesús, Beata Cofundadora, Abril 28
Cofundadora de las Hijas de la Sabiduría María Luisa Trichet (en religión María
Luisa de Jesús), con San Luis María Grignion de
Montfort, es la cofundadora de la Congregación de las
religiosas, llamadas Hijas de la Sabiduría. |
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Teodora y Didimo o Dimas, Santos Mártires en Alejandría, Abril 28
Mártires en Alejandría
Etimológicamente significa “don de Dios” y
“ doble, gemelo, compañero”. Vienen de la lengua griega. |
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Fuente:
Legión de María, Hermosillo
Vidal de Ravena y Valeria de Milán, Santo Mártires, Abril 28
Mártires del Siglo II El tránsito de San Vidal y Santa Valeria, mártires, padres de los Santos Gervasio
y Protasio. Vidal de Ravena Por haber enterrado con el debido honor el
cuerpo de San Ursicino, fue preso por orden del cónsul
Paulino, y después de haberle atormentado en el potro,
le echaron en una profunda hoya cubriéndole de tierra y
piedras; con este martirio entregó el alma al Señor. Valeria de Milán Viuda de San Vidal, que se había ido a vivir a Milán, fue arrojada de su carruaje por los seguidores del dios Silvano, que le pegaron y torturaron de tal manera que murió al día siguiente a causa de las heridas. |
J†A
JMJ
Pax
Jesús tomó el pan y el pescado y se los dio a los discípulos
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se
les apareció otra vez a los
discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta
manera: Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Gemelo, Natanael el de Caná
de Galilea,
los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les
dijo:
"Voy a pescar".
Ellos le respondieron:
"También nosotros vamos contigo".
Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba ya
amaneciendo cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los
discípulos no lo
reconocieron. Jesús les preguntó:
"Muchachos, ¿han pescado algo?"
Ellos contestaron:
"No".
Entonces él les dijo:
"Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces".
Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos
pescados.
Entonces el discípulo preferido de Jesús le dijo a Pedro:
"Es el Señor".
Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó
a la cintura
la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los
otros discípulos
llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues
no distaban de
tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra,
vieron unas
brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo:
"Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar".
Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla
la red,
repleta de pescados grandes: eran ciento cincuenta y tres, y a
pesar de que
eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús:
"Vengan a desayunar".
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era,
porque ya
sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo
dio, y también el
pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus
discípulos después
de resucitar de entre los muertos.
Después de almorzar, le preguntó Jesús a Simón Pedro:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?"
El le contestó:
"Sí, Señor, tú sabes que te quiero"
Jesús le dijo:
"Apacienta mis corderos".
Por segunda vez le preguntó:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"
El le respondió:
"Sí, Señor, Tú sabes que te quiero".
Jesús le dijo:
"Pastorea mis ovejas".
Por tercera vez le preguntó:
"Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?"
Pedro se entristeció que Jesús le hubiera preguntado por tercera
vez si lo
quería, y le contestó:
"Señor, tú lo sabes todo; Tú bien sabes que te quiero".
Jesús le dijo:
"Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven tú mismo
te ceñías
la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo
extenderás los brazos y
otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras".
Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría
de glorificar a
Dios. Después le dijo:
"Sígueme".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
3er. Dom. de Pascua Ciclo C
Aclamen al Señor, habitantes todos de la tierra, canten un himno a su nombre, denle gracias y alábenlo.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos
la dignidad de
hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y
esperanza, el día glorioso
de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27-32.40-41
En
aquellos días, el sumo
sacerdote reprendió a los apóstoles y les dijo:
"Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin
embargo, ustedes
han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos
responsables de
la sangre de ese hombre".
Pedro y los otros apóstoles replicaron:
"Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres.
El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes
dieron muerte
colgándolo de la cruz.
La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho Jefe y Salvador, para
dar a Israel la
gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros
somos testigos de
todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado
a los que le
obedecen".
Los miembros del Sanedrín mandaron azotar a los apóstoles, les
prohibieron
hablar en nombre de Jesús y los soltaron.
Ellos se retiraron del Sanedrín, felices de haber padecido
aquellos ultrajes
por causa de Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 29
Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Te alabaré,
Señor, pues nos dejaste que se rieran mis enemigos. Tú, Señor,
me salvaste de
la muerte y a punto de morir, me reviviste.
Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Alaben al
Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira
dura un solo
instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por
la tarde; por la
mañana, el júbilo.
Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Escúchame,
Señor, y compadécete, Señor, ven a mi ayuda. Convertiste mi
duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Digno es el Cordero que fue inmolado de recibir el poder y la riqueza
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 5, 11-14
Yo,
Juan, tuve una visión en la
cual oí alrededor del trono de los vivientes y los ancianos,
la voz de millones
y millones de ángeles que cantaban con voz potente:
"¡Digno es el Cordero que fue inmolado de recibir el poder y
la riqueza,
la sabiduría y la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza!"
Oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra,
debajo de la tierra
y en el mar, todo cuanto existe, que respondían:
"¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza,
el honor, la
gloria y el poder por los siglos de los siglos!"
Y los cuatro vivientes decían:
"Amén".
Los ancianos se postraron en tierra, y adoraron al que vive
por los siglos de
los siglos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas y se compadeció
de todos los
hombres.
Aleluya.
Jesús tomó el pan y el pescado y se los dio a los discípulos
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se
les apareció otra vez a los
discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta
manera: Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Gemelo, Natanael el de Caná
de Galilea,
los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les
dijo:
"Voy a pescar".
Ellos le respondieron:
"También nosotros vamos contigo".
Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba ya
amaneciendo cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los
discípulos no lo
reconocieron. Jesús les preguntó:
"Muchachos, ¿han pescado algo?"
Ellos contestaron:
"No".
Entonces él les dijo:
"Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces".
Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos
pescados.
Entonces el discípulo preferido de Jesús le dijo a Pedro:
"Es el Señor".
Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó
a la cintura
la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los
otros discípulos
llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues
no distaban de
tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra,
vieron unas
brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo:
"Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar".
Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla
la red,
repleta de pescados grandes: eran ciento cincuenta y tres, y a
pesar de que
eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús:
"Vengan a desayunar".
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era,
porque ya
sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo
dio, y también el
pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus
discípulos después
de resucitar de entre los muertos.
Después de almorzar, le preguntó Jesús a Simón Pedro:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?"
El le contestó:
"Sí, Señor, tú sabes que te quiero"
Jesús le dijo:
"Apacienta mis corderos".
Por segunda vez le preguntó:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"
El le respondió:
"Sí, Señor, Tú sabes que te quiero".
Jesús le dijo:
"Pastorea mis ovejas".
Por tercera vez le preguntó:
"Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?"
Pedro se entristeció que Jesús le hubiera preguntado por tercera
vez si lo
quería, y le contestó:
"Señor, tú lo sabes todo; Tú bien sabes que te quiero".
Jesús le dijo:
"Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven tú mismo
te ceñías
la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo
extenderás los brazos y
otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras".
Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría
de glorificar a
Dios. Después le dijo:
"Sígueme".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
El Reino de los Cielos es una obra gratuita del Señor, pero
también un
compromiso solidario nuestro. Oremos para que todos los seres
humanos,
participen responsablemente en la causa de la salvación.
Respondemos: Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Para
que la comunidad cristiana
custodie la fe pascual de sus padres, y dé testimonio de la
renovación en el Espíritu
con obras de justicia y de paz, roguemos al Señor. Venga a
nosotros tu Reino,
Señor. Para que todas las familias compartan los dones de
verdad y gracia que
han recibido, y en su uso de los bienes materiales den razón
de la esperanza
que resplandece en Cristo resucitado, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Para
que todos los cristianos, que
reconocen a Cristo en la Palabra y en la fracción del pan,
sepan verlo por los
caminos del mundo, lo socorran cuando esté herido y
necesitado, y lo acojan
cuando es pobre y forastero, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Para
que todos los renacidos en el
bautismo rechacen toda forma de violencia y de mentira, y se
adhieran a la
realeza de Cristo Señor en sus pensamientos y en sus obras,
roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Para
que, al terminar la
celebración litúrgica de la misa, toda nuestra vida anuncie al
mundo la
reconciliación y la paz, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Celebrante:
Dios, Padre nuestro, que en Cristo resucitado has comenzado la
nueva creación,
haz que los hijos de la Iglesia, con la gracia del Espíritu
Santo, anuncien la
perenne novedad del Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, sacerdote y víctima
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero
más que nunca en
este tiempo en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado.
Porque él, con la oblación de su cuerpo en la cruz, llevó a la
plenitud los
sacrificios de la antigua Ley; y al ofrecerse a ti por nuestra
salvación quiso
ser a un tiempo sacerdote, víctima y altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado
por medio de los
sacramentos y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Pascua. Tercer domingo
EL DÍA DEL SEÑOR
— El domingo, día del Señor.
— Las fiestas cristianas. Sentido de las festividades. La Santa Misa, centro de la fiesta cristiana.
— El culto público a Dios. El descanso dominical y festivo.
I. «El día llamado del Sol se reúnen todos en un mismo lugar, quienes habitan en la ciudad y los que viven en el campo... Y nos reunimos todos en este día, en primer lugar, porque, en este día, que es el primero de la semana, Dios creó el mundo (...) y porque es el día en que Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos»1. El sábado judío dio paso al domingo cristiano desde los mismos comienzos de la Iglesia. Desde entonces, cada domingo celebramos la Resurrección de Cristo.
El sábado era en el Antiguo Testamento día dedicado a Yahvé. Dios mismo lo instituyó2 y mandó que el pueblo israelita se abstuviera de ciertos trabajos en esa jornada, para dedicarse a honrar a Dios3. También era el día en el que se congregaba la familia y se celebraba el fin de la cautividad en Egipto. Con el paso del tiempo, los rabinos complicaron el precepto divino, y en tiempos de Jesús existía una serie de minuciosas y agobiantes prescripciones que nada tenían que ver con lo que Dios había dispuesto sobre el sábado.
Los fariseos chocaron frecuentemente con Jesús por estas cuestiones. Sin embargo, el Señor no menospreció el sábado, no lo suprimió como día dedicado a Yahvé; por el contrario, parece ser su día predilecto: acude ese día a las sinagogas a predicar, y muchos de sus milagros fueron realizados en día de sábado.
La Sagrada Escritura, en innumerables pasajes, había dado siempre un concepto alto y noble del sábado. Era el día establecido por Dios para que su pueblo le diese un culto público, y la total dedicación de la jornada aparece como una obligación grave4. La importancia del precepto se deduce también de la repetición de ese mandato a lo largo de la Escritura. En ocasiones, los Profetas señalan como causa de los castigos de Dios sobre su pueblo el no haber guardado sus sábados.
El descanso sabático era de naturaleza estrictamente religiosa, y por eso culminaba y se manifestaba en la oblación de un sacrificio5.
Las fiestas de Israel, y particularmente el sábado, eran signo de la alianza divina y un modo de expresar el gozo de saberse propiedad del Señor y objeto de su elección y de su amor. Por eso cada fiesta estaba ligada a un acontecimiento de salvación.
Sin embargo, aquellas fiestas solo contenían la promesa de una realidad que aún no había tenido lugar. Con la Resurrección de Jesucristo, el sábado deja paso a la realidad que anunciaba, la fiesta cristiana. El mismo Jesús habla del reino de Dios como de una gran fiesta ofrecida por un rey con ocasión de las bodas de su hijo6, en quien somos invitados a participar de los bienes mesiánicos7. Con Cristo surge un culto nuevo y superior, porque tenemos también un nuevo Sacerdote, y se ofrece una nueva Víctima.
II. Después de la Resurrección, el primer día de la semana fue considerado por los Apóstoles como el día del Señor, dominica dies8, cuando Él nos alcanzó con su Resurrección la victoria sobre el pecado y la muerte. Por eso los primeros cristianos tenían las reuniones litúrgicas en domingo. Y esta ha sido la constante y universal tradición hasta nuestros días. «La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen desde el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón día del Señor o domingo»9.
Este precepto de santificar las fiestas regula un deber esencial del hombre con su Creador y Redentor. En este día dedicado a Dios le damos culto especialmente con la participación en el Sacrificio de la Misa. Ninguna otra celebración llenaría el sentido de este precepto.
Junto al domingo, la Iglesia determinó las fiestas que conmemoran los principales acontecimientos de nuestra salvación: Navidad, Pascua, Ascensión, Pentecostés, otras fiestas del Señor y las fiestas de la Virgen. Junto a estas, los cristianos celebraron desde el principio el die natalis o aniversario del martirio de los primeros cristianos. Las fiestas cristianas llegaron incluso a ordenar el mismo calendario civil. Siguiendo el calendario, la Iglesia «conmemora los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que en cierto modo se hacen presentes en todo momento para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación»10.
El centro y el origen de la alegría de la fiesta cristiana se encuentra en la presencia del Señor en su Iglesia, que es la prenda y el anticipo de una unión definitiva en la fiesta que no tendrá fin11. De ahí la alegría que inunda la celebración dominical, como aparece en la Oración sobre las ofrendas de la Misa de hoy: Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo; y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno. Por eso nuestras fiestas no son un mero recuerdo de hechos pasados, como puede serlo el aniversario de un acontecimiento histórico, sino que son un signo que manifiesta y hace presente a Cristo entre nosotros.
La Santa Misa hace presente a Jesús en su Iglesia y es Sacrificio de valor infinito que se ofrece a Dios Padre en el Espíritu Santo. Todos los demás valores humanos, culturales y sociales de la fiesta deben ocupar un segundo lugar, cada uno en su orden, sin que en ningún momento oscurezcan o sustituyan lo que debe ser fundamental. Junto a la Santa Misa, tienen un lugar importante las manifestaciones de piedad litúrgica y popular, como el culto eucarístico, las procesiones, el canto, un mayor cuidado en el vestir, etc.
Hemos de procurar, mediante el ejemplo y el apostolado, que el domingo sea «el día del Señor, el día de la adoración y de la glorificación de Dios, del santo Sacrificio, de la oración, del descanso, del recogimiento, del alegre encontrarse en la intimidad de la familia»12.
III. Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria, leemos en la Antífona de entrada13.
El precepto de santificar las fiestas responde también a la necesidad de dar culto público a Dios, y no solo de modo privado. Algunos pretenden relegar el trato con Dios al ámbito de la conciencia, como si no debiera tener necesariamente manifestaciones externas. Sin embargo, el hombre tiene el deber y el derecho de rendir culto externo y público a Dios; sería una grave lesión que los cristianos se vieran obligados a ocultarse para poder practicar su fe y dar culto a Dios, que es su primer derecho y su primer deber.
El domingo y las fiestas determinadas por la Iglesia son, ante todo, días para Dios y días especialmente propicios para buscarle y para encontrarle. «Quaerite Dominum. Nunca podemos dejar de buscarlo: sin embargo, hay períodos que exigen hacerlo con más intensidad, porque en ellos el Señor está especialmente cercano, y por lo tanto es más fácil hallarlo y encontrarse con Él. Esta cercanía constituye la respuesta del Señor a la invocación de la Iglesia, que se expresa continuamente mediante la liturgia. Más aún, es precisamente la liturgia la que actualiza la cercanía del Señor»14.
Las fiestas tienen una gran importancia para ayudar a los cristianos a recibir mejor la acción de la gracia. En esos días se exige también que el creyente interrumpa el trabajo para poder dedicarse mejor al Señor. Pero no hay fiesta sin celebración, pues no basta dejar el trabajo para hacer fiesta; tampoco hay fiesta cristiana sin que los creyentes se reúnan para dar gracias, alabar al Señor, recordar sus obras, etcétera. Por eso indicaría poco sentido cristiano plantear el domingo, la fiesta, el fin de semana..., de manera que se hiciera imposible o muy difícil ese trato con Dios. A algunos cristianos tibios les sucede que acaban por pensar que no tienen tiempo para asistir a la Santa Misa, o lo hacen precipitadamente, como quien se libera de una enojosa obligación.
El descanso no es solo una oportunidad para recuperar fuerzas, sino que es también signo y anticipo del reposo definitivo en la fiesta del Cielo. Por eso la Iglesia quiere celebrar sus fiestas incluyendo el descanso laboral, al que por otra parte tienen derecho los fieles cristianos como ciudadanos iguales a los demás; derecho, que el Estado ha de garantizar y proteger.
El descanso festivo no debe interpretarse ni ser vivido como un simple no hacer nada –una pérdida de tiempo–, sino como la ocupación positiva y el enriquecimiento personal en otras tareas. Hay muchos modos de descansar, y no conviene quedarse en el más fácil, que muchas veces no es el que mejor nos descansa. Si sabemos limitar, por ejemplo, el uso de la televisión también los días de fiesta, no repetiremos tanto la falsa excusa de que «no tenemos tiempo». Al contrario, veremos que esos días podemos pasar más tiempo con la familia, atender a la educación de los hijos, cultivar el trato social y las amistades, hacer alguna visita a unas personas necesitadas, o que están solas o enfermas, etcétera. Es quizá la ocasión que estábamos buscando para poder conversar detenidamente con un amigo; o el momento para que el padre o la madre puedan hablar a solas, al hijo que más lo necesita y escuchar. En general, hay que «... saber tener todo el día cogido por un horario elástico, en el que no falte como tiempo principal –además de las normas diarias de piedad– el debido descanso, de tertulia familiar, la lectura, el rato dedicado a una afición de arte, de literatura o de otra distracción noble: llenando las horas con una tarea útil, haciendo las cosas lo mejor posible, viviendo los pequeños detalles de orden, de puntualidad, de buen humor»15.
1 Liturgia de las Horas. Segunda lectura. San Justino, Apología 1ª 67. — 2 Gen 2, 3. — 3 Ex 20, 8-11; 21, 13; Dt 5, 14. — 4 Cfr. Ex 31, 14-15. — 5 Cfr. Num 28, 9-10. — 6Cfr. Mt 22, 2-13. — 7 Cfr. Is 25, 6-8. — 8 Apoc 1, 10. — 9 Conc. Vat. II, Const.Sacrosanctum Concilium, 106. — 10 Ibídem, 102. — 11 Cfr. Apoc 21, 1 ss; 2 Cor 1, 22. — 12 Pío XII, Aloc. 7-lX-1947. — 13 Sal 65, 1-2. — 14 Juan Pablo II, Homilía, 20-III-1980. — 15 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 111.
_____________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Fuente:
Archidiósesis de Madrid
Nancto, Santo Abad, Mayo 5
Abad
|
![]()
Fuente:
Enciclopedia Católica || ACI Prensa
Hilario de Arles, Santo Obispo, Mayo 5
ObispoArzobispo, nacido por el año 401;
fallecido el 5 de Mayo del 449. |
![]()
Fuente:
Ocarm.org
Angel de Jerusalén (de
Sicilia), Santo Mártir
Carmelita, Mayo 5
Nacido a finales del siglo XII en
Jerusalén. |
![]()
Nunzio Sulprizio, Beato Obrero Adolescente, Mayo 5
Obrero AdolescenteEtimológicamente significa “anuncio, buena
noticia”. Viene de la lengua italiana. |
![]()
Fuente:
VidasEjemplares.org
Bienvenido de Recanati,
Beato Religioso,
Mayo 5
Religioso de la Primera Orden FranciscanaPío VI concedió oficio y misa en su honor
el 17 de septiembre de 1796. |
![]()
Fuente:
Vatican.va
Catalina (Caterina)
Cittadini, Beata Virgen,
Mayo 5
Caterina Cittadini nace en Bérgamo el 28
de septiembre de 1801, sus padres fueron Giovanni
Bautista y Margherita Lanzani es bautizada el 30 de
septiembre en la iglesia Parroquial de San Alejandro
en Columna. En e1 1808, queda huérfana de madre y es
abandonada por su padre, Caterina junto a su hermana
Judit nacida en e1 1803, es acogida en un orfanatorio
del Conventino de Bergamo. Bajo la guia del prior
Padre Giuseppe Brena, vive una intensa vida cristiana,
que contribuye a formar en ella una fe solida, una
profunda confianza con el Señor, una caridad activa,
una tierna devocion a la Virgen Maria, un gran sentido
de responsabilidad y de laboriosidad en orden al
desenvolvimiento del proprio deber. Después de haber
conseguido el diploma de maestra elemental, en el 1823
deja el Conventino para transladarse con su hermana a
casa de sus primos sacerdotes Giovanni y Antonio
Cittadini que habitaban en Calolzio, Parroquia de la
Diócesis de Bérgamo. |
![]()
Fuente:
DiocesisMalaga.es
Gotardo de Hildesheim,
Santo Obispo,
Mayo 5
Había nacido Gotardo -o Godofredo- en
Baviera, en Reichersdorf, en el año 960. No disponemos
de datos que se refieran a su niñez. Se le conoce ya
con datos fiables cuando en el 990 era monje
benedictino en Nieder Altaich y, más tarde, abad
electo de la abadía de Altaich, cerca del lugar donde
nació. |
![]()
Fuente:
SVDargentina.org.ar
Gregorio Frackowiak,
Beato Mártir Polaco, Mayo 5
MISIONERO DEL VERBO DIVINOEl Hno. Gregorio nació el 18 de julio de
1911 y entró en la Congregación en 1929 siendo ya
encuadernador. |
J†A
JMJ
Pax
Yo doy la vida eterna a mis ovejas
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 27-30
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
dijo a los judíos:
"Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen;
les doy la
vida eterna y no perecerán jamás, nadie las arrebatará de mi
mano. Me las ha
dado mi Padre, y el Padre es superior a todos. El Padre y yo
somos uno".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
4o. Dom. de Pascua Ciclo C
Que nuestra única gloria sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien hemos sido redimidos y liberados.
Aleluya.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo muriera en la Cruz para
salvar a todos
los hombres, concédenos aceptar por su amor la cruz del
sufrimiento aquí en la
tierra, para poder gozar en el cielo los frutos de su
redención.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Yo te he puesto como luz de las naciones
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52
En
aquellos días, Pablo y Bernabé
prosiguieron su camino desde Pergue hasta Antioquía de
Pisidia; el sábado
entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Cuando se disolvió
la asamblea, muchos
judíos y prosélitos piadosos acompañaron a Pablo y a Bernabé,
quienes siguieron
exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios.
El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a
oír la palabra de
Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se
llenaron de
envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras
injuriosas. Entonces
Pablo y Bernabé dijeron con valentía:
"La palabra de Dios debía ser predicada a ustedes; pero como
la rechazan y
no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los
paganos. Así lo ha
ordenado el Señor, cuando dijo:
"Yo te he puesto como luz de las naciones, para que lleves la
salvación
hasta los últimos rincones de la tierra"".
Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y
glorificaban la palabra de
Dios; y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados
a la vida eterna.
La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero
los judíos
azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los
ciudadanos
principales, provocaron una persecución contra Pablo y
Bernabé, y los
expulsaron de su territorio.
Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal
de protesta, y
se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron
llenos de alegría y
del Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 99
El Señores nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Alabemos a
Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con
júbilo entremos en
su templo.
El Señores nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Reconozcamos
que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su
pueblo y su rebaño.
El Señores nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Porque el
Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia
y su fidelidad
nunca se acaba.
El Señores nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
El Cordero será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 7, 9.14-17
Yo,
Juan, vi en la visión una
muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran
individuos de todas las naciones
y razas, de todos los pueblos y lenguas: estaban de pie
delante del trono y del
Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en las
manos. Uno de los
ancianos, que estaban junto al trono, me dijo:
"Esos vestidos de blanco son los que han pasado por la gran
persecución;
han lavado y blanqueado sus túnicas con la sangre del Cordero,
por eso están
ante el trono de Dios, sirviéndole día y noche en su
santuario; el que está en
el trono los protegerá continuamente. Ya nunca sufrirán hambre
ni sed, no los
quemará el sol ni los agobiará el calor, pues el Cordero que
está en el trono
será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la
vida; y Dios
enjugará de sus ojos toda lágrima".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el bueno pastor. dice el Señor; yo conozco a mis ovejas
a mis ovejas y
ellas me conocen a mí.
Aleluya.
Yo doy la vida eterna a mis ovejas
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 27-30
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los
judíos:
"Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen;
les doy la
vida eterna y no perecerán jamás, nadie las arrebatará de mi
mano. Me las ha
dado mi Padre, y el Padre es superior a todos. El Padre y yo
somos uno".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Levantemos, hermanos y hermanas, nuestros ojos a Cristo,
obispo y pastor de
nuestras almas, y pongamos en sus manos con toda confianza las
necesidades de
los hombres:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los obispos, presbíteros y diáconos, apacienten
santamente a los
pueblos que tienen encomendados, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que la paz que Jesucristo
concedió a los discípulos arraigue con fuerza en nuestro
mundo, y se alejen de
las naciones el odio y las guerras, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que los enfermos, los pobres
y todos los que sufren, encuentren en Cristo resucitado luz y
esperanza, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que Dios derrame en las
familias cristianas el espíritu de piedad y de renuncia a lo
mundano, de manera
que germinen abundantes vocaciones al ministerio eclesial,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, fuente de gozo y de paz, que has concedido a tu
Hijo el poder y
la realeza sobre los hombres y los pueblos; escucha nuestra
oración y sosténnos
con la fuerza de tu Espíritu, para que nunca nos separemos de
nuestro pastor
que nos conducirá hacia fuentes de aguas vivas, y que vive y
reina, inmortal y
glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Señor, que este sacrificio que Cristo te ofreció sobre la Cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique ahora de todas nuestras culpas.
Amén.
La gloriosa victoria de la cruz
Porque, has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde tuvo origen la muerte, de allí surgiera la vida; y el que en un árbol venció, fuera en un árbol vencido, por Cristo Señor nuestro. Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Aleluya.
Oremos:
Señor nuestro Jesucristo, tú que nos has redimido por medio de
la cruz y nos
has hecho partícipes de tu Cuerpo y de tu Sangre, concédenos
participar también
de la gloria de tu resurrección.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
Pascua. Cuarto domingo
EL BUEN PASTOR. AMOR AL PAPA
— Jesús es el buen Pastor y encarga a Pedro y a sus sucesores que continúen su misión aquí en la tierra en el gobierno de su Iglesia.
— El primado de Pedro. El amor a Pedro de los primeros cristianos.
— Obediencia fiel al Vicario de Cristo; dar a conocer sus enseñanzas. El “dulce Cristo en la tierra”.
I. Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas, y se dignó morir por su grey. Aleluya1.
La figura del buen Pastor determina la liturgia de este domingo. El sacrificio del Pastor ha dado la vida a las ovejas y las ha devuelto al redil. Años más tarde, San Pedro afianzaba a los cristianos en la fe recordándoles en medio de la persecución lo que Cristo había hecho y sufrido por ellos: por sus heridas habéis sido curados. Porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora os habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas2. Por eso la Iglesia entera se llena del gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo3 y le pide a Dios Padre que el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor4.
Los primeros cristianos manifestaron una entrañable predilección por la imagen del Buen Pastor, de la que nos han quedado innumerables testimonios en pinturas murales, relieves, dibujos que acompañan epitafios, mosaicos y esculturas, en las catacumbas y en los más venerables edificios de la antigüedad. La liturgia de este domingo nos invita a meditar en la misericordiosa ternura de nuestro Salvador, para que reconozcamos los derechos que con su muerte ha adquirido sobre cada uno de nosotros. También es una buena ocasión para llevar a nuestra oración personal nuestro amor a los buenos pastores que Él dejó en su nombre para guiarnos y guardarnos.
En el Antiguo Testamento se habla frecuentemente del Mesías como del buen Pastor que habría de alimentar, regir y gobernar al pueblo de Dios, frecuentemente abandonado y disperso. En Jesús se cumplen las profecías del Pastor esperado, con nuevas características. Él es el buen Pastor que da la vida por sus ovejas y establece pastores que continúen su misión. Frente a los ladrones, que buscan su interés y pierden el rebaño, Jesús es la puerta de salvación5; quien pasa por ella encontrará pastos abundantes6. Existe una tierna relación personal entre Jesús, buen Pastor, y sus ovejas: llama a cada una por su nombre, va delante de ellas; las ovejas le siguen porque conocen su voz... Es el pastor único que forma un solo rebaño7 protegido por el amor del Padre8. Es el pastor supremo9.
En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituye a Pedro pastor de su rebaño10, guía de la Iglesia. Se cumple entonces la promesa que le hiciera poco antes de la Pasión: pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos11. A continuación le profetiza que, como buen pastor, también morirá por su rebaño.
Cristo confía en Pedro, a pesar de las negaciones. Solo le pregunta si le ama, tantas veces cuantas habían sido las negaciones. El Señor no tiene inconveniente en confiar su Iglesia a un hombre con flaquezas, pero que se arrepiente y ama con obras.
Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas.
La imagen del pastor que Jesús se había aplicado a sí mismo pasa a Pedro: él ha de continuar la misión del Señor, ser su representante en la tierra.
Las palabras de Jesús a Pedro –apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas– indican que la misión de Pedro será la de guardar todo el rebaño del Señor, sin excepción. Y “apacentar” equivale a dirigir y gobernar. Pedro queda constituido pastor y guía de la Iglesia entera. Como señala el Concilio Vaticano II, Jesucristo “puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión”12.
Donde está Pedro se encuentra la Iglesia de Cristo. Junto a él conocemos con certeza el camino que conduce a la salvación.
II. Sobre el primado de Pedro –la roca– estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia. La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo13, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De aquí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.
Pedro es la firme seguridad de la Iglesia frente a todas las tempestades que ha sufrido y padecerá a lo largo de los siglos. El fundamento que le proporciona y la vigilancia que ejerce sobre ella como buen pastor son la garantía de que saldrá victoriosa a pesar de que estará sometida a pruebas y tentaciones. Pedro morirá unos años más tarde, pero su oficio de pastor supremo “es preciso que dure eternamente por obra del Señor, para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, que, fundada sobre roca, debe permanecer firme hasta la consumación de los siglos”14.
El amor al Papa se remonta a los mismos comienzos de la Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles15 nos narran la conmovedora actitud de los primeros cristianos, cuando San Pedro es encarcelado por Herodes Agripa, que espera darle muerte después de la fiesta de Pascua. Mientras tanto la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios. “Observad los sentimientos de los fieles hacia sus pastores –dice San Crisóstomo–. No recurren a disturbios ni a rebeldía, sino a la oración, que es el remedio invencible. No dicen: como somos hombres sin poder alguno, es inútil que oremos por él. Rezaban por amor y no pensaban nada semejante”16.
Debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizá podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius: Que el Señor le guarde, y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos17. Todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando “con él y por él” en todas partes del mundo. No se celebra ninguna Misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona y por sus intenciones. El Señor verá también con mucho agrado que nos acordemos a lo largo del día de ofrecer oraciones, horas de trabajo o de estudio, y alguna mortificación por su Vicario aquí en la tierra.
“Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón”18: ojalá podamos decir esto cada día con más motivo. Este amor y veneración por el Romano Pontífice es uno de los grandes dones que el Señor nos ha dejado.
III. Junto a nuestra oración, nuestro amor y nuestro respeto para quien hace las veces de Cristo en la tierra. “El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo”19. Por esto, “no cederemos a la tentación, demasiado fácil, de oponer un Papa a otro, para no otorgar nuestra confianza sino a aquel cuyos actos respondan mejor a nuestras inclinaciones personales. No seremos de aquellos que añoran al Papa de ayer o que esperan al de mañana para dispensarse de obedecer al jefe de hoy. Leed los textos del ceremonial de la coronación de los pontífices y notaréis que ninguno confiere al elegido por el cónclave los poderes de su dignidad. El sucesor de Pedro tiene esos poderes directamente de Cristo. Cuando hablemos del sumo Pontífice eliminemos de nuestro vocabulario, por consiguiente, las expresiones tomadas de las asambleas parlamentarias o de la polémica de los periódicos y no permitamos que hombres extraños a nuestra fe se cuiden de revelarnos el prestigio que tiene sobre el mundo el jefe de la Cristiandad”20.
Y no habría respeto y amor verdadero al Papa si no hubiera una obediencia fiel, interna y externa, a sus enseñanzas y a su doctrina. Los buenos hijos escuchan con veneración aun los simples consejos del Padre común y procuran ponerlos sinceramente en práctica.
En el Papa debemos ver a quien está en lugar de Cristo en el mundo: al “dulce Cristo en la tierra”, como solía decir Santa Catalina de Siena; y amarle y escucharle, porque en su voz está la verdad. Haremos que sus palabras lleguen a todos los rincones del mundo, sin deformaciones, para que, lo mismo que cuando Cristo andaba sobre la tierra, muchos desorientados por la ignorancia y el error descubran la verdad y muchos afligidos recobren la esperanza. Dar a conocer sus enseñanzas es parte de la tarea apostólica del cristiano.
Al Papa pueden aplicarse aquellas mismas palabras de Jesús: Si alguno está unido a mí, ese lleva mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada21. Sin esa unión todos los frutos serían aparentes y vacíos y, en muchos casos, amargos y dañosos para todo el Cuerpo Místico de Cristo. Por el contrario, si estamos muy unidos al Papa, no nos faltarán motivos, ante la tarea que nos espera, para el optimismo que reflejan estas palabras de San Josemaría Escrivá: “Gozosamente te bendigo, hijo, por esa fe en tu misión de apóstol que te llevó a escribir: “No cabe duda: el porvenir es seguro, quizá a pesar de nosotros. Pero es menester que seamos una sola cosa con la Cabeza –‘ut omnes unum sint!’–, por la oración y por el sacrificio”“22.
1 Antífona de comunión. — 2 1 Pdr 2, 25. — 3 Oración colecta de la Misa. — 4 Ibídem. — 5 Cfr. Jn 10, 10. — 6 Cfr. Jn 10, 9-10. — 7 Cfr. Jn 10, 16. — 8 Cfr. Jn 10, 29. — 9 1 Pdr 5, 4. — 10 Cfr. Jn 21, 15-17. — 11 Lc 22, 32. — 12 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 18. — 13 1 Cor 3, 11. — 14 Conc. Vat. I, Const. Pastor aeternus, cap. 2. — 15 Cfr. Hech 12, 1-12. — 16 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre los Hechos de los Apóstoles, 26. — 17 Enchiridium indulgentiarum, 1986, n. 39, Oración pro Pontífice. — 18 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 573. — 19 ídem, Homilía Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972. — 20 G. Chevrot, Simón Pedro, Rialp, Madrid 1967, pp. 126-127. — 21 Jn 15, 5. — 22 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 968.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Beato Álvaro del Portillo, siervo bueno y fiel Obispo y Prelado del Opus Dei

Álvaro del Portillo fue un hombre fiel y un trabajador incansable al servicio de la Iglesia. En 1935, mientras estudiaba Ingeniería, se incorporó al Opus Dei. En 1944 recibió la ordenación sacerdotal. Fue colaborador estrecho de san Josemaría y se convirtió en su primer sucesor al frente del Opus Dei. Recibió numerosos encargos de la Santa Sede, especialmente en el Concilio Vaticano II. En 1991 recibió la ordenación episcopal. Fue beatificado el 27 de septiembre de 2014. Su fiesta se celebra el 12 de mayo.
Infancia y juventud
Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, era el tercero de ocho hermanos. Sus padres fueron Clementina Diez de Sollano, mexicana, y Ramón del Portillo y Pardo, español.
Después de cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar (Madrid), ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, en la que terminó sus estudios en 1941. Trabajó en diversas entidades estatales. A la vez, estudió Filosofía y Letras (Sección de Historia) y se doctoró en 1944 con la tesis Descubrimientos y exploraciones en las costas de California.
Infancia y juventud
Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, era el tercero de ocho hermanos. Sus padres fueron Clementina Diez de Sollano, mexicana, y Ramón del Portillo y Pardo, español.
Después de cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar (Madrid), ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, en la que terminó sus estudios en 1941. Trabajó en diversas entidades estatales. A la vez, estudió Filosofía y Letras (Sección de Historia) y se doctoró en 1944 con la tesis Descubrimientos y exploraciones en las costas de California.

Junto a san Josemaría
En 1935 se incorporó al Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que había sido fundada siete años antes por san Josemaría Escrivá de Balaguer. Recibió directamente del fundador la formación y el espíritu propios de aquel nuevo camino en la Iglesia. Desarrolló una amplia labor de evangelización entre sus compañeros de estudio y trabajo y, desde 1939, realizó un intenso apostolado por diferentes ciudades de España.
El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote por el obispo de Madrid, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, junto con José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz: eran los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, después del fundador.

En Roma
En 1946 se trasladó a Roma, pocos meses antes de que fijara allí su residencia san Josemaría, con el que convivió también en los años siguientes. El Opus Dei recibió entonces las primeras aprobaciones jurídicas de la Santa Sede. Para Álvaro del Portillo empieza otra época decisiva en la que, entre otras cosas, realizará —con su actividad intelectual junto a san Josemaría y con su trabajo en la Santa Sede— una honda reflexión sobre el papel y la responsabilidad de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, a través del trabajo profesional, la familia y las relaciones sociales.
Entre 1947 y 1950 empujó la expansión apostólica del Opus Dei en Roma, Milán, Nápoles, Palermo y otras ciudades italianas. Promovió actividades de formación cristiana y atendió sacerdotalmente a numerosas personas.
El 29 de junio de 1948, el fundador del Opus Dei erigió en Roma el Colegio Romano de la Santa Cruz, centro internacional de formación del que Álvaro del Portillo fue primer rector y en el que enseñó teología moral (1948-1953). En ese mismo año (1948) obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás (Angelicum).
Durante sus años en Roma, los papas, desde Pío XII hasta Juan Pablo II, lo llamaron a desempeñar numerosos encargos, como miembro o consultor de 13 organismos de la Santa Sede. Participó activamente en el Concilio Vaticano II. Juan XXIII lo nombró consultor de la Sagrada Congregación del Concilio (1959-66). En las etapas previas al Vaticano II, fue presidente de la Comisión para el Laicado. Ya en el curso del Concilio (1962-65) fue secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano. Terminado este evento eclesial, Pablo VI lo nombró consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis (1966). Fue también, durante muchos años, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación del Clero, de la Congregación de las Causas de los Santos y del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.
Además, Álvaro del Portillo estuvo siempre al lado de san Josemaría, ayudándolo en las tareas de evangelización y de gobierno pastoral del Opus Dei, y lo acompañó en sus numerosos viajes apostólicos a países de Europa y de América.

Primer sucesor de san Josemaría
Tras el fallecimiento de san Josemaría, en 1975, Álvaro del Portillo fue elegido para sucederlo al frente del Opus Dei. El 28 de noviembre de 1982, cuando san Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal, lo designó prelado de la nueva prelatura. Ocho años después, el 7 de diciembre de 1990, lo nombró obispo y, el 6 de enero de 1991, le confirió la ordenación episcopal en la basílica de San Pedro. Su ardiente afán de ganar almas para Cristo quedó reflejado en su lema episcopal: Regnare Christum volumus!
A lo largo de los años en que estuvo al frente del Opus Dei, el beato Álvaro promovió el comienzo de la actividad de la prelatura en 20 nuevos países. En sus viajes pastorales, que lo llevaron a los cinco continentes, predicó a miles de personas el amor a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa, y transmitió con persuasiva simpatía el mensaje cristiano de san Josemaría acerca de la santidad en la vida ordinaria. Además, estimuló la puesta en marcha de numerosas iniciativas sociales y educativas.

Álvaro del Portillo es autor de publicaciones sobre materias teológicas, canónicas y pastorales: Fieles y laicos en la Iglesia (1969), Escritos sobre el sacerdocio (1970) y numerosos textos dispersos, gran parte de ellos recogidos póstumamente en el volumen Rendere amabile la Verità. Raccolta di scritti di Mons. Álvaro del Portillo, publicado en 1995 por la Libreria Editrice Vaticana. En 1992 se publicó el volumen Intervista sul Fondatore dell'Opus Dei, fruto de sus conversaciones con el periodista italiano Cesare Cavalleri, sobre la figura de san Josemaría, que ha sido traducido a varias lenguas.
Mons. Álvaro del Portillo murió en Roma en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa. La víspera había celebrado su última misa en la iglesia del Cenáculo de Jerusalén. El mismo día de su fallecimiento, Juan Pablo II acudió a rezar ante sus restos mortales, que ahora reposan en la cripta de la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz.

Hacia los altares
Desde el día de su muerte, mucha gente empezó a pedir su intercesión para obtener favores del cielo y miles de personas testimoniaron acerca de su amor a la Iglesia —que se manifestaba en su profunda comunión con el Papa y los obispos—, su caridad con todos y su solicitud infatigable por sus hijas e hijos en el Opus Dei, su bondad, el calor de su sonrisa, su humildad y sencillez, el olvido de sí, su fortaleza, su serenidad, la paz interior que su palabra comunicaba, su audacia sobrenatural y su prudencia.
En 2004, diez años después de su fallecimiento, se abrió en Roma el proceso para su beatificación y canonización. El 28 de junio de 2012, Mons. Álvaro del Portillo fue declarado venerable y, el 27 de septiembre de 2014, fue beatificado en Madrid, en una misa presidida por el cardenal Angelo Amato a la que asistieron más de 200.000 personas provenientes de todo el mundo. El Papa Francisco se hizo presente en la ceremonia a través de una carta en la que hacía este retrato del nuevo beato: “Especialmente destacado era su amor a la Iglesia, esposa de Cristo, a la que sirvió con un corazón despojado de interés mundano, lejos de la discordia, acogedor con todos y buscando siempre lo positivo en los demás, lo que une, lo que construye. Nunca una queja o crítica, ni siquiera en momentos especialmente difíciles, sino que, como había aprendido de san Josemaría, respondía siempre con la oración, el perdón, la comprensión, la caridad sincera”.
La fiesta del beato Álvaro se celebra el 12 de mayo, aniversario de su primera comunión.
Video sobre su vida:
Sitio espectacular dedicado a él:
http://www.opusdei.org/es/section/mons-alvaro-del-portillo/

ORACIÓN
Dios Padre misericordioso, que concediste al Beato Álvaro, Obispo, la gracia de ser, con la ayuda de Santa María, Pastor ejemplar en el servicio a la Iglesia y fidelísimo hijo y sucesor de San Josemaría, Fundador del Opus Dei: haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Dígnate otorgar la canonización del Beato Álvaro, y concédeme por su intercesión el favor que te pido... (pídase). Así sea.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Beato Álvaro del Portillo, que las comuniquen a la Prelatura del Opus Dei. Oficina para las Causas de los Santos - Calle Diego de León, 14, 28006 Madrid; o al Email:
ocs.es arroba opusdei.org
Oración para niños

Jesús, Tú que amaste al beato Álvaro: ayúdame a quererte mucho, como él te quiso a Ti, a la Virgen María y a san José.
Don Álvaro: Ayúdame a ser obediente a mis padres y profesores. Ayúdame a portarme bien con mis hermanos y mis amigos. Ayúdame a estudiar mucho también cuando no tenga ganas, y a ser muy generoso con los demás.
Ahora reza el Padrenuestro (Padre nuestro, que estás en el cielo...).
Con licencia eclesiástica
Aquí están los pdf para imprimir en casa y difundir (sobre todo en acción de gracias por los milagros concedidos):
http://www.opusdei.org/es/article/rezar-a-don-alvaro/
• Vídeos de Don Álvaro del Portillo (Youtube)
• Galería de fotografías de Don Álvaro del Portillo
• Impreso para solicitar los boletines de las causas de canonización de algunos fieles del Opus Dei
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Imelda Lamertini, Beata Virgen, Mayo 12
Fuente: Parroquia Sagrada Familia
Patrona de los niños Martirologio Romano: En Bolonia, de la Emilia, beata Imelda
Lambertini, virgen, aceptada desde muy pequeña como
monja en la Orden de Predicadores y que, siendo aún
joven, después de haber recibido de modo admirable la
Eucaristía, entregó inmediatamente su espíritu (1333).
La tradición dice que la Beata Imelda
Lambertini, hija del Conde Egano Lambertini de Boloña y
Castora Galuzzi, fue una niña devota y piadosa que entró
en la vida religiosa a la edad de nueve años.
Queremos que Dios diga sí o no, y que lo
diga en el momento. Si no podemos obtener una respuesta
inmediata, queremos algún signo de que Dios ha escuchado
nuestra petición y al menos está considerando seriamente
el asunto. Demasiado a menudo sin embargo, lanzamos
nuestras plegarias en dirección al cielo, sin estar
nunca seguros de que hayan sido realmente recibidas. |
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Nereo,
Aquineo y Pancracio
Mártires
San Nereo y
Aquineo. Siglo I.
Estos dos militares estaban al servicio de Flavia Domitila una
de las primeras
señoras de Roma. El historiador Eusebio dice que esta noble dama
era sobrina
del Emperador Domiciano y que el tal mandatario la envió al
destierro, porque
ella se había declarado seguidora de Jesucristo. Con Domitila
fueron enviados
también al destierro San Nereo y San Aquileo, porque proclamaban
su fe en el
Divino Redentor. Afirma San
Jerónimo que el destierro fue tan cruel y tan largo que les
sirvió de martirio.
Después otro emperador mandó que les cortaran la cabeza y así
tuvieron el honor
de derramar su sangre por proclamar su fe. El Papa San Dámaso
escribió en el
año 400 la siguiente inscripción en la tumba de estos dos
mártires: "Nereo
y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero se negaron
a cumplir
ciertas órdenes que a ellos les parecían crueles. Al convertirse
al cristianismo
abandonaron toda violencia y prefirieron tener que abandonar el
ejército antes
que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo en
esta tierra y
ahora gozan de la amistad de Cristo en la eternidad".
San Pancracio.
Año 304.
El doce de mayo se celebra también la fiesta de San Pancracio,
un jovencito
romano de sólo 14 años, que fue martirizado por declarase
creyente y partidario
de Nuestro Señor Jesucristo.
Dicen que su padre murió martirizado y que la mamá recogió en unos algodones un poco de la sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro, y le dijo al niño: "Este relicario lo llevarás colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu padre".
Un día Pancracio volvió de la escuela muy golpeado pero muy contento. La mamá le preguntó la causa de aquellas heridas y de la alegría que mostraba, y el jovencito le respondió: "Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí se pueda decir lo que el Libro Santo afirma de los apóstoles: "En su corazón había una gran alegría, por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo". (Hechos 6,41).
Al oír esto la buena mamá tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre martirizado, y colgándolo al cuello de su hijo exclamó emocionada: "Muy bien: ya eres digno seguidor de tu valiente padre".
Como Pancracio continuaba afirmando que él creía en la divinidad de Cristo y que deseaba ser siempre su seguidor y amigo, las autoridades paganas lo llevaron a la cárcel y lo condenaron y decretaron pena de muerte contra él. Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio (en la vía Aurelia, a dos kilómetros de Roma) varios enviados del gobierno llegaron a ofrecerle grandes premios y muchas ayudas para el futuro si dejaba de decir que Cristo es Dios. El valiente joven proclamó con toda la valentía que él quería ser creyente en Cristo hasta el último momento de su vida. Entonces para obligarlo a desistir de sus creencias empezaron a azotarlo ferozmente mientras lo llevaban hacia el lugar donde lo iban a martirizar, pero mientras más lo azotaban, más fuertemente proclamaba él que Jesús es el Redentor del mundo. Varias personas al contemplar este maravilloso ejemplo de valentía se convirtieron al cristianismo.
Al llegar al sitio determinado, Pancracio dio las gracias a los verdugos por que le permitían ir tan pronto a encontrarse con Nuestro Señor Jesucristo, en el cielo, e invitó a todos los allí presentes a creer siempre en Jesucristo a pesar de todas las contrariedades y de todos los peligros. De muy buena voluntad se arrodilló y colocó su cabeza en el sitio donde iba a recibir el hachazo del verdugo y más parecía sentirse contento que temeroso al ofrecer su sangre y su vida por proclamar su fidelidad a la verdadera religión.
Allí en Roma se levantó un templo en honor de San Pancracio y por muchos siglos las muchedumbres han ido a venerar y admirar en ese templo el glorioso ejemplo de un valeroso muchacho de 14 años, que supo ofrecer su sangre y su vida por demostrar su fe en Dios y su amor por Jesucristo.
San Pancracio: ruégale a Dios por nuestra juventud que tiene tantos peligros de perder su fe y sus buenas costumbres.
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Fuente:
Enciclopedia Católica | ACI Prensa
Mamerto de Vienne, Santo Obispo, Mayo 11
Obispo Martirologio Romano: En Vienne, en la Galia Lugdunense, san
Mamerto, obispo, que, con motivo de una inminente
desgracia, instituyó en esta ciudad unas solemnes
letanías para el triduo preparatorio de la fiesta de
la Ascensión del Señor (c. 475).
Obispo de Vienne, su fecha de nacimiento es
desconocida; murió poco después del año 475. Con
respecto a la vida de Mamerto antes de su ascenso a la
sede de Vienne, nada se conoce con certeza acerca de él.
El hecho de que su hermano, Claudianus Mamerto, el
escritor teológico, recibió en su juventud una firme
enseñanza en retórica, y disfrutaba de la compañía del
Obispo Eucherius de Lyons (434-50), sugiere que los
hermanos pertenecían a una familia opulenta de la ciudad
de Galo en la provincia de Lyons. |
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Fuente:
Corazones.org
Pancracio, Santo Mártir Adolescente, Mayo 12
Mártir Adolescente Martirologio Romano: San Pancracio, mártir, que, según la
tradición, murió también en Roma en plena adolescencia
por su fe en Cristo, siendo sepultado en la vía
Aurelia, a dos miliarios de la Urbe. El papa san
Símaco levantó una célebre basílica sobre su sepulcro
y el papa san Gregorio I Magno convocaba a menudo al
pueblo en torno al mismo sepulcro, para que recibieran
el testimonio del verdadero amor cristiano. En este
día se conmemora la sepultura de este mártir romano
(s. IV in.).
Huérfano de 14 años traído a Roma por su
tío. Se convirtió a la fe y fue martirizado al día
siguiente de su bautismo, rechazando premios y ayudas
para el futuro si renegaba de su fe. Luego de dar las
gracias a sus verdugos, no dudó en sacrificar su
juventud para mantenerse fiel a Cristo. ORACIÓN |
___________________________________________________________________________________________
Fuente: Enciclopedia
Católica | ACI Prensa
Juana de Portugal, Beata Monja, Mayo 12
Monja Dominica Martirologio Romano: En Aveiro, en Portugal, beata Juana,
virgen, hija del rey Alfonso V, que renunció a
contraer matrimonio en varias ocasiones, prefiriendo
servir en la Orden de Predicadores e ingresar en el
monasterio de Aveiro, convirtiéndose en refugio de
pobres, huérfanos y viudas (1490).
Nació en Lisboa, el 16 de Febrero de 1452;
murió en Aveiro, el 12 de Mayo de 1409; la hija de
Alfonso V, Rey de Portugal, y su esposa Elizabeth. |
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Fuente:
santopedia.com
Epifanio de Salamina, Santo Obispo, Mayo 12
Obispo de Constancia, antigua Sálamis Martirologio Romano: En Salamina, en Chipre, san Epifanio,
obispo, el cual sobresalió por su vasta erudición y
por su conocimiento de las ciencias sagradas, y fue
admirable también por su santidad de vida, por su
celosa defensa de la fe católica, por su generosidad
para con los pobres y por su poder taumatúrgico (403).
Nace alrededor del año 315 en una aldea
cercana a Eleuterópolis, no lejos de Gaza, en Palestina
(cfr. Sozomeno, Historia Eclesiástica). |
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Domingo de la Calzada, Santo Presbítero, Mayo 12
Patrono de los Ingenieros de Caminos,
canales y puertos Martirologio Romano: En la región de Castilla, en España,
en la localidad que posteriormente fue distinguida con
su nombre, santo Domingo de la Calzada, presbítero,
que dispuso puentes y caminos empedrados para uso de
los peregrinos jacobeos y, movido por su inmensa
piedad, construyó también un hospital de peregrinos,
provisto de salas destinadas a socorrerles
(1060/1109).
Domingo García, conocido como Santo Domingo
de la Calzada (Viloria de Rioja, provincia de Burgos,
1019 - † Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, 12 de
mayo de 1109). Fue un religioso de España y uno de los
mayores impulsores del Camino de Santiago. |
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Germán de Constantinopla, Santo Obispo, Mayo 12
Obispo Martirologio Romano: En Constantinopla, san Germán, obispo,
el cual, insigne por su doctrina y virtudes, refutó
con gran persuasión el edicto contra las imágenes
sagradas promulgado por el emperador León el Isáurico
(733).
Nació el 635, siendo Heráclio emperador
bizantino. Su padre fue un prestigioso patricio, llamado
Justiniano, muerto alrededor del 669 por orden del
suspicaz o envidioso emperador Constantino Pogonato. |
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Fuente:
santiebeati.it
Felipe de Agira, Santo Presbítero, Mayo 12
Presbítero Martirologio Romano: En Agira, en Sicilia, san Felipe,
presbítero, que, oriundo de Tracia, se estableció en
esta ciudad (s. V).
La vida de este san ha sido escrita por un
monje llamado Eusebio, que se dice compañero de Felipe,
el que le nació en Tracia, región al sudeste de la
península balcánica, en aquel entonces provincia romana,
en los tiempos de Arcadio emperador romano de oriente,
(395 -408). |
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Fuente:
santiebeati.it
Rictrudis de Marchiennes, Santa Abadesa, Mayo 12
Abadesa Martirologio Romano: En el monasterio de Marchiennes, en la región de Cambray, en Austrasia, santa Rictrudis, abadesa, quien, después de la violenta muerte de su esposo Adalbaldo, tomó el santo velo religioso por consejo de san Amando, gobernando con gran acierto a sus monjas en ese monasterio (c. 688).
Santo Rictrudis nació cuanto en Gascuña
(Francia) en el 612 de una familia tan rica como devota.
En joven edad tuvo como director espiritual San Amando de Maastricht, desterrado justamente a aquella región
por el rey Dagoberto, a quien condenó su conducta
licenciosa. |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Betos Completando el santoral de este día,
Mayo 12
San Cirilo, mártir |
J†A
JMJ
Pax
Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35
Gloria a ti, Señor.
Cuando Judas salió del
cenáculo, Jesús dijo:
"Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido
glorificado
en él. Si Dios ha sido glorificado en el Hijo del hombre,
también Dios lo
glorificará en sí mismo, y pronto lo va a hacer. Hijitos,
todavía estaré un
poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los
unos a los otros
como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que son
mis
discípulos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
5o. Dom. de Pascua Ciclo C
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos
hijos tuyos,
míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en
Cristo,
obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.
Por nuestro, Señor Jesucristo...
Amén.
Contaban a la comunidad cristiana lo que había hecho Dios por medio de ellos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 21-27
En
aquellos días, volvieron Pablo
y Bernabé a Listra, Iconio y Antioquía. Allí animaban a los
discípulos, y los exhortaban
a perseverar en la fe diciéndoles que hay que pasar por muchas
tribulaciones
para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban
presbíteros, y
con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor en quien
habían creído.
Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia.
Predicaron el mensaje en Perge y llegaron a Atalía; de allí se
embarcaron para
Antioquía, de donde habían salido con la gracia de Dios, para
la misión que
acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la comunidad y
contaron lo que
había hecho Dios por medio de ellos, y cómo les había abierto
a los paganos las
puertas de la fe.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 144
Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
El Señor es
compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso
para perdonar. Bueno
es el Señor para con todos y su amo se extiende a todas sus
criaturas.
Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
Que te
alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te
bendigan. Que
proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus
maravillas.
Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
Que muestren
a los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu
reino. Tu reino,
Señor, es para siempre, y tu imperio, por todas las
generaciones.
Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
Dios les enjugará todas sus lágrimas
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 21, 1-5a.
Yo,
Juan, vi en la visión un cielo
nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera
tierra habían desaparecido
y el mar ya no existía.
También vi descender del cielo, desde donde está Dios, la
ciudad santa, la
nueva Jerusalén, engalanada como una novia que va a desposarse
con su
prometido. Y oí una gran voz que decía desde el cielo:
"Esta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos
como su Dios
y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas su lágrimas;
y ya no habrá
muerte ni duelo, ni penas ni llantos, porque ya todo lo
antiguo terminó".
Entonces, el que estaba sentado en el trono dijo:
"Ahora voy a hacer nuevas todas las cosas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los
unos a los otros,
como yo los he amado.
Aleluya.
Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35
Gloria a ti, Señor.
Cuando Judas salió del cenáculo,
Jesús dijo:
"Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido
glorificado
en él. Si Dios ha sido glorificado en el Hijo del hombre,
también Dios lo
glorificará en sí mismo, y pronto lo va a hacer. Hijitos,
todavía estaré un
poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen
los unos a los otros
como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que
son mis
discípulos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida; y como pueblo
sacerdotal, pidámosle
por las necesidades de todo el mundo:
A cada petición, respondemos: Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para
que Cristo, esposo de la
Iglesia, llene de alegría pascual a todos los que se han
consagrado a la
extensión de su reino, roguemos al Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para
que Cristo, piedra angular
del edificio, ilumine con el anuncio evangélico a los pueblos
que aún
desconocen la buena nueva de la resurrección, roguemos al
Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para
que Cristo,estrella luciente
de la mañana, seque las lágrimas de los que lloran y aleje el
dolor y las penas
de los que sufren, roguemos al Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para
que Cristo, testigo fidedigno
y veraz, nos conceda ser con nuestra alegría evangélica, sal y
luz para los humanos
que desconocen la victoria de la resurrección, roguemos al
Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que en tu Hijo Jesucristo has hecho que todo sea
nuevo, escucha
nuestra oración y haz que te amemos a ti y a los hermanos como
tú nos has
amado, para que el mundo te conozca a ti y a tu Hijo
Jesucristo, quien vive y
reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Dios nuestro, que por medio de
estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu
Hijo, nos haces
participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra
conducta ponga de
manifiesto las verdades
que nos has revelado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero
más que nunca en
este tiempo en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado.
Porque, Cristo es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Yo soy la vid verdadera y ustedes las ramas, dice el Señor; si permanecen en mí y yo en ustedes, darán fruto abundante.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,
míranos con
bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como
hijos tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Pascua. Quinto domingo
SER JUSTOS
— Ser justos con quienes nos relacionamos, con quienes dependen de nosotros, con la sociedad.
— La promoción de la justicia.
— Fundamento y fin de la justicia.
I. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra1.
La justicia es la virtud cardinal que permite una convivencia recta y limpia entre los hombres. Sin esta virtud, la convivencia se torna imposible, la sociedad, la familia, la empresa dejan de ser humanas y se convierten en lugares donde el hombre atropella al hombre. La justicia regula la convivencia de la sociedad humana en cuanto humana, es decir, basada en el respeto de los derechos personales; “es principio fundamental de la existencia y de la coexistencia de los hombres, como también de las comunidades humanas, de las sociedades y de los pueblos”2.
Un aspecto de esta virtud atañe a las relaciones con el vecino, con el compañero, con el amigo, con el colega y, en general, con toda persona: regula estas relaciones de los hombres entre sí, dando a cada uno lo que le es debido. Otra faceta de la justicia se refiere a los deberes de la sociedad en relación a lo que a cada individuo le corresponde. Por último, existe otro plano de la justicia, que regula aquello que cada individuo concreto debe a la comunidad a la que pertenece, al todo del que forma parte.
La justicia en una sociedad viene de quienes la componen. Son las personas quienes proyectan en la sociedad su justicia o su injusticia, sobre todo quienes en ellas tienen más responsabilidad. Y esto es válido en la familia, en la empresa, en la nación o en el conjunto de naciones que componen el mundo. Si de verdad queremos que la justicia impere en una sociedad –ya se trate de una aldea o de la nación–, hagamos justos a los hombres que la componen: que cada uno de nosotros comience a ser justo en ese triple plano: con quienes nos relacionamos cada día, con quienes dependen de nosotros, dando lo que debemos a la sociedad de la que formamos parte. Esta es la primera obligación moral de la justicia, ser justos en todos los aspectos de nuestra vida: convivir con rectitud y limpieza, ser justos con la familia, con el vecino... con el Estado. La lucha porque impere una mayor justicia en la sociedad es fruto de una serie de decisiones personales, que van modelando el alma de la persona que ejercita esta virtud. Con actos concretos de justicia, el hombre se moverá cada vez con más facilidad por “una voluntad constante e inalterable de dar a cada uno lo suyo”3, pues en esto consiste la esencia de esta virtud.
Si hay una tarea noble y bella que corresponde al común de los ciudadanos es precisamente la de trabajar, con responsabilidad personal, por una sociedad más justa, recta y limpia.
II. “Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad”4. La fe nos lleva a estar presentes, a intervenir muy directamente en los afanes nobles, en las “menudencias de la vida de familia” y “en los conflictos y tareas que definen cada época histórica”... para santificarnos nosotros y santificar esas realidades, haciéndolas más humanas, más justas, para llevarlas a Dios. “Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana (Cfr. Tertuliano, Apologeticum, 17), no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar”5.
La fe nos urge porque es grande la necesidad de justicia que existe en el mundo. “Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor.
“Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás”6.
El cristiano se esfuerza en remediar lo injusto por amor a Jesucristo y a sus hermanos los hombres. El justo, en el pleno sentido de la palabra, es aquel que va dejando a su paso amor y alegría y no transige con la injusticia allí donde la encuentra, ordinariamente en el ámbito en el que se desarrolla su vida: en la familia, en su empresa, en el municipio donde tiene su hogar... Si hacemos examen, es posible que encontremos injusticias que remediar: juicios precipitados contra personas o instituciones, rendimiento en el trabajo, trato injusto a otras personas...
III. El origen, la gran fuerza que mueve al hombre justo, es el amor a Cristo; cuanto más fieles al Señor seamos, más justos seremos, más comprometidos estaremos con la verdadera justicia. Un cristiano sabe que el prójimo, el “otro”, es Cristo mismo, presente en los demás, de modo particular en los más necesitados. “Solo desde la fe se comprende qué es lo que de verdad nos jugamos con la justicia o la injusticia de nuestros actos: acoger o rechazar a Jesucristo”7. Este es el gran motor de nuestras acciones. Esto es lo que solo los cristianos, mediante la fe, podemos ver: Cristo nos espera en nuestros hermanos. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed... Omisiones: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de mis hermanos más pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo8.
El Señor está en cada hombre que padece necesidad. “Los pobres de la sociedad, personalmente considerados, así como las zonas, los grupos étnicos o culturales, los enfermos, los sectores de la población más pobres y marginados tienen que ser preocupación constante de la Iglesia y de los cristianos. Es preciso aumentar los esfuerzos para estar con ellos y compartir sus condiciones de vida, sentirnos llamados por Dios desde las necesidades de nuestros hermanos, hacer que la sociedad entera cambie para hacerse más justa y más acogedora en favor de los más pobres”9.
“Hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres”10. Bastaría examinar nuestro espíritu de atención, de respeto, de afán de justicia, enriquecido por la caridad, para conocer con qué fidelidad seguimos a Cristo. Y al revés, si es profundo y verdadero el trato y el amor a Cristo, ese trato y ese amor se desbordan inconteniblemente hacia los demás.
“Las exigencias espirituales y materiales del servicio cristiano a los demás, son grandes: en la voluntad, en el sentimiento, en las obras. Ante ellas, con la ayuda de la gracia divina, el cristiano ni se acobarda ni se atolondra con un nervioso frenesí de “gestos” sorprendentes. Pero tampoco “se queda tranquilo”: caritas enim urget nos: porque nos acucia la caridad de Cristo (2 Cor 5, 14)”11, que nos lleva más allá de la mera justicia, pero –como es claro– supone haber satisfecho lo que es justo.
“Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente irreprochable y aparezca como tal –enseña el Concilio Vaticano II– , es necesario (...) cumplir antes que nada las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia”12.
La práctica de la justicia nos lleva a un constante encuentro con Cristo. En último extremo, “hacerle justicia a un hombre es reconocer la presencia de Dios en él”13.
Por eso también, en el cristiano no puede haber verdadera justicia si no está informada por la caridad14, porque quedaría a ras de tierra, empequeñecida. Cristo, en nuestras relaciones con el prójimo, quiere más de nosotros. A Él hemos de pedirle “que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad”15.
1 Salmo responsorial. Sal 33, 4-5. — 2 Juan Pablo II, Audiencia general, 8-XI-1978. — 3 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 58, a. 1. — 4 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 110. — 5 Ibídem, 111. — 6 Ibídem. — 7 P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 215. — 8 Cfr. Mt 25, 45. — 9 Conferencia Episcopal Española, Testigos del Dios vivo, 28-VI-1985, n. 59. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., 111. — 11 F. Ocáriz, Amor a Dios, amor a los hombres, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, p. 109. — 12 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8. — 13 P. Rodríguez, o. c., p. 217. — 14 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 4, a. 7. — 15 San Josemaría Escrivá, o. c., 167.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Fuente:
Franciscanos.org
María Bernarda Bütler, Santa Fundadora, Mayo 19
|
Fundadora de las Misioneras de Martirologio Romano: En Cartagena de
Nueva Granada, en Colombia, beata María Bernarda
(Verena) Bütler, virgen, la cual, nacida en Suiza,
fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras
Franciscanas de María Auxiliadora -oooOooo-
ORACIÓN |
___________________________________________________________________________________________
San Ivo, el
abogado santo al cual los juristas de muchos países tiene como
Patrono, nació
en la provincia de Bretaña en Francia. Su padre lo envió a
estudiar a la
Universidad de París, y allí dirigido por famosos profesores de
derecho, obtuvo
su doctorado como abogado.
En sus tiempos de estudiante oyó leer aquella célebre
frase de Jesús:
"Ciertos malos espíritus no se alejan sino con la oración y la
mortificación" (Mc. 9,29), y se propuso desde entonces dedicar
buen tiempo
cada día a la oración y mortificarse lo más que le fuera posible
en las
miradas, en las comidas, en el lujo en el vestir, y en descansos
que no fueran
muy necesarios. Empezó a abstenerse de comer carne y nunca
tomaba bebidas
alcohólicas. Vestía pobremente y lo que ahorraba con todo esto,
lo dedicaba a
ayudar a los pobres. Y Dios lo premió concediéndole una gran
santidad y una
generosidad inmensa en favor de los necesitados.
Al volver a su tierra natal (Bretaña) fue nombrado juez
del tribunal y
en el ejercicio de su cargo se dedicó a proteger a los
huérfanos, a defender a
los más pobres y a administrar la justicia con tal imparcialidad
y bondad, que
aun aquellos a quienes tenía que decretar castigos, lo seguían
amando y
estimando.
Su gran bondad le ganó el título de "Abogado de los
pobres".
No contento con ayudar a los que vivían en su región, se
trasladaba a otras
provincias a defender a los que no tenían con qué pagar un
abogado, y a menudo
pagaba los gastos que los pobres tenían que hacer para poder
defender sus
derechos.
Visitaba las cárceles y llevaba regalos a los presos y
les hacía
gratuitamente memoriales de defensa a los que no podían
conseguirse un abogado.
En aquel tiempo los que querían ganar un pleito les
llevaban costosos
regalos a los jueces. San Ivo no aceptó jamás ni el más pequeño
regalo de
ninguno de sus clientes, porque no quería dejarse comprar ni
inclinarse con
parcialidad hacia ninguno.
Cuando le llevaban un pleito, él se esmeraba por tratar
de obtener que
los dos litigantes arreglaran todo amigablemente en privado, sin
tener que
hacerlo por medio de demandas públicas. Así obtuvo que muchos
litigantes
terminaran siendo amigos y se evitaran los grandes gastos que
les podían
ocasionar los pleitos judiciales.
Después de trabajar bastante tiempo como juez, San Ivo
fue ordenado
sacerdote, y desde entonces, los últimos quince años de su vida
los dedicó
totalmente a la predicación y a la administración de los
sacramentos. Consiguió
dinero de donaciones y construyó un hospital para enfermos
pobres. Todo lo que
llegaba lo repartía entre los más necesitados. Solamente se
quedaba con la ropa
para cambiarse. Lo demás lo regalaba. Una noche se dio cuenta de
que un pobre
estaba durmiendo en el andén de la casa cural, entonces se
levantó y le dio su
propia cama y él durmió en el puro suelo.
De muchas partes llegaban personas litigantes a obtener
que San Ivo
hiciera las paces entre ellos y él lograba con admirable
facilidad poner de
acuerdo a los que antes estaban alegando. Y aprovechaba de todas
estas ocasiones
para predicar a la gente acerca de la Vida Eterna que nos espera
y de lo mucho
que debemos amar a Dios y al prójimo.
Alguien le aconsejó que no regalara todo lo que recibía.
Que hiciera
ahorros para cuando llegara a ser viejo y él le respondió: - Y
¿quién me
asegura que voy a llegar a ser viejo? En cambio lo que sí es
totalmente seguro
es que el buen Dios me devolverá cien veces más lo que yo regale
a los
pobres". Y siguió repartiendo con gran generosidad.
A principios de mayo del año 1303 empezó a sentirse muy
débil. Pero no
por eso dejó de dedicar largos ratos a la oración y a la
meditación y a ayudar
a pacificar a cuantos estuvieran peleados o en discusiones y
pleitos.
El 19 de mayo del año 1303 estaba tan débil que no podía
mantenerse de
pie y necesitaba que lo sostuvieran. Sin embargo celebró así la
Santa Misa.
Después de la Misa se recostó y pidió que le administraran la
Unción de los
enfermos y murió plácidamente, como quien duerme en la tierra
para despertar en
el cielo. Tenía 50 años.
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Fuente:
EWTN.com
Celestino V, Santo CXCII Papa, Mayo 19
CXCII Papa Nacido en Isernia, Italia (1221) |
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Fuente:
Franciscanos.org
Crispín de Viterbo, Santo Capuchino, Mayo 19
Un santo alegre Nací con el nombre de Pietro (Pedro)
Fiorentti, en Viterbo, Italia, el 13 de noviembre de
1668. |
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Alcuino de York, Santo Abad y Profesor, Mayo 19
Abad y Profesor Etimológicamente significa “ amigo del
templo”. Viene de la lengua alemana. ORACION POR LA PAZ |
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Fuente:
Enciclopedía Católica || ACI Prensa
Agustín Novello, Beato Agustino, Mayo 19
Mateo de Termini nació en la primera mitad
del Siglo XIII en Termini, una villa de Sicilia,
situación de la cual se deriva su nombre. Debido a que
esa villa perteneció a la Arquidiócesis de Palermo,
algunas veces este personaje es llamado también como
Panormitano. El Breviario se expresa de él en términos
de quem Thermenses at Panormitani civem suum esse
dicunt. Al entrar a la religión cambió su nombre por el
de Agostino, y más tarde agregó el de Novello, un título
sugerido por su gran erudición y virtud. |
___________________________________________________________________________________________
Dunstan de Canterbury, Santo Obispo, Mayo 19
Nació en el año 909 en Baltonsborough,
Glastonbury, Inglaterra. |
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Fuente:
Vatican.va
Pina Suriano, Beata Laica, 19 de mayo
Laica Consagrada Josefina Suriano nació el 18 de febrero de
1915 en Partinico, centro agrícola de la provincia
italiana de Palermo, arquidiócesis de Monreale. Se la
conocerá con el diminutivo de “Pina”. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Franciscanos.net
Humiliana de Cerchi, Beata Terciaria Franciscana, Mayo 19
Viuda de la Tercera Orden Franciscana Su culto fue aprobado por Inocencio XII el
24 de julio de 1694. |
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José (Jozef) Czempiel, Beato Sacerdote y Mártir, Mayo 19
Sacerdote y Mártir Nacido en Jozefka, Polonia, el 21 de
septiembre de 1883, fue sacerdote de la Arquidiócesis de
Katowice. |
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Fuente:
Ulsachihuahua.edu.mx
Rafael-Luis Rafiringa, Beato Educador Lasallista, 19 de
mayo
En 1856, al nacer Rafiringa (el 3 de
noviembre) en el barrio de Mahamasina en Antananarivo,
el país se hallaba poco o nada abierto a las influencias
externas; a su muerte, acaecida el 19 de mayo 1919,
Madagascar se había abierto a la civilización cristiana
y era una colonia francesa desde hacía más de 20 años. |
J†A
JMJ
Pax
El Espíritu Santo les recordará todo cuanto les he dicho
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y
haremos en él
nuestra morada.
El que no me ama no cumplirá mis palabras, y la palabra que
están oyendo no es
mía, sino del Padre que me envió. Les he hablado de esto ahora
que estoy con
ustedes; pero el Consolador, el Espíritu Santo que mi Padre les
enviará en mi
nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto
yo les he
dicho.
La paz les dejo, mi paz les doy, pero no se la doy como la dan
los que son del
mundo.
No pierdan la paz ni se acobarden, me han oído decir que me voy,
pero volveré a
su lado.
Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el
Padre es más que
yo.
Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando
suceda crean".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

6o. Dom. de Pascua Ciclo C
Con voz de júbilo anúncienlo; que se oiga, que Ilegue a todos los rincones de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor y
alegría la
victoria de Cristo resucitado, y que el misterio de su pascua
transforme
nuestra vida y se manifieste en nuestras obras.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Espíritu Santo y nosotros, hemos decidido no imponerles más cargas que las necesarias
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
En aquellos días, vinieron de Judea a Antioquía algunos
discípulos, y se
pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban
de acuerdo con la
Ley de Moisés, no podrían salvarse.
Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y
Bernabé; al fin
se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más
fueran a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y
los presbíteros.
Los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la
comunidad cristiana,
juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos
a Antioquía con
Pablo y Bernabé.
Los elegidos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, varones
prominentes en la
comunidad. A ellos les entregaron una carta que decía:
"Nosotros los apóstoles y los presbíteros hermanos suyos,
saludamos a los
hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia
convertidos del paganismo.
Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato
nuestro, los han
alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos
decidido de común
acuerdo elegir a dos varones y enviárselos en compañía de
nuestros amados
hermanos Pablo y Bernabé, que han consagrado su vida a la
causa de nuestro
Señor Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas,
quienes les
trasmitirán de viva voz lo siguiente: El Espíritu Santo y
nosotros, hemos
decidido no imponerles más cargas que las estrictamente
necesarias. A saber:
que se abstengan de la fornicación y de comer lo inmolado a
los ídolos, la
sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas
cosas harán bien.
Los saludamos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 66
Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Ten piedad
de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu
bondad y los
pueblos tu obra salvadora.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Las
naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a
los pueblos y rijes
en la tierra a las naciones.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Que te
alaben, Señor, todos los pueblos
que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios
y que le rinda
honor el mundo entero.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Un ángel me mostró la ciudad santa, que descendía del cielo
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 21, 10-14. 22-23
Un ángel
me transportó en espíritu a una
montaña elevada y me mostró a Jerusalén, la ciudad santa, que
descendía del
cielo resplandeciente con la gloria de Dios.
Su fulgor era semejante al de una piedra preciosa, como el de
un diamante
cristalino. Tenía una muralla ancha y elevada con doce puertas
monumentales, y
sobre ellas doce ángeles y doce nombres escritos, los nombres
de las doce
tribus de Israel. Tres de estas puertas daban al oriente, tres
al norte, tres
al sur y tres al poniente. La muralla descansaba sobre doce
cimientos, en los
que estaban escritos los doce nombres de los apóstoles del
Cordero.
No vi ningún templo en la ciudad; porque el Señor, Dios
todopoderoso y el
Cordero, son el templo. La ciudad no necesita la luz del sol o
de la luna,
porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su
lumbrera.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
En que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor, y mi Padre
lo amará y
vendremos a él.
Aleluya.
El Espíritu Santo les recordará todo cuanto les he dicho
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos:
"El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y
haremos en él
nuestra morada.
El que no me ama no cumplirá mis palabras, y la palabra que
están oyendo no es
mía, sino del Padre que me envió. Les he hablado de esto ahora
que estoy con
ustedes; pero el Consolador, el Espíritu Santo que mi Padre
les enviará en mi
nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo
cuanto yo les he
dicho.
La paz les dejo, mi paz les doy, pero no se la doy como la dan
los que son del
mundo.
No pierdan la paz ni se acobarden, me han oído decir que me
voy, pero volveré a
su lado.
Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el
Padre es más que
yo.
Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando
suceda crean".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Unidos a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos,
hermanos,
nuestras súplicas al Padre:
A cada petición respondemos, Escúchanos, Padre.
Para que
el que estaba muerto y ahora
vive por los siglos de los siglos, conceda a la Iglesia ser,
con firmeza y valentía,
testimonio perseverante de su resurrección, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el resucitado, que dio a los
apóstoles su paz, quiera concederla también en abundancia a
todos los pueblos,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el vencedor de la muerte
transforme los sufrimientos de los enfermos, de los moribundos
y de todos los
que sufren en aquella alegría que nunca nadie les podrá
quitar, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el que tiene las llaves de la
muerte y de su reino nos conceda celebrar un día su
resurrección, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Padre.
Celebrante:
Dios nuestro, que has sido el primero en amarnos enviándonos a
tu Hijo, para
que vivamos por medio de él, escucha nuestra oración y haz
que, llenos del
Espíritu Santo, aprendamos a amarnos los unos a los otros como
Cristo nos ha
amado.
Por Jesucristo tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso
por los siglos de
los siglos.
Amén.
Acepta, Señor, las ofrendas que te
presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos
participar dignamente
en este Sacramento de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio Pascual
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor,
pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra
pascua, fue
inmolado.
Porque, Cristo es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Si me aman, cumplan mis mandamientos, dice el Señor; y yo rogaré al Padre y él les dará otro Abogado, que permanecerá con ustedes para siempre. Aleluya.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has
hecho renacer a
la
vida eterna, haz que este misterio Pascual en el que acabamos
de participar por
medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de
salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Pascua. Sexto domingo
LA ESPERANZA DEL CIELO
— Hemos sido creados para el Cielo. Fomentar la esperanza.
— Lo que Dios ha revelado sobre la vida eterna.
— La resurrección de los cuerpos. El pensamiento del Cielo nos debe llevar a una lucha decidida y alegre por alcanzarlo.
I. En estos cuarenta días que median entre la Pascua y la Ascensión del Señor, la Iglesia nos invita a tener los ojos puestos en el Cielo, nuestra Patria definitiva, a la que el Señor nos llama. Esta invitación se hace más apremiante cuando se acerca el día en que Jesús sube a la derecha del Padre.
El Señor había prometido a sus discípulos que después de un poco de tiempo estaría con ellos para siempre. Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis...1. El Señor ha cumplido su promesa en estos días en que permanece junto a los suyos, pero esta presencia no se terminará cuando suba con su Cuerpo glorioso al Padre, pues con su Pasión y Muerte nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas2. De nuevo vendré –les dice– y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy estéis también vosotros3.
Los Apóstoles, que habían quedado entristecidos por la predicción de las negaciones de Pedro, son confortados con la esperanza del Cielo. La vuelta a la que hace referencia Jesús incluye su segunda venida al fin de mundo4 y el encuentro con cada alma cuando se separe del cuerpo. Nuestra muerte será eso: el encuentro con Cristo, a quien hemos procurado servir a lo largo de nuestra vida. Él nos llevará a la plenitud de la gloria, al encuentro con su Padre celestial, que es también Padre nuestro. Allí, en el Cielo, donde tenemos preparado un lugar, nos espera Jesucristo, a quien tenemos presente y hablamos en nuestra oración, con el que hemos dialogado tantas veces.
Del trato habitual con Jesucristo nace el deseo de encontrarnos con Él. La fe lima muchas asperezas de la muerte. El amor al Señor cambia por completo el sentido de ese momento final que llegará para todos. “Los que se quieren, procuran verse. Los enamorados solo tienen ojos para su amor. ¿No es lógico que sea así? El corazón humano siente esos imperativos. Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum tuum, Domine, requiram, buscaré, Señor, tu rostro”5.
El pensamiento del Cielo nos ayudará a vivir el desprendimiento de los bienes materiales y a superar circunstancias difíciles. Es muy agradable a Dios que fomentemos esta esperanza teologal, que está unida a la fe y al amor, y en muchas ocasiones tendremos especial necesidad de ella. “A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad”6. También en los momentos en que el dolor y la tribulación arrecien, cuando cueste la fidelidad o la perseverancia en el trabajo o en el apostolado. ¡El premio es muy grande! Y está a la vuelta de la esquina, dentro de no mucho tiempo.
La meditación sobre el Cielo, hacia donde nos encaminamos, debe espolearnos para ser más generosos en nuestra lucha diaria, “porque la esperanza del premio conforta el alma para realizar las buenas obras”7.
El pensamiento de ese definitivo encuentro de amor, al que somos llamados, nos ayudará a estar vigilantes en las cosas grandes y en las pequeñas, haciéndolas acabadamente, como si fueran las últimas antes de irnos al Padre.
II. No existen palabras para expresar, ni de lejos, lo que será nuestra vida en el Cielo que Dios ha prometido a sus hijos. Sabemos, como recientemente se ha recordado, que “estaremos con Cristo y veremos a Dios (cfr. 1 Jn 3, 2); promesa y misterio admirables en los que consiste esencialmente nuestra esperanza. Si la imaginación no puede llegar allí, el corazón llega instintiva y profundamente”8.
Será una realidad dichosísima lo que ahora entrevemos por la revelación y que apenas podemos imaginar en nuestro ser actual. En el Antiguo Testamento se describe la felicidad del Cielo evocando la tierra prometida después de tan largo y duro caminar por el desierto. Allí, en la nueva y definitiva patria, se encuentran todos los bienes9, allí se terminarán las fatigas de tan largo y difícil peregrinaje.
El Señor nos habló de muchas maneras de la incomparable felicidad de quienes en este mundo amen con obras a Dios. La eterna bienaventuranza es una de las verdades que con más insistencia predicó nuestro Señor: La voluntad de mi Padre, que me ha enviado –declara–, es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite a todos en el último día. Por tanto, la voluntad de mi Padre... es que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día10. Oh Padre, dirá en la Última Cena, yo deseo ardientemente que aquellos que Tú mes has dado estén conmigo allí donde yo estoy, para que contemplen mi gloria, que Tú me has dado, porque Tú me amaste antes de la creación del mundo11.
La bienaventuranza eterna es comparada a un banquete que Dios prepara para todos los hombres, en el que quedarán saciadas todas las ansias de felicidad que lleva en el corazón el ser humano12.
Los Apóstoles nos hablan frecuentemente de esa felicidad que esperamos. San Pablo enseña que ahora vemos a Dios como en un espejo y bajo imágenes oscuras; pero entonces le veremos cara a cara13, y que la alegría y la felicidad allí son indescriptibles14.
La felicidad de la vida eterna consistirá ante todo en la visión directa e inmediata de Dios. Esta visión no es solo un perfectísimo conocimiento intelectual, sino también comunión de vida con Dios, Uno y Trino. Ver a Dios es encontrarse con Él, ser felices en Él. De la contemplación amorosa de las Tres divinas Personas se seguirá en nosotros un gozo ilimitado. Todas las exigencias de felicidad y de amor de nuestro pobre corazón quedarán colmadas, sin término y sin fin. “Vamos a pensar lo que será el Cielo. Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: ni ojo vio, ni oído oyó... Vale la pena, hijos míos, vale la pena”15.
III. Además del inmenso gozo de contemplar a Dios, de ver y de estar con Jesucristo glorificado, existe una bienaventuranza accidental, por la que gozaremos de los bienes creados que responden a nuestras aspiraciones. La compañía de las personas justas que más hemos querido en este mundo: familia, amigos; y también la gloria de nuestros cuerpos resucitados, porque nuestro cuerpo resucitado será numérica y específicamente idéntico al terreno: es preciso –indica San Pablo– que “este” ser corruptible se revista de incorruptibilidad, y que “este” ser mortal se revista de inmortalidad16. “Este”, el nuestro, no otro semejante o muy parecido. “Importa mucho –afirma el Catecismo Romano– estar persuadidos de que este mismo cuerpo, y sin duda el mismo cuerpo que ha sido propio de cada uno, aunque se haya corrompido y reducido a polvo, sin embargo de eso ha de resucitar”17. Y San Agustín afirma con toda claridad: “Resucitará esta carne, la misma que muere y es sepultada (...). La carne que ahora enferma y padece dolores, esa misma ha de resucitar”18. Nuestra personalidad seguirá siendo la misma, y tendremos el propio cuerpo, pero revestido de gloria y esplendor, si hemos sido fieles. Nuestro cuerpo tendrá las cualidades propias de los cuerpos gloriosos: agilidad y sutileza –es decir, no estar sometidos a las limitaciones del espacio y del tiempo–, la impasibilidad –no habrá ya muerte, ni llanto ni gemido, ni habrá más dolor..., ni tendrán ya más hambre, ni más sed..., enjugará Dios toda lágrima de sus ojos19–, la claridad, la belleza.
“Creo en la resurrección de la carne”, confesamos en el Símbolo Apostólico. Nuestros cuerpos en el Cielo tendrán características diferentes de las actuales, pero seguirán siendo cuerpos y ocuparán un lugar20, como ahora el Cuerpo glorioso de Cristo y el de la Virgen. No sabemos cómo ni dónde está ni cómo se forma ese lugar. La tierra de ahora se habrá transfigurado: vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habrán desaparecido... he aquí que hago todas las cosas nuevas21. Muchos Padres y Doctores de la Iglesia, y también muchos santos, piensan que la renovación de todo lo creado se desprende de la misma revelación.
El recuerdo del Cielo, próxima ya la fiesta de la Ascensión del Señor, nos debe llevar a una lucha decidida y alegre por quitar los obstáculos que se interpongan entre nosotros y Cristo, nos impulsa a buscar sobre todo los bienes que perduran y a no desear a toda costa los consuelos que acaban.
Pensar en el Cielo da una gran serenidad. Nada aquí es irreparable, nada es definitivo, todos los errores pueden ser reparados. El único fracaso definitivo sería no acertar con la puerta que lleva a la Vida. Allí nos espera también la Santísima Virgen.
1 Jn 14, 19-20. — 2 Cfr. Jn 14, 2. — 3 Jn 14, 3. — 4 Cfr. 1 Cor 4, 5; 11, 26; 1 Jn 2, 28. — 5 San Josemaría Escrivá, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5. — 6 ídem, Camino, n. 139. — 7 San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, 348, 18, 1. — 8 S. C. para la doctrina de la fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, 17-V-1979. — 9 Cfr. Ex 3, 17. — 10 Jn 6, 39-40. — 11 Jn 17, 24. — 12 Cfr. Lc 13, 29; 14, 15. — 13 1 Cor 13, 12. — 14 1 Cor 2, 9. — 15 San Josemaría Escrivá, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5. — 16 1 Cor 15, 53. — 17 Catecismo Romano, parte I, cap. XI, nn. 7-9; Cfr. S. C. para la doctrina de la fe, Declaración acerca de la traducción del artículo “carnis resurrectionem” del Símbolo Apostólico, 14-XII-1983. — 18 San Agustín, Sermón 264, 6. — 19 Cfr. Apoc 21, 3 ss. — 20 Cfr. M. Schmaus, Teología dogmática, vol. VII: Los Novísimos, Rialp, Madrid 1961, p. 514. — 21 Cfr. Apoc 21,1 ss.
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Santa Mariana: No dejes nunca de orar por América
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Su nombre completo era Mariana de Jesús
Paredes Flórez. Nació en Quito (Ecuador) en 1618.
Desde los cuatro años quedó huérfana de padre y madre
y al cuidado de su hermana mayor y de su cuñado,
quienes la quisieron como a una hija. |
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Fuente: Corazones.org
Felipe
Neri, Santo
Apóstol de Roma, Mayo 26
Apóstol de RomaMartirologio Romano: Memoria de san Felipe Neri,
presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar
a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en
Roma, en el cual se practicaban constantemente las
lecturas espirituales, el canto y las obras de
caridad, y resplandeció por el amor al prójimo, la
sencillez evangélica y su espíritu de alegría, el
sumo celo y el servicio ferviente de Dios (1595).
|
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Se recomienda película Preferisco il Paradiso – Vida de San Felipe Neri (“Prefiero el paraíso” en castellano)
Pero no la otra película “Sed buenos, si podéis”
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Fuente: Santopedia.com
Pedro
Sanz y Jordá, Santo
Mártir, Mayo 26
MártirMartirologio Romano: En Fuzhou, en Fujian, provincia de
China, san Pedro Sans y Jordá, obispo de la Orden de
Predicadores y mártir, el cual, habiendo sido
detenido junto con otros sacerdotes y llevado preso
hasta el tribunal a través de un largo recorrido, se
arrodilló en el lugar del suplicio y, terminada su
oración, ofreció de buena gana su cuello al hacha
(1747).
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Fuente:
ServitasCadiz.com
Francisco
Patrizi de Siena, Beato
Presbítero Servita, Mayo 26
Presbítero ServitaMartirologio Romano: En Siena, de la Toscana, beato
Francisco Patrizi, presbítero de la Orden de los
Siervos de María, que con admirable celo se entregó
a la predicación, la dirección espiritual y el
ministerio de la penitencia (1328).
El beato Francisco nació en Siena el año
1266. ORACION |
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Fuente: OP.org.ar
Andrés
Franchi, Beato
Obispo, Mayo 26
ObispoMartirologio Romano: En Pistoya, de la Toscana, beato
Andrés Franchi, obispo, quien, después de la peste
negra, como prior de la Orden de Predicadores
reformó la vida regular en los conventos de su Orden
en esta región y aprobó en su ciudad las cofradías
de penitentes, para favorecer la paz y la
misericordia (1401).
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Eleuterio,
Santo
Mártir y Papa, Mayo 26
XIII PapaMartirologio Romano: En Roma, san Eleuterio, papa, al que
los famosos mártires de Lyon, apresados entonces,
escribieron una célebre carta para que mantuviera la
paz en la Iglesia (189).
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J†A
JMJ
Pax
Mientras los bendecía iba subiendo al cielo.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24,46-53
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se
apareció a sus discípulos y
les dijo:
"Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de
resucitar de
entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de
predicar a
todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de
volverse a Dios y
el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora yo
les voy a
enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la
ciudad, hasta que
reciban la fuerza de lo alto".
Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar
cercano a Betania;
levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se
fue apartando de
ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo,
regresaron a
Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el
templo, alabando
a Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Ascensión del Señor (en algunos países) 7o dom pascua C
Hombres de Galilea, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto marcharse. Aleluya.
Oración Colecta
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, llenar nuestro corazón de
gratitud y de alegría
por la gloriosa Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, ya que su
triunfo es también
nuestra victoria; pues a donde Ilegó él, nuestra cabeza,
tenemos la esperanza
cierta de Ilegar nosotros que somos miembros de su cuerpo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Se fue elevando a la vista de sus apóstoles
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
En
mi primer libro, querido
Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó,
hasta el día en que
ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio
del Espíritu
Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les
apareció después de la
Pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante
cuarenta días se
dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. Un día,
estando con ellos a
la mesa, les mandó:
"No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la
promesa de mi
Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua;
dentro de pocos días
ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo".
Los ahí reunidos le preguntaron: "Señor, ¿ahora sí vas a
restablecer la soberanía de Israel?"
Jesús les contestó:
"A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el
Padre ha
determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo
descienda sobre
ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en
Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra".
Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos hasta que una
nube lo ocultó a
sus ojos.
Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les
presentaron dos
hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
"Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo
Jesús que
los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto
alejarse".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 46
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan,
pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo Ilenos; que el Señor,
el Altísimo, es
terrible y de toda la tierra, rey supremo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre voces
de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su
trono. Cantemos en
honor de nuestro Dios; al rey honremos y cantemos todos.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque Dios
es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre
todas las naciones desde su trono santo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Cristo entró en el cielo mismo.
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28; lo, 19-23
Hermanos:
Cristo no entró en el
santuario de la antigua alianza, construido por mano de
hombres y que sólo era
figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para estar ahora
en la presencia
de Dios, intercediendo por nosotros.
En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en
el santuario para
ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que
ofrecerse una y
otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso habría
tenido que padecer
muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se
manifestó una sola
vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el
pecado con el
sacrificio de sí mismo.
Y así como está determinado que los hombres mueran una sola
vez y que después
de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció
una sola vez para
quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por
segunda vez, pero ya
no para quitar el pecado, sino para la salvación de aquellos
que lo aguardan, y
en él tienen puesta su esperanza.
Hermanos, en virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la
seguridad de poder
entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y
viviente a través
del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos
un sacerdote incomparable
al frente de la casa de Dios.
Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe
total, limpia la
conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua
saludable.
Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra
esperanza, porque el que
nos hizo las promesas es fiel a su palabra. Palabra de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, Aleluya,
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor, y
sepan que yo estaré
con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.
Evangelio
Mientras los bendecía iba subiendo al cielo.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24,46-53
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se apareció
a sus discípulos y les dijo:
"Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de
resucitar de
entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había
de predicar a
todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de
volverse a Dios y
el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora
yo les voy a
enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la
ciudad, hasta que
reciban la fuerza de lo alto".
Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar
cercano a Betania;
levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se
fue apartando de
ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo,
regresaron a
Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el
templo, alabando
a Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Oración de los Fieles
Celebrante:
Hermanos y hermanas, acudamos con confianza a Jesucristo, el
Señor, que subió
al cielo y allí vive cerca del Padre para orar por nosotros.
(Respondemos: Te rogamos,Señor, óyenos).
Por
la santa Iglesia de Dios: para
que alcance la unidad que quiso para ella su Fundador y, fiel
a su misión, anuncie
el Evangelio a toda criatura, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por
el pueblo de Israel y por
todos los pueblos del universo: para que conozcan al único
Dios verdadero y a
su enviado Jesucristo, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por
los enfermos: para que el
Padre que glorificó el cuerpo de su Hijo, cure también los
dolores de nuestra
carne, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por
nuestra comunidad, para que
espere sin desfallecer la venida del Reino y viva siempre en
la unidad de la
Iglesia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor nuestro, Jesucristo, que para manifestar las maravillas
de tu majestad
subiste al cielo ante tus apóstoles; concédenos la ayuda de tu
bondad y, según
tu promesa, permanece siempre con nosotros. Tú que vives y
reinas, inmortal y
glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio que vamos a ofrecerte en acción de gracias por la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía eleve nuestro espíritu a los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de la Ascensión
Porque Jesús, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido hoy ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y lo hombres, como juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.
Oremos:
Dios todopoderoso, que ya desde este mundo nos haces
participar de tu vida
divina; aviva en nosotros el deseo de la patria eterna, donde
nos aguarda
Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro, que vive y reina por los
siglos de los
siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
PASCUA. SÉPTIMO DOMINGO. DECENARIO AL ESPIRITU SANTO
EL DON DE SABIDURIA
- Nos da un conocimiento amoroso de Dios, y de las personas y las cosas creadas en cuanto hacen referencia a Él. Está íntimamente unido a la virtud de la caridad.
- Mediante este don participamos de los mismos sentimientos de Jesucristo en relación a quienes nos rodean. Nos enseña a ver los acontecimientos dentro del plan providencial de Dios, que siempre se manifiesta como Padre nuestro.
- El don de sabiduría y la vida de contemplación en nuestra vida ordinaria.
I. Existe un conocimiento de Dios y de lo que a Él se refiere al que sólo se llega con santidad. El Espíritu Santo, mediante el don de sabiduría, lo pone al alcance de las almas sencillas que aman al Señor: Yo te glorifico, Padre, Señor del Cielo y de la tierra ‑exclamó Jesús delante de unos niños-, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños (1). Es un saber que no se aprende en libros sino que es comunicado por Dios mismo al alma, iluminando y llenando de amor a un tiempo la mente y el corazón, el entendimiento y la voluntad. Mediante la luz que da el amor, el cristiano tiene un conocimiento más íntimo y gustoso de Dios y de sus misterios.
“Cuando tenemos en nuestra boca una fruta, apreciamos entonces su sabor mucho mejor que si leyéramos las descripciones que de ella hacen todos los tratados de Botánica. ¿Qué descripción podría ser comparable al sabor que experimentamos cuando probamos una fruta? Así, cuando estamos unidos a Dios y gustamos de Él por la íntima experiencia, esto nos hace conocer mucho mejor las cosas divinas que todas las descripciones que puedan hacer los eruditos y los libros de los hombres más sabios” (2). Este conocimiento se experimenta de manera particular en el don de la sabiduría.
De manera semejante a como una madre conoce a su hijo a través del amor que le tiene, así el alma, mediante la caridad, llega a un conocimiento profundo de Dios que saca del amor su luz y su poder de penetración en los misterios. Es un don del Espíritu Santo porque es fruto de la caridad infundida por Él en el alma y nace de la participación de su sabiduría infinita. San Pablo oraba por los primeros cristianos, para que fuesen fortalecidos por la acción de su Espíritu (...), para que (...), arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento (3). Comprender, estando cimentados en el amor..., dice el Apóstol. Es un conocimiento profundo y amoroso.
Santo Tomás de Aquino enseña (4) que el objeto de este don es Dios mismo y las cosas divinas, en primer lugar y de modo principal, pero también lo son las cosas de este mundo en cuanto se ordenan a Dios y de Él proceden.
A ningún conocimiento más alto de Dios podemos aspirar que a este saber gustoso, que enriquece y facilita nuestra oración y toda nuestra vida de servicio a Dios y a los hombres por Dios: La sabiduría -dice la Sagrada Escritura- vale más que las piedras preciosas, y cuanto hay de codiciable no puede comparársele (5). La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza (...). Todo el oro ante ella es un grano de arena, y como el lodo es la plata ante ella. La amé más que a la salud y a la hermosura y antepuse a la luz su posesión, porque el resplandor que de ella brota es inextinguible. Todos los bienes me vinieron juntamente con ella (...), porque la sabiduría es quien los trae, pero yo ignoraba que fuese ella la madre de todos (...), Es para los hombres un tesoro inagotable, y los que de él se aprovechan se hacen partícipes de la amistad de Dios (6).
El don de sabiduría está íntimamente unido a la virtud teologal de la caridad, que da un especial conocimiento de Dios y de las personas, que dispone al alma para poseer “una cierta experiencia de la dulzura de Dios” (7), en Sí mismo y en las cosas creadas, en cuanto se relacionan con Él.
Por estar este don tan hondamente ligado a la caridad, estaremos mejor dispuestos para que se manifieste en nosotros en la medida en que nos ejercitemos en esta virtud. Cada día son incontables las oportunidades que tenemos a nuestro alcance de ayudar y servir a los demás. Pensemos hoy en nuestra oración si son abundantes estos pequeños servicios, si realmente nos esforzamos por hacer la vida más amable a quienes están junto a nosotros.
II. “Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida” (8). Con la visión profunda que da al alma este don, el cristiano que sigue de cerca al Señor contempla la realidad creada con una mirada más alta, pues participa de algún modo de la visión que Dios tiene en Sí mismo de todo lo creado. Todo lo juzga con la claridad de este don.
Los demás son entonces una ocasión continua para ejercer la misericordia, para hacer un apostolado eficaz acercándolos al Señor. El cristiano comprende mejor la inmensa necesidad que tienen los hombres de que se les ayude en su caminar hacia Cristo. Se ve a los demás como a personas muy necesitadas de Dios, como Jesús las veía.
Los santos, iluminados por este don, han entendido en su verdadero sentido los sucesos de esta vida: los que consideramos como grandes e importantes y los de apariencia pequeña. Por eso, no llaman desgracia a la enfermedad, a las tribulaciones que han debido padecer, porque comprendieron que Dios bendice de muchas maneras, y frecuentemente con la Cruz; saben que todas las cosas, también lo humanamente inexplicable, coopera al bien de los que aman a Dios (9).
“Las inspiraciones del Espíritu Santo, a las que este don hace que seamos dóciles, nos aclaran poco a poco el orden admirable del plan providencial, aun y precisamente en aquellas cosas que antes nos dejaban desconcertados, en los casos dolorosos e imprevistos, permitidos por Dios en vista de un bien superior” (10).
Las mociones de la gracia a través del don de sabiduría nos traen una gran paz, no sólo para nosotros, sino también para el prójimo; nos ayudan a llevar la alegría allí donde vamos, y a encontrar esa palabra oportuna que ayuda a reconciliar a quienes están desunidos. Por eso a este don corresponde la bienaventuranza de los pacíficos, aquellos que, teniendo paz en sí mismos, pueden comunicarla a los demás. Esta paz, que el mundo no puede dar, es el resultado de ver los acontecimientos dentro del plan providente de Dios, que no se olvida en ningún momento de sus hijos.
III. El don de sabiduría nos da una fe amorosa, penetrante, una claridad y seguridad en el misterio inabarcable de Dios, que nunca pudimos sospechar. Puede ser en relación a la presencia y cercanía de Dios, o a la presencia real de Jesucristo en el Sagrario, que nos produce una felicidad inexplicable por encontrarnos delante de Dios. “Permanece allí, sin decir nada o simplemente repitiendo algunas palabras de amor, en contemplación profunda, con los ojos fijos en la Hostia Santa, sin cansarse de mirarle. Le parece que Jesús penetra por sus ojos hasta lo más profundo de ella misma...” (11).
Lo ordinario, sin embargo, será que encontremos a Dios en la vida corriente, sin particulares manifestaciones, pero con la íntima seguridad de que nos contempla, que ve nuestros quehaceres, que nos mira como hijos suyos... En medio de nuestro trabajo, en la familia, el Espíritu Santo nos enseña, si somos fieles a sus gracias, que todo aquello es el medio normal que Dios ha puesto a nuestro alcance para servirle aquí y contemplarle luego por toda la eternidad.
En la medida en que vamos purificando nuestro corazón, entendemos mejor la verdadera realidad del mundo, de las personas (a quienes vemos como hijos de Dios) y de los acontecimientos, participando en la visión misma de Dios sobre lo creado, siempre según nuestra condición de creaturas.
El don de sabiduría ilumina nuestro entendimiento y enciende nuestra voluntad para poder descubrir a Dios en lo corriente de todos los días, en la santificación del trabajo, en el amor que ponemos por acabar con perfección la tarea, en el esfuerzo que supone estar siempre dispuestos a servir a los demás.
Esta acción amorosa del Espíritu Santo sobre nuestra vida sólo será posible si cuidamos con esmero los tiempos que tenemos especialmente dedicados a Dios: la Santa Misa, los ratos de meditación personal, la Visita al Santísimo... Y esto en las temporadas normales y en las que tenemos un trabajo que parece superar nuestra capacidad de sacarlo adelante; cuando tenemos una devoción más fácil y sencilla y cuando llega la aridez; en los viajes, en el descanso, en la enfermedad... Y junto al cuidado de estos momentos más particularmente dedicados a Dios, no ha de faltarnos el interés para que en el trasfondo de nuestro día se encuentre siempre el Señor. Presencia de Dios alimentada con jaculatorias, acciones de gracias, petición de ayuda, actos de desagravio, pequeñas mortificaciones que nacen con ocasión de nuestra labor o que buscamos libremente...
“Que la Madre de Dios y Madre nuestra nos proteja, con el fin de que cada uno de nosotros pueda servir a la Iglesia en la plenitud de la fe, con los dones del Espíritu Santo y con la vida contemplativa. Cada uno realizando los deberes personales, que le son propios; cada uno en su oficio y profesión, y en el cumplimiento de las obligaciones de su estado, honre gozosamente al Señor” (12).
(1) Mt 11, 25.- (2) L. M. MARTINEZ, El Espíritu Santo, Studium, 60 ed., Madrid 1959, p. 201.- (3) Ef 3, 16-19.- (4) Cfr. SANTO TOMAS, Suma Teológica, 1, q. 45, a. 2.- (5) Prov 8, 11.- (6) Sab 7, 8-14.- (7) SANTO TOMAS, Suma Teológica, 1-2, 1. 112, a. 5.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 133.- (9) Cfr. Rom 8, 28.- (10) R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, Palabra, 40 ed., Madrid 1982, vol. II, p. 195.- (11) A. RIAUD, La acción del Espíritu Santo en las almas, Palabra, 40 ed., Madrid 1983, p. 82.- (12) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 316.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Marcelino y Pedro, Santos Mártires, Junio 2
MártiresMuchísimas veces en la historia se ha
confirmado el dicho: “El hombre propone y Dios
dispone”, es decir, que a menudo Dios “dispone” lo
contrario de lo que el hombre se ha “propuesto”. Fue
lo que sucedió con los santos Marcelino y Pedro. San
Dámaso, casi adivinando su misión de transmitir la
memoria de innumerables mártires, como él mismo dice,
escribió a un niño la narración del verdugo de los
santos Marcelino y Pedro. |
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Santa Blandina
Una carta de los
cristianos de Vienne y de Lyon a las
iglesias de Asia nos permite saber lo que fue de un grupo de
hermanos lioneses
que en tiempos de Marco Aurelio fueron objeto de una redada de
las
autoridades.- Se les acusaba de incesto y canibalismo, y la
suposición de que
celebraban monstruosas orgías secretas provocó un gran alboroto.
Destaca el valor de una esclava a la que habían encarcelado junto con su señora. Su nombre era Blandina y extenuaba a los que por turnos y de todas las maneras la iban torturando desde el amanecer hasta el ocaso. La bienaventurada mujer, rejuvenecía en la confesión: ¡Soy cristiana y nada malo se hace entre nosotros! Conducidos a las fieras, para común espectáculo, a Blandina la colgaron de un madero y quedó expuesta allí para pasto de las fieras, pero éstas la respetaron y acabaron devolviéndola a la prisión con el fin de guardarla para otro momento.
Luego Blandina, envuelta en una red la pusieron ante un toro salvaje que la corneó hasta matarla. La persona que consideramos la más débil resulta ser la más fuerte. Cuando reconocemos nuestra debilidad es cuando la fuerza ilimitada de Dios puede operar a través nuestro. Santa Blandina: «Soy cristiana, nosotros no negociamos ninguna maldad».- Es patrona de Lyon ( Francia) y patrona con santa Zita de las criadas.
Himno
Testigos de la sangre
Con sangre rubricada,
Frutos de amor cortados
Al golpe de la espada.
Testigos del amor En sumisión callada;
Canto y cielo en los labios
Al golpe de la espada.
Testigos del dolor De vida enamorada;
Diario placer de muert
Al golpe de la espada.
Demos gracias al Padre
Por la sangre sagrada;
Pidamos ser sus mártires,
Y a cada madrugada.
Poder morir la vida
Al golpe de la espada. Amén
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir Santa Blandina, nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
Santa Blandina: ora pro nobis
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Mártires de Lyon
Corría el año 177 de nuestra Era; y con él, a su postrimería, corrían los días de Marco Aurelio, emperador meditabundo. La inminencia de la celebridad anual que en Lyon, ciudad cabecera de la Galia, situada en la confluencia del Saona y del Ródano, se solemnizaba todos los años en las calendas del mes sextil (agosto), reunía en derredor del altar de Roma y de Augusto a los legados de las tres Galias. En esta famosa conmemoración, las jóvenes y aguerridas cristiandades de Lyon y de Viena del Delfinado sostuvieron una serie de luchas cruentísimas y triunfales. Lavaron sus estolas en la sangre del Cordero y volaron a los brazos de Cristo con alas plateadas de paloma. De los episodios de estas luchas nos queda una relación auténtica pormenorizada, salvada por Eusebio en el libro V de su Historia eclesiástica, que yo —spatiis exclusus iniquis— me veo forzado a resumir.
Los siervos de Cristo que habitan Viena y Lyon, en la Galia, a sus hermanos del Asia y de la Frigia, que profesan la misma fe e idénticas esperanzas en la redención que nosotros, paz, gracia y gloria de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Nuestro Señor.
... No tenemos palabras con que expresar en este mensaje la intensidad de la opresión y la saña de los gentiles contra los santos y los tormentos que los bienaventurados mártires soportaron. El Fuerte Armado descargó en nosotros toda la furia y el poder de su brazo. Se nos echó de nuestras casas, se nos privaron los baños, el foro y hasta la pública convivencia. Con todo, la gracia de Dios combatió contra ellos; alejó a los débiles; pero quedaron enhiestos y firmes los sólidos pilares de la fe, que demostraron que las tribulaciones temporales no merecen consideración ante la perspectiva de la gloria que en nosotros será revelada. La plebe frenética les infligió toda suerte de sevicias: escarnios, golpes, lapidaciones y cárcel indistinta; mientras no llegaba el gobernador...
Fueron interrogados por este orden:
Vetio Epagato, el más conspicuo de nuestros hermanos. Había llegado a la plenitud del amor de Dios y del prójimo, y hervía de Espíritu Santo. Varón representativo en nuestra comunidad, no se avino al expeditivo procedimiento y reclamó que se le oyera; la plebe aulló; el presidente se limitó a la pregunta escueta: "¿Eres cristiano?" Su respuesta fue afirmativa y tajante: "Soy cristiano". La pequeña grey fiel le calificó de paráclito de la cristiandad lionesa.
... En las detenciones en masa de fieles de ambas iglesias, que de día en día y con ritmo creciente íbanse haciendo, como la cizaña en el trigo, anduvieron mezclados con los santos algunos paganos que estaban al servicio de los nuestros; los cuales, caídos en la paranza de Satán, declararon que nosotros hacíamos cenas como las de Tiestes e incestos como los de Edipo. Entonces pareció tener realidad la palabra evangélica: Día vendrá cuando el que os diere muerte creerá haber rendido culto a Dios.
... Llegó el segundo interrogatorio de mártires, iniciado por Vetio Epagato. Abriólo el diácono de Viena (del Delfinado), Santo de nombre y de vida; siguió el de Maturo, simple neófito pero invencible púgil; continuó Atalo, originario de Pérgamo, columna y sostén de la cristiandad lionesa, y Blandina finalmente. En ella Cristo hizo gallardísimo alarde de que lo que es ruin y rahez, sin atractivo físico, desdeñable a los ojos de los hombres, se juzgó digno de gloria muy grande ante el acatamiento dé Dios. Todos nosotros recelábamos, y hasta su propia ama según la carne, que estaba con nosotros, mártires designados, que Blandina no pudiera dar testimonio de su fe, tanta era la flaqueza de su cuerpo. Para acabar con ella los verdugos se relevaban; a cada momento parecía que iba a quebrarse el tenue hilo de su vida; mas en la confesión se rejuvenecía y para ella constituía una insuflación de nueva vida decir: Soy cristiana; y nosotros no hacemos ningún mal. Y en diciéndolo parecía embellecerse.
Santo, de Viena, se mantuvo firme como un risco marino en medio del oleaje, combatido de sal asidua. No se dignó decir su nombre, ni el de su nación, ni el de su ciudad, ni su condición de esclavo o libre, ni su grado eclesiástico. A todas las preguntas capciosas contestaba en latín paladino: Soy cristiano. A las más delicadas partes de su cuerpo aplicáronsele láminas de bronce al rojo. Santo perseveró inconmovible en su silencio y en su confesión. La fuente de agua paradisíaca que brotó del costado de Cristo le comunicaba refrigerio y reciedumbre. También la tortura para él era fuente de juventud.
... En gran ansiedad y congoja teníamos el caso de Biblis, dama conspicua de nuestra cristiandad, que en el primer asalto de terror había renegado. Creídos estábamos que Satanás la había ya engullido; mas el asalto segundo la despertó de su ceguera y de su momentánea embriaguez. Aquel dolor pasajero hízola pensar en la gehena de fuego; y con vehemencia echó en rostro a los calumniadores:¿Cómo podéis pensar que esta gente coma carne de niños si les está mandado abstenerse de sangre de animales?Biblis abjuró de su abjuración y se sumó al grupo de los mártires.
... Satanás inspiró a los verdugos una nueva suerte de martirio exangüe: el encierro colectivo y promiscuo en noche perpetua de una zahurda más que plutónica, con ambos pies en un cepo, separados el uno del otro hasta el quinto agujero. En número muy grande, anónimamente, murieron de asfixia en aquellas tinieblas palpables, irrespirables; y sus almas volaron en canoros bandos, como alondras, al aire vivo del amanecer, allá, hacia la esfera que huye más del suelo...
... El bienaventurado Potino, a quien el Espíritu confiara el episcopado de Lyon, había ya colmado la rotación de nueve decenios. Era como un ángel que hubiese envejecido. Apenas respirar podía. Fue sacado de las tinieblas y arrastrado por la venerable melena al tribunal. El gobernador le preguntó cuál era el Dios de los cristianos. Respondió: Si tú lo merecieras le conocerías. Atado de manos y pies, por que no huyese, saturado de oprobios se le volvió a sepultar en la carcenal negrura y en el aire irrespirable. Dos días después, silenciosamente como un ave cautiva, dio suelta a su acérrimo espíritu aleluyante.
En la tartera confusión de la mazmorra, en desconcertante promiscuidad, andaban mezclados los creyentes y los renegados a quienes la apostasía de nada les valiera. En este comedio iba a producirse una poderosa intervención de Dios y una inconmensurable misericordia de Jesús. Quienes tras el primer arresto habían renegado de su fe compartían los sufrimientos con los que la habían confesado. Aquellos permanecían detenidos por sospecha de las cenas de Tiestes y de los incestos de Edipo, y su castigo había de ser más fiero que el de los cristianos partícipes de sus cadenas. Roíales trágicamente la conciencia de su cobardía, al paso que los cristianos exultaban por la proximidad de su liberación y por beber el cáliz inebriante del martirio.
... Maturo, Santo, Atalo y Blandina fueron excarcelados; vencedores de la sevicia de los hombres, iban a encararse con la voracidad de las fieras. Este era el postrer y sensacional programa de los festivales olímpicos con que las tres Galias solemnizaban las calendas de agosto, en derredor del altar de Día Roma y de Augusto, en el cerco del anfiteatro.
A Maturo y Santo sólo les faltaba la postrera fase del combate para merecer la corona incorruptible: sufrieron azotes, zarpazos y dentelladas de bestias, todos los crudelísimos antojos de una multitud delirante. Ambos se ofrecieron en espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. De Santo no se oyeron más palabras que las de su confesión: Soy cristiano. Maturo soportó toda la variedad de luchas que se veían en los gladiadores profesionales.
Quedaba Atalo como olvidado. El populacho, que harto bien le conocía, le reclamó a gritos. Se le hizo dar la vuelta al ruedo, con un letrero infamante: ¡Atalo, cristiano! Enteróse el gobernador de su condición de ciudadano de Roma. Tuvo escrúpulos el melindroso gobernador; determinó que se le devolviera al báratro infernal del que se creía ya redimido, mientras consultaba con el emperador qué debía hacerse con ese delincuente honrado. Esta obligada demora no fue ni inútil ni estéril. En este lapso de tiempo la inconmensurable misericordia de Cristo tuvo una espléndida manifestación en la misma cárcel. Los vivos vivificaron a los muertos. Allí estuvo el dedo de Dios. Esta mudanza ocasionó un júbilo inenarrable de nuestra Madre Virginal. El milagro fue que quienes anteriormente renegaron de Cristo quisieron de nuevo medirse con el perseguidor; se reanimaron a nueva vida. Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se enmiende y viva, les tornó sabroso y fácil el regreso a la casa del Padre de familia.
En el ínterin llegó la orden del César: Decapitación para Atalo, ciudadano romano; para los restantes, la voracidad de las fieras. Cristo fue magníficamente glorificado por quienes le negaron; y su Iglesia les incorporó en el ejército de mártires que visten túnicas blancas. Mientras duró el interrogatorio individual Alejandro, de nación frigio y médico de profesión, avecindado de muchos años en la Galia lionesa, conocido y amado de todos por su amor a Dios, por su libertad de palabra, copiosamente dotado del carisma apostólico, de pie cerca del tribunal, exhortaba con señas a los interrogados que proclamasen su fe. Se le culpó de haber sido él quien promovió aquella retractación colectiva. Se le preguntó que quién era, respondió:Cristiano. Fue condenado a las bestias.
Dios, que eligió lo más flaco de este mundo para confusión de lo más fuerte, había reservado para la lucha final a dos seres entecos. Blandina fue sacada al anfiteatro, llevando de la mano a Póntico, mozuelo en su primer bozo, de quince años escasos. Con refinadísima perversidad todos los días se les había sacado por que viesen los suplicios de sus hermanos en la fe. La plebe, ebria y sedienta de sangre, no se apiadó de la niñez del muchacho venerando ni respetó el augusto carácter de la mujer. Ambos recorrieron todo el ciclo de los tormentos. A Pontico infundíale bríos la muchacha. Pontico le precedió en la muerte y en la liberación. Libróse, como gamo, del cazador; como pájaro, del lazo del parancero.
Quedaba Blandina, la última de todos, madre virgen y feliz de haber enviado al Rey de los siglos, inmortal e invisible, a muchos hijos victoriosos. Sobreabundaba de gozo como partícipe en un festín nupcial. Recorrió toda la cadena de los tormentos ya conocidos y superados. Se la brindó, por fin, a un toro furioso, que, como arista leve, la proyectaba hacia arriba, como en un ansia de vuelo y de cielo... Fue inmolada por fin.
Los cadáveres de los mártires de Lyon, durante seis días, quedaron insepultos, en la gran inverecundia de la muerte, bajo las miradas de Dios y el estupor de los cielos. Incinerados al fin, llevó solemnemente al mar sus pavesas leves el Ródano sonoroso y raudo, fluviorum rex, majestuoso rey de los ríos de Francia.
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Erasmo de Formia, Santo Obispo y Mártir, Junio 2
Obispo y Mártir San Erasmo de Formia, muerto hacia 303 d.
C. también conocido como San Elmo, es el santo patrón de
los marineros. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Eugenio I, Santo LXXV Papa, Junio 2
San Eugenio I nació en Roma. Fue elegido
por expresa voluntad del emperador Constante, un año
antes de la muerte de Martín, mientras éste era
conducido en cadenas a Constantinopla. El clero romano y
el mismo Eugenio I no se opusieron a la voluntad de
Constante, probablemente no por sumisión o miedo, sino
por motivos de oportunidad. Tal vez no quería indisponer
al emperador quien, por ejemplo, hubiera podido hacer
elegir a un papa monotelista; o quizás dando muestras de
condescendencia no se quiso comprometer aún más la ya
precaria posición del Papa Martín. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Nicolás el Peregrino,
Santo Patrono de
Trani, Junio 2
Contrariamente al más célebre San Nicolás,
patrono de Bari, de este San Nicolás llamado El
Peregrino, poseemos poquísimos datos. |
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Fuente:
Op.org.ar
Sadoc, Beato Mártir, Junio 2
Sadoc siendo aún joven recibió el hábito de
manos de santo Domingo -según la tradición-. |
J†A
JMJ
Pax
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la
resurrección, estaban
reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien
cerradas, por
miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les
dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron
de alegría al ver
al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados,
Dios se
los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los
retendrá».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
PENTECOSTÉS (8o dom de pascua)
El Espíritu del Señor llena la tierra; él da unidad a todas las cosas y hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a
tu Iglesia
extendida por todas las naciones; concede al mundo entero los
dones de tu
Espíritu Santo y continúa realizando hoy, en el corazón de tus
fieles, la
unidad
y el amor de la primitiva Iglesia.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al
llegar el día de Pentecostés,
estaban los discípulos todos juntos en el mismo lugar. De
repente vino del
cielo un gran ruido, semejante a la ráfaga de un viento
impetuoso, y llenó
toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron
lenguas como de
fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.
Todos
quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar
en lenguas
extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse.
Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos piadosos
venidos de todas
las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa
y
quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su
propia
lengua. Todos, sorprendidos y admirados, decían:
«¿No son galileos todos los que hablan? Entonces, ¿cómo es que
cada uno
de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? Entre
nosotros hay
partos, medos, elamitas, y los que vivimos en Mesopotamia,
Judea y
Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la
parte de Libia
que limita con Cirene; los romanos que estamos de paso, judíos
y
prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en
nuestras
lenguas las grandezas de Dios».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 103, 1ab-24ac.29bc-30.31 y 34
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al
Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Cuántas
son tus obras,
Señor! La tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Si retiras tu
soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu Espíritu, los
creas, y renuevas
la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria al
Señor por siempre, que se alegre el Señor por sus obras.
¡Ojalá le sea
agradable mi canto!, yo pondré mi alegría en el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7.12-13
Hermanos:
Nadie puede decir «Jesús
es Señor», si no está movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
hay diversidad
de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad
de actividades,
pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para
el bien de
todos.
Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y
todos los miembros
del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un solo
cuerpo, así también
Cristo. Porque todos nosotros, judíos y no judíos, esclavos o
libres, hemos
recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un
solo
cuerpo; y también todos participamos del mismo Espíritu.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
O bien:
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-17.
Hermanos: Los que viven de acuerdo con la carne, no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne, sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará la vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes. Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Y si ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios “Abba”, es decir: “Padre”. El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.
Palabra
de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
Ven,
Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos
el
fuego de tu amor.
Aleluya.
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la
resurrección, estaban reunidos los discípulos en una casa con
las puertas
bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó
en medio de ellos
y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se
llenaron de alegría al ver
al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los
pecados, Dios se
los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los
retendrá».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
O bien:
† Lectura del santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan14, 15-16. 23b-26.
Gloria a ti, Señor.
Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. Quien me ama, será fiel a mi palabra y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. Quien no me ama, no es fiel a mis palabras: La palabra que ustedes oyen no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanas y hermanos, e invoquemos a Cristo, que,
entronizado a la
derecha de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo
prometido, y pidámosle
que lo derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo:
(A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor).
Oremos
a Cristo, el buen pastor de
la Iglesia, que nos mereció la efusión del Espíritu Santo, y
pidámosle que sean
iluminados por este mismo Espíritu el Papa, nuestros obispos y
todos los demás
pastores de la Iglesia, a fin de que conduzcan su rebaño por
las sendas de la
salvación, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Pidamos
también al Señor
resucitado, que envió su Espíritu en forma de lenguas para
destruir la división
de Babel, que congregue en la unidad y conceda la paz a todas
los pueblos y
naciones del mundo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Supliquemos
al vencedor de la
muerte que envíe el Consolador a los que sufren, para que
encuentren fuerza y
consuelo en la contemplación del misterio pascual y les dé la
firme esperanza
de que están llamados a la resurrección y a la felicidad de su
reino, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Pidamos
al Hijo de Dios, que desde
el Padre nos ha enviado el Espíritu Santo, que este mismo
Espíritu nos recuerde
constantemente sus palabras y nos dé la fuerza que necesitamos
para dar
testimonio de él hasta los confines del mundo, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Terminemos
nuestra oración
pidiendo al mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los
muertos, que permanezca
en nosotros y nos disponga para ser piedras vivas del templo
eterno de Dios,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que quienes
nos disponemos a clausurar,
con la solemnidad de hoy, las fiestas pascuales, renovados y
fortalecidos por
tu Espíritu, vivamos continuamente la novedad pascual y
lleguemos también a las
fiestas de la pascua eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina,
inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Señor, que el Espíritu Santo nos
haga comprender mejor, según la promesa de tu
Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del
Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de Pentecostés
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso
y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy
el Espíritu
Santo
sobre los que habías adoptado como hijos por su participación
en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la
Iglesia
naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los
pueblos; el
Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los
que el pecado
había
dividido en diversidad de lenguas.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría,
y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el
himno de tu gloria:
Todos quedaron llenos de Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios.
Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por
medio de tus
sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la
presencia viva
del
Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener
nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Solemnidad de Pentecostés
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
— La fiesta judía de Pentecostés. El envío del Espíritu Santo. El viento impetuoso y las lenguas de fuego.
— El Paráclito santifica continuamente a la Iglesia y a cada alma. Correspondencia a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo.
— Correspondencia: docilidad, vida de oración, unión con la Cruz.
I. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya1.
Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías; muchos israelitas peregrinaban a Jerusalén en estos días para adorar a Dios en el Templo. El origen de la fiesta se remontaba a una antiquísima celebración en la que se daban gracias a Dios por la cosecha del año, a punto ya de ser recogida. Después se sumó en ese día el recuerdo de la promulgación de la Ley dada por Dios en el monte Sinaí. Se celebraba cincuenta días después de la Pascua, y la cosecha material que los judíos festejaban con tanto gozo se convirtió, por designio divino, en la Nueva Alianza, en una fiesta de inmensa alegría: la venida del Espíritu Santo con todos sus dones y frutos.
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban2. El Espíritu Santo se manifiesta en aquellos elementos que solían acompañar la presencia de Dios en el Antiguo Testamento: el viento y el fuego3.
El fuego aparece en la Sagrada Escritura como el amor que lo penetra todo, y como elemento purificador4. Son imágenes que nos ayudan a comprender mejor la acción que el Espíritu Santo realiza en las almas: Ure igne Sancti Spiritus renes nostros et cor nostrum, Domine... Purifica, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón...
El fuego también produce luz, y significa la claridad con que el Espíritu Santo hace entender la doctrina de Jesucristo: Cuando venga aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa... Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará5. En otra ocasión, Jesús ya había advertido a los suyos: el Paráclito, el Espíritu Santo... os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho6. Él es quien lleva a la plena comprensión de la verdad enseñada por Cristo: “habiendo enviado por último al Espíritu de verdad, completa la revelación, la culmina y la confirma con testimonio divino”7.
En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu Santo es frecuentemente sugerida por el “soplo”, para expresar al mismo tiempo la delicadeza y la fuerza del amor divino. No hay nada más sutil que el viento, que llega a penetrar por todas partes, que parece incluso llegar a los cuerpos inanimados y darles una vida propia. El viento impetuoso del día de Pentecostés expresa la fuerza nueva con que el Amor divino irrumpe en la Iglesia y en las almas.
San Pedro, ante la multitud de gente que se congrega en las inmediaciones del Cenáculo, les hace ver que se está cumpliendo lo que ya había sido anunciado por los Profetas8: Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne...9. Quienes reciben la efusión del Espíritu no son ya algunos privilegiados, como los compañeros de Moisés10, o como los Profetas, sino todos los hombres, en la medida en que reciban a Cristo11. La acción del Espíritu Santo debió producir, en los discípulos y en quienes les escuchan, tal admiración, que todos estaban fuera de sí, llenos de amor y alegría.
II. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés no fue un hecho aislado en la vida de la Iglesia. El Paráclito la santifica continuamente; también santifica a cada alma, a través de innumerables inspiraciones, que son “todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a nuestra vida eterna”12. Su actuación en el alma es “suave y apacible (...); viene a salvar, a curar, a iluminar”13.
En Pentecostés, los Apóstoles fueron robustecidos en su misión de testigos de Jesús, para anunciar la Buena Nueva a todas las gentes. Pero no solamente ellos: cuantos crean en Él tendrán el dulce deber de anunciar que Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación. Y sucederá en los últimos días, dice el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. Y sobre mis siervos y mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días y profetizarán14. Así predica Pedro la mañana de Pentecostés, que inaugura ya la época de los últimos días, los días en que ha sido derramado de una manera nueva el Espíritu Santo sobre aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios, y llevan a cabo su doctrina.
Todos los cristianos tenemos desde entonces la misión de anunciar, de cantar las magnalia Dei15, las maravillas que ha hecho Dios en su Hijo y en todos aquellos que creen en Él. Somos ya un pueblo santo para publicar las grandezas de Aquel que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable16.
Al comprender que las santificación y la eficacia apostólica de nuestra vida dependen de la correspondencia a las mociones del Espíritu Santo, nos sentiremos necesitados de pedirle frecuentemente que lave lo que está manchado, riegue lo que es árido, cure lo que está enfermo, encienda lo que es tibio, enderece lo torcido17. Porque conocemos bien que en nuestro interior hay manchas y partes que no dan todo el fruto que debieran porque están secas, y partes enfermas, y tibieza, y también pequeños extravíos, que es preciso enderezar.
Nos es necesario pedir también una mayor docilidad; una docilidad activa que nos lleve a acoger las inspiraciones y mociones del Paráclito con un corazón puro.
III. Para ser más fieles a las constantes mociones e inspiraciones del Espíritu Santo en nuestra alma “podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad (...), vida de oración, unión con la Cruz”.
Docilidad, “en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera”18.
El Paráclito actúa sin cesar en nuestra alma: no decimos una sola jaculatoria si no es por una moción del Espíritu Santo19, como nos señala San Pablo en la Segunda lectura de la Misa. Él está presente y nos mueve en la oración, al leer el Evangelio, cuando descubrimos una luz nueva en un consejo recibido, al meditar una verdad de fe que ya habíamos considerado, quizá, muchas veces. Nos damos cuenta de que esa claridad no depende de nuestra voluntad. No es cosa nuestra sino de Dios. Es el Espíritu Santo quien nos impulsa suavemente al sacramento de la Penitencia para confesar nuestros pecados, a levantar el corazón a Dios en un momento inesperado, a realizar una obra buena. Él es quien nos sugiere una pequeña mortificación, o nos hace encontrar la palabra adecuada que mueve a una persona a ser mejor.
Vida de oración, “porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana requiere un diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo (...). Acostumbrémonos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas”20.
Unión con la Cruz, “porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano (...). El Espíritu Santo es fruto de la Cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos”21.
Podemos terminar nuestra oración haciendo nuestras las peticiones que se contienen en el himno que se canta en la Secuencia de la Misa de este día de Pentecostés: Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, padre de los pobres; ven dador de las gracias; ven, lumbre de los corazones. Consolador óptimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio. Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto. ¡Oh luz santísima!, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles (...). Concede a tus fieles que en Ti confían, tus siete sagrados dones. Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo22.
Para tratar mejor al Espíritu Santo nada tan eficaz como acercarnos a Santa María, que supo secundar como ninguna otra criatura las inspiraciones del Espíritu Santo. Los Apóstoles, antes del día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús23.
1 Antífona de entrada. Misa de la vigilia, Rom 5, 5; 8, 11. — 2 Hech 2, 1-2. — 3 Cfr. Ex 3, 2. — 4 Cfr. M. D. Philippe, Misterio de María, Rialp, Madrid 1986, 352-355. — 5 Jn 16, 13-14. — 6 Jn 14, 26. — 7 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 4. — 8 Jl 2, 28. — 9 Hech 2, 17. — 10 Cfr. Núm. 11, 25. — 11 Cfr. Jn 7, 39. — 12 San Francisco de Sales, Introd. a la vida devota II, 18. — 13 San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1. — 14 Hech 2, 17-18. — 15 Hch 2, 11. — 16 1 Pdr 2, 9. — 17 Cfr. Misal Romano, Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 18 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 135. — 19 Cfr. 1 Cor 12, 3. — 20 San Josemaría Escrivá, o. c., 136. — 21 Ibídem, 137. — 22 Misal Romano, Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 23 Cfr. Hech 1, 14.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

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San Efrén Espíritu Santo: envíanos muchos poetas y escritores que como tu fiel discípulo San Efrén, redacten bellos escritos que nos entusiasmen a todos por nuestra santa religión católica.
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Efrén significa: "muy
fructífero".
San Efrén logró ya durante su vida gran fama como poeta y compositor de himnos religiosos, y en la antigüedad fue el más grande poeta cantor de la Santísima Virgen. La Iglesia Católica lo ha declarado Doctor de la Iglesia y los antiguos lo llamaban "Arpa del Espíritu Santo". Tenía especialísima cualidad para escribir poesías, y San Basilio dice que era tal la estimación que los antiguos tenían por sus escritos, que después de las lecturas de la Sagrada Escritura, en varias iglesias se leía alguna página escrita por este santo.
El mejor triunfo de San Efrén es el que a él le debemos en gran parte la introducción de los cánticos sagrados e himnos en las ceremonias católicas. Por medio de la música, los himnos se fueron haciendo populares y se extendieron prontamente por todas las iglesias. Los himnos de San Efrén se hicieron famosos por todas partes.
Efrén nació en Nisibe, Mesopotamia (Irak) en el año 306. El afirma de sí mismo que de joven no le daba mucha importancia a la religión, pero que cuando le llegaron las pruebas y los sufrimientos, entonces así se dio cuenta de que necesitaba de Dios.
El santo narra que en un sueño vio que de su lengua nacía una mata de uvas, la cual se extendía por muchas regiones, llevando a todas partes racimos muy agradables y provechosos. Con esto se le anunciaba que sus obras (sus himnos y cantos) se iban a extender por muchas regiones, llevando alegría y agradabilidad.
El obispo lo nombró director de la escuela de canto religioso de su ciudad, y allí formó muchos maestros de canto para que fueran a darle solemnidad a las fiestas religiosas de diversas parroquias.
Los persas de Irán invadieron la ciudad de Nisibe, tratando de acabar con la religión católica, y entonces Efrén junto con gran número de católicos, huyeron a la ciudad de Edesa, y en esa ciudad pasó los últimos años de su vida, dedicado a componer sus inmortales poesías, y a rezar, meditar y enseñar religión a cuantos más podía. Dicen que la idea de dedicarse a componer himnos religiosos le llegó al ver que los herejes llevaban mucha gente a sus reuniones por medio de los cantos que allí recitaban. Y entonces Efrén dispuso hacer también muy simpáticas las reuniones de los católicos, por medio de himnos y cánticos religiosos, y en verdad que logró conseguirlo.
Para mejor inspirarse, nuestro santo buscaba siempre la soledad de las montañas, y en los sitios donde santos monjes y eremitas vivían en oración y en continuo silencio. Allí lejos del remolino de la vida social, le llegaba mejor la inspiración de lo alto.
Pero el obispo de Edesa al darse cuenta de las cualidades artísticas del santo lo nombró director de la escuela de canto de la ciudad y allí estuvo durante 13 años (del 350 al 363) formando maestros de canto para las parroquias. Y sus himnos servían en las iglesias para exponer la doctrina cristiana, alejar las herejías y los vicios, y aumentar el fervor de los creyentes. Y aun hoy sus composiciones poéticas siguen siendo de grandísimo provecho para los lectores. El expone las enseñanzas de la religión católica demostrando gran admiración por nuestros dogmas, o grandes verdades de la fe.
Dicen los historiadores que cuando hablaba de la segunda venida de Cristo y el día del juicio final, empleaba una elocuencia tan vigorosa que el pueblo estallaba en gemidos y sonoros llantos. Y en sus predicaciones consideraba como deber suyo principalísimo prevenir y preparar al pueblo para que nadie se dejara engañar por los errores de las sectas.
Los herejes se quejaban de que los muy bien ensayados coros de Efrén en los templos católicos atraían tantos devotos, que los templos de las sectas se quedaban vacíos.
La humildad de San Efrén era tan grande que se creía totalmente indigno de ser sacerdote (Aunque las gentes lo consideraban un gran santo, y su vida era la de un fervoroso monje o religioso). Por eso prefirió quedarse de simple diácono.
La última vez que tomó parte en los asuntos públicos fue en el año 370 cuando hubo una gran carestía y una pavorosa escasez de alimentos. Los ricos habían acaparado los alimentos y se negaban a repartirlos entre los pobres por temor a que se aprovecharan los avivados. Entonces San Efrén se ofreció de mediador y como a él si le tenían total confianza, organizó un equipo de entrenados distribuidores y logró llevar cuantiosos alimentos a las gentes más necesitadas. En una grandísima epidemia organizó un grupo de 300 camilleros y con ellos recogía a los enfermos y los llevaba a sitios especiales para tratar de conseguir su curación. Uno de sus biógrafos comenta: "Estas dos labores fueron dos ocasiones formidables que Dios le dio a nuestro santo, para que se ganara dos bellísimas coronas más para la eternidad: la de calmar el hambre de los más pobres y la de devolverles la salud a los enfermos más abandonados". Seguramente al llegar al cielo, habrá oído de labios de Jesús aquella bellísima frase que El prometió que dirá un día a los que ayudan a los pobres y enfermos: "Estuve enfermo y me fuiste a visitar: tuve hambre y me diste de comer. Ven al banquete preparado desde el comienzo de los siglos". (Mt. 25,40).
De San Efrén se conservan 77 himnos en honor de Cristo, de la Virgen Santísima y de los temas más sagrados de la religión católica. Su admiración inmensa hacia los sufrimientos son verdaderamente admirables y conmovedoras. Con razón las gentes lloraban cuando lo escuchaban o cuando leían sus emocionantes escritos. Por Jesús y por María tenía los más profundos sentimientos de simpatía y admiración. A María la llama siempre "Madre de Dios".
Su muerte sucedió probablemente en junio del año 373.
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Fuente:
Corazones.org
Ana María Taigi, Beata Madre de familia, Junio 9
|
Madre de Familia y Mística Tal vez no hubo en toda Roma, durante el
siglo XIX, una mujer más notable que Ana María Taigi, la
abnegada y trabajadora esposa de un criado y la madre
ejemplar de muchos hijos, quien fue honrada con la
particular estimación de tres sucesivos Pontífices y
cuya pobre casa fue el centro de reunión para muchos de
los altos personajes de la Iglesia y el Estado que
buscaban su intercesión, su consejo y su opinión, en las
cosas de Dios. |
___________________________________________________________________________________________
Amada de Bolonia, Beata Religiosa, Junio 9
Religiosas
Etimológicamente significa “amada”, de la
lengua latina. |
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Placido de Amiterno, Santo Abad, Junio 9
Abad Etimológicamente significa “ de carácter
suave”. Viene de la lengua latina. |
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Fuente:
www.aciprensa.com
José de Anchieta, Beato Sacerdote Jesuita,
Junio 9
Video: https://youtu.be/z11oINt2ns4
|
Nació el 19 de marzo de 1534 en San
Cristobal de La Laguna, (Tenerife). A los 14 años
ingresó al Colegio de Artes, anexo a la Universidad en
Coimbra, destacando como uno de los mejores alumnos y
como un gran poeta. Componía versos latinos con extrema
facilidad y era llamado el "Canario de Coimbra". El 1 de
mayo de 1551 ingresó a la Compañía de Jesús y comenzó
sus estudios de Filosofia. Debido a un enfermedad en
1553 partió de Tejo (Lisboa) a Brasil, donde inició su
primera labor de catequesis con los indios tupis. |
Oración:
Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles
elegiste a san José de Anchieta para que manifestara a sus hermanos
el Camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo
nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro Maestro,
para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos,
la gloria de tu Reino eterno.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
Amén.
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ente:
www.op.com.ar
Diana degli Andalò. Beata
Religiosa, Junio 8
Virgen Dominica Diana de Andaló (abreviación del nombre del
noble padre: Andrea Lovello), es una de las más
características y simpáticas figuras de los orígenes de
la Orden. Ayudó al beato Reginaldo a fundar el convento
de Bolonia. |
___________________________________________________________________________________________
Columba de Iona, Santo Abad, 9 de junio
Abad
|
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Luis Boccardo, Beato Canónigo y Fundador,
Junio 9
Fundador de las Hijas de Jesús Rey Nació en Moncalieri el 9 de agosto de 1861.
En 1875 entró en el seminario diocesano; recibió la
ordenación sacerdotal el 7 de junio de 1884. Sus
superiores lo destinaron a una parroquia de Pancalieri,
como vicepárroco de su hermano Juan
María.
Antes de transcurrir un año, el beato José Allamano lo
llamó a ejercer el cargo de vicerrector y padre
espiritual del centro de formación de sacerdotes Virgen
del Consuelo, en Turín, tarea a la que se sumó la
enseñanza de varias materias en la escuela de teología
del seminario. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Magnificat.ca
Primo y Feliciano,
Santos Hermanos Mártires, Junio 9
San Primo y San Feliciano, hermanos,
nacieron en Roma, ilustres por su sangre y por su fe. |
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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/
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J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Aún tengo muchas cosas qué decirles, pero todavía no las pueden
comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los
guiará hasta la
verdad plena; porque no hablará por su propia cuenta, sino que
dirá lo que haya
oído, y les anunciará las cosas que van a suceder. El me
glorificará, porque
primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que
tiene el Padre
es mío; por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará
a
ustedes".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Santísima Trinidad (C)
Bendito sea Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso.
Oremos:
Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al
Espíritu de
santidad, revelaste a la humanidad tu misterio admirable;
concédenos que al
profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna
Trinidad y adoremos
a la unidad de su majestad omnipotente.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Antes que existiera la tierra, la sabiduría ya había sido engendrada
Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31
Esto dice
la sabiduría de Dios:
"El Señor me poseía desde el principio, antes que sus obras
más antiguas.
Quedé establecida desde la eternidad, desde el principio,
antes de que la
tierra existiera. Fui concebida antes de que existieran los
abismos y antes de
que brotaran los manantiales y los ríos.
Antes de que las montañas y las colinas quedaran asentadas,
nací yo; cuando aún
no había hecho el Señor la tierra ni los campos ni el primer
polvo del
universo. Cuando él afianzaba los cielos, allí estaba yo.
Cuando ceñía con el horizonte la faz del abismo, cuando
colgaba las nubes en lo
alto, cuando hacía brotar las fuentes del océano, cuando fijó
al mar sus
límites y mandó a las aguas que no los traspasaran, yo estaba
junto a él como
arquitecto de sus obras. Yo era su encanto cotidiano, todo el
tiempo me
recreaba en su presencia jugando con el orbe de la tierra, y
mi delicia era
estar con el género humano".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 8
¡Señor, qué admirable es tu nombre!
¡Señor,
Dios nuestro, qué admirable es
tu nombre en toda la tierra! ¿Qué es el hombre para que te
acuerdes de él; el
ser humano para darle poder?
¡Señor, qué admirable es tu nombre!
Lo hiciste
poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad y le diste el mando sobre
las obras de tus
manos.
¡Señor, qué admirable es tu nombre!
Todo lo
sometiste bajo su pies: rebaños
y ganados, todos juntos, y aún las bestias salvajes; los
pájaros del cielo, los
peces del mar y todo cuanto surca las sendas del mar.
¡Señor, qué admirable es tu nombre!
Vayamos a Dios por Cristo mediante el amor que nos ha infundido el Espíritu Santo
Lectura
de la carta del apóstol San
Pablo a los Romanos
5, 1-5
Hermanos:
Ya que hemos sido justificados
por la fe, mantengámonos en paz con Dios por mediación de
nuestro Señor
Jesucristo. Por Cristo hemos obtenido, con la fe, la entrada
al mundo de la
gracia, en el cual nos encontramos; por él podemos gloriarnos
de tener la
esperanza de participar en la gloria de Dios.
Más aún, también nos gloriamos hasta de los sufrimientos; pues
sabemos que el
sufrimiento engendra la paciencia, la paciencia engendra la
virtud sólida, la
virtud sólida engendra la esperanza. Y la esperanza no
defrauda, porque Dios ha
infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu
Santo que él
mismo nos ha dado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, gloria al Hijo, y gloria al Espíritu Santo:
Al Dios que es,
que era y que vendrá.
Aleluya.
Todo lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá de mí lo que les vaya comunicando a ustedes
†
Lectura del santo Evangelio según san
Juan 16, 12-15
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos:
"Aún tengo muchas cosas qué decirles, pero todavía no las
pueden
comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los
guiará hasta la
verdad plena; porque no hablará por su propia cuenta, sino que
dirá lo que haya
oído, y les anunciará las cosas que van a suceder. El me
glorificará, porque
primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo
que tiene el Padre
es mío; por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo
comunicará a
ustedes".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Dios, Padre entrañable que por
Jesucristo nos ha
revelado su amor, y que escucha complacido los gemidos
inefables con que el Espíritu
intercede por nosotros:
Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
Dios Padre, Creador
todopoderoso del universo, lleve al mundo a su plenitud y haga
nacer aquel
cielo nuevo y aquella tierra nueva que nos ha prometido, en la
que la humanidad
entera encontrará la felicidad y podrá contemplar su rostro
glorioso, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
el Hijo Unigénito de Dios, que
se hizo hombre para desposarse con la Iglesia, infunda en ella
un amor
semejante al suyo, como corresponde a su condición de esposa
amada, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
el Espíritu del Señor, que
enriquece al mundo con sus dones, sea padre para los pobres,
consuelo para los
tristes, salud para los enfermos y fuerza para los decaídos,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
los que conocemos el misterio
de la vida íntima de Dios, uno en tres Personas, tengamos celo
para anunciarlo
a quienes lo desconocen, a fin de que también ellos encuentren
gozo y descanso
en Dios, que se nos ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu
Santo, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios altísimo, que has querido que en las aguas del bautismo
llegáramos a ser
hijos en tu Hijo único, escucha; al Espíritu que nos hace
clamar:
"Padre" y haz que, obedientes al mandato de tu Hijo, seamos
anunciadores de la salvación que ofreces a todos los pueblos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Por la invocación de tu nombre santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua ofrenda a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dios es uno en tres Personas
Y lo que creemos de tu gloria, porque tú
lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del
Espíritu Santo,
sin diferencia ni distinción.
De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna
divinidad,
adoramos a tres Personas distintas, en la unidad de un solo
ser e iguales en su
majestad.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros
celestiales, que
no cesan de aclamarte con una sola voz:
Porque son hijos de Dios, Dios infundió en los corazones de ustedes el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre.
Oremos:
Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe
en la Trinidad
santa y eterna, y en su unidad indivisible, nos aprovechen,
Señor, Dios
nuestro, para la salvación del cuerpo y el alma.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Domingo después de Pentecostés
LA SANTÍSIMA TRINIDAD*
Solemnidad
— Revelación del misterio trinitario.
— El trato con cada una de las Personas divinas.
— Oración a la Trinidad Beatísima.
I. Tibi laus, Tibi gloria, Tibi gratiarum actio... A Ti la alabanza, a Ti la gloria, a Ti hemos de dar gracias por los siglos de los siglos, ¡oh Trinidad Beatísima!1.
Después de haber renovado los misterios de la salvación –desde el Nacimiento de Cristo en Belén hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés–, la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, misterio inefable de la vida íntima de Dios.
Poco a poco, con una pedagogía divina, Dios fue manifestando su realidad íntima, nos ha ido revelando cómo es Él, en Sí, independiente de todo lo creado. En el Antiguo Testamento da a conocer sobre todo la Unidad de su Ser, y su completa distinción del mundo y su modo de relacionarse con él, como Creador y Señor. Se nos enseña de muchas maneras que Dios, a diferencia del mundo, es increado; que no está limitado a un espacio (es inmenso), ni al tiempo (es eterno). Su poder no tiene límites (es omnipotente): Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón -nos invita la liturgia- que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro2. Solo Tú, Señor.
El Antiguo Testamento proclama sobre todo la grandeza de Yahvé, único Dios, Creador y Señor de todo el Universo. Pero también se revela corno el pastor que busca a su rebaño, que cuida a los suyos con mimo y ternura, que perdona y olvida las frecuentes infidelidades del pueblo elegido... A la vez, se va manifestando la paternidad de Dios Padre, la Encarnación de Dios Hijo, que es anunciada por los Profetas, y la acción del Espíritu Santo, que lo vivifica todo.
Pero es Cristo quien nos revela la intimidad del misterio trinitario y la llamada a participar en él. Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo3. Él nos reveló también la existencia del Espíritu Santo junto con el Padre y lo envió a la Iglesia para que la santificara hasta el fin de los tiempos; y nos reveló la perfectísima Unidad de vida entre las divinas Personas4.
El misterio de la Santísima Trinidad es el punto de partida de toda la verdad revelada y la fuente de donde procede la vida sobrenatural y a donde nos encaminamos: somos hijos del Padre, hermanos y coherederos del Hijo, santificados continuamente por el Espíritu Santo para asemejarnos cada vez más a Cristo. Así crecemos en el sentido de nuestra filiación divina. Esto nos hace ser templos vivos de la Santísima Trinidad.
Por ser el misterio central de la vida de la Iglesia, la Trinidad Beatísima es continuamente invocada en toda la liturgia. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu fuimos bautizados, y en su nombre se nos perdonan los pecados; al comenzar y al terminar muchas oraciones, nos dirigimos al Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad del Espíritu Santo. Muchas veces a lo largo del día repetimos los cristianos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
“-¡Dios es mi Padre! -Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración.
“-¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón.
“-¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino.
“Piénsalo bien. -Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo”5.
II. La vida divina –a cuya participación hemos sido llamados– es fecundísima. Eternamente el Padre engendra al Hijo, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Esta generación del Hijo y la espiración del Espíritu Santo no es algo que aconteció en un momento determinado, dejando como fruto estable las Tres Divinas Personas: esas procedencias (los teólogos las llaman “procesiones”) son eternas.
En el caso de las generaciones humanas, un padre engendra a un hijo, pero ese padre y ese hijo permanecen después del mismo acto de engendrar, incluso aunque muera uno de los dos. El hombre que es padre no solo es “padre”: antes y después de engendrar es “hombre”. La esencia, sin embargo, de Dios Padre está en que todo su ser consiste en dar la vida al Hijo. Eso es lo que lo determina como Persona divina, distinta de las demás. En la vida natural, el hijo que es engendrado tiene otra realidad. Pero la esencia del Unigénito de Dios es precisamente ser Hijo6. Y es a través de Él, haciéndonos semejantes a Él, por un impulso constante del Espíritu Santo, como nosotros alcanzamos y crecemos en el sentido de nuestra filiación divina. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido no un Espíritu de esclavitud para recaer en el temor; sino un Espíritu de adopción, que nos hace gritar: Abba! (¡Padre!). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo7.
La paternidad y la filiación humanas son algo que acontece a las personas, pero no expresan todo su ser. En Dios, la Paternidad, la Filiación y la Espiración constituyen todo el Ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo8.
Desde que el hombre es llamado a participar de la misma vida divina por la gracia recibida en el Bautismo, está destinado a participar cada vez más en esta Vida. Es un camino que es preciso andar continuamente. Del Espíritu Santo recibimos constantes impulsos, mociones, luces, inspiraciones para ir más deprisa por ese camino que lleva a Dios, para estar cada vez en una “órbita” más cercana al Señor. “El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!
“Hemos corrido como el ciervo, que ansía las fuentes de las aguas (Sal 41, 2); con sed, rota la boca, con sequedad. Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna (cfr. Jn 4, 14). Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas”9.
III. La Trinidad Santa habita en nuestra alma como en un templo. Y San Pablo nos hace saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado10. Y ahí, en la intimidad del alma, nos hemos de acostumbrar a tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. “Tú, Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco”11, le decimos en la intimidad de nuestra alma.
“¡Oh, Dios mío, Trinidad Beatísima! Sacad de mi pobre ser el máximo rendimiento para vuestra gloria y haced de mí lo que queráis en el tiempo y en la eternidad. Que ya no ponga jamás el menor obstáculo voluntario a vuestra acción transformadora (...). Segundo por segundo, con intención siempre actual, quisiera ofreceros todo cuanto soy y tengo; y que mi pobre vida fuera en unión íntima con el Verbo Encarnado un sacrificio incesante de alabanza de gloria de la Trinidad Beatísima (...).
“¡Oh, Dios mío, cómo quisiera glorificaros! ¡Oh, si a cambio de mi completa inmolación, o de cualquier otra condición, estuviera en mi mano incendiar el corazón de todas vuestras criaturas y la Creación entera en las llamas de vuestro amor, qué de corazón quisiera hacerlo! Que al menos mi pobre corazón os pertenezca por entero, que nada me reserve para mí ni para las criaturas, ni uno solo de sus latidos. Que ame inmensamente a todos mis hermanos, pero únicamente con Vos, por Vos y para Vos (...). Quisiera, sobre todo, amaros con el corazón de San José, con el Corazón Inmaculado de María, con el Corazón adorable de Jesús. Quisiera, finalmente, hundirme en ese Océano infinito, en ese Abismo de fuego que consume al Padre y al Hijo en la unidad del Espíritu Santo y amaros con vuestro mismo infinito amor (...).
“¡Padre Eterno, Principio y Fin de todas las cosas! Por el Corazón Inmaculado de María os ofrezco a Jesús, vuestro Verbo Encarnado, y por Él, con Él y en Él, quiero repetiros sin cesar este grito arrancado de lo más hondo de mi alma: Padre, glorificad continuamente a vuestro Hijo, para que vuestro Hijo os glorifique en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos (Jn 17, 1).
“¡Oh, Jesús, que habéis dicho: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelárselo (Mt 11, 27)!: “¡Mostradnos al Padre y esto nos basta!” (Jn 14, 8).
“Y Vos, ¡oh, Espíritu de Amor!, enseñadnos todas las cosas (Jn 14, 26) y formad con María en nosotros a Jesús (Gal 4, 19), hasta que seamos consumados en la unidad (Jn 17, 23) en el seno del Padre (Jn 1, 18). Amén”12.
1 Trisagio angélico. — 2 Primera lectura. Ciclo B. Dt 4, 39. — 3 Mt 11, 27. — 4 Evangelio de la Misa. Ciclo C. Jn 16, 12-15. — 5 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 2. — 6 Cfr. J. M. Pero-Sanz, El Símbolo atanasiano, Palabra, Madrid 1976, p. 51. — 7 Segunda lectura. Ciclo C, Rom 8, 14-17. — 8 Un cartujo, La Trinidad y la vida interior, Rialp, Madrid 1958, 2ª ed., pp. 45-47. — 9 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 306-307. — 10 Segunda lectura. Ciclo C. Rom 5, 5. — 11 Santa Catalina de Siena, Diálogo, 167. — 12 Sor Isabel de la Trinidad, Elevación a la Santísima Trinidad, en Obras completas. Ed. Monte Carmelo, 4ª ed. Burgos 1985, pp. 757-758.
* La Iglesia celebra hoy el misterio central de nuestra fe, la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, el misterio inefable de la vida íntima de Dios. La liturgia de la Misa nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Divinas Personas: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La fiesta fue establecida para todo Occidente en 1334 por el Papa Juan XXII, y quedó fijada para este domingo después de la venida del Espíritu Santo, el último de los misterios de nuestra salvación. Hoy podemos repetir muchas veces, despacio, con particular atención: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
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Autor:
Archidiócesis de Madrid
Juan Francisco de Regis, Santo Predicador Misionero,
Junio 16
Predicador Misionero La tensión entre los católicos y los
calvinistas franceses -los que recibieron el nombre de
hugonotes-, alimentada por los intereses políticos de la
Casa de Valois y la Casa de Guisa, fue aumentando en
Francia; estallará la guerra civil en el siglo XVI y se
prolongará durante el siglo XVII.
predicadores. Tan es así que, ante el éxito
de multitudinaria asistencia y las conversiones que
consigue, grandes figuras de la elocuencia sagrada van a
escucharle y salen perplejos del discurso que han
escuchado por la fuerza que transmite a pesar de la
pobreza de expresión. Alguien llegó a decir que “se
creía lo que predicaba”. De hecho, llegó a provocar
celotipias entre los oradores de fama hasta el punto de
llegar a acusarle ante su padre provincial declarando
que deshonraba el ministerio de la predicación por las
inconveniencias y trivialidades que salían de su boca.
¿Por qué el santo suscita envidia precisamente entre los
más capacitados que él? ¿Por qué la envidia de los demás
es casi consustancial al santo? ¿Cómo es posible que se
dé tanta envidia precisamente entre los eclesiásticos?
Son preguntas a las que no consigo dar respuesta
adecuada. |
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Ciro de Tarso, Santo Niño Mártir, Junio 16
Niño Mártir Etimológicamente significa “señorial".
Viene del griego. |
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Fuente:
Corazones.org
Lutgarda, Santa Mística, Junio 16
Virgen Santa Mística sisterciense de Aywieres,
Bélgica. |
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Fuente:
Franciscanos.org
María Teresa Scherer, Beata Cofundadora, Junio 16
Co-fundadora de las Religiosas de la Caridad de la Santa Cruz María Teresa Scherer nació el 31 de octubre
de 1825 en Meggen (Lago de los Cuatro Cantones, Suiza).
Fue bautizada con el nombre de Ana María Catalina. Era
la cuarta de siete hijos de la familia Scherer-Sigrist.
A los siete años quedó huérfana de padre y fue a vivir
con unos parientes, que le dieron una sana educación
cristiana. En los tiempos libres se ocupaba de los
trabajos de la casa y del campo. |
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Aureliano de Arlés, Santo Obispo, 16 de junio
Obispo Martirologio Romano: En Lyon, en la Galia, sepultura de san
Aureliano, obispo de Arlés, el cual, nombrado vicario
en la Galia por el papa Vigilio, fundó en su ciudad
dos monasterios, uno masculino y otro femenino, a los
que dio una Regla propia (551).
Era originario de una familia aristocrática
de Borgoña, cercana al poder, que jugaba un papel
importante cerca de los reyes francos. San Aureliano era
hijo de San Sacerdos, quien llegara a ser en 544
arzobispo de Lyon y primo hermano de San Niceto, sucesor
de San Sacerdos en la sede arzobispal de Lyon. |
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J†A
JMJ
Pax
Comieron todos y se saciaron
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 11-17
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús habló del
Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos.
Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle:
"Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y caseríos a
buscar
alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar
solitario".
Jesús les contestó:
"Denles ustedes de comer"
Pero ellos le replicaron:
"No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que
vayamos
nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente".
Eran como cinco mil varones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
"Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta".
Así lo hicieron, y todos se sentaron. Luego Jesús tomó en sus
manos los cinco
panes y los dos pescados y, levantando la mirada al cielo,
pronunció una
oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los
discípulos para
que ellos los distribuyeran entre la gente.
Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce
canastos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Cuerpo y Sangre de Cristo (C)
Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo, y lo sació con miel sacada de la roca.
Oremos:
Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos
dejaste el
memorial de tu Pasión; concédenos venerar de tal modo los
sagrados misterios de
tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en
nosotros el
fruto de tu redención.
Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu
Santo, y eres
Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Melquisedec presentó pan y vino
Lectura del libro del Génesis 14, 18-20
En aquellos
días Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era
sacerdote del
Dios altísimo, y bendijo a Abram diciendo:
"Bendito sea Abram de parte del Dios altísimo, creador de los
cielos y de
la tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó a tus
enemigos en tus
manos".
Y Abraham le dio el diezmo de todo lo que había rescatado
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 109
Tú eres sacerdote para siempre.
Esto ha dicho
el Señor: "Siéntate a mi derecha; yo haré de tu contrarios el
estrado
donde pongas los pies"
Tú eres sacerdote para siempre.
Extenderá el
Señor desde Sión tu cetro poderoso, y tu dominarás al enemigo.
Tú eres sacerdote para siempre.
Es tuyo el
señorío; el día en que naciste en los montes sagrados, te
consagró el Señor
antes del alba.
Tú eres sacerdote para siempre.
Juró el Señor
y no ha de retractarse: "Tú eres sacerdote para siempre, como
Melquisedec".
Tú eres sacerdote para siempre.
Cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido:
Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó
pan en sus manos
y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
"Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en
memoria
mía".
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
"Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre.
Hagan esto en
memoria mía, siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de
este cáliz,
proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
(Forma
abreviada) El pan que del cielo baja es comida de viajeros, es
un pan para los
hijos. ¡No hay qué tirarlo a los perros!
Isaac, el inocente, es figura de este pan, con el cordero de
Pascua y el
misterioso maná.
Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos,
y condúcenos al cielo.
Todo lo puedes y sabes, pastor de ovejas divino. Concédenos en
el cielo gozar
la herencia contigo. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Yo soy el pan que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que
coma de este pan
vivirá para siempre.
Aleluya.
Comieron todos y se saciaron
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 11-17
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a
los enfermos.
Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a
decirle:
"Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y caseríos a
buscar
alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar
solitario".
Jesús les contestó:
"Denles ustedes de comer"
Pero ellos le replicaron:
"No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que
vayamos
nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente".
Eran como cinco mil varones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
"Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta".
Así lo hicieron, y todos se sentaron. Luego Jesús tomó en sus
manos los cinco
panes y los dos pescados y, levantando la mirada al cielo,
pronunció una
oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los
discípulos para
que ellos los distribuyeran entre la gente.
Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron
doce canastos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Antes de disponer la mesa santa, donde el Señor hará
nuevamente presente su
tránsito pascual que salva a todos los hombres, elevemos ,
hermanos y hermanas,
nuestras súplicas a Dios Padre con la plena confianza de ser
escuchados:
(Respondemos: Escúchanos Padre.)
Para que los
obispos y presbíteros, cuando presidan la celebración
eucarística, vivan tan
plenamente identificados con el Señor que el pueblo vea en
ellos la imagen viva
de Cristo, que preside a quienes se han reunido en su nombre,
roguemos al
Señor.
Escúchanos Padre.
Para que
pronto llegue el día en que todos los cristianos celebremos la
Eucaristía en la
unidad de una sola Iglesia, y todos los hombres, de un extremo
al otro del
mundo, ofrezcan el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de
Cristo, roguemos al
Señor.
Escúchanos Padre.
Para que los
fieles que se encuentran a las puertas de la muerte dejen este
mundo llenos de
paz y, confiando en las promesas del Señor y fortalecidos con
el Cuerpo y la
Sangre de Cristo, lleguen al reino de la felicidad y de la
vida, roguemos al
Señor.
Escúchanos Padre.
Para que el
Señor fortalezca constantemente nuestra fe y acreciente
nuestro amor, a fin de
que adoremos siempre en espíritu y verdad a Cristo, realmente
presente en el
admirable sacramento de la Eucaristía, roguemos al Señor.
Escúchanos Padre.
Celebrante:
Contempla, Padre santo, a tu pueblo reunido en torno a la mesa
de tu Hijo, para
ofrecerte el sacrificio de la nueva alianza y escucha sus
súplicas; purifica
nuestros corazones para que, invitados a la mesa del Cordero,
pregustemos en
ella las delicias de la Pascua eterna que nos tienes preparada
en la Jerusalén
del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor,
concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz,
simbolizados en las
ofrendas sacramentales que te presentamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El sacrificio y el sacramento de Cristo
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre
El cual, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el
sacrificio perdurable,
se ofreció a ti como víctima salvadora y nos mandó que lo
ofreciéramos como
memorial suyo.
En efecto, cuando comemos su carne, inmolada por nosotros,
quedamos
fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por
nosotros, quedamos
limpios de nuestros pecados.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los
coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
Oremos:
Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu
divinidad, que ahora
pregustamos en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
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† Meditación diaria
Jueves después de la Santísima Trinidad
EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO*
Solemnidad
— Amor y veneración a Jesús Sacramentado.
— Alimento para la vida eterna.
— La procesión del Corpus Christi.
I. Lauda, Sion, Salvatorem... Alaba, Sión, al Salvador; alaba al guía y al pastor con himnos y cánticos1. Hoy celebramos esta gran Solemnidad en honor del misterio eucarístico. En ella se unen la liturgia y la piedad popular, que no han ahorrado ingenio y belleza para cantar al Amor de los amores. Para este día, Santo Tomás compuso esos bellísimos textos de la Misa y del Oficio divino. Hoy debemos dar muchas gracias al Señor por haberse quedado entre nosotros, desagraviarle y mostrarle nuestra alegría por tenerlo tan cerca: Adoro te, devote, latens Deitas..., te adoro con devoción, Dios escondido..., le diremos hoy muchas veces en la intimidad de nuestro corazón.
En la Visita al Santísimo podremos decirle al Señor despacio, con amor: plagas, sicut Thomas, non intueor..., no veo las llagas, como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que te ame.
La fe en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía llevó a la devoción a Jesús Sacramentado también fuera de la Misa. La razón de conservar las Sagradas Especies, en los primeros siglos de la Iglesia, era poder llevar la comunión a los enfermos y a quienes, por confesar su fe, se encontraban en las cárceles en trance de sufrir martirio. Con el paso del tiempo, la fe y el amor de los fieles enriquecieron la devoción pública y privada a la Sagrada Eucaristía. Esta fe llevó a tratar con la máxima reverencia el Cuerpo del Señor y a darle un culto público. De esta veneración tenemos muchos testimonios en los más antiguos documentos de la Iglesia, y dio lugar a la fiesta que hoy celebramos.
Nuestro Dios y Señor se encuentra en el Sagrario, allí está Cristo, y allí deben hacerse presentes nuestra adoración y nuestro amor. Esta veneración a Jesús Sacramentado se expresa de muchas maneras: bendición con el Santísimo, procesiones, oración ante Jesús Sacramentado, genuflexiones que son verdaderos actos de fe y de adoración... Entre estas devociones y formas de culto, “merece una mención particular la solemnidad del Corpus Christi como acto público tributado a Cristo presente en la Eucaristía (...). La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración”2. Especialmente el día de hoy ha de estar lleno de actos de fe y de amor a Jesús Sacramentado.
Si asistimos a la procesión, acompañando a Jesús, lo haremos como aquel pueblo sencillo que, lleno de alegría, iba detrás del Maestro en los días de su vida en la tierra, manifestándole con naturalidad sus múltiples necesidades y dolencias; también la dicha y el gozo de estar con Él. Si le vemos pasar por la calle, expuesto en la Custodia, le haremos saber desde la intimidad de nuestro corazón lo mucho que representa para nosotros... “Adoradle con reverencia y con devoción; renovad en su presencia el ofrecimiento sincero de vuestro amor; decidle sin miedo que le queréis; agradecedle esta prueba diaria de misericordia tan llena de ternura, y fomentad el deseo de acercaros a comulgar con confianza. Yo me pasmo ante este misterio de Amor: el Señor busca mi pobre corazón como trono, para no abandonarme si yo no me aparto de Él”3. En ese trono de nuestro corazón Jesús está más alegre que en la Custodia más espléndida.
II. El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre4, nos recuerda la Antífona de entrada de la Misa.
Durante años el Señor alimentó con el maná al pueblo de Israel errante por el desierto. Aquello era imagen y símbolo de la Iglesia peregrina y de cada hombre que va camino de su patria definitiva, el Cielo; aquel alimento del desierto es figura del verdadero alimento, la Sagrada Eucaristía. “Este es el sacramento de la peregrinación humana (...). Precisamente por esto, la fiesta anual de la Eucaristía que la Iglesia celebra hoy contiene en su liturgia tantas referencias a la peregrinación del pueblo de la Alianza en el desierto”5. Moisés recordará con frecuencia a los israelitas estos hechos prodigiosos de Dios con su Pueblo: No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud...6.
Hoy es un día de acción de gracias y de alegría porque el Señor se ha querido quedar con nosotros para alimentarnos, para fortalecernos, para que nunca nos sintamos solos, La Sagrada Eucaristía es el viático, el alimento para el largo caminar de la vida hacia la verdadera Vida. Jesús nos acompaña y fortalece aquí en la tierra, que es como una sombra comparada con la realidad que nos espera; y el alimento terreno es una pálida imagen del alimento que recibimos en la Comunión. La Sagrada Eucaristía abre nuestro corazón a una realidad totalmente nueva7.
Aunque celebramos una vez al año esta fiesta, en realidad la Iglesia proclama cada día esta dichosísima verdad: Él se nos da diariamente como alimento y se queda en nuestros Sagrarios para ser la fortaleza y la esperanza de una vida nueva, sin fin y sin término. Es un misterio siempre vivo y actual.
Señor, gracias por haberte quedado. ¿Qué hubiera sido de nosotros sin Ti? ¿Dónde íbamos a ir a restaurar fuerzas, a pedir alivio? ¡Qué fácil nos haces el camino desde el Sagrario!
III. Un día que Jesús dejaba ya la ciudad de Jericó para proseguir su camino hacia Jerusalén, pasó cerca de un ciego que pedía limosna junto al camino. Y este, al oír el ruido de la pequeña comitiva que acompañaba al Maestro, preguntó qué era aquello. Y quienes le rodeaban le contestaron: Es Jesús de Nazareth que pasa8.
Si hoy, en tantas ciudades y aldeas donde se tiene esa antiquísima costumbre de llevar en procesión a Jesús Sacramentado, alguien preguntara al oír también el rumor de las gentes: “¿qué es?”, “¿qué ocurre?”, se le podría contestar con las mismas palabras que le dijeron a Bartimeo: es Jesús de Nazareth que pasa. Es Él mismo, que recorre las calles recibiendo el homenaje de nuestra fe y de nuestro amor. ¡Es Él mismo! Y, como a Bartimeo, también se nos debería encender el corazón para gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Y el Señor, que pasa bendiciendo y haciendo el bien9, tendrá compasión de nuestra ceguera y de tantos males como a veces pesan en el alma. Porque la fiesta que hoy celebramos, con una exuberancia de fe y de amor, “quiere romper el silencio misterioso que circunda a la Eucaristía y tributarle un triunfo que sobrepasa el muro de las iglesias para invadir las calles de las ciudades e infundir en toda comunidad humana el sentido y la alegría de la presencia de Cristo, silencioso y vivo acompañante del hombre peregrino por los senderos del tiempo y de la tierra”10. Y esto nos llena el corazón de alegría. Es lógico que los cantos que acompañen a Jesús Sacramentado, especialmente este día, sean cantos de adoración, de amor, de gozo profundo. Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor; Dios está aquí, venid, adoremos a Cristo Redentor... Pange, lingua, gloriosi... Canta, lengua, el misterio del glorioso Cuerpo de Cristo...
La procesión solemne que se celebra en tantos pueblos y ciudades de tradición cristiana es de origen muy antiguo y es expresión con la que el pueblo cristiano da testimonio público de su piedad hacia el Santísimo Sacramento11. En este día el Señor toma posesión de nuestras calles y plazas, que la piedad alfombra en muchos lugares con flores y ramos; para esta fiesta se proyectaron magníficas Custodias, que se hacen más ricas cuanto más cerca de la Forma consagrada están los elementos decorativos. Muchos serán los cristianos que hoy acompañen en procesión al Señor, que sale al paso de los que quieren verle, “haciéndose el encontradizo con los que no le buscan. Jesús aparece así, una vez más, en medio de los suyos: ¿cómo reaccionamos ante esa llamada del Maestro? (...).
“La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las ciudades del mundo. Pero esa presencia (...) no debe ser cosa de un día, ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la memoria que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra (...).
“Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con Él se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí (Jn 12, 32)”12.
1 Secuencia Lauda, Sion, Salvatorem. — 2 Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 24-II-1980. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 161. — 4 Antífona de entrada, Sal 80, 17. — 5Juan Pablo II, Homilía, 4-VI-1988. — 6 Primera lectura. Ciclo A. Cfr. Dt 8, 2-3; 14-16. — 7 Cfr. Evangelio de la Misa. Ciclo C. Lc 9, 11-17. — 8 Lc 18, 37. — 9 Cfr. Hech 10, 38. — 10 Pablo VI, Homilía, 11-VIII-1964. — 11 Cfr. J. Abad y M. Garrido, Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Palabra, Madrid 1988, pp. 656-657. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., 156.
* Esta Solemnidad se remonta al siglo xiii. Primero fue establecida para la diócesis de Lieja, y el Papa Urbano IV la instituyó en 1264 para toda la Iglesia. El sentido de esta fiesta es la consideración y el culto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El centro de la fiesta había de ser, según describía ya el Papa Urbano IV, un culto popular reflejado en himnos y alegría. Santo Tomás de Aquino, a petición del Papa, compuso para el día de hoy dos oficios en 1264, que han alimentado la piedad de muchos cristianos a lo largo de los siglos. La procesión de la Custodia por las calles engalanadas de muchos lugares testimonia la fe y el amor del pueblo cristiano hacia Cristo que vuelve a pasar por nuestras ciudades y pueblos. La procesión nació a la par que la fiesta.
En los lugares donde esta Solemnidad no es de precepto, se celebra -como día propio- el domingo siguiente a la Santísima Trinidad.
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San José Cafasso
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Este humilde sacerdote fue quizás el más
grande amigo y benefactor de San Juan Bosco y, de muchos
seminaristas pobres
más, uno de los mejores formadores de sacerdotes del siglo XIX.
Nació en 1811
en el mismo pueblo donde nació San Juan Bosco. En Castelnuovo
(Italia). Una
hermana suya fue la mamá de otro santo: San José Alamano,
fundador de la
comunidad de los Padres de la Consolata.
Desde niño sobresalió
por su gran inclinación a la piedad y a repartir ayudas a los
pobres.
En el año
1827, siendo Caffaso seminarista se encontró por primera vez con
Juan Bosco.
Cafasso era de familia acomodada del pueblo y Bosco era de una
vereda y
absolutamente pobre. Don Bosco narra así su primer encuentro con
el que iba a
ser después su Benefactor, su defensor y el que mejor lo
comprendiera cuando
los demás lo despreciaran: "Yo era un niño de doce años y una
víspera de
grandes fiestas en mi pueblo, vi junto a la puerta del templo a
un joven
seminarista que por su amabilidad me pareció muy simpático. Me
acerqué y le
pregunté: '¿Reverendo: no quiere ir a gozar un poco de nuestras
fiestas?'. Él
con una agradable sonrisa me respondió: 'Mira, amiguito: para
los que nos
dedicamos al servicio de Dios, las mejores fiestas son las que
se celebran en
el templo'. Yo, animado por su bondadoso modo de responder le
añadí: 'Sí, pero
también en nuestras fiestas de plaza hay mucho que alegra y hace
pasar ratos
felices'. Él añadió: 'Al buen amigo de Dios lo que más feliz lo
hace es el
participar muy devotamente de las celebraciones religiosas del
templo'. Luego
me preguntó qué estudios había hecho y si ya había recibido la
sagrada
comunión, y si me confesaba con frecuencia. Enseguida abrieron
el templo, y él
antes de despedirse me dijo: 'No se te olvide que para el que
quiere seguir el
sacerdocio nada hay más agradable ni que más le atraiga, que
aquello que sirve
para darle gloria a Dios y para salvar las almas'. Y de manera
muy amable se
despidió de mí. Yo me quedé admirado de la bondad de este joven
seminarista.
Averigüé cómo se llamaba y me dijeron: 'Es José Cafasso, un
muchacho tan
piadoso, que ya desde muy pequeño en el pueblo lo llamaban -el
santito".
Cafasso que
era un excelente estudiante tuvo que pedir dispensa para que lo
ordenaran de
sacerdote de sólo 21 años, y en vez de irse de una vez a ejercer
su sacerdocio
a alguna parroquia, dispuso irse a la capital, Turín, a
perfeccionarse en sus
estudios. Allá había un instituto llamado El Convictorio para
los que querían
hacer estudios de postgrado, y allí se matriculó. Y con tan buen
resultado, que
al terminar sus tres años de estudio fue nombrado profesor de
ese mismo
instituto, y al morir el rector fue aclamado para reemplazarlo,
y estuvo de
magnífico rector por doce años hasta su muerte.
San José
Cafasso formó más de cien sacerdotes en Turín, y entre sus
alumnos tuvo varios
santos. Se propuso como modelos para imitar a San Francisco de
Sales y a San
Felipe Neri, y sus discípulos se alegraban al contestar que su
comportamiento
se asemejaba grandemente al de estos dos simpáticos santos.
En aquel
entonces habían llegado a Italia unas tendencias muy negativas
que prohibían
recibir sacramentos si la persona no era muy santa (Jansenismo)
y que insistían
más en la justicia de Dios que en su misericordia (rigorismo).
El Padre
Cafasso, en cambio, formaba a sus sacerdotes en las doctrinas de
San Alfonso
que insiste mucho en la misericordia de Dios, y en las
enseñanzas de San
Francisco de Sales, el santo más comprensivo con los pecadores.
Y además a sus
alumnos sacerdotes los llevaba a visitar cárceles y barrios
supremamente
pobres, para despertar en ellos una gran sensibilidad hacia los
pobres y
desdichados.
Cuando el niño
campesino Juan Bosco quiso entrar al seminario, no tenía ni un
centavo para
costearse los estudios. Entonces el Padre Cafasso le costeó
media beca, y
obtuvo que los superiores del seminario le dieran otra media
beca con tal de
que hiciera de sacristán, de remendón y de peluquero. Luego
cuando Bosco llegó
al sacerdocio, Cafasso se lo llevó a Turín y allá le costeó los
tres años de
postgrado en el Convictorio. El fue el que lo llevó a las
cárceles a presenciar
los horrores que sufren los que en su juventud no tuvieron quién
los educara
bien. Y cuando Don Bosco empezó a recoger muchachos abandonados
en la calle, y
todos lo criticaban y lo expulsaban por esto, el que siempre lo
comprendió y
ayudó fue este superior. Y al ver la pobreza tan terrible con la
que empezaba
la comunidad salesiana, el Padre Cafasso obtenía ayudas de los
ricos y se las
llevaba al buen Don Bosco. Por eso la Comunidad Salesiana ha
considerado
siempre a este santo como su amigo y protector.
En Turín, que
era la capital del reino de Saboya, las cárceles estaban llenas
de terribles
criminales, abandonados por todos. Y allá se fue Don Cafasso a
hacer
apostolado. Con infinita paciencia y amabilidad se fue ganando
los presos uno
por uno y los hacía confesarse y empezar una vida santa. Les
llevaba ropa,
comida, útiles de aseo y muchas otras ayudas, y su llegada a la
cárcel cada
semana era una verdadera fiesta para ellos.
San José
Cafasso acompañó hasta la horca a más de 68 condenados a muerte,
y aunque
habían sido terribles criminales, ni uno sólo murió sin
confesarse y
arrepentirse. Por eso lo llamaban de otras ciudades para que
asistiera a los
condenados a muerte. Cuando a un reo le leían la sentencia a
muerte, lo primero
que pedía era: "Que a mi lado esté el Padre Cafasso, cuando me
lleven a
ahorcar" (Un día se llevó a su discípulo Juan Bosco, pero éste
al ver la
horca cayó desmayado. No era capaz de soportar un espectáculo
tan tremendo. Y a
Cafasso le tocaba soportarlo mes por mes. Pero allí salvaba
almas y convertía
pecadores).
La primera
cualidad que las gentes notaban en este santo era "el don de
consejo". Una cualidad que el Espíritu Santo le había dado para
saber
aconsejar lo que más le convenía a cada uno. Por eso a su
despacho llegaban
continuamente obispos, comerciantes, sacerdotes, obreros,
militares, y toda
clase de personas necesitadas de un buen consejo. Y volvían a su
casa con el
alma en paz y llena de buenas ideas para santificarse. Otra gran
cualidad que
lo hizo muy popular fue su calma y su serenidad. Algo encorvado
(desde joven) y
pequeño de estatura, pero en el rostro siempre una sonrisa
amable. Su voz
sonora, y encantadora. De su conversación irradiaba una alegría
contagiosa (que
San Juan Bosco admiraba e imitaba grandemente). Todos elogiaban
la tranquilidad
inmutable del Padre José. La gente decía: "Es pequeño de cuerpo,
pero
gigante de espíritu". A sus sacerdotes les repetía: "Nuestro
Señor
quiere que lo imitemos en su mansedumbre".
Desde pequeñito fue devotísimo de la Sma.
Virgen y a sus alumnos sacerdotes los entusiasmaba grandemente
por esta devoción.
Cuando hablaba de la Madre de Dios se notaba en él un entusiasmo
extraordinario. Los sábados y en las fiestas de la Virgen no
negaba favores a
quienes se los pedían. En honor de la Madre Santísima era más
generoso que
nunca estos días. Por eso los que necesitaban de él alguna
limosna especial o
algún favor extraordinario iban a pedírselo un sábado o en una
fiesta de
Nuestra Señora, con la seguridad de que en honor de la Madre de
Jesús, les concedería
su petición.
Un día en un
sermón exclamó: "qué bello morir un día sábado, día de la
Virgen, para ser
llevados por Ella al cielo". Y así le sucedió: murió el sábado
23 de junio
de 1860, a la edad de sólo 49 años.
Su oración
fúnebre la hizo su discípulo preferido: San Juan Bosco.
El Papa Pío
XII canonizó a José Cafasso en 1947, y nosotros le suplicamos a
tan bondadoso
protector que logremos imitarlo en su simpática santidad.
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Fuente:
santiebeati.it
Audrey o Eteldreda,
Santa Abadesa, 23 de junio
AbadesaMartirologio
Romano: En el monasterio de Eli, en
Inglaterra oriental, santa Ediltrude o Eteldreda,
abadesa, quien, hija de reyes y ella misma reina de
Northumbria, después de dos matrimonios recibió el
velo monástico de manos de san Wilfrido en el
monasterio que ella misma había fundado, dirigiendo
maternalmente con sus ejemplos y consejos a sus
monjas (679). |
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Lanfranco de Pavia, Santo Obispo, Junio 23
Obispo Etimológicamente significa “ hombre libre”.
Viene de la lengua alemana. |
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María Rafaela Cimatti, Beata Virgen, Junio 23
Santina Cimatti nació en una familia
humilde el 6 de junio de 1861, en Celle di Faenza,
Ravenna, Italia. De sus cinco hermanos, los dos que
sobrevivieron fueron sacerdotes y también murieron en
olor de santidad. |
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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
J†A
JMJ
Pax
Te seguiré adondequiera que vayas
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 51-62
Gloria a ti, Señor.
Cuando
ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo,
Jesús tomó la
firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén.
Envió mensajeros por delante; y ellos fueron a una aldea de
Samaria para conseguirle
alojamiento, pero los samaritanos no quisieron recibirlo porque
supieron que
iba a Jerusalén.
Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron:
"Señor, si quieres, hagamos bajar fuego del cielo para que acabe
con
ellos"
Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.
Después se fueron a otra aldea.
Mientras iban de camino alguien le dijo a Jesús:
"Te seguiré adondequiera que vayas".
Jesús le respondió:
"Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo
del
hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
A otro Jesús le dijo:
"Sígueme".
Pero él le respondió:
"Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre".
Jesús le replicó:
"Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia
el Reino de
Dios".
Otro le dijo:
"Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi
familia".
Jesús le contestó:
"El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el
Reino de
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
13o. Dom Ord Ciclo C
Pueblos todos, aplaudan, aclamen al Señor con gritos de júbilo.
Oración Colecta
Oremos:
Padre de bondad que por medio de tu gracia nos has hecho hijos
de la luz,
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer
siempre en el
esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Eliseo se levantó y siguió a Elías
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 16b. 19-21
En aquellos tiempos, el Señor le
dijo a Elías:
"Unge a Eliseo, el hijo de Safat, originario de Abel-Mejola,
para que sea
profeta en lugar tuyo".
Elías partió luego y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que
estaba arando con
doce yuntas de bueyes, él trabajaba con la última.
Elías pasó junto a él y le echó encima su manto.
Entonces Eliseo, abandonando los bueyes, corrió detrás de
Elías y le
pidió:
"Déjame dar a mis padres el beso de despedida, luego te
seguiré".
Elías le contestó:
"Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor
contigo".
Se fue Eliseo, se llevó los dos bueyes de la yunta y los
sacrificó; asó la
carne en la hoguera que hizo con la madera del arado y la
repartió a su gente
para que la comieran. Luego se levantó, siguió a Elías y se
puso a su servicio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 15
Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi
refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es
la parte que me
ha tocado en herencia.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Bendeciré al Señor, que me
aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo
siempre presente al Señor
y con él a mi lado, jamás tropezaré.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Por eso se me alegra el corazón y
el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me
abandonarás a la muerte
ni dejarás que sufra yo la corrupción.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetuo junto a
ti.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
La vocación de ustedes es la libertad
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 1.13-18
Hermanos: Cristo nos ha liberado
para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se
sometan de nuevo
al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la
libertad. Pero cuiden de
no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes
bien, háganse
servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley
se resume en un
solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pues si
ustedes se muerden
y devoran mutuamente, acabarán por destruirse.
Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias
del Espíritu; así
no se dejarán arrastrar por el desborden egoísta del hombre.
Este desorden está
en contra del Espíritu de Dios, y el Espíritu esta en contra
de ese desorden. Y
esta oposición es tan radical que les impide a ustedes hacer
lo que querrían
hacer. Pero si los guía el Espíritu ya no están ustedes bajo
el dominio de la
ley.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha. Tú tienes palabras de
vida eterna.
Aleluya.
Te seguiré adondequiera que vayas
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 51-62
Gloria a ti, Señor.
Cuando ya se acercaba el
tiempo en que tenía que salir
de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender
el viaje a
Jerusalén.
Envió mensajeros por delante; y ellos fueron a una aldea de
Samaria para
conseguirle alojamiento, pero los samaritanos no quisieron
recibirlo porque
supieron que iba a Jerusalén.
Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le
dijeron:
"Señor, si quieres, hagamos bajar fuego del cielo para que
acabe con
ellos"
Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.
Después se fueron a otra aldea.
Mientras iban de camino alguien le dijo a Jesús:
"Te seguiré adondequiera que vayas".
Jesús le respondió:
"Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el
Hijo del
hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
A otro Jesús le dijo:
"Sígueme".
Pero él le respondió:
"Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre".
Jesús le replicó:
"Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia
el Reino de
Dios".
Otro le dijo:
"Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi
familia".
Jesús le contestó:
"El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el
Reino de
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante: Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Por los ministros de la Iglesia
que han consagrado su vida al Señor y por todos los pueblos
que adoran al Dios
verdadero, roguemos a Cristo, el Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que el tiempo sea bueno y
todos podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella
sucesión de las diversas
estaciones, roguemos al Dios que con sabiduría gobierna al
mundo.
Escúchanos, Señor.
Por los que son víctimas de la
debilidad humana, del espíritu de odio o de envidia o de los
otros vicios del
mundo, roguemos al Redentor misericordioso.
Escúchanos, Señor.
Encomendémonos mutuamente al Señor,
pongamos toda nuestra existencia en sus manos y oremos con
confianza al autor y
guardián de todo lo que tenemos y poseemos.
Escúchanos, Señor.
Celebrante: Dios nuestro, que nos has convocado para celebrar tus sacramentos, escucha nuestras oraciones y mantén nuestra libertad con la fuerza y la suavidad de tu amor, para que nunca disminuya nuestra fidelidad a Cristo en el generoso servicio a nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía por medio de la cual Tú te dignas hacernos partícipes de los frutos de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor, quien, por su
misterio
pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del pecado y
de la muerte al
honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su
propiedad, para que trasladados de las tinieblas a la luz
admirable,
proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
Alma mía, bendice al Señor y alaba de corazón su santo nombre.
Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos ofrecido y recibido en comunión, sean para nosotros principio de vida nueva, a fin de que unidos a Ti por el amor, demos frutos que permanezcan para siempre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo
tercer Domingo
ciclo c
NO MIRAR ATRÁS
— Exigencias de la vocación: prontitud en la entrega, desprendimiento, no poner condiciones...
— Las pruebas de la fidelidad.
— Virtudes que sostienen nuestro camino hacia el Señor.
I. Las lecturas de la Misa nos ayudan a meditar las exigencias que la propia vocación lleva consigo en el servicio a Dios y a los hombres. La Primera lectura1 muestra cómo Elías es enviado por Dios desde el Horeb, para que consagrara como profeta de Yahvé a Eliseo. Bajó Elías del monte y encontró a Eliseo arando; pasó a su lado y le echó encima el manto, indicando con este gesto que Dios lo tomaba a su exclusivo servicio. Eliseo respondió con prontitud y con plenitud, sin dejar atrás nada que le retuviera: cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó y marchó tras Elías...
San Lucas nos presenta en el Evangelio de la Misa2 a tres personas que pretenden seguir al Señor. El primero se acerca a Jesús mientras iban de camino en ese largo viaje, el último, hacia Jerusalén y hacia el Calvario. Las disposiciones de este nuevo discípulo parecen excelentes: te seguiré a dondequiera que vayas, le dice al Maestro. Y ante esta muestra de generosidad, el Señor quiere dejarle claro el género de vida que le espera si de verdad le sigue, para que luego no se llame a engaño. La misión de Cristo es un ir y venir constante, predicando el Evangelio y dando la salvación a todos, y no tiene dónde reclinar la cabeza. Así ha de ser la vida de los que le sigan: han de estar desprendidos de las cosas y su disponibilidad ha de ser completa.
Al segundo, es el mismo Señor quien le llama: Sígueme, le dice. Este posible discípulo que es invitado a seguir de cerca al Maestro quiere oír la llamada, pero no inmediatamente; piensa en un tiempo más oportuno, porque le retiene un asunto familiar. No se da cuenta de que, cuando Dios llama, ese es precisamente el momento más oportuno, aunque en apariencia, miradas con ojos humanos las circunstancias que rodean una vocación, puedan encontrarse razones que aconsejen dilatar la entrega para más adelante. Dios tiene unos planes más altos para el discípulo y para quienes, aparentemente, saldrían perjudicados por su marcha. Tiene todo dispuesto desde la eternidad para que de esa elección resulte el bien de todos. La disponibilidad de quien siga a Cristo ha de ser pronta, alegre, desprendida, sin condiciones3. Dilatar la entrega ante Jesús que pasa a nuestro lado puede significar que más tarde, cuando intentemos de nuevo darle alcance, ya no lo encontramos. El Señor sigue su camino. Es grave ceder a la “tentación de las dilaciones” ante la entrega que pide Cristo4.
Dios nos llama, a cada uno en unas peculiares circunstancias. Veamos hoy en nuestra oración si estamos respondiendo con prontitud, con desasimiento, sin condiciones, a la peculiar vocación que Cristo nos ha dado.
II. El tercero de los discípulos (solo San Lucas lo menciona) quiere volver atrás para despedirse de los suyos. Quizá desea estar un tiempo, el último, con los de su familia. Este parece que ya “ha puesto la mano en el arado”, que está decidido a seguir al Maestro. Pero la llamada del Señor siempre urge porque la mies es mucha y los operarios son pocos. Y hay mieses que se estropean porque no hay quien las recoja. Entretenerse, mirar atrás, poner “peros” a la entrega, todo es lo mismo. Jesús le dice: Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.
La nueva labor del que es llamado es como la del arado palestino, que es difícil de guiar y más aún en la tierra dura de las orillas del lago de Genesaret. No se puede mirar atrás después de haber puesto la mano en el arado; no se puede volver la cara atrás después de la llamada del Señor. Para ser fieles, y felices, es preciso tener siempre los ojos fijos en Jesús5, como el corredor que, iniciada la carrera, no se distrae en otros asuntos: solo le importa la meta; como el labrador que se fija en un punto de referencia y hacia él dirige el arado. Si mira atrás, el surco le sale torcido.
A veces, la tentación de mirar atrás puede llegar a causa de las propias limitaciones, del ambiente que choca frontalmente con los compromisos contraídos, de la conducta de personas que tendrían que ser ejemplares y no lo son y, por eso mismo, parecen querer dar a entender que el ser fiel no es un valor fundamental de la persona; en otras ocasiones puede llegar esa tentación a causa de la falta de esperanza, al ver la santidad como lejana a pesar de los esfuerzos, de luchar una y otra vez. “Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los temores. —Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y, sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta experiencia de la vida.
“Te daré un medio seguro para superar esos temores –tentaciones del diablo o de tu falta de generosidad!–: “desprécialos”, quita de tu memoria esos recuerdos. Ya lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: “¡no vuelvas la cara atrás!”“6. Por el contrario, en esas situaciones, que pueden cargarse de añoranzas, hemos de mirar a Cristo que nos dice: Sé fiel, sigue adelante. Y siempre que nuestra mirada se dirige a Jesús adelantamos un buen trecho en el camino. “No existe jamás razón suficiente para volver la cara atrás”7.
“Mirar atrás -enseña San Atanasio- no es sino tener pesares y volver a tomarle gusto a las cosas del mundo”8. Es la tibieza, que se introduce en el corazón de quien no tiene los ojos puestos en el Señor; es no haber llenado el corazón de Dios y de las cosas nobles de la propia vocación.
Mirar atrás, a lo que se dejó, “a lo que pudo ser”, con nostalgia o tristeza puede significar en muchos casos romper la reja del arado contra una piedra, o por lo menos que el surco, la misión encomendada, salga torcido... Y en la tarea sobrenatural a la que el Señor nos llama a todos, lo que está en juego son las almas.
Nosotros queremos solo tener ojos para mirar a Cristo y todas las cosas nobles en Él. Por eso podemos decir con el Salmo responsorial de la Misa: El Señor es mi lote y mi heredad. Me enseñarás el sendero de mi vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha9. “El sendero de la vida” es la propia vocación, que hemos de mirar con amor y agradecimiento.
III. El Espíritu Santo ha querido, a través de San Lucas, señalarnos las palabras a estos tres discípulos para que las apliquemos a la llamada que hemos recibido de Dios.
El hombre se define por la vocación recibida. Cada hombre es aquello para lo que Dios lo ha creado, y la vida humana no tiene otro sentido que ir conociendo y realizando libremente esa voluntad divina. “El hombre se realiza o se pierde, según que cumpla en su vida el designio concreto que sobre él tiene Dios”10. Todos hemos recibido una vocación, es decir, una llamada a conocer a Dios, a reconocerle como fuente de vida; una invitación a entrar en la intimidad divina, al trato personal, a la oración; una llamada a hacer de Cristo el centro de la propia existencia, a seguirle, a tomar decisiones teniendo siempre presente su querer; una llamada a conocer a los demás hombres como personas e hijos de Dios, y, por tanto, una llamada a superar de manera radical el egoísmo para vivir la fraternidad, para llevar a cabo un apostolado fecundo y hacer que conozcan a Dios; una llamada para entender que esto se ha de realizar en la propia vida, según las condiciones en las que Dios ha colocado a cada uno y según la misión que personalmente le corresponde desarrollar11.
La fidelidad a la propia vocación lleva consigo responder a las llamadas que Dios hace a lo largo de la vida. Habitualmente se trata de una fidelidad en lo pequeño de cada jornada, de amar a Dios en el trabajo, en las alegrías y penas que conlleva toda existencia, de rechazar con firmeza aquello que de alguna manera signifique mirar donde no podemos encontrar a Cristo. La fidelidad se apoya en una serie de virtudes esenciales, sin las cuales se haría difícil o imposible seguir al Maestro: la humildad para reconocer que –como aquella estatua colosal de la que nos habla el Libro de Daniel12– tenemos los pies de barro; la prudencia y la sinceridad, que son consecuencias de la humildad; la caridad y la fraternidad, que impiden encerrarnos en nosotros mismos; el espíritu de mortificación, que lleva a la templanza, a la sobriedad, a la lucha contra la comodidad y el aburguesamiento, a no buscar compensaciones, que acabarían resultando amargas, pues alejan del Señor; el espíritu de oración, que nos lleva a tratar a Dios como a un Amigo, como al Amigo de toda la vida. “El que no deja de ir adelante –enseña Santa Teresa–, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración”13.
Le decimos al Señor que queremos ser fieles, que no deseamos otra cosa en la vida que seguirle de cerca en las horas buenas y en las malas. Él es el eje alrededor del cual gira nuestra vida, es el centro al que se dirigen todas nuestras acciones. Señor, sin Ti nuestra vida quedaría rota y descentrada.
Acudamos al terminar nuestra oración a la Virgen fidelísima, nuestra Madre Santa María.
1 1 Rey 19, 16; 19-21. — 2 Lc 9, 57-62. — 3 F. Fernández-Carvajal, El Evangelio de San Lucas, Palabra, 5.ª ed., Madrid 1988, in loc. — 4 Cfr. F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, Rialp, 17ª ed., Madrid 1984, pp. 70-71. — 5 Heb 12, 2. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 133. — 7 ídem, Es Cristo que pasa, 160. — 8 San Atanasio, Vida de San Antonio, 3. — 9 Sal 15, 11. — 10 J. L. Illanes, Mundo y santidad, Rialp, Madrid 1984, p. 108. — 11 Cfr. ibídem, p. 110. — 12 Cfr. Dan 2, 33. — 13 Santa Teresa, Vida, 19, 5.
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30 de junio
SANTOS PROTOMÁRTIRES ROMANOS*
Memoria
— Ejemplares en medio del mundo.
— Actitud ante las contradicciones.
— Apostolado en toda circunstancia.
I. La fe cristiana llegó muy pronto a Roma, centro en aquellos momentos del mundo civilizado; quizá los primeros cristianos de la capital del Imperio fueron judíos conversos que habían conocido la fe en el mismo Jerusalén o en otras ciudades del Asia Menor evangelizadas por San Pablo. La fe se transmitía de amigo a amigo, entre colegas que tenían la misma profesión, entre los parientes... La llegada de San Pedro, hacia el año 43, significó el fortalecimiento definitivo de la pequeña comunidad romana. A través de Roma, la religión se difundió a muchos lugares del Imperio. La paz interior que se gozaba entonces, la mejora de las comunicaciones, que facilitaba los viajes y la rápida transmisión de ideas y noticias, favoreció la extensión del Cristianismo. Las calzadas romanas, que, partiendo de la Urbe, llegaban hasta los más remotos confines del Imperio, y las naves comerciales que cruzaban regularmente las aguas del Mediterráneo fueron vehículos de difusión de la novedad cristiana por toda la extensión del mundo romano1.
Es difícil describir el proceso de cada persona que se convertía al Cristianismo en aquella Roma del siglo i, como lo sigue siendo ahora, pues cada conversión es siempre un milagro de la gracia y de la correspondencia personal. Influencia decisiva fue sin duda la ejemplaridad cristiana –el bonus odor Cristi2–, que se reflejaba en el modo de trabajar, en la alegría, en la caridad y en la comprensión con todos, en la austeridad de vida y en la simpatía humana... Son hombres y mujeres que, en medio de sus quehaceres diarios, tratan de vivir plenamente su fe. Abarcan todos los estratos de la sociedad: “joven era Daniel; José, esclavo; Aquila ejercía una profesión manual; la vendedora de púrpura estaba al frente de un taller; otro era guardián de una prisión; otro, centurión, como Cornelio, otro estaba enfermo, como Timoteo; otro era un esclavo fugitivo, como Onésimo; y, sin embargo, nada de eso fue obstáculo para ninguno de ellos, y todos brillaron por su virtud: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, esclavos y libres, soldados y paisanos”3.
De la caridad y de la hospitalidad de los cristianos romanos nos han dejado un precioso testimonio los Hechos de los Apóstoles, al relatar la acogida que hicieron a Pablo cuando este llegó prisionero a Roma. Los hermanos -dice San Lucas-, al enterarse de nuestra llegada, vinieron desde allí a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimos4. Pablo se sintió confortado por estas muestras de caridad fraterna.
Los primeros cristianos no abandonaban sus quehaceres profesionales o sociales (esto lo harán algunos, por una llamada concreta de Dios, pasados algo más de dos siglos), y se consideraban parte constituyente de ese mundo, del que se sentían sal y luz, con sus vidas y con sus palabras: “lo que es el alma para el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo”5, resumía un escritor de los primeros tiempos.
Nosotros podemos examinar hoy si, como aquellos primeros, somos también ejemplares, hasta tal punto que de hecho movamos a otros a acercarse más a Cristo: en la sobriedad, en los gastos, en la alegría, en el trabajo bien hecho, en el cumplimiento fiel de la palabra dada, en el modo de vivir la justicia con la empresa, con los subordinados y compañeros, en el ejercicio de las obras de misericordia, en que nunca hablamos mal de nadie...
II. Los primeros cristianos encontraron, en ocasiones, graves obstáculos e incomprensiones, que en no pocos casos les llevaron a la muerte por defender su fe en el Maestro. Hoy celebramos el testimonio de los primeros mártires romanos, ocurrida a raíz del incendio de Roma del año 646. Esta catástrofe desencadenó la primera gran persecución. A San Pedro y San Pablo, cuya fiesta celebramos ayer, “se les agregó una gran multitud de elegidos que, padeciendo muchos suplicios y tormentos por envidia, fueron el mejor modelo entre nosotros”7, leemos en un testimonio vivo de los primeros escritos cristianos.
Los obstáculos e incomprensiones con que se encontraban quienes se convertían a la fe no siempre les llevaron al martirio, pero con frecuencia experimentaron en sus vidas las palabras del Espíritu Santo que recoge la Escritura: Y todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución8. A veces, esas actitudes enfrentadas de los paganos contra los seguidores de Jesús provenían de que aquellos no podían soportar la lozanía y resplandor de la vida cristiana. Otras veces, quienes habían recibido la fe tenían el deber de abstenerse de las manifestaciones religiosas tradicionales, estrechamente ligadas a la vida pública, y consideradas incluso como exponentes de fidelidad cívica a Roma y al emperador. En consecuencia, los paganos que abrazaban el Cristianismo se exponían a sufrir incomprensiones y calumnias “por no ser como los demás”.
Es más que probable que el Señor no nos pida derramar la sangre por confesar la fe cristiana; aunque, si esto lo permitiera Dios, le pediríamos su gracia para dar la vida en testimonio de nuestro amor a Él. Pero sí encontraremos, de una forma u otra, la contrariedad en formas muy diferentes, pues “estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que Él permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios (...). Así esculpe Jesús las almas de los suyos, sin dejar de darles interiormente serenidad y gozo”9.
Las calumnias, el ver quizá que se nos cierran puertas en lo profesional, amigos o compañeros que vuelven la espalda, palabras despectivas o irónicas..., si el Señor permite que lleguen, nos han de servir para vivir la caridad de modo más heroico con aquellos mismos que no nos aprecian, quizá por ignorancia. Actitud siempre compatible con la defensa justa, cuando sea necesaria, sobre todo cuando se han de evitar escándalos o daños a terceros. Estas situaciones nos ayudarán mucho a purificar los propios pecados y faltas y a reparar por los ajenos, y, en definitiva, a crecer en las virtudes y en el amor al Señor. Dios quiere a veces limpiarnos como se limpia al oro en el crisol. “El fuego limpia el oro de su escoria, haciéndolo más auténtico y más preciado. Lo mismo hace Dios con el siervo bueno que espera y se mantiene constante en medio de la tribulación”10.
Si nos llegan contrariedades y molestias por seguir de cerca a Jesús, hemos de estar especialmente alegres y dar gracias al Señor, que nos hace dignos de padecer algo por Él, como hicieron los Apóstoles. Ellos salían gozosos de la presencia del Sanedrín, porque habían sido dignos de ser ultrajados a causa del nombre de Jesús11. Los Apóstoles recordarían sin duda las palabras del Maestro, como las meditamos nosotros en esta fiesta de los santos mártires romanos de la primera generación: Bienaventurados seréis cuando os injurien y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas que os precedieron12.
III. A pesar de las calumnias burdas, de las infamias, de las persecuciones abiertas, nuestros primeros hermanos en la fe no dejaron de hacer un proselitismo eficaz, dando a conocer a Cristo, el tesoro que ellos habían tenido la suerte de encontrar. Es más, su comportamiento sereno y alegre ante la contradicción, y ante la misma muerte, fue la causa de que muchos encontraran al Maestro.
La sangre de los mártires fue semilla de cristianos13. La misma comunidad romana, después de tantos hombres, mujeres y niños como dieron su vida en esta gran persecución, siguió adelante más fortalecida. Años más tarde escribía Tertuliano: “Somos de ayer y ya hemos llenado el orbe y todas vuestras cosas: las ciudades, las islas, los poblados, las villas, las aldeas, el ejército, el palacio, el senado, el foro. A vosotros solo hemos dejado los templos...”14.
En nuestro propio ámbito, en las actuales circunstancias, si sufrimos alguna contradicción, quizá pequeña, por permanecer firmes en la fe, hemos de entender que de aquello resultará un gran bien para todos. Es entonces, con serenidad, cuando más hemos de hablar de la maravilla de la fe, del inmenso don de los sacramentos, de la belleza y de los frutos de la santa pureza bien vivida. Hemos de entender que hemos elegido “la parte ganadora” en este combate de la vida, y también en la otra que nos espera un poco más adelante. Nada es comparable a estar cerca de Cristo. Aunque no tuviéramos nada, y nos llegaran las enfermedades más dolorosas o las calumnias más viles, teniendo a Jesús lo tenemos todo. Y esto se ha de notar hasta en el porte externo, en el sentido y en la conciencia de ser en todo momento, también en esas circunstancias, la sal de la tierra y la luz del mundo, como nos dijo el Maestro.
San Justino, refiriéndose a los filósofos de su tiempo, afirmaba con verdad que “cuanto de bueno está dicho en todos ellos, nos pertenece a nosotros los cristianos, porque nosotros adoramos y amamos, después de Dios, al Verbo, que procede del mismo Dios ingénito e inefable; pues Él, por amor nuestro, se hizo hombre para participar de nuestros sufrimientos y curarnos”15.
Con la liturgia de la Misa, pedimos hoy: Señor, Dios nuestro, que santificaste los comienzos de la Iglesia romana con la sangre abundante de los mártires, concédenos que su valentía en el combate nos infunda el espíritu de fortaleza y la santa alegría de la victoria16 en este mundo nuestro que hemos de llevar hasta Ti.
1 Cfr. J. Orlandis, Historia de la Iglesia, Palabra, 3ª ed., Madrid 1977, vol. I. p. 11 ss. — 2 2 Cor 2, 15. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 43, 5. — 4 Hech 28, 15. — 5 Epístola a Diogneto, 6, 1. — 6 Cfr. Tácito, Annales 15, 44. — 7 San Clemente Romano, Carta a los Corintios, 5. — 8 2 Tim 3, 12. — 9 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 301. — 10 San Jerónimo Emiliano, Homilía a sus hermanos de religión, 21-VI-1535. — 11 Hech 5, 41. — 12 Mt 5, 11-12. — 13 Cfr. Tertuliano, Apologético, 50. — 14 Ibídem, 37. — 15 San Justino, Apología, 11, 13. — 16 Misal Romano, Oración colecta de la Misa del día.
* Después de Jerusalén y de Antioquía, Roma fue el núcleo cristiano primitivo más importante. Muchos cristianos provenían de la colonia judía existente en Roma; los más, llegaron del paganismo.
Hoy se conmemora a los cristianos que sufrieron la primera persecución contra la Iglesia bajo el emperador Nerón, después del incendio de Roma en el año 64.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Primeros Mártires de la Santa Iglesia Romana, Santos Mártires, Junio 30
Mártires de la persecución de Nerón luego del incendio de Roma La celebración de hoy, introducida por el nuevo calendario romano universal, se refiere a los protomártires de la Iglesia de Roma, víctimas de la persecución de Nerón después del incendio de Roma, que tuvo lugar el 19 de julio del año 64.
¿Por qué Nerón persiguió a los cristianos? Nos lo dice Cornelio Tácito en el libro XV de los Annales: “Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso, Nerón presentó como culpables, castigándolos con penas excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo llamaba cristianos”.
En tiempos de Nerón, en Roma, junto a la comunidad hebrea, vivía la pequeña y pacífica de los cristianos. De ellos, poco conocidos, circulaban voces calumniosas. Sobre ellos descargó Nerón, condenándolos a terribles suplicios, las acusaciones que se le habían hecho a él. Por lo demás, las ideas que profesaban los cristianos eran un abierto desafío a los dioses paganos celosos y vengativos... “Los paganos—recordará más tarde Tertuliano— atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo. Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”.
Nerón tuvo la responsabilidad de haber iniciado la absurda hostilidad del pueblo romano, más bien tolerante en materia religiosa, respecto de los cristianos: la ferocidad con la que castigó a los presuntos incendiarios no se justifica ni siquiera por el supremo interés del imperio.
Episodios horrendos como el de las
antorchas humanas, rociadas con brea y dejadas ardiendo
en los jardines de la colina Oppio, o como aquel de
mujeres y
Entre los mártires más ilustres se encuentran el príncipe de los apóstoles, crucificado en el circo neroniano, en donde hoy está la Basílica de San Pedro, y el apóstol de los gentiles, san Pablo, decapitado en las “Acque Galvie” y enterrado en la vía Ostiense. Después de la fiesta de los dos apóstoles, el nuevo calendario quiere celebrar la memoria de los numerosos mártires que no pudieron tener un lugar especial en la liturgia. |
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Adolfo de Osnabrück, Santo Obispo, Junio 30
Obispo Martirologio Romano: En Osnabrück, en Sajonia, san Adolfo, obispo, que abrazó las costumbres cistercienses en el monasterio de Altenkamp (1224).
Etimología: Aquel que es un guerrero valiente, es de origen germánico.
Murió en Osnabrück el 30 de junio de 1224. Era hijo de una familia muy rica. El, sin embargo, dejando aparte tanta herencia y prebendas, se inclinó por hacerse monje.
La cosa no fue fácil para este joven. El no tenía una vocación decidida como otros tantos que estamos leyendo cada día en el santoral.
Fue justamente en un monasterio, llamado Cam, al que se retiró para pensar en sí mismo, en donde encontró los atisbos de su vocación religiosa a la vida consagrada.
Con todo respeto pidió al abad que le admitiera en el recinto sagrado. En seguida se ganó la simpatía de todos los hermanos en congregación. Durante los ocho últimos años de su vida desempeño pastoralmente el cargo de obispo de la ciudad que le vio nacer.
Su trabajo se basó principalmente en atender a los pobres y necesitados de atenciones, sobre todo el mundo marginado de los leprosos.
Uno de estos, que vivía alejado de todo el mundo, recibía la visita de Adolfo una vez al año. Le llevaba los remedios espirituales que, sin duda, eran más importantes que los simplemente materiales.
Se pasaba el día con él amigablemente charlando de temas de la oración y de la lectura de la Biblia.
Cada uno debe ocupar el puesto que la sociedad le encomienda con convicción y entrega absoluta a lo que la vocación le pide.
Este trabajo apostólico no era bien visto por algunos canónigos acomodados. Como no les prestaba la más mínima atención, lograron que el leproso se fuera de aquel lugar a otro .
No sabían estos señores canónigos que la obra de Dios está por encima de comodidades. Por eso, un ángel del Señor lo trasladó a la cueva en que vivía anteriormente. La razón no era otra que Adolfo pudiera verlo como siempre.
En los últimos momentos de su vida, el leproso se vio asistido por su amigo. Lo confesó y murió tranquilamente en la paz de Dios. |
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Marcial de Limoges, Santo Obispo, Junio 30
Obispo y Confesor San Marcial es un importante santo francés. De acuerdo con una biografía de Saturnino (el primer obispo de Tolosa) Marcial fue el primer obispo de Limoges (sur de Francia).
Las menciones más antiguas de san Marcial datan del principio de la Edad Media. Sidonio Apolinario (siglo V), obispo de Clermont, afirma que Augustóritum nombró a Marcial como obispo.
Durante el consulado del emperador Decio y Grato (250-251), fueron nombrados obispos a siete clérigos y enviados desde Roma a Galia para cristianizar a los galos: Gatien a Tours; Trófimo a Arlés; Pablo a Narbona; Saturnino a Tolosa; Denis a París; Austromonio a Clermont y Marcial a Limoges.
Probablemente fue el presbítero Fabián —quien fungió como papa cristiano entre el 236 y el 250— quien los envió. Cuando los obispos llegaron a Francia, el papa había sufrido el martirio en Roma (20 de enero del 250).
Marcial murio a finales del siglo III, fue enterrado en las afueras de la aldea romana, en un pequeño cementerio de la via Agrippa —que se había construido sobre la ruta europea de peregrinación hacia Santiago de Compostela (en Galicia). Su tumba se convirtió gradualmente en un sitio de paraje de los peregrinos compostelanos. En el siglo IX, varios monjes que vivían allí para dar abrigo a los peregrinos y colectar fondos, encontraron patronazgo en la orden benedictina.
El lugar se convirtió en la abadía benedictina de San Marcial, que poseyó una importante biblioteca privada (sólo superada por la de la abadía de Clun† y un scriptorium (sitio de copistas de textos religiosos). En esta biblioteca se educó y trabajó el cronista Geoffroy du Breuil (siglo XII), quien sería abad de Vigeois (1170-1184).
En la abadía se formó un grupo de compositores, que en la actualidad se considera que forman la Escuela de San Marcial. Se la conoce por la composición de tropos, secuencias, y un órganum primitivo (método de acompañamiento exclusivamente vocal). A este respecto fue una importante precursora de la Escuela de Notre Dame.
La abadía de San Marcial —una de las grandes iglesias de peregrinación del cristianismo occidental— sufrió tantas malversaciones, que en el siglo XIX sólo quedaban los deteriorados manuscritos de su biblioteca. El rey Luis XV compró la mayoría de estos textos, los llevó a París, y los usó para crear la Biblioteca Nacional.
Se desconoce en la actualidad hasta qué punto estos manuscritos reflejan las composiciones medievales de la abadía de San Marcial en particular, o si eran recopilaciones de trabajos de distintos lugares del sur de Francia. No se conoce el nombre de ningún compositor de esta escuela.
Entre 1966 y 1970 se efectuaron excavaciones cerca del emplazamiento de la antigua abadía de Saint Martial. Se descubrieron varias tumbas, junto con un mosaico del Alto Imperio (que indica la importancia de los personajes enterrados). Se cree que se trata de la tumba del obispo. Doce capiteles esculpidos romanescos se descubrieron bajo los cimientos de un establo, y el Museo del Obispado de Limoges los compró en 1994. |
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Erentrude, Santa Abadesa, Junio 30
Abadesa Etimológicamente significan “¿que sonríe, risueña?”. Viene de la lengua alemana.
Erentrude. Murió en Salzburgo, Austria, en el año 718.
Había llegado del país de Worms (Palatinado), al igual que su primo Ruperto, obispo de Juvanum. Era también su padre espiritual. Fundó, bajo la dirección de su primo, un monasterio de mujeres del que ella fue la primera abadesa.
Cuando Ruperto estaba en el lecho de muerte, Erentrude se llenó de lágrimas, y rezaba así:"Reza para que parta contigo. ¿Qué voy a ser yo cuando no estés ya aquí, privada de mi director espiritual?"
El obispo, con la mejor de sus intenciones, no le prestó atención en un principio.
Poco minutos después cambió de opinión, una vez que estaba ya en el paraíso.
No obstante, la joven murió pocos meses después.
Fue este mismo santo el que, con todo acierto, cambió el nombre de Juvanum por el de Salzburgo (ciudad de la sal) en recuerdo de las salinas que él mismo había creado para el bien de los ciudadanos y de todos los alrededores.
Los hombres, cuando hacen oración, difícilmente cambian o abandonan la vocación a la que Dios les ha llamado.
¿No será un signo claro deque hoy se reza poco dado el número ingente de personas que abandonan el matrimonio o la vida religiosa? Es cuestión de pensarlo. |
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Fuente: www.cssr.com
Genaro María Sarnelli, Beato Redentorista, Junio 30
Genaro Maria Sarnelli, hijo del Barón de Ciorani, nace en Nápoles el 12 de septiembre de 1702.
A los 14 años, tras la beatificación de Francisco Regis, decide hacerse jesuita. Su padre lo disuade creyéndolo demasiado joven. Genaro emprende entonces los estudios de derecho que acaba con el título de doctor en ambos derechos en 1722.
Habiéndose distinguido en el ejercicio de su profesión se enrola, no obstante, en la Congregación de los Caballeros Profesionales del Derecho y de la Medicina, dirigida por los Píos Operarios de san Nicolás de Tolentino. Entre las reglas de esta Asociación existe la obligación de asistir a los enfermos del hospital de los Incurables. Es aquí donde Genaro se siente llamado por Dios al sacerdocio.
En septiembre de 1728 ingresa al seminario y es destinado por el Cardenal Pignatelli a la parroquia de santa Ana di Palazzo. Para poder estudiar tranquilamente se hospeda en el colegio de la Santa Familia, más conocido como el Colegio de los Chinos, fundado por Matteo Ripa. EL 8 abril del año siguiente deja el colegio de los Chinos para comenzar el 5 de junio del mismo año su noviciado en la Congregación de las Misiones Apostólicas.
El 28 de mayo de 1731 concluye el noviciado y el 8 julio del año siguiente se ordena sacerdote. Durante todos estos años, además de las visitas al hospital, se dedica a ayudar a los niños que son obligados a trabajar, enseñándoles el catecismo. Visita a los ancianos del geriátrico de san Genaro y a los marinos enfermos que yacen postrados en el hospital del puerto.
Es éste también el tiempo en el que entabla amistad con san Alfonso de Ligorio y conoce su apostolado. Juntos se dedican a enseñar el catecismo a los laicos y organizan las capillas del atardecer.
Tras su ordenación, el Cardenal Pignatelli le encomienda que dirija la enseñanza religiosa en la parroquia de los Santos Francisco y Mateo, en el barrio español. Cuando se da cuenta de la corrupción que impera entre las jóvenes, decide emplear todas sus energías en la lucha contra la prostitución. En este mismo tiempo (1733), san Alfonso debe defenderse de las injustas críticas que padece a causa de la fundación de la Congregación misionera del Santísimo Redentor en Scala (SA) el 9 de noviembre de 1732. En junio del mismo año, al llegar a Scala para ayudar al amigo durante una misión en Ravello, Sarnelli decide hacerse redentorista al tiempo que continúa siendo miembro de las Misiones Apostólicas.
Desde el día de su entrada en la Congregación, en abril de 1736, se empeñará sin descanso en las misiones parroquiales y en escribir a favor de las "jóvenes en peligro". Escribe también sobre la vida espiritual. Su cansancio es tal que llega a estar al borde de la muerte. Con el consentimiento de san Alfonso vuelve a Nápoles para tratarse. Allí emprende nuevamente su apostolado entre las prostitutas.
Además de dedicarse al apostolado redentorista y al de las Misiones Apostólicas, promueve la meditación comunitaria entre los laicos publicando "El mundo santificado". Con otro libro suyo promueve una campaña contra la blasfemia. En 1741, al tiempo que planifica las grandes misiones predicadas en los suburbios de Nápoles, participa también en ellas y prepara la visita canónica del Cardinal Spinelli. A pesar de su permanente estado enfermizo sigue predicando hasta finales de abril de 1741 cuando, ya muy enfermo, vuelve a Nápoles donde muere el 30 de junio a la edad de 42 años.
Sus restos descansan en Ciorani, primera iglesia redentorista.
Genaro Sarnelli nos ha dejado en herencia unas 30 obras dedicadas a la meditación, a la teología mística, a la dirección espiritual, al derecho, a la pedagogía, a la moral y a diversas temáticas pastorales. Su actividad social en favor de la mujer le ha merecido el ser considerado entre los autores que con mayor autoridad han afrontado esta temática en la Europa de la primera mitad del siglo dieciocho.
El 12 de mayo de 1996, el Papa Juan Pablo II lo beatíficó en la Plaza de San Pedro. |
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Fuente: www.mercaba.org
Otón de Bamberg, Santo Obispo, Junio 30
San Otón fue obispo de Bamberg y es llamado el Apóstol de Pomerania . Nació en Suabia, Alemania, y vivió en el siglo XII. Huérfano de padre y madre, enfrentó muchas dificultades para costear sus estudios en filosofía y ciencias humanas. Partió a Polonia para ganarse la vida. Poco a poco se estableció y fundó una escuela que ganó prestigio y le dio buenas ganancias.
Se hizo conocido y estimado en la corte polaca , amigo y consejero del emperador, que lo nombró obispo de Bomberg. San Otón, sin embargo solamente quedó con la conciencia tranquila cuando fue consagrado obispo por el papa Pascual, alrededor del año 1106.
Es considerado el evangelizador de la Pomerania; fundó allí numerosos monasterios. Y apoyado por Boleslao, duque de Polonia que dominaba la región, y por Vratislao, duque cristiano de Pomerania, recorrió todas las ciudades instruyendo a los gentiles y bautizando a los que se adherían a la fe, intercediendo ante el príncipe por la liberación de los prisioneros, exhortando a todos a abandonar los ídolos y a convertirse al Dios de Jesucristo. Esparció misioneros por toda la Pomerania.
Fue canonizado en el año 1189 por el Papa Clemente III.
Antiguamente se lo recordaba el 30 de junio, pero el Martirologio Romano actual lo recuerda el 2 de julio. |
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Fuente: Martirologio Romano
Felipe Powell, Beato Sacerdote y Mártir, Junio 30
En Londres, en Inglaterra, beato Felipe Powell, presbítero de la Orden de San Benito y márti.
Originario del País de Gales, en tiempo del rey Carlos I fue detenido a bordo de una nave y, por ser sacerdote e intentar entrar en Inglaterra, fue condenado al patíbulo en Tyburn (1646). |
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Fuente: Vatican.va
Basilio Velyckovskyj, Beato Obispo y Mártir, 30 de junio
Obispo de la Iglesia greco-católica ucraniana "clandestina", de la Congregación del Santísimo Redentor (1903-1973). Mártir
Nació el 1 de junio de 1903 en Stanislaviv (actualmente Ivano-Frankvisk). En el mes de agosto de 1925 entró en el noviciado de la Congregación del Santísimo Redentor y, poco después, fue ordenado sacerdote. Durante siete años fue misionero en la región de Volyn´; en 1942 fue nombrado superior en Ternopol. El 11 de abril de 1945 fue arrestado y condenado a diez años de detención en el campo de concentración de Vorkuta, en Siberia. Liberado en 1955, volvió a Lvov, donde en 1959 fue nombrado clandestinamente obispo. Debido a la dura persecución, no pudo ser ordenado hasta 1963. Volvieron a arrestarlo por el delito de "organizar estudios teológicos secretos en Ternopol"; lo condenaron a tres años de exilio. El 27 de enero de 1972, antes de liberarlo, le inyectaron una sustancia "desconocida".
Falleció a los 69 años, en Winnipeg (Canadá), el 30 de junio de 1973.
Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II el 27 de junio de 2001, junto con otras 24 victimas de la persecución del régimen soviético a los católicos ucranianos.
El grupo beatificado está integrado por:
Mykolay Charneckyj, Obispo, 2 abril Josafat Kocylovskyj, Obispo, 17 noviembre Symeon Lukac, Obispo, 22 agosto Basilio Velyckovskyj, Obispo, 30 Junio Ivan Slezyuk, Obispo, 2 diciembre Mykyta Budka, Obispo, 28 septiembre Gregorio (Hryhorij) Lakota, Obispo, 5 noviembre Gregorio (Hryhorij) Khomysyn, Obispo, 28 diciembre Leonid Fedorov, Sacerdote, 7 marzo Mykola Konrad, Sacerdote, 26 junio Andrij Iscak, Sacerdote, 26 junio Román Lysko, Sacerdote, 14 octubre Mykola Cehelskyj, Sacerdote, 25 mayo Petro Verhun, Sacerdote, 7 febrero Alejandro (Oleksa) Zaryckyj, Sacerdote, 30 octubre Klymentij Septyckyj, Sacerdote, 1 mayo Severijan Baranyk, Sacerdote, 28 junio Jakym Senkivskyj, Sacerdote, 28 junio Zynovij (Zenón) Kovalyk, Sacerdote, 30 junio Vidal Vladimir (Vitalij Volodymyr) Bajrak, Sacerdote, 16 Mayo Ivan Ziatyk, Sacerdote, 17 mayo Tarsicia (Olga) Mackiv, Monja, 18 Julio Olympia (Olha) Bidà, Suora, 28 enero Laurentia (Leukadia) Harasymiv, Monja, 26 agosto Volodymyr Pryjma, Laico, 26 Junio (las fechas indicadas corresponden a las de su martirio)
Reproducido con autorización de Vatican.va |
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Fuente: Santopedia.com
Zenon (Zynovij) Kovalyk, Beato Presbítero y Mártir, 30 de junio
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Lviv, en Ucrania, conmemoración del beato Zenon Kovalyk, presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor y mártir, que en tiempo de un régimen hostil a Dios alcanzó la palma gloriosa en un día desconocido. (1941)
Etimológicamente: Zenón = Aquel supeditado a Dios, es de origen griego.
Zynoviy Kovalyk nace el 18 de agosto de 1903 en la aldea de Ivachiv Horishniy cerca de Ternopil, en el seno de una familia campesina y pobre. Antes de hacerse religioso trabaja como maestro de primaria en su aldea. Tiene un carácter fuerte y no llega nunca a componendas con su fe. Desde su infancia, el sueño de Wynoviy es ser sacerdote. Una vez descubierta su vocación a la vida consagrada, Wynoviy Kovalyk entra en los Redentoristas. Profesa el 28 de agosto de 1926; poco después es enviado a Bélgica a fin de completar sus estudios de filosofía y teología.
De regreso a Ucrania, Wynoviy Kovalyk es ordenado sacerdote el 9 de agosto de 1932; celebra su primera misa solemne el 4 de septiembre en su aldea natal, Ivachiv. Los pequeños iconos que conmemoran su ordenación llevan el siguiente texto: "Oh Jesús, acéptame (como sacrificio) juntamente al Santo Sacrificio de tu Cuerpo y de tu Sangre: recíbelo por la Santa Iglesia, por mi Congregación y por mi madre patria". Cristo aceptó estas palabras que fueron una auténtica ofrenda. Bien pronto supo el Padre Kovalyk que estas palabras habían sido proféticas y que también muy pronto - solamente nueve años más tarde - habrían de cumplirse con su martirio.
Tras su ordenación, el Padre Kovalyk parte juntamente con el obispo Mykolay Charnetskyi hacia la región de Volhyn a fin de trabajar en la obra de reconciliación con los ortodoxos ucranianos. El joven sacerdote es una auténtica alegría para sus cohermanos. El Padre Kovalyk tiene espíritu, tiene una bonita voz y posee una dicción muy cuidada. Es buen cantor y un auténtico predicador que encandila a todos. Su devoción y labor apostólica atrae a millares de personas. El Padre Kovalyk ama de todo corazón a la Madre de Dios y no deja nunca de mostrar su sincera piedad hacia Maria. Estas cualidades hacen ciertamente que el Padre Kovalyk tenga un gran éxito en su actividad misionera.
Tras varios años de trabajo en la región de Volhyn, el Padre Kovalyk se traslada a Stanislaviv (ahora Ivano-Frankvsk) para dirigir las misiones que se dan en la ciudad y en las aldeas circunstantes. En 1939, poco antes de la invasión soviética, se traslada a Lviv, al monasterio redentorista de calle Wyblykevycha (ahora Ivana Franka) y se encarga de la economía del monasterio.
El celoso sacerdote continúa también predicando la Palabra de Dios cuando da comienzo la invasión soviética. Un campo importante del trabajo del P. Kovalyk es el de las confesiones; es una actividad apostólica en la que tiene particular éxito: está siempre rodeado de gran número de fieles que buscan su ayuda espiritual.
Mientras la mayor parte de los ucranianos de Galizia se encuentran acobardados por el terror, el Padre Wynoviy da muestras de un ánimo admirable. Muchos predicadores se han vuelto ya extremadamente cautos en sus sermones. Tratan de eludir los temas espinosos de la actualidad y se centran en exhortar al pueblo a ser fiel a Dios. El Padre Kovalyk, por el contrario, no tiene nunca miedo a condenar abiertamente las costumbres ateas introducidas por el régimen soviético. Sus sermones causan un fuerte impacto en los oyentes pero, al mismo tiempo, son un peligro no pequeño para el predicador. Avisado por los amigos del posible peligro que corre a causa de su modo de predicar, el Padre Kovalyk responde: "Acogeré con alegría la muerte, si ésta fuera la voluntad de Dios, pero no abandonaré nunca mis compromisos con mi conciencia de predicador".
Él último gran sermón del Padre Kovalyk tuvo lugar en Ternopil el 28 de agosto de 1940 con ocasión de la fiesta de la Dormición de la Madre de Dios. Aquel día los fieles que escuchaban al Padre Kovalyk eran alrededor de diez mil. Su sueño de martirio se realizaría pocos meses más tarde.
La noche del 20-21 de diciembre de 1940, los agentes de la policía secreta soviética penetraron en el monasterio de los Redentoristas para detener al Padre Kovalyk por sus sermones con ocasión de la Novena de la Inmaculada que tuvieron lugar en la iglesia del monasterio. Antes de dejar a sus cohermanos, el Padre Kovalyk pidió a su superior, Padre De Vocht, su última bendición y absolución.
Durante mucho tiempo los Redentoristas trataron de saber el paradero de su cohermano detenido, pero solo hasta abril de 1941 no llegaron a saber que el Padre Kovalyk había sido confinado como preso en la calle Zamarstynivska (la famosa prisión "Brygidky"). Durante su reclusión, que duraría seis meses, el Padre Kovalyk padece 28 penosos interrogatorios; tres veces es conducido a otras tantas cárceles para ser interrogado en ellas. Después de uno de estos interrogatorios, especialmente acompañado de torturas, el Padre Kovalyk enferma a causa de una hemorragia masiva.
Mientras permanece recluido en la prisión, el Padre Kovalyk continúa con su labor apostólica. Comparte una mísera celda (4,20m por 3,50m) y sin mobiliario alguno con otros 32 compañeros. El Padre Kovalyk reza el rosario todos los días juntamente con los prisioneros y un rosario entero el domingo. Además, dirige la oración litúrgica; durante el mes de mayo organiza plegarias a la Madre de Dios y el día de Reyes invita a sus compañeros a la bendición del agua. Además de orar, el Padre Kovalyk administra el sacramento de la reconciliación, dirige ejercicios espirituales y enseña el catecismo, consuela a sus compañeros narrando - con su estilo típico e ingenioso - diversas historias religiosas. No es de asombrar, por tanto, el hecho de que los prisioneros - gente con una extrema necesidad de esperanza y de consuelo - quisieran de todo corazón al Padre Kovalyk por su celo apostólico.
En 1941, cuando las tropas alemanas comienzan su ofensiva, los guardianes de la prisión, ansiosos por huir, y al ver que no pueden llevar consigo a los prisioneros, disparan sobre ellos. Pero no les basta con la intención de matar al Padre Kovalyk disparándole; recordando sus sermones sobre Cristo crucificado, lo clavan en el muro de la prisión a la vista de sus compañeros prisioneros.
Cuando las tropas alemanas entran en Lviv, abren rápidamente las cárceles para limpiar el lugar de la pila de cadáveres putrefactos. La gente corre a las prisiones con la esperanza de encontrar algún pariente. Todos testimoniarán la horrible visión de aquel sacerdote crucificado en la pared de la prisión, su abdomen abierto en canal y en su interior un feto humano.
Para describir al Padre Zynoviy Kovalyk podemos emplear justamente las palabras de vísperas del común de Mártires que se refieren al soldado glorioso e invencible que, armado con la Cruz, vence al enemigo y recibe la corona de la victoria del único Vencedor y Dios que reina por siempre. El dichoso martirio del Padre Zynoviy Kovalyk puede servir como representación gráfica de las siguientes palabras de la Biblia: "Las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida, y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz su esperanza estaba llena de inmortalidad; por una breve pena recibirán largos beneficios, pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí" (Sab. 3, 1.4-5).
Teniendo en cuenta los testimonios sobre la vida virtuosa del P. Zynoviy Kovalyk y, sobre todo, su perseverancia, su ánimo y su fidelidad a la Iglesia de Cristo durante el período de persecución, su proceso de beatificación se inició con ocasión del año Jubilar. Concluido el proceso a nivel de Eparquía, el 2 de marzo de dicho año es enviada la causa a la Sede Apostólica. El 6 de abril, la comisión teológica reconoce el martirio del Padre Kovaly; el 23 del mismo mes es estudiado su martirio por la asamblea de Cardenales y el 24 de abril de 2001 el San Padre Juan Pablo II firma el decreto de beatificación del P. Zynoviy Kovalyk, beato mártir de la fe cristiana. |
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Ladislao de Hungría, Santo Laico, 30 de junio
Rey de Hungría/h3> Martirologio Romano: En Nitra, en los montes Cárpatos, muerte de san Ladislao, rey de Hungría, que restableció en su reino las leyes cristianas dictadas por san Esteban, corrigió las costumbres, dando él mismo ejemplo de virtud, y propagó la fe cristiana en Croacia, que había sido incorporada al reino húngaro, estableciendo la sede episcopal de Zagreb. Murió cuando se disponía a una guerra con Bohemia, siendo enterrado en Varadino, en Transilvania (1095).
Etimológicamente: Ladislao = Aquel que es un afamado caballero, es de origen eslavo.
Ladislao era hijo del rey húngaro Bela I y de la princesa polaca Richeza, hija de Mieszko II de Polonia y santa Riquilda de Lorena y hermano menor del también rey Géza I. Ladislao era miembro de la dinastía de los Árpádes. Fue san Ladislao, quien hizo que fuese canonizado el rey San Esteban.
Ladislao nació en Polonia, donde se padre había buscado refugio. Su nombre, Ladislao, le fue impuesto siguiendo las tradiciones eslavas de su madre. En 1047 fue llamado por su tío Andrés I.
Tras la muerte de su hermano mayor Géza I en 1077, Ladislao ascendió al trono y continuó su labor cristianizadora. Se ganó una reputación parecida a la de Esteban I, nacionalizando el cristianismo y sentando las bases de la grandeza política de Hungría. Ladislao, reconociendo que el Sacro Imperio Romano Germánico era un enemigo natural de su reino, formó una estrecha alianza con el Papa y otros enemigos del emperador Enrique IV, entre los que se encontraba Rodolfo de Rheinfeld y Güelfo I de Baviera.
Ladislao contrajo matrimonio con la hija de Rodolfo, Adelaida de Suabia, con la que tuvo un hijo y tres hijas. Su hija Santa Piroska de Hungría o conocida tmabién como Irene, se casó con el emperador de Bizancio Juan II Comneno.
Ya desde joven fue conocido por sus hazañas como caballero medieval y hábil guerrero. Ladislao contaba con una constitución imponente, era alto y estaba bien entrenado en las artes de la guerra, así pues, su figura era intimidante e inspiraba respeto. Luchó contra tribus paganas que invadían el reino de Hungría, e inclusive han quedado varias leyendas donde rescata a una damisela húngara que había sido raptada por un guerrero en medio de una batalla.
El fracaso del emperador germánico en su enfrentamiento con el Papado, dejó a Ladislao libre para extender sus dominios hacia el sur (el Bajo Danubio para los húngaros) y hacia los Cárpatos orientales. En su juventud luchó contra los pechenegos y en 1089 contra los cumanos, que ocupaban Moldavia y Valaquia más allá del río Olt. Construyó las fortalezas de Szörényvár y Gyulafehérvár.
Estableció a los Székely en Transilvania. Posteriormente intentó conquistar otras partes de Croacia tras la muerte del marido de su hermana, el rey croata Dmitar Zvonimir, aunque su autoridad era cuestionada por la nobleza croata, el Papa, la República de Venecia y el Imperio Bizantino. Ladislao efectuó una incursión en las tierras croatas en 1091 y nombró virrey a su sobrino Álmos.
Ladislao cayó enfermo repentinamente y al no tener hijos a los que dejar el trono mandó llamar a su sobrino Colomán, que era obispo y se encontraba en Polonia y al que nombró su heredero. Colomán era hijo de Geza I de Hungría y había sido educado por Ladislao. Sería coronado rey como Colomán I de Hungría, conocido como el Bibliófilo.
Ladislao murió repentinamente en 1095 cuando estaba a punto de participar en la Primera Cruzada. Ningún otro rey húngaro ha sido tan ampliamente amado. Toda la nación guardó luto por su muerte durante tres años y le recordaron como un santo mucho tiempo antes de que fuera canonizado. Hay un ciclo completo de leyendas alrededor de este monarca.
Entre sus labores principales a favor del cristianismo esta la fundación del obispado de Sarajevo, así como la creación de la abadía de Szend Egyed bécses, e incontables templos a lo largo y ancho de su reino. En 1094 fundó las diócesis de Várad y de Zagreb como un nuevo foco del catolicismo en el sur de Hungría y en las zonas entre el Drava y el Sava.
En 1192, el rey húngaro Bela III de Hungría hizo la petición al Papa para que Ladislao I fuera canonizado, y así Ladislao I, pasó a ser San Ladislao. Fue canonizado el 27 de junio de 1192.
C.A. Macartney, en su Hungary: A Short History (Hungría: Una breve historia) elogia a Ladislao I diciendo: "Ladislao I, quien, como Esteban y su hijo, Imre, fue canonizado tras su muerte, fue la personalidad más destacada entre ellos: un verdadero paladín y caballero de carácter dulce, protector de su fe y de su pueblo y de los pobres e indefensos." |
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J†A
JMJ
Pax
El deseo de la paz de ustedes se cumplirá
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10,1-12.17-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los
mandó por delante,
de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir.
Y les dijo:
"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos; por tanto,
rueguen al dueño
de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino. Yo los
envío como corderos en medio de lobos. No lleven dinero, ni
morral, ni
sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en
una casa, digan: "Que la paz reine en esta casa"; si allí hay
gente
amante de la paz, el deseo de la paz de ustedes se cumplirá; si
no, no se
cumplirá. Quédense en esa casa, coman y beban de lo que tengan,
porque el
trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa.
En cualquier
ciudad donde entren y los reciban, coman de lo que les den,
curen a los enfermos
que haya, y díganles:
"Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios". Pero si entran en una
ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: "Hasta
el polvo de
esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en
señal de
protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de
Dios está
cerca". Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será
tratada con
menos rigor que esa ciudad".
Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le
dijeron a
Jesús:
"Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre".
El les contestó:
"Vi a Satanás caer del cielo como rayo. A ustedes les he dado
poder para
aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda fuerza del
Enemigo; y nada
les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se
les someten;
alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el
cielo".
Palabra de Señor.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
14o. Dom Ord Ciclo C
Recordaremos, Señor, los dones de tu amor en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo has
redimido al mundo de la
esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de una
santa alegría y,
después en el cielo, de la felicidad eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Yo haré correr la paz como un río
Lectura del libro del profeta Isaías 66, 10-14
Alégrense
con Jerusalén, gocen con ella
todos los que la aman; alégrense de su alegría todos los que
por ella llevaron
luto, para que se alimenten de su pechos, se llenen de sus
consuelos y se
deleiten con la abundancia de su gloria.
Porque así dice el Señor:
"Yo haré correr la paz sobre ella, como un río, y la gloria de
las
naciones como un torrente desbordado. Como niños serán
llevados en el regazo y
acariciados sobre sus rodillas; como un hijo a quien su madre
consuela, así los
consolaré yo.
En Jerusalén serán ustedes consolados. Al ver esto se alegrará
su corazón y sus
huesos florecerán como un prado; y los siervos del Señor
conocerán su
poder".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 65
Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que aclame
al Señor toda la tierra.
Celebremos su gloria y su poder, cantemos un himno de
alabanza, digamos al
Señor: "Tu obra es admirable".
Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que se
postre ante ti la tierra entera y
celebre con cánticos tu nombre. Admiremos las obras del Señor,
los prodigios
que ha hecho por los hombres.
Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
El
transformó el mar Rojo en tierra
firme y los hizo cruzar a pie enjuto. Llenémonos por eso de
gozo y gratitud: el
Señor es eterno y poderoso.
Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Cuantos
temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí. Bendito sea Dios, que no
rechazó mi súplica,
ni me retiró su gracia.
Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Llevo en mi cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado por Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas 6,14-18
Hermanos:
No permita Dios que yo me
gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
por el cual el
mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Porque para
Cristo Jesús de
nada vale el estar circuncidado o no, sino el ser una nueva
criatura.
Para todos los que viven conforme a esta norma y también para
el verdadero
Israel, la paz y la misericordia de Dios.
De ahora en adelante, que nadie me ponga más obstáculos,
porque llevo en mi
cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado por Cristo.
Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con
ustedes, amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que su palabra
habite en ustedes
con toda su riqueza.
Aleluya.
El deseo de la paz de ustedes se cumplirá
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10,1-12.17-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús designó a otros
setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en
dos, a todos los
pueblos y lugares adonde pensaba ir. Y les dijo:
"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos; por tanto,
rueguen al dueño
de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino. Yo los
envío como corderos en medio de lobos. No lleven dinero, ni
morral, ni
sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en
una casa, digan: "Que la paz reine en esta casa"; si allí hay
gente
amante de la paz, el deseo de la paz de ustedes se cumplirá;
si no, no se
cumplirá. Quédense en esa casa, coman y beban de lo que
tengan, porque el
trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en
casa. En cualquier
ciudad donde entren y los reciban, coman de lo que les den,
curen a los
enfermos que haya, y díganles:
"Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios". Pero si entran en
una
ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: "Hasta
el polvo de
esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos,
en señal de
protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de
Dios está
cerca". Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será
tratada con
menos rigor que esa ciudad".
Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le
dijeron a
Jesús:
"Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre".
El les contestó:
"Vi a Satanás caer del cielo como rayo. A ustedes les he dado
poder para
aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda fuerza
del Enemigo; y nada
les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios
se les someten;
alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el
cielo".
Palabra de Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús. Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante: Hermanos, pidamos al Señor que escuche nuestras súplicas y acoja nuestras peticiones:
Responderemos a cada petición: Escúchanos Padre.
Oremos a
Dios Padre por el Papa, por
nuestros obispos, y por todos aquellos a los que se han
confiado nuestras
almas; que nuestro Señor les dé fuerza y sabiduría para
dirigir y gobernar
santamente las comunidades que les han sido encomendadas, y
puedan así dar
buena cuenta cuando se les pida, roguemos al Señor.
Escúchanos Padre.
Oremos
también para que Dios nos conceda
la paz; que Él, que es la verdadera paz y el origen de toda
concordia,
transmita la paz del cielo a la tierra, la paz espiritual para
nuestras almas y
la paz temporal para nuestros días, roguemos al Señor.
Escúchanos Padre.
Pidamos
por los que se esfuerzan en
seguir las sendas del Evangelio, para que nuestro Señor los
mantenga en este
propósito hasta el fin de sus días; oremos también por los que
viven en pecado,
para que nuestro Señor les dé la gracia de convertirse, hacer
penitencia y
purificarse en el sacramento del perdón y alcanzar así la
salvación eterna,
roguemos al Señor.
Escúchanos Padre.
Oremos,
finalmente, a Dios nuestro Señor
por los fieles difuntos que han salido ya de este mundo,
especialmente por
nuestros familiares, amigos y bienhechores, para que el Señor,
por su gran
misericordia, los reciba en su gloria y los coloque entre los
santos y
elegidos, roguemos al Señor.
Escúchanos Padre.
Celebrante: Dios nuestro, que al darnos la vocación cristiana nos pides estar siempre dispuestos a anunciar el Evangelio por todo el mundo, escucha nuestras oraciones y concédenos aquella valentía y libertad apostólicas que son necesarias, para hacer presente en el mundo tu palabra de amor y tu mensaje de paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que el sacrificio que vamos a ofrecerte
nos purifique, Señor, y nos ayude a conformar cada día más
nuestra vida con los
ejemplos de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
El misterio de la salvación
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, compadecido del extravío de los seres humanos, quiso
nacer de la
Virgen; sufriendo en la cruz, nos libró de eterna muerte y,
resucitando, nos
dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y
con todos los
coros celestiales, cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:
Dios omnipotente y eterno, que nos has alimentado con el sacramento de tu amor, concédenos vivir siempre en tu amistad y agradecer continuamente tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo cuarto Domingo
Ciclo c
COMO UN RÍO DE PAZ
— El Señor viene a dar la paz a un mundo que carece de ella.
— La violencia y la inquietud tienen sus raíces en el corazón de los hombres. Son consecuencias del pecado.
— La paz comienza en el alma con el reconocimiento de aquello que separa de Dios; con una profunda contrición. Promotores de paz en el mundo, comenzando por las personas más cercanas.
I. La Liturgia de este Domingo se centra de modo particular en la paz como un gran bien para el alma y para la sociedad. En la Primera lectura1, el Profeta Isaías anuncia que la era del Mesías se caracterizará por la abundancia de este don divino; será como un torrente de paz, como un torrente en crecida, resumen de todos los bienes: el gozo, la alegría, el consuelo, la prosperidad prometida por Dios a la Jerusalén restaurada tras el destierro de Babilonia. Como un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo. Isaías se refiere al Mesías, portador de esa paz que es, a un mismo tiempo, gracia y salvación eterna para cada uno y para todo el pueblo de Dios. La nueva Jerusalén es imagen de la Iglesia y de todos nosotros.
El Evangelio de la Misa2 relata el envío de los discípulos anunciando la llegada del Reino de Dios. A su paso se repiten los milagros: ciegos que recuperan la vista, leprosos que quedan limpios, pecadores que se mueven a penitencia, y por todas partes van llevando la paz de Cristo. El mismo Señor, antes de partir para esta misión apostólica, les había encargado: Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa. Y si hay allí gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz... Este mensaje lo repetirá la Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Después de tantos años vemos, sin embargo, que el mundo no está en paz; la ansía y clama por ella, pero no la encuentra. En pocas ocasiones se ha nombrado tanto la palabra paz, y quizá pocas veces la paz ha estado más lejos del mundo. Incluso “dentro de cada país, y en no pocas naciones, el estado habitual tampoco tiene nada que ver con la paz. No que haya guerra, lo que generalmente se entiende por guerra, pero sí falta de paz. Lucha de razas, lucha de clases, lucha entre ideologías, lucha de partidos. Terrorismo, guerrillas, secuestros, atentados, inseguridad, motines, conflictos, violencia. Odios, resentimientos, acusaciones, recriminaciones”3. Paz, paz, dicen. Y no hay paz4. No hay paz en la sociedad, ni en las familias, ni en las almas. ¿Qué ocurre para que no haya paz? ¿Por qué tanta crispación y tanta violencia, por qué tanta inquietud y tristeza en las almas, si todos desean la paz?
Quizá el mundo esté buscando la paz donde no la puede encontrar; quizá se la confunde con la tranquilidad, es posible que se haga depender de circunstancias externas y ajenas al hombre mismo. La paz viene de Dios y es un don divino que sobrepuja todo entendimiento5, y se otorga solo a los hombres de buena voluntad6, a quienes procuran con todas sus fuerzas acomodar su vida al querer divino. “La paz, que lleva consigo la alegría, el mundo no puede darla.
“—Siempre están los hombres haciendo paces, y siempre andan enzarzados con guerras, porque han olvidado el consejo de luchar por dentro, de acudir al auxilio de Dios, para que Él venza, y conseguir así la paz en el propio yo, en el propio hogar, en la sociedad y en el mundo.
“—Si nos conducimos de este modo, la alegría será tuya y mía, porque es propiedad de los que vencen; y con la gracia de Dios –que no pierde batallas– nos llamaremos vencedores, si somos humildes”7. Entonces seremos portadores de la paz verdadera, y la llevaremos como un tesoro inapreciable allí donde nos encontremos: a la familia, al lugar de trabajo, a los amigos..., al mundo entero.
II. En los comienzos, antes de que se cometiera el pecado original, todo estaba ordenado para dar gloria a Dios y para felicidad de los hombres No existían las guerras, los odios, los rencores, la incomprensión, las injusticias... Por ese primer pecado, al que se añadieron luego los pecados personales, el hombre se convirtió en un ser egoísta, soberbio, mezquino, avaro... Ahí hemos de buscar la causa de todos los desequilibrios que vemos a nuestro alrededor: “la violencia y la injusticia –señala Juan Pablo II– tienen raíces profundas en el corazón de cada individuo, de cada uno de nosotros”8. Del corazón proceden “todos los desórdenes que los hombres son capaces de cometer contra Dios, contra los hermanos y contra ellos mismos, provocando en lo más íntimo de sus conciencias un desgarrón, una profunda amargura, una falta de paz que necesariamente se refleja en el tejido de la vida social. Pero es también del corazón humano, de su inmensa capacidad de amar, de su generosidad para el sacrificio, de donde pueden surgir –fecundados por la gracia de Cristo– sentimientos de fraternidad y obras de servicio a los hombres que como río de paz (Is 66, 12) cooperen a la construcción de un mundo más justo, en el que la paz tenga carta de ciudadanía e impregne todas las estructuras de la sociedad”9. La paz es consecuencia de la gracia santificante, como la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, es consecuencia del pecado.
El futuro de la paz está en nuestros corazones10, pues el pecado no fue tan poderoso que pudiera borrar completamente la imagen de Dios en el hombre, sino solo “ensuciarla, deformarla, debilitarla; pudo herir su alma, pero no aniquilarla; oscurecer su inteligencia, pero no destruirla; dar entrada al odio, pero no eliminar la capacidad de amar; torcer la voluntad, pero no hasta el punto de hacer imposible la rectificación”11. Por eso, aunque el hombre tiende al mal cuando se deja llevar por su naturaleza caída, sin embargo puede, con la ayuda de la gracia, vencer estas pasiones desordenadas, y poseer y comunicar la paz que Cristo nos ganó. La vida del cristiano se convierte entonces en una lucha alegre por rechazar el mal y por alcanzar a Cristo. En esa lucha encuentra una seguridad llena de optimismo, y cuando pacta con el pecado y con sus errores la pierde, y se convierte entonces en una fuente de malestar o de violencia para sí mismo y para los demás.
Como un niño a quien su madre consuela, así os consolaré Yo. Solo en Cristo encontraremos la paz que tanto necesitamos para nosotros mismos y para quienes están más cerca. Acudamos a Él cuando las contrariedades de la vida pretendan quitarnos la serenidad del alma. Acudamos al sacramento de la Penitencia y a la dirección espiritual si, por no haber luchado suficientemente, hubiera entrado la inquietud y el desasosiego en nuestro corazón.
III. La presencia de Cristo en el corazón de sus discípulos es el origen de la verdadera paz, que es riqueza y plenitud, y no simple tranquilidad o ausencia de dificultades y de lucha. San Pablo afirma que Cristo mismo es nuestra paz12; poseerle y amarle es el origen de toda serenidad verdadera.
Este fluir de paz en nuestro corazón, como un torrente en crecida, comienza por el reconocimiento de nuestros pecados, de las faltas, negligencias y errores. Entonces, si somos humildes y miramos a Cristo, descubriremos su gran misericordia, “como si estuviese ahí detrás como escondido para decirnos: esas son las miserias que he tomado sobre Mí para mostrarte muy personalmente, en esta soledad y en este dolor, cuál es el amor del Padre, único capaz de librarte de ellas, de darles en cierto modo la vuelta y utilizarlas para tu salvación. Entonces podrá resonar en el oído de nuestro corazón la palabra: tu fe te ha salvado y te ha curado. ¡Vete en paz!”13. No hay paz sin contrición, sin una profunda sinceridad con nosotros mismos que lleva a reconocer aquello que en nuestra vida aleja de Dios y de los hermanos, y sinceridad honda, sin paliativo alguno, en la Confesión.
Con este sosiego interior, que habremos de encontrar recomenzando muchas veces y no pactando jamás con nuestros defectos y errores, podremos entonces salir al mundo, a ese espacio en el que se desenvuelve nuestro quehacer diario, para ser promotores de la paz que el mundo no tiene y que, por tanto, no puede dar.
Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa... No se trata de un simple saludo, es la paz de Cristo que han de llevar sus discípulos a todos los caminos. Diremos a todos que la verdadera paz “se funda en la justicia, en el sentido de la dignidad inviolable del hombre, en el reconocimiento de una igualdad indeleble y deseable entre los hombres, en el principio básico de la fraternidad humana, es decir, en el respeto y amor debido a cada hombre”14. La paz del mundo comienza en el corazón de cada hombre.
El cristiano que vive de fe es el hombre de paz que contagia serenidad; se está bien a su lado y los demás buscarán su compañía. Pidamos a Nuestra Señora, al terminar este rato de oración, que sepamos acudir con humildad a la fuente de la paz (el Sagrario, la Confesión, la dirección espiritual) si viéramos que el desasosiego, el temor, la tristeza o la inquietud quieren penetrar en nuestro corazón. Regina pacis, ora pro nobis... ora pro me.
1 Is 66, 10-14. — 2 Lc 10, 1-12, 17-20. — 3 F. Suárez, La paz os dejo, Rialp, Madrid l973, p. 47. — 4 Cfr. Jer 6, 14 — 5 Flp 4, 7 — 6 Cfr. Lc 2, 14. — 7 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 102. — 8 Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada de la Paz, 8-XII-1984, n. 1. — 9 A. del Portillo, Homilía a participantes del Año Internacional de la Juventud, 30-III-1985. — 10 Cfr. Juan Pablo II, o. c., n. 3 — 11 F Suárez, o. c., p. 63. — 12 Ef 2, 14. — 13 S. Pinckaers, En busca de la felicidad, Palabra, Madrid 1981, p. 157. — 14 Pablo VI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1971.
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https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-inicia-la-novena-a-nuestra-senora-del-carmen-21585/
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San Fermín. Obispo y mártir. Siglo IV.
Este Santo es
el famoso patrono de las
"Corridas de San Fermín" en España. Su nombre proviene de
"Firmus", el firme, el valeroso.
Nació en Pamplona, España, lo convirtió a la Fé San
Honesto, un
discipulo de San Saturnino, y lo consagro el Obispo de Toulose,
el cual lo
envío a predicar por Francia.
San Fermín construyo un templo en Amiens, y en esa ciudad
convirtió
muchos paganos al cristinanismo. Amiens recibió también el
martirio por
proclamar la fe en Jesucristo.
Predico San Fermín con mucho fruto en las regiones de
Pamplona y Navarra
y logró dejar ahí muchos sacerdotes fervorosos, los cuales
reafirmaron la fe
católica en aquellas tierras. Cuando se fue de allí, la mayoría
de los paganos
de la región se habían vuelto cristianos.
En Francia un gobernador lo puso preso, pero el pueblo invadió
la cárcel y lo
libero.
Más tarde el jefe pagano de Amiens le ordeno que dejara
de predicar la
religión de Cristo. Como Santo no quiso dejar de predicar la
verdadera
religión., entonces el gobernador le mando cortar la cabeza.
Y así obtuvo lo que más quería en toda su vida : derramar
su sangre por
Jesucristo y llegar a ser mártir de nuestra santa religión.
La ciudad de Pamplona celebra su fiesta, cada 7 de julio con
grandes regocijos
populares.
Quiera Dios que nuestros religiosos ni apostoles, no
dejen nunca de
predicar y enseñar, sin cansarse, ni desanimarse, la verdadera
religión de
Jesús. Aunque ello les cueste grandes sacrificios.
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San Ilídio. Obispo de Clermont (Auvergne, Francia).
San Ilídio
fue el cuarto obispo de los
Auvergneses, según san Gregorio de Tours.
Su nombre podría tener como origen el río Allier: el
santo nació en sus
riberas y allí comenzó también su veneración. La vida de san
Ilídio fue escrita
por san Gregorio de Tours siguiendo la tradición de la Iglesia
de Clermont.
San Ilídio asumió su episcopado a continuación del de San
Leogontius,
hacia el año 370. Su reputación de santidad se extendió hasta la
capital de
Trier, en el Mosela.
El emperador (usurpador) Maxime tenía una hija poseída
del demonio,
incurable. Él recurrió al taumaturgo de Auvergne: Ilídio fue
solicitado; éste
llegó, actuó y venció; con simplemente poner un dedo en la boca
de la joven,
ella sintió inmediatamente la curación. El emperador, agradecido
y sorprendido,
le ofreció una gran cantidad de dinero, pero Ilídio la rechazó.
Simplemente
pidió que el acostumbrado tributo de vino y maíz otorgado a la
Iglesia - hasta
entonces pagados en especies - fueran convertidos en dinero
efectivo. Ilídio
regresaba a su casa cuando fue sorprendido por la muerte. Debía
ser el año de
384, puesto que en el Concilio de 385 Clermont ya tenía como
obispo a Népotien.
Dos siglos después de su muerte, la veneración a Ilídio
permanecía tan viva como
desde sus mismos comienzos en Clermont - en tiempos de san
Gregorio de Tours -
quien ya entonces decía: "sus milagros son innumerables, tantos
que no
todos pueden ser registrados ". Muchos de ellos ocurrieron en el
lugar de
la tumba del santo, situada en la cripta de Santa María de los
Santos, la cual
después se convirtió en la Basílica de San Ilídio.
Cuando Gregorio se convierte en obispo le dedica un
oratorio que aún
guarda sus reliquias. Los normandos quemaron la Basílica de San
Ilídio en el
año 865. Fue reedificada en el siglo X y asignada como
monasterio benedictino.
Hacia el año 916, un monje publicó una nueva biografía del
santo, atribuyéndole
aún más milagros.
(Tomado de "Vie des Saints et
des Bienheureux selon l'ordre du calendrier, avec l'historique
des fêtes"
de los Padres Benedictinos de París).
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Beata Sor María Romero, Religiosa Salesiana, que vivió plenamente la misericordia
Martirologio Romano: En la ciudad de León, en Nicaragua, beata María Romero Meneses, virgen del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que en las diversas obras sociales para la formación de las jóvenes, en especial las pobres y abandonadas, trabajó con eficacia, difundiendo la devoción a la Eucaristía y a la Santísima Virgen (1977)
María Romero
Meneses nace en Granada
(Nicaragua) el 13 de enero de 1902, en una familia muy
acomodada, pero de gran
sensibilidad hacia las necesidades de los más pobres, a quienes
socorre regularmente
con generosidad.
Orientada en familia hacia los estudios artísticos, pronto
revela su talento
para la música y la pintura. A los doce años, en el colegio de
las Hijas de
María Auxiliadora, recién llegadas a su ciudad, empieza a
conocer a don Bosco:
congenia inmediatamente con la figura del gran apóstol de la
juventud, en quien
encuentra como la encarnación de los ideales que vibran en su
espíritu, primero
de manera genérica y vaga y luego cada vez más claramente y con
mayor capacidad
de entusiasmarla.
Hace su opción: Hija de María Auxiliadora (1923), y en el nombre
de esta su
Madre y “su Reina” – como ama invocarla – realiza una incansable
actividad
apostólica, dando vida a grandiosas obras sociales,
especialmente en Costa
Rica, a donde es enviada en 1931.
Con viva sensibilidad evangélica y eclesial, conquista para su
misión
apostólica a las jóvenes alumnas que se vuelven “misioneras”
(misioneritas, las
llama Sr. María) en los pueblitos de los alrededores de la
Capital, entre niños
semi abandonados y familias desheredadas. Luego, también
adultos, empresarios
adinerados y renombrados profesionales quedan conquistados por
su devoción
mariana, que obtiene gracias estrepitosas, y se sienten por lo
tanto
comprometidos a colaborar efectivamente a las iniciativas
asistenciales que Sr.
María, bajo la acción del Espíritu, va proyectando continuamente
con la audacia
de la más auténtica fe en la Providencia.
Sr. María sueña para sus pobres siempre nuevas soluciones a las
urgencias
apremiantes: obtiene primero visitas médicas gratuitas, gracias
a la acción
voluntaria de médicos especialistas, y con la colaboración de
industriales del
lugar organiza cursos de formación profesional para jóvenes y
mujeres que en la
pobreza hubieran encontrado una pésima consejera. En esta forma
logra dar vida
en poco tiempo a un ambulatorio múltiple, con varias
especialidades, para
asegurar la asistencia médico-farmacéutica a muchas personas y
familias
privadas de toda garantía social. Al mismo tiempo crea cerca
instalaciones adecuadas
para Ia acogida de los pacientes – a veces familias enteras –
como también
salas para la catequesis y la alfabetización en los momentos de
espera, además
la capilla y un gracioso jardín, y hasta el balcón con los
canarios.
Para las familias sin techo, reducidas con frecuencia a una vida
precaria bajo
los puentes de la periferia, hace construir – siempre con la
ayuda de una
sorprendente Providencia – “verdaderas” casitas, en las cuales
limpidez y
propiedad, junto con los colores de un pequeñísimo jardín,
tienen la función
pedagógica de recuperar personas amargadas, restituir dignidad a
vidas
envilecidas por el abandono, abriendo los corazones a horizontes
de verdad, de
esperanza y de nueva capacidad de inserción social. Surgen así
las ciudadelas
de María Auxiliadora: una obra que continúa todavía, debido al
interés de sus
colaboradores a través de la Asociación de laicos Asayne
(Asociación de Ayuda a
los Necesitados).
En medio del sucederse de obras para organizar, y de una
peculiar actividad
suya como consejera espiritual (cada día horas y horas de
intensos coloquios
privados, las llamadas consultas) encuentra espacio y momentos
de ardientes
elevaciones del espíritu y de una profunda vida mística, que es
en realidad la
fuente de la fuerza interior de donde su apostolado brota y
recibe
extraordinaria eficacia.
Su ideal: amar profundamente a Jesús, “su Rey”, y difundir su
devoción junto a
la de su divina Madre. Su íntima alegría es la posibilidad de
acercar a la
verdad evangélica a los niños, a los pobres, a los que sufren, a
los marginados.
La más ambicionada recompensa a sus sacrificios es la de ver
reflorecer la paz
y la fe en una vida “perdida”.
Haciéndose como el Apóstol, “toda para todos” y olvidándose de
sí para
conquistar cada vez nuevos amigos a su Jesús, se entrega hasta
el último de sus
días: el primero en el que decidió darse un poco de descanso. La
esperaba allí
el descanso eterno, con “su Rey” y “su Reina”. Era el 7 de julio
de 1977.
La fama de su santidad se expresa en el lamento general de sus
asistidos y de
sus colaboradores; y por obra de éstos, en el continuo
reflorecimiento de las
obras fundadas por ella.
Fue beatificada el 14 de abril de 2002 por S.S. Juan Pablo II.
Reproducido con autorización de Vatican.va
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Benedicto Xl (Nicolás Boccasini), Beato CXCIV Papa, Julio 7
CXCIV Papa De nombre Nicolás Boccasini, a los 14 años
ingresó en la orden dominica en Venecia. Destacó por su
inteligencia como maestro. Fue nombrado prior de la
Lombardía y en 1296 el noveno de superior general de la
Orden de Predicadores. Por sus cualidades estuvo
encargado de una delicada misión diplomática en Flandes,
donde obtuvo éxito y a continuación el Papa le nombró
cardenal en 1298. Fue obispo de Ostia. En la
controversia con el rey Felipe el Hermoso de Francia, es
uno de los cardenales que permaneció fiel a Bonifacio
VIII, con quien se refugió en el castillo de Anagni,
siendo hecho prisionero y forzado sin éxito a abdicar. A
la muerte de Bonifacio VIII, fue elegido Papa en 1303. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Antonino Fantosati, Santo Obispo y Mártir, Julio 7
Nació en Santa Maria in Valle en Trevi,
provincia de Perusa, el 16 de octubre de 1842. |
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Fuente:
Franciscanos.net
José María Gambaro, Santo Presbítero y Mártir, 7 de julio
Presbitero Franciscano y Mártir Martirologio Romano: Cerca de la ciudad de Heu-Chow-Fou, en
la provincia de Hunan, en China, santos Antonino
Fantosati, obispo, y José María Gambaro, presbítero de
la Orden de los Menores, que durante la persecución
promovida por el movimiento de los Yihetuan, al
acercarse a la costa para prestar ayuda a los fieles
cristianos, fueron lapidados (1900).
Nació en Galliate, provincia de Novara, el
7 de agosto de 1869. A los trece años entró en el
colegio seráfico y el 20 de septiembre de 1886 recibió
el hábito religioso de los Hermanos Menores con el
nombre de José María. |
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Pedro To Rot, Beato Mártir, Julio 7
Primer Beato de Papua Nueva Guinea Angel To Puia, jefe respetado y rico, vivía
con su esposa, María Ja Tumul, una mujer honrada y
silenciosa, en la aldea de Rakunai, en el extremo
nororiental de Nueva Bretaña (hoy Papua Nueva Guinea).
Hombre de gran influencia entre los suyos, la tribu
Gunantuna, era considerado como padre y protector, cuyo
consejo se buscaba y cuyas opiniones contaban en orden a
la vida de la comunidad. Fuentes de Información: |
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Fuente:
Vatican.va
Carlos Liviero, Beato Obispo y Fundador, 7 de juliio
Fundador de la Congregación Nació en Vicenza (Italia) el 29 de mayo de
1866; era el mayor de cuatro hijos. Fue ordenado
sacerdote el 20 de noviembre de 1888. Desde 1889
desempeñó su ministerio en Gallio, provincia de Vicenza
y diócesis de Padua. Allí manifestó desde el inicio el
celo pastoral que lo caracterizaría durante toda su
vida. Veía las necesidades espirituales y materiales de
sus fieles y se dedicaba sin descanso a la
evangelización y a la promoción humana. Se entregó con
pasión a la predicación, a la catequesis y a la
administración de los sacramentos. |
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Fuente:
Santiebeati.it
Oddino Barotti, Beato Presbítero, 7 de Julio
Presbítero Martirologio Romano: En Fossano, en el Piamonte, beato Oddino Barotti, presbítero, párroco pobre y de conducta austera, que consumió su vida entregándose día y noche al cuidado de enfermos y moribundos durante una peste contagiosa (1400).
Más que 650 años nos separan de él, pero
quizás todavía tendría algo que decir a sus
conciudadanos, sacerdotes y laicos, por el heroísmo de
una fe integralmente sentida y concretada en obras de
caridad. Hunde sus raíces en la parte más antigua de
Fossano (provincia de Cuneo, Italia), dónde, en calle
Garibaldi, se indica todavía la casa en que habría visto
la luz, en el año 1344. |
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Fuente:
Santiebeati.it
Willibaldo, Santo Obispo, 7 de julio
Obispo Martirologio Romano: En Dryopolis (hoy Eichstätt), en Franconia, san Willibaldo, obispo, el cual, habiendo abrazado la vida monástica, recorrió como peregrino muchos santuarios y lugares santos con el fin de establecer en ellos la vida monástica, hasta que san Bonifacio le ordenó obispo de esta sede e hizo de él un valioso colaborador suyo en la evangelización de Germania, convirtiendo a Cristo muchos pueblos (787).
Es a este caminante inglés que Montecassino
debe su renacimiento espiritual, después de la
destrucción encabezada por el longobardo Zottone en los
años 580-81. Su familia lo puso en la escuela de los
monjes de Waltham, dónde luego Villibaldo decide hacerse
monje. Pero antes de hacer sus votos definitivos sale de
de su celda y de Inglaterra: se va a Tierra Santa con un
grupo de peregrinos, entre los que están su padre (que
morirá en Lucca) y su hermano Vinnibaldo. Permanece dos
años en Roma, luego continua sin su hermano su viaje
hacia Palestina, territorio que en aquel entonces estaba
bajo dominio árabe. Los peregrinos cristianos eran
generalmente bien acogidos, sin embargo, por tensiones
políticas con el imperio de oriente, Villibaldo y los
suyos caen en prisión: los consideran espías. Pero en
cuanto se re-establece la paz son liberado, regresando a
Roma en el 729, habían pasado siete años desde que su
partida. |
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J†A
JMJ
Pax
¿Quién es mi prójimo?
†Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo
a prueba, y le
preguntó:
"Maestro, qué debo hacer para conseguir la vida eterna?"
Jesús le dijo:
"Qué es lo que está escrito en la ley?, ¿qué lees en ella?"
El doctor de la ley contestó:
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
con todas
tus fuerzas y con todo tu ser. Y a tu prójimo como a ti mismo".
Jesús le
dijo:
"Has contestado bien. Si haces eso vivirás".
El doctor de la ley, para justificarse, preguntó a Jesús:
"Y ¿quién es mi prójimo?"
Jesús dijo:
"Un hombre bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en
manos de
unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron
medio muerto.
Coincidió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, y, al
verlo, dio un
rodeo y pasó de largo. Lo mismo hizo un levita que pasó por
allí: lo vio y
siguió adelante. Pero un samaritano, que iba de viaje, al verlo,
se compadeció
de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se
las vendó; luego
lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.
Al día siguiente
sacó unas monedas, se las dio al dueño del mesón y le dijo:
"Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso".
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que
fue asaltado
por los ladrones?"
El doctor de la ley le respondió:
"El que tuvo compasión de él".
Entonces Jesús le dijo:
"Anda y haz tú lo mismo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
15o. Dom Ord Ciclo C
Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu
Evangelio para que
vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos
cristianos
imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de
él.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Los mandamientos están muy a tu alcance; cúmplelos
Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14
En
aquellos días, habló Moisés al pueblo
y le dijo:
"Escucha la voz del Señor tu Dios, que te manda guardar sus
mandamientos y
disposiciones escritos en el libro de esta ley; y conviértete
al Señor tu Dios
con todo tu corazón y con toda tu alma.
Estos mandamientos que te doy no son superiores a tu fuerza ni
están fuera de
tu alcance; no están en el cielo, de modo que pudieras decir:
"¿Quién
subirá por nosotros al cielo para que nos los traiga, los
escuchemos y podamos
cumplirlos?"; ni tampoco están al otro lado del mar, de modo
que pudieras
objetar: "¿Quién cruzará el mar por nosotros para que nos los
traiga, los
escuchemos y podamos cumplirlos?"
Por el contrario, todos mis mandamientos están muy a tu
alcance: en tu boca y
en tu corazón, para que puedas cumplirlos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 68
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
A ti,
Señor, elevo mi plegaria, ven en
mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel
en el socorro.
Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí
tus ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Mírame
enfermo y afligido; defiéndeme y
ayúdame, Dios mío. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré
tu gloria,
agradecido.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Se
alegrarán al verlo los que sufren;
quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás
desoye al pobre
ni olvida al que se encuentra encadenado.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Ciertamente
el Señor salvará a Sión,
reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de sus siervos,
quienes aman a Dios
la habitarán.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Todo fue creado por medio de él y para él
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 15-20
Hermanos:
Cristo es la imagen de Dios
invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él
tienen su fundamento
todas las cosas creadas: del cielo y de la tierra, visibles e
invisibles, sin
excluir tronos, dominaciones, principados y potestades.
Todo fue creado por medio de él y para él.
El existe antes que todas las cosas, y todas tienen su
consistencia en él. El
es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el
principio, el
primogénito de entre las muertos, para que sea el primero en
todo.
Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por
Él quiso
reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y de la
tierra, y darles la
paz por medio de su sangre derramada en la cruz.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras
de vida
eterna.
Aleluya.
¿Quién es mi prójimo?
†Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se presentó ante Jesús
un doctor de la ley para ponerlo a prueba, y le preguntó:
"Maestro, qué debo hacer para conseguir la vida eterna?"
Jesús le dijo:
"Qué es lo que está escrito en la ley?, ¿qué lees en ella?"
El doctor de la ley contestó:
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma, con todas
tus fuerzas y con todo tu ser. Y a tu prójimo como a ti
mismo". Jesús le
dijo:
"Has contestado bien. Si haces eso vivirás".
El doctor de la ley, para justificarse, preguntó a Jesús:
"Y ¿quién es mi prójimo?"
Jesús dijo:
"Un hombre bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en
manos de
unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron
medio muerto.
Coincidió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, y, al
verlo, dio un
rodeo y pasó de largo. Lo mismo hizo un levita que pasó por
allí: lo vio y
siguió adelante. Pero un samaritano, que iba de viaje, al
verlo, se compadeció
de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se
las vendó; luego
lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de
él. Al día
siguiente sacó unas monedas, se las dio al dueño del mesón y
le dijo:
"Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi
regreso".
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del
que fue asaltado
por los ladrones?"
El doctor de la ley le respondió:
"El que tuvo compasión de él".
Entonces Jesús le dijo:
"Anda y haz tú lo mismo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Que nuestras oraciones
lleguen, hermanos y hermanas, a la presencia del Señor, y que
nuestros ruegos
sean escuchados por aquel que escruta el corazón de todos:
Responderemos: Escúchanos, Señor.
Pidamos la
sabiduría del Hijo de Dios
para los que proclaman con fidelidad la palabra divina, y para
todos los ministros
que sirven a la Iglesia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
Israel, el pueblo de la antigua
alianza, por los cristianos separados de la Iglesia católica y
apostólica y por
los que no conocen al Dios verdadero, invoquemos al Señor,
dueño de toda
verdad.
Escúchanos, Señor.
Por los
que viven lejos de su casa, por
los encarcelados, por los débiles y oprimidos, y por los
justos que sufren
persecución, oremos a Jesús, el Salvador.
Escúchanos, Señor.
Invoquemos
con fe y devoción al Señor de
la gloria por la paz y felicidad de los que ahora estamos
aquí, huéspedes en la
casa del Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios misericordioso y
omnipotente, que has querido resumir todos los preceptos de tu
ley en el
mandamiento del amor, escucha nuestras oraciones y danos un
corazón solícito y
generoso hacia los sufrimientos de nuestros hermanos, a imagen
de tu Hijo, el
buen samaritano del mundo, que vive y reina por los siglos de
los siglos.
Amén.
Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante, y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Nuestra salvación por el Hijo de Dios hecho hombre
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque manifestaste admirablemente tu poder, no sólo al
socorrer nuestra débil
naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino prever el
remedio en la misma
debilidad humana, y así de lo que fue causa de nuestra ruina
hiciste el
principio de nuestra salvación, por Cristo, nuestro Señor.
Por él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno, y nosotros nos unimos
a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
Oremos:
Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido,
nos ayude a
amarte más y a servirte mejor cada día.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo
Quinto Domingo
ciclo c
EL BUEN SAMARITANO
— Nuestro prójimo es quien está cerca de nosotros y necesita ayuda. Acercarle a la fe, la primera muestra de caridad.
— Pecados de omisión en la caridad. Jesús, objeto de nuestra caridad.
— Caridad práctica y eficaz. Lo nuestro debe pasar a segundo término ante las necesidades de los demás.
I. Amarás... al prójimo como a ti mismo. El doctor de la ley respondió acertadamente. Jesús lo confirma: Has respondido bien: haz esto y vivirás. Lo narra el Evangelio de la Misa de hoy1.
Este precepto ya existía en la ley judía, e incluso estaba especificado en detalles concretos y prácticos. Por ejemplo, leemos en el Levítico: Cuando hagáis la recolección de vuestra tierra, no segarás hasta el límite externo de tu campo, ni recogerás las espigas caídas, ni harás el rebusco de tus viñas y olivares, ni recogerás la fruta caída de los frutales; lo dejarás para el pobre y el extranjero2. Y, después de especificar otras muestras de misericordia, dice el Libro Sagrado: No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo3.
Es un lejano anticipo de lo que será el mandamiento del Señor. Pero existía la incertidumbre sobre el término “prójimo”. No se sabía a ciencia cierta si se refería a los del propio clan familiar, a los amigos, a quienes pertenecían al pueblo de Dios... Había diversas respuestas. Por eso, el doctor de la ley le pregunta al Señor: ¿y quién es mi prójimo?, ¿con quién debo tener esas muestras de amor y de misericordia?
Jesús responderá con una bellísima parábola, que recogió San Lucas: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándole medio muerto4. Este es mi prójimo: un hombre, un hombre cualquiera, alguien que tiene necesidad de mí. No hace el Señor ninguna especificación de raza, amistad o parentesco. Nuestro prójimo es cualquiera que esté cerca de nosotros y tenga necesidad de ayuda. Nada se dice de su país, ni de su cultura, ni de su condición social: homo quidam, un hombre cualquiera.
En el camino de nuestra vida vamos a encontrar gente herida, despojada y medio muerta, del alma y del cuerpo. La preocupación por ayudar a otros, si estamos unidos al Señor, nos sacará de nuestro camino rutinario, de todo egoísmo, y nos ensanchará el corazón guardándonos de caer en la mezquindad. Encontraremos a gentes doloridas por falta de comprensión y de cariño, o que carecen de los medios materiales más indispensables; heridas por haber sufrido humillaciones que van contra la dignidad humana; despojadas, quizá, de los derechos más elementales: situaciones de miseria que claman al Cielo. El cristiano nunca puede pasar de largo, como hicieron algunos personajes de la parábola.
También encontraremos cada día a ese hombre al que han dejado medio muerto porque no le enseñaron las verdades más elementales de la fe, o se las han arrebatado mediante el mal ejemplo, o a través de los grandes medios modernos de comunicación al servicio del mal. No podemos olvidar en ningún momento que el bien supremo del hombre es la fe, que está por encima de todos los demás bienes materiales y humanos. “Habrá ocasiones en que, antes de predicar la fe, haya que acercarse al herido que está al borde del camino, para curar sus heridas. Ciertamente. Pero sin excluir nunca de nuestra preocupación de cristianos la comunicación de la fe, la educación de la misma y la propagación del sentido cristiano de la vida”5. Y procuraremos dar, junto a los bienes de la fe, todos los demás: los de la cultura, la educación, la formación del carácter, el sentido del trabajo, la honradez en las relaciones humanas, la moralidad en las costumbres, el anhelo de justicia social, expresiones vivas y concretas de una caridad rectamente entendida.
Un cristiano no puede desentenderse del bienestar humano y social de tanta gente necesitada, “pero no podemos dejar en un segundo plano, nunca jamás, esa otra preocupación por iluminar las conciencias en el orden de la fe y de la vida religiosa”6.
II. Y continúa la parábola: Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote, y viéndole pasó de largo. Asimismo, un levita, pasando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo.
Él nos habla aquí de los pecados de omisión. Los que pasaron de largo no hicieron un nuevo daño al hombre malherido y abandonado, como terminar de quitarle lo que le quedaba, insultarle, etc. Iban a lo suyo –quizá cosas importantes– y no quisieron complicaciones. Dieron más importancia a sus asuntos que al hombre necesitado. Su pecado fue ese: pasaron de largo.
Sin embargo, aquel servicio que no prestaron habría merecido del Señor estas palabras: una buena obra ha hecho conmigo7, porque todo lo que hacemos por otros, por Dios lo hacemos. Cristo nos esperaba en esa persona necesitada. Él estaba allí. “No te digo: arréglame mi vida y sácame de la miseria, entrégame tus bienes aun cuando yo me vea pobre por tu amor. Solo te imploro pan y vestido, y un poco de alivio para mi hambre. Estoy preso. No te ruego que me libres. Solo quiero que, por tu propio bien, me hagas una visita. Con eso me bastará y por eso te regalaré el Cielo. Yo te libré a ti de una prisión mil veces más dura. Pero me contento con que me vengas a ver de cuando en cuando.
“Pudiera, es verdad, darte tu corona sin nada de esto, pero quiero estarte agradecido y que vengas después a recibir tu premio confiadamente. Por eso, yo, que puedo alimentarme por mí mismo, prefiero dar vueltas a tu alrededor, pidiendo, y extender mi mano a tu puerta. Mi amor llegó a tanto, que quiero que tú me alimentes. Por eso profiero, como amigo, tu mesa; de eso me glorío y te muestro ante todo el mundo como mi bienhechor”8.
Este es el secreto para estar por encima de diferencias de raza, cultura o, simplemente, de edad o de carácter: comprender que Jesús es el objeto de nuestra caridad. En los demás, le vemos a Él: “con razón puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos”9.
III. Continúa el Evangelio: Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él, y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta.
El samaritano, a pesar del gran distanciamiento que había entre judíos y samaritanos, enseguida se dio cuenta de la desgracia, y se movió a compasión. Hay quienes están cegados para lo que pueda resultarles enojoso, y hay quienes intuyen con prontitud una pena en el corazón del prójimo. Es necesario, en primer lugar, querer ver la desgracia ajena, no ir tan deprisa en la vida que justifiquemos con facilidad el pasar de largo ante la necesidad y el sufrimiento.
La compasión del samaritano no es puramente teórica, ineficaz. Por el contrario, pone los medios para prestar una ayuda concreta y práctica. Lo que lleva a cabo este viajero no es, quizá, un acto heroico, pero sí hace lo necesario. En primer lugar se acercó; es lo primero que debemos hacer ante la desgracia o la necesidad: acercarnos, no verla de lejos. Luego, el samaritano tuvo las atenciones que la situación requería: cuidó de él. La caridad que nos pide el Señor se demuestra en las obras. Se manifiesta llevando a cabo lo que se deba hacer en cada caso concreto.
Dios nos pone al prójimo, con sus necesidades concretas, en el camino de la vida. El amor hace lo que la hora y el momento exigen. No siempre son actos heroicos, difíciles; con frecuencia son cosas sencillas, pequeñas muchas veces, “pues esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria”10: en prestar un pequeño servicio, en dar un poco de aliento a quien esa mañana hemos encontrado más desalentado, en una palabra amable en la que mostramos nuestro aprecio, en una sonrisa, en indicar con amabilidad la dirección de una calle que nos han pedido, en escuchar con interés...
Los quehaceres de este buen samaritano pasaron por unos momentos a segundo término, y sus urgencias también; empleó su tiempo, sin regateos, en auxiliar a quien lo necesitaba. Y no solo nuestro tiempo, también nuestras aficiones personales, nuestros gustos –no digamos ya nuestros caprichos– deben ceder ante las necesidades de los demás.
Jesús concluye la lección con una palabra cordial dirigida al doctor: Ve, le dice, y haz tú lo mismo. Sé el prójimo inteligente, activo y compasivo con todo el que te necesita. Son palabras que nos dirige también a nosotros al acabar esta meditación, y para poder vivirlas acudimos a la Santísima Virgen: “No existe corazón más humano que el de una criatura que rebosa sentido sobrenatural. Piensa en Santa María, la llena de gracia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: en su Corazón cabe la humanidad entera sin diferencias ni discriminaciones. Cada uno es su hijo, su hija”11.
1 Cfr. Lc 10, 27. — 2 Lev 19, 9-10. — 3 Lev 19, 18. — 4 Lc 10, 25-37. — 5 Card. M. González Martín, Libres en la caridad, Balmes, Barcelona 1970, p. 58. — 6 Ibídem, p. 59. — 7 Mc 14, 6. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilía 15 sobre la Epístola a los Romanos. — 9 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 88. — 10 Ibídem, 38. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 801.
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Francisco Solano, Santo Presbítero Franciscano, 14 de julio
Presbítero Franciscano Martirologio Romano: En Lima, capital del Perú, san
Francisco Solano, presbítero de la Orden de los
Hermanos Menores, que para salvar almas recorrió en
todas las direcciones América Meridional, enseñando
con palabras y con milagros a los indios y a los
mismos colonizadores españoles la novedad de la vida
cristiana (1610). |
|
Antiguamente se recordaba a San Francisco
Solano el 18 de abril, el Martirologio Romano actual
lo festeja el 14 de julio _______________________________ Francisco Solano, llamado "el Taumaturgo
del nuevo mundo", por la cantidad de prodigios y
milagros que obtuvo en Sudamérica, nació en 1549, en
Montilla, Andalucía, España. texto publicado en EWTN |
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Beata Kateri Tekakwitha "Lirio de los Mohawks" |
Patrona del medio
ambiente y de la ecología. La beata Kateri Tekakwitha aún no ha
sido
canonizada.
Kateri nació
en un pueblo cerca de
Auriesville, Nueva York en el año 1656 y era hija de un luchador
de la tribu
Mohawk. Ella tenía cuatro años cuando su madre murió de rubéola.
Esta
enfermedad también atacó a Kateri y desfiguró su rostro. Luego
de este evento
que marcó toda su vida Kateri fue adoptada por sus dos tías y su
tío.
Kateri se convirtió al catolicismo durante su
adolescencia. Ella fue bautizada
a los veinte años y esto ocasionó una gran hostilidad hacia ella
por parte de
su tribu. Aunque tuvo que sufrir grandemente por su fe, ella se
mantuvo firme
en sus creencias.
Después de un tiempo Kateri se fue a una nueva colonia
indígena en Canadá.
Allí, ella vivió una vida dedicada a la oración, a la penitencia
y al cuidado
de los enfermos y ancianos. Cada mañana, aun durante los
inviernos más fuertes,
ella se instalaba frente a la puerta de la capilla hasta que la
abriesen, a las
cuatro de la mañana, y se mantenía ahí hasta la ultima misa del
día.
Kateri era muy devota a la Eucaristía y a Jesús
Crucificado. Murió el 7
de Abril de 1680 a la edad de 24 años y es conocida como la Flor
de Pascua de
los Mohawks. A la devoción de Kateri se le atribuye el
establecimiento de
ministerios para las tribus indígenas en las Iglesias católicas
de los Estados
Unidos. Kateri fue declarada venerable por la Iglesia Católica
en 1943 y fue
beatificada en 1980.
Actualmente se está trabajando en el proceso para su
canonización. Miles
de personas han visitado sus santuarios, erguidos en San
Francisco Javier y en
Caughnawage, lugar natal en Auriesville, Nueva York. Hoy en día
siguen habiendo
grandes peregrinaciones a estos lugares históricos y de gran
importancia
espiritual.
La beata Kateri Tekakwitha es la primera Indígena
Americana declarada
beata. Su festividad se celebra el 14 de julio. Ella es
considerada patrona de
la naturaleza y de la ecología así como San Francisco de Asís.
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Fuente: ACIprensa.com
Camilo de Lelis, Santo Fundador, 14 de julio
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Fundador de la Comunidad Siervos de los Enfermos Martirologio Romano: San Camilo de Lelis, presbítero, que
nació cerca de Teano, en el Abruzo, y en su juventud
siguió la carrera militar, dejándose arrastrar por los
vicios propios de una juventud alegre y despreocupada,
pero convertido de su mala vida, se entregó al cuidado
de los enfermos incurables hospitalizados, a los que
servía como al mismo Cristo. Ordenado sacerdote, puso
en Roma los fundamentos de la Congregación de los
Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos. (1614)
Nació en Abruzos (Italia) en 1550. Siguió
la carrera militar, igual que su padre. Le apareció una
llaga en un pie, que lo hizo dejar la carrera de las
armas e irse al Hospital de Santiago en Roma para que lo
curaran. En el hospital de Roma se dedicó a ayudar y
atender a otros enfermos, mientras buscaba su propia
curación. Pero en esa época adquirió el vicio del juego
. Fue expulsado del hospital y en Nápoles perdió todos
los ahorros de su vida en el juego, quedando en la
miseria.
y fue despedido. Se fue al hospital y se
curó, y logró que lo admitieran como aspirante a
capuchino. Pero en el noviciado apareció de nuevo la
llaga y tuvo que irse de allí también. De nuevo en el
hospital de Santiago, se dedicó a atender a los demás
enfermos, por lo que fue nombrado asistente general del
hospital. |
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Fuente: Franciscanos.net
Angelina de Marsciano, Beata Fundadora, 14 de julio
Viuda, religiosa de la Tercera Orden Martirologio Romano: En Foligno, de la Umbría, beata Angelina de Marsciano, que al quedar viuda se entregó durante cincuenta años a servir a Dios y al prójimo, e inició la Congregación de las Terciarias Franciscanas, las cuales, viviendo en un monasterio, se dedican a la formación de las jóvenes (1435).
Fundadora de las Hermanas Terciarias
Franciscanas Regulares. |
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Fuente: Mercaba.org
Gaspar de Bono, Beato Sacerdote, 14 de julio
Pesbítero Martirologio Romano: En Valencia, ciudad de España, beato Gaspar de Bono, presbítero de la Orden de los Mínimos, que abandonó las armas de un príncipe terreno para militar a las órdenes de Cristo Rey y rigió la provincia hispana de dicha Orden con celo, prudencia y caridad (1604).
Fueron sus padres modestos artesanos: Juan,
francés, e Isabel, de la villa de Cervera, en el antiguo
reino valenciano, en cuya capital se establecieron como
tejedores de lino. El Señor bendijo este matrimonio
ejemplar dándoles cuatro hijos: Isabel, Gaspar, Juan y
Mateo. |
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Ghebre Miguel, Beato Presbítero y Mártir, 14 de julio
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Cerecca-Ghebaba, pueblo de Etiopía,
beato Ghebre Miguel, esto es, “Siervo Miguel”,
presbítero de la Congregación de la Misión y mártir,
que buscó siempre en sus estudios y en la oración la
verdadera fe. Habiendo abrazado el dogma de la
verdadera Iglesia, sufrió por ello primero cárceles, y
después, custodiado por soldados y cargados sus pies
con cadenas, fue obligado a caminar durante trece
meses, hasta que, agotado por los azotes recibidos,
falleció consumido por la sed y el hambre (1855).
De origen etíope, nace en una aldea de
Goyam hacia el año 1788. Educado dentro de la teología
copta, dedica varios años de la juventud a la
investigación de la verdad; es un apasionado del estudio
y de la contemplación, medios que él elige para llegar
al conocimiento del verdadero Dios. Cuando contaba ya
con cincuenta y tres años, la Providencia puso a su lado
el ejemplo, la ayuda y la abnegación de Justino de
Jacobis, a quien profesará profunda veneración. fuentes: SANTOPEDIA |
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Ricardo Langhorne, Beato
Mártir Laico, 14 de julio
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Ricardo Langhorne, Beato |
Martirologio Romano: En
Londres, en Inglaterra,
beato Ricardo Langhorne, mártir, insigne jurista, que acusado
de traición,
siendo rey Carlos II, fue condenado a la pena capital y
entregó su alma a Dios
en el patíbulo de Tyburn (1679).
Etimológicamente: Ricardo = Aquel que es un caudillo
o líder, es de
origen germánico.
Mártir inglés, nacido
aproximadamente en 1635, murió
en Tyburn, el 14 julio de 1679. Era el tercer hijo de William
Langhorne y
Leticia Needham. Fue admitido en el Inner Temple (uno de los
cuatro colegios
profesionales de abogados de Inglaterra y Gales) en noviembre de
1646, y fue
llamado a la barra en 1654. Se casó con una dama protestante,
Dorotea, hija de
Thomas Legatt de Havering, y vivían en Shire Lane, muy cerca de
su lugar de
trabajo.
Fue arrestado el 15 junio de 1667, durante las investigaciones
del gran
incendio. Fue arrestado nuevamente el 7 de octubre de 1678, esta
vez acusado de
ser parte de una conspiración papista, y sin ningún trámite
judicial fue
enviado a Newgate, encerrado en solitario durante 8 meses, el 14
de junio de
1679 fue llevado a juicio bajo la imputación de haber conspirado
con personas
desconocidas contra el rey y el gobierno inglés. Condenado a
muerte como
culpable de alta traición, le ofrecieron la libertad si
confesaba ser parte de
la supuesta confabulación y declaraba en contra de alguno de los
falsos
conspiradores. Insistió que desconocía de cualquier
conspiración, y fue llevado
al patíbulo.
Sus últimas palabras al verdugo fueron: "Estoy deseoso de estar
con mi
Jesús. Estoy listo y usted necesita estar más cerca de mi”.
La mujer del mártir, Dorotea Legatt, a pesar de ser una
protestante militante
que incluso había algunas veces dado informes contra los
católicos, estuvo
siempre fiel a su marido hasta el final, y posiblemente se haya
convertido al
Catolicismo, según deja entrever una nota de Burnet en su
Memorándum sobre la
conspiración papista.
Su causa de beatificación fue iniciada el 9 de diciembre de
1886, por solicitud
del Papa León XIII, y finalizo el 15 de diciembre de 1929 en el
pontificado de
Pío XI, cuando su nombre fue inscrito en el catálogo de los
beatos.
fuentes:
santiebeati.it
The
Catholic Encyclopedia
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Hroznata, Beato Mártir, 14 de julio
Martirologio Romano: En Stáry Kynsperk, lugar cercano a la
ciudad de Egres, en Bohemia, República Checa, beato
Hroznata, mártir, que, fallecidos su esposa y su hijo,
dejó el palacio ducal e ingresó en el monasterio
premostratense de Tepla, y por defender los derechos
de este monasterio, fue hecho prisionero por unos
malhechores, que lo dejaron morir de hambre (1217).
Hroznata provenía de una importante familia
noble checa que poseía los ricos dominios en Bohemia
Occidental. Nació muerto. Su desesperada madre llorando
pidió a los cielos para que su hijo viviera, Dios
atendió sus enfervorizados ruegos. En su infancia, dos
veces más fue salvado de la muerte por milagro. |
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J†A
JMJ
Pax
Marta lo recibió en su casa. María escogió la mejor parte
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo entró Jesús en un poblado, y una mujer llamada Marta lo
recibió en su
casa.
Ella tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los
pies de Jesús y se
puso a escuchar su palabra. Entre tanto, Marta se afanaba en
diversos
quehaceres; hasta que se paró y dijo:
"Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con
todo el quehacer?
Dile que me ayude".
El Señor le respondió:
"Marta, Marta: muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo
así que
una sola es necesaria.
María escogió la mejor parte y nadie se la quitará".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
16o. Dom Ord Ciclo C
Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofrezco de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, míranos con amor y multiplica en nosotros los dones de
tu gracia, para
que llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre
fieles en el
cumplimiento de tus mandatos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Señor, no pases junto a mí sin detenerte
Lectura del libro de Génesis 18, 1-10a.
Un día, el
Señor se le apareció a
Abrahán en el encinar de Mambré, mientras él estaba sentado en
la entrada de su
tienda a la hora del calor más fuerte. Levantando la vista,
vio de pronto a
tres hombres que estaban de pie ante él. Al verlos, se dirigió
a ellos
rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en
tierra, dijo:
"Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no
pases junto a
mí sin detenerte.
Haré que traigan agua para que se laven los pies y descansen a
la sombra de
estos árboles; traeré pan para que recobren fuerzas y después
continuarán su
camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su siervo".
Ellos le contestaron:
"Está bien, haz lo que dices".
Abrahán entró rápidamente en la tienda donde estaba Sara y le
dijo:
"Date prisa, toma tres medidas de harina, amásalas y cuece
unos
panes".
Mientras, Abrahán fue corriendo al establo, escogió un ternero
y se lo dio a un
criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el ternero
estuvo asado, tomó
requesón y leche y lo sirvió a los forasteros. El permaneció
de pie bajo el
árbol, mientras ellos comían. Después le preguntaron:
"¿Dónde está Sara, tu mujer?"
El respondió:
"Ahí, en la tienda".
Uno de ellos le dijo:
"Dentro de un año volveré sin falta a visitarte por estas
fechas; para
entonces, tu mujer Sara habrá tenido un hijo".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 14
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien
procede honradamente y obra con
justicia, quien es sincero en sus palabras y con su lengua a
nadie desprestigia.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien no
hace mal al prójimo ni difama
al vecino; quien no ve con aprecio a los malvados y honra a
quienes temen al
Altísimo.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien no
presta con usura y quien no
acepta soborno en perjuicio de inocentes. Quienes vivan así,
serán gratos a
Dios eternamente.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Un designio secreto que Dios ha mantenido oculto y que ahora la revelado a su pueblo santo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28
Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por ustedes: así completo
lo que falta a la
pasión de Cristo en mí, por el bien de su cuerpo, que es la
Iglesia.
Por disposición de Dios, he sido constituido ministro de la
Iglesia para
predicarles por entero su mensaje: el designio secreto que
Dios ha mantenido
oculto desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a
su pueblo santo.
Dios ha querido dar a conocer a los suyos la gloria y riqueza
que este designio
encierra para los paganos; es decir, que Cristo vive en
ustedes y es la
esperanza de la gloria. Nosotros predicamos a ese Cristo;
corregimos a todos,
los instruimos con todos los recursos de la sabiduría, a fin
de que todos sean cristianos
perfectos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón
bueno y sincero, y
perseveran hasta dar fruto.
Aleluya.
Marta lo recibió en su casa. María escogió la mejor parte
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo entró Jesús en un
poblado, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ella tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los
pies de Jesús y se
puso a escuchar su palabra. Entre tanto, Marta se afanaba en
diversos
quehaceres; hasta que se paró y dijo:
"Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con
todo el
quehacer? Dile que me ayude".
El Señor le respondió:
"Marta, Marta: muchas cosas te preocupan y te inquietan,
siendo así que
una sola es necesaria.
María escogió la mejor parte y nadie se la quitará".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos hermanas,
al Dios de misericordia que auxilie nuestra pequeñez, para que
podamos invocar
su nombre con los sentimientos que él desea:
Responderemos: Escúchanos, Señor.
Por la paz
y concordia de las Iglesias,
por la unión de todos los cristianos y por la salvación de
nuestras almas,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los
responsables de las naciones,
para que bajo su gobierno tengamos una vida feliz y pacífica,
roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los
que están lejos de casa, por los
enfermos y encarcelados y por todos los que sufren, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
nuestra comunidad reunida en la fe,
la piedad y el temor de Dios, por los que hacen el bien a
nuestras parroquias y
por los que ayudan a los pobres, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante: Dios de bondad, Padre Santo, escucha nuestras oraciones y danos un corazón humilde y sencillo que escuche la palabra de tu Hijo y lo acoja en la persona de nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste a término y perfección los sacrificios de la antigua alianza, acepta y bendice estos dones como aceptaste y bendijiste los de Abel, para que lo que cada uno te ofrece sea de provecho para la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Historia de la salvación en Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.
Porque naciendo, restauró´nuestra naturaleza caída: con su
muerte destruyó
nuestros pecados; al resucitar nos dio nueva vida; y
ascendiendo hasta ti,
Padre, nos abrió las puertas del Reino de los cielos.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría.
Miren que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor: si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
EL TRABAJO DE MARTA
— En Betania recibían y atendían bien al Señor. Amistad con Jesús.
— Trabajar sabiendo que el Señor está junto a nosotros. Presencia de Dios en el trabajo.
— Trabajo y oración.
I. Señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases de largo junto a tu siervo; traeré un poco de agua, y lavaréis vuestros pies, y reposaréis debajo del árbol; después seguiréis adelante, pues habéis pasado junto a vuestro siervo1. Son las palabras que Abrahán dirigió a Yahvé cuando se le apareció, como peregrino, en el encinar de Mambré, a la hora del calor. Abrahán le dio de comer y le dispensó una buena acogida. Nunca olvidó Dios estas muestras de hospitalidad de Abrahán.
El Evangelio de la Misa narra la llegada de Jesús con sus discípulos a casa de unos amigos en Betania2: Marta, María y Lázaro. Por este lloró un día el Señor3 al enterarse de su muerte, y luego lo resucitó. Jesús va de paso hacia Jerusalén y se detiene en Betania, que está a unos tres kilómetros antes de llegar a la ciudad. En casa de aquellos hermanos, a quienes Jesús ama entrañablemente, recaló con sus discípulos para descansar después de una larga jornada; allí, entre aquellos amigos, se encuentra el Señor a gusto. Le tratan bien, y siempre es recibido con alegría y afecto. Así hemos de tratar y de acoger nosotros a Jesús, que está en el Sagrario de las iglesias. No tenemos otro amigo mejor ni más fiel. No existe persona alguna a la que debamos tratar con mayor delicadeza y confianza.
En este clima de amistad, las hermanas se desenvuelven con naturalidad y sencillez, y muestran actitudes diversas. Marta andaba afanada con los múltiples quehaceres de la casa; parece la mayor (San Lucas dice: una mujer llamada Marta le recibió en su casa), y es la que se ocupa con todo esmero de atender al Señor y a los que le acompañan; el trabajo debía de ser abundante. Atender a un grupo tan numeroso, sobre todo si se presentaron de improviso, no era tarea fácil. Y Marta deseaba hacer un recibimiento adecuado al Señor, y se ocupaba con eficacia en preparar lo conveniente. Sabemos que, en un momento determinado, pierde la paz y se agobia, porque le falta la inicial rectitud de intención. María, en cambio, estaba sentada a los pies del Señor escuchando su palabra, desentendida de los preparativos de la comida. “Marta, en su empeño por prepararle al Señor de comer, andaba ocupada en multitud de quehaceres. María, su hermana, prefirió que le diese de comer a ella el Señor. Se olvidó de su hermana y se sentó a los pies del Señor, donde, sin hacer nada, escuchaba su palabra”4. Nosotros, con la ayuda de la gracia, tenemos que aprender la armonía de la vida cristiana, que se manifiesta en la unidad de vida –unir Marta y María– de forma que el amor a Dios, la santidad personal, sea inseparable del afán apostólico y se manifieste en la rectitud de nuestro trabajo.
II. La hermana mayor se dirige a Jesús con gran confianza y cierto tono de queja: Señor, ¿nada te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo de la casa? Dile, pues, que me ayude.
Durante muchos siglos se ha querido presentar a estas dos hermanas como dos modelos de vida contrapuestos: en María se ha querido representar la contemplación, la vida de unión con Dios; en Marta, la vida activa de trabajo, “pero la vida contemplativa no consiste en estar a los pies de Jesús sin hacer nada: esto sería un desorden, si no pura y simple poltronería”5. En el trabajo, en el quehacer de cada uno, es precisamente el lugar donde encontramos a Dios, “el quicio sobre el que se fundamenta y gira nuestra llamada a la santidad”6, donde amamos a Dios mediante el ejercicio de las virtudes humanas y de las sobrenaturales. Sin un trabajo serio, hecho a conciencia, con prestigio, sería muy difícil –quizá imposible– que pudiéramos tener una vida interior honda y ejercer un apostolado eficaz en medio del mundo.
Durante mucho tiempo y con demasiado énfasis se ha insistido en las dificultades que las ocupaciones terrenas, seculares, pueden representar para la vida de oración. Sin embargo, es ahí, en medio de esos trabajos y a través de ellos, no a pesar de ellos, donde Dios nos llama a la mayoría de los cristianos para santificar el mundo y santificarnos nosotros en él, con una vida llena de oración que vivifique y dé sentido a esas tareas7. Fue esta una predicación continua del Fundador del Opus que enseñó a miles de personas a encontrar a Dios a través de su quehacer diario. En cierta ocasión, dirigiéndose a un numeroso grupo de personas, les decía: “Debéis comprender ahora –con una nueva claridad– que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir (...).
“No hay otro camino (...): o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver –a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares– su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo”8. Poner el amor de María mientras se lleva a cabo el trabajo de Marta.
Jesús responde a esta mujer en tono familiar: Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. En verdad una sola cosa es necesaria. Así, pues, María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada.
Es como si le dijera: Marta, estás ocupada en muchos menesteres, pero te estás olvidando de Mí; estás desbordada por muchas tareas necesarias, pero estás descuidando lo esencial: la unión con Dios, la santidad personal. Esa inquietud, ese ajetreo, no pueden ser buenos cuando te hacen perder la presencia de Dios mientras trabajas; aunque el trabajo en sí es bueno y necesario.
Jesús no hace una valoración de toda la actitud de Marta, ni tampoco de todo el comportamiento de María. Cambia con hondura la cuestión y apunta a algo más esencial: a la actitud interna de Marta; tan metida está en el trabajo y anda tan preocupada por él, que se llega casi a olvidar de lo más importante: la presencia de Cristo en aquella casa. ¡Cuántas veces nos podría hacer el Señor el mismo cariñoso reproche! Afanes, trabajos necesarios, que no pueden justificar nunca el olvido de Jesús presente en nuestras tareas, aun las más santas, pues, como se ha dicho, no podemos dejar a un lado al “Señor de las cosas” por “las cosas del Señor”; no se puede relativizar la importancia de la oración con la excusa de que quizá estemos trabajando en tareas apostólicas, de formación, de caridad, etc.9.
III. Debemos tener tal unidad de vida que el mismo trabajo nos lleve a estar en presencia de Dios y, a la vez, los ratos expresamente dedicados a hablar con el Señor nos ayuden a trabajar mejor, pues “entre las ocupaciones temporales y la vida espiritual, entre el trabajo y la oración, no puede existir solo un “armisticio” más o menos conseguido; tiene que darse plena unión, fusión sin residuo. El trabajo alimenta a la oración y la oración “embebe” el trabajo. Y esto hasta el punto de que el trabajo en sí mismo, en cuanto servicio hecho al hombre y a la sociedad –y, por tanto, con las más claras exigencias de profesionalidad– , se convierte en oración agradable a Dios”10.
Para lograr la presencia del Señor mientras trabajamos tendremos que recurrir a industrias humanas, cosas que nos recuerden que nuestro trabajo es para Dios y que Él está cerca de nosotros, contemplando nuestras obras; es un testigo de excepción de nuestra actividad. Muchas veces nos ayudará la consideración de que está muy cerca, quizá a pocas decenas o a unos centenares de metros, en un oratorio o en la iglesia más cercana. “Ahí, desde ese lugar de trabajo, haz que tu corazón se escape al Señor, junto al Sagrario, para decirle, sin hacer cosas raras: Jesús mío, te amo.
“—No tengas miedo a llamarle así –Jesús mío– y de repetírselo a menudo”11.
Todas las ocupaciones, hechas con rectitud de intención, pueden ser el lugar donde cada día vivamos la caridad, la mortificación, el espíritu de servicio a los demás, la alegría y el optimismo, la comprensión, la cordialidad, el apostolado de amistad... Es el medio, en definitiva, con el que nos santificamos. Y esto es verdaderamente lo que importa: encontrar a Jesús en medio de esos diarios quehaceres, no olvidar en momento alguno “al Señor de las cosas”; menos aún cuando esos quehaceres hacen referencia más directa a Él, pues, de lo contrario, quizá terminaríamos llevándolos a cabo por nosotros mismos, buscando en ellos solamente la realización personal o la mera satisfacción de un deber cumplido, dejando a un lado la rectitud de intención, olvidando al Maestro.
Le pedimos a la Virgen, al terminar la oración, tener el espíritu de trabajo de Marta y la presencia de Dios de María mientras, sentada a los pies de Jesús, escuchaba embebida sus palabras.
1 Primera lectura. Gen 18, 1-5. — 2 Lc 10, 38-42. — 3 Jn 11, 35. — 4 San Agustín, Sermón 103, 3. — 5 A. del Portillo, Homilía 20-VII-1986, en Romana, Año II, n. 3, p. 268. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 62. — 7 Cfr. J. L. Illanes, La santificación del trabajo, Palabra, 9ª ed, Madrid 1981, p.106 ss. — 8 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, 14ª ed., Madrid 1985, n. 114. — 9 Cfr. Juan Pablo II, Alocución 20-Vl-l986. — 10 A. del Portillo, Trabajo y oración, en Revista Palabra, mayo 1986, p. 30. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 746.
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San Lorenzo de Brindisi
Predicador
Año 1619
Lorenzo significa: coronado de laurel.
Laureado. Este santo ha sido quizás el más famoso predicador de
la comunidad de
Padres Capuchinos.
Nació en Brindis (Italia) cerca de Nápoles. Desde pequeño demostró tener una memoria asombrosa. Dicen que a los ocho años repitió desde el púlpito de la Catedral un sermón escuchado a un famoso predicador, con gran admiración de la gente.
Cuando pidió ser admitido como religioso en los Padres Capuchinos, el superior le adevirtió que le iba a ser muy difícil soportar aquella vida tan dura y tan austera. El joven le preguntó: "Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?". "Si, lo habrá", respondió el superior. "Pues eso me basta. Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por amor a El, cuaquier padecimiento".
La facilidad de Lorenzo para aprender idiomas y para grabarse en la memoria todo lo que leía, dejó atónitos a sus superiores y compañeros. Prácticamente se aprendía de memoria capítulos enteros de la S. Biblia y muchas páginas más de libros piadosos. Hablaba seis idiomas: griego, hebreo, latín, francés, alemán e italiano.
Y su capacidad para predicar era tan excepcional, que siendo simple seminarista, ya le fue encomendado el predicar los 40 días de Cuaresma en la Catedral de Venecia por dos años seguidos. Las gentes vibraban de emoción al oir sus sermones, y muchos se convertían.
Un sacerdote le preguntó: "Fray Lorenzo, ¿a qué se debe su facilidad para predicar? ¿A su formidable memoria?" Y él respondió: "En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo".
Los capuchinos nombraron a Fray Lorenzo superior del convento y luego superior de Italia. Más tarde al constatar las grandes cualidades que tenía para gobernar, lo nombraron superior general de toda su comunidad en el mundo. En sus años de superiorato recorrió muchos países visitando los conventos de sus religiosos para animarlos a ser mejores y a trabajar mucho por el reino de Cristo. Había días que caminaba a pie 50 kilómetros. No le asustaba desgastarse en su salud con tal de conseguir la salvación de las almas y la extensión del reino de Dios. La gente lo amaba porque era sumamente comprensivo y bondadoso, y porque sus consejos hacían un gran bien. Siendo superior, sin embargo servía a la mesa a los demás, y lavaba los platos de todos.
El Santo Padre, el Papa, lo envió a Checoslovaquia y a Alemania a tratar de extender la religión católica en esos países. Se fue con un buen grupo de capuchinos, y empezó a predicar. Pero en esos días un ejército de 60 mil turcos mahometanos invadió el país con el fin de destruir la religión, y el jefe de la nación pidió al Padre Lorenzo que se fuera con sus capuchinos a entusiasmar a los 18 mil católicos que salían a defender la patria y la religión. La batalla fue terriblemente feroz. Pero San Lorenzo y sus religiosos recorrían el campo de batalla con una cruz en alto cada uno, gritando a los católicos: "Ánimo, estamos defendiendo nuestra santa religión". Y la victoria fue completa. Los soldados victoriosos exclamaban: "La batalla fue ganada por el Padre Lorenzo".
El Papa Clemente VIII decía que el Padre Lorenzo valía él solo más que un ejército.
El Sumo Pontífice lo envió de delegado suyo a varios países, y siempre estuvo muy activo de nación en nación dirigiendo su comunidad y fundando conventos, predicando contra los protestantes y herejes, y trabajando por la paz y la conversión. Pero lo más importante en cada uno de sus días eran las prácticas de piedad. Durante la celebración de la Santa Misa, frecuentemente era arrebatado en éxtasis, y su orar era de todas las horas y en todos los sitios. Por eso es que obtuvo tan grandes frutos apostólicos.
Dormía sobre duras tablas. Se levantaba por la noche a rezar salmos. Ayunaba con frecuencia. Su alimento era casi siempre pan y verduras. Huía de recibir honores, y se esforzaba por mantenerse siempre alegre y de buen humor con todos. La gente lo admiraba como a un gran santo. Su meditación preferida era acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
En 1859 fue declarado "Doctor de la Iglesia", por el Sumo Pontífice Juan XXIII. Y es que dejó escritos 15 volúmenes de enseñanzas, y entre ellos 800 sermones muy sabios. En Sagrada Escritura era un verdadero especialista.
Cuando viajaba a visitar al rey de España enviado por la gente de Nápoles para pedirle que destituyera a un gobernador que estaba haciendo mucho mal, se sintió sin fuerzas y el 22 de julio de 1619, el día que cumplía sus 60 años, murió santamente. Ha sido llamado el "Doctor apostólico".
Ruega por nosotros, querido San Lorenzo, para que no tengamos miedo a gastarnos y desgastarnos por Cristo y su Santa Iglesia, como lo hiciste tú.
Dijo Jesús: "Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto".
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Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Víctor, San Mártir, Julio 21
Mártir Martirologio Romano En Marsella, ciudad de la Provenza, en la Galia, san Víctor, mártir (c. 292).
Etimología: Víctor = vencedor, del latín
Al poco tiempo de haber mandado degollar a toda la legión Tebea, fue el emperador Maximiano a Marsella, donde había una iglesia numerosa y floreciente. A su llegada temblaron por su vida todos los fieles de la ciudad y se prepararon para el martirio.
Durante esta general consternación un oficial cristiano, llamado Víctor, iba todas las noches de casa en casa a visitar a sus hermanos en Jesucristo para exhortarles al desprecio de la muerte, e inspirarles el deseo de la vida eterna.
Habiendo sido sorprendido en una acción tan digna de un soldado de Cristo, fue conducido al tribunal de los prefectos Asterio y Eutiquio, que le representaron el peligro que corría, y cuán loco era de exponerse a perder el fruto de sus servicios y el favor del príncipe, por querer adorar a un hombre muerto. Contestó Víctor que renunciaba a todas las ventajas, que no podía servir mas que a Jesucristo, Hijo eterno de Dios, que se había dignado hacerse hombre y que había resucitado después de muerto. Semejante respuesta excitó furiosos gritos de indignación, pero como el prisionero era persona ilustre, lo enviaron al emperador Maximiano, el cual, para torcer la constancia de Víctor lo hizo atar de pies y manos y mandó que lo paseasen por todas las calles de la ciudad, exponiéndolo así a los insultos del populacho.
A la vuelta de este público desprecio, lo presentaron todo cubierto de sangre a los prefectos, y Asterio :mandó que lo extendiesen sobre el caballete, donde los verdugos le atormentaron por largo espacio. Encerránronle después en una lóbrega prisión, en la cual, a media noche, le visitó el Señor por el ministerio de sus ángeles. La cárcel se llenó de admirable claridad.
El santo mártir cantaba con los espíritus celestiales las alabanzas del Señor. Tres soldados encargados de custodiar le quedaron tan asombrados de lo que pasaba, que arrojándose a los pies de Víctor, le pidieron perdón y la gracia del bautismo. Llamábanse Longinos, Alejandro y Feliciano, los cuales fueron bautizados aquel día, y Víctor les sirvió de padrino.
Al día siguiente, supo todo esto el emperador, y montado en cólera hizo trasladar los cuatro santos a la plaza pública, donde fueron cargados de injurias por la plebe soez y cortadas las cabezas de los tres centinelas.
Tres días después llamó de nuevo el emperador a Víctor a su tribunal y le mandó adorar una estatua de Júpiter puesta sobre un altar, pero Víctor, lleno de fe en Jesucristo, dio un puntapié al altar, y lo derribó juntamente con el ídolo hecho pedazos.
El tirano, para vengar a sus dioses, le hizo cortar el pie ordenando luego que metiesen al mártir debajo de la rueda de un molino. Como a la primera vuelta el molino se descompusiese, sacaron de allí al santo y le cortaron la cabeza. Su cuerpo, junto con los cadáveres de Longinos, Alejandro y Feliciano, fueron arrojados al mar, pero los cristianos los encontraron sobre la orilla y les dieron honrosa sepultura. |
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Alberico Crescitelli, Santo Mártir, Julio 21
Mártir en China Martirologio Romano: En Yanzibian, de Yangpingguan, en China, san Alberico Crescitelli, presbítero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, que en la persecución promovida por el movimiento de los Yihetuan, golpeado primero brutalmente hasta quedar casi muerto, fue arrastrado al día siguiente, atados sus pies, por un camino empedrado hasta cerca de un río, donde su cuerpo fue despedazado y decapitado, mereciendo por todo ello la palma del martirio (1900).
San Alberico nació en Altavilla, en Benetto, Nápoles el 30 de junio de 1863.
Tuvo una temprana vocación religiosa y su sacerdocio lo llevó a integrar el Instituto Pontificio de las Misiones Exteriores de Milán. Su vocación lo impulsó a misiones extranjeras en China que luchaban por expandir las creencias cristianas.
A fines del siglo XIX y principios del XX se abatió sobre estas misiones un furioso y sangriento ataque, proveniente de la Asociación de la Justicia y de la Armonía, conocida comúnmente como de los Boxers.
El odio acumulado y reprimido contra los extranjeros durante la Guerra del Opio y a la imposición de los llamados Tratados Desiguales por parte de las potencias occidentales fueron desencadenantes de la persecución. Sin embargo, la matanza de los misioneros fue motivada especialmente por razones religiosas, según cuentan los documentos de la época.
Crescitelli desarrolló su ministerio en el Shanxi Meridional y allí fue martirizado y decapitado el 21 de julio de 1900. “Dicen que, cuando su cabeza rodaba hacia un río cercano, todavía sus labios decían: ‘Jesús, Jesús, Jesús’”.
Alberico y los otros 119 mártires que murieron en China por odio a la fe cristiana fueron proclamados santos de la Iglesia el 1 de octubre de 2000 por S.S. Juan Pablo II. |
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Fuente: EWTN.com
Daniel, Santo Profeta del A.T., Julio 21
Profeta del Antiguo Testamento Etimológicamente: Daniel = Aquel que Dios es su juez, es de origen hebreo.
Los datos acerca de este santo los sabemos por el libro de Daniel, en la S. Biblia.
Pertenecía a una familia importante de Jerusalem. Era muy inteligente y estudioso y de agradable presencia. Cuando el rey Nabucodonosor invadió a Jerusalem se lo llevó prisionero a Babilonia junto con otros jóvenes. Al darse cuenta de las cualidades de este adolescente, Nabucodonosor lo hace instruir en todas las ciencias políticas y sociales de su país.
Siendo este profeta todavía muy joven, unos jueces quisieron hacer pecar a una mujer casada y como ella no aceptó las infames pretensiones de ellos, la calumniaron inventando que la habían visto pecar con un joven. La gente creyó la calumnia y la llevaban para matarla a pedradas, cuando apareció Daniel. Llamó a los dos jueces y los interrogó uno por uno, por separado, y les preguntó: "¿Dónde estaba Susana cuando ella cometió la falta?" Uno respondió: "Debajo de una acacia". Y el otro dijo: "Debajo de una encina." Entonces Daniel les dijo: "Ustedes estaban acostumbrados a hacer pecar a mujeres sin fe y sin valor, pero ahora se encontraron a una mujer que cree y es valiente. Su hermosura los sedujo y creyeron poder hacer que ella ofendiera a Dios, pero no lo lograron. Ahora tendrán el pago de su delito". Y el pueblo condenó a muerte a estos dos impuros calumniadores y alabó a Dios por la sabiduría que le había concedido a Daniel.
Los enemigos de la religión acusaron a Daniel porque tres veces cada día se arrodillaba en la azotea de su casa a adorar y rezar a Dios. En castigo fue echado al foso donde había leones sin comer. Pero Dios hizo el milagro de que los leones no lo atacaran, y esto hizo que el rey creyera en el verdadero Dios.
El joven se abstenía de tomar bebidas alcohólicas y de consumir alimentos prohibidos por la Ley de Moisés, y Dios en cambio le concedió una inmensa sabiduría, con la cual logró escalar los más altos puestos de gobierno hasta llegar a ser primer ministro bajo los gobiernos de Nabucodonosor, Baltasar, Darío y Ciro. A su gran sabiduría, a su habilidad para gobernar y a su santidad debe él que a pesar de los cambios de gobierno lograra conservar su cargo durante el reinado de cuatro reyes.
Daniel recibió de Dios la gracia de revelar sueños y visiones. Soñó Nabucodonosor que estaba viendo una estatua inmensa con cabeza de oro, pecho de plata, piernas de hierro y pies de barro y que una piedrecita se desprendía del monte e iba creciendo hasta llegar y chocar con la estatua y volverla polvo. Y Daniel le explicó que este sueño significaba que vendrían varios reinos en el mundo, uno muy rico, como de oro, otro menos rico, como de plata, y un tercero muy fuerte como de hierro y otro más débil como de barro, y que la verdadera religión, que al principio sería muy pequeña, iría creciendo hasta lograr dominar todos los reinos. Esto se ha cumplido con la religión de Cristo que empezó siendo tan pequeñita y ahora está extendida por todo el mundo y es más poderosa que cualquier reino de la tierra.
Dios anunció que al rey Nabucodonosor por haber cometido maldades y ser orgulloso, lo iba a volver loco. Nabucodonosor le pidió a Daniel que le rogara a Dios que le cambiara el castigo por alguna obra buena, y el Señor le dijo que para librarse de los castigos tenía que dar limosnas a los pobres.
El rey Baltasar cometió el pecado de emplear los cálices sagrados del altar de Dios para tomar licor en una fiesta, y estando en esto apareció una mano misteriosa que escribía tres palabras en la pared: Mene, Tequel, Uparsin. El rey se asustó mucho y el profeta Daniel le explicó: "Mene significa pesado. Es que Dios ha pesado sus obras y han resultado faltas de peso para recibir premios. Tequel significa medido. Dios midió sus obras y no dan la medida para recibir gloria. Uparsin significa dividido. Es que su reino será dividido y pasado a otros".
Y esa misma
noche llegaron los enemigos del reino y mataron a Baltasar y dividieron su reino y lo pasaron a los persas.
Daniel fue un profeta tan estimado que pudo corregir a los mismos jefes de gobierno de su tiempo y sus correcciones fueron recibidas con buena voluntad. Ante el pueblo apareció siempre como un hombre iluminado por Dios y de una conducta ejemplar y como un creyente de una profunda piedad y devoción.
En algunos santorales su fiesta se la señala para el 21 de julio, en otros para el 20 de marzo. |
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Práxedes, Santa Virgen y Mártir, Julio 21
Virgen y Mártir Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de santa Práxedes, con cuyo nombre se dedicó a Dios una iglesia en el Esquilino (antes de 491).
Etimología: Práxedes = activa, emprendedora, del lengua griego.
Una bondad sin límites puede irradiar en el corazón decidido a amar, y quisiera aliviar los sufrimientos que atormentan a quienes están cerca y lejos.
Los santos han sido personas de esta categoría humana y espiritual.
Práxedes. Perteneció al siglo II de la era cristiana. Prudencio era el gobernador de Roma y, cosa rara, se distinguía por su virtud. Fue uno de los primeros conversos al cristianismo a pesar del cargo que ocupaba.
Eran los tiempos en que Pedro predicaba en Roma abiertamente ante todo el mundo sin temer a nadie. Dicen que había recibido la catequesis del mismo san Pedro.
Convirtió su casa en un verdadero templo, y los fieles acudían allá para celebrar los sagrados misterios de la fe. Práxedes recibió una profunda formación cristiana de manos del Papa Pío I.
Tenía pretendientes para casarse, pero ella había ofrecido a Dios su virginidad por toda la vida. Todo el mundo la quería. Hasta los propios paganos. Después de la paz que vino con Antonio Pío, empezó la persecución de nuevo.
Ella se dedicó a visitar a los encarcelados y a hablar con la gente por la calle y el mismo Foro de Cristo. Su casa era un verdadero templo en el que fue acogida “in fraganti” por los verdugos del emperador. Le dieron muerte a ella y a 23 más.
Era tal día como hoy del año 159. |
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J†A
JMJ
Pax
Pidan y se les dará
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-13
Gloria a ti, Señor.
Un día Jesús
estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
"Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a su discípulos".
Entonces Jesús les dijo:
Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu
Reino, danos hoy
nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que
también nosotros
perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en
tentación".
También les dijo:
"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y viene a media
noche a decirle:
"Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de
viaje y
no tengo nada que ofrecerle"".
Pero el otro le responde desde dentro:
"No me molestes; no puedo levantarme a dártelos; la puerta ya
está cerrada
y mis hijos y yo
estamos acostados".
Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se
levante a dárselos
por ser un amigo, al menos por su molesta insistencia sí se
levantará y le dará
cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y
encontrarán,
toquen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca
encuentra, y al
que toca se le abre.
¿Habrá entre ustedes algún padre que cuando su hijo le pide pan,
le da una
piedra? ¿O cuando le pide pescado, le da una culebra? ¿O cuando
le pide un
huevo, le da un alacrán? Si ustedes, pues, que son malos, saben
dar cosas
buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el
Espíritu Santo a
quienes se lo pidan!"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
17o. Dom Ord Ciclo C
Adoremos a Dios en su santo templo; él nos hace habitar juntos en su casa; él es la fuerza y el poder de su pueblo.
Oración Colecta
Oremos:
Padre santo todopoderoso, protector de los que en ti confían,
ten misericordia
de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de
la tierra, a fin
de que no nos impidan alcanzar los del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No se enfade mi Señor si sigo hablando
Lectura del libro de Génesis 18, 20-32
En
aquellos días, el Señor dijo:
"El clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es
demasiado
grave; bajaré, a ver si sus hechos corresponden a ese clamor;
y si no, lo
sabré".
Los hombres que estaban con Abrahán se despidieron de él y se
encaminaron hacia
Sodoma. Abrahán se quedó ante el Señor y preguntó:
"Será posible que tú destruyas al inocente junto con el
culpable?
Supongamos que hay cincuenta justos en la ciudad, ¿acabarás
con todos ellos y
no perdonarás al lugar en atención a esos cincuenta justos?
¡Lejos de ti tal
cosa!, matar al inocente junto con el culpable, de manera que
la suerte del
justo sea como la del malvado; eso no puede ser. El juez de
todo el mundo, ¿no
hará justicia? El Señor le contestó:
"Si encuentro en Sodoma cincuenta justos, perdonaré a toda la
ciudad en
atención a ellos".
Abrahán insistió:
"Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y
ceniza. Supongamos
que faltan cinco para los cincuenta justos, ¿por esos cinco
que faltan,
destruirás toda la ciudad?"
Respondió el Señor:
"No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco justos".
Abrahán volvió a insistir:
"Quizá no se encuentren allí más que cuarenta".
El Señor le respondió:
"En atención a los cuarenta, no lo haré".
Abrahán siguió insistiendo:
Qué no se enoje mi Señor si sigo hablando.
¿Y si hubiera treinta?
El Señor le respondió:
"No lo haré, si hay treinta".
Abrahán insistió otra vez:
"Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor; ¿y si se
encuentran sólo
veinte?"
Respondió el Señor:
"En atención a los veinte no la destruiré".
Abrahán continuó:
"No se enoje mi Señor, hablaré sólo una vez más. ¿Y si se
encuentran sólo
diez?"
Contestó el Señor:
"Por esos diez no destruiré la ciudad".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 137
Cuando te invoquemos, Señor, nos escuchaste.
De todo
corazón te damos gracias, Señor
porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de
tus ángeles te
adoraremos en tu templo.
Cuando te invoquemos, Señor, nos escuchaste.
Señor, te
damos gracias por tu lealtad y
por tu amor: siempre que te invocamos nos oíste y nos llenaste
de valor.
Cuando te invoquemos, Señor, nos escuchaste.
Que todos
los reyes de la tierra te
reconozcan, al escuchar tus prodigios. Que alaben tus caminos,
porque tu gloria
es inmensa.
Cuando te invoquemos, Señor, nos escuchaste.
Tu mano,
Señor, nos pondrá a salvo, y
así concluirás en nosotros tu obra. Señor, tu amor perdura
eternamente, obra
tuya soy, no me abandones.
Cuando te invoquemos, Señor, nos escuchaste.
Les dio a ustedes una vida nueva con Cristo, perdonándoles todos sus pecados
Lectura de la carta del apóstol Pablo a los Colosenses 2, 12-14,
Hermanos: Por el bautismo fueron ustedes sepultados con Cristo y también resucitaron con él, mediante la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Ustedes estaban muertos por sus pecados y no pertenecían al pueblo de la alianza. Pero Dios les dio una nueva vida en Cristo, perdonándoles todos los pecados. El anuló el documento que nos era contrario, cuyas cláusulas nos condenaban; y lo eliminó clavándolo en la cruz de Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Hemos recibido un espíritu de hijos que nos hace exclamar:
¡Padre!
Aleluya.
Pidan y se les dará
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-13
Gloria a ti, Señor.
Un día Jesús estaba orando y cuando
terminó, uno de sus discípulos le dijo:
"Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a su discípulos".
Entonces Jesús les dijo:
Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu
Reino, danos hoy
nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que
también nosotros
perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en
tentación".
También les dijo:
"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y viene a
media noche a
decirle: "Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío
ha venido de
viaje y no tengo nada que ofrecerle"".
Pero el otro le responde desde dentro:
"No me molestes; no puedo levantarme a dártelos; la puerta ya
está cerrada
y mis hijos y yo
estamos acostados".
Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se
levante a dárselos
por ser un amigo, al menos por su molesta insistencia sí se
levantará y le dará
cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y
encontrarán,
toquen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca
encuentra, y al
que toca se le abre.
¿Habrá entre ustedes algún padre que cuando su hijo le pide
pan, le da una
piedra? ¿O cuando le pide pescado, le da una culebra? ¿O
cuando le pide un
huevo, le da un alacrán? Si ustedes, pues, que son malos,
saben dar cosas
buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el
Espíritu Santo a
quienes se lo pidan!"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante: Pidamos, hermanos y hermanas, el auxilio del Espíritu Santo para que inspire nuestras oraciones y ruegue con nosotros por las necesidades del mundo:
Respondemos: Te lo pedimos Señor, óyenos.
Para los
que empiezan a conocer a
Cristo, desean la gracia del bautismo y para los que preparan
el bautismo de
sus hijos, pidamos el favor de Dios todopoderoso, roguemos al
Señor.
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Para
nuestro pueblo, para todos los que
habitan en él y para todos los pueblos y naciones, pidamos al
Señor paz y
prosperidad abundantes, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Para los
que persiguen a la Iglesia y
para los pecadores que viven intranquilos, pidamos la luz del
Espíritu y la
gracia de la conversión, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Por los
que estamos aquí reunidos y por
aquellos por los que queremos rezar, pidamos al Señor que nos
guarde a todos en
la fe y nos reúna en el Reino de su Hijo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Celebrante:
Escucha, Padre santo, la voz
de tu Iglesia y haz que comprendamos el misterio de la oración
filial que tu
Hijo Jesús nos enseñó; danos tu Espíritu, para que invocándote
con aquella
confianza y perseverancia que él nos enseñó, crezcamos más y
más en la
experiencia de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y concédenos que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo con todo cuanto contiene,
determinaste el ciclo de
las estaciones, y formaste al ser humano a tu imagen y
semejanza: porque lo
hiciste dueño de un mundo portentoso para que, en tu nombre,
dominara la
creación entera y, al contemplar la grandeza de tus obras, en
todo momento te
alabara, por Cristo, nuestro Señor.
A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los
arcángeles,
proclamando sin cesar:
Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.
Oremos:
Señor, que esta Eucaristía, memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo,
nos ayude a corresponder al don inefable de su amor y a
procurar cada día
nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo
séptimo Domingo
ciclo c
APRENDER A PEDIR
— El sentido de nuestra filiación divina debe estar presente siempre en nuestra oración.
— Pedir bienes sobrenaturales, y también bienes materiales, si nos ayudan a amar a Dios.
— La súplica de Abrahán.
I. Jesús se retiraba a orar, con frecuencia, muy de mañana y a lugares apartados1. Sus discípulos le encontraron muchas veces en un diálogo lleno de ternura con su Padre del Cielo. Y un día, al terminar la oración, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar2... Esto hemos de pedir también nosotros: Jesús, enséñame a tratarte, dime cómo y qué cosas debo pedirte... Porque en ocasiones –incluso aunque llevemos años haciendo oración– estamos delante de Dios como el niño que apenas sabe pronunciar unas cuantas palabras mal aprendidas.
El Señor les enseñó entonces el modo de rezar y la oración por excelencia: el Padrenuestro. Sus labios pronunciarían cada palabra de esta oración universal con una particular entonación. Y nos señala la confianza que hemos de tener siempre en todo diálogo con Dios al mostrar nuestra radical necesidad, porque esa confianza es fundamento de toda oración verdadera: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, y acuda a él a medianoche y le diga: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle...? Os digo que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará para darle cuanto necesite. Una buena parte de nuestras relaciones con Dios están definidas por la petición confiada. Somos hijos de Dios, hijos necesitados, y Él solo desea darnos, y en abundancia: pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien si el hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión?
El Señor mismo sale fiador de nuestra petición: todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. No pudo ser más categórico. Solo nos iremos de vacío si nos sentimos satisfechos de nosotros mismos; si pensáramos que nada necesitamos, porque nos hubiéramos contentado con unas metas bien cortas, o porque hubiéramos pactado con defectos y flaquezas. Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada3. Debemos acudir al Sagrario como gente muy necesitada ante Quien todo lo puede: como acudían a Jesús los leprosos, los ciegos, los paralíticos... “Rezar –señalaba Juan Pablo II al comentar este pasaje del Evangelio– significa sentir la propia insuficiencia a través de las diversas necesidades que se presentan al hombre, y que forman parte de su vida: la misma necesidad del pan a que se refiere Cristo, poniendo como ejemplo al hombre que despierta a su amigo a medianoche para pedírselo. Tales necesidades son numerosas. La necesidad de pan es, en cierto sentido, el símbolo de todas las necesidades materiales, de las necesidades del cuerpo humano (...). Pero la escala de estas necesidades es más amplia...”4.
La humildad de sentirnos limitados, pobres, carentes de tantos dones, y la confianza en que Dios es el Padre incomparable pendiente de sus hijos, son las primeras disposiciones con las que debemos acudir diariamente a la oración. “Si nosotros aprendemos en el sentido pleno de la palabra, en su plena dimensión, la realidad Padre, hemos aprendido todo (...). Aprender quién es el Padre quiere decir adquirir la certeza absoluta de que Él no podrá rechazar nada. Todo esto se dice en el Evangelio de hoy. Él no te rechaza ni siquiera cuando todo, material y psicológicamente, parece indicar el rechazo. Él no te rechaza jamás”5. Nunca deja de atendernos. El sentido de nuestra filiación divina y la conciencia de la propia indigencia y debilidad deben estar siempre presentes en nuestro trato con Dios.
II. Todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá.
Ante todo debemos pedir y buscar los bienes del alma, querer amar cada día más al Señor, deseos auténticos de santidad en medio de las peculiares circunstancias en las que nos encontremos. También debemos pedir los bienes materiales, en la medida en que nos sirvan para alcanzar a Dios: la salud, bienes económicos, lograr ese empleo que quizá nos es necesario...
“Pidamos los bienes temporales discretamente –nos aconseja San Agustín–, y tengamos la seguridad –si los recibimos– de que proceden de quien sabe que nos convienen. ¿Pediste y no recibiste? Fíate del Padre; si te conviniera te lo habría dado. Juzga por ti mismo. Tú eres delante de Dios, por tu inexperiencia de las cosas divinas, como tu hijo ante ti con su inexperiencia de las cosas humanas. Ahí tienes a ese hijo llorando el día entero para que le des un cuchillo o una espada. Te niegas a dárselo y no haces caso de su llanto, para no tener que llorarle muerto. Ahora gime, se enfada y da golpes para que le subas a tu caballo; pero tú no le haces caso porque, no sabiendo conducirlo, le tirará o le matará. Si le rehusas ese poco, es para reservárselo todo; le niegas ahora sus insignificantes demandas peligrosas para que vaya creciendo y posea sin peligro toda la fortuna”6. Así hace el Señor con nosotros, pues somos como el niño pequeño que muchas veces no sabe lo que pide.
Dios quiere siempre lo mejor; por eso, la felicidad del hombre se encuentra siempre en la plena identificación con el querer divino, pues, aunque humanamente no lo parezca, por ese camino nos llegará la mayor de las dichas. Cuenta el Papa Juan Pablo II cómo le impresionó la alegría de un hombre que encontró en un hospital de Varsovia después de la insurrección de aquella ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba gravemente herido y, sin embargo, era evidente su extraordinaria felicidad. “Este hombre llegó a la felicidad –comentaba el Pontífice– por otro camino, ya que juzgando visiblemente su estado físico desde el punto de vista médico, no había motivos para ser tan feliz, sentirse tan bien y considerarse escuchado por Dios. Y sin embargo había sido escuchado en otra dimensión de su humanidad”7, en aquella dimensión en la que el querer divino y el humano se hacen una sola cosa. Por eso, lo que nosotros debemos pedir y desear es hacer la voluntad de Dios: hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Y este es siempre el medio para acertar, el mejor camino que podíamos haber soñado, pues es el que preparó nuestro Padre del Cielo. “Dile: Señor, nada quiero más que lo que Tú quieras. Aun lo que en estos días vengo pidiéndote, si me aparta un milímetro de la Voluntad tuya, no me lo des”8. ¿Para qué lo quiero yo, si Tú no lo quieres? Tú sabes más. Hágase tu voluntad...
III. La Primera lectura9 de la Misa nos muestra otro ejemplo conmovedor: la súplica de Abrahán, el amigo de Dios, por aquellas ciudades que tanto habían ofendido a Dios y que iban a ser destruidas: ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta justos en la ciudad, ¿los destruirías y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? Abrahán tratará de salvar las ciudades, “regateando” con Dios, en el que confía y del que se siente verdaderamente querido. Y habla poniendo delante de Dios el inmenso tesoro que son unos cuantos justos, unos cuantos santos.
El Señor se complace tanto en quienes son justos, en quienes le aman y por tanto cumplen su voluntad, que estará dispuesto a perdonar a miles de pecadores que cometieron incontables ofensas contra Él, con tal de que se encuentren diez justos en la ciudad. Tan agradable es a Dios el amor y la adoración de estos pocos que es capaz de olvidar las iniquidades de aquellas ciudades. Es una enseñanza clara para nosotros, que queremos seguir al Señor de cerca –¡con obras!– y contarnos entre sus íntimos, pues a veces puede insinuarse en el alma la tentación de preguntarse: ¿de qué sirve que yo trate de luchar y de esforzarme en cumplir con fidelidad la voluntad de Dios, si son tantos los que le ofenden y quienes viven como si Él no existiera o como si no mereciera ningún interés? Dios tiene otras medidas, bien distintas de las humanas, acerca de la utilidad de una vida. Un día, al final, el Señor nos hará ver la eficacia enorme, más allá del tiempo y de la distancia, de aquella madre de familia que gastó sus días en sacar la familia adelante; el valor para toda la Iglesia del dolor de aquel enfermo que ofreció diariamente al Señor sus padecimientos; el “precio” de una hora de estudio o de trabajo convertida en oración...
Con una medida que solo la misericordia divina conoce, a Yahvé le hubieran bastado diez justos para salvar a Sodoma y Gomorra. Las obras de estos justos, puestas en una balanza, habrían pesado más que todos lo pecados de aquellos miles de infelices pecadores. Nosotros, cuando procuramos ser fieles al Señor, hemos de experimentar la alegría de saber que esta entrega, a pesar de nuestros muchos defectos, es el gozo de Dios en el mundo. Él está pronto a escuchar nuestra oración. Y debemos pedir cada día por la sociedad que nos rodea, pues parece alejarse cada vez más de Dios. “La oración de Abrahán –comenta el Papa Juan Pablo II– es muy actual en los tiempos en los que vivimos. Es necesaria una oración así, para que todo hombre justo trate de rescatar al mundo de la injusticia”10.
Terminemos nuestra oración haciendo el propósito de aprender a orar, de aprender a pedir como hijos. Hemos de acudir al Señor con mucha frecuencia, pues nos encontramos tan necesitados como aquellos que se agolpaban a la puerta11, esperando de Él la salud del alma o del cuerpo. La Virgen Nuestra Madre nos enseñará a ser audaces en la petición. A Ella le rogamos que nos ayude a conseguir, con nuestro apostolado, que en todos los ambientes –en cada ciudad y en todo pueblo, en cada lugar de trabajo y en toda profesión– haya esos diez, veinte, cincuenta... justos que son agradables a Dios y en los que Él se puede apoyar.
1 Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 16; 9, 18. — 2 Evangelio de la Misa. Lc 11, 1-13. — 3 Lc 1, 53. — 4 Juan Pablo II, Homilía 27-VII-1980. — 5 Ibídem. — 6 San Agustín, Sermón 80, 2, 7-8. — 7 Juan Pablo II, loc. cit. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 512. — 9 Gen 18, 20-32. — 10 Juan Pablo II, loc. cit. — 11 Cfr. Mc 1, 33.
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Hoy El Salvador está de fiesta pues se celebra el día de Nuestra Señora de la Paz, la advocación mariana cuya imagen encontrada en una caja abandonada en el mar fue determinante para la pacificación del país, agitado por las revueltas entre la población en 1682.
En enero de 1833, cuando el país estuvo nuevamente agitado por enfrentamientos, ahora entre los llamados monualcos y migueleños, la Virgen realizó otro milagro.
El bando triunfador al mando del coronel Benítez, quien junto a sus tropas entró en la ciudad San Miguel, en vez de tomar represalias hizo colocar la bendita imagen en el atrio de la iglesia y a los pies de María se juró solemnemente no guardar rencores y borrar el odio de los corazones para que la paz origine fraternidad y reconciliación.
Por este motivo le dieron a la imagen el hermoso título de Nuestra Señora de La Paz. Está tallada en madera vestida, con un bordado del escudo nacional sobre su falda blanca. Lleva en su brazo izquierdo al Niño Jesús y en mano derecha una palma de oro en recuerdo de la erupción del volcán Chaparrastique en 1787, que amenazó con hundir a la ciudad en un mar de lava.
Se dice que cuando la imagen de Nuestra Señora de la Paz se colocó en la puerta principal de la Catedral, en ese mismo momento la fuerte corriente de lava cambió de dirección, apartándose de la ciudad. En el punto exacto donde la lava torció el rumbo hay un pueblo que se llama "Milagro de la Paz".
Benedicto XV concedió la coronación canónica de la imagen, que se efectuó el 21 de noviembre de 1921. El 10 de octubre de 1966, el Papa Pablo VI, a través de la Sagrada Consagración de Ritos, constituyó y declaró de manera perpetua, a Nuestra Señora de la Paz, Patrona Principal de la República de El Salvador, con todos los honores y privilegios litúrgicos correspondientes.
El nuevo templo dedicado a Nuestra Señora de la Paz fue terminado en 1953.
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Santa María Josefa Rosello
Fundadora
Año 1880
Esta
activísima mujer tuvo el consuelo de que al morir ya había
fundado 66 conventos
de su comunidad. Es la fundadora de las Hermanas de la
Misericordia.
En un retrato que le fue tomado, la santa aparece con un rostro firmemente perfilado y lleno de energía; sereno, y con la alegría de quien espera conseguir nuevos triunfos.
María Josefa nació en 1811 en Abisola, Italia, de familia pobre. Cuando todavía era muy jovencita, su papá la llamaba "la pequeña capitana", porque demostraba tener cualidades de líder y ejercía mucha influencia entre sus compañeras.
Un día todas las personas mayores del pueblo dispusieron irse en peregrinación a visitar un santuario de la Virgen, en otra población. Cuando ya los mayores se habían marchado, María Josefa organizó a las niñas de la población y con ellas se fue cantando y rezando, en peregrinación al templo del pueblo. Un joven subió a la torre e hizo repicar las campanas, y así también los menores tuvieron su fiesta religiosa.
Un par de esposos muy ricos sufrían porque el marido estaba paralizado y no tenían quien le hiciera de enfermera. Averiguaron qué mujer había de absoluta confianza y les recomendaron a Josefa. Y ella atendió con el más esmerado cariño al pobre paralítico durante ocho años. Los esposos en pago a tantas bondades, dispusieron hacerla heredera de sus cuantiosos bienes. Pero la joven les dijo que solamente había hecho esto por amor a Dios, y no les recibió nada.
Nuestra joven sentía un gran deseo de dedicarse a llevar una vida de soledad y oración, pero su confesor le dijo que eso no era lo mejor para su temperamento emprendedor. Entonces al saber que el señor obispo de Savona estaba aterrado al ver que había tantas niñas abandonadas por las calles, sin quién las educara, se le presentó para ofrecerle sus servicios. Al prelado le pareció muy buena su oferta y la encargó de conseguir otras jovenes que quisieran dedicarse a la educación de niñas abandonadas. Y así en 1837 con ella y varias de sus amigas quedó fundada la congregación de Nuestra Señora de la Merced o de las Misericordias, con el fin de atender a las jóvenes más pobres.
Con unos muebles viejos, una casona casi en ruinas, cuatro colchones de paja extendidos en el suelo, unos kilos de papas, un crucifijo y un cuadro de la Santísima Virgen, empezaron su nueva comunidad. Y Dios la bendijo tanto, que ya en vida de la fundadora se fundaron 66 casas de la comunidad. Sus biógrafos dicen que María Josefa no hizo milagros de curaciones, pero que obtuvo de Dios el milagro de que su congregación se multiplicara de manera admirable. Cada vez que tenía unos centavos sobrantes en una casa, ya pensaba en fundar otra para las gentes más pobres.
La esposa del paralítico al cual ella había atendido con tanta caridad cuando era joven, le dejó al morir toda su grande herencia y con eso pudo pagar terribles deudas que tenía y fundar nuevas casas.
La Madre Josefa tenía una confianza total en la Divina Providencia, o sea en el gran amor generoso con que Dios cuida de nosotros. Y aún en las circunstancias más difíciles no dudaba de que Dios iba a intervenir a ayudarla, y así sucedía.
En su escritorio tenía una calavera para recordar continuamente en que terminan las bellezas y vanidades del mundo.
Durante 40 años fue superiora general, pero aún teniendo tan alto cargo, en cada casa donde llegaba, se dedicaba a ayudar en los oficios más humildes: lavar, barrer, cocinar, atender a los enfermos más repugnantes, etc.
Ante tantos trabajos y afanes se enfermó gravemente. El obispo se dio cuenta de que se trataba de cansancio y exceso de trabajo. La envió a descansar varias semanas, y volvió llena de salud y de energías para seguir trabajando, por el Reino de Dios.
Los misioneros encontraban muchas niñas abandonadas y en graves peligros y las llevaban a la Madre Josefa. Y ella, aun con grandes sacrificios y endeudándose hasta el extremo, las recibía gratuitamente para educarlas.
Su gran deseo era el poder enviar misioneras a lejanas tierras. Y la ocasión se presentó en 1875 cuando desde Buenos Aires, Argentina, le rogaron que enviara a sus religiosas a atender a las niñas abandonadas. Y coincidió el envío de sus primeras misioneras con el primer grupo de misioneros salesianos que enviaba San Juan Bosco. Así que ellas en el barco recibieron la bendición y los consejos de este gran santo que estaba ese día despidiendo a sus primeros misioneros salesianos.
También en América sus religiosas fueron fundando hospitales, casas de refugio y obras de beneficiencia.
Sus últimos años padeció muy dolorosas enfermedades que la redujeron casi a total quietud. Y llegaron escrúpulos o falsos temores de que se iba a condenar. Era una pena más que le permitía Dios para que se santificara más y más. Pero venció esas tentaciones con gran confianza en Dios y murió diciendo: "Amemos a Jesús. Lo más importante es amar a Dios y salvar el alma". El 7 de diciembre de 1880 pasó a la eternidad. En 1949 fue declarada santa.
Que la Divina Providencia de Dios envíe a su santa Iglesia muchas "capitanas" que, como María Josefa Rosello, se dediquen a llenar el mundo de obras de caridad.
Dijo Jesús: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio".
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Fuente: Mercaba.org
Catalina Tomás, Santa Monja, 28 de julio
Monja Martirologio Romano: En la ciudad de Palma, en la isla de Mallorca, en España, santa Catalina Tomás, virgen, que, habiendo ingresado en la Orden de Canonesas Regulares de San Agustín, destacó por su humildad y la abnegación de la voluntad (1574).
Sí alguna vez van ustedes a Mallorca, será
obligado que visiten Valldemosa. El turismo se basa, por
desgracia, en lo espectacular. Y así, les enseñarán la
Cartuja, con sus celdas, y aquellas donde vivieron el
pobre Federico Chopin y la escritora George Sand una
bien pobre aventura humana. O en La Foradada, la mancha
de humo de aquella hoguera que encendió Rubén Darío,
cuando quiso hacer una paella junto al mar. Salvo que
ustedes pregunten, nadie o casi nadie les hablará de
Catalina Thomás, aquella "santita mucama", como la llamó
un escritor viajero español. |
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Fuente: itunet
Nazario y Celso, santos Mártires, 28 de julio
Mártires Martirologio Romano: En Milán, de la provincia de Liguria,
santos Nazario y Celso, mártires, cuyos cuerpos fueron
hallados por san Ambrosio (inventio 395). |
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Pedro Poveda Castroverde, Santo Sacerdote y Mártir, 28 de julio
Sacerdote y Mártir Martirologio Romano: En Madrid, capital de España, San
Pedro Poveda Castroverde, presbítero y mártir,
fundador de la Institución Teresiana destinada a
promover la formación cristiana, que al comienzo de la
persecución contra la Iglesia fue asesinado por odio a
la religión, dando un claro testimonio de su fe
(1936). |
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Germán Martín Martín, Beato Sacerdote y Mártir, 28 de julio
Germán Martín Martín nace en San Cristóbal
del Priero, Oviedo (España), el 9 de febrero de 1899. |
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Fuente: franciscanos.org
Alfonsa de la Inmaculada Concepción (Ana) Muttathupadathu,
Santa Primera
Santa de la India, 28 de julio
Religiosa Clarisa de la India Martirologio Romano: En la ciudad de
Bharananganam, en Kérala, en la India, Santa Alfonsa
de la Inmaculada Concepción (Ana) Muttathupadathu,
virgen, que, para evitar que la obligasen a casarse,
metió el pie en el fuego, y admitida en las Clarisas
Malabarenses, vivió casi continuamente enferma
ofreciendo su vida a Dios (1946). |
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_Fuente: Archidiócesis de
Madrid
Inocencio I, Santo XL Papa, 28 de julio
XL Papa Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Ponciano, junto al “Oso peludo”, sepultura de san Inocencio I, papa, que defendió a san Juan Crisóstomo, consoló a san Jerónimo y aprobó a san Agustín (417).
Nació en la segunda mitad del siglo IV y
parece ser que en Albano, aunque documentalmente no
pueda demostrarse con certeza. Fue elegido papa en el
año 401, como sucesor de Anastasio I. |
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Fuente: www.lasalle.org
Jaime Hilario (Manuel Barbal Cosán), Santo Mártir
Lasallista, 28 de julio
Mártir Lasallista Martirologio Romano: En Tarragona, España, beato Jaime
Hilario (Manuel) Barbal Cosán, religioso de los
Hermanos de la Escuelas Cristianas, mártir, condenado
a la pena capital por odio a la Iglesia en la
mencionada persecución (1936). |
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Fuente: www.dominicos.org
Melchor de Quirós, Santo Obispo y Mártir, 28 de julio
Obispo y Mártir Martirologio Romano En Nam Dinh, de Tonquín (hoy Vietnam),
san Melchor García Sampedro, obispo, de la Orden de
Predicadores y mártir, encerrado primero por ser
cristiano en una estrechísima cárcel, y después, por
orden del emperador Tu Duc, materialmente despedazado
(1858). ORACIÓN |
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Fuente: ACIprensa.com
Víctor I, Santo XIV Papa, 28 de julio
XIV Papa de la Iglesia Martirologio Romano: En Roma, san Víctor I, papa, africano
de nacimiento, que fijó para todas las Iglesias la
celebración de la fiesta de Pascua en el domingo que
sigue inmediatamente a la Pascua judía (c. 200). |
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Fuente: www.sdb.org
José Caselles Moncho y José Castell Camps, Beatos
Mártires Salesianos,
28 de julio
Mártires Salesianos Martirologio Romano: En Barcelona, España, beatos José
Caselles Moncho y José Castell Camps, presbíteros de
la Sociedad Salesiana y mártires, que durante la misma
persecución religiosa merecieron alcanzar con el
martirio la gloria de la vida eterna (1936). |
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Fuente: L´oservatore
Romano
Manuel Segura, Beato Mártir, 28 de julio
Martirologio Romano: En Gabasa, pueblo de la provincia de Zaragoza, en España, beatos Manuel Segura, presbítero, y David Carlos, religioso de la Orden de los Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, mártires durante la persecución contra la Iglesia durante la guerra civil española(1936).
Nació en Almonacid de la Sierra (Zaragoza),
el 21 de enero de 1881. Vistió el hábito escolapio en
Peralta de las Sal (Huesca) el 1 de noviembre de 1899 y
fue ordenado sacerdote en Barbastro el 25 de mayo de
1907. |
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J†A
JMJ
Pax
¿Para quién serán todos tus bienes?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús
en medio de una multitud, un hombre le dijo:
"Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia".
Pero Jesús le contestó:
"Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de
herencias?"
Y dirigiéndose a la multitud, dijo:
"Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no
depende de la
abundancia de los bienes que posea".
Después les propuso esta parábola:
"Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar:
"¿Qué
haré, porque no teno ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo
que voy a
hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes
para guardar allí
mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya
tienes los bienes
acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la
buena vida".
Pero Dios le dijo:
"¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán
todos tus
bienes?" Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo
y no se
hace rico de lo que vale ante Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
18o. Dom Ord Ciclo C
Acuérdate, Señor, de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.
Oración Colecta
Oremos:
Dios eterno y todopoderoso, a quien confiadamente podemos
llamar ya Padre
nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos
adoptivos tuyos,
para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia
que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
¿Qué provecho saca el hombre de todos sus trabajos
Lectura del libro del Eclesiastés. 1, 2; 2, 21-23
Todas las
cosas, absolutamente todas, son vana ilusión. Hay quien se
agota trabajando y
pone en ello todo su talento, su ciencia y su habilidad, y
tiene que dejárselo
todo a otro que no lo trabajó. Esto es vana ilusión y gran
desventura, En
efecto, ¿qué provecho saca el hombre de todos sus trabajos y
afanes bajo el
sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa.
¿No es también eso
vana ilusión?
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del salmo 89
Señor, ten compasión de nosotros.
Tú hacer
volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que
retornen. Mil años
son para ti como un día, que ya pasó; como una breve noche.
Señor; ten
compasión de nosotros. Nuestra vida es tan breve como un
sueño; semejante a la
hierba, que despunta y florece en la mañana y por la tarde se
marchita y se
seca.
Señor, ten compasión de nosotros.
Enséñanos a
ver lo que es la vida y seremos sensatos. ¿Hasta cuándo,
Señor, vas a tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo?
Señor, ten compasión de nosotros.
Llénanos de
tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Que el Señor
bondadoso nos
ayude y dé prosperidad a nuestras obras.
Señor, ten compasión de nosotros.
Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-5.9-11
Hermanos:
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los
bienes de arriba,
donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo
el corazón en los
bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y
su vida está
escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifiesta Cristo,
vida de ustedes,
entonces también ustedes se manifestarán gloriosos juntamente
con él.
Den muerte, pues, a todo lo malo que hay en ustedes: la
fornicación, la
impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos y la
avaricia, que es una
forma de idolatría. No sigan engañándose unos a otros;
despójense del modo de
actuar del viejo yo y revístanse del nuevo yo, el que se va
renovando conforme
va adquiriendo el conocimiento de Dios, que lo creó a su
propia imagen.
En este orden nuevo ya no hay distinción entre judíos y no
judíos, israelitas y
paganos, bárbaros y extranjeros, esclavos y libres, sino que
Cristo es todo en
todos.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino
de los cielos.
Aleluya.
¿Para quién serán todos tus bienes?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo,
hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo:
"Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia".
Pero Jesús le contestó:
"Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de
herencias?"
Y dirigiéndose a la multitud, dijo:
"Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no
depende de la
abundancia de los bienes que posea".
Después les propuso esta parábola:
"Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar:
"¿Qué
haré, porque no teno ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé
lo que voy a
hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes
para guardar allí
mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya
tienes los bienes
acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la
buena vida".
Pero Dios le dijo:
"¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán
todos tus
bienes?" Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí
mismo y no se
hace rico de lo que vale ante Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, pidámosle que escuche
nuestras oraciones y
roguémosle con fe que venga en auxilio de nuestras
necesidades:
Respondemos a
cada petición:
Te rogamos Señor, Escúchanos
Oremos por el
Papa por nuestro obispo por todos los obispos y sacerdotes,
para que el Señor
los haga santos y les conceda el espíritu de sabiduría a fin
de que proclamen
con rectitud la verdadera palabra.
Te rogamos Señor, Escúchanos
Oremos por
los que están lejos de sus hogares, por los viajeros, por los
que se encuentran
en peligro, para que el Señor les conceda un ángel que los
proteja y los aleje
de todo mal.
Te rogamos Señor, Escúchanos
Oremos por
los hombres de todos los pueblos y de todas las religiones,
para que el Señor
les revele su bondad y dirija su camino hacia el conocimiento
de la verdad
plena.
Te rogamos Señor, Escúchanos
Oremos por
nuestros hermanos que han muerto en el Señor; que Dios perdone
sus pecados,
acoja sus almas junto a él y los conduzca al lugar del
descanso, de la luz y de
la paz.
Te rogamos Señor, Escúchanos
Celebrante:
Dios nuestro, principio y fin de todas las cosas, que en
Cristo, tu Hijo, nos
has llamado a la posesión de tu reino, escucha nuestras
oraciones y no permitas
que, mientras nos esforzamos por someter la tierra, nos
dejemos cautivar por el
deseo de poseer los bienes terrenales, y nos olvidemos de
buscar siempre y por
encima de todo aquello que nos hace ricos a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con bondad, estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y con tu poder conviértelos en el sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La salvación por la obediencia de Cristo
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al
mundo fue tan misericordioso, que no sólo nos enviaste como
redentor a tu
propio Hijo, sino que lo quisiste en todo semejante a
nosotros, menos en el
pecado, para poder así amar en nosotros lo que en él amabas. Y
con su
obediencia nos devolviste aquellos dones que por nuestra
desobediencia habíamos
perdido.
Por eso, ahora nosotros, llenos de alelaría, te aclamamos con
los ángeles y los
santos, diciendo:
Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.
Oración después de la comunión
Oremos:
Que la recepción de esta Eucaristía nos confirme, Señor, en tu
amor y nos ayude
a conseguir la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo octavo Domingo
ciclo c
SER RICOS EN DIOS
— Solo el Señor puede llenar nuestro corazón.
— Nuestra vida es corta y bien limitada en el tiempo: aprovechar las cosas nobles de la tierra para ganarnos el Cielo.
— Aprovechar el tiempo de cara a Dios. Desprendimiento.
I. Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra1, nos exhorta San Pablo en la Segunda lectura de la Misa. Porque los bienes de aquí abajo duran poco y no llenan el corazón humano por muy abundantes que sean.
Breve es la vida del hombre sobre la tierra2, y la mayor parte de ella se pasa entre dolor y fatigas; todo se disipa como el viento y apenas deja rastro detrás de sí3; en el mejor de los casos se puede reunir una gran fortuna, que se dejará pronto a otros. ¿A qué se reducen tantos esfuerzos y fatigas, si no se lleva consigo lo que se obtiene? Vaciedad sin sentido; todo es vaciedad, nos recuerda otra de las lecturas de la Misa4.
Frente a este vacío y a esta falta de sentido, frente a lo inconsistente, Dios es la Roca: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias...5. Dios da sentido a la vida, al trabajo, al dolor.
Sin embargo, el corazón del hombre tiene gran facilidad para buscar las cosas de aquí abajo sin otra dimensión trascendente, tiende a apegarse a ellas como lo único y principal y a olvidarse de lo que realmente importa. En el Evangelio de la Misa6, el Señor toma motivo de una cuestión de reparto de herencias que le proponen, para enseñarnos cuál es la verdadera realidad de las cosas a la luz del final terreno. La consideración de la muerte, de la nuestra propia, hacia la que nos encaminamos con rapidez, arroja mucha luz sobre el sentido de la vida y de los bienes. Dice el Señor: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: ... derribaré los graneros y construiré otros más grandes... Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida...
Nos enseña el Señor que poner el corazón, hecho para lo eterno, en el afán de riqueza y bienestar material es una necedad, porque ni la felicidad ni la misma vida verdaderamente humana se fundamentan en ellos: no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que posee7. El rico labrador de la parábola revela su ideal de vida en el diálogo que entabla consigo mismo. Se le ve seguro de sí porque tiene bienes, y en ellos basa su estabilidad y felicidad. Vivir es, para él, como para tantas personas, disfrutar lo más posible: hacer poco, comer, beber, darse buena vida, disponer de bienes de repuesto para muchos años. Este es su ideal; en él no hay ninguna referencia a Dios y tampoco a los demás. Nada que le lleve a ver la necesidad de compartir con otros los bienes recibidos.
¿Y cómo asegurar este sentido puramente material de sus días?: Almacenaré... Sin embargo, todo lo que no se construya sobre Dios está edificado en falso. La seguridad que dan los bienes materiales es frágil, y también insuficiente, porque nuestra vida no se llena sino con Dios.
Podemos preguntarnos nosotros hoy, en nuestra oración, en qué tenemos puesto el corazón. Sabiendo que nuestro destino definitivo es el Cielo, tenemos que hacer positivos y concretos actos de desprendimiento de lo que poseemos y usamos, y ver el modo de que otras personas más necesitadas compartan lo nuestro, y ayudar con bienes y tiempo en tareas apostólicas.
II. En el diálogo que sostiene el rico labrador consigo mismo interviene otro personaje –Dios– que no había sido tenido en cuenta, y que con sus palabras revela que este hombre se ha equivocado radicalmente a la hora de programar su modo de vivir: Necio, le dice, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Todo ha sido inútil. Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
Nuestro paso por la tierra es un tiempo para merecer; el mismo Señor nos lo ha dado. San Pablo recuerda que no tenemos aquí ciudad permanente, vamos en busca de lo que está por llegar8. El Señor vendrá a llamarnos, a pedirnos cuenta de los bienes que nos dejó en depósito para que los administrásemos bien: la inteligencia, la salud, los bienes materiales, la capacidad de amistad, la posibilidad de hacer felices a quienes nos rodean... El Señor llegará una sola vez, quizá cuando menos lo esperábamos, como el ladrón en la noche9, como relámpago en el cielo10, y nos ha de encontrar bien dispuestos. Aferrarse a lo de aquí abajo, olvidar que nuestro fin es el Cielo, nos llevaría a desenfocar nuestra vida, a vivir en la más completa necedad. Necio es la palabra que dirige Dios a este hombre que había vivido solo para lo material. Hemos de caminar con los pies en la tierra, con afanes, ilusiones e ideales humanos, sabiendo prever el futuro para uno mismo y para aquellos que dependen de nosotros, como un buen padre y una buena madre de familia, pero sin olvidar que somos peregrinos, y solamente «actores en escena. Nadie se crea rey ni rico, porque al final del acto nos encontraremos todos pobres»11. Los bienes son meros medios para alcanzar la meta que el Señor nos ha señalado. Nunca deben ser el fin de nuestros días aquí en la tierra.
Nuestra vida es corta y bien limitada en el tiempo: esta misma noche han de exigirte la entrega de tu alma. Así es de escaso el tiempo: esta misma noche, y quizá nosotros pensamos en muchísimos años, como si nuestro paso por la tierra hubiera de durar siempre. Nuestros días están numerados y contados; estamos en las manos de Dios. Dentro de un tiempo –quizá no largo– nos encontraremos cara a cara con Él.
La meditación de nuestro final terreno nos ayuda a santificar el trabajo –redimentes tempus, recuperando el tiempo perdido12– y nos facilita el aprovechar todas las circunstancias de esta vida para merecer y reparar por los pecados, y para un desprendimiento efectivo de lo que tenemos y usamos. Un día cualquiera será nuestro último día. Hoy han muerto –o morirán– miles de personas en circunstancias diversísimas; jamás imaginaron que ya no tendrían más días para desagraviar y para llenar un poco más su alforja de cara a la eternidad. Unas han muerto con el corazón puesto en asuntos de poca o nula importancia en relación a su existencia definitiva más allá de la muerte; otras tenían la vista y el corazón quizá en las mismas cosas humanas, pero dirigidas a Dios. Estas se encontrarán con el tesoro maravilloso que no pueden destruir ni el orín, ni la polilla13.
III. En el momento de la muerte, el estado del alma queda fijado para siempre. Después no hay cambio posible: el destino que nos espera en la eternidad es consecuencia de la actitud que hayamos tomado en nuestro paso por la tierra: Si un árbol cae al mediodía o al norte permanece en el lugar que ha caído14. De aquí las advertencias frecuentes del Señor para estar siempre en vigilia15, pues la muerte no es el término de la existencia, sino el comienzo de una nueva vida. El cristiano no puede despreciar la existencia temporal ni minusvalorarla, pues toda ella debe servir como preparación para su existencia definitiva con Dios en el Cielo. Solo quien se hace rico ante Dios mediante la santificación de lo ordinario y el buen uso de los bienes materiales, quien acumula tesoros que Dios reconoce como tales, saca provecho cierto de estos días terrenos. Todo lo demás es vivir de engaños: Se mueve el hombre como un fantasma, se afana solamente por un soplo; amontona sin saber para quién16.
Si los bienes que tenemos y utilizamos están enderezados a la gloria de Dios, sabremos utilizarlos con desprendimiento, y no nos quejaremos si alguna vez llegan a faltar. Su carencia –cuando el Señor lo quiere o lo permite así– no nos quitará la alegría. Sabremos ser felices en la abundancia y en la escasez, porque los bienes no serán nunca el objeto supremo de la vida; y lo mucho o lo poco que poseamos sabremos compartirlo con quienes carecen de ello: creando empleo si está en nuestras manos, ayudando a promocionar obras de cultura y de formación, contribuyendo con generosidad al sostenimiento de obras buenas y de la Iglesia.
La consideración de la muerte nos enseña también a aprovechar bien los días, pues el tiempo que tenemos por delante no es muy largo. «Este mundo, mis hijos, se nos va de las manos. No podemos perder el tiempo, que es corto (...). Entiendo muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a los de Corinto: tempus breve est!, ¡qué breve es la duración de nuestro paso por la tierra! Estas palabras, para un cristiano coherente, suenan en lo más íntimo de su corazón como un reproche ante la falta de generosidad, y como una invitación constante para ser leal. Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar»17. ¿Y vamos a desaprovecharlo dejando que el corazón quede apegado a cuatro baratijas de la tierra, que nada valen?
La meditación de las verdades eternas es un buen antídoto contra el pecado y una ayuda eficaz para darle a nuestra vida su verdadero sentido. Nos facilita el cuidar con esmero el trabajo de cada día, la convivencia con los demás, los deberes de caridad, especialmente con los más necesitados, pues esta será nuestra principal credencial ante Dios.
1 Segunda lectura. Col 3, 1-5; 9-11. — 2 Sab 2, 1. — 3 Sal 89, 10. — 4 Ecl 1, 2. — 5 Salmo responsorial. Sal 94. — 6 Lc 12, 13-21. — 7 Lc 12, 15. — 8 Heb 13, 14. — 9 Mt 25, 43. — 10 Mt 24, 27. — 11 San Juan Crisóstomo, Homilía sobre Lázaro, 2, 3. — 12 Ef 5, 16. — 13 Mt 6, 20. — 14 Ecl 11, 3. — 15 Cfr. Mt 24, 42-44; Mc 13, 32-37. — 16 Sal 39, 7. — 17 San Josemaría Escrivá, Hoja informativa sobre el proceso de beatificación de este Siervo de Dios, n. 1. p. 4.
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4 de agosto
SAN JUAN BAUTISTA M.ª VIANNEY*
Memoria
— Sacerdotes santos, Dignidad incomparable. Amor al sacerdocio.
— Necesidad del sacerdote. Oración y mortificación por los sacerdotes.
— El sacerdote, en nombre del Señor, acompaña la vida del hombre, Aprecio por quienes tanto nos han dado. Confiar mucho en la oración del sacerdote.
I. Cuando Juan Bautista M.ª Vianney iba a ser enviado a la pequeña parroquia de Ars (230 habitantes), el Vicario general de la diócesis le dijo: “No hay mucho amor de Dios en esta parroquia; usted procurará introducirlo”1. Y eso fue lo que hizo: encender en el amor al Señor que llevaba en el corazón a todos aquellos campesinos y a incontables almas más. No poseía una gran ciencia, ni mucha salud, ni dinero... pero su santidad personal, su unión con Dios hizo el milagro. Pocos años más tarde una gran multitud de todas las regiones de Francia acude a Ars, y a veces han de esperar días para ver a su párroco y confesarse. Lo que atrae no es la curiosidad de unos milagros que él trata de ocultar. Era más bien el presentimiento de encontrar un sacerdote santo, “sorprendente por su penitencia, tan familiar con Dios en la oración, sobresaliente por su paz y su humildad en medio de los éxitos populares, y sobre todo tan intuitivo para corresponder a las disposiciones interiores de las almas y librarlas de su carga, particularmente en el confesonario”2. Escogió el Señor “como modelo de pastores a aquel que habría podido parecer pobre, débil, sin defensa y menospreciable a los ojos de los hombres (cfr. 1 Cor 1, 27-29). Dios lo premió con sus mejores dones como guía y médico de las almas”3.
En cierta ocasión, a un abogado de Lyon que volvía de Ars, le preguntaron qué había visto allí. Y contestó: “He visto a Dios en un hombre”4. Esto mismo hemos de pedir hoy al Señor que se pueda decir de cada sacerdote, por su santidad de vida, por su unión con Dios, por su preocupación por las almas. En el sacramento del Orden, el sacerdote es constituido ministro de Dios y dispensador de sus tesoros, como le llama San Pablo5. Estos tesoros son: la Palabra divina en la predicación; el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que dispensa en la Santa Misa y en la Comunión; y la gracia de Dios en los sacramentos. Al sacerdote le es confiada la tarea divina por excelencia, “la más divina de las obras divinas”, según enseña un antiguo Padre de la Iglesia, como es la salvación de las almas. Es constituido embajador, mediador, entre Dios y los hombres. Entre Dios, que está en el Cielo, y el hombre que todavía se encuentra de paso en la tierra; con una mano toma los tesoros de la misericordia divina, con la otra los distribuye generosamente. Por su misión de mediador, el sacerdote participa de la autoridad con que Cristo construye, santifica y gobierna su Cuerpo6, confecciona el sacramento de la Eucaristía, que es la acción más santa que pueden realizar los hombres sobre la tierra.
¿Qué quieren, qué esperan los hombres del sacerdote? “Nos atrevemos a afirmar señala Mons. Álvaro del Portillo que necesitan, que desean y esperan, aunque muchas veces no razonen conscientemente esa necesidad y esa esperanza, un sacerdote-sacerdote, un hombre que se desviva por ellos, por abrirles los horizontes del alma, que ejerza sin cesar su ministerio, que tenga un corazón grande, capaz de comprender y de querer a todos, aunque pueda a veces no verse correspondido; un hombre que dé con sencillez y alegría, oportunamente y aun inoportunamente (cfr. 2 Tim 4, 2), aquello que él solo puede dar: la riqueza de gracia, de intimidad divina, que a través de él Dios quiere distribuir a los hombres”7.
Hoy es un día muy oportuno para que, a través del Santo Cura de Ars, pidamos mucho por la santidad de los sacerdotes, especialmente de aquellos que de alguna manera están puestos por Dios para ayudarnos en nuestro camino hacia Él.
II. Con frecuencia el Cura de Ars solía decir: “¡Qué cosa tan grande es ser sacerdote! Si lo comprendiera del todo, moriría”8. Dios llama a algunos hombres a esta gran dignidad para que sirvan a sus hermanos. Sin embargo, “la misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no solo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino también por todos los fieles laicos”9, cada uno en su propia vocación y en su quehacer en el mundo, siendo como antorchas encendidas10 en la noche, pues estos, “en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, cada uno en su propia medida”11. De ninguna manera su participación en la vida de la Iglesia consiste en ayudar al clero, aunque alguna vez lo hagan. Lo específicamente laical no es la sacristía, sino la familia, la empresa, la moda, el deporte..., que procuran, en su propio orden, llevar a Dios. La misión de los seglares ha de llevarles a impregnar la familia, el trabajo y el orden social con aquellos principios cristianos que lo elevan y lo hacen más humano: la dignidad y primacía de la persona humana, la solidaridad social, la santidad del matrimonio, la libertad responsable, el amor a la verdad, el respeto hacia la Justicia en todos los niveles, el espíritu de servicio, la práctica de la comprensión mutua y de la caridad...
Pero para que puedan ejercer en medio del mundo “este papel profético, sacerdotal y real, los bautizados necesitan el sacerdocio ministerial por el que se les comunica de forma privilegiada y tangible el don de la vida divina recibido de Cristo, Cabeza de todo el Cuerpo. Cuanto más cristiano es el pueblo y cuanta más conciencia toma de su dignidad y de su papel activo dentro de la Iglesia, tanto más siente la necesidad de sacerdotes que sean verdaderamente sacerdotes”12.
Hoy pedirnos al Señor sacerdotes santos, amables, doctos, que traten las almas como joyas preciosas de Jesucristo, que sepan renunciar a sus planes personales por amor a los demás, que amen profundamente la Santa Misa, fin principal de su ordenación y centro de todo su día, y que orienten sus mejores esfuerzos pastorales, “como en el Cura de Ars, en el anuncio explícito de la fe, del perdón, de la Eucaristía”13.
III. Dios ha puesto al sacerdote cerca de la vida del hombre para ser dispensador de la misericordia divina. “Apenas nace el hombre a la vida, el sacerdote lo regenera en el bautismo, le confiere una vida más noble, más preciosa, la vida sobrenatural, y lo hace hijo de Dios y de la Iglesia de Jesucristo.
“Para fortificarlo y hacerlo más apto para combatir generosamente las luchas espirituales, también un sacerdote, revestido de especial dignidad, lo hace soldado de Cristo por medio de la Confirmación.
“Cuando apenas niño es capaz de discernir y apreciar el Pan de los Ángeles, don del Cielo, el sacerdote lo alimenta y fortalece con este manjar vivo y vivificante. Si ha tenido la desgracia de caer, el sacerdote lo levanta en nombre de Dios y lo reconcilia con Él por medio del sacramento de la Penitencia. Si Dios lo llama para formar una familia y para cooperar con Él en la transmisión de la vida humana en el mundo y para aumentar el número de fieles sobre la tierra, y después de los elegidos en el Cielo, el sacerdote está allí para bendecir sus bodas y su amor noble. Cuando, finalmente, el cristiano, próximo ya el desenlace de su vida mortal, necesita de fortaleza, necesita de auxilio para presentarse ante el Divino Juez, el ministro de Cristo, inclinándose sobre los miembros doloridos de los moribundos, los conforta y purifica con la unción del sagrado óleo. Así, después de haber acompañado a los cristianos a través de la peregrinación terrena de la vida hasta las mismas puertas de la eternidad, con las plegarias de los sagrados ritos en los que se refleja la esperanza inmortal, el sacerdote acompaña también el cuerpo hasta la sepultura y no abandona a los que participan de la otra vida: antes al contrario, si necesitan expiación y alivio, los alivia con el consuelo de los sufragios. Por lo tanto, desde la cuna hasta la tumba, más aún, hasta el Cielo, el sacerdote es para los fieles guía, consuelo, ministro de salvación, distribuidor de gracias y bendiciones”14.
Es de justicia que los fieles recen cada día, y de modo particular cuando celebramos la fiesta del Santo Cura de Ars, por todos los sacerdotes, y en especial por aquellos que han recibido el encargo de Dios de atenderlos espiritualmente: de quienes reciben el oro de la buena doctrina, el pan de los Ángeles y el perdón de los pecados. Con palabras de San Josemaría Escrivá, nos enseñan a tratar a Cristo, a encontrarnos con Él en el tribunal amoroso de la Penitencia y en la renovación incruenta del Sacrificio del Calvario, en la Santa Misa15.
Hemos de confiar en sus oraciones, rogándoles que encomienden nuestras necesidades, y unirnos a sus intenciones, que recogen habitualmente las exigencias más apremiantes de la Iglesia y de las almas. También hemos de venerarlos y tratarlos con todo afecto, “puesto que nadie es tan verdaderamente nuestro prójimo como el que ha curado nuestras heridas. Amémosle viendo en él a Nuestro Señor, y querámosle como a nuestro prójimo”16. Así se lo pedimos al Santo Cura de Ars.
1 F. Trochu, El Cura de Ars, Palabra, 6.ª ed., Madrid 1991, p. 141. — 2 Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes para el Jueves Santo, 16-III-1986, 5. — 3 Ibídem. — 4 Cit. por Juan Pablo I, Alocución 7-IX-1978. — 5 Cfr. 1 Cor 4, 1. — 6 cfr. Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 12. — 7 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, 6.ª ed., Madrid 1990, pp. 109-110. — 8 B. Nodet, Jean- Marie Vianney, Curé d’Ars, sa pensée, son coeur, Le Puy, 1958, p. 99. — 9 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 23. — 10 Cfr. Flp 2, 15. — 11 Juan Pablo II, loc. cit. — 12 ídem, Retiro en Ars, 6-X-1986, 4. — 13 Ibídem, 14. — 14 Pío XI, Enc. Ad catholici sacerdotii, 20-XII-1935. — 15 Cfr. San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, Palabra, 5.ª ed., Madrid 2004, p. 75 — 16 San Ambrosio, Tratado sobre el Evangelio de San lucas, 7, 84.
* San Juan M.ª Vianney nació cerca de Lyon el 8 de mayo de 1786. Tuvo que superar muchas dificultades hasta llegar a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, donde estuvo cerca de 42 años. Sobresalió por su labor de almas, espíritu de oración y de mortificación, y sobre todo por su infatigable dedicación a la administración del sacramento de la Penitencia. Murió en el año 1859. Fue canonizado y declarado Patrono del clero universal por Pío XI en 1929.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San
Juan Vianey

4 de Agosto
El Santo Cura de Ars
Párroco Año 1859
Santo
Cura de Ars:
Pide a Dios que nos envíe siempre
buenos párrocos como tú.
Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes".
Era un
campesino de mente rústica, nacido en Dardilly, Francia, el 8 de
mayo de 1786.
Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió
ferozmente a
la religión católica. Así que él y su familia, para poder
asistir a misa tenían
que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas, donde los
agentes del
gobierno no se dieran cuenta, porque había pena de muerte para
los que se
atrevieran a practicar en público sulreligión. La primera
comunión la hizo Juan
María a los 13 años, en una celebración nocturna, a escondidas,
en un pajar, a
donde los campesinos llegaban con bultos de pasto, simulando que
iban a
alimentar sus ganados, pero el objeto de su viaje era asistir a
la Santa Misa
que celebraba un sacerdote, con grave peligro de muerte, si los
sorprendían las
autoridades.
Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Y como estaban en guerra, Napoléon mandó reclutar todos los muchachos mayores de 17 años y llevarlos al ejército. Y uno de los reclutados fue nuestro biografiado. Se lo llevaron para el cuartel, pero por el camino, por entrar a una iglesia a rezar, se perdió del gurpo. Volvió a presentarse, pero en el viaje se enfermó y lo llevaron una noche al hospital y cuando al día siguiente se repuso ya los demás se habían ido. Las autoridades le ordenaron que se fuera por su cuenta a alcanzar a los otros, pero se encontró con un hombre que le dijo. "Sígame, que yo lo llevaré a donde debe ir". Lo siguió y después de mucho caminar se dio cuenta de que el otro era un desertor que huía del ejército, y que se encontraban totalmente lejos del batallón.
Y al llegar a un pueblo, Juan María se fue a donde el alcalde a contarle su caso. La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Al fin en 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianey pudo volver otra vez a su hogar.
Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante No se le queda nada". Y lo echaron.
Se fue en peregrinación de muchos días hasta la tumba de San Francisco Regis, viajando de limosna, para pedirle a ese santo su ayuda para poder estudiar. Con la peregrinación no logró volverse más inteligente, pero adquirió valor para no dejarse desanimar por las dificultades.
El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianey. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.
Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote.
Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianey es de buena conducta? - Ellos le repondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".
Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote, este joven que parecía tener menos inteligencia de la necesaria para este oficio, y que luego llegó a ser el más famoso párroco de su siglo (4 días después de su ordenación, nació San Juan Bosco). Los primeros tres años los pasó como vicepárroco del Padre Balley, su gran amigo y admirador.
Unos curitas muy sabios habían dicho por burla: "El Sr. Obispo lo ordenó de sacerdote, pero ahora se va a encartar con él, porque ¿a dónde lo va a enviar, que haga un buen papel?".
Y el 9 de febrero de 1818 fue envaido a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferecian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianey de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.
El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro. ¿Qué en Ars casi nadie iba a la Misa? Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento en el altar. ¿Qué el pueblo estaba lleno de cantinas y bailaderos? Pues el párroco se dedicó a las más impresionantes penitencias para convertirlos. Durante años solamente se alimentará cada día con unas pocas papas cocinadas. Los lunes cocina una docena y media de papas, que le duran hasta el jueves. Y en ese día hará otro cocinado igual con lo cual se alimentará hasta el domingo. Es verdad que por las noches las cantinas y los bailaderos están repletos de gentes de su parroquia, pero también es verdad que él pasa muchas horas de cada noche rezando por ellos. ¿Y sus sermones? Ah, ahí si que enfoca toda la artillería de sus palabras contra los vicios de sus feligreses, y va demoliendo sin compasión todas las trampas con las que el diablo quiere perderlos.
Cuando el Padre Vianey empieza a volverse famoso muchas gentes se dedican a criticarlo. El Sr. Obispo envía un visitador a que oiga sus sermones, y le diga que cualidades y defectos tiene este predicador. El enviado vuelve trayendo noticias malas y buenas.
El prelado le pregunta: "¿Tienen algún defecto los sermones del Padre Vianey? - Sí, Monseñor: Tiene tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre habla de los mismos temas: los pecados, los vicios, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo". - ¿Y tienen también alguna cualidad estos sermones? - pregunta Monseñor-. "Si, tienen una cualidad, y es que los oyentes se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes".
El Obispo satisfecho y sonriente exclamó: "Por esa última cualidad se le pueden perdonar al Párroco de Ars los otros tres defectos".
Los primeros años de su sacerdocio, duraba tres o más horas leyendo y estudiando, para preparar su sermón del domingo. Luego escribía. Durante otras tres o más horas paseaba por el campo recitándole su sermón a los árboles y al ganado, para tratar de aprenderlo. Después se arrodillaba por horas y horas ante el Santísimo Sacramento en el altar, encomendándo al Señor lo que iba decir al pueblo. Y sucedió muchas veces que al empezar a predicar se le olvidaba todo lo que había preparado, pero lo que le decía al pueblo causaba impresionantes conversiones. Es que se había preparado bien antes de predicar.
Pocos santos han tenido que entablar luchas tan tremendas contra el demonio como San Juan Vianey. El diablo no podía ocultar su canalla rabia al ver cuantas almas le quitaba este curita tan sencillo. Y lo atacaba sin compasión. Lo derribaba de la cama. Y hasta trató de prenderle fuego a su habitación . Lo despertaba con ruidos espantosos. Una vez le gritó: "Faldinegro odiado. Agradézcale a esa que llaman Virgen María, y si no ya me lo habría llevado al abismo".
Un día en una misión en un pueblo, varios sacerdotes jovenes dijeron que eso de las apariciones del demonio eran puros cuentos del Padre Vianey. El párroco los invitó a que fueran a dormir en el dormitorio donde iba a pasar la noche el famoso padrecito. Y cuando empezaron los tremendos ruidos y los espantos diabólicos, salieron todos huyendo en pijama hacia el patio y no se atrevieron a volver a entrar al dormitorio ni a volver a burlarse del santo cura. Pero él lo tomaba con toda calma y con humor y decía: "Con el patas hemos tenido ya tantos encuentros que ahora parecemos dos compinches". Pero no dejaba de quitarle almas y más almas al maldito Satanás.
Cuando concedieron el permiso para que lo ordenaran sacerdote, escribieron: "Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio". Pues bien: ese fue su oficio durante toda la vida, y lo hizo mejor que los que sí tenían mucha ciencia e inteligencia. Porque en esto lo que vale son las iluminaciones del Espíritu Santo, y no nuestra vana ciencia que nos infla y nos llena de tonto orgullo.
Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.
Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianey. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.
A las 12 de la noche se levantaba el santo sacerdote. Luego hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba hombres hasta las seis de la mañana. Poco después de las seis empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse a la Santa Misa. A las siete celebraba el santo oficio. En los últimos años el Obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.
De ocho a once confesaba mujeres. A las 11 daba una clase de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.
A las doce iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas.
De una y media hasta las seis seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era fuerte en combatir la borrachera y otros vicios.
En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: "El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo". Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.
Por la noche leía un rato, y a las ocho se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.
Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. Se cerraron muchas cantinas y bailaderos.
En Ars todos se sentían santamente orgullosos de tener un párroco tan santo. Cuando él llegó a esa parroquia la gente trabajaba en domingo y cosechaba poco. Logró poco a poco que nadie trabajara en los campos los domingos y las cosechas se volvieron mucho mejores.
Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos. A un hombre que lo insultó en la calle le escribió una carta humildísima pidiendole perdón por todo, como si el hubiera sido quién hubiera ofendido al otro. El obispo le envió un distintivo elegante de canónigo y nunca se lo quiso poner. El gobierno nacional le concedió una condecoración y él no se la quiso colocar. Decía con humor: "Es el colmo: el gobierno condecorando a un cobarde que desertó del ejército". Y Dios premió su humildad con admirables milagros.
El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad.
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Fuente:
Franciscanos.org
Federico Janssoone, Beato Presbítero franciscano, 4 de
agosto
Presbítero Martirologio
Romano: En Montreal, en la provincia de
Quebec, en Canadá, beato Federico Janssoone,
presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que,
para el fomento de la fe, promovió las peregrinaciones
a Tierra Santa (1916). |
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Aristarco, Santo Discipulo de San Pablo, 4 de agosto
Discípulo de San Pablo Martirologio
Romano: Conmemoración de san Aristarco de
Tesalónica, que fue discípulo de san Pablo, fiel
compañero en sus viajes y prisionero con él en Roma
(s. I). |
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Fuente:
www.op.com.ar
Cecilia Cesarini, Beata Religiosa, 4 de agosto
Virgen Dominica Martirologio Romano: En Bolonia, en la Emilia, beata Cecilia, virgen, que recibió el hábito de religiosa de manos de santo Domingo, de cuya vida y espíritu fue testigo fidelísima (1290).
Cecilia Cesarini,
nacida en Roma a comienzos del siglo XIII, se trasladó
en el año de 1221 de Santa María in Tempulo al
monasterio de San Sixto, donde conoció a santo Domingo,
de cuya fisonomía y espíritu dio un testimonio
fidelísimo. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Enrique Krzysztofik, Beato Presbítero y Mártir, 4 de
agosto
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich, de Baviera, en Alemania, beato Enrique Krzysztofik, presbítero y mártir. Deportado durante la guerra desde Polonia a una cárcel extranjera por su fe cristiana, acabó entre suplicios su martirio (1942).
Sacerdote
capuchino, profeso desde 1927. Era guardián y director
de estudios del convento de Lublin; religioso de
extraordinario celo, fe y entrega a la causa de Dios.
Arrestado el 25 de enero de 1940, lo deportaron al campo
de Dachau, donde fue sostén espiritual de los que
sufrían y de los moribundos. En su última carta a los
seminaristas les escribía: “Estoy pavorosamente flaco...
Peso 35 kilos. Me duelen todos los huesos. Estoy tirado
en la cama como en la cruz con Cristo. Pero estoy
contento de estar y sufrir con él. Ruego y ofrezco a
Dios estos mis sufrimientos por vosotros”. Murió el 4 de
agosto de 1942. |
J†A
JMJ
Pax
También ustedes estén preparados
†Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 23-48
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo. Jesús
dijo a sus discípulos;: "No temas rebañito mío, porque tu Padre
ha tenido a
bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas.
Consíganse unas bolsas
que no se destruyan y acumulen el el cielo un tesoro que no se
acaba, allá
donde no llega el la ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde
está tu tesoro
, ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas.
Sean semejantes a
los criados que están esperando a que su Señor regrese de la
boda, para abrirle
en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos quienes su Señor, al
llegar,
encuentre en vela. Yo les aseguró que se recogerá la túnica, los
hará sentar en
la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a media noche o a la
madrugada y los
encuentra en vela, dichosos ellos.
Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a
venir el
ladrón, estaría vigilando y no lo dejaría que se le metiera por
un boquete en
su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora
en que menos
lo piensen vendrá el Hijo del hombre"
Entonces Pedro le pregunto a Jesús: "¿Dices esta parábola solo
por nosotros
o por todos?"
El Señor respondió:
"Supongan que un administrador, puesto por su amo en frete de la
servidumbre, con su cargo de repartirles a su tiempo sus
alimentos, se porta
con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo a su
llegada lo
encuentra, cumpliendo con su deber.
Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.
Pero si esté
siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a maltratar
a los criados y
a las criadas, a comer, beber y a embriagarse, el día menos
pensada y a la hora
menos inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le
hará correr la
misma suerte que los hombres desleales.
El servidor que conociendo la voluntad de su amo, no haya
preparado ni hecho lo
que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla,
haya hecho algo
digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le
exigirá mucho, y
al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más".
Palabra de Dios.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Acuérdate, Señor de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.
Oremos:
Dios eterno y todopoderoso a quien confiadamente podemos
llamar ya Padre
nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos
adoptivos tuyos,
para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia
que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Castigaste a nuestros adversarios y a tus elegidos nos cubriste de gloria
Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9
La noche de la
liberación pascual fue anunciada con
anterioridad a nuestros padres, para que se confortaran al
reconocer la firmeza
de las promesas en que habían creído. Tu pueblo esperaba a la
vez la salvación
de los justos y el exterminio de sus enemigos. En efecto, con
aquello mismo,
con que castigaste a nuestros adversarios nos cubriste de
gloria a tus
elegidos.
Por eso los piadoso hijos de un pueblo justo celebraron la
Pascua en sus casas,
y de común acuerdo se impusieron esta ley sagrada, de que
todos los santos
participaran por igual de los bienes y de los peligros. Y ya
desde entonces
cantaron los himnos de nuestros padres.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 32
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Sincera es
la palabra del Señor y todas
sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la
tierra llena está
de sus bondades.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Cuida el
Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de
hambre les da
vida.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
En el
Señor está nuestra esperanza, pues
él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con
nosotros, puesto
que en ti, Señor, hemos confiado.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Esperaban
la ciudad de dolidos
cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Lectura
de la carta de los hebreos 11,
1-2. 8-19
Hermanos:
la fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera
es conocer las
realidades que no se ven. Por ella fueron elevadas nuestros
mayores.
Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber
a donde iba,
partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia.
Por la fe, vivió
como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña,
como Isaac y
Jacobo, coherederos de la misma promesa después de él. Porque
ellos esperaban
la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios.
Por su fe, Sara, aún siendo estéril y a pesar de su avanzada
edad, pudo
concebir un hijo, porque creyó en Dios habría de ser fiel a la
promesa; y así,
de un sólo hombre anciano , nació una descendencia numerosa
como las estrellas
del cielo e incontable como las aterías del mar.
Todos ellos murieron firmes en la fe. Nos alcanzaron los
bienes prometidos,
pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos
reconocieron que
eral extraños y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así,
dan a entender
claramente que van en busca de una patria, pues si hubiera
añorado la patria de
donde habían salido, habrían estado a tiempo de volver a ella
todavía. Pero
ellos ansiaban una patria mejor: la del cielo. Por eso Dios no
se avergüenza de
ser llamado dios pues les tenía preparada una ciudad. Por su
fe, Abraham,
cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a
Isaac, su hijo único,
garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac
nacerá la decencia
que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que
Dios tiene poder
hasta para resucitar a los muertos, por eso fue devuelto
Isaac, que se
convirtió así en un símbolo profético.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
"Éste es mi
Hijo amado; escúchenlo".
Honor y gloria ti, Señor Jesús.
También ustedes estén preparados
†Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 23-48
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo. Jesús
dijo a sus discípulos;:
"No temas rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte
el Reino.
Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que
no se destruyan y
acumulen el el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no
llega el la
ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está tu tesoro ,
ahí estará su
corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas.
Sean semejantes a
los criados que están esperando a que su Señor regrese de la
boda, para abrirle
en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos quienes su Señor,
al llegar,
encuentre en vela. Yo les aseguró que se recogerá la túnica,
los hará sentar en
la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a media noche o a
la madrugada y los
encuentra en vela, dichosos ellos.
Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va
a venir el
ladrón, estaría vigilando y no lo dejaría que se le metiera
por un boquete en
su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la
hora en que menos
lo piensen vendrá el Hijo del hombre"
Entonces Pedro le pregunto a Jesús: "¿Dices esta parábola solo
por
nosotros o por todos?"
El Señor respondió:
"Supongan que un administrador, puesto por su amo en frete de
la
servidumbre, con su cargo de repartirles a su tiempo sus
alimentos, se porta
con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo a su
llegada lo
encuentra, cumpliendo con su deber.
Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.
Pero si esté
siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a
maltratar a los criados y
a las criadas, a comer, beber y a embriagarse, el día menos
pensada y a la hora
menos inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y
le hará correr la
misma suerte que los hombres desleales.
El servidor que conociendo la voluntad de su amo, no haya
preparado ni hecho lo
que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla,
haya hecho algo
digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le
exigirá mucho, y
al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más".
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor. Se dice "Credo".
Oremos, hermanos, a dios
Padre todopoderoso, que tanto
amó al mundo que le dio a su hijo único.
Respondemos: Roguemos al Señor.
Por la santa Iglesia de Dios: para que la unidad, la caridad
mutua y el fervor
reinen entre nosotros.
Roguemos al Señor.
Por la humanidad: para
que casen en el mundo las
guerras, las divisiones, los odios, los recelos y las
misericordias, y
recuperemos la esperanza en el amor.
Roguemos al Señor.
Por los que conociendo
el amor, sufren los frutos del
egoísmo: la soledad, la opresión, el desamparo: para que
encuentren en su
camino quienes le comprendan y le ayuden.
Roguemos al Señor.
Por nosotros mismos:
para que abandonando todos los ídolos:
dinero, prestigio, consumimos,... amemos al Señor con un
corazón indiviso.
Roguemos al Señor.
Para que saliendo de
nuestra mediocridad, sepamos
llevar a plenitud la fe recibida en el bautismo, caminando así
hacia la
santidad que Dios exige de nosotros.
Roguemos al Señor.
Celebrante:
Padre que imitemos a tu Hijo, que pasó por la vida haciendo el
bien, llevando
así plenitud la ley; que te amemos sobre todas las osas y a
nuestros hermanos
como a nosotros mismos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro
Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con bondad, estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y con tu poder conviértelos en el sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo en la cruz, nos libró de eterna muerte y, resucitando, nos dio vida eterna. Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.
Que la recepción de esta Eucaristía nos confirme, Señor, en tu amor y nos ayude a conseguir la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo
noveno Domingo
ciclo c
ESPERANDO AL SEÑOR
— Fundamentos de la esperanza teologal.
— Una espera vigilante. El examen de conciencia.
— La lucha en lo pequeño.
I. La Liturgia de la Palabra de este Domingo nos recuerda que la vida en la tierra es una espera, no muy larga, hasta que venga de nuevo el Señor. La fe que guía nuestros pasos es precisamente certeza en las cosas que se esperan1, como se lee en la Segunda lectura. Por medio de esta virtud teologal, el cristiano adquiere una firme garantía acerca de las promesas del Señor, y una posesión anticipada de los dones divinos. La fe nos da a conocer con certeza dos verdades fundamentales de la existencia humana: que estamos destinados al Cielo y, por eso, todo lo demás ha de ordenarse y subordinarse a este fin supremo; y que el Señor quiere ayudarnos, con abundancia de medios, a conseguirlo2. Nada debe desanimarnos en el camino hacia la santidad, porque nos apoyamos en estas “tres verdades: Dios es omnipotente, Dios me ama inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Y es Él, el Dios de las misericordias, quien enciende en mí la confianza; por lo cual yo no me siento solo, ni inútil, ni abandonado, sino implicado en un destino de salvación que desembocará un día en el Paraíso”3. La Bondad, la Sabiduría y la Omnipotencia divinas constituyen el cimiento firme de la esperanza humana.
Dios es omnipotente. Todo le está sometido: el viento, el mar, la salud, la enfermedad, los cielos, la tierra... Y todo lo emplea y dispone para la salvación de mi alma y de todos los hombres. Ni un solo medio deja de poner para el bien de cada uno de sus hijos; también de quien parece estar solo y abandonado. La fuerza de Dios se pone al servicio de la salvación y santificación de los hombres. Solo el mal uso de la libertad puede hacer inútiles los medios divinos. Pero siempre es posible el perdón. Siempre es posible dejar abierta la puerta para que la esperanza nos invada. Dios es omnipotente; Dios lo puede todo, es nuestro Padre y es Amor4.
Dios me ama inmensamente, como si fuera su único hijo, no me abandona nunca en mi peregrinación por la tierra, me busca cuando por mi culpa me he perdido, me ama con obras, disponiéndolo todo para el bien de mi alma. El amor paterno y materno, con todo el atractivo que posee, es tan solo un pálido reflejo del amor de Dios.
Dios es fiel a sus promesas, a pesar de nuestros retrocesos, traiciones y deslealtades, de la falta de correspondencia a los requerimientos divinos. Él nunca nos falla, no se cansa, tiene paciencia, una paciencia infinita, con los hombres. Mientras caminamos por esta tierra, a nadie abandona por imposible, a nadie considera irrecuperable. A Dios siempre lo encontramos como el Padre del hijo pródigo que sale impaciente todos los días a ver si su hijo se divisa ya en la lejanía, y tiene una fiesta preparada para el hijo que retorna.
El Señor espera nuestra conversión sincera y correspondencia cada vez más generosa: espera que estemos vigilantes para no adormecernos en la tibieza, que andemos siempre despiertos. La esperanza está íntimamente relacionada con un corazón vigilante; depende en buena parte del amor5.
II. Jesús nos exhorta a la vigilancia, porque el enemigo no descansa, está siempre al acecho6, y porque el amor nunca duerme7. En el Evangelio de la Misa8 nos advierte el Señor: Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y estad como quien aguarda a su amo cuando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga y llame.
Los judíos usaban entonces unas vestiduras holgadas y se las ceñían con un cinturón para caminar y para realizar determinados trabajos. “Tener las ropas ceñidas” es una imagen gráfica para indicar que uno se prepara para hacer un trabajo, para emprender un viaje, para disponerse a luchar9. Del mismo modo, “tener las lámparas encendidas” indica la actitud propia del que vigila o espera la venida de alguien10. Cuando el Señor venga al fin de la vida, nos debe encontrar así, preparados: en estado de vigilia, como quienes viven al día; sirviendo por amor y empeñados en mejorar las realidades terrenas, pero sin perder el sentido sobrenatural de la vida, el fin a donde se ha de dirigir todo; valorando debidamente las cosas terrenas –la profesión, los negocios, el descanso...–, sin olvidar que nada de esto tiene un valor absoluto, y que debe servirnos para amar más a Dios, para ganarnos el Cielo y servir a los hombres; haciendo un mundo más justo, más humano, más cristiano.
Poco tiempo nos separa de ese encuentro definitivo con Cristo, cada día que pasa nos acerca a la eternidad. Puede ser este mismo año, o el que viene, o el siguiente... De todas formas, siempre nos parecerá que la vida ha ido muy deprisa. El Señor vendrá en la segunda o en la tercera vigilia... “Y como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según la amonestación del Señor, que vigilemos constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena (Heb 9, 27), merezcamos entrar con Él a las bodas y ser contados entre los elegidos”11. Vendrá, para quienes han vivido de espaldas a Dios, como algo completamente inesperado: como ladrón en la noche12. Sabed esto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. Vosotros, pues, estad preparados... Y comenta San Juan Crisóstomo que “con esto parece confundir a aquellos que no ponen tanto cuidado en guardar su alma, como en guardar sus riquezas del ladrón que esperan”13.
“A la vigilancia se opone la negligencia o falta de solicitud debida, que procede de cierta desgana de la voluntad”14. Estamos vigilantes cuando hacemos con hondura el examen de conciencia diario. “Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean.
“—Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones –como se cultivan los microbios en el laboratorio–, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta de cumplimiento del deber, con tu falta de propio conocimiento... Y, después esos focos infectan el ambiente.
“—Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas, de tus omisiones y pecados”15. El Señor debe encontrarnos preparados a cualquier hora en que se presente, en cualquier circunstancia.
III. Estaremos vigilantes en el amor y lejos de la tibieza y del pecado si nos mantenemos fieles en las cosas menudas que llenan el día. Si consideramos lo pequeño de cada jornada en el examen de conciencia, encontraremos con facilidad las señales que indican el camino y las raíces de posibles descaminos. Las cosas pequeñas son antesala de las grandes, y el amor vigilante se alimenta de lo pequeño; y cae en la tentación más grande quien descuida lo que parece sin importancia.
San Francisco de Sales señala la necesidad de luchar en las tentaciones menudas, pues son muchas las ocasiones que se presentan en una jornada corriente y, si se vence ahí, esas victorias son más importantes –por ser muchas– que si se hubiera vencido en una de más trascendencia. Además, aunque “los lobos y los osos son sin duda más peligrosos que las moscas”, sin embargo “no nos causan tantas molestias, ni prueban tanto nuestra paciencia”. Es cosa fácil –señala el Santo– “apartarse del homicidio, pero es dificultoso evitar las pequeñas cóleras”, que suelen presentarse con alguna facilidad. “No es dificultoso el no hurtar los bienes ajenos; pero sí lo es el no desearlos. Fácil es el no levantar en juicio falso testimonio, pero difícil será el no mentir en conversaciones. Con facilidad nos apartaremos de la embriaguez, pero con más dificultad viviremos la sobriedad”16.
Las pequeñas victorias diarias fortalecen la vida interior y despiertan el alma para lo divino. Estas ocasiones se presentan con mucha frecuencia: vivir el minuto heroico al levantarse o al comenzar el trabajo; cuando dejamos a un lado esa revista insustancial que puede enredar el alma o es, al menos, una pérdida de tiempo y, siempre, una buena ocasión para vencer la curiosidad; en la mortificación a la hora de la comida; en la sobriedad en las reuniones sociales, en la locuacidad... Estamos seguros de que “tantas victorias cuantas ganemos contra esos pequeños enemigos, tantas piedras preciosas serán puestas en la corona de la gloria que Dios nos prepara en su santo reino”17.
Si hacemos un acto de amor en cada tentación, en todo aquello que en nosotros o en los demás puede ser origen de una ofensa a Dios, nos llenaremos de paz, y lo que podía haber sido motivo de derrota lo convertimos en una victoria. Además de este inmenso bien para el alma, asegura el mismo Santo que “cuando el demonio ve que sus tentaciones nos llevan a este divino amor, cesa de tentarnos”18.
Si somos fieles en lo pequeño nos mantendremos ceñidos, en vela, alerta ante el Señor que llega. Nuestra vida habrá consistido en una alegre espera, mientras llevamos a cabo ilusionadamente la tarea que nuestro Padre Dios nos ha encomendado en el mundo. Entonces comprenderemos con hondura las palabras de Jesús: Dichoso aquel siervo, al que encuentre obrando así su amo cuando vuelva. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Y Él está para venir; no dejemos de vigilar.
1 Heb 11, 1. — 2 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 17, a. 5 y 7. — 3 Juan Pablo II, Alocución 20-IX-1978. — 4 Cfr. G. Redondo, Razón de la esperanza, EUNSA, Pamplona 1977, p. 79. — 5 Cfr. J. Pieper, Sobre la esperanza, Rialp, 3ª ed., Madrid 1961, p. 48. — 6 1 Pdr 5, 8. — 7 Cfr. Cant 5, 2. — 8 Lc 12, 32-48. — 9 Cfr. Jer 1, 17; Ef 6, 14; 1 Pdr 1, 13. — 10 Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, notas a Lc 12, 33-39 y 35. — 11 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 48. — 12 1 Tes 6, 2. — 13 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 204. — 14 Santo Tomás, o. c., 2-2, q. 54, a. 3. — 15 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 481. — 16 Cfr. San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, IV, 8. — 17 Ibídem. — 18 Ibídem, IV, 9.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa Clara de Asís
Estas palabras resumen la vida y espíritu de Clara:
"Yo, Clara,
sierva de Cristo,
pequeña planta
de nuestro Padre Francisco"
"Seguir a
Cristo tras las huellas
de San Francisco en
pobreza, humildad y caridad. Nadie ha realizado jamás
con mayor plenitud el ideal concebido por un hombre
como esta mujer" (Joergensen).
SU VIDA
Nació en Asís en 1194, poco se conoce de su infancia y
adolescencia. A los 18
años se consagró a Cristo haciéndose cortar los cabellos y
vistiendo el sayo
oscuro de la orden de San Francisco que se había convertido para
ella desde
1208 en el "loco, cuyas palabras le parecían inflamadas y sus
obras
sobrehumanas". Después de lo cual inició una vida de pobreza
radical,
renunciando a todo lo que tenia y prometiendo vivir sin poseer
nada. Comenzaba
así la Segunda Orden Franciscana: Las Damas Pobres o Clarisas.
Esto sucedía en Santa
María de los Angeles (Porciúncula), la iglesia restaurada por
San Francisco. En
1228 obtenía del Papa el "privilegioum paupertatis" de vivir
totalmente de limosnas.
El ideal de San Francisco lo realizaba Clara y un grupo de mujeres de Asís y de toda Italia. Cuarenta y tres años vivió Clara este ideal sin salir del convento. En vida pudo ver como su orden se extendía por España (43 conventos en el siglo XIII, Bohemia, Francia, Inglaterra). Dos veces logró hacer huir a los sarracenos, alistados en el ejército de Federico II, con solo mostrarles desde la ventana del dormitorio la custodia con el Santísimo Sacramento (1240), o exhortando a las hermanas a la oración, estando totalmente inmovilizada a causa de sus continuos dolores.
Murió en San Damián, a las afueras de Asís, el 11 de Agosto de 1253. Fue canonizada solo dos años después por Alejandro IV. Dejó cuatro cartas, la Regla y el testamento. "Vete en paz ya que has seguido el buen camino; vete confiada, ya que tu creador te ha santificado, custodiado incesantemente y amado con la ternura de una madre con su hijo". "Oh Dios, bendito seas por haberme creado". Estas fueron las últimas palabras de una gran mística llena de alegría y de amor a Dios y a los hombres. Fiesta, 11 de Agosto.
Documental EWTN: http://gloria.tv/?media=35018
Película EWTN/Paulinas: http://gloria.tv/?media=50097 (el primero de varios)
Miniserie recomendable de Lux Vide: http://www.youtube.com/watch?v=tXAkWhRuM_4 (el primero de 20)
Se pueden bajar con vdownloader y unir con avidemux.
Se puede comprar el DVD en:
http://www.paulinas.org.ve/prodshow.cfm
www.paulinas.com.mx/loNuevo.swf
www.dvdgo.com/dvd-clara-y-francisco/1302195/127026
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Alejandro el Carbonero,
Santo Mártir y
Obispo, 11 de agosto
Mártir y ObispoMartirologio Romano: En Comana, en el Ponto (Armenia), san Alejandro, de sobrenombre Carbonero, obispo, que a partir de la filosofía alcanzó la eminente ciencia de la humildad cristiana y, elevado por san Gregorio Taumaturgo a la sede episcopal de aquella Iglesia, fue célebre no sólo por su predicación, sino también por haber sufrido el martirio por el fuego (s. III).
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Fuente:
misa_tridentina.t35.com
Susana, Santa Mártir, 11 de agosto.
MártirMartirologio
Romano: En Roma, conmemoración de santa
Susana, bajo cuyo nombre, celebrado entre los
mártires en los anales antiguos, en el siglo VI fue
dedicada a Dios la basílica del Título de Gaio,
junto a las termas de Diocleciano (s. inc.).
La Iglesia celebra junto con San
Tiburcio a Santa Susana virgen y mártir. Se
cuenta que era hija de un sabio sacerdote llamado
Gabino y sobrina del Papa San Cayo. Era tan
encantadora como bella y su erudición igualaba a la de
su padre. El emperador Diocleciano, que buscaba esposa
para su hijastro Maximiano, oyó tantas alabanzas de
Susana, que mandó a Claudio, un tío de la joven que
trabajaba en la corte, a decir a Gabino que quería
casar a Susana con Maximiano. Pero, en cuanto Susana
se enteró del honor con que la distinguía el
emperador, declaró que era esposa de Cristo y que no
podía aceptar otro marido. Su tío Claudio fue, sin
embargo, a visitarla y la saludó con un beso y, al ver
que Susana se resistía a aceptarlo, le explicó que se
trataba de una simple muestra de afecto. La joven
replicó: "Lo que me repugna no es el beso sino tu
boca, profanada por los sacrificios a los ídolos."
Claudio le preguntó: "¿Cómo puedo limpiar mi boca?"
"Arrepiéntete y recibe el bautismo", fue la respuesta. |
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Fuente:
ACI Prensa
Luis Biragui, Beato Sacerdote Fundador, 11 de
agosto
Fundador del Instituto de las Religiosas de Santa MarcelinaMartirologio Romano: En Milán, Italia, beato Luis Biraghi, presbítero y fundador (1879).
Nació en Vignate (Milán, Italia) el 2 de
noviembre de 1801. Era el quinto de los ocho hijos de
Francesco Biraghi y Maria Fina. Poco después de su
nacimiento, la familia se trasladó a Cernusco sul
Naviglio, un pueblo cercano. |
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Fuente:
LaVerdadCatólica.org
Mauricio Tornay, Beato Presbítero y Mártir, 11
de agosto
Presbítero y MártirMartirologio Romano: En los confines del Tibet, beato Mauricio Tornay, presbítero y mártir. Era canónigo regular de la Congregación de los santos Nicolás y Bernardo de Monte Giove (Gran San Bernardo). Anunció con empeño el Evangelio en China y en el Tibet, y recibió la muerte a manos de los enemigos del nombre cristiano (1949).
Es el séptimo de ocho hermanos. Nace en
Rosiere (comuna de Orsieres, cantón de Valais), Suiza.
Sus padres le forman en la fe católica. Estudia en la
escuela del lugar; al regresar, ayuda a sus padres en
el establo y la huerta. Después de su primera
comunión, el niño se torna más atento. Está internado
por seis años en el colegio de la abadía de San
Mauricio, donde destaca por ser fervoroso; después de
sus estudios secundarios, ingresa al noviciado de los
canónigos Regulares de San Bernardo, donde expresa:
"Cumplir con mi vocación de abandonar el mundo y
dedicarme por completo al servicio de las almas para
conducirlas a Dios, y salvarme yo mismo" (1931). Su
voluntad de ser misionero es férrea; por lo mismo, al
escribir a su hermana, le dice: "Hay tantos paganos
que nos llaman... Nuestra salud, nuestra carne, es
para ellos... Cuanto más vivo más convencido estoy de
que el sacrificio y la entrega de uno mismo tienen
sentido y son lo único que dan sentido a estos días...
". Su actividad se interrumpe cuando en 1934 es
sometido a una intervención quirúrgica, momento en el
cual sus dolores los ofrece a Dios y señala: "Las
penas bien soportadas de un día tienen más mérito que
si hubieras rezado todo el día... Nuestras pequeñas
penas poseen un valor infinito si las unimos a
Cristo". Hace sus votos solemnes en 1935 y es enviado
a misionar en Weishi, Yun-nan (suroeste de China), en
la frontera con el Tíbet, actual territorio de China.
Ahí continúa estudios y aprende el idioma chino. Vive
entregado a la oración, la Misa y la reflexión. Recibe
la ordenación sacerdotal en 1938, ejerce su ministerio
y está a cargo del seminario. Un año después estalla
la guerra: China es invadida por Japón y las fronteras
tibetanas son dominadas por la tropa. |
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Fuente:
ArchiValencia.org
Rafael Alonso Gutiérrez,
Beato Mártir
Laico, 11 de agosto
MártirMartirologio Romano: En la aldea Agullent, en el territorio de Valencia, en España, beato Rafael Alonso Gutiérrez, mártir, que era padre de familia y, en el furor de la persecución contra la fe, derramó su sangre por Cristo. Con él se conmemora también al bienaventurado mártir Carlos Díaz Gandía, que este mismo día y en la misma localidad recibió la vida eterna por la defensa de la fe (1936).
El Rafael Alonso Gutiérrez nació el 14
junio de 1890 en la ciudad de Onteniente. El 24
septiembre de 1916, a la edad de veinticuatro años,
contrajo matrimonio canónico con Adelaida Ruiz Cañada.
Formaron un hogar cristiano bendecido por Dios con 6
retoños de los cuales dos murieron pequeños; las
cuatro hijas se llaman Isabel, Adelaida, Dolores y
Elena. Vivió auténticamente su vocación laical,
tratando de impregnar de espíritu evangélico la
realidad temporal en la cual la Providencia divina lo
llevó a ejercer su trabajo cotidiano al servicio y en
la construcción de la sociedad civil valenciana como
Administrador de Correos en Albaida y posteriormente
en Onteniente. |
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Fuente:
ArchiValencia.org
Carlos Díaz Gandía,
Beato Mártir Laico, 11 de agosto
Mártir LaicoMartirologio Romano: En la aldea Agullent, en el territorio de Valencia, en España, beato Rafael Alonso Gutiérrez, mártir, que era padre de familia y, en el furor de la persecución contra la fe, derramó su sangre por Cristo. Con él se conmemora también al bienaventurado mártir Carlos Díaz Gandía, que este mismo día y en la misma localidad recibió la vida eterna por la defensa de la fe (1936).
Carlos Díaz Gandía nació el 25 de
diciembre de 1907 en Onteniente, y Fue bautizado el 26
de diciembre del mismo año en la Iglesia parroquial de
Santa María de aquella Ciudad. Sus padres, Cándido y
Vicenta, formaron un hogar cristiano y educaron a sus
hijos en la fe. El Beato recibió el sacramento de
Eucaristía en la iglesia Arciprestal y en la misma
parroquia recibió el sacramento de la Confirmación el
23 de abril de 1911. Recibió la instrucción escolar en
una escuela nacional y más tarde en el Centro
parroquial. Contrajo matrimonio con Luisa Torró
Perdeguer el 3 de noviembre de 1934 en Santa María de
Onteniente. De dicho matrimonio nació una hija, María
Luisa Díaz Torró, ocho meses antes de la muerte del
Beato. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Gaugerico de Cambrai,
Santo Obispo, 11
de agosto
ObispoMartirologio Romano: En Cambrai, en Austrasia, san Gaugerico, obispo, célebre por su piedad y caridad para con los pobres. Fue ordenado diácono por Magnerico de Tréveris y, elegido para la sede episcopal de Cambrai, ejerció el episcopado durante treinta y nueve años (c. 625).
San Gaugerico, Obispo fundador, también
es llamado Gery o Gau. Era hijo de Gaudentius y
Austadiola, quienes eran romanos. Desde su juventud,
Gaugerico llevó una vida piadosa y devota; todo
parecía combinarse para prepararlo para la carrera de
celo y devoción que más tarde iba a abrazar. Durante
una de sus visitas episcopales, San Magnerico, Obispo
de Trier, quedó admirado de la conducta ejemplar del
joven y concibió la idea de reclutarlo para que
integrara las líneas de sus clérigos. Gaugerico, dicen
sus biógrafos, aún no había sido ordenado diácono y ya
sabía todo el Salterio de memoria. Estaba en Ivoy, en
la región de las Ardenas de Bélgica y Francia, o en
Trier, Alemania, cuando fue ordenado por San
Magnericus. En 586 la sede episcopal de Cambrai-Arras
quedó vacante, y Gaugerico fue llamado para ocuparla.
El Rey Childebert II dio su consentimiento e impartió
instrucciones a Egidius, Metropolitano de Reims, para
que consagrara al nuevo obispo. Esta Diócesis era de
reciente creación, si se la compara con la más antigua
sede de Bélgica, Tongres, que data del siglo IV. En el
territorio que comprendía la Diócesis de
Cambrai-Arras, como en el de Tournai y Térouanne,
probablemente habitaban cristianos antes de la
aparición de su primer obispo conocido, San Vaast,
pero su cabeza espiritual debe haber residido en
Reims. La gran invasión bárbara de 406 deshizo
totalmente la organización eclesiástica, pero desde el
comienzo del período Merovingio, la Iglesia empezó a
recuperarse. La Diócesis de Arras fue especialmente
restaurada por San Vaast alrededor de los comienzos
del siglo VI. Lleno de celo apostólico, Gaugerico
dedicó su vida a exterminar el paganismo que
contaminaba la vida del distrito sujeto a su
autoridad. Erigió la iglesia de San Medardo en la
principal ciudad de Cambrai. Con frecuencia visitaba
las zonas rurales desplegando particular solicitud en
el rescate de cautivos. Lo nombraron Obispo de Cambrai
y Arras, Francia, y fundó el Monasterio de San
Medardo, que se convirtió en el corazón de la ciudad
de Bruselas, Bélgica. Fue obispo durante treinta y
nueve años e implacable adversario del paganismo. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Equicio, Santo Abad, 11 de agosto
AbadMartirologio Romano: En la provincia de Valeria, en Italia, san Equicio, abad, que, como escribe el papa san Gregorio I Magno, fue padre de muchos monasterios a causa de su santidad y, donde quiera que iba, daba a beber a los demás de la fuente de las Sagradas Escrituras (antes de 571).
San Equicio abad; contemporáneo de San
Benito, fundó muchos monasterios en la provincia de
Valeria (Italia); sus monjes, a semejanza de los
benedictinos, se dedicaron a las labores del campo y
eran verdaderos solitarios. |
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Fuente:
Santiebeati.it
Rufino de Asís, Santo Obispo y Mártir, 11 de
agosto
Obispo y MártirMartirologio Romano: En Asís, de la Umbría, san Rufino, a quien se considera primer obispo de aquella ciudad y mártir (c. s. IV).
Contrariamente a lo que piensa quién no
es de Asís, el patrón principal de la diócesis no es
san Francesco sino san Rufino, venerado como el primer
obispo de la ciudad, la catedral está dedicada a él
desde la primera mitad del siglo XI. |
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Fuente:
Magnificat.ca
Tiburcio de Roma, Santo Mártir, 11 de agosto
MártirMartirologio Romano: En Roma, en el cementerio llamado “Ad duas lauros”, en la vía Labicana, a tres miliarios de la ciudad, san Tiburcio, mártir, cuyas alabanzas cantó el papa san Dámaso (s. III/IV).
Nacío en Roma, hijo de Cromacio, vicario
del prefecto; fué convertido por San Sebastián,
después de haber dado libertad á 1.400 esclavos, que
se hicieron cristianos; renunció el empleo y se retiró
á su casa de campo, la cual fué el refugio de los
cristianos perseguidos en tiempo de Diocleciano. Había
sido, como su padre, uno de los más hábiles abogados
de su tiempo, y cambió la toga por el tormento de los
mártires de Jesucristo. |
J†A
JMJ
Pax
No he venido a traer la paz, sino la división
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53
Gloria a ti, Señor
En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"He venido a traer luego a la tierra ¡y cuánto desearía que
estuviera
ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio
mientras llega!
¿Piensen acaso que he venido a traer la paz de la tierra? De
ningún modo . No
he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante,
de cinco que
hayan en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos
contra tres.
Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el
padre, la madre
contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la
nuera y la nuera
contra la suegra".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
20o. Dom Ord Ciclo C
Antífona de Entrada
Dios nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a
fin de que,
amándote en todo sobre todo, podamos obtener aquellos bienes que
no podemos
nosotros ni siquiera imaginar y has prometido tú a los que te
aman.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Tomaron a Jeremías y lo echaran en un pozo
Lectura del libro del profeta Jeremías 38, 4-6.8-10
Durante el
sitio de Jerusalén, los jefes que tenían prisioneros a Jeremías
dijeron al rey:
"Hay que matar a este hombre, porque las cosas que dice
desmoralizan a los
guerreros que quedan en esta ciudad y a todo el pueblo. Es
evidente que no
busca el bienestar del pueblo, sino su perdición.
Respondió el rey Sedecías:
"Lo tienen ya en sus manos y el rey no puede nada contra
ustedes".
Entonces ellos tomaron a Jeremías y, descolgándolo con cuerdas,
lo echaron en
el pozo del príncipe Melquías, situado en el patio de la
prisión. En el pozo no
había agua, sino lodo, y Jeremías quedó hundido en el lodo.
Ebed-Mélek, el etíope,oficial de palacio, fue a ver al rey y le
dijo:
"Señor, está mal hecho lo que estos hombres hicieron con
Jeremías,
arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre".
Entonces el rey ordenó a Ebed-Mélek:
"Toma treinta hombres contigo y saca del pozo a Jeremías, antes
de que
muera"
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Salmo Responsorial
Del Salmo 39
Señor, date prisa en ayudarme.
Esperé en el
Señor con gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó mis
plegarias.
Señor, date prisa en ayudarme.
Del charco
cenagoso y la fosa mortal me puso a salvo; puso firme mis pies
sobre la roca y
aseguró mis pasos.
Señor, date prisa en ayudarme.
El me puso en
la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos se
conmovieron al ver
esto y confiaron también en el Señor.
Señor, date prisa en ayudarme.
A mí, tu
siervo, pobre y desdichado, no me dejes, Señor en el olvido. Tú
eres quien me
ayuda y quien me salva; no te tardes, Dios mío.
Señor, date prisa en ayudarme.
Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4
Hermanos:
Rodeados, como estamos, por la
multitud de antepasados nuestros, que dieron prueba de su fe,
dejemos todo lo
que nos estorba; liberémonos del pecado que nos ata, para
correr con
perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la
mirada en Jesús, autor
y consumidor de nuestra fe. El, en vista del gozo que se le
proponía, aceptó la
cruz, sin temer su ignominia, y por eso está sentado a la
derecha del trono de
Dios.
Mediten, pues el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta
oposición de parte de
los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque
todavía no han
llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y
ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio
No he venido a traer la paz, sino la división
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53
Gloria a ti, Señor
En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"He venido a traer luego a la tierra ¡y cuánto desearía que
estuviera
ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio
mientras llega!
¿Piensen acaso que he venido a traer la paz de la tierra? De
ningún modo . No
he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante,
de cinco que
hayan en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos
contra tres.
Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el
padre, la madre
contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la
nuera y la nuera
contra la suegra".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Presentemos, hermanos y hermanas, nuestras súplicas al Señor y
pidámosle que
atienda a sus hijos, según las necesidades de cada uno de
ellos:
A cada
petición respondemos:
Te rogamos, Señor, óyenos.
Roguemos al Señor por quienes, a causa de su enfermedad,
porque están al
servicio de sus hermanos o por cualquier otro motivo, no han
podido venir a
celebrar con nosotros el domingo; a fin de que, ya que no
pueden participar de
la alegría de esta celebración, no se vean privados nunca del
gozo del Señor,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Roguemos
por los que ayudan a los pobres
o hacen obras de misericordia en favor de sus hermanos, para
que Dios premie
abundantemente el bien que hacen, y lo que reparten a sus
hermanos el Señor lo
multiplique y lo convierta para ellos en premio de vida
eterna, te rogamos
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Roguemos
por los que están de viaje, por
los que tienen que vivir fuera de su hogar o alejados de sus
familiares y
amigos, para que Dios los proteja de todo peligro, los ayude
en sus
dificultades y les conceda retornar, sanos y salvos, a sus
hogares, te rogamos
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Roguemos
finalmente por nosotros mismos,
para que el Señor nos haga perseverar en la fe cristiana, nos
ayude a conocer
más y más el Evangelio de Cristo, fortalezca nuestra voluntad
en el bien, nos
guarde de todo mal y nos conceda alcanzar la vida eterna, te
rogamos Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que con la cruz de tu Hijo, bandera discutida,
nos revelas la
actitud de muchos corazones, escucha nuestras plegarias y no
permitas que la humanidad
rechace de nuevo la verdad y la gracia, sino que sepa
descubrir los momentos
que estamos viviendo para alcanzar así la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, los dones que te presentamos para esta Eucaristía a fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos has dado, podamos recibir de ti, tu misma vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La acción del Espíritu en la Iglesia
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Por
que de tal
manera gobiernas a tu Iglesia, que en todo lugar y en cada
momento, No cesas,
en efecto, de asistirla con la fuerza del Espíritu Santo, para
que, confiaba
siempre a ti en el amor, ni abandone l plegaria en la
tribulación, ni deje de
darte gracias en el gozo, por Cristo nuestro Señor.
Por eso,,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos diciendo, llenos de
alegría:
Antífona de la Comunión
Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Tú que nos has hecho partícipes de la vida de Cristo en este
sacramento,
transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo, para que participemos
también de su
gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
EL FUEGO DEL AMOR DIVINO
- Fe en el amor que Dios nos tiene y nos ha tenido siempre.
- El amor pide amor, y éste se demuestra en las obras.
- Encender a otros en el amor a Cristo.
I. El fuego aparece frecuentemente en la Sagrada Escritura como símbolo del Amor de Dios, que purifica a los hombres de todas sus impurezas (1). El amor, como el fuego, nunca dice basta (2), tiene la fuerza de las llamas y se enciende en el trato con Dios: Me ardía el corazón en mi interior, se encendía el fuego en mi meditación (3), exclama el Salmista... En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo ‑el Amor divino- se derrama sobre los Apóstoles en forma de lenguas de fuego (4) que purifican sus corazones, los inflaman y disponen para su misión de extender el Reino de Cristo por todo el mundo.
Jesús nos dice hoy en el Evangelio de la Misa: Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? (5). En Cristo alcanza su expresión máxima el amor divino: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito (6). Jesús entrega voluntariamente su vida por nosotros, y nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos (7). Por eso nos declara también su impaciencia santa hasta no ver cumplido su Bautismo, su propia muerte en la Cruz por la que nos redime y nos eleva: Tengo que ser bautizado con un bautismo, ¿y cómo me siento urgido hasta que se lleve a cabo! El Señor quiere que su amor prenda en nuestro corazón y provoque un incendio que lo invada todo. Él nos ama a cada uno con amor personal e individual, como si fuera el único objeto de su caridad. En ningún momento ha cesado de amarnos, de ayudarnos, de protegernos, de comunicarse con nosotros; ni siquiera en los momentos de mayor ingratitud por nuestra parte o en los que cometimos las faltas y pecados más grandes, tanto cuando correspondimos a sus gracias como cuando nos alejamos de Él. Siempre nos mostró el Señor su benevolencia; ahora también. Dios, que es infinito e infinitamente simple, no nos ama a medias, sino con todo su ser, nos ama sin medida. Este misterio de amor se realizó de una manera absolutamente particular en su Madre, Santa María.
La Virgen, Nuestra Madre, es el espejo donde debemos mirarnos nosotros. Ella vivió una vida normal, de tal manera que sus paisanos y familiares nunca pudieron imaginar lo que ocurría en su corazón; ni siquiera José habría sabido nada, si Dios no se lo hubiera manifestado. Ella, la criatura que Dios más amaba, permanecía en la más completa normalidad. En el momento de la Anunciación, cuando se le reveló el modo singular en que era amada por Dios, María creyó y aceptó ser la criatura que Dios había predestinado desde la eternidad como Madre suya. (Qué gran fe la de la Virgen, al pensar que en Ella estaba la salvación de Israel, mucho más, sin comparación posible, que en otros momentos de la historia de Israel lo estuvo en Judith o en Esther! Pero Ella no sólo creyó en el amor de absoluta predilección divina, sino que creyó sin limitación alguna.
Santa María nos enseña a creer en el amor sin límites de Dios, nos ayuda ahora, teniéndola a Ella delante, a examinar nuestra correspondencia a ese amor, pues “no es razón que amemos con tibieza a un Dios que nos ama con tanto ardor “(8). ¿Es una hoguera de lumbre viva nuestro corazón, como el de la Virgen, o sólo rescoldo de tibieza, de mediocridad aceptada? Dios me ama, y esto es lo fundamental de mi existencia. Lo demás apenas tiene importancia.
II. El amor pide amor, y éste se demuestra en las obras, en el empeño diario por tratar a Dios y por identificar nuestra voluntad con la suya. La Segunda lectura (9) nos anima a esa pelea diaria, sabiendo que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, los santos, que presencian nuestro combate, y quienes tenemos a nuestro lado, a los que tanto podemos ayudar con el ejemplo y con nuestro mismo empeño por estar más cerca de Cristo. Sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia -sigue la Lectura-, y continuamos corriendo con perseverancia la carrera emprendida: fijos los ojos en Jesús, iniciador y consumador de la fe... En Él tenemos puesta la mirada, como el corredor que, una vez comenzada la carrera, no se deja distraer por nada que le separe de la meta, alejando toda ocasión de pecado con decisión y energía, pues no habéis resistido todavía hasta la sangre al combatir contra el pecado. Hasta eso hemos de llegar si fuera preciso, incluso por no cometer ni siquiera un pecado venial. Vale más morir que ofender a Dios, aunque sólo fuera levemente.
Muchas veces hemos de decir sí al Amor; una respuesta afirmativa que Él mismo nos pide a través de mil pequeños acontecimientos diarios: al negarnos a nosotros mismos para servir a quienes conviven o trabajan con nosotros en cosas muchas veces menudas; en la mortificación pequeña, que nos ayuda a guardar la templanza y la sobriedad; en la puntualidad a la hora de comenzar nuestros deberes; en el orden en que dejamos la ropa, los libros o los instrumentos de trabajo; en el esfuerzo que frecuentemente supone hacer bien el rato de meditación, diciéndole al Señor muchas veces que le amamos, luchando con las distracciones; en la aceptación alegre de la voluntad de Dios, cuando no sigue los propios planes o nuestro querer... Así se forjan las pequeñas victorias que todos los días espera Dios de quien le ama. También por amor hemos de decir no muchas veces: en la guarda de la vista; al cuerpo que pide más comodidades, más confort y menos sacrificio; al deseo de dejar el trabajo antes de la hora... Son muchas las sugerencias, las mociones del Espíritu Santo para corresponder a ese Amor infinito con que Jesús nos ama.
El amor se expresa en el dolor de los pecados, en la contricción, pues tantas veces –casi sin darnos cuenta- decimos: No al Amor.Son ocasiones para hacer un acto de dolor más profundo por aquello en lo que no hemos sabido corresponder, deseando mucho esa Confesión frecuente en la que encontramos siempre la Misecordia Divina y el Remedio de nuestros males. “Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras”. Es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. Es pues, este uno más de los defectos del Amor” (10).
Y voló hacia mí uno de los serafines – reza la Liturgia de las Horas – con un ascua en la mano que había cogido del Altar con unas tenazas, la aplicó a mi boca y me dijo: Mira, esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado (11). Le pedimos al Señor que el juego de su amor purfique nuestra alma. ¡Tanta suciedad! y nos inunde por completo: “¡Oh Jesús... fortalece nuestras almas allá en el camino y sobre todo, embriáganos de Amor”: Haznos así hogueras vivas, que enciendan la tierra con el divino fuego que Tú trajiste (12).
III. Los cristianos hemos de ser fuego que encienda como Jesús encendió a sus discípulos. Nadie que nos haya conocido deberá quedar indiferente. Nuestro amor debe ser lumbre viva que convierte en punto de ignición, otras fuentes de amor y de apostolado a quienes tratamos. El Espíritu Santo soplará, a través de nosotros, en muchos que parecían apagados, y de su rescoldo de vida cristiana saldrá en llamas que se propagarán a otros ambientes que de no ser por ellos hubieran permanecidos frios y muertos. No importa que nos parezca que somos poca cosa, que apenas podemos hacer nada, que no sabemos, que nos falta formación. El Señor sólo quiere poder contar del todo con cada uno. No olvidemos que una chispa pequeña puede dar lugar a un gran fuego. ¡Qué grato le es al Señor el que, en la intimidad de nuestra alma, le digamos que somo todo de Él, que puede contar con lo poco que somos!. <<Escríbías:“Yo te oigo clamar, Rey Mïo, con viva voz, que aún vibra:ignem veni mittere in terram, et quid volo nisi ut accendatur?” – he venido a traer el fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?”.
“Después añadías: Señor te respondo – Todo yo con mis sentidos y potencias. Aquí me tienes porque me has llamado!”.
“- Que sea esta respuesta tuya una realidad cotidiana” (13).
El amor verdadero a Dios se manifiesta enseguida en apostolado, en deseos de que otros conozcan y amen a Jesucristo. “Como la maravillosa normalidad de lo Divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico”. Me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego de mi meditación. ¿Qué fuego es ése sino el mismo del que habla Cristo? Fuego he venido a la Tierra y que he de querer sino que arda(Lc 12-49). Fuego de apostolado que se robustece en la Oración, en el trato íntimo con Cristo.
Allí se alimenta el afán apostólico. El Sagrario, tendremos luz y fuerzas, hablaremos a Jesús de los hijos, de los padres, de los hermanos, de los amigos, de aquellas que acabamos de conocer, de los que encontraremos ese día por motivos profesionales o en los menudos incidentes de la vida diaria. Ninguna se deberá marchar vacía, a todas, de uno modo u otro, con la palabra, con el ejemplo, con la Oración, hemos de anunciarles a Cristo que les busca, que les espera y que se sirve de nosotros como instrumentos. “Aún resuena en el mundo aquel grito divino: “Fuego he venido a traer a la Tierra” ¿Y qué quiero si no que se encienda?” Y ya ves: casi todo está apagado...
“¿No te animas a propagar el incendio? (15).
Le decimos a Jesús que cuente con nosotros, con nuestras pocas fuerzas y nuestros escasos talentos: ¡Aquí estoy porque me has llamado!. Le pedimos a Santa María, Regina Apostolorum, que sepamos ser audaces en esta tarea de dar a conocer a Cristo.
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Quien honra a su madre, es
como
quien encuentra un tesoro. (Eclesiástico).
Elena significa: "antorcha
resplandeciente".
Esta gran santa se ha hecho famosa por haber sido la madre del emperador que les concedió la libertad a los cristianos, después de tres siglos de persecución, y por haber logrado encontrar la Santa Cruz de Cristo en Jerusalén.
Nació ella en el año 270 en Bitinia (hacia el sur de Rusia, junto al Mar Negro). Era hija de un hotelero, y especialmente hermosa.
Y sucedió que llegó por esas tierras un general muy famoso del ejército romano, llamado Constancio Cloro y se enamoró de Elena y se casó con ella. De su matrimonio nació un niño llamado Constantino que se iba a hacer célebre en la historia por ser el que concedió la libertad a los cristianos.
Cuando ya llevaban un buen tiempo de matrimonio sucedió que el emperador de Roma, Maximiliano, ofreció a Constancio Cloro nombrarlo su más cercano colaborador, pero con la condición de que repudiara a su esposa Elena y se casara con la hija de Maximiliano. Constancio, con tal de obtener tan alto puesto repudió a Elena. Y así ella tuvo que estar durante 14 años abandonada y echada a un lado. Pero esto mismo la llevó a practicar una vida de santidad.
Pero al morir Constancio Cloro, fue proclamado emperador por el ejército el hijo de Elena, Constantino, y después de una fulgurante victoria obtenida contra los enemigos en el puente Milvio en Roma (antes de la cual se cuenta que Constantino vio en sueños que Cristo le mostraba una cruz y le decía: "Con este signo vencerás"), el nuevo emperador decretó que la religión católica tendría en adelante plena libertad (año 313) y con este decreto terminaron tres siglos de crueles y sangrientas persecuciones que los emperadores romanos habían hecho contra la Iglesia de Cristo.

Constantino amaba inmensamente a su madre Elena y la nombró Augusta o emperatriz, y mandó hacer monedas con la figura de ella, y le dio plenos poderes para que empleara el dinero del gobierno en las obras buenas que ella quisiera.
Elena, que se había convertido al cristianismo, se fue a Jerusalén, y allá, con los obreros, que su hijo, el emperador, le proporcionó, se dedicó a excavar en el sitio donde había estado el monte Calvario y allá encontró la cruz en la cual habían crucificado a Jesucristo (por eso la pintan con una cruz en la mano).
Dice San Ambrosio que Santa Elena aunque era la madre del emperador, vestía siempre con mucha sencillez y se mezclaba con la gente pobre y aprovechaba de todo el dinero que su hijo le daba para hacer limosnas entre los necesitados. Que era supremamente piadosa y pasaba muchas horas en el templo rezando.
En Tierra Santa hizo construir tres templos: uno en el Calvario, otro en el monte de los Olivos y el tercero en Belén.
Gastó su vida en hacer obras buenas por la religión y los pobres, y ahora reina en el cielo y ruega por nosotros que todavía sufrimos en la tierra.
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Fuente:
http://www.egrupos.net/grupo/caminando-con-jesus
Padre
Alberto Hurtado Cruchaga
Fundador del HOGAR DE CRISTO, 18 de agosto
|
Sacerdote Jesuita Chileno Martirologio
Romano: En Santiago de Chile, beato Alberto
Hurtado Cruchaga, presbítero de la Compañía de Jesús,
que fundó una obra para que los pobres que carecen de
techo y los vagabundos, sobre todo niños, pudieran
encontrar un verdadero y familiar hogar (1952). |
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Fuente: Santiebeati.it
Reinaldo
de Concorégio, Beato
Obispo, 18 de agosto
ObispoMartirologio Romano: En Ravena, en la Romaniola, beato Reinaldo de Concorégio, obispo, ilustre por su celo, prudencia y caridad (1321)
De la noble familia de los De Concorégio,
nació en Milán entre los años 1240 y 1250; de su
juventud no se sabe nada, lo encontramos ya en la
universidad de Bolonia donde algunos ciudadanos de
Lodi le proponen, que a partir de octubre de 1287, sea
el profesor de Derecho en su ciudad; en el mayo de
1287, el obispo de Lodi le pide su opinión sobre
algunos temas legales, esto nos hace entender que gozó
de fama de jurisconsulto y en efecto tuvo el título
académico de ´magister´ en 1295. responsable de la traducción: Xavier Villalta
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Floro,
Lauro y compañeros, Santos
Mártires, 18 de agosto
Mártires Martirologio
Romano: En la Iliria, los santos Mártires
Floro y Lauro, canteros, los cuales, en tiempo del
prefecto Licinio, después del martirio de sus maestros
Próculo y Máximo, ambos, al cabo de muchos tormentos,
fueron sumergidos en un pozo profundo. |
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Fuente: Franciscanos.net
Paula
Montaldi, Beata
Abadesa Clarisa, 18 de agosto
Abadesa ClarisaMartirologio Romano: En Mantua, de
la Lombardía, beata Paula Montaldi, virgen, abadesa
de la Orden de las Clarisas, que se distinguió por
su devoción a la pasión del Señor y por su constante
oración y austeridad (1514).
Paula Montaldi nació en Volta Mantovana
en 1443. De sólo quince años, en 1458, ingresó en el
monasterio de las Hermanas Clarisas, de Santa Lucía
en Mantua, donde por largos años fue abadesa. La
Pasión de Jesús era el objeto más familiar de sus
conversaciones, como también de sus meditaciones y
contemplaciones. Fue devotísima de la Eucaristía.
Llevó una vida muy austera, llevaba cilicio, se
flagelaba y ayunaba, siempre feliz en las
humillaciones, en el trabajo y en las fatigas. |
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J†A
JMJ
Pax
Vendrán del oriente y del poniente y participarán en el banquete del Reino de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?" Jesús le respondió: "Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de las casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos! Pero él les responderá: "No sé quiénes son ustedes". Entonces dirán con insistencia: "Hemos comido y bebido contigo y tu haz enseñado en nuestras plazas". Pero él replicará: "Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos todos ustedes los que hacen el mal". Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abrahán y a Jacob y a Isaac y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados afuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participaran en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos"".
Palabra del
Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
21o. Dom Ord Ciclo C
Escucha, Señor, y respóndeme; salva a tu siervo que confía en ti. Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo
sentir,
concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos
prometes para
que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda
encontrar nuestro
corazón la felicidad verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Traerán de todos los países a los hermanos de ustedes
Lectura del libro del profeta Isaías 66, 18-21
Esto dice
el Señor:
"Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua. Vendrán
y verán mi
gloria. Pondré en medio de ellos un signo, y enviaré como
mensajeros a algunos
de los supervivientes hasta los países más lejanos y las islas
más remotas, que
han oído hablar de mí ni han visto mi gloria, y ellos darán a
conocer mi nombre
a las naciones.
Así como los hijos de Israel traen ofrendas al templo al Señor
en vasijas
limpias, así también mis mensajeros traerán, de todos los
países, como ofrenda
del Señor, a los hermanos de ustedes a caballo, en carro, en
literas, en mulos
y camellos, hasta mi monte santo de Jerusalén. De entre ellos
escogeré
sacerdotes y levitas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 116
Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio.
Que alaben
al Señor todas las naciones,
que lo aclamen todos los pueblos.
Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio.
Porque
grande es su amor hacia nosotros,
y su fidelidad dura por siempre.
Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio.
El Señor corrige a los que ama
Lectura de la carta de los Hebreos 12, 5-7.11-13
Hermanos:
Ya se han olvidado ustedes de
la exhortación que dios les dirigió, como a hijos, diciendo:
Hijo mío, no
desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te
reprenda. Porque
el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos
predilectos. Soporten,
pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y
qué padre hay que
no corrija a sus hijos?
Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría,
sino más bien
tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron,
frutos de paz y de
santidad.
Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas
vacilantes, caminen por
un camino plano, para que el cojo ya no tropiece, sino mas
bien se alivie.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre si no
es por mí, dice
el Señor.
Aleluya.
Vendrán del oriente y del poniente y participarán en el banquete del Reino de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?" Jesús le respondió: "Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de las casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos! Pero él les responderá: "No sé quiénes son ustedes". Entonces dirán con insistencia: "Hemos comido y bebido contigo y tu haz enseñado en nuestras plazas". Pero él replicará: "Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos todos ustedes los que hacen el mal". Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abrahán y a Jacob y a Isaac y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados afuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participaran en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pidamos queridos, hermanos, a Dios todopoderoso y eterno, que
nos conceda orar
con tal confianza que merezcamos obtener lo que pedimos.
Respondemos: Escúchanos, Padre.
Por la
Iglesia de Dios, extendida de
oriente a occidente: para que el Señor la mantenga firme hasta
el fin de los
tiempos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Por
cuantos tiene autoridad en el mundo;
para que bajo su gobierno todos los pueblos progresen en paz,
libertad y
concordia, glorificando a Cristo, nuestra esperanza, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Padre.
Por el
buen tiempo y a la abundancia de
las cosechas: para que el Señor dé a todos el pan de cada día,
roguemos al
Señor.
Escúchanos, Padre.
Por los
enfermos, los emigrantes y los
desterrados, por los que se sienten oprimidos en su trabajo o
carezcan de él:
para que el Señor sea su ayuda y consuelo roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Por
cuantos estamos aquí reunidos, por
nuestros hermanos ausentes y por todas nuestras intenciones:
para que el Señor
nos guarde a todos en la fe y nos reúna en el reino de su
Hijo, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Padre.
Celebrante:
Dios nuestro, que invitas a los hombreas a entrar por la
puerta estrecha de la
cruz hacia el gozoso banquete de tu reino, escucha nuestras
oraciones y danos
la fuerza de tu Espíritu, para que siguiendo las huellas de tu
Hijo, tengamos
parte en la festiva de su gloria.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Dios nuestro, que por medio de un sacrificio único, el de Cristo en la Cruz, nos has adoptado como hijos tuyos, concede siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, aunque no necesitas de nuestra alabanza, es don tuyo el
que seamos
agradecidos; y aunque nuestras bendiciones no aumentan tu
gloria, nos
aprovechan para nuestra salvación. Por Cristo nuestro Señor.
Por eso,
unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría.
La tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que alegra el corazón humano.
Oremos:
Completa, Señor, en nosotros la obra redentora de tu amor y
danos la fortaleza
y generosidad necesarias para que podamos cumplir en todo tu
santa voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo primer Domingo ciclo c
CON SENTIDO CATÓLICO, UNIVERSAL
— El Señor quiere que todos los hombres se salven. La Redención es universal.
— Apóstoles de Cristo en medio del mundo, donde Dios ha querido que estemos.
— El Señor nos envía de nuevo. Comencemos por los más cercanos.
I. Además de otras funestas consecuencias, el pecado original dio el fruto amargo de la posterior división de los hombres. La soberbia y el egoísmo, que hunden sus raíces en el pecado de origen, son la causa más profunda de los odios, de la soledad y de las divisiones. La Redención, por el contrario, realizaría la verdadera unión mediante la caridad de Jesucristo, que nos hace hijos de Dios y hermanos de los demás. El Señor, a través de su amor redentor, se constituye en centro de todos los hombres. Así lo predijo el Profeta Isaías, y lo leemos hoy en la Primera lectura de la Misa1: Vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria. Los mismos gentiles, los que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria se constituirán en mensajeros del Señor y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén –dice el Señor–, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. Es una grandiosa llamada a la fe y a la salvación de todos los pueblos, sin distinción de lengua, condición o raza. Esta profecía tendrá lugar con la llegada del Mesías, Jesucristo.
En el Evangelio2, San Lucas recoge la
contestación de Jesús a uno que le preguntó, mientras iban de
camino hacia
Jerusalén: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Jesús no quiso
responder
directamente. El Maestro va más allá de la pregunta y se fija en
lo esencial:
le preguntan por el número, y Él responde sobre el modo: entrad
por la puerta
estrecha... Y enseña a continuación que para entrar en el Reino
–lo único que
verdaderamente importa– no es suficiente pertenecer al Pueblo
elegido ni la
falsa confianza en Él. Entonces empezaréis a decir: hemos comido
y bebido
contigo, y has enseñado en nuestras plazas. Y os dirá: No sé de
dónde sois;
apartaos de Mí... No bastan estos privilegios divinos; es
necesaria una fe con
obras, a la que todos hemos sido llamados.
Todos los hombres tenemos una vocación para ir al Cielo, el definitivo Reino de Cristo. Para eso hemos nacido, porque Dios quiere que todos los hombres se salven3. Al morir Cristo en la Cruz, el velo del Templo se rasgó por medio4, signo de que terminaba la separación entre judíos y gentiles5. Desde entonces, todos los hombres están llamados a formar parte de la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, el cual, “permaneciendo uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para cumplir así el designio de la voluntad de Dios, que en un principio creó una naturaleza humana y determinó luego congregar en un solo pueblo a sus hijos que estaban dispersos”6.
La Segunda lectura7 señala cuál es nuestra misión en esta tarea universal de salvación: fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y dad pasos derechos con vuestros pies, para que los miembros cojos no se descoyunten, sino más bien se curen. Es una llamada a ser ejemplares para afianzar, con nuestra conducta y con nuestra caridad, a los que se sientan más débiles y con pocas fuerzas. Muchos se apoyarán en nosotros; otros comprenderán que el camino estrecho que lleva al Cielo se convierte en senda ancha para quienes aman a Cristo.
II. Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua... y despacharé mensajeros a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas...8. Y vendrán de Oriente y Occidente y del Norte y del Sur y se sentarán a la Mesa en el Reino de Dios9. Esta profecía se ha cumplido ya, y, a la vez, son muchos los que no conocen aún a Cristo; quizá en la propia familia, entre nuestros amigos, gentes que encontramos diariamente. Es posible que muchos hayan oído hablar de Él, pero en realidad no le conocen. También nosotros podríamos repetir a muchos las palabras del Bautista: En medio de vosotros hay uno al que no conocéis10.
El Señor ha querido que participemos en su misión de salvar al mundo –a todos– y ha dispuesto que el afán apostólico sea elemento esencial e inseparable de la vocación cristiana. Quien se decide a seguirlo, y nosotros le seguimos, se convierte en un apóstol con responsabilidades concretas de ayudar a otros a que atinen con la puerta estrecha que lleva al Cielo: “insertos por el Bautismo en el Cuerpo de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, es el mismo Señor el que los destina al apostolado”11. Todos los cristianos, de cualquier edad y condición, en toda circunstancia en la que se encuentren, son llamados “para dar testimonio de Cristo en todo el mundo”12.
El afán apostólico, el deseo de acercar a muchos al Señor, no lleva a hacer cosas raras o llamativas, y mucho menos a descuidar los deberes familiares, sociales y profesionales. Es precisamente en esas tareas, en la familia, en el lugar de trabajo, con los amigos, aprovechando las relaciones humanas normales, donde encontramos el campo para una acción apostólica muchas veces callada, pero siempre eficaz.
En medio del mundo, donde Dios nos ha puesto, debemos llevar a los demás a Cristo: con el ejemplo, mostrando coherencia entre la fe y las obras; con la alegría constante; con la serenidad ante las dificultades, presentes en toda vida; a través de la palabra, que anima siempre, y que muestra la grandeza y la maravilla de encontrar y seguir a Jesús; ayudando a unos para que se acerquen al sacramento del perdón, fortaleciendo a otros que estaban quizá a punto de abandonar al Maestro.
Preguntémonos hoy en nuestra oración si las personas que nos tratan y conocen distinguen en nosotros a un discípulo de Cristo. Pensemos a cuántos hemos ayudado a dar un paso firme en su camino hacia el Cielo: a cuántos hemos hablado de Dios, o invitado a un retiro espiritual, o aconsejado un buen libro que ayuda a su alma, a quiénes hemos facilitado la Confesión..., o enseñado la doctrina del Magisterio sobre la familia o el matrimonio; a quiénes hemos descubierto la grandeza de ser generosos en la limosna, en el número de hijos, en seguir a Cristo con una entrega sin condiciones... De los primeros cristianos se decía: “lo que el alma es para el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo”13. ¿Se podría decir lo mismo de nosotros en la familia, en el lugar de estudio o de trabajo, en la asociación cultural o deportiva a la que pertenecemos?, ¿somos el alma que da la vida de Cristo allí donde estamos presentes?
III. Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a todas las criaturas14, leemos en el Salmo responsorial de la Misa. Son palabras de Cristo bien claras: de la tarea que habrán de realizar sus discípulos de todas las épocas no excluye a ningún pueblo o nación, a ninguna persona. Nadie a quien encontremos está excluido, a todos llama el Señor: a los muy ancianos y a los muy jóvenes, al niño que balbucea las primeras palabras y a quien se encuentra en la plenitud de la vida, al vecino, al directivo de la empresa y al empleado... De hecho, los Apóstoles se encontraron con gentes bien diversas: unos eran superiores en cultura, otros pertenecían a pueblos que ni siquiera sabían que existía Palestina, algunos ocupaban puestos importantes, otros ejercían oficios manuales de escasa trascendencia en la vida de su nación... Pero a nadie excluyeron de la predicación. Y los que en otras ocasiones se mostraron cobardes y faltos de ánimo luego fueron plenamente conscientes de la misión universal que se les encomendó.
“Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio”15. En esta tarea evangelizadora hemos de contar con “un hecho completamente nuevo y desconcertante, como es la existencia de un ateísmo militante, que ha invadido ya a muchos pueblos”16; ateísmo que quiere que los hombres se vuelvan contra Dios, o que al menos lo olviden. Ideologías que utilizan medios poderosos de difusión, como la televisión, la prensa, el cine, el teatro..., ante las cuales muchos cristianos se encuentran como indefensos, sin la formación necesaria para hacerles frente.
“A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual podamos ser salvos (Hech 4, 12)”17.
El Señor se sirve de nosotros para iluminar a muchos. Pensemos hoy en quienes tenemos más cerca: hijos, hermanos, parientes, amigos, colegas, vecinos, clientes... Comencemos por ellos, sin importarnos que a veces nos parezca que no servimos para esta tarea, que somos poco para tanto como hay que hacer. El Señor multiplicará nuestras fuerzas, y nuestra Madre Santa María, Regina Apostolorum, facilitará nuestra tarea constante, paciente, audaz.
1 Is 66, 18-21. — 2 Lc 13, 22-30. — 3 1 Tim 2, 4. — 4 Lc 23, 45. — 5 Cfr. Ef 2, 14-16. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 13. — 7 Heb 12, 5-7; 11-13. — 8 Is 66, 18. — 9 Lc 13, 29. — 10 Jn 1, 26. — 11 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 3. — 12 Ibídem. — 13 Discurso a Diogneto, 5. — 14 Mc 16, 15. — 15 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 132. — 16 Juan XXIII, Const. Apost. Humanae salutis, 25-XII-1961. — 17 San Josemaría Escrivá, loc. cit.
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Que Dios nos
mande siempre muchos
educadores como San José,
y que su ejemplo nos lleve a recordar
aquel famoso dicho de Jesucristo:
"Es necesario padecer en la tierra,
para entrar en la gloria eterna". (Lc.
24,26).
Crónicas de un maestro - San José de Calasanz - Parte 1 / 4 … San José deCalasanz, fundador de la Orden de las Escuelas … los niños pobres y ricos, nacido en Peralta de la Sal, fue el primer hombre en crear un sistema …
Crónicas de un maestro - San José
de Calasanz - Parte 1 / 4
https://www.gloria.tv/video/uUnw54t8Fy8LH7ipE1KKzArYY
Crónicas de un maestro - San José de Calasanz - Parte 2 / 4
Crónicas de un maestro - San José de Calasanz - Parte 3 / 4
Crónicas de un maestro - San José de Calasanz - Parte 4 / 4
074-SAN JOSE DE CALASANZ-HISTORIETA
http://www.gloria.tv/media/ZQm1hSLvzms
Vida de San José de Calasanz
http://www.gloria.tv/media/NbTL4S3o9VV
Aprende a admirar un cuadro: La
última comunión de San José de Calasanz (Goya)
http://www.gloria.tv/media/iXUufPGrgqV
Un cardenal que después fue Sumo
Pontífice, llamó a San José Calasanz "un segundo Job"
porque
tuvo que sufrir persecuciones como el santo Job de lo Biblia.
Nuestro santo fue sepultado un 26 de agosto del año 1648.
Nació en Aragón, España, en 1556, hijo del gobernador de la región.
Su padre deseaba que fuera militar, pero los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal, y pidió que le dejaran hacer estudios eclesiásticos. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los demás.
En el colegio se burlaban de él los compañeros, porque les perecía demasiado piadoso, pero poco a poco con su amabilidad los fue ganando a su favor.
Siendo universitario tuvo que huir de la ciudad donde estudiaba porque una mujer joven pretendía hacerlo pecar. Imitaba así a José el de la Biblia, que prefirió perder cualquier amistad aunque fuera de persona de alta clase social, con tal de no ofender a Dios.
Su padre deseaba que José fuera el heredero administrador de sus muchos bienes y riquezas. Pero en una gravísima enfermedad, el joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote. Ya antes se había graduado de doctor en la universidad de Alcalá.
Cargos importantes. Como tenía fama de gran santidad y de mucha sabiduría, el señor obispo le fue concediendo puestos de mucha responsabilidad. Primero lo envío a una región montañosa donde la gente era casi salvaje y muy ignorante en religión. Allá, entre nieves y barrizales y por caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión y el cambio total.
En Barcelona existía una terrible pelea entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San José fue enviado a poner la paz y logró que se casara un joven de una de las familias con una muchacha de la familia contraria y así volvió a ver paz entre los que antes eran enemigos.
El señor obispo de Urgel lo nombró su vicario general, el más alto puesto en la diócesis después del prelado.
Renuncia a todo. Pero él sentía una voz en su interior que le decía: "¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!" Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara a educarlos. Así que renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna.
Educador de los pobres. En Roma se hizo socio de una cofradía que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños y se dio cuenta de que la ignorancia religiosa era total y que no bastaba con enseñar religión los domingos, sino que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana. En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción. Se reunió con unos sacerdotes amigos y fundó entonces su primera escuela en Roma. Su fin era instruir en la religión y formar buenos ciudadanos. Pronto tuvieron ya cien alumnos. Tenían que conseguir profesores y edificio, porque los gobiernos no costeaban nada de eso. Pronto fueron llegando nuevos colaboradores y los alumnos fueron ya setecientos. Más tarde eran ya mil los jóvenes que estudiaban en las escuelas dirigidas por José y su amigos. En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente cuando llegaban la peste o las inundaciones. Con su amigo San Camilo eran incansables en ayudar.
Los escolapios. A sus institutos educativos les puso por nombre "Escuelas Pías" y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había "Escuelas Pías" en muchos sitios de Italia y en muchos países. Ahora los padres Escolapios tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos. Son estimadísimos como educadores.
Visitas repentinas e inesperadas. Los envidiosos empezaron a hacer llegar quejas contra las Escuelas Pías, y el Sumo Pontífice Clemente VIII envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani a que hicieran una visita sorpresa a las tales escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente sin previo aviso y encontraron que todo funcionaba tan sumamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe se propuso ayudarlas mucho más en adelante. Algo parecido hizo más tarde el Papa Paulo V y al darse cuenta de los bien que funcionaban las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba porque las dificultades que se les presentaban eran muy grandes.
Empiezas los dolores. El padre Calasanz tenía una gran fuerza y un día se echó sobre sus espaldas una pesadísima campana y se subió por una escalera para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió y él cayó con la campana y se rompió una pierna. Duró varios meses en cama entre la vida y la muerte y desde entonces su falta de salud lo hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos le iban a llegar de otra manera totalmente inesperada.
La persecución. Recibió el padre Calasanz como colaborador a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa". El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios".
Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo.
Dicen que San Alfonso de Ligorio cuando estaba fundando la Congregación de Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz para animarse y seguir luchando hasta conseguir la definitiva aprobación.
El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas y de sus muchísimos sufrimientos.
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María del Tránsito de Jesús Sacramentado Cabanillas, Beata |
Martirologio Romano: En
Córdoba, ciudad de la República Argentina, beata María del
Tránsito de Jesús
Sacramentado Cabanillas, virgen, que se dedicó con empeño a
la formación
cristiana de la infancia pobre y abandonada, fundando en ese
país el Instituto
de las Hermanas Misioneras de la Tercera Orden de San
Francisco (1885).
Fecha de beatificación: Su
Santidad Juan Pablo II
la beatificó el 14 de abril del 2002, y estableció que su
fiesta se celebre el
25 de agosto.
María del Tránsito
Eugenia de los Dolores Cabanillas
nació el día 15 de agosto de 1821 en la estancia de Santa
Leocadia, actual
Carlos Paz (Córdoba, Argentina). Su padre, Felipe Cabanillas
Toranzo, descendía
de una familia de Valencia (España) emigrada a Argentina
durante la segunda
mitad del siglo XVII y que logró reunir una cierta fortuna
económica en su
nuevo ambiente, pero que se distinguió sobre todo por su
profunda religiosidad
cristiana.
En 1816, el Sr. Felipe Cabanillas se
unió en matrimonio
con la joven Francisca Antonia Luján Sánchez, de la que tuvo
once hijos. Tres
fallecieron prematuramente, cuatro contrajeron matrimonio y
los otros se
consagraron a Dios: uno como sacerdote secular y tres como
religiosas en
diversos Institutos, continuando así una larga y gloriosa
tradición familiar.
La Beata era la tercera nacida de la
familia. Bautizada
por D. Mariano Aguilar el día 10 de enero de 1822 en la
capilla de San Roque,
le impusieron los nombres de Tránsito, es decir, María del
Tránsito o María
Asunción, y de Eugenia de los Dolores. Recibió el sacramento
de la confirmación
con cierto retraso, el día 4 de abril de 1936, dada la lejanía
del centro
diocesano.
Tras la primera educación familiar,
María del Tránsito
fue enviada a Córdoba, ciudad de nobles tradiciones
culturales, con su famosa
universidad del siglo XVII, fundada por el obispo franciscano
Fernando Trejo y
Sanabria, y los colegios de Santa Catalina (1613) y de Santa
Teresa (1628).
Desde 1840, al tiempo que seguía sus estudios, cuidó de su
hermano menor, que
estaba preparándose para el sacerdocio en el seminario de
Nuestra Señora de
Loreto de la citada ciudad de Córdoba.
En 1850, tras la muerte del Sr. Felipe
Cabanillas, la
familia entera se trasladó definitivamente a Córdoba, por lo
que la Venerable
María del Tránsito se estableció con su madre, su hermano, que
fue ordenado
sacerdote en 1853, sus hermanas y cinco primas huérfanas en
una casita situada
cerca de la iglesia de San Roque. María del Tránsito se
distinguió por su
piedad, sobre todo hacia la Eucaristía, llevó a cabo una
intensa actividad como
catequista e hizo muchas obras de misericordia, visitando
frecuentemente a los
pobres y a los enfermos en compañía de su prima Rosario.
Después del fallecimiento de su madre
(13 de abril de
1858), la Beata ingresó en la Tercera Orden Franciscana e
intensificó su vida
de oración y de penitencia, dirigida espiritualmente por el
Padre Buenaventura
Rizo Patrón, franciscano, que sería ordenado obispo de Salta
en 1862. Pero ella
anhelaba consagrarse a Dios por entero. Por eso, en 1859, con
ocasión de su profesión
en la TOF, emitió el voto de virginidad perpetua y empezó a
pensar en la
fundación de un Instituto para la instrucción cristiana de la
infancia pobre y
abandonada.
En 1871 entró en contacto con la Sra.
Isidora Ponce de
León, que se interesaba vivamente por la erección de un
monasterio de
carmelitas en Buenos Aires. Al año siguiente, María del
Tránsito la siguió
hasta Buenos Aires e ingresó en el monasterio el 19 de marzo
de 1873, el mismo
día en que fue inaugurado. Pero su compromiso ascético se
reveló superior a sus
fuerzas físicas, cayó enferma y, por razones de salud, tuvo
que abandonar la
clausura en abril de 1874. En septiembre de aquel mismo año,
creyéndose
suficientemente recuperada, ingresó en el convento de las
religiosas de la
Visitación de Montevideo, pero también allí cayó enferma pocos
meses después.
La Beata acepta todo con admirable
resignación,
abandonándose cada vez con más confianza en las manos de la
Divina Providencia.
Contemporáneamente, vuelve a emerger su idea de una fundación
educativa y
asistencial al servicio de la infancia. Varios franciscanos la
alientan a ello
y D. Agustín Garzón le ofrece una casa y su colaboración y la
pone en contacto
con el P. Ciríaco Porreca, OFM, de Río Cuarto.
El día 8 de diciembre de 1878, obtenida
la aprobación
eclesiástica de su proyecto de fundación y de las
constituciones y después de
unos ejercicios espirituales predicados por el P. Porreca,
María del Tránsito
Cabanillas, en compañía de sus dos compañeras Teresa Fronteras
y Brígida
Moyano, pone en marcha la Congregación de las Hermanas
Terciarias Misioneras
Franciscanas de la Argentina. A petición de la Fundadora, el
P. Ciríaco
Porreca, OFM, es nombrado director del Instituto. El 2 de
febrero de 1879 María
del Tránsito Cabanillas y sus dos primeras compañeras emiten
la profesión
religiosa y el día 27 de aquel mismo mes y año escriben al
P. Bernardino de Portogruaro, Ministro
general de la
Orden de Frailes Menores, solicitándole la agregación de su
Instituto a la
Orden Franciscana. El P. Bernardino de Portogruaro les
responde afirmativamente
el día 28 de enero de 1880.
La nueva Congregación tuvo
inmediatamente una floración
de vocaciones, de manera que todavía en vida de la Fundadora
se inauguró el
colegio de Santa Margarita de Cortona en San Vicente, así como
el del Carmen en
Río Cuarto y el de la Inmaculada Concepción en Villa Nueva.
La Beata guiaba el floreciente Instituto
con admirable
sabiduría, pero sus fuerzas físicas iban cediendo gradualmente
a las fatigas de
cada día y a los rigores ascéticos. El 25 de agosto de 1885
moría santamente,
como había vivido durante toda su vida, dejando en herencia
heroicos ejemplos
de humildad y de caridad al servicio sobre todo de la
infancia, de los pobres,
de los enfermos y de sus hermanas. En su currículo espiritual
deben subrayarse
sobre todo la prudencia, la paciencia, la fortaleza de ánimo
para afrontar las
múltiples pruebas de la vida, su asidua actividad enseñando el
catecismo y
atendiendo a la infancia abandonada, su amor a la pureza y la
confianza en la
Divina Providencia, que le respondía con frecuencia con signos
sorprendentes.
Como Fundadora, la Beata supo infundir
en sus hijas el
espíritu sobrenatural, la generosidad, el amor a la infancia,
el espíritu de
penitencia y de mortificación.
Su Santidad Juan Pablo II declaró la
heroicidad de las
virtudes de la Beata el día 28 de junio de 1999.
Su Santidad Juan Pablo II la beatificó
el 14 de abril del
2002, y estableció que su fiesta se celebre el 25 de agosto
Reproducido con autorización de Vatican.va
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Fuente: Franciscanos.org
Luis
IX, Santo
Rey de Francia, 25 de agosto
Rey de FranciaMaartirologio Romano: San
Luis IX, rey de Francia, que, tanto en tiempo de paz
como durante la guerra para defensa de los
cristianos, se distinguió por su fe activa, su
justicia en el gobierno, el amor a los pobres y la
paciencia en las situaciones adversas. Tuvo once
hijos en su matrimonio, a los que educó de una
manera inmejorable y piadosa, y gastó sus bienes,
fuerzas y su misma vida en la adoración de la Cruz,
la Corona y el sepulcro del Señor, hasta que,
contagiado de peste, murió en el campamento de
Túnez, en la costa de África del Norte (1270).
San Luis, rey de Francia, es, ante todo,
una Santo cuya figura angélica impresionaba a todos
con sólo su presencia. Vive en una época de grandes
heroísmos cristianos, que él supo aprovechar en medio
de los esplendores de la corte para ser un dechado
perfecto de todas las virtudes. Nace en Poissy el 25
de abril de 1214, y a los doce años, a la muerte de su
padre, Luis VIII, es coronado rey de los franceses
bajo la regencia de su madre, la española Doña Blanca
de Castilla. Ejemplo raro de dos hermanas, Doña Blanca
y Doña Berenguela, que supieron dar sus hijos, más que
para reyes de la tierra, para santos y fieles
discípulos del Señor. Las madres, las dos princesas
hijas del rey Alfonso VIII de Castilla, y los hijos,
los santos reyes San Luis y San Fernando.
la putrefacción del agua y de los
alimentos. Pronto empiezan a sucumbir los soldados y
los nobles. El 3 de agosto muere el segundo hijo del
rey, Juan Tristán, cuatro días más tarde el legado
pontificio y el 25 del mismo mes la muerte arrebataba
al mismo San Luis, que, como siempre, se había
empeñado en cuidar por sí mismo a los apestados y
moribundos. Tenía entonces cincuenta y seis años de
edad y cuarenta de reinado. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Patricia,
Santa
Virgen y Mártir, 25 de agosto
Virgen y Mártir Martirologio
Romano: Virgen mártir que dio su vida en
Nápoles en las persecuciones del imperio romano y allí
es venerada como patrona.
Santa Patricia (665) descendiente del gran
emperador Constantino, nació en Constantinopla. Fue
educada en la corte, y siendo muy joven hizo voto de
virginidad. Para poder permanece fiel a éste, huyó de la
ciudad porque el emperador Costante II (668-685) quería
imponerle matrimonio.
basiliani, quedó para las hermanas bajo la
regla benedictina y tuvo varios siglos de vida gloriosa.
A causa de eventos históricos y políticos, en 1864 las
reliquias de la Santa fueron trasladadas al monasterio
de San Gregorio Armeno, donde revestidos de cera están
contenidos en una urna hecha de oro y plata y adornada
con piedras preciosas, en la capilla lateral de la
monumental iglesia del monasterio. |
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Fuente: multimedios.org
Ginés
(o Genesio) de Roma, Santo
Mártir, 25 de agosto
Mártir LaicoMartirologio Romano: En Roma, san Genesio, mártir, que
todavía catecúmeno y desempeñando el oficio de
escribano y comediante, al negarse a actuar contra
los cristianos fue detenido por los soldados y
bautizado con su propia sangre (303).
Era un comediante pagano. Como viese un
bautismo cristiano, se le ocurrió parodiarlo ante el
emperador Diocleciano, desempeñando el papel de
enfermo. Los que le “administraban” fingían, pero él,
movido por la gracia de Dios, recibió el Bautismo de
agua, pues interiormente se acababa de convertir a Él.
Poco después, el de sangre, por no querer adorar a los
dioses. — Fiesta: 25 de agosto. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Tomás
Cantalupo de Hereford, Santo Obispo de Hereford, 25 de
agosto
Obispo de Hereford Martirologio
Romano: En Montefiascone, de la Toscana,
muerte de santo Tomás Cantelupe, obispo de Hereford,
en Inglaterra, quien, célebre por sus conocimientos,
se mostró severo para consigo mismo, pero
excepcionalmente espléndido para con los pobres
(1282).
Nació hacia el año 1218, en Hambleden, en
las proximidades de Great Marlow. Su educación quedó a
cargo de su tío Walterio, obispo de Worcester, quien le
envió a Oxford a los diecinueve años. Pero el joven pasó
poco tiempo ahí y se trasladó luego a París con su
hermano Hugo(1). En Francia los jóvenes vivían en una
inmensa posesión. En 1245, acompañaron al Concilio de
Lyon a su padre, quien había sido enviado como legado de
Inglaterra. Probablemente Tomás recibió ahí la
ordenación. El Papa Inocencio IV le concedió una
dispensa para que pudiese gozar de varios beneficios
eclesiásticos simultáneamente, y el joven Tomás hizo
amplio uso de dicha dispensa. |
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Fuente: Op.org.ar
Pedro
Vázquez, Beato
Mártir, 25 de agosto
MártirMartirologio Romano: En Shimabara, de Japón, beatos
mártires Miguel Carvalho, de la Compañía de Jesús;
Pedro Vázquez, de la Orden de Predicadores; Luis
Sotelo y Luis Sasanda, presbíteros, y Luis Baba,
religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que
fueron quemados vivos a causa de su fe en Cristo
(1624).
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Ginés (o Genesio) de Arlés, Santo Mártir, 25 de agosto
Patrono de los Notarios LatinosMartirologio Romano: En Arlés, de la Provenza, san Genesio, mártir, que todavía catecúmeno y desempeñando el oficio de escribano, al negarse a actuar contra los cristianos buscó la salvación en la huida, pero, detenido por los soldados, fue bautizado con su propia sangre (~305).
Ginés, nativo de Arlés, fue un soldado
que llegó a ser conocido por su maestría en la
escritura, por lo que fue nombrado secretario del
magistrado romano de Arlés. |
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Fuente: Franciscanos.net
Luis
Baba, Beato
Mártir, 25 de agosto
MártirMartirologio Romano: En Shimabara, de Japón, beatos
mártires Miguel Carvalho, de la Compañía de Jesús;
Pedro Vázquez, de la Orden de Predicadores; Luis
Sotelo y Luis Sasanda, presbíteros, y Luis Baba,
religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que
fueron quemados vivos a causa de su fe en Cristo
(1624).
Luis Baba, mártir en el Japón, nació de
una familia japonesa de antigua tradición católica y
fue el catequista predilecto de Fray Luis Sotelo,
franciscano. Por su celo y sus capacidades
catequísticas fue escogido por él como compañero de
misión en los muchos y largos viajes, una experiencia
que lo confirmó siempre más en su propósito de
prodigarse para el servicio de la fe. De regreso de
España visitó a México y luego llegó a las islas
Filipinas. |
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Aredio de Limoges, Santo Abad, 25 de agosto
AbadMartirologio Romano: En Attane, en el territorio de Limoges, en Aquitania, san Aredio, abad, que compuso una Regla llena de sabiduría para el cenobio que había fundado, extraída de los escritos de distintos autores de vida monástica (591).
Abad en Limoges y canciller de Teodeberto
II, el rey de Austrasia, en el siglo VI. Fundador del
monasterio de Attanum, y las comunas francesas
conocidas como St. Yrieix (nombre con el que se conoce
a este santo en Francia). Entre ellas se encuentran
Saint-Yrieix-les-Bois, Saint-Yrieix-la-Perche y
Saint-Yrieix-la-Montagne. |
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Fuente:
Dominicoscoval.org
Luis
Urbano Lanaspa, Beato
Presbítero y Mártir, 25 de agosto
Presbítero y MártirMartirologio Romano: En Valencia, de España, beato Luis
Urbano Lanaspa, presbítero de la Orden de
Predicadores y mártir, que llevó a cabo una gloriosa
prueba por Cristo (1936).
Nace el 3 de junio de 1882. Cursa los
primeros estudios en los Escolapios de Zaragoza. A los
14 años ingresa en el Seminario conciliar para dar
comienzo los estudios de Filosofía, y ejerce de
sacristán en la iglesia de las monjas dominicas de
santa Inés. |
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J†A
JMJ
Pax
El que se engrandece a sí mismo, será humillado y el que se humilla, será engrandecido
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1.7-14
Gloria a ti, Señor.
Un sábado,
Jesús fue a comer en cada de uno de los jefes de los fariseos, y
éstos estaban
espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros
lugares, les dijo
esta parábola:
"Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el
lugar principal,
no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el
que los invitó
a los dos venga a decirte: "Déjale el lugar a este", y tengas
que ir
a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el
contrario, cuando te
inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te
invitó, te
diga: "Amigo, acércate a la cabecera". Entonces te veras honrado
de
presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a
sí mismo, será
humillado; y el que se humilla, será engrandecido". Luego dijo
al que lo
había invitado:
"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a
tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque
puede ser que
ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al
contrario, cuando
des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los
cojos y a los
ciegos; y así seras dichoso, porque ellos no tienen con qué
pagarte; pero ya se
te pagará, cuando resuciten los justos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
22o. Dom Ord Ciclo C
Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco. Tú eres bueno y clemente y no niegas tu amor al que te invoca.
Oración Colecta
Oremos:
Dios misericordioso, de quien procede todo lo bueno,
inflámanos con tu amor y
acércanos más a ti, fin de que podamos crecer en tu gracia y
perseveremos en
ella.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Hazte pequeño y hallaras gracia ante el Señor
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 19-21.30-31
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y halláras gracia ante el Señor, porque sólo él es poderoso y sólo los humildes les dan la gloria. No hay remedio pata el hombre de orgulloso, porque ya está arraigado en la maldad. El hombre prudente mediata en su corazón las sentencias de los otros, y su gran anhelo es saber escuchar.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 67
Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
Ante el
Señor, su Dios, gocen los
justos, salten de alegría. Entonen alabanzas a su nombre. En
honor del Señor
toquen la cítara.
Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
Porque el
Señor, desde su templo santo,
a huérfanos y viudas de su auxilio; él fue quien dio a los
desvalidos casa,
libertad y riqueza a los cautivos.
Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
A tu
pueblo extenuando diste fuerzas,
nos colmaste, Señor de tus favores y habitó tu rebaño en esta
tierra, que tu
amor preparó para los pobres.
Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
Se han acercado ustedes a Sión, el monte y la ciudad del Dios viviente.
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19.22-24
Hermanos:
Cuando ustedes se acercaron a
Dios, no encontraron nada material, como en el Sinaí: ni fuego
ardiente, ni
oscuridad, ni estruendo de trompetas, ni palabras pronunciadas
por aquella voz
que los israelitas no quieren volver a oír nunca.
Ustedes, en cambio, se han acercado a Sión, el monte y la
ciudad del Dios
viviente, a la Jerusalén celestial, a la reunión festiva de
miles y miles de
ángeles, ala asamblea de los primogénitos, cuyos nombres están
escritos en el
cielo. Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los
justos que
alcanzaron la perfección. Se han acercado a Jesús, el
meditador de la nueva
alianza.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí,
que soy manso y
humilde de corazón.
Aleluya.
El que se engrandece a sí mismo, será humillado y el que se humilla, será engrandecido
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1.7-14
Gloria a ti, Señor.
Un sábado, Jesús fue a comer en cada de
uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo.
Mirando cómo los
convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta
parábola:
"Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el
lugar
principal, no sea que haya algún otro invitado más importante
que tú, y el que
los invitó a los dos venga a decirte: "Déjale el lugar a
este", y
tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento.
Por el
contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que,
cuando venga el
que te invitó, te diga: "Amigo, acércate a la cabecera".
Entonces te
veras honrado de presencia de todos los convidados. Porque el
que se engrandece
a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será
engrandecido". Luego
dijo al que lo había invitado:
"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni
a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque
puede ser que
ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.
Al contrario, cuando
des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los
cojos y a los
ciegos; y así seras dichoso, porque ellos no tienen con qué
pagarte; pero ya se
te pagará, cuando resuciten los justos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos, al Señor de oídos a las súplicas de su
pueblo:
Respondemos:
Te rogamos Señor.
Tengamos
presente, hermanos, en nuestras
oraciones a la iglesia santa, católica y apostólica, para que
el Señor la haga
crecer en la fe, la esperanza y la caridad.
Te rogamos Señor.
Oremos
también por los pecadores, por
los encarcelados, por los enfermos y por los que están lejos
de sus hogares,
para que el Señor los proteja, los libere, les devuelva la
salud y los
consuele.
Te rogamos Señor.
Oremos
también por las almas de todos
los difuntos, para que Dios, en su bondad, quiera admitirlos
en el coro de los
santos y de los elegidos.
Te rogamos Señor.
Pidamos
también por los que nos
disponemos a celebrar la Eucaristía, para que el Señor perdone
las culpas de
los que vamos a participar de sus sacramentos, otorgue sus
premios a los que
ejercerán los diversos ministerios y dé la salvación a todos
aquellos los que
ofrecemos nuestro sacrificio.
Te rogamos Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que invitas a pobres y pecadores al banquete
alegre de la nueva
alianza, escucha nuestras oraciones y haz que sepamos honrar a
tu Hijo en los
enfermos y los humildes, a fin de que, alrededor de tu mesa,
nos reconozcamos
mutuamente como hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que te presentamos y realiza en nosotros con el poder de tu Espíritu, la obra redentora que se actualiza en esta Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La creación alaba al Señor
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo con todo cuanto contiene;
determinaste el ciclo de
las estaciones y formaste al hombre a tu imagen y semejanza:
porque lo hiciste
dueño de un mundo portentoso, para que en tu nombre dominara
la creación entera
y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te
alabara. por
Cristo, Señor nuestro.
A quien cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los
arcángeles,
proclamando sin cesar:
Qué grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos.
Oremos:
Te rogamos, Señor, que este sacramento con que nos has
alimentado, nos haga
crecer en tu amor y nos impulse a servirte en nuestros
prójimos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo segundo Domingo
ciclo c
LOS PRIMEROS PUESTOS
— Luchar contra el deseo desordenado de alabanza y de honores.
— Medios para vivir la humildad.
— Los bienes de la humildad.
I. Las lecturas de la Misa de hoy nos hablan de una virtud que constituye el fundamento de todas las demás, la humildad; es tan necesaria que Jesús aprovecha cualquier circunstancia para ponerlo de relieve. En esta ocasión, el Señor es invitado a un banquete en casa de uno de los principales fariseos. Jesús se da cuenta de que los comensales iban eligiendo los primeros puestos, los de mayor honor. Quizá cuando ya están sentados y se puede conversar, el Señor expone una parábola1 que termina con estas palabras: cuando seas invitado, ve a sentarte en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado.
Nos recuerda esta parábola la necesidad de estar en nuestro sitio, de evitar que la ambición nos ciegue y nos lleve a convertir la vida en una loca carrera por puestos cada vez más altos, para los que no serviríamos en muchos casos, y que quizá, más tarde, habrían de humillarnos. La ambición, una de las formas de soberbia, es frecuente causa de malestar íntimo en quien la padece. “¿Por qué ambicionas los primeros puestos?, ¿para estar por encima de los demás?”, nos pregunta San Juan Crisóstomo2, porque en todo hombre existe el deseo –que puede ser bueno y legítimo– de honores y de gloria. La ambición aparece en el momento en el que se hace desordenado este deseo de honor, de autoridad, de una condición superior o que se considera como tal...
La verdadera humildad no se opone al legítimo deseo de progreso personal en la vida social, de gozar del necesario prestigio profesional, de recibir el honor y la honra que a cada persona le son debidos. Todo esto es compatible con una honda humildad; pero quien es humilde no gusta de exhibirse. En el puesto que ocupa sabe que no está para lucir y ser considerado, sino para cumplir una misión cara a Dios y en servicio de los demás.
Nada tiene que ver esta virtud con la timidez, la pusilanimidad o la mediocridad. La humildad nos lleva a tener plena conciencia de los talentos que el Señor nos ha dado para hacerlos rendir con corazón recto; nos impide el desorden de jactarnos de ellos y de presumir de nosotros mismos; nos lleva a la sabia moderación y a dirigir hacia Dios los deseos de gloria que se esconden en todo corazón humano: Non nobis, Domine, non nobis. Sed nomini tuo da gloriam3: No para nosotros, sino para Ti, Señor, sea toda la gloria. La humildad hace que tengamos vivo en el alma que los talentos y virtudes, tanto naturales como en el orden de la gracia, pertenecen a Dios, porque de su plenitud hemos recibido todos4. Todo lo bueno es de Dios; de nosotros es propio la deficiencia y el pecado. Por eso, “la viva consideración de las gracias recibidas nos hace humildes, porque el conocimiento engendra el reconocimiento”5. Penetrar con la ayuda de la gracia en lo que somos y en la grandeza de la bondad divina nos lleva a colocarnos en nuestro sitio; en primer lugar ante nosotros mismos: “¿acaso los mulos dejan de ser torpes y hediondas bestias porque estén cargados de olores y muebles preciosos del príncipe?”6. Esta es la verdadera realidad de nuestra vida: ut iumentum factus sum apud te, Domine7, dice la Sagrada Escritura: somos como el borrico, como un jumento, que su amo, cuando Él quiere, lo carga de tesoros de muchísimo valor.
II. Para crecer en la virtud de la humildad es necesario que, junto al reconocimiento de nuestra nada, sepamos mirar y admirar los dones que el Señor nos regala, los talentos de los que espera el fruto. “A pesar de nuestras propias miserias personales somos portadores de esencias divinas de un valor inestimable: somos instrumentos de Dios. Y como queremos ser buenos instrumentos, cuanto más pequeños y miserables nos sintamos, con verdadera humildad, todo lo que nos falte lo pondrá Nuestro Señor”8. Iremos por el mundo con esa altísima dignidad de ser “instrumentos de Dios” para que Él actúe en el mundo. Humildad es reconocer nuestra poca cosa, nuestra nada, y a la vez sabernos “portadores de esencias divinas de un valor inestimable”. Esta visión, la más real de todas, nos lleva al agradecimiento continuo, a las mayores audacias espirituales porque nos apoyamos en el Señor, a mirar a los demás con todo respeto y a no mendigar pobres alabanzas y admiraciones humanas que tan poco valen y tan poco duran. La humildad nos aleja del complejo de inferioridad –que con frecuencia está producido por la soberbia herida–, nos hace alegres y serviciales con los demás y ambiciosos de amor de Dios: “Todo lo que nos falte lo pondrá Nuestro Señor”.
Para aprender a caminar en este sendero de la humildad hemos de saber aceptar las humillaciones externas que seguramente encontraremos en el transcurso de nuestras jornadas, pidiendo al Señor que nos unan a Él y que nos enseñe a considerarlas como un don divino para reparar, purificarse y llenarse de más amor al Señor, sin que nos dejen abatidos, acudiendo al Sagrario si alguna vez nos duelen un poco más.
Medio seguro para crecer en esta virtud es la sinceridad plena con nosotros mismos, llegando a esa intimidad que solo es posible en el examen de conciencia hecho en presencia de Dios; sinceridad con el Señor, que nos llevará a pedir perdón muchas veces, porque son muchas nuestras flaquezas; sinceridad con quien lleva nuestra dirección espiritual.
Aprender a rectificar es también camino seguro de humildad. “Solo los tontos son testarudos: los muy tontos, muy testarudos”9; porque los asuntos de aquí abajo no tienen una única solución; “también los otros pueden tener razón: ven la misma cuestión que tú, pero desde distinto punto de vista, con otra luz, con otra sombra, con otro contorno”10, y esta confrontación de pareceres es siempre enriquecedora. El soberbio que nunca “da su brazo a torcer”, que se cree siempre poseedor de la verdad en cosas de por sí opinables, nunca participará de un diálogo abierto y enriquecedor. Además, rectificar cuando nos hemos equivocado no es solo cuestión de humildad, sino de elemental honradez.
Cada día encontramos muchas ocasiones para ejercitar esta virtud: siendo dóciles en la dirección espiritual; acogiendo las indicaciones y correcciones que nos hacen; luchando contra la vanidad, siempre despierta; reprimiendo la tendencia a decir siempre la última palabra; procurando no ser el centro de atención de lo que nos rodea; aceptando errores y equivocaciones en asuntos en los que quizá nos parecía estar completamente seguros; esforzándonos en ver siempre a nuestro prójimo con una visión optimista y positiva; no considerándonos imprescindibles...
III. Existe una falsa humildad que nos mueve a decir “que no somos nada, que somos la miseria misma y la basura del mundo; pero sentiríamos mucho que nos tomasen la palabra y que la divulgasen. Y al contrario, fingimos escondernos y huir para que nos busquen y pregunten por nosotros; damos a entender que preferimos ser los postreros y situarnos a los pies de la mesa, para que nos den la cabecera. La verdadera humildad procura no dar aparentes muestras de serlo, ni gasta muchas palabras en proclamarlo”11. Y aconseja el mismo San Francisco de Sales: “no abajemos nunca los ojos, sino humillemos nuestros corazones; no demos a entender que queremos ser los postreros, si deseamos ser los primeros”12. La verdadera humildad está llena de sencillez, y sale de lo más profundo del corazón, porque es ante todo una actitud ante Dios.
De la humildad se derivan incontables bienes. El primero de ellos, el poder ser fieles al Señor, pues la soberbia es el mayor obstáculo que se interpone entre Dios y nosotros. La humildad atrae sobre sí el amor de Dios y el aprecio de los demás, mientras la soberbia lo rechaza, Por eso nos aconseja la Primera lectura de la Misa13: en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Y se nos recomienda, en el mismo lugar: hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios, porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes. El hombre humilde penetra con más facilidad en la voluntad divina y conoce lo que Dios le va pidiendo en cada circunstancia. Por esto, el humilde se encuentra centrado, sabe estar en su lugar y es siempre una ayuda; incluso conoce mejor los asuntos humanos por su natural sencillez. El soberbio, por el contrario, cierra las puertas a lo que Dios le pide, en lo que encontraría su felicidad, pues solo ve su propio deseo, sus gustos, sus ambiciones, la realización de sus caprichos; aun en lo humano se equivoca muchas veces, pues lo ve todo con la deformación de su mirada enferma.
La humildad da consistencia a todas las virtudes. De modo especial, el humilde respeta a los demás, sus opiniones y sus cosas; posee una particular fortaleza, pues se apoya constantemente en la bondad y en la omnipotencia de Dios: cuando me siento débil, entonces soy fuerte14, proclamaba San Pablo. Nuestra Madre Santa María, en la que hizo el Señor cosas grandes porque vio su humildad, nos enseñará a ocupar el puesto que nos corresponde ante Dios y ante los demás. Ella nos ayudará a progresar en esta virtud y a amarla como un don precioso.
1 Lc 14, 1; 7-II. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 65, 4. — 3 Sal 113, 1. — 4 Jn 1, 16. — 5 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, III, 4. — 6 Ibídem. — 7 Sal 72, 23. — 8 San Josemaría Escrivá, Carta 24-III-1931. — 9 ídem, Surco, n. 274. — 10 Ibídem, n. 275. — 11 San Francisco de Sales, o. c., p. 159. — 12 Ibídem. — 13 Eclo 3, 19-21; 30-31. — 14 2 Cor 12, 10.
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San Gil o Egidio
("El Protegido o Defendido" en
latín; o "cabrito" en griego).
Ermitaño de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII. Algunas leyendas piadosas lo consideraban un rico heredero emigrado de Marsella y establecido como anacoreta en un bosque, en la desembocadura del río Ródano. Con el tiempo edificó un monasterio.
Se le atribuyen algunos milagros y la piedad en el Medioevo lo llamó: Abogado de los pecadores, por haber ayudado en su conversión al Rey Carlos; Protector de pobres, tullidos, arqueros, por haber sido herido por una flecha; Abogado contra el miedo y el incubo, por ayudar a una cierva en peligro; y Defensor contra las enfermedades del cáncer y la epilepsia, llamada "mal de San Gil".
Se le consideró uno de los "14 santos auxiliares". Se le representa como anacoreta, con varios atributos: cierva, lirio, flecha clavada en el brazo, dos puertas (regalo del Papa a su monasterio) y un mensaje celeste en una filacteria por haber descubierto un pecado oculto del Rey Carlos y hacérselo confesar.
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Fuente:
Archiciócesis de Madrid.
Josué, Santo Patriarca del A.T., Septiembre 1
Patriarca Martirologio Romano: Conmemoración de san Josué, hijo de
Nun, siervo del Señor, que al recibir la imposición de
manos por Moisés, fue lleno del espíritu de sabiduría,
y a la muerte de Moisés introdujo de modo maravilloso
al pueblo de Israel, cruzando el Jordán, en la tierra
de promisión (Jos, 1, 1).Muerto Moisés, Josué es
el capitán que introducirá a su gente Tierra Prometida.
Ya era la hora de poseer la tierra que Dios prometió a
los israelitas al sacarlos de Egipto. Han pasado
cuarenta años. Es un pueblo joven el que está en las
proximidades de Canán. Son los hijos de los que Yavé
sacó con mano poderosa. Se han curtido en el desierto
inhóspito donde han vivido del mimo de Dios y
presenciando a diario sus grandezas. Tienen esculpida en
su alma la idea de que sólo en la fidelidad a la Alianza
tienen garantía de la protección de Dios. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Terenciano de Todi, Santo Obispo y Mártir, Septiembre 1
Obispo y Mártir Martirologio Romano: En Todi, de la Umbría, san Terenciano,
obispo (c. s. IV). |
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Fuente:
Zenit.org
José Samsó i Elias, Beato Sacerdote y Mártir, 1 de
septiembre
Sacerdote y Mártir En Mataró, Cataluña, España, Beato José
Samsó i Elías, sacerdote y mártir durante la
persecución religiosa en España. († 1936)
José Samsó Elías nació en Castellbisbal el
17 de enero de 1887. Cursó la carrera sacerdotal en el
Seminario Conciliar de Barcelona, distinguiéndose en
todos los cursos por su talento privilegiado y piedad
ejemplar, todo lo cual le hacía acreedor de las mejores
calificaciones. En los últimos años de su carrera
sacerdotal, habiendo fijado en él su atención el Obispo
José Laguarda, lo distinguió como su secretario
particular, cargo en el cual estuvo hasta que fue
consagrado Presbítero el 12 de marzo de 1910, celebrando
su primera misa el día de San José, en la Capilla del
Centro Obrero de la Sagrada Familia de la calle Calabria
de Barcelona. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Lupo de Sens, Santo Obispo, Septiembre 1
Obispo Martirologio Romano: En Sens, de Neustria, san Lupo,
obispo, que fue desterrado por haber dicho ante un
jerarca local que convenía al pueblo ser regido por un
sacerdote y obedecer a Dios antes que a los príncipes
(c. 623). |
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J†A
JMJ
Pax
El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo
† Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, caminaba con Jesús mucha gente; él, volviéndose a sus
discípulos, les
dijo:
"Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su
madre, y a
su esposa y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e
incluso a sí
mismo, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y me
sigue, no puede
ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se
pone primero a
calcular el costo, para ver si tiene para terminarla? No sea
que, después de
haber echado los cimientos no pueda acabarla, y todos los que se
enteren
comiencen a burlarse de él diciendo:
"Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar".
¿O qué rey, si va a combatir a otro rey, no se pone primero a
considerar si
será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que
viene contra él
con veinte mil? Porque si no, cuando el otro está todavía lejos,
enviará una
embajada para proponerle condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncia a todos sus
bienes, no puede
ser mi discípulo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
23o. Dom Ord Ciclo C
Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y hacernos hijos
tuyos, míranos siempre
con amor de Padre, y haz que cuantos creemos en Cristo, tu
Hijo, obtengamos la
verdadera libertad y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
¿Quién es el que puede conocer los designios de Dios?
Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13-19
¿Quién es el que puede conocer los designios de Dios? ¿Quién
es el que puede
saber lo que el Señor tiene dispuesto? Los pensamientos de los
mortales son
inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse; porque un
cuerpo corruptible
hace pesada el alma y el barro de que estamos hechos entorpece
el
entendimiento.
Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra y a duras
penas encontramos
lo que está a nuestro alcance. ¿Quién podrá descubrir lo que
hay en el cielo?, ¿quién
conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría enviando tu
santo Espíritu
desde lo alto?
Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus
caminos y conocer lo
que te agrada; sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor, los
que te agradaron
desde el principio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 89
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Tú haces
volver al polvo a los humanos,
diciendo a los mortales que retornen. Mil años para ti so como
un día, que ya
pasó; como una breve noche.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Nuestra
vida es tan breve como un sueño;
semejante a la hierba, que despunta y florece en la mañana y
por la tarde se
marchita y se seca.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Enséñanos
a ver lo que es la vida y seremos
sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus
siervos? ¿Hasta
cuándo?
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Llénanos
de tu amor por la mañana y
júbilo será la vida toda. Haz, Señor, que tus siervos y sus
hijos, puedan mirar
tus obras y tu gloria.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Recíbelo no como esclavo, sino como hermano amadísimo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10.12-17
Querido
hermano: Yo, Pablo, ya anciano y
ahora prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte
algo en favor de
Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo, aquí en
la cárcel.
Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo. Hubiera querido
retenerlo conmigo, para
que en tu lugar me atendiera mientras estoy preso por la causa
del Evangelio;
pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que
el favor que me
haces no sea por obligación, sino por tu propia voluntad.
Calvez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que
lo recuperaras
para siempre; pero ya no como esclavo, sino como algo mejor
que un esclavo:
como hermano amadísimo.
Si él ya lo es para mí, ¡cuánto más habrá de serlo para ti, no
sólo por su
calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me
consideras
compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos y enséñanos a cumplir
tus mandamientos.
Aleluya.
El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo
† Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, caminaba con Jesús
mucha gente; él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:
"Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su
madre, y a
su esposa y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e
incluso a sí
mismo, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y me
sigue, no puede
ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no
se pone primero a
calcular el costo, para ver si tiene para terminarla? No sea
que, después de
haber echado los cimientos no pueda acabarla, y todos los que
se enteren
comiencen a burlarse de él diciendo:
"Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar".
¿O qué rey, si va a combatir a otro rey, no se pone primero a
considerar si
será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que
viene contra él
con veinte mil? Porque si no, cuando el otro está todavía
lejos, enviará una
embajada para proponerle condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncia a todos sus
bienes, no puede
ser mi discípulo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Hermanos y hermanas, pidamos al Señor que escuche nuestras
plegarias y atienda
nuestras peticiones:
A cada petición respondemos:
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la
santa Iglesia de Dios, para que
el Señor le conceda la paz y la unidad, la guarde de todo mal
y acreciente el
número de sus hijos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la paz
del mundo, para que cesen las
rivalidades entre las naciones, renazca en el corazón humano
el amor y arraigue
entre todos los pueblos la mutua comprensión, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
Dios, Padre todopoderoso,
purifique al mundo de todo error, devuelva la salud a los
enfermos, aleje el
hambre, abra las prisiones injustas y conceda el regreso a los
que añoran la
patria, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
el Señor nos conceda perseverar
en la fe hasta el fin de nuestra vida y, después de la muerte,
nos admita en el
reino de la felicidad, de la luz y de la paz, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor, Dios todopoderoso y eterno; tú que sabes que apenas
conocemos las cosas
de la tierra y con trabajo descubrimos el rastro de las del
cielo, escucha
nuestras oraciones y envíanos la sabiduría de tu Espíritu,
para que, como
verdaderos discípulos de tu Hijo, llevemos nuestra cruz de
cada día y, unidos a
él, sigamos fielmente tus caminos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dios nuestro, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El día del Señor
En verdad es justo bendecirte y darte
gracias, Padre Santo, fuente de la verdad y de la vida, porque
nos has convocado
en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la
comunión del pan
único
y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras
espera el domingo
sin ocaso
en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces
contemplaremos
tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los
santos, cantamos
unánimes
el himno de tu gloria:
Como el venado busca agua de los ríos, así sedienta mi alma te busca a ti, Dios mío.
Oremos:
Tú, Señor, que nos has instruido con tu palabra y alimentado
con tu Eucaristía;
concédenos aprovechar estos dones para que vivamos aquí unidos
a tu Hijo y
podamos, después, participar de su vida inmortal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo tercer
Domingo
ciclo c
EXAMINAR LA CONCIENCIA
— Seguimiento de Cristo y conocimiento propio. El examen de conciencia.
— Espíritu de examen. Humildad. Vencer la pereza al hacer esta práctica de piedad.
— Modo y disposiciones para hacerlo. Contrición. Propósitos.
I. En el Evangelio de la Misa nos habla el Señor de las exigencias que lleva consigo el seguirle, el atender a la llamada que dirige a todos. Y nos hace esta advertencia: ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él... ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?1.
Cuando se emprende un gran asunto es preciso valorar, calibrar las posibilidades, echar mano de los recursos oportunos para llevarlo a buen fin. Ser discípulo de Cristo, procurar seguirle fielmente en medio de nuestras ocupaciones, es la empresa suprema que ha de acometer todo hombre. Y para llevarla a buen término es necesario conocer bien los medios que poseemos y saber utilizarlos, ser conscientes de aquello que nos falta para pedirlo confiadamente al Señor, arrancar y tirar lo que estorba. Y esta es la misión del examen de conciencia. Si lo hacemos bien, con hondura, nos lleva a conocer la verdad de nuestra vida. “Conocimiento de sí, que es el primer paso que tiene que dar el alma para llegar al conocimiento de Dios”2.
Los buenos comerciantes hacen balance cada día del estado de sus negocios, examinan sus ganancias o sus pérdidas, saben dónde se puede mejorar o detectan con prontitud la causa de una mala gestión y procuran poner remedio antes de que se originen mayores males para la empresa. Nuestro gran negocio, en cada jornada, es la correspondencia a la llamada del Señor. No existe nada que nos importe tanto como acercarnos más y más a Cristo.
En el examen de conciencia se confronta nuestra vida con lo que Dios espera de nosotros, con la respuesta diaria a su llamada. Y es lo que nos permite pedir perdón y recomenzar de nuevo muchas veces; por eso, “el examen es el paso previo y el punto de partida cotidiano para encendernos más en el amor a Dios con realidades –obras– de entrega”3. Esforzarnos en hacerlo con profundidad “impide que en nuestra alma arraiguen los gérmenes de la tibieza y nos facilita vivir lejos de las ocasiones de pecar.
“Si de veras pretendemos conseguir esa limpieza de corazón, que nos llevará a ver a Dios en todo, necesitamos tomar muy en serio el examen diario de nuestra alma. Quien se contentara con una visión rutinaria, superficial, acabaría deslizándose por el plano inclinado de la negligencia y de la pereza espiritual, hacia la tibieza, esa miopía del alma que prefiere no discernir entre el bien y el mal, entre lo que procede de Dios y lo que proviene de nuestras propias pasiones o del diablo “4.
Es el amor lo que nos mueve a examinarnos y da esa particular agudeza al alma para detectar aquellas cosas de nuestro actuar que no agradan a Dios. Hagamos el propósito para todos los días de nuestra vida de “hacer a conciencia el examen de conciencia”5. Veremos, en poco tiempo quizá, la gran ayuda que representa en el camino que lleva a Cristo.
II. Para hacer a conciencia este balance al terminar la jornada, será de gran ayuda fomentar a lo largo del día el espíritu de examen, como “el buen banquero que cotidianamente, al anochecer, computa sus pérdidas y ganancias. Pero eso no puede hacerse con detalle, si en todo momento no registra en los libros las cuentas. Una mirada a todas y cada una de las anotaciones muestra el estado de todo el día”6.
Para construir la torre que Dios espera de nosotros, para presentar esa batalla contra los enemigos del alma –según los ejemplos que el Señor nos pone en el Evangelio–, debemos ser conscientes de los recursos con que contamos, de las ayudas que precisamos, de los muros en los que no hemos puesto el debido cuidado, o de flancos que hemos dejado desguarnecidos y a merced del enemigo: defectos que conocemos y que debiéramos corregir; inspiraciones para hacer el bien, para servir a los demás con más alegría, y a las que quizá no correspondemos; mediocridad espiritual consentida, por no ser generosos en la mortificación pequeña; sobreestimar, como si fueran fines, los bienes materiales; dejarse dominar por la comodidad; considerar como el bien mayor la propia tranquilidad; hacer con tibieza lo que a Dios se refiere.
No es fácil el conocimiento propio; hemos de ir prevenidos contra “el demonio mudo”7, que intentará cerrarnos la puerta de la verdad para que no veamos las imperfecciones y flaquezas, los defectos arraigados en el alma, y que tenderá a disculpar las faltas de amor a Dios, los pecados y las imperfecciones, y a considerarlos como si fueran detalles de poca importancia o debidos a las circunstancias externas, Para conocernos con hondura y sin paliativos nos podrá ayudar el preguntarnos con frecuencia: ¿dónde tengo puesto de modo más o menos habitual el corazón?..., ¿en mí mismo..., en mis dolencias..., en el éxito, en el posible fracaso..., en el trabajo en sí, sin convertirlo en una ofrenda a Dios?; ¿con qué frecuencia acudo a Dios a lo largo del día para pedirle perdón, para darle gracias, para requerir su ayuda?; ¿qué intenciones me mueven a actuar?, ¿en qué está ocupada habitualmente mi mente?; ¿ha sido mío o ha sido de Dios este día?, ¿le he buscado a Él, o me he buscado a mí mismo?...
Para conocernos de verdad, para saber con qué contamos, es necesario que pidamos la humildad, porque sin ella estamos a oscuras. La humildad nos lleva a iniciar el examen con el conocimiento profundo de que somos pecadores.
Otro enemigo del examen de conciencia es la pereza, que en las cosas de Dios es tibieza. Una de sus primeras manifestaciones es precisamente el poco empeño en examinarse. Sucede entonces en el alma como en la tierra que el campesino ha dejado en barbecho, sin atender una temporada: no tardan en crecer en el alma los cardos de los defectos, los espinos de las pasiones desordenadas que ahogan la semilla de la gracia. Pasé junto al campo del perezoso, y junto a la viña del insensato, y todo eran cardos y ortigas que habían cubierto su haz, y la cerca estaba destruida8.
En el examen de conciencia diligente, hondo, humilde, descubrimos la raíz de las faltas de caridad, de trabajo, de alegría, de piedad, que quizá se repiten con frecuencia. Entonces, podremos luchar y vencer con la ayuda de la gracia.
III. El examen de conciencia no es una simple reflexión sobre el propio comportamiento: es diálogo entre el alma y Dios. Por eso, al iniciarlo debemos ponernos, en primer lugar, en presencia del Señor, como cuando hacemos un rato de oración, A veces nos bastará una jaculatoria o una breve oración. En ocasiones nos pueden servir las palabras con que aquel ciego de Jericó, Bartimeo, se dirigió a Jesús en demanda de luz para sus ojos ciegos: Domine, ut videam!, ¡Señor, que vea!9: da luz a mi alma para entender lo que me separa de Ti, lo que debo arrancar y tirar, aquello en lo que debo mejorar: trabajo, carácter, presencia de Dios, alegría, optimismo, apostolado, preocupación por hacer la vida más grata a quienes conviven conmigo...
Después, en el examen propiamente dicho, nos puede ayudar el considerar cómo ha visto el Señor nuestro día. Procuremos, con ayuda de nuestro Ángel Custodio, verlo reflejado en Dios como en un espejo, pues “jamás nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios”10. Luego, a continuación, se puede examinar el comportamiento concreto: para con Dios, para con el prójimo, para con uno mismo... Esto puede hacerse recorriendo brevemente las horas del día, o las diferentes situaciones en las que nos hemos encontrado, dando especial importancia al cumplimiento del plan de vida, a los propósitos formulados el día anterior, a los consejos recibidos en la dirección espiritual. Con todo, esta práctica piadosa es muy personal. En la dirección espiritual nos pueden ayudar mucho en el modo de llevarla a cabo.
Lo más importante del examen hecho cerca del Señor, que ordinariamente durará muy pocos minutos, es el dolor, la contrición. Si esta es sincera, brotarán algunos propósitos, pocos (muchas veces uno solo), concretos y quizá pequeños: buscar alguna industria humana para tratar con más frecuencia al Ángel Custodio; cuidar mejor la puntualidad en el trabajo o en la Santa Misa; sonreír aunque estemos cansados o algo enfermos; ser más amables; poner más intensidad y lucha en la oración; acudir en ese día con más frecuencia a la Santísima Virgen, a San José, a Jesús presente en los sagrarios de los muchos templos de la ciudad o de la única iglesia del pueblo; acabar bien la tarea, sin chapuzas; vivir mejor las mortificaciones habituales, concretando alguna especial en las comidas, en el orden personal; invitar a aquellos amigos al próximo retiro espiritual, sin dejar pasar un día más... Dolor hondo, aunque las faltas sean leves, y propósitos para los que pediremos ayuda a Dios, porque si no, aunque sean pequeños, no saldrán adelante.
También veremos las buenas obras de ese día, y eso nos llevará a ser agradecidos con el Señor. Así podremos retirarnos a descansar con el alma llena de paz y de alegría, con deseos de recomenzar al día siguiente ese camino de amor a Dios y al prójimo.
1 Lc 14, 28-32. — 2 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 4, 1. — 3 A. del Portillo, Carta 8-XII-1976, n. 8. — 4 Ibídem. — 5 Ibídem. — 6 San Juan Clímaco, Escala del paraíso, 4. — 7 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 236. — 8 Prov 24, 30-31. — 9 Cfr. Mc 10, 51. — 10 Santa Teresa, Moradas, 1, 2, 9.
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8 de septiembre
NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA*
Fiesta
— Alegría en el Nacimiento de Nuestra Señora.
— La fiesta de hoy nos lleva también a mirar con hondo respeto la concepción y nacimiento de todo ser humano.
— El valor de los días corrientes.
I. Celebremos con alegría el Nacimiento de María, la Virgen: de Ella salió el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios1.
La invitación a la alegría de los textos litúrgicos es constante desde los antiquísimos comienzos de esta fiesta2. Es lógico que así sea: si se alegran la familia y los amigos y vecinos cuando nace una criatura, y si se celebran los cumpleaños con júbilo, ¿cómo no nos íbamos a llenar de alegría en la conmemoración del nacimiento de nuestra Madre? Este acontecimiento feliz nos señala que el Mesías está ya próximo: María es la Estrella de la mañana que, en la aurora que precede a la salida del sol, anuncia la llegada del Salvador, el Sol de justicia en la historia del género humano3. “Convenía señala un antiguo escritor sagrado que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara para recibir con gozo el gran don de la salvación. Y este es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el Nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes (...). Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día. Cielo y tierra se aúnen en esta celebración y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por encima del mundo”4.
La Liturgia de la Misa de hoy aplica a la Virgen recién nacida el pasaje de la Carta a los Romanos5 en el que San Pablo describe la misericordia divina que elige a los hombres para un destino eterno: María, desde la eternidad, es predestinada por la Trinidad Beatísima para ser la Madre de su Hijo. Para este fin fue adornada de todas las gracias: “El alma de María fue la más bella que Dios crió, de tal manera que, después de la encarnación del Verbo, esta fue la obra mayor y más digna que el Omnipotente llevó a cabo en este mundo”6. La gracia de María en el momento de su concepción sobrepasó las gracias de todos los santos y ángeles juntos, pues Dios da a cada uno la gracia que corresponde a su misión en el mundo7. La inmensa gracia de María fue suficiente y proporcionada a la singular dignidad a la que Dios la había llamado desde la eternidad8. Fue tan grande María en santidad y belleza expone San Bernardo, que no convenía que Dios tuviese otra Madre, ni convenía tampoco que María tuviese otro Hijo que Dios9. Y San Buenaventura afirma que Dios puede hacer un mundo mayor, pero no puede hacer una madre más perfecta que la Madre de Dios10.
Recordemos hoy también nosotros que hemos recibido de Dios una llamada a la santidad, a cumplir una misión concreta en el mundo. Además de la alegría que nos produce siempre el contemplar la plenitud de gracia y la belleza de Nuestra Señora, también debemos pensar que Dios nos da a cada uno las gracias necesarias y suficientes, sin que falte una, para llevar a cabo nuestra vocación específica en medio del mundo. También hoy podemos considerar que es lógico que deseemos festejar el aniversario del propio nacimiento nuestro cumpleaños porque Dios quiso expresamente que naciéramos, y porque nos llamó a un destino eterno de felicidad y de amor.
II. Que se alegre tu Iglesia, Señor (...), y se goce en el nacimiento de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación11.
¿Cuántos años cumple hoy Nuestra Madre?... Para Ella el tiempo ya no pasa, porque ha alcanzado la plenitud de la edad, esa juventud eterna y plena que nace de la participación en la juventud de Dios que, según nos dice San Agustín, “es más joven que todos”12, precisamente por ser eterno e inmutable. Quizá hemos podido ver de cerca la alegría y la juventud interior de alguna persona santa, y contemplar cómo de un cuerpo que llevaba el peso de los años surgía una juventud del corazón con una energía y una vida incontenible. Esta juventud interior es más honda cuanto mayor es la unión con Dios. María, por ser la criatura que más íntimamente ha estado unida a Él, es ciertamente la más joven de todas las criaturas. Juventud y madurez se confunden en Ella, y también en nosotros cuando vamos derechamente ad Deum, qui laetificat iuventutem meam, hacia Dios que nos rejuvenece cada día por dentro y, con su gracia, nos inunda de alegría13.
Desde su adolescencia, la Virgen gozó de una madurez interior plena y proporcionada a su edad. Ahora, en el Cielo, con la plenitud de la gracia la inicial y la que alcanzó con sus méritos uniéndose a la Obra de su Hijo nos contempla y presta oído a nuestras alabanzas y a nuestras peticiones. Hoy escucha nuestro canto de acción de gracias a Dios por haberla creado, y nos mira y nos comprende porque Ella -después de Dios es quien más sabe de nuestra vida, de nuestras fatigas, de nuestros empeños14.
Todos los padres piensan cuando nace un hijo que es incomparable. También debieron de pensarlo San Joaquín y Santa Ana cuando nació María, y ciertamente no se equivocaban. Todas las generaciones la llaman bienaventurada... “No podían sospechar aquel día, Joaquín y Ana, lo que había de ser aquel fruto de su limpio amor. Nunca se sabe. ¿Quién puede decir lo que será una criatura recién nacida? Nunca se sabe...”15. Cada una es un misterio de Dios que viene al mundo con un específico quehacer del Creador.
La fiesta de hoy nos lleva a mirar con hondo respeto la concepción y el nacimiento de todo ser humano, a quien Dios le ha dado el cuerpo a través de los padres y le ha infundido un alma inmortal e irrepetible, creada directamente por Él en el momento de la concepción. “La gran alegría que como fieles experimentamos por el nacimiento de la Madre de Dios (...) comporta a la vez, para todos nosotros, una gran exigencia: debemos sentirnos felices por principio cuando en el seno de una madre se forma un niño y cuando ve la luz del mundo. Incluso cuando el recién nacido exige dificultades, renuncias, limitaciones, gravámenes, deberá ser siempre acogido y sentirse protegido por el amor de sus padres”16. Todo ser humano concebido está llamado a ser hijo de Dios, a darle gloria y a un destino eterno y feliz.
Dios Padre, al contemplar a María recién nacida, se alegró con una alegría infinita al ver a una criatura humana sin el pecado de origen, llena de gracia, purísima, destinada a ser la Madre de su Hijo para siempre. Aunque Dios concedió a Joaquín y a Ana una alegría muy particular, como participación de la gracia derramada sobre su Hija, ¿qué habrían sentido si, al menos de lejos, hubieran vislumbrado el destino de aquella criatura, que vino al mundo como las demás? En otro orden, tampoco nosotros podemos sospechar la eficacia inconmensurable de nuestro paso por la tierra si somos fieles a las gracias recibidas para llevar a cabo nuestra propia vocación, otorgada por Dios desde la eternidad.
III. Ningún acontecimiento acompañó el Nacimiento de María, y nada nos dicen de él los Evangelios. Nació, quizá, en una ciudad de Galilea, probablemente en el mismo Nazareth, y aquel día nada se reveló a los hombres. El mundo seguía dándole importancia a otros acontecimientos que luego serían completamente borrados de la faz de la tierra sin dejar la menor huella. Con frecuencia, lo importante para Dios pasa oculto a los ojos de los hombres que buscan algo extraordinario para sobrellevar su existencia. Solo en el Cielo hubo fiesta, y fiesta grande.
Después, durante muchos años, la Virgen pasa inadvertida. Todo Israel esperaba a esa doncella anunciada en la Escritura17 y no sabe que ya vive entre los hombres. Externamente, apenas se diferencia de los demás. Tenía voluntad, quería, amaba con una intensidad difícil de comprender para nosotros, con un amor que en todo se ajustaba al amor de Dios. Tenía entendimiento, al servicio de los misterios que poco a poco iba descubriendo, comprendía la perfecta relación que había entre ellos, las profecías que hablaban del Redentor...; y entendimiento para aprender cómo se hilaba o se cocinaba... Y tenía memoria guardaba las cosas en su corazón18- y pasaba de unos recuerdos a otros, se valía de referencias concretas. Poseía Nuestra Señora una viva imaginación que le hizo tener una vida llena de iniciativas y de sencillo ingenio en el modo de servir a los demás, de hacerles más llevadera la existencia, a veces penosa por la enfermedad o por la desgracia... Dios la contemplaba lleno de amor en los menudos quehaceres de cada día y se gozaba con un inmenso gozo en estas tareas sin apenas relieve.
Al contemplar su vida normal, nos enseña a nosotros a obrar de tal modo que sepamos hacer lo de todos los días de cara a Dios: a servir a los demás sin ruido, sin hacer valer constantemente los propios derechos o los privilegios que nosotros mismos nos hemos otorgado, a terminar bien el trabajo que tenemos entre manos... Si imitamos a Nuestra Madre, aprenderemos a valorar lo pequeño de los días iguales, a dar sentido sobrenatural a nuestros actos, que quizá nadie ve: limpiar unos muebles, corregir unos datos en el ordenador, arreglar la cama de un enfermo, buscar las referencias precisas para explicar la lección que estamos preparando... Estas pequeñas cosas, hechas con amor, atraen la misericordia divina y aumentan de continuo la gracia santificante en el alma. María es el ejemplo acabado de esta entrega diaria, “que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda al Señor”19.
Bajo diversas advocaciones, muchos pueblos y ciudades celebran hoy su fiesta, con intuición acertada, pues “si Salomón enseña San Pedro Damián, con motivo de la dedicación del templo material, celebró con todo el pueblo de Israel solemnemente un sacrificio tan copioso y magnífico, ¿cuál y cuánta no será la alegría del pueblo cristiano al celebrar el nacimiento de la Virgen María, en cuyo seno, como en un templo sacratísimo, descendió Dios en persona para recibir de ella la naturaleza humana y se dignó vivir visiblemente entre los hombres?”20. No dejemos de festejar hoy a Nuestra Señora con esas delicadezas propias de los buenos hijos.
1 Antífona de entrada. — 2 J. Pascher, El año litúrgico, BAC, Madrid 1965, p. 689. — 3 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 3. — 4 Liturgia de las Horas, Segunda lectura. San Andrés de Creta, Disertaciones, 1. — 5 Rom 8, 28-30. — 6 San Alfonso M.ª de Ligorio, Las glorias de María, II, 2. — 7 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 27, a. 5, ad 1. — 8 Cfr. Ibídem, 3, q. 7, a. 10 ad 1. — 9 Cfr. San Bernardo, Sermón 4 en la Asunción de la B. Virgen María, 5. — 10 San Buenaventura, Speculum, 8 — 11 Misal Romano, Oración después de la comunión. — 12 San Agustín, Homilías sobre el Génesis, 8, 26, 48. — 13 Sal 42, 4. — 14 Cfr. A. Orozco, En torno a María, Rialp, Madrid 1975, p. 8. — 15 Ibídem, p. 9. — 16 Juan Pablo II, Ángelus en Liechtenstein, 8-IX-1985. — 17 Gen 3, 15; Is 7, 14. — 18 Lc 2, 51. — 19 Juan Pablo II, Discurso al Congreso Mariano Internacional de Zaragoza, 12-X-1979. — 20 San Pedro Damián, Sermón 45, 4.
* Desde muy antiguo se tienen noticias de esta fiesta de la Virgen, primero en Oriente y luego en la Iglesia universal. Esta festividad, en la que se conmemora el nacimiento de la que habría de ser la Madre de Dios, y también Madre nuestra, está llena de alegría. Su llegada al mundo es el anuncio de la Redención ya próxima. Muchos pueblos y ciudades, bajo diversas advocaciones, celebran hoy a su Patrona.
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8 de Septiembre

Esta fiesta mariana tiene su origen en la dedicación de una iglesia en Jerusalén, pues la piedad cristiana siempre ha venerado a las personas y acontecimientos que han preparado el nacimiento de Jesús. María ocupa un lugar privilegiado, y su nacimiento es motivo de gozo profundo. En esta basílica, que había de convertirse en la iglesia de Santa Ana (siglo XII), san Juan Damasceno saludó a la Virgen niña: "Dios te salve, Probática, santuario divino de la Madre de Dios … ¡Dios te salve, María, dulcísima hija de Ana!". Aunque el Nuevo Testamento no reporta datos directos sobre la vida de la Virgen María, una tradición oriental veneró su nacimiento desde mediados del siglo V, ubicándolo en el sitio de la actual Basílica de "Santa Ana", en Jerusalén. La fiesta pasó a Roma en el siglo VII y fue apoyada por el Papa Sergio I. Su fecha de celebración no tiene un origen claro, pero motivó que la fiesta de "La Inmaculada Concepción" se celebrara el 8 de diciembre (9 meses antes). El Papa Pío X quitó esta celebración del grupo de las fiestas de precepto
Himno
I
Hoy nace una clara
estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.
De Ana y de Joaquín,
oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
No le iguala lumbre
alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
Gloria al Padre, y
gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien
II
Canten hoy, pues nacéis
vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Canten hoy pues a ver
vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Dignan, Señora de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce
años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense desde ahora,
para cuando venga Dios.
Y nosotros que
esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.
Oración:
Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que,
cuantos hemos
recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la
Virgen María,
consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por
nuestro Señor
Jesucristo.
Amén.
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Videos:
“Mi saludo a los hijos de Cuba que en cualquier parte del mundo veneran a la Virgen de la Caridad; junto con todos sus hermanos que viven en esta hermosa tierra, los pongo bajo su maternal protección, pidiéndole a Ella, Madre amorosa de todos, que reúna a sus hijos por medio de la reconciliación y la fraternidad”, dijo San Juan Pablo II en su visita a la Isla en 1998.
Por los años 1612 y 1613 dos hermanos indios y un negrito de nueve o diez años fueron a buscar sal en la bahía de Nipe (Cuba). Sus nombres, respectivamente, eran Juan de Hoyos, Rodrigo de hoyos y Juan Moreno, conocidos tradicionalmente como “los tres Juanes”.
Tal como contó Juan Moreno en 1687, a sus 85 años de edad, ellos salieron de Cayo Francés embarcados en una canoa para ir a la salina. En el trayecto vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua que no distinguían muy bien.
Al estar más cerca, vieron la imagen de la Virgen María con el niño Jesús en brazos sobre una tablita, en la que estaba escrito: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Luego los navegantes llenos de alegría sólo tomaron tres tercios de sal y se fueron para el Hato de Barajagua.
El administrador del Término Real de Minas de Cobre ordenó levantar una ermita, se colocó allí la imagen y se estableció a Rodrigo de Hoyos como capellán.
Cierta noche Rodrigo fue a ver la imagen y se dio cuenta que no estaba. Entonces se organizó una búsqueda, pero no la encontraron. A la mañana siguiente la Virgen estaba en su altar y dejó a todos sorprendidos porque la puerta de la ermita había permanecido cerrada toda la noche. Este hecho se volvió a repetir dos o tres veces más.
Es así que se pensó que la Virgen quería que la cambiaran de lugar y se le trasladó en procesión al Templo Parroquial del Cobre, donde fue recibida con júbilo. De esta manera la imagen llegó a ser conocida como la Virgen de la Caridad del Cobre.
En el templo se repitió la desaparición de la imagen y pensaron que la Virgen tal vez quería estar sobre las montañas de la Sierra Maestra. Esto se confirmó cuando una niña de nombre Apolonia vio a la Virgen de la Caridad sobre la cima de una de las montañas. Más adelante, la imagen fue llevada a ese lugar.
En las guerras de independencia de Cuba, las tropas se encomendaron a esta advocación y después de la libertad, los veteranos en 1915 pidieron al Papa que declarase a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba. En 1916 Benedicto XV les concedió esta petición y fijó su festividad para el 8 de septiembre.
El actual Santuario donde se conserva la imagen mariana se inauguró el 8 de septiembre de 1927 y en 1977 el Papa Pablo VI elevó este recinto a la dignidad de Basílica. El 24 de enero de 1998, la Virgen de la Caridad fue coronada como Reina y Patrona de Cuba por San Juan Pablo II.
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Fuente: Franciscanos.net
Serafina Sforza, Beata Religiosa Clarisa, 8 de septiembre
Religiosa Clarisa Martirologio Romano: En Pesaro, del Piceno, en Italia,
beata Serafina Sforza, que después de sufrir muchas
adversidades en la vida conyugal, pasó humildemente,
ya viuda, los restantes años de su vida bajo la Regla
de santa Clara (1478).
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Adrián y Natalia, Santos Esposos, 8 de septiembre
Esposos Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Adriano
o Adrián, mártir en Nicomedia, de Bitinia, en cuyo
honor el papa Honorio I convirtió en iglesia la sala
del Senado Romano (s. inc.).
Adrián murió en Nicomedia en el año 304. Se
celebra su fiesta hoy porque fue en este día cuando se
trajeron sus reliquias a Roma. |
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Nuestra Señora de Nuria Advocación, 8 de septiembre
Advocación Mariana La Virgen de Nuria es una advocación
mariana que se venera en el municipio de Queralbs,
situado en el Valle de los Pirineos, (provincia de
Gerona), en Cataluña (España). Su aparición tuvo lugar
en el Valle de Nuria, y el vocablo Nuria significa
aquella nacida en un valle entre montañas. |
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Autor: Cristiandad.org
Nuestra Señora de la Salud de Vailankanni Advocación
Mariana, 8 de
septiembre
Nuestra Señora de la Salud. Vailankanni, India. Desde el siglo XVI hasta nuestros días, y
con progresivo entusiasmo, los católicos de la India
viene invocando a la que ellos denominan "Vailankánni
Arókia Matha"; denominación que, traducida, significa
"Madre de la Salud Vailankanni".
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Fuente: Franciscanos.org
Pascual Fortuño Almela, Beato Presbítero y Mártir, 8 de
septiembre
Martirologio Romano: En Villarreal de los Infantes, en la
provincia de Castellón, en España, beato Pascual
Fortuño Almela, presbítero de la Orden de Hermanos
Menores y mártir, que fue coronado de gloria por su
testimonio de Cristo (1936).
Nació el 3 de marzo de 1886 en Villarreal o
Vila-Real, próspera ciudad de La Plana, provincia de
Castellón y diócesis entonces de Tortosa y ahora de
Segorbe-Castellón. Fue bautizado al día siguiente con el
nombre de Pascual. Su infancia transcurrió en el sano
ambiente de una familia piadosa y acomodada que
cultivaba sus propios campos; allí aprendió las virtudes
cristianas y la laboriosidad. Estudió las primeras
letras en el colegio de los franciscanos de Vila-Real. |
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Fuente: ArchiValencia.org
Marino Blanes Giner, Beato Mártir Laico, 8 de septiembre
Padre de Familia y Mártir Martirologio Romano: En Alcoy, cerca de Alicante, en
España, beato Marino Blanes Giner, mártir, que, siendo
padre de familia, recibió de Dios la vida eterna
después de sufrir la muerte a manos de hombres, en
días de persecución religiosa durante la guerra civil
española (1936).
El Beato Marino Blanes Giner nació el 17
septiembre de 1888 en la ciudad de Alcoy, provincia de
Alicante, diócesis de Valencia. Fue bautizado en la
Iglesia parroquial de Santa María de la ciudad de Alcoy,
el 19 septiembre del mismo año. Sus padres Jaime Blanes
Reig y Josefa Giner Botella educaron a su hijo "en un
ambiente muy católico de una gran raigambre religiosa".
El 8 de agosto de 1902, de manos del Excmo. y Revdmo.
Sr. D. Juan Benlloch, recibió el sacramento de la
confirmación en la parroquia de Santa María de la ciudad
de Alcoy. El 26 septiembre 1913 en la Iglesia de San
Mauro y San Francisco de Alcoy, a la edad de veinticinco
años, contrajo matrimonio canónico con Julia Jordá
Lloret, que tenía veintidós años. Formaron un hogar
cristiano bendecido por Dios con 9 retoños, 4 de los
cuales, cuando se instruyó el proceso de beatificación
de Marino Blanes Giner, sobrevivían Julia Isabel, María
de los Desamparados, María del Milagro y Marino
Francisco. Pertenecía a la Asociación de la Doctrina
Cristiana. |
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Fuente: LaSalle.org
José Cecilio (Bonifacio) Rodríguez, Teodomiro (Adriano) Sainz
y Evencio
(Eusebio) Uyarra, Beatos Mártires, 8 de septiembre
Religiosos Mártires Martirologio Romano: En Almería, en España, beatos José
Cecilio (Bonifacio) Rodríguez González, Teodomiro
Joaquín (Adriano) Sainz Sainz y Evencio Ricardo
(Eusebio Alfonso) Uyarra, mártires, hermanos de las
Escuelas Cristianas, todos los cuales alcanzaron la
palma del martirio en la persecución religiosa durante
la guerra (1936).
Poco tiempo después del comienzo de la
guerra civil en España, en 1936, el Frente Popular en la
Provincia de Almería dio orden de arrestar a todos los
enemigos de la revolución, en particular los sacerdotes
y los religiosos. Cinco de los Hermanos fueron detenidos
en su escuela, y los otros dos en la calle cuando iban a
echar al correo cartas para su familia. Con muchos
otros, estos prisioneros fueron encerrados en prisiones
improvisadas, donde fueron sometidos a privaciones,
malos tratos y burlas. La noche del 29 de agosto, dos
obispos y otras 15 personas fueron llevadas a un lugar
aislado, donde los pusieron en fila y los fusilaron. La
noche siguiente, 30 de agosto, los Hermanos Hedmigio,
Amalio y Valerio fueron transportados a los alrededores
de Tabernas donde fueron asesinados de un balazo en la
cabeza y sus cuerpos fueron arrojados en un pozo
profundo. El 8 de septiembre, los Hermanos Evencio y
Teodomiro fueron fusilados cerca de la carretera y sus
cuerpos quedaron abandonados allí mismo. Los Hermanos
Aurelio y José corrieron la misma suerte el 12 de
septiembre; sus cuerpos fueron también echados a un
pozo. Los obispos y los Hermanos fueron condenados a
muerte sin juicio, por el crimen de haber profesado y
enseñado la fe católica.
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Fuente:
www.filles-de-la-charite.org
Federico Ozanam, Beato Laico, 8 de septiembre
Laico Martirologio Romano: En Marsella, en Francia, tránsito del
beato Federico Ozanam, que, hombre esclarecido en
erudición y piedad, defendió y propugnó con su
eminente doctrina las verdades de la fe, prestó asidua
caridad a los pobres en la Sociedad del San Vicente de
Paúl y, como excelente padre de familia, hizo de su
hogar una iglesia doméstica (1853).
Antonio Federico Ozanam nació en Milán el
23 de abril de 1813, tercer hijo del matrimonio
Juan-Antonio Francisco Ozanam y Maria Nantas. Federico,
dice el mismo, que da gracias al Señor por el don de sus
padres profundamente cristianos. |
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Sergio I, Santo LXXXIV Papa, 8 de septiembre
LXXXIV Papa Martirologio Romano: En Roma, en la basílica de San Pedro, sepultura del papa san Sergio I, de origen sirio, que trabajó en favor de la evangelización de Sajonia y de Frisia, y buscando el arreglo de disensiones y litigios, prefirió enfrentar al emperador y a la muerte a consentir los errores (701).
Descendiente de una familia de Antioquía
asentada en Palermo. |
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Tomás de Villanueva, Santo Obispo, 8 de septiembre
Obispo Martirologio Romano: En Valencia, de España, santo Tomás de Villanueva, obispo, que, siendo religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín, aceptó por obediencia el episcopado, sobresaliendo, entre otras virtudes pastorales, por un encendido amor hacia los pobres hasta entregarles todos los bienes, incluida la propia cama (1555).
Tomás García Martínez, más conocido como
Santo Tomás de Villanueva (* Fuenllana, Ciudad Real,
1488 - † Valencia, 9 de septiembre de 1555), predicador,
escritor ascético y religioso agustino español. |
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J†A
JMJ
Pax
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-32
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a
escucharle. Y los
fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
"Este recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no
deja las
noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió,
hasta
encontrarla? Y una vez que la encuentra, se la carga sobre los
hombros, lleno
de alegría; y al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y
les dice:
"¡Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había
perdido!"
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un
pecador que se
arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan
arrepentirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no
enciende una lámpara
y barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando
la encuentra,
reúne a sus amigas y vecinas y les dice:
"¡Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me
había
perdido!".
Les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por
un solo pecador
que se arrepiente".
Jesús dijo
también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de
herencia que me
corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se
fue a un país
lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel
país, y comenzó
a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa
región, que lo
envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían
los cerdos,
pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre
tienen pan en
abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé
contra el Cielo y
contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus
jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía
estaba lejos, su
padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro,
lo abrazó y lo
besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no
merezco ser
llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la
mejor ropa y
vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba
perdido y fue
encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la
casa, oyó la música
y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba
eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar
el ternero
engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que
entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber
desobedecido
jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito
para hacer una
fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado
tus bienes con
mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y
todo lo mío es
tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba
muerto y ha vuelto
a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
24a. Dom Ord Ciclo C
A los que esperan en ti, Señor, concédeles tu paz y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo.
Oración Colecta
Oremos:
Míranos, Señor, con ojos de misericordia; y haz que
experimentemos vivamente tu
amor, para que podamos servirte con todas nuestras fuerzas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo
Lectura del libro de Exodo 32, 7-11.13-14
En
aquellos días dijo el Señor a
Moisés:
"Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de
Egipto, se ha
pervertido.
No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado.
Se han hecho un
becerro de metal, se han postrado ante él, le han ofrecido
sacrificios y han
dicho:
"Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto".
Y el Señor le añadió a Moisés:
"Veo que este pueblo es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi
ira se
encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio,
haré un gran
pueblo".
Moisés trató de aplacar al Señor su Dios, diciéndole:
"¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo
que Tú
sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de
Abrahán, Isaac y
Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo
diciendo:
"Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y
les daré en
posesión perpetua toda la tierra que les he prometido"".
Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su
pueblo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 50
Me levantaré y volveré a mi padre.
Por tu
inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
Me levantaré y volveré a mi padre.
Crea en
mí, Señor, un corazón puro, un
espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes,
Señor, lejos de
ti, ni retires de mí tu espíritu.
Me levantaré y volveré a mi padre.
Señor,
abre mis labios y cantará mi boca
tu alabanza. Un corazón contrito te presento, y a un corazón
contrito, tú nunca
lo desprecias.
Me levantaré y volveré a mi padre.
Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17
Querido
hermano: Doy gracias a nuestro
Señor Jesucristo, que me ha fortalecido por haberme
considerado digno de
confianza al encomendarme este ministerio. A mí, que antes fui
blasfemo y
perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo
misericordia de mí, porque
en mi incredulidad obré por ignorancia al no ser creyente.
Pero la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí, dándome
la fe y el amor
que proviene de Cristo Jesús. Puedes fiarte de lo que voy a
decirte y aceptarlo
sin reservas:
Que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de
los cuales yo
soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera
yo el primero en
quien él manifestara toda su generosidad, y sirviera de
ejemplo a los que van a
creer en él para obtener la vida eterna.
Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria
por los siglos
de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y
nos ha
encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Aleluya.
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-10 o 32
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a
escucharle. Y los
fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
"Este recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una,
¿no deja las
noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió,
hasta
encontrarla? Y una vez que la encuentra, se la carga sobre los
hombros, lleno
de alegría; y al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y
les dice:
"¡Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había
perdido!"
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por
un pecador que se
arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan
arrepentirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no
enciende una lámpara
y barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y
cuando la encuentra,
reúne a sus amigas y vecinas y les dice:
"¡Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me
había
perdido!".
Les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por
un solo pecador
que se arrepiente".
Jesús dijo también: "Un hombre
tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de
herencia que me
corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y
se fue a un país
lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel
país, y comenzó
a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa
región, que lo
envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que
comían los cerdos,
pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre
tienen pan en
abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé
contra el Cielo y
contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus
jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía
estaba lejos, su
padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su
encuentro, lo abrazó y lo
besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
no merezco ser
llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la
mejor ropa y
vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los
pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba
perdido y fue
encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la
casa, oyó la música
y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que
significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo
matar el ternero
engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que
entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber
desobedecido
jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito
para hacer una
fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado
tus bienes con
mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y
todo lo mío es
tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba
muerto y ha vuelto
a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia de Dios y
pidámosle que
escuche las oraciones de los que hemos puesto nuestra
confianza en él:
Respondemos a cada petición:
Señor, atiende nuestra súplica).
Para los
obispos, los presbíteros y los
diáconos: pidamos al Señor una vida santa, tal como
corresponde a su ministerio,
y el premio abundante de su trabajo, roguemos al Señor.
Señor, atiende nuestra súplica.
Para los
que gobiernan las naciones y
tienen bajo su poder el destino de los pueblos: pidamos el don
de la prudencia
y el espíritu de justicia, roguemos al Señor.
Señor, atiende nuestra súplica.
Para los
enfermos e impedidos: pidamos
al Señor la fortaleza necesaria a fin de que no se desanimen
ante las
dificultades, y vivan alegres en la esperanza de los bienes
eternos, roguemos
al Señor.
Señor, atiende nuestra súplica.
Para
nosotros mismos y para nuestros
familiares, amigos y bienhechores: pidamos al Señor que nos
conserve y aumente
los bienes que con tanta generosidad nos ha concedido,
roguemos al Señor.
Señor, atiende nuestra súplica.
Celebrante:
Dios nuestro: tú que, gracias a los oraciones de Moisés
renunciaste a abandonar
al pueblo que se obstinaba en rehusar tu amor, escucha las
oraciones del nuevo
Moisés, Cristo, Hijo tuyo y sacerdote nuestro, que no deja de
interceder por
los pecadores; y haz que también nosotros experimentemos
aquella alegría que
hay entre los ángeles de Dios, por un solo pecador que se
convierte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con bondad, los dones y plegarias de tu pueblo; y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude a la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prendas de la Pascua eterna
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno. En quien vivimos, nos
movemos y somos; y
todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las
pruebas cotidianas
de tu amor, sino que poseemos ya, en prenda la vida futura.
Pues al poseer las
primicias del Espíritu, por el cual resucitaste a Jesús de
entre los muertos
podemos esperar que un día sea nuestra pascua eterna. Por eso,
Señor, te damos
gracias y proclamamos tu grandeza, cantando con los ángeles:
Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los humanos se acogen a la sombra de tus alas.
Oremos:
Que la gracia de esta comunión nos transforme, Señor, tan
plenamente, que no
sea ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el que impulse de ahora
en adelante
nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Salta, Argentina
15 de
septiembre
EL SEÑOR DEL MILAGRO

15 DE SETIEMBRE
EL SEÑOR DEL MILAGRO
Solemnidad
INTRODUCCIÓN Y AMBIENTACIÓN:
Dentro de breves instantes la procesión de entrada nos introducirá en la celebración de la Eucaristía; nos disponemos a participar con fe y recogimiento, evitando los aplausos al finalizar los cantos.
El Milagro es tiempo de renovación profunda. Es un Pacto de Amor entre Dios y los hombres: “Señor, tú eres nuestro y nosotros somos tuyos”. Nos ponemos de pie y participamos en el canto.
INTRODUCCIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA: Escuchemos la Palabra que ilumina la mente y hace arder el corazón.
1 Yo pondré mis ojos sobre ellos para su bien
Lectura
del libro del profeta Jeremías 24, 4-5a.
6-7
La palabra del Señor me llegó en estos términos:
Así habla el Señor, Dios de Israel: «Yo pondré mis ojos
sobre ellos para su bien, y los haré volver a este país; los
edificaré y no los
demoleré, los plantaré y no los arrancaré.
Les daré un corazón para que me conozcan a mí, que soy el
Señor ; ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios, porque volverán
a mí de todo
corazón.»
Palabra de Dios.
SALMO Sal 104, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
R. Señor, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro.
¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas! R.
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro. R.
Recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido. R.
El Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones. R.
2 Cristo crucificado, fuerza y sabiduría de Dios
Lectura de
la primera carta del apóstol
san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 17-25
Hermanos:
Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena
Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la
cruz de Cristo
no pierda su eficacia.
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden,
pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
Porque está
escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la
ciencia de los
inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto?
¿Dónde el razonador
sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la
sabiduría del mundo es
una necedad? En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no
reconoció a Dios
en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a
los que creen
por la locura de la predicación. Mientras los judíos piden
milagros y los
griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio,
predicamos a un Cristo
crucificado, escándalo para los judíos y locura para los
paganos, pero fuerza y
sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos
como griegos.
Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los
hombres, y la
debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.
Palabra de Dios.
ALELUIA Sal 115, 18-19
Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo, en los atrios de la casa
del Señor, en
medio de ti, Jerusalén.
Aleluia.
EVANGELIO
Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí
† Lectura
del santo Evangelio según
san Juan 12, 23-36a
Jesús dijo:
«Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser
glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la
tierra no
muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está
apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida
eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará
también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi
Padre.
Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: "Padre,
líbrame de esta hora"? ¡Sí para eso he llegado a esta hora!
¡Padre,
glorifica tu Nombre!»
Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y
lo volveré a glorificar.» La multitud que estaba presente y oyó
estas palabras,
pensaba que era un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un
ángel.»
Jesús respondió: «Esta voz no se oyó por mí, sino por
ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el
Príncipe de este
mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto
sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí.»
Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.
La multitud le respondió: «Sabemos por la Ley que el Mesías
permanecerá para siempre. ¿Cómo puedes decir: "Es necesario que
el Hijo
del hombre sea levantado en alto"? ¿Quién es ese Hijo del
hombre?»
Jesús les respondió: «La luz está todavía entre ustedes,
pero por poco tiempo. Caminen mientras tengan la luz, no sea que
las tinieblas
los sorprendan: porque el que camina en tinieblas no sabe a
dónde va. Mientras
tengan luz, crean en la luz y serán hijos de la luz.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús. Permanecemos de pie para recibir la bendición con el Evangeliario.
Podemos tomar asiento
DESPUÉS DE LA HOMILÍA: Meditemos brevemente en silencio.
PRESENTACIÓN DE LOS DONES: Podemos tomar asiento. Damos inicio a la Liturgia de la Eucaristía, cantando.
COMUNIÓN: El Señor del Milagro, hecho Pan de Vida, es la fuerza para cumplir amorosamente nuestro compromiso de fidelidad y misión. Vayamos a su encuentro.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
(Canta el Coro)
“SEÑOR, ESCÚCHANOS, SEÑOR ÓYENOS”
Señor del Milagro, ilumina cada día más a tu Iglesia y en ella al Papa, a nuestros Obispos y Sacerdotes, para que señalando el cielo, nos hagan fieles servidores en esta tierra. OREMOS…
Señor del Milagro ayúdanos a servir con amor responsable a nuestra Patria. OREMOS…
Señor del Milagro, concédenos fortalecer la fe de nuestras familias, para que de ellas surjan buenos cristianos y hombres de bien para la sociedad. OREMOS…
Señor del Milagro, que el Pueblo Argentino reconozca en ti, al Dios de la esperanza y de la misericordia, y en sus semejantes, a hermanos a quienes se debe servir, por tu amor. OREMOS…

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† Meditación diaria
Vigésimo cuarto Domingo ciclo c
EL HIJO PRÓDIGO
— La misericordia inagotable de Dios.
— La dignidad recuperada.
— Servir a Dios es un honor.
I. Misericordia, Dios mío, por tu bondad, // por tu inmensa compasión borra mi culpa. // Lava del todo mi delito, // limpia mi pecado.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, // renuévame por dentro... // Un corazón contrito y humillado tú no lo despreciarás1.
La liturgia de este domingo trae a nuestra consideración, una vez más, la misericordia inagotable del Señor: ¡un Dios que perdona y que manifiesta su infinita alegría por cada pecador que se convierte! Leemos en la Primera lectura2 cómo Moisés intercede por el pueblo de Dios, que muy pronto ha olvidado el pacto de la Alianza y se ha construido un becerro de oro, mientras él se encontraba en el Sinaí. Moisés no trata de excusar el pecado del pueblo, sino que apoya su plegaria en Dios mismo, en sus antiguas promesas, en su misericordia. El mismo San Pablo nos habla en la Segunda lectura3 de su propia experiencia: Podéis fiaros y aceptar sin reservas lo que os digo: que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia. Es la experiencia íntima de cada uno de nosotros. Todos conocemos cómo Dios no se ha cansado jamás de perdonarnos, de facilitarnos de continuo el camino del perdón.
En el Evangelio de la Misa4 San Lucas recoge esas parábolas de la compasión divina ante el estado en que queda el pecador, y el gozo del Señor al recuperar a quien parecía definitivamente perdido. El personaje central de estas parábolas es Dios mismo, que pone todos los medios para recuperar a sus hijos maltrechos por el pecado: es el pastor que sale tras la oveja descarriada hasta que la encuentra, y luego la carga sobre sus hombros, porque la ve fatigada y exhausta por su descarrío; es la mujer que ha perdido una moneda y enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta que la halla; es el padre que, movido por la impaciencia del amor, sale todos los días a esperar a su hijo descarriado, y aguza la vista para ver si cualquier figura que se vislumbra a lo lejos es su hijo pequeño... “En su gran amor por la humanidad, Dios va tras el hombre –escribe Clemente de Alejandría– como la madre vuela sobre el pajarillo cuando este cae del nido; y si la serpiente lo está devorando, revolotea alrededor gimiendo por sus polluelos (cfr. Dt 32, 11). Así Dios busca paternalmente a la criatura, la cura de su caída, persigue a la bestia salvaje y recoge al hijo, animándole a volver, a volar hacia el nido”5.
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. ¿Cómo nos vamos a retraer de la Confesión ante tanto gozo divino? ¿Cómo no vamos a llevar a nuestros amigos hasta ese sacramento de la misericordia, donde se recupera la paz, la alegría y la dignidad perdidas? La actitud misericordiosa de Dios será, aun cuando estuviéramos lejos, el más poderoso motivo para el arrepentimiento. Antes que nosotros alcemos la mano pidiendo ayuda, ya ha tendido Él la suya –mano fuerte de padre– para levantarnos y ayudarnos a seguir adelante.
II. El pecado, tan detalladamente descrito en la parábola del hijo pródigo, “consiste en la rebelión frente a Dios, o al menos en el olvido o indiferencia ante Él y su amor”6, en el deseo necio de vivir fuera del amparo de Dios, de emigrar a un país lejano, fuera de la casa paterna. “Pero esta “fuga de Dios” tiene como consecuencia para el hombre una situación de confusión profunda sobre su propia identidad, junto con una amarga experiencia de empobrecimiento y de desesperación: el hijo pródigo, según dice la parábola, después de todo comenzó a pasar necesidad y se vio obligado –él, que había nacido en libertad– a servir a uno de los habitantes de aquella región”7. ¡Qué mal se está lejos de Dios! “¿Dónde se estará bien sin Cristo –pregunta San Agustín–, o cuándo se podrá estar mal con Él?”8.
La liturgia de la Misa de hoy nos invita a meditar en la grandeza de nuestro Padre Dios y en su amor por nosotros. Cuando el hijo decide volver para trabajar como un jornalero más en la hacienda, el padre, hondamente conmovido al ver las condiciones en que vuelve, corre a su encuentro y le prodiga todas las muestras de su amor: se le echó al cuello -dice Jesús en la parábola- y lo cubrió de besos. Le acoge como hijo inmediatamente. “Estas son las palabras del libro sagrado: le dio mil besos, se lo comía a besos. ¿Se puede hablar más humanamente? ¿Se puede describir de manera más gráfica el amor paternal de Dios por los hombres?
“Ante un Dios que corre hacia nosotros, no podemos callarnos, y le diremos con San Pablo, Abba, Pater! (Rom 8, 15), Padre, ¡Padre mío!, porque, siendo el Creador del universo, no le importa que no utilicemos títulos altisonantes, ni echa de menos la debida confesión de su señorío. Quiere que le llamemos Padre, que saboreemos esa palabra, llenándonos el alma de gozo”9. Padre, Padre mío, le hemos llamado tantas veces, y nos hemos llenado de paz y de consuelo.
Hasta aquí nada había dicho el padre: ahora sus palabras rebosan alegría. No pone condiciones al hijo, no quiere acordarse más del pasado... Piensa en el futuro, en restituir cuanto antes al que llega su dignidad de hijo. Por eso, ni le deja acabar la frase que había preparado, y ordena: Pronto, sacad el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y las sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo, y vamos a celebrar un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido recobrado. El vestido más preciado lo constituye en huésped de honor, el anillo le devuelve la dignidad perdida, las sandalias lo declaran libre10. El amor paterno de Dios se inclina hacia todo hijo pródigo, hacia cualquier miseria humana, y singularmente la miseria moral. Entonces, el que es objeto de la compasión divina “no se siente humillado, sino como hallado de nuevo y “revalorizado”“11.
En la Confesión, a través del sacerdote, el Señor nos devuelve todo lo que culpablemente perdimos: la gracia y la dignidad de hijos de Dios. Ha establecido este sacramento para que podamos volver una y otra vez a la casa paterna. El Señor nos llena de su gracia y, si el arrepentimiento es profundo, nos coloca en un lugar más alto del que estábamos: “saca, de nuestra miseria, riqueza; de nuestra debilidad, fortaleza. ¿Qué nos preparará, si no lo abandonamos, si lo frecuentamos cada día, si le dirigimos palabras de cariño confirmado con nuestras acciones, si le pedimos todo, confiados en su omnipotencia y en su misericordia? Solo por volver a Él su hijo, después de traicionarle, prepara una fiesta, ¿qué nos otorgará, si siempre hemos procurado quedarnos a su lado?”12.
III. Y se pusieron a celebrar la fiesta.
En este momento, cuando parece que la parábola ha terminado, el Señor introduce un personaje más: el hermano mayor. Viene del campo, de trabajar en la finca de su padre, como ha hecho siempre. Cuando llega a casa, la fiesta está en todo su apogeo. Oye la música y los cantos desde lejos y se sorprende. Un criado le informa de que se celebra el retorno de su hermano menor, que ha llegado sin nada. ¡Por fin ha vuelto!
Pero el hermano mayor se enfada. “¿No te ha movido el coro, el regocijo y la fiesta de la casa? –comenta San Agustín–. El banquete de ternero cebado, ¿no te ha hecho pensar? Nadie te excluye a ti. Todo en balde; habla el siervo, dura el enojo, no quiere entrar”13. Es la nota discordante de la tarde. Es también el momento de los reproches ocultos y escondidos durante tanto tiempo, que salen ahora a la luz: tantos años que te sirvo, y nunca me has dado un cabrito..., y ahora ha venido ese hijo tuyo, que ha consumido tu hacienda con meretrices, y has hecho matar un becerro cebado para él.
El Padre es Dios, que tiene siempre las manos abiertas, llenas de misericordia. El hijo pequeño es la imagen del pecador, que se da cuenta de que solo puede ser feliz junto a Dios, aunque sea en el último lugar, pero con su Padre Dios. ¿Y el mayor? Es un hombre trabajador, que ha servido siempre sin salir fuera de los límites de la finca; pero sin alegría. Ha servido porque no había más remedio, y con el tiempo se le ha empequeñecido el corazón. Ha ido perdiendo el sentido de la caridad mientras servía. Su hermano es ya para él ese hijo tuyo. ¡Qué contraste entre el corazón magnánimo del padre y la mezquindad de este hijo mayor! Es la imagen del justo miope para apreciar que servir a Dios y gozar de su amistad y presencia es una continua fiesta, que, en definitiva, servir es reinar14. Es la figura de todo aquel que olvida que estar con Dios –en lo grande y en lo pequeño– es un honor inmerecido. En el mismo servicio está una buena parte de la recompensa. Omnia bona mea tua sunt: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todos mis bienes son tuyos. “Por tanto, todas las honras son nuestras, si nosotros somos de Dios”15. Se nos da el mismo Dios, y todas sus riquezas con Él: ¿qué más podemos pedir?
Dios espera de nosotros una entrega alegre, no de mala gana ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría16. Hay siempre suficientes motivos de fiesta, de acción de gracias, de alegría, junto a Dios. Y especialmente cuando se nos presenta la ocasión de ser magnánimos –de tener corazón grande, comprensivo– con un hermano nuestro. “¡Qué dulce alegría la de pensar que el Señor es justo, es decir, que conoce perfectamente la fragilidad de nuestra naturaleza! ¿Por qué, pues, temer? El buen Dios, infinitamente justo, que se dignó perdonar con tanta misericordia las culpas del hijo pródigo, ¿no será también justo conmigo, que estoy siempre junto a Él?”17, con alegría, con deseos de servirle hasta en lo más pequeño.
1 Salmo responsorial. Sal 50, 3-4; 12; 19. — 2 Ex 32, 7-11; 13-14. — 3 1 Tim 1, 15-16. — 4 Lc 15, 1-32. — 5 Clemente de Alejandría, Protreptico, 10. — 6 Juan Pablo II, Homilía 17-IX-1989. — 7 Ibídem. — 8 San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan, 51, 11. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 64. — 10 Cfr. San Agustín, Sermón 11, 7. — 11 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-980, 6.— 12 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, 309. — 13 San Agustín, Sermón 11, 10, — 14 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 36. — 15 San Agustín, Sermón 11, 13. — 16 2 Cor 9, 7. — 17 Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma, 8.
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15 de septiembre
NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES*
Memoria
— El dolor de María se une al de Jesús.
— Corredención de Nuestra Señora.
— Santificar nuestros dolores y sufrimientos. Acudir a Santa María, Consoladora de los afligidos.
I. ¡Oh Madre, fuente de amor!, // hazme sentir tu dolor // para que llore contigo: // y que, por mi Cristo amado, // mi corazón abrasado // más viva en Él que conmigo1.
Quiso el Señor asociar a su Madre a la obra de la Redención, haciéndola partícipe de su dolor supremo. Al celebrar hoy este sufrimiento corredentor de María, nos invita la Iglesia a ofrecer, por la salvación propia y la ajena, los mil dolores, casi siempre pequeños, de la vida, y las mortificaciones voluntarias. María, asociada a la obra de salvación de Jesús, no sufrió solo como una buena madre que contempla a su hijo en los mayores sufrimientos y en la misma muerte. Su dolor tiene el mismo carácter que el de Jesús: es un dolor redentor. El sufrimiento de María, la esclava del Señor, purísima y llena de gracia, eleva sus actos hasta el punto de que todos ellos, en unión profundísima con su Hijo, tienen un valor casi infinito.
Nunca comprenderemos del todo la inmensidad de su amor por Jesús, causa de sus dolores. Por eso, la Liturgia aplica a la Virgen dolorosa, como al mismo Jesús, las palabras del profeta Jeremías: Oh vosotros, cuantos por aquí pasáis, mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor, al dolor con que soy atormentada2.
El dolor de Nuestra Señora era mayor por su eminente santidad. Su amor a Jesús le permitió sufrir los padecimientos de su Hijo como propios: “Si hieren con golpes el cuerpo de Jesús, María siente todas estas heridas; si atraviesan con espinas su cabeza, María se siente desgarrada por las puntas; si le presentan hiel y vinagre, María apura toda su amargura; si extienden su cuerpo sobre la cruz, María sufre toda esta violencia”3. Cuanto más se ama a una persona, más se siente su pérdida. “Más aflige la muerte de un hermano que la de un irracional, más la de un hijo que la de un amigo. Ahora bien (...), para comprender cuán grande fue el dolor de María en la muerte de su Hijo, habría que conocer la grandeza del amor que le tenía. Y ¿quién podrá nunca medir tal amor?”4.
El mayor dolor de Cristo, el que le sumió en profunda agonía en Getsemaní, el que le hizo sufrir como ningún otro, fue el conocimiento profundo del pecado como ofensa a Dios y de su maldad frente a la santidad de Dios. Y la Virgen penetró y participó más que ninguna otra criatura en este conocimiento de la maldad y de la fealdad del pecado, que fue la causa de la Pasión. Su corazón sufrió una mortal agonía causada por el horror al pecado, a nuestros pecados. María se vio anegada en un mar de dolor. “Y dado que cada uno de nosotros hemos contribuido en gran parte a acrecentarlos, ¿no debe acaso agradarnos el meditarlos detenida y afectuosamente para compadecernos y reparar así las heridas infligidas al Corazón de María y al Corazón de Jesús?”5.
II. Desde el comienzo, parece como sí el Señor nos hubiera querido enseñar a través de las criaturas que más amó en esta vida, María y José, que la felicidad y la eficacia redentora no están nunca lejos de la Cruz. Y aunque toda la vida de Nuestra Señora estuvo, junto con la de su Hijo, dirigida al Calvario, hay un momento especial en que le es revelada con particular claridad su participación en los sufrimientos del Mesías, su Hijo. María, acompañada de José, había venido al Templo para purificarse de una mancha legal que no había contraído y a ofrecer a su Hijo al Altísimo. En esta inmolación que hacía de su Hijo, María vislumbró la inmensidad de su sacrificio redentor, como había sido profetizado. Pero Dios quiso además revelarle la profundidad de este sacrificio y su propia participación en él por medio de un hombre justo, Simeón, que movido por el Espíritu Santo dijo a María: Mira, este ha sido puesto para ruina y salvación de muchos en Israel, y para signo de contradicción y tu misma alma la traspasará una espada, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones6.
Las palabras dirigidas a María anuncian con claridad que su vida habría de estar íntimamente unida a la obra de su Hijo. “El anuncio de Simeón comenta Juan Pablo II- parece como un segundo anuncio a María, dado que le indica la concreta dimensión histórica en la cual el Hijo cumplirá su misión, es decir, en la incomprensión y en el dolor (...). Le revela también que deberá vivir en el sufrimiento su obediencia de fe al lado del Salvador que sufre, y que su maternidad será oscura y dolorosa”7. El Señor no quiso evitar a su Madre la zozobra de una huida precipitada a Egipto cuando, con el Niño y con José, ya quizá estaba instalada en una casa modesta en Belén y comenzaba a gozar de una vida familiar en torno a Jesús. Dios no la dispensó del exilio en una tierra extraña para Ella, ni de tener que recomenzar de nuevo con lo poco que pudieron llevarse en aquel viaje apresurado... Y luego, instalados de nuevo en Nazareth, la inquietud de aquellos días, buscando a Jesús en Jerusalén, a la edad de doce años. ¡Qué momentos de angustia para el Corazón de la Madre! Y más tarde, durante los años del ministerio público del Señor, los rumores y calumnias que llegarían a sus oídos, las asechanzas por parte de los judíos de las que tendría conocimiento, las incomprensiones... Luego, las noticias, una a una, cada vez más terribles, que se van sucediendo en la noche de la traición, los gritos que piden su muerte en la mañana siguiente, la soledad y el abandono en que ve a su Hijo, el encuentro camino del Calvario... ¿Quién podrá comprender jamás la inmensidad del dolor que anega el corazón de la Virgen Santísima?... Allí está Nuestra Señora... Ve cómo clavan a su Hijo en la cruz... Y luego los insultos, la larga agonía de un crucificado... ¡Oh qué triste y afligida estuvo aquella bendita Madre del Unigénito! // Se angustiaba y se dolía la Madre piadosa, viendo las penas de su Hijo. // ¿Quién podría no llorar viendo a la Madre de Cristo en tan cruel suplicio? // ¿Quién podría no entristecerse contemplando a la Madre de Cristo sufrir con su Hijo?8.
Al considerar que nuestros pecados no son ajenos, sino parte activa, en este dolor de Nuestra Madre, le pedimos hoy que nos ayude a compartir su dolor, a sentir un profundo horror a todo pecado, a ser más generosos en la reparación por nuestros pecados y por los que todos los días se cometen en el mundo.
III. La fiesta de hoy nos invita a aceptar los sufrimientos y contrariedades de la vida para purificar nuestro corazón y corredimir con Cristo. La Virgen nos enseña a no quejarnos de los males, pues Ella jamás lo hizo; nos anima a unirlos a la Cruz redentora de su Hijo y convertirlos en un bien para la propia familia, para la Iglesia, para toda la Humanidad.
El dolor que habremos de santificar consistirá frecuentemente en las pequeñas contrariedades diarias: esperas que se prolongan, cambios de planes, proyectos que no se realizan... Otras veces se presentará en forma de pobreza, de carencia incluso de lo necesario, en la falta quizá de un empleo con el que sacar la familia adelante. Y esta pobreza será un gran medio para unirnos más a Cristo, para imitarle en su desprendimiento absoluto de las cosas, incluso de las necesarias. Miraremos a la Virgen que contempla a su Hijo desposeído hasta de aquella túnica que Ella conocía bien por haberla tejido con sus manos. Y hallaremos consuelo y fuerzas para seguir adelante con paz y serenidad.
También puede llegar la enfermedad, y pediremos la gracia de verla como un tesoro, una caricia de Dios, y de dar gracias por el tiempo en el que quizá no supimos apreciar del todo el don de la salud. La enfermedad, en cualquiera de sus formas, también la psíquica, puede ser la piedra de toque que muestre la solidez del amor al Señor y de la confianza en Él. Mientras estamos enfermos podemos crecer más rápidamente en las virtudes, principalmente en las teologales: en la fe, pues aprendemos a ver también en ese estado la mano providente de nuestro Padre Dios; en la esperanza, pues siempre estamos en sus manos, pero especialmente cuando más débiles y necesitados nos encontramos; en la caridad, ofreciendo el dolor, siendo ejemplares en la alegría con que amamos ese estado que Dios quiere o permite para nuestro bien.
Frecuentemente, lo más difícil de la enfermedad es la forma en que se presenta: “su inusitada duración, la impotencia a que nos reduce, la dependencia a que nos obliga, el malestar que proviene de la soledad, la imposibilidad de cumplir los deberes de estado y para un sacerdote, por ejemplo, la imposibilidad de continuar sus obras de apostolado; para un religioso seguir la regla; para una madre de familia ocuparse de sus hijos. Todas estas situaciones son duras y angustiosas a nuestra naturaleza. A pesar de todo, y después de haber empleado todos los medios que aconseja la prudencia para recuperar la salud, es preciso repetir con los santos: “¡Oh Dios mío! Acepto todas esas modalidades: lo que quieras, cuando quieras y como quieras”“9. Le pediremos más amor y le diremos despacio, con un completo abandono: “¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!”10, como tantas veces y en circunstancias tan diversas quizá le hemos dicho.
Cuando sintamos que la carga se nos hace demasiado pesada para nuestras pocas fuerzas, recurriremos a Santa María en demanda de auxilio y de consuelo, “pues Ella sigue siendo la amorosa consoladora de tantos dolores físicos y morales que afligen y atormentan a la humanidad. Ella conoce bien nuestros dolores y nuestras penas, pues también Ella ha sufrido desde Belén hasta el Calvario: una espada te traspasará el corazón. María es nuestra Madre espiritual, y la madre comprende siempre a sus hijos y les consuela en sus necesidades.
“Por otro lado, Ella ha recibido de Jesús en la Cruz la misión específica de amarnos, solo y siempre amarnos para salvarnos. María nos consuela sobre todo mostrándonos el crucifijo y el paraíso (...).
“Oh Madre Consoladora, consuélanos a todos, haz que todos comprendamos que la clave de la felicidad está en la bondad y en el seguimiento fiel de tu Hijo Jesús”11. Él sabe siempre cuál es el camino mejor para cada uno, en el que debemos seguirle.
1 Secuencia de la Misa. Himno Stabat Mater. — 2 Lament 1, 12. — 3 A. Tanquerey, La divinización del sufrimiento, p. 108. — 4 San Alfonso Mª. de Ligorio, Las glorias de María, 2, 9. — 5 A. Tanquerey, o. c., p. 110. — 6 Lc 2, 34-35. — 7 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 16 — 8 Secuencia de la Misa. Himno Stabat Mater. — 9 A. Tanquerey, o. c., p. 168. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 762. — 11 Juan Pablo II, Homilía 13-IV-1980.
* La fiesta de hoy, inmediatamente después de la Exaltación de la Santa Cruz, nos recuerda la especial unión y participación de María en el Sacrificio de su Hijo en el Calvario. La piedad cristiana ha meditado desde el principio los relatos que los Evangelios nos han transmitido sobre la presencia de Nuestra Señora junto a la Cruz. En el siglo xiv aparece ya la Secuencia de la Misa Stabat Mater Dolorosa, de la que Lope de Vega hizo una traducción versificada al castellano. Esta traducción es la que se ha incluido en los textos litúrgicos oficiales. El Papa Pío VII, en el año 1814, extendió esta devoción a toda la Iglesia, y en 1912 San Pío X la fijó en esta fecha, 15 de septiembre, octava de la Natividad de María. Nuestra Señora nos enseña en el día de hoy el valor de corredención que pueden tener nuestros dolores y sufrimientos.
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Nuestra Señora,
Virgen de los Dolores
15 de septiembre
Por dos veces durante el año, la Iglesia conmemora los dolores de la Santísima Virgen que es el de la Semana de la Pasión y también hoy, 15 de setiembre.
La primera de estas conmemoraciones es la más antigua, puesto que se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor.
En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, y por la misma época se complementó esa devoción con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo comprendieron su marcha hacia el Calvario, sino su vida entera. A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de setiembre de todos los años.
"Aunque soy olvidada y menospreciada de muchos, mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y lágrimas y duélete de que sean pocos los amigos de Dios"
Folleto "La Virgen María y la devoción de los Siete Dolores" para distribuir entre sus familiares y conocidos. Pedir folletos.
Los siete
dolores de la Santísima Virgen
que han suscitado mayor devoción son: la profecía de Simeón, la
huida a Egipto,
los tres días que Jesús estuvo perdido, el encuentro con Jesús
llevando la
Cruz, su Muerte en el Calvario, el Descendimiento, la colocación
en el
sepulcro.
Simeón había anunciado previamente a la Madre la
oposición que iba a
suscitar su Hijo, el Redentor. Cuando ella, a los cuarenta días
de nacido
ofreció a su Hijo a Dios en el Templo, dijo Simeón: "Este niño
debe ser
causa tanto de caída como de resurrección para la gente de
Israel. Será puesto
como una señal que muchos rechazarán y a ti misma una espada te
atravesará el
alma" (Lc 2,34).
El dolor de María en el Calvario fue más agudo que ningún
otro en el
mundo, pues no ha habido madre que haya tenido un corazón an
tierno como el de
la Madre de Dios. Cómo no ha habido amor igual al suyo. Ella lo
sufrió todo por
nosotros para que disfrutemos de la gracia de la Redención.
Sufrió
voluntariamente para demostrarnos su amor, pues el amor se
prueba con el
sacrificio.
No por ser la Madre de Dios pudo María sobrellevar sus
dolores sino por
ver las cosas desde el plan de Dios y no del de sí misma, o
mejor dicho, hizo
suyo el plan de Dios. Nosotros debemos hacer lo mismo. La Madre
Dolorosa nos
echará una mano para ayudarnos.
La devoción a los Dolores de María es fuente de gracias
sin número
porque llega a lo profundo del Corazón de Cristo. Si pensamos
con frecuencia en
los falsos placeres de este mundo abrazaríamos con paciencia los
dolores y
sufrimientos de la vida. Nos traspasaría el dolor de los
pecados.
La Iglesia nos exhorta a entregarnos sin reservas al amor
de María y
llevar con paciencia nuestra cruz acompañados de la Madre
Dolorosa. Ella quiere
de verdad ayudarnos a llevar nuestras cruces diarias, porque fue
en le calvario
que el Hijo moribundo nos confió el cuidado de su Madre. Fue su
última voluntad
que amemos a su Madre como la amó Él.
La Palabra de Dios
"Simeón les bendijo
y dijo a María, su
madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en
Israel, y para ser
señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará
el alma! - a fin
de que queden al descubierto las intenciones de muchos
corazones.”
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la
tribu de Aser,
de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con
su marido, y
permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba
del Templo,
sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios
y hablaba del
niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del
Señor, volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía,
llenándose de
sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban
todos los años
a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a
la fiesta y,
al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en
Jerusalén, sin saberlo
sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron
un día de
camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al
no encontrarle,
se volvieron a Jerusalén en su busca." Lc 2, 34-45
"Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando." Lc 2, 48
"Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta," Lam 1, 12
Oraciones
Oración propia de la Novena
¡Santísima y muy
afligida Madre, Virgen de los
Dolores y Reina de los Mártires! Estuviste de pie, inmóvil, bajo
la Cruz,
mientras moría tu Hijo.
Por la espada de dolor que te traspasó entonces, por el
incesante
sufrimiento de tu vida dolorosa y el gozo con que ahora eres
recompensada de
tus pruebas y aflicción, mírame con ternura Madre, ten compasión
de mí que
vengo a tu presencia para venerar tus dolores. Deposito mi
petición con
infantil confianza en el santuario de tu Corazón herido.
Te suplico que presentes a Jesucristo, en unión con los
méritos
infinitos de su Pasión y Muerte, lo que sufriste junto a la
Cruz, y por
vuestros méritos me sea concedida esta petición (Mencione el
favor que desea).
¿A quién acudiré yo en mis necesidades y sufrimientos
sino a ti, Madre
de misericordia? Tan hondo bebiste del cáliz de tu Hijo que
puedes compadecerte
de los sufrimientos de quienes están todavía en este valle de
lágrimas.
Ofrece a nuestro divino Salvador lo que Él sufrió en la
Cruz para que su
recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador. Refugio de
pecadores y
esperanza de la humanidad, acepta mi petición y escúchala
favorablemente, si es
conforme a la voluntad de Dios.
Señor Jesucristo, te ofrezco los méritos de María, Madre
tuya y nuestra,
que ganó bajo la Cruz. Por su amable intercesión pueda yo
obtener los
deliciosos frutos de tu Pasión y Muerte.
Ofrecimiento
María, Virgen
Santísima y Reina de los Mártires, acepta el sincero homenaje de
mi amor
infantil. Recibe mi pobre alma dentro de tu corazón, traspasado
por tantas
espadas. Tómala por compañera de tus dolores al pie de la Cruz,
donde Jesús
murió para redimir al mundo.
Contigo, Virgen de los Dolores, quiero sufrir
gustosamente todas las
pruebas, sufrimientos y aflicciones que Dios se complazca en
mandarme. Los
ofrezco en memoria de tus dolores. Haz que todos mis
pensamientos y latidos del
corazón sean un acto de compasión y amor por ti.
Madre amadísima ten compasión de mí, reconcíliame con
Jesús, tu divino
Hijo, manténme en su gracia y asísteme en mi última agonía, para
que pueda yo
encontrarte en el Cielo juntamente con el Hijo.
Himno – Stabat Mater
Ante el
hórrido Madero
Del Calvario lastimero,
Junto al Hijo de tu amor,
¡Pobre Madre entristecida!
Traspasó tu alma abatida
Una espada de dolor.
¡Cuan penoso, cuán
doliente
Ver en tosca Cruz pendiente
Al Amado de tu ser!
Viendo a Cristo en el tormento,
Tú sentías el sufrimiento
De su amargo padecer.
¿Quien hay que no
lloraría
Contemplando la agonía
De María ante la Pasión?
¿Habrá un corazón humano
Que no compartiese hermano
Tan profunda transfixión?
Golpeado, escarnecido,
Vio a su Cristo tan querido
Sufrir tortura tan cruel,
Por el peso del pecado
De su pueblo desalmado
Rindió su espíritu El.
Dulce Madre,
amante fuente,
Haz mi espíritu ferviente
Y haz mi corazón igual
Al tuyo tan fervoroso
Que al buen Jesús piadoso
Rinda su amor fraternal.
Oh Madre
Santa, en mi vida
Haz renacer cada herida
De mi amado Salvador,
Contigo sentir su pena,
Sufrir su mortal condena
Y su morir redentor.
A tu llanto
unir el mío,
Llorar por mi Rey tan pío
Cada día de mi existir:
Contigo honrar su Calvario,
Hacer mi alma su santuario,
Madre, te quiero pedir.
Virgen
Bienaventurada,
De todas predestinada,
Partícipe en tu pesar
Quiero ser mi vida entera,
De Jesús la muerte austera
Quiero en mi pecho llevar.
Sus llagas en
mi imprimidas,
Con Sangre de sus heridas
Satura mi corazón
Y líbrame del suplicio,
Oh Madre en el día del juicio
No halle yo condenación.
Jesús, que al
llegar mi hora,
Sea María mi defensora,
Tu Cruz mi palma triunfal,
Y mientras mi cuerpo acabe
Mi alma tu bondad alabe
En tu reino celestial.
Amén, Aleluya.
Oración
Padre, Tu quisiste que la madre de tu Hijo, llena de compasión, estuviese junto a la Cruz donde Él fue glorificado. Concede a tu Iglesia, que comparte la Pasión de Cristo, participar de su Resurrección. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
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El Señor del Milagro (Salta)
El origen de las imagenes se remonta al año 1592, época en que el Obispo de Tucumán fray Francisco de Victoria concretara la donación al pueblo de Salta de la imagen de Cristo crucificado, cuyo destino sería la Iglesia Matriz de la ciudad. La llegada a tierras americanas de la imagen fue según los relatos auténticamente milagrosa.

En junio de 1592 la imagen llegó flotando en un cajón al puerto de El Callao, Perú, junto a otro que contenía una imagen de la virgen del Rosario destinada al convento de Sto. Domingo, en Córdoba. Jamás se supo qué embarcación las trajo desde España. La gente, llena de devoción, llevó en procesión ambas imágenes hasta Lima, donde fueron veneradas por Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.
Desde Lima emprendieron viaje a su destino a lomo de mula y una vez en Salta, la imagen del Cristo fue depositada en la sacristía de la iglesia matriz y no fue objeto de veneración por espacio de cien años.
En el año 1692 la imagen de Inmaculada Concepción de María, que luego se llamaría Virgen del Milagro, se encontraba a tres metros de altura en un nicho del retablo del Altar Mayor. Cuenta la historia que aquel 13 de septiembre, después de los fuertes y reiterados temblores que destruyeron la ciudad de Esteco y fueron percibidos con singular intensidad en la ciudad de Salta,, se encontró la imagen de la Inmaculada en el suelo sin que sufrieran daño su rostro y manos y según la tradición perdió los colores del rostro que quedó pardo y macilento. La imagen fue llevada a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano donde se oró toda la noche. Al día siguiente, 14 de septiembre, se colocó la imagen, que todos querían venerar, en el exterior de la Iglesia Matriz donde continuaron los cambios de colores del rostro y fue entonces cuando muchos fieles comenzaron a llamarla “del Milagro”. Una nueva historia empezaba para esta sencilla imagen y para los salteños., que jamás abandonarían su culto y su devoción Según la tradición oral y el exhorto de Chávez y Abreu, el padre jesuita José Carrión recibe la revelación de que el Santo Cristo Crucificado de la Iglesia Matriz, que tenían sin devoción y sin sacarlo en procesión, habría perdonado a Salta a pedido y súplica de la Madre de Dios del Milagro. Los padres jesuitas recordaron al Santo Cristo y lo liberaron de su encierro; lo colocaron frente a la iglesia que la Compañía de Jesús tenía en el centro de la ciudad. La imagen fue sacada en procesión por los fieles salteños con el ruego de que cesaran los temblores, lo que finalmente ocurrió.

Cuadro de Aristene Papi (Primera Procesión – 1939)
Al amanecer del día 14 la tierra dejó de temblar, volvió a estremecerse a la noche, en medio de procesiones y rogativas. Al cesar los estremecimientos, el día 15 renació la calma y con ella se comenzó a hablar del "milagro", designando a la Inmaculada como Virgen del Milagro.
En 1902 y por iniciativa del Obispo Linares, las imágenes fueron coronadas en presencia de altas autoridades de la Iglesia, venidas desde Roma.
El Milagro es pues la más antigua y también la más actual manifestación de fe de Salta, la cual no conoce otro acontecimiento festivo de la antigüedad, masividad y capacidad de inclusión de éste.
Hasta la llegada de Monseñor Tavella las imágenes del Señor y Virgen del Milagro estaban tapadas por una cortina que se corría los viernes y sábados respectivamente porque se consideraba que este culto no era cosa de todos los días. Y así llegamos a nuestros días, en que el culto a las imágenes del Milagro es la festividad más importante para la Ciudad, a la que no solo asisten todos los salteños, sino fieles de Provincias vecinas y la imagen de la Virgen se ha convertido en la Protectora de la Ciudad.
Los cultos del Milagro se celebran entre los días 6 y 15 de septiembre de cada año. La Novena, ha sido compuesta en 1760 por el Presbítero Dr. Francisco Javier Fernandez, y su rezo tiene lugar entre los días 6 y 14 de septiembre. El solemne Triduo se realiza en la Catedral Basílica de Salta los días 13, 14 y 15 de septiembre de cada año.
Los días 15 de septiembre, las Santas Imagenes recorren en procesión las calles de la ciudad, acompañadas de cientos de miles de fieles, en una de las expresiones populares más importantes de la Argentina
La imágen de la Viregen:
La imagen de la Virgen del Milagro representa a María de pie sobre la luna en cuarto creciente aplastando el dragón que enrosca por delante su cabeza y cola aseteada (con forma de flecha).
La procedencia de la imagen no está determinada, pero su análisis muestra que la cabeza y las manos son de distinto origen al cuerpo tallado, al que fueron añadidas.
Inicialmente la Virgen del Milagro fue una Inmaculada de bulto completo con manto, todo tallado en madera. Esta imagen fue labrada nuevamente para hacerla articulada y poder vestirla con indumentarias de tela. Al respecto, Monseñor Toscano escribió: “La novedad que todo lo invade, comenzó por ponerle vestidos de tela, costumbre que se ha perpetuado hasta hoy, desperfeccionándosele, con este motivo, algo de la cabeza para acomodarle pelo postizo, y los brazos para hacerlos susceptibles de ser cubiertos de ropa”.
El ajuste a la nueva moda fue realizado por Tomás Cabrera, como consta en la tarjeta orlada sobre el pecho que dice: “Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795”. (Encarnar significa darle color carne a las esculturas, y nada tiene que ver con el tallado del cuerpo completo). La túnica tallada está ornamentada con finas líneas de oro sobre pintura que simulan brocato y una ancha faja de pan de oro en su borde inferior.

Catedral Basílica de Salta
Las coronas
La corona de la Virgen del Milagro es una corona inperial de oro, constituida por cerco y diademas formados por dos rebordes en perilla y circunferencia de turquesas, con un espacio tachonado de esmeraldas y amatistas, un orbe de Lapislázuli, y coronamiento de la cruz con brillantes y esmeraldas.
La corona del Señor es una Real de oro de 24 kilates, con engarce de esmeraldas, rubíes y amatistas, constituida en cerco y diademas.
El cercos está divididos en tres zonas: su base es una circunferencia de laureles que divide un paño lisado superior, también circular, con roleos entrelazados y espaciados por una flor de extremos flordelisados, guarnecidos por una esmeralda, dando paso a ocho diademas, formadas por roleos entrelazados que conforman una cuasi flor de Liz en la punta. Entre estas diademes, hay siete diademas menores con motivos fitomorfos.
Las Coronas de flores
Cada septiembre engalanan
las Santas Imágenes
Elaborarlas cada año obedece a una antigua tradición familiar
que viene desde
fines del siglo diecinueve.
Fue aproximadamente en 1.890, cuando doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerd, esposa de don Sixto Ovejero Zerda - fundador del ingenio “Ledesma” en la provincia de Jujuy y gobernador de Salta cuando la invasión de las montaneras al mando de Felipe Valera, dispuso elaborar esas ofrendas en su casa de Florida 62, actual sede de la Municipalidad capitalina, empleando flores que hacía traer de su quinta “La Noria”, parte de cuya “sala” se conserva hasta hoy en Pueyrredón al 500, vereda Oeste. A la muerte de doña Florencia, ocurrida en marzo de 1.920, la responsabilidad de esta tarea se dividió entre sus hijas doña Adelaida O. Gonzáles de Tamayo, quien se hizo cargo de la del Señor, y doña Electa O. González de Figueroa Ovejero, la de la Virgen.

La señora de Tamayo falleció en noviembre de 1.949, sustituyéndola su hija doña Graciela Tamayo Ovejero de Mendióroz, quien murió hace alrededor de cinco años, quedando a cargo desde entonces su hija doña Cecilia Mendióroz Tamayo de Durand Cornejo, hasta el presente, elaborándose la corona del Señor en el domicilio de esta última, situado en Buenos Aires 181.
En cuanto a la corona de la Virgen, la señora de Figueroa Ovejero falleció en julio de 1.924, quedando a cargo de la tarea su hija mayor, doña María Luisa Figueroa Ovejero de López, la que al fijar su residencia en Buenos Aires fue remplazada por una de sus hijas, doña Alicia López Figueroa de Alderete, la que cedió la responsabilidad a su tía y segunda hija de doña Electa, doña Elvira Figueroa Ovejero de Zavalía Esteves, quien al fallecer en junio de1.991 dejó a cargo a su sobrina doña María Hortencia Figueroa, la que a su vez fue sustituida dos años más tarde por una de las nietas de doña María Luisa, doña Martha Alicia Alderete López de Puló García, quien en la actualidad dirige la tarea en casa de una de sus hijas, doña Mariana Puló Alderete de Goytia Etchevehere, en barrio Tres Cerrito.
Las flores
El arreglo floral del Señor del Milagro lleva, aproximadamente, diez mil claveles rojos, y el de la Virgen, unas ocho mil flores blancas.
Respondiendo a un especial pedido de un descendiente directo de doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerda, la valiosa colaboración que en la confección de las coronas prestaron siempre la señora Elisa Salguero de Ebber (ya fallecida), sus hijas Josefina y Herminia y sus nietas, quienes dan el toque final a las artística ofrendas.
Himno a la Virgen del Milagro
1
Dios te salve, Madre
Reina de los Cielos,
esperanza nuestra,
refugio y consuelo.
(Coro)
2
Virgen del Milagro
gloria de este pueblo,
en quien siempre halla
todo su remedio.
3
Si son nuestras culpas,
muchas en extremo,
tus misericordias
son más con exceso.
4
Ya el castigo estaba
sobre nuestros yerros,
más lo detuvieron
tus piadosos ruegos.
5
Al pie del sagrario
allí intercediendo,
el perdón pediste
de nuestros excesos.
6
Mudando colores
tu semblante bello
a entender nos dió
tu pena y consuelo.
7
Empeñada estabas,
y echaste Tú el resto,
para que el castigo
no tuviese efecto.
8
"Perdona -decías-,
mi Dios, a este pueblo;
si no la corona
de Reina aquí os dejo".
9
"Yo por fiadora
salgo en este empeño,
y a mi cuenta corre
no más ofenderos".
10
Confundirte quiso
el dragón soberbio,
pero con tu planta
le quebraste el cuello.
11
Haz, Madre y Señora,
que todos logremos
el fruto, después
de aqueste destierro.
12
En esta novena
que humildes hacemos,
nuestra petición
por tu amor logremos.
Himno al Señor del Milagro
(Coro)
¡Señor del Milagro,
Cristo Redentor,
del pueblo de Salta
no apartes tu amor!
I
Tras largo camino
que amparó el milagro
por mares y montes
llegaste a este suelo,
por tu amor buscando
el amor de un pueblo
II
Más, torpes las almas
no correspondieron
la dulce demanda,
y en olvido ingrato
dejaron tu imagen
por un siglo entero.
III
El duro reclamo
llegó justiciero:
sacudir conciencias
sacudiendo el suelo;
y hubo terremotos,
y aflicción, y duelo...
IV
Y al fin conprendiendo
tu llamado extremo
a tus pies llevaron
su arrepentimiento;
llanto y penitencia,
contrición y ruegos.
V
Fue entonces que quiso
la Virgen María,
que de pecadores
es Madre y consuelo,
de Dios ante el trono
presentar su ruego.
VI
Y ante el valimiento
de la intercesora,
tu misericordia
se mostró al momento:
suspendió el castigo
y aplacó el siniestro.
VII
Abierta las almas
claridad de cielo,
van pasando siglos,
y crece con ellos
la fe con que amante
te adora este pueblo.
VIII
Que es segura dicha
de su amor el premio
porque desde entonces
por siempre sabemos
¡de que somos tuyos,
de que Tú eres nuestro!
Letra: Emma Solá de Solá
https://www.youtube.com/watch?v=9UlJuAv6dMo
https://www.youtube.com/watch?v=7JqQU7PE_uI
Peregrinación
https://www.youtube.com/watch?v=N791hoQGLSo
Procesión 2014
https://www.youtube.com/watch?v=qqY9wodjw1Q
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Fuente:
preguntasantoral.blogia.com
Rolando de Medici, Beato Ermitaño, 15 de septiembre
Eremita Martirologio Romano: En Busseto, en la región de Fidenza,
de la Emilia, beato Rolando de Medicis, anacoreta, que
pasó una vida solitaria por los duros Alpes, viviendo
en gran penitencia y conversando sólo con Dios (1386).
San Rolando, fue un ermitaño, nacido dentro
de la noble familia de los Medicis (Italia). Vivió toda
su vida en soledad y no lo hubiéramos conocido si no
fuera porque en 1386, cuando la marquesa Antonia
Pallavicini, que iba un día de caza por el bosque, lo
encontró ya muy anciano y con apariencia más bien
cadavérica, consecuencia de tantas penitencias y
austeridades en las que había vivido. |
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Fuente: Corazones.org
Catalina (Fieschi) de Génova, Santa Viuda, 15 de
septiembre
Esposa, Viuda, Modelo de Cristiandad y Mística Martirologio Romano: En Génova, en la Liguria, de Italia,
santa Catalina Fieschi, viuda, insigne por el
desprecio de lo mundano, por sus frecuentes ayunos,
amor de Dios y caridad para con los necesitados y
enfermos. (1510)
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Fuente: Vatican.va
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, Beatos Mártires,
15 de
septiembre
Indígenas Mártires Martirologio Romano: En la localidad de Santo Domingo de
Xagacia, en México, beatos Juan Bautista y Jacinto de
los Ángeles, mártires, que, siendo catequistas, al
pretender remover los ídolos para servir a Cristo,
fueron apaleados cruelmente, imitando la pasión de
Cristo y alcanzando el premio eterno (1700).
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles,
indígenas zapotecos de la Sierra Norte de Oaxaca,
nacieron en el año de 1660 en S.Francisco Cajonos. Juan
Bautista se casó con Josefa de la Cruz, con quien tuvo
una hija llamada Rosa. Jacinto de los Ángeles se casó
con Petrona de los Ángeles, con quien tuvo dos hijos
llamados Juan y Nicolasa. Los dos pertenecían a la
Vicaría de S. Francisco Cajonos, atendida por los padres
dominicos Gaspar de los Reyes y Alonso de Vargas. |
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Fuente: Misioneros de la
Consolata
Pablo Manna, Beato Presbítero y Fundador, 15 de
septiembre
Martirologio Romano: En Nápoles, en Italia, beato Pablo
Manna, presbítero del Pontificio Instituto para
Misiones Extranjeras, que fue misionero en Birmania,
pero por razón de su salud hubo de dejarlo,
dedicándose a la evangelización, a la predicación de
la palabra de Dios y a favorecer la unión de los
cristianos (1952).
El 16 de enero de 1872, en Avellino, nace
Pablo Manna, quinto hijo de Vicente y de Lorenza
Ruggeri. La familia Manna pertenece a la pequeña
burguesía de la Campania y cuenta entre sus miembros con
empresarios, comerciantes y políticos. En 1874 fallece
su madre Lorenza y Pablo es enviado a Nápoles con sus
tíos. A los 10 años vuelve a Avellino y encuentra en
casa una nueva madre, pues su padre Vicente había
contraído nuevas nupcias. La vida del joven Pablo se
desliza serena, aunque el ambiente familiar haya
adquirido cierta rigidez en la educación moral y
espiritual. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Nicetas el Godo, Santo Mártir, 15 de septiembre
Mártir Martirologio Romano: A orillas del Danubio, san Nicetas
Godo, mártir, a quien el rey arriano Atanarico mandó
quemar en odio a la fe católica (c. 370). |
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San Sabas y San Nicetas fueron los dos
mártires más renombrados entre los godos. Al segundo, a
quien los griegos colocan en la categoría de los
"grandes mártires", se lo recuerda en la fecha de hoy. |
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J†A
JMJ
Pax
No pueden servir a Dios y al dinero
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Había un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue
acusado ante
él de que malgastaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Es cierto
lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque
quedas
despedido".
Entonces el administrador se puso a pensar:
"¿Qué voy a hacer ahora que se me quita el trabajo? Ya no tengo
fuerzas
para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé
lo que voy a
hacer para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me
despidan".
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo, y
dijo al
primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
El hombre respondió:
"Cien barriles de aceite".
El administrador le dijo:
"Toma tu recibo; date prisa y haz otro por cincuenta".
Luego preguntó al siguiente:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Este respondió:
"Cien sacos de trigo".
El le dijo:
"Toma tu recibo; escribe otro por ochenta".
Y el amo tuvo que reconocer que su mal administrador había
procedido con
habilidad. Y es que los que pertenecen a este mundo son más
hábiles en sus negocios
que los que pertenecen a la luz. Y yo les digo:
Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que,
cuando ustedes
mueran, los reciban en el cielo.
El que es de fiar en lo pequeño, también es de fiar en lo
importante; el que no
es honrado en lo pequeño, tampoco en lo importante es honrado.
Si no son fieles administradores del dinero, tan lleno de
injusticias, ¿quién
les confiará los bienes verdaderos?
Y si no han sido de fiar administrando bienes ajenos, ¿quién les
confiará lo
que es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos: pues, odiará a uno y
amará al otro,
o bien será fiel a uno y despreciará al otro. En resumen, no
pueden servir a
Dios y al dinero".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
25a. Dom Ord Ciclo C
Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen, y seré siempre su Dios.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que en el amor a ti y a nuestro prójimo has
querido resumir toda
tu ley; concédenos descubrirte y amarte en nuestros hermanos
para que podamos
alcanzar la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Contra los que compran a los pobres por dinero
Lectura del libro del profeta Amós 8, 4-7
Escuchen
esto los que buscan al pobre
sólo para exprimirlo y andan diciendo:
"¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender
nuestro
trigo, y el descanso del sábado para reabrir nuestros
graneros?"
Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las
balanzas, obligan a
los pobres a venderse, por un par de sandalias los compran y
hasta venden la
cascarilla como trigo.
El Señor lo ha jurado por el honor de Jacob:
"No olvidaré jamás ninguna de sus acciones".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 112
Que alaben al Señor todos sus siervos.
Bendito
sea el Señor, alábenlo sus
siervos. Bendito sea el Señor; desde ahora y para siempre. Que
alaben al Señor
todos sus siervos Dios está sobre todas las naciones, su
gloria por encima de
los cielos. ¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios
nuestro?
Que alaben al Señor todos sus siervos.
El tiene
en las alturas su morada y sin
embargo de esto, bajar se digna su mirada para ver tierra y
cielo.
Que alaben al Señor todos sus siervos.
El levanta
del polvo al desvalido y saca
al indigente del estiércol para hacerlo sentar entre los
grandes, los jefes de
su pueblo.
Que alaben al Señor todos sus siervos.
Pidan a Dios por todos los hombres, porque él quiere que todos se salven
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1-8
Te ruego,
pues, hermano, que ante todo
se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias
por todos los
hombres, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para
que podamos
llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y
respetable en todo
sentido.
Eso es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, que quiere
que todos los
hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la
verdad.
Porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios
y los hombres:
Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate
por todos.
El dio testimonio de esto a su debido tiempo, y del cual he
sido constituido
pregonero y apóstol -digo la verdad, no miento- para enseñar
la fe y la verdad.
Deseo, pues, que los hombres hagan oración dondequiera que se
encuentren,
levantando
sus manos puras de odios y divisiones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con
su pobreza.
Aleluya.
No pueden servir a Dios y al dinero
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Había un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue
acusado ante
él de que malgastaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Es cierto
lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque
quedas
despedido".
Entonces el administrador se puso a pensar:
"¿Qué voy a hacer ahora que se me quita el trabajo? Ya no
tengo fuerzas
para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé
lo que voy a
hacer para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me
despidan".
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo, y
dijo al
primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
El hombre respondió:
"Cien barriles de aceite".
El administrador le dijo:
"Toma tu recibo; date prisa y haz otro por cincuenta".
Luego preguntó al siguiente:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Este respondió:
"Cien sacos de trigo".
El le dijo:
"Toma tu recibo; escribe otro por ochenta".
Y el amo tuvo que reconocer que su mal administrador había
procedido con
habilidad. Y es que los que pertenecen a este mundo son más
hábiles en sus
negocios que los que pertenecen a la luz. Y yo les digo:
Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que,
cuando ustedes
mueran, los reciban en el cielo.
El que es de fiar en lo pequeño, también es de fiar en lo
importante; el que no
es honrado en lo pequeño, tampoco en lo importante es honrado.
Si no son fieles administradores del dinero, tan lleno de
injusticias, ¿quién
les confiará los bienes verdaderos?
Y si no han sido de fiar administrando bienes ajenos, ¿quién
les confiará lo
que es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos: pues, odiará a uno
y amará al otro,
o bien será fiel a uno y despreciará al otro. En resumen, no
pueden servir a
Dios y al dinero".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, por toda la humanidad y por todas
sus necesidades;
para que nunca falte a nadie la ayuda de nuestro amor:
A cada petición respondemos,
Señor, ten piedad).
Por el
santo Padre, el Papa N., por
nuestros obispos por los presbíteros y diáconos; para que
cuiden santamente del
pueblo que tienen encomendado, oremos:
Señor, ten piedad.
Por los
jefes de Estado y por los demás
gobernantes, por los responsables del bien común y por los que
tienen en sus
manos las riquezas del mundo; para que fomenten la justicia,
el bienestar, la
paz y la libertad, oremos:
Señor, ten piedad.
Por los
que padecen hambre y
necesidades, por los que están enfermos o se sienten
oprimidos, por los que añoran
la patria o viven lejos de sus familias y de sus hogares; para
que experimenten
el consuelo y la fortaleza de Dios, oremos:
Señor, ten piedad.
Para que
Dios nos conceda el gozo del
Espíritu, el perdón de los pecados, la perseverancia en la fe
y en las buenas
obras y la salvación eterna de nuestras almas, oremos:
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios nuestro, que nos llamas a amarte y a servirte como a
único Señor, ten
piedad de nuestra débil condición humana y escucha nuestras
oraciones; líbranos
del deseo de poseer riquezas y haz que, alzando al cielo
nuestras manos
limpias, te rindamos un culto puro, agradable a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que te presentamos, para que por medio de esta Eucaristía podamos obtener las gracias de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso
y eterno, por
Cristo, nuestro Señor.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de
las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundos tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
Señor, tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud; que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.
Oremos:
Concede siempre tu ayuda, Señor, a quienes has alimentado con
la Eucaristía, a
fin de que la gracia recibida en este sacramento transforme
continuamente
nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo quinto Domingo ciclo c
LOS HIJOS DE LA LUZ
— Parábola del administrador infiel.
— Utilizar en el servicio a Dios todos los medios lícitos.
— Medios humanos y medios sobrenaturales.
I. En la Primera lectura de la Misa1 resuenan los duros reproches del Profeta Amós contra los comerciantes que atropellan y se enriquecen a costa de los pobres: alteran los pesos, venden mercancía de desecho, hacen subir los precios aprovechando momentos de necesidad... Son múltiples las formas injustas que emplean para hacer prosperar sus negocios.
En el Evangelio de la Misa2 enseña el Señor, mediante una parábola, la habilidad de un administrador que es llamado a cuentas por el amo, acusado de malversar la hacienda. El administrador reflexionó sobre lo que le esperaba: ¿Qué haré, puesto que mi señor me quita la administración? Cavar no puedo; mendigar, me da vergüenza. Sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando sea retirado de la administración. Entonces llamó a los deudores de su amo y pactó con ellos un arreglo favorable a los mismos. Al primero que se presentó le dijo: ¿Cuánto debes a mi señor? Él respondió: Cien medidas de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo; aprisa, siéntale y escribe cincuenta. Después dijo a otro: ¿Tú, cuánto debes? Él respondió: Cien cargas de trigo. Y le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta.
El dueño se enteró de lo que había hecho su administrador y lo alabó por su sagacidad. Y Jesús, quizá con un poco de tristeza, añadió: los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz. No alaba el Señor la inmoralidad de este intendente que se prepara, en el poco tiempo que le queda, unos amigos que luego le reciban y ayuden. “¿Por qué puso el Señor esta parábola? –pregunta San Agustín–. No porque el siervo aquel fuera precisamente un modelo a imitar, sino porque fue previsor para el futuro, a fin de que se avergüence el cristiano que carece de esta determinación”3; alabó el empeño, la decisión, la astucia, la capacidad de sobreponerse y resolver una situación difícil, el no dejarse llevar por el desánimo.
No es raro ver el esfuerzo y los incontables sacrificios que muchos hacen para obtener más dinero, para subir dentro de la escala social... Otras veces quedamos sorprendidos incluso por los medios que se emplean para hacer el mal: prensa, editoriales, televisión, proyectos de todo orden... Pues, al menos, ese mismo empeño hemos de poner los cristianos en servir a Dios, multiplicando los medios humanos para hacerlos rendir en favor de los más necesitados: en obras de enseñanza, de asistencia, de beneficencia... El interés que otros tienen en sus quehaceres terrenos hemos de poner nosotros en ganarnos el Cielo, en luchar contra todo lo que nos separa de Cristo. “¡Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!: ilusiones de honores, ambición de riquezas, preocupaciones de sensualidad. —Ellos y ellas, ricos y pobres, viejos y hombres maduros y jóvenes y aun niños: todos igual.
“—Cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra alma tendremos una fe viva y operativa: y no habrá obstáculo que no venzamos en nuestras empresas de apostolado”4.
II. Los hijos del mundo parecen a veces más consecuentes con su forma de pensar. Viven como si solo existiera lo de aquí abajo y se afanan en ello sin medida. Quiere el Señor que pongamos en sus cosas –la santidad personal y el apostolado– al menos el mismo empeño que otros ponen en sus negocios terrenos; quiere que nos preocupemos de sus asuntos con interés, con alegría, con entusiasmo, y que todo lo encaminemos a este fin, que es lo único que verdaderamente vale la pena. Ningún ideal es comparable al de servir a Cristo, utilizando los talentos recibidos como medios para un fin que sobrevive más allá de este mundo que pasa.
Al terminar la parábola nos recuerda el Señor: Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. Y concluye: No podéis servir a Dios y al dinero. No tenemos más que un solo Señor, y a Él hemos de servir con todo el corazón, con los talentos que Él mismo nos ha dado, empleando todos los medios lícitos, la vida entera. A Él hemos de encaminar, sin excepción, los actos de la vida: el trabajo, los negocios, el descanso... El cristiano no tiene un tiempo para Dios y otro para los negocios de este mundo, sino que estos deben convertirse en servicio a Dios y al prójimo por la rectitud de intención, la justicia, la caridad. Para ser buen administrador de los talentos que ha recibido, de la hacienda de la que debe dar cuenta a su señor, el cristiano ha de saber dirigir sus acciones a promover el bien común, encontrando las soluciones adecuadas, con ingenio, con interés, con “profesionalidad”, sacando adelante o colaborando en empresas y obras buenas en servicio de los demás, teniendo la seguridad de que su quehacer vale más la pena que el negocio más atrayente. Son los laicos “los que han de intervenir en las grandes cuestiones que afectan a la presencia directa de la Iglesia en el mundo, como la educación, la defensa de la vida y del medio ambiente, las garantías en el pleno ejercicio de la libertad religiosa, la presencia del testimonio y del mensaje cristiano en los medios de comunicación social. En estas cuestiones deben ser los mismos seglares cristianos, en tanto que ciudadanos y a través de todos los cauces a que tienen legítimo acceso en el desarrollo de la vida pública, quienes deben hacer oír su voz y hacer valer sus justos derechos”5. Así servimos a Dios en medio del mundo.
No podemos permitir que el dinero se convierta, quizá poco a poco, en nuestro señor, ni el objetivo de la vida puede ser acumular la mayor cantidad de bienes posibles, tener cada día más confort y comodidad. Dios nos llama a un destino más alto. Con todos los medios a nuestro alcance hemos de trabajar “con un entusiasmo y una energía renovadas, por rehacer lo que ya ha sido destruido por una cultura materialista y hedonista, y por avivar lo que existe solo débilmente. No se trata ya de vigorizar sus raíces. En no pocos casos, en no pocos ambientes, se trata de comenzar desde el principio, casi a partir de cero. Por eso es posible hablar hoy de una nueva Evangelización”6. Es inmensa la tarea a la que el Señor –a través de su Vicario aquí en la tierra7– nos llama. No dejemos de poner lo que está a nuestro alcance: también el tiempo, el prestigio profesional, la ayuda material... “Ya lo dijo el Maestro: ¡Ojalá los hijos de la luz pongamos, en hacer el bien, por lo menos el mismo empeño y la obstinación con que se dedican, a sus acciones, los hijos de las tinieblas!
“—No te quejes: ¡trabaja, en cambio, para ahogar el mal en abundancia de bien!”8.
III. Aunque es la gracia la que cambia los corazones, el Señor quiere que utilicemos medios humanos en el apostolado, y los procedimientos lícitos que estén a nuestro alcance. Enseña Santo Tomás de Aquino9 que sería tentar a Dios no hacer lo que podemos y esperarlo todo de Él. También se aplica este principio al apostolado, donde el Señor espera de sus discípulos una cooperación sabia, efectiva y entregada. No somos instrumentos inertes. Los hijos de la luz han de poner también –junto a los medios sobrenaturales– su interés, su capacidad humana, su ingenio, su afán... al conquistar un alma para Cristo. Y en las obras apostólicas de formación, de enseñanza... serán necesarios los medios económicos, como puso de relieve el mismo Señor: En aquel tiempo en que os envié sin bolsa, sin alforja y sin zapatos, ¿por ventura os faltó algo? Nada, respondieron ellos. Pues ahora, prosiguió Jesús, el que tiene bolsa, llévela, y también alforjas; y el que no tenga espada, venda su túnica y cómprela10. Jesús mismo, para realizar su misión divina, quiso servirse muchas veces de medios terrenos: unos cuantos panes y algunos peces, un poco de barro, los bienes de unas piadosas mujeres...
Porque sabemos que la misión apostólica a la que el Señor nos llama supera la capacidad de los medios humanos que utilicemos, no dejaremos a un lado, como si fueran secundarios, los sobrenaturales. No tendremos puesta nuestra confianza en el ingenio personal, en el poder de convicción de nuestra palabra, en los bienes que son el soporte material de una empresa apostólica, sino en la gracia divina que hará milagros con esos medios, que no olvidaremos, aunque siempre son absolutamente desproporcionados. La confianza en Dios nos llevará en ocasiones a no esperar a tener todo lo necesario (quizá no lleguemos nunca a tenerlo), ni dejaremos de hacer ciertos trabajos o de empezar otros nuevos: “Se comienza como se puede”11, y pediremos a Jesús lo que nos falta y actuaremos con esa libertad y audacia que da la confianza en Dios. “Me hizo gracia tu vehemencia. Ante la falta de medios materiales de trabajo y sin la ayuda de otros, comentabas: “yo no tengo más que dos brazos, pero a veces siento la impaciencia de ser un monstruo con cincuenta, para sembrar y recoger la cosecha”.
“—Pide al Espíritu Santo esa eficacia..., ¡te la concederá!”12.
1 Am 8, 4-7. — 2 Lc 16, 1-13. — 3 San Agustín, Sermón 359, 9-11. — 4 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 317. — 5 Card. A. Suquía, Discurso a la Conferencia Episcopal española, 19-11-1990. — 6 Ibídem. — 7 Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 34. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 848. — 9 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 53, a. 1ad 1. — 10 Lc 22, 35-37. — 11 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 488. — 12 ídem, Surco, n. 616.
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"Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías", decía Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia y Patrona de las misiones.
Santa Teresa de Lisieux, como también se le conoce, nació en un matrimonio santo. Sus padres Louis Martin y Zelie Guérin fueron canonizados el 18 de octubre pasado, en el marco del Sínodo de laFamilia 2015.
Cercanos a la fiesta de esta joven carmelita que se celebra cada 1 de octubre, aquí una novena en honor a aquella que solía decir: “quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.
Se puede rezar lo que se desee, aunque sea un AveMaría u ofrecer una mortificación (aunque sea no comer chocolate o tomar café). Una respuesta de la Santa es que le regalen rosas como le pasó al Papa Francisco:
Ella vino en persona en el viaje a Filipinas:
El misterioso señor de la rosa en Buenos Aires:
En México:
En Filipinas:
En 2015, cuando el Papa Francisco viajó a Filipinas, reveló que antes de cada viaje o ante una preocupación suele pedir “una rosa” a Santa Teresita de Lisieux, a quien tiene especial devoción. “Cuando no sé cómo irán las cosas, tengo la costumbre de pedir a Santa Teresa del Niño Jesús, que lleve el problema en sus manos, y que me envíe una rosa”, explicó el Pontífice a los periodistas en esa oportunidad.
En Colombia
Aquí una novena:
Aquí se puede bajar gratis este librito espectacular escrito por Santa Teresita:
http://www.adorasi.com/biblioteca/historia-de-un-alma.php
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=Y1p1HrVkzpI
Película:
https://www.youtube.com/watch?v=rh0_9eMR1nI
https://www.youtube.com/watch?v=hy__UfXVvKg
https://www.youtube.com/watch?v=pLUZKnbkre4
https://www.youtube.com/watch?v=jblrL99G8oU
¡Santa Teresita, dame una rosita!
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Mauricio, Santo Mártir, 22 de septiembre
MártirMartirologio Romano: En Agauno (hoy Saint Maurice
d´Agaune), en la región de Valais, en el país de los
helvecios, santos mártires Mauricio, Exuperio,
Cándido, que siendo soldados, al decir de san
Euquerio de Lyon, fueron sacrificados por su fe en
Cristo, en tiempo del emperador Maximiano,
juntamente con sus compañeros de la misma legión
Tebea y el veterano Víctor, ilustrando así a la
Iglesia con su gloriosa pasión (c. 302). |
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San Mauricio (llamado también Maurice,
Moritz o Mauritius). Era el comandante de la Legión
Tebana y murió martirizado a principios del siglo III.
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Fuente: Franciscanos.org
Ignacio
de Sandone, Santo
Presbítero Capuchino, 22 de septiembre
Presbítero CapuchinoMartirologio Romano: En Turín, en la región del Piamonte,
san Ignacio de Sandone (Lorenzo Mauricio)
Belvisotti, presbítero de la Orden de Hermanos
Menores Capuchinos, asiduo en atender a penitentes y
en ayudar a enfermos (1770).
Ingresó en la Orden capuchina a la edad
de 30 años, siendo ya sacerdote, para vivir la alegría
de la obediencia. Destacó por su celo y asiduidad en
la administración del sacramento de la penitencia y en
la dirección de las almas, y por su sabiduría y
prudencia en la formación de los novicios. Lo
beatificó Pablo VI en 1966, y lo canonizó Juan Pablo
II en el 2002. |
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Fuente: Lasalle.org
Martires
Lasallistas en Valencia, Beatos Mártires, 22 de
septiembre
Los cinco beatos a los cuales dedicamos
estas páginas, eran miembros del Instituto de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Su única
preocupación era seguir a Jesús en la vocación a la
cual los había llamado: santificarse educando a los
niños y jóvenes, enseñándoles a vivir cristianamente. |
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Fuente: Vatican.va
Luis
Maria Monti, Beato
Laico Fundador, 22 de septiembre
Fundador de los
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Fuente: Vatican.va
José
Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires, Beatos Mártires
durante la persecución
religiosa en España, 22 de septiembre
La II República española, proclamada el
14 de abril de 1931, llegó impregnada de fuerte
anticlericalismo. Apenas un mes más tarde se
produjeron incendios de templos en Madrid, Valencia,
Málaga y otras ciudades, sin que el Gobierno hiciera
nada para impedirlos y sin buscar a los responsables
para juzgarles según la ley. Los daño fueron inmensos,
pero el Gobierno no los reparó ni material ni
moralmente, por lo que fue acusado de connivencia. La
Iglesia había acatado a la República no sólo con
respeto sino también con espíritu de colaboración por
el bien de España. Estas fueron las instrucciones que
el Papa Pío XI y los obispos dieron a los católicos.
Pero las leyes sectarias crecieron día por día. En
este contexto fue suprimida 1a Compañía de Jesús y
expulsados los jesuitas. |
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J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a los fariseos:
"Había un hombre rico que se vestía de púrpura y telas finas y
banqueteaba
espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro yacía a la entrada de su casa,
cubierto de llagas,
y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del
rico. Y hasta los
perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno
de Abrahán. Murió
también el rico y lo enterraron. Y estando en el lugar de
castigo, en medio de
tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a
Lázaro junto a él. Entonces
gritó:
"Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en
agua la
punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan
estas
llamas".
Pero Abrahán le contestó:
"Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes, y Lázaro, en
cambio,
males; por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres
tormentos.
Pero, además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo
inmenso, que nadie
puede cruzar,
ni hacia allá ni hacia acá".
El rico insistió:
"Te ruego, entonces, padre Abrahán, que mandes a Lázaro a mi
casa, pues
tengo cinco hermanos, para que les advierta con su testimonio, y
no acaben
también ellos en este lugar de tormento".
Abrahán le respondió:
"Ya tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".
Pero el rico insistió:
"No, Padre Abrahán. Pero si un muerto va a decírselo, entonces
sí se
arrepentirán".
Abrahán repuso:
"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni
aunque
resucite un muerto"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra ti y desobedecimos tus mandatos; pero da honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia.
Oremos:
Dios nuestro, que con tu perdón y tu misericordia nos das la
prueba más
delicada de tu omnipotencia; apiádate de nosotros, pecadores,
para que no
desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Los que lleven una vida disoluta, irán al destierro
Lectura del libro del profeta Amós 6, 1a. 4-7
Esto dice el Señor
todopoderoso: "¡Ay de ustedes,
los que se sienten seguros en Sión y los que ponen su
confianza en el monte
sagrado de Samaria! Se reclinan sobre divanes adornados con
marfil, se
recuestan sobre almohadones para comer los corderos del rebaño
y las terneras
en engorda.
Canturrean al son del arpa, creyendo cantar como David. Se
atiborran de vino,
se ponen los perfumes más costosos, pero no se preocupan por
las desgracias de
sus hermanos.
Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos y se
acabará la orgia de
los disolutos"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 145
alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
El Señor
siempre es fiel a su palabra, y
es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los
hambrientos y
libera al cautivo.
alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
Abre el
Señor los ojos de los ciegos y
alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al
forastero a su
cuidado.
alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
A la viuda
y al huérfano sustenta y
trasforma los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh
Sión, reina por siglos.
alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
Cumple todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16
Hermanos: Tú, cómo
hombre de Dios, lleva una vida de
rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en
el noble combate
de la fe, conquistada la vida eterna a la que has sido llamado
y de la que
hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.
Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y
de Cristo Jesús,
que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno
que cumplas fiel
e irreprochablemente, todo lo mandado, hasta la venida de
nuestro Señor
Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios, el
bienaventurado y
único soberano, rey de los reyes y Señor de los señores, el
único que posee la
inmortalidad, el que habita en luna luz inaccesible y quien
ningún hombre ha
visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico,
se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.
Aleluya.
Tú recibiste bienes, y
Lázaro males; ahora él goza de
consuelo, mientras que tú sufres
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a los fariseos:
"Había un hombre rico que se vestía de púrpura y telas finas y
banqueteaba
espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro yacía a la entrada de su casa,
cubierto de llagas,
y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del
rico. Y hasta los
perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al
seno de Abrahán.
Murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el lugar
de castigo, en
medio de tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a
Abrahán y a Lázaro
junto a él. Entonces gritó:
"Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en
agua la
punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan
estas
llamas".
Pero Abrahán le contestó:
"Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes, y Lázaro, en
cambio,
males; por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú
sufres tormentos.
Pero, además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo
inmenso, que nadie
puede cruzar,
ni hacia allá ni hacia acá".
El rico insistió:
"Te ruego, entonces, padre Abrahán, que mandes a Lázaro a mi
casa, pues
tengo cinco hermanos, para que les advierta con su testimonio,
y no acaben
también ellos en este lugar de tormento".
Abrahán le respondió:
"Ya tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".
Pero el rico insistió:
"No, Padre Abrahán. Pero si un muerto va a decírselo, entonces
sí se
arrepentirán".
Abrahán repuso:
"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni
aunque
resucite un muerto"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos, y hermanas, por todos los seres humanos y
por sus
necesidades, para que a nadie falte nunca la ayuda de nuestra
caridad:
A cada petición
respondemos:
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
vivifique su Iglesia y le conceda
santos y numerosos ministros, que iluminen y santifiquen a los
fieles, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda a
los gobernantes el deseo de
ser justos, e infunda en los responsables de los pueblos el
sentido de la
unidad de la familia humana, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los que buscan
a Dios sinceramente encuentren
la verdad que desean; y habiéndola encontrado, descansen
contemplándola,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
perdone nuestras culpas, no permita
que recaigamos en el pecado y nos libre de una muerte
imprevista, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, tú que llamas por su propio nombre al pobre y
desconoces el de
quien vive en medio de las riquezas; escucha nuestras
oraciones, haz justicia a
los oprimidos y concédenos que, al escuchar tu palabra,
creamos que Cristo ha regresado verdaderamente de entre los
muertos; y nos
acogerá, al término de nuestros días, en el seno de nuestro
padre Abrahán.
Por Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Acepta, Padre
misericordioso, nuestros dones y
conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, fuente de
toda bendición para
tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
En quien vivimos, nos movemos y somos; y, todavía peregrinos
en este mundo, no
sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino
que poseemos ya en
prenda la vida futura, pues al poseer las primicias del
Espíritu, por el cual
resucitaste a Jesús de entre los muertos, podemos esperar que
un día sea
nuestra Pascua eterna.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con
los ángeles:
Recuerda, Señor, la promesa que hiciste a tu siervo. En ella he puesto toda mi esperanza y es mi consuelo en la aflicción.
Oremos:
Que esta Eucaristía renueve, Señor, nuestro cuerpo y nuestro
espíritu para que
podamos participar de la herencia gloriosa de tu Hijo, cuya
muerte hemos
anunciado y compartido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo sexto Domingo
ciclo c
COMPARTIR
— Parábola del mal rico y del pobre Lázaro.
— Con el uso que hagamos de los bienes aquí en la tierra estamos ganando o perdiendo el Cielo.
— Desprendimiento. Compartir con los demás lo que el Señor pone en nuestras manos.
I. La Primera lectura de la Misa1 nos presenta al Profeta Amós que llega del desierto a Samaria. Aquí se encuentra con los dirigentes del pueblo entregados a una vida muelle, que encubre todo género de vicios y el completo olvido del destino del país, que va a la ruina. Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo -les recrimina el Profeta-..., os ungís con perfumes y no os doléis de los desastres de José. Y Amós les señala la suerte que les espera: Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Esta profecía se cumpliría unos años más tarde.
A lo largo de la liturgia de este domingo se pone de manifiesto cómo el excesivo afán de confort, de bienes materiales, de comodidad y lujo lleva en la práctica al olvido de Dios y de los demás, y a la ruina espiritual y moral. El Evangelio2 nos describe a un hombre que no supo sacar provecho de sus bienes. En vez de ganarse con ellos el Cielo, lo perdió para siempre. Se trata de un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y tenía cada día espléndidos banquetes. Mientras que muy cerca de él, a su puerta, estaba echado un mendigo, Lázaro, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros le lamían sus llagas.
La descripción que nos hace el Señor en esta parábola tiene fuertes contrastes: gran abundancia en uno, extrema necesidad en el otro. De los bienes en sí nada se dice. El Señor hace notar el empleo que se hace de ellos: vestidos extremadamente lujosos y banquetes diarios. A Lázaro, ni siquiera le llegan las sobras.
Los bienes del rico no habían sido adquiridos de modo fraudulento; ni este tiene la culpa de la pobreza de Lázaro, al menos directamente: no se aprovechó de su miseria para explotarlo. Tiene, sin embargo, un marcado sentido de la vida y de los bienes: “se banqueteaba”. Vive para sí, como si Dios no existiera. Ha olvidado algo que el Señor recuerda con mucha frecuencia: no somos dueños de los bienes, sino administradores.
Este hombre rico vive a sus anchas en la abundancia; no está contra Dios ni tampoco oprime al pobre. únicamente está ciego para ver a quien le necesita. Vive para sí, lo mejor posible. ¿Su pecado? No vio a Lázaro, a quien hubiera podido hacer feliz con menos egoísmo y menos afán de cuidarse de lo suyo. No utilizó los bienes conforme al querer de Dios. No supo compartir. “La pobreza –comenta San Agustín– no condujo a Lázaro al Cielo, sino su humildad, y las riquezas no impidieron al rico entrar en el eterno descanso, sino su egoísmo y su infidelidad”3.
El egoísmo, que muchas veces se concreta en el afán desmedido de poseer cada vez más bienes materiales, deja ciegos a los hombres para las necesidades ajenas y lleva a tratar a las personas como cosas; como cosas sin valor. Pensemos hoy que todos tenemos a nuestro alrededor gente necesitada, como Lázaro. Y no olvidemos que los bienes que hemos recibido para administrarlos bien, con generosidad, son también afecto, amistad, comprensión, cordialidad, palabras de aliento...
II. Con el ejercicio que hagamos de los bienes que Dios ha depositado en nuestras manos estamos ganando o perdiendo la vida eterna. Este es tiempo de merecer. Por eso, no sin un hondo misterio, dirá el Señor: Es mejor dar que recibir4. Más se gana dando que recibiendo: se gana el Cielo. Siendo generosos, descubriendo en los demás a hijos de Dios que nos necesitan, somos felices aquí en la tierra y más tarde en la vida eterna. La caridad es siempre realización del Reino de Dios, y el único bagaje que sobrenadará en este mundo que pasa. Y hemos de estar atentos por si Lázaro está en nuestro propio hogar, en la oficina o en el taller donde trabajamos.
En la Segunda lectura5, San Pablo, después de recordar a Timoteo que la raíz de todos los males es la avaricia y que muchos perdieron la fe a causa de ella6, escribe: Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas y busca la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la constancia y la mansedumbre. Conquista la vida eterna a la que has sido llamado...
Los cristianos, hombres y mujeres de Dios, hemos sido elegidos para ser levadura que transforme y santifique las realidades terrenas. Debemos preservar de la muerte a todos los que nos rodean, como hicieron los primeros cristianos en los lugares en los que les tocó vivir. Y al ver el afán que ponen tantos en las cosas materiales, tenemos que comprender que para ser fermento en medio del mundo hay que estar atentos para vivir el desprendimiento de lo que poseemos. Poco o nada podríamos hacer a nuestro alrededor si no pusiéramos esfuerzo y empeño en no tener cosas superfluas, en frenar los gastos, en llevar una vida sobria, en practicar con magnanimidad las obras de misericordia. Mostraremos, en primer lugar con el ejemplo, que la salvación del mundo y su felicidad no está en los medios materiales, por importantes que estos sean, sino en ordenar la vida según el querer divino.
La sobriedad, la templanza, el desprendimiento nos llevarán a la vez a ser generosos: ayudando a los más necesitados, sacando adelante con nuestro tiempo, con los talentos que Dios nos ha dado, con bienes materiales en la medida de nuestras posibilidades, obras buenas, que eleven el nivel de formación, de cultura, de atención a los enfermos... Esta generosidad nos enseñará a librarnos de nuestro egoísmo, del apego desordenado a los bienes materiales. Y así, “estaremos en condiciones de hacernos solidarios con los que sufren, con los pobres y enfermos, con los marginados y oprimidos. Nuestra sensibilidad crecerá, y no nos costará ver en el prójimo necesitado de ayuda al mismo Jesucristo. Es Él quien nos lo ha dicho y ahora nos lo recuerda: Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40). El día del juicio estas serán nuestras credenciales. Y comprenderemos también entonces que de nada nos habrá servido ganar todo el mundo, si al final no hubiéramos sabido amar con obras y de verdad a nuestros hermanos”7.
III. No os acomodéis a este mundo...8, exhortaba San Pablo a los primeros cristianos de Roma. Cuando se vive con el corazón puesto en los bienes materiales es muy difícil ver las necesidades de los demás, y se hace también cada vez más costoso ver a Dios. El rico de la parábola “fue condenado porque no ayudó a otro hombre. Porque ni siquiera cayó en la cuenta de Lázaro, de la persona que se sentaba en su portal y ansiaba las migajas de su mesa”9. Y todos debemos dar mucho y enseñar a otros a que sean generosos.
Los cristianos no podemos cruzarnos de brazos ante esa ola de materialismo que parece envolverlo todo y que deja agostada la capacidad para lo sobrenatural; y mucho menos dejarnos atrapar por ese sentido de la vida que solo ve el aspecto rentable de cada circunstancia, negocio o puesto de trabajo. “La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural”10, que nos llevará en primer lugar a vivir personalmente la pobreza que Jesús declaró bienaventurada, aquella que “está hecha de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con los demás, de sentido de justicia, de hambre del reino de los cielos, de disponibilidad a escuchar la palabra de Dios y a guardarla en el corazón (cfr. Libertatis conscientia, 66).
“Distinta es la pobreza que oprime a multitud de hermanos nuestros en el mundo y les impide su desarrollo integral como personas. Ante esta pobreza, que es carencia y privación, la Iglesia levanta su voz convocando y suscitando la solidaridad de todos para debelarla”11.
Hemos de ver hermanos en quienes nos rodean, hermanos necesitados con quienes compartimos el inmenso tesoro de la fe que hemos recibido, la alegría, la amistad, los bienes económicos. No podemos quedar indiferentes al contemplar este mundo nuestro, donde tantos padecen necesidad de pan, de cultura..., de fe.
A la vez, deberemos examinar si nuestro desprendimiento es real, con consecuencias prácticas, si nuestra vida es ejemplar por la sobriedad y la templanza en el uso de esos bienes, y sobre todo, y como una consecuencia efectiva de ese desprendimiento, si tenemos puesto nuestro corazón en el tesoro que no pasa, que resiste al tiempo, al orín y a la polilla12. A Cristo lo tendremos por una eternidad sin fin. Cuando hayamos de dejar todo lo de aquí, no nos costará demasiado si hemos tenido el corazón puesto en Él. “¡Oh, qué dulce se me hizo carecer tan repentinamente de los deleites de aquellas bagatelas! –exclamaba San Agustín recordando su conversión–; cuanto temía antes el perderlas, lo gustaba ahora al dejarlas. Pues Tú, que eres la verdadera y suma dulzura, las arrojabas de mí; y no solamente las arrojabas, sino que entrabas Tú en su lugar, Tú que eres más dulce que todo deleite, más claro que toda luz, más interior que todo secreto y más sublime que todos los honores”13. ¡Qué pena si, alguna vez, no supiéramos apreciarlo!
1 Am 6, 1; 4-7. — 2 Lc 16, 19-31. — 3 San Agustín, Sermón 24, 3. — 4 Hech 20, 25. — 5 1 Tim 6, 11-16. — 6 1 Tim 6, 10. — 7 A. Fuentes, El sentido cristiano de la riqueza, Rialp, Madrid 1988, p. 176. — 8 Rom 12, 2. — 9 Juan Pablo II, Homilía en el Yankee Stadium, Nueva York 2-X-1979. — 10 S. C. Para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 22-III-1986, 89. — 11 Juan Pablo II, Homilía, México 7-V-1990. — 12 Cfr. Lc 12, 33. — 13 San Agustín, Confesiones, 9, 1, 1.
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San
Miguel, San Gabriel y San Rafael
Arcángeles
Hoy
celebramos la fiesta de los tres
Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura
La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el
principal. Y ángel. O
sea "principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de
los ángeles.
San Miguel.
Este nombre
significa: "¿Quién como
Dios? O: "Nadie es como Dios".
A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el
capítulo 12 del libro
de Daniel a donde se dice: "Al final de los tiempos aparecerá
Miguel, al
gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y
entonces los
muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida
Eterna, y los que
hicieron el mal, para el horror eterno".
En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo
siguiente: "Hubo
una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron
contra Satanás y
los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en
el cielo, y fue
arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo.
Ay de la
tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran
furor,
sabiendo que le queda poco tiempo".
En la Carta de San Judas Tadeo se dice: "El Arcángel San Miguel
cuando se
le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’".
Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.
La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al
Arcángel San Miguel,
especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del
demonio y de los
espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a
defendernos, con el gran
poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe
de los
ejércitos celestiales.
San
Gabriel.
Su nombre significa: "Dios es mi protector".
A este Arcángel se le nombra varias
veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta
Daniel el tiempo en
el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: "Se me
apareció
Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de
años (o sea
490 años) aparecerá el Santo de los Santos" (Dan. 9).
Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que
jamás se le haya
confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de
Dios. Por eso
se le venera mucho desde la antigüedad.
Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para
anunciarle que iba
a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: "Yo soy Gabriel, el
que está en
la presencia de Dios" (Luc. 1, 19).
San Lucas dice: "Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una
ciudad de
Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le
dijo: ‘Salve
María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al
oír aquel
saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has
hallado gracia
delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por
nombre Jesús. Él
será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’".
San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los
comunicadores, porque
trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se
hacía hombre.
San Rafael.
Su nombre significa: "Medicina de
Dios".
Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a
Tobías y acompañar
al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle
una santa
esposa.
Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San
Rafael es muy
invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente
los viajes.
Novena a
los
Santos Angeles
2 de Octubre

Meditación
Los ángeles
nos acompañan en adoración.
Son ministros del Señor, infinitamente bueno. Es voluntad de
Dios que nos
ayuden a adorarle.
Los ángeles presiden las reuniones del culto cristiano,
como se ve por
las oraciones de la Iglesia. La liturgia es una participación de
la que
celebran los ángeles en el Cielo. Unámonos a ellos con
reverencia para alabar a
Dios. Su ministerio consiste en inspirarnos con fe y amor a que
realicemos
dignamente nuestra adoración. Nos preparamos internamente para
recibir los
Sacramentos, pues la Iglesia los invoca en nuestra ayuda.
Los ángeles nos ayudan contra el mal. Ellos nos ayudan en
la lucha
contra el diablo. El Nuevo Testamento nos pide que tengamos fe
en Dios, fe en
Cristo, y que usemos las armas de Dios. Dios envió sus ángeles
para darnos la
ayuda que necesitamos contra el mal. Este es su misterio en la
obra de nuestra
salvación, continuando la batalla una vez comenzada contra
Lucifer y sus
ángeles rebeldes.
Nos inspiran pensamientos contra las insinuaciones
diabólicas y nos
invitan a que acudamos a Dios en oración. Solo en el Cielo
conoceremos lo mucho
que realmente nos han ayudado en la lucha contra el diablo.
Los ángeles anhelan nuestra salvación. Con los ángeles
participamos de
la vida divina, y somos como ellos criaturas de Dios en Cristo
Jesús. Por eso,
ellos anhelan nuestra salvación; que juntos con ellos
glorifiquemos a Dios y
disfrutemos viendo su gloria.
Con gozo los ángeles aceptan las misiones que Dios los
encomienda para
nuestra santificación. Vencedores de los demonios, los ángeles
nos protegen
contra los enemigos del alma. Haríamos bien pidiéndoles que nos
asistan para
rechazar las tentaciones del Malo.
Los ángeles, además, presentan nuestras oraciones ante
Dios acompañando
con sus plegarias nuestras peticiones. Nos conviene, pues,
encomendarnos a
ellos especialmente en los momentos difíciles y sobre todo en la
hora de la
muerte, para que nos defiendan de los ataques del enemigo y
lleven nuestras
almas al Cielo.
Tenemos Ángel de la Guarda. Hay algunos ángeles con
misión de cuidar de
las almas en particular. Se les llaman Angeles de la Guarda. Es
doctrina
tradicional de los primeros escritores de la Iglesia, basada en
textos de la Sagrada
Escritura y fundada sobre razones sólidas. Lo prueba el hecho de
haber
establecido la fiesta en honor de los Angeles de la Guarda.
El Creador no abandona las criaturas a que dio
existencia; les
proporciona cuanto necesiten para lograr su perfección natural.
Cristo murió
por todos y para todos mereció los medios de salvación. La
asistencia de los
ángeles es parte del plan de Dios para salvar a todas las
gentes.
Los ángeles también oran por nosotros. En las vidas de
los santos
observamos que se comunican frecuentemente con los ángeles.
Comunicación
fundada en la sencilla fe de que espíritus invisibles a quienes
el amor induce
a orar por las personas en particular y por las comunidades ante
el torno de
Dios.
Los ángeles ayudan ante todo en el campo espiritual y
sobrenatural. Esto
lleva consigo su solicitud por las necesidades corporales en la
medida en que
éstas se relacionan con la salvación y santificación.
Debemos amar y venerar al propio Angel de la Guarda, por
que él nos
mantiene en comunicación con el Cielo. Ha sido siempre y
continúa siendo
nuestro devoto amigo, dispuesto en todo momento a ayudarnos en
nuestro camino
del Cielo.
Honrando a nuestro Angel de la Guarda, honramos a Dios al
mismo tiempo,
pues lo representan en la tierra. Es gran honor tener por amigo
a criatura tan
bella y leal a Dios.
La Palabra de Dios
He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado.
Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Ex 23, 20-21
Que Él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.
Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; Sal 91, 11-12
“Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. Mt 18, 10
Oraciones
Oración propia de la novena
Padre
Celestial, Creador de cielo y
tierra, te alabo y te doy gracias porque, además de crear el
mundo visible, has
creado los cielos y los innumerables espíritus. Los creaste con
todo esplendor,
dotados de poder y de entendimiento, y dándoles en abundancia
las riquezas de
tu gracia.
Te alabo y te doy gracias por haber derramado estas
bendiciones sobre
los ángeles buenos, en especial sobre mi Angel de la Guarda, y
por haberles
premiado con la gloria eterna cuando pasaron el tiempo de
prueba. Ahora rodean
tu trono para siempre jubilosos: Santo, santo, santo, ¡ Señor
Dios de los
ejércitos! El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.
¡Hosanna en las
alturas!
Hijo eterno de Dios, te rindo honor como al Rey de los
ángeles. Tú mismo
te has dignado nombrarte y actuar como ellos viviendo entre
nosotros, como
Angel y Mensajero de Dios. Fuiste el compañero fiel y el
constante guía del
pueblo escogido. Por tu encarnación viniste a ser el embajador
de nuestro Padre
celestial y el Mensajero del gran decreto de la Redención.
Para tu mayor gloria, amable Rey de los ángeles, deseo
alabar y honrar a
tus servidores, los santos ángeles, en especial a mi Angel de la
Guarda. En
unión de los santos ángeles te adoro y reverencio como mi
Salvador y mi Dios.
Espíritu Santo, divino Artista, Dedo de la mano de Dios,
con tu poder y
amor creaste los ejercito de los ángeles para adorar y servir a
Dios. Lo
cumplen con fidelidad constante y pronta obediencia. Con amor
ferviente y santo
celo ejecutan tus órdenes. Divino Espíritu, Tú nos creaste
también a semejanza
tuya y nos convertiste en templos vivos de nuestras almas.
Te doy gracias por habernos dado tus santos ángeles, que
nos ayudan,
protegen y guían para que perseveremos en tu gracia durante el
viaje de la vida
y lleguemos salvos a nuestro hogar del Cielo. Ayúdame a escuchar
atentamente
sus órdenes para cumplir perfectamente tu santa voluntad y
hallar al mismo
tiempo felicidad en esta vida y en la venidera.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en
honor de los santos
ángeles te pido que, si es tu voluntad, me concedas esta gracia
particular
(mencione el favor que desea)
Oración a los ángeles
Angeles y
Arcángeles, Tronos y
Dominaciones, Principados y Poderes. Virtudes de los Cielos,
Querubines y Serafines
alaben al Señor por siempre.
Alaben al Señor todos sus ejércitos, siervos que cumplen su
voluntad.
Santo Angel que confortaste a Jesucristo, nuestro Señor, ven y
confórtanos a
nosotros también. ¡Ven no tardes!
Oración a nuestro Angel de la Guarda
Querido Angel
de la Guarda, por la
misericordia de Dios me has sido dado para que seas fiel
compañero de mi
destierro en este mundo. Te honro y amo como amigo devoto a
quien Dios ha
encomendado el cuidado de mi alma inmortal. Te doy gracias de
todo corazón por
tu amor y constante cuidado de mí.
Queridísimo amigo-Angel, te pido me guardes y protejas a mí,
pobre pecador.
Guíame por el camino de la vida. Amonéstame contra cualquier
ocasión de pecado,
llena mi alma de saludables pensamientos y decidido ánimo de
practicar la
virtud. Intercede para que yo participe de tu ardiente celo en
el servicio de
Dios y con devoción ame su divina voluntad.
Perdóname querido ángel por haber menospreciado con tanta
frecuencia tus
consejos y no haber hecho caso de tus consejos y no haber hecho
de tus
inspiraciones. Procuraré en lo futuro obedecerte con decisión y
fidelidad. Tú
sabes lo que vale mi alma a los ojos de Dios. No me permitas
olvidar que fue
redimida por la preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Que
ninguna mancha
de pecado desfigure la belleza de mi alma, ningún mal
pensamiento o acción me
prive de la dignidad de hijo de Dios. No permitas que sirva de
escándalo, ni
sea ocasión de pecado para otros destruyendo así la obra que
Cristo ha
realizado en sus almas con su dolorosísima Pasión y Muerte.
Querido Angel Guardián, haz que yo disfrute de tu
protección en este
peligroso comino de la vida hasta alcanzar mi eterno hogar en el
Cielo donde,
en unión contigo y los demás Angeles y Santos, alabe para
siempre la misericordia
que Dios tiene conmigo. Amén.
Oración final
¡Oh Dios!
Por tu providencia te has complacido en mandar tus santos
ángeles para que nos
protejan, nos defiendan siempre, nos custodien y disfrutemos de
su compañía.
¡Señor! Te suplicamos visites nuestro hogar y alejes
todas las
asechanzas del enemigo. Que tus santos ángeles habiten nuestra
casa y nos
custodien en paz. Tu bendición siempre nos acompañe.
¡Todopoderoso y eterno Dios! En tu amable providencia has
designado a
todos desde el día de su nacimiento un ángel particular para que
sea Guardián
de su cuerpo y alma. Concédeme amar y honrar al mío de tal modo
que, protegido
por sus gracias, y con su ayuda, merezca contemplarte en su
compañía y la de
todos los ejércitos celestiales, la gloria de tu rostro en el
Reino celestial.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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San Miguel Arcángel, el defensor contra los demonios, en especial en la hora de la muerte

Se dice que en una ocasión San Anselmo contó de un religioso piadoso que recibió grandes tentaciones del demonio justo cuando estaba a punto de morir. El enemigo se le presentó acusándolo de todos los pecados que había cometido antes de su bautismo tardío, pero San Miguel Arcángel también se apareció y le respondió que todos esos pecados quedaron borrados con el Bautismo.
Luego satanás acusó al religioso de los pecados cometidos después del bautismo y San Miguel replicó que estos fueron perdonados con la confesión general que hizo antes de profesar.
El maligno entonces lo acusó de las ofensas y negligencias de su vida religiosa, pero el Arcángel alegó que esos habían quedado perdonados por sus confesiones y por todos los buenos actos que hizo en su vida religiosa, de manera especial por la obediencia a su superior. Luego añadió que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de la enfermedad que el religioso vivó con resignación y paz.
Otro relato sobre la protección de San Miguel Arcángel a los moribundos se encuentra en los escritos de San Alfonso María de Ligorio, quien narró que había un hombre polaco de la nobleza que estuvo viviendo por muchos años en pecado mortal y lejos de la vida de Dios. Cuando ya estaba moribundo, se encontraba lleno de terror, torturado por los remordimientos y con desesperación.
No obstante, aquel hombre había sido devoto de San Miguel Arcángel y Dios, en su misericordia, permitió que el jefe de la milicia celestial se le apareciera y lo alentara al arrepentimiento. Asimismo le dijo que había orado por él y que le había obtenido más tiempo de vida para que lograra salvarse.
Al poco rato llegaron a la casa de aquel agonizante dos sacerdotes dominicos, quienes dijeron que se les había aparecido un joven extraño pidiéndoles que fueran a ver al moribundo. Es así que el pecador se confesó con lágrimas de sincero arrepentimiento, recibió la Santa Comunión y murió reconciliado con Dios en brazos de estos dos presbíteros.
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Fuente:
Vatican.va
Luis Monza, Beato Presbítero y Fundador, 29 de septiembre
Sacerdote y Fundador Martirologio Romano: Don Luis Monza, sacerdote de la
Archidiócesis de Milán y fundador de las Pequeñas
Apóstoles de la Caridad.
Nació en Cislago, provincia de Varese
(Italia), el 22 de junio de 1898, en una familia
campesina cuyas únicas riquezas eran el trabajo y la fe.
Entró en el seminario a los dieciocho años, después de
haber conocido a fondo la fatiga del trabajo del campo.
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Renato Goupil. Santo Mártir, 29 de septiembre
Martirologio Romano: En Ossernenon, pasión de san Renato
Goupil, mártir, que, médico y cooperador con san Isaac
Jogues, fue asesinado a golpes de hacha por un nativo
(1642).
San René Goupil, nació en Anjou (Francia)
el 15 de mayo de 1608 y murió el 29 de septiembre de
1642 en Ossernenon (cerca de Nueva York, E.E.U.U.). Es
un Santo Mártir jesuita y primer mártir en EE.UU. |
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Alarico de Ufnau, Santo Eremita, 29 de septiembre
Eremita Martirologio Romano: En la isla de Ufnau, del lago de
Zurich, entre los helvecios (hoy Suiza), san Adelrico
o Alarico, presbítero y eremita (s. X).
Hay personas que entran jóvenes en las
congregaciones religiosas, San Alarico entró muy joven
en la abadía de los Benedictinos de Eissieden, Suiza. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Juan de Dukla, Santo Presbítero, 29 de septiembre
Presbítero Franciscano Martirologio Romano: En Lviv, en Polonia (hoy en Ucrania),
san Juan de Dukla, presbítero de la Orden de Hermanos
Menores, que vivió una vida oculta y ascética según
usanza de los Observantes, con ferviente dedicación
pastoral a la cura de almas y fomento de la unidad de
los cristianos (1484).
Sacerdote profeso de la Orden de los
Frailes Menores, primero Conventual y luego Observante o
Bernardino. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Nicolás de Forca Palena, Beato Monje y Presbítero, 29 de
septiembre
Monje y Presbítero Martirologio Romano: En Roma, beato Nicolás de Furca
Palena, presbítero de la Orden de San Jerónimo,
fundador del monasterio de San Onofre, en la colina
del Janículo, descansando ya centenario en el Señor
(1449).
Nicolás vivió de la mitad del siglo XIV a
la mitad del siglo XV; exponente del imponente
movimiento de la Tercera Orden Franciscana que abarca
desde los palacios reales hasta las casitas de los
tejedores, asumiendo formas muy diversas de vida
religiosa; la magnífica flexibilidad de la regla la hace
apta para santificar todos los estados y todas las
almas. Así tenemos a santa Brígida de Suecia, esposa
modelo, madre de 8 hijos, que, después de haber
peregrinado a los grandes santuarios, permanece en Roma,
donde inicia una vida pobre, premiada con visiones,
fundadora de una escuela de perfección. Santa Isabel,
reina de Portugal, San Elzeario de Sabran y la Beata
Delfina de Glandèves, quienes desde el trono irradian
fulgores de santidad, San Conrado Confalonieri, que
cuando la mujer se hace clarisa, parte como peregrino
por Italia, y concluye su vida en el eremitorio de Noto
en Sicilia en la oración y en la penitencia. San Roque
de Montpellier, quien de rico, se hace pobre e
itinerante por los caminos de Francia e Italia, dejando
un heroico mensaje evangélico en momentos de luchas y
pestes. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Santiago de Rafelbuñol, Beato Presbítero y Mártir, 29 de
septiembre
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Gilet, cerca de la ciudad de
Valencia, en España, beato Jaime Mestre Iborra,
presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos
y mártir, que derramó su sangre por Cristo durante la
persecución religiosa (1936).
Un total de 12 capuchinos y 5 clarisas
recibieron la corona del martirio durante la persecución
religosa en España servían al Señor y a la Iglesia
viviendo y trabajando en la Comunidad Valenciana. |
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Juan de Montmirail, Beato Monje, 29 de septiembre
Monje Cisterciense Martirologio Romano: En el monasterio cisterciense de Longpont, en Francia, beato Juan de Montmirail, que dejó su profesión de esclarecido caballero por la de humilde monje (1217). |
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Una persona cristiana es aquella que está
llena de Dios y de su Espíritu. Y cuando esto sucede se
siente querido por todo el mundo, y trabaja sin descanso
por amor al Evangelio. |
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J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los
apóstoles dijeron al Señor:
"Auméntanos la fe".
El Señor les contestó:
"Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, podrían decir a ese
árbol
frondoso:
"Arráncate de raíz y plántate en el mar", y los obedecería.
¿Quién de ustedes, si tiene un trabajador que labra la tierra o
pastorea los
rebaños,
le dice cuando regresa del campo: "Entra enseguida y ponte a
comer?"
¿No le dirá más bien: "Prepárame de comer y sírveme para que yo
coma y
beba; y después comerás y beberás tú?"¿Tendrá acaso que
mostrarse
agradecido con el trabajador, porque ha hecho lo mandado?
Así también ustedes: cuando hayan cumplido todo lo mandado,
digan:
"No somos más que siervos, hemos hecho lo que teníamos que
hacer"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Todo depende de tu voluntad, Señor, y nadie puede resistirse a ella. Tú has hecho los cielos y la tierra y las maravillas que contienen. Tú eres el Señor del universo.
Oremos:
Padre lleno de amor, que nos concedes siempre más de lo que
merecemos y
deseamos; perdona misericordiosamente nuestras ofensas y
otórganos aquellas
gracias que no hemos sabido pedirte y tú sabes que
necesitamos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El justo vivirá por su fe
Lectura del libro del profeta Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4
"¿Hasta cuándo, Señor,
pediré auxilio sin que me
escuches? ¿Te denunciaré a gritos la violencia que reina, sin
que vengas a
salvarme? ¿Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas
mirando la opresión?
Ante mí no hay más que asaltos y violencias, y surgen
rebeliones y
desórdenes".
El Señor me respondió así:
"Escribe la visión que te he manifestado, grábala en
tablillas, para que
se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo
lejano, pero que viene
corriendo y no fallará; si tarda, espera, pues llegará sin
falta. El malvado
sucumbirá sin remedio, pero el justo vivirá por su fe".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan,
lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de
júbilo, y démosle
gracias.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y
puestos de rodillas adoremos y
bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y
nosotros, su pueblo;
él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle
caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el
desierto,
cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis
obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 6-8.13-14
Querido hermano: Te
recomiendo que reavives el don de
Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque el Señor
no nos ha dado
un espíritu de temor, sino un espíritu de fortaleza, amor y
moderación.
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni te
avergüences de mí,
que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo
los sufrimientos
por la predicación del Evangelio sostenido por la fuerza de
Dios.
Conforma tu predicación a la sólida doctrina que recibiste de
mí acerca de la
fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Guarda
este tesoro con la
ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre. Y ésa es la palabra
que se les ha
anunciado.
Aleluya.
¡Si ustedes tuvieran fe...!
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los
apóstoles dijeron al Señor:
"Auméntanos la fe".
El Señor les contestó:
"Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, podrían decir a
ese árbol
frondoso:
"Arráncate de raíz y plántate en el mar", y los obedecería.
¿Quién de ustedes, si tiene un trabajador que labra la tierra
o pastorea los
rebaños,
le dice cuando regresa del campo: "Entra enseguida y ponte a
comer?"
¿No le dirá más bien: "Prepárame de comer y sírveme para que
yo coma y
beba; y después comerás y beberás tú?"¿Tendrá acaso que
mostrarse
agradecido con el trabajador, porque ha hecho lo mandado?
Así también ustedes: cuando hayan cumplido todo lo mandado,
digan:
"No somos más que siervos, hemos hecho lo que teníamos que
hacer"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Hermanos, por, todos los hombres y por sus necesidades, para
que nunca falte a
nadie la ayuda de nuestra caridad:
Respondemos:
Señor, ten piedad.
Para que la Iglesia viva
en paz, crezca
constantemente, se extienda por todo el mundo y persevere con
alegría en la
presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que el Señor
conceda a los que gobiernan el
espíritu sabiduría y de prudencia, a fin de que rijan a sus
pueblos pensando en
la paz común ya en el bien y la prosperidad de sus súbditos,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que Dios Padre
libere al mundo de toda falsedad,
hambre y miseria, y auxilie a los perseguidos, a los
encarcelados y a los que
son tratados injustamente, roguemos al Señor
Señor, ten piedad.
Para que todos nosotros
realicemos nuestro trabajo con
espíritu cristianos y consigamos frutos abundantes por
nuestras obras.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Señor Dios, dueño supremo de la vida y autor de la
resurrección, delante del
cual hasta los muertos viven, escuchan nuestras oraciones y
haz que la palabra
de tu Hijo, sembrada en nuestros corazones, germine y dé fruto
abundante y que
todos seamos confirmados en la esperanza de la resurrección y
la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, este sacrificio de alabanza que tú mismo instituiste, y realiza en nosotros la obra de santificación que con su muerte nos mereció tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Las maravillas de la creación
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo entero, estableciste el continuo
retorno de las
estaciones, y al ser humano, formado a tu imagen y semejanza,
sometiste las
maravillas del mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la
creación, y, al
contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por
Cristo, Señor
nuestro.
A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.
Que esta comunión, Señor, sacie nuestra hambre y nuestra sed de ti y nos transforme en tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
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† Meditación diaria
Vigésimo
séptimo Domingo
ciclo c
AUMENTAR LA FE
— Avivar continuamente el amor a Dios.
— Pedir al Señor una fe firme, que influya en todas nuestras obras.
— Actos de fe.
I. La liturgia de este domingo se centra en la virtud de la fe, En la Primera lectura1 el Profeta Habacuc se lamenta ante el Señor del triunfo del mal, tanto en el pueblo castigado por medio del invasor, como por los mismos escándalos de este. ¿Hasta cuándo clamaré, Señor...? (...). ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes...”, se queja el Profeta. El Señor le responde al fin con una visión en la que le exhorta a la paciencia y a la esperanza, pues llegará el día en que los malos serán castigados: la visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin echarse atrás. Sucumbirá quien no tenga su alma recta, pero el justo vivirá por la fe. Aun cuando en ocasiones pueda parecer que triunfa el mal y quienes lo llevan a cabo, como si Dios no existiese, llegará a cada uno su día y se verá que realmente ha salido vencedor quien ha mantenido su fidelidad al Señor. Vivir de fe es entender que Dios nos llama cada día y en cada momento a vivir, con alegría, como hijos suyos, siendo pacientes y teniendo puesta la esperanza en Él.
En la Segunda lectura2, San Pablo exhorta a Timoteo a mantenerse firme en la vocación recibida y a llenarse de fortaleza para proclamar la verdad sin respetos humanos: Aviva el fuego de la gracia de Dios...; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio... Santo Tomás comenta que “la gracia de Dios es como un fuego, que no luce cuando lo cubre la ceniza”; y así ocurre cuando la caridad está cubierta por la tibieza o por los respetos humanos3. La fortaleza ante un ambiente adverso y la capacidad de dar a conocer, en cualquier lugar, la doctrina de Cristo, de participar en los duros trabajos del Evangelio, viene determinada por la vida interior, por el amor a Dios, que hemos de avivar continuamente, como una hoguera, con una fe cada vez más encendida. Esto es lo que le pedimos al Señor: Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y los deseos de los que te suplican: derrama sobre nosotros tu misericordia...4, concédenos aun aquello que no nos atrevemos a pedir5, una fe firme que avive nuestro amor, para superar nuestras propias flaquezas y para ser testimonios vivos allí donde se desarrolla nuestra vida. “¡Qué diferencia entre esos hombres sin fe, tristes y vacilantes en razón de su existencia vacía, expuestos como veletas a la “variabilidad” de las circunstancias, y nuestra vida confiada de cristianos, alegre y firme, maciza, en razón del conocimiento y del convencimiento absoluto de nuestro destino sobrenatural!”6. ¡Qué fuerza comunica la fe! Con ella superamos los obstáculos de un ambiente adverso y las dificultades personales, con frecuencia más difíciles de vencer.
II. Existe una fe muerta, que no salva: es la fe sin obras7, que se muestra en actos llevados a cabo a espaldas de la fe, en una falta de coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. Existe también una “fe dormida”, “esa forma pusilánime y floja de vivir las exigencias de la fe que todos conocemos con el nombre de tibieza. En la práctica, la tibieza es la insidia más solapada que puede hacerse a la fe de un cristiano, incluso de lo que muchos llamarían un buen cristiano”8. Necesitamos nosotros una fe firme, que nos lleve a alcanzar metas que están por encima de nuestras fuerzas y que allane los obstáculos y supere los “imposibles” en nuestra tarea apostólica. Es esta virtud la que nos da la verdadera dimensión de los acontecimientos y nos permite juzgar rectamente de todas las cosas. “Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la Palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hech 17, 28), buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre”9.
En ocasiones Jesús llama a los Apóstoles hombres de poca fe10, pues no estaban a la altura de las circunstancias. Está el Mesías con ellos y tiemblan de miedo ante una tempestad en el mar11 o se preocupan excesivamente por el futuro12, cuando es el mismo Creador el que les ha llamado a seguirle. El Evangelio de la Misa nos presenta a los Apóstoles que, conscientes de su fe escasa, le piden a Jesús: Auméntanos la fe13. Así lo hizo el Señor, pues todos terminarían dando su vida, supremo testimonio de la fe, por atestiguar su firme adhesión a Cristo y a sus enseñanzas. Se cumplió la Palabra del Señor: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este árbol: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería. La transformación de las almas de quienes se cruzaron en su camino fue un milagro aún mayor.
También nosotros nos encontramos en ocasiones faltos de fe, como los Apóstoles, ante dificultades, carencia de medios... Tenemos necesidad de más fe. Y esta se aumenta con la petición asidua, con la correspondencia a las gracias que recibimos, con actos de fe. “Nos falta fe. El día en que vivamos esta virtud –confiando en Dios y en su Madre–, seremos valientes y leales. Dios, que es el Dios de siempre, obrará milagros por nuestras manos.
“—¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea!”14.
III. ¡Señor, auméntanos la fe! ¡Qué estupenda jaculatoria para que se la repitamos al Señor muchas veces! Y junto a la petición, el ejercicio frecuente de esta virtud: cuando nos encontremos en alguna necesidad, en el peligro, cuando nos veamos débiles, ante el dolor, en las dificultades del apostolado, cuando parece que las almas no responden... cuando nos encontremos delante del Sagrario.
Muchos actos de fe hemos de hacer en la oración y en la Santa Misa. Se cuenta de Santo Tomás que cuando miraba la Sagrada Forma, al elevarla en el momento de la Consagración, repetía: Tu rex gloriae, Christe; tu Patris sempiternus es Filius, “Tú eres el rey de la gloria, Tú eres el Hijo sempiterno del Padre”. Y San Josemaría Escrivá solía decir interiormente en esos mismos instantes: Adauge nobis fidem, spem et charitatem, “auméntanos la fe, la esperanza y la caridad”, y Adoro te devote, latens deitas, “Te adoro con devoción, Dios escondido”, mientras hacía la genuflexión15. Muchos fieles tienen la costumbre de repetir devotamente en ese momento, con la mirada puesta en el Santísimo Sacramento, aquella exclamación del Apóstol Tomás ante Jesús resucitado: ¡Señor mío y Dios mío! De cualquier forma, no podemos dejar que pase esa oportunidad sin manifestar al Señor nuestra fe y nuestro amor.
A pesar del afán por formarnos, por conocer cada vez mejor a Cristo, es posible que alguna vez nuestra fe vacile o tengamos temores y respetos humanos para manifestarla. La fe es un don de Dios que nuestra poquedad a veces no puede sostener. En ocasiones es tan pequeña como un granito de mostaza. No nos sorprendamos por nuestra debilidad, pues Dios cuenta con ella. Imitemos a los Apóstoles cuando se dan cuenta de que todo aquello que ven y oyen les supera. Pidámosle entonces, a través de Nuestra Señora y con la humildad de los discípulos, que aumente nuestra fe, para que, como ellos, podamos ser fieles hasta el final de nuestros días y llevemos a muchos hasta Él, como hicieron quienes le han seguido de cerca en todos los tiempos.
Nuestra Madre Santa María será siempre el punto de apoyo donde encontrará firmeza la fe y la esperanza, pero de modo muy particular cuando nos sintamos más débiles y necesitados, cuando nos veamos con menos fuerzas. “Nosotros, los pecadores, sabemos que Ella es nuestra Abogada, que jamás se cansa de tendernos su mano una y otra vez, tantas cuantas caemos y hacemos ademán de levantarnos; nosotros, los que andamos por la vida a trancas y barrancas, que somos débiles hasta no poder evitar que nos lleguen a lo más vivo esas aflicciones que son condición de la humana naturaleza, nosotros sabemos que es el consuelo de los afligidos, el refugio donde, en último término, podemos encontrar un poco de paz, un poco de serenidad, ese peculiar consuelo que solo una madre puede dar y que hace que todo vuelva a estar bien de nuevo. Nosotros sabemos también que, en esos momentos en que nuestra impotencia se manifiesta en términos casi de exasperación o de desesperación, cuando ya nadie puede hacer nada y nos sentimos absolutamente solos con nuestro dolor o nuestra vergüenza, arrinconados en un callejón sin salida, todavía Ella es nuestra esperanza, todavía es un punto de luz. Ella es aún el recurso cuando ya no hay a quien recurrir”16.
1 Hab 1, 2-3; 2, 2-4. — 2 2 Tim 1, 6-8; 13-14. — 3 Santo Tomás, Comentario a la Segunda Carta a los Corintios, 1, 6. — 4 Misal Romano, Oración colecta de la Misa. — 5 Ibídem. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 73 . — 7 Cfr. Sant 2, 17. — 8 P. Rodríguez, Fe y vida de fe, p. 138. — 9 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4. — 10 Mt 8, 26; 6, 30. — 11 Cfr. Mt 8, 26. — 12 Cfr. Mt 6, 30. — 13 Lc 17, 5. — 14 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 235. — 15 Cfr. A.Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1983, p. 267 ss. — 16 F. Suárez, La puerta angosta, Rialp, 9ª ed. Madrid 1985, pp. 227-228.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Bruno
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Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura metálica" (Brunne, en alemán es coraza).
Este santo se hizo famoso por haber
fundado la comunidad religiosa más austera y penitente, los
monjes cartujos,
que viven en perpetuo silencio y jamás comen carne ni toman
bebidas alcohólicas.
Nació en Colonia, Alemania, en el año 1030. Desde joven demostró poseer grandes cualidades intelectuales, y especialísimas aptitudes para dirigir espiritualmente a los demás. Ya a los 27 años era director espiritual de muchísimas personas importantes. Uno de sus dirigidos fue el futuro Papa Urbano II.
Ordenado sacerdote fue profesor de teología durante 18 años en Reims, y Canciller del Sr. Arzobispo, pero al morir éste, un hombre indigno, llamado Manasés, se hizo elegir arzobispo de esa ciudad, y ante sus comportamientos tan inmorales, Bruno lo acusó ante una reunión de obispos, y el Sumo Pontífice destituyó a Manasés. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a nuestro santo, pero él no lo quiso aceptar, porque se creía indigno de tan alto cargo. El destituido en venganza, le hizo quitar a Bruno todos sus bienes y quemar varias de sus posesiones.
Dicen que por aquel tiempo oyó Bruno una narración que le impresionó muchísimo. Le contaron que un hombre que tenía fama de ser buena persona (pero que en la vida privada no era nada santo) cuando le estaban celebrando su funeral, habló tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". Y decían que las gentes se habían asustado muchísimo y habían huido de él y que el cadáver había sido arrojado al fondo de un río caudaloso. Estas narraciones y otros pensamientos muy profundos que bullían en su mente, llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, en un sitio bien alejado de todos.
Teniendo todavía abundantes riquezas y gozando de la amistad de altos personajes y de una gran estimación entre la gente, y pudiendo, si aceptaba, ser nombrado Arzobispo de Reims, Bruno renunció a todo esto y se fue de monje al monasterio de San Roberto en Molesmes. Pero luego sintió que aunque allí se observaban reglamentos muy estrictos, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartamiento completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. Iba a hacer una nueva fundación.
San Hugo, obispo de Grenoble, vio en un sueño que siete estrellas lo conducían a él hacia un bosque apartado y que allá construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Cartuja, y los nuevos religiosos recibieron el nombre de Cartujos.
San Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es quizás el más severo que ha existido para una comunidad. Silencio perpetuo. Levantarse a media noche a rezar por más de una hora. A las 5:30 de la mañana ir otra vez a rezar a la capilla por otra hora, todo en coro. Lo mismo a mediodía y al atardecer.
Nunca comer carne ni tomar licores. Recibir visitas solamente una vez por año. Dedicarse por varias horas al día al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados con el mundo... Es un reglamento propio para hombres que quieren hacer gran penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.
San Hugo llegó a admirar tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual, y cada vez que podía se iba al convento de la Cartuja a pasar unos días en silencio y oración y pedirle consejos al santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el día en que se encontró con Bruno la primera vez, sintió hacia él una veneración tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando tenía problemas muy graves que resolver. Y aun se cuenta que una vez a Rogerio le tenían preparada una trampa para matarlo, y en sueños se le apareció San Bruno a decirle que tuviera mucho cuidado, y así logró librarse de aquel peligro.
Por aquel tiempo había sido nombrado Papa Urbano II, el cual de joven había sido discípulo de Bruno, y al recordar su santidad y su gran sabiduría y su don de consejo, lo mandó ir hacia Roma a que le sirviera de consejero. Esta obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para irse a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeció inmediatamente. Es difícil calcular la tristeza tan grande que sus monjes sintieron al verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompañarlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.
Los últimos años del santo los pasó entre misiones que le confiaba el Sumo Pontífice, y largas temporadas en el convento dedicado a la contemplación y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande.
Murió el 6 e octubre del año 1101 dejando en la tierra como recuerdo una fundación religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a él, el ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.
Que sean pocas tus palabras (S. Biblia).
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Beato Bartolo Longo, de satanista a "Apóstol del Rosario"
El Beato Bartolo Longo fue un abogado y laico que fundó del Santuario de la Virgen delRosario de Pompeya (Italia), y que además se dedicó a enseñar elcatecismo y a difundir la devoción al Santo Rosario.
Durante su juventud se introdujo en el espiritismo hasta que finalmente Dios tocó su corazón y se convirtió. El Beato Longo fue definido por el Papa San Juan Pablo II como “el hombre de la Virgen”.
En la homilía de su beatificación, el 26 de octubre de 1980, el Santo Padre dijo que él “por amor a María se convirtió en escritor, apóstol del Evangelio, propagador del Rosario, fundador del célebre santuario en medio de enormes dificultades y adversidades; por amor a María creó institutos de caridad, se hizo mendigo para los hijos de los pobres. transformó Pompeya en una ciudadela de bondad humana y cristiana; por amor a María soportó en silencio tribulaciones y calumnias, pasando a través de un largo Getsemaní, confiando siempre en la Providencia, obediente siempre al Papa y la Iglesia”.
Bartolo Longo nació en la localidad de Latiano (Italia) el 10 de febrero de 1841. Antes de obtener la licenciatura como abogado en la Universidad de Nápoles, se enredó en la moda anticristiana de la época y se dedicó a la política, las supersticiones y al espiritismo: llegó a ser “medium” de primer rango y “sacerdote espiritista”.
Por otro lado, la filosofía atea de Hegel y el racionalismo de Renán lo tenían totalmente atrapado. Empezó a odiar a la Iglesia, organizando conferencias contra ella y alabando a los que criticaban al clero.
Gracias a la influencia de su amigo Vicente Pepe y del dominico P. Alberto Radente volvió de nuevo a la fe. Su conversión llegó el día del Sagrado Corazón de Jesús en 1865, en la Iglesia del Rosario de Nápoles.
Tras su encuentro con Cristo abandonó la vida libertina y se dedicó a las obras de caridad y al estudio de la religión.
Más tarde escribió, haciendo alusión a su propia experiencia, que “no puede haber ningún pecador tan perdido, ni alma esclavizada por el despiadado enemigo del hombre, Satanás, que no pueda salvarse por la virtud y eficacia admirable del santísimo Rosario de María, agarrándose de esa cadena misteriosa que nos tiende desde el cielo la Reina misericordiosísima de las místicas rosas para salvar a los tristes náufragos de este borrascosísimo mar del mundo”.
En 1876, bajo sugerencia del Obispo de Nola, inició una campaña para construir un templo en Pompeya. Como resultado de la cooperación y la intercesión de la Virgen María surgió el hermoso Santuario.
El 5 de octubre de 1926, a la edad de 85 años murió en Pompeya. En su testamento había dejado escrito lo siguiente: “Deseo morir como terciario dominico… entre los brazos de la Virgen del Rosario, con la asistencia de mi padre Santo Domingo y de mi madre Santa Catalina de Sena”.
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Fe (Foy), Santa Virgen y Mártir, Octubre 6
MártirMartirologio Romano: En Agen,
ciudad de Aquitania, santa Fe, mártir (s. IV). |
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Fuente: ACI Prensa
María
Francisca de las Cinco Llagas de Jesús, Santa Religiosa,
Octubre 6
María Francisca de NápolesNació en Nápoles, Italia en 1715. Su
padre era un tejedor, hombre de terrible mal genio, y
la madre era una mujer extraordinariamente piadosa.
Desde muy pequeñita fue obligada por su padre a
trabajar muchas horas cada día en su taller de
hilados, pero la mamá aprovechaba todo rato libre para
leerle libros piadosos y llevarla al templo a orar. El
párroco, admirado de su piedad y viendo que se sabía
de memoria el catecismo, la admitió a los 8 años a la
Primera Comunión, y al año siguiente la encargó de
preparar a varios niños. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Magno
Obispo de Odezzo, Santo
Obispo y Confesor, 6 Octubre
Según la tradición, Magno nació en Altino
en una familia noble, probablemente en el último
cuarto del siglo VI. Después de realizar estudios
humanísticos en su ciudad natal, se retiró para hacer
vida eremítica a una isla de una laguna cercana, donde
se preparó para el sacerdocio. Fue ordenado en la
ciudad de Oderzo, donde ejerció su sacerdocio
combatiendo a los últimos propagadores del paganismo y
a la infiltración arriana proveniente de la diócesis
(Ceneda), ocupada por los Lombardos. |
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Fuente:
Passiochristi.org
Isidoro
de San José De Loor, Beato
Presbítero Pasionista, 6 Octubre
Los santos pueden parecer todos iguales,
pero al final vemos que no existe uno igual a otro.
También Isidoro ofrece su vida al Señor en sacrificio
y escribe a los suyos: "Los he dejado para vivir solo
para el Señor y trabajar mucho por la salvación de mi
alma, de la de ustedes y de las de muchos otros". |
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Maria Rosa Durocher, Beata Virgen, Fundadora, 6 Octubre
Batizada con el nombre de Eulalie
Durocher nació en San Antoine-sur-Richelieu (Canadá)
el 6 de octubre de 1811. Ella vió la gran necesidad de
instrucción para la juventud. Sobre todo las jóvenes
recibían muy poca instrucción. |
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Fuente: Santiebeati.it
Artaldo
de Belley, Santo
Monje y Obispo, 6 de octubre
Monje y ObispoMartirologio Romano: En la Cartuja de Arvières, en la
Borgoña, fundada por él mismo, san Artaldo, obispo
de Belley, que tenía cerca de noventa años cuando, a
pesar suyo, fue elegido obispo, pero a los dos años
renunció, volviendo a la vida monástica, y falleció
a la edad de ciento seis años (1206).
El "Martyrologium Romanum" lo recuerda al
6 de octubre con el nombre de Artaldo, en Francia se
lo conoce como Arthaud o Arthold. Nació hacia el 1101
en el castillo de Sothonod, parroquia de Songieu, en
Valromey (Departamento francés de Ain cuya capital es
Bourg-en-Bresse). |
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San Román, obispo |
J†A
JMJ
Pax
¿No ha vuelto más que este extranjero, para dar gloria a Dios?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, yendo
Jesús camino de Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estando
cerca de un
pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se
detuvieron a lo lejos y
a gritos le decían:
"Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros".
Al verlos, Jesús les dijo:
"Vayan a presentarse a los sacerdotes".
Y mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno de
ellos, viendo
que estaba curado, regresó alabando a Dios en voz alta, y se
postró a los pies
de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Entonces dijo
Jesús:
"¿No eran diez los que quedaron limpios?; ¿dónde están los otros
nueve?
¿No ha vuelto más
que este extranjero, para dar gloria a Dios?"
Después le dijo al samaritano:
"Levántate y vete; tu fe te ha salvado".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, Señor, ¿quién habría que se salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón.
Oremos:
Te pedimos, Señor, que tu gracia nos inspire y acompañe
siempre, de manera que
podamos descubrirte en todos y amarte y servirte en cada uno.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Volvió Naamán adonde estaba el hombre de Dios y alabó al Señor
Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17
En aquellos días Naamán,
general del ejército de
Siria, que estaba leproso, se bañó siete veces en el Jordán,
como se lo había
mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia
como la de un niño.
Volvió con su comitiva adonde el hombre de Dios y se le
presentó diciendo:
"Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel. Te pido que
aceptes estos
regalos de parte de tu servidor".
Pero Eliseo contestó:
"Juro por el Señor, en cuya presencia estoy, que no aceptaré
nada".
Y por más que Naamán insistía, Eliseo no aceptó. Entonces
Naamán le dijo:
"Ya que te niegas, concédeme al menos que me den unos sacos
con tierra de
este lugar, los que puedan llevar un par de mulas. La usaré
para construir un
altar al Señor tu Dios, pues a ningún otro dios volveré a
ofrecer más
sacrificios".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 97
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.
Cantemos
al Señor un canto nuevo, pues
ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado
la victoria.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.
El Señor
ha dado a conocer su victoria y
ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha
demostrado Dios su amor
y su lealtad hacia Israel.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.
La tierra
entera ha contemplado la
victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo
al Señor.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.
Si nos mantenemos firmes, reinaremos con Cristo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-13
Querido hermano:
Recuerda siempre que Jesucristo,
descendiente de David, resucitó de entre los muertos conforme
al Evangelio que
yo predico. Por este Evangelio sufro hasta llevar cadenas,
como un malhechor.
Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo
sobrellevo todo por amor
a los elegidos, para que ellos también alcancen en Cristo
Jesús la salvación y,
con ella, la gloria eterna.
Es doctrina segura:
Si morimos con él, viviremos con él.
Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él
nos negará. Si
somos infieles, él permanece fiel, porque no puede
contradecirse a sí mismo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo
que Dios quiere que
ustedes hagan.
Aleluya.
¿No ha vuelto más que este extranjero, para dar gloria a Dios?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, yendo
Jesús camino de Jerusalén, pasó
entre Samaria y Galilea. Estando cerca de un pueblo, le
salieron al encuentro
diez leprosos, que se detuvieron a lo lejos y a gritos le
decían:
"Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros".
Al verlos, Jesús les dijo:
"Vayan a presentarse a los sacerdotes".
Y mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno
de ellos, viendo
que estaba curado, regresó alabando a Dios en voz alta, y se
postró a los pies
de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Entonces
dijo Jesús:
"¿No eran diez los que quedaron limpios?; ¿dónde están los
otros nueve?
¿No ha vuelto más
que este extranjero, para dar gloria a Dios?"
Después le dijo al samaritano:
"Levántate y vete; tu fe te ha salvado".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Llenos de confianza en el Señor, oremos, hermanos y hermanas,
por todas las
personas y por sus necesidades:
Respondemos: Padre, escúchanos.
Para que Dios conceda el
espíritu de paciencia y
caridad a los cristianos perseguidos por su nombre, y los
ayude a ser testigos
fieles y verídicos de su Evangelio, roguemos al Señor.
Padre, escúchanos.
Para que Dios conceda
prudencia a los gobernantes y
honradez a todos los súbditos, a fin de que se mantengan la
armonía y la
justicia en la sociedad, roguemos al Señor.
Padre, escúchanos.
Para que el Señor, el
único que puede hacer prosperar
el trabajo humano, bendiga los esfuerzos de los trabajadores y
haga que la
tierra dé frutos abundantes para todos roguemos al Señor.
Padre, escúchanos.
Para que Dios no permita
que en la hora de nuestra
muerte, desesperados y sin acordarnos de él, nos sintamos como
arrancados de
este mundo; sino que, confiados y con una gran paz, lleguemos
a la vida feliz y
eterna, roguemos al Señor.
Padre, escúchanos.
Celebrante:
Dios nuestro, fuente y origen de la vida temporal y eterna:
escucha las
oraciones de tu Iglesia y haz que no busquemos únicamente la
salud del cuerpo;
que los que nos hemos reunido este domingo volvamos a alabarte
por el don de la
fe, y que toda la Iglesia sea testigo de la salvación que tú
obras
continuamente en Cristo, tu Hijo, que vive y reina por los
siglos de los
siglos.
Amén.
Acepta, Señor, nuestras ofrendas, y concédenos que esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las etapas de la historia de la salvación en Cristo
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza
caída; con su muerte,
destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y
en su ascensión,
nos abrió el camino de tu Reino.
Por eso,
con los ángeles y los santos, ten cantamos el himno de
alabanza diciendo sin
cesar:
Los que buscan riquezas sufren pobreza y padecen hambre; los que buscan al Señor
no carecen de nada.
Oremos:
Te pedimos humildemente, Señor, que el Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo que hemos
recibido en alimento, nos comuniquen su misma vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo octavo domingo
ciclo c
SER AGRADECIDOS
— Curación de los diez leprosos.
— El Señor nos espera para darle gracias, pues son incontables los dones que recibimos cada día.
— Ser agradecidos con todos los hombres.
I. La Primera lectura de la Misa1 nos recuerda la curación de Naamán de Siria, sanado de la lepra por el Profeta Eliseo. El Señor se sirvió de este milagro para atraerlo a la fe, un don mucho mayor que la salud del cuerpo. Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel, exclamó Naamán al comprobar que se encontraba sano de su terrible enfermedad. En el Evangelio de la Misa2, San Lucas nos relata un hecho similar: un samaritano –que, como Naamán, tampoco pertenecía al pueblo de Israel– encuentra la fe después de su curación, como premio a su agradecimiento.
Jesús, en su último viaje a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea le salieron al encuentro diez leprosos que se detuvieron a lo lejos, a cierta distancia del lugar donde se encontraban el Maestro y el grupo que le acompañaba, pues la Ley prohibía a estos enfermos3 acercarse a las gentes. En el grupo va un samaritano, a pesar de que no había trato entre judíos y samaritanos4, por una enemistad secular entre ambos pueblos. La desgracia les ha unido, como ocurre en tantas ocasiones en la vida. Y levantando la voz, pues están lejos, dirigen a Jesús una petición, llena de respeto, que llega directamente a su Corazón: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. Han acudido a su misericordia, y Cristo se compadece y les manda ir a mostrarse a los sacerdotes, como estaba preceptuado en la Ley5, para que certificaran su curación. Se encaminaron donde les había indicado el Señor, como si ya estuvieran sanos; a pesar de que todavía no lo estaban, obedecieron. Y por su fe y docilidad, se vieron libres de la enfermedad.
Estos leprosos nos enseñan a pedir: acuden a la misericordia divina, que es la fuente de todas las gracias. Y nos muestran el camino de la curación, cualquiera que sea la lepra que llevemos en el alma: tener fe y ser dóciles a quienes, en nombre del Maestro, nos indican lo que debemos hacer. La voz del Señor resuena con especial fuerza y claridad en los consejos que nos dan en la dirección espiritual,
II. Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Nos podemos imaginar fácilmente su alegría. Y en medio de tanto alborozo, se olvidaron de Jesús. En la desgracia, se acuerdan de Él y le piden; en la ventura, se olvidan. Solo uno, el samaritano, volvió atrás, hacia donde estaba el Señor con los suyos. Probablemente regresó corriendo, como loco de contento, glorificando a Dios a gritos, señala el Evangelista. Y fue a postrarse a los pies del Maestro, dándole gracias. Es esta una acción profundamente humana y llena de belleza. “¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, “gracias a Dios”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad”6. Ser agradecido es una gran virtud.
El Señor debió de alegrarse al ver las muestras de gratitud de este samaritano, y a la vez se llenó de tristeza al comprobar la ausencia de los demás. Jesús esperaba a todos: ¿No son diez los que han quedado limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están?, preguntó. Y manifestó su sorpresa: ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino solo este extranjero? ¡Cuántas veces, quizá, Jesús ha preguntado por nosotros, después de tantas gracias! Hoy en nuestra oración queremos compensar muchas ausencias y faltas de gratitud, pues los años que contamos no son sino la sucesión de una serie de gracias divinas, de curaciones, de llamadas, de misteriosos encuentros. Los beneficios recibidos –bien lo sabemos nosotros– superan, con mucho, las arenas del mar7, como afirma San Juan Crisóstomo.
Con frecuencia tenemos mejor memoria para nuestras necesidades y carencias que para nuestros bienes. Vivimos pendientes de lo que nos falta y nos fijamos poco en lo que tenemos, y quizá por eso lo apreciamos menos y nos quedamos cortos en la gratitud. O pensamos que nos es debido a nosotros mismos y nos olvidamos de lo que San Agustín señala al comentar este pasaje del Evangelio: “Nuestro, no es nada, a no ser el pecado que poseemos. Pues ¿qué tienes que no hayas recibido? (1 Cor 4, 7)”8.
Toda nuestra vida debe ser una continua acción de gracias. Recordemos con frecuencia los dones naturales y las gracias que el Señor nos da, y no perdamos la alegría cuando pensemos que nos falta algo, porque incluso eso mismo de lo que carecemos es, posiblemente, una preparación para recibir un bien más alto. Recordad las maravillas que Él ha obrado9, nos exhorta el Salmista. El samaritano, a través del gran mal de su lepra, conoció a Jesucristo, y por ser agradecido se ganó su amistad y el incomparable don de la fe: Levántate y vete: tu fe te ha salvado. Los nueve leprosos desagradecidos se quedaron sin la mejor parte que les había reservado el Señor. Porque –como enseña San Bernardo– “a quien humildemente se reconoce obligado y agradecido por los beneficios con razón se le prometen muchos más. Pues el que se muestra fiel en lo poco, con justo derecho será constituido sobre lo mucho, así como, por el contrario, se hace indigno de nuevos favores quien es ingrato a los que ha recibido antes”10.
Agradezcamos todo al Señor. Vivamos con la alegría de estar llenos de regalos de Dios; no dejemos de apreciarlos. “¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: “¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!...”“11. ¿Agradecemos, por ejemplo, la facilidad para limpiar nuestros pecados en el Sacramento del perdón? ¿Damos gracias frecuentemente por el inmenso don de tener a Jesucristo con nosotros en la misma ciudad, quizá en la misma calle, en la Sagrada Eucaristía?
III. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas12, invita el Salmo responsorial. Cuando vivimos de fe, solo encontramos motivos para el agradecimiento. “Ninguno hay que, a poco que reflexione, no halle fácilmente en sí mismo motivos que le obligan a ser agradecido con Dios (...). Al conocer lo que Él nos ha dado, encontraremos muchísimos dones por los que dar gracias continuamente”13.
Muchos favores del Señor los recibimos a través de las personas que tratamos diariamente, y por eso, en esos casos, el agradecimiento a Dios debe pasar por esas personas que tanto nos ayudan a que la vida sea menos dura, la tierra más grata y el Cielo más próximo. Al darle gracias a ellas, se las damos a Dios, que se hace presente en nuestros hermanos los hombres. No nos quedemos cortos a la hora de corresponder. “No creamos cumplir con los hombres porque les damos, por su trabajo y servicios, la compensación pecuniaria que necesitan para vivir. Nos han dado algo más que un don material. Los maestros nos han instruido, y los que nos han enseñado el oficio, o también el médico que ha atendido la enfermedad de un hijo y lo ha salvado de la muerte, y tantos otros, nos han abierto los tesoros de su inteligencia, de su ciencia, de su habilidad, de su bondad. Eso no se paga con billetes de banco, porque nos han dado su alma. Pero también el carbón que nos calienta representa el trabajo penoso del minero; el pan que comemos, la fatiga del campesino: nos han entregado un poco de su vida. Vivimos de la vida de nuestros hermanos. Eso no se retribuye con dinero. Todos han puesto su corazón entero en el cumplimiento de su deber social: tienen derecho a que nuestro corazón lo reconozca”14. De modo muy particular, nuestra gratitud se ha de dirigir a quienes nos ayudan a encontrar el camino que conduce a Dios.
El Señor se siente dichoso cuando también nos ve agradecidos con todos aquellos que cada día nos favorecen de mil maneras. Para eso es necesario pararnos, decir sencillamente “gracias” con un gesto amable que compensa la brevedad de la palabra... Es muy posible que aquellos nueve leprosos ya sanados bendijeran a Jesús en su corazón..., pero no volvieron atrás, como hizo el samaritano, para encontrarse con Jesús, que esperaba. Quizá tuvieron la intención de hacerlo... y el Maestro se quedó aguardando. También es significativo que fuera un extranjero quien volviera a dar las gracias. Nos recuerda a nosotros que a veces estamos más atentos a agradecer un servicio ocasional de un extraño y quizá damos menos importancia a las continuas delicadezas y consideraciones que recibimos de los más allegados.
No existe un solo día en que Dios no nos conceda alguna gracia particular y extraordinaria. No dejemos pasar el examen de conciencia de cada noche sin decirle al Señor: “Gracias, Señor, por todo”. No dejemos pasar un solo día sin pedir abundantes bendiciones del Señor para aquellos, conocidos o no, que nos han procurado algún bien. La oración es, también, un eficaz medio para agradecer: Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado...
1 2 Rey 5, 14-17. — 2 Lc 17, 11-19. — 3 Cfr. Lev 13, 45. — 4 Cfr. 2 Rey 17, 24 ss.; Jn 4, 9. — 5 Cfr. Lev 14, 2. — 6 San Agustín, Epístola 72. — 7 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 25, 4. — 8 San Agustín, Sermón 176, 6.— 9 Sal 104, 5. — 10 San Bernardo, Comentario al Salmo 50, 4, 1. — 11 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 894. — 12 Salmo responsorial. Sal 97, 1-4. — 13 San Bernardo, Homilía para el Domingo VI después de Pentecostés, 25, 4. — 14 G. Chevrot, “Pero Yo os digo”, Rialp, Madrid 1981, pp. 117-118.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

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[VIDEO] "Milagro del sol" de la Virgen de Fátima ocurrió un 13 de octubre
El 13 de octubre de 1917, ante miles de peregrinos que llegaron a Fátima (Portugal), se produjo el denominado “Milagro del sol”, en el que, luego de la aparición de la Virgen María a los pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía, se pudo ver al sol temblar, en una especie de “danza”, según relataron los que estaban ahí.
Luego de una intensa lluvia, las oscuras nubes se abrieron y dejaron ver el sol, que según los testigos lucía como un suave disco de plata. Entonces, la luz del sol tomó diferentes colores y el sol pareció caer sobre las miles de personas, que se habían ya puesto de rodillas.
El periodista del diario portugués O Século, Avelino de Almeida, estimó entre los 30 mil a 40 mil personas, las presentes al momento del milagro, mientras que el profesor de ciencias naturales de la Universidad de Coimbra Joseph Garrett, que al igual que el periodista De Almeida estuvo en el lugar ese día, estimó el número de testigos en 100 mil.
El milagro duró alrededor de tres minutos. Además del “Milagro del sol”, los pastorcitos dijeron haber visto imágenes de Jesús, la Virgen María y San José bendiciendo a la multitud.
En la actualidad, cada 13 de octubre también se inicia la Novena a San Juan Pablo II, aquel “Santo Padre” del que se habló en el tercer secreto de Fátima.
Para conocer más sobre el “Milagro del sol”, puede ingresar a: https://www.aciprensa.com/Maria/Fatima/aparicion-virgen6.htm
San Juan Pablo II y la Virgen de Fátima: Una historia que unió el cielo y la tierra
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La milagrosa cruz en la tierra que presagió el nacimiento de una gran mística del siglo XX

A unas 40 millas al norte de Oporto (Portugal) se encuentra la aldea de Balazar, lugar donde nació la mística Beata Alejandrina Da Costa (1904-1955), quien quedó paralítica huyendo de un grupo de hombres que querían violarla y fue conocida por recibir los dolores de la pasión y crucifixión de Cristo.
En Balazar, muchos años antes del nacimiento de la Beata, apareció una extraña cruz en la tierra que permanece visible hasta hoy. Era el jueves delCorpus Christi de 1832 y, cerca de la iglesia, los fieles que iban a Misa se percataron de la misteriosa cruz.
Por aquel tiempo el párroco de Balazar envió una carta al Arzobispo de Braga, contándole que “la tierra que mostraba esta cruz era de un color más blanco que la otra, y parecía haber caído el rocío en toda la tierra, menos en el sitio donde estaba la cruz”.
“Pedí que barrieran todo el polvo y la tierra que estaba dispersa en ese sitio y continuó apareciendo como antes en ese mismo sitio con la misma forma de la cruz. Mandé que le echaran agua en abundancia para que la cruz y la tierra se borraran. Entonces la tierra que mostraba la forma de la cruz tomó un color negro que se conserva hasta el presente”, describió el P. Leopoldino Mateus.
En el lugar de la aparición de la Cruz se elevó una capilla, poco a poco fue creciendo la veneración y se empezaron a reportar milagros. Sin embargo, nadie podía entender el por qué se había producido este hecho en Balazar.
El jueves 30 de marzo de 1904 nació en aquella aldea Alejandrina María Da Costa. Cuando la Beata tenía 14 años unos hombres ingresaron a su casa con la intención de abusar de ella, su hermana y una amiga. Alejandrina, por defender su pureza, se arrojó por la ventana del segundo piso y quedó paralítica el resto de su vida.
Poco a poco fue creciendo en la oración y tuvo varias visiones místicas del Señor que la invitaba a ofrecer sus sufrimientos y sacrificios por la salvación de las almas.
Recibió cada viernes y por varios años los dolores de la pasión de Cristo y el 5 de diciembre de 1947, Jesús le reveló a la Beata Alejandrina el significado de la aparición de la cruz en Balazar.
“Envié la cruz a esta parroquia como anuncio de tu crucifixión. La cruz estaba lista, pero faltabas tú, eres la víctima elegida en los planes divinos. No es sólo mi Alejandrina la que está crucificada, sino Cristo en ella y con ella es como he obtenido dos frutos: el amor a la Cruz y una gran reparación” por los pecados del mundo.
Actualmente la Capilla donde está la cruz y la casa de la Beata Alejandrina Da Costa se han convertido en lugares de peregrinación y oración para miles de fieles de todo el mundo. La fiesta de la Santa Cruz (o del Señor de la Cruz) en Balazar se realiza todos los años el segundo domingo de julio con una Misa solemne.
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Alejandrina María da Costa, Beata Apóstol del sufrimiento reparador, 13 de octubre
BEATA ALEXANDRINA MARIA DA COSTA
http://www.gloria.tv/media/j84HwgoHE2D
Laica Martirologio Romano: En el lugar de Balasar, cerca de
Braga, en Portugal, beata Alejandrina María da Costa,
que al intentar huir de quien la perseguía con mala
intención, quedó imposibilitada en todos sus miembros,
encontrando en la contemplación de la Eucaristía el
modo de ofrecer al Señor todos sus dolores por amor de
Dios y de los hermanos más necesitados (1955). |
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Eduardo III el Confesor, Santo Rey de Inglaterra, 13 de Octubre
Rey Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, san
Eduardo, apellidado el Confesor, que, siendo rey de
los ingleses, fue muy amado por su eximia caridad, y
trabajó incansablemente por mantener la paz en sus
estados y la comunión con la Sede Romana (1066). Murió el 5 de enero de 1066 y fue enterrado
en la Iglesia de la abadía recientemente restaurada.
Pronto hubo muchas peregrinaciones a su tumba. En el
reconocimiento de 1102 encontraron su cuerpo incorrupto
y el 17 de febrero de l161 el Papa Alejandro III lo
incluyó en la lista de los santos. El día de su fiesta
coincide con la fecha en que Santo Tomás Becket trasladó
solemnemente sus reliquias al coro de la misma Iglesia.
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Rómulo, Santo Obispo, Octubre 13
Obispo Martirologio Romano: En Matuta (hoy
Sanremo), en la costa de la Liguria, san Rómulo,
obispo de Génova, que, lleno de ardor apostólico,
murió durante una visita pastoral (s. V). |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Magdalena Panattieri, Beata Virgen, Octubre 13
Virgen Martirologio Romano: En la localidad
de Trino, en el Monferrato, beata Magdalena
Panatieri, virgen, hermana de Penitencia de Santo
Domingo (1503). |
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Chelidonia (Celidonia o Quelidonia), Santa Eremita, Octubre 13
Eremita Martirologio Romano: Cerca de Subiaco, en
el Lacio, santa Quelidona o Celidona, virgen, que,
como dice la tradición, durante cincuenta y dos años
condujo vida solitaria y austera, dedicada únicamente
a Dios, (1152). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos Completando el santoral de éste
día, Octubre 13
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San Teófilo, obispo |
J†A
JMJ
Pax
Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, para
enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin
desfallecer, Jesús
les propuso esta parábola:
"En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba
a los
hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que le
solicitaba con
frecuencia:
"Hazme justicia frente a mi adversario".
Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo:
"Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, por la insistencia de
esta
viuda le haré justicia para que no me siga molestando".
Dicho esto, Jesús comentó:
"Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará
justicia a
sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Que los hará
esperar? Yo les
aseguro que les hará justicia sin tardar.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará esta
fe en la
tierra?"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a las niñas de tus ojos; cúbreme bajo la sombra de tus alas.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno: haz que nuestra voluntad sea
siempre dócil a la
tuya y podamos servirte con un corazón sincero.
Por nuestro Señor Jesucristo....
Amén.
Mientras Moisés tenía las manos en alto, dominaba Israel
Lectura del libro del Exodo 17, 8-13
En aquellos días, los
amalecitas vinieron a atacar a
los israelitas en Refidín.
Moisés dijo entonces a Josué:
"Elige algunos hombres y sal a combatir a los amalecitas.
Mañana yo me colocaré
en lo alto del monte con la vara de Dios en la mano".
Josué cumplió las órdenes de Moisés, y salió a pelear contra
los amalecitas.
Moisés, Aarón y Jur subieron a la cumbre del monte. Mientras
Moisés tenía las
manos en alto dominaba Israel, pero cuando las bajaba, Amalec
dominaba.
Como se le cansaban los brazos a Moisés, sus compañeros lo
hicieron sentar
sobre una piedra; Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a
cada lado. Así
Moisés pudo mantener en alto las manos hasta la puesta del
sol. Josué derrotó a
los amalecitas y acabó con ellos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 120
El auxilio me viene del Señor.
La mirada
dirijo hacia la altura de
donde ha de venirme todo auxilio. El auxilio me viene del
Señor, que hizo el cielo
y la tierra.
El auxilio me viene del Señor.
No dejará
que des un paso en falso, pues
es tu guardián que nunca duerme. No, jamás se dormirá o
descuidará el guardián
de Israel.
El auxilio me viene del Señor.
El Señor
te protege y te da sombra, está
siempre a tu lado; no te hará daño el sol durante el día, ni
la luna de noche.
El auxilio me viene del Señor.
Te
guardará el Señor en los peligros y
cuidará tu vida; protegerá tus ires y venires, ahora y para
siempre.
El auxilio me viene del Señor.
El hombre de Dios será perfecto y enteramente preparado para toda obra buena
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 14-17; 4, 1-3
Querido hermano:
Permanece firme en lo que has
aprendido y se te ha confiado; bien sabes de quiénes lo
aprendiste, y desde tu
infancia estás familiarizado con la Sagrada Escritura, que
puede darte la
sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la
salvación.
Toda la Sagrada Escritura está inspirada por Dios, y es útil
para enseñar, para
reprender, para corregir y para educar en la virtud, a fin de
que el hombre de
Dios sea perfecto y esté enteramente preparado para toda obra
buena.
En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a
juzgar a vivos y
muertos, te pido encarecidamente, por su advenimiento y por su
Reino: Anuncia
la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, convence, reprende
y exhorta con
toda paciencia y sabiduría.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los
pensamientos e intenciones
del corazón.
Aleluya.
Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, para
enseñar a sus discípulos la
necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso
esta parábola:
"En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni
respetaba a los
hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que le
solicitaba con
frecuencia:
"Hazme justicia frente a mi adversario".
Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se
dijo:
"Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, por la insistencia
de esta
viuda le haré justicia para que no me siga molestando".
Dicho esto, Jesús comentó:
"Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará
justicia a
sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Que los hará
esperar? Yo les
aseguro que les hará justicia sin tardar.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará
esta fe en la
tierra?"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos, hermanos y hermanas, al Señor, que quiere que
todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad:
Después de cada petición respondemos: Te rogamos, Señor,
óyenos.
Para que el Señor avive
el corazón de los fieles y los
empuje a trabajar en la salvación de todos los hombres y en el
anuncio del
Evangelio a todos los pueblos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que sean
desterradas todas las divisiones que
separan a pueblos y razas, y se mantengan firmes en la
sociedad humana la
igualdad y la justicia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los prófugos,
los exiliados, los rechazados
por la sociedad y los abandonados puedan regresar a la patria
y para que el
Señor conceda a todos un corazón bondadoso para con los pobres
y forasteros,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios infunda en
nuestros corazones su
Espíritu de amor, a fin de que, revestidos con los mismos
sentimientos de
Cristo, amemos a Dios en los hermanos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que, gracias a las manos en alto de tu siervo
Moisés, diste a tu
pueblo la victoria, contempla a tu Iglesia reunida en oración
y haz que el
nuevo Israel progrese en el bien y venza a las fuerzas
malignas que amenazan al
mundo, mientras espera la hora en que harás justicia a tus
elegidos que claman
a ti día y noche.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Santifica, Señor, estos
dones tuyos que con sincera
voluntad te presentamos, y por medio de esta Eucaristía
dígnate purificarnos y
renovarnos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de
las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Oremos:
Que esta celebración eucarística nos comunique, Señor, nuevas
fuerzas para
cumplir tu voluntad en esta vida y nos confirme en la
esperanza de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Vigésimo
noveno Domingo
ciclo c
EL PODER DE LA ORACIÓN
— Oración confiada y perseverante.
— Constancia en la petición. Parábola del juez inicuo.
— La oración, consecuencia directa de la fe.
I. Yo te invoco porque Tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos; a la sombra de tus alas escóndeme1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.
Los textos de la liturgia se centran en el poder que tiene ante Dios la oración perseverante y llena de fe. San Lucas, antes de narrarnos, en el Evangelio de la Misa2, la parábola de la viuda y del juez inicuo, nos indica el fin que Jesús se propone: Les propuso esta parábola para hacerles ver que conviene perseverar en la oración sin desfallecer. En la vida sobrenatural hay acciones que se realizan una sola vez: recibir el Bautismo, el sacramento del Orden... Otras, es necesario llevarlas a cabo muchas veces, como perdonar, comprender, sonreír... Pero hay acciones y actitudes que son de siempre, para las que será necesario vencer el cansancio, la rutina, el desánimo. Entre estas se encuentra la oración, manifestación de fe y de confianza en nuestro Padre Dios, aun cuando parezca que guarda silencio. San Agustín, al comentar este pasaje del Evangelio, pone de relieve la relación que existe entre la fe y la oración confiada: “Si la fe flaquea, la oración perece”, enseña el Santo; pues “la fe es la fuente de la oración” y “no puede fluir el río si se seca el manantial del agua”3. Nuestra oración –¡tan necesitados estamos!– ha de ser continua y confiada, como la de Jesús, nuestro Modelo: Padre, ya sé que siempre me escuchas4. Él nos oye siempre.
La Primera lectura de la Misa nos propone la figura de Moisés orante5 en la cima de un monte, mientras Josué se enfrentaba a los amalecitas en Rafidín. Cuando, en actitud de súplica, Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; cuando las bajaba, vencía Amalec. Y para que Moisés siguiera orando, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así, mantuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.
No debemos cansarnos de orar. Y si alguna vez comienzan a hacernos mella el desaliento o la fatiga, hemos de pedir a quienes nos rodean que nos ayuden a seguir rezando, sabiendo que ya en ese momento el Señor nos está concediendo otras muchas gracias, quizá más necesarias que los dones que le pedimos. “Quiere el Señor concedernos las gracias, pero quiere que se las pidamos –enseña San Alfonso Mª de Ligorio–. Un día llegó a decir a sus discípulos: Hasta ahora no habéis pedido cosa alguna en nombre mío. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Jn 16, 24). Como si dijera: No os quejéis de Mí si no sois plenamente dichosos, sino quejaos de vosotros mismos por no haber buscado lo que necesitábais; pedídmelo en adelante y seréis atendidos”6. San Bernardo comenta que muchos se quejan de que no les ayuda el Señor, y es el mismo Jesús –afirma el Santo– quien tendría que lamentarse de que no le piden7. Oremos como Moisés: con perseverancia en medio del cansancio, con la ayuda de los demás cuando sea necesario. Es mucho lo que está en juego. Es dura la batalla.
Examinemos hoy si nuestra oración es perseverante, confiada, insistente, sin cansarnos. “Persevera en la oración, como aconseja el Maestro. Este punto de partida será el origen de tu paz, de tu alegría, de tu serenidad y, por tanto, de tu eficacia sobrenatural y humana”8. Nada puede contra una oración perseverante.
II. Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra9, rezamos en el Salmo responsorial.
La idea central de la parábola que leemos en el Evangelio de la Misa nos muestra a dos personajes entre los que existe un fuerte contraste. Por un lado está el juez que ni tenía temor de Dios ni respeto a hombre alguno: le faltan las dos notas esenciales para vivir la virtud de la justicia. En el Antiguo Testamento ya hablaba el Profeta Isaías de los que no hacen justicia al huérfano y a quienes no llega el pleito de la viuda10, de los que absuelven al malo por soborno y quitan a los justos su derecho11. Jeremías alude a los que no juzgaban la causa del huérfano y no sentenciaban el derecho de los pobres12.
Al juez contrapone el Señor una viuda, símbolo de persona indefensa y desamparada. Y a la insistencia perseverante de la viuda, que acude con frecuencia al juez para exponerle su petición, se opone la resistencia de este. El final inesperado sucede precisamente después de un continuo ir y venir de la viuda y de las reiteradas negativas del juez. Termina por ceder el juez, y la parte más débil obtiene lo que deseaba. Y la razón de esta victoria no está en que haya cambiado el corazón del administrador de la justicia: la única arma que ha conseguido la victoria es la petición insistente, la tozudez de la mujer, la constancia que vence la oposición más tenaz. Y concluye el Señor con un fuerte giro: ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Nos hace ver que el centro de la parábola no lo ocupa el juez inicuo, sino Dios, lleno de misericordia, paciente y celoso por los suyos.
Hasta el fin de los tiempos, la Iglesia –día y noche– dirigirá un clamor suplicante a Dios Padre, por medio de Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo, porque son muchos los peligros y necesidades de sus hijos. Es el primer oficio de la Iglesia, el primer deber de sus ministros los sacerdotes. Es lo más importante que hemos de hacer los fieles, porque estamos indefensos y nada tenemos, y todo lo podemos con la oración.
La razón, que da el Señor en esta parábola, de que nuestra oración sea siempre oída, es triple: la bondad y misericordia de Dios, que tanto dista del juez impío; el amor de Dios por cada uno de sus hijos; y el interés que nosotros mostramos perseverando en la oración.
Al terminar la parábola, Jesús añade: Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe sobre la tierra? ¿Acaso encontrará una fe semejante a la de esta viuda? Se trata de una fe concreta: la fe de los hijos de Dios en la bondad y en el poder de su Padre del Cielo. El hombre puede cerrarse a Dios, no sentir necesidad de Él, buscar por otros cauces la solución a las deficiencias que solo el Señor puede resolver, y entonces no hallará jamás los bienes que le son más necesarios: Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió vacíos13, anunció la Virgen en el Magníficat. Hemos de acudir a Dios como hijos necesitados, además de poner los medios humanos que cada situación requiera. Solo la misericordia divina puede socorrernos en tantos bienes de los que carecemos. Cuenta el Santo Cura de Ars que el fundador de un célebre asilo de huérfanos le consultó sobre la oportunidad de atraer la atención y favor de las gentes a través de la prensa. El Santo le respondió: “En vez de hacer ruido en los diarios, hazlo a la puerta del Tabernáculo”. En muchas ocasiones el Señor quiere que sepamos resolver nuestros asuntos ante el Sagrario, y a la vez en la prensa, con los medios humanos que tengamos a nuestro alcance.
A lo largo de los siglos, el pueblo cristiano se ha sentido movido a presentar sus peticiones a Dios a través de su Madre María, y a la vez Madre nuestra. Nos enseña San Bernardo “que subió al Cielo nuestra Abogada para que, como Madre del Juez y Madre de la Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación”14. No dejemos de acudir a Ella, también en las pequeñas necesidades diarias.
III. Una consecuencia directa de la fe es la oración, pero, a la vez, la oración presta mayor “firmeza a la misma fe”15. Ambas están perfectamente unidas. Por eso, todo lo que pedimos debe ayudarnos a ser mejores; si no fuera así, “no nos haríamos más piadosos, sino más avaros y ambiciosos”16. Cuando pedimos una nueva vivienda, la ayuda en unos exámenes o en una oposición..., debemos examinar si aquello nos ayudará a cumplir mejor la voluntad de Dios. Podemos pedir bienes materiales, la salud nuestra o de alguien a quien vemos sufrir, el salir airosos de una mala situación..., pero si vivimos de fe, si tenemos unidad de vida, comprenderemos bien que cuando pedimos e insistimos en los medios materiales o en los bienes humanos, lo que queremos, en primer lugar, no son esas cosas en sí mismas, sino al mismo Dios. El Señor es siempre el fin último de nuestras peticiones, también cuando pedimos bienes de aquí abajo, que nunca querríamos si nos alejaran de Él.
A Dios le es especialmente grata la oración por las necesidades del alma, tanto propias como de nuestros parientes, amigos y conocidos. Mucho hemos de pedir por quienes tratamos cada día, para que estén cerca del Señor. ¡Cuánto debemos rogar por los familiares, por los amigos...! “He chocado la mano de mi amigo y, de pronto, al ver sus ojos tristes y angustiados, temí que no estuvieras en su corazón. Y me sentí molesto como ante un sagrario en el que no sé si estás.
“Oh, Dios, si Tú no estuvieras en él, mi amigo y yo estaríamos lejanos, pues su mano en la mía no sería más que carne entre carne, y su corazón para el mío un corazón del hombre para el hombre.
“Yo quiero que tu Vida esté en él como en mí, porque quiero que mi amigo sea mi hermano gracias a Ti”17.
No dejemos de pedir en este mes de octubre, utilizando el Santo Rosario como oración siempre eficaz para conseguir, a través de Nuestra Señora, todo aquello que necesitamos nosotros y aquellas personas que de alguna manera dependen de nosotros.
1 Antífona de entrada. Sal 16, 6-8. — 2 Lc 18, 1-8. — 3 Cfr. San Agustín, Sermón 115, 1. — 4 Jn 11, 42.— 5 Ex 17, 8-13. — 6 San Alfonso María de Ligorio, Sermón 46, para el domingo X después de Pentecostés. — 7 Cfr. San Bernardo, Sermón 17 de temas diversos. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 536. — 9 Salmo responsorial. Sal 120, 1-2. — 10 Is 1, 23. — 11 Is 5, 23. — 12 Jer 5, 28. — 13 Lc 1, 53.— 14 San Bernardo, Sermón 1, en la Asunción de la B . Virgen María, 1. — 15 San Agustín, De la ciudad de Dios, 1, 8, 1. — 16 Ibídem. — 17 M. Quoist, Oraciones para rezar por la calle, Sígueme, Salamanca 1962, p. 46.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
a
Honorio, Santo Abad, Octubre 20
AbadFregenal de la Sierra (Badajoz) remonta
sus orígenes hacia el 580 antes de Cristo, cuando la
poblaron los celtas de la Lusitania, llamándola
Nertóbriga. |
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Irene de Tancor, Santa Religiosa, Octubre 20
ReligiosaEtimología: Irene = Aquella que
trae la paz. Viene de la lengua griega. |
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María Bertila, Santa Biografía 20 de octubre
Octubre 20
Etimológicamente significa “ princesa de
las aguas”, en lengua siria; “espejo” en lengua hebrea. |
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Leopardo, Santo Obispo, 20 de octubre
Octubre 20
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Aurora, Santa Biografía, 20 de octubre
Octubre 20
Etimológicamente significa “ “brillante”.
Viene de la lengua latina y tiene un origen
indo-europeo. |
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Fuente: Franciscanos.net
Jacobo
de Strepa, Beato
Obispo, 20 Octubre
Obispo de la Primera Orden
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Fuente: Vatican.va
Jakob
Kern, Beato
Sacerdote, 20 Octubre
Francisco Alejandro Kern, nació en Viena,
Austria, el 11 de abril de 1897, provenía de una
modesta familia vienesa de obreros. La primera guerra
mundial le impidió bruscamente proseguir sus estudios
en el seminario menor de Hollabrunn. |
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Jerzy Popieluszko, Beato Sacerdote y Mártir, 20 de octubre
Sacerdote y MártirEn los alrededores de Wloclawek
(Polonia), Beato Jerzy Popieluszko, sacerdote
diocesano asesinado por odio a la fe. (†
1984)
Jerzy Popiełuszko nació el 14 de
septiembre de 1947 en Okopy cerca de Suchowola
(Polonia), fue un sacerdote católico, asociado con el
sindicato Solidaridad. Fue asesinado por la agencia de
inteligencia interna comunista operada por los
soviéticos, la Służba Bezpieczeństwa. |
J†A
JMJ
Pax
El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 9-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, despreciaban a los demás:
"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro un publicano.
El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
"Dios mío, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias".
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
"Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador".
Pues bien, les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.
Oremos:
Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio, para que vuelvan al camino de la verdad; concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él.
La oración del humilde llega hasta el cielo
Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14.16-18
El Señor es un Dios justo que no hace distinción de personas; no menosprecia a nadie por ser pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano, ni las quejas insistentes de la viuda.
Dios escucha al que sirve de corazón, su plegaria llega hasta el cielo. La oración del humilde atraviesa las nubes y no se detiene hasta alcanzar su destino. No se detiene hasta que el Altísimo le atiende, y el justo juez le hace justicia.
Del Salmo 33
El Señor no está lejos de sus fieles.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor. Que se alegra su pueblo al escucharlo.
El Señor no está lejos de sus fieles.
En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles.
El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos. No morirán quienes en él esperan.
El Señor no está lejos de sus fieles.
Ahora sólo espero la corona merecida
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8.16-18
Querido hermano: Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que esperan con amor su glorioso advenimiento.
La primera vez que me defendí ante el tribunal nadie me ayudó; todos me abandonaron.
Que Dios los perdone.
Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que por mi medio se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos.
Fui librado de las fauces del león.
El Señor seguirá librándome de todos los peligros y me llevará salvo a su Reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Dios ha reconciliado conmigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Aleluya.
El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 9-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, despreciaban a los demás:
"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro un publicano.
El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
"Dios mío, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias".
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
"Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador".
Pues bien, les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".
Confiando en que la oración de los pobres llega hasta el Señor, elevemos con humildad nuestras peticiones a Dios.
Para que el Señor conceda el espíritu de consejo, fortalezca, ciencia y piedad a nuestro obispo. Y a todos los pastores de la Iglesia, roguemos al Señor.
Respondemos:
Escúchanos Señor.
Para que los gobiernos de las naciones edifiquen sus comunidades en la paz, equilibrando toda desigualdad injusta, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Señor alivie los dolores de los que sufren en el cuerpo o en espíritu y les dé fuerzas para no desfallecer ante la tribulación, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que mantenga a nuestras familias firmes en la concordia y seguras en su gracia y amistad, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Celebrante:
Dios nuestro que no miras la fama de los hombres ni te dejas influir por nadie en perjuicio de los pobres. míranos a nosotros los siervos, que como el publicano, no nos atrevemos a levantar la mirada hacia ti, y haz que, humillados como él, seamos enaltecidos en tu reino.
Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante; y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles.
La prenda de nuestra Pascua eterna
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
En ti vivimos, nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los ángeles:
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido nos ayude a amarte más y a servirte mejor cada día.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Trigésimo Domingo
ciclo c
LA ORACIÓN VERDADERA
— Necesidad de la oración.
— Oración humilde y confiada. Parábola del fariseo y del publicano.
— Fidelidad a la oración. Dificultades.
I. La oración es, de nuevo, en este domingo el tema del Evangelio de la Misa1. Jesús comienza la parábola del publicano y del fariseo insistiendo en que es preciso orar en todo tiempo2. En sus enseñanzas, de lo que tal vez más nos habla el Señor –junto a la fe y a la caridad– es de la oración. De muchas maneras nos quiere decir el Maestro que la oración nos es absolutamente necesaria para seguirle y para cualquier obra que permanezca más allá de esta vida pasajera. En los comienzos de su Pontificado, el Papa Juan Pablo II declaraba: «la oración es para mí la primera tarea y como el primer anuncio; es la primera condición de mi servicio a la Iglesia y al mundo». Y añadía: «también todo creyente debe considerar siempre la oración como la obra esencial e insustituible de la propia vocación, el opus divinum que antecede –como en la cumbre de todo su vivir y actuar– a cualquier tarea. Sabemos bien que la fidelidad a la oración o su abandono son la prueba de la vitalidad o de la decadencia de la vida religiosa, del apostolado, de la fidelidad cristiana»3. Sin oración no podríamos seguir a Cristo en medio del mundo. Nos es tan indispensable como el alimento o la respiración para la vida corporal. De aquí el empeño del demonio en que los cristianos abandonemos o descuidemos la oración, con excusas que parecen nobles.
Pocos días antes, recordaba el Pontífice que un peligro para los sacerdotes, aun celosos, «es sumergirse de tal manera en el trabajo del Señor, que se olviden del Señor del trabajo»4. Es un peligro para cada cristiano, pues nada vale la pena, ni siquiera el apostolado más extraordinario que se pudiera imaginar, si se hiciera a costa de nuestro trato con el Señor, pues al final todo resultaría estéril. Habríamos llevado a cabo una obra puramente humana, en la que, quizá inconscientemente, nos habríamos buscado a nosotros mismos. El remedio de ese peligro no está en abandonar el trabajo o la tarea apostólica, sino en «crear el tiempo para estar con el Señor en la oración»5, que «hoy como ayer es imprescindible»6.
Examinemos hoy si la oración, el trato diario con Jesús vivifica nuestro trabajo, la vida familiar, la amistad, el apostolado... Bien sabemos que todo es distinto cuando lo hemos hablado antes con el Maestro. Es ahí «donde el Señor da luz para entender las verdades»7. Y sin esa luz, caminamos a oscuras. Con ella, penetramos en el misterio de Dios y de la vida.
II. La finalidad de la parábola que hoy leemos en el Evangelio de la Misa es distinguir la piedad auténtica de la falsa. La oración verdadera atraviesa las nubes del cielo, según leemos en la Primera lectura8, sube siempre a Dios y baja llena de frutos.
Antes de narrar la parábola, San Lucas se preocupa de señalar que Jesús hablaba a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás. El Señor habla de dos personajes bien conocidos por todos los oyentes: Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro publicano. Enseguida nos damos cuenta de que, aunque los dos hombres se dirigieron al Templo con el mismo fin, uno de ellos no hizo oración. No habla con Dios en un diálogo amoroso, sino consigo mismo. No hay amor en su oración, ni tampoco humildad. El fariseo está de pie, da gracias por lo que hace, está satisfecho. Se compara con los demás y se considera más justo, mejor cumplidor de la Ley. Parece no necesitar de Dios.
El publicano «se quedó lejos, y por eso Dios se le acercó más fácilmente. No atreviéndose a levantar los ojos al cielo, tenía ya consigo al que hizo los cielos... Que el Señor esté lejos o no, depende de ti. Ama y se acercará»9. Y estará atentísimo, como nadie lo ha estado nunca, a todo aquello que queramos decirle. El publicano conquistó a Dios con su humildad y su confianza, pues Él resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes10, y nos enseña cómo ha de ser nuestra oración: humilde, atenta –con la mente fija en la persona a quien hablamos–, confiada, procurando que no sea un monólogo –como la del fariseo– en el que nos demos vueltas a nosotros mismos, a las virtudes que creemos poseer...
En la parábola late la idea de la humildad como fundamento de nuestro trato con Dios. Él quiere que acudamos a la oración como hijos pobres y necesitados siempre de su misericordia. «A Dios –enseña San Alfonso Mª de Ligorio– le gusta que tratéis familiarmente con Él. Tratad con Él vuestros asuntos, vuestros proyectos, vuestros trabajos, vuestros temores y todo lo que os interese. Hacedlo todo con confianza y el corazón abierto, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla»11. Huyamos en la oración de la autosuficiencia, de la complacencia en los aparentes o posibles frutos en el apostolado, en la propia lucha ascética... y también de las actitudes negativas, pesimistas, que reflejan falta de confianza en la gracia de Dios, y que son frecuentemente manifestaciones de una soberbia oculta. La oración es siempre tiempo de alegría, de confianza y de paz.
III. Preparemos con especial esmero el rato que dedicamos a la oración, «estando a solas con quien sabemos nos ama»12, pues de ahí hemos de sacar fuerzas para santificar nuestro quehacer diario, para convertir en gracia las contradicciones diarias y para vencer todas las dificultades. Somos tan fuertes como sea de verdadero nuestro trato con el Señor. Al comenzarla «es necesario aparejar el corazón para este santo ejercicio, que es como quien templa la vihuela para tañer»13. En esta preparación nos ayudan el ofrecimiento de nuestro trabajo al Señor a lo largo del día, las pequeñas mortificaciones, el recogimiento interior... y, en el momento en que la comenzamos, el acto de presencia de Dios, en el que nos recogemos interiormente y nos ponemos ante su mirada. Este acto de presencia de Dios será normalmente una breve oración vocal que nos introducirá en el diálogo con Dios; muchas veces, ella sola nos dará materia para ese rato de conversación con el Señor. Nos puede ayudar el recitar despacio esas palabras, con la mente atenta: Creo firmemente que estás aquí..., que me ves..., que me oyes... Le miramos y nos mira. Y ese sentirnos junto a Él ya es oración, aunque no formulemos expresamente ninguna palabra. Él nos entiende y nosotros le entendemos. Le pedimos y Él nos pide: más generosidad, más amor, más lucha...
No nos preocupe si algunas veces, ¡o siempre!, no tenemos un especial sentimiento en la oración. «Para quien se empeña seriamente en hacer oración, vendrán tiempos en los que le parecerá vagar en un desierto y, a pesar de todos sus esfuerzos, no sentir nada de Dios. Debe saber que estas pruebas no se le ahorran a ninguno que tome en serio la oración (...). En esos períodos, debe esforzarse firmemente por mantener la oración, que aunque podrá darle la impresión de una cierta artificiosidad se trata en realidad de algo completamente diverso: es precisamente entonces cuando la oración constituye una expresión de su fidelidad a Dios, en presencia del cual quiere permanecer incluso a pesar de no ser recompensado por ninguna consolación subjetiva»14. Muchos días en los que, con lucha por estar con el Señor, nos había parecido que pasaba el tiempo sin sacar fruto, quizá ante Él resultó ser una oración espléndida. El Señor nos recompensa siempre con su paz y sus fuerzas para pelear todas las batallas que tengamos por delante. No dejemos nunca la oración. «No me parece otra cosa perder el camino –escribe Santa Teresa de Jesús, con su habitual claridad– sino dejar la oración»15. En no pocas ocasiones, puede ser la tentación más grave que sufra un alma que un día decidió seguir a Cristo de cerca: abandonar ese diálogo diario con Dios porque cree que no saca fruto, porque considera más importantes otras cosas, incluso empresas apostólicas..., y nada es más importante que esa cita diaria, en la que Jesús nos espera. «A toda costa –escribe un autor espiritual– debe tomarse y cumplirse inflexiblemente la determinación de perseverar en dedicar a diario un tiempo conveniente a la oración privada. No importa si no se puede hacer más que permanecer de rodillas durante ese tiempo y combatir con absoluta falta de éxito contra las distracciones: no se está malgastando el tiempo»16. Por el contrario, no existe tiempo mejor ganado que aquel que hemos «perdido» junto al Señor.
Pidamos hoy ayuda a Nuestra Señora para que nos enseñe a tratar a su Hijo como Ella lo trató en Nazaret y durante su vida pública. Y hagamos el propósito de no cometer la torpeza de abandonar la oración jamás y de no consentir distracciones voluntarias en ese tiempo en el que el Señor nos mira y nos escucha con tanta atención.
1 Lc 18, 9-14. — 2 Cfr. Lc 18, 1. — 3 Juan Pablo II, Alocución 7-X-1979. — 4 ídem, Alocución en Maynooth (Irlanda), 1-X-1979. — 5 Ibídem. — 6 ídem, Alocución en Guadalupe (México), 27-I-1979. — 7 Santa Teresa, Fundaciones, 10, 13. — 8 Ecclo 35, 19. — 9 San Agustín, Sermón 9, 21. — 10 Sant 4, 6. — 11 San Alfonso Mª de Ligorio, Cómo conversar continua y familiarmente con Dios, en Obras ascéticas de... BAC, vol. I, pp. 316-3 17. — 12 Santa Teresa, Vida, 8, 2.— 13 San Pedro de Alcántara, Tratado de la oración y de la meditación, 1, 3. — 14 S. C. Para la Doctrina de la Fe, Sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 15-X-1989, n. 30. — 15 Santa Teresa, Vida, 19, 5. — 16 E. Boylan, El amor supremo, Rialp, Madrid 194, vol. II, p. 141.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Fuente: Archidiócesis de Madrid
Vicente, Sabina y Cristeta, Santos Biografía, 27 de octubre
Octubre 27
Vicente, Sabina y Cristeta son hermanos. Han nacido y viven en Talavera (Toledo). Los tres disfrutan de su juventud —Cristeta, casi niña- y, como en tantos hogares después del fallecimiento de los padres, hace cabeza Vicente que es el mayor.
Manda en el Imperio la tetrarquía hecha por Diocleciano con el fin de poner término a la decadencia que se viene arrastrando a lo largo del siglo III por las innumerables causas internas y por las rebeliones y amenazas cada vez más apremiantes en las fronteras. Diocleciano, augusto, reside en Nicomedia y ocupa la cumbre de la jerarquía; su césar Galerio reside en Sirmio y se ocupa de Oriente; Maximiano es el otro augusto que se establece en Milán, con su césar Constancio, en Tréveris, gobiernan Occidente.
El presidente en España es Daciano hombre cruel, bárbaro y perverso, que odia sin límites el nombre cristiano y que va dejando un riego de mártires en Barcelona y en Zaragoza. Llega a Toledo y sus colaboradores buscan en Talavera seguidores de Cristo.
Allí es conocido como tal Vicente, que se desvive por la ayuda al prójimo y es ejemplo de alegría, nobleza y rectitud.
Llevado a la presencia del Presidente, encontramos halagos por parte del poderoso juez pagano con promesas fáciles, y, por parte del cristiano, profesiones de fe en el Dios que es Trinidad, en Jesucristo-Señor y en la vida eterna prometida. Amenazas de la autoridad que se muestra dispuesta a hacer cumplir de modo implacable las leyes y exposición tan larga como firme de las disposiciones a perder todo antes de la renuncia a la fe nutriente de su vida que hace el cristiano.
A Vicente lo condenan a muerte por su pertinacia en perseverar en la fe cristiana. Lo meten en la cárcel y, en espera de que se cumpla la sentencia, es visitado por sus dos hermanas que, entre llantos y confirmándole en su decisión de ser fiel a Jesucristo, le sugieren la posibilidad de una fuga con el fin de que, sin padres que les tutelen, siga él siendo su apoyo y valedor. La escapada se realiza, pero los soldados romanos los encuentran en la cercana Ávila donde son los tres martirizados, en el año 304.
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Teresa Eustoquio, Santa Monja, 27 de octubre
Octubre 27
Etimológicamente significa “bella y ardiente como el sol del verano” o “mujer amable y fuerte”. Viene de la lengua griega y alemana.
Cuando el creyente se pone en contacto con estos gigantes de la santidad, se queda alucinado. Ve que todos los males que pueden asolar a las personas tienen una terapia fenomenal con la práctica de la oración.
La chica Teresa tuvo la fortuna de tener unos padres que, aunque de fueran de la alta alcurnia, le dieron una educación muy cristiana La educación primaria la hizo en casa teniendo como maestro a un canónigo amigo de la familia.
Era abierta, inteligente y sensible a los valores de la fidelidad y de la gracia.
Desde pequeña dejó que fuera el Espíritu Santo quien dirigiera los pasos de su existencia. Su afán se centraba en Dios solamente y, desde él, en los demás.
Sin embargo, le ocurrió como a la gran Teresa de Avila: tener la experiencia de la ausencia de Dios, aunque, aún sin sentirlo, jamás perdió su confianza.
Se metió a monja benedictina. Después de algunos años tuvo la inspiración divina de fundar una nueva congregación llamada las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.
Le tocó vivir en tiempo difíciles por las revueltas políticas y sociales. A nivel eclesial, el jansenismo crecía mucho. Por eso, en la mitad del siglo XIX nacieron varias congregaciones con el nombre de esta fundación. Eran los años de la gran expansión de la devoción al Corazón de Jesús, al amor.
Se dedica esta congregación a la obra educativa, fruto de la persuasión y el respeto a la individualidad de cada uno.
Después de una vida de intenso trabajo por Dios y por los demás, murió el año 1852. Juan Pablo II la canonizo el diez de junio del 2001. |
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Bartolomé de Braganza, Beato Obispo, 27 de octubre
Octubre 27 Obispo
Etimológicamente significa “hijo del que detiene las aguas”. Viene de la lengua hebrea.
No te mires ya como tierra reseca...Que caiga su rocío, las lágrimas de la mañana, y que en el desierto de tu alma se aplaque la sed de un amor.
Fue obispo en el siglo XIII. Cuando se visita París, se ve la santa Capilla que mandó construir el rey Luis IX para alojar las reliquias de la santa Cruz.
Todos los habitantes de Vicenza, Italia, conocen la bella iglesia de la santa Corona.
Es un monumento importante de la arquitectura gótica. También se hizo para guardar una espina de la Crucifixión del Señor.
Hay una gran amistad y relación entre la capilla gótica parisina y la de Vicenza.
Estas buenas relaciones comenzaron con el rey de Francia y Bartolomé, obispo de esta ciudad. Había nacido aquí al comienzo del siglo XIII de una familia de condes, los de Braganza.
Estudió en Pádua. Aquí se unió a los compañeros de santo Domingo que se encontraban en Bolonia.
Inteligente y educado, le encargaron que predicara por Italia en unos tiempos agitados por mor de las herejías, luchas civiles y otras duras dificultades.
Creó una confraternidad de tipo religioso y semi - militar, “los alegres”, para evangelizar a todo el mundo con gozo y con alegría.
En 1256 lo eligieron obispo. Pero, a pesar de su trabajo y celo apostólico, lo desterraron, y tuvo que irse de legado pontificio a Inglaterra y Francia.
Murió en 1270. |
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Balsamia, Santa Biografía, 27 de octubre
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Octubre 27
Etimológicamente significa “bálsamo, perfume”. Viene de la lengua latina.
Jeremías dice: “La palabra del Señor ha sido para mí fuente de burla. Yo me dije: No hablaré más en su nombre, no pensaré más en él, pero la sentía adentro como fuego ardiente que no podía contener”.
Fue del siglo VI. Su trabajo ya ha pasado de moda en muchos lugares civilizados y de una fuerte economía.
En otros, por el contrario, se mantiene el papel dela mujer que sustenta a los niños, hasta con su propia leche.
En toda la misteriosa Edad Media y anterior incluso a ella, había una gran veneración por las santas que habían dado su vida en este precioso trabajo de nutrientes.
Fue ella la que alimentó en Reims a san Remigio, el obispo de aquella ciudad.
Remigio, con su cultura, sus buenas formas y su diplomacia, logró que se convirtiera al cristianismo Clodoveo, el rey francés.
Para los franceses es un segundo Juan Bautista, el precursor de la vida cristiana en Francia.
Hubo un tiempo en que se le llamaba en las Galias a santa Balsamia “la santa Nutriz”.
Hoy prevalece el de Balsamia.
La leche es “bálsamo” dado a los niños. Ella había nacido en Roma. |
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Fuente: Franciscanos.net
Salvador Mollar Ventura, Beato Religioso y mártir, 27 Octubre
Nacido en Manises, Valencia, el 27 de marzo de 1896, hijo de Bautista Mollar y María Muñoz, muy pobres pero piadosos.
De niño y joven se distinguió por su piedad, organizó la Asociación del Rosario en su barrio, formó parte de la Adoración Nocturna y la Conferencia de San Vicente de Paúl y enseñaba el catecismo a los niños.
Hizo el noviciado de los Hermanos Menores Franciscanos en 1921 y la Profesión solemne el 25 de enero de 1925. Alegre, jovial y optimista. Limpio y ordenado, devoto de la Santísima Virgen.
Al iniciarse la guerra civil, en 1936, era sacristán en el convento de Benisa. Al dispersarse los religiosos, se refugió primero donde unos bienhechores, y luego, para no comprometerlos, se fue a su familia, donde fue detenido y encarcelado a finales de octubre, y fusilado el 27 del mismo mes y año, en el “Picadero de Paterna”, y enterrado en Valencia. Su cadáver mostraba signos de tortura.
Él es uno de los 233 mártires de la Guerra Civil española, para ver más sobre los 233 mártires en España haz "click" AQUI |
J†A
JMJ
Pax
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido
+ Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, Jesús
entró en Jericó y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un
hombre
llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a
Jesús; pero la
gente se lo
impedía porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se
subió a un árbol
para verlo
cuando pasará por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los
ojos y le
dijo:
"Zaqueo, jefe bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en
tu
casa".
El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto,
comenzaron todos a
murmurar
diciendo:
"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
"Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y
si he
defraudado a alguien le
restituiré cuatro veces más".
Jesús le dijo:
"Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también es él
hijo de
Abrahán , y el Hijo del
hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se les había
perdido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme, Señor, mi
salvador.
Oremos:
Dios omnipotente y misericordioso, de cuya mano proviene el
don de servirte y
de alabarte,
ayúdanos a vencer en esta vida cuanto pueda separarnos de ti.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Te compadeces de todos porque tú amas todo lo que existe
Lectura del libro de la Sabiduría 11, 23-26; 12, 1-2
Señor , delante de ti,
el mundo entero es como un
grano de arena en la balanza, como gota de
rocío mañanero, que cae sobre la tierra.
Te compadeces de todos, y aunque puedes destruir todo,
aparentas no ver los
pecados de los
hombres, para darles ocasión de arrepentirse. Porque tú amas
todo cuanto existe
y no aborreces
nada de lo que has hecho; pues si hubieras aborrecido alguna
cosa, no la
habrías creado.
¿Y cómo podría seguir existiendo las cosas si tú no lo
quisieras? ¿Cómo habría
podido
conservarse algo hasta ahora, si tú no lo hubieras llamado a
la existencia?
Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos, Señor, que amas
la vida, porque tu
espíritu
inmortal está en todos los seres.
Por eso a los que caen, los vas recogiendo poco a poco, los
reprendes y les
traes a la memoria
sus pecados, para que se arrepientan de sus maldades y crean
en ti Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del salmo 144
Bendeciré al Señor eternamente.
Dios y rey
mío, yo te alabaré, bendeciré
tu nombre siempre y para siempre. Un día tras otro bendeciré
tu nombre y no
cesará mi boca de alabarte.
Bendeciré al Señor eternamente.
El Señor
es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para personar. Bueno es el
Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus criaturas.
Bendeciré al Señor eternamente.
Que te
alaben, Señor, todas tus obras y
que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de
tu reino y narren
tus proezas a los hombres.
Bendeciré al Señor eternamente.
Nuestro Señor Jesucristo será glorificado es ustedes y ustedes en él
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-12; 2, 1-2
Hermanos: Oramos siempre
por ustedes, para que Dios
los haga dignos de la vocación a la que
los ha llamado, y con su poder, lleve a efecto tanto los
buenos propósitos que
ustedes han
formado, como lo que ya han emprendido por la fe. Así
glorificaran a nuestro
Señor Jesús y él
los glorificará a ustedes, en la medida en que actúe en
ustedes la gracia de
nuestro Señor Jesús
y él los glorificará a ustedes, en la medida en que actúe en
que ustedes la
gracia de nuestro Dios
y de Jesucristo, el Señor.
Por lo que toca a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a
nuestro encuentro
con él, les
rogamos que no se dejen perturbar tan fácilmente. No se
alarmen ni por
supuestas
revelaciones, ni por palabras o cartas atribuidas a nosotros,
que los induzcan
a pensar que el
día del Señor es inminente.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para
que todo el que
crea en él, tenga
vida eterna.
Aleluya.
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido
+ Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, Jesús
entró en Jericó y al ir
atravesando la ciudad, sucedió que un hombre
llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer
a Jesús; pero la
gente se lo
impedía porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y
se subió a un
árbol para verlo
cuando pasará por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó
los ojos y le
dijo:
"Zaqueo, jefe bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme
en tu
casa".
El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto,
comenzaron todos a
murmurar
diciendo:
"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
"Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y
si he
defraudado a alguien le
restituiré cuatro veces más".
Jesús le dijo:
"Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también es él
hijo de
Abrahán , y el Hijo del
hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se les había
perdido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, al Señor, que escuche nuestras
oraciones y nos
conceda el auxilio que necesitamos:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Para que Dios derrame en
su Iglesia el Espíritu de
piedad y fortaleza, que suscite numerosos y dignos ministros
del altar y
testigos celosos y humildes del Evangelio, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Dios infunda en
el corazón de los gobernantes
la voluntad de promover el bien de sus súbditos, a fin de que
todos puedan
desarrollarse debidamente y reinen en el mundo la justicia y
la igualdad,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que el Señor
fortalezca a los moribundos que
luchan en su último combate, los libre de las tentaciones y no
permita que
nosotros, al llegar la hora de abandonar este mundo, caigamos
en manos del
enemigo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
. Para que Dios conceda
a nuestros familiares y amigos
el perdón de sus pecados, una vida próspera y el don de la
caridad, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has venido a buscar y a
salvar lo que
estaba perdido, escucha las súplicas de tu Iglesia y haznos
dignos de nuestra
vocación; ayúdanos a cumplir nuestros deseos de bien, haz que
sepamos recibirte
con gozo en la persona de nuestros hermanos y que con ellos
sepamos compartir
los bienes de la tierra y del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que este sacrificio que
vamos a ofrecerte en comunión
con toda tu Iglesia, te sea agradable,
Señor, y nos obtenga la plenitud de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
En quien vivimos, nos movemos y somos; y todavía peregrinos en
este mundo, no
sólo
experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que
poseemos ya, en
prenda, la vida
futura. Pues al poseer las primicias del Espíritu, por el cual
resucitaste a
Jesús de entre los
muertos podemos esperar que un día sea nuestra pascua eterna.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza, cantando
con los ángeles:
Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.
Oremos:
Continúa, Señor, en nosotros tu obra de salvación por medio de
esta Eucaristía
para que, cada
vez más unidos a Cristo en esta vida, merezcamos vivir con él
eternamente.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Trigésimo primer Domingo
ciclo c
ZAQUEO
— Deseos de encontrar a Cristo. Poner los medios necesarios.
— Desprendimiento y generosidad de Zaqueo.
— Jesús nos busca siempre. Esperanza en la propia vida interior y en el apostolado.
I. Una vez más los textos de la Misa de hoy nos vuelven a hablar de la misericordia divina. Es lógico que se repita tanto esta inefable realidad, porque la misericordia de Dios es una fuente inagotable de esperanza y porque nosotros estamos muy necesitados de la clemencia divina. Todos necesitamos que se nos recuerde muchas veces que el Señor es clemente y misericordioso.
En la Primera lectura1, el Libro de la Sabiduría nos hace presente hoy esta bondad y cuidado amoroso de Dios sobre toda la creación y especialmente por el hombre: ¿cómo subsistirían las cosas si Tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si Tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en Ti, Señor.
El Evangelio2 nos habla del encuentro misericordioso de Jesús con Zaqueo. El Señor pasa por Jericó, camino de Jerusalén. A la entrada de la ciudad ha tenido lugar la curación de un mendigo ciego que logró con su fe y su insistencia llegar hasta Jesús, a pesar de la multitud y de los que pretendían que callara. Ahora, dentro ya de esta ciudad importante, la multitud debía de llenar la calle por donde pasaba el Maestro. Allí se encuentra también un hombre, que era jefe de publicanos y rico, bien conocido por el cargo en Jericó. Los publicanos eran recaudadores de impuestos. Roma no tenía funcionarios propios para este oficio, sino que lo encargaba a determinadas personas del país respectivo. Estas podían tener –como Zaqueo– empleados subalternos. La cantidad del impuesto la tasaba la autoridad romana; los publicanos cobraban una sobretasa, de la cual vivían. Esto se prestaba a arbitrariedades, y por esto se ganaban fácilmente la hostilidad de la población. En el caso de los judíos, se añadía la nota infamante de expoliar al pueblo elegido en favor de los gentiles3. San Lucas nos dice que Zaqueo intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Pero su deseo es eficaz; para conseguir su propósito se mezcla primero con la multitud y luego, dejando a un lado los respetos humanos, lo que pudieran pensar las gentes por su actitud, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro, para verle, porque iba a pasar por allí. Nada le importa lo que pudieran pensar las gentes al ver a un hombre de su posición correr primero y subir después a un árbol. Es esta una formidable lección para nosotros que, por encima de todo, queremos ver a Jesús y permanecer con Él. Pero debemos examinar hoy la sinceridad y el vigor de estos deseos: ¿Quiero yo ver a Jesús? –preguntaba el Papa Juan Pablo II al comentar este pasaje del Evangelio–, ¿hago todo lo posible para poder verlo? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y poblados de su tierra. Y es actual para cada uno personalmente: ¿verdaderamente quiero contemplarlo, o quizá evito el encuentro con Él? ¿Prefiero no verlo o que Él no me vea? Y si ya le vislumbro de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome mucho, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él, que proviene de Él, de Cristo?4.
II. Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Cristo es largamente recompensado. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. ¡Qué inmensa alegría! Él, que se contentaba con verlo desde el árbol, se encuentra con que Jesús le llama por su nombre, como a un viejo amigo, y, con la misma confianza, se invita en su casa. “Quien tenía por grande e inefable el verle pasar –comenta San Agustín–, mereció inmediatamente tenerlo en casa”5. El Maestro, que había leído en su corazón la sinceridad de sus deseos, no quiere dejar pasar esta ocasión. Zaqueo “descubre que es amado personalmente por Aquel que se presenta como el Mesías esperado, se siente tocado en lo más profundo de su espíritu y abre su corazón”6. Enseguida quiere estar cerca del Maestro: Bajó rápido y lo recibió con gozo. Experimentó la alegría singular de todo aquel que se encuentra con Jesús.
Zaqueo tiene al Maestro, y con Él lo tiene todo. “No se asusta de que la acogida de Cristo en la propia casa pudiese amenazar, por ejemplo, su carrera profesional, o hacerle difícil algunas acciones, ligadas con su actividad de jefe de publicanos”7. Por el contrario, muestra con obras la sinceridad de su nueva vida; se convierte en un discípulo más del Maestro: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado a alguien le devolveré cuatro veces más. ¡Va mucho más allá de lo que ordenaba la Ley de Moisés8 en lo referente a la restitución, y además entrega a los pobres la mitad de su fortuna! El encuentro con Cristo nos hace generosos con los demás, nos mueve enseguida a compartir lo que tenemos, mucho o poco, con quien está más necesitado. Zaqueo comprendió que para seguir a Cristo es necesario el más completo desprendimiento. “Dios mío, veo que no te aceptaré como mi Salvador, si no te reconozco al mismo tiempo como Modelo.
“—Pues que quisiste ser pobre, dame amor a la Santa Pobreza. Mi propósito, con tu ayuda, es vivir y morir pobre, aunque tenga millones a mi disposición”9.
III. Cuando Jesús entró en casa de Zaqueo, muchos comenzaron a murmurar de que se hubiese hospedado en casa de un pecador. Entonces, el Señor pronunció estas consoladoras palabras, unas de las más bellas de todo el Evangelio: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este es hijo de Abrahán; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Es una llamada a la esperanza: si alguna vez el Señor permitiera que atravesáramos una mala época, una mala racha, si nos sintiéramos a oscuras y perdidos, hemos de saber que Jesús, el Buen Pastor, saldrá enseguida a buscarnos. “Elige a un jefe de publicanos: ¿quién desesperará de sí mismo cuando este alcanza la gracia?”, comenta San Ambrosio10. Nunca se olvida de los suyos el Señor.
También nos ha de ayudar la figura de Zaqueo para no dar nunca a nadie por perdido o irrecuperable para Dios. Para los habitantes de Jericó, este jefe de publicanos estaba muy lejos de Dios. El Evangelio deja entrever que así era11. Sin embargo, desde que entró en aquella ciudad, Jesús tenía los ojos puestos en él. Por encima de las apariencias, Zaqueo tenía un corazón deseoso de ver al Maestro. Y, como San Lucas muestra enseguida, tenía un alma dispuesta al arrepentimiento, a la reparación y a la generosidad. Así hay muchas gentes a nuestro alrededor, con deseos de ver a Jesús, y esperando que alguno se detenga frente a ellos, los mire con comprensión y los invite a una vida nueva.
Nunca debemos perder la esperanza, ni siquiera cuando parece que todo está perdido. La misericordia de Dios es infinita y omnipotente, y supera todos nuestros juicios. Se cuenta de una mujer muy santa un suceso especialmente significativo que dejó una huella profunda en su alma, que muestra muy gráficamente el alcance de la misericordia divina. Un pariente de esta persona puso fin a su vida arrojándose desde un puente al río. La mujer estuvo un tiempo tan desconsolada y entristecida que ni se atrevía a rezar por él. Un día le preguntó el Señor por qué no intercedía por él, como solía hacer por los demás. Esta persona se sorprendió de las palabras de Jesús, y le contestó: “Tú bien sabes que se arrojó desde el puente y acabó con su vida”... Y el Señor le respondió: “No olvides que entre el puente y el agua estaba Yo”.
Nunca había dudado esta mujer de la misericordia divina, pero, desde aquel día, su confianza en el Señor no tuvo límites. Y rezó por aquel pariente lejano con particular intensidad y fe. Un suceso muy parecido se cuenta de la vida del Cura de Ars12. Ambos ponen de relieve una misma realidad: siempre que pensamos en la bondad y compasión divina para con sus hijos, nos quedamos cortos.
No dudemos nosotros nunca del Señor, de su bondad y de su amor por los hombres, por muy difíciles o extremas que sean las situaciones en que nos encontremos nosotros o aquellas personas que queremos llevar hasta Jesús. Su misericordia es siempre más grande que nuestros pobres juicios.
1 Sab 11, 25-26; 12, 1-2. — 2 Lc 19, 1-10. — 3 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Mt 5, 46. — 4 Cfr. Juan Pablo II, Homilía 2-XI-1980. — 5 San Agustín, Sermón 174, 6. — 6 Juan Pablo II, Homilía 5-XI-1989. — 7 ídem, Homilía 2-XI-1980. — 8 Ex 21, 37 ss. — 9 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 46. — 10 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. — 11 Cfr. vv. 7-10. — 12 F. Trochu, El Cura de Ars, Palabra, Madrid 1984, p. 619.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Martín de Porres, año 1639
Dijo Jesús: Todo el que se humilla será enaltecido.
En Sudamérica es muy popular San Martín de Porres y hasta se han filmado hermosas películas acerca de su vida y milagros. Es un santo muy simpático y milagroso.
Nació en Lima, Perú, hijo de un blanco español y de una negra africana. Por el color de su piel, su padre no lo quiso reconocer y en la partida de bautismo figura como "de padre desconocido". Su infancia no fue demasiado feliz, pues por ser mulato (mitad blanco y mitad negro, pero más negro que blanco) era despreciado en la sociedad.
Aprendió muy bien los oficios de peluquero y de enfermero, y aprovechaba sus dos profesiones para hacer muchos favores gratuitamente a los más pobres.
A los 15 años pidió ser admitido en la comunidad de Padres Dominicos. Como a los mulatos les tenían mucha desconfianza, fue admitido solamente como "donado", o sea un servicial de la comunidad. Así vivió 9 años, practicando los oficios más humildes y siendo el último de todos.
Al fin fue admitido como hermano religioso en la comunidad y le dieron el oficio de peluquero y de enfermero. Y entonces sí que empezó a hacer obras de caridad a manos llenas. Los frailes se quejaban de que Fray Martín quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba lo socorría y hasta llevaba a algunos más graves y pestilentes a recostarlos en su propia cama cuando no tenía más donde se los recibieran.
Con la ayuda de varios ricos de la ciudad fundó el Asilo de Santa Cruz para reunir a todos los vagos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación.

Reconstrucción forense del rostro del Santo a partir de su cráneo:
Aunque él trataba de ocultarse, sin embargo su fama de santo crecía día por día. Lo consultaban hasta altas personalidades. Muchos enfermos lo primero que pedían cuando se sentían graves era: "Que venga el santo hermano Martín". Y él nunca negaba un favor a quien podía hacerlo. Pasaba la mitad de la noche rezando. A un crucifijo grande que había en su convento iba y le contaba sus penas y sus problemas, y ante el Santísimo Sacramento y arrodillado ante la imagen de la Virgen María pasaba largos tiempos rezando con fervor.
Sin moverse de Lima, fue visto sin embargo en China y en Japón animando a los misioneros que estaban desanimados. Sin que saliera del convento lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos. A los ratones que invadían la sacristía los invitaba a irse a la huerta y lo seguían en fila muy obedientes. En una misma cacerola hacía comer al mismo tiempo a un gato, un perro y varios ratones. Llegaron los enemigos a su habitación a hacerle daño y él pidió a Dios que lo volviera invisible y los otros no lo vieron.
Cuando oraba con mucha devoción se levantaba por los aires y no veía ni escuchaba a la gente. A veces el mismo virrey que iba a consultarle (siendo Martín tan de pocos estudios) tenía que aguardar un buen rato en la puerta de su habitación, esperando a que terminara su éxtasis. En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".
El Arzobispo se enfermó gravemente y mandó llamar al hermano Martín para que le consiguiera la curación para sus graves dolores. Él le dijo: ¿Cómo se le ocurre a su excelencia invitar a un pobre mulato? Pero luego le colocó la mano sobre el sitio donde sufría los fuertes dolores, rezó con fe, y el arzobispo se mejoró en seguida.
Recogía limosnas en cantidades asombrosas y repartía todo lo que recogía. Miles de menesterosos llegaban a pedirle ayuda.
A los 60 años, después de haber pasado 45 años en la comunidad, mientras le rezaban el Credo y besando un crucifijo, murió el 3 de noviembre de 1639. Toda la ciudad acudió a su entierro y los milagros empezaron a obtenerse a montones por su intercesión.
Recomendamos películas sobre su vida:
http://gloria.tv/?media=318004

http://gloria.tv/?media=180775
http://gloria.tv/media/vf97P6nwmka
Película San Martín de Porres 1974 (Un mulato llamado Martín)
http://gloria.tv/media/vf97P6nwmka
http://gloria.tv/?media=384011
… de esta película que trata de la vida de San Martín de Porres. Hermosa y con una gran enseñanza de … No se la pierdan. La vida de San Martín de Porres nos enseña: -A servir a los demás, a los necesitados. San Martín no se cansó de atender a los pobres y enfermos y …
St. Martín de Porres (Eng./Sp.)
http://gloria.tv/?media=517328
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Silvia Santa Madre de San Gregorio Magno, Noviembre 3
Madre de San Gregorio Magno
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Silvia de Constantinopla, Santa Biografía, 3 Noviembre
Noviembre 3
|
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Gwenfrewi o Winfred de Gales, Santa Virgen y Mártir, 3 Noviembre
Noviembre 3
Jesús
dice: “Orad por vuestros enemigos y orad por los que os
persiguen para poder ser llamados hijos de vuestro Padre
que está en el cielo”. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Simón Ballachi, Beato Dominico, 3 Noviembre
Simón
Ballachi entró a servir a Dios como hermano lego en el
convento de los dominicos de Rímini, su ciudad natal,
a los veintiséis años de edad. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Bibliotheca hagiographica latina
Huberto (Humberto) de
Mastrique-Tongeren, Santo Obispo, 3
Noviembre
Nació
probablemente en Tolosa del Languedoc, Francia , hacia
el 656 o 658; murió el 30 de mayo de 727 o 728, en
Tervuren, Bélgica. Es un santo católico, al que se
invoca como protector contra la rabia y se le tiene
por celestial patrono de los cazadores, matemáticos,
ópticos y metalúrgicos. Su fiesta se celebra el día 3
de noviembre. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Malaquías de Armagh, Santo Obispo, 3 Noviembre
En
el siglo IX empezó Irlanda a experimentar los efectos
de las invasiones que habían asolado a otros países.
En efecto, los bárbaros conocidos con el nombre
genérico de orientales, hicieron incursiones en las
regiones costeras, y los daneses establecieron
colonias permanentes en Dublín y otras ciudades. Por
dondequiera que iban cometían asesinatos, demolían
monasterios y quemaban bibliotecas. To do ello
debilitó mucho al poder civil; los reyezuelos locales,
que luchaban contra el enemigo de fuera y se destruían
entre sí, perdieron mucha autoridad. El trato
prolongado e inevitable entre los nativos y los
opresores de la religión y de la ley trajo consigo una
relajación gradual de la fe y las costumbres. Así
pues, aunque Irlanda no llegó nunca a caer en el grado
de iniquidad que suponían ciertos ingleses y algunos
hombres de iglesia extranjeros (incluso San Bernardo),
se hallaba sin embargo en un estado lamentable cuando
estalló la guerra civil, tras la derrota definitiva de
los daneses, en Clonfart (1014). |
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Manuel Lozano Garrido (Lolo), Beato Laico, 3 de noviembre
Laico En Linares (España), Beaato Manuel
Lozano Garrido, laico.(† 1971)
Nació en Linares
(Jaén) el 9 de agosto de 1920. En el año 1931 inició sus
estudios de Bachillerato e ingresó como socio Junior en
el recién creado centro de Jóvenes de Acción Católica.
Aquellos años fueron para Lolo algo así como una
prolongada vigilia, en la que los tres pilares “piedad,
estudio y acción” fueron las armas que le prepararon
para la gran prueba. En el Centro de Juventud fe Acción
Católica fue incluido en un grupo de futuros dirigentes. |
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San Ermengol de Urgel, obispo
Ermengol de “Urgell” (Nace en “Conflent”, en la segunda mitad del siglo X – Muere en “El Pont de Bar” 1035) hijo de los vizcondes de Conflent, Bernat y Guisla. Fue obispo de “Urgell” entre el 1010 y 1035, momento de gran importancia en el desarrollo histórico del condado de “Urgell” y la ciudad de “La Seu d'Urgell”. Es venerado como Santo por la Iglesia católica y es el Patrón principal de la diócesis y de los municipios de “La Seu d'Urgell” y “El Pont de Bar” entre otros.
El joven Ermengol se había criado en una de las familias más importantes de la Catalunya Vieja. Entre los personajes más destacados de su estirpe encontramos, además de su tío, abad y obispo Sal·la, hermano de su abuelo Isarn, vizconde de Conflent, que fundó el monasterio de Sant Benet de Bages.
San Ermengol fue obispo de la diócesis de Urgell entre 1010 y 1035. Había heredado el pontificado –Obispado- de su tío Sal·la, a la muerte de éste, el 29 de septiembre de 1010, del que había sido su auxiliar. Este acordó con su padre, el vizconde Bernat de Conflent, su sucesión en la cátedra episcopal a cambio de una importante cantidad de dinero, cien piezas de oro. Este convenio fue firmado, con toda seguridad, antes del año 1003. Sal·la había sido un obispo determinante en la expansión y posterior desarrollo de la sede pirenaica.
Ermengol, así fue Obispo de “Urgell” entre el 1010-1035, veinte y cinco años de actividad extraordinaria, espiritual y social. Su pontificado se inició con la reforma de la canónica catedralicia. Así, Ermengol la dotó con los bienes propios situados en las comarcas del “Vallespir”, “La Cerdanya” y el “Alt Urgell”.
San Ermengol, comenzó muy pronto a ejercer como obispo. De hecho, el año 1010, meses antes de la muerte de su tío, ya lo encontramos desarrollando sus tareas. El 6 de noviembre de 1010, suscribe, como obispo, la publicación sacramental del testamento de su antecesor. Su pontificado lo sitúa como uno de los más emprendedores obispos de su diócesis. Sólo accedió a la cátedra, emprendió una ambiciosa reorganización de la canónica cardenalicia, iniciada por Sal·la y aprobada definitivamente el 18 de noviembre de 1010 por los condes de Urgell, Barcelona, Cerdanya y Pallars, además de todos los obispos de la provincia eclesiástica de Narbona, a la que pertenecía el obispado de la Seu d'Urgell. Desde este momento la canonja de la Seu d'Urgell fue tomando relevancia y jugando un rol destacado en la vida de la Sede.
En 1001 fue a Roma, donde recibió de manos del Papa Silvestre II, al famoso Gerbert d'Aurillac amigo del obispo abad Oliba, y que había estudiado en el monasterio de Ripoll y, incluso en Córdoba, una bula para la que el obispado veía confirmadas todas sus propiedades.
El 1012 viajó de nuevo a Roma para verse con el Papa Benedicto VIII, el cual le confirmó todos sus bienes y límites del obispado, incluyendo el “pagus de la Ribagorza”. En 1017 consagró obispo de Roda a Borrell, el cual le juró fidelidad y lo reconoció como superior jerárquico. No dudó en presentarse a juicios públicos en contra de las decisiones tomadas por la nobleza del condado de “Urgell”.
La personalidad de un obispo del cambio de milenio era bastante diferente a la imágenes que tenemos actualmente. San Ermengol, como mucha gente de su época, fue un reconocido guerrero. Podríamos destacar la conquista y liberación de la ciudad de “Guissona” del poder musulmán en el año 1024, contribuyendo a su reedificación, lo que suponía también hacer retroceder la frontera sur de su obispado de la opresión musulmana que entonces sufría y devolver la libertad a los cristianos. La búsqueda de terrenos en el sur, más fértiles y con un clima más agradable, fueron una constante del momento. Esta y otras conquistas comportaron la necesidad de llevar a cabo toda una serie de obras de ingeniería y comunicaciones que dieron mucha popularidad al obispo. Una de las más reconocidas fue la vía de comunicación con el sur, con la construcción del paso de los “Els Tres Ponts”, que facilitaron el acceso a la plana de Urgell. Paralela al desarrollo de infraestructuras, Ermengol también llevó a cabo directa o indirectamente, la construcción de una serie de templos, como “San Julián de Coaner” o “San Pedro de la Portella”. Dentro de este apartado, cabe destacar la construcción de la iglesia de San Pedro (actual San Miguel), adosada al claustro de la Catedral de la Seu d’Urgell y que es la única construcción que conservamos integramente de su época. También destaca la catedral nueva -la tercera-, la “Catedral de la Seu d'Urgell”, la primera románica, consagrada por su sucesor, Eribau, el 23 de octubre de 1040, -que no pudo consagrar personalmente el Santo porque murió de accidente -San Ermengol no pudo ver nunca su gran obra, había muerto casi cinco años antes, el 3 de noviembre de 1035, al caer de un andamio mientras revisaba la construcción de un puente en Bar sobre el río Segre (la actual villa de “El Pont de Bar”). Hay muchas otras construcciones en la misma villa de “La Seu d'Urgell”: las capillas de Santa Eulalia, de San Francisco de Asís y de San Miguel, el antiguo Palacio Episcopal y el Hospital de los Pobres, ambas construcciones cerca de la actual Catedral –la nueva-.
También contribuyó y actuó personalmente en la mejora de las vías de comunicación de su obispado. Así, el Pont de Bar –ya mencionado- una vía importante hacia la Cerdanya. También se le atribuyó la construcción del puente a la altura de Sant Andreu dels Tresponts, vía también muy importante para el tránsito hacia el sur del obispado.
Desde su muerte, su mito y leyenda se extendieron rápidamente. Desde el principio, ya se dijo que su cuerpo bajó flotando por el río –en dirección contraria a la corriente del rio- hasta la Seu d'Urgell, donde se paro su cuerpo sin vida frente a la catedral y las campanas tocaron solas. Enterrado en el lado norte del transepto, a continuación se produjo una gran sequía. Gracias a unas revelaciones se procedió a cambiar el lugar de la sepultura y se instaló en el lado sur del mismo transepto. Dicho y hecho, llegó la lluvia y desde entonces siempre se le invoca en toda la región contra las sequías.
Fue un buen administrador y defensor de los bienes de su obispado. Un hombre muy fiel y también muy piadoso, según se desprende del texto de su testamento y por haber fundado la canónica, para reformar su clero, y de haber construido la catedral para aumentar el culto y honor a Dios.
Murió en El Pont de Bar, al caer del puente que se construía en el río Segre, el día 3 de noviembre del año 1035. Siete años más tarde el obispado de Urgell ya lo veneraba como santo y posteriormente lo tuvo como patrón.
Su popularidad, y la de sus milagros, se extendió tan pronto que el 1044 ya era considerado santo. Muchos son los testimonios que muestran la popularidad del santo en la comarca y, en especial, en su capital. De la Feria de Sant Ermengol, la más antigua documentada en la península iberica, tenemos la primera noticia en 1048, cuando el conde Ermengol III de Urgell, otorgaba a la canonja, todos los diezmos y teloneus que debían tributar los visitantes de la feria.
Otro ejemplo es el
Retablo de San Ermengol,
obra de Esteban Albert (1914-1995), que se representa todos los
sábados de
verano en el claustro de la catedral de la Seu d'Urgell, llevado
a cabo por
voluntarios del pueblo de todas las edades. Podemos encontrar
actores que la
han representado desde la primera edición así como nuevas
incorporaciones. Es
una obra de teatro de valor histórico para la cultura catalana.
Su festividad se celebra el día 3 de noviembre, ya desde poco
después de su
muerte comenzó a ser venerado, el 1044 ya consta su culto a “La
Seu d'Urgell”.
Mil años del obispo Ermengol (1010-2010)
En el año 1010, ya bien entrado el otoño, Ermengol, hijo de los vizcondes de “Conflent”, era consagrado obispo de “Urgell” en la catedral de Santa María de la Sede. En vida, el obispo Ermengol fue uno de los personajes más influyentes de aquellos condados cristianos, arrinconados en las estribaciones del Pirineo, que más adelante se fundirían en un país llamado Catalunya, y desarrolló una actividad incansable en la mejora de la vida material y espiritual de los sus fieles.
Obispo reformador, constructor de puentes y caminos, defensor de la Iglesia, peregrino y guerrero, Ermengol fue, por encima de todo, un hombre de su tiempo al servicio de la cristiandad y de la Iglesia de “Urgell”.
Su trágica muerte en “El Pont de Bar” el año 1035, en el transcurso de una visita de obras, consolidó su fama y rodeó su figura de una aureola de santidad que fue sancionada e incrementada con la atribución de numerosos milagros vinculados con el beneficio de la lluvia.
Diez siglos después de aquellos acontecimientos lejanos, la ocasión de su milenario es el momento más propicio para el recuerdo de uno de los personajes más sugestivos de la historia de Catalunya.
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San Carlos Borromeo, Obispo

Entre los grandes hombres de la Iglesia que, en los días turbulentos del siglo XVI, lucharon por llevar a cabo la verdadera reforma que tanto necesitaba la Iglesia y trataron de suprimir, mediante la corrección de los abusos y malas costumbres, los pretextos que aprovechaban en toda Europa los promotores de la falsa reforma, ninguno fue, ciertamente, más grande ni más santo que el cardenal Carlos Borromeo. Junto con san Pío V, san Felipe Neri y san Ignacio de Loyola, es una de las cuatro figuras más grandes de la contrarreforma. Era un noble de alta alcurnia. Su padre, el conde Gilberto Borromeo, se distinguió por su talento y sus virtudes. Su madre, Margarita, pertenecía a la noble rama milanesa de los Médicis. Un hermano menor de su madre llegó a ceñir la tiara pontificia con el nombre de Pío IV. Carlos era el segundo de los dos varones entre los seis hijos de una familia. Nació en el castillo de Arona, junto al lago Maggiore, el 2 de octubre de 1538. Desde los primeros años, dio muestras de gran seriedad y devoción. A los doce años, recibió la tonsura, y su tío, Julio César Borromeo, le cedió la rica abadía benedictina de San Gracián y San Felino, en Arona, que desde tiempo atrás estaba en manos de la familia. Se dice que Carlos, aunque era tan joven, recordó a su padre que las rentas de ese beneficio pertenecían a los pobres y no podían ser aplicadas a gastos seculares, excepto lo que se emplease en educarle para llegar a ser, un día, digno ministro de la Iglesia. Después de estudiar el latín en Milán, el joven se trasladó a la Universidad de Pavía, donde estudió bajo la dirección de Francisco Alciati, quien más tarde sería promovido al cardenalato a petición del santo. Carlos tenía cierta dificultad de palabra y su inteligencia no era deslumbrante, de suerte que sus maestros le consideraban como un poco lento; sin embargo, el joven hizo grandes progresos en sus estudios. La dignidad y seriedad de su conducta hicieron de él un modelo de los jóvenes universitarios, que tenían la reputación de ser muy dados a los vicios. El conde Gilberto sólo daba a su hijo una parte mínima de las rentas de su abadía y, por las cartas de Carlos, vemos que atravesaba frecuentemente por períodos de verdadera penuria, pues su posición le obligaba a llevar un tren de vida de cierto lujo. A los veintidós años, cuando sus padres ya habían muerto, obtuvo el grado de doctor. En seguida retornó a Milán, donde recibió la noticia de que su tío, el cardenal de Médicis, había sido elegido Papa en el cónclave de 1559, a raíz de la muerte de Pablo IV.
A principios de 1560, el nuevo Papa hizo a su sobrino cardenal diácono y, el 8 de febrero siguiente, le nombró administrador de la sede vacante de Milán, pero, en vez de dejarle partir, le retuvo en Roma y le confió numerosos cargos. En efecto, Carlos fue nombrado, en rápida sucesión, legado de Bolonia, de la Romaña y de la Marca de Ancona, así como protector de Portugal, de los Países Bajos, de los cantones católicos de Suiza y además, de las órdenes de San Francisco, del Carmelo, de los Caballeros de Malta y otras más. Lo extraordinario es que todos esos honores y responsabilidades recaían sobre un joven que no había cumplido aún veintitrés años y era simplemente clérigo de órdenes menores. Es increíble la cantidad de trabajo que san Carlos podía despachar sin apresurarse nunca, a base de una actividad regular y metódica. Además, encontraba todavía tiempo para dedicarse a los asuntos de su familia, para oír música y para hacer ejercicio. Era muy amante del saber y lo promovió mucho entre el clero, para lo que fundó en el Vaticano, con el objeto de instruir y deleitar a la corte pontificia, una academia literaria compuesta de clérigos y laicos, algunas de cuyas conferencias y trabajos fueron publicados entre las obras de san Carlos con el título de «Noctes Vaticanae». Por entonces, juzgó necesario atenerse a la costumbre renacentista que obligaba a los cardenales a tener un palacio magnífico, una servidumbre muy numerosa, a recibir constantemente a los personajes de importancia y a tener una mesa a la altura de las circunstancias: pero en su corazón estaba profundamente desprendido de todas esas cosas. Había logrado mortificar perfectamente sus sentidos y su actitud era humilde y paciente. Muchas almas se convierten a Dios en la adversidad; san Carlos tuvo el mérito de saber comprobar la vanidad de la abundancia al vivir en ella y, gracias a eso, su corazón se despegó cada vez más de las cosas terrenas. Había hecho todo lo posible por proveer al gobierno de la diócesis de Milán y remediar los desórdenes que había en ella; en este sentido, el mandato del papa de que se quedase en Roma le dificultó la tarea. El beato Bartolomé de los Mártires, arzobispo de Braga, fue por entonces a la Ciudad Eterna y san Carlos aprovechó la oportunidad para abrir su corazón a ese fiel siervo de Dios, a quien indicó: «Ya veis la posición que ocupo. Ya sabéis lo que significa ser sobrino, y sobrino predilecto, de un papa, y no ignoráis lo que es vivir en la corte romana. Los peligros son inmensos. ¿Qué puedo hacer yo, joven inexperto? Mi mayor penitencia es el fervor que Dios me ha dado y, con frecuencia, pienso en retirarme a un monasterio a vivir como si sólo Dios y yo existiésemos». El arzobispo disipó las dudas del cardenal, asegurándole que no debía soltar el arado que Dios le había puesto en las manos para el servicio de la Iglesia, sino que debía, más bien, tratar de gobernar personalmente su diócesis en cuanto se le ofreciese oportunidad. Cuando san Carlos se enteró de que Bartolomé de los Mártires había ido a Roma precisamente con el objeto de renunciar a su arquidiócesis, le pidió explicaciones sobre el consejo que le había dado, y el arzobispo hubo de usar de todo su tacto en tal circunstancia.
Pío IV había anunciado poco después de su elección que tenía la intención de volver a reunir el Concilio de Trento, suspendido en 1552. San Carlos empleó toda su influencia y su energía para que el Pontífice llevase a cabo su proyecto, a pesar de que las circunstancias políticas y eclesiásticas eran muy adversas. Los esfuerzos del cardenal tuvieron éxito, y el Concilio volvió a reunirse en enero de 1562. Durante los dos años que duró la sesión, el santo tuvo que trabajar con la misma diplomacia y vigilancia que había empleado para conseguir que se reuniese. Varias veces estuvo a punto de disolverse la asamblea, dejando la obra incompleta, pero, con su gran habilidad y con el constante apoyo que prestó a los legados del Papa, logró que la empresa siguiese adelante. Así pues, en las nueve reuniones generales y en las numerosísimas reuniones particulares se aprobaron muchos de los decretos dogmáticos y disciplinarios de mayor importancia. El éxito se debió a san Carlos más que a cualquier otro de los personajes que participaron en la asamblea, de suerte que puede decirse que él fue el director intelectual y el espíritu rector de la tercera y última sesión del Concilio de Trento. En el curso de las reuniones murió el conde Federico Borromeo, con lo cual san Carlos quedó como jefe de su noble familia y su posición se hizo más difícil que nunca. Muchos supusieron que iba a abandonar el estado clerical para casarse, pero el santo ni siquiera pensó en ello. Renunció a sus derechos en favor de su tío Julio y se ordenó sacerdote en 1563. Dos meses más tarde, recibió la consagración episcopal, aunque no se le permitió trasladarse a su diócesis. Además de todos sus cargos, se le confió la supervisión de la publicación del Catecismo del Concilio de Trento y la reforma de los libros litúrgicos y de la música sagrada; él fue quien encomendó a Palestrina la composición de la «Missa Papae Marcelli».
Milán, que había estado durante ochenta años sin obispo residente, se hallaba en un estado deplorable. El vicario de san Carlos había hecho todo lo posible por reformar la diócesis con la ayuda de algunos jesuitas, pero sin gran éxito. Finalmente, san Carlos consiguió permiso para reunir un concilio provincial y visitar su diócesis. Antes de que partiese, el Papa le nombró legado a latere para toda Italia. El pueblo de Milán le recibió con el mayor gozo y el santo predicó en la catedral sobre el texto «Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros». Diez obispos sufragáneos asistieron al sínodo, cuyas decisiones sobre la observancia de los decretos del Concilio de Trento, sobre la disciplina y la formación del clero, sobre la celebración de los divinos oficios, sobre la administración de los sacramentos, sobre la enseñanza dominical del catecismo y sobre muchos otros puntos, fueron tan atinados, que el Papa escribió a san Carlos para felicitarle. Cuando el santo se hallaba en el cumplimiento de su oficio como legado en Toscana, fue convocado a Roma para asistir a Pío IV en su lecho de muerte, donde también le asistió san Felipe Neri. El nuevo Papa, san Pío V, pidió a san Carlos que se quedase algún tiempo en Roma para desempeñar los oficios que su predecesor le había confiado, pero el santo aprovechó la primera oportunidad para rogar al Papa que le dejase partir y, supo hacerlo con tal tino, que Pío V le despidió con su bendición.
San Carlos llegó a Milán en abril de 1566 y, en seguida empezó a trabajar enérgicamente en la reforma de su diócesis. Su primer paso fue la organización de su propia casa. Puesto que consideraba el episcopado como un estado de perfección, se mostró sumamente severo consigo mismo. Sin embargo, supo siempre aplicar la discreción a la penitencia para no desperdiciar las fuerzas que necesitaba en el cumplimiento de su deber, de suerte que aun en las mayores fatigas conservaba toda su energía. Las rentas de que disfrutaba eran pingües, pero dedicaba la mayor parte a las obras de caridad y se oponía decididamente a la ostentación y al lujo. En cierta ocasión en que alguien ordenó que le calentasen el lecho, el santo dijo, sonriendo: «La mejor manera de no encontrar el lecho demasiado frío es ir a él más frío de lo que pueda estar». Francisco Panigarola, arzobispo de Asti, dijo en la oración fúnebre por san Carlos: «De sus rentas no empleaba para su propio uso más que lo absolutamente indispensable. En cierta ocasión en que le acompañé a una visita del valle de Mesolcina, que es un sitio muy frío, le encontré por la noche estudiando, vestido únicamente con una sotana vieja. Naturalmente le dije que, si no quería morir de frío, tenía que cubrirse mejor y él sonrió al responderme: `No tengo otra sotana. Durante el día estoy obligado a vestir la púrpura cardenalicia, pero ésta es la única sotana realmente mía y me sirve lo mismo en el verano que en el invierno'». Cuando san Carlos se estableció en Milán, vendió la vajilla de plata y otros objetos preciosos en 30.000 coronas, suma que consagró íntegramente a socorrer a las familias necesitadas. Su limosnero tenía orden de repartir entre los pobres 200 coronas mensuales, sin contar las limosnas extraordinarias, que eran muy numerosas. La generosidad de san Carlos dejó un recuerdo imperecedero. Por ejemplo, supo ayudar tan liberalmente al Colegio inglés de Douai, que el cardenal Allen solía llamar a san Carlos, fundador de la institución. Por otra parte, el santo organizó retiros para su clero. El mismo hacía los Ejercicios Espirituales dos veces al año y tenía por regla confesarse todos los días antes de celebrar la misa. Su confesor ordinario era el Dr. Crifiith Roberts, de la diócesis de Bangor, autor de la famosa gramática galesa. San Carlos nombró a otro galés (el Dr. Owen, quien más tarde llegó a ser obispo de Calabria) vicario general de su diócesis, y llevaba siempre consigo una pequeña imagen de san Juan Fisher. Tenía el mayor respeto por la liturgia, de suerte que jamás decía una oración ni administraba ningún sacramento apresuradamente, por grande que fuese su prisa o por larga que resultase la función.
Su espíritu de oración y su amor de Dios dejaban en los otros un gran gozo espiritual, le ganaban los corazones, e infundían en todos el deseo de perseverar en la virtud y de sufrir por ella. Tal fue el espíritu que san Carlos aplicó a la reforma de su diócesis, empezando por la organización de su propia casa. Su casa estaba compuesta de unas cien personas; la mayor parte eran clérigos, a los que el santo pagaba generosamente para evitar que recibiesen regalos de otros. En la diócesis se conocía mal la religión y se la comprendía aún menos; las prácticas religiosas estaban desfiguradas por la superstición y profanadas por los abusos. Los sacramentos habían caído en el abandono, porque muchos sacerdotes apenas sabían cómo administrarlos y eran indolentes, ignorantes y de mala vida. Los monasterios se hallaban en el mayor desorden. Por medio de concilios provinciales, sínodos diocesanos y múltiples instrucciones pastorales, san Carlos aplicó progresivamente las medidas necesarias para la reforma del clero y del pueblo. Aquellas medidas fueron tan sabias, que una gran cantidad de prelados las consideran todavía como un modelo y las estudian para aplicarlas. San Carlos fue uno de los hombres más eminentes en teología pastoral que Dios enviara a su Iglesia para remediar los desórdenes producidos por la decadencia espiritual de la Edad Media y por los excesos de los reformadores protestantes. Empleando por una parte la ternura paternal y las ardientes exhortaciones y, poniendo rigurosamente en práctica, por la otra, los decretos de los sínodos, sin distinción de personas, ni clases, ni privilegios, doblegó poco a poco a los obstinados y llegó a vencer dificultades que habrían desalentado aun a los más valientes. San Carlos tuvo que superar su propia dificultad de palabra, a base de paciencia y atención, pues tenía un defecto en la lengua. A este propósito, decía su amigo Aquiles Gagliardi: «Muchas veces me he maravillado de que, aun sin poseer elocuencia natural alguna, sin tener ningún atractivo especial en su persona, haya conseguido obrar tales cambios en el corazón de sus oyentes. Hablaba brevemente, con suma seriedad y apenas se podía oír su voz; sin embargo, sus palabras producían siempre efecto». San Carlos ordenó que se atendiense especialmente a la instrucción cristiana de los niños. No contento con imponer a los sacerdotes la obligación de enseñar públicamente el catecismo todos los domingos y días de fiesta, estableció la Cofradía de la Doctrina Cristiana, que llegó a contar, según se dice, con 740 escuelas, 3.000 catequistas y 40.000 alumnos. San Carlos se valió particularmente de los clérigos regulares de San Pablo («barnabitas»), cuyas constituciones él mismo había ayudado a revisar y, en 1578, fundó una congregación de sacerdotes seculares, llamados Oblatos de San Ambrosio que, por un voto simple de obediencia a su obispo, se ponían a disposición de éste para que los emplease a su gusto en la obra de la salvación de las almas. Pío XI formó parte más tarde de esa congregación, cuyos miembros se llaman actualmente Oblatos de San Ambrosio y de San Carlos.
Pero no en todas partes se acogió bien la obra reformadora del santo, quien en ciertos casos tuvo que hacer frente a una oposición violenta y sin escrúpulos. En 1567, tuvo una dificultad con el senado. Ciertos laicos que llevaban abiertamente una vida poco edificante y se negaban a prestar oídos a las exhortaciones del santo, fueron aprisionados por orden suya. El senado amenazó, por ese motivo, a los funcionarios de la curia del arzobispo, y el asunto llegó hasta el Papa y Felipe II de España. Entre tanto, el alguacil episcopal fue golpeado y expulsado de la ciudad. San Carlos, después de considerar la cosa maduramente, excomulgó a los que habían participado en el ataque. Finalmente, el fallo sobre este conflicto de jurisdicción favoreció a san Carlos, ya que en la ley de la época un arzobispo gozaba de cierto poder ejecutivo; pero el gobernador de Milán se negó a aceptar esa decisión. San Carlos partió por entonces a visitar tres valles alpinos: el de Levantina, el de Bregno y La Riviera, que los anteriores arzobispos habían dejado completamente abandonados y donde la corrupción del clero era todavía mayor que la de los laicos, con los resultados que pueden imaginarse. El santo predicó y catequizó por todas partes, destituyó a los clérigos indignos y los reemplazó por hombres capaces de restaurar la fe y las costumbres del pueblo y de resistir a los ataques de los protestantes zwinglianos. Pero sus enemigos de Milán no le dejaron mucho tiempo en paz. Como la conducta de algunos de los canónigos de la colegiata de Santa Maria della Scala (que pretendían estar exentos de la jurisdicción del ordinario) no correspondiese a su dignidad, san Carlos consultó a san Pío V, quien le contestó que tenía derecho a visitar dicha iglesia y a tomar contra los canónigos las medidas que juzgase necesarias. San Carlos se presentó entonces en la iglesia a hacer la visita canónica; pero los canónigos le dieron con la puerta en las narices y alguien hizo un disparo contra la cruz que el santo había alzado con la mano durante el tumulto. El senado se puso en favor de los canónigos y presentó a Felipe II de España las más virulentas acusaciones contra el arzobispo, diciendo que se había arrogado los derechos del rey, porque la colegiata estaba bajo el patronato regio. Por otra parte, el gobernador de Milán escribió al Papa, amenazando con desterrar al cardenal Borromeo por traidor. Finalmente, el rey escribió al gobernador para que apoyase al arzobispo y los canónigos ofrecieron resistencia algún tiempo, pero acabaron por doblegarse.
Antes de que ese asunto se solucionase, la vida de san Carlos corrió un peligro todavía mayor: la orden religiosa de los humiliati, que contaba ya con muy pocos miembros pero poseía aún muchos monasterios y tierras, se había sometido a las medidas reformadoras del arzobispo, pero los humiliati estaban totalmente corrompidos y su sumisión había sido aparente. En efecto, intentaron por todos los medios conseguir que el Papa anulase las disposiciones de san Carlos y, al fracasar sus intentos, tres priores de la orden tramaron un complot para asesinar a san Carlos. Un sacerdote de la orden, llamado Jerónimo Donati Farina, aceptó hacer el intento de matar al santo por veinte monedas de oro. Se obtuvo esa suma con la venta de los ornamentos de una iglesia. El 26 de octubre de 1569, Farina se apostó a la puerta de la capilla de la casa de san Carlos, en tanto que éste rezaba las oraciones de la noche con los suyos. Los presentes cantaban un himno de Orlando di Lasso y, precisamente en el momento en que entonaban las palabras «Ya es tiempo de que vuelva a Aquél que me envió», el asesino descargó su pistola contra el santo. Farina consiguió escapar en el tumulto que se produjo, en tanto que san Carlos, pensando que estaba herido de muerte, encomendaba su alma a Dios. En realidad la bala sólo había tocado sus ropas y su manto cardenalicio había caído al suelo, pero el santo estaba ileso. Después de una solemne procesión de acción de gracias, san Carlos se retiró unos días a un monasterio de la Cartuja para consagrar nuevamente su vida a Dios.
Al salir de su retiro, visitó otra vez los tres valles de los Alpes y aprovechó la oportunidad para recorrer también los cantones suizos católicos, donde convirtió a cierto número de zwinglianos y restauró la disciplina en los monasterios. La cosecha de aquel año se perdió y, al siguiente, Milán atravesó por un período de carestía. San Carlos pidió ayuda para procurar alimentos a los necesitados y, durante tres meses, dio de comer diariamente a tres mil pobres con sus propias rentas. Como había estado bastante mal de salud, los médicos le ordenaron que modificase su régimen de vida, pero el cambio no produjo ninguna mejoría. Después de asistir en Roma al cónclave que eligió a Gregorio XIII, el santo volvió a su antiguo régimen y así, pronto se recuperó. Al poco tiempo, tuvo un nuevo conflicto con el poder civil de Milán, pues el nuevo gobernador, Don Luis de Requesens, trató de reducir la jurisdicción local de la Iglesia y de poner en mal al arzobispo con el rey. San Carlos no vaciló en excomulgar a Requesens quien, para vengarse, envió un pelotón de soldados a patrullar las cercanías del palacio episcopal y prohibió que las cofradías se reuniesen cuando no estuviera presente un magistrado. Felipe II acabó por destituir al gobernador. Pero esos triunfos públicos no fueron, por cierto, la parte más importante del «cuidado pastoral» que ensalza el oficio de la fiesta de san Carlos. Su tarea principal consistió en formar un clero virtuoso y bien preparado. En cierta ocasión en que un sacerdote ejemplar se hallaba gravemente enfermo, las gentes comentaron que el arzobispo se preocupaba demasiado por él. El santo respondió: «¡Bien se ve que no sabéis lo que vale la vida de un buen sacerdote!» Ya mencionamos arriba la fundación de los oblatos de San Ambrosio, que tanto éxito tuvieron. Por otra parte, san Carlos reunió cinco sínodos provinciales y once diocesanos. Era infatigable en la visita a las parroquias. Cuando uno de sus sufragáneos le dijo que no tenía nada que hacer, el santo le mandó una larga lista de las obligaciones episcopales, añadiendo después de cada punto: «¿Cómo puede decir un obispo que no tiene nada que hacer?» El santo fundó tres seminarios en la arquidiócesis de Milán, para otros tantos tipos de jóvenes que se preparaban al sacerdocio y exigió en todas partes que se aplicasen las disposiciones del Concilio Tridentino acerca de la formación sacerdotal. En 1575, fue a Roma a ganar la indulgencia del jubileo y, al año siguiente, la instituyó en Milán. Acudieron entonces a la ciudad grandes multitudes de peregrinos, algunos de los cuales estaban contaminados con la peste, de suerte que la epidemia se propagó en Milán con gran virulencia.
El gobernador y muchos de los nobles abandonaron la ciudad. San Carlos se consagró enteramente al cuidado de los enfermos. Como su clero no fuese suficientemente numeroso para asistir a las víctimas, reunió a los superiores de las comunidades religiosas y les pidió ayuda. Inmediatamente se ofrecieron como voluntarios muchos religiosos, a quienes san Carlos hospedó en su propia casa. Después escribió al gobernador, Don Antonio de Guzmán, echándole en cara su cobardía, y consiguió que volviese a su puesto, con otros magistrados, para esforzarse en poner coto al desastre. El hospital de San Gregorio resultaba demasiado pequeño y siempre estaba repleto de muertos, moribundos y enfermos a quienes nadie se encargaba de asistir. El espectáculo arrancó lágrimas a san Carlos, quien tuvo que pedir auxilio a los sacerdotes de los valles alpinos, pues los de Milán se negaron, al principio, a ir al hospital. La epidemia acabó con el comercio, lo cual produjo la carestía. San Carlos agotó literalmente sus recursos para ayudar a los necesitados y contrajo grandes deudas. Llegó al extremo de transformar en vestidos para los pobres, los toldos y doseles de colores que solían colgarse desde el palacio episcopal hasta la catedral, durante las procesiones. Se colocó a los enfermos en las casas vacías de las afueras de la ciudad y en refugios improvisados; los sacerdotes organizaron cuerpos de ayudantes laicos, y se erigieron altares en las calles para que los enfermos pudiesen asistir a la misa desde las ventanas. Pero el arzobispo no se contentó con orar, hacer penitencia, organizar y distribuir, sino que asistió personalmente a los enfermos, a los moribundos y acudió en socorro de los necesitados. Los altibajos de la peste duraron desde el verano de 1576 hasta principios de 1578. Ni siquiera en ese período dejaron los magistrados de Milán de hacer intentos para poner en mal a san Carlos con el Papa. Tal vez algunas de sus quejas no eran del todo infundadas, pero todas ellas revelaban, en el fondo, la ineficacia y estupidez de quienes las presentaban. Cuando terminó la epidemia, san Carlos decidió reorganizar el capítulo de la catedral sobre la base de la vida común. Los canónigos se opusieron y el santo determinó entonces fundar sus oblatos. En la primavera de 1580, hospedó durante una semana a una docena de jóvenes ingleses que iban de paso hacia la misión de Inglaterra y uno de ellos predicó ante él: era san Rodolfo Sherwin, quien un año y medio más tarde había de morir por la fe en Londres. Poco después, san Carlos le dio la primera comunión a san Luis Gonzaga, que tenía entonces doce años. Por esa época viajó mucho y las penurias y fatigas empezaron a afectar su salud. Además, había reducido las horas de sueño y el Papa hubo de recomendarle que no llevase demasiado lejos el ayuno cuaresmal. A fines de 1583, san Carlos fue enviado a Suiza como visitador apostólico y en Grisons tuvo que enfrentarse no sólo contra los protestantes, sino también contra un movimiento de brujas y hechiceros. En Roveredo, el pueblo acusó al párroco de practicar la magia y el santo se vio obligado a degradarle y entregarle al brazo secular. No se avergonzaba de discutir pacientemente sobre puntos teológicos con las campesinas protestantes de la región y, en cierta ocasión, hizo esperar a su comitiva hasta que consiguió hacer aprender el Padrenuestro y el Avemaría a un ignorante pastorcito. Habiéndose enterado de que el duque Carlos de Saboya había caído enfermo en Vercelli, fue a verle inmediatamente y le encontró agonizante. Pero, en cuanto entró en la habitación del duque, éste exclamó: «¡Estoy curado!» El santo le dio la comunión al día siguiente. Carlos de Saboya pensó siempre que había recobrado la salud gracias a las oraciones de san Carlos y, después de la muerte de éste, mandó colgar en su sepulcro una lámpara de plata.
En el año de 1584 decayó más la salud del santo. Después de fundar en Milán una casa de convalecencia, san Carlos partió en octubre, a Monte Varallo para hacer su retiro anual, acompañado por el P. Adorno, S. J. Antes de partir, había predicho a varias personas que le quedaba ya poco tiempo de vida. En efecto, el 24 de octubre se sintió enfermo y, el 29 del mismo mes, partió de regreso a Milán, a donde llegó el día de los fieles difuntos. La víspera había celebrado su última misa en Arona, su ciudad natal. Una vez en el lecho, pidió los últimos sacramentos «inmediatamente» y los recibió de manos del arcipreste de su catedral. Al principio de la noche del 3 al 4 de noviembre, murió apaciblemente, mientras pronunciaba las palabras «Ecce venio». No tenía más que cuarenta y seis años de edad. La devoción al santo cardenal se propagó rápidamente. En 1601, el cardenal Baronio, quien le llamó «un segundo Ambrosio», mandó al clero de Milán una orden de Clemente VIII para que, en el aniversario de la muerte del arzobispo, no celebrasen misa de requiem, sino una misa solemne. San Carlos fue oficialmente canonizado por Paulo V en 1610.
Se puede
decir, con verdad, que hasta la
fecha no se ha publicado ninguna biografía de san Carlos basada
en un estudio
serio de los materiales que se encuentran en los archivos
privados,
diplomáticos y eclesiásticos. Los lectores modernos conocen al
santo, sobre
todo, a través de la biografía de Giussano (1610), cuya edición
latina anotó
Oltrocchi en 1751 y la del P. Sylvain, Histoire de Saint Charles
Borromée (3
vols, 1884). Tal vez la más valiosa de las fuentes, dado que se
trata de la
obra de un amigo que conoció íntimamente a san Carlos, es el
libro del
barnabita Bascape, De vita et rebus gestis Caroli cardinalis
(1592). En el
siglo XX se han publicado muchos estudios históricos sobre los
resultados del
Concilio de Trento en materia de contrarreforma, y muchos de
ellos arrojan luz
sobre la vida y las actividades de san Carlos. En este sentido,
podríamos dar
aquí una bibliografía inmensa; pero nos contentaremos con citar
las obras
principales. Entre las obras de tipo general, conviene ver la
Historia de los
Papas de Pastor, y la vasta colección de documentos iniciada por
Merkle y Ehses
acerca de las sesiones del Concilio de Trento. J. A. Sassi editó
en 1747 los
escritos de San Carlos en cinco volúmenes; pero en aquella
época, no se conocía
o no se podía publicar, una gran parte de la correspondencia del
santo. Acerca
de la acusación que se hizo a San Carlos de perseguir
despiadadamente a los
herejes, cf. The Tablet, 29 de julio de 1905. Sobre la falla de
precauciones
sanitarias durante la gran epidemia, véase el importantísimo
estudio del P. A.
Gemelli, en Scuola Cattolica (1910).
Cuadros:G. Lanfranchi: San Carlos Borromeo en éxtasis, s. XVII y
Carlos
Saraceni: San Carlos Borromeo asiste a un apestado, 1618.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en san Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén
J†A
JMJ
Pax
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo se
acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y
le
preguntaron:
"Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si un hombre muere dejando
mujer
sin hijos, que su
hermano se case con la mujer para dar descendencia al hermano
difunto".
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin
hijos. El
segundo, el tercero
y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y
todos murieron
sin dejar hijos.
Por último murió la viuda. Ahora bien, cuando llegue la
resurrección, ¿de cuál
de ellos será
esposa la mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella".
Jesús les dijo:
"En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero en la vida
futura, los que
sean juzgados dignos
de ella y de la resurrección de los muertos no se casarán. Pues
no pueden ya
morir, porque son
como ángeles; son hijos de Dios, porque han resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el
episodio de la
zarza, cuando llama
al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob".
Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos
viven".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias.
Oremos:
Ayúdanos, Señor, a dejar en tus manos paternales todas
nuestras preocupaciones,
a fin de que
podamos entregarnos con mayor libertad a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El rey del universo nos resucitará para una vida eterna
Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2.9-14
En aquellos días
arrestaron a siete hermanos con su
madre. El rey Antíoco los hizo azotar para
obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
Uno de ellos dijo en nombre de todos:
"¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir
antes que
quebrantar la ley de
nuestros padres".
Cuando el segundo de ellos estaba para morir, dijo al rey:
"Asesino, tú nos arrancas la vida presente; pero el rey del
universo nos
resucitará a una vida
eterna, puesto que morimos
por fidelidad a sus leyes".
Después comenzaron a torturar al tercero. Le mandaron sacar la
lengua, y
extendió las manos
con firmeza. Y declaró con valor:
"De Dios recibí estos miembros y por su ley los desprecio:
espero recobrarlos
del mismo Dios".
El rey y sus acompañantes quedaron impresionados del valor con
que el muchacho
despreciaba
los tormentos. Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a
torturas semejantes.
Y cuando
estaba para expirar, dijo:
"Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se tiene la
firme
esperanza de que Dios
nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 16
Al despertar contemplaré tu rostro, Señor.
Señor,
hazme justicia, a mi clamor
atiende; presta oído a mi súplica, pues mis labios no mienten.
Al despertar contemplaré tu rostro, Señor.
Mis pies
en tus caminos se mantuvieron
firmes, y no temblaron mis pasos. A ti mi voz elevo, pues sé
que me respondes;
atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras.
Al despertar contemplaré tu rostro, Señor.
Bajo la
sombra de tus alas escóndeme. Yo
por serte fiel contemplaré tu rostro, y al despertar espero
saciarme de tu
vista.
Al despertar contemplaré tu rostro, Señor.
Que el Señor disponga sus corazones para toda clase de palabras y de buenas obras
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 16-17; 3,1-5
Hermanos: Que Jesucristo
Señor nuestro y nuestro Padre
Dios, que nos ha amado y nos ha
regalado un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforte
sus corazones y los
disponga a toda
clase de palabras y de buenas obras.
Por lo demás, hermanos, oren por nosotros, para que la palabra
del Señor siga
el avance
glorioso que comenzó en ustedes, y para que nos libre de los
hombres perversos
y malvados
que nos acosan, porque no todos aceptan la fe.
El Señor, que es fiel, les dará fuerzas y los librará del
maligno.
Tengo confianza en el Señor de que ya hacen y continuarán
haciendo cuanto les
he mandado.
Que el Señor dirija su corazón para que amen a Dios y esperen
pacientemente a
Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Jesucristo es el primogénito de los muertos; a él sea dada la
gloria y el poder
por siempre.
Aleluya.
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo se
acercaron a Jesús unos saduceos,
que niegan la resurrección, y le
preguntaron:
"Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si un hombre muere dejando
mujer
sin hijos, que su
hermano se case con la mujer para dar descendencia al hermano
difunto".
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió
sin hijos. El
segundo, el tercero
y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y
todos murieron
sin dejar hijos.
Por último murió la viuda. Ahora bien, cuando llegue la
resurrección, ¿de cuál
de ellos será
esposa la mujer? Porque los siete estuvieron casados con
ella".
Jesús les dijo:
"En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero en la vida
futura, los que
sean juzgados dignos
de ella y de la resurrección de los muertos no se casarán.
Pues no pueden ya
morir, porque son
como ángeles; son hijos de Dios, porque han resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el
episodio de la
zarza, cuando llama
al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob".
Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él
todos viven".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, por todos los hombres y por sus necesidades, para que
nunca falte a
nadie la ayuda de nuestra caridad:
Para que la Iglesia viva en paz, crezca constantemente, se extienda por todo el mundo y preserve con alegría en la presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Para que el Señor conceda a los que gobiernan el espíritu de sabiduría y de prudencia, a fin de que rijan a sus pueblos pensando en la paz común y en el bien y la prosperidad de sus súbditos, roguemos al Señor.
Para que Dios libere al mundo de toda falsedad, hambre y miseria, y auxilie a los perseguidos, a los encarcelados y a los que son tratados injustamente, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros realicemos nuestro trabajo con espíritu y consigamos frutos abundantes por nuestras obras, roguemos al Señor.
Celebrante:
Señor Dios, dueño supremo de la vida y autor de la
resurrección, delante del
cual hasta los muertos viven, escucha nuestras oraciones y haz
que la palabra
de tu hijo, sembrada en nuestros corazones, germine y dé fruto
abundante y que
todos seamos confirmados en la esperanza de la resurrección y
la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Mira con bondad, Señor,
los dones que te presentamos;
a fin de que el sacramento de la muerte
y resurrección de tu Hijo, nos alcance de ti la vida
verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El día del Señor
En verdad es justo
bendecirte y darte gracias, Padre
santo, fuente de la verdad y de la vida,
porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy
tu familia,
reunida en la escucha
de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido,
celebra el memorial
del Señor
resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la
humanidad entera
entrará en tu
descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu
misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los
santos, cantamos
unánimes el himno
de tu gloria:
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia
fuentes tranquilas.
Oremos:
Te damos gracias, Señor, por habernos alimentado con el Cuerpo
y la Sangre de
tu Hijo; y te
rogamos que la fuerza del Espíritu Santo, que nos has
comunicado en este
sacramento,
permanezca en nosotros y transforme toda nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Trigésimo segundo Domingo
ciclo c
LA DIGNIDAD DEL CUERPO HUMANO
— La resurrección de los cuerpos, declarada por Jesús.
— Los cuerpos están destinados a dar gloria a Dios junto con el alma.
— Nuestra filiación divina, iniciada ya en el alma por la gracia, será consumada por la glorificación del cuerpo.
I. La liturgia de la Misa de este domingo propone a nuestra consideración una de las verdades de fe recogidas en el Credo, y que hemos repetido muchas veces: la resurrección de los cuerpos y la existencia de una vida eterna para la que hemos sido creados. La Primera lectura1 nos habla de aquellos siete hermanos que, junto con su madre, prefirieron la muerte antes que traspasar la Ley del Señor. Mientras eran torturados, confesaron con firmeza su fe en una vida más allá de la muerte: Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.
Otros lugares del Antiguo Testamento también expresan esta verdad fundamental revelada por Dios. Era una creencia universalmente admitida entre los judíos en tiempos de Jesús, salvo por el partido de los saduceos, que tampoco creían en la inmortalidad del alma, en la existencia de los ángeles y en la acción de la Providencia divina2. En el Evangelio de la Misa3 leemos cómo se acercaron a Jesús con la intención de ponerle en un aprieto. Según la ley del levirato4, si un hombre moría sin dejar hijos, el hermano estaba obligado a casarse con la viuda para suscitar descendencia. Así –le dicen a Jesús– ocurrió con siete hermanos: Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella. Les parecía que las consecuencias de esta ley provocaban una situación ridícula a la hora de poder explicar la resurrección de los cuerpos.
Jesús deshace esta cuestión, frívola en el fondo, reafirmando la resurrección y enseñando las propiedades de los cuerpos resucitados, La vida eterna no será igual a esta: allí no tomarán ni mujer ni marido..., pues son iguales a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y, citando la Sagrada Escritura5, pone de manifiesto el grave error de los saduceos, y argumenta: No es Dios de muertos, sino de vivos; todos viven para Él. Moisés llamó al Señor Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob, que hacía tiempo que habían muerto. Por tanto, aunque estos justos hayan muerto en cuanto al cuerpo, viven con verdadera vida en Dios, pues sus almas son inmortales, y esperan la resurrección de los cuerpos6. Los saduceos ya no se atrevían a preguntarle más.
Los cristianos profesamos en el Credo nuestra esperanza en la resurrección del cuerpo y en la vida eterna. Este artículo de la fe “expresa el término y el fin del designio de Dios” sobre el hombre. “Si no existe la resurrección, todo el edificio de la fe se derrumba, como afirma vigorosísimamente San Pablo (cfr. 1 Cor 15). Si el cristiano no está seguro del contenido de las palabras vida eterna, las promesas del Evangelio, el sentido de la Creación y de la Redención desaparecen, e incluso la misma vida terrena queda desposeída de toda esperanza (cfr. Heb 11, l)”7. Ante la atracción de las cosas de aquí abajo, que pueden aparecer en ocasiones como las únicas que cuentan, hemos de considerar repetidamente que nuestra alma es inmortal, y que se unirá al propio cuerpo al fin de los tiempos; ambos –el hombre entero: alma y cuerpo– están destinados a una eternidad sin término. Todo lo que llevemos a cabo en este mundo hemos de hacerlo con la mirada puesta en esa vida que nos espera, pues “pertenecemos totalmente a Dios, con alma y cuerpo, con la carne y con los huesos, con los sentidos y con las potencias”8.
II. La muerte, como enseña la Sagrada Escritura, no la hizo Dios; es pena del pecado de Adán9. Cristo mostró con su resurrección el poder sobre la muerte: mortem nostram moriendo destruxit et vita resurgendo reparavit, muriendo destruyó nuestra muerte, y resurgiendo reparó nuestra vida, canta la Iglesia en el Prefacio pascual. Con la resurrección de Cristo la muerte ha perdido su aguijón, su maldad, para tornarse redentora en unión con la Muerte de Cristo. Y en Él y por Él nuestros cuerpos resucitarán al final de los tiempos, para unirse al alma, que, si hemos sido fieles, estará dando gloria a Dios desde el instante mismo de la muerte, si nada tuvo que purificar.
Resucitar significa volver a levantarse aquello que cayó10, la vuelta a la vida de lo que murió, levantarse vivo aquello que sucumbió en el polvo. La Iglesia predicó desde el principio la resurrección de Cristo, fundamento de toda nuestra fe, y la resurrección de nuestros propios cuerpos, de la propia carne, de “esta en que vivimos, subsistimos y nos movemos”11. El alma volverá a unirse al propio cuerpo para el que fue creada. Y precisa el Magisterio de la Iglesia: los hombres “resucitarán con los propios cuerpos que ahora llevan”12. Al meditar que nuestros cuerpos darán también gloria a Dios, comprendemos mejor la dignidad de cada hombre y sus características esenciales e inconfundibles, distintas de cualquier otro ser de la Creación. El hombre no solo posee un alma libre, “bellísima entre las obras de Dios, hecha a imagen y semejanza del Creador, e inmortal porque así lo quiso Dios”13, que le hace superior a los animales, sino un cuerpo que ha de resucitar y que, si se está en gracia, es templo del Espíritu Santo. San Pablo recordaba frecuentemente esta verdad gozosa a los primeros cristianos: ¿no sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros?14.
Nuestros cuerpos no son una especie de cárcel que el alma abandona cuando sale de este mundo, no “son lastre, que nos vemos obligados a arrastrar, sino las primicias de eternidad encomendadas a nuestro cuidado”15. El alma y el cuerpo se pertenecen mutuamente de manera natural, y Dios creó el uno para el otro. “Respétalo –nos exhorta San Cirilo de Jerusalén–, ya que tiene la gran suerte de ser templo del Espíritu Santo. No manches tu carne y si te has atrevido a hacerlo, purifícala ahora con la penitencia. Límpiala mientras tienes tiempo”16.
III. La altísima dignidad del hombre se encuentra ya presente en su creación, y con la Encarnación del Verbo, en la que existe como un desposorio del Verbo con la carne humana17, llega a su plena manifestación. Cada hombre “ha sido comprendido en el misterio de la redención, con cada uno ha sido unido Cristo, para siempre, por parte de este misterio. Todo hombre viene al mundo concebido en el seno materno, naciendo de madre, y es precisamente por razón del misterio de la Redención por lo que es confiado a la solicitud de la Iglesia. Tal solicitud afecta al hombre entero y está centrada sobre él de manera del todo particular. El objeto de esta premura es el hombre en su única e irrepetible realidad humana, en la que permanece intacta la imagen y semejanza de Dios mismo”18.
Enseña Santo Tomás que nuestra filiación divina, iniciada ya por la acción de la gracia en el alma, “será consumada por la glorificación del cuerpo (...), de forma que así como nuestra alma ha sido redimida del pecado, así nuestro cuerpo será redimido de la corrupción de la muerte”19. Y cita a continuación las palabras de San Pablo a los filipenses: Nosotros somos ciudadanos del Cielo, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro humilde cuerpo conforme a su Cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas20. El Señor transformará nuestro cuerpo débil y sujeto a la enfermedad, a la muerte y a la corrupción, en un cuerpo glorioso. No podemos despreciarlo, ni tampoco exaltarlo como si fuera la única realidad en el hombre. Hemos de tenerlo sujeto mediante la mortificación porque, a consecuencia del desorden producido por el pecado original, tiende a “hacernos traición”21.
Es de nuevo San Pablo el que nos exhorta: Habéis sido comprados a gran precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo22. Y comenta el Papa Juan Pablo II: “La pureza como virtud, es decir, capacidad de mantener el propio cuerpo en santidad y respeto (cfr. 1 Tes 4, 4), aliada con el don de piedad, como fruto de la inhabitación del Espíritu Santo en el templo del cuerpo, realiza en él una plenitud tan grande de dignidad en las relaciones interpersonales, que Dios mismo es glorificado en él. La pureza es gloria del cuerpo humano ante Dios. Es la gloria de Dios en el cuerpo humano”23.
Nuestra Madre Santa María, que fue asunta al Cielo en cuerpo y alma, nos recordará en toda ocasión que también nuestro cuerpo ha sido hecho para dar gloria a Dios, aquí en la tierra y en el Cielo por toda la eternidad.
1 2 Mac 7, 1-2; 9-14. — 2 Cfr. J. Dheilly, Diccionario bíblico, voz Saduceos, p. 921. — 3 Lc 20, 27-38. — 4 Cfr. Dt 25, 5 ss. — 5 Ex 3, 2; 6. — 6 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Lc 20, 27-40. — 7 S. C. para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología. 17-V-1979. — 8 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 177. — 9 Cfr. Rom 5. 12. — 10 Cfr. San Juan Damasceno, Sobre la fe ortodoxa, 27. — 11 Cfr. J. Ibáñez-F. Mendoza, La fe divina y católica de la Iglesia, Magisterio Español, Madrid 1978. nn. 7, 216 y 779. — 12 Ibídem. — 13 San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, IV, 18. — 14 1 Cor 6, 19. — 15 Cfr. R. A. Knox, El torrente oculto, Rialp, Madrid 1956, p. 346. — 16 San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, IV, 25. — 17 Tertuliano, Sobre la resurrección, 63. — 18 Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979, 13. — 19 Santo Tomás, Comentario a la Carta a los Romanos, 8, 5. — 20 Flp 3, 21. — 21 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 196 — 22 1 Cor 6, 20, — 23 Juan Pablo II, Audiencia general 18-III-1981.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San León
Magno
Pontífice
Año 461
Bendito sea Dios que ha enviado a su Santa Iglesia, jefes tan santos y tan sabios. Que no deje nunca el Señor de enviarnos pastores como San León Magno.
Lo
llaman "Magno porque fue grande en obras y en santidad. 
Es el Pontífice más importante de su siglo.
Tuvo que luchar fuertemente contra dos clases de enemigos: los externos que querían invadir y destruir a Roma, y los internos que trataban de engañar a los católicos con errores y herejías.
Nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional que era el latín.
Llegó a ser Secretario del Papa San Celestino, y de Sixto III, y fue enviado por éste como embajador a Francia a tratar de evitar una guerra civil que iba a estallar por la pelea entre dos generales. Estando por allá le llegó la noticia de que había sido nombrado Sumo Pontífice. Año 440.
Desde el principio de su pontificado dio muestra de poseer grandes cualidades para ese oficio. Predicaba al pueblo en todas las fiestas y de él se conservan 96 sermones, que son verdaderas joyas de doctrina. A los que estaban lejos los instruía por medio de cartas. Se conservan 144 cartas escritas por San León Magno.
Su fama de sabio era tan grande que cuando en el Concilio de Calcedonia los enviados del Papa leyeron la carta que enviaba San León Magno, los 600 obispos se pusieron de pie y exclamaron: "San Pedro ha hablado por boca de León".
En el año 452 llegó el terrorífico guerrero Atila, capitaneando a los feroces Hunos, de los cuales se decía que donde sus caballos pisaban no volvía a nacer la yerba. El Papa San León salió a su encuentro y logró que no entrara en Roma y que volviera a su tierra, de Hungría.
En el año 455
llegó otro enemigo feroz,
Genserico, jefe de los vándalos. Con este no logró San León que
no entrara en
Roma a saquearla, pero sí obtuvo que no incendiara la ciudad ni
matara a sus
habitantes. Roma quedó más empobrecida pero se volvió más
espiritual.
San León tuvo que enfrentarse en los 21 años de su pontificado a tremendos enemigos externos que trataron de destruir la ciudad de Roma, y a peligrosos enemigos interiores que con sus herejías querían engañar a los católicos. Pero su inmensa confianza en Dios lo hizo salir triunfante de tan grandes peligros. Las gentes de Roma sentían por él una gran veneración, y desde entonces los obispos de todos los países empezaron a considerar que el Papa era el obispo más importante del mundo.
Una frase suya de un sermón de Navidad se ha hecho famosa. Dice así: "Reconoce oh cristiano tu dignidad, El Hijo de Dios se vino de cielo por salvar tu alma".
Murió el 10 de noviembre del año 461.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Justo de Canterbury, Santa Obispo, Noviembre 10
Obispo Martirologio Romano: En
Canterbury, en Inglaterra, san Justo, obispo,
enviado a esta isla por el papa san Gregorio I Magno
juntamente con otros monjes, para ayudar a san
Agustín en la evangelización de Inglaterra,
aceptando más tarde el episcopado de esta sede
(627). |
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Fuente: E W
T N
Andrés Avelino, Santo Sacerdote, Noviembre 10
Presbítero Martirologio Romano: En
Nápoles, de la Campania, san Andrés Avelino,
presbítero de la Congregación de Clérigos Regulares,
que brilló por su santidad y celo en procurar la
salvación del prójimo, hizo el arduo voto de avanzar
cada día en las virtudes y, cargado de méritos, con
muerte santa descansó al pie del altar (1608). |
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Baudolino de Alessandria, Santo Ermitaño, Noviembre 10
Ermitaño Martirologio Romano: En la
aldea de Foro, en el Piamonte (Italia), san
Baudelino, ermitaño (s. VIII). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos Completando el santoral de éste
día, Noviembre 10
|
San Demetriano, obispo |
J†A
JMJ
Pax
Si perseveran con paciencia, salvarán sus almas
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, como
algunos ponderaban la solidez del templo y la belleza de las
ofrendas
que lo adornaban, Jesús dijo:
"Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto
que
admiran: todo será
destruido".
Entonces le preguntaron:
"Maestro, ¿cuándo va a ocurrir eso?, ¿y cuál será la señal de
que ya está
a punto de suceder?"
El les respondió:
"Cuídense de que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usando
mi nombre,
diciendo: "Yo
soy el Mesías, el tiempo ha llegado"; pero no les hagan caso.
Cuando oigan
hablar de guerras y
de revoluciones, no tengan pánico, porque eso tiene que ocurrir
primero, pero
todavía no es el
fin".
Luego les dijo:
"Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá
grandes
terremotos, y en
diferentes países epidemias y hambre. Habrá también señales
prodigiosas y
terribles en el cielo.
Pero antes de todo eso los perseguirán y los apresarán, los
llevarán a los
tribunales y a la cárcel,
y los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía.
Esto será
ocasión de dar
testimonio. Hagan el propósito de no preocuparse de su defensa,
porque yo les
daré palabras y
sabiduría, a las que no podrá resistir ni contradecir ninguno de
sus
adversarios. Los traicionarán
hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos, y
matarán a algunos de ustedes,
y
todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún
cabello de su
cabeza. Si se
mantienen firmes conseguirán la vida".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo tengo designios de paz y no de aflicción, dice el Señor. Me invocarán y yo los escucharé, los libraré de su esclavitud por donde se encuentren.
Oremos:
Concédenos, Señor, tu ayuda para entregarnos fielmente a tu
servicio, porque
sólo en el
cumplimiento de tu voluntad podremos encontrar la felicidad
verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Brillará para ustedes el sol de justicia
Lectura del libro del profeta Malaquías 3, 19-20a
"Ya viene el día del
Señor, ardiente como un
horno, y doctos los soberbios y malvados serán
como la paja. El día que viene los consumirá, dice el Señor de
los ejércitos,
hasta no dejarles ni
raíz ni rama. Pero par a ustedes, los que temen al Señor,
brillará el solo de
justicia, que les
traerá la salvación en sus rayos"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 97
El Señor rige la tierra con justicia.
Cantemos
al Señor al son del arpa,
aclamemos al son de los clarines al Rey y Señor.
El Señor rige la tierra con justicia.
Alégrese
el mar y el mundo submarino, el
orbe y cuantos la habitan. Los ríos estallen en aplausos y las
montañas salten
de alegría.
El Señor rige la tierra con justicia.
Regocíjese
todo ante el Señor, porque ya
viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas
con las que rija
a todas las naciones.
El Señor rige la tierra con justicia.
El que no quiera trabajar, que no coma
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-12
Hermanos: Ya saben cómo
deben vivir para imitar mi
ejemplo, puesto que, cuando estuve entre
ustedes, supe ganarme la vida y no dependí de nadie para
comer; antes bien, de
día y de noche
trabajé hasta agotarme, para no serles gravosos. Y no porque
no tuviera yo
derecho a pedirles el
sustento, sino para darles un ejemplo que imitar. Así, cuando
estaba entre
ustedes, les decía
una y otra vez: "El que no quiera trabajar, que no coma".
Y ahora vengo a saber que algunos de ustedes viven como
holgazanes, sin hacer
nada, y
además entrometiéndose en todo. Les suplicamos a esos tales y
les ordenamos, de
parte del
Señor Jesús, que se pongan a trabajar en paz para ganarse con
sus propias manos
la comida.
Palabra del Señor.
Aleluya, aleluya.
Estén atentos y levanten la cabeza, porque se acerca al hora
de su liberación,
dice el Señor.
Aleluya.
Si perseveran con paciencia, salvarán sus almas
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, como
algunos ponderaban la solidez
del templo y la belleza de las ofrendas
que lo adornaban, Jesús dijo:
"Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo
esto que
admiran: todo será
destruido".
Entonces le preguntaron:
"Maestro, ¿cuándo va a ocurrir eso?, ¿y cuál será la señal de
que ya está
a punto de suceder?"
El les respondió:
"Cuídense de que nadie los engañe. Porque muchos vendrán
usando mi nombre,
diciendo: "Yo
soy el Mesías, el tiempo ha llegado"; pero no les hagan caso.
Cuando oigan
hablar de guerras y
de revoluciones, no tengan pánico, porque eso tiene que
ocurrir primero, pero
todavía no es el
fin".
Luego les dijo:
"Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá
grandes
terremotos, y en
diferentes países epidemias y hambre. Habrá también señales
prodigiosas y
terribles en el cielo.
Pero antes de todo eso los perseguirán y los apresarán, los
llevarán a los
tribunales y a la cárcel,
y los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa
mía. Esto será
ocasión de dar
testimonio. Hagan el propósito de no preocuparse de su
defensa, porque yo les
daré palabras y
sabiduría, a las que no podrá resistir ni contradecir ninguno
de sus
adversarios. Los traicionarán
hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos, y
matarán a algunos de
ustedes, y
todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún
cabello de su
cabeza. Si se
mantienen firmes conseguirán la vida".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos, y hermanas, al Señor que escuche nuestras
súplicas y acoja
con bondad nuestras peticiones:
A cada petición,
respondemos,
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, el
único que puede inspirar y
llevar a término los buenos propósitos, multiplique el número
de fieles que,
abandonando todas las cosas, se consagren exclusivamente a él
en la vida
religiosa, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda a
los jefes de las naciones
buscar la voluntad divina, temer a Dios en el cumplimiento de
su misión y
acertar en sus decisiones, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios, que ha
creado los alimentos para los
seres vivos, mire con misericordia a las criaturas que en
distintos lugares
pasan hambre y les conceda el alimento necesario, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, que
nos ha dado el mandamiento
nuevo del amor, nos dé fuerzas para amar a nuestros enemigos y
para cumplir su
precepto de devolver bien por mal, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, principio y fin de todas las cosas: Tú que
quieres reunir a toda
la humanidad para formar el templo vivo del Cuerpo de tu Hijo,
escucha las
oraciones de la Iglesia suplicante y haz que, a través de los
acontecimientos
alegres y tristes de la propia vida, mantengamos firmes la
esperanza de que
sufriendo con perseverancia ganaremos la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que estos dones traídos
a tu altar nos obtengan de ti,
Señor y Dios nuestro, la gracia de servirte
con amor y la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Historia de la salvación Cristo
En verdad es justo y
necesario,es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza
caída; con su muerte,
destruyó
nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en su
ascensión, nos abrió
el camino de tu
reino.
Por eso,
con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin
cesar:
Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios, y en poner sólo en él mis esperanzas.
Oremos:
Señor, que nuestra participación en esta Eucaristía que tu
Hijo nos mandó
celebrar como
memorial suyo, nos una siempre con el vínculo de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Trigésimo tercer Domingo
ciclo c
TRABAJAR MIENTRAS LLEGA EL SEÑOR
— La espera de la vida eterna no nos exime de una vida de trabajo intenso.
— El trabajo, uno de los mayores bienes del hombre.
— El quehacer profesional, hecho de cara a Dios, no nos aleja de nuestro fin último: nos debe acercar a él.
I. En estos últimos domingos, la liturgia nos invita a meditar en los novísimos del hombre, en su destino más allá de la muerte. En la Primera lectura de hoy1 el Profeta Malaquías nos habla con fuertes acentos de los últimos tiempos: Mirad que llega el día, ardiente como un horno... Y Jesús nos recuerda en el Evangelio de la Misa2 que hemos de estar alerta ante su llegada en el fin del mundo: Cuidado que nadie os engañe...
Algunos cristianos de la primitiva Iglesia juzgaron como inminente esta llegada gloriosa de Cristo. Pensaron que el fin de los tiempos estaba cerca y por eso, entre otras razones, descuidaron su trabajo y andaban muy ocupados en no hacer nada y metiéndose en todo. Dedujeron que no valía la pena, dada su precariedad, dedicarse de lleno a los asuntos de aquí abajo. Por eso, San Pablo les llama la atención, como leemos en la Segunda lectura de la Misa3, y les recuerda su propia vida de trabajo entre ellos, a pesar de su intensa labor; les vuelve a repetir la norma de conducta que ya les había aconsejado: Cuando viví entre vosotros os lo dije: el que no trabaje, que no coma. Y a los que andan sin hacer nada les recomienda que trabajen para ganarse el pan.
La vida es realmente muy corta y el encuentro con Jesús está cercano; un poco más tarde tendrá lugar su venida gloriosa y la resurrección de los cuerpos. Esto nos ayuda a estar desprendidos de los bienes que hemos de utilizar y a aprovechar el tiempo, pero de ninguna manera nos exime de estar metidos de lleno en nuestra propia profesión y en la entraña misma de la sociedad. Es más, con nuestros quehaceres terrenos, ayudados por la gracia, hemos de ganarnos el Cielo. El Magisterio de la Iglesia recuerda el valor del trabajo, y exhorta “a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico”. Para imitar a Cristo, que trabajó como artesano la mayor parte de su vida, lejos de descuidar las tareas temporales, los cristianos deben “darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno”4.
Así debe ser nuestra actuación en medio del mundo: mirar frecuentemente al Cielo, la Patria definitiva, teniendo muy bien asentados los pies aquí en la tierra, trabajar con intensidad para dar gloria a Dios, atender lo mejor posible las necesidades de la propia familia y servir a la sociedad a la que pertenecemos. Sin un trabajo serio, hecho a conciencia, es muy difícil, quizá imposible, santificarse en medio del mundo. Lógicamente, un trabajo hecho de cara a Dios debe adecuarse a las normas morales que lo hacen bueno y recto. ¿Conozco bien estas reglas que hacen referencia a mi trabajo en el comercio, en el ejercicio de la medicina, de la enfermería, en la abogacía..., la obligación de rendir por el sueldo que recibo, el pago justo a quienes trabajan en mi empresa?
II. La posibilidad de trabajar es uno de los grandes bienes recibidos de Dios, “es una estupenda realidad, que se nos impone como una ley inexorable a la que todos, de una manera o de otra, estamos sometidos, aunque algunos pretendan eximirse. Aprendedlo bien: esta obligación no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eterna (Jn 4, 36)”5.
El trabajo es medio ordinario de subsistencia y lugar privilegiado para el desarrollo de las virtudes humanas: la reciedumbre, la constancia, la tenacidad, el espíritu de solidaridad, el orden, el optimismo por encima de las dificultades... La fe cristiana nos impulsa además a “portarnos como hijos de Dios con los hijos de Dios”6, a vivir un “espíritu de caridad, de convivencia, de comprensión”7, a quitar de la vida “el apego a nuestra comodidad, la tentación del egoísmo, la tendencia al lucimiento propio”8, a “mostrar la caridad de Cristo y sus resultados concretos de amistad, de comprensión, de cariño humano, de paz”9. El trabajo será, además, el medio para acercar muchas almas a Cristo. Por el contrario, la pereza, la ociosidad, la chapuza, la labor mal acabada traen graves consecuencias. La ociosidad enseña muchas maldades10, pues impide la propia perfección humana y sobrenatural del hombre, debilita su carácter y abre las puertas a la concupiscencia y a muchas tentaciones.
Durante siglos parecía a muchos que para ser buenos cristianos bastaba una vida de piedad sin conexión alguna con la tarea realizada en la oficina, en la Universidad, en el campo... Es más, muchos tenían la convicción de que estos quehaceres temporales, los asuntos profanos en los que un hombre que vive en el mundo está inmerso de una forma o de otra, eran un obstáculo para encontrar a Dios y llevar una vida de plenitud cristiana11. La vida oculta de Jesús nos enseña el valor del trabajo, de la unidad de vida, pues con su labor diaria estaba también redimiendo el mundo. Es en medio de esas tareas donde procuramos cada día encontrar al Señor (pidiéndole ayuda, ofreciendo la perfección de aquello que tenemos entre manos, sintiéndonos partícipes de la Creación en aquello que ejecutamos, aunque parezca pequeño y de escasa importancia...) y ejercer la caridad (cultivando las virtudes de la convivencia con quienes están a nuestro lado, prestándoles esos pequeños servicios que tanto se agradecen, rezando por ellos y por su familias, ayudándoles a resolver sus problemas...). ¿Tratamos al Señor en nuestro trabajo ordinario? ¿Le tenemos presente?
III. El trabajo no solo no nos debe alejar de nuestro fin último, de esa espera vigilante con la que la liturgia de estos días quiere que nos mantengamos alerta, sino que debe ser el camino concreto para crecer en la vida cristiana. Para eso, el fiel cristiano no debe olvidar que, además de ser ciudadano de la tierra, lo es también del Cielo, y por eso debe comportarse entre los demás de una manera digna de la vocación a la que ha sido llamado12, siempre alegre, irreprochable y sencillo, comprensivo con todos13, buen trabajador y buen amigo, abierto a todas las realidades auténticamente humanas: Por lo demás, hermanos -exhortaba San Pablo a los cristianos de Filipo-, cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de íntegro, de amable y de encomiable; todo lo que sea virtuoso y digno de alabanza, tenedlo en estima14.
Además, el cristiano convierte su trabajo en oración si busca la gloria de Dios y el bien de los hombres en lo que está realizando, si pide ayuda al comenzar su tarea, en las dificultades que se presentan, si da gracias después de concluido un asunto, al terminar la jornada..., ut cuncta nostra oratio et operatio a te semper incipiat, et per te coepta finiatur... para que nuestras oraciones y trabajos empiecen y acaben siempre en Dios. El trabajo es camino diario hacia el Señor. “Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no solo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas”15.
La profesión, medio de santidad para el cristiano, es también fuente de gracia para toda la Iglesia, pues somos el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros16. Cuando alguno lucha por mejorar, a todos favorece en su caminar hacia el Señor. Además, un trabajo bien hecho ayuda siempre al bienestar humano de la sociedad. “El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar (cfr. Jn 17, 4). Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día (cfr. Lc 9, 23) en la actividad que ha sido llamado a realizar”17.
En el ejercicio de nuestra profesión encontraremos, con naturalidad, sin querer sentar cátedra, innumerables ocasiones para dar a conocer la doctrina de Cristo: en una conversación amigable, en el comentario a una noticia que está en boca de todos, al recibir la confidencia de un problema personal o familiar... El Ángel Custodio, al que recurrimos tantas veces, nos pondrá en la boca la palabra justa que anime, que ayude y facilite, quizá con el tiempo, un acercamiento más directo a Cristo de aquellas personas que están alrededor nuestro en el trabajo.
Así esperamos los cristianos la visita del Señor: enriqueciendo el alma en el propio quehacer, ayudando a otros a poner su mirada en un fin más trascendente. De ninguna manera empleando el tiempo en no hacer nada o haciéndolo mal, desaprovechando los medios que Dios mismo nos ha dado para ganarnos el Cielo.
San José, nuestro Padre y Señor, nos enseñará a santificar nuestros quehaceres, pues él, enseñando a Jesús su propia profesión, “acercó el trabajo humano al misterio de la Redención”18. Muy cerca de José encontraremos siempre a María.
1 Mal 4, 1-2. — 2 Lc 21, 5-19. — 3 2 Tes 3, 7-12. — 4 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 43. — 5 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios. 57. — 6 ídem, Es Cristo que pasa, 36. — 7 Conversaciones con Mons Escrivá de Balaguer, n. 35. — 8 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 158. — 9 Ibídem, 166. — 10 Eclo 33, 29. — 11 Cfr. J. L. Illanes, La santificación del trabajo, Palabra, 9ª ed., Madrid 1981, p. 44 ss. — 12 Cfr. Flp 1, 27; 3, 6. — 13 Cfr. Flp 2. 3-4; 41 4; 2, 15; 4, 5. — 14 Flp 4, 8. — 15 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 48. — 16 1 Cor 12, 27. — 17 Juan Pablo II, Enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, 27. — 18 ídem, Exhort. Apost. Redemptoris custos, 15-VIII-1989, 22.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa
Isabel de Hungría
Viuda
(1207- 1231)
"Que el
Señor nos conceda
como
a su buena Isabel, el don de un gran desprendimiento para
dedicar nuestra
vida y nuestros bienes a ayudar a los
más necesitados."
SU VIDA
Isabel, a los 15 años fue dada en matrimonio por su padre el Rey de Hungría al príncipe Luis VI de Turingia, el matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿Cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones que Isabel tenía en repartir a los pobres cuanto encontraba en la casa. Él respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".
Cuando apenas de veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, un cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y se decidió entonces a vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.
El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.
Un Viernes Santo, después de las ceremonia, cuando ya habían desvestido los altares en la iglesia, se arrodilló ante uno y delante de varios religiosos hizo voto de renuncia de todos sus bienes y voto de pobreza, como San Francisco de Asís, y consagró su vida al servicio de los más pobres y desampardos. Cambió sus vestidos de princesa por un simple hábito de hermana franciscana, de tela burda y ordinaria, y los últimos cuatro años de su vida (de los 20 hasta los 24 años) se dedicó a atender a los pobres enfermos del hospital que había fundado. Se propuso recorrer calles y campos pidiendo limosna para sus pobres, y vestía como las mujeres más pobres del campo. Vivía en una humilde choza junto al hospital. Tejía y hasta pescaba, con tal de obtener con qué compararles medicinas a los enfermos.
Tenía un director espiritual que para ayudarla en su camino a la santidad, la trataba duramente. Ella exclamaba: "Dios mío, si a este sacerdote le tengo tanto temor, ¿cuánto más te debería temer a Ti, si desobedezco tus mandamientos?"
Un día, cuando todavía era princesa, fue al templo vestida con los más exquisitos lujos, pero al ver una imagen de Jesús crucificado pensó: "¿Jesús en la Cruz despojado de todo y coronado de espinas, y yo con corona de oro y vestidos lujosos?". Nunca más volvió con vestidos lujosos al templo de Dios.
Una vez se encontró un leproso
abandonado en el camino, y no teniendo otro sitio en dónde
colocarlo por el
momento, lo acostó en la cama de su marido que estaba ausente.
Llegó este
inesperadamente y le contaron el caso. Se fue furioso a
regañarla, pero al
llegar a la habitación, vio en su cama, no el leproso sino un
hermoso crucifijo
ensangrentado. Recordó entonces que Jesús premia nuestros actos
de caridad para
con los pobres como hechos a Él mismo.
El pueblo la llamaba "la mamacita buena".
Uno sacerdotes de aquella época escribió: "Afirmo delante de Dios que raramente he visto una mujer de una actividad tan intensa, unida a una vida de oración y de contemplación tan elevada". Algunos religiosos franciscanos que la dirigían en su vida de total pobreza, afirman que varias veces, cuando ella regresaba de sus horas de oración, la vieron rodeada de resplandores y que sus ojos brillaban como luces muy resplandecientes.
El mismo emperador Federico II afirmó: "La venerable Isabel, tan amada de Dios, iluminó las tinieblas de este mundo como una estrella luminosa en la noche oscura".
Cuando apenas cumplía 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad. A sus funerales asistieron el emperador Federico II y una multitud tan grande formada por gentes de diversos países y de todas las clases sociales, que los asistentes decían que no se había visto ni quizá se volvería a ver en Alemania un entierro tan concurrido y fervoroso como el de Isabel de Hungría, la patrona de los pobres.
El mismo día de la muerte de la santa, a un hermano lego se le destrozó un brazo en un accidente y estaba en cama sufriendo terribles dolores. De pronto vio a parecer a Isabel en su habitación, vestida con trajes hermosísimos. Él dijo: "¿Señora, Usted que siempre ha vestido trajes tan pobres, por qué ahora tan hermosamente vestida?". Y ella sonriente le dijo: "Es que voy para la gloria. Acabo de morir para la tierra. Estire su brazo que ya ha quedado curado". El paciente estiró el brazo que tenía totalmente destrozado, y la curación fue completa e instantánea.
Dos días después de su entierro, llegó al sepulcro de la santa un monje cisterciense el cual desde hacía varios años sufría un terrible dolor al corazón y ningún médico había logrado aliviarle de su dolencia. Se arrodilló por un buen rato a rezar junto a la tumba de la santa, y de un momento a otro quedó completamente curado de su dolor y de su enfermedad.
Estos milagros y muchos más, movieron al Sumo Pontífice a declararla santa, cuando apenas habían pasado cuatro años de su muerte.
Santa Isabel de Hungría es patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.
Una Historia
No faltó
quien acusó a la princesa ante
el propio duque de estar dilapidando los caudales públicos y
dejar exhaustos
los graneros y almacenes. El margrave Luis quería a su esposa
con delirio, pero
no pudo resistir, sin duda, el acoso de sus intendentes y les
pidió una prueba
de su acusación.
-- Espera un poco -le dijeron- y verás salir a la señora con la
faltriquera
llena.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el duque para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
-- ¿Qué llevas en la falda?
-- Nada..., son rosas -contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.
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ORACIÓN
Oh Dios
misericordioso, alumbra los
corazones
de tus fieles; y por las súplicas gloriosas de Santa Isabel, haz
que
despreciemos las prosperidades mundanales, y gocemos siempre de
la celestial
consolación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Fuente: Wikipédia
Hilda de Whitby (Ilda), Santa Abadesa, 17 Noviembre
No se sabe el lugar de nacimiento de Hilda,
pero de acuerdo a Beda el Venerable fue en el año 614.
Ella fue la segunda hija de Hereric, sobrino de Edwin de
Northumbria, y su esposa Breguswita. Su hermana mayor,
Hereswita, se casó con Ethelric, hermano del rey Anna de
Anglia Oriental. Cuando era apenas una bebe su padre fue
envenenado mientras pasaba su exilio en la corte del rey
de Elmet (en lo que hoy en día es West Yorkshire). Se
asume que ella creció en la corte de Ediwn en
Northumbria. |
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Lazaro el Pintor, Santo Monje, 17 de noviembre
Iconógrafo Martirologio Romano: En Constantinopla, san Lázaro, monje, nacido en Armenia, que insigne en la pintura artística de imágenes sagradas, al negarse a destruir sus obras por orden del emperador iconoclasta Teófilo, fue atormentado con crueles suplicios, pero después, apaciguadas las controversias sobre el debido culto a las imágenes, el emperador Miguel III le envió a Roma para afianzar la concordia y unidad de toda la Iglesia (c. 867).
Etimológicamente significa “ ayuda de
Dios”. Viene de la lengua hebrea.
la intención de esconderlo en la iglesia de
san Juan. |
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Acisclo y Victoria, Santos Hermanos mártires, Noviembre 17
Patronos de Córdoba Martirologio Romano: En Córdoba, en
la provincia hispánica de la Bética, san Acisclo,
mártir (s. IV). |
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Fuente:
Cpalsj.org
Juan del Castillo, Santo Mártir Jesuita, 17 Noviembre
Nace en Belmonte, España, el día 14 de
septiembre de 1596. Sus padres, Alonso del Castillo y
María Rodríguez se cuentan entre las personas
importantes y adineradas de la ciudad. Una semana
después recibe el sacramento del bautismo en la
Colegiata de la villa. Por ser el primogénito recibe el
nombre del abuelo paterno. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Salomé de Cracovia, Beata Reina de Hungría, 17 Noviembre
Religiosa de la Segunda Orden Franciscana
(1211‑1268). Clemente X aprobó su culto el 17 de mayo de
1673. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Wikipédia
Hugo de Lincoln, Santo Obispo, 17 Noviembre
Nace en el castillo de Avalon, entre 1135 y
1140, noble descendiente de la casa de Borgoña. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
aica.org
Mártires Rioplatenses, Santos Mártires, 17 Noviembre
Santos Roque González, Alfonso Rodríguez
y Juan del Castillo, mártires
|
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Jordán Ansalone, Santo Mártir, 17 Noviembre
Jordán Ansalone nació en Sicília en 1598. A
los diecisiete años abrasó la vida dominica. Hizo sus
estudios en Palermo y Salamanca. Apasionado por el ideal
misionero, partió primero a méjico y después de un año
para Filipinas. Se dedicó a la asistencia espiritual de
los chinos en Manila. Después de seis años, fue a Japón,
en donde enfrentó la persecución. Fue tomado prisionero
y torturado, y murió en Nagasaki junto con otros quince
mártires dominicos. |
J†A
JMJ
Pax
Acuérdate de mí, Señor, cuando llegues a tu Reino
† Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 35-43
Gloria a ti, Señor.
Estando
ya crucificado, las autoridades y el pueblo le hacían muecas a
Jesús, diciendo:
"A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías
de Dios,
el Elegido".
También los soldados se burlaban de Jesús, ofreciéndole vinagre
y diciéndole:
"Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo".
Había sobre la cruz un letrero en griego, latín y hebreo, que
decía:
"Éste es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús
diciéndole:
"¿No eres tú el Mesías?
Sálvate a ti mismo y a nosotros".
Pero el otro le reclamaba:
"¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio?
Nosotros
justamente recibimos el
pago de lo que hicimos, pero éste ningún mal ha hecho".
Y añadió:
"Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino".
Jesús le respondió:
"Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Cristo Rey T.O. Ciclo C
Digno es el Cordero inmolado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las
cosas en tu Hijo muy
amado, rey del
universo; haz que toda criatura, liberada de la esclavitud,
sirva a tu majestad
y te alabe
eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Ungieron a David como rey de Israel
Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3
En
aquellos días todas las tribus de
Israel fueron a Hebrón a ver a David, y le dijeron:
"Somos de tu misma sangre; ya desde antes, aunque Saúl reinaba
sobre
nosotros, tú eras el
que conducía a Israel. El Señor te había dicho: "Tú serás el
pastor de mi
pueblo; tú serás el
guía de Israel"".
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y
David hizo con
ellos un pacto en
presencia del Señor, y ellos ungieron a David como: rey de
Israel.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 121
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué
alegría sentí, cuando me dijeron:
"Vayamos a la casa del Señor"! Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti,
Jerusalén, suben las tribus, las
tribus del Señor según lo que a Israel se le ha ordenado, para
alabar el nombre
del Señor.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Digan de
todo corazón: "Jerusalén,
que haya paz entre aquellos que te aman, y haya paz dentro de
tus murallas y
que reine la paz en cada casa".
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el
amor que tengo a mis hermanos,
voy a decir. "La paz esté contigo". Y por la casa del Señor,
mi Dios,
pediré para ti todos los bienes.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Dios nos ha trasladado al reino de su Hijo amado
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,12-20
Hermanos:
Demos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de participar en la herencia
de su pueblo santo en el reino de la luz. El nos ha liberado
del poder de las
tinieblas, y nos ha
trasladado al reino de su Hijo amado, por cuya sangre
recibimos la redención,
el perdón de los
pecados.
Cristo es imagen de Dios invisible, primogénito de toda
criatura; porque por él
fueron creadas
todas las cosas: del cielo y de la tierra, visibles e
invisibles, tronos y
dominaciones, principados y
potestades; todo fue creado por él y para él. Cristo existe
antes que todo, y
todo tiene su
consistencia en él. El es también la cabeza del cuerpo, que es
la Iglesia. El
es el principio, el
primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud, y por
él quiso
reconciliar consigo todos
los seres: los del cielo y los de la tierra, y darles la paz
por medio de su
sangre derramada en la
cruz.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación.
Aleluya.
Acuérdate de mí, Señor, cuando llegues a tu Reino
† Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 35-43
Gloria a ti, Señor.
Estando ya
crucificado, las autoridades
y el pueblo le hacían muecas a Jesús, diciendo:
"A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el
Mesías de Dios,
el Elegido".
También los soldados se burlaban de Jesús, ofreciéndole
vinagre y diciéndole:
"Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo".
Había sobre la cruz un letrero en griego, latín y hebreo, que
decía:
"Éste es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús
diciéndole:
"¿No eres tú el Mesías?
Sálvate a ti mismo y a nosotros".
Pero el otro le reclamaba:
"¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio?
Nosotros
justamente recibimos el
pago de lo que hicimos, pero éste ningún mal ha hecho".
Y añadió:
"Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino".
Jesús le respondió:
"Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Dirijamos, llenos de confianza, nuestras súplicas a Cristo,
supremo señor de la
vida y de la muerte y rey de todas las criaturas del cielo y
de la tierra:
A cada petición respondemos: Padre, escucha nuestra súplica.
Para que
los pastores y fieles de la
Iglesia se esfuercen con celo para reconciliar al universo con
Dios y en pacificar
por la sangre de la cruz de Jesucristo a todas las criaturas,
roguemos al
Señor.
Padre, escucha nuestra súplica.
Para que
la semilla evangélica,
escondida en las diversas religiones y culturas germine y se
manifieste, y
todos los hombres reconozcan con gozo que Cristo es Señor,
para gloria de Dios
Padre, roguemos al Señor.
Padre, escucha nuestra súplica.
Para que
quienes aún viven bajo el
dominio de la ignorancia, el pecado o el sufrimiento, sean
trasladados al reino
de Cristo y encuentren el fin de sus penas, roguemos al Señor.
Padre, escucha nuestra súplica.
Para que
los que hoy celebramos la
solemnidad de Cristo, Señor supremo del universo, a quien
están destinadas
todas las cosas, participemos también un día en la herencia
del pueblo santo,
amen el reino de la luz, roguemos al Señor.
Padre, escucha nuestra súplica.
Celebrante:
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, que nos llamas
a reinar contigo
en la justicia y en el amor; escucha las oraciones de tu
pueblo, sácanos del
dominio de las tinieblas y fortalece nuestras débiles
voluntades, para que
sigamos las huellas de tu Hijo y, como él, demos la propia
vida en bien de los
demás y compartamos con ellos el reino de Cristo en el
paraíso. El, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Al
ofrecerte el sacrificio de la
reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu
Hijo,
conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad y de la
paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, Rey del universo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo
lugar, Señor Padre santo, Dios todo poderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y rey del universo a tu
Hijo unigénito,
nuestro Señor
Jesucristo, para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima
perfecta y
pacificadora en el altar de
la cruz, consumara el misterio de la redención humana; y
sometiendo a su poder
la creación
entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y
universal: el reino
de la verdad y la vida,
el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia,
el amor y la paz.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos
sin cesar
el himno de tu gloria:
En su trono reina el Señor para siempre, y le dará a su pueblo la bendición de la paz.
Oremos:
Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos,
Señor, que quienes
nos gloriamos en
obedecer los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos
vivir con él
eternamente en el
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Último domingo del tiempo ordinario
Jesucristo. Rey del Universo
EL REINADO DE CRISTO
— Un reinado de justicia y de amor.
— Que Cristo reine en primer lugar en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en todas las acciones...
— Extender el Reino de Cristo.
I. El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz1, nos recuerda una de las Antífonas de la Misa.
La Solemnidad que celebramos “es como una síntesis de todo el misterio salvífico”2. Con ella se cierra el año litúrgico, después de haber celebrado todos los misterios de la vida del Señor, y se presenta a nuestra consideración a Cristo glorioso, Rey de toda la creación y de nuestras almas. Aunque las fiestas de Epifanía, Pascua y Ascensión son también de Cristo Rey y Señor de todo lo creado, la de hoy fue especialmente instituida para mostrar a Jesús como el único soberano ante una sociedad que parece querer vivir de espaldas a Dios3.
En los textos de la Misa se pone de manifiesto el amor de Cristo Rey, que vino a establecer su reinado, no con la fuerza de un conquistador, sino con la bondad y mansedumbre del pastor: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentran las ovejas dispersas, así seguiré Yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad4. Con esta solicitud buscó el Señor a los hombres dispersos y alejados de Dios por el pecado. Y como estaban heridos y enfermos, los curó y vendó sus heridas. Tanto los amó que dio la vida por ellos. “Como Rey viene para revelar el amor de Dios, para ser el Mediador de la Nueva Alianza, el Redentor del hombre. El Reino instaurado por Jesucristo actúa como fermento y signo de salvación para construir un mundo más justo, más fraterno, más solidario, inspirado en los valores evangélicos de la esperanza y de la futura bienaventuranza, a la que todos estamos llamados. Por esto en el Prefacio de la celebración eucarística de hoy se habla de Jesús que ha ofrecido al Padre un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”5. Así es el Reino de Cristo, al que somos llamados para participar en él y para extenderlo a nuestro alrededor con un apostolado fecundo. El Señor ha de estar presente en familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo... “Ante los que reducen la religión a un cúmulo de negaciones, o se conforman con un catolicismo de media tinta; ante los que quieren poner al Señor de cara a la pared, o colocarle en un rincón del alma...: hemos de afirmar, con nuestras palabras y con nuestras obras, que aspiramos a hacer de Cristo un auténtico Rey de todos los corazones.... también de los suyos”6.
II. Oportet autem illum regnare..., es necesario que Él reine...7.
San Pablo enseña que la soberanía de Cristo sobre toda la creación se cumple ya en el tiempo, pero alcanzará su plenitud definitiva tras el juicio universal. El Apóstol presenta este acontecimiento, misterioso para nosotros, como un acto de solemne homenaje al Padre: Cristo ofrecerá como un trofeo toda la creación, le brindará el Reino que hasta entonces le había encomendado8. Su venida gloriosa al fin de los tiempos, cuando haya establecido el cielo nuevo y la tierra nueva9, llevará consigo el triunfo definitivo sobre el demonio, el pecado, el dolor y la muerte10.
Mientras tanto, la actitud del cristiano no puede ser pasiva ante el reinado de Cristo en el mundo. Nosotros deseamos ardientemente ese reinado: ¡Oportet illum regnare...! Es necesario que reine en primer lugar en nuestra inteligencia, mediante el conocimiento de su doctrina y el acatamiento amoroso de esas verdades reveladas; es necesario que reine en nuestra voluntad, para que obedezca y se identifique cada vez más plenamente con la voluntad divina; es preciso que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se interponga al amor a Dios; es necesario que reine en nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo11; en nuestro trabajo, camino de santidad... “¡Qué grande eres Señor y Dios nuestro! Tú eres el que pones en nuestra vida el sentido sobrenatural y la eficacia divina. Tú eres la causa de que, por amor de tu Hijo, con todas las fuerzas de nuestro ser, con el alma y con el cuerpo podamos repetir: oportet illum regnare!, mientras resuena la copla de nuestra debilidad, porque sabes que somos criaturas”12.
La fiesta de hoy es como un adelanto de la segunda venida de Cristo en poder y majestad, la venida gloriosa que llenará los corazones y secará toda lágrima de infelicidad. Pero es a la vez una llamada y acicate para que a nuestro alrededor el espíritu amable de Cristo impregne todas las realidades terrenas, pues “la esperanza de una tierra nueva no debe atenuar, sino más bien estimular, el empeño por cultivar esta tierra, en donde crece ese cuerpo de la nueva familia humana que ya nos puede ofrecer un cierto esbozo del mundo nuevo. Por lo tanto, aunque haya que distinguir con cuidado el progreso terreno del desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo, el progreso terreno, en cuanto que puede ayudar a organizar mejor la sociedad humana, es de gran importancia para el Reino de Dios.
“Los bienes de la dignidad humana, de la comunión fraterna y de la libertad –es decir, todos los bienes de la naturaleza y los frutos de nuestro esfuerzo– los volveremos a encontrar, después de que los hayamos propagado (...), y esta vez ya limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva al Padre el Reino eterno y universal (...). El Reino está ya presente misteriosamente en esta tierra; y cuando el Señor venga alcanzará su perfección”13. Nosotros colaboramos en la extensión del reinado de Jesús cuando procuramos hacer más humano y más cristiano el pequeño mundo que nos rodea, el que cada día frecuentamos.
III. A la pregunta de Pilato, contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo... Y ante la nueva interpelación del Procurador, respondió: Yo soy Rey. Para esto he nacido...14. No siendo de este mundo, el Reino de Cristo comienza ya aquí. Se extiende su reinado en medio de los hombres cuando estos se sienten hijos de Dios, se alimentan de Él y viven para Él. Cristo es un Rey a quien se le ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra, y gobierna siendo manso y humilde de corazón15, sirviendo a todos, porque ha venido no a ser servido, sino a servir, y dar su vida para la redención de muchos. Su trono fue primero el pesebre de Belén, y luego la Cruz del Calvario. Siendo el Príncipe de los reyes de la tierra16, no exige más tributos que la fe y el amor.
Un ladrón fue el primero en reconocer su realeza: Jesús -le decía con una fe sencilla y humilde-, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino17. El título que para muchos fue motivo de escándalo y de injurias, será la salvación de este hombre en el que ha ido arraigando la fe, cuando más oculta parecía estar la divinidad del Salvador, que “concede siempre más de lo que se le pide: el ladrón solo pedía que se acordase de él; pero el Señor le dice: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso. La vida consiste en habitar con Jesucristo, y donde está Jesucristo allí está su Reino”18.
En la fiesta de hoy oímos al Señor que nos dice en la intimidad de nuestro corazón: Yo tengo sobre ti pensamientos de paz y no de aflicción19, y hacemos el propósito de arreglar en nuestro corazón lo que no sea conforme con el querer de Cristo. A la vez, le pedimos poder colaborar en esa tarea grande de extender su reinado a nuestro alrededor y en tantos lugares donde aún no le conocen. “A esto hemos sido llamados los cristianos, esa es nuestra tarea apostólica y el afán que nos debe comer el alma: lograr que sea realidad el reino de Cristo, que no haya más odios ni más crueldades, que extendamos en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico del amor”20. Esto solo lo lograremos acercando a muchos a Jesús, mediante un apostolado constante y eficaz entre las personas que diariamente pasan cerca de nuestra vida.
Para hacer realidad nuestros deseos acudimos, una vez más, a Nuestra Señora. “María, la Madre santa de nuestro Rey, la Reina de nuestro corazón, cuida de nosotros como solo Ella sabe hacerlo. Madre compasiva, trono de la gracia: te pedimos que sepamos componer en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean, verso a verso, el poema sencillo de la caridad, quasi fluvium pacis (Is 66, 12), como un río de paz. Porque Tú eres mar de inagotable misericordia”21.
1 Antífona de comunión, Sal 28, 10-11. — 2 Juan Pablo II,, Homilía 20-XI-1983. — 3 Cfr. Pío XI, Enc. Quas primas, 11-XII-1925. — 4 Primera lectura, Ciclo A. Ez 34, 11-12. — 5 Juan Pablo II, Alocución 26-XI-1989. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, 608. — 7 Segunda lectura. Ciclo A. 1 Cor 15, 25. — 8 Cfr. Ibídem, 1 Cor 15, 23-28. — 9 Apoc 21, 1-2. — 10 Cfr. Sagrada Biblia, Epístolas de San Pablo a los Corintios, EUNSA, Pamplona 1984, nota a 1 Cor 15, 23-28. — 11 Cfr. Pío XI, Enc. Quas primas, cit. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 181 — 13 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39. — 14 Jn 18, 36-37. - 15 Cfr. Mt 11, 29. — 16 Segunda lectura. Ciclo B. Apoc 1, 5. — 17 Lc 23, 42. — 18 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. —19 Jer 29, 11. — 20 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 183. — 21 Ibídem, 187.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Fuente: Centro de
Espiritualidad Santa María
Andrés
Dung-Lag y compañeros, Santos 117 Mártires vietnamitas
de los siglos XVIII y XIX,
Noviembre 24
Mártires de VietnamEsta memoria obligatoria de los ciento
diecisiete mártires vietnamitas de los siglos XVIII y
XIX, proclamados santos por Juan Pablo II en la plaza
de San Pedro el 19 de junio de 1988, celebra a
mártires que ya habían sido beatificados anteriormente
en cuatro ocasiones distintas: sesenta y cuatro, en
1900, por León XIII; ocho, por Pío X, en 1906; veinte,
en 1909, por el mismo Pío X; veinticinco, por Pío XII,
en 1951. LISTA DE LOS 117 MÁRTIRES DE VIETNAM
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Fuente: Archidiócesis de
Madrid
Flora
y María, Santas
Mártires, Noviembre 24
Virgenes y MártiresMartirologio Romano: En Córdoba, en
la región hispánica de Andalucía, santas Flora y
María, vírgenes y mártires, que en la persecución
llevada a cabo por los musulmanes fueron
encarceladas con san Eulogio y después muertas a
espada (856). |
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Pedro Dumoulin-Borie y compañeros, Santos Sacerdotes y Mártires, Noviembre 24
Sacerdotes y MártiresMartirologio Romnao: En la ciudad
de Dông Hoy, en Annam, santos mártires Pedro
Dumoulin- Borie, obispo de la Sociedad de Misiones
Extranjeras de París, Pedro Vo Dang Khoa y Vicente
Ngyen Tho Diem, presbíteros, de los cuales, por
orden del emperador Minh Mang, el primero fue
degollado y los demás estrangulados (1838). |
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Bálsamo de Cava, Beato Abad, Noviembre 24
AbadMartirologio Romano: En el
monasterio de Cava, en la Campania, beato Balsamo,
abad, que en medio de las turbulencias y
contradicciones de su tiempo desempeñó su cargo
con sabiduría y prudencia (1232). |
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Fermina (Firmina) de Amelia, Santa Mártir, Noviembre 24
MártirMaritrologio Romano: En Amelia,
ciudad de la Umbría, santa Firmina, mártir (303). |
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Fuente: Marcelline.org
María
Ana Sala, Beata
Virgen Marcelina, 24 Noviembre
Nació en Brivio (pueblo italiano de la
provincia de Lecco) el 21 de abril de 1829. |
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Fuente: Martirologio
Romano
Otros
Santos y Beatos
Completando el santoral de éste día, 24 de noviembre
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J†A
JMJ
Pax
Velad y estad preparados.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24,37-44
Gloria a ti, Señor
En
aquel tiempo. Jesús dijo a sus discípulos: "Así como sucedió en
tiempos de
Noé, así también
sucederá cuando venga el Hijo de hombre. Antes del diluvio, la
gente comía, bebía
y se
cansaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando
menos lo esperaban,
sobrevino el
diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el
Hijo del hombre.
Entonces, de
dos hombres que están en el campo, uno será llevado y el otro
será dejado; de
dos mujeres que
estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a
venir su Señor.
Tengan por cierto
que si un padre de familia supiera a qué hora va avenir el
ladrón, estaría
vigilando y no dejaría
que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes
estén preparados,
porque a la
hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Adviento (1er.dom) Ciclo A
Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anúncienla en los confines de la tierra: Miren a nuestro
salvador que viene; no teman.
Oración Colecta
Oremos:
Concédenos, Señor Dios nuestro, permanecer alerta a la venida
de tu Hijo, para
que cuando llegue y llame a la puerta, nos en vela encuentre,
en vela y con
nuestras lámparas encendidas.
Por nuestro Señor Jesucristo ...
Amén.
El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del Reino de Dios
Lectura del libro del profeta Isaías 2, 1-5
Visión de
Isaías, hijo de Amós, acerca
de Judá y de Jerusalén: El días futuros, el monte de la
casa del Señor será elevado en la cima de los montes,
encumbrado sobre las
montañas y hacia
él confluirán todas las naciones.
Acudirán pueblos numerosos, que dirán: "Vengan, subamos al
monte del
Señor, a la casa del
Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y
podamos marchar por
sus sendas.
Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del
Señor".
El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos
numerosos. De las
espadas forjarán
arados y de las lanzas, podadera; ya no alzará la espada
pueblo contra pueblo,
ya no se
adiestrarán para la guerra.
¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 121
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué
alegría sentí, cuando me dijeron:
"Vayamos a la casa del Señor"! Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti, Jerusalén suben las tribus, las tribus del Señor según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Digan de todo corazón: "Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa".
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: "La paz esté contigo". Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Ya está cerca a nuestra salvación
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14a
Hermanos:
tomen en cuenta el momento en
que vivimos. Ya es hora de que despierten del
sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que
cuando empezamos a
creer. La
noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, todo
la obras de las
tinieblas y
revistámonos con las armas de la luz.
Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de
comilonas ni
borracheras,
nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias.
Revistase más
bien, nuestro Señor
Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los
malos deseos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos, tu salvación.
Aleluya.
Velad y estad preparados.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24,37-44
Gloria a ti, Señor
En aquel
tiempo. Jesús dijo a sus
discípulos: "Así como sucedió en tiempos de Noé, así también
sucederá cuando venga el Hijo de hombre. Antes del diluvio, la
gente comía,
bebía y se
cansaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando
menos lo esperaban,
sobrevino el
diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el
Hijo del hombre.
Entonces, de
dos hombres que están en el campo, uno será llevado y el otro
será dejado; de
dos mujeres que
estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a
venir su Señor.
Tengan por cierto
que si un padre de familia supiera a qué hora va avenir el
ladrón, estaría
vigilando y no dejaría
que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes
estén preparados,
porque a la
hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, y pidámosle
confiadamente que despierte
su poder y venga a salvarnos:
Respondemos a cada petición: Ven, Señor, a salvarnos con tu
poder.
Para que
los fieles despierten del sueño
de sus indolencias y reciban con alegría la salvación que se
acerca, roguemos
al Señor.
Ven, Señor, a salvarnos con tu poder.
Para que
se afiance la paz en el mundo,
y las riquezas de la creación se transformen en instrumento de
progreso y
bienestar para todos los seres humanos, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a salvarnos con tu poder.
Para que
el Señor, con su venida, alivie
los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que sufren
en su espíritu y
libre al mundo de sus males, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a salvarnos con tu poder.
Para que
nosotros mismos vivamos siempre
alerta sin que las preocupaciones de la vida nos impidan
mantenernos en pie
cuando llegue el Hijo del hombre, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a salvarnos con tu poder.
Celebrante:
Dios misericordioso, que enviaste a tu Hijo al mundo para que
nos instruyera en
tus caminos, andáramos por tus sendas y todas las naciones se
reunieran en la
montaña santa de tu reino; escucha nuestra oración y despierta
en nosotros un
deseo tan vivo de tu venida, que avanzando por la senda de tus
mandatos,
lleguemos a contemplar en su gloria al que ha de venir,
Jesucristo nuestro
Señor.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Acepta,
Señor, este pan y este vino
escogidos de entre los bienes que hemos recibido de ti, y
concédenos que esta Eucaristía, que nos permites celebrar
ahora en nuestra vida
mortal, sea
para nosotros prenda de salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La doble expectación de Cristo
En verdad
es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con
inefable amor de
Madre, Juan lo
proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El
mismo Señor nos
concede ahora
prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para
encontrarnos así,
cuando llegue,
velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de
tu gloria:
Ven, Señor, visítanos con tu paz y nos alegraremos en tu presencia de todo corazón.
Oración después de la Comunión.
Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos
sacramentos con los
que tú nos
enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de
los bienes eternos
y a poner en ellos
nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Primer domingo
ADVIENTO: EN LA ESPERA DEL SEÑOR
— Vigilantes ante la llegada del Mesías.
— Principales enemigos de nuestra santidad: las tres concupiscencias. La Confesión, medio para preparar la Navidad.
— Vigilantes mediante la oración, la mortificación y el examen de conciencia.
I. Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro con Cristo, acompañados por las buenas obras1.
Quizá hayamos tenido la experiencia –decía R. Knox en un sermón sobre el Adviento2– de lo que es caminar en la noche y arrastrar los pies durante kilómetros, alargando ávidamente la vista hacia una luz en la lejanía que representa de alguna forma el hogar. ¡Qué difícil resulta apreciar en plena oscuridad las distancias! Lo mismo puede haber un par de kilómetros hasta el lugar de nuestro destino, que unos pocos cientos de metros. En esa situación se encontraban los profetas cuando miraban hacia adelante en espera de la redención de su pueblo. No podían decir, con una aproximación de cien años ni de quinientos, cuándo habría de venir el Mesías. Solo sabían que en algún momento la estirpe de David retoñaría de nuevo, que en alguna época se encontraría una llave que abriría las puertas de la cárcel; que la luz que solo se divisaba entonces como un punto débil en el horizonte se ensancharía al fin, hasta ser un día perfecto. El pueblo de Dios debía estar a la espera.
Esta misma actitud de expectación desea la Iglesia que tengamos sus hijos en todos los momentos de nuestra vida. Considera como una parte esencial de su misión hacer que sigamos mirando al futuro, aunque ya se ha cumplido el segundo milenio de aquella primera Navidad, que la liturgia nos presenta inminente. Nos alienta a que caminemos con los pastores, en plena noche, vigilantes, dirigiendo nuestra mirada hacia aquella luz que sale de la gruta de Belén.
Cuando el Mesías llegó, pocos le esperaban realmente. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron3. Muchos de aquellos hombres se habían dormido para lo más esencial de sus vidas y de la vida del mundo.
Estad vigilantes, nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa.Despertad, nos repetirá San Pablo4. Porque también nosotros podemos olvidarnos de lo más fundamental de nuestra existencia.
Convocad a todo el mundo, anunciadlo a las naciones y decid: Mirad a Dios nuestro Salvador, que llega. Anunciadlo y que se oiga; proclamadlo con fuerte voz5. La Iglesia nos alerta con cuatro semanas de antelación para que nos preparemos a celebrar de nuevo la Navidad y, a la vez, para que, con el recuerdo de la primera venida de Dios hecho hombre al mundo, estemos atentos a esas otras venidas de Dios, al final de la vida de cada uno y al final de los tiempos. Por eso, el Adviento es tiempo de preparación y de esperanza.
“Ven, Señor, y no tardes”. Preparemos el camino para el Señor que llegará pronto; y si advertimos que nuestra visión está nublada y no vemos con claridad esa luz que procede de Belén, de Jesús, es el momento de apartar los obstáculos. Es tiempo de hacer con especial finura el examen de conciencia y de mejorar en nuestra pureza interior para recibir a Dios. Es el momento de discernir qué cosas nos separan del Señor, y tirarlas lejos de nosotros. Para ello, este examen debe ir a las raíces mismas de nuestros actos, a los motivos que inspiran nuestras acciones.
II. Como en este tiempo queremos de verdad acercarnos más a Dios, examinaremos a fondo nuestra alma. Allí encontraremos los verdaderos enemigos que luchan sin tregua para mantenernos alejados del Señor. De una forma u otra, allí están los principales obstáculos para nuestra vida cristiana: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida6.
“La concupiscencia de la carne no es solo la tendencia desordenada de los sentidos en general (...), no se reduce exclusivamente al desorden de la sensualidad, sino también a la comodidad, a la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil, lo más placentero, el camino en apariencia más corto, aun a costa de ceder en la fidelidad a Dios (...).
“El otro enemigo (...) es la concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar (...).
“Los ojos del alma se embotan; la razón se cree autosuficiente para entender todo, prescindiendo de Dios. Es una tentación sutil, que se ampara en la dignidad de la inteligencia, que Nuestro Padre Dios ha dado al hombre para que lo conozca y lo ame libremente. Arrastrada por esa tentación, la inteligencia humana se considera el centro del universo, se entusiasma de nuevo con el seréis como dioses (Gen 3, 5) y, al llenarse de amor por sí misma, vuelve la espalda al amor de Dios.
“La existencia nuestra puede, de este modo, entregarse sin condiciones en manos del tercer enemigo, de la superbia vitae. No se trata solo de pensamientos efímeros de vanidad o de amor propio: es un engreimiento general. No nos engañemos, porque este es el peor de los males, la raíz de todos los descaminos”7.
Puesto que el Señor viene a nosotros, hemos de prepararnos. Cuando llegue la Navidad, el Señor debe encontrarnos atentos y con el alma dispuesta; así debe hallarnos también en nuestro encuentro definitivo con Él. Necesitamos enderezar los caminos de nuestra vida, volvernos hacia ese Dios que viene a nosotros. Toda la existencia del hombre es una constante preparación para ver al Señor, que cada vez está más cerca, pero en el Adviento la Iglesia nos ayuda a pedir de una manera especial;Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad: enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador8.
Prepararemos este encuentro en el sacramento de la Penitencia. Cercana ya la Navidad de 1980, el Papa Juan Pablo II estuvo con más de dos mil niños en una parroquia romana. Y comenzó la catequesis: ¿Cómo os preparáis para la Navidad? Con la oración, responden los chicos gritando. Bien, con la oración, les dice el Papa, pero también con la Confesión. Tenéis que confesaros para acudir después a la Comunión. ¿Lo haréis? Y los millares de chicos, más fuerte todavía, responden: ¡Lo haremos! Sí, debéis hacerlo, les dice Juan Pablo II. Y en voz más baja: El Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño Dios.
Así lo haremos también nosotros en las semanas que faltan para la Nochebuena, con más amor, con más contrición cada vez. Porque siempre podemos recibir con mejores disposiciones este sacramento de la misericordia divina, como consecuencia de examinar más a fondo nuestra alma.
III. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad sobre aviso, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo (...). Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa: si a la tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o a la mañana. No sea que cuando viniere de repente, os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo a todos digo, velad9.
Para mantener este estado de vigilia es necesario luchar, porque la tendencia de todo hombre es vivir con los ojos puestos en las cosas de la tierra. Especialmente en este tiempo de Adviento, no vamos a dejar que se ofusquen nuestros corazones con la glotonería y embriaguez y los cuidados de esta vida, y perder de vista así la dimensión sobrenatural que deben tener todos nuestros actos. San Pablo compara esta vigilia sobre nosotros a la guardia que hace el soldado bien armado que no se deja sorprender10. “Este adversario enemigo nuestro por dondequiera que pueda procura dañar; y pues él no anda descuidado, no lo andemos nosotros”11.
Estaremos alerta si cuidamos con esmero la oración personal, que evita la tibieza y, con ella, la muerte de los deseos de santidad; estaremos vigilantes si no descuidamos las mortificaciones pequeñas, que nos mantienen despiertos para las cosas de Dios. Estaremos atentos mediante un delicado examen de conciencia, que nos haga ver los puntos en que nos estamos separando, casi sin darnos cuenta, de nuestro camino.
“Hermanos –nos dice San Bernardo–, a vosotros, como a los niños, Dios revela lo que ha ocultado a los sabios y entendidos: los auténticos caminos de la salvación. Meditad en ellos con suma atención. Profundizad en el sentido de este Adviento. Y, sobre todo, fijaos quién es el que viene, de dónde viene y a dónde viene, para qué, cuándo y por dónde viene. Tal curiosidad es buena. La Iglesia universal no celebraría con tanta devoción este Adviento si no contuviera algún gran misterio”12.
Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará, leemos en las antífonas de la liturgia.
Santa María, Esperanza nuestra, nos ayudará a mejorar en este tiempo de Adviento. Ella espera con gran recogimiento el nacimiento de su Hijo, que es el Mesías. Todos sus pensamientos se dirigen a Jesús, que nacerá en Belén. Junto a Ella nos será fácil disponer nuestra alma para que la llegada del Señor no nos encuentre dispersos en otras cosas, que tienen poca o ninguna importancia ante Jesús.
1 Colecta de la Misa del día. — 2 Cfr. R. A. Knox, Sermón sobre el Adviento, 21-XII-1947. — 3 Jn 1, 11.— 4 Cfr. Rom 13, 11. — 5 Salmo responsorial. Lunes de la I Semana de Adviento. — 6 1 Jn 2, 16. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 5-6. — 8Salmo responsorial de la Misa del día. Ciclo C. Sal 24. — 9 Mc 13, 33-37. Evangelio de la Misa del día. Ciclo B. — 10 Cfr. 1 Tes 5, 4-11. — 11 Santa Teresa, Camino de perfección, 19, 13. — 12 San Bernardo, Sermón sobre los seis aspectos del Adviento, 1.
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1 de diciembre. 2º Día de la Novena
CASA DE ORO
— Santa María, Templo de Dios vivo, enriquecida por los dones del Espíritu Santo.
— Los dones de entendimiento, ciencia y sabiduría en Nuestra Señora.
— Los dones de prudencia, piedad, fortaleza y santo temor de Dios.
I. Dichosa eres, Virgen María, morada consagrada del Altísimo...1.
En las letanías lauretanas llamamos a María Domus aurea, Casa de oro, recinto de muchísimo esplendor. Cuando una familia habita una casa y la convierte en un hogar, este refleja las peculiaridades, aficiones y preferencias de sus habitantes. La casa y quienes la habitan constituyen una cierta unidad, como el cuerpo y el vestido, como el conocimiento y la acción, En el Antiguo Testamento, el Tabernáculo primero, y más tarde el Templo, era la Casa de Dios, donde tenía lugar el encuentro de Yahvé con su pueblo. Cuando Salomón decidió construir el Templo, los Profetas especificaron los materiales nobles que se habían de emplear, la abundancia de madera de cedro en el interior, revestida de oro... Lo mejor que tenían a su alcance había de emplearse en su construcción, y los mejores artífices serían los que trabajarían en él.
Cuando llegó la plenitud de los tiempos y Dios decretó su venida al mundo, preparó a María como la criatura adecuada donde Él iba a habitar durante nueve meses, desde su Encarnación hasta el Nacimiento en Belén. En Ella, Dios dejó la huella de su poder y de su amor. María, Domus aurea, el nuevo Templo de Dios, fue revestida de una hermosura tan grande que otra mayor no fue posible. Su Concepción Inmaculada y todas las gracias y dones con que Dios enriqueció su alma estaban dirigidos en orden a su Maternidad divina2.
Se comprende bien que el Arcángel Gabriel, al saludar a María, se mostrara lleno de respeto y de veneración, Pues comprendió la inmensa excelencia de la Virgen y su intimidad con Dios. La gracia inicial de María, que la disponía para su Maternidad divina, fue superior a la de todos los Apóstoles, mártires, confesores y vírgenes juntos, los que han vivido y los que vivirán hasta el fin de los tiempos, más que todas las almas santas y que todos los ángeles creados desde el origen del mundo3. Dios preparó una criatura humana de acuerdo a la dignidad de su Hijo.
Cuando decimos que María tiene una dignidad “casi infinita” se quiere indicar que es la criatura más cercana a la Santísima Trinidad y que goza de un honor y majestad altísimos, del todo singulares. Es la Hija primogénita del Padre, la predilecta, como ha sido llamada tantas veces en la Tradición de la Iglesia y ha repetido el Concilio Vaticano II4. Con Jesucristo, Hijo de Dios, Nuestra Señora mantiene la estrecha vinculación de la consanguinidad, que le hace tener con Él unas relaciones absolutamente propias. Del Espíritu Santo es María Templo y Sagrario5. ¡Qué alegría poder contemplar siempre, pero de modo particular en estos días de la Novena a la Inmaculada, que tenemos una Madre tan cercana a Dios, tan pura y bella, tan próxima a nosotros! “¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!...
“-Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole:
“Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, solo Dios!”6.
II. El alma de María fue singularmente enriquecida por los dones del Espíritu Santo, que son como las joyas más preciadas que Dios puede comunicar a la criatura. Con ellos, en grado sumo, Dios embelleció la morada de su Hijo.
Por el don de entendimiento, que tuvo en mayor grado que cualquier otra criatura, María conoció, con una fe pura radicada en la autoridad de Dios, que su virginidad le era sumamente grata. Su mirada profundizó con la máxima hondura en el sentido oculto de las Escrituras, y comprendió enseguida que el saludo del ángel era estrictamente mesiánico y que la Trinidad Beatísima la había designado como Madre del Mesías tanto tiempo esperado. Luego tendrá sucesivas iluminaciones que confirmarán el cumplimiento de las promesas divinas de salvación y comprenderá que “deberá vivir en el sufrimiento su obediencia de fe al lado del Salvador que sufre, y que su maternidad será oscura y dolorosa”7.
Este don de entendimiento está íntimamente unido a la pureza de alma. Por eso se relaciona con la bienaventuranza de los limpios de corazón, que verán a Dios8. El alma de María, la Purísima, estuvo especialmente iluminada para encontrar el querer de Dios en todos los sucesos. Nadie conoce mejor que Ella lo que Dios espera de cada hombre; por eso es nuestra mejor aliada en las peticiones a Dios en medio de nuestras necesidades.
El don de ciencia amplió aún más la mirada de la fe de María. Por medio de él, la Virgen contemplaba en las realidades cotidianas las huellas de Dios en el mundo como caminos para ir al Creador, juzgaba con rectitud la relación que tenían todas las cosas y acontecimientos con respecto a la salvación. A María, influenciada por este don, todo le hablaba de Dios, todo la llevaba a Dios9. También entendió mejor que nadie la tremenda realidad del pecado; por eso sufrió como ninguna otra criatura por los pecados de los hombres. Íntimamente asociada al dolor de su Hijo, padeció con Él “cuando moría en la Cruz, cooperando en forma del todo singular en la restauración de la vida sobrenatural de las almas”10.
El don de sabiduría perfeccionó en la Virgen la virtud de la caridad, y la llevó a tener un conocimiento gustoso y experimental de lo divino y a mirar y gozar en su intimidad los misterios que hacían referencia especialmente al Mesías, su Hijo. Era la suya una sabiduría amorosa, infinitamente superior a la que se puede obtener en los tratados más profundos de la Teología. Veía, contemplaba, amaba, lo ordenaba todo de acuerdo con esa experiencia divina; juzgaba con la luz poderosa y amorosa que llenaba su corazón. Siempre estuvo colmada de esta luz sobrenatural y de este amor. Si se lo pedimos con insistencia en estos días, Ella nos lo conseguirá, pues “entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida”11.
III. El don de consejo perfeccionó la virtud de la prudencia en la Virgen y la llevó a descubrir con prontitud la Voluntad de Dios en las situaciones ordinarias de la vida. Por influencia de este don, la Virgen actuó siempre con facilidad y como al dictado de Dios12. Nuestra Señora se dejó llevar con docilidad en las grandes cosas que Dios le pidió y en los detalles menudos de cada día.
En el Evangelio vemos cómo nuestra Madre Santa María se movió continuamente por esta luz del Espíritu Santo. Aunque vivió la mayor parte de su existencia terrena en el retiro de Nazareth, cuando su presencia es necesaria junto a su prima Santa Isabel, va con prisa13 para estar a su lado. Ocupa en el Evangelio un lugar discreto, pero está con los discípulos cuando estos la necesitan después de la Muerte de Jesús, y luego espera con ellos la venida del Espíritu Santo. María está al pie de la Cruz, pero no va al sepulcro con las otras santas mujeres: en la intimidad de su alma sabe que no encontrarán allí el Cuerpo amadísimo de su Hijo, porque ya ha resucitado. Nuestra Señora vivió entregada a los pequeños menesteres de una madre que cuida de la familia, y se da cuenta antes que nadie de la falta de vino en las bodas de Caná: su vida contemplativa le hace estar pendiente de lo pequeño que ocurre a su alrededor. Ella es la Madre del Buen Consejo Mater boni consilii, que nos ayudará, en las mil pequeñas incidencias del día, a descubrir y secundar el querer e Dios.
El don de piedad dio a la Virgen una especie de instinto filial que afectaba profundamente a todas sus relaciones con Jesús: en la oración, a la hora de pedir, en la manera como se enfrentaba a los diversos acontecimientos, no siempre agradables...
María se sintió siempre Hija de Dios, y este sentimiento profundo fue creciendo en Ella continuamente, hasta el fin de su vida mortal. Pero, a la vez, se sentía Madre de Dios y Madre de los hombres. Filiación y Maternidad estaban hondamente empapadas por la piedad. Ella nos querrá siempre, porque somos sus hijos. Y la madre está más cerca del hijo enfermo, del que más la necesita.
La gracia divina se derramó sobre Nuestra Señora de modo abundantísimo, y encontró una cooperación y docilidad excepcional y solo propia de Ella, viviendo con heroísmo la fidelidad a los pequeños deberes de todos los días y en las pruebas grandes. Dios dispuso para Ella una vida sencilla, como las demás mujeres de su tierra y de su época; también pasó por las mayores amarguras que haya podido sufrir una criatura, excepto su Hijo, que fue el Varón de dolores anunciado por el Profeta Isaías14. Por el don de fortaleza, que recibió en grado máximo, pudo llevar con paciencia las contradicciones diarias, los cambios de planes... Hizo frente a las dificultades calladamente, pero con entereza y valentía. Por esta fortaleza estuvo de pie ante la Cruz15. La piedad cristiana, venerando esta actitud de dolor y de fortaleza, la invoca como Reina de los mártires, Consoladora de los afligidos...
Finalmente, el Espíritu Santo la adornó con el santo temor de Dios, que en María fue solo una reverencia filial de altísima intimidad con el Señor, que la llevó de continuo a una profunda actitud de adoración ante la infinitud de Dios, de quien lo había recibido todo. Por eso se llama a sí misma la Esclava del Señor. Y, a la vez, Ella sabía muy bien que era la Madre de Jesús, la Madre de Dios, y también nuestra Madre.
1 Cfr. Misas de la Virgen María, La Virgen, templo del Señor, Antífona de comunión. — 2 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3. q. 27, a. 5, ad 2. — 3 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, pp. 411 ss. — 4 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 53. — 5 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 9. — 6 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 496. — 7 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, cit., 16. — 8 Mt 5, 8. — 9 Cfr. J. Polo, María y la Santísima Trinidad, Folleto MC n. 460, Madrid 1987, p. 29. — 10 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 61. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 133. — 12 Cfr. J. Polo, o. c., p. 39. — 13 Lc 1, 39. — 14 Is 53, 3. — 15 Cfr. Jn 19, 25.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Eloy, Orfebre, Año 660
Eloy (o Eligio, que
es lo mismo) significa:
"el elegido, el preferido".
San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII (orfebre es el que labra objetos de plata u oro).
Dios le concedió desde muy pequeño unas grandes cualidades para trabajar con mucho arte el oro y la plata. Nació en el año 588 en Limoges (Francia). Su padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño tenía capacidades excepcionales para el arte y lo puso a aprederlo bajo la dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.
Cuando ya aprendió bien el arte de la orfebrería se fue a París y se hizo amigo del tesorero del rey. Clotario II le encomendó a Eloy que le fabricara un trono adornado con oro y piedras preciosas. Pero con el material recibido el joven artista hizo dos hermosos tronos. El rey quedó admirado de la honradez, de la inteligencia, la habilidad y las otras cualidades de Eloy y lo nombró jefe de la casa de moneda (todavía se conservan monedas de ese tiempo que llevan su nombre).
Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán. La habilidad del artista y su amistad con el monarca hicieron de él un personaje muy conocido en su siglo.
Eloy se propuso no dejarse llevar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte. Y así, aunque vestía muy bien, como alto empleado, sin embargo era muy mortificado en el mirar, comer y hablar. Y era tan generoso con los necesitados que cuando alguien preguntaba: "¿Dónde vive Eloy?", le respondían: "siga por esta calle, y donde vea una casa rodeada por una muchedumbre de pobres, ahí vive Eloy".
Un día Clotario le pidió a nuestro santo que como todos los demás empleados jurara fidelidad al rey. Él se negaba porque había leído que Cristo recomendaba: "No juren por nada". Y además tenía miedo de que de pronto al monarca se le antojara mandarle cosas que fueran contra su conciencia. Al principio el rey se disgustó, pero luego se dio cuenta de que un hombre que tenía una conciencia tan delicada no necesitaba hacer juramentos para portarse bien.
Eloy se propuso ayudar a cuanto esclavo pudiera. Y con el dinero que conseguía pagaba para que les concedieran libertad. Varios de ellos permanecieron ayudándole a él durante toda su vida porque los trataba como un bondadoso padre.
Al santo le llamaba mucho la atención alejarse del gentío a dedicarse a rezar y meditar. Y entonces el nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin, donde fundó un monasterio de hombres. Luego el rey le regaló un terreno en París y allá fundó un monasterio para mujeres. Y a sus religiosos les enseñaba el arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas. Al cercar el terreno que el rey le había regalado en París, se apropió de unos metros más de los concedidos, y al darse cuenta fue donde el monarca a pedirle perdón por ello. El rey exclamó: "Otros me roban kilómetros de terreno y no se les da nada. En cambio este bueno hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más". Con esto adquirió tan grande aprecio por él que lo nombró embajador para tratar de obtener la paz ante un gobierno vecino que le quería hacer la guerra.
Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. Predicaba constantemente donde quiera que podía. Al principio aquellos bárbaros se burlaban de él, pero su bondad y su santidad los fueron ganando y se fueron convirtiendo. Cada año el día de Pascua bautizaba centenares de ellos. Se conservan 15 sermones suyos, y en ellos ataca fuertemente a la superstición, a la creencia en maleficios, sales, lectura de naipes o de las manos, y recomienda fuertemente dedicar bastante tiempo a la oración, asistir a la Santa Misa y comulgar; hacer cada día la señal de la cruz, rezar frecuentemente el Credo y el Padrenuestro y tener mucha devoción a los santos. Insistía muchísimo en la santificación de las fiestas, en asistir a misa cada domingo y en descansar siempre en el día del Señor. Prohibía trabajar más de dos horas los domingos.
Cuando ya llevaba 19 años gobernando a su diócesis, supo por revelación que se le acercaba la hora de su muerte y comunicó la noticia a su clero. Poco después le llegó una gran fiebre. Convocó a todo el personal que trabajaba en su casa de obispo y se despidió de ellos dándoles las gracias y prometiéndoles orar por cada uno. Todos lloraban fuertemente y esto lo conmovió a él también. Y el 1º. de diciembre del año 660 murió con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.
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Blanca de Castilla, Santa Reina y Religiosa, Diciembre 1
Reina de Francia La corte ha dado también santos. Blanca era
hija de Alfonso IX, rey de Castilla y de Eleonora de
Inglaterra. |
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Fuente: Vatican.va
Charles (Carlos de Jesús)
de Foucauld,
Beato Religioso, 1 Diciembre
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“La fe es incompatible con el orgullo, con la vanagloria, con el deseo de la estima de los hombres. Para creer, es necesario humillarse”, decía el Beato Carlos de Foucauld, quien pasó de ser un aristócrata francés y militar mujeriego a un claro modelo de santidad. Hermano Carlos de Jesús, nace en Francia, en
Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6
años, creció con su hermana María, bajo los cuidados de
su abuelo, orientándose hacia la carrera militar. |
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Clementina Anuarite Nengapeta, Beata Virgen y Mártir, 1 Diciembre
Diciembre 1
Etimológicamente significa “generosa,
indulgente.” Viene de la lengua latina. |
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Alejandro Briant, Santo Mártir Inglaterra, 1 Diciembre
Es descrito como un apuesto joven protestante,
que estudió en Oxford. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Juan Garbella de
Vercelli, Beato
Sacerdote dominico, Diciembre 1
Sacerdote Dominico Martirologio Romano: En Montpellier,
de la Provenza, en Francia, beato Juan de Verceli,
presbítero, maestro general de la Orden de
Predicadores, que predicó incansablemente la
reverencia al nombre de Jesús (1283). |
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Fuente: www.cpalsj.org
Edmundo Campion, Santo
Mártir, 1
Diciembre
Es el primer santo inglés de la Compañía de
Jesús. Con su simpatía, alegría contagiosa, con su
patriotismo y oratoria supo dar, a los ingleses
perseguidos, el entusiasmo que les faltaba para defender
su fe.
al escucharlo, hacen concebir en Campion una
protección y un porvenir muy seguro.
asiste, en Westminster Hall, atónito entre la
muchedumbre, al despiadado juicio contra el
Bienaventurado John Storey. Este se había exiliado en
Flandes. Al poco tiempo, ya anciano, en el Colegio de
Douai, recibió la ordenación sacerdotal. Sir William
Cecil lo había hecho raptar y traer desde Amberes,
acusándolo de traición. |
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Fuente: Vatican.va
Liduina (Elisa Ángela)
Meneguzzi, Beata
Religiosa Misionera, 1 de diciembre
Religiosa Martirologio Romano: En la ciudad de Dire-Daua, en Etiopía, beata Liduina (Elisa Anagela) Meneguzzi, virgen del Instituto de San Francisco de Sales, que, cual espejo de humildad y caridad cristiana, mostró la misericordia de Dios entre los pobres, enfermos y cautivos (1941).
Elisa Angela Meneguzzi (la futura Hermana
Liduina) nace el 12 de septiembre del 1901 en Giarre,
barrio de Abano Terme, provincia de Padua. |
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Fuente: Vatican.va
María Rosa de Jesús
Pellesi, Beata
Religiosa Franciscana, 1 Diciembre
Nació en Prignano sulla Secchia (Italia) el 11
de noviembre de 1917. Era la última de nueve hermanos.
Desde el inicio, la vida le dio belleza, elegancia, buen
humor, dulzura, alegría y mucha paz. A los 17 años llegó
también el amor. Su existencia parecía haber tomado el
camino de la plena realización y de la felicidad. El
binomio amor-felicidad era el sueño que perseguía con
todo su entusiasmo. Pero Dios tenía otros planes. |
J†A
JMJ
Pax
Alégrate, María, llena de
gracia, el Señor está
contigo
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea
llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado
José, de la
descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel
entró donde
estaba María y le dijo:
"Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba
qué significaba
tal saludo. El ángel le dijo:
"No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás
y darás a
luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. El será grande,
será llamado Hijo
del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
y reinará
sobre la descendencia de Jacob por siempre, y su reino no tendrá
fin".
María dijo entonces al ángel:
"¿Cómo será ésto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?"
El ángel le contestó:
"El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con
su sombra; por eso, el que va a nacer será Santo y se llamará
Hijo de Dios.
Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su
vejez, y ya está de
seis meses la que todos tenían por estéril; porque para Dios no
hay nada
imposible".
María dijo:
"Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí como tú dices".
Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Inmaculada Concepción
En algunos países como España y Argentina las respectivas conferencias episcopales establecieron que se celebrara el Domingo en vez del Lunes.
http://www.vatican.va/archive/ESL0020/_P4L.HTM
Codigo
de Derecho Canonico
CAPÍTULO I
DE LOS DÍAS DE FIESTA
1246 § 1. El domingo, en el que se celebra el misterio
pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la
Iglesia como
fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los
días de Navidad,
Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa
María Madre de
Dios, Inmaculada Concepción y
Asunción, San José,
Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos.
§ 2. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, previa
aprobación de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a
domingo algunas
de las fiestas de precepto.
1247 El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles
tienen
obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de
aquellos
trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la
alegría propia
del día del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y
del cuerpo.
1248 § 1. Cumple el precepto de participar en la Misa
quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito
católico, tanto el
día de la fiesta como el día anterior por la tarde.
§ 2. Cuando falta el ministro sagrado u otra causa
grave hace imposible la participación en la celebración
eucarística, se
recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de
la Palabra, si
ésta se celebra en la iglesia parroquial o en otro lugar sagrado
conforme a lo
prescrito por el Obispo diocesano, o permanezcan en oración
durante el tiempo
debido personalmente, en familia, o, si es oportuno, en grupos
familiares.
http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a3_sp.html
Catecismo
2192 “El domingo ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto” (CIC can. 1246, § 1). “El domingo y las demás fiestas de precepto, los fieles tienen obligación de participar en la misa”(CIC can. 1247).
2193 “El domingo y las demás fiestas de precepto [...] los fieles se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo“ (CIC can. 1247).
2194 La institución del domingo contribuye a que todos disfruten de un “reposo y ocio suficientes para cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa” (GS 67, 3).
2195 Todo cristiano debe evitar imponer, sin necesidad, a otro impedimentos para guardar el día del Señor.
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Inmaculada Concepción
Antífona de Entrada
Con gozo intenso me gozaré en el Señor y en mi Dios se alegrará mi alma; pues me ha vestido con una túnica de salvación y me ha cubierto con un manto de inocencia, como novia que se adorna con sus joyas.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso, que por la concepción inmaculada de la Virgen
María
preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la
muerte de tu Hijo
la preservaste de todo pecado; concédenos, por su intercesión,
llegar a ti
limpios de todas nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera lectura
Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya
Lectura del libro del Génesis 3, 9-15.20
Después
que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido,
el Señor Dios
llamó al hombre diciendo:
"¿Dónde estás?"
El hombre respondió:
"Oí tus pasos en el jardín, tuve miedo y me escondí, porque
estaba
desnudo".
El Señor Dios le preguntó:
"¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del
árbol del
que te prohibí comer?" Respondió el hombre:
"La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del
árbol, y
comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la mujer:
"¿Qué es lo que has hecho?"
Y ella respondió:
"La serpiente me engaño, y comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente:
"Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y
entre todas
las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás
polvo todos
los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre
tu
descendencia y la suya; ella te herirá en la
cabeza, pero tú sólo herirás su talón".
El hombre puso a su mujer el nombre de Eva -es decir,
Vitalidad-, porque ella
sería madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 97. 1.2-3ab.3cd-4
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.
Canten
al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le
ha dado la
victoria, su santo brazo.
Canten al Señor un canto
nuevo, porque
ha hecho maravillas.
El
Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones
muestra su
salvación; ha recordado su amor y su fidelidad en favor de
Israel.
Canten al Señor un canto
nuevo, porque
ha hecho maravillas.
Toda
la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor
habitantes de
toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten.
Canten al Señor un canto
nuevo, porque
ha hecho maravillas.
Segunda Lectura
Dios nos eligió en Cristo antes de crear el mundo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6.11-12
Hermanos:
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde
lo alto del
cielo nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes
espirituales. El nos
eligió en Cristo, antes de la creación del mundo, para que
fuéramos su pueblo y
nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Movido por su
amor, él nos
destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser
adoptados como
hijos suyos por medio de Jesucristo, y ser así un himno de
alabanza a la
gloriosa gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo
querido.
En él hemos sido hechos herederos y destinados de antemano,
según el proyecto
de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad. Así
nosotros, los que
tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de
alabanza a su
gloria.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor está contigo,
bendita tú entre
las mujeres.
Aleluya.
Evangelio
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea
llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado
José, de la
descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel
entró donde
estaba María y le dijo:
"Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba
qué significaba
tal saludo. El ángel le dijo:
"No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás
y darás a
luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. El será grande,
será llamado Hijo
del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
y reinará
sobre la descendencia de Jacob por siempre, y su reino no tendrá
fin".
María dijo entonces al ángel:
"¿Cómo será ésto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?"
El ángel le contestó:
"El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con
su sombra; por eso, el que va a nacer será Santo y se llamará
Hijo de Dios.
Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su
vejez, y ya está de
seis meses la que todos tenían por estéril; porque para Dios no
hay nada
imposible".
María dijo:
"Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí como tú dices".
Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, que en María ha empezado
el buen trabajo
de la santificación de los seres humanos, y pidámosle que los
haga progresar
hasta el día de la manifestación de su Hijo, Jesucristo, nuestro
Señor:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos, Señor).
Para
que el Señor, que quiso prefigurar y culminar en María la
plenitud de la
gracia, conceda a todos los miembros de la Iglesia ser reflejo
de la hermosura
inmaculada de la Madre de Jesucristo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para
que el Espíritu Santo, que engendró en las entrañas de María al
Verbo eterno
del Padre, impregne el mundo con su fuerza y haga nacer en todos
los seres
humanos un deseo vivo de la venida del Reino de Dios, roguemos
al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para
que quienes se han alejado del camino del bien, con la
intercesión de María,
refugio de pecadores, se conviertan de sus malos pasos y
obtengan el perdón de
sus culpas, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para
que todos nosotros, fija nuestra mirada en María, nos preparemos
como ella a
recibir a Jesucristo y nos dispongamos a celebrar santamente las
próximas
fiestas de su nacimiento, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Señor Dios nuestro, que has hecho resplandecer la aurora de la
salvación en la
concepción inmaculada de santa María Virgen; escucha nuestra
oración y haz
fecunda la acción santificadora de la Iglesia, para que todos
los seres
humanos, una vez alcanzado el perdón de sus pecados, sean
regenerados en tu
amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, el sacrificio de salvación que te ofrecemos en la
solemnidad de la
Inmaculada Concepción de la Virgen María; y así como a ella la
preservaste
limpia de toda mancha, guárdanos también a nosotros, por su
poderosa intercesión, limpios de todo pecado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio de María y la Iglesia
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte
gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado
original, para
que en la plenitud de la gracia fuese digna Madre de tu Hijo y
comienzo e
imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de
limpia
hermosura.
Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero
inocente que
quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los
seres humanos, es
abogada de gracia y ejemplo de santidad.
Por eso,
unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría:
Antífona de la Comunión
Grandes cosas se cantan de ti, María, porque de ti ha nacido el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, Dios nuestro, que el sacramento que hemos recibido repare
en nosotros
los efectos de aquel primer pecado del que fue preservada, de
modo singular en
su concepción, la Inmaculada Virgen María.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
8 de diciembre
INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN*
Solemnidad
— La Virgen en el misterio de Cristo.
— Su plenitud de gracia recibida en el instante de su Concepción Inmaculada.
— Para imitar a la Virgen es necesario tratarla. Devociones.
I. Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas1. Son palabras que la Liturgia pone en labios de Nuestra Señora en esta Solemnidad, y expresan el cumplimiento de la antigua profecía de Isaías.
Todo cuanto de hermoso y bello se puede decir de una criatura, se lo cantamos hoy a nuestra Madre del Cielo. “Exulte hoy toda la creación y se estremezca de gozo la naturaleza. Alégrese el cielo en las alturas y las nubes esparzan la justicia. Destilen los montes dulzura de miel y júbilo las colinas, porque el Señor ha tenido misericordia de su pueblo y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David su siervo, es decir, en esta inmaculadísima y purísima Virgen, por quien llega la salud y la esperanza a los pueblos”2, canta un antiguo Padre de la Iglesia.
La Trinidad Santa, queriendo salvar a la humanidad, determinó la elección de María para Madre del Hijo de Dios hecho Hombre. Más aún: quiso Dios que María fuera unida con un solo vínculo indisoluble, no solo al nacimiento humano y terrenal del Verbo, sino también a toda la obra de la Redención que Él llevaría a cabo. En el plan salvífico de Dios, María está siempre unida a Jesús, perfecto Dios y hombre perfecto, Mediador único y Redentor del género humano. “Fue predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la Encarnación del Verbo, por disposición de la Divina Providencia”3.
Por esta elección admirable y del todo singular, María, desde el primer instante de su ser natural, quedó asociada a su Hijo en la Redención de la humanidad. Ella es la mujer de la que nos habla el Génesis en la Primera lectura de la Misa4. Después de cometido el pecado de origen, dijo Dios a la serpiente: Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. María es la nueva Eva, de la que nacerá un nuevo linaje, que es la Iglesia. En razón de esta elección, la Virgen Santísima recibió una plenitud de gracia mayor que la concedida a todos los ángeles y santos juntos, como correspondía a la Madre del Salvador. María está en un lugar singular y único entre Dios y los hombres. Ella es la que en la Iglesia ocupa después de Cristo el lugar más alto y el más cercano a nosotros5; es el ejemplar acabado de la Iglesia6, modelo de todas las virtudes7, a la que hemos de mirar para tratar de ser mejores. Es tan grande su poder salvador y santificador que, por gracia de Cristo, cuanto más se difunde su devoción, más atrae a los creyentes hacia su Hijo y hacia el Padre8.
En Ella, purísima, resplandeciente, fijamos nuestros ojos, “como en la Estrella que nos guía por el cielo oscuro de las expectativas e incertidumbres humanas, particularmente en este día, cuando sobre el fondo de la liturgia del Adviento brilla esta solemnidad anual de tu Inmaculada Concepción y te contemplamos en la eterna economía divina como la Puerta abierta, a través de la cual debe venir el Redentor del mundo”9.
II. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre todas las mujeres10.
Por una gracia del todo singular, y en atención a los méritos de Cristo, Santa María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original, desde el primer instante de su concepción. Dios “la amó con un amor tan por encima del amor a toda criatura, que vino a complacerse en Ella con singularísima benevolencia. Por esto, tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos sus dones celestiales, sacados del tesoro de su divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente libre siempre de toda mancha de pecado, y toda hermosa y perfecta, manifestó tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios ni nadie puede imaginar fuera de Dios”11.
Esta preservación del pecado en Nuestra Señora es, en primer lugar, plenitud de gracia del todo singular y cualificada; la gracia, en María enseñan los teólogos, se adelantó a la naturaleza. En Ella todo volvía a tener su sentido primitivo y la perfecta armonía querida por Dios. El don por el que careció de toda mancha le fue concedido a modo de preservación de algo que no se contrae. Fue exenta de todo pecado actual, no tuvo ninguna imperfección ni moral, ni natural, no tuvo inclinación alguna desordenada, ni pudo padecer verdaderas tentaciones internas; no tenía pasiones descontroladas; no sufrió los efectos de la concupiscencia. Jamás estuvo sujeta al diablo en cosa alguna.
La Redención alcanzó también a María y actuó en Ella, pues recibió todas las gracias en previsión de los méritos de Cristo. Dios preparó a la que iba a ser la Madre de su Hijo con todo su Amor infinito. “¿Cómo nos habríamos comportado, si hubiésemos podido escoger la madre nuestra? Pienso que hubiésemos elegido a la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Cristo: siendo Omnipotente, Sapientísimo y el mismo Amor (Deus caritas est, Dios es amor, 1 Jn 4, 8), su poder realizó todo su querer”12.
Desde esta fiesta grande divisamos ya la proximidad de la Navidad. La Iglesia ha querido que ambas fiestas estén cercanas. “Del mismo modo que el primer brote verde señala la llegada de la primavera en un mundo helado y que parece muerto, así en un mundo manchado por el pecado y de gran desesperanza esa Concepción sin mancha anuncia la restauración de la inocencia del hombre. Así como el brote nos da una promesa cierta de la flor que de él saldrá, la Inmaculada Concepción nos da la promesa infalible del nacimiento virginal (...). Aún era invierno en todo el mundo que la rodeaba, excepto en el hogar tranquilo donde Santa Ana dio a luz a una niña. La primavera había comenzado allí”13. La nueva Vida se inició en Nuestra Madre en el mismo instante en que fue concebida sin mancha alguna y llena de gracia.
III. Tota pulchra es, María, eres toda hermosa, María, y no hay mancha alguna de pecado en Ti.
La Virgen Inmaculada será siempre el ideal que debemos imitar. Ella es modelo de santidad en la vida ordinaria, en lo corriente, sin llamar la atención, sabiendo pasar oculta, Para imitarla es necesario tratarla. Durante estos días de la Novena hemos procurado, con Ella, dar un paso hacia adelante. Ya no la podemos dejar; sobre todo, porque Nuestra Madre no nos deja.
Aquella profecía que un día hiciera la Virgen, Me llamarán bienaventurada todas las generaciones...14, la estamos cumpliendo ahora nosotros y se ha cumplido al pie de la letra a través de los siglos: poetas, intelectuales, artesanos, reyes y guerreros, hombres y mujeres de edad madura y niños que apenas han aprendido a hablar; en el campo, en la ciudad, en la cima de un monte, en las fábricas y en los caminos, en situaciones de dolor y de alegría, en momentos trascendentales (¡cuántos millones de cristianos han muerto con el dulce nombre de María en sus labios o en su pensamiento!), se ha invocado y se llama a Nuestra Señora todos los días. En tantas y tan diversas ocasiones, millares de voces, en lenguas diversísimas, han cantado alabanzas a la Madre de Dios o le han pedido calladamente que mire con misericordia a esos hijos suyos necesitados. Es un clamor inmenso el que sale de esta humanidad dolida hacia la Madre de Dios. Un clamor que atrae la misericordia del Señor. Nuestra oración en estos días de preparación para la gran Solemnidad de hoy se ha unido a tantas voces que alaban y piden a Nuestra Señora.
Sin duda ha sido el Espíritu Santo quien ha enseñado, en todas las épocas, que es más fácil llegar al Corazón del Señor a través de María. Por eso, hemos de hacer el propósito de tratar siempre confiadamente a la Virgen, de caminar por ese atajo la senda por donde se abrevia el camino- para llegar antes a Cristo: “conservad celosamente ese tierno y confiado amor a la Virgen nos alienta el Romano Pontífice. No lo dejéis nunca enfriar (...). Sed fieles a los ejercicios de piedad mariana tradicionales en la Iglesia: la oración del Ángelus, el mes de María y, de modo muy especial, el Rosario”15.
María, llena de gracia y de esplendor, la que es bendita entre todas las mujeres, es también nuestra Madre. Una manifestación de amor a Nuestra Señora es llevar una imagen suya en la cartera o en el bolso; es multiplicar discretamente sus retratos a nuestro alrededor, en nuestras habitaciones, en el coche, en el despacho o en el lugar de trabajo. Nos parecerá natural invocarla, aunque sea sin palabras.
Si cumplimos nuestro propósito de acudir con más frecuencia a Ella, desde el día de hoy, comprobaremos en nuestras vidas que “Nuestra Señora es descanso para los que trabajan, consuelo de los que lloran, medicina para los enfermos, puerto para los que maltrata la tempestad, perdón para los pecadores, dulce alivio de los tristes, socorro de los que rezan”16.
1 Antífona de entrada. Is 61, 10. — 2 San Andrés de Creta, Homilía I en la Natividad de la Santísima Madre de Dios. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 61. — 4 Gen 3, 9-15; 20. — 5 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 54. — 6 Ibídem, 63. — 7 Ibídem, 65. — 8 Ibídem, 65. — 9 Juan Pablo II, Alocución 8-XII-1854. — 10 Evangelio de la Misa, Lc 1, 28. — 11 Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8-XII-1854. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 171. — 13 R. A. Knox, Tiempos y fiestas del año litúrgico, p. 298. — 14 Cfr. Lc 2, 48. — 15 Juan Pablo II, Homilía 12-X-1980. — 16 San Juan Damasceno, Homilía en la Dormición de la B. Virgen María.
* Esta fiesta fue instituida por Pío IX con motivo de la proclamación del dogma, el 8 de diciembre de 1854. La definición dogmática precisó el sentido de la verdad de fe y afirmó de modo solemne la fe constante de la Iglesia. Esta festividad se celebraba en Oriente desde el siglo viii y un siglo después en muchos lugares de Occidente.
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LA CONCEPCIÓN
INMACULADA DE MARÍA
Solemnidad: 8 de Diciembre
Ya en el siglo II saludaba san Ireneo en la Madre de Jesús a la nueva Eva. Pero fue dentro del segundo milenio cuando poco a poco fue apercibiéndose la Iglesia del depósito revelado referente a la Inmaculada Concepción de María. El Papa Pío IX la proclamó solemnemente el 8 de diciembre de 1854. Hacía casi cuatro siglos que el papa Sixto IV había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente (1483).
El dogma proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.
|
"...declaramos,
proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene
que la beatísima Virgen María fue preservada inmune
de toda mancha de la culpa original en el primer
instante de su concepción por singular gracia y
privilegio de Dios omnipotente, en atención a los
méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano,
está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y
constantemente creída por todos los fieles..." |
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Inmaculada, Juan de Juanes, 1568
AVE MARIA PURÍSIMA.
Himno
I
De
Adán el primer pecado
No vino en vos a caer;
Que quiso Dios preservaros
Limpia como para él.
De
vos el Verbo encarnado
Recibió humano ser,
Y quiere todapureza
Quien todopuro es también.
Si
Dios autor de las leyes
Que rigen la humana grey,
Para engendrar a su madre
¿no pudo cambiar la ley?
Decir
que pudo y no quiso
Parece cosa cruel,
Y, si es todopoderoso,
¿con vos no lo habrá de ser?
Que
honrar al hijo en la madre
Derecho de todos es,
Y ese derecho tan justo,
¿Dios no lo debe tener?
Porque
es justo, porque os ama,
Porque vais su madre a ser,
Os hizo Dios tan purísima
Como Dios merece y es. Amén.
II
Eva
nos vistió de luto,
De Dios también nos privó
E hizo mortales;
Mas de vos salió tal fruto
Que puso en paz y quitó
Tantos males.
Por
Eva la maldición
Cayó en el género humano
Y el castigo;
Mas por vos la bendición
fue, y a todos dio la mano
Dios amigo.
Un
solo Dios trino y uno
A vos hizo sola y una:
Más perfecta
Después de Dios no hay ninguna,
Ni es a Dios persona alguna
Más acepta.
¡Oh
cuánto la tierra os debe!
Pues que por vos Dios volvió
La noche en día,
Por vos, más blanca que nieve,
El pecador alcanzó
Paz y alegría. Amén.
III
Ninguno
del ser humano
Como vos se pudo ver;
Que a otros les dejan caer
Y después les dan la mano.
Mas
vos, Virgen, no caíste
Como los otros cayeron,
Que siempre la mano os dieron
Con que preservada fuiste.
Yo,
cien mil veces caído;
Os suplico que me deis
La vuestra y me levantéis
Porque no quede perdido.
Y
por vuestra concepción,
Que fue de tan gran pureza,
Conserva en mí la limpieza
Del alma y del corazón,
Para
que de esta manera
Suba con voz a gozar
Del que solo puede dar
Vida y gloria verdadera. Amén.
Oración
Padre, la boca se nos llena de cantares y el corazón rebosa de alegría, porque se acerca el nacimiento de tu Hijo, que levantó del sueño a los pastores y sobresaltó a los poderosos. Pero sobretodo llenó de gozo a su Madre María, que había vivido un adviento de nueve meses. Ella, sencilla como la luz, clara como el agua, pura como la nieve y dócil como una esclava concibió en su seno la Palabra. Concédenos que, a imitación suya, seamos siempre dóciles al evangelio de Jesús y así celebremos en verdad de fe la Pascua de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.
¿Por qué es importantísimo entender este dogma?
Una respuesta basada a las revelaciones de la beata Anna Katharina Emmerick:
Dios es puro amor, pura luz. Y la luz no se puede mezclar con las tinieblas. Al pecar Adán indirectamente aceptó ser esclavo de Satanás. Por el pecado de Adán, todos nacemos con el pecado original, todos somos concebidos bajo el poder de las tinieblas, esclavos de Satanás (el hijo de un esclavo pertenece a su dueño), por eso se introdujo el mal en el género humano (como una enfermedad hereditaria) y ahora morimos (Adán era inmortal, no se enfermaba nunca, tenía ciencia infusa, etc.).
El Mesías no se podía encarnar hasta que germinara la semilla de la Inmaculada Concepción tomada de Adán antes de pecar y transmitida de generación en generación (la famosa bendición de Abraham a Isaac, de Isaac a Jacob, siguiendo el árbol genealógico de Jesús). Para que germinara con el calor mínimo hubo que esperar a que la raza judía fuera cada vez más Santa (por eso no se podría mezclar con los paganos, por la heredabilidad de la automaldición del pecado hasta la cuarta generación), hasta llegar al fuego de amor ardiente de Santa Ana. En el plan de Dios, Dios no “pudo” encarnarse antes: el que ama quiere estar con el amado, pero el Verbo hecho carne no pudo ser nieto de Adán y Eva, ya que contaba con la cooperación libre del hombre.
Desde antes de la creación, Dios estableció que sin la Inmaculada no habría encarnación. Hoy celebramos que gracias a la Inmaculada, el alba antes del Sol (su Hijo), comenzó la regeneración del género humano degenerado por el pecado original, que no podía entrar al Cielo.
Ojalá que esta brevísima explicación, nos haga comprender lo importante que es bautizar a los niños lo antes posible como pide el código de derecho canónico.
El bautismo corta sus cadenas de esclavitud a Satanás. Dios podría ayudarnos más si no rechazáramos su ayuda/gracia. ¿Cuántos accidentes de niños, enfermedades, muertes, se podrían haber evitado si los mismísimos padres hubieran bautizado antes a sus hijos. ¿Es que no desean que sean Hijos de Dios? ¿Es que no desean Su bendición? ¿es que prefieren maldecir a sus hijos? ¿tolerarían verlos encadenados a la serpiente horrible y esperar quién sabe qué demorando su liberación por el bautismo?
Bautizar a los niños lo antes posible es tan importante como darles de comer. ¿acaso permitiríamos que su alma muera de hambre y sed un minuto más si lo pudiéramos evitar? Las almas “mueren” de amor esperando que la Santísima Trinidad inhabite en ellas y sin embargo los padres prefieren postergar el bautismo por mil excusas vanas.
Por algo la inmensa mayoría de santos fue bautizada dentro de los pocos días de nacer.
Abuelas/os, expliquen esto a sus hijos. Tías/os, expliquen esto a sus hermanos.
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Advocación preferida del Papa Francisco
Esta imagen se venera desde 1706 en Augsburgo (Alemania) y su nombre original es Nuestra Señora de Knotenlöserin. El icono fue pintado alrededor de 1700 por Johann Melchior Georg Schmidttner y fue instalado en la antigua iglesia Saint Peter Am Perlach.
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Fuente:
www.NarcisaDeJesus.com
Narcisa de Jesús Martillo
Morán, Santa
Virgen Laica Ecuatoriana, Diciembre 8
"La Violeta de Nobol" Martirologio Romano:
En Lima, ciudad
de Perú, beata Narcisa de Jesús Martillo Morán, virgen
nacida en Ecuador, que, privada de padres y
desprovista de sustento, después de muchos trabajos
fue recibida en la hospedería de un cenobio, donde se
dio a la oración continua y a la áspera penitencia. Sus milagrosas intercesiones Para su beatificación |
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Sofronio de Chipre, Santo Obispo, Diciembre 8
Obispo de Chipre
|
___________________________________________________________________________________________Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Eutiquiano, Santo
Papa y Mártir,
Diciembre 8
XXVII Papa Martirologio Romano:
En Roma, en el
cementerio de Calixto, en la vía Apia, sepultura de
san Eutiquiano, papa (283). |
José María Zabal Blaco, Beato Padre de Familia y Mártir, Diciembre 8
Mártir Laico Martirologio Romano:
En el pueblo
Picadero de Paterna, de la región de Valencia, beato
José María Zabal Blasco, mártir, el cual, siendo padre
de familia, en la persecución contra la fe superó los
tormentos de su pasión con la fortaleza de Cristo
(1936). |
|
Hombre de fe profunda, destacó por su apostolado social
desarrollado en su difícil ámbito laboral con alegría,
jovialidad y auténtico sentido cristiano. |
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Fuente:
SVDargentina.org.ar
Luis Aloisio Liguda,
Beato
Presbítero y Mártir, Diciembre 8
Presbítero y Mártir Martirologio Romano:
En el campo de
concentración de Dachau, cercano a Munich, en Baviera,
de Alemania, beato Luis Liguda, presbítero de la
Sociedad del Verbo Divino y mártir, que, encarcelado
al ser invadida Polonia durante la guerra, fue
cruelmente asesinado por los guardias de la prisión,
confesando a Cristo hasta la muerte (1942). |
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Fuente:
Cpalsj.org
Natal (Nadal) Chabanel,
Santo Mártir
Jesuita, Diciembre 8
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En la región de
Ontario, en Canadá, pasión de san Nadal Chabanel,
presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, el cual,
habiendo hecho voto ante Dios de permanecer hasta la
muerte en su querida misión del territorio Hurón,
caminando por el bosque con un cierto apóstata fue
muerto por él en odio de la fe. Su memoria se celebra
el diecinueve de octubre, junto con sus compañeros
(1649). |
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Patapio, Santo Eremita, Diciembre 8
Eremita Martirologio Romano:
Conmemoración de
san Patapio, solitario, el cual, oriundo de la
Tebaida, vivió en Constantinopla, en Blaquernas, y fue
sepultado en el monasterio de los egipcios (s. V/VI). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el
santoral de este día, Diciembre 8
|
San Macario, mártir |
J†A
JMJ
Pax
Para los países que hoy no celebran la Inmaculada
Concepción
Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo,
comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea,
diciendo:
"Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca". Juan
es
aquel que anunció el profeta
Isaías diciendo:
Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos.
Juan usaba un vestido de piel de camello, con un cinturón de
cuero a la
cintura, y se alimentaba
de grillos y miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de
Jerusalén, de
Judea y de la región
cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en
el río.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los
bautizara, les dijo:
"Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al
castigo que
les aguarda? Hagan
ver con obras su arrepentimiento. Y no se hagan ilusiones
pensando que tienen
por padre a
Abrahán, porque les aseguro que hasta de estas piedras puede
Dios sacar hijos
de Abrahán. Ya
toca el hacha la raíz de los árboles, y el árbol que no da buen
fruto será
cortado y arrojado al
fuego.
Yo los bautizo con agua para que se arrepientan;pero el que
viene detrás de mí
es más fuerte
que yo, y yo no soy digno ni de quitarle las sandalias. El los
bautizará con
Espíritu Santo y
fuego. El tiene la horquilla en la mano para separar el trigo de
la paja y
reunir el trigo en su
granero; quemará la paja en un una hoguera que no se apaga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a todos los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz para alegría de todo corazón.
Oremos:
Que nuestra responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor,
prepararnos a la
venida de tu
Hijo; que la sabiduría divina nos disponga a recibirlo y a
participar de su propia
vida.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Le hará justicia a los pobres
Lectura del Libro del profeta Isaías 11, 1-10
En aquel día brotará un
renuevo del tronco de Jesé, un
vástago florecerá de su raíz. Sobre él se
posará el espíritu del Señor: espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de
piedad y temor de Dios.
No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá
con justicia al
desamparado, con
equidad dará sentencia al pobre; herirá al violento con el
látigo de su boca,
con el soplo de sus
labios matará al impío. Será la justicia su ceñidor, la
fidelidad apretará su
cintura.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el
cabrito, el
novillo y el león pacerán
juntos: un muchachito los pastoreará. La vaca pastará con la
osa y sus crías
vivirán juntas; el
león comerá paja con el buey.
El niño jugará sobre el agujero de la víbora, la criatura
meterá la mano en el
escondrijo de la
serpiente. No hará daño ni estrago por todo mi monte
santo:porque así como las aguas
colman
el mar, así está lleno el país de la ciencia del Señor. Aquel
día la raíz de
Jesé se alzará como
bandera de los pueblos: la buscarán todas las naciones y será
gloriosa su casa.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del Salmo 71
Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Comunica,
Señor, al rey tu juicio, tu
justicia al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en
defensa de tus
pobres.
Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
De mar a
mar se extenderá su reino y de
un extremo al otro de la tierra. Les hará justicia a los
pobres y al débil
librará del poderoso. Ayudará al que se encuentra sin amparo,
se apiadará del
desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Que
bendigan al Señor eternamente, tanto
como el sol viva su nombre. Que sea la bendición del mundo
entero y lo aclamen
dichoso las naciones.
Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Cristo salvó a todos los hombres
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9
Hermanos: Todo lo que
en el pasado ha sido escrito en los libros santos, se escribió
para
instrucción nuestra, a fin de que, por la paciencia y el
consuelo que dan las
Escrituras,
mantengamos la esperanza.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a
ustedes vivir en
perfecta armonía
unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que,
con un solo
corazón y una sola
voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo
el género humano
verá al
Salvador.
Aleluya.
Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, comenzó
Juan el Bautista a predicar
en el desierto de Judea, diciendo:
"Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca".
Juan es
aquel que anunció el profeta
Isaías diciendo:
Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor,
enderecen sus
senderos.
Juan usaba un vestido de piel de camello, con un cinturón de
cuero a la
cintura, y se alimentaba
de grillos y miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de
Jerusalén, de
Judea y de la región
cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba
en el río.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los
bautizara, les dijo:
"Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al
castigo que
les aguarda? Hagan
ver con obras su arrepentimiento. Y no se hagan ilusiones
pensando que tienen
por padre a
Abrahán, porque les aseguro que hasta de estas piedras puede
Dios sacar hijos
de Abrahán. Ya
toca el hacha la raíz de los árboles, y el árbol que no da
buen fruto será
cortado y arrojado al
fuego.
Yo los bautizo con agua para que se arrepientan;pero el que
viene detrás de mí
es más fuerte
que yo, y yo no soy digno ni de quitarle las sandalias. El los
bautizará con
Espíritu Santo y
fuego. El tiene la horquilla en la mano para separar el trigo
de la paja y
reunir el trigo en su
granero; quemará la paja en un una hoguera que no se apaga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
No se dice "Credo".
Celebrante:
Salgamos al encuentro del Señor, que se acerca a nosotros con
designios de paz
y presentémosle confiados nuestra plegaria:
A cada petición respondemos: Ven, Señor, no tardes.
Para que la Iglesia
viva alegre sin inquietarse por nada y, llena de esperanza, crea
que el Señor
está cerca de ella, roguemos al Señor.
Ven, Señor, no tardes.
Para que nuestra
comunidad con la ayuda de Dios, goce de seguridad, de alegría y
de paz,
roguemos al Señor.
Ven, Señor, no tardes.
Para que el Señor, con
su venida, conforte los corazones abatidos y fortalezca las
rodillas que se
doblan, roguemos al Señor.
Ven, Señor, no tardes.
Para que nuestra fe
crea firmemente en los dones que Dios nos promete y, ayudados
por la gracia
divina, nos dispongamos a recibir los auxilios que El nos envía,
roguemos al
Señor.
Ven, Señor, no tardes.
Celebrante:
Escucha, Dios todopoderoso y eterno nuestras oraciones; suscita
en nosotros el
deseo de una verdadera conversión, para que, renovados por el
Espíritu Santo,
hagamos presente en toda relación humana aquella justicia y
aquella paz que la
Encarnación de tu Hijo hizo florecer en nuestra tierra.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que los ruegos y
ofrendas de nuestra pobreza te
conmuevan, Señor, y, al vernos desvalidos
y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
Quien, al venir por vez primera en la humildad de nuestra
carne, realizó el
plan de redención
trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación;
para que cuando
venga de nuevo
en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su
obra, podamos
recibir los bienes
prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de
tu gloria:
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y contempla la alegría que te viene de Dios.
Oremos:
Alimentados con esta eucaristía, te pedimos, Señor, que, por
la comunión de tu
sacramento, nos
des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando
intensamente los del
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Segundo domingo
EL PRECURSOR: PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR
— La vocación del Bautista. Su figura en el Adviento.
— Humildad de Juan. Necesidad de esta virtud para el apostolado.
— Nosotros somos testigos y precursores. Apostolado con quienes tratamos habitualmente.
I. Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz, y os alegraréis de todo corazón1.
Mira al Señor que viene... Iba a llegar el Salvador y nadie advertía nada. El mundo seguía como de costumbre, en la indiferencia más completa. Solo María sabe; y José, que ha sido advertido por el ángel. El mundo está en la oscuridad: Cristo está aún en el seno de María. Y los judíos seguían disertando sobre el Mesías, sin sospechar que lo tenían tan cerca. Pocos esperaban la consolación de Israel: Simeón, Ana... Estamos en Adviento, en la espera.
Y en este tiempo litúrgico la Iglesia propone a nuestra meditación la figura de Juan el Bautista. Este es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas2.
La llegada del Mesías fue precedida de profetas que anunciaban de lejos su llegada, como heraldos que anuncian la llegada de un gran rey. “Juan aparece como la línea divisoria entre ambos Testamentos: el Antiguo y el Nuevo. El Señor mismo enseña de algún modo lo que es Juan, cuando dice: La ley y los Profetas hasta Juan Bautista. Es personificación de la antigüedad y anuncio de los tiempos nuevos. Como representante de la antigüedad, nace de padres ancianos; como quien anuncia los tiempos nuevos, se muestra ya profeta en el seno de su madre. Aún no había nacido cuando, a la llegada de Santa María, salta de gozo dentro de su madre3. Juan se llamó el profeta del Altísimo, porque su misión fue ir delante del Señor para preparar sus caminos, enseñando la ciencia de salvación a su pueblo”4.
Toda la esencia de la vida de Juan estuvo determinada por esta misión, desde el mismo seno materno. Esta será su vocación; tendrá como fin preparar a Jesús un pueblo capaz de recibir el reino de Dios y, por otra parte, dar testimonio público de Él. Juan no hará su labor buscando una realización personal, sino para preparar al Señor un pueblo perfecto. No lo hará por gusto, sino porque para eso fue concebido. Así es todo apostolado: olvido de uno mismo y preocupación sincera por los demás.
Juan realizará acabadamente su cometido, hasta dar la vida en el cumplimiento de su vocación. Muchos conocieron a Jesús gracias a la labor apostólica del Bautista. Los primeros discípulos siguieron a Jesús por indicación expresa suya, y otros muchos estuvieron preparados interiormente gracias a su predicación.
La vocación abraza la vida entera y todo se pone en función de la misión divina. De la respuesta que Juan dé más tarde, hace depender el Señor la conversión de muchos de los hijos de Israel.
Cada hombre, en su sitio y en sus propias circunstancias, tiene una vocación dada por Dios; de su cumplimiento dependen otras muchas cosas queridas por la voluntad divina: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere –no lo olvides– dependen muchas cosas grandes”5. ¿Acercamos al Señor a quienes nos rodean? ¿Somos ejemplares en la realización de nuestro trabajo, en la familia, en nuestras relaciones sociales? ¿Hablamos del Señor a nuestros compañeros de trabajo o de estudio?
II. Plenamente consciente de la misión que le ha sido encomendada, Juan sabe que ante Cristo no es ni siquiera digno de llevarle las sandalias6, lo que solía hacer el último de los criados con su señor; para ese menester cualquiera servía. El Bautista no tiene reparo en proclamar que él carece de importancia ante Jesús. Ni siquiera se define a sí mismo según su ascendencia sacerdotal. No dice: “Yo soy Juan, hijo de Zacarías, de la tribu sacerdotal de...”. Por el contrario, cuando le preguntan: ¿Quién eres tú?, Juan dice: Yo soy la voz que clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor, allanad sus sendas. Él no es más que eso: la voz. La voz que anuncia a Jesús. Esa es su misión, su vida, su personalidad. Todo su ser viene definido por Jesús; como tendría que ocurrir en nuestra vida, en la vida de cualquier cristiano. Lo importante de nuestra vida es Jesús.
A medida que Cristo se va manifestando, Juan busca quedar en segundo plano, ir desapareciendo. Sus mejores discípulos serán los que sigan, por indicación suya, al Maestro en el comienzo de su vida pública. Este es el Cordero de Dios, dirá a Juan y a Andrés, indicando a Jesús que pasaba. Con gran delicadeza se desprenderá de quienes le siguen para que se vayan con Cristo. Juan “perseveró en la santidad, porque se mantuvo humilde en su corazón”7; por eso mereció también aquella formidable alabanza del Señor: En verdad os digo que no ha salido de entre los hijos de mujer nadie mayor que Juan8.
El Precursor señala también ahora el sendero que hemos de seguir. En el apostolado personal –cuando vamos preparando a otros para que encuentren a Cristo–, debemos procurar no ser el centro. Lo importante es que Cristo sea anunciado, conocido y amado: Solo Él tiene palabras de vida eterna, solo en Él se encuentra la salvación. La actitud de Juan es una enérgica advertencia contra el desordenado amor propio, que siempre nos empuja a ponernos indebidamente en primer plano. Un afán de singularidad no dejaría sitio a Jesús.
El Señor nos pide también que vivamos sin alardes, sin afanes de protagonismo, que llevemos una vida sencilla, corriente, procurando hacer el bien a todos y cumpliendo nuestras obligaciones con honradez. Sin humildad no podríamos acercar a nuestros amigos al Señor. Y entonces nuestra vida quedaría vacía.
III. Nosotros, sin embargo, no somos solo precursores; somos también testigos de Cristo. Hemos recibido con la gracia bautismal y la Confirmación el honroso deber de confesar, con las obras y de palabra, la fe en Cristo. Para cumplir esta misión recibimos frecuentemente, y aun a diario, el alimento divino del Cuerpo de Jesús; los sacerdotes nos prodigan la gracia sacramental y nos instruyen con la enseñanza de la Palabra divina.
Todo lo que poseemos es tan superior a lo que Juan tenía, que Jesús mismo pudo decir que el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan. Sin embargo, ¡qué diferencia! Jesús está a punto de llegar, y Juan vive fundamentalmente para ser el Precursor. Nosotros somos testigos; pero, ¿qué clase de testigos somos? ¿Cómo es nuestro testimonio cristiano entre nuestros colegas, en la familia? ¿Tiene suficiente fuerza para persuadir a los que no creen todavía en Él, a quienes no le aman, a los que tienen una idea falsa acerca de Jesús? ¿Es nuestra vida una prueba, al menos una presunción, a favor de la verdad del cristianismo? Son preguntas que podrían servirnos para vivir este Adviento, en el que no puede faltar un sentido apostólico.
Mira al Señor que viene... Juan sabe que Dios prepara algo muy grande, de lo cual él debe ser instrumento, y se coloca en la dirección que le señala el Espíritu Santo. Nosotros sabemos mucho más acerca de lo que Dios tenía preparado para la humanidad. Nosotros conocemos a Cristo y a su Iglesia, tenemos los sacramentos, la doctrina salvadora perfectamente señalada... Sabemos que el mundo necesita que Cristo reine, sabernos que la felicidad y la salvación de los hombres dependen de Él. Tenemos al mismo Cristo, al mismo que conoció y anunció el Bautista.
Somos testigos y precursores. Hemos de dar testimonio, y, al mismo tiempo, señalar a otros el camino. “Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima. Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: este es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama”9.
Quizá el mundo ahora, en muchos casos, tampoco espera nada. O espera en otra dirección, de donde no vendrá nadie. Muchos se hallan volcados hacia los bienes materiales como si fueran su fin último, pero con ellos no llenarán su corazón jamás. Hemos de señalarles el camino. A todos. “Conocéis –nos dice San Agustín– lo que cada uno de vosotros tiene que hacer en su casa, con el amigo, el vecino, con su dependiente, con el superior, con el inferior. Conocéis también de qué modo da Dios ocasión, de qué manera abre la puerta con su palabra. No queráis, pues, vivir tranquilos hasta ganarlos para Cristo, porque vosotros habéis sido ganados por Cristo”10.
Nuestra familia, los amigos, los compañeros de trabajo, aquellas personas a quienes vemos con frecuencia, deben ser los primeros en beneficiarse de nuestro amor al Señor. Con el ejemplo y con la oración debemos llegar incluso hasta aquellos con quienes no tenemos ocasión de hablar.
Nuestra gran alegría será haber acercado a Jesús, como hizo el Bautista, a muchos que estaban lejos o indiferentes. Sin perder de vista que es la gracia de Dios y no nuestras fuerzas humanas la que consigue mover las almas hacia Jesús. Y como nadie da lo que no tiene, se hace más urgente un esfuerzo por crecer en la vida interior, de forma que el amor de Dios sobreabundante pueda contagiar a todos los que pasan por nuestro lado.
La Reina de los Apóstoles aumentará nuestra ilusión y esfuerzo por acercar almas a su Hijo, con la seguridad de que ningún esfuerzo es vano ante Él.
1 Antífona de entrada de la Misa, cfr. Is 30,19-30. — 2 Mt 3, 3. — 3 Cfr. Lc 1, 76-77. — 4 San Agustín, Sermón 293, 2. — 5 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 755. — 6 Cfr. Mt 3, 11. — 7 San Gregorio Magno, Trat. sobre el Evang. de San Lucas, 20, 5. — 8 Mt 11, 11. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 122. — 10 San Agustín, Trat. sobre el Evang. de San Juan, 10, 9.
J†A
JMJ
Pax
¿Qué debemos hacer?
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 2-11
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo,Juan
se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras
de Cristo,
le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"
Jesús les respondió:
"Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos
ven y los
cojos andan; los
leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan
y a los pobres
se les anuncia el
Evangelio. ¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí!"
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la
gente acerca de
Juan:
"¿Qué fueron a ver en el desierto?, ¿una caña sacudida por el
viento?
Pues, ¿qué fueron a ver?
¿Un hombre lujosamente vestido? Los que visten con lujo habitan
en los
palacios. ¿A qué
fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, y les aseguro que más que
un profeta.
Porque de él está escrito: "Yo envío mi mensajero por delante de
ti y te
prepare el camino".
Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el
Bautista,
aunque el más
pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito: estén alegres. El Señor está cerca.
Oremos:
Mira, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del
nacimiento de tu Hijo;
concédenos
celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón
nuevo y una
inmensa alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Dios mismo vendrá y nos salvará
Lectura del libro del profeta Isaías 35,1-6a.10
Esto dice el Señor:
"Saltarán de alegría el desierto y la tierra reseca; la
llanura se
regocijará y florecerá; florecerá
como el lirio, se regocijará y dará gritos de alegría. Tiene
la gloria del
Líbano, el esplendor del
Carmelo y del Sarión; ellos verán la gloria del Señor, el
esplendor de nuestro
Dios. Fortalezcan
las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes, digan a
los de corazón
apocado:
"¡Ánimo!, no teman; miren a su Dios, vengador y justiciero,
viene en persona
a salvarnos".
Se iluminarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos
se abrirán,
saltará como un venado
el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados
por el Señor.
Vendrán a Sión con
cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su
escolta gozo y
dicha, porque pena y
aflicción habrán terminado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El Señor
siempre es fiel a su palabra, y
es quien hace justicia al oprimido él proporciona pan a los
hambrientos y
libera al cautivo.
Ven, Señor, a salvarnos.
Abre el
Señor los ojos de los ciegos y
alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al
forastero a su
cuidado.
Ven, Señor, a salvarnos.
A la viuda
y al huérfano sustenta y
trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente.
Reina tu Dios, oh
Sión, reina por siglos.
Ven, Señor, a salvarnos.
Manténganse firmes, porque el Señor está cerca
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10
Hermanos: Sean pacientes
hasta la venida del Señor.
Vean cómo el campesino aguarda
paciente los frutos preciosos de la tierra, mientras espera
las lluvias
tempraneras y tardías. Así
también ustedes:
con paciencia mantengan firme el ánimo, porque la venida del
Señor está cerca.
No murmuren
unos de otros para no ser condenados.
Miren que el juez está ya a la puerta. Tomen, hermanos, como
ejemplo de
paciencia y
sufrimiento a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para
anunciar la Buena Nueva
a los pobres.
Aleluya.
¿Qué debemos hacer?
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 2-11
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo,Juan se
encontraba en la cárcel, y
habiendo oído hablar de las obras de Cristo,
le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"
Jesús les respondió:
"Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los
ciegos ven y los
cojos andan; los
leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos
resucitan y a los pobres
se les anuncia el
Evangelio. ¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí!"
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la
gente acerca de
Juan:
"¿Qué fueron a ver en el desierto?, ¿una caña sacudida por el
viento?
Pues, ¿qué fueron a ver?
¿Un hombre lujosamente vestido? Los que visten con lujo
habitan en los
palacios. ¿A qué
fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, y les aseguro que más
que un profeta.
Porque de él está escrito: "Yo envío mi mensajero por delante
de ti y te
prepare el camino".
Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan
el Bautista,
aunque el más
pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Confortados por el anuncio de la venida del Señor, oremos,
hermanos y hermanas,
mientras esperamos confiadamente nuestra total liberación:
A cada petición, respondemos: Escúchanos, Padre.
Para que Dios visite a
la santa Iglesia con su venida
y la gobierne con su asistencia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que con la tutela
divina nuestros tiempos sean
tranquilos y nuestra vida feliz, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que el Señor, con
su venida, cure los dolores de
los enfermos, dé paz y alegría a los que no la tienen y libre
al mundo de todos
los males, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que quienes ahora
recordamos con piedad la
primera venida del Señor en la carne, merezcamos participar
también con gozo en
su gloriosa aparición al final de los tiempos, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Padre.
Celebrante:
Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y, con la fuerza de
tu amor, mantén
nuestro caminar hacia el que ha de venir; concédenos que,
perseverando con
paciencia, hagamos madurar las semillas que tú mismo siembras
en nuestros
corazones y las hagamos fructificar con acción de gracias.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Haz, Señor, que te
ofrezcamos siempre este sacrificio
como signo de nuestra total entrega,
para que así cumplamos el sacramento que tú nos diste y se
lleve a cabo en
nosotros la obra
de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
María, nueva Eva
En verdad es justo y
necesario, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, alabarte,
bendecirte y glorificarte por el misterio de la Virgen Madre.
Porque si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno
virginal de la
hija de Sión ha
germinado Aquél que nos nutre con el pan de los ángeles, y ha
brotado para todo
el género
humano la salvación y la paz.
La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María.
En ella, madre de
toda la
humanidad, la maternidad, redimida del pecado y de la muerte,
se abre al don de
una vida
nueva.
Así, donde había crecido el pecado, se ha desbordado tu
misericordia en Cristo,
nuestro
salvador.
Por eso nosotros,
mientras esperamos la venida de Cristo, unidos a los ángeles y
a los santos,
cantamos el
himno de tu gloria:
Sean fuertes, no teman. Miren que ya viene nuestro Dios, que nos salvará.
Oremos:
Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos
prepare así a
celebrar
dignamente la Navidad ya próxima.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Tercer domingo
LA ALEGRÍA DEL ADVIENTO
— Adviento: tiempo de alegría y de esperanza. La alegría es estar cerca de Jesús; la tristeza, perderle.
— La alegría del cristiano. Su fundamento.
— Llevar alegría a los demás. Es imprescindible en toda labor de apostolado.
I. La liturgia de la Misa de este domingo nos trae la recomendación repetida que hace San Pablo a los primeros cristianos de Filipos: Estad siempre alegres en el Señor, de nuevo os lo repito, alegraos1 y a continuación el Apóstol da la razón fundamental de esta alegría profunda: el Señor está cerca.
Es también la alegría del Adviento y la de cada día: Jesús está muy cerca de nosotros. Está cada vez más cerca. Y San Pablo nos da también la clave para entender el origen de nuestras tristezas: nuestro alejamiento de Dios, por nuestros pecados o por la tibieza.
El Señor llega siempre a nosotros en la alegría y no en la aflicción. “Sus misterios son todos misterios de alegría; los misterios dolorosos los hemos provocado nosotros”2.
Alégrate, llena de gracia, porque el Señor está contigo3, le dice el Ángel a María. Es la proximidad de Dios la causa de la alegría en la Virgen. Y el Bautista, no nacido aún, manifestará su gozo en el seno de Isabel ante la proximidad del Mesías4. Y a los pastores les dirá el Ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador...5. La Alegría es tener a Jesús, la tristeza es perderle.
La gente seguía al Señor y los niños se le acercaban (los niños no se acercan a las personas tristes), y todos se alegraban viendo las maravillas que hacía6.
Después de los días de oscuridad que siguieron a la Pasión, Jesús resucitado se aparecerá a sus discípulos en diversas ocasiones. Y el Evangelista irá señalando una y otra vez que los Apóstoles se alegraron viendo al Señor7. Ellos no olvidarán jamás aquellos encuentros en los que sus almas experimentaron un gozo indescriptible.
Alegraos, nos dice hoy San Pablo. Y tenemos motivos suficientes. Es más, poseemos el único motivo: El Señor está cerca. Podemos aproximarnos a Él cuanto queramos. Dentro de pocos días habrá llegado la Navidad, nuestra fiesta, la de los cristianos, y la de la humanidad, que sin saberlo está buscando a Cristo. Llegará la Navidad y Dios nos espera alegres, como los pastores, como los Magos, como José y María.
Nosotros podremos estar alegres si el Señor está verdaderamente presente en nuestra vida, si no lo hemos perdido, si no se han empañado nuestros ojos por la tibieza o la falta de generosidad. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera del que lleva a Dios, al final solo se halla infelicidad y tristeza. La experiencia de todos los que, de una forma o de otra, volvieron la cara hacia otro lado (donde no estaba Dios), ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. No puede haberla.
Encontrar a Cristo, y volverlo a encontrar, supone una alegría profunda siempre nueva.
II. Exulta, cielo, alégrate, tierra, romped a cantar, montañas, porque vendrá nuestro Señor8. En sus días florecerá la justicia y la paz9.
El cristiano debe ser un hombre esencialmente alegre. Sin embargo, la nuestra no es una alegría cualquiera, es la alegría de Cristo, que trae la justicia y la paz, y solo Él puede darla y conservarla, porque el mundo no posee su secreto.
La alegría del mundo la proporciona lo que enajena..., nace precisamente cuando el hombre logra escapar de sí mismo, cuando mira hacia fuera, cuando logra desviar la mirada del mundo interior, que produce soledad porque es mirar al vacío. El cristiano lleva su gozo en sí mismo, porque encuentra a Dios en su alma en gracia. Esta es la fuente permanente de su alegría.
No nos es difícil imaginar a la Virgen, en estos días de Adviento, radiante de alegría con el Hijo de Dios en su seno.
La alegría del mundo es pobre y pasajera. La alegría del cristiano es profunda y capaz de subsistir en medio de las dificultades. Es compatible con el dolor, con la enfermedad, con los fracasos y las contradicciones. Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar10, ha prometido el Señor. Nada ni nadie nos arrebatará esa paz gozosa, si no nos separamos de su fuente.
Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. En esos momentos que un hombre sin fe consideraría como golpes fatales y sin sentido, el cristiano descubre al Señor y, con Él, un bien mucho más alto. “¡Cuántas contrariedades desaparecen, cuando interiormente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona! Se renueva, con distintos matices, ese amor de Jesús por los suyos, por los enfermos, por los tullidos, que pregunta: ¿qué te pasa? Me pasa... Y, enseguida, luz o, al menos, aceptación y paz”11. “¿Qué te pasa?”, nos pregunta. Y le miramos y ya no nos pasa nada. Junto a Él recuperamos la paz y la alegría.
Tendremos dificultades, como las han tenido todos los hombres, pero estas contrariedades –grandes o pequeñas– no nos quitan la alegría. La dificultad es algo ordinario con lo que debemos contar, y nuestra alegría no puede esperar épocas sin contrariedades, sin tentaciones y sin dolor. Es más, sin los obstáculos que encontramos en nuestra vida no habría posibilidad de crecer en las virtudes.
El fundamento de nuestra alegría debe ser firme. No se puede apoyar exclusivamente en cosas pasajeras: noticias agradables, salud, tranquilidad, desahogo económico para sacar la familia adelante, abundancia de medios materiales, etcétera, cosas todas buenas, si no están desligadas de Dios, pero por sí mismas insuficientes para proporcionarnos la verdadera alegría.
El Señor nos pide estar alegres siempre. Cada uno mire cómo edifica, que en cuanto al fundamento, nadie puede tener otro sino el que está puesto, Jesucristo12. Solo Él es capaz de sostenerlo todo en nuestra vida. No hay tristeza que Él no pueda curar: no temas, ten solo fe13, nos dice. Él cuenta con todas las situaciones por las que ha de pasar nuestra vida, y también con aquellas que son resultado de nuestra insensatez y de nuestra falta de santidad. Para todos tiene remedio.
En muchas ocasiones, como en este rato de oración, será necesario que nos dirijamos a Él en un diálogo íntimo y profundo ante el Sagrario; y que abramos nuestra alma en la Confesión, en la dirección espiritual personal. Allí encontraremos la fuente de la alegría, y nuestro agradecimiento se manifestará en mayor fe, en una crecida esperanza, que aleje toda tristeza, y en preocupación por los demás.
Dentro de poco, de muy poco, el que viene llegará. Espera, porque ha de llegar sin retrasarse14, y con Él llega la paz y la alegría; con Jesús encontramos el sentido a nuestra vida.
III. Un alma triste está a merced de muchas tentaciones. ¡Cuántos pecados se han cometido a la sombra de la tristeza! Cuando el alma está alegre se vierte hacia afuera y es estímulo para los demás; la tristeza oscurece el ambiente y hace daño. La tristeza nace del egoísmo de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia ante el trabajo, de la falta de mortificación, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios.
El olvido de uno mismo, el no andar excesivamente preocupados en las propias cosas es condición imprescindible para poder conocer a Cristo, objeto de nuestra alegría, y para poder servirle. Quien anda excesivamente preocupado de sí mismo difícilmente encontrará el gozo de la apertura hacia Dios y hacia los demás.
Y para alcanzar a Dios y crecer en la virtud debemos estar alegres.
Por otra parte, con el cumplimiento alegre de nuestros deberes podemos hacer mucho bien a nuestro alrededor, pues esa alegría lleva a Dios. Recomendaba San Pablo a los primeros cristianos: Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo15. Y frecuentemente, para hacer la vida más amable a los demás, basta con esas pequeñas alegrías que, aunque de poco relieve, muestran con claridad que los consideramos y apreciamos: una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio, evitar tragedias por cosas de poca importancia que debemos dejar pasar y olvidar. Así contribuimos a hacer más llevadera la vida a las personas que nos rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios.
En muchas ocasiones el regato lleva a la fuente. Esas muestras de alegría conducirán a quienes nos tratan habitualmente a la fuente de toda alegría verdadera, a Cristo nuestro Señor.
Preparemos la Navidad junto a Santa María. Procuremos también prepararla en nuestro ambiente, fomentando un clima de paz cristiana, y brindemos muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, y pocas pruebas hay tan convincentes como la alegría habitual del cristiano, también cuando lleguen el dolor y las contradicciones. La Virgen las tuvo abundantes al llegar a Belén, cansada de tan largo viaje, y al no encontrar lugar digno donde naciera su Hijo; pero esos problemas no le hicieron perder la alegría de que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.
1 Flp 4, 4. — 2 P. A. Reggio, Espíritu sobrenatural y buen humor, Madrid 1966, p. 20. — 3 Lc 1, 28. — 4 Lc 2, 4. — 5 Lc 2, 10-11. — 6 Lc 13, 7. — 7 Cfr. Jn 20, 20. — 8 Is 49, 13. — 9 Sal 71, 7. — 10 Jn 16, 22. — 11 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 249. — 12 1 Cor 3, 11. — 13 Lc 8, 50. — 14 Heb 10, 37. — 15 Gal 6, 2.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa María de
la Rosa
Fundadora
Año 1855
Señor:
concédenos también a nosotros el ser capaces
de gastarnos y desgastarnos por servir a
tus hijos más pobres de la tierra.
Con
gusto me gastaré y me desgastaré para que Cristo
sea más amado y más conocido (San Pablo).
|
Nació en Brescia (Italia) en 1813. Quedó huérfana de madre cuando apenas tenía 11 años. Cuando ella tenía 17 años, su padre le presentó un joven diciéndole que había decidido que él fuera su esposo. La muchacha se asustó y corrió donde el párroco, que era un santo varón de Dios, a comunicarle que se había propuesto permanecer siempre soltera y dedicarse totalmente a obras de caridad. El sacerdote fue donde el papá de la joven y le contó la determinación de su hija. El señor De la Rosa aceptó casi inmediatamente la decisión de María, y la apoyó más tarde en la realización de sus obras de caridad, aunque muchas veces le parecían exageradas o demasiado atrevidas. El padre de María tenía unas fábricas de tejidos y la joven organizó a las obreras que allí trabajaban y con ellas fundó una asociación destinada a ayudarse unas a otras y a ejercitarse en obras de piedad y de caridad. En la finca de sus padres fundó también con las campesinas de los alrededores una asociación religiosa que las enfervorizó muchísimo. En su parroquia organizó retiros y misiones especiales para las mujeres, y el cambio y la transformación entre ellas fue tan admirable que al párroco le parecía que esas mujeres se habían transformado en otras. ¡Así de cambiadas estaban en lo espiritual!. En 1836 llegó la peste del cólera a Brescia, y María con permiso de su padre (que se lo concedió con gran temor) se fue a los hospitales a atender a los millares de contagiados. Luego se asoció con una viuda que tenía mucha experiencia en esas labores de enfermería, y entre las dos dieron tales muestras de heroísmo en atender a los apestados, que la gente de la ciudad se quedó admirada. Después de la peste, como habían quedado tantas niñas huérfanas, el municipio formó unos talleres artesanales y los confió a la dirección de María de la Rosa que apenas tenía 24 años, pero ya era estimada en toda la ciudad. Ella desempeñó ese cargo con gran eficacia durante dos años, pero luego viendo que en las obras oficiales se tropieza con muchas trabas que quitan la libertad de acción, dispuso organizar su propia obra y abrió por su cuenta un internado para las niñas huérfanas o muy pobres. Poco después abrió también un instituto para niñas sordomudas. Todo esto es admirable en una joven que todavía no cumplía los 30 años y que era de salud sumamente débil. Pero la gracia de Dios concede inmensa fortaleza. La gente se admiraba al ver en esta joven apóstol unas cualidades excepcionales. Así por ejemplo un día en que unos caballos se desbocaron y amenazaban con enviar a un precipicio a los pasajeros de una carroza, ella se lanzó hacia el puesto del conductor y logró dominar los enloquecidos caballos y detenerlos. En ciertos casos muy difíciles se escuchaban de sus labios unas respuestas tan llenas de inteligencia que proporcionaban la solución a los problemas que parecían imposibles de arreglar. En los ratos libres se dedicaba a leer libros de religión y llegó a poseer tan fuertes conocimientos teológicos que los sacerdotes se admiraban al escucharla. Poseía una memoria feliz que le permitía recordar con pasmosa precisión los nombres de las personas que habían hablado con ella, y los problemas que le habían consultado; y esto le fue muy útil en su apostolado. En 1840 fue fundada en Brescia por Monseñor Pinzoni una asociación piadosa de mujeres para atender a los enfermos de los hospitales. Como superiora fue nombrada María de la Rosa. Las socias se llamaban Doncellas de la Caridad. Al principio sólo eran cuatro jóvenes, pero a los tres meses ya eran 32. Muchas personas admiraban la obra que las Doncellas de la Caridad hacían en los hospitales, atendiendo a los más abandonados y repugnantes enfermos, pero otros se dedicaron a criticarlas y a tratar de echarlas de allí para que no lograran llevar el mensaje de la religión a los moribundos. La santa comentando esto, escribía: "Espero que no sea esta la última contradicción. Francamente me habría dado pena que no hubiéramos sido perseguidas". Fueron luego llamadas a ayudar en el hospital militar pero los médicos y algunos militares empezaron a pedir que las echaran de allí porque con estas religiosas no podían tener los atrevimientos que tenían con las otras enfermeras. Pero las gentes pedían que se quedaran porque su caridad era admirable con todos los enfermos.
En la comunidad se cambió su nombre de María de la Rosa por el de María del Crucificado. Y a sus religiosas les insistía frecuentemente en que no se dejaran llevar por el "activismo", que consiste en dedicarse todo el día a trabajar y atender a las gentes, sin consagrarle el tiempo suficiente a la oración, al silencio y a la meditación. En 1850 se fue a Roma y obtuvo que el Sumo Pontífice Pío Nono aprobara su consagración. La gente se admiraba de que hubiera logrado en tan poco tiempo lo que otras comunidades no consiguen sino en bastantes años. Pero ella era sumamente ágil en buscar soluciones. Solía decir: "No puedo ir a acostarme con la conciencia tranquila los días en que he perdido la oportunidad, por pequeña que esta sea, de impedir algún mal o de hacer el bien". Esta era su especialidad: día y noche estaba pronta a acudir en auxilio de los enfermos, a asistir a algún pecador moribundo, a intervenir para poner paz entre los que peleaban, a consolar a quien sufría alguna pena. Por eso Monseñor Pinzoni exclamaba: "La vida de esta mujer es un milagro que asombra a todos. Con una salud tan débil hace labores como de tres personas robustas". Aunque apenas tenía 42 años, sus fuerzas ya estaban totalmente agotadas de tanto trabajar por pobres y enfermos. El viernes santo de 1855 recobró su salud como por milagro y pudo trabajar varios meses más. Pero al final del año sufrió un ataque y el 15 de diciembre de ese año de 1855 pasó a la eternidad a recibir el premio de sus buenas obras. Si Cristo prometió que quien obsequie aunque sea un vaso de agua a un discípulo suyo, no quedará sin recompensa, ¿qué tan grande será el premio que habrá recibido quien dedicó su vida entera a ayudar a los discípulos más pobres de Jesús? |
___________________________________________________________________________________________
Autor:
Archidiócesis de Madrid
Urbicio, Santo
Biografía, 15 de
diciembre de 802
Diciembre 15
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Fuente:
Carlos-Steeb.edu.ar
Carlos Steeb, Santo
Sacerdote, 15 de
diciembre
Carlos Steeb nace el 18 de diciembre de 1773
en Wurttemberg, Alemania. Pertenece a una familia de
clase distinguida y fe luterana. |
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Maximino, Santo Sacerdote, 15 de diciembre
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Diciembre 15
Etimológicamente significa “ el más grande”.
Viene de la lengua latina. |
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Fuente: Vatican.va
Virginia Centurione
Bracelli, Santa
Viuda, 15 Diciembre
Virginia Centurione, viuda de Bracelli, nació
el 2 de abril de 1587 en Génova (Italia). Fue hija de
Jorge Centurione, dux de la República en el bienio
1621-1622, y de Lelia Spínola, ambos descendientes de
familias de antigua nobleza. Bautizada dos días más
tarde, recibió la primera formación religiosa y
literaria de su madre y de un preceptor doméstico. |
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J†A
JMJ
Pax
Jesús nació de María, desposada con José, hijo de David
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24
Gloria a ti, Señor.
Cristo
vino al mundo de la
siguiente manera: Estando la madre de Jesús desposada con José
y, antes de
vivir juntos, sucedió que esperaba un hijo, por obra del
Espíritu Santo. José,
su esposo, que era justo, y no quería ponerla en evidencia,
pensó dejarla en
secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le
dijo en sueños:
"José, hijo de David, no dudes en recibir a María tu esposa,
porque ella
ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y
le pondrás por
nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el
Señor por boca
del profeta Isaías:
Miren: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán
por nombre
Enmanuel, que significa: Dios con nosotros.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel
del Señor:
recibió a su esposa.
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Adviento (4o.dom) Ciclo A
Antífona de Entrada
Un retoño brotará del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará la tierra y toda criatura verá la salvación de Dios.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
A ejemplo de la Virgen Inmaculada que, al aceptar tu voluntad
anunciada por el
ángel, recibió en su seno a tu Hijo, fue llena de gracia del
Espíritu Santo y
se convirtió en templo de divinidad; concédenos, Padre
todopoderoso, la gracia
de aceptar tus designios con humildad de corazón.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
La virgen concebirá
Lectura del libro del profeta Isaías 7, 10-14
En
aquellos tiempos el Señor
habló a Ajaz y le dijo:
"Pide al Señor tu Dios una señal, en lo hondo del abismo o en lo
alto del
cielo".
Contesto Ajaz:
"No la pido, pues no quiero tentar al Señor".
Entonces dijo Dios:
"Escucha, heredero de David: ¿No les basta cansar a los hombres,
sino que
quieren cansar
también a Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una
señal:
He aquí que la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le
pondrán el nombre
de Enmanuel,
que significa: Dios con nosotros".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 23
Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Del
Señor es la tierra y lo que
la llena, el orbe y todos su habitantes: él la edificó sobre los
mares, él la
asentó sobre los ríos.
Ya llega el Señor, el rey
de la gloria.
¿Quién
puede subir al monte del
Señor? ¿Quién puede entrar en su recinto santo? El de corazón
limpio y manos
puras.
Ya llega el Señor, el rey
de la gloria.
Ese
obtendrá la bendición del
Señor, Dios su salvador le hará justicia. Este es el grupo que
te busca y viene
ante ti, Dios de Jacob.
Ya llega el Señor, el rey
de la gloria.
Segunda Lectura
Jesucristo, nuestro Señor, Hijo de Dios, nació del linaje de David
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7
Yo
Pablo, siervo de Cristo
Jesús, llamado por Dios a ser apóstol y elegido para proclamar
su Evangelio. Este Evangelio, anunciado de antemano por los
profetas en las
Sagradas
Escrituras, se refiere a su Hijo, nacido según lo humano, del
linaje de David;
constituido por su
resurrección de entre los muertos Hijo poderoso de Dios, según
el Espíritu
santificador:
Jesucristo nuestro Señor.
Por medio de Jesucristo hemos recibido la gracia del apostolado,
a fin de
llevar a los pueblos
paganos la aceptación de la fe, para gloria de su nombre.
Entre ellos también están ustedes, llamados a pertenecer a
Cristo Jesús.
A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado para
constituir su pueblo,
les deseo la
gracia y la paz de Dios nuestro Padre, y de Jesucristo, el
Señor.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por
nombre Enmanuel, que
significa: Dios
con nosotros.
Aleluya.
Evangelio
Jesús nació de María, desposada con José, hijo de David
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24
Gloria a ti, Señor.
Cristo
vino al mundo de la
siguiente manera: Estando la madre de Jesús desposada con José
y, antes de
vivir juntos, sucedió que esperaba un hijo, por obra del
Espíritu Santo. José,
su esposo, que era justo, y no quería ponerla en evidencia,
pensó dejarla en
secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le
dijo en sueños:
"José, hijo de David, no dudes en recibir a María tu esposa,
porque ella
ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y
le pondrás por
nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el
Señor por boca
del profeta Isaías:
Miren: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán
por nombre
Enmanuel, que significa: Dios con nosotros.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel
del Señor:
recibió a su esposa.
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
No se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, el auxilio del Señor; para que,
apiadado del
pobre y del oprimido, venga a salvar al mundo de sus males:
A cada petición respondemos, Ven, Señor, a liberarnos.
Para
que todos los fieles se
dispongan a recibir a Cristo como lo recibió María, y, como
ella, conserven sus
palabras en el corazón, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para
que aquellos hermanos
nuestros que han abandonado las prácticas cristianas, pero
acudirán a la
iglesia en las próximas fiestas de Navidad, descubran la buena
noticia del
Evangelio, no como un rayo fugaz en la noche, sino como luz
permanente que
ilumina y alegra toda la vida, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para
que las fiestas del
nacimiento del Señor alejen las tinieblas de quienes viven
sumergidos en dudas
e incertidumbres, y colme los deseos de quienes se sienten
descorazonados y
tristes, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para
que el nacimiento de Cristo
nos ayude a renunciar a los deseos mundanos, y a vivir sobria y
honradamente
esperando la aparición definitiva de Cristo, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Celebrante:
Señor Dios, que has mostrado tu gratitud y la fuerza de tu amor
eligiendo las
entrañas purísimas de María para revestir de carne mortal a tu
Hijo; escucha
muestras plegarias y haz que también nosotros sepamos acoger y
engendrar
espiritualmente tu Verbo, escuchando tu palabra y obedeciendo en
la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, el único
sacrificio que puede agradarte y, por nuestra participación en
este
sacramento, concédenos los bienes que la fe nos invita a
esperar.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias
siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con
inefable amor de
madre, Juan lo
proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo
Señor nos
concede ahora
prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento para
encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando
su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin
cesar el himno de
tu gloria:
Antífona de la comunión
Oremos:
Dijo el ángel a María: "Has hallado gracia delante de Dios: vas a concebir y a dar a luz un hijo y
será llamado Hijo del Altísimo".
Oración después de la Comunión
Oremos:
Protege, Señor, con tu poder a cuantos has alimentado con esta
Eucaristía, y
haz que
encuentren en este sacramento la fuente de la paz verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Cuarto domingo
ADVIENTO, TIEMPO DE ESPERANZA
— Santa María, Maestra de esperanza. Origen del desánimo y del desaliento. Jesucristo, el bien supremo.
— El objeto de nuestra esperanza.
— Confianza en el Señor. Nunca llega tarde para darnos la gracia y las ayudas necesarias.
I. El espíritu del Adviento consiste en buena parte en vivir cerca de la Virgen en este tiempo en el que Ella lleva en su seno a Jesús. La vida nuestra es también un adviento un poco más largo, una espera de ese momento definitivo en el que nos encontraremos por fin con el Señor para siempre. El cristiano sabe que este adviento ha de vivirlo junto a la Virgen todos los días de su vida si quiere acertar con seguridad en lo único verdaderamente importante de su existencia: encontrar a Cristo en esta vida, y después en la eternidad.
Y para preparar la Navidad, ya tan cercana, nada mejor que acompañar en estos días a Santa María, tratándola con más amor y más confianza.
Nuestra Señora fomenta en el alma la alegría, porque con su trato nos lleva a Cristo. Ella es «Maestra de esperanza. María proclama que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48). Humanamente hablando, ¿en qué motivos se apoyaba esa esperanza? ¿Quién era Ella, para los hombres y mujeres de entonces? Las grandes heroínas del Viejo Testamento –Judit, Ester, Débora– consiguieron ya en la tierra una gloria humana (...). ¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza»1.
No cae en desaliento quien padece dificultades y dolor, sino el que no aspira a la santidad y a la vida eterna, y el que desespera de alcanzarlas. La primera postura viene determinada por la incredulidad, por el aburguesamiento, la tibieza y el excesivo apegamiento a los bienes de la tierra, a los que considera como los únicos verdaderos. El desaliento, si no se le pone remedio, paraliza los esfuerzos para hacer el bien y superar las dificultades. En ocasiones, el desánimo en la propia santidad está determinado por la debilidad del querer, por miedo al esfuerzo que comporta la lucha ascética y tener que renunciar a apegamientos y desórdenes de los sentidos. Tampoco los aparentes fracasos de nuestra lucha interior o de nuestro afán apostólico pueden desalentarnos: quien hace las cosas por amor a Dios y para su Gloria no fracasa nunca: «Convéncete de esta verdad: el éxito tuyo –ahora y en esto– era fracasar. –Da gracias al Señor y ¡a comenzar de nuevo!»2. «No has fracasado: has adquirido experiencia–. ¡Adelante!»3.
Dentro de pocos días veremos en el belén a Jesús en el pesebre, lo que es una prueba de la misericordia y del amor de Dios. Podremos decir: «En esta Nochebuena todo se para en mí. Estoy frente a Él: no hay nada más que Él, en la inmensidad blanca. No dice nada, pero está ahí... Él es Dios amándome»4. Y si Dios se hace hombre y me ama, ¿cómo no buscarle? ¿Cómo perder la esperanza de encontrarle si Él me busca a mí? Alejemos todo posible desaliento; ni las dificultades exteriores ni nuestra miseria personal pueden nada ante la alegría de la Navidad que ya se acerca.
II. La esperanza se manifiesta a lo largo del Antiguo Testamento como una de las características más esenciales del verdadero pueblo de Dios. Todos los ojos están puestos en la lejanía de los tiempos, por donde un día llegaría el Mesías: «los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la Salvación, en la que, paso a paso, se prepara la venida de Cristo al mundo»5.
En el Génesis se habla ya de la victoria de la Mujer sobre los poderes del mal, de un mundo nuevo6.
El profeta Oseas anuncia que Israel se convertirá y florecerá en el amor antiguo7. Isaías, en medio de las decepciones del reinado de Ezequiel, anuncia la venida del Mesías8, Miqueas señalará a Belén de Judá como el lugar de su nacimiento9.
Faltan pocos días para que veamos en el belén a Nuestro Señor, a quien todos los profetas anunciaron, la Virgen cuidó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su Nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza10.
Jesucristo proclama, desde el pesebre de Belén hasta el momento de su Ascensión a los cielos, un mensaje de esperanza. Jesús mismo es nuestra única esperanza11. Él es la garantía plena para alcanzar los bienes prometidos. Miramos hacia la gruta de Belén, «en vigilante espera», y comprendemos que solo con Él nos podemos acercar confiadamente a Dios Padre12.
El Señor mismo nos señala que el objeto principal de la esperanza cristiana no son los bienes de esta vida, que la herrumbre y la polilla corroen y los ladrones desentierran y roban13, sino los tesoros de la herencia incorruptible, y en primer lugar la felicidad suprema de la posesión eterna de Dios.
Esperamos confiadamente que un día nos conceda la eterna bienaventuranza y, ya ahora, el perdón de los pecados y su gracia. Como una consecuencia, la esperanza se extiende a todos los medios necesarios para alcanzar ese fin. Desde este aspecto particular, también los bienes terrenales pueden caer en el ámbito de la esperanza, pero solo en la medida y en la manera con que Dios los ordena a nuestra salvación.
Vamos a luchar, estos días y siempre, con todas nuestras fuerzas contra esas formas menores de desesperación que son el desánimo, el desaliento y el estar preocupados casi exclusivamente por los bienes materiales.
La esperanza lleva al abandono en Dios y a poner todos los medios a nuestro alcance, para una lucha ascética que nos impulsará a recomenzar muchas veces, a ser constantes en el apostolado y pacientes en la adversidad, a tener una visión más sobrenatural de la vida y de sus acontecimientos. «En la medida en que el mundo se canse de su esperanza cristiana, la alternativa que le queda es el materialismo, del tipo que ya conocemos; esto y nada más. Su experiencia del cristianismo ha sido como la experiencia de un gran amor, el amor de toda una vida... Ninguna voz nueva (...) tendrá ningún atractivo para nosotros si no nos devuelve a la gruta de Belén, para que allí podamos humillar nuestro orgullo, ensanchar nuestra caridad y aumentar nuestro sentimiento de reverencia con la visión de una pureza deslumbradora»14.
III. Escuchadme, los desanimados, que os creéis lejos de la victoria. Yo acerco mi victoria; no está lejos, mi salvación no tardará15.
Nuestra esperanza en el Señor ha de ser más grande cuanto menores sean los medios de que se dispone o mayores sean las dificultades. En cierta ocasión en que Jesús vuelve a Cafarnaúm, nos dice San Lucas16 que todos estaban esperándole. En medio de aquella multitud sobresale un personaje que el Evangelista destaca diciendo que era un jefe de sinagoga y pide a Jesús la curación de su hija: se postró a sus pies; no tiene reparo alguno en dar esta muestra pública de humildad y de fe en Él.
Inmediatamente, a una indicación del Señor, todos se ponen en movimiento en dirección a la casa de Jairo. La niña, de doce años, hija única, se estaba muriendo. Debe de estar ya agonizando. Precisamente entonces, cuando han recorrido una parte del camino, y al amparo de la multitud, una mujer que padece una enfermedad que la hace impura según la ley se acerca por detrás y toca el extremo del manto del Señor. Es también una mujer llena de una profunda humildad.
Jairo había mostrado su esperanza y su humildad postrándose delante de todos ante Jesús. Esta mujer pretende pasar inadvertida, no quería entretener al Maestro; pensaba que era demasiado poca cosa para que el Señor se fijara en ella. Le basta tocar su manto.
Ambos milagros se realizarán acabadamente. La mujer, en la que había fracasado la ciencia de tantos médicos, será curada para siempre, y la hija de Jairo vivirá plena de salud a pesar de que cuando llega la comitiva después del retraso sufrido en el trayecto, haya muerto.
Durante el suceso con la hemorroísa, ¿qué ocurre con Jairo? Parece que ha pasado a segundo plano, y no es difícil imaginarlo un tanto impaciente, pues su hija se le moría cuando la dejó para buscar al Maestro. Cristo, por el contrario, no aparenta tener prisa. Incluso parece no dar importancia a lo que ocurre en casa de Jairo.
Cuando Jesús llega, la niña ya había muerto. Ya no hay posibilidad de salvarla; parece que Jesús ha acudido tarde. Y precisamente ahora, cuando humanamente no queda nada por hacer, cuando todo invita al desaliento, ha llegado la hora de la esperanza sobrenatural.
Jesús no llega nunca tarde. Solo se precisa una fe mayor. Jesús ha esperado a que se hiciese «demasiado tarde», para enseñarnos que la esperanza sobrenatural también se apoya, como cimiento, en las ruinas del esperar humano y que solo es necesario una confianza sin límites en Él, que todo lo puede en todo momento.
Nos recuerda este pasaje nuestra propia vida, cuando parece que Jesús no viene al encuentro de nuestra necesidad, y luego nos concede una gracia mucho mayor. Nos recuerda tantos momentos junto al Sagrario en que nos ha parecido oír palabras muy semejantes a estas:No temas, ten solo fe. Esperar en Jesús es confiar en Él, dejarle hacer. Más confianza, cuanto menores sean los elementos en que humanamente nos podamos apoyar.
La devoción a la Virgen es la mayor garantía para alcanzar los medios necesarios y la felicidad eterna a la que hemos sido destinados. María es verdaderamente «puerto de los que naufragan, consuelo del mundo, rescate de los cautivos, alegría de los enfermos»17. Pidámosle que sepamos esperar, en estos días que preceden a la Navidad y siempre, llenos de fe, a su Hijo Jesucristo, el Mesías anunciado por los Profetas. «Ella precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor (Cfr. 2 Pdr 3, 10)»18.
1 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 286. — 2 ídem, Camino, n. 404. — 3 Ibídem, n. 405. — 4 J. Leclerq,Siguiendo el año litúrgico, Madrid 1957, p. 78. — 5 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 55. — 6 Cfr. Gen 8, 15. — 7 Os 2, 16-25. — 8 Is 7, 9-14. — 9 Cfr. Miq 5, 2-5. — 10 Prefacio II de Adviento. — 11 Cfr. 1 Tim 1, 1. — 12 1 Tim 3, 12. — 13 Mt 6, 19. — 14 R. A. Knox, Sermón sobre la Navidad, 29-XII-1953. — 15 Cfr. Is 46, 12-13. — 16Lc 8, 40-56. — 17 San Alfonso Mª de Ligorio, Visita al Stmo. Sacramento, 2. — 18 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 68.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Francisca Javiera Cabrini Fundadora, 22 Diciembre
Madre de los emigrantes
Entre el 1901 y el 1913 emigraron a Estados
Unidos 4.711.000 italianos. A pesar de los innumerables
dramas que suscita la emigración hay que recordar
todavía hoy a una frágil maestra del S. Angelo
Lodigiano, Francisca Cabrini, nacida en 1850, la menor
de 13 hijos. Se distinguió, por no mirar la emigración
con los ojos del político ni del sociólogo, sino con
esos humanísimos de mujer cristiana, mereciendo el
titulo de madre de los emigrantes.
sus 24 travesias oceánicas, compartió las
incomodidades y las incertidumbres de sus compatriotas;
pero se destacó por su extraordinaria valentía con la
que afrontó las grandes necesidades que se le
presentaron y supo desenvolverse para establecer un
punto de encuentro y de ayuda para los emigrantes. Ante
todo se preocupó por los huérfanos y los enfermos,
construyendo casas, escuelas y un grande hospital en
Nueva York, luego en Chicago, después en California, y
así siguió exteniendo su obra en toda América, hasta
Argentina. |
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Santa Clotilde es conocida por ser la matriarca de una familia de santos y porque consiguió la conversión al catolicismo de su esposo, el fundador de la nación francesa. Se le conmemora cada 22 de diciembre.
Según la tradición, la Santa era hija del rey de Borgoña y nació en el tiempo de la caída de Roma. Por aquel entonces Europa occidental era arrasada por bárbaros y su padre fue asesinado por un “usurpador”, quien encerró a Clotilde en un castillo. Ella aprovechó este tiempo para la oración y repartir entre los pobres las ayudas que obtenía.
Clodoveo, el rey de los francos, atraído por su belleza y sabiduría envió a uno de sus secretarios para que disfrazado de mendigo hiciera fila para pedir limosna y le propusiera a Clotilde que aceptara un matrimonio en secreto. Aunque este rey no era católico, ella recibió la argolla de matrimonio con el fin de convertirlo al catolicismo.
El rey comunicó al “usurpador” que había contraído nupcias con Clotilde y que debía dejarla partir a Francia. Así sucedió y las fiestas de celebración entre los esposos fueron muy brillantes. Un año después nació el primer hijo y la santa obtuvo de su esposo que le permitiera bautizarlo como católico, pero poco después el pequeño murió.
Clodoveo creyó que eso sucedió por abandonar su religión pagana y se resistió a convertirse. Ella, en cambio, siguió ganando su voluntad con amabilidad y rezando por su conversión. Los alemanes atacaron a Clodoveo y él en la terrible batalla exclamó: "Dios de mi esposa Clotilde, si me concedes la victoria, te ofrezco que me convertiré a tu religión".
De manera inesperada el ejército del rey ganó y más adelante Clodoveo se hizo instruir por el Obispo San Remigio. Es así que en la Navidad de 496 se bautizó con todos los jefes de su gobierno. Desde aquel entonces en la nación francesa se profesó la religión católica.
Por el 511 murió Clodoveo y Santa Clotilde luchó porque reine la paz, pero la ambición del poder hizo que algunos de sus hijos y familiares murieran en las guerras civiles por la sucesión.
Santa Clotilde, desilusionada por tantas guerras, se retiró a Tours y pasó allí el resto de su vida dedicada a la oración y las buenas obras al servicio de los pobres, enfermos y afligidos.
Se dice que sus hijos Clotario y Chidelberto se declararon la guerra y la Santa se dedicó a rezar fervorosamente por la paz entre ellos. Es así que cuando sus ejércitos estaban listos para la batalla, una tormenta espantosa estalló y los combatientes tuvieron que retirarse.
Los hermanos hicieron las paces y fueron ante su madre para prometerle que ya no serían enemigos. Días después, Santa Clotilde partió a la Casa del Padre y sus hijos llevaron su ataúd hasta la tumba del rey Clodoveo.
La biznieta de la Santa llamada Berta se casó con San Ethelbert de Kent, la hija de este matrimonio fue Santa Ethelburga, quien convirtió a su esposo el rey San Edwin.
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Francisca de Colledimezzo, Santa Monja Clarisa, 22 de diciembre
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Diciembre 22 Etimológicamente significa “franca, libre”.
Viene de la lengua alemana. |
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Fuente:
ArchiMeridaBadajoz.org
Queremón de Nilópolis y compañeros mártires, Santos
Obispo y mártir, 22
Diciembre
San Dionisio de Alejandría, en su carta a
Fabiano de Antioquía, hablando de los cristianos
egipcios que padecieron en la persecución de Decio,
cuenta que muchos fueron arrojados al desierto, donde
murieron de hambre, de sed, de insolación, o perecieron
atacados por las fieras o por hombres no menos feroces.
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Honorato de Toulouse, Santo Obispo, 22 Diciembre
En la cripta de San Saturnino de Toulouse,
se compendió taxativamente en estos términos, debajo de
unas reliquias: |
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J†A
JMJ
Pax
Toma al niño y a su madre y huye a Egipto.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2,13-15.19-23
Gloria a ti, Señor.
Después
de que los magos
partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños
a José y le
dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate
allá hasta
que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para
matarlo".
José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y
partió para
Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se
cumplió lo que dijo
el Señor por medio del profeta: "De Egipto llamó a mi hijo".
Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en
sueños a José y
le dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de
Israel,
porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño".
Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de
Israel. Pero,
habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su
padre Herodes,
tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños se retiró a Galilea
y se fue a
vivir en una población Ilamada Nazaret. Así se cumplió lo que
habían dicho los
profetas: "Se le llamará nazareno".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
La Sagrada Familia Ciclo A
Antífona de Entrada
Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia
de tu Hijo, el
modelo perfecto para nuestras familias; concédenos practicar sus
virtudes
domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que
podamos ir a gozar
con ella eternamente de la alegría de tu casa.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
El que teme al Señor, honra a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 3-7. 14-17
El
Señor honra al padre en los
hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole. El que
honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el
que respeta a su
madre.
Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos y su
oración será
escuchada; el que
enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al
Señor, es consuelo
de su madre.
Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes
tristeza; aunque
chochee, ten
paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú en pleno
vigor. El bien
hecho al padre no
quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 127
Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso
el que teme al Señor y
sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso,
le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor.
Su
mujer, como vid fecunda en
medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo alrededor de
su mesa.
Dichoso el que teme al Señor.
Esta
es la bendición del hombre
que teme al Señor: "Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas
la
prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida".
Dichoso el que teme al Señor.
La vida de familia, de acuerdo con el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3. 12-21
Hermanos:
Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a
él y les ha dado
su
amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y
pacientes. Sopórtense
mutuamente y
perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los
ha perdonado a
ustedes. Y
sobre todo estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de
la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que
han sido
llamados, como
miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su
riqueza. Enséñenze y
aconséjense unos
a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud,
alaben a Dios con
salmos, himnos y
cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que
hagan, háganlo en el
nombre del Señor
Jesús, dándole gracias a Dios padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, cono lo quiere
el Señor.
Maridos, amen a sus
esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a
sus padres,
porque eso es
agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos,
para que no se
depriman.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor .
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de
Cristo habite en
ustedes con toda
su riqueza.
Aleluya.
Evangelio
Toma al niño y a su madre y huye a Egipto.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2,13-15.19-23
Gloria a ti, Señor.
Después
de que los magos
partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños
a José y le
dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate
allá hasta
que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para
matarlo".
José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y
partió para
Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se
cumplió lo que dijo
el Señor por medio del profeta: "De Egipto llamó a mi hijo".
Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en
sueños a José y
le dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de
Israel,
porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño".
Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de
Israel. Pero,
habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su
padre Herodes,
tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños se retiró a Galilea
y se fue a
vivir en una población Ilamada Nazaret. Así se cumplió lo que
habían dicho los
profetas: "Se le llamará nazareno".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
oremos, hermanos y hermanas, a Jesucristo, el Señor, que, para
santificar la
familia, quiso compartir la vida de un hogar humano:
Respondemos:
Escúchanos, Señor.
Para que el
Señor, que quiso participar de la vida de familia en el hogar
de María y José,
mantenga en paz y armonía a todas las familias cristianas,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
los novios sientan la presencia de Dios en la vivencia de su
amor mutuo y se
preparen santamente para su matrimonio, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Dios ilumine y consuele a las familias desunidas, a los
esposos que han de
vivir separados por causa del trabajo, a los hijos de los
divorciados, a los
hogares sin hijos y a los que lloran la muerte de sus
familiares, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
nos esforcemos por vivir en paz y armonía con nuestros
familiares y con los
miembros de nuestra comunidad, superando con bondad,
comprensión y caridad fraterna
nuestras mutuas desavenencias, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor Dios nuestro, que has querido que tu Hijo, engendrado
antes de todos los
siglos, fuera miembro de una familia humana, escucha nuestras
súplicas y haz
que los padres y madres de familia participen de la fecundidad
de tu amor, y
que sus hijos crezcan en sabiduría, entendimiento y gracia
ante ti y ante los
hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y, por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José, concede a nuestras familias vivir siempre en tu amistad y en tu paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Intercambio efectuado en la Encarnación del Verbo
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor
nuestro.
Por él, hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio
que nos salva,
ya que al asumir tu Hijo nuestra fragilidad humana, no sólo
quedó nuestra carne
mortal honrada para siempre, sino que, por esta unión admirable,
nos hizo
también partícipes de su eternidad.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria.
Antífona de la Comunión
Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres. Aleluya.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre lleno de amor, concede a los que acabamos de alimentarnos
con este sacramento
celestial, imitar siempre los ejemplos de la Sagrada Familia,
para que, después
de las pruebas
de esta vida, podamos gozar eternamente con ellos en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Primer domingo después de Navidad (primer Viernes si la Fiesta de la Madre de Dios cae Domingo)
Fiesta de la Sagrada Familia
LA FAMILIA DE NAZARET
— Jesús quiso comenzar la Redención del mundo enraizado en una familia.
— La misión de los padres. Ejemplo de María y de José.
— La Sagrada Familia, ejemplo para todas las familias.
I. Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él1.
El Mesías quiso comenzar su tarea redentora en el seno de una familia sencilla, normal. Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar. Nada ocurre de extraordinario en estos años de Nazaret, donde Jesús pasa la mayor parte de su vida.
José era el cabeza de familia; como padre legal, él era quien sostenía a Jesús y a María con su trabajo. Es él quien recibe el mensaje del nombre que ha de poner al Niño: Le pondrás por nombre Jesús; y los que tienen como fin la protección del Hijo: Levántate, toma al Niño y huye a Egipto. Levántate, toma al Niño y vuelve a la patria. No vayas a Belén, sino a Nazaret. De él aprendió Jesús su propio oficio, el medio de ganarse la vida. Jesús le manifestaría muchas veces su admiración y su cariño.
De María, Jesús aprendió formas de hablar, dichos populares llenos de sabiduría, que más tarde empleará en su predicación. Vio cómo Ella guardaba un poco de masa de un día para otro, para que se hiciera levadura; le echaba agua y la mezclaba con la nueva masa, dejándola fermentar bien arropada con un paño limpio. Cuando la Madre remendaba la ropa, el Niño la observaba. Si un vestido tenía una rasgadura buscaba Ella un pedazo de paño que se acomodase al remiendo. Jesús, con la curiosidad propia de los niños, le preguntaba por qué no empleaba una tela nueva; la Virgen le explicaba que los retazos nuevos cuando se mojan tiran del paño anterior y lo rasgan; por eso había que hacer el remiendo con un paño viejo... Los vestidos mejores, los de fiesta, solían guardarse en un arca. María ponía gran cuidado en meter también determinadas plantas olorosas para evitar que la polilla los destrozara. Años más tarde, esos sucesos aparecerán en la predicación de Jesús. No podemos olvidar esta enseñanza fundamental para nuestra vida corriente: “la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor a Dios!”2.
Entre José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseos de hacerse la vida feliz mutuamente. Así es la familia de Jesús: sagrada, santa, ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir con exactitud la voluntad de Dios. El hogar cristiano debe ser imitación del de Nazaret: un lugar donde quepa Dios y pueda estar en el centro del amor que todos se tienen.
¿Es así nuestro hogar? ¿Le dedicamos el tiempo y la atención que merece? ¿Es Jesús el centro? ¿Nos desvivimos por los demás? Son preguntas que pueden ser oportunas en nuestra oración de hoy, mientras contemplamos a Jesús, a María y a José en la fiesta que les dedica la Iglesia.
II. En la familia, “los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores de la fe, mediante la Palabra y el ejemplo”3. Esto se cumplió de manera singularísima en el caso de la Sagrada Familia. Jesús aprendió de sus padres el significado de las cosas que le rodeaban.
La Sagrada Familia recitaría con devoción las oraciones tradicionales que se rezaban en todos los hogares israelitas, pero en aquella casa todo lo que se refería a Dios particularmente tenía un sentido y un contenido nuevo. ¡Con qué prontitud, fervor y recogimiento repetiría Jesús los versículos de la Sagrada Escritura que los niños hebreos tenían que aprender!4. Recitaría muchas veces estas oraciones aprendidas de labios de sus padres.
Al meditar estas escenas, los padres han de considerar con frecuencia las palabras del Papa Pablo VI recordadas por Juan Pablo II: “¿Enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el Rosario en familia? (...) ¿Sabéis rezar con vuestros hijos, con toda la comunidad doméstica, al menos alguna vez? Vuestro ejemplo en la rectitud del pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común, vale una lección de vida, vale un acto de culto de mérito singular; lleváis de este modo la paz al interior de los muros domésticos: Pax huic domui. Recordad: así edificáis la Iglesia”5.
Los hogares cristianos, si imitan el que formó la Sagrada Familia de Nazaret, serán “hogares luminosos y alegres”6, porque cada miembro de la familia se esforzará en primer lugar en su trato con el Señor, y con espíritu de sacrificio procurará una convivencia cada día más amable.
La familia es escuela de virtudes y el lugar ordinario donde hemos de encontrar a Dios. “La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.
“Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría...”7.
Esta virtudes fortalecerán la unidad que la Iglesia nos enseña a pedir: Tú, que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares, haz que las familias vean crecer la unidad8.
III. Una familia unida a Cristo es un miembro de su Cuerpo místico y ha sido llamada “iglesia doméstica”9. Esa comunidad de fe y de amor se ha de manifestar en cada circunstancia, como la Iglesia misma, como testimonio vivo de Cristo. “La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino, como la esperanza de la vida bienaventurada”10. La fidelidad de los esposos a su vocación matrimonial les llevará incluso a pedir la vocación de sus hijos para dedicarse con abnegación al servicio del Señor.
En la Sagrada Familia cada hogar cristiano tiene su ejemplo más acabado; en ella, la familia cristiana puede descubrir lo que debe hacer y el modo de comportarse, para la santificación y la plenitud humana de cada uno de sus miembros. “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida”11.
La familia es la forma básica y más sencilla de la sociedad. Es la principal “escuela de todas las virtudes sociales”. Es el semillero de la vida social, pues es en la familia donde se ejercita la obediencia, la preocupación por los demás, el sentido de responsabilidad, la comprensión y ayuda, la coordinación amorosa entre las diversas maneras de ser. Esto se realiza especialmente en las familias numerosas, siempre alabadas por la Iglesia12. De hecho, se ha comprobado que la salud de una sociedad se mide por la salud de las familias. De aquí que los ataques directos a la familia (como es el caso de la introducción del divorcio en la legislación) sean ataques directos a la sociedad misma, cuyos resultados no se hacen esperar.
“Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, sea también Madre de la “Iglesia doméstica”, y, gracias a su ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una pequeña Iglesia de Cristo. Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de sus familias.
“Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente, como en Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza”13.
De modo muy especial le pedimos hoy a la Sagrada Familia por cada uno de los miembros de nuestra familia, por el más necesitado.
1 Lc 2, 39-40. — 2 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 148. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 4 Cfr. Sal 55, 18; Dan 6, 11; Sal 119. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 60. — 6 Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 22. — 7 Ibídem, 23. — 8 Preces. II Vísperas del día 1 de enero. — 9 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 10 Ibídem, 35. — 11 Pablo VI, Aloc. Nazaret, 5-I-1964. — 12 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 52. — 13 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 86.
En la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, publicada en abril de 2016, el Papa Francisco incluyó una hermosa oración dirigida a la Sagrada Familia.
Jesús,
María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.
Favor de rezar para que todo el mundo se consagre al Sacratísimo Corazón Eucarístico de la Sagrada Familia de la Santísima Trinidad
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santo Tomás Becket
Arzobispo
Mártir
Año 1170
02:27:49Becket
(Pelicula de Santo Tomás
Becket)
http://www.gloria.tv/media/u9ctydaL6rX
Quiera Dios que también los jefes actuales de la Santa Iglesia Católica en todos los sitios del mundo, prefieran perder bienes, dignidades y hasta la propia vida, con tal de permanecer fieles a nuestra santísima religión hasta la muerte.
|
Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Después tuvo que trabajar como empleado de un comerciante, al cual acompañaba los días de descanso a hacer largas correrías dedicados a la cacería. Desde entonces adquirió su gran afición por los viajes aunque fueran por caminos muy difíciles. Un día persiguiendo una presa de cacería, corrió con tan gran imprudencia que cayó a un canal que llevaba el agua para mover un molino. La corriente lo arrastró y ya iba a morir triturado por las ruedas, cuando, sin saber cómo ni por qué, el molino se detuvo instantáneamente. El joven consideró aquello como un aviso para tomar la vida más en serio. A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) el cual se dio cuenta de que este joven tenía cualidades excepcionales para el trabajo, y le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia, y así Tomás llegó a ser el personaje más importante, después del arzobispo, en aquella iglesia de Londres. Monseñor afirmaba que no se arrepentía de haber depositado en él toda su confianza, porque en todas las responsabilidades que se le encomendaban se esmeraba por desempeñarlas lo mejor posible. Dicen los que lo conocieron que Santo Tomás Becket era delgado de cuerpo, semblante pálido, cabello oscuro, nariz larga y facciones muy varoniles. Su carácter alegre lo hacía atractivo y agradable en su conversación. Sumamente franco, trataba de decir siempre la verdad y de no andar fingiendo lo que no sentía, pero siempre con el mayor respeto. Sabía expresar sus ideas de manera tan clara, que a la gente le gustaba oírle explicar los asuntos de religión porque se le entendía todo fácilmente y bien. Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y este en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Tomás puso todas sus cualidades al servicio de tan alto cargo, y llegó a ser el hombre de confianza del rey. Este no hacía nada importante sin consultarle. Su presencia en el gobierno contribuyó a que dictaran leyes muy favorables para el pueblo. Acompañaba a Enrique II en todas sus correrías por el país y por el exterior (pues Inglaterra tenía amplias posesiones en Francia) y procuraba que en todas partes quedara muy en alto el nombre de su gobierno. Y no tenía miedo en corregir también al monarca cuando veía que se estaba extralimitando en sus funciones. Pero siempre de la manera más amigable posible. En el 1161 murió el Arzobispo Teobaldo, y entonces al rey le pareció que el mejor candidato para ser arzobispo de Inglaterra era Tomás Becket. Este le advirtió que no era digno de tan sublime cargo. Que su genio era violento y fuerte, y que tomaba demasiado en serio sus responsabilidades y que por eso podía tener muchos problemas con el gobierno civil si lo nombraban jefe del gobierno eclesiástico. Pero su confesor decía: "En su vida privada es intachable, y sabe mantener una gran dignidad aún en ocasiones peligrosas y en tentaciones de toda especie". Y un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó. Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo así: "Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo". Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sí sucedió. Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Les decía: "Muchos ojos ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo, les agradeceré de todo corazón si me lo advierten". Desde que fue nombrado arzobispo (por el Papa Alejandro III) la vida de Tomás cambió por completo. Se levantaba muy al amanecer. Luego dedicaba una hora a la oración y a la lectura de la S. Biblia. Después del desayuno estudiaba otra hora con un doctor en teología, para estar al día en conocimientos religiosos. Cada día repartía el personalmente las limosnas a muchísimos pobres que llegaban al Palacio Arzobispal. Muy pronto ya los pobres que allí recibían ayuda, eran el doble de los que antes iban a pedir limosna. Cada día tenía algunos invitados a su mesa, pero durante las comidas, en vez de música escuchaba la lectura de algún libro religioso. Casi todos los días visitaba algunos enfermos del hospital. Examinaba rigurosamente la conducta y la preparación de los que deseaban ser sacerdotes, y a los que no estaban bien preparados o no habían hecho los estudios correspondientes no los dejaba ordenarse de sacerdotes, aunque llegaran con recomendaciones del mismo rey. Tomás había dicho al rey cuando este le propuso el arzobispado: "Ya verá que los envidiosos tratarán de poner enemistades entre nosotros dos. Además el poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo". Esto se fue cumpliendo todo exactamente. El rey se propuso ponerles enormes impuestos a los bienes de la Iglesia Católica. El arzobispo se opuso totalmente a ello, y desde entonces el cariño de Enrique hacía su antiguo canciller Tomás, se apagó casi por completo. Luego pretendió el rey imponer un fuerte castigo a un sacerdote. El arzobispo se opuso, diciendo que al sacerdote lo juzga su superior eclesiástico y no el poder civil. La rabia del mandatario se encendió furiosamente. Enrique redactó una ley en la cual la Iglesia quedaba casi totalmente sujeta al gobierno civil. El arzobispo exclamó: "No permita Dios que yo vaya jamás a aprobar o a firmar semejante ley". Y no la aceptó. ¡Nueva rabia del rey! Enseguida este se propuso que en adelante sería el gobierno civil quien nombrara para ciertos cargos eclesiásticos. Tomás se le opuso terminantemente. Resultado: tuvo que salir del país. Tomás se fue a Francia a entrevistarse con el Papa Alejandro III y pedirle que lo reemplazara por otro en este cargo tan difícil. "Santo Padre le digo yo soy un pobre hombre orgulloso. Yo no fui nunca digno de este oficio. Por favor: nombre a otro, y yo terminaré mis días dedicado a la oración en un convento". Y se fue a estarse 40 días rezando y meditando en una casa de religiosos. Pero el Pontífice intervino y obtuvo que entre Enrique y Tomás hicieran las paces. Y así volvió a Inglaterra. Sin embargo, el problema peor estaba por llegar. Después de seis años de destierro y cuando ya le habían sido confiscados por el rey todos sus bienes y los de sus familiares, el arzobispo Tomás regresó a Inglaterra el 1º de diciembre con el título de "Delegado del Sumo Pontífice". El trayecto desde que desembarcó hasta que llegó a su catedral de Canterbury fue una marcha triunfal. Las gentes aglomeradas a lo lago de la vía lo aclamaban. Las campanas de todas las iglesias repicaban alegremente y parecía que la hora de su triunfo ya había llegado. Pero era otra clase de triunfo distinta la que le esperaba en ese mes de diciembre. La del martirio. Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a llevar cuentos y cuentos al rey contra el arzobispo. Y dicen que un día en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: "No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?". Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. Lo atacaron a cuchilladas. No opuso resistencia. Murió diciendo: "Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica". Tenía apenas 52 años. Se llama apoteosis la glorificación y gran cantidad de honores que se rinden a una persona. La noticia del asesinato de un arzobispo recorrió velozmente Europa causando horror y espanto en todas partes. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contra el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido duró dos años haciendo penitencia y en el año 1172 fue reconciliado otra vez con su religión y desde entonces se entendió muy bien con las autoridades eclesiásticas. El mártir Tomás consiguió después de su muerte, esto que no había logrado obtener durante su vida. Tres años después el Sumo Pontífice lo declaró santo, a causa de su martirio y por los muchos milagros que se obraban en su sepulcro. Dos personajes con nombres de Tomás, ocuparon el cargo de Canciller en Inglaterra, junto con dos reyes de nombre Enrique. Y ambos fueron martirizados por defender a la santa Iglesia Católica. Santo Tomás Becket, martirizado por deseos de Enrique II y Santo Tomás Moro, martirizado por orden del impío rey Enrique VIII. |
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Juan Bautista Ferreres Boluda, Beato Mártir Jesuita, Diciembre 29
Sacerdote y Mártir Martirologio Romano:
En la localidad
de San Miguel de los Reyes, en la misma región, beato
Juan Bautista Ferreres Boluda, presbítero de la
Compañía de Jesús y mártir, que durante la persecución
contra la fe en España, imitando la pasión de Cristo,
consiguió la palma el martirio (1936). |
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Fuente:
ACI Prensa || Enciclopedia Católica
David, Santo Rey y
Profeta,
Diciembre 29
Rey, antepasado de Jesùs Martirologio Romano:
Conmemoración de
san David, rey y profeta, hijo de Jesé betlehemita,
quien encontró gracia ante Dios y fue ungido con el
santo óleo por el profeta Samuel para regir el pueblo
de Israel. Trasladó a la ciudad de Jerusalén el arca
del Señor, y el Señor le juró que su descendencia
permanecería para siempre, porque de él nacería
Jesucristo según la carne. |
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Enrique Juan Requena, Beato Sacerdote y Màrtir, Diciembre 29
Mártir Martirologio Romano:
En el pueblo de
Picadero de Paterna, en la región de Valencia, España,
beatos mártires Enrique Juan Requena, presbítero, y
José Perpiñá Nácher, los cuales lucharon noblemente
por Cristo (1936). |
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Fuente:
ACI Prensa
José Aparicio Sanz, Beato
Sacerdote
y Màrtir, Diciembre 29
Presbítero y Mártir Martirologio Romano:
En la ciudad de
Paterna, en la región de Valencia, en España, beato
José Aparicio Sanz, presbítero y mártir, que derramó
su sangre por Cristo cuando arreciaba la persecución
contra la fe (1936). |
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José Perpiñá Nácher, Beato Mártir Laico, Diciembre 29
Mártir Martirologio Romano:
En el pueblo de
Picadero de Paterna, en la región de Valencia, España,
beatos mártires Enrique Juan Requena, presbítero, y
José Perpiñá Nácher, los cuales lucharon noblemente
por Cristo (1936). |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Gerardo Cágnoli de
Valenza, Beato
Franciscano, Diciembre 29
Religioso Franciscano Martirologio Romano:
En Palermo, de
Sicilia, beato Gerardo Cagnoli, religioso de la Orden
de Hermanos Menores, que durante mucho tiempo hizo
vida eremítica (1342). |
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Guillermo (William) Howard, Beato Mártir, Diciembre 29
Mártir Martirologio Romano:
En Londres, en
Inglaterra, beato Guillermo Howard, mártir, que,
siendo vizconde de Stafford, profesó la fe católica y
por esto fue acusado de conspiración contra el rey
Carlos II, muriendo degollado por amor a Cristo
(1680). |
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Otros Santos y Beatos Completando el santoral de este día, Diciembre 29
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San Trófimo, obispo |
J†A
JMJ
Pax
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: “Éste es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
2º domingo después de Navidad
Blanco
(El Santísimo Nombre de Jesús).
Antífona de entrada cf. Sab 18, 14-15
Cuando un silencio profundo envolvía toda la tierra, y la noche se encontraba a mitad de su camino, tu Palabra omnipotente, Señor, desde su morada real descendió del cielo.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que iluminas a quienes creen en ti, llena la tierra de tu gloria y manifiéstate a todos los pueblos por la claridad de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
1ª Lectura Ecli 24, 1-2. 8-12
Lectura del libro del Eclesiástico.
La Sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder. “El Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: “Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel”. Él me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir. Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión; él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad. Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia”.
Palabra de Dios.
Sal 147, 12-15. 19-20
R. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!
Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.
Él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente. R.
Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel:
A ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.
2ª Lectura Ef 1, 3-6. 15-18
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos, doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones. Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos.
Palabra de Dios.
Aleluya 1Tim 3, 16
Aleluya. Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos; gloria a ti, Cristo, creído en el mundo. Aleluya.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: “Éste es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
O bien más breve: Jn 1, 1-5. 9-14
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Padre, santifica estas ofrendas por el nacimiento de tu Hijo único, que nos muestra el camino de la verdad y nos promete la vida del reino celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión cf. Jn 1, 12
A quienes lo recibieron, les concedió llegar a ser hijos de Dios.
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, te pedimos humildemente que la fuerza de esta eucaristía nos purifique de nuestros pecados y dé cumplimiento a nuestros más nobles deseos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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† Meditación diaria
Segundo domingo después de Navidad
NUESTRA FILIACIÓN DIVINA
— En qué consiste nuestra filiación. Somos realmente hijos de Dios. Agradecimiento por este inmenso don.
— El sentido de la filiación divina define y encauza nuestras relaciones con Dios y con los hombres. Consecuencias.
— Nuestra paz y serenidad tienen su fundamento en que somos hijos de Dios.
I. A todos los que le recibieron (a Jesucristo) les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios1, nos dice San Juan en el Evangelio de la Misa.
Dios Padre nos predestinó para adoptarnos como hijos por Jesucristo, según el propósito de su voluntad2.
Dios nos hace hijos suyos. Nunca acabaremos de comprender y de estimar suficientemente este don inefable. ¡Hijos de Dios! Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos realmente. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos...3.
Cuando decimos: «yo soy hijo de Dios», no estamos expresando una metáfora, ni es un modo piadoso de hablar. Somos hijos. Si la generación humana da como resultado la «paternidad» y la «filiación», de modo semejante aquellos que han sido «engendrados por Dios» son realmente hijos suyos. Esta realidad incomparable tiene lugar en el Bautismo4, donde, gracias a la Pasión y Resurrección de Cristo, tiene lugar el nacimiento a una vida nueva, que antes no existía. Ha surgido una nueva criatura5, por lo cual el recién bautizado se llama y es realmente «hijo de Dios».
La filiación divina natural se da en un grado eminente y único en Dios Hijo: «Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, y nacido del Padre antes de todos los siglos (...), engendrado, no hecho, consustancial al Padre»6. Y para señalar la diferencia esencial entre nuestra filiación y la filiación eterna del Hijo, se llamó adoptiva a la nuestra. El considerar la adopción aquí en la tierra (el nuevo padre no le da vida alguna al hijo, aunque sí su nombre, derechos de herencia, etc.), podría llevar a algunos a confundir la verdadera realidad de nuestra filiación: somos hijos de Dios porque la vida de Dios corre por nuestra alma en gracia7.
Nos ayudará en nuestra oración de hoy el considerar que Dios es más Padre nuestro que aquel a quien en este mundo llamamos padre porque nos dio la vida natural. «Designar al cristiano como hijo de Dios no es una simple imagen que evoca la protección o vigilancia paternal que Dios ejerce a su respecto, sino que hay que entenderlo rigurosamente, en el mismo sentido en el que se dice de cualquiera: es hijo de tal persona (...).
»Por la generación, un nuevo hombre llega a la existencia; así como el animal engendra a un animal de su especie, también el hombre engendra a otro hombre, semejante a él. A menudo la semejanza es grande, y la gente se complace en reconocer que tal niño se parece mucho a su padre: en las facciones, en el porte, en el modo de mirar y de hablar... Pues bien, el cristiano nace de Dios, es hijo suyo en el sentido real, por lo cual debe parecerse a su Padre del Cielo; su condición de hijo consistirá precisamente en participar de la misma naturaleza que Él. Aquí se sitúan las palabras de San Pedro: participantes de la naturaleza divina, que significan algo más que una analogía, más que una semejanza o parentesco, pues implican una elevación y transformación de la naturaleza humana: la posesión de aquello que es propio del ser divino. El cristiano entra en un mundo superior (sobrenatural), que está por encima de la naturaleza original: el mundo de Dios»8.
Estos días de Navidad, en los que la Nochebuena está aún tan cercana y cuando todavía contemplamos a Jesús Niño en el belén, constituyen una gran ocasión para agradecerle el que nos haya traído el inmenso don de la filiación divina y que nos haya enseñado a llamar Padre al Dios de los Cielos: «Cuando oréis habéis de decir: Padre...».
II. «Vino el Hijo enviado por el Padre, quien nos eligió en Él antes de la creación del mundo y nos predestinó a ser hijos adoptivos, porque se complació en restaurar en Él todas las cosas (Cfr. Ef 1, 4-5. 10)»9.
El primer fruto de esta restauración obrada por Cristo fue nuestra filiación divina. No solo restauró la naturaleza caída, sino que nos dio una nueva vida, una vida sobre-natural. Es la mayor gracia recibida: «el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima, y carece en su actuación del dominio y del señorío propios de los que aman al Señor por encima de todas las cosas»10.
El sentido de nuestra filiación divina define y encauza nuestra actitud y, por tanto, nuestra oración y nuestra manera de comportarnos en todas las circunstancias. Es un modo de ser y un modo de vivir.
Al vivir con sentido de hijos de Dios aprendemos a tratar a nuestros hermanos los hombres. «Nuestro Señor ha venido a traer la paz, la buena nueva, la vida, a todos los hombres. No solo a los ricos, ni solo a los pobres. No solo a los sabios, ni solo a los ingenuos. A todos. A los hermanos, que hermanos somos, pues somos hijos de un mismo Padre Dios. No hay, pues, más que una raza: la raza de los hijos de Dios. No hay más que un color: el color de los hijos de Dios. Y no hay más que una lengua: esa que habla al corazón y a la cabeza, sin ruido de palabras, pero dándonos a conocer a Dios y haciendo que nos amemos los unos a los otros»11.
El sabernos hijos de Dios nos enseña a comportarnos de modo sereno ante los acontecimientos, por duros que puedan parecernos. Nuestra vida se convierte en un activo abandono de hijos que confían plenamente en la bondad de un Padre a quien, además, están sometidos todos los poderes de la creación. La certeza de que Dios quiere lo mejor para nosotros nos lleva a un abandono sosegado y alegre aun en los momentos más difíciles de nuestra vida. Así escribía Santo Tomás Moro a su hija desde la cárcel: «Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor»12.
Cuando nos encontremos con un problema o una contradicción, la actitud de un hijo de Dios es la de pedir más ayuda a su Padre del Cielo, y renovar el empeño por ser santo en todas las circunstancias, también en las que parecen menos favorables.
III. La filiación divina es el fundamento de la verdadera libertad –la libertad de los hijos de Dios– frente a todas las opresiones, y de modo singular frente a la esclavitud a que nos quieren someter nuestras propias pasiones13.
La filiación divina es también el fundamento seguro de la paz y de la alegría. En ella, el cristiano encuentra la protección que necesita, el calor paternal y la confianza ante un futuro siempre incierto.
Sabernos hijos de Dios en cualquier circunstancia es el fundamento de una gran paz, incluso en medio de la necesidad y de la contradicción. El Señor nos da siempre los medios para salir adelante si acudimos a Él con confianza de hijos. En muchas ocasiones nos dará estos medios por los caminos más insospechados.
Nosotros, por nuestra parte, debemos tener siempre muy presente que, en todo momento, lo esencial en nuestra vida es buscar la santidad a través de esas circunstancias.
Seremos buenos hijos de Dios Padre si contemplamos y tratamos a Jesús. Él nos enseña en todo momento el camino que lleva al Padre. Lo recordaremos con frecuencia cuando nos acerquemos a besar y a adorar al Niño. Pro nobis egenus et foeno cubantem...14, hecho pobre por nosotros, yace entre las pajas; le daremos calor, le abrazaremos con cariño. Contemplamos a Jesús en el Nacimiento, que es en estos días el centro de nuestra atención y de nuestra piedad. Hablamos con Él en nuestra oración, le miramos, le escuchamos, le adoramos en silencio. Sic nos amantem, quis non redamaret15: a quien así nos ama, ¿quién no le corresponderá con amor? Ese amor que se ha de traducir en un trato más delicado y amable con quienes están a nuestra vera.
La filiación divina nos lleva a tratar a los demás con un gran respeto, como corresponde a hijos de Dios. La Virgen nos invita a pasarnos largos ratos delante del belén mirando a su Hijo. A Ella le pedimos que afine nuestras maneras de acuerdo con la altísima dignidad que hemos recibido; le suplicamos también que nos ayude a no olvidar en ningún momento del día, en ninguna circunstancia, que somos, en verdad, hijos de Dios. Y si somos hijos, también herederos, coherederos con Cristo16. Somos hijos a quienes espera un lugar en el Cielo, preparado por su Padre Dios.
1 Jn 1, 12-13. — 2 Segunda lectura de la Misa, Ef 1, 4. — 3 Jn 3, 1-2. — 4 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium. — 5 2 Cor 5, 17. — 6 Conc. de Nicea a. 325, Denz-Sch, 125. — 7 Cfr. 2 Par 8, 4. — 8 C. Spicq, Teología moral del Nuevo Testamento, Pamplona 1970, vol. I, pp. 87-88. — 9 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 26. — 11 ídem, Es Cristo que pasa, 106. — 12 Santo Tomás Moro, Carta escrita en la cárcel a su hija Margarita. — 13 Cfr. Rom 6, 12-13. — 14 Himno «Adeste fideles». — 15 Ibídem. — 16 Rom 8, 17.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Simeón Estilita
Señor Jesucristo; haz que como Simeón el Estilita, recordemos todos aquellas palabras tuyas: "Si no hacéis penitencia, todos pereceréis" y que nos dediquemos también a ofrecer penitencias por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Amén.
Nace cerca del año 400 en el pueblo de Sisan, en Cilicia, cerca de Tarso, donde nació San Pablo. (Estilita significa: el que vive en una columna).
De pequeño se dedicaba a pastorear ovejas por los campos, pero un día, al entrar en una iglesia, oyó al sacerdote leer en el sermón de la Montaña las bienaventuranzas, en el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Se entusiasmó al oír que Jesús anuncia: "Dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios". Se acercó a un anciano y le preguntó qué debería hacer para cumplir esas bienaventuranzas y ser dichoso. El anciano le respondió: "Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio".
Se estaba preparando para ingresar a un monasterio, y pedía mucho a Dios que le iluminara qué debía hacer para lograr ser santo e irse al cielo, y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar el edificio de su santidad y que cavaba en el suelo para colocar los cimientos y una voz le recomendaba: "Ahondar más, ahondar más". Y al fin oyó que la voz le decía: "Sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo".
A los 15 años entró a un monasterio y como era muy difícil conseguir libros para rezar, se aprendió de memoria los 150 salmos de la S. Biblia, para rezarlos todos cada semana, 21 cada día.
Se le considera el inventor del cilicio, o sea de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. Un día el superior del monasterio se dio cuenta de que derramaba gotas de sangre y lo mandó a la enfermería, donde encontraron que la cuerda o cilicio se le había incrustado entre la carne. Difícilmente lograron quitarle la cuerda, con paños de agua caliente. Y el abad o superior le pidió que se fuera para otro sitio, porque allí su ejemplo de tan extrema penitencia podía llevar a los hermanos a exagerar en las mortificaciones.
Se fue a vivir en una cisterna seca, abandonada, y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días de cuaresma sin comer ni beber, como Jesús. Le consultó a un anciano y éste le dijo: "Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin comer. Puede hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez panes y una jarra de agua, y si ve que va desfallecer, come y bebe." Así se hizo. Los primeros 14 días de cuaresma rezó de pie. Los siguientes 14 rezó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que rezar acostado en el suelo. El domingo de Resurrección llegó el anciano y lo encontró desmayado y el agua y los panes sin probar. Le mojó los labios con un algodón empañado en agua, le dio un poquito de pan, y recobró las fuerzas. Y así paso todas las demás cuaresmas de su larga vida, como penitencia de sus pecados y para obtener la conversión de los pecadores.
Se fue a una cueva del desierto para no dejarse dominar por la tentación de volverse a la ciudad, llamó a un cerrajero y se hizo atar con una cadena de hierro a una roca y mandó soldar la cadena para no podérsela quitar. Pero varias semanas después pasó por allí el Obispo de Antioquía y le dijo: "Las fieras sí hay que atarlas con cadenas, pero al ser humano le basta su razón y la gracia de Dios para no excederse ni irse a donde no debe". Entonces Simeón, que era humilde y obediente, se mandó quitar la cadena.
De todos los países vecinos y aun de países lejanos venían a su cueva a consultarlo y a pedirle consejos y las gentes se le acercaban para tocar su cuerpo con objetos para llevarlos en señal de bendición, y hasta le quitaban pedacitos de su manto para llevarlos como reliquias.
Entonces para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de oración, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de 3 metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasó sus últimos 37 años de su vida.
Columna se dice "Stilos" en griego, por eso lo llamaron "Simeón el estilita".
No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.
Para que nadie vaya a creer que estamos narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Simeón Estilita la escribió Teodoreto, quien era monje en aquel tiempo y fue luego Obispo de Ciro, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de San Simeón y dice que las personas que fueron testigos de la vida de este santo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto.
Las gentes acudían por montones a pedir consejos. El les predicaba dos veces por día desde su columna y los corregía de sus malas costumbres. Y entre sermón y sermón oía sus súplicas, oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que perdonaran las deudas a los pobres que no les podían pagar.
Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo predicar, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando.
Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos.
Hasta Obispos venían a consultarlo, y el Emperador Marciano de Constantinopla se disfrazó de peregrino y se fue a escucharlo y se quedó admirado del modo tan santo como vivía y hablaba.
Para saber si la vida que llevaba en la columna era santidad y virtud y no sólo un capricho, los monjes vecinos vinieron y le dieron orden a gritos de que se bajara de la columna y se fuera a vivir con los demás. Simeón, que sabía que sin humildad y obediencia no hay santidad, se dispuso inmediatamente a bajarse de allí, pero los monjes al ver su docilidad le gritaron que se quedara otra vez allá arriba porque esa era la voluntad de Dios.
Murió el 5 de enero del año 459. Estaba arrodillado rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera dormido. El emperador tuvo que mandar un batallón de ejército porque las gentes querían llevarse el cadáver, cada uno para su ciudad. En su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que deseaban hacer penitencia.
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Deogratias, Santo
Obispo, Enero 5
Obispo Martirologio Romano:
En Cartago,
ciudad del norte de África (hoy Túnez), san Deogratias
(Diosgracias), obispo, que redimió a muchos cautivos
capturados por los vándalos, ofreciéndoles cobijo en
dos grandes basílicas dotadas de camas y lechos
(457/458).. |
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Juan Neumann, Santo Obispo y fundador, 5 Enero.
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Sacerdote Redentorista, Obispo y fundador de las Hermanas Terciarias Franciscanas
Juan Nepomuceno Neumann nació en 1811 en
Prachatitz, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro,
hoy población checa. Juan fue el tercero de una familia
de seis hijos. Durante los estudios de filosofía,
realizados con los cistercienses, su afición eran las
ciencias naturales tanto que pensó en estudiar medicina,
pero, motivado por su madre, ingresó al seminario. |
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Autor:
María Dolores Gamazo
Genoveva Torres Morales,
Santa
Fundadora, 5 Enero
Fujndadora de la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles
esta frase de la Madre fue una realidad en su
propia vida, llegando a dormir en el suelo, o rechazando
los homenajes personales. Su gran preocupación son sus
hijas, a quienes animará y acompañará sobre todo durante
las épocas difíciles e inestables de la República y la
Guerra Civil. Los últimos años de su vida mantiene
comunicación con todas sus hijas desde la Casa General,
en Zaragoza, donde muere. |
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Telésforo, Santo VIII Papa, Enero 5
VIII Papa
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Fuente:
PassioChristi.org
Carlos de San Andrés
(Juan Andrés
Houben), Santo Pasionista, Enero 5
Presbítero Pasionista Martirologio Romano: En Dublín, en Irlanda, San Carlos de San Andrés (Juan Andrés Houben), presbítero de la Congregación de la Pasión, admirable ministro del sacramento de la penitencia. El samaritano de Irlanda
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Marcelina Darowska, Beata Fundadora, 5 Enero
María Marcelina de la Inmaculada Concepción |
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María Repetto, Beata Religiosa, 5 Enero
Nació el 1 de Noviembre de 1807 en Voltaggio,
Italia. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Pedro Bonilli, Beato
Franciscano y
Fundador, 5 Enero
Sacerdote Terciario Franciscano (1841-1935).
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J†A
JMJ
Pax
Apenas se bautizó Jesús, vio que el espíritu Santo descendía sobre él.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
"Yo
soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te
bautice?"
Jesús le respondió:
"Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así
cumplamos todo lo
que Dios quiere".
Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua,
una vez bautizado,
se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que
descendía sobre él en
forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Bautismo del Señor (A)
Inmediatamente después de que Jesús se bautizó, se abrió el cielo y el Espíritu Santo se posó sobre él como una paloma. Y resonó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor".
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente que
Cristo era tu Hijo
amado, cuando fue bautizado en el Jordán y descendió el
Espíritu Santo sobre
él; concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del
Espíritu,
perseverar siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias
Lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-4. 6-7
Esto
dice el Señor:
"Miren a mi siervo a quien sostengo, a mi elegido en quien
tengo mis
complacencias.
En Él he puesto mi espíritu para que haga brillar la
justicia sobre las
naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz por las
calles. No romperá
la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia; no titubeará ni se
doblegará,
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra, y hasta
que las islas
escuchen su enseñanza.
Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación te llamé, te
tomé de la mano, te
he formado, y te he constituido alianza de un pueblo, luz de
las naciones: para
que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de
la prisión y de la
mazmorra a los que habitan en tinieblas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 28
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos
de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece.
Postrados en su
templo santo, alabemos al Señor.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
La
voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La
voz del Señor es
poderosa, la voz del Señor es imponente.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
El
Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se
manifestó sobre
las aguas desde su trono eterno.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
En
aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que
estaban en su casa con
estas palabras:
"Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de
personas, sino
que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de
la nación que fuere.
Él envió su palabra a los hijos de Israel para anunciarles
la paz por medio de
Jesucristo, Señor de todos. Ya saben ustedes lo sucedido en
toda Judea, que
tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado
por Juan; de cómo
Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de
Nazaret, y cómo Éste pasó
haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el
diablo, porque Dios
estaba con Él".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía:
"Éste es mi Hijo amado, escúchenlo".
Aleluya.
Apenas se bautizó Jesús, vio que el espíritu Santo descendía sobre él.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
"Yo soy
quien debe ser bautizado
por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?"
Jesús le respondió:
"Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así
cumplamos todo lo
que Dios quiere".
Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua,
una vez bautizado,
se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que
descendía sobre él en
forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis
complacencias".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro Salvador, que quiso ser
bautizado para
santificar nuestro bautismo y renovar por él a la humanidad
caída, y pidámosle
que se compadezca de quienes ha querido que fueran sus
hermanos:
Respondemos:
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Siervo de Dios, en
quien el Padre se complace, mire con amor a todos los que se
preparan para el
bautismo o la confirmación o preparan el bautismo de sus
hijos, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Elegido de Dios para
llevar el derecho a las naciones, ilumine a los que buscan a
Dios con sinceridad
de corazón, les haga oír la voz magnífica y potente del
Padre, que los llama a
escuchar a su Hijo amado y los conduzca hacia el bautismo,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Enviado del Padre,
que no quiebra la caña resquebrajada ni apaga la mecha que
aún humea, conceda
la salud a los que viven oprimidos por el diablo, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Hijo amado, que
quiso ser bautizado en el Jordán para dar fuerza a nuestro
bautismo, nos haga
descubrir y amar la grandeza del bautismo cristiano, don del
amor de Dios a la
humanidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Padre todopoderoso, que haces resonar tu voz magnífica en
las aguas del
bautismo y en la unción de la confirmación, escucha nuestras
oraciones y
concede a los bautizados cumplir fielmente las promesas de
su bautismo y ser
testigos valientes de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta,
Señor, los dones que te
presentamos al conmemorar el bautismo y manifestación de tu
Hijo amado, y
conviértelos en aquel mismo sacrificio con el que Cristo
lavó
misericordiosamente los pecados del mundo.
él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
El bautismo, inicio de la vida nueva
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado
signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste
descender tu voz desde
el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba
entre nosotros; y
por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo
Jesús para que los seres humanos reconociesen en él al Mesías,
enviado a
anunciar la salvación a los pobres.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la
tierra te aclamamos,
diciendo sin cesar:
Éste es de quien Juan decía: "Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es
el Hijo de Dios".Oración después de la
Comunión
Oremos:
A cuantos hemos participado del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
concédenos,
Señor, escuchar con fe su palabra, para que así
podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Domingo después de Epifanía
El Bautismo del Señor
EL SEÑOR ES BAUTIZADO. NUESTRO BAUTISMO
— Jesús quiso ser bautizado. Institución del Bautismo cristiano. Agradecimiento.
— Efectos del Bautismo: limpia el pecado original, nueva vida, filiación divina, etcétera.
— Incorporación a la Iglesia. Llamada a la santidad y al apostolado. Bautismo de los niños.
I. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua y he aquí que se le abrieron los Cielos y vio al espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi hijo, el amado, en quien me he complacido1.
En la solemnidad de hoy conmemoramos el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en las aguas del río Jordán. Sin tener mancha alguna que purificar, quiso someterse a este rito de la misma manera que se sometió a las demás observancias legales, que tampoco le obligaban. Al hacerse hombre, se sujetó a las leyes que rigen la vida humana y a las que regían en el pueblo israelita, elegido por Dios para preparar la venida de nuestro Redentor. Juan cumplió, con energía, la misión de profetizar y suscitar un gran movimiento de penitencia como preparación inmediata al reino mesiánico.
El Señor deseó ser bautizado, dice San Agustín, “para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad”2.
Con el bautismo de Jesús quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo con la determinación progresiva de sus elementos, y lo impuso como ley universal el día de su Ascensión: Me fue dado todo poder en el Cielo y en la tierra, dirá el Señor; id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo3.
En el Bautismo recibimos la fe y la gracia. El día en que fuimos bautizados fue el más importante de nuestra vida. De igual modo que “la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos como un leño seco, nunca hubiéramos dado frutos de vida sin esta lluvia gratuita de lo alto”4. Nos encontrábamos, antes de recibir el Bautismo, con la puerta del Cielo cerrada y sin ninguna posibilidad de dar el más pequeño fruto sobrenatural.
Hoy nuestra oración nos puede ayudar a dar gracias por haber recibido este don inmerecido y para alegrarnos por tantos bienes como Dios nos concedió. “La gratitud es el primer sentimiento que debe nacer en nosotros de la gracia bautismal; el segundo es el gozo. Jamás deberíamos pensar en nuestro bautismo sin un profundo sentimiento de alegría interior”5.
Hemos de agradecer la purificación de nuestra alma de la mancha del pecado original, y de cualquier otro pecado si lo hubo, en el momento de recibir el Bautismo. Todos los hombres somos miembros de la familia humana que en su origen fue dañada por el pecado de nuestros primeros padres. Este “pecado original se transmite juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y se halla como propio en cada uno”6. Pero Jesús dotó al Bautismo de una especialísima eficacia para purificar la naturaleza humana y liberarla de ese pecado con el que hemos nacido. El agua bautismal significa y opera de un modo real lo que el agua natural evoca: la limpieza y la purificación de toda mancha e impureza”7.
“Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo: no se te ocurra –nos exhorta San León Magno– ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo”8.
II. Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo en el Jordán quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo: concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, la perseverancia continua en el cumplimiento de tu voluntad9.
El Bautismo nos inició en la vida cristiana. Fue un verdadero nacimiento a la vida sobrenatural. Es la nueva vida que predicaron los Apóstoles y de la que habló Jesús a Nicodemo: En verdad te digo que quien no naciera de arriba no podrá entrar en el reino de Dios... Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu10.
El resultado de esta nueva vida es cierta divinización del hombre y la capacidad de producir frutos sobrenaturales.
La dignidad del bautizado está como velada muchas veces, por desgracia, en la existencia ordinaria; por eso nosotros, al igual que hicieron los santos, hemos de esforzarnos en vivir conforme a esa dignidad.
Nuestra más alta dignidad, la condición de hijos de Dios, que se nos comunica en el Bautismo, es consecuencia de la nueva generación. Si la generación humana da como resultado la “paternidad” y la “filiación”, de modo semejante aquellos que son engendrados por Dios son realmente hijos suyos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos realmente! Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos...11.
En el momento del Bautismo, por la efusión del Espíritu Santo, se produce el milagro de un nuevo nacimiento. El agua bautismal se bendice en la noche de Pascua y en la oración se pide: Así como el Espíritu Santo descendió sobre María y produjo en Ella el nacimiento de Cristo, así descienda Él sobre su Iglesia y produzca en su claustro materno (la pila bautismal) el renacer de los hijos de Dios.
A esta expresión tan gráfica corresponde esta profunda realidad: el bautizado renace a una nueva vida, a la vida de Dios, por eso es su “hijo”. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo12.
Demos muchas gracias a nuestro Padre Dios que ha querido dones tan inconmensurables, tan fuera de toda medida, para cada uno de nosotros. ¡Qué gran bien nos puede hacer el considerar frecuentemente estas realidades! “Padre –me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central–, pensaba en lo que usted me dijo... ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, “engallado” el cuerpo y soberbio por dentro... ¡hijo de Dios!
“Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la “soberbia”“13.
III. En la Iglesia nadie es un cristiano aislado. A partir del Bautismo, el cristiano forma parte de un pueblo, y la Iglesia se le presenta como la verdadera familia de los hijos de Dios. “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente”14. Y el Bautismo es la puerta por donde se entra a la Iglesia15.
“Y en la Iglesia, precisamente por el bautismo, somos llamados todos a la santidad”16, cada uno en su propio estado y condición, y a ejercer el apostolado. “La llamada a la santidad y la consiguiente exigencia de santificación personal, es universal: todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad, y todos hemos recibido, con el bautismo, las primicias de esa vida espiritual que, por su misma naturaleza, tiende a la plenitud”17.
Otra verdad íntimamente unida a esta condición de miembro de la Iglesia es la del carácter sacramental, “un cierto signo espiritual e indeleble” impreso en el alma18. Es como el resello de posesión de Cristo sobre el alma del bautizado. Cristo tomó posesión de nuestra alma en el momento de ser bautizado. Él nos rescató del pecado con su Pasión y Muerte.
Con estas consideraciones comprendemos bien el deseo de la Iglesia de que los niños reciban pronto estos dones de Dios19. Desde siempre ha urgido a los padres para que bauticen a sus hijos cuanto antes. Es una muestra práctica de fe. No se atenta a su libertad, como no se les causó agravio alguno por darles la vida natural, ni por alimentarles, limpiarles y curarles, cuando no podían ellos pedir estos bienes. Por el contrario, tienen derecho a recibir esa gracia. ¡Qué buen apostolado habremos de hacer en muchos casos!: con amigos, compañeros, conocidos...
En el caso del Bautismo está en juego algo infinitamente mayor que ningún otro bien: la gracia y la fe; quizá, la salvación eterna. Solo por ignorancia y por una fe dormida se puede explicar que muchos niños queden privados, por sus propios padres ya cristianos, del mayor don de su vida. Nuestra oración se dirige a Dios hoy, para que no permita que esto suceda.
Hemos de agradecer a nuestros padres que, quizá a los pocos días de nacer, nos llevaran a recibir este santo sacramento.
1 Mt 3, 16-17. — 2 San Agustín, Sermón, 51, 33. — 3 Mt 28, 13. — 4 San Ireneo, Trat. contra las herejías, 3, 17. — 5 Columba Marmion, Le Christ, vie de l’ame, Abbaye de Maredsous, 1933, pp. 186 y 203-204. — 6 Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, Roma 1967, 16. — 7 Cfr. 1 Cor 6, 11; Jn 3, 3-6. — 8 San León Magno, Homilía de Navidad, 3. — 9 Oración colecta de la Misa. — 10 Jn 3, 3-6. — 11 Cfr. 1 Jn 3, 1-9. — 12 Cfr. Rom 8, 14-17. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 274. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 9. — 15 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 14; Decr. Ad Gentes, 7. — 16 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 11 y 42. — 17 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Ed. Palabra, 5ª ed. 1979, p. 111. — 18 Dz 852. — 19 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instrucción, 20-X-1980; Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 867.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Arcadio
Señor Dios
Omnipotente: te pedimos el
favor de poder
exclamar como tu mártir San Arcadio:
"primero lograrán sacar de mi cuerpo el corazón,
que sacar de mi alma el amor hacia Jesucristo".
Haz que la esperanza del premio que nos espera en el cielo
nos lleve a resistir con valentía contra los enemigos del alma
nuestra. Amen.
|
Fue martirizado en la persecución de Diocleciano en el año 304, en Mauritania (hoy Argelia), al norte de Africa. Pertenecía a una familia muy distinguida. Diocleciano había decretado que todo el que se declarara amigo de Cristo debía ser asesinado. Los soldados y policías penetraban a las casas de los cristianos y sacaban arrastrando a hombres y mujeres y si no querían quemar incienso a los ídolos y asistir a las procesiones de los falsos dioses, los llevaban ante los jueces para que los condenaran a muerte. Arcadio al darse cuenta de todo esto, huyó a las montañas para que no lo llevaran a adorar ídolos. Pero la policía llegó a su casa y se llevó a uno de sus familiares como rehén, amenazando que si Arcadio no aparecía, moriría su familiar. Entonces el joven regresó de su escondite de la montaña y se presentó ante el tribunal pidiendo que lo apresaran a él pero que dejaran libre a su familiar. El juez le prometió la libertad para él y para su pariente si adoraba ídolos y les quemaba inciensos. Arcadio respondió: "Yo sólo adoro al Dios Unico del cielo y a su Hijo Jesucristo". Su pariente fue puesto en libertad, pero él fue a la prisión. Los jueces dispusieron convencerlo a base de amenazas y le dijeron que si no dejaba de ser cristiano lo despedazarían cortándole manos y pies, pedazo por pedazo. Arcadio respondió: "Pueden inventar todos los tormentos que quieran contra mí. Pero estén seguros de que nadie ni nada me apartará del amor de Jesucristo. Espero no traicionar nunca mi fe. Es tan alto el premio que espero en el cielo, que los tormentos de la tierra me parecen pocos con tal de conseguirlo". Le presentaron entonces ante sus ojos todos los instrumentos con los cuales acostumbraban torturar a los cristianos para que renunciaran a su religión: garfios de hierro afilados, azotes con punta de plomo, carbones encendidos, etc., etc. Pero nuestro mártir no se dejó asustar y continuó diciendo que prefería morir antes que ser infiel a la religión de Cristo. Entonces el tribunal decreta que sea despedazado a cuchilladas, primero los brazos, pedazo por pedazo, y luego los pies. Así lo hacen. Arcadio siente que su cuerpo se estremece de dolor, pero al mismo tiempo recibe en su alma una fuerza tal del Espíritu Santo que lo mueve a entonar himnos de adoración y acción de gracias a Dios. Los que están allí presentes se sienten emocionados ante tan enorme valentía. Cuando le presentan ante sus ojos todos los pedazos de manos y de pies que le habían quitado a cuchilladas, exclama: "Dichoso cuerpo mío que ha podido ofrecer este sacrificio a mi Señor Jesucristo". Y dirigiéndose a los presentes les dice: "Los sufrimientos de esta vida no son comparables con la gloria que nos espera en el cielo. Jamás les ofrezcan oraciones o sacrificios a los ídolos. Sólo hay un Dios verdadero: nuestro Dios que está en el cielo. Y un sólo Señor: Jesucristo, Nuestro Redentor". Y quedó suavemente dormido. Había muerto mártir de Cristo. Los paganos se quedaron maravillados de tanto valor, y los cristianos recogieron su cadáver y empezaron a honrarlo como a un gran santo. |
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Benito Biscop, Santo Abad, Enero 12
Abad Martirologio Romano:
En el monasterio
de Wearmouth, en Northumbria (hoy Inglaterra), san
Benito Biscop, abad, que peregrinó cinco veces a Roma,
de donde trajo muchos maestros y libros para que los
monjes reunidos en la clausura del monasterio bajo la
Regla de san Benito progresaran en la ciencia del amor
de Cristo, en bien de la Iglesia (c. 690). |
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Margarita Bourgeoys, Santa Virgen Fundadora, Enero 12
Fundadora de la Congregación Martirologio Romano:
En Montreal, en
la provincia de Quebec, en Canadá, santa Margarita
Bourgeoys, virgen, que prestó gran ayuda a los colonos
y a los soldados, y trabajó para asegurar la formación
cristiana de las jóvenes, fundando para ello la
Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora (1700). |
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Fuente:
ACI Prensa
Elredo de Rievaulx, Santo
Abad,
Enero 12
Abad Martirologio Romano:
En el monasterio
de Rievaulx, también en Northumbria (hoy Inglaterra),
san Elredo, abad, el cual, educado en la corte del rey
de Escocia, ingresó en la Orden Cisterciense, siendo
maestro eximio de la vida monástica y promoviendo
constante y suavemente, con su ejemplo y sus escritos,
la vida espiritual y la amistad en Cristo (c. 1166). |
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Antonio María Pucci, Santo |
Presbítero Servita
Martirologio
Romano: En Viareggio,
ciudad de Italia, san Antonio
María Pucci, presbítero de la Orden de los Siervos de María,
el cual, párroco
durante casi cincuenta años, se dedicó sobre todo a atender a
los niños pobres
y enfermos (1892).
San Antonio María Pucci, aunque miembro de la Congregación de
los Siervos de
María (Servita), pasó casi toda su vida y se santificó como
sacerdote de una
parroquia. Nació en Poggiole, cerca de Pistoia, en 1810. Fue uno
de los siete
hermanos de la humilde familia de Agustín y María Pucci.
No obstante la heroicidad de sus virtudes, los trazos
elementales de su
biografía traen al recuerdo tantas vidas paralelas de
seminaristas y
sacerdotes, compañeros de estudios unos, conocidos otros tal vez
en la propia
parroquia. Ya durante su vida el padre Pucci se hizo tan
familiar e intimo a
sus feligreses, que cariñosamente le llamaban, "el Curatino".
Una de
estas figuras de párroco, que ha visto nacer y morir casi toda
una generación y
ahonda en el corazón del pueblo, como una institución
patriarcal.
Su nombre bautismal era Eustaquio. Monaguillo servicial y
piados, ganó la
confianza de don Luigí, su párroco. En cambio de los servicios
prestados
recibía clase de latín y cultura general. No conoció el Liceo
del Renacimiento
italiano. Y no lo echaría de menos después; su vida sacerdotal
transcurrió
ajena a la lucha de políticas y de culturas; y eso que su tiempo
fue el de la
unidad italiana y en parte pertenecía al de la "Kulturkampf". En
último término, su padre no pretendía hacer de Eustaquio más que
un buen
labrador; y se opuso cuando el párroco de Poggiole fue a
hablarle de que
Eustaquio, joven ya de dieciocho años, aspiraba a "hacerse
cura".
Considerando su piedad mariana, don Luigi le había propuesto
ingresar en la
Orden de los Siervos de la Madre de Dios, de Florencia, con
quienes cultivaba
una sincera amistad y estima.
Al fin, el hombre del arado y de la esteva cedió al hombre de
iglesia, y
consintió; el padre de Eustaquio no era de los peores
parroquianos de don
Luigi. Y el "curato" se hace respetar mucho también en Italia,
hoy
todavía, entre las buenas familias de las parroquias rurales.
Conseguido el permiso paterno, Eustaquio ingresaba el 10 de
julio de 1837 en el
convento de la Anunciación. La primera etapa de su vida aldeana
se cierra con
un certificado protocolario de buena conducta, presentado por el
párroco al
superior de Florencia. ¡Habría hecho tantos otros para sus
feligreses! Y, sin
embargo, aquel del hijo de la familia Pucci sería un eslabón más
del proceso de
canonización de un santo.
Su inclinación al sacerdocio, observada por don Luigi y alguno
de sus
familiares que le habían visto jugar "a decir misa", se
convirtió en
realidad. Eustaquio, ahora fray Antonio María, fue ordenado
sacerdote el 24 de
septiembre de 1843.
Fue destinado a ejercer su ministerio en Viareggío, pequeña
ciudad junto al
Tirreno, hoy famosa playa internacional. Tres años de coadjutor
y después...
siempre párroco de San Andrés. Sus feligreses eran casi todos
pescadores, que
se fueron encariñando poco a poco con el párroco de pequeña
estatura y ojos serenos.
Los más íntimos se sentirían orgullosos de tener un párroco
apreciado en la
curia de Lucca, de la que había sido nombrado, tan joven como
era todavía,
examinador prosinodal. Los primeros años de actividad pastoral
no le habían
impedido preparar el examen de "maestro en Sagrada Teología",
título
que concedía el capitulo de la Orden. En otro ambiente, el padre
Pucci hubiera
sido tal vez un hombre de estudios; pero si la Orden ha perdido
un científico,
ha ganado, en cambio, un santo.
Los que le conocieron, confiesan que no era simpático; su voz
nasal y de tono
monótono, la cabeza siempre inclinada, sus ligeros gestos
nerviosos, no hacían
de su persona una figura estética. Se diría que era un hombre
con complejo de
inferioridad. Algunos contemporáneos, al saber que se introducía
su proceso de
canonización, desconfiaban del éxito, porque consideraban que
era una
personalidad ordinaria. No es un caso aislado. También el
alcalde de Viareggio,
de aquella época liberal, respondía al superior de San Andrés,
que solicitaba
la dedicación de una calle en recuerdo del padre Pucci,
minimizando su
actuación y justificando su negativa. "Al fin y al cabo, es un
cura que no
ha hecho más que cumplir con su deber."
Es bella esta heroicidad humilde de un párroco que cumple
durante cuarenta y
cinco años con su deber. Heroicidad perseverante y desapercibida
en su
actividad apostólica y en su vida de religioso. Como el cardenal
Laurenti,
prefecto de la Congregación de Ritos, decía, de broma y de
veras, al padre
Ferrini, postulador general de la Orden: "Si el padre Pucci ha
sido
siempre buen párroco y buen religioso a la vez, es sin duda un
santo de
verdad."
Objetivo central de sus preocupaciones pastorales fue la
organización
parroquial: la enseñanza del catecismo y la beneficencia, grupos
de seglares y
fundación de religiosas, acción social y apostolado del mar.
Para desarrollar más eficazmente sus tareas de catequista,
organizó la
Congregación de la Doctrina Cristiana. Con sorprendente espíritu
de dinamismo
apostólico utilizaba todos los resortes para atraer los niños a
la parroquia;
ayudado de sus fieles militantes de la congregación, daba
especial relieve,
religioso y espectacular a la vez, a las fiestas de las primeras
comuniones,
del reparto de premios, de la "Befana" (o "´hada - buena"),
manifestación italiana de la tradición española de los Reyes
Magos, llevando él
mismo los juguetes a casa de los niños.
Con una concepción orgánica de las obras parroquiales, instituyó
para la
formación integral de los jóvenes y en función también de la
enseñanza del
catecismo, la "Compañía de San Luis". Sin conocerse, el padre
Pucci
realizaba con los jóvenes una labor paralela a la que
contemporáneamente San
Juan Bosco lleva a cabo en Turín. Humano y perspicaz psicólogo,
no olvidaba prescribir
a sus muchachos en el reglamento de la asociación que "buscaran
un buen
amigo y huyeran de los tristes". Posteriormente, esta asociación
fue la
base en Viareggio de uno de los primeros centros
interparroquiales de la Acción
Católica, promovida poco después de la muerte del padre Pucci
con las
directrices pontificias.
Incrementó la devoción eucarística con la Cofradía del Santísimo
Sacramento y
organizó los grupos apostólicos femeninos, cuya dirección
encomendó a una joven
piadosa, Giuliana Luccí; más tarde, con otro grupo de jóvenes de
la parroquia,
ingresó en las Siervas de María de Viareggio, cuyo fundación se
atribuye
fundidamente al Beato Pucci.pa, en frase de Chateaubriand, "León
de la
libertad italiana".
Contra tal previsión ilusionada, la unidad de Italia, sin
intervención
pontificia, fue proclamada por Cavour en Turín, en 1861. En 1870
las tropas
italianas eran saludadas en Roma, como libertadoras y Pío IX se
refugiaba en el
Vaticano. Cairoli, Crispí, Zanardellí, De Pretiis son nombres de
notables
republicanos, antipontificios, conmemorados ahora como gloria
nacional en las
calles de la que en otros tiempos fue la Roma papal. Cavour
resumía su
ideología política en pocas palabras: "La Iglesia libre en
Estado
libre". El espíritu laico tomó auge en Italia después de la
constitución
del Reino; en 1873 era abolida la Facultad de Teología de las
Universidades y
suprimida la enseñanza religiosa en las escuelas.
El ambiente cargado de incertidumbre religiosa se hacia sentir
también en
Viareggio. Para el párroco de San Andrés la 8ituación ofrecía un
aspecto
eminentemente pastoral. Frente al problema de la
descristianización pública que
se planteaba en Viareggio, cuyas autoridades civiles eran todas
republicanas y
hacían profesión de incredulidad, el "Curatino" pensó en una
asociación de hombres católicos; así organizó "La Pía Unión de
los hijos
de San José para mantener incólume la fe católica en la familia
y en la
sociedad cristiana".
Podría pensarse con motivo, que el párroco de Viareggio habría
sido criticado
de "hacer política"; sobre todo, cuando los biógrafos aseguran
que
"defendía con todas las armas de la ciencia y de la historia los
sacrosantos derechos de la Iglesia, incluido el poder temporal
de los
Papas". Pero el "Curatino" no fue tildado de clericalismo
político, campaña preferida de los grupos de oposición desde que
en Italia
comenzó a desarrollarse la democracia cristiana. Ni siquiera los
republicanos
de Viareggio quisieron mezclar el recuerdo del padre Pucci con
la política;
porque el "Curatino" ¡había sido tan bueno! Había socorrido
heroicamente a los enfermos en los días de la epidemia. 1854-55;
había dado
tantas veces su manteo y su colchón a los pobres ateridos de
frío, no excluidos
los anticlericales; había instituido para la beneficencia la
Cofradía de la
Misericordia y la Conferencia de San Vicente; su vida había sido
una cadena de
heroica caridad.
La venerable figura del párroco. recorriendo las calles a
socorrer a los pobres
o a asistir a los enfermos, se había grabado hondamente en los
miembros del
Consejo Comunal y en atención a su obra asistencial, declaraban
en sesión
plenaria, después de su muerte: "Que el padre Pucci, no
ocupándose nunca
de política, dejó esta misión a quien pertenecía, siendo así
ejemplo de cómo se
debería comportar el clero en la convivencia social".
El "Curatino" había conquistado de veras el amor de su pueblo.
Los
hechos de celo y de caridad se sucedían día a día. De sus obras
asistenciales
merece destacarse la Colonia Marina, que organizó para hijos de
obreros, la
primera en Italia, superando así con su acción su ideología
social, enmarcada
en el "paternalismo" propio de la época y paralela al título que
el
pueblo le dio de "Padre de los pobres".
Su temple de santo se acendraba en la vida religiosa. Elegido
superior de la
casa de Viareggio en 1859, fue reelegido, contra toda costumbre,
continuamente,
llegando a ser en 1883 Superior Provincial en toda la Toscana.
Pero su
personalidad de párroco modelo absorbe la de religioso
observante.
San Antonio Pucci murió el 14 de enero de 1892, a los setenta y
tres años de
edad. Su muerte causó gran consternación den Viareggio. Su tumba
fue honrada
por Dios con algunas curaciones. Fue beatificado sesenta años
después de su
muerte por Pío XII, en 1952 y canonizado el 9 de Diciembre de
1962 por Juan
XXIII.
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Fuente:
Vatican.va
Bernardo de Corleone
(Filippo Latini),
Santo Laico Capuchino, Enero 12
Laico Capuchino Martirologio Romano:
En Palermo,
ciudad de Sicilia (hoy Italia), san Bernardo de
Corileone, de la Orden de los Hermanos Menores
Capuchinos, admirable por su caridad y eximio por su
penitencia (1667). |
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Pedro Francisco Jamet, Beato Presbítero, Enero 12
Segundo Fundador del Instituto de Martirologio Romano:
En la ciudad de
Caen, en Francia, beato Pedro Francisco Jamet,
presbítero, que se distinguió por su ayuda a la
religiosas Hijas del Buen Pastor y por su trabajo para
la restitución de la paz a la Iglesia, después de un
tiempo de inestabilidad (1845). |
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Nicolás Bunkerd, Beato Sacerdote y Mártir, Enero 12
Sacerdote Tailandés, Mártir Martirologio Romnano:
En el lugar
llamado Tomhom, cerca de Bangkok, en Tailandia, beato
Nicolás Bunkerd Kitbamrung, presbítero y mártir,
predicador eximio del Evangelio, que fue encarcelado
en tiempo de persecución contra la Iglesia y a causa
de la tisis, que contrajo ayudando a los enfermos,
falleció de modo ejemplar (1944). |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el
santoral de este día, Enero 12
|
Santos Tigrio, presbítero, y Eutropio,,
mártires |
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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/
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J†A
JMJ
Pax
Apenas se bautizó Jesús, vio que el espíritu Santo descendía sobre él.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
"Yo
soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te
bautice?"
Jesús le respondió:
"Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así
cumplamos todo lo
que Dios quiere".
Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua,
una vez bautizado,
se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que
descendía sobre él en
forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Bautismo del Señor (A)
Inmediatamente después de que Jesús se bautizó, se abrió el cielo y el Espíritu Santo se posó sobre él como una paloma. Y resonó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor".
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente que
Cristo era tu Hijo
amado, cuando fue bautizado en el Jordán y descendió el
Espíritu Santo sobre
él; concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del
Espíritu,
perseverar siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias
Lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-4. 6-7
Esto
dice el Señor:
"Miren a mi siervo a quien sostengo, a mi elegido en quien
tengo mis
complacencias.
En Él he puesto mi espíritu para que haga brillar la
justicia sobre las
naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz por las
calles. No romperá
la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia; no titubeará ni se
doblegará,
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra, y hasta
que las islas
escuchen su enseñanza.
Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación te llamé, te
tomé de la mano, te
he formado, y te he constituido alianza de un pueblo, luz de
las naciones: para
que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de
la prisión y de la
mazmorra a los que habitan en tinieblas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 28
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos
de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece.
Postrados en su
templo santo, alabemos al Señor.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
La
voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La
voz del Señor es
poderosa, la voz del Señor es imponente.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
El
Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se
manifestó sobre
las aguas desde su trono eterno.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
En
aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que
estaban en su casa con
estas palabras:
"Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de
personas, sino
que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de
la nación que fuere.
Él envió su palabra a los hijos de Israel para anunciarles
la paz por medio de
Jesucristo, Señor de todos. Ya saben ustedes lo sucedido en
toda Judea, que
tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado
por Juan; de cómo
Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de
Nazaret, y cómo Éste pasó
haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el
diablo, porque Dios
estaba con Él".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía:
"Éste es mi Hijo amado, escúchenlo".
Aleluya.
Apenas se bautizó Jesús, vio que el espíritu Santo descendía sobre él.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
"Yo soy
quien debe ser bautizado
por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?"
Jesús le respondió:
"Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así
cumplamos todo lo
que Dios quiere".
Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua,
una vez bautizado,
se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que
descendía sobre él en
forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis
complacencias".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro Salvador, que quiso ser
bautizado para
santificar nuestro bautismo y renovar por él a la humanidad
caída, y pidámosle
que se compadezca de quienes ha querido que fueran sus
hermanos:
Respondemos:
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Siervo de Dios, en
quien el Padre se complace, mire con amor a todos los que se
preparan para el
bautismo o la confirmación o preparan el bautismo de sus
hijos, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Elegido de Dios para
llevar el derecho a las naciones, ilumine a los que buscan a
Dios con sinceridad
de corazón, les haga oír la voz magnífica y potente del
Padre, que los llama a
escuchar a su Hijo amado y los conduzca hacia el bautismo,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Enviado del Padre,
que no quiebra la caña resquebrajada ni apaga la mecha que
aún humea, conceda
la salud a los que viven oprimidos por el diablo, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Cristo, el Hijo amado, que
quiso ser bautizado en el Jordán para dar fuerza a nuestro
bautismo, nos haga
descubrir y amar la grandeza del bautismo cristiano, don del
amor de Dios a la
humanidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Padre todopoderoso, que haces resonar tu voz magnífica en
las aguas del
bautismo y en la unción de la confirmación, escucha nuestras
oraciones y
concede a los bautizados cumplir fielmente las promesas de
su bautismo y ser
testigos valientes de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta,
Señor, los dones que te
presentamos al conmemorar el bautismo y manifestación de tu
Hijo amado, y
conviértelos en aquel mismo sacrificio con el que Cristo
lavó
misericordiosamente los pecados del mundo.
él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
El bautismo, inicio de la vida nueva
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado
signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste
descender tu voz desde
el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba
entre nosotros; y
por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo
Jesús para que los seres humanos reconociesen en él al Mesías,
enviado a
anunciar la salvación a los pobres.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la
tierra te aclamamos,
diciendo sin cesar:
Éste es de quien Juan decía: "Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es
el Hijo de Dios".Oración después de la
Comunión
Oremos:
A cuantos hemos participado del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
concédenos,
Señor, escuchar con fe su palabra, para que así
podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Domingo después de Epifanía
El Bautismo del Señor
EL SEÑOR ES BAUTIZADO. NUESTRO BAUTISMO
— Jesús quiso ser bautizado. Institución del Bautismo cristiano. Agradecimiento.
— Efectos del Bautismo: limpia el pecado original, nueva vida, filiación divina, etcétera.
— Incorporación a la Iglesia. Llamada a la santidad y al apostolado. Bautismo de los niños.
I. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua y he aquí que se le abrieron los Cielos y vio al espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi hijo, el amado, en quien me he complacido1.
En la solemnidad de hoy conmemoramos el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en las aguas del río Jordán. Sin tener mancha alguna que purificar, quiso someterse a este rito de la misma manera que se sometió a las demás observancias legales, que tampoco le obligaban. Al hacerse hombre, se sujetó a las leyes que rigen la vida humana y a las que regían en el pueblo israelita, elegido por Dios para preparar la venida de nuestro Redentor. Juan cumplió, con energía, la misión de profetizar y suscitar un gran movimiento de penitencia como preparación inmediata al reino mesiánico.
El Señor deseó ser bautizado, dice San Agustín, “para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad”2.
Con el bautismo de Jesús quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo con la determinación progresiva de sus elementos, y lo impuso como ley universal el día de su Ascensión: Me fue dado todo poder en el Cielo y en la tierra, dirá el Señor; id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo3.
En el Bautismo recibimos la fe y la gracia. El día en que fuimos bautizados fue el más importante de nuestra vida. De igual modo que “la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos como un leño seco, nunca hubiéramos dado frutos de vida sin esta lluvia gratuita de lo alto”4. Nos encontrábamos, antes de recibir el Bautismo, con la puerta del Cielo cerrada y sin ninguna posibilidad de dar el más pequeño fruto sobrenatural.
Hoy nuestra oración nos puede ayudar a dar gracias por haber recibido este don inmerecido y para alegrarnos por tantos bienes como Dios nos concedió. “La gratitud es el primer sentimiento que debe nacer en nosotros de la gracia bautismal; el segundo es el gozo. Jamás deberíamos pensar en nuestro bautismo sin un profundo sentimiento de alegría interior”5.
Hemos de agradecer la purificación de nuestra alma de la mancha del pecado original, y de cualquier otro pecado si lo hubo, en el momento de recibir el Bautismo. Todos los hombres somos miembros de la familia humana que en su origen fue dañada por el pecado de nuestros primeros padres. Este “pecado original se transmite juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y se halla como propio en cada uno”6. Pero Jesús dotó al Bautismo de una especialísima eficacia para purificar la naturaleza humana y liberarla de ese pecado con el que hemos nacido. El agua bautismal significa y opera de un modo real lo que el agua natural evoca: la limpieza y la purificación de toda mancha e impureza”7.
“Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo: no se te ocurra –nos exhorta San León Magno– ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo”8.
II. Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo en el Jordán quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo: concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, la perseverancia continua en el cumplimiento de tu voluntad9.
El Bautismo nos inició en la vida cristiana. Fue un verdadero nacimiento a la vida sobrenatural. Es la nueva vida que predicaron los Apóstoles y de la que habló Jesús a Nicodemo: En verdad te digo que quien no naciera de arriba no podrá entrar en el reino de Dios... Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu10.
El resultado de esta nueva vida es cierta divinización del hombre y la capacidad de producir frutos sobrenaturales.
La dignidad del bautizado está como velada muchas veces, por desgracia, en la existencia ordinaria; por eso nosotros, al igual que hicieron los santos, hemos de esforzarnos en vivir conforme a esa dignidad.
Nuestra más alta dignidad, la condición de hijos de Dios, que se nos comunica en el Bautismo, es consecuencia de la nueva generación. Si la generación humana da como resultado la “paternidad” y la “filiación”, de modo semejante aquellos que son engendrados por Dios son realmente hijos suyos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos realmente! Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos...11.
En el momento del Bautismo, por la efusión del Espíritu Santo, se produce el milagro de un nuevo nacimiento. El agua bautismal se bendice en la noche de Pascua y en la oración se pide: Así como el Espíritu Santo descendió sobre María y produjo en Ella el nacimiento de Cristo, así descienda Él sobre su Iglesia y produzca en su claustro materno (la pila bautismal) el renacer de los hijos de Dios.
A esta expresión tan gráfica corresponde esta profunda realidad: el bautizado renace a una nueva vida, a la vida de Dios, por eso es su “hijo”. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo12.
Demos muchas gracias a nuestro Padre Dios que ha querido dones tan inconmensurables, tan fuera de toda medida, para cada uno de nosotros. ¡Qué gran bien nos puede hacer el considerar frecuentemente estas realidades! “Padre –me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central–, pensaba en lo que usted me dijo... ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, “engallado” el cuerpo y soberbio por dentro... ¡hijo de Dios!
“Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la “soberbia”“13.
III. En la Iglesia nadie es un cristiano aislado. A partir del Bautismo, el cristiano forma parte de un pueblo, y la Iglesia se le presenta como la verdadera familia de los hijos de Dios. “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente”14. Y el Bautismo es la puerta por donde se entra a la Iglesia15.
“Y en la Iglesia, precisamente por el bautismo, somos llamados todos a la santidad”16, cada uno en su propio estado y condición, y a ejercer el apostolado. “La llamada a la santidad y la consiguiente exigencia de santificación personal, es universal: todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad, y todos hemos recibido, con el bautismo, las primicias de esa vida espiritual que, por su misma naturaleza, tiende a la plenitud”17.
Otra verdad íntimamente unida a esta condición de miembro de la Iglesia es la del carácter sacramental, “un cierto signo espiritual e indeleble” impreso en el alma18. Es como el resello de posesión de Cristo sobre el alma del bautizado. Cristo tomó posesión de nuestra alma en el momento de ser bautizado. Él nos rescató del pecado con su Pasión y Muerte.
Con estas consideraciones comprendemos bien el deseo de la Iglesia de que los niños reciban pronto estos dones de Dios19. Desde siempre ha urgido a los padres para que bauticen a sus hijos cuanto antes. Es una muestra práctica de fe. No se atenta a su libertad, como no se les causó agravio alguno por darles la vida natural, ni por alimentarles, limpiarles y curarles, cuando no podían ellos pedir estos bienes. Por el contrario, tienen derecho a recibir esa gracia. ¡Qué buen apostolado habremos de hacer en muchos casos!: con amigos, compañeros, conocidos...
En el caso del Bautismo está en juego algo infinitamente mayor que ningún otro bien: la gracia y la fe; quizá, la salvación eterna. Solo por ignorancia y por una fe dormida se puede explicar que muchos niños queden privados, por sus propios padres ya cristianos, del mayor don de su vida. Nuestra oración se dirige a Dios hoy, para que no permita que esto suceda.
Hemos de agradecer a nuestros padres que, quizá a los pocos días de nacer, nos llevaran a recibir este santo sacramento.
1 Mt 3, 16-17. — 2 San Agustín, Sermón, 51, 33. — 3 Mt 28, 13. — 4 San Ireneo, Trat. contra las herejías, 3, 17. — 5 Columba Marmion, Le Christ, vie de l’ame, Abbaye de Maredsous, 1933, pp. 186 y 203-204. — 6 Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, Roma 1967, 16. — 7 Cfr. 1 Cor 6, 11; Jn 3, 3-6. — 8 San León Magno, Homilía de Navidad, 3. — 9 Oración colecta de la Misa. — 10 Jn 3, 3-6. — 11 Cfr. 1 Jn 3, 1-9. — 12 Cfr. Rom 8, 14-17. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 274. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 9. — 15 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 14; Decr. Ad Gentes, 7. — 16 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 11 y 42. — 17 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Ed. Palabra, 5ª ed. 1979, p. 111. — 18 Dz 852. — 19 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instrucción, 20-X-1980; Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 867.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Arcadio
Señor Dios
Omnipotente: te pedimos el
favor de poder
exclamar como tu mártir San Arcadio:
"primero lograrán sacar de mi cuerpo el corazón,
que sacar de mi alma el amor hacia Jesucristo".
Haz que la esperanza del premio que nos espera en el cielo
nos lleve a resistir con valentía contra los enemigos del alma
nuestra. Amen.
|
Fue martirizado en la persecución de Diocleciano en el año 304, en Mauritania (hoy Argelia), al norte de Africa. Pertenecía a una familia muy distinguida. Diocleciano había decretado que todo el que se declarara amigo de Cristo debía ser asesinado. Los soldados y policías penetraban a las casas de los cristianos y sacaban arrastrando a hombres y mujeres y si no querían quemar incienso a los ídolos y asistir a las procesiones de los falsos dioses, los llevaban ante los jueces para que los condenaran a muerte. Arcadio al darse cuenta de todo esto, huyó a las montañas para que no lo llevaran a adorar ídolos. Pero la policía llegó a su casa y se llevó a uno de sus familiares como rehén, amenazando que si Arcadio no aparecía, moriría su familiar. Entonces el joven regresó de su escondite de la montaña y se presentó ante el tribunal pidiendo que lo apresaran a él pero que dejaran libre a su familiar. El juez le prometió la libertad para él y para su pariente si adoraba ídolos y les quemaba inciensos. Arcadio respondió: "Yo sólo adoro al Dios Unico del cielo y a su Hijo Jesucristo". Su pariente fue puesto en libertad, pero él fue a la prisión. Los jueces dispusieron convencerlo a base de amenazas y le dijeron que si no dejaba de ser cristiano lo despedazarían cortándole manos y pies, pedazo por pedazo. Arcadio respondió: "Pueden inventar todos los tormentos que quieran contra mí. Pero estén seguros de que nadie ni nada me apartará del amor de Jesucristo. Espero no traicionar nunca mi fe. Es tan alto el premio que espero en el cielo, que los tormentos de la tierra me parecen pocos con tal de conseguirlo". Le presentaron entonces ante sus ojos todos los instrumentos con los cuales acostumbraban torturar a los cristianos para que renunciaran a su religión: garfios de hierro afilados, azotes con punta de plomo, carbones encendidos, etc., etc. Pero nuestro mártir no se dejó asustar y continuó diciendo que prefería morir antes que ser infiel a la religión de Cristo. Entonces el tribunal decreta que sea despedazado a cuchilladas, primero los brazos, pedazo por pedazo, y luego los pies. Así lo hacen. Arcadio siente que su cuerpo se estremece de dolor, pero al mismo tiempo recibe en su alma una fuerza tal del Espíritu Santo que lo mueve a entonar himnos de adoración y acción de gracias a Dios. Los que están allí presentes se sienten emocionados ante tan enorme valentía. Cuando le presentan ante sus ojos todos los pedazos de manos y de pies que le habían quitado a cuchilladas, exclama: "Dichoso cuerpo mío que ha podido ofrecer este sacrificio a mi Señor Jesucristo". Y dirigiéndose a los presentes les dice: "Los sufrimientos de esta vida no son comparables con la gloria que nos espera en el cielo. Jamás les ofrezcan oraciones o sacrificios a los ídolos. Sólo hay un Dios verdadero: nuestro Dios que está en el cielo. Y un sólo Señor: Jesucristo, Nuestro Redentor". Y quedó suavemente dormido. Había muerto mártir de Cristo. Los paganos se quedaron maravillados de tanto valor, y los cristianos recogieron su cadáver y empezaron a honrarlo como a un gran santo. |
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Benito Biscop, Santo Abad, Enero 12
Abad Martirologio Romano:
En el monasterio
de Wearmouth, en Northumbria (hoy Inglaterra), san
Benito Biscop, abad, que peregrinó cinco veces a Roma,
de donde trajo muchos maestros y libros para que los
monjes reunidos en la clausura del monasterio bajo la
Regla de san Benito progresaran en la ciencia del amor
de Cristo, en bien de la Iglesia (c. 690). |
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Margarita Bourgeoys, Santa Virgen Fundadora, Enero 12
Fundadora de la Congregación Martirologio Romano:
En Montreal, en
la provincia de Quebec, en Canadá, santa Margarita
Bourgeoys, virgen, que prestó gran ayuda a los colonos
y a los soldados, y trabajó para asegurar la formación
cristiana de las jóvenes, fundando para ello la
Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora (1700). |
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Fuente:
ACI Prensa
Elredo de Rievaulx, Santo
Abad,
Enero 12
Abad Martirologio Romano:
En el monasterio
de Rievaulx, también en Northumbria (hoy Inglaterra),
san Elredo, abad, el cual, educado en la corte del rey
de Escocia, ingresó en la Orden Cisterciense, siendo
maestro eximio de la vida monástica y promoviendo
constante y suavemente, con su ejemplo y sus escritos,
la vida espiritual y la amistad en Cristo (c. 1166). |
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Antonio María Pucci, Santo |
Presbítero Servita
Martirologio
Romano: En Viareggio,
ciudad de Italia, san Antonio
María Pucci, presbítero de la Orden de los Siervos de María,
el cual, párroco
durante casi cincuenta años, se dedicó sobre todo a atender a
los niños pobres
y enfermos (1892).
San Antonio María Pucci, aunque miembro de la Congregación de
los Siervos de
María (Servita), pasó casi toda su vida y se santificó como
sacerdote de una
parroquia. Nació en Poggiole, cerca de Pistoia, en 1810. Fue uno
de los siete
hermanos de la humilde familia de Agustín y María Pucci.
No obstante la heroicidad de sus virtudes, los trazos
elementales de su
biografía traen al recuerdo tantas vidas paralelas de
seminaristas y
sacerdotes, compañeros de estudios unos, conocidos otros tal vez
en la propia
parroquia. Ya durante su vida el padre Pucci se hizo tan
familiar e intimo a
sus feligreses, que cariñosamente le llamaban, "el Curatino".
Una de
estas figuras de párroco, que ha visto nacer y morir casi toda
una generación y
ahonda en el corazón del pueblo, como una institución
patriarcal.
Su nombre bautismal era Eustaquio. Monaguillo servicial y
piados, ganó la
confianza de don Luigí, su párroco. En cambio de los servicios
prestados
recibía clase de latín y cultura general. No conoció el Liceo
del Renacimiento
italiano. Y no lo echaría de menos después; su vida sacerdotal
transcurrió
ajena a la lucha de políticas y de culturas; y eso que su tiempo
fue el de la
unidad italiana y en parte pertenecía al de la "Kulturkampf". En
último término, su padre no pretendía hacer de Eustaquio más que
un buen
labrador; y se opuso cuando el párroco de Poggiole fue a
hablarle de que
Eustaquio, joven ya de dieciocho años, aspiraba a "hacerse
cura".
Considerando su piedad mariana, don Luigi le había propuesto
ingresar en la
Orden de los Siervos de la Madre de Dios, de Florencia, con
quienes cultivaba
una sincera amistad y estima.
Al fin, el hombre del arado y de la esteva cedió al hombre de
iglesia, y
consintió; el padre de Eustaquio no era de los peores
parroquianos de don
Luigi. Y el "curato" se hace respetar mucho también en Italia,
hoy
todavía, entre las buenas familias de las parroquias rurales.
Conseguido el permiso paterno, Eustaquio ingresaba el 10 de
julio de 1837 en el
convento de la Anunciación. La primera etapa de su vida aldeana
se cierra con
un certificado protocolario de buena conducta, presentado por el
párroco al
superior de Florencia. ¡Habría hecho tantos otros para sus
feligreses! Y, sin
embargo, aquel del hijo de la familia Pucci sería un eslabón más
del proceso de
canonización de un santo.
Su inclinación al sacerdocio, observada por don Luigi y alguno
de sus
familiares que le habían visto jugar "a decir misa", se
convirtió en
realidad. Eustaquio, ahora fray Antonio María, fue ordenado
sacerdote el 24 de
septiembre de 1843.
Fue destinado a ejercer su ministerio en Viareggío, pequeña
ciudad junto al
Tirreno, hoy famosa playa internacional. Tres años de coadjutor
y después...
siempre párroco de San Andrés. Sus feligreses eran casi todos
pescadores, que
se fueron encariñando poco a poco con el párroco de pequeña
estatura y ojos serenos.
Los más íntimos se sentirían orgullosos de tener un párroco
apreciado en la
curia de Lucca, de la que había sido nombrado, tan joven como
era todavía,
examinador prosinodal. Los primeros años de actividad pastoral
no le habían
impedido preparar el examen de "maestro en Sagrada Teología",
título
que concedía el capitulo de la Orden. En otro ambiente, el padre
Pucci hubiera
sido tal vez un hombre de estudios; pero si la Orden ha perdido
un científico,
ha ganado, en cambio, un santo.
Los que le conocieron, confiesan que no era simpático; su voz
nasal y de tono
monótono, la cabeza siempre inclinada, sus ligeros gestos
nerviosos, no hacían
de su persona una figura estética. Se diría que era un hombre
con complejo de
inferioridad. Algunos contemporáneos, al saber que se introducía
su proceso de
canonización, desconfiaban del éxito, porque consideraban que
era una
personalidad ordinaria. No es un caso aislado. También el
alcalde de Viareggio,
de aquella época liberal, respondía al superior de San Andrés,
que solicitaba
la dedicación de una calle en recuerdo del padre Pucci,
minimizando su
actuación y justificando su negativa. "Al fin y al cabo, es un
cura que no
ha hecho más que cumplir con su deber."
Es bella esta heroicidad humilde de un párroco que cumple
durante cuarenta y
cinco años con su deber. Heroicidad perseverante y desapercibida
en su
actividad apostólica y en su vida de religioso. Como el cardenal
Laurenti,
prefecto de la Congregación de Ritos, decía, de broma y de
veras, al padre
Ferrini, postulador general de la Orden: "Si el padre Pucci ha
sido
siempre buen párroco y buen religioso a la vez, es sin duda un
santo de
verdad."
Objetivo central de sus preocupaciones pastorales fue la
organización
parroquial: la enseñanza del catecismo y la beneficencia, grupos
de seglares y
fundación de religiosas, acción social y apostolado del mar.
Para desarrollar más eficazmente sus tareas de catequista,
organizó la
Congregación de la Doctrina Cristiana. Con sorprendente espíritu
de dinamismo
apostólico utilizaba todos los resortes para atraer los niños a
la parroquia;
ayudado de sus fieles militantes de la congregación, daba
especial relieve,
religioso y espectacular a la vez, a las fiestas de las primeras
comuniones,
del reparto de premios, de la "Befana" (o "´hada - buena"),
manifestación italiana de la tradición española de los Reyes
Magos, llevando él
mismo los juguetes a casa de los niños.
Con una concepción orgánica de las obras parroquiales, instituyó
para la
formación integral de los jóvenes y en función también de la
enseñanza del
catecismo, la "Compañía de San Luis". Sin conocerse, el padre
Pucci
realizaba con los jóvenes una labor paralela a la que
contemporáneamente San
Juan Bosco lleva a cabo en Turín. Humano y perspicaz psicólogo,
no olvidaba prescribir
a sus muchachos en el reglamento de la asociación que "buscaran
un buen
amigo y huyeran de los tristes". Posteriormente, esta asociación
fue la
base en Viareggio de uno de los primeros centros
interparroquiales de la Acción
Católica, promovida poco después de la muerte del padre Pucci
con las
directrices pontificias.
Incrementó la devoción eucarística con la Cofradía del Santísimo
Sacramento y
organizó los grupos apostólicos femeninos, cuya dirección
encomendó a una joven
piadosa, Giuliana Luccí; más tarde, con otro grupo de jóvenes de
la parroquia,
ingresó en las Siervas de María de Viareggio, cuyo fundación se
atribuye
fundidamente al Beato Pucci.pa, en frase de Chateaubriand, "León
de la
libertad italiana".
Contra tal previsión ilusionada, la unidad de Italia, sin
intervención
pontificia, fue proclamada por Cavour en Turín, en 1861. En 1870
las tropas
italianas eran saludadas en Roma, como libertadoras y Pío IX se
refugiaba en el
Vaticano. Cairoli, Crispí, Zanardellí, De Pretiis son nombres de
notables
republicanos, antipontificios, conmemorados ahora como gloria
nacional en las
calles de la que en otros tiempos fue la Roma papal. Cavour
resumía su
ideología política en pocas palabras: "La Iglesia libre en
Estado
libre". El espíritu laico tomó auge en Italia después de la
constitución
del Reino; en 1873 era abolida la Facultad de Teología de las
Universidades y
suprimida la enseñanza religiosa en las escuelas.
El ambiente cargado de incertidumbre religiosa se hacia sentir
también en
Viareggio. Para el párroco de San Andrés la 8ituación ofrecía un
aspecto
eminentemente pastoral. Frente al problema de la
descristianización pública que
se planteaba en Viareggio, cuyas autoridades civiles eran todas
republicanas y
hacían profesión de incredulidad, el "Curatino" pensó en una
asociación de hombres católicos; así organizó "La Pía Unión de
los hijos
de San José para mantener incólume la fe católica en la familia
y en la
sociedad cristiana".
Podría pensarse con motivo, que el párroco de Viareggio habría
sido criticado
de "hacer política"; sobre todo, cuando los biógrafos aseguran
que
"defendía con todas las armas de la ciencia y de la historia los
sacrosantos derechos de la Iglesia, incluido el poder temporal
de los
Papas". Pero el "Curatino" no fue tildado de clericalismo
político, campaña preferida de los grupos de oposición desde que
en Italia
comenzó a desarrollarse la democracia cristiana. Ni siquiera los
republicanos
de Viareggio quisieron mezclar el recuerdo del padre Pucci con
la política;
porque el "Curatino" ¡había sido tan bueno! Había socorrido
heroicamente a los enfermos en los días de la epidemia. 1854-55;
había dado
tantas veces su manteo y su colchón a los pobres ateridos de
frío, no excluidos
los anticlericales; había instituido para la beneficencia la
Cofradía de la
Misericordia y la Conferencia de San Vicente; su vida había sido
una cadena de
heroica caridad.
La venerable figura del párroco. recorriendo las calles a
socorrer a los pobres
o a asistir a los enfermos, se había grabado hondamente en los
miembros del
Consejo Comunal y en atención a su obra asistencial, declaraban
en sesión
plenaria, después de su muerte: "Que el padre Pucci, no
ocupándose nunca
de política, dejó esta misión a quien pertenecía, siendo así
ejemplo de cómo se
debería comportar el clero en la convivencia social".
El "Curatino" había conquistado de veras el amor de su pueblo.
Los
hechos de celo y de caridad se sucedían día a día. De sus obras
asistenciales
merece destacarse la Colonia Marina, que organizó para hijos de
obreros, la
primera en Italia, superando así con su acción su ideología
social, enmarcada
en el "paternalismo" propio de la época y paralela al título que
el
pueblo le dio de "Padre de los pobres".
Su temple de santo se acendraba en la vida religiosa. Elegido
superior de la
casa de Viareggio en 1859, fue reelegido, contra toda costumbre,
continuamente,
llegando a ser en 1883 Superior Provincial en toda la Toscana.
Pero su
personalidad de párroco modelo absorbe la de religioso
observante.
San Antonio Pucci murió el 14 de enero de 1892, a los setenta y
tres años de
edad. Su muerte causó gran consternación den Viareggio. Su tumba
fue honrada
por Dios con algunas curaciones. Fue beatificado sesenta años
después de su
muerte por Pío XII, en 1952 y canonizado el 9 de Diciembre de
1962 por Juan
XXIII.
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Bernardo de Corleone
(Filippo Latini),
Santo Laico Capuchino, Enero 12
Laico Capuchino Martirologio Romano:
En Palermo,
ciudad de Sicilia (hoy Italia), san Bernardo de
Corileone, de la Orden de los Hermanos Menores
Capuchinos, admirable por su caridad y eximio por su
penitencia (1667). |
___________________________________________________________________________________________
Pedro Francisco Jamet, Beato Presbítero, Enero 12
Segundo Fundador del Instituto de Martirologio Romano:
En la ciudad de
Caen, en Francia, beato Pedro Francisco Jamet,
presbítero, que se distinguió por su ayuda a la
religiosas Hijas del Buen Pastor y por su trabajo para
la restitución de la paz a la Iglesia, después de un
tiempo de inestabilidad (1845). |
___________________________________________________________________________________________
Nicolás Bunkerd, Beato Sacerdote y Mártir, Enero 12
Sacerdote Tailandés, Mártir Martirologio Romnano:
En el lugar
llamado Tomhom, cerca de Bangkok, en Tailandia, beato
Nicolás Bunkerd Kitbamrung, presbítero y mártir,
predicador eximio del Evangelio, que fue encarcelado
en tiempo de persecución contra la Iglesia y a causa
de la tisis, que contrajo ayudando a los enfermos,
falleció de modo ejemplar (1944). |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el
santoral de este día, Enero 12
|
Santos Tigrio, presbítero, y Eutropio,,
mártires |
___________________________________________________________________________
J†A
JMJ
Pax
Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al
ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
"Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este
es aquél
de quien yo dije:
"Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque
existía
antes que yo". Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con
agua, para
que sea manifestado a Israel".
Y Juan dio testimonio diciendo:
"He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma
y se posó
sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: "Aquél
sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el
que ha de
bautizar con Espíritu Santo".
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que toquen en tu honor; que canten alabanzas a tu nombre.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas cielos y
tierra, escucha
paternalmente las súplicas de tu pueblo, y haz que los días de
nuestra vida
transcurran en tu paz.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Te hago luz de las naciones para que seas mi salvación
Lectura del profeta Isaías 49, 3.5-6
El Señor me dijo:
"Tú eres mi siervo Israel, de quien estoy orgulloso".
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo
suyo para que le
trajese a Jacob, para que le reuniera a Israel
-tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-.
El Señor dice:
"Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob
y
conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las
naciones, para
que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 39
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en
el Señor con gran confianza,
él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. El me puso en
la boca un canto
nuevo, un himno a nuestro Dios.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios
y ofrendas no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exististe
holocaustos por la culpa,
así que dije: Aquí estoy
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus
libros se me ordena hacer tu
voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi
corazón.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He
anunciado tu justicia en la gran
asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Gracia, y paz les dé Dios, nuestro Padre, y Jesucristo, nuestro Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3
Yo, Pablo, llamado a ser
apóstol de Jesucristo por
voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la
Iglesia de Dios
en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo
que él llamó y a
todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de
Jesucristo,
Señor nuestro y de ellos.
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del
Señor Jesucristo sean
con ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre
nosotros. A todos los que
lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.
Aleluya.
Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al ver
Juan a Jesús que venía hacia
él, exclamó:
"Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Este es aquél
de quien yo dije:
"Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque
existía
antes que yo". Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con
agua, para
que sea manifestado a Israel".
Y Juan dio testimonio diciendo:
"He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una
paloma y se posó
sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: "Aquél
sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es
el que ha de
bautizar con Espíritu Santo".
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo
de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Hermanos y hermanas, oremos al Señor y pidámosle que escuche
compasivamente
nuestras plegarias:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la santa Iglesia de
Dios, para que Dios nuestro
Señor le conceda la paz y la unidad y la proteja en todo el
mundo, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los gobernantes de
nuestra patria y de todas las
naciones, para que Dios nuestro Señor dirija sus pensamientos
y decisiones
hacia una paz verdadera, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los que están en
camino de conversión y por los
que se preparan a recibir el bautismo, para que Dios nuestro
Señor les abra la
puerta de su misericordia y les dé parte en la vida nueva de
Cristo Jesús,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por nuestros familiares
y amigos que no están ahora
aquí con nosotros, para que Dios nuestro Señor escuche sus
oraciones y lleve a
realidad sus deseos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Padre todopoderoso, que en Cristo, Cordero pascual y la luz de
las naciones
invitas a los seres humanos a formar parte del pueblo de la
nueva alianza;
escucha nuestras oraciones y, con la fuerza de tu Espíritu,
afianza en nosotros
la gracia del bautismo para que toda nuestra vida manifieste
el mensaje alegre
del Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo se lleva a cabo la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de la salvación
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, compadecido del extravío del género humano, quiso
nacer de la Virgen;
sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte, y, resucitando,
nos dio vida
eterna.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.
Oremos:
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que,
alimentados con el mismo
pan del cielo, permanezcamos siempre unidos en el mismo amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Segundo Domingo
ciclo a
EL CORDERO DE DIOS
— Figura y realidad de este título con el que el Bautista designa a Jesús al comienzo de su vida pública.
— La esperanza de ser perdonados. El examen, la contrición y el propósito de enmienda.
— La Confesión frecuente, camino para la delicadeza de alma y para alcanzar la santidad.
I. Hemos contemplado a Jesús nacido en Belén, adorado por los pastores y por los Magos, “pero el Evangelio de este domingo nos lleva, un vez más, a las riberas del Jordán, donde, a lo treinta años de su nacimiento, Juan el Bautista prepara a los hombres para su venida. Y cuando ve a Jesús que venía hacia él, dice: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29) (...). Nos hemos habituado a las palabras Cordero de Dios, y, sin embargo, estas son siempre palabras maravillosas, misteriosas, palabras poderosas”1. ¡Qué resonancias tendrían en los oyente que conocían el significado del cordero pascual, cuya sangre había sido derramada la noche en que los judíos fueron liberados de la esclavitud en Egipto! Además, todos los israelitas conocían bien las palabras de Isaías, que había comparado los sufrimientos del Siervo de Yahvé, el Mesías, con el sacrificio de un cordero2. El cordero pascual que cada año se sacrificaba en el Templo era a la vez el recuerdo de la liberación y del pacto que Dios había estrechado con su pueblo. Todo ello era promesa y figura del verdadero Cordero, Cristo, Víctima en el sacrificio del Calvario en favor de toda la humanidad. Él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida3. Por su parte, San Pablo dirá a los primeros cristianos de Corinto que nuestro Cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado4, y les invita a una vida nueva, a una vida santa.
Esta expresión: “Cordero de Dios”, ha sido muy meditada y comentada por los teólogos y autores espirituales; se trata de un título “de rico contenido teológico. Es uno de esos recursos del lenguaje humano que intenta expresar una realidad plurivalente y divina. O mejor dicho, una de esas expresiones acuñadas por Dios, para revelar algo muy importante de Sí mismo”5.
Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, anuncia San Juan Bautista; y este pecado del mundo es todo género de pecados: el de origen, que en Adán alcanzó también a sus descendientes, y los pecados personales de los hombres de todos los tiempos. En Él está nuestra esperanza de salvación. Él mismo es una fuerte llamada a la esperanza, porque Cristo ha venido para perdonar y curar las heridas del pecado. Cada día, antes de administrar la Sagrada Comunión a los fieles, los sacerdotes pronuncian estas palabras del Bautista, mientras muestran al mismo Jesús: Este es el Cordero de Dios... La profecía de Isaías ya se cumplió en el Calvario y se vuelve a actualizar en cada Misa, como recordamos hoy en la oración sobre las ofrendas: cada vez que celebramos este memorial del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención6. La Iglesia quiere que agradezcamos al Señor su entrega hasta la muerte por nuestra salvación, y el haber querido ser alimento de nuestras almas7.
Desde los primeros tiempos el arte cristiano ha representado a Jesucristo, Dios y Hombre, en la figura del Cordero Pascual. Recostado a veces sobre el Libro de la vida, la iconografía quiere recordar lo que nos enseña la fe: es el que quita el pecado del mundo, el que ha sido sacrificado y posee todo el poder y la sabiduría; ante Él se postran en adoración los veinticuatro ancianos –según la visión del Apocalipsis8–, preside la gran Cena de las bodas nupciales, recibe a la Esposa, purifica con su sangre a los bienaventurados..., y es el único que puede abrir el libro de los siete sellos: el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega, el Redentor lleno de mansedumbre y el Juez omnipotente que ha de venir a retribuir a cada uno según sus obras9.
“A perdonar ha venido Jesús. Es el Redentor, el Reconciliador. Y no perdona una vez sola; ni perdona a la abstracta humanidad, en su conjunto. Nos perdona a cada uno de nosotros, tantas cuantas veces, arrepentidos, nos acercamos a Él (...). Nos perdona y nos regenera: nos abre de nuevo las puertas de la gracia, para que podamos –esperanzadamente– proseguir nuestro caminar”10. Agradezcamos al Señor tantas veces como ya nos ha perdonado. Pidámosle que nunca dejemos de acercarnos a esa fuente de la misericordia divina, que es la Confesión.
II. ¡El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Jesús se convirtió en el Cordero inmaculado11, ofrecido con docilidad y mansedumbre absolutas para reparar las faltas de los hombres, sus crímenes, sus traiciones; de ahí que resulte tan expresivo el título con que se le nombra, “porque –comenta Fray Luis de León– Cordero, refiriéndolo a Cristo, dice tres cosas: mansedumbre de condición, pureza e inocencia de vida, y satisfacción de sacrificio y ofrenda”12.
Resulta muy notable la insistencia de Cristo en su constante llamada a los pecadores: Pues el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido13. Él lavó nuestros pecados en su sangre14. La mayor parte de sus contemporáneos le conocen precisamente por esa actitud misericordiosa: los escribas y los fariseos murmuraban y decían: Este recibe a los pecadores y come con ellos15. Y se sorprenden porque perdona a la mujer adúltera con estas sencillas palabras: Vete y no peques más16. Y nos da la misma enseñanza en la parábola del publicano y del fariseo: Señor, ten piedad de mí que soy un pecador17, y en la parábola del hijo pródigo... La relación de sus enseñanzas y de sus encuentros misericordiosos con los pecadores resultaría interminable, gozosamente interminable. ¿Podremos nosotros perder la esperanza de alcanzar el perdón, cuando es Cristo quien perdona? ¿Podremos perder la esperanza de recibir las gracias necesarias para ser santos, cuando es Cristo quien nos las puede dar? Esto nos llena de paz y de alegría.
En el sacramento del Perdón obtenemos además las gracias necesarias para luchar y vencer en esos defectos que quizá se hallan arraigados en el carácter y que son muchas veces la causa del desánimo y del desaliento. Para descubrir hoy si alcanzamos todas las gracias que el Señor nos tiene preparadas en este sacramento, examinemos cómo son estos tres aspectos: nuestro examen de conciencia, el dolor de los pecados y el propósito firme de la enmienda. “Se podría decir que son, respectivamente, actos propios de la fe –el conocimiento sobrenatural de nuestra conducta, según nuestras obligaciones–; del amor, que agradece los dones recibidos y llora por la propia falta de correspondencia; y de la esperanza, que aborda con ánimo renovado la lucha en el tiempo que Dios nos concede a cada uno, para que se santifique. Y así como de estas tres virtudes la mayor es el amor, así el dolor –la compunción, la contrición– es lo más importante en el examen de conciencia: si no concluye en dolor, quizá esto indica que nos domina la ceguera, o que el móvil de nuestra revisión no procede del amor a Dios. En cambio, cuando nuestras faltas nos llevan a ese dolor (...), el propósito brota inmediato, determinado, eficaz”18.
Señor, ¡enséñame a arrepentirme, indícame el camino del amor! ¡Que mis flaquezas me lleven a amarte más y más! ¡Muéveme con tu gracia a la contrición cuando tropiece!
III. “Jesucristo nos trae la llamada a la santidad y continuamente nos da las ayudas necesarias para la santificación. Continuamente nos da el poder de llegar a ser hijos de Dios, como proclama la liturgia de hoy en el canto del Aleluia. Esta fuerza de la santificación del hombre (...) es el don del Cordero de Dios”19. Esta santidad se realiza en una purificación continua del fondo del alma, condición esencial para amar cada día más a Dios. Por eso, amar la Confesión frecuente es síntoma claro de delicadeza interior, de amor a Dios; y su desprecio o indiferencia –cuando aparecen con facilidad la excusa o el retraso– indica falta de finura de alma y, quizá, tibieza, tosquedad e insensibilidad para las mociones que el Espíritu Santo suscita en el corazón.
Es preciso que andemos ligeros y que dejemos a un lado lo que estorba, el lastre de nuestras faltas. Toda Confesión contrita nos ayuda a mirar adelante para recorrer con alegría el camino que todavía nos queda por andar, llenos de esperanza. Cada vez que recibimos este sacramento oímos, como Lázaro, aquellas palabras de Cristo: Desatadle y dejadle andar20, porque las faltas, las flaquezas, los pecados veniales... atan y enredan al cristiano, y no le dejan seguir con presteza su camino. “Y así como el difunto salió aún atado, lo mismo el que va a confesarse todavía es reo. Para que quede libre de sus pecados dijo el Señor a los ministros: Desatadle y dejadle andar...”21. El sacramento de la Penitencia rompe todas las ataduras con que el demonio intenta tenernos sujetos para que no vayamos deprisa hacia Cristo.
La Confesión frecuente de nuestros pecados está muy relacionada con la santidad, con el amor a Dios, pues allí el Señor nos afina y enseña a ser humildes. La tibieza, por el contrario, crece donde aparecen la dejadez y el abandono, las negligencias y los pecados veniales sin arrepentimiento sincero. En la Confesión contrita dejamos el alma clara y limpia. Y, como somos débiles, solo una Confesión frecuente permitirá un estado permanente de limpieza y de amor; se convierte en el mejor remedio para alejar todo asomo de tibieza, de aburguesamiento, de desamor, en la vida interior.
“Precisamente, uno de los motivos principales para el alto aprecio de la Confesión frecuente es que, si se practica bien, es enteramente imposible un estado de tibieza. Esta convicción puede ser el fundamento de que la Santa Iglesia recomiende tan insistentemente (...) la Confesión frecuente o Confesión semanal”22. Por esta razón debemos esforzarnos en cuidar su puntualidad y en acercarnos a ella cada vez con mejores disposiciones.
Cristo, Cordero inmaculado, ha venido a limpiarnos de nuestros pecados, no solo de los graves, sino también de las impurezas y faltas de amor de la vida corriente. Examinemos hoy con qué amor nos acercamos al sacramento de la Penitencia, veamos si acudimos con la frecuencia que el Señor nos pide.
1 Juan Pablo II, Homilía 18-1-1981. — 2 Cfr. Is 53, 7. — 3 Misal Romano, Prefacio Pascual I. — 4 1 Cor 5, 7. — 5 A. García Moreno, “Jesucristo, Cordero de Dios”, en Cristo, Hijo de Dios y Redentor del hombre, III Simposio Internacional de Teología, EUNSA, Pamplona 1982, p. 269. — 6 Misal Romano, Domingo segundo del Tiempo ordinario, Oración sobre las ofrendas. — 7 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, 2ª ed., Pamplona 1985, pp. 1154-1155 — 8 Cfr. Apoc 19. — 9 A. García Moreno, loc. cit., pp. 292-293. — 10 G. Redondo, Razón de la esperanza, EUNSA, Pamplona 1977, p. 80. — 11 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit. — 12 Fray Luis de Granada, Los nombres de Cristo, en Obras Completas Castellanas, BAC, Madrid 1957, I, p. 806. — 13 Mt 18, 11. — 14 Apoc 1, 5. — 15 Mt 11, 19. — 16 Jn 8, 11. — 17 Lc 18, 13. — 18 A. del Portillo, Carta 8-XII-1976, n. 16. — 19 Juan Pablo II, loc. cit. — 20 Jn 11, 44. — 21 San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan, 29, 24. — 22 B. Baur, La Confesión frecuente, Herder, Barcelona 1974, pp. 106-107.
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19 de enero. 2º Día del Octavario
UNIDAD INTERNA DE LA IGLESIA
— La unión con Cristo fundamenta la unidad de los hermanos entre sí.
— Fomentar lo que une, evitar lo que separa.
— El orden de la caridad.
I. El Señor quiso asociarnos a su Persona con los más apretados lazos, con nudos tan fuertes como aquellos que atan las diversas partes de un cuerpo vivo. Para expresar la relación que han de mantener sus discípulos con Él, fundamento de toda otra unidad, el Señor nos habló de la vid y de los sarmientos: Yo soy la vid verdadera1. En el vestíbulo del Templo de Jerusalén se encontraba una inmensa vid dorada, símbolo de Israel. Al afirmar Jesús que Él es la vid verdadera, nos dice cómo era de provisional y figurativa la que entonces simbolizaba al pueblo de Dios. Permaneced en Mí y Yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en Mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada2. “Mirad esos sarmientos repletos, porque participan de la savia del tronco: solo así se han podido convertir en pulpa dulce y madura, que colmará de alegría la vista y el corazón de la gente (cfr. Sal 103, 15), aquellos minúsculos brotes de unos meses antes. En el suelo quedan quizá unos palitroques sueltos, medio enterrados. Eran sarmientos también, pero secos, agostados. Son el símbolo más gráfico de la esterilidad”3.
La unión con Cristo fundamenta la unidad viva de los hermanos entre sí; una misma savia recorre y fortalece a todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo. En los Hechos de los Apóstoles leemos cómo los primeros cristianos, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración4, y los creyentes vivían unidos entre sí... vendían sus posesiones y demás bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno5. La fe en Cristo llevaba –y lleva– consigo unas consecuencias prácticas respecto a los demás: una misma comunión de sentimientos y una disposición de desprendimiento que se manifiesta, en su momento, en la renuncia generosa de los propios bienes en beneficio de aquellos que se encuentran más necesitados. La fe en Jesucristo nos mueve –como a los primeros cristianos– a tratarnos fraternalmente, a tener cor unum et anima una6, un solo corazón y una sola alma.
En otra ocasión escribe San Lucas: perseveraban asiduamente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones7. Nuestra diaria oración y, sobre todo, la unión con Cristo en la Eucaristía –la fracción del pan– “debe manifestarse en nuestra existencia cotidiana: acciones, conducta, estilo de vida, y en las relaciones con los demás. Para cada uno de nosotros, la Eucaristía es llamada al esfuerzo creciente para llegar a ser auténticos seguidores de Jesús: verdaderos en las palabras, generosos en las obras, con interés y respeto por la dignidad y derechos de todas las personas, sea cual sea su rango o sus posesiones, sacrificados, honrados y justos, amables, considerados, misericordiosos (...). La verdad de nuestra unión con Jesucristo en la Eucaristía queda patente en si amamos o no amamos de verdad a nuestros compañeros (...), en cómo tratamos a los demás y en especial a nuestra familia (...), en la voluntad de reconciliarnos con nuestros enemigos, en el perdón a quienes nos hieren u ofenden”8, en el ejercicio de la corrección fraterna cuando sea necesaria, en la disponibilidad para ayudar a otros, en el empeño amable por acercarlos más al Señor, en el interés verdadero por su salud, por su formación...
La intimidad con Cristo crea un alma grande, capaz de fomentar la unión con todos aquellos que vamos encontrando en el camino de la vida y, de modo muy particular, con quienes estamos ligados con vínculos más fuertes.
II. Una garantía cierta del espíritu ecuménico es ese amor con obras por la unidad interna de la Iglesia, porque, “¿cómo se puede pretender que quienes no poseen nuestra fe vengan a la Iglesia Santa, si contemplan el desairado trato mutuo de los que se dicen seguidores de Cristo?”9.
Este espíritu se manifestará en la caridad con que tratamos a los demás católicos, en el esmero que ponemos en guardar la fe, en la delicada obediencia al Romano Pontífice y a los Obispos, en evitar todo aquello que separa y aleja. “No basta llamarse católicos: es necesario estar efectivamente unidos. Los hijos fieles de la Iglesia deben ser los constructores de la unidad concreta, de su trabazón social (...). Hoy se habla mucho de rehacer la unidad con los hermanos separados, y está bien; esta es una empresa muy meritoria, a cuyo progreso debemos colaborar todos con humildad, con tenacidad y con confianza. Pero no debemos olvidar -alertaba Pablo VI el deber de trabajar aún más por la unidad interna de la Iglesia, tan necesaria para su vitalidad espiritual y apostólica”10.
El Señor nos dejó un distintivo por el que el mundo había de distinguir a sus seguidores, la mutua caridad: en esto conocerán que sois mis discípulos11. Y este amor constituye como la argamasa que une fuertemente las piedras vivas del edificio de la Iglesia12, en expresión de San Agustín. Y San Pablo exhortaba así a los cristianos de la Iglesia de Galacia: mientras tenemos tiempo, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe13. San Pedro escribe en términos muy parecidos: Honrad a todos, amad a los hermanos14, y el Príncipe de los Apóstoles utiliza aquí un término que abarca a todos los que pertenecen a la Iglesia.
Cuando comenzaron las persecuciones, el término hermano adquirió una fuerza conmovedora y entrañable, y la petición por quienes estaban más atribulados se hizo una necesidad urgente; ante las dificultades externas, la unión se hizo más fuerte. También en nuestros días nosotros debemos sentir necesidad de “alimentar aquel sentido de solidaridad, de amistad, de mutua comprensión, de respeto al patrimonio común de doctrina y de costumbres, de obediencia y de univocidad en la fe que debe distinguir al catolicismo; eso es lo que constituye su fuerza y su belleza, lo que demuestra su autenticidad”15. Si hemos de amar a quienes aún no están plenamente incorporados a la lglesia, ¿cómo no vamos a querer a quienes están dentro, a los que estamos ligados por tantos lazos sobrenaturales?
El amor a Cristo nos debe llevar a evitar radicalmente todo lo que, aun de lejos, puedan parecer juicios o críticas negativas sobre los hermanos en la fe, y especialmente sobre aquellas personas que por su misión o su condición en la Iglesia están constituidos en autoridad o tienen el deber de vivir con una ejemplaridad específica. Si alguna vez nos encontramos con un mal ejemplo o con una conducta que nos parece equivocada, procuraremos comprender las razones que han llevado a esa persona a una desacertada actuación y la disculparemos, rezaremos por ella y, cuando sea oportuno, le haremos, con delicadeza que no hiere, la corrección fraterna, como nos mandó el Señor. Hemos de pedir a Santa María que jamás se pueda decir de nosotros que, por la murmuración o la crítica, hemos contribuido a dañar esa unidad profunda del Cuerpo Místico de Cristo. “Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos trabajan en el servicio de Dios.
“Y cuando no sea posible, ¡calla!: también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la murmuración o en la difamación”16.
III. Ante el peligro, existe en el hombre como un instinto de proteger la cabeza; y esa misma actitud debemos tener también como cristianos. Amparar, en el ámbito en que nos movemos, al Romano Pontífice y a los Obispos cuando surgen críticas y calumnias, cuando son menospreciados... El Señor se alegra y nos bendice siempre que, en la medida en que está a nuestro alcance, salimos en defensa de su Vicario en la tierra y de quienes, como los Obispos, comparten la tarea pastoral. Y, porque la unidad es algo positivo que se construye día a día, rezaremos todos los días por el Papa y los Pastores, con amor y piedad: Dominus conservet eum et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra... Que el Señor lo conserve y lo vivifique y lo haga dichoso en la tierra...
El amor a la unidad nos ayudará a mantener la concordia fraterna, a evitar lo que separa y fomentar aquello que une: la oración, la cordialidad, la corrección fraterna, la petición por aquellos hermanos que en ese día pueden estar más necesitados de ayuda, por quienes viven en países donde la fe es perseguida o impedida.
El orden de la caridad –que mira a los que están más cerca de Dios– nos lleva también a amar con obras a quienes el Señor ha querido que estén más próximos a nuestras vidas. Los vínculos de la fe, el parentesco, la afinidad, el trabajo, la vecindad..., originan deberes de caridad que hemos de atender particularmente. Difícilmente sería auténtica una caridad que se preocupara por los más lejanos y olvidara a quienes el Señor nos ha puesto cerca para que nuestro cuidado y oración los proteja y ayude. San Agustín afirmaba que, sin excluir a nadie, se entregaba con mayor facilidad a los que eran más íntimos y familiares. Y añadía: “en esta caridad descanso sin preocupación alguna, porque allí siento que está Dios, a quien me entrego seguro y en quien descanso seguro...”17. Y San Bernardo pedía al Señor que le ayudara a cuidar bien de la parcela que le había sido encomendada18.
La unidad interna de la Iglesia, fundamentada en la caridad, es el mejor medio para atraer a los que aún se encuentran lejos y a los que ya, muchas veces sin darse cuenta ellos mismos, se encuentran en camino hacia la casa paterna. Debe ser tal nuestra manera de vivir que los demás, al ver la alegría, el cariño mutuo, el afán de servicio, se enciendan en deseos de pertenecer a la misma familia. La oración y el empeño por la unidad han de ir acompañados por el ejemplo vivo en medio de nuestra vida cotidiana. Ese mismo ejemplo atraerá con fuerza también a quienes, siendo miembros de la Iglesia Católica, se encuentran muertos en la caridad o dormidos, al estar alejados de los sacramentos, del trato íntimo con Jesucristo.
1 Jn 15, 1. — 2 Jn 15, 4-6. — 3 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, 254. — 4 Hech 1, 14. — 5 Hech 2, 44-45. — 6 Hech 4, 32. — 7 Hech 2, 42. — 8 Juan Pablo II, Homilía en Phoenix Park, 29-IX-1979. — 9 San Josemaría Escrivá, Surco, Rialp, 3ª ed., Madrid 1986, n. 751. — 10 Pablo VI, Alocución 31-III-1965. — 11 Cfr. Jn 13, 35. — 12 Cfr. San Agustín, Comentario sobre el Salmo 44. — 13 Gal 6, l0. — 14 1 Pdr 2, 17. — 15 Pablo VI, loc cit. — 16 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 902. — 17 San Agustín, Carta 73. — 18 San Bernardo, Sermón 49 sobre el Cantar de los Cantares.
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San
Macario de Alejandría
De las manchas del alma, líbranos Señor.
Macario significa: un
hombre feliz.
La historia de este hombre que vivió en Egipto hacia el año 400, la narra el historiador Paladio.
Hasta los 40 años fue fabricante de dulces y vendedor de frutas. Los pasteleros lo tienen como su Patrono. A los 40 años se fue al desierto a rezar y hacer penitencia y allí estuvo casi 60 años santificándose. Vivió del 310 al 408, probablemente.
Deseoso de conseguir la santidad, Macario se fue a un desierto de Egipto y por un tiempo se puso bajo la dirección de un antiguo monje para que lo instruyera en el modo de progresar en la santificación. Estuvo en algunos de los grupos de monjes dirigidos por San Antonio Abad y luego se fue a vivir a otro sitio del desierto, con un grupo de monjes que hacían grandes penitencias. Toda la semana estaban en silencio, rezando y trabajando (tejiendo canastos). Solamente se reunían el domingo para asistir a la celebración de la Santa Misa. Aquellos hombres solamente comían raíces de árboles y ayunaban casi todo el año. Pero vivían alegremente y gozaban de excelente salud. Su único deseo era agradar a Dios a quien se habían consagrado por completo.
El racimo de uvas. Un día en aquel desierto tan caluroso le llevaron de regalo a Macario un bello racimo de uvas. El por mortificación no lo quiso comer y lo regaló al monje que vivía por allí más cerca. Este tampoco lo quiso comer, por hacer sacrificio, y lo llevó al monje siguiente, y así fue pasando de monje en monje hasta volver otra vez a Macario. Este bendijo a Dios por lo caritativos y sacrificados que eran sus compañeros.
Dios le había dado a Macario un cuerpo muy resistente y entre todos los monjes, era él quien más fuertes mortificaciones hacía y el que más ayunaba y más rezaba. Durante los ardientes calores del sol a 40 grados, no protestaba por el bochorno ni tomaba agua, y durante los más espantosos fríos de la noche, con varios grados bajo cero, no buscaba cobijarse. Todo por la salvación de los pecadores.
Disfrazado de campesino se fue al monasterio de San Pacomio para que este santo tan famoso le enseñara a ser santo. San Pacomio le dijo que no creía que fuera capaz de soportar las penitencias de su convento. Y le dejó afuera. Allí estuvo siete días ayunando y rezando, hasta que le abrieron las puertas del convento y lo dejaron entrar. Entonces le dijeron que ensayara a ayunar, para ver cuántos días era capaz de permanece ayunando. Los monjes ayunaban unos tres días seguidos, otros cuatro días, pero Macario estuvo los 40 días de la cuaresma ayunando, y sólo se alimentaba con unas pocas hojas de coles y un poquito de agua, al anochecer. Todos se admiraron, pero los monjes le pidieron al abad que no lo dejara allí porque su ejemplo podría llevar a los más jóvenes a ser exagerados en la mortificación. San Pacomio oró a Dios y supo por revelación que aquel era el célebre Macario. Le dio gracias por el buen ejemplo que había dado a todos y le pidió que rezara mucho por todos ellos, y él se fue.
Una vez le vino la tentación de dejar el encierro de su celda de monje e irse a viajar por el mundo. Y era tanto lo que le molestaba esta tentación que entonces se echó a las espaldas un pesado bulto de tierra y se fue a andar por el desierto. Cuando ya muy fatigado, un viajero lo encontró y le preguntó qué estaba haciendo, le respondió: "Estoy dominando a mi cuerpo que quiere esclavizar a mi alma". Y al fin el cuerpo se fatigó tanto de andar por esos caminos con semejante peso a las espaldas, que ya la tentación de irse a andar por el mundo no le llegó más.
Un día viajando en barca por el Nilo, con cara muy alegre, se encontró con unos militares muy serios que le preguntaron: ¿Cómo se llama? - Me llamo Macario, que significa el hombre feliz. Y el jefe de los militares al verlo tan contento le dijo: ¡En verdad que usted parece muy feliz! Y él le respondió: ¡Si, sirviendo a Dios me siento verdaderamente feliz, mientras otros sirviendo al mundo si sienten tan infelices! Estas palabras impresionaron tanto al comandante, que dejó su vida militar y se fue de monje al desierto a servir a Dios.
Se presentó ante Macario un sacerdote con la cara manchada y el santo no lo quiso ni siquiera saludar. Le preguntaron por qué lo despreciaba por tener la cara manchada, y él respondió: Es que lo que tiene manchada es el alma. El sacerdote comprendió lo que le quería decir. Confesó un pecado que tenía sin perdonar, y fue perdonado, y al írsele la mancha del alma se le desapareció también la mancha de la cara y entonces sí Macario lo aceptó como amigo.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Germánico, Santo
Mártir, Enero 19
Mártir Martirologio Romano: En
Esmirna, de Asia (hoy en Turquía), pasión de san
Germánico, mártir de Filadelfia en tiempo de los
emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio. Fue
discípulo de san Policarpo, al que precedió en el
martirio, y condenado por el juez en el vigor de la
primera juventud, por gracia de Dios superó el miedo
de la fragilidad corporal, llegando a provocar él
mismo al animal que le destinaron para su sacrificio
(c. 167). |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Mario, Marta, Audifax y
Abaco, Santos
Mártires, Enero 19
Mártires Martirologio Romano: En la
vía Cornelia, en el decimotercer miliario antes de
Roma, en el cementerio de Ninfa, santos Mario, Marta,
Audifax y Abaco, mártires (c. s. IV). |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Basiano, Santo
Obispo, Enero 19
Obispo Martirologio Romano: En la
ciudad de Lodi, en la Liguria (hoy Italia),
conmemoración de san Basiano, obispo, que luchó
enérgicamente, junto con san Ambrosio de Milán, para
proteger a su grey de la herejía de los arrianos, que
aún persistía en su diócesis (409). |
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Marcelo Spínola y Maestre, Beato Obispo y Fundador, Enero 19
Obispo y Martirologio Romano: En la
ciudad de Sevilla, en España, beato Marcelo Spínola y
Maestre, obispo, que fundó círculos de obreros para
mejorar la sociedad humana, trabajó por la verdad y la
equidad, y abrió su casa a los menesterosos (1906). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el
santoral de este día, Enero 19
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San Juan, obispo |
J†A
JMJ
Pax
Evangelio Mt 4, 12-23
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Domingo III durante el
año.
Domingo de la Palabra de Dios.
Verde.
El papa Francisco instituyó el “Domingo de la Palabra de Dios” a través de la carta apostólica en forma de motu proprio, titulada Aperuit illis. En esta, estableció que el III domingo del Tiempo ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura. La Oficina de Prensa del Vaticano ha dado a conocer el nuevo documento en la mañana del lunes 30 de septiembre de 2019.
Francisco propuso que se instaurara un domingo “completamente dedicado” a la Palabra de Dios, “para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo”. Expuso esto en las primeras líneas de la carta, que está compuesta por 15 puntos.
Antífona de entrada Sal 95, 1. 6
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra. En su presencia hay esplendor y majestad, en su santuario, poder y hermosura.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, ordena nuestra vida según tu voluntad para que, en el nombre de tu Hijo amado, podamos dar con abundancia frutos de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
1ª Lectura Is 8, 23b—9, 3
Lectura del libro de Isaías.
En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos. El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Palabra de Dios.
Comentario
La profecía se dirige, específicamente, a los habitantes de territorios paganos, allí donde aún no había llegado el anuncio del Dios de Israel. Quienes no han escuchado hablar de Dios, se regocijarán al escuchar su nombre. Será el fin de la opresión y la esclavitud que causan las idolatrías y los falsos dioses. Es hora de llegar a esos territorios.
Salmo Sal 26, 1. 4. 13-14
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.
2ª Lectura 1Cor 1, 10-14. 16-17
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
Hermanos: En el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo. Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
Palabra de Dios.
Comentario
En la comunidad, había rivalidad y división porque los grupos trataban de manera diferente a los evangelizadores que habían misionado en el lugar. Este es un pecado en que podemos caer con frecuencia cuando endiosamos a una persona y nos olvidamos de que todos estamos bautizados en el nombre de Jesucristo.
Aleluya Cf. Mt 4, 23
Aleluya. Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino y sanaba todas las dolencias de la gente. Aleluya.
Evangelio Mt 4, 12-23
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús
Comentario
Jesús comenzó su actividad itinerante en la periferia del país, allí donde convivían compatriotas y paganos. El evangelista ve en esta estrategia de Jesús el cumplimiento de la promesa: Dios va a salir de las estructuras donde los hombres quieren encerrarlo y va a recorrer la tierra de aquellos que esperan una buena noticia en sus vidas. Y así empieza a ser realidad el Reino de los Cielos en medio de nosotros.
Oración sobre las ofrendas
Recibe con bondad nuestros dones, Señor; y al santificarlos, haz que se conviertan en causa de salvación para nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Cf. Sal 33, 6
Miren hacia el Señor, y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, concédenos, a los que somos vivificados por tu gracia, alegrarnos siempre con el don recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne
El Señor todopoderoso los bendiga con su misericordia e infunda en sus corazones la sabiduría eterna. R. Amén.
Él aumente en ustedes la fe y les dé la perseverancia en el bien obrar. R. Amén.
Él dirija hacia sí los pasos de ustedes y les muestre el camino de la paz y del amor. R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. R. Amén.
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† Meditación diaria
26 de enero
SANTOS TITO Y
TIMOTEO*
Obispos
Memoria
— Conservar la buena doctrina.
— Conocer con profundidad las verdades de la fe.
— Difundir la Buena Nueva custodiada por la Iglesia.
I. Tito y Timoteo fueron discípulos y colaboradores de San Pablo. Timoteo acompañó al Apóstol en muchas de sus tareas misionales como un hijo a su padre1. San Pablo le tuvo siempre un especial afecto. En su último viaje por Asia Menor le encargó el gobierno de la Iglesia de Éfeso, mientras que a Tito le confió la de Creta. Desde la prisión de Roma les escribe a ambos encareciéndoles el cuidado de la grey a ellos confiada, el encargo de mantener la doctrina recibida y de estimular la vida cristiana de los fieles, amenazada por el ambiente pagano que les rodeaba y por las doctrinas heréticas de algunos falsos maestros. En primer lugar, han de conservar intacto el depósito de la fe2 que les ha sido confiado y dedicarse con esmero a la enseñanza de la doctrina3, conscientes de que la Iglesia es columna y fundamento de la verdad4; por esto, deben rechazar con firmeza los errores y refutar a quienes los propagan5.
Desde los comienzos, la Iglesia ha procurado que la formación doctrinal de sus hijos se dirija a los contenidos fundamentales, expuestos con claridad, evitando pérdidas de tiempo y posibles confusiones que podrían seguirse de enseñar teorías poco probadas o marginales a la fe. Ya te encarecí –escribe el Apóstol a Timoteo– al marcharme a Macedonia, que permanecieras en Éfeso para que mandases a algunos que no enseñaran doctrinas diferentes, ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, que más bien fomentan discusiones que de nada sirven al plan salvífico de Dios en la fe6. El Papa Juan Pablo II, comentando este pasaje de la Escritura, indica a todos aquellos que se dedican a la formación de otros que “se abstengan de turbar el espíritu de los niños y de los jóvenes en esta etapa de su catequesis, con teorías extrañas, problemas inútiles o discusiones estériles...”7.
Quienes se presentan como maestros, pero no enseñan las verdades de la fe sino sus teorías personales, que siembran dudas o confusión, son un peligro grande para los fieles. A veces, con la intención de adaptar los contenidos de la fe al “mundo moderno” para hacerla más comprensible, no solo cambian el modo de explicarla sino su esencia misma, de tal manera que ya no enseñan la verdad revelada.
Hoy, también hay en medio del trigo una abundante siembra de cizaña, de mala doctrina. La radio, televisión, literatura, conferencias..., son medios poderosos de difusión y comunicación social, para el bien y el mal: junto con mensajes buenos, difunden errores que afectan de modo más o menos directo a la doctrina católica sobre la fe y las costumbres. Los cristianos no nos podemos considerar inmunes al contagio de esta enorme epidemia que sufrimos. Los maestros del error han aumentado en relación a aquella primera época en la que San Pablo escribe estas fuertes recomendaciones. Y sus advertencias, a pesar del tiempo transcurrido, son de plena actualidad. Pablo VI hablaba de “un terremoto brutal y universal”8: terremoto, porque subvierte; brutal, porque va a los fundamentos; universal, porque lo encontramos por todas partes9.
Conocedores de que la fe es un inmenso tesoro, hemos de poner los medios necesarios para conservarla en nosotros y en los demás, y para enseñarla con especial responsabilidad a aquellos que de alguna manera tenemos a nuestro cargo. La humildad de saber que también podemos sufrir el contagio nos moverá a ser prudentes, a no comprar o leer un libro de moda por el solo hecho de estar de moda, a pedir información y consejo sobre espectáculos, programas de televisión, lecturas, etc. La fe vale más que todo.
II. Guarda el precioso depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros10.
En el Derecho romano el depósito eran aquellos bienes que se entregaban a una persona con la obligación de custodiarlos para devolverlos íntegros cuando el que los había depositado lo requería11. San Pablo aplica el mismo término al contenido de la Revelación, y así ha pasado a la tradición católica. Este conjunto de verdades que es entregado a cada generación, que a su vez los transmite a la siguiente, no es fruto –como hemos meditado muchas veces del ingenio y de la reflexión humanos, sino que procede de Dios. Por eso, a quienes no son fieles a su enseñanza se podrían dirigir las palabras que el Profeta Jeremías pone en labios de Yahvé: Dos pecados ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a Mí, fuente de las aguas vivas, para excavarse aljibes agrietados que no pueden retener las aguas12. Quienes dejan a un lado el Magisterio de la Iglesia, solo pueden enseñar doctrinas de hombres, que resultan no solo vanas y vacías, sino también dañinas –a veces demoledoras para la fe y la salvación. El verdadero evangelizador es aquel que, “aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar”13.
Dentro de las verdades que componen el depósito de la fe, la Iglesia ha señalado con todo cuidado las definiciones dogmáticas. Muchas de ellas fueron formuladas y precisadas ante ataques de los enemigos de la fe, en épocas de oscuridad, o para acrecentar la piedad de los fieles. En unas charlas a los universitarios católicos de Oxford, R. Knox explicaba que estas verdades venían a ser para nosotros, que recorremos el camino de la vida, lo que para los navegantes las boyas puestas a la desembocadura de un río. Señalan los límites entre los cuales se puede navegar con seguridad y sin miedo; fuera de ellos, siempre existe el peligro de tropezar con algún banco de arena y encallar. Mientras se discurre dentro del camino señalado, tan cuidadosamente marcado, en aquellas materias que se refieren a la fe y a la moral, se puede avanzar tranquilo y a buena marcha. Salirse de él equivale a naufragar. Cuando nos encontramos con estas verdades, nuestro pensamiento, lejos de sentirse coartado, discurre más seguro, porque la verdad se ha hecho más nítida14.
Desde muy antiguo, la Iglesia, maternalmente, ha procurado resumir las verdades de la fe en pequeños Catecismos, en los que de una manera clara y sin ambigüedad ha hecho asequible el tesoro de la Revelación divina –explicado por el Magisterio a lo largo de los siglos–, al alcance de todos. La catequesis, obra de misericordia cada vez más necesaria, es uno de los principales cometidos de la Iglesia, y en ella, en la medida de nuestras posibilidades, hemos de participar todos. A nosotros mismos, cuando ya han pasado los años de la infancia y quizá de la adolescencia, nos puede ser de gran ayuda el repaso de las verdades contenidas y explicitadas de modo sencillo en el Catecismo. Pero no basta con recordar estas ideas fundamentales que un día aprendimos: “poco a poco -señala Juan Pablo II se crece en años y en cultura, se asoman a la conciencia problemas nuevos y exigencias nuevas de claridad y certeza. Es necesario, pues, buscar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana. Si no se llega a ser personalmente conscientes y no se tiene una comprensión adecuada de lo que se debe creer y de los motivos de la fe, en cualquier momento todo puede hundirse fatalmente...”15. Sin fidelidad a la doctrina no se puede ser fiel al Maestro, y en la medida en que penetramos más y más en el conocimiento de Dios se hace más fácil la piedad y el trato con Cristo.
III. Attende tibi et doctrinae... Cuida de ti mismo –aconseja San Pablo a Timoteo– y de la enseñanza; persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan16. Debemos aprovechar con empeño los medios de formación que tenemos a nuestro alcance: estudio de obras de la Sagrada Teología que nos recomiende quien sabe y nos conoce bien, aprovechamiento de los retiros, de la lectura espiritual... Se trata de adquirir una buena formación doctrinal según nuestras peculiares circunstancias, para conocer mejor a Dios, para darlo a conocer, para evitar el contagio de tantas falsas doctrinas como cada día, por un medio u otro, nos llegan.
La doctrina nos da luz para la vida, y la vida cristiana dispone el corazón para penetrar en el conocimiento de Dios. Él nos pide constantemente una respuesta de la inteligencia a todas aquellas verdades que, en su amor eterno, nos ha revelado. Este no es un conocimiento teórico: debe desplegarse en la totalidad de la existencia, para permitirnos actuar, hasta en lo más pequeño, de acuerdo con el querer del Señor. Hemos de vivir con arreglo a la fe que profesamos: sabiéndonos hijos de Dios en todas las situaciones, contando con un Ángel Custodio que el Señor ha querido que nos ampare, animados siempre con la ayuda sobrenatural que nos prestan todos los demás cristianos... Con esta vida de fe, casi sin darnos cuenta, daremos a conocer a otros muchos el espíritu de Cristo.
1 Flp 2, 22. — 2 1 Tim 6, 20. — 3 1 Tim 6, 16. — 4 1 Tim 3, 15. — 5 1 Tim 1, 13. — 6 1 Tim 1, 3-4. — 7 Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 16-X-1979, 61. — 8 Cfr. Pablo VI, Exhor. Apost. Petrum et Paulum, 22-II-1967. — 9 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 151. — 10 2 Tim 1, 14. — 11 Cfr. Sagrada Biblia, vol IX, Epístolas a los Tesalonicenses. Epístolas pastorales. EUNSA, Pamplona 1989, nota a 1 Tim 6, 20. — 12 Jer 2, 13. — 13 Pablo VI, Exhor. Apost. Evangelii nuntiandi. 8-XII-1975, 78. — 14 Cfr. R. A. Knox, El torrente oculto, Rialp, Madrid 1956, p. 262 ss. — 15 Juan Pablo II, Alocución 24-III-1979. — 16 1 Tim 4, 16.
* Discípulos y colaboradores de San Pablo, fueron Obispos de Éfeso y Creta, respectivamente. Son los destinatarios de las Cartas llamadas “pastorales” del Apóstol.
Timoteo nació en Listra, en Asia Menor, de madre judía y padre gentil, y se convirtió en el primer viaje de San Pablo a aquella ciudad. Destaca en él la fidelidad con que siguió al Apóstol; debía de ser muy joven cuando San Pablo ruega a los cristianos de Corinto que le traten con respeto, y aún no tenía muchos años cuando fue nombrado Obispo de Éfeso. La tradición nos ha transmitido que murió mártir en esta ciudad.
Tito fue uno de los discípulos más apreciados por San Pablo. Hijo de padres paganos, fue convertido seguramente por el mismo Apóstol. Asistió con él y con Bernabé al Concilio de Jerusalén. En las Cartas de San Pablo aparece como un hombre lleno de fortaleza ante los falsos maestros y las erróneas doctrinas que ya comenzaban a aparecer. Murió, casi centenario, hacia el año 105.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Timoteo y San Tito
San Timoteo, obispo y mártir. Año 97.
Timoteo significa: tengo un gran
respeto a Dios.
San Timoteo fue un discípulo muy amado de san Pablo. Era de Listra. Los Hechos de los Apóstoles dicen: Había en Listra un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego. Los creyentes de la ciudad y de los alrededores daban de él muy buenos testimonios. Pablo quiso que se fuera con él.
San Pablo le impuso las manos y le confió el misterio de la predicación, y en adelante lo consideró siempre como un hijo suyo y un discípulo muy amado. En la carta a los Corintios, el apóstol lo llama "Timoteo: mi hijo amado" (1 Cor. 4,7) y de la misma manera lo llama en las dos cartas que le escribió a él.
Timoteo acompañó a San Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros. El apóstol al escribirle más tarde le recordará lo buena que fue su familia: "Quiero refrescar el recuerdo de la gran fe que había en tu familia: en tu abuela Loida y en tu madre Eunice. Que esa fe se conserve en ti, ya que desde tu más tierna infancia te hicieron leer y meditar las Sagradas Escrituras" (1 Tim. 1,5;4,14)
La familia de Timoteo progresó mucho en santidad cuando San Pablo y San Bernabé estuvieron hospedados en su casa en Listra. Y allí aquella ciudad les sucedió a los dos apóstoles un hecho muy singular.
Las gentes al ver cómo Pablo curó instantáneamente a un tullido, bendiciéndolo en nombre de Jesucristo, se imaginaron que estos predicadores eran dos dioses disfrazados de homjbres.
Que Bernabé, por alto y elegante, era Júpiter, y que Pablo, por lo bien que hablaba, era Mercurio, el mensajero de los dioses y patrono de los oradores. Y corrieron a llamar a los sacerdotes del Templo de Júpiter, los cuales llegaron trayendo un toro para ofrecérselo en sacrificio a los dos dioses. San Pablo se dio cuenta del engaño en que estaban, y rasgándose la camisa les gritó: "Hombres, nosotros no somos dioses, somos pobres criaturas como todos ustedes."
Y entonces la situación cambió por completo. Los judíos incitaron al populacho contra los predicadores y los apedrearon dejándolos medio muertos. Fueron llevados a casa de Timoteo y allí les hicieron las curaciones más necesarias y en la madrugada salieron de la ciudad. Seguramente que a Timoteo le debió impresionar muy profundamente el modo tan extraordinariamente heroico y alegre que tenía San Pablo para ofrecer sus padecimientos por amor a Dios y por la salvación de las almas, y esto lo movió más y más a dedicarse a seguirlo en sus trabajos de apostolado.
Después de viajar con él en sus correrías de predicación por varios países, Timoteo acompañó a San Pablo en la prisión que tuvo que sufrir en Roma, pues en las cartas que desde Roma escribió el gran apóstol anuncia que lo está acompañando Timoteo, su fiel discípulo.
Muy famosas son las dos cartas de San Pablo a Timoteo. En ellas le recomienda: "Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe"(1 Tim. 4,12) y hasta desciende a detalles prácticos: "Timoteo: no tomes sólo agua. Mézclale de vez en cuando un poco de vino, por tus continuos males de estómago" (1 Tim. 5,23).
El historiador Eusebio dice que San Pablo nombró a Timoteo como obispo de Efeso, y San Juan Crisóstomo afirma que fue nombrado presidente de los obispos de esa región. Se cuenta también que en tiempos del emperador Domiciano, hacia el año 97, Timotio fue martirizado, apaleado y apedreado por haber tratado de impedir una fiesta muy corrompida en aquella ciudad.
San Juan Crisóstomo y San Jerónimo narran que junto a los restos o reliquias de San Timoteo, los cristianos obtenían muy grandes favores de Dios (y ojalá los obtengamos también hoy nosotros al recordarlo con cariño).
Lo que más simpatía le atrae a San Timoteo es haber sido discípulo siempre fiel y muy preferido del gran San Pablo. (Que bueno que él nos prendiera un poquito de su aprecio por las palabras de tan gran apóstol).
San Tito, obispo (Siglo I).
Tito fue discípulo y secretario
de San Pablo. Acompañó al
apóstol en muchos de sus viajes. En las dos cartas a los
Corintios San Pablo
declara que él confía plenamente en su discípulo Tito, y a él lo
envía a tratar
de que los cristianos cumplan lo que les ha dicho en sus cartas.
Y después dice
que ha quedado muy satisfecho por las noticias que Tito le ha
traído.
San Pablo lo nombró obispo de la isla de Creta y le escribió una bella carta, señalándole las cualidades que deben tener los sacerdotes.
Parece que murió muy anciano y venerado. Tito significa: defensor. Que él sea nuestro defensor contra los errores que atacan a nuestra religión.
______________________________________________________________Miguel Kozal, Beato Obispo y Mártir, Enero 26
Obispo y Mártir Martirologio Romano: Cerca de la ciudad de Munich, en Alemania, beato Miguel Kozal, obispo auxiliar de Wloclawek, en Polonia, y mártir, que bajo el régimen nazi, por defender la fe y la libertad de la Iglesia, pasó con gran paciencia tres años en el campo de concentración de Dachau, hasta consumar su martirio (1943).
Etimología: Miguel = Dios es justo, es de origen hebreo
El Beato Miguel Kozal es uno de los muchos hijos de Polonia, que testimoniaron con su fe fuerte, su identidad de católicos, muriendo por millares en los tristemente celebres campamentos alemanes de concentración y de exterminio. El Papa Juan Pablo II lo beatificó en Varsovia el 14 de junio de 1987, durante una de sus primeras peregrinaciones a su patria: Polonia.
Michael Kozal nació el 25 de septiembre de 1893 en un pequeño pueblo llamado Nowy Folwark, de la parroquia de Krotoszyn, en la arquidiócesis de Poznan en Polonia. Sus padres fueron John Kozal y Marianna Placzek.
Creció y fue educado en una familia numerosa que era pobre pero muy religiosa. Fue un alumno ejemplar en la escuela elemental, demostrando una afición innata para todo aquello que era sagrado. El 27 de abril de 1905 entró al gimnasio Krotoszyn al que asistió por nueve años, siendo siempre el primero de la clase.
En este período conoció la organización católica clandestina denominada “Asociación Tomás Zen”, misma que se oponía a la política de “alemanización” de la educación en las escuelas y de la que en los últimos años de estudió llegó a ser su presidente.
Después de su graduación en 1914, Michael Kozal ingresó al seminario Leonium de Poznan, sus estudios fueron afectado por el estallido de la Primera Guerra Mundial, por lo que los terminó en Gniezno, siendo entonces ordenado como presbítero el 23 de febrero de 1918 en ceremonia realizada en la catedral.
En los años siguientes él tuvo varias asignaciones pastorales en algunos pueblos, cuyos nombres son muy difíciles de pronunciar y leer para nosotros, siendo muy reconocido por el celo y dedicación con que efectuaba su labor, todo mientras completaba sus estudios teológicos con excelentes resultados.
El Cardenal Edmundo Dalbor arzobispo de Gniezno, el 29 de septiembre de 1922 lo nombró prefecto de la escuela católica femenina de humanidades de Bydgoszcz, y en 1927 nombró el director espiritual del Seminario Mayor de Gniezno.
Su obra sacerdotal y su guía espiritual, tuvo tanto éxito que el 25 de septiembre de 1929 fue nombrado rector del seminario, a pesar del hecho que entre todos los maestros él era el único que no tenía un título académico.
Habían transcurrido casi diez años, marcados por una dirección prudente y ejemplar a los estudiantes, cuando el 12 de junio de 1939 el Papa Pío XII lo nombró obispo auxiliar de Wloclawek con el título de obispo titular de Lappa, fue consagrado en la Catedral de la ciudad el 13 de agosto de 1939.
Unos días después, el 1 de septiembre, las tropas nazis invadieron Polonia y estalló la Segunda Guerra Mundial, que tantos horrores y devastación trajo al mundo entero. El Obispo Kozal se volvió un punto de referencia y de esperanza para las asustadas personas de Wloclawek, y pese a la insistente invitación de las autoridades a que se marcharse, él decidió permanecer junto a los feligreses y administrar la diócesis, dado que el 6 de septiembre Monseñor Radonski, obispo titular, abandonara la ciudad.
Su servicio pastoral duró apenas 22 meses; los alemanes entraron en la ciudad el 14 de septiembre, e inmediatamente iniciaron un sistemático desmantelamiento de la actividad eclesial, las publicaciones católicas fueron suprimidas, se confiscaron edificios que pertenecían a iglesias e instituciones religiosas, y se arrestó al clero arrestó.
Enfrentando al terror liberado por los nazis, el obispo Kozal presentó a las autoridades invasoras una vigorosa protesta por el abuso contra la Iglesia, misma que cayó en oídos sordos. Esto trajo como consecuencia una orden para presentarse ante la Gestapo. En esta reunión le indicaron, entre otras cosas, que sus homilías debían ser en alemán, y dado que él no estuvo de acuerdo se ordenó de arresto.
De hecho, el 7 de noviembre de 1939, fue arrestado junto a otros sacerdotes, y llevado a la cárcel de la ciudad donde fue torturado y aislado. El 16 de enero de 1940, junto a otros sacerdotes y seminaristas del instituto Salesiano, fue transferido a Lad bajo arresto domiciliario, donde él podrá secretamente contactar con la diócesis y podrá reorganizar el seminario.
Desde su ventana, él podía ver pasar a multitud de deportistas, pero no se hacía ilusiones sobre su destino, incluso decidió ofrecerle su vida a Dios para la salvación de la Iglesia y de su querida Polonia.
Otros clérigos eran deportados a varios campos de concentración, pero Monseñor Miguel Kozal, junto con siete sacerdotes y un diácono, permanecía todavía en Lad, hasta que, pese a los esfuerzos de la Santa Sede por salvarlos, el 3 de abril de 1941, fueron llevados al campo de concentración de Inowroclaw, donde el obispo reportó lesiones a sus piernas y toda la oreja izquierda, por la tortura infligida por los nazis.
El 25 de abril de 1941, ellos fueron transferidos al famoso campo de Dacha en la que el obispo Kozal recibió el número 24544; allí las torturas eran una constante periódica, especialmente para los sacerdotes católicos, además hubo una epidemia de tifo que cayo sobre gran parte de los deportados.
Mons. Kozal fue golpeado por la enfermedad en forma severa, 25 de enero de 1943, junto con un primo de su padre Ceslao Kozal, fue transferido a una cabaña llamada “Revier”, al día siguiente fue visitado por un grupo de doctores, su líder le aplicó una inyección en el brazo derecho y a los pocos minutos Mons. Kozal expiró. El testimonio de su pariente sería crucial, ya que este alcanzó a oír que alguien del grupo de médicos decía: “Así será más fácil el camino a la eternidad”. Se desconoce el veneno que le fue inyectado, su cuerpo fue incinerado en el crematorio de Dacha el 30 de enero de 1943.
En la catedral de Wloclawek fue colocada en 1954 una lápida monumental que conmemora el martirio de Obispo Miguel Kozal y otros 220 sacerdotes de la diócesis que se murieron en Dachau. El día de la celebración litúrgica del Beato Miguel Kozal es el 26 de enero.
Si usted tiene alguna información relevante para la cononización del Beato Miguel, contacte a: Kuria Diecezjalna ul. Gdanska 2, 87-800 Wloclawek, POLAND |
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Fuente: www.corazones.org
Paula, Santa Patrona de las Viudas, Enero 26
Patrona de las Viudas Martirologio Romano: En Belén, de Judea, dormición de santa Paula, viuda, la cual pertenecía a una noble familia senatorial y, renunciando a todo, distribuyó sus bienes entre los pobres, retirándose con su hija, la beata virgen Eustochio, junto al pesebre del Señor (404).
Santa Paula nació el 5 de mayo de 347. Por parte de su madre, tenía parentesco con los Escipiones, con los Gracos y Paulo Emilio. Su padre pretendía ser descendiente de Agamenón. Paula tuvo un hijo, llamado Toxocio como su marido y cuatro hijas: Blesila, Paulina, Eustochio y Rufina.
Paula era muy virtuosa como mujer casada y con su marido edificaron a Roma con su ejemplo. Sin embargo ella tenía sus defectos, particularmente el de cierto amor a la vida mundana, lo cual era difícil de evitar por su alta posición social. Al principio Paula no se daba cuenta de esta secreta tendencia de su corazón, pero la muerte de su esposo, ocurrida cuando ella tenía 33 años, le abrió los ojos. Su pena fue inmoderada hasta el momento en que su amiga Santa Marcela, una viuda romana que asombraba con sus penitencias, la persuadió de que se entregara totalmente a Dios. A partir de entonces, Paula vivió en la mayor austeridad.
Su comida era muy sencilla, y no bebía vino; dormía en el suelo, sobre un saco; renunció por completo a las diversiones y a la vida social; y repartió entre los pobres todo aquello que le pertenecía y evitó lo que pudiera distraerla de sus buenas obras.
En una ocasión ofreció hospitalidad a San Epifanio de Salamis y a San Paulino de Antioquía, cuando fueron a roma. Ellos le presentaron a San Jerónimo, con quien la santa estuvo estrechamente asociada en el servicio de Dios mientras vivió en Roma, bajo el Papa San Dámaso.
Santa Blesila, la hija mayor de Santa Paula, murió súbitamente, cosa que hizo sufrir mucho a la piadosa viuda. San Jerónimo, que acababa de volver de Belén, le escribió una carta de consuelo, en la que no dejaba de reprenderla por la pena excesiva que manifestaba sin pensar que su hija había ido a recibir el premio celestial. Paulina, su segunda hija, estaba casada con San Pamaquio, y murió siete años antes que su madre. Santa Eustoquio, su tercera hija, fue su inseparable compañera. Rufina murió siendo todavía joven.
Cuanto mas progresaba Santa Paula en el gusto de las cosas divinas, mas insoportable se le hacía la tumultuosa vida de la ciudad. La santa suspiraba por el desierto, y deseaba vivir en una ermita, sin tener otra cosa en que ocuparse más que en pensar en Dios. Determinó, pues, dejar su casa, su familia y sus amigos y partir de Roma. Aunque era la más amante de las madres, las lágrimas de Toxocio y Rufina no lograron desviarla de su propósito. Santa Paula se embarcó con su hija Eustoquio, el año 385; visitó a San Epifanio en Chipre, y se reunió con San Jerónimo y otros peregrinos en Antioquía. Los peregrinos visitaron los Santos Lugares de Palestina y fueron a Egipto a ver a los monjes y anacoretas del desierto. Un año más tarde llegaron a Belén, donde Santa Paula y Santa Eustoquio se quedaron bajo la dirección de San Jerónimo.
Las dos santas vivieron en una choza, hasta que se acabó de construir el monasterio para hombres y los tres monasterios para mujeres. Estos últimos constituían propiamente una sola casa, ya que las tres comunidades se reunían noche y día en la capilla para el oficio divino, y los domingos en la Iglesia próxima. La alimentación era escasa y mala, los ayunos frecuentes y severos.
Todas las religiosas ejercían algún oficio y tejían vestidos para sí y para los demás. Todos vestían un hábito idéntico. Ningún hombre podía entrar en el recinto de los monasterios. Paula gobernaba con gran caridad y discreción. Era la primera en cumplir las reglas, y participaba, como Eustoquio, en los trabajos de la casa. Si alguna religiosa se mostraba locuaz o airada, su penitencia consistía en aislarse de la comunidad, colocarse la última en las filas, orar fuera de las puertas y comer aparte, durante algún tiempo. Paula quería que el amor a la pobreza se manifestase también en los edificios e iglesias, que eran construcciones bajas y sin ningún adorno costoso. Según la santa, era preferible repartir el dinero entre los pobres, miembros vivos de Cristo.
Paladio afirma que Santa Paula se ocupaba de atender a San Jerónimo, y le fue a éste de gran utilidad en sus trabajos bíblicos, pues su padre le había enseñado el griego y en Palestina había aprendido suficiente hebreo para cantar los salmos en la lengua original. Además, San jerónimo la había iniciado en las cuestiones exegéticas lo bastante para que Paula pudiese seguir con interés su desagradable discusión con el obispo Juan de Jerusalén sobre el origenismo. Los últimos años de la santa se vieron ensombrecidos por esta disputa y por las preocupaciones económicas que su generosidad había producido. Toxocio, el hijo de Santa Paula, se casó con Leta, la hija de un sacerdote pagano, que era cristiana. Ambos fueron fieles imitadores de la vida de su madre y enviaron a su hija Paula a educarse en Jerusalén al cuidado de su abuela. Paula, la joven, sucedió a Santa Paula en el gobierno de los monasterios. San Jerónimo envió a Leta algunos consejos para la educación de su hija, que todos los padres deberían leer. Dios llamó a sí a Santa Paula a los 56 años de edad. Durante su última enfermedad, la santa repetía incansablemente los versos de los salmos que expresaban el deseo del alma de ver la Jerusalén celestial y de unirse con Dios.
Cuando perdió el habla, Santa Paula hacía la señal de la cruz sobre sus labios. Murió en la paz del señor, el 26 de enero del año 404.
Santa Paula, ruega por nosotros. |
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Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Alberico, Santo Abad, Enero 26
Abad Martirologio Romano: En el monasterio de Cister, en Borgoña (hoy Francia), san Alberico, abad, que, siendo monje en Molesmes, fue uno de los primeros religiosos que fundaron el nuevo monasterio y, habiendo sido elegido abad, dirigió el cenobio sobresaliendo por su celo en procurar la formación de sus monjes, como verdadero amante de la Regla y de los hermanos (1109).
Los esfuerzos de San Alberico por encontrar un instituto religioso que correspondiese a sus aspiraciones de gran perfección arrojan una luz que nos hace temblar, sobre el temperamento de acero de los monjes del siglo XII. No sabemos nada de la niñez de Alberico. Cuando oímos hablar de él por primera vez, formaba parte de un grupo de siete ermitaños que vivían en el bosque de Collan, no lejos de Chatillon-sur-Seine. Ahí habitaba cierto abad Roberto, hombre de buena familia y muy reputado por su virtud. A pesar de que había fracasado anteriormente en el gobierno de una comunidad de monjes revoltosos, los ermitaños lograron con cierta dificultad que Roberto aceptase ser su superior, y en 1075, emigraron a las cercanías de Molesmes, donde construyeron un monasterio. Roberto era el abad y Alberico el prior. Pronto empezaron a llover regalos al monasterio; la comunidad aumentó, pero el fervor decayó. Durante cierta época, un grupo de monjes se rebeló contra la disciplina religiosa. Roberto, desalentado, se retiró del monasterio. Alberico ocupó su lugar e intentó restablecer el orden; pero los monjes le golpearon y le encerraron finalmente. Alberico y un inglés llamado Esteban Harding, no pudiendo ya soportar tal estado de cosas, abandonaron también el monasterio. Probablemente cuando el pueblo se enteró de la rebelión, las limosnas empezaron a escasear y entonces los rebeldes prometieron enmienda. Roberto, Alberico y Esteban re tornaron al monasterio. Pero pronto reaparecieron los síntomas de la relajación, y Alberico parece haber lanzado la idea de partir con un grupo de los más fervorosos a fundar aparte una comunidad más observante.
Así se hizo y, en 1098, veintiún monjes se establecieron en Cister, un poco al sur de Dijón, a unos cien kilómetros de Molesmes. Tales fueron los principios de la gran Orden Cisterciense. Roberto, Alberico y Esteban fueron elegidos abad, prior, y subprior, respectivamente. Pero poco después, San Roberto retornó a la comunidad de Molesmes, y Alberico le sucedió en el cargo de abad, de manera que a él deben atribuirse con toda probabilidad, algunas de las principales características de la reforma cisterciense. Se trataba de una restauración de la primitiva observancia benedictina, pero con mucho más austeridad. Una de las manifestaciones externas del cambio fue la adopción del hábito blanco, con escapulario negro y capucha, para los monjes de coro. Según la leyenda, este cambio se debió a un deseo que comunicó la Santísima Virgen a San A1berico en una aparición. Una modificación más profunda fue la institución de una clase especial de "fratres conversi" o hermanos legos, a los que se confió el trabajo casero y, sobre todo, la explotación de las granjas distantes del convento. Sin embargo, todos los monjes estaban obligados en alguna forma al trabajo manual. El coro fue simplificado y abreviado; y se dejó más tiempo para la oración privada.
Alberico no gobernó durante mucho tiempo, y probablemente muchos de los rasgos característicos en la organización definitiva del Cister se deben a su sucesor, San Esteban. Fue él quien nos dejó la noticia más personal sobre San Alberico, en una exhortación que pronunció con motivo de la muerte de éste, ocurrida el 26 de enero de 1109: "A todos nos afecta igualmente esta gran pérdida -dijo-, y difícilmente podré consolaros yo, que necesito de consuelo tanto como vosotros. Vosotros habéis perdido a un padre y a un director de vuestras almas; yo no sólo he perdido a un padre y un guía, sino también a un amigo, a un compañero de armas, a un valiente soldado del Señor, a quien nuestro venerable padre Roberto había educado con ciencia y piedad admirables, desde los primeros días de nuestro instituto monástico... Ha quedado entre nosotros el cuerpo de nuestro amado padre como una forma de su presencia, y él nos ha llevado consigo al cielo en su corazón... El guerrero ha triunfado, el atleta ha recibido el premio merecido, el vencedor ha ganado su corona; dueño ya del triunfo, pide que también a nosotros no sea concedida la palma de los vencedores... No lloremos por el soldado que descansa ya; lloremos más bien por nosotros que seguimos en el frente de batalla, y transformemos en oraciones nuestras palabras de tristeza, rogando a nuestro padre triunfante que no permita que el león rugiente y el feroz enemigo nos derroten". |
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Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos Complentando el santoral de este día, Enero 26
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En Jerusalén, santos Jenofonte y María, con sus hijos Juan y Arcadio, los cuales, renunciando a la dignidad senatorial y a todas las posesiones, abrazaron la vida monástica en la Ciudad Santa con gran devoción (s. VI).
San Teógenes, mártir En la ciudad de Hipona, en Numidia (hoy Argelia), san Teógenes, mártir, acerca del cual san Agustín predicó un sermón (c. 257).
En la ciudad de Nidaros (Trondheim), en Noruega, san Agustín (Eystein) Erlandsön, obispo, que rigió la Iglesia que le había sido encomendada como primer obispo, procurando su crecimiento y defendiéndola ante los príncipes (1188).
Beata María de la Dive, mártir En la región de Anjou, en Francia, beata María de la Dive, mártir, que, siendo viuda, fue degollada por su fidelidad a la Iglesia durante la Revolución Francesa (1794). |
J†A
JMJ
Pax
Mis ojos han visto al Salvador
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Gloria a ti, Señor.
Cuando
se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley
de Moisés,
llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como
prescribe la ley
del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor.
Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor, un
par de
tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y
piadoso, que
aguardaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había
revelado que no
moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues,
al templo,
movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño
Jesús para
cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y
bendijo a Dios
diciendo:
"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo
muera en paz.
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante
todos los pueblos,
como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo
Israel".
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían
de él. Simeón
los bendijo y dijo a María, su madre:
"Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel.
Será
signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el
corazón; así
quedarán al descubierto las intenciones de muchos".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser, que era
ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy
joven, y después
había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se
apartaba del
templo dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones.
Se presentó en
aquel momento y se puso a dar gracias a Dios y a hablar del niño
a todos los
que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del
Señor, regresaron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía
llenándose de
sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Bendición de las velas y procesión
Primera forma: Procesión
1. A una hora conveniente, se reúnen los fieles en algún lugar adecuado, fuera del templo donde va a efectuarse la procesión. Los fieles sostienen en sus manos las velas apagadas.
2. El sacerdote, revestido de blanco, como para la misa, se acerca, junto con los ministros, al lugar donde el pueblo está congregado. En lugar de la casulla, puede usar la capa pluvial durante la bendición de las velas y la procesión.
3. Mientras se encienden las velas, se canta la antífona siguiente u otro cántico apropiado.
Nuestro Señor vendrá con gran poder, e iluminará los ojos de sus siervos, aleluya.
4. El sacerdote, después de saludar a los fieles en la forma acostumbrada, les explica brevemente el significado del rito y los exhorta a participar en él activa y conscientemente. Lo puede hacer con estas palabras u otras parecidas:
Hermanos, hace cuarenta días, celebramos con júbilo el nacimiento del Señor. Hoy también la Iglesia está de fiesta al celebrar el día en que Jesús fue presentado en el templo por María y José.
El Señor quiso sujetarse a este rito para cumplir con las exigencias de la ley, pero, sobre todo, para manifestarse al pueblo que lo esperaba.
Impulsados por el Espíritu Santo, fueron al templo aquellos dos ancianos, Simeón y Ana, e iluminados por el mismo Espíritu, reconocieron al Señor y lo anunciaron a todos con entusiasmo.
También nosotros, que formamos el pueblo de Dios por la gracia del Espíritu Santo, vayamos al encuentro de Cristo en la casa de Dios.
Hallaremos al Señor en la Eucaristía mientras esperamos su venida gloriosa.
5. Después de la exhortación, el sacerdote bendice las velas, diciendo con las manos juntas:
Oremos:
Dios nuestro, fuente y principio de toda luz, que
concediste al justo Simeón contemplar a Cristo,
luz destinada a iluminar a todas las naciones,
† bendice estas velas con las que tus fieles van a ir
a tu encuentro en medio de himnos de alabanza, y
escucha su oración a fin de que por el camino del
bien puedan llegar a la luz inextinguible.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
o bien:
Oremos:
Dios nuestro, Padre de la verdad y de la luz, haz
brillar en el corazón de tus fieles la luz que jamás se
extingue, y concede a quienes vana a llevar encendidas
estas velas llegar a la plenitud de tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Y rocía las velas con agua bendita, sin decir nada.
6. El sacerdote toma entonces la vela destinada a él e inicia la procesión, diciendo:
Vayamos ahora alegres al encuentro del Señor.
7. Durante la procesión se canta la antífona siguiente, o algún canto apropiado.
Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones
y para gloria de Israel.
Ahora, Señor, ya puede morir en paz tu siervo,
según tu promesa.
Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones
y para gloria de Israel.
Porque mis ojos han visto a tu salvador.
Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones
y para gloria de Israel.
Al salvador a quien has puesto a la vista
de todos los pueblos.
Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones
y para gloria de Israel.
8. Al entrar la procesión en el templo, se canta la Antífona de entrada de la misa. Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia y, si se cree conveniente, lo inciensa. Luego se dirige a la sede, en donde se quita la capa pluvial (si la usó en la procesión) y se pone la casulla. Ahí mismo, después de que se ha cantado el Gloria, dice la Oración Colecta como de ordinario.
Prosigue luego la misa de la manera acostumbrada.
Presentación del Señor (2 de feb)
Puede hacerse la bendición y procesión de las candelas
Antífona de Entrada
iOh Dios!, hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo. Como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así
como tu Hijo único
revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el
templo, nos
concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser
presentados delante de ti con el alma limpia.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan
Lectura del libro del profeta Malaquías 3, 1-4
Esto
dice el Señor:
"He aquí que yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de
pronto
entrará en su santuario el Señor a quien ustedes buscan, el
mensajero de la
alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el
Señor
todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá
de pie en su
presencia? Será como fuego de fundición y como blanqueador de
ropa. Se pondrá a
refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará
como el oro y
la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas.
Entonces agradarán al
Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días
pasados, como en
los años antiguos".
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Salmo Responsorial
Sal 23, 7.8.9.10
El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas,
levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que
entre el rey de la
gloria!
El Señor es el rey de la
gloria.
¿Quién
es el rey de la gloria? El Señor, héroe poderoso; el Señor,
héroe de las
batallas.
El Señor es el rey de la
gloria.
¡Puertas,
levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que
entre el rey de la
gloria!
El Señor es el rey de la
gloria.
¿Quién
es el rey de la gloria? El Señor todopoderoso, él es el rey de
la gloria.
El Señor es el rey de la
gloria.
Segunda Lectura
Tenía que asemejarse en todo a sus hermanos
Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18
Hermanos:
Puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre,
también Jesús las
compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder
para matar, es
decir, al diablo, y librar a aquellos a quienes el temor a la
muerte tenía
esclavizados de por vida.
Porque ciertamente no ha venido en auxilio de los ángeles, sino
en auxilio de
la raza de Abrahán. Por eso tenía que ser hecho en todo
semejante a sus
hermanos, para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y
digno de
confianza en las cosas de Dios, capaz de obtener el perdón de
los pecados del
pueblo.
Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la
prueba, puede
socorrer ahora a los que están bajo la prueba.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Tú eres, Señor, la luz que alumbra a las naciones y la gloria de
tu pueblo
Israel.
Aleluya.
Evangelio
Mis ojos han visto al Salvador
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Gloria a ti, Señor.
Cuando
se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley
de Moisés,
llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como
prescribe la ley
del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor.
Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor, un
par de
tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y
piadoso, que
aguardaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había
revelado que no
moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues,
al templo,
movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño
Jesús para
cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y
bendijo a Dios
diciendo:
"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo
muera en paz.
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante
todos los
pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu
pueblo
Israel".
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían
de él. Simeón
los bendijo y dijo a María, su madre:
"Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel.
Será
signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el
corazón; así
quedarán al descubierto las intenciones de muchos".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser, que era
ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy
joven, y después
había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se
apartaba del
templo dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones.
Se presentó en
aquel momento y se puso a dar gracias a Dios y a hablar del niño
a todos los
que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del
Señor, regresaron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía
llenándose de
sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Señor, que, para
cumplir la ley de
Moisés, quizo ser presentado en el templo, y pidámosle que, como
sacerdote
compasivo, ruegue por nosotros y con nosotros, sus hermanos.
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Para
que Cristo, luz que resplandece sobre la faz de la Iglesia,
conceda a sus
fieles convertirse en luz del mundo y en sal de la tierra,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para
que el Salvador del mundo sea anunciado y presentado ante todos
los pueblos y
se revele como luz de todas las naciones, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para
que los ancianos y moribundos, al ver que se acerca el fin de
sus días, dejen
este mundo en paz, seguros de que, terminada su carrera, verán
al Salvador,
roguemos al Señor
Escúchanos, Señor.
Para
que Cristo, luz que alumbra a todo ser humano venido al mundo,
no sea para
nosotros causa de caída, sino de levantamiento y de
resurrección, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor, Dios todopoderoso, que, en el final de su camino,
realizaste los deseos
santos de los ancianos Simeón y Ana, escucha nuestra oración y
haz que también
nuestros ojos puedan contemplar al Salvador en el templo eterno
de tu gloria.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Sea grata a tus ojos, Señor, la ofrenda que la Iglesia te presenta llena de alegría, a ti que has querido que tu Hijo unigénito se inmolara como cordero inocente por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La presentación del Señor
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte
gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque hoy, tu Hijo es presentado en el templo y es proclamado
por el Espíritu:
Gloria de Israel y luz de las naciones.
Por eso, nosotros, llenos de alegría, salimos al encuentro del
Salvador,
mientras te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin
cesar:
Antífona de la comunión
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia,
Señor, tú que
has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él
no le dejaste
morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a
nosotros, que
caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida
eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
2 de febrero
PRESENTACIÓN DEL SEÑOR*
Fiesta
— María ofrece a Jesús al Padre.
— Iluminar con la luz de Cristo.
— Jesucristo, signo de contradicción.
I. De pronto, entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar...1.
Jesús llega al Templo en los brazos de María para ser presentado al Señor, como mandaba la Ley judía, cuarenta días después de su nacimiento. Solo Simeón y Ana, movidos por el Espíritu Santo, reconocen al Mesías en aquel Niño pequeño. La liturgia recoge en el Salmo responsorial las aclamaciones que, de modo simbólico, se cantaban muy probablemente a la entrada del Arca de la Alianza, Ahora tienen su más plena realidad: ¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria!2.
Después de la circuncisión había que cumplir dos ceremonias, según mandaba la Ley: el hijo primogénito debía ser presentado al Señor y después rescatado; la madre debía purificarse de la impureza legal contraída3. En el Éxodo estaba escrito: ...y el Señor dijo a Moisés: Declara que todo primogénito me está consagrado. Todo primogénito de los hijos de Israel, lo mismo hombre que animal, me pertenece siempre. Esta ofrenda de todo primer nacido recordaba la liberación milagrosa del pueblo de Israel de su cautividad en Egipto. Todos los primogénitos eran presentados a Yahvé, y luego eran restituidos al pueblo.
Nuestra Señora preparó su corazón, como solo Ella podía hacerlo, para presentar a su Hijo a Dios Padre y ofrecerse Ella misma con Él. Al hacerlo, renovaba su fiat, su hágase, y ponía una vez más su propia vida en las manos de Dios. Jesús fue presentado a su Padre en las manos de María. Nunca se hizo una oblación semejante en aquel Templo y nunca se volvería a ofrecer. La siguiente ofrenda la hará el mismo Jesús, fuera de la ciudad, en el Calvario4.
La fiesta de hoy nos invita a entregar al Señor, una vez más, nuestra vida, pensamientos, obras..., todo nuestro ser; ofrecimiento de lo menudo de todos los días y de los acontecimientos importantes, cuando estos lleguen.
Y podemos hacer esta entrega de muchas maneras. Hoy, en esta oración podemos servirnos de las palabras de San Alfonso Mª de Ligorio, poniendo por intercesora a Santa María, como tantas veces lo hemos hecho: «También yo quisiera en este día, Reina mía, a ejemplo vuestro, ofrecer a Dios mi pobre corazón (...). Ofrecedme como cosa vuestra al Eterno Padre, en unión con Jesús, y rogadle que, por los méritos de su Hijo, y en gracia vuestra, me acepte y tome por suyo»5. A través de Santa María, Nuestro Señor acogerá una vez más la entrega de todo lo que somos y tenemos.
II. María y José llegaron al Templo dispuestos a cumplir fielmente lo que estaba establecido en la Ley. Presentaron como simbólico rescate la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas6. Y allí les salió al encuentro el anciano Simeón, hombre justo, que esperaba la consolación de Israel. El Espíritu Santo le manifestó lo que para otros estaba oculto. Simeón tomó al Niño en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes sacar en paz de este mundo a tu siervo, según tu palabra: porque mis ojos han visto a tu salvador, al que has puesto ante la faz de todos los pueblos, como luz que ilumina a los gentiles y gloria de Israel, tu pueblo. Es un canto de alegría. Toda su existencia había consistido en una ardiente espera del Mesías.
San Bernardo, en un sermón para esta fiesta, nos habla de una costumbre de antiquísima tradición, de la que tenemos otros muchos testimonios7: la procesión de los cirios encendidos. «Hoy -nos dice el Santo la Virgen María lleva al templo del Señor al Señor del templo. También José presenta a Dios no su hijo, sino el Hijo amado y predilecto de Dios; y también Ana, la viuda, lo proclama. Estos cuatro celebraron la primera procesión, que después ha de continuarse con gozo en todos los rincones de la tierra y por todas las naciones»8.
La liturgia de esta fiesta, en efecto, ha querido poner de manifiesto la vida del cristiano como una ofrenda al Señor, expresada en la procesión de los cirios encendidos que se van consumiendo poco a poco, mientras dan luz. Cristo es profetizado como la Luz que saca de la oscuridad al mundo sumido en tinieblas. La luz, en el lenguaje habitual, es símbolo de vida («dar a luz», «ver la luz por vez primera» son expresiones íntimamente ligadas al nacimiento), deverdad («caminar a oscuras» es sinónimo de ignorancia y de confusión), de amor (se dice que el amor «se enciende» cuando dos personas aprenden a quererse con más hondura...). Las tinieblas, por el contrario, indican soledad, desorientación, error... Cristo es la Vida del mundo y de todo hombre, Luz que ilumina, Verdad que salva, Amor que lleva a la plenitud... Llevar en la mano una vela encendida, en la procesión que hoy tiene lugar donde es posible antes de la Misa, es signo de estar en vela, de participar en la claridad de Cristo, de la vibración apostólica que hemos de contagiar a otros.
Sus padres se maravillaron de lo que se decía de Él. María, que guardaba en su corazón el mensaje del Ángel y de los pastores, escucha admirada la profecía de Simeón acerca de la misión universal de su Hijo: aquel Niño pequeño que sostiene en sus brazos es la Luz enviada por Dios Padre para iluminar a las naciones: es la gloria de su pueblo. Este misterio está íntimamente ligado a la ofrenda que se lleva a cabo. También nuestra participación en la misión de Cristo recibida en el Bautismo está estrechamente enlazada con nuestra entrega personal. La fiesta de hoy es una invitación a darnos sin medida, a «arder delante de Dios como esa luz, que se pone sobre el candelero, para iluminar a los hombres que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se queman junto al altar, y se consumen alumbrando hasta gastarse»9. ¿Es así nuestra entrega al Señor?, ¿sin condiciones?, ¿sin límites? Señor, le decimos, mi vida es para Ti; no la quiero si no es para gastarla cerca de tu Vida. ¿Para qué otra cosa había de quererla?
El mismo San Bernardo nos recuerda que «está prohibido presentarse ante el Señor con las manos vacías»10. Y como nos vemos solo con cosas pequeñas para ofrecer (el trabajo del día, una sonrisa en medio del dolor, de la fatiga, el ser amables y comprensivos...), debemos hoy considerar en nuestra oración «cómo la Virgen acompaña esta ofrenda de tanto precio con otra de tan pequeño valor, como eran aquellas aves que mandaba ofrecer la Ley, para que tú de aquí aprendas a juntar tus pobres servicios con los de Cristo para que con el valor y precio de los suyos sean recibidos y preciados los tuyos (...).
»Junta, pues, tus oraciones con las suyas, tus lágrimas con las suyas, tus ayunos y vigilias con las suyas, y ofréceselas al Señor, para que lo que de por sí es de poco precio, por Él sea de mucho valor.
»Una gota de agua, por sí tomada, no es más que agua; mas lanzada en un gran vaso de vino, toma otro más noble ser y hácese vino; y así nuestras obras, que por ser nuestras son de poco valor, ayuntadas a las de Cristo se hacen de precio inestimable, por razón de la gracia que se nos da en Él»11.
III. Simeón bendijo a los padres, y dijo a María, su madre: Mira, este ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones12.
Jesús trae la salvación para todos los hombres; sin embargo, para algunos será signo de contradicción, porque se obstinan en rechazarlo. «Los tiempos que vivimos confirman, con particular fuerza, la verdad contenida en las palabras de Simeón. Jesús es luz que ilumina a los hombres y, al mismo tiempo, signo de contradicción. Y si ahora (...) Jesucristo se revela de nuevo a los hombres como luz del mundo, ¿no se ha convertido, hoy más que nunca, en ese signo al que los hombres se oponen?»13. Él no pasa nunca indiferente por el camino de los hombres, no pasa indiferente ahora, en este tiempo, por nuestra vida. Por eso le pedimos que sea nuestra Luz y nuestra Esperanza.
El Evangelista señala además que Simeón, después de pronunciar estas palabras, se dirigió de pronto, casi inesperadamente, a María, vinculando en cierto modo la profecía referente al Hijo con otra que se relaciona con la madre: A tu misma alma la traspasará una espada14. «Con estas palabras del anciano nuestra mirada se desplaza desde el Hijo a la Madre, de Jesús a María. Es admirable el misterio de este vínculo con el que Ella se ha unido a Cristo, ese Cristo que es signo de contradicción»15.
Estas palabras dirigidas a la Virgen anuncian que Ella habría de estar unida íntimamente a la obra redentora de su Hijo. La espada de que habla Simeón expresa la participación de María en los sufrimientos del Hijo; es un dolor inenarrable, que traspasa el alma. El Señor sufrió en la Cruz por nuestros pecados; también son los pecados de cada uno de nosotros los que han forjado la espada de dolor de nuestra Madre. Por tanto, tenemos un deber de desagravio no solo con Jesús, sino también con su Madre, que es también Madre nuestra16.
1 Primera lectura. Mal 3, 1. — 2 Salmo responsorial. Sal 23, 7. — 3 Cfr. Ex 13, 2; 12-13. Lev 12, 2-8. — 4 Cfr. F. Fernández-Carvajal, El Evangelio de San Lucas, Palabra, 5ª ed., Madrid 1988, nota a Lc 2, 22-24. — 5 San Alfonso Mª de Ligorio, Las glorias de María, 11, 6, en Obras ascéticas de..., BAC. Madrid 1952, vol. 1, p. 820. — 6 Cfr. Lc 2, 24. — 7 Cfr. Itinerario de la virgen Egeria, BAC, Madrid 1980, p. 271; A. G. Martimort, La Iglesia en oración, Herder, 3ª ed., Barcelona 1986, p. 978. — 8 San Bernardo, Sermón en la Purificación de Santa María, I, 1. — 9 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 44. — 10 San Bernardo, Sermón, cit., II, 2. — 11 Fray Luis de Granada,Vida de Jesucristo, cap. 7. — 12 Lc 2, 34-35. — 13 K. Wojtyla, Signo de contradicción, BAC, Madrid 1979, p. 252. — 14 Lc 2, 35. — 15 K. Wojtyla, o. c., pp. 256-257. — 16 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Lc 2, 34-35.
* A los cuarenta días del nacimiento de su Hijo, Nuestra Señora se dirigió al Templo para ofrecerlo al Señor y pagar el simbólico rescate establecido en la Ley de Moisés. Ella, con toda piedad y amor lo ofreció a Dios Padre y nos dio ejemplo de cómo ha de ser el ofrecimiento de nuestras obras a Dios, y sobre todo de nosotros mismos, en una entrega sin condiciones.
La Presentación del Hijo está unida a la Purificación de la Madre. La Virgen Santísima quiso cumplir lo que estaba dispuesto, aunque nunca en aquel Templo había entrado una criatura más pura y llena de gracia. Ambos misterios están unidos en la liturgia de la Misa. A lo largo de los siglos ha sido considerada como fiesta del Señor, como ahora, o como una fiesta mariana. Se celebraba ya en Jerusalén a finales del siglo iv. Desde allí se extendió por Oriente y Occidente, y se fijó su celebración para el día 2 de febrero.
La procesión con los cirios encendidos significa la luz de Cristo anunciada por Simeón en el Templo, Luz para iluminar a las naciones, que se propaga en cada cristiano, que ha de ser luz en el lugar donde se encuentre en medio del mundo.
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2 DE FEBRERO
16. PURIFICACION DE NUESTRA SEÑORA
- Cuarto Misterio del Santo Rosario.
- La Virgen nos presenta a Jesús, luz de las naciones, nuestra luz. Necesidad de purificar la vida.
- Ofrecer todo lo nuestro a través de Nuestra Señora. Acudir a Ella con más confianza cuanto mayores sean las flaquezas o las tentaciones.
I. La Ley de Moisés prescribía no solamente la ofrenda del primogénito, sino también la purificación de la madre. Esta ley no obligaba a María, que es purísima y concibió a su Hijo milagrosamente. Pero la Virgen no buscó nunca a lo largo de su vida razones que la eximieran de las normas comunes de su tiempo. “Piensas -pregunta San Bernardo- que no podía quejarse y decir: "¿Qué necesidad tengo yo de purificación? ¿Por qué se me impide entrar en el templo si mis entrañas, al no conocer varón, se convirtieron en templo del Espíritu Santo? ¿Por qué no voy a entrar en el templo, si he engendrado al Señor del templo? No hay nada impuro, nada ilícito, nada que deba someterse a purificación en esta concepción y en este parto; este Hijo es la fuente de pureza, pues viene a purificar los pecados. ¿Qué va a purificar en mí el rito, si me hizo purísima en el mismo parto inmaculado?"“ (1).
Sin embargo, como en tantas ocasiones, la Madre de Dios se comportó como cualquier mujer judía de su época. Quiso ser ejemplo de obediencia y de humildad: una humildad que la lleva a no querer distinguirse por las gracias con las que Dios la había adornado. Con sus privilegios y dignidad de ser la Madre de Dios, se presentó aquel día, acompañada de José, como una mujer más. Guardaba en su corazón los tesoros de Dios. Podría haber hecho uso de sus prerrogativas, considerarse eximida de la ley común, mostrarse como un alma distinta, privilegiada, elegida para una misión extraordinaria, pero nos enseñó a nosotros a pasar inadvertidos entre nuestros compañeros, aunque nuestro corazón arda en amor a Dios, sin buscar excepciones por el hecho de ser cristianos:somos ciudadanos corrientes, con los mismos derechos y deberes de los demás.
Contemplamos a María, en la fiesta de hoy, en el cuarto misterio de gozo del Santo Rosario. Vemos a María, purísima, someterse a una ley de la que estaba exenta... Nos miramos a nosotros mismos y vemos tantas manchas, ingratitudes, omisiones tan numerosas en el amor a Dios como las arenas del mar. “¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! -Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. -Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón” (2) y que lo disponga para poder presentarlo a Dios a través de Santa María.
II. Inesperadamente entrará en el Santuario el Señor a quien vosotros buscáis... Será un “fuego de fundidor”, una “lejía de lavandero”: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a la plata y al oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido (3), leemos en la Primera lectura de la Misa.
“La Liturgia de hoy presenta y actualiza de nuevo un "misterio" de la vida de Cristo: en el templo, centro religioso de la nación judía, en el cual se sacrificaban continuamente animales para ser ofrecidos a Dios, entra por primera vez, humilde y modesto, Aquel que, según el profeta Malaquías, deberá sentarse para fundir y purificar (...). Hace su entrada en el templo Aquel que tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo” (4), como se expresa en la Segunda lectura (5). Jesucristo viene a purificarnos de nuestros pecados por medio del perdón y de la misericordia.
Esta profecía se refiere en primer lugar a los sacerdotes de la casa de Leví, y en ellos estamos prefigurados todos los cristianos que, por el Bautismo, participamos del sacerdocio regio de Cristo. Si nos dejamos limpiar y purificar, podremos presentar la ofrenda de nuestro trabajo y de la propia vida, como es debido, según había anunciado Malaquías.
Hoy es fiesta del Señor, que es presentado en el Templo y que, a pesar de ser un Niño, es ya luz para alumbrar a las naciones (6). Pero “es también la fiesta de Ella: de María. Ella lleva al Niño en sus brazos. También en sus manos es luz para nuestras almas, la luz que ilumina las tinieblas del conocimiento y de la existencia humana, del entendimiento y del corazón.
“Se desvelan los pensamientos de muchos corazones, cuando sus manos maternales llevan esta gran luz divina, cuando la aproximan al hombre” (7).
Nuestra Señora, en la fiesta de hoy, nos alienta a purificar el corazón para que la ofrenda de todo nuestro ser sea agradable a Dios, para que sepamos descubrir a Cristo, nuestra Luz, en todas las circunstancias. Ella quiso someterse al rito común de la purificación ritual, sin tener necesidad alguna de hacerlo, para que nosotros llevemos acabo la limpieza, ¡tan necesaria!, del alma.
Desde los comienzos de la Iglesia, los Santos Padres enseñaron con toda claridad su pureza inmaculada, con títulos llenos de belleza, de admiración y de amor. Dicen de Ella que es lirio entre espinas, virgen, inmaculada, siempre bendita, libre de todo contagio del pecado, árbol inmarcesible, fuente siempre pura, santa y ajena a toda mancha del pecado, más hermosa que la hermosura, más santa que la santidad, la sola santa que, si exceptuamos a solo Dios, fue superior a todos los demás; por naturaleza más bella, más hermosa y más santa que los mismos querubines, más que todos los ejércitos de los ángeles... (8). Su vida inmaculada es una llamada para que nosotros desechemos de nuestro corazón todo aquello que, aunque sea pequeño, nos aleja del Señor.
La contemplamos ahora, en este rato de oración, purísima, exenta de toda mancha, y miramos a la vez nuestra vida, las flaquezas, las omisiones, los errores, todo aquello que ha dejado un mal poso en el fondo del alma, heridas sin curar... “Tú y yo sí que necesitamos purificación!”.
“Pide al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a tu Madre, que te hagan conocerte y llorar por ese montón de cosas sucias que han pasado por ti, dejando -¡ay!- tanto poso... -Y a la vez, sin querer apartarte de esa consideración, dile: "dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, ya vacío todo mi yo, llénalo de Ti: que no me apegue a nada de aquí abajo; que siempre me sostenga el Amor"“ (9).
III. Cada hombre, enseña la Sagrada Escritura, es como un vaso de barro que contiene un tesoro de gran valor (10). Una vasija de ese frágil material se puede romper con facilidad, pero también se puede recomponer sin un excesivo trabajo. Por la misericordia divina, todas las fracturas tienen arreglo. El Señor sólo nos pide ser humildes, acudir cuando sea necesario a la Confesión sacramental, y recomenzar de nuevo con deseos de purificar las señales que haya dejado en el alma la mala experiencia pasada. Las flaquezas -pequeñas o grandes- son un buen motivo para fomentar en el alma los deseos de reparación y de desagravio. Así como pedimos perdón por una ofensa a una persona querida y procuramos mostrarle de algún modo nuestro arrepentimiento, mucho mayores deben ser nuestros deseos de reparación si hemos ofendido al Señor. Él nos espera entonces con mayores muestras de amor y de misericordia. “Los hijos, si acaso están enfermos, tienen un título más para ser amados por la madre. Y también nosotros, si acaso estamos enfermos por malicia, por andar fuera de camino, tenemos un título más para ser amados del Señor” (11).
En cada momento de la vida, pero particularmente cuando no nos hemos comportado como Dios esperaba, nos dará gran paz pensar en los medios sobreabundantes que Él nos ha dejado para purificar y recomponer la vida pasada cuando sea necesario: se ha quedado en la Sagrada Eucaristía como especial fortaleza para el cristiano; nos ha dado la Confesión sacramental para recuperar la gracia, si la hubiéramos perdido, y para aumentar la resistencia al mal y la capacidad para el bien; ha dispuesto un Angel Custodio que nos guarde en todos los caminos; contamos con la ayuda de nuestros hermanos en la fe, a través de la Comunión de los Santos; tenemos el ejemplo y la corrección fraterna de aquellos buenos cristianos que nos rodean... De modo especialísimo contamos con la ayuda de Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, a la que hemos de acudir siempre, pero con mayor urgencia cuando nos sintamos más cansados, más débiles o se multipliquen las tentaciones y, sobre todo, en las caídas si, para nuestra humildad, Dios las permitiera.
Recordando la fiesta de hoy, San Alfonso Mª de Ligorio exponía con una vieja leyenda el poder de intercesión de María. Se cuenta -explica San Alfonso Mª- que Alejandro Magno recibió una carta con una larga lista de acusaciones contra su madre. El emperador, después de haberla leído, respondió: “Hay acaso alguno que ignore aún que basta una sola lágrima de mi madre para lavar mil cartas de acusación?”. Y pone el Santo estas palabras en boca de Jesús: “¿No sabe el diablo que una simple oración de mi Madre, hecha en favor de un pecador, es suficiente para que me olvide de las acusaciones que sus faltas levantan contra él?”. Y concluye: “Dios había prometido a Simeón que no había de morir antes de ver al Mesías (...). Pero esta gracia la alcanzó sólo por medio de María, porque sólo en sus brazos halló al Salvador. Por consiguiente, el que quiera hallar a Jesús, debe buscarlo por medio de María. Acudamos a esta divina Madre, y acudamos con gran confianza, si deseamos hallar a Jesús” (12). A Ella le pedimos hoy que limpie y purifique nuestra alma, y nos ponemos en sus manos para ofrecer a su Jesús y ofrecernos con Él: ¡Padre Santo!, por el corazón Inmaculado de María os ofrezco a Jesús, vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco yo mismo en Él y por Él a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas (13).
(1) SAN BERNARDO, Sermón en la Purificación de Santa María, III, 2.- (2) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, Rialp, 24 1ª ed., Madrid 1979, Cuarto misterio gozoso.- (3) Mal 3, 1-4.- (4) JUAN PABLO II, Homilía 2-II-1981.- (5) Heb 2, 14-18.- (6) Lc 2, 32.- (7) JUAN PABLO II, Homilía 2-II-1979.- (8) Cfr. PIO XII, Enc. Fulgens corona, 8-X-1953.- (9) J. ESCRIVA DEBALAGUER, Forja, n. 41.- (10) Cfr. 2 Cor 4, 7.- (11) JUAN PABLO I, Angelus 10-IX-1978.- (12) SAN ALFONSO Mª DE LIGORIO, Las glorias de María, II, 6.- (13) P. M. SULAMITIS, Oración de la Ofrenda al Amor Misericordioso, Madrid 1931.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
La Presentación de Jesús en el Templo
https://www.youtube.com/watch?v=LrxNvZPbC9Y
El
relato de este hermoso hecho
lo podemos leer en San Lucas, Capítulo 2,
vs. 22-39.
La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy dos de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.
Los católicos hemos tenido la hermosa costumbre de llevar los niños al templo para presentarlos ante Nuestro Señor y la Santísima Virgen. Esta es una costumbre que tiene sus raíces en la Santa Biblia. Cuando hacemos la presentación de nuestros niños en el templo, estamos recordando lo que José y María hicieron con el Niño Jesús.
La Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Esto lo hicieron María y José.
Por mandato del Libro Sagrado, al presentar un niño en el templo había que llevar un cordero y una paloma y ofrecerlos en sacrificio al Señor (el cordero y la paloma son dos animalitos inofensivos e inocentes y su sangre se ofrecía por los pecados de los que sí somos ofensivos y no somos inocentes. Jesús no necesitaba ofrecer este sacrificio, pero quiso que se ofreciera porque El venía a obedecer humildemente a las Santas Leyes del Señor y a ser semejante en todo a nosotros, menos en el pecado).
La Ley decía que si los papás eran muy pobres podían reemplazar el cordero por unas palomitas. María y José, que eran muy pobres, ofrecieron dos palomitas en sacrificio el día de la Presentación del Niño Jesús.
En la puerta del templo estaba un sacerdote, el cual recibía a los padres y al niño y hacía la oración de presentación del pequeño infante al Señor.
En aquel momento hizo su aparición un personaje muy especial. Su nombre era Simeón. Era un hombre inspirado en el Espíritu Santo. Es interesante constatar que en tres renglones, San Lucas nombra tres veces al Espíritu Santo al hablar de Simeón. Se nota que el Divino Espíritu guiaba a este hombre de Dios.
El Espíritu Santo había prometido a Simeón que no se moriría sin ver al Salvador del mundo, y ahora al llegar esta pareja de jóvenes esposos con su hijito al templo, el Espíritu Santo le hizo saber al profeta que aquel pequeño niño era el Salvador y Redentor.
Simeón
emocionado pidió a la Sma.
Virgen que le dejara tomar por unos momentos al Niño Jesús en
sus brazos y
levantándolo hacia el cielo proclamó en voz alta dos noticias:
una buena y otra
triste.
La noticia buena fue la siguiente: que este Niño será iluminador de todas las naciones y que muchísimos se irán en favor de él, como en una batalla los soldados fieles en favor de su bandera. Y esto se ha cumplido muy bien. Jesús ha sido el iluminador de todas las naciones del mundo. Una sola frase de Jesús trae más sabiduría que todas las enseñanza de los filósofos. Una sola enseñanza de Jesús ayuda más para ser santo que todos los consejos de los psicólogos.
La noticia triste fue: que muchos rechazarán a Jesús (como en una batalla los enemigos atacan la bandera del adversario) y que por causa de Jesús la Virgen Santísima tendría que sufrir de tal manera como si una espada afilada le atravesara el corazón. Ya pronto comenzarán esos sufrimientos con la huida a Egipto. Después vendrá el sufrimiento de la pérdida del niño a los 12 años, y más tarde en el Calvario la Virgen padecerá el atroz martirio de ver morir a su hijo, asesinado ante sus propios ojos, sin poder ayudarlo ni lograr calmar sus crueles dolores.
Y Jesús ha llegado a ser como una bandera en una batalla: los amigos lo aclaman gritando "hosanna", y los enemigos lo atacan diciendo "crucifícale". Y así ha sido y será en todos los siglos. Y cada vez que pecamos lo tratamos a El como si fuéramos sus enemigos, pero cada vez que nos esforzamos por portarnos bien y cumplir sus mandatos, nos comportamos como buenos amigos suyos.
Después de este interesante hecho de la Presentación de Jesús en el templo, la Virgen María meditaba y pensaba seriamente en todo esto que había escuchado.
Ojalá también nosotros pensemos, meditemos y saquemos lecciones de estos hechos tan importantes.
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FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
HOMILÍA
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Sábado 2 de febrero de 2002
VI Jornada de la vida consagrada
1. "Los padres
de Jesús lo llevaron a
Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo
escrito en la ley del
Señor" (Lc 2,
22).
Cuarenta días después de la Navidad, la Iglesia revive hoy el
misterio de la
presentación de Jesús en el templo. Lo revive con el estupor de la Sagrada Familia de Nazaret,
iluminada
por la revelación plena de aquel "niño" que, como nos acaban de
recordar la primera y la segunda lectura, es el juez
escatológico prometido por
los profetas (cf. Ml
3, 1-3), el
"sumo sacerdote compasivo y fiel" que vino para "expiar los
pecados del pueblo" (Hb
2, 17).
El niño, que María y José llevaron con emoción al templo, es el
Verbo
encarnado, el Redentor del hombre y de la historia.
Hoy, conmemorando lo que sucedió aquel día en Jerusalén, somos
invitados
también nosotros a entrar en el templo para meditar en el
misterio de Cristo, unigénito
del Padre que, con su
Encarnación y su Pascua, se ha convertido en el primogénito de la humanidad redimida.
Así, en esta fiesta se prolonga el tema de Cristo
luz, que caracteriza las solemnidades de la Navidad y de
la Epifanía.
2. "Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo
Israel" (Lc 2, 32).
Estas
palabras proféticas las pronuncia el anciano Simeón, inspirado
por Dios, cuando
toma en brazos al niño Jesús. Al mismo tiempo, anuncia que el
"Mesías del
Señor" cumplirá su misión como "signo de contradicción" (Lc 2, 34). En cuanto a
María, la Madre,
también ella participará personalmente en la pasión de su Hijo
divino (cf. Lc 2,
35).
Por tanto, en esta fiesta celebramos el
misterio de la consagración: consagración de Cristo,
consagración de
María, y consagración de todos lo que siguen a Jesús por amor al
Reino.
3. A la vez que saludo con fraterna cordialidad al señor
cardenal Eduardo
Martínez Somalo, que preside esta celebración, me alegra poder
encontrarme con
vosotros, amadísimos hermanos y hermanas que un día, cercano o
lejano, os habéis
entregado totalmente al Señor en
la opción de la vida consagrada. Al dirigiros a cada uno mi
afectuoso saludo,
pienso en las maravillas que Dios ha realizado y realiza en
vosotros,
"atrayendo a sí" toda vuestra existencia. Alabo con vosotros al
Señor, porque es Amor tan grande y hermoso, que merece la
entrega inestimable
de toda la persona en la insondable profundidad del corazón y en
el desarrollo
de la vida diaria a lo largo de las diversas edades.
Vuestro "Heme aquí", según el modelo de Cristo y de la Virgen
María,
está simbolizado por los cirios que han iluminado esta tarde la
basílica
vaticana. La fiesta de hoy está dedicada de modo especial a
vosotros, que en el
pueblo de Dios representáis con singular elocuencia la novedad
escatológica de
la vida cristiana. Vosotros estáis llamados a ser luz de verdad
y de justicia;
testigos de solidaridad y de paz.
4. Sigue vivo el recuerdo de la Jornada
de oración por la paz, que vivimos hace diez días en Asís. Sabía y sé que para esa extraordinaria
movilización en favor
de la paz en el mundo puedo contar de modo particular con
vosotros, amadísimas
personas consagradas. A vosotros, también en esta ocasión, os
expreso mi profunda
gratitud.
Gracias, ante todo, por la oración.
¡Cuántas comunidades contemplativas, dedicadas totalmente a la
oración, llaman
noche y día al corazón del Dios de la paz, contribuyendo a la
victoria de
Cristo sobre el odio, sobre la venganza y sobre las estructuras
de pecado!
Además de la oración, muchos
de vosotros, amadísimos
hermanos y hermanas, construís la paz con el testimonio de la fraternidad y de la comunión,
difundiendo en el
mundo, como levadura, el espíritu evangélico, que hace crecer a
la humanidad
hacia el reino de los cielos. ¡Gracias también por esto!
No faltan tampoco religiosos y religiosas que, en múltiples
fronteras, viven su
compromiso concreto por la
justicia,
trabajando entre los marginados, interviniendo en las raíces de
los conflictos
y contribuyendo así a edificar una paz fundamental y duradera.
Dondequiera que
la Iglesia está comprometida en la defensa y en la promoción del
hombre y del
bien común, allí también estáis vosotros, queridos consagrados y
consagradas.
Vosotros, que, para ser totalmente de Dios, sois también
totalmente de los
hermanos. Toda persona de buena voluntad os lo agradece mucho.
5. El icono de María, que contemplamos mientras ofrece a Jesús
en el
templo, prefigura el de la crucifixión, anticipando también su
clave de
lectura: Jesús, Hijo de Dios, signo de contradicción. En
efecto, en el
Calvario se realiza la
oblación del Hijo
y, junto con ella, la de la Madre. Una misma espada
traspasa a ambos, a la
Madre y al Hijo (cf. Lc
2, 35).
El mismo dolor. El mismo amor.
A lo largo de este camino, la Mater Jesu
se ha convertido en Mater
Ecclesiae.
Su peregrinación de fe y de consagración constituye el arquetipo
de la de todo
bautizado. Lo es, de modo singular, para cuantos abrazan la vida
consagrada.
¡Cuán consolador es saber que María está a nuestro lado, como
Madre y Maestra,
en nuestro itinerario de consagración! No sólo nos acompaña en
el plano
simplemente afectivo, sino también, más profundamente, en el de
la eficacia
sobrenatural, confirmada por las Escrituras, la Tradición y el
testimonio de
los santos, muchos de los cuales siguieron a Cristo por la senda
exigente de
los consejos evangélicos.
Oh María, Madre de Cristo y Madre nuestra, te damos gracias por
la solicitud
con que nos acompañas a lo largo del camino de la vida, y te
pedimos:
preséntanos hoy nuevamente a Dios, nuestro único bien, para que
nuestra vida,
consumada por el Amor, sea sacrificio vivo, santo y agradable a
él. Así
sea.
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Fiesta de la Candelaria Para cumplir la ley, María fue al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús
--------------------------------------------------------- LIMA, 02 Feb. 15 / 09:37 am (ACI).- La Fiesta de “La Candelaria” se celebra cada 2 de febrero, coincidiendo con la celebración de la presentación del Señor y la purificación ritual de la Virgen María. A mediados del siglo V esta celebración era conocida como la “Fiesta de las luces”. Algunos sostienen que comenzó en oriente con el nombre del “Encuentro” y luego se extendió a occidente en el siglo VI, llegándose a celebrar en Roma con carácter penitencial. Se desconoce con certeza cuándo comenzaron las procesiones con velas relacionadas a esta fiesta, pero ya en el siglo X se celebraban con solemnidad. La advocación mariana de la Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria tuvo su origen en Tenerife (España). Según la tradición, la Virgen se apareció en 1392 a dos aborígenes “guanches” que pastoreaban su rebaño. Ellos al llegar a la boca de un barranco, vieron que el ganado no avanzaba. Uno de los pastores avanzó para ver lo que pasaba y vio en lo alto una pequeña imagen de madera de una mujer, como de un metro de alto. En la imagen, la señora portaba una vela en la mano izquierda y cargaba a un niño en el brazo derecho, mientras que el pequeño llevaba en sus manos un pajarito de oro. La Virgen de la Candelaria, patrona de Canarias, y se venera en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en Tenefire. Más adelante, esta devoción se extendió y llegó también a América. En Argentina, por ejemplo, su fiesta se celebra en la localidad de Candelaria (Misiones), tomado de las antiguas reducciones jesuíticas (capital de los treinta pueblos guaraníes que incluía a Paraguay, Argentina y Brasil). Actualmente hay procesiones y se espera a la Virgen con serenata popular. Asimismo, en la ciudad de Humahuaca, Jujuy, se realiza la tradicional danza de los toritos y fuegos artificiales. Mientras que en la provincia de Tucumán, en la localidad de Villa de Leales, esta festividad es una de las más multitudinarias. En Guaraní, provincia de Buenos Aires, la Virgen de la candelaria es patrona de la ciudad. En Copacabana – la paz, en la Bolivia de 1583, fue tallada la imagen de la Virgen de la Candelaria de Copacabana por Francisco “Tito Yupanqui”. El Templo de Copacabana es el segundo templo más antiguo de Hispanoamérica. En este país altiplánico, la Virgen de la Candelaria es patrona de Aquile (Cochabamba), Rurrenabaque (Beni), Samaipata (Santa Cruz), Azurduy (Chuquisaca) y de la comunidad de La Angostura en Tarija. En la Iglesia de San Antonio, en la isla Mancera en Valdivia (Chile), hay registros del culto a la Virgen de la Candelaria que datan del año 1645. Es venerada en los sectores mineros del norte del país. En la ciudad chilena de Copiapó existe un santuario de la Virgen de la Candelaria y en el pueblo de Mincha, comuna de Canela, se encuentra un templo donde hay gran devoción a la Candelaria y que es monumento histórico nacional desde 1980. La ciudad de Medellín en Colombia fue erigida en sus orígenes como “Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín” y por ello la Virgen aparece en el escudo de la ciudad. De igual manera, la primera Catedral de la actual Arquidiócesis de Medellín fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Otras ciudades colombianas también la tienen como patrona. En Puno, al sur de Perú, la Fiesta de la Candelaria es una de las más importantes de la región. Allí la imagen de la Virgen de la Candelaria es sacada en procesión por las calles de la ciudad, acompañada de danzas y música tradicional. En noviembre del 2014, la UNESCO declaró la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Otros países donde se festeja a la Virgen de la Candelaria son Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela y muchos más.
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Juana de Lestonnac Fundadora, 2 de febrero
Febrero 2
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Catalina de Ricci, Santa Virgen, Febrero 2
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Virgen Martirologio Romano:
En Prato, de la
Toscana, santa Catalina de’ Ricci, virgen, de la
Tercera Orden Regular de Santo Domingo, que se dedicó
de lleno a la restauración de la religión y por su
asidua meditación de los misterios de la pasión de
Jesucristo, obtuvo experimentarla de alguna manera
(1590). |
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J†A
JMJ
Pax
Ustedes son la luz del mundo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve
desabrida, ¿con
qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la
gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
puesta en lo alto
de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo
de una olla,
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de
casa.
Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras
y den gloria a
su Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
5o. Dom Ord Ciclo A
Antífona de Entrada
Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos
hijos tuyos, que
han puesto en tu gracia toda su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Entonces surgirá tu luz como la aurora
Lectura del profeta Isaías 58, 7-10
Esto
dice el Señor:
"Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo,
viste al
que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida tus heridas
sanarán; te
abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá:
Aquí estoy.
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la
maledicencia,
cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del
indigente,
brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá
mediodía.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 111
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Quien
es justo, clemente
compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes,
compadecidos, prestan
y llevan su negocio honradamente jamás se desviará.
El justo brilla como una
luz en las
tinieblas.
El
justo no vacilará; vivirá su
recuerdo siempre. No temerá malas noticias, porque el Señor vive
confiadamente.
El justo brilla como una
luz en las
tinieblas.
Firme está y sin temor en su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alazará frente a su gloria. El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Segunda Lectura
Les he anunciado a Cristo crucificado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5
Hermanos:
Cuando vine a
anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con sublime
elocuencia o
sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa
alguna sino a
Jesucristo, y a éste crucificado.
Me presenté a ustedes débil y temeroso; mi palabra y mi
predicación no fue con
persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder
del Espíritu,
para que su fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el
poder de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá
la luz de la
vida.
Aleluya.
Evangelio
Ustedes son la luz del mundo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve
desabrida, ¿con
qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la
gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
puesta en lo alto
de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo
de una olla,
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de
casa.
Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras
y den gloria a
su Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Padre del Unigénito, al Hijo del
Dios eterno y
al Espíritu, fuente de todo bien.
Respondemos
a cada petición:
Hágase tu voluntad, Señor.
Para
la Iglesia inmaculada del
Dios verdadero extendida por todo el mundo, pidamos la plena
riqueza del amor
de Dios, roguemos al Señor.
Hágase tu voluntad,
Señor.
Para
los que gobiernan los
pueblos y tienen en su mano el destino de los seres humanos,
pidamos el
espíritu de justicia y el deseo de servir con dedicación a sus
súbditos,
roguemos al Señor.
Hágase tu voluntad,
Señor.
Por
los débiles que se ven
oprimidos y por los justos que sufren persecución, oremos a
Jesús, el Salvador,
roguemos al Señor.
Hágase tu voluntad,
Señor.
Para
nosotros mismos, pidamos al
Señor un temor filial, un amor ferviente, una vida feliz y una
santa muerte,
roguemos al Señor.
Hágase tu voluntad,
Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que en la necedad de la cruz has manifestado cómo
tu sabiduría
está por encima de la prudencia del mundo; escucha nuestras
oraciones y haz que
comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, para que,
fervorosos en la fe
y fuertes en la caridad, nos convirtamos en luz del mundo y sal
de la tierra.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Señor,
Dios nuestro, que nos has
dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas,
conviértelos para
nosotros en sacramento de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor
nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad, para
que,
trasladados de las tinieblas a tu luz admirable, proclamemos
ante el mundo tus
maravillas.
Por eso, con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo. Calmó el ansia de los sedientos y a los hambrientos los colmó de bienes.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y
de un mismo cáliz,
concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro
trabajo sea eficaz
para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Quinto
Domingo
ciclo a
SER LUZ CON EL EJEMPLO
— Los cristianos debemos ser sal y luz en medio del mundo. El ejemplo ha de ir por delante.
— Ejemplaridad en la vida familiar, profesional, etc.
— Ejemplares en la caridad y en la templanza. Para nada sirve la sal insípida.
I. En el Evangelio de la Misa de este domingo1 nos habla el Señor de nuestra responsabilidad ante el mundo: Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo. Y nos lo dice a cada uno, a quienes queremos ser sus discípulos.
La sal da sabor a los alimentos, los hace agradables, preserva de la corrupción y era un símbolo de la sabiduría divina. En el Antiguo Testamento se prescribía que todo lo que se ofreciera a Dios llevase la sal2, significando la voluntad del oferente de que fuera agradable. La luz es la primera obra de Dios en la creación3, y es símbolo del mismo Señor, del Cielo y de la Vida. Las tinieblas, por el contrario, significan la muerte, el infierno, el desorden y el mal.
Los discípulos de Cristo son la sal de la tierra: dan un sentido más alto a todos los valores humanos, evitan la corrupción, traen con sus palabras la sabiduría a los hombres. Son también luz del mundo, que orienta y señala el camino en medio de la oscuridad. Cuando viven según su fe, con su comportamiento irreprochable y sencillo, brillan como luceros en el mundo4, en medio del trabajo y de sus quehaceres, en su vida corriente. En cambio, ¡cómo se nota cuando el cristiano no actúa en la familia, en la sociedad, en la vida pública de los pueblos! Cuando el cristiano no lleva la doctrina de Cristo allí donde se desarrolla su vida, los mismos valores humanos se vuelven insípidos, sin trascendencia alguna, y muchas veces se corrompen.
Cuando miramos a nuestro alrededor nos parece como si, en muchas ocasiones, los hombres hubieran perdido la sal y la luz de Cristo. “La vida civil se encuentra marcada por las consecuencias de las ideologías secularizadas, que van, desde la negación de Dios o la limitación de la libertad religiosa, a la preponderante importancia atribuida al éxito económico respecto a los valores humanos del trabajo y de la producción; desde el materialismo y el hedonismo, que atacan los valores de la familia prolífica y unida, los de la vida recién concebida y la tutela moral de la juventud, a un “nihilismo” que desarma la voluntad para afrontar problemas cruciales como los de los nuevos pobres, emigrantes, minorías étnicas y religiosas, recto uso de los medios de información, mientras arma las manos del terrorismo”5. Hay muchos males que se derivan de “la defección de bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza el equilibrio a personas y comunidades”6. Se ha llegado a esta situación –en la que es preciso evangelizar de nuevo a Europa y al mundo7– por el cúmulo de omisiones de tantos cristianos que no han sido sal y luz, como el Señor les pedía.
Cristo nos dejó su doctrina y su vida para que los hombres encuentren sentido a su existencia y hallen la felicidad y la salvación. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa, nos sigue diciendo el Señor en el Evangelio de la Misa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Y para eso es necesario, en primer lugar, el ejemplo de una vida recta, la limpieza de conducta, el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas en la vida sencilla de todos los días. La luz, el buen ejemplo, ha de ir por delante.
II. Frente a esa marea de materialismo y de sensualidad que ahoga a los hombres, el Señor “quiere que de nuestras almas salga otra oleada –blanca y poderosa, como la diestra del Señor–, que anegue, con su pureza, la podredumbre de todo materialismo y neutralice la corrupción, que ha inundado el Orbe: a eso vienen –y a más– los hijos de Dios”8, a llevar a Cristo a tantos que conviven con nosotros, a que Dios no sea un extraño en la sociedad.
Transformaremos de verdad el mundo –comenzando por ese mundo quizá pequeño en el que se lleva a cabo nuestra actividad y en el que se despiertan nuestras ilusiones– si la enseñanza comienza con el testimonio de la vida personal: si somos ejemplares, competentes y honrados en el trabajo profesional; en la familia, dedicando a los hijos, a los padres, el tiempo que necesitan; si nos ven alegres, también en medio de la contradicción y del dolor; si somos cordiales..., “creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso”9 y se sentirán atraídos a la vida que muestran nuestras acciones. El ejemplo prepara la tierra en la que fructificará la palabra. Sin nada que no sea propio de cristianos corrientes, podemos mostrar lo que significa seguir de verdad al Señor en el quehacer cotidiano, como hicieron los primeros cristianos. San Pablo lo urgía así a los fieles de Éfeso: os conjuro a que os portéis de una manera digna de la vocación a la que habéis sido llamados10.
Nos han de conocer como hombres y mujeres leales, sencillos, veraces, alegres, trabajadores, optimistas; nos hemos de comportar como personas que cumplen con rectitud sus deberes y que saben actuar en todo momento como hijos de Dios, que no se dejan arrastrar por cualquier corriente. La vida del cristiano constituirá entonces una señal por la que conocerán el espíritu de Cristo. Por eso, debemos preguntarnos con frecuencia en nuestra oración personal si nuestros compañeros de trabajo, nuestros familiares y amigos, al presenciar nuestras acciones, se ven movidos a glorificar a Dios, porque ven en ellas la luz de Cristo: será un buen signo de que hay luz en nosotros y no oscuridad, amor a Dios y no tibieza. “Él –nos dice el Papa Juan Pablo II– tiene necesidad de vosotros... De algún modo le prestáis vuestro rostro, vuestro corazón, toda vuestra persona, convencidos, entregados al bien de los demás, servidores fieles del Evangelio. Entonces será Jesús mismo el que quede bien; pero si fueseis flojos y viles, oscureceríais su auténtica identidad y no le haríais honor”11. No perdamos nunca de vista esta realidad: los demás han de ver a Cristo en nuestro sencillo y sereno comportamiento diario: en el trabajo, en el descanso, al recibir buenas o malas noticias, cuando hablamos o permanecemos en silencio... Y para esto es necesario seguir muy de cerca al Maestro.
III. En la Primera lectura12, el Profeta Isaías enumera una serie de obras de misericordia, que darán al cristiano la posibilidad de manifestar la caridad de su corazón, y que consisten en amar a los demás como nos ama el Señor13: compartir el pan y el techo, vestir al desnudo, desterrar los gestos amenazadores y las maledicencias. Entonces –canta el Salmo responsorial– romperá tu luz como la aurora (...), brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía14. La caridad ejercida a nuestro alrededor, en las circunstancias más diferentes, será un testimonio que atraerá a muchos a la fe de Cristo, pues Él mismo dijo: En esto conocerán que sois mis discípulos15. Las mismas normas corrientes de la convivencia, que para muchas personas se quedan en algo exterior y solo las practican porque hacen más fácil el trato social, para los cristianos deben ser fruto también de la caridad –de su unión con Dios, que llena de contenido sobrenatural esos gestos–, manifestación externa de aprecio y de interés. “Ahora adivino –escribe Santa Teresa de Lisieux– que la verdadera caridad consiste en soportar todos los defectos del prójimo, en no extrañar sus debilidades, en edificarse con sus menores virtudes; pero he aprendido especialmente que la caridad no debe quedar encerrada en el fondo del corazón, pues no se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Me parece que esta antorcha representa la caridad que debe iluminar y alegrar no solo a aquellos que más quiero, sino a todos los que están en la casa”16, a toda la familia, a cada uno de los que comparten nuestro trabajo... Caridad que se manifestará en muchos casos a través de las formas usuales de la educación y de la cortesía.
Otro aspecto importante, en el que los cristianos hemos de ser esa sal y luz de la que nos habla el Señor, es la templanza y la sobriedad. Nuestra época “se caracteriza por la búsqueda del bienestar material a cualquier coste, y por el correspondiente olvido –mejor sería decir miedo, auténtico pavor– de todo lo que pueda causar sufrimiento. Con esta perspectiva, palabras como Dios, pecado, cruz, mortificación, vida eterna..., resultan incomprensibles para gran cantidad de personas, que desconocen su significado y su contenido”17. Por ello, es particularmente urgente dar testimonio generoso de templanza y de sobriedad, que manifiestan el señorío de los hijos de Dios, utilizando los bienes “según las necesidades y deberes, con la moderación del que los usa, y no del que los valora demasiado y se ve arrastrado por ellos”18.
Le pedimos hoy a la Virgen que sepamos ser sal, que impide la corrupción de las personas y de la sociedad, y luz, que no solo alumbra sino que calienta, con la vida y con la palabra; que estemos siempre encendidos en el amor, no apagados; que nuestra conducta refleje con claridad el rostro amable de Jesucristo. Con la confianza que Ella nos inspira, pidamos en la intimidad de nuestro corazón: Señor Dios nuestro, tú que hiciste de tantos santos una lámpara que a la vez ilumina y da calor en medio de los hombres, concédenos caminar con ese encendimiento de espíritu, como hijos de la luz19.
1 Mt 5, 13-16. — 2 Cfr. Lev 2, 13. — 3 Gen 1, 1-5.— 4 Cfr. Flp 2, 15. — 5 Juan Pablo II, Discurso 9-XI-1982. — 6 Ibídem. — 7 ídem, Discurso 11-X-1985. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 23. — 9 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilía sobre San Mateo, 15, 9. — 10 Ef 4, 1. — 11 Juan Pablo II, Homilía, 29-V-1983. — 12 Is 58, 7-10. — 13 Cfr. Jn 15, 12. — 14 Cfr. Sal 3, 4-5. — 15 Cfr. Jn 13, 35. — 16 Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma, IX, 24. — 17 A. del Portillo, Carta 25-XII-1985, n. 4. — 18 San Agustín, Sobre las costumbres de la Iglesia católica, 1, 21. — 19 Cfr. Oración colecta de San Bernardo Abad.
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2º Domingo de San José
LAS VIRTUDES DE SAN JOSÉ
— Humildad del Santo Patriarca.
— Fe, esperanza y amor.
— Sus virtudes humanas.
I. En este segundo domingo dedicado a San José podemos contemplar las virtudes por las cuales el Santo Patriarca es modelo para nosotros, que, como él, llevamos una vida corriente de trabajo. San Mateo, al presentar al Santo Patriarca, escribe: José, su esposo, como era justo...1. Esta es la alabanza y la definición que el Evangelio hace de San José: hombre justo. Esta justicia no es solo la virtud que consiste en dar a cada uno lo que se le debe: es también santidad, práctica habitual de la virtud, cumplimiento de la voluntad de Dios. El concepto de justo en el Antiguo Testamento es el mismo que el Evangelio expresa con el término santo. Justo es el que tiene un corazón puro y es recto en sus intenciones, es el que en su conducta observa todo lo prescrito con relación a Dios, al prójimo y a sí Mismo...2. José fue justo en todas las acepciones de la palabra; en él se dieron en plenitud todas las virtudes, en una vida sencilla, sin relieve humano especial.
Al considerar las virtudes del Santo Patriarca, ocultas en ocasiones a los ojos de los hombres pero resplandecientes siempre a los ojos de Dios, hemos de tener en cuenta que estas cualidades a veces no son valoradas por aquellos que solo viven en la superficie de las cosas y de los acontecimientos. Es un hábito frecuente entre los hombres “darse enteramente a lo de fuera y descuidar lo interior; trabajar contra reloj; aceptar la apariencia y despreciar lo efectivo y lo sólido; preocuparse demasiado por lo que parecen y no pensar qué es lo que deben ser. De aquí que las virtudes que se estimen sean las que entran en juego en los negocios y en el comercio de los hombres; muy al contrario, las virtudes interiores y ocultas en las que el público no toma parte, en donde todo pasa entre Dios y el hombre, no solo no se siguen, sino que incluso no se comprenden. Y sin embargo, en este secreto radica todo el misterio de la virtud verdadera (...). José, hombre sencillo, buscó a Dios; José, hombre desprendido, encontró a Dios; José, hombre retirado, gozó de Dios”3. Nuestra vida, como la del Santo Patriarca, consiste en buscar a Dios en el quehacer diario, encontrarle, amarle y alegrarnos en su amor.
La primera virtud que se manifiesta en la vida de San José es la humildad, al descubrir la grandeza de su vocación y la propia poquedad. Alguna vez, al terminar la tarea o en medio de ella, mientras miraba a Jesús cerca de él, se preguntaría: ¿por qué me eligió Dios a mí y no a otro?, ¿qué tengo yo para haber recibido este encargo divino? Y no encontraría respuesta, porque la elección para una misión divina es siempre asunto del Señor. Él es el que llama y da gracia abundante para que los instrumentos sean idóneos. Hemos de tener en cuenta que “el nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino. Dios, a la vida humilde y santa de José, añadió –si se me permite hablar así– la vida de la Virgen María y la de Jesús, Señor Nuestro. Dios no se deja nunca ganar en generosidad. José podía hacer suyas las palabras que pronunció Santa María, su Esposa: Quia fecit mihi magna qui potens est, ha hecho en mí cosas grandes Aquel que es todopoderoso, quia respexit humilitatem, porque se fijó en mi pequeñez (Lc 1, 48-49).
“José era efectivamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes”4.
El conocimiento de su llamada, la enormidad de la gracia recibida y su gratuidad confirmaron la humildad de José. Su vida estuvo siempre llena de agradecimiento a Dios y de admiración ante el encargo recibido. Eso mismo espera el Señor de nosotros: mirar los acontecimientos a la luz de la propia vocación, vivida en su más plena radicalidad5, admirarnos una y otra vez ante tanto don de Dios y agradecer la bondad del Señor que nos llama a trabajar en su viña.
II. No le hizo vacilar la incredulidad ante la promesa de Dios, sino que, fortalecido por la fe, dio gloria a Dios6.
La fe de José, a pesar de la oscuridad del misterio, se mantuvo siempre firme, precisamente porque fue humilde. La palabra de Dios transmitida por el Ángel le esclarece la concepción virginal del Salvador, y José creyó con sencillez de corazón. Pero la oscuridad no debió de tardar en reaparecer: José era pobre, dependía de su trabajo ya cuando recibe la revelación sobre el misterio de la Maternidad divina de María; y resulta aún más pobre cuando viene Jesús al mundo, No puede ofrecer un lugar digno para el nacimiento del Hijo del Altísimo, pues no los reciben en ninguna de las casas ni en la posada de Belén; y José sabe que aquel Niño es el Señor, Creador de cielos y tierra. Después, la fe de José se pondría de nuevo a prueba en la huida precipitada a Egipto... El Dios fuerte huye de Herodes. ¡Cuántas veces nuestra fe habrá de reafirmarse ante acontecimientos en los que se pone de manifiesto que la lógica de Dios es, en tantas ocasiones, distinta de la lógica de los hombres! San José supo ver a Dios en cada acontecimiento, y para esto fue precisa una gran santidad, resultado de la continua correspondencia a las gracias que recibía.
La esperanza se puso de manifiesto en su anhelo creciente ante la llegada del Redentor, que había de estar a su cuidado. Más tarde esta virtud se ejercitó desde los primeros días de Jesús Niño, cuando le vio crecer a su lado, y se preguntaría muchas veces cuándo se manifestaría como Mesías al mundo. Su amor a Jesús y a María, alimentado por la fe y la esperanza, creció de día en día. Nadie les quiso tanto como él. Y este amor se manifestaba en su vida diaria: en la manera de trabajar, en el trato con los vecinos y clientes...
III. ... como era justo...
La gracia hace que cada hombre llegue a su plenitud, según el plan previsto por Dios; y no solo sana las heridas de la naturaleza humana, sino que la perfecciona. Los innumerables dones que recibió San José para cumplir la misión recibida de Dios y su perfecta correspondencia hicieron del Santo Patriarca un hombre lleno de virtudes humanas y sobrenaturales. “De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José (...). Yo me lo imagino -decía San Josemaría Escrivá joven, fuerte, quizá con algunos años más que Nuestra Señora, pero en la plenitud de la edad y de la energía humana”7.
Su justicia, su santidad delante de Dios se traslucía en su hombría de bien delante de los hombres. San José era un hombre bueno, en toda la plenitud de esta palabra: un hombre del que los demás se podían fiar; leal con los amigos, con los clientes; honrado, cobrando lo justo, realizando a conciencia los encargos que recibía. Dios se fió de él hasta el punto de encomendarle a su Madre y a su Hijo. Y no quedó defraudado.
La vida de San José estuvo llena de trabajo, primero en Nazareth, luego quizá en Belén, en Egipto y después de nuevo en Nazareth. Todos le conocieron por su laboriosidad y espíritu de servicio, que debió tener una extraordinaria importancia en la formación de un carácter recio, como se comprueba en las diversas circunstancias en las que aparece en el Evangelio. No podía ser de otra manera quien en todo secundó con tanta prontitud los planes de Dios y se vio sometido a pruebas difíciles, según nos relata el Evangelio de San Mateo.
Su oficio en aquella época requería destreza y habilidad. En Palestina, un “carpintero” era un hombre hábil, singularmente hábil y muy estimado8. Construía objetos tan diversos, y tan necesarios y útiles, como vigas, arcas donde guardar la ropa, mesas, sillas, las tablas donde se amasaba la harina antes de llevarla al horno, yugos, artesas... Y utilizaba instrumentos tan distintos como la sierra, el cepillo, la garlopa, el escoplo, la lima, el formón, la azuela, el martillo... Sabía encolar, ensamblar... Conocía bien las diferentes maderas: su calidad, su dureza, para qué era más apropiada cada una...
Según aparece en el Evangelio, las virtudes humanas y sobrenaturales de San José se pueden resumir en pocas palabras: fue un hombre justo. Justo ante Dios y justo ante los hombres. Eso se debería decir de cada uno de nosotros. Eso es lo que Dios espera de todos.
Su justicia se manifestaba en un corazón puro e irreprochable, en un oído dispuesto para captar el querer divino y llevarlo a cabo. Era una persona agradable y cordial en el trato, atento a las necesidades de sus amigos y vecinos, amable con todos, alegre. Aunque el Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya, sí nos ha descrito sus obras: acciones sencillas, cotidianas, en las que se reflejaban su santidad y su amor, y que deben ser el espejo donde frecuentemente nos miremos nosotros, que hemos de santificar una vida normal, como la del Santo Patriarca. “Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos: “San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos; San José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan grandes cosas, sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas” (Pablo VI, Alocución, 19-III-1969)”9.
1 Cfr. Mt 1, 18. — 2 Cfr. J. Dheilly, Diccionario bíblico, Herder, Barcelona 1970, voz Justicia, p. 694 ss. — 3 Bossuet, Segundo panegírico de San José, exordio. — 4 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 40. — 5 Cfr. Juan Pablo II, Exhor. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 2. — 6 Liturgia de las Horas. Solemnidad de San José, Responsorio de la Primera lectura. — 7 San Josemaría Escrivá, o. c., 40. — 8 Cfr. H. Daniel-Rops, Vida cotidiana en Palestina, Hachette, París 1961, p, 295. — 9 Juan Pablo II, Exhor. Apost, Redemptoris custos, 15-VIII-1989, 24
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Fuente:
Vatican.va
Anna Catalina Emmerick,
Beata
Mística, 9 de febrero
Anna Katharina Emmerick nació a los 8 de
setiembre de 1774 en los aldeanos de Flamschen cerca de
la ciudad de Coesfeld. Se crió en unión de 9 hermanos.
Desde niñez tenía que ayudar en la casa y en trabajo de
campo. Su asistencia escolar era corta. Tanto más llamó
la atención a que ella estaba bien instruida en cosas
religiosas. Ya a una edad temprana los padres y todos
que conocían a Anna Katharina se daban cuenta de que
ésta se sentía atraída a la oración y a la vida
religiosa en una forma extraordinaria.
Si tiene información relevante para la
canonización de la Beata Anna, contacte a:
Ubicación de la casa natalicia:
Documental 7 minutos: http://www.gloria.tv/?media=49875
La casita de Efeso: http://www.gloria.tv/?media=49411
Libro Ana Catalina Emmerick SLOBRE LA SANTA MISA http://www.gloria.tv/?media=242163
Audio LA INFANCIA DE LA VIRGEN MARIA Y DE SAN JOSÉ (01-08) - ANA … http://www.gloria.tv/?media=38338 LA INFANCIA DE LA VIRGEN MARIA Y DE SAN JOSÉ (09-18) - ANA … LA INFANCIA DE LA VIRGEN MARÍA Y DE SAN JOSÉ (19-22) - … LA INFANCIA DE LA VIRGEN MARIA Y DE SAN JOSÉ (23-28) - ANA …
Presentación de la NIÑA MARÍA EN EL TEMPLO http://www.gloria.tv/?media=217821
LA AMARGA PASION DE CRISTO 01 DE 07 (01-09) http://www.gloria.tv/?media=35457 LA AMARGA PASION DE CRISTO 02 DE 07 (10-12) LA AMARGA PASION DE CRISTO 03 DE 07 (12-19) LA AMARGA PASION DE CRISTO 04 DE 07 (20-31) LA AMARGA PASION DE CRISTO 07 DE 07 (58-71) LA AMARGA PASION DE CRISTO 05 DE 07 (32-45) LA AMARGA PASION DE CRISTO 06 DE 07 (46-57)
en inglés http://www.gloria.tv/?media=253224 Bl. A.K. Emmerick: Consecrated fingers of priests... http://www.gloria.tv/?media=173413
en alemán (solicitamos traductor): http://www.gloria.tv/?media=34185 comic http://www.gloria.tv/?media=129349
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Autor:
Archidiócesis de Madrid
Apolonia, Santa
Virgen y Mártir,
Febrero 9
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Martirologio
Romano: En Alejandría, en
Egipto, conmemoración de santa Apolonia, virgen y
mártir, la cual, después de haber sufrido muchos y
crueles tormentos por parte de los perseguidores, para
no verse obligada a proferir palabras impías prefirió
entregarse al fuego antes que ceder en su fe (c. 250). |
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San
Miguel Febres Cordero
(año 1910)
Hermano
Cristiano, Educador y Publicista.
El niño de pies deformes que llegó muy lejos.
Cuando
Miguel Febres era muy niño,
todos le tenían lástima por sus pies deformes. Pero pocos
educadores han
llegado tan lejos como él en éxitos educativos.
El día de su nacimiento en Cuenca, Ecuador, el 7 de noviembre de 1854, sus padres tuvieron una gran tristeza al ver que el niño tenía los pies deformes. Y a los cinco años el pequeñín todavía no había dado los primeros pasos.
Pero sucedió que un día observando un rosal florecido en el jardín de su casa gritó: "Miren qué hermosa es la señora que está sobre las rosas". Acudieron los familiares pero no vieron nada especial; sin embargo el niño seguía diciendo: "Miren cómo es de hermosa. Tiene un vestido blanco y un manto azul y me llama". Y luego todos quedaron maravillados al ver que el niño se levantó y comenzó a caminar. Estaba curado. La Virgen había empezado a ayudarle de manera impresionante.
El gran Presidente del Ecuador, católico ejemplar y mártir, Gabriel García Moreno, hizo llegar a su país a los Hermanos Cristianos, formidables educadores. Y estos buenos religiosos fundaron un colegio en Cuenca, y allí fue matriculado Miguel Febres, el cual quedó encantado de las cualidades pedagógicas que tiene los Hermanos de la Salle. Miguel sobresalía entre los alumnos por su gran inteligencia pero sobre todo por su inmenso deseo de aprender. Cuando los demás alumnos se iban a sus casas, él se quedaba en el colegio repasando sus lecciones y ayudando a los religiosos en los oficios de la casa. Ellos empezaron a tenerle gran aprecio y especial cariño.
Miguel deseaba ser Hermano Cristiano, pero sus familiares se le oponían porque ellos eran de clase rica y en cambio aquellos religiosos vivían muy pobremente en ese tiempo en Ecuador. Lo envían a otro instituto pero allí se enferma y tiene que volver a su casa. Entonces al fin la familia le permite hacerse religioso Lasallista y toma el nombre de Hermano Miguel. Es transferido a Quito para que la familia no logre allá en Cuenca atraerle mucho hacia la vida mundana.
El trabajo del Hermano Miguel desde que entra a la comunidad hasta su muerte será sumamente intenso y no conocerá descanso ni tiempos perdidos en inutilidades. Dedicado de tiempo completo a ser útil a los demás, todas las horas del día dando clase, enseñando catecismo, atendiendo enfermos, estudiando idiomas (logra hablar cinco idiomas: alemán, inglés, italiano, francés y latín) y escribiendo libros.
El hermano Miguel se ha convencido del enorme influjo que las buenas lecturas ejercen en las personas. Para muchos será más provechoso leer un buen libro que escuchar un sermón. Hay gentes a las cuales el Señor Dios les quiere hablar por medio de una buena lectura, y allí en las páginas de un libro formativo les espera la gracia divina para transformarlas. Por eso nuestro santo se dedica con una actividad casi increíble a propagar libros formativos entre el pueblo.
Es interesante constatar que el Hermano Miguel, sin haber hecho cursos especiales, sólo con el propio esfuerzo por autoformarse y autoinstruirse, logra llegar a publicar más de cien libros en una nación pequeña como es Ecuador. Muchos de sus libros son adaptaciones de obras que habían gustado en otros países. El estilo que nuestro hermano tenía para dar clases era muy ameno y agradable, y ese mismo estilo fue el que empleó en los libros que publicó. Por eso agradaban tanto a la gente sencilla.
Fue admitido como socio en la Academia Ecuatoriana de la Lengua, y en la Academia de Venezuela, y en la de Francia. Pero más que estos honrosos títulos mundanos, un título que él aprecia inmensamente es el "Preparador de niños a la Primera Comunión". Por 26 años seguidos preparará tandas y tandas de niños cada uno a recibir la primera vez a Jesús en la Eucaristía. Y esa preparación la recordarán después sus alumnos con gratitud y veneración.
En 1907 los Superiores Mayores de su congregación lo invitan a que vaya a Europa a dirigir la publicación de libros que la Comunidad repartirá por muchos países. Se dirige a Bélgica, pero el clima de aquel país, con sus inviernos tan rígidos, le afecta la salud. Sin embargo, sigue trabajando fuertemente. Lo trasladas a España, donde el clima es más suave, y el 9 de febrero de 1910, atacado por una pulmonía, muere santamente.
Los hermanos le comentan la gran falta que su prodigiosa actividad le va a hacer a su Congregación, y él les responde: "Otros lo harán mejor que yo", y recuerda aquel consejo de Jesucristo: "Cuando hayáis hecho lo que se os ha encomendado, decid: siervos inútiles somos. Solamente hicimos lo que teníamos el deber de hacer" (Luc. 17,10).
Después de su muerte empezaron a obtenerse milagros maravillosos por la intercesión del hermano Miguel, y el 21 de octubre de 1984 el Papa Juan Pablo II lo declaró santo.
San Miguel Febres Cordero: te rogamos por todos los que en el mundo se dedican a publicar, o a difundir buenas lecturas. Haz que a imitación tuya nos gastemos y nos desgastemos por llevar a muchos otros ese mensaje salvador que es un libro religioso. Recuérdanos a todos que leer periódicos es leer para olvidar, pero que leer un buen libro es leer para recordar. Y que abrir un libro espiritual es empezar a escuchar mensajes salvadores del Dios del cielo.
Propósito: Recordaré aquel consejo de San Alfonse de Ligorio: "En vez de hacer penitencia llevando cilicios o dándose azotes, un buen sacrificio que hace inmenso bien al alma consiste en esto: no dejar un día sin leer alguna página de un libro espiritual. Esto sí hace progresar el alma y lo lleva hacia la santidad." ¿Seré capaz de hacer un sacrificio tan provechoso? ¡Quiera Dios que sí logre hacerlo!.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Sabino de Canosa, Santo
Obispo,
Febrero 9
Obispo Martirologio
Romano: En Canosa, de la
Apulia, san Sabino, obispo, que fue amigo de san
Benito y legado de la Sede Romana en Constantinopla,
para defender la fe auténtica ante la herejía
monofisita (c. 566). |
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Fuente:
FrayLeopoldo.org
Leopoldo de Alpandeire
Sánchez Márquez,
Beato Laico Capuchino, 9 de febrero
Laico Capuchino Leopoldo de Alpandeire Sánchez Márquez (su nombre de pila era Francisco), laico profeso de la Orden d los Frailes Menores Capuchinos; nacido el 24 de julio de 1866 en Alpandeire (España) y fallecido el 9 de febrero de 1956 en Granada (España).
Dejando atrás la señorial ciudad de Ronda,
metrópoli de la Serranía del mismo nombre, y, bajando
por una carretera que serpentea entre escarpados cerros
de alcornoques y encinares, llegamos a Alpandeire,
pintoresca villa de la provincia de Málaga, situada en
las extremidades de la sierra de Jarestepar al sur de
Ronda. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Marón, Santo Eremita,
Febrero 9
Eremita Martirologio
Romano: En una montaña
cerca de Apamea, en Siria, san Marón, eremita, muerto
después de una vida de áspera penitencia e intensa
piedad, fundándose sobre su sepulcro un célebre
monasterio, alrededor del cual se originó la nación
que lleva su nombre (c. 423). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el
santoral de este día, Febrero 9
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Santos
Mártires de Alejandría, mártires |
J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.
Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo:
Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
También han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio y el que se casa con una divorciada comete adulterio.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Sexto Domingo del Tiempo Ordinario
Día del Señor
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor
Sírveme de defensa, Dios mío
Antífona de Entrada
Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan dignos de esa presencia tuya.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) 15, 16-21
Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja.
Es infinita la sabiduría del Señor; es inmenso su poder y él lo ve todo. Los ojos del Señor ven con agrado a quienes lo temen; el Señor conoce todas las obras del hombre. A nadie le a mandado a ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 118
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Tu, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Abreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y guardarla de todo corazón.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10
Hermanos: Es cierto que a los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los cuales van a quedar aniquilados. Por el contrario, predicamos una sabiduría divina, misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios desde antes de los siglos, para conducirnos a la gloria. Ninguno de los que dominan este mundo la conoció, porque, de haberla conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Pero lo que nosotros predicamos es, como dice la Escritura, que lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado. A nosotros, en cambio, Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.
Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo:
Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
También han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio y el que se casa con una divorciada comete adulterio.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Dios nos invita, hoy una vez más, a ofrecerle un culto sincero. Por eso, antes de presentar nuestra ofrenda en su altar, oremos para que nos bendiga y nos ayude a vivir con autenticidad nuestra fe.
Digamos:
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que la Iglesia manifieste al mundo la plenitud de la ley viviendo el amor, la comprensión y la acogida a todos los hombres de cualquier raza o condición.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que el Papa, los obispos y los que guían a la Iglesia, se esfuercen por hacer cada vez más accesible a todos el Evangelio desde actitudes cercanas de servicio y respeto.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que el espíritu de sabiduría y prudencia guíe a nuestros gobernantes en la toma de decisiones a favor de un orden social más justo.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que el Dios de la vida y el Señor de la creación conceda buen tiempo a los campos para dar una cosecha generosa.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que cuantos sufren encuentren en Dios su fortaleza, su refugio y su consuelo, y no les falte la ayuda y la cercanía de sus hermanos.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Para que la celebración del memorial de nuestra salvación nos afiance en nuestra fe y nos ayude a cumplir la voluntad del Señor y a permanecer en su camino.
Oremos.
Danos tu Espíritu y escúchanos.
Celebrante:
Manifiéstanos, Señor, los misterios de tu sabiduría, escucha las oraciones de tu Iglesia, y haz que invadidos por tu Espíritu te busquemos de todo corazón.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos purifique y nos renueve y nos ayude a obtener la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Dominical VI
Prendas de la Pascua eterna
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
En quien vivimos, nos movemos y somos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya, en prenda, la vida futura. Pues al poseer las primicias del Espíritu, por el cual resucitaste a Jesús de entre los muertos, podemos esperar que un día sea nuestra la pascua eterna.
Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza, cantando con los ángeles:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir este pan eucarístico, por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Sexto
Domingo
ciclo A
FIRMES EN LA FE
— El depósito de la fe. Un tesoro que recibe cada generación de manos de la Iglesia, quien lo guarda fielmente con la asistencia del Espíritu Santo y lo expone con autoridad.
— Evitar todo lo que atenta a la virtud de la fe.
— Prudencia en las lecturas.
I. Nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa1 que Él no viene a destruir la Antigua Ley, sino a darle su plenitud; restaura, perfecciona y eleva a un orden más alto los preceptos del Antiguo Testamento. La doctrina de Jesús tiene un valor perenne para los hombres de todos los tiempos y es “fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta”2. Es un tesoro que cada generación recibe de manos de la Iglesia, quien lo guarda fielmente con la asistencia del Espíritu Santo y lo expone con autoridad. “Al adherirnos a la fe que la Iglesia nos propone, nos ponemos en comunicación directa con los Apóstoles (...); y mediante ellos, con Jesucristo, nuestro primer y único Maestro; acudimos a su escuela, anulamos la distancia de los siglos que nos separan de ellos”3. Gracias a este Magisterio vivo, podemos decir –en cierto modo– que el mundo entero ha recibido su doctrina y se ha convertido en Galilea: toda la tierra es Jericó y Cafarnaún, la humanidad está a la orilla del lago de Genesaret4.
La guarda fiel de las verdades de la fe es requisito para la salvación de los hombres. ¿Qué otra verdad puede salvar si no es la verdad de Cristo? ¿Qué “nueva verdad” puede tener interés –aunque fuera la del más sabio de los hombres– si se aleja de la enseñanza del Maestro? ¿Quién se atreverá a interpretar a su gusto, cambiar o acomodar la Palabra divina? Por eso, el Señor nos advierte hoy: el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el reino de los Cielos.
San Pablo exhortaba de esta manera a Timoteo: Guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia que algunos profesan, extraviándose de la fe5. Con esta expresión –depósito– la Iglesia sigue designando al conjunto de verdades que recibió del mismo Cristo y que ha de conservar hasta el final de los tiempos.
La verdad de la fe “no cambia con el tiempo, no se desgasta a través de la historia; podrá admitir, y aun exigir, una vitalidad pedagógica y pastoral propia del lenguaje, y describir así una línea de desarrollo, con tal que, según la conocidísima sentencia tradicional de San Vicente de Lérins (...): quod ubique, quod semper, quod ab omnibus: “lo que en todas partes, lo que siempre, lo que por todos” se ha creído, eso debe mantenerse como formando parte del depósito de la fe (...). Esta fijeza dogmática defiende el patrimonio auténtico de la religión católica. El Credo no cambia, no envejece, no se deshace”6. Es la columna firme en la que no podemos ceder, ni siquiera en lo pequeño, aunque por temperamento estemos inclinados a transigir: “Te molesta herir, crear divisiones, demostrar intolerancias..., y vas transigiendo en posturas y puntos –¡no son graves, me aseguras!–, que traen consecuencias nefastas para tantos.
“Perdona mi sinceridad: con ese modo de actuar, caes en la intolerancia –que tanto te molesta– más necia y perjudicial: la de impedir que la verdad sea proclamada”7. Y anunciar la verdad es frecuentemente el mayor bien que podemos hacer a quienes nos rodean.
II. El cristiano, liberado de toda tiranía del pecado, se siente impulsado por la Nueva Ley de Cristo a comportarse ante su Padre Dios como un hijo suyo. Las normas morales no son entonces meras señales indicadoras de los límites de lo permitido o prohibido, sino manifestaciones del camino que conduce a Dios; manifestaciones de amor.
Debemos conocer bien este conjunto de verdades y de preceptos que constituyen el depósito de la fe, pues es el tesoro que el Señor, a través de la Iglesia, nos entrega para que podamos alcanzar la salvación. Esta riqueza de verdades se protege especialmente con la piedad (oración y sacramentos), con una seria formación doctrinal, adecuada a las personas, y también ejercitando la prudencia en las lecturas.
Todo el mundo considera razonable, por ejemplo, en una cátedra de física o de biología, que se recomienden determinados textos, se desaconseje el estudio de otros y se declare inútil y aun perjudicial la lectura de una publicación concreta para quien de verdad está interesado en adquirir una seria formación científica. En cambio, no faltan quienes se asombran de que la Iglesia reafirme su doctrina sobre la necesidad de evitar aquellas lecturas que sean dañinas para la fe o la moral, y ejerza su derecho y su deber de examinar, juzgar y, en casos extremos, reprobar los libros contrarios a la verdad religiosa8. La raíz de ese asombro infundado podría encontrarse en una cierta deformación del sentido de la verdad, que admitiría un magisterio solo en el campo científico, mientras que considera que en el ámbito de las verdades religiosas solo cabe dar opiniones más o menos fundadas.
Al avivar en nuestra oración la fidelidad al depósito de la revelación, recordamos al mismo tiempo que incluso la ley natural, que el Señor ha escrito en nuestros corazones, nos impulsa desde dentro a valorar los dones del Cielo y, en consecuencia, “obliga a evitar en lo posible todo lo que atenta contra la virtud de la fe”9, como nos pide, por ejemplo, que conservemos la vida física; por ello, “poner voluntariamente en peligro la fe con lecturas perniciosas sin un motivo que lo justifique, sería un pecado aunque en la actualidad no se incurra en pena eclesiástica alguna”10.
Tras una larga experiencia en convivir y estudiar autores paganos o desconocedores de la fe, recomendaba San Basilio: “Debéis, pues, seguir al detalle el ejemplo de las abejas. Porque estas no se paran en cualquier flor ni se esfuerzan por llevarse todo de las flores en las que posan su vuelo, sino que una vez que han tomado lo conveniente para su intento, lo demás lo dejan en paz.
“También nosotros, si somos prudentes, extrayendo de estos autores lo que nos convenga y más se parezca a la verdad, dejaremos lo restante. Y de la misma manera que al coger la flor del rosal esquivamos las espinas, así al pretender sacar el mayor fruto posible de tales escritos, tendremos cuidado con lo que pueda perjudicar los intereses del alma”11.
La prudencia en las lecturas es manifestación de fidelidad a las enseñanzas de Jesucristo; la fe es nuestro mayor tesoro, y por nada del mundo nos podemos exponer a perderlo o a deteriorarlo. Nada vale la pena en comparación de la fe. Debemos velar por nosotros mismos y por todos, pero de modo particular por aquellos que de alguna manera el Señor nos ha encomendado: hijos, alumnos, hermanos, amigos...
III. Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor; dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón12, dice el Salmo responsorial, avivando nuestra disposición de seguir fielmente a Jesucristo.
Entre las ocasiones particularmente delicadas que pueden poner en peligro la integridad de la fe, la Iglesia ha señalado siempre la lectura de libros que atentan directa o indirectamente contra las verdades religiosas y contra las buenas costumbres, pues la historia atestigua con evidencia que, aun con todas las condiciones de piedad y de doctrina, no es raro que el cristiano se deje seducir por la parte o apariencia de verdad que hay siempre en todos los errores13.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes (...). Enséñame a cumplir tu voluntad, le decimos nosotros a Jesús con palabras del Salmo responsorial14. Y Él, a través de una conciencia formada, nos moverá a ser humildes, a realizar una prudente selección y a buscar un asesoramiento con garantías si hemos de estudiar cuestiones científicas, humanísticas, literarias, etc., en las que pueda inficcionarse nuestro pensamiento. Permaneciendo junto a Cristo, valorando mucho la fe, andaremos sin falsos complejos, con naturalidad, sin el afán superficial de “estar al día”, como se han comportado siempre muchos intelectuales cristianos: catedráticos, profesores, investigadores, etc. Si somos humildes y prudentes, si tenemos “sentido común”, no seremos “como los que toman el veneno mezclado con miel”15.
Fieles a la enseñanza del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, necesitamos una formación que nos permita apreciar cuanto de válido puede encontrarse en las diversas manifestaciones de la cultura –pues el cristiano debe estar siempre abierto a todo lo que es verdaderamente positivo–, a la vez que detectamos lo que sea contrario a una visión cristiana de la vida. Pidamos a la Santísima Virgen, Asiento de la Sabiduría, ese discernimiento en el estudio, en las lecturas y en todo el ámbito de las ideas y de la cultura. Pidámosle también que nos enseñe a valorar y a amar siempre más el tesoro de nuestra fe.
1 Mc 5, 17-37, — 2 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 7. — 3 Pablo VI, Alocución 1-III-1967. — 4 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, p. 113. — 5 1 Tim 6, 20-21. — 6 Pablo VI, Audiencia general 29-IX-1976. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 600. — 8 Cfr. Código de Derecho Canónico, cánones 822-832. — 9 J. Mausbach y G. Ermecke, Teología Moral Católica, EUNSA, Pamplona 1974, vol. II, p. 108. — 10 Cfr. ibídem. — 11 San Basilio, Cómo leer la literatura pagana, p. 43. — 12 Sal 118, 1-2. — 13 Cfr. Pío XI, Const. Apost. Deus scientiarum Dominus, 24-V-1931: AAS 23 (1931), pp. 245-246. — 14 Sal 118, 34. — 15 San Basilio, loc. cit.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Juliana, (o Ileana)
Mártir, Santa
Biografía 16 de febrero S III
Febrero 16
Cuando llegó la paz de Constantino, la matrona
Sofronia tomó las reliquias del cuerpo de la mártir
Juliana con la intención de llevarlas consigo a Roma.
Por una tempestad, tuvo que desembarcar en Puzoli donde
le edificó un templo que luego destruyeron los
lombardos. Las reliquias se vieron peligrar y
prudentemente se trasladaron a Nápoles donde reposan y
se veneran con gran devoción. |
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Onésimo Santo Mártir, 16 de febrero
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Etimológicamente significa “ayuda,
bienhechor”. Viene de la lengua griega. |
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Fuente:
EWTN.com
Macario, San Abad,
Febrero 16
Abad Martirologio Romano: Conmemoración
de san Macario el Grande, presbítero y abad del
monasterio de Scete, en Egipto, que, considerándose
muerto al mundo, vivía sólo para Dios, enseñándolo así
a sus monjes (c. 390). Oración
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Bernardo de Escammaca Religioso, 16 de febrero
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Febrero 16
Etimológicamente significa “corazón de oro”.
Viene de la lengua alemana. |
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Beato José Allamano, presbítero y fundador
En Turín, en Italia, beato José Allamano, presbítero, que, lleno de fervor, para propagar la fe cristiana fundó las congregaciones de hombres y de mujeres denominadas Misioneros y Misioneras de la Consolata.
Nació en Castelnuovo d’Asti el 21 de enero de 1851. Sus padres eran campesinos y tuvieron cinco hijos. José fue el cuarto. A los 3 años perdió a su progenitor, y a partir de entonces su madre, su maestra Benedetta Savio, su tío san José Cafasso y san Juan Bosco se ocuparían de formarle en las distintas etapas de su vida. Su encuentro con éste último se produjo en 1862. José era uno de los moradores del Oratorio de Valdocco y tuvo la gracia de tenerle como confesor. Los cuatro años que pasó junto a Don Bosco, como le sucedió a otros muchachos, dejaron una profunda huella en su vida. De hecho, el afecto por este gran maestro perduró siempre en su corazón. No en vano había descubierto su vocación junto a él. De Valdocco partió a Turín. No había quien lo detuviese. Por eso, cuando sus hermanos mostraron frontal oposición a su decisión de convertirse en sacerdote, se posicionó advirtiendo con firmeza: «El Señor me llama hoy … no sé si me llamará aún dentro de dos o tres años». Así es. El «tren de las 5», dicho en términos metafóricos, pasa a esa hora exacta y no a otra, y José lo tomó. Son radicales decisiones que cambian la vida, cascada inextinguible de bendiciones.
Su salud era lamentable. En más de una ocasión estuvo a punto de morir. La debilidad que fue compañera de su vida se hizo patente el primer año de su permanencia en el seminario. Pero como Dios dilata las fuerzas humanas hasta límites insospechados, atravesó ese itinerario llenándolo con sus virtudes que edificaron al resto de sus compañeros, y fue ordenado en 1873. Poseía excelentes cualidades para la formación. Por eso, y aunque le hubiera agradado especialmente la labor pastoral ejercida en una parroquia, pasó siete intensos años dedicados a los seminaristas en calidad de asistente y director espiritual del seminario mayor por expresa designación del arzobispo, Mons. Gastaldi. Mientras, seguía completando sus estudios. Obtuvo la licenciatura en teología y la acreditación para impartir clases en la universidad entre los años 1876 y 1877. Además de enseñar derecho canónico y civil, se convirtió en el decano de estas facultades. En 1880 le designaron rector del santuario de la Consolata, patrona de Turín. Inicialmente temió a su juventud y la inexperiencia de sus 29 años. El bondadoso arzobispo, que ya le había animado cuando le encomendó el seminario, le escuchó paternalmente y acogió benévolo su inquietud: «Pero monseñor, soy muy joven», había dicho José. Y el prelado nuevamente le alentó: «Verás que te amarán. Es mejor ser joven, así, si cometieras errores, tendrás tiempo para corregirlos». Inspirado consejo. Ese fue el destino de José hasta el final.
Tomó como estrecho colaborador a su amigo y dilecto compañero, el P. Santiago Camisassa. Y juntos sellaron una bellísima historia de amistad que duró más de cuatro décadas, compartiendo colegialmente, con caridad y respeto, proyectos diversos que pusieron en marcha. Entre los dos convirtieron el santuario en un templo ricamente restaurado y espiritualmente renovado haciendo de él un importante núcleo mariano. José era un gran confesor. Fue rector del santuario de san Ignacio, un lugar en el que había resonado también la voz de su tío, san José Cafasso, que incendió su corazón con un amor singular por los seminaristas y sacerdotes. Allamano convirtió el lugar en un centro de espiritualidad genuino que estaba a rebosar; tal era su influjo sobre las gentes. Se había propuesto «hacer bien el bien y sin hacer ruido». Tenía un espíritu misionero ejemplar acrecentado al tratar con uno de ellos que estaba destinado en Etiopía, Guillermo de Massia, y el celo apostólico que le caracterizaba lo inculcó a los sacerdotes. Lo tenía claro: él no había podido ir a misiones, pero otros podrían hacerlo. Y llevó a su oración este anhelo.
En 1900 se libró milagrosamente de una grave enfermedad por las fervientes oraciones dirigidas a la Virgen de la Consolata y la ayuda del cardenal Richelmy. Un año después recibió la autorización para dar inicio a su fundación. Primeramente surgieron los misioneros. En 1909 mantuvo una audiencia con Pío X, quien alentándole en otro nuevo paso, le dijo: «...si no tienes vocación para fundar religiosas, te la doy yo». Y el 29 de enero de 1910 puso en marcha la fundación de las misioneras de la Consolata. Tres años más tarde partían para las misiones. Este incansable apóstol y gran formador de jóvenes y sacerdotes, devoto de María e impulsor de una revista mariana, estuvo implicado en numerosas acciones, incluidas las que llevó a cabo durante la Primera Guerra Mundial. Murió en Turín el 16 de febrero de 1926. En su testamento hizo notar: «Por ustedes he vivido tantos años, y por ustedes he consumido bienes, salud y vida. Espero que, al morir, pueda convertirme en su protector desde el cielo». Fue beatificado el 7 de octubre de 1990 por Juan Pablo II.
Oremos
Concédenos, Señor todopoderoso, que el ejemplo del Beato José Allamano nos estimule a una vida más perfecta y que cuantos celebramos su fiesta sepamos también imitar sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Calendario de fiestas marianas: Nuestra Señora de la Espina, Chalons-sur-Marne, Francia (Siglo 19)
J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 38-48)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarle la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.
Han oído ustedes que se dijo:
Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los pulicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario
Día del Señor
Confío, Señor, en tu misericordia
El Señor es compasivo y misericordioso
Antífona de Entrada
Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del Levítico (19, 1-2. 17-18)
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo.
No odies a tu hermano ni en lo secreto de tu corazón. Trata de corregirlo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengues ni guardes rencor a los hijos de tu pueblo. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor’ ”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 102
El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3, 16-23)
Hermanos: ¿No saben ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo.
Que nadie se engañe: si alguno de ustedes se tiene a sí mismo por sabio según los criterios de este mundo, que se haga ignorante para llegar a ser verdaderamente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es ignorancia ante Dios, como dice la Escritura:
Dios hace que los sabios caigan en la trampa de su propia astucia. También dice: El Señor conoce los pensamientos de los sabios y los tiene por vanos.
Así pues, que nadie se gloríe de pertenecer a ningún hombre, ya que todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo y Pedro, el mundo, la vida y la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes; ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
En aquel que cumple la palabra de Cristo el amor de Dios ha llegado a su plenitud.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 38-48)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarle la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.
Han oído ustedes que se dijo:
Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los pulicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pongamos en Dios nuestra confianza, y sabiendo que vela por el mundo, obra de sus manos, supliquémosle que lo bendiga y aleje de él todo mal.
Digamos:
Escúchanos, Señor.
Para que el Señor proteja a su Iglesia y haga que su vida y mensaje renueven la esperanza de todos los hombres en la resurrección que Cristo nos mereció.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Para que todos los obispos en comunión con el Papa, proclamen la sabiduría del amor que no conoce la rivalidad, la mentira ni el engaño.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Para que los que administran los bienes de la producción y el poder lo hagan con justicia, y promuevan la transformación de nuestra sociedad a fin de que a nadie falte lo necesario para vivir con dignidad.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Para que los cristianos crezcamos en el amor y seamos santos como Dios es Santo.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Para que cuantos son perseguidos a causa de su fe, unidos a Cristo paciente, no desfallezcan.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Para que con gozo celebremos en nuestra vida la dicha de ser discípulos del Señor, y para que seamos capaces de amar a todos sin poner condiciones.
Oremos.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Oh Dios, escucha las oraciones de tus hijos, y ya que nos llamas a la perfección, manifiéstanos siempre tu voluntad y danos tu amor para adelantar la llegada
de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que este sacrificio de acción de gracias y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Dominical VII
La salvación por la obediencia de Cristo
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso, que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino que lo quisiste en todo semejante a nosotros, menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que en él amabas.
Y con su obediencia nos devolviste aquellos dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido.
Por eso, ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos, diciendo:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Proclamaré Señor, todas tus maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Séptimo
Domingo
ciclo a
TRATAR BIEN A TODOS
— Debemos vivir la caridad en toda ocasión y circunstancia. Comprensión para quienes están en el error, pero firmeza ante la verdad y el bien.
— Caridad con quienes no nos aprecian, con quienes calumnian y difaman, con quienes se sienten enemigos..., con todos. Oración por ellos.
— La caridad nos lleva a vivir la amistad con un hondo sentido cristiano.
I. Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo... al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerce a andar una milla, ve con él dos... Son palabras de Jesús en el Evangelio de la Misa1, que nos invitan a vivir la caridad más allá de los criterios de los hombres. Ciertamente, en el trato con los demás no podemos ser ingenuos y hemos de vivir la justicia –también para exigir los propios derechos– y la prudencia, pero no debe parecernos excesiva cualquier renuncia o sacrificio en bien de otros. Así nos asemejamos a Cristo que, con su muerte en la Cruz, nos dio un ejemplo de amor por encima de toda medida humana.
Nada tiene el hombre tan divino –tan de Cristo– como la mansedumbre y la paciencia para hacer el bien2. «Busquemos aquellas virtudes –nos aconseja San Juan Crisóstomo– que, junto con nuestra salvación, aprovechan principalmente al prójimo... En lo terreno, nadie vive para sí mismo; el artesano, el soldado, el labrador, el comerciante, todos sin excepción contribuyen al bien común y al provecho del prójimo. Con mayor razón en lo espiritual, porque este es el vivir verdadero. El que solo vive para sí y desprecia a los demás es un ser inútil, no es hombre, no pertenece a nuestro linaje»3.
Las múltiples llamadas del Señor –y especialmente su mandamiento nuevo4– para vivir en todo momento la caridad han de estimularnos a seguirle de cerca con hechos concretos, buscando la ocasión de ser útiles, de proporcionar alegrías a quienes están a nuestro lado, sabiendo que nunca adelantaremos lo suficiente en esta virtud. En la mayoría de los casos se concretará solo en pequeños detalles, en algo tan simple como una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto amable... Todo esto es grande a los ojos de Dios, y nos acerca mucho a Él. Al mismo tiempo, consideramos hoy en nuestra oración todos esos aspectos en los que, si no estamos vigilantes, sería fácil faltar a la caridad: juicios precipitados, crítica negativa, falta de consideración con las personas por ir demasiado ocupados en algún asunto propio, olvidos... No es norma del cristiano el ojo por ojo y diente por diente, sino la de hacer continuamente el bien aunque, en ocasiones, no obtengamos aquí en la tierra ningún provecho humano. Siempre se habrá enriquecido nuestro corazón.
La caridad nos lleva a comprender, a disculpar, a convivir con todos, de modo que «quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa deben ser también objeto de nuestro respeto y de nuestro aprecio (...).
«Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad que salva. Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando está desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa»5. «Un discípulo de Cristo jamás tratará mal a persona alguna; al error le llama error, pero al que está equivocado le debe corregir con afecto; si no, no le podrá ayudar, no le podrá santificar»6, y esa es la mayor muestra de amor y de caridad.
II. El precepto de la caridad no se extiende solo a quienes nos quieren y nos tratan bien, sino a todos, sin excepción. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian.
También, si alguna vez nos sucede, debemos vivir la caridad con quienes nos hacen mal, con los que nos difaman y quitan la honra, con quienes buscan positivamente perjudicarnos. El Señor nos dio ejemplo en la Cruz7, y el mismo camino del Maestro siguieron sus discípulos8. Él nos enseñó a no tener enemigos personales –como han atestiguado con heroísmo los santos de todas las épocas– y a considerar el pecado como el único mal verdadero. La caridad adquirirá diversas manifestaciones que no están reñidas con la prudencia y la defensa justa, con la proclamación de la verdad ante la difamación, y con la firmeza en defensa del bien y de los legítimos intereses propios o del prójimo, y de los derechos de la Iglesia. Pero el cristiano ha de tener siempre un corazón grande para respetar a todos, incluso a los que se manifiestan como enemigos, «no porque son hermanos –señala San Agustín–, sino para que lo sean; para andar siempre con amor fraterno hacia el que ya es hermano y hacia el que se manifiesta como enemigo, para que venga a ser hermano»9.
Esta manera de actuar, que supone una honda vida de oración, nos distingue claramente de los paganos y de quienes de hecho no quieren vivir como discípulos de Cristo. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen también lo mismo los paganos? La fe cristiana pide no solo un comportamiento humano recto, sino virtudes heroicas, que se ponen de manifiesto en el vivir ordinario.
También, con la ayuda de la gracia, viviremos la caridad con quienes no se comportan como hijos de Dios, con los que le ofenden, porque «ningún pecador, en cuanto tal, es digno de amor, pero todo hombre, en cuanto tal, es amable por Dios»10. Todos siguen siendo hijos de Dios y capaces de convertirse y alcanzar la gloria eterna. La caridad nos impulsará a la oración, a la ejemplaridad, al apostolado, a la corrección fraterna, confiando en que todo hombre es capaz de rectificar sus errores. Si alguna vez son particularmente dolorosas las ofensas, las injurias, las calumnias, pediremos ayuda a Nuestra Señora, a la que, en muchas ocasiones, hemos contemplado al pie de la Cruz, sintiendo muy de cerca aquellas infamias contra su Hijo: y gran parte de aquellas injurias, no lo olvidemos, eran nuestras. Nos dolerán más por la ofensa a Dios que significan, y por el daño que pueden causar a otras personas, y nos moverán a desagraviar al Señor y a reparar en lo que esté en nuestras manos.
III. El corazón del cristiano ha de ser grande. Evidentemente, su caridad debe ser ordenada y, en consecuencia, ha de comenzar a vivirla con los más próximos, con aquellas personas que, por voluntad de Dios, están a su alrededor; sin embargo, nuestro aprecio y afecto nunca puede ser excluyente o limitarse a ámbitos reducidos. No quiere el Señor un apostolado de tan cortos horizontes.
La unión con Dios que procuramos hacer fructificar con su gracia en nuestra conducta nos debe llevar a tener presente la dimensión entrañablemente humana del apostolado. La actitud del cristiano, su convivencia con todos, debe parecerse a un generoso caudal de cariño sobrenatural y cordialidad humana, procurando superar la tendencia al egoísmo, a quedarse en sus cosas.
En nuestra oración personal pedimos al Señor que nos ensanche el corazón; que nos ayude a ofrecer sinceramente a más personas nuestra amistad; que nos impulse a hacer apostolado con cada uno, aunque no seamos correspondidos, aunque sea necesario a menudo enterrar nuestro propio yo, ceder en el propio punto de vista o en un gusto personal. La amistad leal incluye un esfuerzo positivo –que mantendremos en el trato asiduo con Jesucristo– «por comprender las convicciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a compartirlas, ni a aceptarlas»11 porque no puedan conciliarse con nuestras convicciones de cristianos.
El Señor no deja de perdonar nuestras ofensas siempre que volvemos a Él movidos por su gracia; tiene paciencia infinita con nuestras mezquindades y errores; por eso, nos pide –así nos lo ha enseñado en el Padrenuestro de modo expreso– que tengamos paciencia ante situaciones y circunstancias que dificultan acercarse a Dios a personas, conocidos o amigos, que encontramos a nuestro paso. La falta de formación y la ignorancia de la doctrina, los defectos patentes, incluso una aparente indiferencia, no han de apartarnos de esas personas, sino que han de ser para nosotros llamadas positivas, apremiantes, luces que señalan una mayor necesidad de ayuda espiritual en quienes los padecen: han de ser estímulo para intensificar nuestro interés por ellos, por cada uno. Nunca motivo para alejarnos.
Formulemos un propósito concreto que nos acerque a los parientes, amigos y conocidos que más lo necesitan, y pidamos gracias a la Santísima Virgen para llevarlo a cabo.
1 Mt 5, 38-48. — 2 Cfr. San Gregorio Nacianceno, Oración 17, 9. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 77, 6. — 4 Cfr. Jn 13, 34-35; 15, 12. — 5 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 28. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 9. — 7 Cfr. Lc 23, 34. — 8 Cfr. Hech 7, 60. — 9 San Agustín, Comentario a la 1ª Epístola de San Juan, 4, 10, 7. — 10 ídem, Sobre la doctrina cristiana, 1, 27. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 746.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Policarpo
obispo y mártir
(año 155)
Policarpo significa: el que produce muchos frutos de buenas obras. (poli = mucho, carpo = fruto).
San Policarpo tuvo el inmenso honor de ser discípulo del apóstol San Juan Evangelista. Los fieles le profesaban una gran admiración. Y entre sus discípulos tuvo a San Ireneo y a varios varones importantes más.
En una carta a un cristiano que había dejado la verdadera fe y se dedicaba a enseñar errores, le dice así San Ireneo: "Esto no era lo que enseñaba nuestro venerable maestro San Policarpo. Ah, yo te puedo mostrar el sitio en el que este gran santo acostumbraba sentarse a predicar. Todavía recuerdo la venerabilidad de su comportamiento, la santidad de su persona, la majestad de su rostro y las santísimas enseñanza con que nos instruía. Todavía me parece estarle oyendo contar que él había conversado con San Juan y con muchos otros que habían conocido a Jesucristo, y repetir las palabras que había oído de ellos. Y yo te puedo jurar que si San Policarpo oyera las herejías que ahora están diciendo algunos, se taparía los oídos y repetiría aquella frase que acostumbraba decir: Dios mío, ¿por qué me has hecho vivir hasta hoy para oír semejantes horrores? Y se habría alejado inmediatamente de los que afirman tales cosas".
San Policarpo era obispo de la ciudad de Esmirna, en Turquía, y fue a Roma a dialogar con el Papa Aniceto para ver si podían ponerse de acuerdo para unificar la fecha de fiesta de Pascua entre los cristianos de Asia y los de Europa. Y andando por Roma se encontró con un hereje que negaba varias verdades de la religión católica. El otro le preguntó: ¿No me conoces? Y el santo le respondió: ¡Si te conozco. Tu eres un hijo de Satanás!
Cuando San Ignacio de Antioquía iba hacia Roma, encadenado para ser martirizado, San Policarpo salió a recibirlo y besó emocionado sus cadenas. Y por petición de San Ignacio escribió una carta a los cristianos del Asia, carta que según San Jerónimo, era sumamente apreciada por los antiguos cristianos.
Los cristianos de Esmirna escribieron una bellísima carta poco después del martirio de este gran santo, y en ella nos cuentan datos muy interesantes, por ejemplo los siguientes:
"Cuando estalló la persecución, Policarpo no se presentó voluntariamente a las autoridades para que lo mataran, porque él tenía temor de que su voluntad no fuera lo suficientemente fuerte para ser capaz de enfrentarse al martirio, y porque sus fuerzas no eran ya tan grandes pues era muy anciano. El se escondió, pero un esclavo fue y contó dónde estaba escondido y el gobierno envió un piquete de soldados a llevarlo preso. Era de noche cuando llegaron. El se levantó de la cama y exclamó: "Hágase la santa voluntad de Dios". Luego mandó que les dieran una buena cena a los que lo iban a llevar preso y les pidió que le permitieran rezar un rato. Pasó bastantes minutos rezando y varios de los soldados, al verlo tan piadoso y tan santo, se arrepintieron de haber ido a llevarlo preso.
El populacho estaba reunido en el estadio y allá fue llevado Policarpo para ser juzgado. El gobernador le dijo: "Declare que el César es el Señor". Policarpo respondió: "Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de Dios". Añadió el gobernador: ¿Y qué pierde con echar un poco de incienso ante el altar del César? Renuncie a su Cristo y salvará su vida. A lo cual San Policarpo dio una respuesta admirable. Dijo así: "Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y El nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a El ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo".
El gobernador le grita: "Si no adora al César y sigue adorando a Cristo lo condenaré a las llamas",. Y el santo responde: "Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga".
En ese momento el populacho empezó a gritar: ¡Este es el jefe de los cristianos, el que prohibe adorar a nuestros dioses. Que lo quemen! Y también los judíos pedían que lo quemaran vivo. El gobernador les hizo caso y decretó su pena de muerte, y todos aquellos enemigos de nuestra santa religión se fueron a traer leña de los hornos y talleres para encender una hoguera y quemarlo.
Hicieron un gran montón de leña y colocaron sobre él a Policarpo. Los verdugos querían amarrarlo a un palo con cadenas pero él les dijo: "Por favor: déjenme así, que el Señor me concederá valora para soportar este tormento sin tratar de alejarme de él". Entonces lo único que hicieron fue atarle las manos por detrás.
Policarpo, elevando los ojos hacia el cielo, oró así en alta voz: "Señor Dios, Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus mártires, y me das el gran honor de poder participar del cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Cestial por tu santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos".
"Tan pronto terminó Policarpo de rezar su oración, prendieron fuego a la leña, y entonces sucedió un milagro ante nuestros ojos y a la vista de todos los que estábamos allí presentes (sigue diciendo la carta escrita por los testigos que presenciaron su martirio): las llamas, haciendo una gran circunferencia, rodearon al cuerpo del mártir, y el cuerpo de Policarpo ya no parecía un cuerpo humano quemado sino un hermoso pan tostado, o un pedazo de oro sacado de un horno ardiente. Y todos los alrededores se llenaron de un agradabilísimo olor como de un fino incienso. Los verdugos recibieron la orden de atravesar el corazón del mártir con un lanzazo, y en ese momento vimos salir volando desde allí hacia lo alto una blanquísima paloma, y al brotar la sangre del corazón del santo, en seguida la hoguera se apagó".
"Los judíos y paganos le pidieron al jefe de la guardia que destruyeran e hicieran desaparecer el cuerpo del mártir, y el militar lo mandó quemar, pero nosotros alcanzamos a recoger algunos de sus huesos y los veneramos como un tesoro más valioso que las más ricas joyas, y los llevamos al sitio donde nos reunimos para orar".
El día de su martirio fue el 23 de febrero del año 155.
Esta carta, escrita en el propio tiempo en que sucedió el martirio, es una narración verdaderamente hermosa y provechosa.
Concédanos el Dios Todopoderoso poder también nosotros como San Policarpo ser fieles a Nuestro Señor Jesucristo hasta el último momento de nuestra vida.
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Lazaro Pintor, San Monje, 23 de febrero
Febrero 23
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La emperatriz Teodora, que era cristiana, fue a ver a Lázaro con la intención de esconderlo en la iglesia de san Juan. |
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Rafaela Ybarra, Beata Fundadora, 23 Febrero
Fundadora
Etimológicamente significa “medicina de Dios”.
Viene de la lengua hebrea. |
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Sereno, San Mártir, 23 de febrero
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Febrero 23
Etimológicamente significa “tranquilo,
pacífico, transparente”. Viene de la lengua latina. |
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Romina o Romana, Santa Biografía, 23 de febrero
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Mártir de amor a Cristo y a los demás
Etimológicamente Romina es una forma derivada
de Romana y significa “señora de Roma”. Su fiesta se
celebra el 23 de febrero en recuerdo de Santa Romana
virgen, mártir en Todi (ciudad italiana) en el siglo IV. |
J†A
JMJ
Pax
El ayuno y las tentaciones de Jesús
† Lectura del santo Evangelio Según san Mateo 4, 1-11
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu
para ser
tentado por el demonio. Y después de ayunar cuarenta días y
cuarenta noches, al
final tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo:
"Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en
panes".
Jesús le respondió:
"Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino también de
toda
palabra que sale de la boca de Dios"".
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la
parte más alta el
templo y le dijo:
"Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
"Mandará a
sus ángeles que te cuiden y te tomarán en sus manos, para que no
tropiece con
las piedras tu pie"".
Jesús le contestó:
"También está escrito:
"No tentarás al Señor, tu Dios"".
Luego lo llevó el diablo a una montaña muy alta y mostrándole la
grandeza de
todos los reinos del mundo le dijo:
"Todo esto te daré si te postras y me adoras".
Jesús le replicó:
"Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu
Dios,
sólo a él darás culto"".
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le
servían.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Me invocarán y los escucharé; los libraré, los glorificaré, prolongaré los días de su vida.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que las prácticas anuales
propias de la Cuaresma
nos ayuden a progresar en el conocimiento de Cristo y a llevar
una vida más
cristiana.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Creación y pecado de nuestros primeros padres
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Después de haber creado
el cielo y la tierra, el Señor
Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló
en las narices un
aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó
el Señor un jardín
al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado.
El Señor Dios hizo
brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y
sabrosos frutos, y
además, en medio del jardín, el árbol de la vida del
conocimiento del bien y el
mal.
La serpiente, que era el más astuto de los animales del campo
que había creado
el Señor Dios, dijo a la mujer:
"¿Con qué Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del
jardín?"
La mujer respondió:
"Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero
del árbol
que está en el centro del jardín, dijo Dios:
"No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario,
habrán de
morir"".
La serpiente replicó a la mujer:
"De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que
coman de los
frutos de es árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán
como Dios, que
conoce el bien y el mal".
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la
vista y
codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de
su fruto, comió
y le dio a su marido, el cual también comió. Entonces se les
abrieron los ojos
a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos.
Entrelazaron unas hojas
de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 50
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu
inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de
todos mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que
reconozco mis culpas, tengo
siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor,
haciendo lo que tus
ojos eran malo.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí
Señor, un corazón puro, un
espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos No me arrojes,
Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo Espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme
tu salvación, que regocija,
mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y
cantará mi boca tu
alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
El don de Dios supera con mucho al delito
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Así como por un solo hambre entró el pecado en el mundo y por
el pecado entró
la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque
todos pecaron.
Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y,
sin embargo, la
muerte reino desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que
no Pecaron como
pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por
lo demás Adán era
figura de Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si
por el delito de
un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el
don de un solo
hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia
de la vida y la
gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del
pecado de Adán con
los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la
sentencia vino a causa
de un solo pecado y fue sentenciado de condenación, pero el
don de la gracia
sobreabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hambre, Adán,
vino la condenación
para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo,
ha venido para
todos la justificación que da la vida. Y así como por la
desobediencia de uno,
todos fueron hechos pecadores, así como por la desobediencia
de uno, todos
serán hecho justos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra
que sale de la boca
de Dios.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
El ayuno y las tentaciones de Jesús
† Lectura del santo Evangelio Según san Mateo 4, 1-11
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús fue conducido al desierto por el
Espíritu para ser
tentado por el demonio. Y después de ayunar cuarenta días y
cuarenta noches, al
final tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le
dijo:
"Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan
en
panes".
Jesús le respondió:
"Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino también de
toda
palabra que sale de la boca de Dios"".
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la
parte más alta el
templo y le dijo:
"Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
"Mandará a
sus ángeles que te cuiden y te tomarán en sus manos, para que
no tropiece con
las piedras tu pie"".
Jesús le contestó:
"También está escrito:
"No tentarás al Señor, tu Dios"".
Luego lo llevó el diablo a una montaña muy alta y mostrándole
la grandeza de
todos los reinos del mundo le dijo:
"Todo esto te daré si te postras y me adoras".
Jesús le replicó:
"Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor,
tu Dios,
sólo a él darás culto"".
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le
servían.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Intercedamos, amados hermanos y hermanas, ante la divina
clemencia, implorando
la misericordia divina en favor de todos los humanos y
suplicando el perdón
para cuantos hemos pecado:
Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que, en este tiempo
de Cuaresma, Dios conceda a
todos los fieles la fuerza necesaria para luchar contra el
mal, convertirse de
su mala conducta y retornar al camino del bien, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que, quienes
abundan en bienes, sepan moderar el
uso de sus propias riquezas en provecho de los necesitados, y
no vivan absortos
en los bienes de este mundo, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que, quienes se han
alejado de la Iglesia, a
causa de nuestros escándalos o de nuestra tibieza, se
reincorporen a la familia
de Dios, y a nosotros el Señor nos perdone el pecado de
escándalo, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que, nuestros
corazones lleguen a ser, por medio
de la penitencia cuaresmal, aquella tierra fecunda en la que
la palabra de Dios
produce fruto del ciento por uno, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza
humana herida por el
pecado de Adán; escucha las oraciones de tu pueblo y concédele
iniciar el
camino cuaresmal con la fuerza de tu palabra, para que venza
las tentaciones
del Maligno y llegue gozoso a las fiestas pascuales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Te pedimos, Señor, que nuestra vida sea conforme con estos dones que te presentamos y que inauguran el camino de la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las tentaciones del Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias
siempre y en todo lugar Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso
y eterno, por
Cristo, Señor nuestro.
El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar
alimento, inauguró la
práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las
tentaciones del
enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta
Pascua, podremos
pasar un día a la Pascua que no acaba.
Por eso,
con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin
cesar:
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.
Oremos:
Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe,
consolida la esperanza
y fortalece al amor, te rogamos, Dios nuestro, que nos hagas
sentir hambre de
Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñes a vivir
constantemente de toda palabra que sale de tu boca.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Cuaresma. Primer domingo
LAS TENTACIONES DE JESÚS
— El Señor permite que seamos tentados para que crezcamos en las virtudes.
— Las tentaciones de Jesús. El demonio nos prueba de modo parecido.
— El Señor está siempre a nuestro lado. Armas para vencer.
I. “La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación, que culminan en la Cruz y en la gloria de la Pascua. Cuarenta días de oración y de penitencia. Al terminar, tuvo lugar la escena que la liturgia de hoy ofrece a nuestra consideración, recogiéndola en el Evangelio de la Misa: las tentaciones de Cristo (Cfr. Mt 4, 1-11).
“Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender –Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno–, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene”1.
Es la primera vez que interviene el diablo en la vida de Jesús y lo hace abiertamente. Pone a prueba a Nuestro Señor; quizá quiere averiguar si ha llegado ya la hora del Mesías. Jesús se lo permitió para darnos ejemplo de humildad y para enseñarnos a vencer las tentaciones que vamos a sufrir a lo largo de nuestra vida: “como el Señor todo lo hacía para nuestra enseñanza –dice San Juan Crisóstomo–, quiso también ser conducido al desierto y trabar allí combate con el demonio, a fin de que los bautizados, si después del bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por eso, como si no fuera de esperar”2. Si no contáramos con las tentaciones que hemos de padecer abriríamos la puerta a un gran enemigo: el desaliento y la tristeza.
Quería Jesús enseñarnos con su ejemplo que nadie debe creerse exento de padecer cualquier prueba. “Las tentaciones de Nuestro Señor son también las tentaciones de sus servidores de un modo individual. Pero su escala, naturalmente, es diferente: el demonio no va a ofreceros a vosotros ni a mí –dice Knox– todos los reinos del mundo. Conoce el mercado y, como buen vendedor, ofrece exactamente lo que calcula que el comprador tomará. Supongo que pensará, con bastante razón, que la mayor parte de nosotros podemos ser comprados por cinco mil libras al año, y una gran parte de nosotros por mucho menos. Tampoco nos ofrece sus condiciones de modo tan abierto, sino que sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad no tarda mucho en señalarnos a vosotros y a mí cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra fe católica”3.
El Señor, como se nos recuerda en el Prefacio de la Misa de hoy, nos enseña con su actuación cómo hemos de vencer las tentaciones y además quiere que saquemos provecho de las pruebas por las que vamos a pasar. Él “permite la tentación y se sirve de ella providencialmente para purificarte, para hacerte santo, para desligarte mejor de las cosas de la tierra, para llevarte a donde Él quiere y por donde Él quiere, para hacerte feliz en una vida que no sea cómoda, y para darte madurez, comprensión y eficacia en tu trabajo apostólico con las almas, y... sobre todo para hacerte humilde, muy humilde”4. Bienaventurado el varón que soporta la tentación –dice el Apóstol Santiago– porque, probado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman5.
II. El demonio tienta aprovechando las necesidades y debilidades de la naturaleza humana.
El Señor, después de haber pasado cuarenta días y cuarenta noches ayunando, debe encontrarse muy débil, y siente hambre como cualquier hombre en sus mismas circunstancias. Este es el momento en que se acerca el tentador con la proposición de que convierta las piedras que allí había en el pan que tanto necesita y desea.
Y Jesús “no solo rechaza el alimento que su cuerpo pedía, sino que aleja de sí una incitación mayor: la de usar del poder divino para remediar, si podemos hablar así, un problema personal (...).
“Generosidad del Señor que se ha humillado, que ha aceptado en pleno la condición humana, que no se sirve de su poder de Dios para huir de las dificultades o del esfuerzo. Que nos enseña a ser recios, a amar el trabajo, a apreciar la nobleza humana y divina de saborear las consecuencias del entregamiento”6.
Nos enseña también este pasaje del Evangelio a estar particularmente atentos, con nosotros mismos y con aquellos a quienes tenemos una mayor obligación de ayudar, en esos momentos de debilidad, de cansancio, cuando se está pasando una mala temporada, porque el demonio quizá intensifique entonces la tentación para que nuestras vidas tomen otros derroteros ajenos a la voluntad de Dios.
En la segunda tentación, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles de que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra. Y le respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Era en apariencia una tentación capciosa: si te niegas, demostrarás que no confías en Dios plenamente; si aceptas, le obligas a enviar, en provecho personal, a sus ángeles para que te salven. El demonio no sabe que Jesús no tendría necesidad de ángel alguno.
Una proposición parecida, y con un texto casi idéntico, oirá el Señor ya al final de su vida terrena: Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él7.
Cristo se niega a hacer milagros inútiles, por vanidad y vanagloria. Nosotros hemos de estar atentos para rechazar, en nuestro orden de cosas, tentaciones parecidas: el deseo de quedar bien, que puede surgir hasta en lo más santo; también debemos estar alerta ante falsas argumentaciones que pretendan basarse en la Sagrada Escritura, y no pedir (mucho menos exigir) pruebas o señales extraordinarias para creer, pues el Señor nos da gracias y testimonios suficientes que nos indican el camino de la fe en medio de nuestra vida ordinaria.
En la última de las tentaciones, el demonio ofrece a Jesús toda la gloria y el poder terreno que un hombre puede ambicionar. Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: —Todas estas cosas te daré si postrándote delante de mí, me adoras. El Señor rechazó definitivamente al tentador.
El demonio promete siempre más de lo que puede dar. La felicidad está muy lejos de sus manos. Toda tentación es siempre un miserable engaño. Y para probarnos, el demonio cuenta con nuestras ambiciones. La peor de ellas es la de desear, a toda costa, la propia excelencia; el buscarnos a nosotros mismos sistemáticamente en las cosas que hacemos o proyectamos. Nuestro propio yo puede ser, en muchas ocasiones, el peor de los ídolos.
Tampoco podemos postrarnos ante las cosas materiales haciendo de ellas falsos dioses que nos esclavizarían. Los bienes materiales dejan de ser bienes si nos separan de Dios y de nuestros hermanos los hombres.
Tendremos que vigilar, en lucha constante, porque permanece en nosotros la tendencia a desear la gloria humana, a pesar de haberle dicho muchas veces al Señor que no queremos otra gloria que la suya. También a nosotros se dirige Jesús: Adorarás al Señor Dios tuyo; y a Él solo servirás. Y eso es lo que deseamos y pedimos: servir a Dios en la vocación a la que nos ha llamado.
III. El Señor está siempre a nuestro lado, en cada tentación, y nos dice: Confiad: Yo he vencido al mundo8. Y nosotros nos apoyamos en Él, porque, si no lo hiciéramos, poco conseguiríamos solos: Todo lo puedo en Aquel que me conforta9. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?10.
Podemos prevenir la tentación con la mortificación constante en el trabajo, al vivir la caridad, en la guarda de los sentidos internos y externos. Y junto a la mortificación, la oración: Velad y orad para no caer en la tentación11. También debemos prevenirla huyendo de las ocasiones de pecar por pequeñas que sean, pues el que ama el peligro perecerá en él12, y teniendo el tiempo bien ocupado, principalmente cumpliendo bien nuestros deberes profesionales, familiares y sociales.
Para combatir la tentación “habremos de repetir muchas veces y con confianza la petición del padrenuestro: no nos dejes caer en la tentación, concédenos la fuerza de permanecer fuertes en ella. Ya que el mismo Señor pone en nuestros labios tal plegaria, bien estará que la repitamos continuamente.
“Combatimos la tentación manifestándosela abiertamente al director espiritual, pues el manifestarla es ya casi vencerla. El que revela sus propias tentaciones al director espiritual puede estar seguro de que Dios otorga a este la gracia necesaria para dirigirle bien”13.
Contamos siempre con la gracia de Dios para vencer cualquier tentación. “Pero no olvides, amigo mío, que necesitas de armas para vencer en esta batalla espiritual. Y que tus armas han de ser estas: oración continua; sinceridad y franqueza con tu director espiritual; la Santísima Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia; un generoso espíritu de cristiana mortificación que te llevará a huir de las ocasiones y evitar el ocio; la humildad del corazón, y una tierna y filial devoción a la Santísima Virgen: Consolatrix afflictorum et Refugium peccatorum, consuelo de los afligidos y refugio de los pecadores. Vuélvete siempre a Ella confiadamente y dile: Mater mea, fiducia mea; ¡Madre mía, confianza mía!”14.
1 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 61. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 13, 1. — 3 R. A. Knox, Sermones pastorales, p. 79. — 4 S. Canals, Ascética Meditada, 14ª ed., Madrid 1980, p. 127. — 5 Sant 1, 12. — 6 San Josemaría Escrivá, loc. cit. — 7 Mt 27, 42. — 8 Jn 16, 33. — 9 Flp 4, 13. — 10 Sal 26, 1. — 11 Mt 26, 41. — 12 Eccl 3, 27. — 13 B. Baur, En la intimidad con Dios, Herder. Barcelona 1975, 10ª ed., p. 121. — 14 S. Canals, o. c., p. 128.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Rosendo, Santo Obispo, 1 Marzo
Obispo
frente de las tropas y arengaba a sus soldados
con estas palabras:"Ellos con carros y caballos,
nosotros en el nombre del Señor". |
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Eudoxia, Santa Mártir, 1 Marzo
Mártir
|
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Albino de Angers, Santo Obispo, 1 Marzo
|
|
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Fuente: ACI
Prensa
Félix III, Santo
XLVIII Papa, Marzo
1
XLVIII Papa (483-492) Martirologio Romano: En la
basílica de San Pablo de Roma, en la vía Ostiense, san
Félix III, papa, que fue antepasado del papa san
Gregorio I Magno (492). |
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Fuente:
Chcsa.org
Albino de Vercelli, Santo
Obispo, 1
Marzo
Obispo de la diócesis de Vercelli, fue
consagrado en el 452, en un período histórico muy
tormentoso en Italia. |
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Fuente:
Oremosjuntos.com
Cristóbal de Milán, Beato
Dominico,
1 Marzo
Se llama al Beato Cristóbal "el apóstol de
Liguria", por el éxito con que envangelizó esa región de
Italia. |
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Fuente: ACI
Prensa
David (Dewi) de Gales,
Santo Obispo,
1 Marzo
San David, o Dewi Sant, como se le conoce en
idioma galés, es el santo patrono de Gales. Era un
monje, abad y obispo celta que vivió durante el siglo
VI. Fue arzobispo de Gales, y uno de los primeros santos
que ayudaron a diseminar el Cristianismo entre las
tribus celtas paganas del oeste de las islas británicas.
|
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Fuente:
Oremosjuntos.com
Domnina, Santa
Virgen, 1 Marzo
La Virgen Domnina de Siria era discípula de
San Mauro. |
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Fuente:
RadioVaticana.org
Suitberto de Kaiserswert,
Santo
Obispo, 1 Marzo
Hoy, 01 de marzo, la Iglesia conmemora a SAN
SUITBERTO, quien descansara en el Señor en un día como
hoy del año 713, en el monasterio de Kaiserswerth, cerca
de Dusseldorf, en Alemania. |
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Beata Giovanna María Bonomo
«Fue un ejemplo de fidelidad en la tribulación que acompañó a las gracias sobrenaturales que recibió, entre ellas los estigmas de la Pasión. Acusada incluso de demente, hasta sus hermanas de comunidad dudaron de su autenticiad»
Precocidad en su entrega a Dios e incomprensiones ante sus numerosas experiencias místicas y favores celestiales, fueron, entre otros, los signos que marcaron el acontecer de esta abadesa benedictina. Vino al mundo en Asiago, Italia, el 15 de agosto de 1606, en una familia acomodada y socialmente reconocida. Su padre Giovanni era un terrateniente dedicado al comercio, y su madre Virginia pertenecía a la rama de los Ceschi di Borgo Valsugana. En1612, cuando tenía alrededor de 6 años, quedó huérfana de madre, y su padre consideró oportuno encomendar su educación a las Hermanas Pobres de santa Clara en Trento, donde ingresó en 1615.
Con las religiosas obtuvo una interesante formación que le permitió adquirir destrezas en tareas propias que las jóvenes solían recibir entonces y que eran de gran utilidad, como las labores de punto. Además, tenía una sensibilidad artística que cultivó por medio de la literatura, la música y la danza, todo ello complementario a lo esencial para su vida: la educación religiosa. Tenía auténtica pasión por Cristo. Y llevada por ella obtuvo una gracia insólita en la época: tomar la primera comunión a sus 9 años. Como han hecho otras insignes discípulas de Jesús, con esa edad ya le consagró su virginidad. Y en aras de esta promesa efectuada libremente, a los 12 años intentó que su padre le permitiera ingresar en la vida religiosa.
Había elegido ser clarisa y pasar el resto de la existencia en la clausura de Trento donde estaba siendo formada. Sin embargo, su deseo contravenía los planes de su progenitor que había previsto que contrajera matrimonio, y con tal finalidad se la llevó consigo a Asiago, a la espera de que llegase el momento. En un principio se vio obligada a seguirle, pero fue tan insistente que logró torcer su voluntad. Lo que no pudo impedir es que recayese en él la elección del convento y de la Orden en la que consumaría su ofrenda. Así pues, con 15 años, como su padre autorizó su ingresó en el monasterio benedictino de san Jerónimo de Bassano, inició su vida religiosa. Es de suponer que Giovanni no fue consciente del trasfondo espiritual que conllevaba la presión a la que había sometido a su hija. Pero Dios se valía de su terquedad y actitud impositiva para conducir a la beata por el sendero previsto por Él.
Al profesar el 8 de septiembre de 1622 tomó el nombre de Giovanna María. Su primer éxtasis se produjo precisamente ese día. Con posterioridad, durante siete años continuaría siendo acreedora de numerosas y frecuentes gracias, que en su mayor parte venían unidas a la Eucaristía. Además, forma parte del selecto elenco de místicos que recibieron en su cuerpo los estigmas de la Pasión que eran manifiestos desde el jueves por la tarde hasta el sábado por la mañana. Oró fervorosamente para que desaparecieran, y en un momento dado obtuvo lo que pedía, pudiendo llevar vida normal como el resto de las religiosas. De todos modos, la presencia sobrenatural de Dios era particularmente manifiesta para ella en el instante de recibir la Sagrada Comunión. Como los signos extraordinarios con los que era agraciada no pudieron permanecer ocultos, atrajeron la atención de muchas personas que comenzaron a difundirlos juzgándolos una prueba de su santidad, lo cual le apenaba sobremanera. También suscitaron numerosos resquemores.
El signo de la contradicción acompaña siempre a los hijos de Dios; es una garantíade su autenticidad. A veces las controversias no vienen de fuera; tienen su origen en los más cercanos. Es la experiencia que ella tuvo que afrontar. Entre sus hermanas de comunidad hubo gran disparidad de opiniones. Algunas se negaban a aceptar lalegitimidadde los favores, y se inclinaban a juzgarlos como fruto de sus debilidades. Vanidad, superchería, herejía…, a Giovanna le perseguían las tribulaciones, y las consecuencias de la acepción divina hacia su persona fueron muy dolorosas humana y espiritualmente. Era la cruz a la que debía abrazarse, los momentos de prueba que han de afrontar los discípulos de Cristo, cada uno con las características particulares. En su caso vinieron acompañados de amargura, soledad, incomprensión, dudas y hasta aceradas críticas que iban más lejos. Su propio confesor la tildó como demente y le prohibió tomar la comunión. Además, tenía vedado comparecer en el locutorio y le impidieron escribir cartas.
Siete años duraron estas penalidades, que no vinieron solas. A ellas se unieron males físicos: ciática y fiebres, entre otros. Tenía en contra a todo el clero de Vicenza. Lo que se dice una corona de sufrimientos. Aislada en el convento, Cristo se hizo notar dándole consuelo. Extraía de su divino costado la Sagrada Forma y se la ofrecía con estas palabras:«Toma, esposa mía». Otras veces era un ángel el que tomaba de la patena la Hostia que el sacerdote distribuía y se la llevaba a ella. Cuando se aceptó la veracidad de sus experiencias místicas, revocaron las prohibiciones. Y en1652 fue elegida abadesa. Tres años más tarde fue priora, y nuevamente reelegida abadesa en1664.
Durante veinte años formó a sus hermanas en lo que conocía por experiencia: sobrenaturalizar lo ordinario, enseñándoles que no buscasen grandes gestas, sino la fidelidad evangélica a las pequeñas cosas de cada día. Sus sabios consejos eran demandados por muchas personas, incluso las pertenecientes a altos estamentos sociales. En todos dejó la huella de su paciencia, humildad y caridad. Socorrió a los pobres y a los marginados. Tuvo el don de bilocación y el de milagros. Murió en Bassano el 1 de marzo de 1670 con fama de santidad. Fue beatificada por Pío VI el 9 de junio de 1783.
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J†A
JMJ
Pax
Su rostro resplandeció como el sol
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
tomó consigo a Pedro, a Santiago y su hermano Juan, y se los
llevó aparte a una
montaña alta. Allí se transfiguró en su presencia y su rostro
resplandecía como
el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. Y se
les
aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. Entonces Pedro
dijo a Jesús:
"Señor, ¡qué bueno es estar aquí! Si quieres, haremos tres
chozas: una
para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con
su sombra, y
una voz desde la nube decía:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien me complazco; escúchenlo".
Al oír esto, los discípulos cayeron en tierra, llenos de gran
temor. Jesús se
acercó y tocándolos les dijo:
"Levántense, no teman".
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
"No cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del
hombre haya
resucitado de entre los muertos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca mi rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.
No se dice "Gloria".
Oremos:
Señor, Padre santo, tú que nos mandaste escuchar a tu amado
Hijo, alimenta
nuestra fe con tu palabra y purifica los ojos de nuestro
espíritu, para que
podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios
Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a
En aquellos días, dijo
el Señor a Abrahán:
"Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a
la tierra
que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te
bendeciré a los que te
bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán
bendecidos todos los
pueblos de la tierra". Abrahán partió , como se lo había
ordenado el
Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del Salmo 32
Señor, ten misericordia de nosotros.
Sincera es la palabra
del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y
el derecho, la
tierra llena está de sus bondades.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cuida el Señor de
aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la
muerte y en época
de hambre les da vida.
Señor, ten misericordia de nosotros.
En el Señor está
nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate
bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Dios nos llama y nos ilumina
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido hermano:
Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del
Evangelio, sostenido
por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos
ha llamado a que
le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras
buenas obras,
sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
Este don, que Dios ya nos ha concedido por medio de Cristo
Jesús desde toda la
eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo
Cristo Jesús,
nuestro salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la
luz de la vida y
de la inmortalidad, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
"Este es mi
Hijo amado: escúchenlo".
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Su rostro resplandeció como el sol
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
tomó consigo a Pedro, a Santiago y su hermano Juan, y se los
llevó aparte a una
montaña alta. Allí se transfiguró en su presencia y su rostro
resplandecía como
el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. Y se
les
aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. Entonces Pedro
dijo a Jesús:
"Señor, ¡qué bueno es estar aquí! Si quieres, haremos tres
chozas: una
para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con
su sombra, y
una voz desde la nube decía:
"Este es mi Hijo muy amado, en quien me complazco; escúchenlo".
Al oír esto, los discípulos cayeron en tierra, llenos de gran
temor. Jesús se
acercó y tocándolos les dijo:
"Levántense, no teman".
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
"No cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del
hombre haya
resucitado de entre los muertos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Padre de la misericordia,
árbitro de nuestros
actos, y Dios que escudriña lo profundo de nuestros corazones;
y, con espíritu
contrito, pidámosle que escuche la oración de su pueblo
penitente:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Para que Dios conceda a
sus fieles vivir estos días de
Cuaresma con verdadero espíritu de penitencia, y prepararse a
celebrar con
fruto el sacramento del perdón, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que quienes se han
apartado del camino del bien y
han muerto a causa del pecado, escuchen en estos días de
Cuaresma la voz del
Hijo de Dios y vivan, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Dios inspire
sentimientos de caridad a los
que tienen riquezas y multiplique los bienes de la tierra en
bien de todos,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que la penitencia
cuaresmal aleje de nosotros el
amor desordenado a los bienes visibles, y sane nuestra aridez
espiritual con el
deseo de los bienes del cielo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que llamaste a la fe a nuestros padres de
Israel, y nos has
concedido ser iluminados con la luz del evangelio, escucha
nuestras oraciones y
abre nuestros oídos, para que escuchando siempre la voz de tu
Hijo y aceptando
en nuestra vida el misterio de la cruz, podamos alcanzar la
gloria de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que esta ofrenda, Señor, nos obtenga el perdón de nuestro pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La transfiguración del Señor
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y
en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro.
Quien, después de anunciar su muerte a los discípulos, les
mostró en el monte
santo
el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la
Ley y los
Profetas, que la pasión es el camino de la resurrección.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la
tierra te aclamamos
diciendo sin cesar:
Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escúchenlo.
Oremos:
Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el
cuerpo glorioso
de tu Hijo, nos permites participar,
ya desde este mundo, de los bienes eternos de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
CUARESMA. SEGUNDO DOMINGO
DEL TABOR AL CALVARIO
- Lo que importa es estar siempre con Jesús. Él nos da la ayuda necesaria para seguir adelante.
- Fomentar con frecuencia, y especialmente en los momentos más difíciles, la esperanza del Cielo.
- El Señor no se separa de nosotros. Actualizar esa presencia de Dios.
I. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro, rezamos en la Antífona de entrada de la Misade hoy (1). El Evangelio nos cuenta lo que sucedió en el Tabor. Poco antesJesús había declarado a sus discípulos, en Cesarea de Filipo, que iba a sufrir y padecer en Jerusalén, a morir a manos de los príncipes de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas. Los Apóstoles habían quedado sobrecogidos y entristecidos por este anuncio. Ahora, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte (2), para orar (3). Sonlos tres discípulos que serán testigos de su agonía en el huerto de los Olivos. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente (4). Y le ven conversar con Elías y Moisés, queaparecían gloriosos y le hablaban de su muerte, que había de cumplirse enJerusalén (5).
Seis días llevaban los Apóstoles entristecidos por la predicación de Cesarea de Filipo. La ternura de Jesús hace que ahora contemplen su glorificación. San León Magno dice que “el principal fin de la transfiguración eradesterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz” (6). Nunca olvidarían los Apóstoles esta “gota de miel” que Jesús les daba en medio de suamargura. Muchos años más tarde San Pedro tiene perfectamente nítido estos momentos: ... cuando desde aquella extraordinaria gloria se le hizo llegar esta voz: Éste es mi Hijo querido, en quien me complazco. Esta voz, enviada del cielo, la oímos nosotros estando con Él en el monte santo (7). ElApóstol lo recordaría hasta el final de sus días.
Siempre hace así Jesús con los suyos. En medio de los mayores padecimientos da el consuelo necesario para seguir adelante.
Este destello de la gloria divina transportó a los Apóstoles a una inmensa felicidad, que hace exclamar a San Pedro: Señor, ¡bueno es permanecer aquí! Hagamos tres tiendas... Pedro quiere alargar aquella situación. Pero, como dirá más adelante el Evangelista, no sabía lo que decía; porquelo bueno, lo que importa, no es hallarse aquí o allí, sino estar siempre conJesús, en cualquier parte, y verle detrás de las circunstancias en que noshallamos. Si estamos con Él, es igual que nos encontremos en medio de losmayores consuelos del mundo, o en la cama de un hospital entre doloresindecibles. Lo que importa es sólo eso: verle y vivir siempre con Él. Es loúnico verdaderamente bueno e importante en esta vida y en la otra. Si permanecemos con Jesús, estaremos muy cerca de los demás y seremos felices, sea cual sea nuestro lugar y la situación en que nos encontremos. Vultum tuum, Domine, requiram: Deseo verte y buscaré tu rostro, Señor, enlas circunstancias ordinarias de mi jornada.
II. San Beda, comentando el pasaje del Evangelio de la Misa, dice queel Señor, “en una piadosa permisión, les permitió (a Pedro, a Santiago y aJuan) gozar durante un tiempo muy corto la contemplación de la felicidadque dura siempre, para hacerles sobrellevar con mayor fortaleza la adversidad” (8). El recuerdo de aquellos momentos junto al Señor en el monte fuesin duda una gran ayuda en tantas situaciones difíciles de la vida de estostres Apóstoles.
La existencia de los hombres es un caminar hacia el Cielo, nuestra morada (9). Caminar en ocasiones áspero y dificultoso, porque con frecuencia hemos de ir contra corriente y tendremos que luchar con muchos enemigosde dentro de nosotros mismos y de fuera. Pero quiere el Señor confortarnos con la esperanza del Cielo, de modo especial en los momentos más duros o cuando la flaqueza de nuestra condición se hace más patente: “A lahora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomentala virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad” (10). Allí “todo esreposo, alegría y regocijo; todo serenidad y calma, todo paz, resplandor yluz. Y no luz como ésta de que gozamos ahora y que, comparada con aquélla, no pasa de ser como una lámpara junto al sol... Porque allí no hay noche, ni tarde, ni frío, ni calor, ni mudanza alguna en el modo de ser, sinoun estado tal que sólo lo entienden quienes son dignos de gozarlo. No hayallí vejez, ni achaques, ni nada que semeje corrupción, porque es el lugar yaposento de la gloria inmortal...
“Y por encima de todo ello, el trato y goce sempiterno de Cristo, delos ángeles..., todos perpetuamente en un sentir común, sin temor a Satanás ni a las asechanzas del demonio ni a las amenazas del infierno o de lamuerte” (11).
Nuestra vida en el Cielo estará definitivamente exenta de todo posibletemor. No sufriremos la inquietud de perder lo que tenemos, ni desearemos tener algo distinto. Entonces verdaderamente podremos decir con SanPedro: Señor, ¡qué bien estamos aquí! El atisbo de gloria que tuvo el Apóstol lo tendremos en plenitud en la vida eterna. “Vamos a pensar lo que seráel Cielo. Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuálescosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imagináis qué serállegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amorque se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me preguntomuchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, todala maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso se barro que soyyo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello delApóstol: ni ojo vio, ni oído oyó... Vale la pena, hijos míos, vale la pena” (12).
El pensamiento de la gloria que nos espera debe espolearnos en nuestra lucha diaria. Nada vale tanto como ganar el cielo. “Y con ir siempre conesta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, sios llevare el Señaor con alguna sed en esta vida, daros ha de beber contoda abundancia en la otra y sin temor de que os haya de faltar” (13).
III. Una nube los envolvió enseguida (14). Recuerda a aquella otra queacompañaba a la presencia de Dios en el Antiguo Testamento: La nube envolvió el tabernáculo de la reunión y la gloria de Yahvé llenaba todo el lugar (15). Era la señal que garantizaba las intervenciones divinas: Yahvé dijo aMoisés: Yo vendré a ti en una nube densa, para que vea el pueblo que yohablo contigo y tengan siempre fe en ti (16). Esa nube envuelve ahora en elTabor a Cristo y de ella surge la voz poderosa de Dios Padre: Este es miHijo, el Amado, escuchadle a él. Y Dios Padre habla a través de Jesucristo a todos los hombres de todos los tiempos. Su voz se oye en cada época, de modo singular a travésde la enseñanza de la Iglesia, que “busca continuamente los caminos paraacercar este misterio de su Maestro y Señor al género humano: a los pueblos, a las naciones, a las generaciones que se van sucediendo, a todo hombre en particular” (17).
Al alzar sus ojos no vieron a nadie sino sólo a Jesús (18). Y no estabanElías y Moisés. Sólo ven al Señor. Al Jesús de siempre, que en ocasionespasa hambre, que se cansa, que se esfuerza para ser comprendido... A Jesús, sin especiales manifestaciones gloriosas. Lo normal para los Apóstolesfue ver al Señor así, lo excepcional fue verlo transfigurado.
A este Jesús debemos encontrar nosotros en nuestra vida ordinaria, en medio del trabajo, en la calle, en quienes nos rodean, en la oración, cuando perdona, en el sacramento de la Penitencia, y, sobre todo, en la Sagrada Eucaristía, donde se encuentra verdadera, real y sustancialmente presente. Pero normalmente no se nos muestra con particulares manifestaciones. Más aún, hemos de aprender a descubrir al Señor detrás de lo ordinario, de lo corriente, huyendo de la tentación de desear lo extraordinario.
Nunca debemos olvidar que aquel Jesús con el que estuvieron en elmonte Tabor aquellos tres privilegiados es el mismo que está junto a nosotros cada día. “Cuando Dios os concede la gracia de sentir su presencia ydesea que le habléis como al amigo más querido, exponedle vuestros sentimientos con toda libertad y confianza. Se anticipa a darse a conocer a losque le anhelan (Sab 6, 14). Sin esperar a que os acerquéis a Él, se anticipacuando deseáis su amor, y se os presenta, concediéndoos las gracias y remedios que necesitáis. Sólo espera de vosotros una palabra para demostraros que está a vuestro lado y dispuesto a escucharos y consolaros: Sus oídos están atentos a la oración (Sal 33, 16) (...).
“Los demás amigos, los del mundo, tienen horas que pasan conversando juntos y horas en que están separados; pero entre Dios y vosotros, si queréis, jamás habrá una hora de separación” (19).
¿No será nuestra vida distinta en esta Cuaresma, y siempre, si actualizáramos más frecuentemente esa presencia divina en lo habitual de cadadía, si procuráramos decir más jaculatorias, más actos de amor y de desagravio, más comuniones espirituales...? “Para tu examen diario: ¿he dejadopasar alguna hora, sin hablar con mi Padre Dios?... ¿He conversado con Él, con amor de hijo? -¡Puedes!” (20).
(1) Antífona de entrada. Sal 26, 8-9.- (2) Cfr. Mc 9, 2.- (3) Cfr. Lc 9, 28.- (4) Lc 9, 29.- (5) Cfr. Lc 9, 31.- (6) SAN LEON MAGNO, Sermón, 51, 3.- (7) 2 Pdr 1, 17-18.- (8) SAN BEDA, Comentario sobre San Marcos 8, 30; 1, 3.- (9) Cfr. 2 Cor, 5, 2.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 139.- (11) SAN JUAN CRISOSTOMO, Epístola 10 Teodoro, 11.- (12) J. ESCRIVA DE BALAGUER, en Hoja informativa n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5.- (13) SANTA TERESA, Camino de perfección, 20, 2.- (14) Cfr. Mc 9, 7.- (15) Ex 40, 34-35.- (16) Ex 19, 9.- (17) JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis, 7.- (18) Mt 17, 8.- (19) S. ALFONSO M0 DE LIGORIO, Cómo conversar continua y familiarmente con Dios, Ed. Crítica, Roma 1933, 63.- (20) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 657.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

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San
Juan de Dios
Fundador de la Comunidad
de Hermanos Hospitalarios
de San Juan de Dios
Año 1550
Nació
y murió un 8 de
marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en
1550 a los 55
años de edad.
De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era todavía joven. Su padre murió como religioso en un convento.
En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso permanecer libre de compromisos económicos y caseros pues deseaba dedicarse a labores más espirituales.
Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.
La Sma. Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en la guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado lo suficientemente alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó con toda fe a la Madre de Dios y logró que le perdonaran la vida. Y dejó la milicia, porque para eso no era muy adaptado.
Salido del ejército, quiso hacer un poco de apostolado y se dedicó a hacer de vendedor ambulante de estampas y libros religiosos.
Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niñito muy pobre y muy necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo. Aquel "pobrecito" era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo: "Granada será tu cruz", y desapareció.
Estando Juan en Granada de vendedor ambulante de libros religiosos, de pronto llegó a predicar una misión el famoso Padre San Juan de Avila. Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro hombre se arrodillo y empezó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador", y salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.
Se confesó, repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos sus pecados.
La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes.
Al fin lo llevaron al manicomio y los encargados le dieron fuertes palizas, pues ese era el medio que tenían en aquel tiempo para calmar a los locos: azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que Juan no se disgustaba por los azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a Dios. Pero al mismo tiempo corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres enfermos.
Aquella
estadía de
Juan en ese manicomio, que era un verdadero infierno, fue
verdaderamente
providencial, porque se dio cuenta del gran error que es
pretender curar las
enfermedades mentales con métodos de tortura. Y cuando quede
libre fundará un
hospital, y allí, aunque él sabe poco de medicina, demostrará
que él es mucho
mejor que los médicos, sobre todo en lo relativo a las
enfermedades mentales, y
enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles
primero el alma
si se quiere obtener después la curación de su cuerpo. Sus
religiosos atienden
enfermos mentales en todos los continentes y con grandes y
maravillosos
resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y de la
comprensión, en
vez del rigor de la tortura.
Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que a su convertido lo tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le aconsejó que ya no hiciera más la penitencia de hacerse el loco para ser martirizado por las gentes. Ahora se dedicará a una verdadera "locura de amor": gastar toda su vida y sus energías a ayudar a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.
Juan alquila una casa vieja y allí empieza a recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que le pida su ayuda. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.
Pronto se hizo popular en toda Granada el grito de Juan en las noches por las calles. El iba con unos morrales y unas ollas gritando: ¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a la puerta de sus casas y le regalaban cuanto les había sobrado de la comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera. Un verdadero héroe de la caridad.
El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila, y empezó a llamarlo "Juan de Dios", y así lo llamó toda la gente en adelante. Luego, como este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio una túnica negra como uniforme; así se vistió hasta su muerte, y así han vestido sus religiosos por varios siglos.
Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.
Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.
Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien, y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.
Al llegar a la casa de la rica señora, exclamó Juan: "OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador". Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.
El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo", y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.
Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.
San Juan de Dios: alcánzanos de Dios un gran amor hacia los enfermos y los pobres.
NOTA: Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los enfermos. Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa Comunidad.
Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Jesucristo Mt. 25,40).
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Veremundo, Santo Abad, 8 Marzo
Abad
Etimológicamente significa “verdaderamente
limpio”. Viene de la lengua alemana. |
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Faustino Miguez, Beato Presbítero Escolapio y Fundador, 8 Marzo
Sacerdote Escolapio y Fundador
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Fuente: ACI
Prensa
Vicente (o Vincent)
Kadlubek, Santo
Obispo de Cracovia, 8 Marzo
Obispo de Cracovia
de febrero de 1764, Clemente XIII ratificó su
culto con base en la solicitud de Wojciech Ziemicki,
abad de Jedrzejow. |
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Fuente: ACI
Prensa
Teófilo de Nicomedia,
Santo Obispo,
Marzo 8
Obispo Martirologio Romano: En
Nicomedia, de Bitinia, san Teofilacto, obispo, que
desterrado por defender el culto de las sagradas
imágenes, falleció en Estróbilo de Caria (c. 840).
Fue discípulo de San Tarasio quien al darse
cuenta de la vocación y dones del muchacho para la vida
religiosa, decidió confiárselo a otros de sus
discípulos, San Migel el Confesor, quien se hallaba
fundando un monasterio junto al Bósforo. Años más tarde,
y luego de soportar ambos las más duras y difíciles
pruebas, San Tarasio confirió la dignidad episcopal:
Teófilo recibió la sede de Nicomedia y Miguel a la
Sínada. |
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Fuente:
OremosJuntos.com
Félix de Dunwich, Santo
Obispo, 8
Marzo
San Félix, que convirtió a los anglos del
este, nació en la región de Borgoña (la cual ahora es
Francia). |
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J†A
JMJ
Pax
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo llegó
Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que
dio Jacob a su
hijo José: allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del
camino, estaba allí
sentado junto al pozo. Era cerca de mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le
dijo:
"Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar
comida).
La samaritana
le contestó:
"¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy
samaritana?"
(porque los judíos no se trababan con los samaritanos).
Jesús le dijo:
"Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de
beber, tú le
pedirías a Él, y Él te daría agua viva".
La mujer le respondió:
"Señor, si no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo,
¿cómo vas a
darme agua viva? ¿Eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos
dio este pozo
del que bebieron él y sus hijos y sus ganados?"
Jesús le contestó:
"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba
del agua
que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se
convertirá
dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna".
La mujer le dijo:
"Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que
venir aquí a
sacarla.
Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este
monte, y ustedes
dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén".
Jesús le dijo:
"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en
Jerusalén
adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros
adoramos a uno
que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está
aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y
en verdad,
porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es
espíritu, y los
que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo:
"Sé que va a venir el Mesías, Cristo; cuando venga Él nos lo
explicará
todo"
Jesús le dijo:
"Soy yo, el que habla contigo".
Cuando los samaritanos llegaron a verlo, le rogaban que se
quedara con ellos. Y
se quedó dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su palabra,
y decían a la
mujer:
"Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros
mismos lo
hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque Él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has
propuesto como remedio
del pecado el ayuno, la oración
y las obras de misericordia; mira con piedad a quienes
reconocemos nuestras
miserias y estamos agobiados por
nuestras culpas.
Por nuestro, Señor Jesucristo...
Amén.
Danos agua para beber
Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7
En aquellos días, el
pueblo, torturado por la sed,
murmuró contra Moisés:
"¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a
nosotros, a
nuestros hijos y a nuestro ganado?"
Moisés clamó al Señor y dijo:
"¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen".
Respondió el Señor a Moisés:
"Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos
de Israel;
lleva también en tu mano el bastón con que golpeaste el río y
vete, que allí
estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña
y saldrá de ella
agua para que beba el pueblo".
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel. Y
puso por nombre a
aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de
Israel y porque
habían tentado al Señor diciendo:
"¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan,
lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a Él, llenos de
júbilo, y démosle
gracias
.Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su corazón, como el día de la revelación en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo
Lectura
de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 5, 1-2.5-8
Hermanos:
Ya que hemos sido
justificados por la fe, estamos en
paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por
Él hemos obtenido
con la fe la entrada al mundo de la gracia en que nos
encontramos; y podemos
gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de
Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en
nuestros
corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del
pecado, Cristo
murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá quién quiera morir por un justo; aunque
puede haber alguno
dispuesto a morir por una persona sumamente buena.
Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por
nosotros, cuando
aún éramos
pecadores.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a Ti,
Señor Jesús.
Señor, Tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva
para que no vuelva a
tener sed.
Honor y gloria a Ti, Señor Jesús.
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo llegó
Jesús a un pueblo de Samaria,
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José:
allí estaba el
pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado
junto al pozo.
Era cerca de mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le
dijo:
"Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a
comprar
comida).
La samaritana
le contestó:
"¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy
samaritana?"
(porque los judíos no se trababan con los samaritanos).
Jesús le dijo:
"Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de
beber, tú le
pedirías a Él, y Él te daría agua viva".
La mujer le respondió:
"Señor, si no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo,
¿cómo vas a
darme agua viva? ¿Eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos
dio este pozo
del que bebieron él y sus hijos y sus ganados?"
Jesús le contestó:
"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba
del agua
que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré
se convertirá
dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna".
La mujer le dijo:
"Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que
venir aquí a sacarla.
Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este
monte, y ustedes
dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén".
Jesús le dijo:
"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni
en Jerusalén
adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros
adoramos a uno
que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está
aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu
y en verdad,
porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es
espíritu, y los
que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo:
"Sé que va a venir el Mesías, Cristo; cuando venga Él nos lo
explicará
todo"
Jesús le dijo:
"Soy yo, el que habla contigo".
Cuando los samaritanos llegaron a verlo, le rogaban que se
quedara con ellos. Y
se quedó dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su
palabra, y decían a la
mujer:
"Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros
mismos lo
hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del
mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el
desierto se entrega a
la oración, oremos también nosotros con insistencia a nuestro
Dios:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos Padre,
escúchanos.)
Para que todos los
fieles, por medio de las
penitencias y prácticas cuaresmales, sean purificados de sus
culpas y vean
fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que todos los
pueblos alcancen la paz, la
tranquilidad y el bienestar necesario, y puedan así buscar más
fácilmente los
bienes del cielo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor
conceda su fuerza a los que se ven
tentados o se sienten turbados, infunda el deseo de la
conversión a los
pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están
tristes o abatidos,
roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor
infunda en todos nosotros el deseo
de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a
celebrar debidamente
el sacramento pascual de la penitencia, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Celebrante:
Señor Dios nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de
ofrecernos el agua
viva de la gracia que brota de la roca, que es Cristo, el
Salvador; escucha
nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que
manifestemos con
valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos
las maravillas de
tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que esta eucaristía, Señor, nos obtenga a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, al pedir agua a la samaritana, ya había infundido en
ella la gracia de
la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer fue
para encender en
ella el fuego del amor divino.
Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza
cantando con los
ángeles:
El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.
Alimentados
ya desde esta vida con el
pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor,
manifestar en
todos
nuestros actos el misterio de tu eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Cuaresma. Tercer domingo
EL SENTIDO DE LA MORTIFICACIÓN
— Para seguir de verdad a Cristo es necesario llevar una vida mortificada y estar cerca de la Cruz. Quien rehúye el sacrificio, se aleja de la santidad.
— Con la mortificación nos elevamos hasta el Señor. Perder el miedo al sacrificio.
— Otros motivos de la mortificación.
I. Si todos los actos de la vida de Cristo son redentores, la salvación del género humano culmina en la Cruz, hacia la que Cristo encamina toda su vida en la tierra: Tengo que recibir un bautismo, y ¡cómo me siento urgido hasta que se cumpla!1, dirá a sus discípulos camino de Jerusalén. Les revela las ansias incontenibles de dar su vida por nosotros, y nos da ejemplo de su amor a la Voluntad del Padre muriendo en la Cruz. Y es en la Cruz donde el alma alcanza la plenitud de la identificación con Cristo. Ese es el sentido más profundo que tienen los actos de mortificación y penitencia.
Para ser discípulo del Señor es preciso seguir su consejo: el que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame2. No es posible seguir al Señor sin la Cruz. Las palabras de Jesús tienen vigencia en todos los tiempos, ya que fueron dirigidas a todos los hombres pues el que no toma su cruz y me sigue –nos dice a cada uno– no puede ser mi discípulo3. Tomar la cruz –la aceptación del dolor y de las contrariedades que Dios permite para nuestra purificación, el cumplimiento costoso de los propios deberes, la mortificación cristiana asumida voluntariamente– es condición indispensable para seguir al Maestro.
«¿Qué sería un Evangelio, un cristianismo sin Cruz, sin dolor, sin el sacrificio del dolor? –se preguntaba Pablo VI–. Sería un Evangelio, un Cristianismo sin Redención, sin Salvación, de la cual –debemos reconocerlo aquí con sinceridad despiadada– tenemos necesidad absoluta. El Señor nos ha salvado con la Cruz; con su muerte nos ha vuelto a dar la esperanza, el derecho a la Vida...»4. Sería un cristianismo desvirtuado que no serviría para alcanzar el Cielo, pues «el mundo no puede salvarse sino con la Cruz de Cristo»5.
Unida al Señor, la mortificación voluntaria y las mortificaciones pasivas adquieren su más hondo sentido. No son algo dirigido primariamente a la propia perfección, o una manera de sobrellevar con paciencia las contrariedades de esta vida, sino participación en el misterio de la Redención.
La mortificación puede parecer a algunos locura o necedad, residuo de otras épocas que no engarzan bien con los adelantos y el nivel cultural de nuestro tiempo. También puede ser signo de contradicción o piedra de escándalo para aquellos que viven olvidados de Dios. Pero todo esto no debe sorprender: ya San Pablo escribía que la Cruz era escándalo para los judíos, locura para los gentiles6 y en la medida en que los mismos cristianos pierden el sentido sobrenatural de sus vidas se resisten a entender que a Cristo solo le podemos seguir a través de una vida de sacrificio, cerca de la Cruz. «Si no eres mortificado nunca serás alma de oración»7. Y Santa Teresa señala: «Creer que (el Señor) admite a Su amistad a gente regalada y sin trabajos es disparate»8.
Los mismos Apóstoles que siguen a Cristo cuando es aclamado por multitudes, aunque le amaban profundamente e incluso estaban dispuestos a dar su vida por Él, no le siguen hasta el Calvario, pues aún –por no haber recibido al Espíritu Santo– eran débiles. Existe un largo camino entre ir en pos de Cristo cuando este seguimiento no exige mucho, y el identificarse plenamente con Él, a través de las tribulaciones, pequeñas y grandes, de una vida mortificada.
El cristiano que va por la vida rehuyendo sistemáticamente el sacrificio, que se rebela ante el dolor, se aleja también de la santidad y de la felicidad, que está muy cerca de la Cruz, muy cerca de Cristo Redentor.
II. El Señor pide a cada cristiano que le siga de cerca, y para esto es necesario acompañarle hasta el Calvario. Nunca deberíamos olvidar estas palabras: el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí9. Mucho antes de padecer en la Cruz, ya Jesús hablaba a sus seguidores de que habrían de cargar con ella.
Hay en la mortificación una paradoja, un misterio, que solo puede comprenderse cuando hay amor: detrás de la aparente muerte está la Vida; y el que con egoísmo trata de conservar la vida para sí, la pierde: el que quiera salvar su vida la perderá: y el que la pierda por mí la hallará10. Para dar frutos, amando a Dios, ayudando de una manera efectiva a los demás, es necesario el sacrificio. No hay cosecha sin sementera: si el grano de trigo no muere al caer en la tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto11. Para ser sobrenaturalmente eficaces debe uno morir a sí mismo mediante la continua mortificación, olvidándose por completo de su comodidad y de su egoísmo. «—¿No quieres ser grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas? —¡Que Jesús bendiga tu trigal!»12.
Debemos perder el miedo al sacrificio, a la voluntaria mortificación, pues la Cruz la quiere para nosotros un Padre que nos ama y sabe bien lo que más nos conviene. Él quiere siempre lo mejor para nosotros: Venid a mí los que estáis fatigados y cargados, nos dice, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave, y mi carga, ligera13. Junto a Cristo, las tribulaciones y penas no oprimen, no pesan, y por el contrario disponen al alma para la oración, para ver a Dios en los sucesos de la vida.
Con la mortificación nos elevamos hasta el Señor; sin ella quedamos a ras de tierra. Con el sacrificio voluntario, con el dolor ofrecido y llevado con paciencia y amor nos unimos firmemente al Señor. «Como si dijera: todos los que ardáis atormentados, afligidos y cargados con la carga de vuestros cuidados y apetitos, salid de ellos, viniendo a mí, y yo os recrearé, y hallaréis para vuestras almas el descanso que os quitan vuestros apetitos»14.
III. Para decidirnos a vivir con generosidad la mortificación, interesa comprender bien las razones que le dan sentido. A algunos les puede costar ser más mortificados porque no han entendido o descubierto ese sentido. Son varios los motivos que impulsan al cristiano hacia la mortificación. El primero es el que hemos considerado anteriormente: desear identificarse con el Señor y seguirle en su afán de redimir en la Cruz, ofreciéndose a Sí mismo en sacrificio al Padre. Nuestra mortificación tiene así los mismos fines de la Pasión de Cristo y de la Santa Misa, y se traduce en una unión cada vez más plena a la Voluntad del Padre.
Pero la mortificación es también medio para progresar en las virtudes. El sacerdote, en el diálogo que precede al Prefacio de la Misa, alza sus manos al cielo mientras dice: —Levantemos el corazón, y se oye al pueblo fiel: —¡Lo tenemos levantado hacia el Señor! Nuestro corazón debe estar permanentemente dirigido hacia Dios. El corazón del cristiano debe estar lleno de amor, con la esperanza siempre puesta en su Señor. Para eso es preciso que no esté atrapado y prisionero de las cosas de la tierra, que vaya quedando más purificado. Y esto no es posible sin la penitencia, sin la continua mortificación, que es «medio para ir adelante»15. Sin ella, el alma queda sujeta por las mil cosas en que tienden a desparramarse los sentidos: apegamientos, impurezas, aburguesamiento, deseos de inmoderada comodidad... La mortificación nos libera de muchos lazos y nos capacita para amar.
La mortificación es medio indispensable para hacer apostolado, extendiendo el Reino de Cristo: «La acción nada vale sin la oración: la oración se avalora con el sacrificio»16. Muy equivocados andaríamos si quisiéramos atraer a otros hacia Dios sin apoyar esa acción con una oración intensa, y si esa oración no fuese reforzada con la mortificación gustosamente ofrecida. Por eso se ha dicho, de mil modos diferentes, que la vida interior, manifestada especialmente en la oración y la mortificación, es el alma de todo apostolado17.
No olvidemos, por último, que la mortificación sirve también como reparación por nuestras faltas pasadas, hayan sido pequeñas o grandes. De ahí que en muchas ocasiones le pidamos al Señor que nos ayude a enmendar la vida pasada: «emendationem vitae, spatium verae paenitentiae... tribuat nobis omnipotens et misericors Dominus»: Que el Señor omnipotente y misericordioso nos conceda la enmienda de nuestra vida y un tiempo de verdadera penitencia18. De este modo, por la mortificación, hasta las mismas faltas pasadas se convierten en fuente de nueva vida. «Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. —Así entierra el labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas. —Y lo que era estéril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad.
»Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida»19.
Le pedimos al Señor que sepamos aprovechar nuestra vida, a partir de ahora, del mejor de los modos: «Cuando recuerdes tu vida pasada, pasada sin pena ni gloria, considera cuánto tiempo has perdido y cómo lo puedes recuperar: con penitencia y con mayor entrega»20. Y, cuando algo nos cueste, vendrá a nuestra mente alguno de estos pensamientos que nos mueva a la mortificación generosa: «¿Motivos para la penitencia?: Desagravio, reparación, petición, hacimiento de gracias: medio para ir adelante...: por ti, por mí, por los demás, por tu familia, por tu país, por la Iglesia... Y mil motivos más»21.
1 Cfr. Lc 12, 50. — 2 Mt 16, 24. — 3 Lc 14, 27. — 4 Pablo VI, Alocución, 24-III-1967. — 5 San León Magno, Sermón 51. — 6 1 Cor 1, 23. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 172. — 8 Santa Teresa, Camino de perfección, 18, 2. — 9 Mt 10, 38. — 10 Mt 16, 24 ss. — 11 Jn 12, 24-25. — 12 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 199. — 13 Mt 11, 28-30. — 14 San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, 1, 7, 4. — 15 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 232. — 16 Ibídem, n. 81. — 17 Cfr. J. B. Chautard, El alma de todo apostolado, Ed. Palabra, 5ª ed., Madrid 1978 — 18 Misal Romano, fórmula de intención de la Misa. — 19 San Josemaría Escrivá, loc. cit., n. 211. — 20 ídem, Surco n. 996. — 21 ídem, Camino, n. 232.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Longinos
Hoy es la fiesta de San Longinos, el centurión que por órdenes de Pilatos, estuvo con otros soldados al pie de la cruz del Señor Jesús y el que traspasó su costado con una lanza.
Longinos pronunció la famosa frase que lo convirtió en el primer converso a la fe cristiana: "verdaderamente, Éste era Hijo de Dios".
También se dice que se estaba quedando ciego, pero cuando utilizó la lanza contra Cristo, una gota del Salvador cayó sobre sus ojos y lo dejó sano al instante.
Al poco tiempo abandonó la carrera de soldado y después de haber sido instruido por los apóstoles, llevó una vida monástica en Cesarea, Capadocia, donde ganó muchas almas para Cristo por medio de palabras y ejemplo.
Muy pronto cayó en manos de los perseguidores, que lo llevaron a juicio, y como se rehusó a ofrecer sacrificio, el gobernador ordenó que se le quebrantaran a golpes todos los dientes y que le cortaran la lengua.
Sin embargo, el santo cogió un hacha y redujo a fragmentos los ídolos, de donde salió una horda de demonios que se apoderó del gobernador y sus ayudantes, que comenzaron a dar gritos y gemidos.
Longinos fue hacia el gobernador y le dijo que solo con su muerte podrá ser curado, por lo que fue condenado a ser decapitado.
Tan pronto fue ejecutado el santo, el gobernador mostró su arrepentimiento y en el mismo momento recuperó la cordura y terminó su vida haciendo toda clase de buenas obras.
Las visiones de la beata Anna Katharina Emmerick cuentan su vida con más detalle: www.Emmerick.org
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Santa Luisa de Marillac
Fundadora
de las Hermanas Vicentinas
(año 1660)
Nació en
Francia el 12 de Agosto de 1591. Huérfana a los 14 años, sintió
un fuerte deseo
de hacerse religiosa, pero por su delicada salud, y su débil
constitución no
fue admitida. Un sacerdote le dijo: "Probablemente, Nuestro
Señor te ha
destinado a formar un hogar".
Se casó entonces con Antonio Le Grass, secretario de la reina de Francia, María de Médicis.
Dicen sus biógrafos: "Luisa fue un modelo de esposa. Con su bondad y amabilidad logró transformar a su esposo que era duro y violento, y hasta obtuvo que en su casa todos rezaran en común las oraciones de cada día.
Dios le concedió un hijo, al cuál amó de tal manera que San Vicente le escribió diciéndole: "Jamás he visto una madre tan madre como usted".
Y en otra carta le dice el santo: "Que felicidad nos debe traer el pensar que somos hijos de Dios. Pues Nuestro Señor nos ama con afecto muchísimo más grande que el que Usted le tiene a su hijo. Y eso que yo no he visto en ninguna otra madre un amor tan grande por el propio hijo, como el que Usted tiene hacia el suyo".
A los 34 años queda viuda y entonces decide hacerse religiosa. "Ya he servido bastante tiempo al mundo, ahora me dedicaré totalmente a servir a Dios". Claro está que en la vida "mundana" que había tenido se había comportado tan sumamente bien que los que la conocieron están de acuerdo en afirmar que lo más probable es que ella no cometió ni siquiera un solo pecado mortal en toda su vida.
Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinariamente guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San Francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del santo) y con San Vicente de Paúl trabajó por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y servidora.
San Vicente de Paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo. Se necesitaba alguien que los coordinara y los animara. Y esa persona providencial iba a ser Santa Luisa de Marillac.
Cuando Luisa se ofreció para coordinar y dirigir los grupos de caridad, el santo se entusiasmó y le escribió diciendo: "Vaya en nombre del Señor. Que Dios la acompañe. Que El sea su fuerza en el trabajo y su consuelo en las dificultades".
En aquellos tiempos los viajes eran muy penosos y peligrosos. Los caminos eran largos, las comidas malas, y los alojamientos incómodos. La santa tenía una constitución muy débil, pero San Vicente exclamaba: "Su salud es poca, sus tribulaciones son muchas y su actividad es infatigable. Pero sólo Dios sabe la fuerza de ánimo y de voluntad que esta mujer tiene".
Dicen sus biógrafos que Luisa recorría el país visitando las asociaciones de caridad y que levaba siempre gran cantidad de ropas y medicinas para regalar y que casi todo lo compraba con dinero que ella misma por sus propios esfuerzos había conseguido.
Apenas llegaba al lugar, reunía a las mujeres de la asociación de la caridad, les recordaba los deberes y virtudes que debían cumplir quienes formaban parte de aquella asociación, las entusiasmaba con sus recomendaciones y se esforzaba por conseguir nuevas socias. Ella misma visitaba a los enfermos e instruía a los ignorantes y repartía ayuda a los pobres, y esto lo hacía con tal entusiasmo y tan grande bondad, que cuando marchaba de ahí, quedaba todo renovado y rejuvenecido.
La familia Marillac, que ocupaba altos puestos en el gobierno, cayó en desgracia del rey Luis Trece y uno fue condenado a muerte y otros fueron a la cárcel. Luisa, aunque sufría mucho a causa de esto, no permitía que nadie hablara mal en su presencia contra el rey, y su primer ministro Richelieu que tanto los habían hecho padecer.
En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de Luisa, Así nació la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad.
San Vicente les hizo este reglamento: "Por monasterio tendrán las casas de los enfermos. Por habitación una pieza arrendada. Por claustro tendrán las calles donde hay pobres que socorrer. Su límite de acción será la obediencia. Puerta y muro de defensa será el temor de ofender a Dios. El velo protector será la modestia o castidad"
En aquellos años de 1633, Francia estaba pasando por una situación dificilísima de guerras, miseria, ignorancia y abandono. Fue entonces cuando guiadas por el incansable San Vicente de Paúl, las Hijas de la Caridad se dedicaron a colaborar en todos los frentes posibles, para socorrer a los más necesitados.
Santa Luisa consiguió una casa grande y allí reunía a los pordioseros y los ponía a trabajar. Las mujeres a hilar y a coser y los hombres a hacer diversas obras manuales. Así los fue transformando en personas útiles a la sociedad. La alegría y el trabajo reinaban en aquel inmenso asilo ocupado por la mayoría de los mendigos de París. Y las Vicentinas los atendían con exquisita caridad.
Consiguió otra casa y allí recogía a los locos o enfermos mentales, y a base de una buena alimentación y de medicinas y de mucho cariño, con sus religiosas los atendía esmeradísimamente, y lograba en muchísimos casos su recuperación.
En 1655, el Arzobispado de París le concede la aprobación a la Nueva Comunidad. Y San Vicente reúne a sus religiosas y les dice: "De hoy en adelante llevarán siempre el nombre de Hijas de la Caridad. Conserven este título que es el más hermoso que puedan tener".
De Santa Luisa se puede decir lo que Fray Luis de León dijo acerca de Santa Teresa: "Para conocer cómo era su personalidad, basta conocer cómo fueron las religiosas que ella formó y las obras que escribió". Las religiosas formadas por Luisa fueron personas dedicadas con cuerpo y alma y por toda la vida a las obras de la caridad y de apostolado. Y sus escritos causan asombro al considerar de dónde sacó tiempo para escribir centenares de cartas con consejos muy prácticos y provechosos, y para resumir las numerosas conferencias que dictaba San Vicente, copiarlas y hacerlas circular, y para hacer extractos de las meditaciones y de los Retiros Espirituales que predicaba el Santo, y formar así tres volúmenes de 1,500 páginas. Y todo esto en medio de una actividad asombrosa en favor de los enfermos, mendigos e ignorantes.
Trece años antes de que ella muriera, dijo San Vicente: "La hermana Luisa, por su debilidad y agotamiento debería haber muerto hace diez años. Al verla, parece que hubiera salido de una tumba: tan débil está su cuerpo y tan pálido su rostro. Pero sin embargo, trabaja y trabaja sin dejarse vencer por el cansancio".
San Vicente no pudo asistir a su santa discípula en la hora de la muerte porque el se hallaba también muy enfermo pero le escribió una nota diciéndole: "Usted se va adelante hacia la eternidad. Pero yo la seguiré muy pronto, y nos volveremos a ver en el cielo". Y así sucedió.
El 15 de Marzo de 1660, después de sufrir una dolorosa enfermedad y la gangrena de un brazo murió santamente, dejando fundada y muy extendida la más grande comunidad de religiosas. (San Vicente murió el 27 de Septiembre de ese mismo año).
Las 33,000 religiosas vicentinas o hijas de la Caridad tienen más de 3,300 casas en el mundo. En la casa donde está sepultada su fundadora, en París, allí mismo sucedieron las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a la vicentina Santa Catalina Labouré. Las religiosas fundadas por Santa Luisa se dedican exclusivamente a obras de caridad.
El Papa Pío XI declaró santa a Luisa de Merillac en 1934, y el Sumo Pontífice Juan XXIII la declaró Patrona de los Asistentes Sociales.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Lucrecia de Córdoba, Santa Mártir, 15 de marzo
Mártir Martirologio Romano: En la ciudad de Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santa Lucrecia (Leocricia), virgen y mártir, que, nacida de familia musulmana, ocultamente abrazó la fe de Cristo y, detenida en casa junto con san Eulogio, cuatro días después del martirio de éste pasó a la gloria eterna al ser degollada (859).
Santa Lucrecia, fue una doncella cordobesa,
hija de padres musulmanes. |
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Eva de San Martín de Lieja, Beata Monja, Marzo 15
Monja de Claustro Etimológicamente significa “la que da
vida”. Viene de la lengua hebrea. |
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Artemides Zatti, Beato Médico, 15 de marzo
Religioso de la Saciedad |
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Martirologio Romano: En la ciudad de Viedma, en la República Argentina, beato Artémides Zatti, religioso de la Sociedad de San Francisco de Sales, que se distinguió por su celo misionero y, estableciéndose en la Patagonia, pasó toda su vida en un hospital de esa región, ayudando con fortaleza de ánimo, paciencia y humildad a los necesitados (1951).
Artémide Zatti nació en Boretto (Reggio
Emilia) el 12 de octubre de 1880. No tardó en
experimentar la dureza del sacrificio, tanto que a los
nueve años ya se ganaba el jornal como peón. Obligada
por la pobreza, la familia Zatti, a principios del 1897,
emigró a Argentina y se estableció en Bahía Blanca. El
joven Artémides comenzó enseguida a frecuentar la
parroquia dirigida por los Salesianos, encontrando en el
párroco don Carlos Cavalli, hombre piadoso y de
extraordinaria bondad, su director espiritual. Fue éste
quien lo orientó hacia la vida salesiana. Tenía 20 años
cuando entró en el aspirantado de Bernal. |
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Fuente: ACI
Prensa
Clemente María Hofbauer, Santo Redentorista, Marzo 15
Fue el segundo fundador de la
Congregación de Redentoristas, llamado el “Apóstol de
Viena". |
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Fuente:
Vatican.va
Juan Adalberto Balicki, Beato Sacerdote, 15 de marzo
Presbítero Martirologio Romano: En Przemysl, ciudad de Polonia, beato Juan Adalberto Balicki, presbítero, que se dedicó con ardor al ejercicio de su ministerio en favor del pueblo de Dios, demostrando una especial disposición para predicar el Evangelio y asistir a las jóvenes descarriadas (1948).
Juan Adalberto Balicki nació el 25 de enero
de 1869 en Staromiescie, Polonia (hoy el distrito de
Rzeszow). Murió de pulmonía y TBC en Przemysl el 15 de
marzo de 1948. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Plácido Riccardi, Beato Monje Benedictino, Marzo 15
Tomás Riccardi nació el 24 de junio de 1844
en Trevi, pequeña ciudad de Hungría. Su padre fabricaba
aceite de oliva y tenía un comercio de especias; gozaba
de una gran fortuna, que le permitió poner a su hijo en
el convento para nobles de Trevi, donde estudió
humanidades. Tomás era un buen alumno; le gustaba el
teatro y la música; se confesaba regularmente, pero en
su piedad no había nada excesivo. |
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Fuente: ACI
Prensa
Zacarías, Santo XCI Papa, Marzo 15
XCI Papa Reinó del 741 al 752. Se desconoce el año
de su nacimiento. Murió en marzo de 752. |
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Pío Conde Conde, Beato Sacerdote y Mártir, Marzo 15
Pío Conde nació en Portela, provincia de
Ourense, España el 4 de Enero de 1887 y fue bautizado al
día siguiente. |
J†A
JMJ
Pax
Fue, se lavó y volvió con vista
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, al
pasar Jesús vio a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo,
hizo lodo con la
saliva, se lo puso en los ojos al ciego, y le dijo:
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa
"Enviado").
El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo
habían visto
antes pidiendo limosna, comentaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?"
Unos decían:
"Sí, es el mismo".
Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
"No es él, sino uno que se le parece".
Pero el ciego decía:
"Soy yo".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un
sábado Jesús
hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los
fariseos le
preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
"Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo".
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el
sábado".
Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?"
Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
"Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
El contestó:
"Que es un profeta".
Le replicaron:
"¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás
lleno de
pecado desde que naciste?"
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró
y le dijo:
"¿Crees en el hijo del hombre?"
El ciego preguntó:
"Y quién es, Señor, para que crea en El?"
Jesús le dijo:
"Lo estás viendo: es el que está hablando contigo".
Entonces el hombre dijo:
"Creo, Señor".
Y se postró ante Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Cuando los haga ver mi santidad los reuniré de todos los países; derramaré sobre ustedes mi agua pura que los purificará de todos sus inmundicias. Y les infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.
Oremos:
Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que
aceptas el ayuno, la
oración y la limosna como remedio de nuestros pecados; mira
con amor a tu
pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que
estamos hundidos bajo
el peso de las culpas.
Jesucristo...
Amén.
David es ungido como rey de Israel
Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b.6-7.10-13
En aquellos días, dijo
el Señor a Samuel:
"Llena tu cuerno de aceite y ve a la casa de Jesé, en Belén,
porque de
entre sus hijos me he escogido un rey".
Cuando llegó a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé,
pensó:
"Seguramente éste es el ungido del Señor".
Pero el Señor dijo a Samuel:
"No mires su aspecto ni su gran estatura, pues yo le he
descartado. Dios
no juzga como juzga el hombre, pues el hombre mira en las
apariencias, pero el
Señor mira los corazones".
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel
dijo:
"A ninguno de éstos ha elegido el Señor".
Luego preguntó a Jesé:
"¿Son éstos todos tus hijos?"
El respondió:
"Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño".
Samuel dijo a Jesé:
"Hazlo venir, porque no comeremos hasta que haya venido".
Jesé lo mandó llamar; era rubio, de ojos vivos y buena
presencia. Entonces el
Señor dijo a Samuel:
"Levántate y úngelo, porque éste es".
Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió delante de sus
hermanos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 22
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor
es mi pastor, nada me falta; en
verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me
conduce para
reparar mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Por ser un
Dios fiel a sus promesas, me
guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas
oscuras, nada temo,
porque tú estás conmigo.Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tú mismo
me preparas la mesa, a despecho
de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi
copa hasta los
bordes.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad
y tu misericordia me
acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del
Señor por años
sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14
Hermanos: En otro tiempo
eran tinieblas, ahora son luz
en el Señor. Caminen como hijos de la luz. Toda bondad,
justicia y verdad son
frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar
parte en las obras
estériles de las tinieblas, sino más bien repruébenlas
abiertamente, pues lo
que ellos hacen en secreto, hasta decirlo da vergüenza.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo
lo descubierto es
luz.
Por eso se dice:
"Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y
Cristo será tu
luz".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá
la luz de la
vida.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Fue, se lavó y volvió con vista
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, al
pasar Jesús vio a un ciego de
nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se
lo puso en los
ojos al ciego, y le dijo:
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa
"Enviado").
El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo
habían visto
antes pidiendo limosna, comentaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?"
Unos decían:
"Sí, es el mismo".
Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
"No es él, sino uno que se le parece".
Pero el ciego decía:
"Soy yo".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un
sábado Jesús
hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los
fariseos le
preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
"Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo".
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el
sábado".
Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?"
Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
"Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
El contestó:
"Que es un profeta".
Le replicaron:
"¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás
lleno de
pecado desde que naciste?"
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo
encontró y le dijo:
"¿Crees en el hijo del hombre?"
El ciego preguntó:
"Y quién es, Señor, para que crea en El?"
Jesús le dijo:
"Lo estás viendo: es el que está hablando contigo".
Entonces el hombre dijo:
"Creo, Señor".
Y se postró ante Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, que no desea la muerte
del pecador, sino
que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de
su pueblo
penitente:
Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad.
Para que Dios aumente la
fe y fortalezca la voluntad
de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el
sacramento de la
penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus
culpas, roguemos
al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que el Señor abra
la inteligencia y el corazón de
los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la
verdad y en la fe
encuentren aquel descanso que tanto desea su corazón, roguemos
al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que Dios conceda su
ayuda a los enfermos, a los
pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que
con su sufrimiento
participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que todos nosotros
perseveremos en el esfuerzo
cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas
de Pascua que se
acercan, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más
recóndito de nuestro
corazón; no permitas que nos domine el poder de las tinieblas,
antes bien, abre
nuestros ojos a la luz del Espíritu para que podamos ver a
Aquél que has
enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en
Jesucristo, tu Hijo y
Señor nuestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa de este domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes a celebrar estos santos misterios con fe verdadera y saber ofrecértelos por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Que se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino
en tinieblas, al
esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado,
los hizo renacer
por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos.
Por eso,
Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra, te
adoran cantando un
cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te
aclamamos por siempre
diciendo:
El Señor me untó los ojos, fui, me lavé y empecé a ver y a creer en Dios.
Oremos:
Dios nuestro, luz que alumbra a todo humano que viene a este
mundo, ilumina nuestros
corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros
pensamientos te
sean agradables y te amemos con toda sinceridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Cuaresma. Cuarto domingo
LA ALEGRÍA EN LA CRUZ
— La alegría es compatible con la mortificación y el dolor. Se le opone la tristeza, no la penitencia.
— La alegría tiene un origen espiritual, surge de un corazón que ama y se siente amado por Dios.
— Dios ama al que da con alegría.
I. Alégrate, Jerusalén; alegraos con ella todos los que la amáis, gozaos de su alegría..., rezamos en la Antífona de entrada de la Misa: Laetare, Ierusalem...1.
La alegría es una característica esencial del cristiano, y la Iglesia no deja de recordárnoslo en este tiempo litúrgico para que no olvidemos que debe estar presente en todos los momentos de nuestra vida. Existe una alegría que se pone de relieve en la esperanza del Adviento, otra viva y radiante en el tiempo de Navidad; más tarde, la alegría de estar junto a Cristo resucitado; hoy, ya avanzada la Cuaresma, meditamos la alegría de la Cruz. Es siempre el mismo gozo de estar junto a Cristo: “solo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todos nuestros pecados y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre”2.
Este domingo es tradicionalmente conocido con el nombre de Domingo “Laetare”, por la primera palabra de la Antífona de entrada. La severidad de la liturgia cuaresmal se ve interrumpida en este domingo que nos habla de alegría. Hoy está permitido que –si se dispone de ellos– los ornamentos del sacerdote sean color rosa en vez de morados3, y que pueda adornarse el altar con flores, cosa que no se hace los demás días de Cuaresma4.
La Iglesia quiere recordarnos así que la alegría es perfectamente compatible con la mortificación y el dolor. Lo que se opone a la alegría es la tristeza, no la penitencia. Viviendo con hondura este tiempo litúrgico que lleva hacia la Pasión –y por tanto hacia el dolor–, comprendemos que acercarnos a la Cruz significa también que el momento de nuestra Redención se acerca, está cada vez más próximo, y por eso la Iglesia y cada uno de sus hijos se llenan de alegría: Laetare, alégrate, Jerusalén, y alegraos con ella todos los que la amáis.
La mortificación que estaremos viviendo estos días no debe ensombrecer nuestra alegría interior, sino todo lo contrario: debe hacerla crecer, porque nuestra Redención se acerca, el derroche de amor por los hombres que es la Pasión se aproxima, el gozo de la Pascua es inminente. Por eso queremos estar muy unidos al Señor, para que también en nuestra vida se repita, una vez más, el mismo proceso: llegar, por su Pasión y su Cruz, a la gloria y a la alegría de su Resurrección.
II. Alegraos siempre en el Señor, otra vez os digo: alegraos5. Con una alegría que es equivalente a felicidad, a gozo interior, y que lógicamente también se manifiesta en el exterior de la persona.
“Como es sabido, existen diversos grados de esta “felicidad”. Su expresión más noble es la alegría o “felicidad” en sentido estricto, cuando el hombre, a nivel de sus facultades superiores, encuentra la satisfacción en la posesión de un bien conocido y amado (...). Con mayor razón conoce la alegría y felicidad espiritual cuando su espíritu entra en posesión de Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable”6. Y continúa diciendo Pablo VI: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen: es espiritual. El dinero, el “confort”, la higiene, la seguridad material, no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza, forman parte, por desgracia, de la vida de muchos”7.
El cristiano entiende perfectamente estas ideas expresadas por el Romano Pontífice. Y sabe que la alegría surge de un corazón que se siente amado por Dios y que a su vez ama con locura al Señor. Un corazón que se esfuerza además para que ese amor a Dios se traduzca en obras, porque sabe –con el refrán castellano– que “obras son amores y no buenas razones”. Un corazón que está en unión y en paz con Dios, pues, aunque se sabe pecador, acude a la fuente del perdón: Cristo en el sacramento de la Penitencia.
Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa del domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes...8. Los sufrimientos y las tribulaciones acompañan a todo hombre en la tierra, pero el sufrimiento, por sí solo, no transforma ni purifica; incluso puede ser causa de rebeldía y de desamor. Algunos cristianos se separan del Maestro cuando llegan hasta la Cruz, porque ellos esperan la felicidad puramente humana, libre de dolor y acompañada de bienes naturales.
El Señor nos pide que perdamos el miedo al dolor, a las tribulaciones, y nos unamos a Él, que nos espera en la Cruz. Nuestra alma quedará más purificada, nuestro amor más firme. Entonces comprenderemos que la alegría está muy cerca de la Cruz. Es más, que nunca seremos felices si no nos unimos a Cristo en la Cruz, y que nunca sabremos amar si a la vez no amamos el sacrificio. Esas tribulaciones, que con la sola razón parecen injustas y sin sentido, son necesarias para nuestra santidad personal y para la salvación de muchas almas. En el misterio de la corredención, nuestro dolor, unido a los sufrimientos de Cristo, adquiere un valor incomparable para toda la Iglesia y para la humanidad entera. El Señor nos hace ver, si acudimos a Él con humildad, que todo –incluso aquello que tiene menos explicación humana– concurre para el bien de los que aman a Dios9. El dolor, cuando se le da su sentido, cuando sirve para amar más, produce una íntima paz y una profunda alegría. Por eso, el Señor en muchas ocasiones bendice con la Cruz.
Así hemos de recorrer “el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma”10.
III. El cristiano se da a Dios y a los demás, se mortifica y se exige, soporta las contrariedades... y todo eso lo hace con alegría, porque entiende que esas cosas pierden mucho de su valor si las hace a regañadientes: Dios ama al que da con alegría11. No nos tiene que sorprender que la mortificación y la Penitencia nos cuesten; lo importante es que sepamos encaminarnos hacia ellas con decisión, con la alegría de agradar a Dios, que nos ve.
““¿Contento?” —Me dejó pensativo la pregunta.
“—No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente –en el corazón y en la voluntad– al saberse hijo de Dios”12. Quien se siente hijo de Dios, es lógico que experimente ese gozo interior.
La experiencia que nos transmiten los santos es unánime en este sentido. Bastaría recordar la confidencia que hace el apóstol San Pablo a los de Corinto: ... estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones13. Y conviene recordar que la vida de San Pablo no fue fácil ni cómoda: Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez14. Pues bien, con todo lo que acaba de enumerar, San Pablo es veraz cuando nos dice: estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones.
Tenemos cerca la Semana Santa y la Pascua, y por tanto el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud quedará consumado. Si alguna vez hemos tenido miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo. Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz. Además, “¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?”15.
1 Is 66, 10-11. — 2 Juan Pablo II, Alocución, 1-III-1980. — 3 Misal Romano, Ordenación General, n. 308. — 4 Caeremoniale Episcoporum, 1984, n. 48. — 5 Flp 4, 4. — 6 Pablo VI, Exhor. Apos. Guadete in Domino, 9-V-1975, I. — 7 Ibídem. — 8 Oración sobre las ofrendas, Dom. IV de Cuaresma. — 9 Cfr. Rom 8, 28. — l0 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II, 3. — 11 2 Cor 9, 7. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 61. — 13 2 Cor 7, 4. — 14 2 Cor 11, 24-27. — 15 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa Lea
Año 384
De "la
santísima Lea", como la
llama san Jerónimo, sólo sabemos lo que él mismo nos dice en una
especie de
elogio fúnebre que incluyó en una de sus cartas. Era una matrona
romana que al
enviudar - quizá joven aún - renunció al mundo para ingresar en
una comunidad
religiosa de la que llegó a ser superiora, llevando siempre una
vida
ejemplarísima.
Estas son
las palabras insustituibles de
san Jerónimo:
“De un modo tan completo se convirtió a Dios, que mereció ser
cabeza de su
monasterio y madre de vírgenes; después de llevar blandas
vestiduras, mortificó
su cuerpo vistiendo sacos; pasaba las noches en oración y
enseñaba a sus compañeras
más con el ejemplo que con sus palabras”.
“Fue tan grande su humildad y sumisión, que la que había sido
señora de tantos
criados parecía ahora criada de todos; aunque tanto más era
sierva de Cristo
cuanto menos era tenida por señora de hombres. Su vestido era
pobre y sin
ningún esmero, comía cualquier cosa, llevaba los cabellos sin
peinar, pero todo
eso de tal manera que huía en todo la ostentación”.
No sabemos más de esta dama penitente, cuyo recuerdo sólo
pervive en las frases
que hemos citado de san Jerónimo. La Roma en la que fue una rica
señora de
alcurnia no tardaría en desaparecer asolada por los bárbaros, y
Lea, “cuya vida
era tenida por todos como un desatino”, llega hasta nosotros con
su áspero
perfume de santidad que desafía al tiempo.
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Fuente: ACI
Prensa
Epafrodito, Santo Obispo, Marzo 22
Epafrodito parece haber nacido en Filipos.
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Fuente:
FrateFrancesco.org
Bienvenido Scotivoli, Santo Obispo, Marzo 22
Bienvenido Scotívoli nació en Ancona en
1188; estudió derecho en Bolonia bajo la guía de San
Silvestre Guzzolini, canónigo de Osimo, después fundador
de los monjes Silvestrinos. |
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Fuente:
Vatican.va
Clemens August von Galen, Beato Obispo, Marzo 22
Nació el 16 de marzo de 1878 en el castillo
de Dinklage, en Oldenburg (Alemania). Era el undécimo de
trece hijos de los condes Ferdinand y Elisabetta von
Spee; creció en el seno de una familia creyente. Comenzó
sus primeros estudios en el colegio de los jesuitas de
Feldberg y obtuvo el título de bachillerato en 1896, en
Vechta. Continuó sus estudios en Friburgo (Suiza),
Innsbruck y Münster. Recibió la ordenación sacerdotal el
28 de mayo de 1904. |
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Fuente:
Iberopuebla.edu.mx
Nicolás Owen, Santo Mártir Jesuita, Marzo 22
Es el santo del silencio, la oración, el
trabajo y la amistad. |
|
J†A
JMJ
Pax
Yo soy la resurrección y la vida
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 1-45
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, las
hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús:
"Señor, tu amigo está enfermo".
Al oírlo dijo Jesús:
"Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para
la gloria
de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro,
al enterarse
de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días donde se
hallaba. Sólo entonces
dice a sus discípulos:
"Vamos otra vez a Judea".
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se enteró
de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se
quedaba en casa.
Y dijo Marta a Jesús:
"Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Pero aún
ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá".
Jesús le dijo:
"Tu hermano resucitará".
Marta respondió:
"Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día".
Jesús le dice:
"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
haya muerto,
vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Crees
esto?"
Ella le contestó:
"Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que
tenía que
venir al mundo".
Jesús, muy conmovido, preguntó:
"¿Dónde lo han enterrado?"
Le contestaron:
"Señor, ven a verlo".
Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
"¡Cómo lo quería!"
Pero algunos dijeron:
"Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber
impedido que
muriera éste?"
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una cueva
cubierta con una
losa.
Dijo Jesús:
"Quiten la losa".
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
"Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días".
Jesús le dijo:
"¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?"
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto,
dijo:
"Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me
escuchas
siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean
que tú me has
enviado".
Y dicho esto, gritó con voz potente:
"¡Lázaro, ven afuera!"
Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la
cara envuelta
en un sudario.
Jesús les dijo:
"Desátenlo y déjenlo andar".
Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver
lo que había
hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Señor, hazme justicia; defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del injusto y malvado. Tú eres mi Dios y mi defensa.
Oremos:
Ven, Señor, en nuestra ayuda, para que podamos vivir y actuar
siempre con aquel
amor que impulsó a tu Hijo a entregarse por nosotros. Por
nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos...
Amén.
Les infundiré mi espíritu y vivirán
Lectura del libro del profeta Ezequiel 37, 12-14
Esto dice el Señor Dios:
"Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de
ellos y los
conduciré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y
los saque de
ellos, pueblo mío, ustedes sabrán que yo soy el Señor: les
infundiré mi
espíritu y vivirán; los estableceré en su tierra y sabrán que
yo el Señor, lo
digo y lo hago".
Oráculo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 129
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el
abismo de mis pecados clamo a
ti, Señor; escucha mi clamor; estén atentos tus oídos a mi voz
suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si
conservaras el recuerdo de las
culpas, Señor, ¿quién habría que se salvara? Pero de ti
procede el perdón, por
eso con amor te veneramos.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Confío en
el Señor, mi alma espera y
confía en su Palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el
centinela la aurora.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Porque del
Señor viene la misericordia,
la abundancia de la redención; y él redimirá a su pueblo de
todas sus
iniquidades.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11
Hermanos: Los que viven
en forma desordenada y egoísta
no pueden agradar a Dios. Pero ustedes
no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al
Espíritu, puesto que el Espíritu
de Dios habita en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si
Cristo vive en
ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el
espíritu vive a
causa de la actividad salvadora de Dios.
Si el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de entre los
muertos habita en
ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos
dará vida también a
sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en
ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree
en mí no morirá
para siempre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 1-45
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, las
hermanas de Lázaro mandaron decir
a Jesús:
"Señor, tu amigo está enfermo".
Al oírlo dijo Jesús:
"Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá
para la gloria
de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a
Lázaro, al enterarse
de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días donde se
hallaba. Sólo
entonces dice a sus discípulos:
"Vamos otra vez a Judea".
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se
enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras
María se quedaba en
casa. Y dijo Marta a Jesús:
"Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Pero aún
ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá".
Jesús le dijo:
"Tu hermano resucitará".
Marta respondió:
"Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día".
Jesús le dice:
"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
haya muerto,
vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para
siempre. ¿Crees
esto?"
Ella le contestó:
"Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que tenía que
venir al mundo".
Jesús, muy conmovido, preguntó:
"¿Dónde lo han enterrado?"
Le contestaron:
"Señor, ven a verlo".
Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
"¡Cómo lo quería!"
Pero algunos dijeron:
"Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber
impedido que
muriera éste?"
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una cueva
cubierta con una
losa.
Dijo Jesús:
"Quiten la losa".
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
"Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días".
Jesús le dijo:
"¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?"
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo
alto, dijo:
"Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú
me escuchas
siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean
que tú me has
enviado".
Y dicho esto, gritó con voz potente:
"¡Lázaro, ven afuera!"
Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y
la cara envuelta
en un sudario.
Jesús les dijo:
"Desátenlo y déjenlo andar".
Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver
lo que había
hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, amados hermanos y hermanas, y pidamos la misericordia
del Señor para
que compadecido de su pueblo penitente escuche nuestras
plegarias:
Respondemos a cada petición: Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Redentor del mundo, que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo, libere a la Iglesia de todo mal, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Redentor del
mundo, que oró en la cruz por
quienes lo crucificaban, interceda ante el Padre por los
pecadores, roguemos al
Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Redentor del
mundo, que experimentó en la
cruz el sufrimiento y la angustia, se compadezca de los que
sufren, les dé fortaleza
y paciencia y ponga fin a sus dolores, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Redentor del
mundo a nosotros, que en
estos días nos disponemos a recordar con veneración su cruz,
nos reconforte con
la fuerza de su resurrección, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Celebrante:
Señor Dios, gloria de la humanidad viviente, que manifestaste
tu compasión en
las lágrimas que tu Hijo derramó ante la tumba de su amigo
Lázaro; contempla
los sufrimientos de la Iglesia, que llora por sus hijos
muertos a causa del
pecado, y, con la fuerza del Espíritu Santo, concede a los que
han muerto por
sus culpas la resurrección y la vida nueva de la gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor, tú que nos has
iluminado con las enseñanzas de
la fe, escucha nuestra oración y purifícanos por medio de este
sacrificio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, hombre mortal como nosotros que lloró a su amigo
Lázaro, y Dios y
Señor de la vida que lo levantó del sepulcro, hoy extiende su
compasión a toda
la humanidad y por medio de los sacramentos los restaura a una
nueva vida.
Por él los mismos ángeles te proclaman con júbilo eterno, y
nosotros nos unimos
a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
El que está vivo y cree en mí no morirá para siempre, dice el Señor.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, a cuantos participamos del
Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo, vivir siempre como miembros suyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Cuaresma. Quinto Domingo
UN CLAMOR DE JUSTICIA
— Anhelo de justicia y de mayor paz en el mundo. Vivir las exigencias de la justicia en nuestra vida personal y en el ámbito donde se desarrolla nuestra vida.
— Cumplimiento de los deberes profesionales y sociales.
— Santificar la sociedad desde dentro. Virtudes que amplían y perfeccionan el campo de la justicia.
I. Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa... Tú eres mi Dios y protector1, rezamos en la Antífona de entrada de la Misa.
En gran parte de la humanidad se oye un fuerte clamor por una mayor justicia, por “una paz mejor asegurada en un ambiente de respeto mutuo entre los hombres y entre los pueblos”2. Este deseo de construir un mundo más justo en el que se respete más al hombre, que fue creado por Dios a su imagen y semejanza, es parte muy fundamental del hambre y sed de justicia3 que debe existir en el corazón cristiano.
Toda la predicación de Jesús es una llamada a la justicia (en su plenitud, sin reduccionismos) y a la misericordia. El mismo Señor condena a los fariseos que devoran las casas de las viudas mientras fingen largas oraciones4. Y es el Apóstol Santiago quien dirige este severo reproche a quienes se enriquecen mediante el fraude y la injusticia: vuestra riqueza está podrida (...). El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a oídos del Señor de los ejércitos5.
La Iglesia, fiel a la enseñanza de la Sagrada Escritura, nos urge a que nos unamos a este clamor del mundo y lo convirtamos en una oración que llegue hasta nuestro Padre Dios. A la vez, nos impulsa y nos urge a vivir las exigencias de la justicia en nuestra vida personal, profesional y social, y a salir en defensa de quienes –por ser más débiles– no pueden hacer valer sus derechos. No son propias del cristiano las lamentaciones estériles. El Señor, en lugar de quejas inútiles, quiere que desagraviemos por las injusticias que cada día se cometen en el mundo, y que tratemos de remediar todas las que podamos, empezando por las que están a nuestro alcance, en el ámbito en el que se desarrolla nuestra vida: la madre de familia, en su hogar y con quienes se relaciona; el empresario, en la empresa; el catedrático, en la Universidad...
La solución última para instaurar y promover la justicia a todos los niveles está en el corazón de cada hombre, donde se fraguan todas las injusticias existentes, y donde está la posibilidad de volver rectas todas las relaciones humanas. “El hombre, negando e intentando negar a Dios, su Principio y Fin, altera profundamente su orden y equilibrio interior, el de la sociedad y también el de la creación visible.
“La Escritura considera en conexión con el pecado el conjunto de calamidades que oprimen al hombre en su ser individual y social”6. Por eso no podemos olvidar los cristianos que cuando, mediante nuestro apostolado personal, acercamos a los hombres a Dios, estamos haciendo un mundo más humano y más justo. Además, nuestra fe nos urge a no eludir jamás el compromiso personal en defensa de la justicia, de modo particular en aquellas manifestaciones más relacionadas con los derechos fundamentales de la persona: el derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la buena fama... “Hemos de sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una existencia digna, a trabajar y a descansar, a elegir estado, a formar un hogar, a traer hijos al mundo dentro del matrimonio y poder educarlos, a pasar serenamente el tiempo de la enfermedad o de la vejez, a acceder a la cultura, a asociarse con los demás ciudadanos para alcanzar fines lícitos, y, en primer término, a conocer y amar a Dios con plena libertad”7.
En nuestro ámbito personal, debemos preguntarnos si hacemos con perfección el trabajo por el que cobramos, si pagamos lo debido a las personas que nos prestan un servicio, si ejercitamos responsablemente los derechos y deberes que pueden influir en el modo de configurarse las instituciones en las que nos encontramos, si trabajamos aprovechando el tiempo, si defendemos la buena fama de los demás, si salimos en justa defensa de los más débiles, si acallamos las críticas difamatorias que pueden surgir a nuestro alrededor... Así amamos la justicia.
II. Los deberes profesionales son un lugar excepcional para vivir la virtud de la justicia. El dar a cada uno lo suyo, propio de esta virtud, significa en este caso cumplir lo estipulado. El patrono, el ama de casa con el servicio, el jefe, se obligan a dar la justa retribución a las personas que trabajan a sus órdenes de acuerdo con las leyes civiles justas y con lo que dicta la recta conciencia, que irá en ocasiones más allá de las propias leyes. Por otra parte, los obreros y empleados tienen el deber grave de trabajar responsablemente, con profesionalidad, aprovechando el tiempo. La laboriosidad se presenta así como una manifestación práctica de la justicia. “No creo en la justicia de los holgazanes –decía San Josemaría Escrivá–, porque (...) faltan, y a veces de modo grave, al más fundamental de los principios de la equidad: el del trabajo”8.
El mismo principio se puede aplicar a los estudiantes. Tienen un deber grave de estudiar –es su trabajo– y han contraído una obligación de justicia con la familia y con la sociedad, que les sostiene económicamente, para que se preparen y puedan rendir unos servicios eficaces.
Los deberes profesionales son, por otra parte, el cauce más oportuno con el que ordinariamente contamos para colaborar en la resolución de los problemas sociales y para intervenir en la construcción de un mundo más justo.
El cristiano, en su anhelo de construir este mundo, ha de ser ejemplar en el cumplimiento de las legítimas leyes civiles, porque si son justas son queridas por Dios y constituyen el fundamento de la misma convivencia humana. Como ciudadanos corrientes que son, han de ser ejemplares en el pago de los impuestos justos, necesarios para que la sociedad pueda llegar a donde el individuo personalmente sería ineficaz.
Dad a cada uno lo debido: a quien tributo, tributo; a quien impuestos, impuestos; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor9. Y lo hacen –dice el mismo Apóstol–, no solo por temor, sino también a causa de la conciencia10. Así vivieron los cristianos desde el comienzo sus obligaciones sociales, aun en medio de las persecuciones y del paganismo de los poderes públicos. “Como hemos aprendido de Él (Cristo) –escribía San Justino Mártir, a mediados del siglo ii–, nosotros procuramos pagar los tributos y contribuciones, íntegros y con rapidez, a vuestros encargados”11.
Entre los deberes sociales del cristiano, el Concilio Vaticano II recuerda “el derecho y al mismo tiempo el deber (...) de votar para promover el bien común”12. Desentenderse de manifestar la propia opinión en los distintos niveles en los que debemos ejercer estos derechos sociales y cívicos sería una falta contra la justicia, en algunas ocasiones grave, si ese abstencionismo favoreciera candidaturas (ya sea en la configuración de los parlamentos, en la junta de padres de un colegio, en la directiva de un colegio profesional, en los representantes de la empresa...) cuyo ideario es opuesto a los principios de la doctrina cristiana. Con mayor razón, sería una irresponsabilidad, y quizá una grave falta contra la justicia, apoyar organizaciones o personas –del modo que sea– que no respeten en su actuación los fundamentos de la ley natural y de la dignidad humana (aborto, divorcio, libertad de enseñanza, respeto a la familia...).
III. “El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen –radicalmente o en puntos sustanciales– a su fe y a su concepción del hombre. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de violencia y a la manera como esa ideología entiende la libertad individual de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia al hombre y a su historia personal y colectiva. Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales, y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social”13.
Hoy nos unimos a ese deseo de una mayor justicia, que es una de las principales características de nuestro tiempo14. Pedimos al Señor una mayor justicia y una mayor paz, pedimos por los gobernantes, como siempre se hizo en la Iglesia15, para que sean promotores de justicia, de paz, de un mayor respeto por la dignidad de la persona. Nosotros, en lo que está de nuestra parte, hacemos el propósito de llevar las exigencias del Evangelio a nuestra propia vida personal, a la familia, al mundo en el que cada día nos movemos y del que participamos.
Junto a lo que pertenece en sentido estricto a la virtud de la justicia, cuidaremos aquellas otras manifestaciones de virtudes naturales y sobrenaturales que la complementan y la enriquecen: la lealtad, la afabilidad, la alegría... Y, sobre todo, la fe, que nos da a conocer el verdadero valor de la persona, y la caridad, que nos lleva a comportarnos con los demás más allá de lo que pediría la estricta justicia, porque vemos en los demás hijos de Dios, al mismo Cristo que nos dice: lo que hicisteis por uno de estos mis hermanos más pequeños, por mí lo hicisteis16.
1 Sal 42, 1. — 2 Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens, 14-V-1971. — 3 Cfr. Mt 5, 6. — 4 Mc 12, 40. — 5 Sant 5, 2-4. — 6 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instr. Sobre libertad cristiana y liberación, 22-III-1986, n. 38. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 171. — 8 Ibídem, 169. — 9 Rom 13, 7. — 10 Cfr. Rom 13, 5. — 11 San Justino, Apología, 1, 7. — 12 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 75. — 13 Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens, 14-V-1971. — 14 Cfr. S. C. para la Doctrina de la Fe, loc. cit., 1. — 15 Cfr. 1 Tim 2, 1-2. — 16 Cfr. Mt 25, 40.
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SANTOS
JONAS Y BARAQUICIO
Mártires
Sapor, rey de
Persia, emprendió una recia persecución contra los cristianos.
Jonás y
Barraquicio, dos monjes de Beth-Iasa, sabiendo que varios
cristianos estaban
sentenciados a muerte fueron a alentarlos y servirlos. Después
de la ejecución,
los dos santos fueron aprehendidos por haber exhortado los
mártires a
perseverar hasta morir.
El rey empezó instando a los dos hermanos y urgiéndoles a que obedecieran al monarca persa y que adoraran al sol. Ellos se mantuvieron fieles en su fe a Cristo, por lo que Barraquicio fue arrojado a un estrecho calabazo, mientras que Jonás se le ordenó a adorar a los dioses, pero ante su negativa fue azotado y arrojado a un estanque de agua helada. Posteriormente, Jonás fue atormentado con muchas torturas, para después ser prensado en un molino de madera hasta provocarle la muerte. Los jueces le aconsejaron a Barraquicio que salvara su propio cuerpo, pero el santo jamás renegó su fe; fue entonces sujeto de nuevo a tormentos y finalmente se le dio muerte, vertiéndoles pez y azufre ardientes en la boca.
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Gladys, Santa Reina de Gales, Marzo 29
Reina de Gales Etimológicamente significa “lirio,
gladiolo”. Viene de la lengua galesa. |
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Gundleus (Gundleius o Gwynnllyw), Santo Rey de Gales, Marzo 29
Jefe y hombre común. |
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Marcos de Aretusa, Santo Obispo, Marzo 29
La Iglesia oriental conmemora en este día a
San Marco, obispo de Aretusa en el Monte Líbano,
Baronio. Ver el Acta Sanctorum, marzo, vol. III y Delehaye, Synax. Constant., pp. 565568 |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Betoldo del Monte Carmelo, Beato Fundador, Marzo 29
San Bertoldo nació en Francia y estudió
teología en París, donde fue elevado al sacerdocio. |
†
JMJ
Pax
Leer abajo
Suplicamos su oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin sus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que lea. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdenos en sus intenciones y misas!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/?media=200354
Película completa (1 hora): http://www.gloria.tv/?media=417295
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. Idolatramos aquello que preferimos a Él (descanso, comida, trabajo, compañía, flojera). Por eso, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15). “Te amo, pero quiero verte todos los días, y menos los de descanso”. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice eso a otro? ¿Le ama realmente? Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es necesaria la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, demorar en bautizar a los niños, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado, etc. Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa.
† Misal
En este día, la
Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén
para consumar su
misterio pascual. En todas las misas se hace memoria de esta
entrada del Señor:
(I) por medio de una procesión (que no puede repetirse)
(II) de una entrada solemne , antes de la misa principal,
(III) por medio de una entrada sencilla , antes de las demás
misas.
1. A la hora señalada los fieles se reúnen fuera del templo llevando ramos en la mano.
2. El celebrante, revestido con los ornamentos rojos requeridos para la misa, se acerca al lugar donde el pueblo está congregado. El celebrante, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que se quitará después de la procesión.
3. Se canta la
siguiente antífona (Mt 21,9) o un canto apropiado
¡Hosanna
al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor,
el Rey de Israel!
¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante saluda al pueblo y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas palabras:
Queridos hermanos y
hermanas: Desde el principio de la Cuaresma nos venimos
preparando con obras de
penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la
Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la
Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada a
la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un día
tener parte en
la Resurrección.
5. Después de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración para bendecir los Ramos
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y, a
cuantos
acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, concédenos
reunirnos
contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se aproximaban
ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los
Olivos, envió Jesús
a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán
amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si
alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta:
"Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y
montado en un burro,
en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había
encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre
ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus
mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su
paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos
decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después del evangelio, si se cree oportuno, se puede tener una breve homilía. Antes de comenzar la procesión, puede hacer una monición con estas palabras:
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con júbilo al Señor.
8. Comienza la procesión hacia el templo. Va delante el que lleva el incienso, luego el que lleva la cruz adornada, en medio de dos ministros con velas encendidas. A continuación el celebrante con los demás ministros. Por último, los fieles con los ramos cantando del salmo 23.
Del Señor es la tierra
y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes,
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¿Quién puede subir al
monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
Ese recibirá la
bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!, alzad los
linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
¡Portones!, alzad los
linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos:
él es el Rey de la gloria.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"
9. El celebrante, al llegar al altar, lo venera y -si lo juzga oportuno- lo inciensa. Después va a la sede (se quita la capa pluvial y se pone la casulla) y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que seguidamente ya se desarrolla como de costumbre.
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1. La entrada solemne antes de la misa principal se celebra dentro del templo.
2. Los fieles se reúnen o en la puerta de la iglesia o en la misma iglesia, teniendo los ramos en la mano. El celebrante y los ministros se dirigen al lugar más apto de la iglesia donde la mayor parte de los fieles puedan apreciar el rito.
3. Mientras el celebrante se dirige al lugar escogido,se canta la siguiente antífona (Mt 21,9) o un canto apropiado
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! ¡Hosanna en el cielo!
4. El celebrante saluda al pueblo y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas palabras:
Queridos hermanos y
hermanas: Desde el principio de la Cuaresma nos venimos
preparando con obras de
penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche de Pascua, en comunión con toda la
Iglesia, nos
reunimos para iniciar la celebración de los misterios de la
Pasión de nuestro
Señor Jesucristo.
Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada a
la ciudad
santa, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un día
tener parte en
la Resurrección.
5. Después de la exhortación, el celebrante dice la siguiente oración para bendecir los Ramos
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir † estos ramos y, a
cuantos
acompañamos jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, concédenos
reunirnos
contigo en la Jerusalén del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En silencio, rocía con agua bendita los ramos
6. El celebrante proclama el Evangelio de la entrada del Señor.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11
Gloria a ti, Señor.
Cuando se aproximaban
ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los
Olivos, envió Jesús
a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán
amarrada una
burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si
alguien les pregunta
algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta:
"Díganle a
la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y
montado en un burro,
en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había
encargado y
trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre
ellos sus mantos y
Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus
mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su
paso. Los que
iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del
Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos
decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Después del Evangelio, el celebrante con los ministros se dirigen solemnemente por la iglesia hacia el altar, mientras se puede cantar el salmo 46.
Pueblos todos, batid
palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo,
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
El nos somete los
pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios asciende entre
aclamaciones,
el Señor al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad;
porque Dios es Rey del mundo:
tocad con maestría.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Dios reina sobre las
naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado:
los príncipes de los gentiles se reúnencon el pueblo del Dios de
Abrahán,
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.
"¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
8. Cuando ha llegado al altar, el celebrante lo venera, después va a la sede y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que seguidamente se desarrolla como de costumbre.
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1. En las restantes misas de este domingo en las que no se tiene entrada solemne, se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén por medio de la entrada simple.
2. Mientras el celebrante se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con el salmo:
Seis
días antes de la solemnidad de la
Pascua, cuando el Señor subía a la ciudad de Jerusalén, los
niños, con ramos de
palmas, salieron a su encuentro, y con júbilo proclamaban:
"¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la
misericordia
de Dios!"
Llegado al altar, el celebrante lo venera y saluda al pueblo. Seguidamente, la misa se desarrolla como de costumbre.
3. Es conveniente, donde no se haya podido tener procesión ni entrada solemne, que se tenga una celebración de la Palabra sobre la entrada del Mesías y la Pasión del Señor, o en la tarde del sábado o en una hora oportuna del domingo.
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Dios
todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se
hiciese hombre y
muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo
de una vida sumisa
a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos
sirvan de
testimonio y que un día participemos en su gloriosa
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No oculté el rostro a insultos, y sé que no quedaré avergonzado
Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7
En aquel entonces, dijo
Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda
confortar al
abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor
despierta mi
oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha
hecho oír sus
palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para
atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que
me tiraban de la
barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso
endureció mi
rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 21
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme
se burlan de mí, hacen muecas,
mueven la cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que
lo libre si
tanto lo quiere".
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Me
acorrala una jauría de perros, me
rodea una banda de malhechores; me taladran las manos y los
pies, puedo contar
mis huesos.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Se
reparten mi ropa, echan a suerte mi
túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven
corriendo a
ayudarme.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de Israel. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado
Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Hermanos: Cristo, siendo
Dios, no consideró que debía
aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino
que, por el
contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de
siervo, y se hizo
semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a
sí mismo y por
obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el
nombre que está
sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen
la rodilla en el
cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan
públicamente que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso
la muerte, y una
muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y
le otorgó el
nombre que está sobre todo nombre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
La historia de la Pasión del Señor se lee sin rito alguno. Es leída por el diácono o, en su defecto, por el celebrante. Puede ser leída también por lectores laicos, reservándose el celebrante la parte correspondiente a Cristo.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-75; 27, 1-54
A. En aquel tiempo, uno
de los Doce, llamado Judas Iscariote,
fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
B. "¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?"
A. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde
ese momento andaba
buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos
se acercaron a
Jesús y le preguntaron:
B. "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"
A. El respondió:
†. "Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: "El Maestro
dice:
Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis
discípulos en tu
casa" ".
A. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon
la cena de
Pascua.
Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras
cenaban, les dijo:
†. "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme".
A. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle
uno por uno:
B. "¿Acaso soy yo, Señor?"
A. El respondió:
†. "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a
entregarme.
Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él;
pero ¡ay de
aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le
valiera a ese
hombre no haber nacido".
A. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
B. "¿Acaso soy yo, Maestro?"
A. Jesús le respondió:
†. "Tú lo has dicho".
A. Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la
bendición, lo partió y
lo dio a sus discípulos, diciendo:
†. "Tomen y coman. Este es mi Cuerpo".
A. Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la
acción de
gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
†. "Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de
la nueva
alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los
pecados. Les digo
que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que
beba con ustedes
el vino nuevo en el Reino de mi Padre".
A. Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte
de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo:
†. "Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche,
porque está
escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del
rebaño".
Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a
Galilea".
A. Entonces Pedro le replicó:
B. "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me
escandalizaré".
A. Jesús le dijo:
†. "Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo
cante, me
habrás negado tres veces".
A. Pedro le replicó:
B. "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".
A. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y
dijo a los
discípulos:
†. "Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá".
A. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y
comenzó a sentir
tristeza y angustia. Entonces les dijo:
†. "Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y
velen
conmigo".
A. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó
a orar,
diciendo:
†. "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero
que no se
haga como yo quiero, sino como quieres tú".
A. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los
encontró dormidos. Dijo
a Pedro:
†. "¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren,
para no caer
en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne
es débil".
A. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
†. "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo
beba, hágase tu
voluntad".
A. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez
dormidos, porque tenían
los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo,
por tercera vez,
repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a
donde estaban los
discípulos y les dijo:
†. "Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el
Hijo del hombre
va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense!
¡Vamos! Ya está aquí
el que me va a entregar".
A. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de
los Doce, seguido
de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los
sumos sacerdotes y
los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había
dado esta señal:
B. "Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo".
A. Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
B. "¡Buenas noches, Maestro!"
A. Y lo besó. Jesús le dijo:
†. "Amigo, ¿es esto a lo que has venido?"
A. Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo
apresaron.
Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un
criado del sumo
sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
†. "Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a
espada
morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él
pondría ahora mismo a
mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se
cumplirían
entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?"
A. Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
†. "¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con
espadas y
palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no
me aprehendieron.
Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las
predicciones de los
profetas".
A. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo
sacerdote Caifás,
donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los
fue siguiendo de
lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó
con los criados
para ver en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un
falso testimonio
contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo
encontraron, aunque se
presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que
dijeron:
B. "Este dijo: "Puedo derribar el templo de Dios y
reconstruirlo en
tres días"".
A. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
B. "¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra
tuya?"
A. Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
B. "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el
Mesías, el
Hijo de Dios".
A. Jesús le respondió:
†. "Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán
al Hijo del
hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes
del cielo".
A. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
B. "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Ustedes mismos
han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?"
A. Ellos respondieron:
B. "Es reo de muerte".
A. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de
bofetadas. Otros lo
golpeaban, diciendo:
B. "Adivina quién es el que te ha pegado".
A. Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una
criada se le acercó
y le dijo:
B. "Tú también estabas con Jesús, el galileo".
A. Pero él lo negó ante todos, diciendo:
B. "No sé de qué me estás hablando".
A. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo
a los que
estaban allí:
B. "También ése andaba con Jesús, el nazareno".
A. El de nuevo lo negó con juramento:
B. "No conozco a ese hombre".
A. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allí y le
dijeron:
B. "No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta
tu modo de
hablar te delata".
A. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no
conocía a aquel
hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó
Pedro de que
Jesús había dicho: "Antes de que cante el gallo, me habrás
negado tres
veces". Y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos
del pueblo
celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de
atarlo, lo
llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo
entregaron.
Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús
había sido
condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas
de plata a los
sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
B. "Pequé, entregando la sangre de un inocente".
A. Ellos dijeron:
B. "¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú".
A. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se
fue y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
B. "No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas,
porque son
precio de sangre".
A. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del
alfarero, para
sepultar allí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama
hasta el día de
hoy "Campo de sangre". Así se cumplió lo que dijo el profeta
Jeremías: "Tomaron las treinta monedas de plata en que fue
tasado aquel a
quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron
por el Campo del
alfarero, según lo que me ordenó el Señor".
Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le
preguntó:
B. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
A. Jesús respondió:
†. "Tú lo has dicho".
A. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los
sumos sacerdotes y
los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
B. "¿No oyes todo lo que dicen contra ti?"
A. Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador
se quedó muy
extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el
procurador solía conceder
a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían
entonces un preso
famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los allí
reunidos:
B. "¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a
Jesús, que
se dice el Mesías?"
A. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.
Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
B. "No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido
mucho en
sueños por su causa".
A. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos
convencieron a la
muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la
muerte de Jesús. Así,
cuando el procurador les preguntó:
B. "¿A cuál de los dos quieren que les suelte?".
A. Ellos respondieron:
B. "A Barrabás".
A. Pilato les dijo:
B. "¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?"
A. Respondieron todos:
B. "Crucifícalo".
A. Pilato preguntó:
B. "Pero, ¿qué mal ha hecho?"
A. Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
B. "¡Crucifícalo!"
A. Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el
tumulto, pidió agua
y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
B. "Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre
justo. Allá
ustedes".
A. Todo el pueblo respondió:
B. "¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!"
A. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a
Jesús lo hizo
azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron alrededor
de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un
manto de púrpura,
trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza;
le pusieron una
caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban
diciendo:
B. "¡Viva el rey de los judíos!"
A. Y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con
ella en la
cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el
manto, le pusieron sus
ropas y lo llevaron a crucificar. Juntamente con él
crucificaron a dos
ladrones.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y
lo obligaron a
llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es
decir, "Lugar de
la Calavera", le dieron a beber a Jesús vino mezclado con
hiel; él lo
probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se
repartieron sus
vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados allí para
custodiarlo. Sobre
su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: "Este
es Jesús, el
rey de los judíos". Juntamente con él, crucificaron a dos
ladrones, uno a
su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban por allí lo insultaban moviendo la cabeza y
gritándole:
B. "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas,
sálvate a ti
mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".
A. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos,
diciendo:
B. "Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es
el rey de
Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su
confianza en Dios,
que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él
ha dicho:
"Soy el Hijo de Dios"".
A. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo
injuriaban.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció
toda aquella tierra.
Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:
†"Elí, Elí, ¿ lemá sabactaní?"
A. Que quiere decir:
†. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
A. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
B. "Está llamando a Elías".
A. Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja,
la empapó en
vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero
los otros le
dijeron:
B."Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo".
A. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.
A. Entonces el velo del
templo se rasgó en dos partes,
de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron.
Se abrieron los
sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y
después de la
resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se
aparecieron a mucha
gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él
custodiando a Jesús,
al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de
un gran temor y
dijeron:
B. "Verdaderamente éste era Hijo de Dios".
A. Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las
mujeres que habían
seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas
estaban María
Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre
de los hijos de
Zebedeo.
Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José,
que se había hecho
también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el
cuerpo de Jesús,
y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el
cuerpo, lo envolvió en
una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que
había hecho excavar
en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la
entrada del
sepulcro y se retiró. Estaban allí María Magdalena y la otra
María, sentadas
frente al sepulcro.
Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los
sumos sacerdotes
y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
B. "Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún
en vida,
dijo: "A los tres días resucitaré". Manda, pues, asegurar el
sepulcro
hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo
roben y digan luego
al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", porque esta última
impostura sería peor que la primera".
A. Pilato les dijo:
B. "Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro
como
ustedes quieran".
A. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello
sobre la puerta y
dejaron allí la guardia.
Hasta aquí la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san
Mateo.
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Sumo Sacerdote de
la fe que
profesamos, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos,
oraciones y
súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los
hombres:
Respondemos: Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que
en la cruz excusó a los ignorantes
y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han
caído en el
pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la
penitencia y les conceda
el gozo del perdón y de la paz, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que la sangre de
Jesús, que habla más
favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que
aún están lejos .
a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las
propias pasiones,
roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que
en la cruz experimentó la
amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los
enfermos, los
afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los
conforte,
roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.
Para que el Señor, que
recibió en su reino al ladrón
arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de
contrición y nos
admita, después de la muerte, en su paraíso, roguemos al
Señor.
Escúchanos Señor.
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo,
para que, con su
pasión, destruyese el pecado y la muerte y, con su
resurrección, nos devolviese
la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y
haz que podamos
gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Por la Pasión de tu Hijo sé propicio a tu pueblo, Señor, y concédenos, por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y
eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los
pecadores, y aceptó la
injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma,
al morir,
destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados.
Por eso,
te alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
Oremos:
Padre todopoderoso, que nos has alimentado con esta
Eucaristía, y por medio de
la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que
la fe nos promete;
concédenos, Señor, llegar por medio de su Pasión, Muerte y
Resurrección a la
meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
___________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Domingo de Ramos
ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN
— Entrada solemne, y a la vez sencilla, en Jerusalén. Jesús da cumplimiento a las antiguas profecías.
— El Señor llora sobre la ciudad. Correspondencia a la gracia.
— Alegría y dolor en este día: coherencia para seguir a Cristo hasta la Cruz.
I. “Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres”1.
Jesús sale muy de mañana de Betania. Allí, desde la tarde anterior, se habían congregado muchos fervientes discípulos suyos; unos eran paisanos de Galilea, llegados en peregrinación para celebrar la Pascua; otros eran habitantes de Jerusalén, convencidos por el reciente milagro de la resurrección de Lázaro. Acompañado de esta numerosa comitiva, junto a otros que se le van sumando en el camino, Jesús toma una vez más el viejo camino de Jericó a Jerusalén, hacia la pequeña cumbre del monte de los Olivos.
Las circunstancias se presentaban propicias para un gran recibimiento, pues era costumbre que las gentes saliesen al encuentro de los más importantes grupos de peregrinos para entrar en la ciudad entre cantos y manifestaciones de alegría. El Señor no manifestó ninguna oposición a los preparativos de esta entrada jubilosa. Él mismo elige la cabalgadura: un sencillo asno que manda traer de Betfagé, aldea muy cercana a Jerusalén. El asno había sido en Palestina la cabalgadura de personajes notables ya desde el tiempo de Balaán2.
El cortejo se organizó enseguida. Algunos extendieron su manto sobre la grupa del animal y ayudaron a Jesús a subir encima; otros, adelantándose, tendían sus mantos en el suelo para que el borrico pasase sobre ellos como sobre un tapiz, y muchos otros corrían por el camino a medida que adelantaba el cortejo hacia la ciudad, esparciendo ramas verdes a lo largo del trayecto y agitando ramos de olivo y de palma arrancados de los árboles de las inmediaciones. Y, al acercarse a la ciudad, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los que bajaban, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que había visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!3.
Jesús hace su entrada en Jerusalén como Mesías en un borrico, como había sido profetizado muchos siglos antes4. Y los cantos del pueblo son claramente mesiánicos. Esta gente llana –y sobre todo los fariseos– conocían bien estas profecías, y se manifiesta llena de júbilo. Jesús admite el homenaje, y a los fariseos que intentan apagar aquellas manifestaciones de fe y de alegría, el Señor les dice: Os digo que si estos callan gritarán las piedras5.
Con todo, el triunfo de Jesús es un triunfo sencillo, “se contenta con un pobre animal, por trono. No sé a vosotros; pero a mí no me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como un jumento: como un borriquito soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tu lado, porque tú me has tomado de tu diestra (Sal 72, 23-24), tú me llevas por el ronzal”6.
Jesús quiere también entrar hoy triunfante en la vida de los hombres sobre una cabalgadura humilde: quiere que demos testimonio de Él, en la sencillez de nuestro trabajo bien hecho, con nuestra alegría, con nuestra serenidad, con nuestra sincera preocupación por los demás. Quiere hacerse presente en nosotros a través de las circunstancias del vivir humano. También nosotros podemos decirle en el día de hoy: Ut iumentum factus sum apud te... “Como un borriquito estoy delante de Ti. Pero Tú estás siempre conmigo, me has tomado por el ronzal, me has hecho cumplir tu voluntad; et cum gloria suscepisti me, y después me darás un abrazo muy fuerte”7. Ut iumentum... como un borrico soy ante Ti, Señor..., como un borrico de carga, y siempre estaré contigo. Nos puede servir de jaculatoria para el día de hoy.
El Señor ha entrado triunfante en Jerusalén. Pocos días más tarde, en esa ciudad, será clavado en una cruz.
II. El cortejo triunfal de Jesús había rebasado la cima del monte de los Olivos y descendía por la vertiente occidental dirigiéndose al Templo, que desde allí se dominaba. Toda la ciudad aparecía ante la vista de Jesús. Al contemplar aquel panorama, Jesús lloró8.
Aquel llanto, entre tantos gritos alegres y en tan solemne entrada, debió de resultar completamente inesperado. Los discípulos estaban desconcertados viendo a Jesús. Tanta alegría se había roto de golpe, en un momento.
Jesús mira cómo Jerusalén se hunde en el pecado, en su ignorancia y en su ceguera: ¡Ay si conocieras por lo menos en este día que se te ha dado, lo que puede traerte la paz! Pero ahora todo está oculto a tus ojos9. Ve el Señor cómo sobre ella caerán otros días que ya no serán como este, día de alegría y de salvación, sino de desdicha y de ruina. Pocos años más tarde, la ciudad sería arrasada. Jesús llora la impenitencia de Jerusalén. ¡Qué elocuentes son estas lágrimas de Cristo! Lleno de misericordia, se compadece de esta ciudad que le rechaza.
Nada quedó por intentar: ni en milagros, ni en obras, ni en palabras; con tono de severidad unas veces, indulgente otras... Jesús lo ha intentado todo con todos: en la ciudad y en el campo, con gentes sencillas y con sabios doctores, en Galilea y en Judea... También ahora, y en cada época, Jesús entrega la riqueza de su gracia a cada hombre, porque su voluntad es siempre salvadora.
En nuestra vida, tampoco ha quedado nada por intentar, ningún remedio por poner. ¡Tantas veces Jesús se ha hecho el encontradizo con nosotros! ¡Tantas gracias ordinarias y extraordinarias ha derramado sobre nuestra vida! “El mismo Hijo de Dios se unió, en cierto modo, con cada hombre por su encarnación. Con manos humanas trabajó, con mente humana pensó, con voluntad humana obró, con corazón de hombre amó. Nacido de María Virgen se hizo de verdad uno de nosotros, igual que nosotros en todo menos en el pecado. Cordero inocente, mereció para nosotros la vida derramando libremente su sangre, y en Él el mismo Dios nos reconcilió consigo y entre nosotros mismos y nos arrancó de la esclavitud del diablo y del pecado, y así cada uno de nosotros puede decir con el Apóstol: el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20)”10.
La historia de cada hombre es la historia de la continua solicitud de Dios sobre él. Cada hombre es objeto de la predilección del Señor. Jesús lo intentó todo con Jerusalén, y la ciudad no quiso abrir la puertas a la misericordia. Es el misterio profundo de la libertad humana, que tiene la triste posibilidad de rechazar la gracia divina. “Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: “Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido”“11.
¿Cómo estamos respondiendo nosotros a los innumerables requerimientos del Espíritu Santo para que seamos santos en medio de nuestras tareas, en nuestro ambiente? Cada día, ¿cuántas veces decimos sí a Dios y no al egoísmo, a la pereza, a todo lo que significa desamor, aunque sea pequeño?
III. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando con ramos de palmas: “Hosanna en el cielo”12.
Nosotros conocemos ahora que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.
“¡Qué diferentes voces eran –comenta San Bernardo–: quita, quita, crucifícale y bendito sea el que viene en nombre del Señor, hosanna en las alturas! ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudan de los suyos y echan suertes sobre ellos”13.
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. En el fondo de nuestros corazones hay profundos contrastes: somos capaces de lo mejor y de lo peor. Si queremos tener la vida divina, triunfar con Cristo, hemos de ser constantes y hacer morir por la penitencia lo que nos aparta de Dios y nos impide acompañar al Señor hasta la Cruz.
“La liturgia del Domingo de Ramos pone en boca de los cristianos este cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos, puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria (Antífona de la distribución de los ramos). El que se queda recluido en la ciudadela del propio egoísmo no descenderá al campo de batalla. Sin embargo, si levanta las puertas de la fortaleza y permite que entre el Rey de la paz, saldrá con Él a combatir contra toda esa miseria que empaña los ojos e insensibiliza la conciencia”14.
María también está en Jerusalén, cerca de su Hijo, para celebrar la Pascua. La última Pascua judía y la primera Pascua en la que su Hijo es el Sacerdote y la Víctima. No nos separemos de Ella. Nuestra Señora nos enseñará a ser constantes, a luchar en lo pequeño, a crecer continuamente en el amor a Jesús. Contemplemos la Pasión, la Muerte y la Resurrección de su Hijo junto a Ella. No encontraremos un lugar más privilegiado.
1 San Andrés de Creta, Sermón 9 sobre el Domingo de Ramos. — 2 Cfr. Num 22, 21 ss. — 3 Lc 19, 37-38. — 4 Zac 9, 9. — 5 Lc 19, 40. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 181. — 7 ídem, citado por A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1983, p. 124. — 8 Lc 19, 41. — 9 Lc 19, 42. —10 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 22. — 11 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 761. — 12 Himno a Cristo Rey. Liturgia del Domingo de Ramos. — 13 San Bernardo, Sermón en el Domingo de Ramos, 2, 4. — 14 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 82.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Vicente Ferrer
Predicador
(año 1419)
Nació en 1350 en Valencia, España. Sus padres le inculcaron desde muy pequeñito una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor por los pobres. Le encargaron repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar. Así lo fueron haciendo amar el dar ayudas a los necesitados. Lo enseñaron a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada sábado en honor de la Virgen Santísima. Estas costumbres las ejercitó durante toda su vida.
Se hizo religioso en la Comunidad de los Padres Dominicos y, por su gran inteligencia, a los 21 años ya era profesor de filosofía en la universidad.
Durante su juventud el demonio lo asaltó con violentas tentaciones y, además, como era extraordinariamente bien parecido, varias mujeres de dudosa conducta se enamoraron de él y como no les hizo caso a sus zalamerías, le inventaron terribles calumnias contra su buena fama. Todo esto lo fue haciendo fuerte para soportar las pruebas que le iban a llegar después.
Siendo un simple diácono lo enviaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente en un sermón anunció una tarde que esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a Vicente, el predicador. Los superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.
Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas y había muchísima desunión. De tanto afán se enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos, campos y países. Y Vicente recuperó inmediatamente su salud
En adelante por 30 años, Vicente recorre el norte de España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales.
Los primeros convertidos fueron judíos y moros. Dicen que convirtió más de 10,000 judíos y otros tantos musulmanes o moros en España. Y esto es admirable porque no hay gente más difícil de convertirse al catolicismo que un judío o un musulmán.
Las multitudes se apiñaban para escucharle, donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle y entenderle a más de una cuadra de distancia.
Sus sermones duraban casi siempre más de dos horas (un sermón suyo de las Siete Palabras en un Viernes Santo duró seis horas), pero los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con tal emoción y de temas tan propios para esas gentes, y con frases tan propias de la S. Biblia, que a cada uno le parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.
Antes de predicar rezaba por cinco o más horas para pedir a Dios la eficacia de la palabra, y conseguir que sus oyentes se transformaran al oírle. Dormía en el puro suelo, ayunaba frecuentemente y se trasladaba a pie de una ciudad a otra (los últimos años se enfermó de una pierna y se trasladaba cabalgando en un burrito).
En aquel tiempo había predicadores que lo que buscaban era agradar a los oídos y componían sermones rimbombantes que no convertían a nadie. En cambio a San Vicente lo que le interesaba no era lucirse sino convertir a los pecadores. Y su predicación conmovía hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. gentes que siempre habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta 15,000 personas se reunían en los campos abiertos, para oírle.
Después de sus predicaciones lo seguían dos grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios, alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban hasta el próximo pueblo a donde el santo iba a predicar, y allí le ayudaban a organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.
Como la gente se lanzaba hacia él para tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.
Las gentes se quedaban admiradas al ver que después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la costumbre de hablar cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad y gusto de aparecer. Y hay un dato curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.
Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Hablaba de la sublimidad de la Santa Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del cielo y del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios, era inmenso.
Pero el tema en que más insistía este santo predicador era el Juicio de Dios que espera a todo pecador. La gente lo llamaba "El ángel del Apocalipsis", porque continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis enseña acerca del Juicio Final que nos espera a todos. El repetía sin cansarse aquel aviso de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras" (Apocalipsis 22,12). Hasta los más empecatados y alejados de la religión se conmovían al oírle anunciar el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).
Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación. Y uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas, siendo que él solamente hablaba su lengua materna y el latín. Y sucedía frecuentemente que las gentes de otros países le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés, cuando al llegar el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, las gentes de 18 países escuchaban a los apóstoles cada uno en su propio idioma, siendo que ellos solamente les hablaban en el idioma de Israel.
San Vicente se mantuvo humilde a pesar de la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas". Así son los santos. Grandes ante la gente de la tierra pero se sienten muy pequeñitos ante la presencia de Dios que todo lo sabe.
Los últimos años, ya lleno de enfermedades, lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Era como un milagro. Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de entusiasmo. Y su entusiasmo era contagioso. Murió en plena actividad misionera, el Miércoles de Ceniza, 5 de abril del año 1419. Fueron tantos sus milagros y tan grande su fama, que el Papa lo declaró santo a los 36 años de haber muerto, en 1455.
El santo regalaba a las señoras que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa "agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la mujer no le podía contestar al marido, no había peleas. Ojalá que en muchos de nuestros hogares se volviera a esta bella costumbre de callar mientras el otro ofende. Porque lo que produce la pelea no es la palabra ofensiva que se oye, si no la palabra ofensiva que se responde.
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Jorge, Santo Mártir, Abril 5
Mártir Etimológicamente significa “agricultor”. Viene de la lengua
griega. |
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Fuente:
Franciscanos.org
María Crescencia Höss, Santa Monja, Abril 5
Monja de la Tercera Orden Regular de San Francisco Nació el 20 de octubre de 1682. Era hija de
un modesto tejedor de lana en la ciudad de Kaufbeuren,
que en aquel tiempo contaba sólo con dos mil quinientos
habitantes, en su mayoría protestantes. En la escuela se
distinguió por su inteligencia y su devoción. Se hizo
tejedora, para ayudar a su padre, pero su mayor
aspiración era entrar en el monasterio de las
Franciscanas de Kaufbeuren. Sin embargo, su familia era
demasiado pobre para pagar la dote requerida y sólo con
la ayuda decisiva del alcalde protestante pudo entrar
finalmente en el convento. |
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Fuente:
Vatican.va
Mariano de la Mata Aparicio, Beato Sagerdote Agustino,
Abril 5
Nació el 31 de diciembre de 1905 en Barrio
de la Puebla (Palencia, España), en el seno de una
familia profundamente cristiana. Sus padres se llamaban
Manuel y Martina. Siguiendo el ejemplo de tres hermanos
suyos ―Leovigildo, Tomás y Baltasar―, después de los
estudios humanísticos, el 9 de septiembre de 1921,
ingresó en la Orden de San Agustín. Un año más tarde, el
10 de septiembre de 1922, terminado el tiempo de
noviciado, emitió la profesión temporal, depositándola
en manos del prior de la casa, Anselmo Polanco, futuro
obispo de Teruel, mártir de la fe de Cristo, beatificado
por el Papa Juan Pablo II en 1995. |
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Fuente: ACI
Prensa
Juliana de Monte Cornillon, Beata Monja, Abril 5
Monja, nacida en Retinnes, cerca de Lieja,
Bélgica, en 1193; murió en Fosses el 5 de abril de 1258.
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uente:
Mercaba.org
Catalina Tomás, Santa Monja, 5 de abril
Monja Martirologio Romano: En la ciudad de Palma, en la isla de Mallorca, en España, santa Catalina Tomás, virgen, que, habiendo ingresado en la Orden de Canonesas Regulares de San Agustín, destacó por su humildad y la abnegación de la voluntad (1574).
Sí alguna vez van ustedes a Mallorca, será
obligado que visiten Valldemosa. El turismo se basa, por
desgracia, en lo espectacular. Y así, les enseñarán la
Cartuja, con sus celdas, y aquellas donde vivieron el
pobre Federico Chopin y la escritora George Sand una
bien pobre aventura humana. O en La Foradada, la mancha
de humo de aquella hoguera que encendió Rubén Darío,
cuando quiso hacer una paella junto al mar. Salvo que
ustedes pregunten, nadie o casi nadie les hablará de
Catalina Thomás, aquella "santita mucama", como la llamó
un escritor viajero español. |
J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 1-9 )
Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Domingo de la Resurrección del Señor
Señor, protege siempre a tu Iglesia
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Antífona de Entrada
He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10, 34. 37-43)
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.
El nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 117
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Aleluya.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los colosenses (3, 1-4 )
Hermanos:
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
(Sólo el día de hoy es obligatoria; durante la octava es opcional)
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la víctima propicia de la Pascua. Cordero sin pecado, que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza. Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la vida, triunfante se levanta. “¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?” “A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua”. Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda. Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 1-9 )
Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Cristo ha resucitado y vive para interceder por nosotros; por eso digámosle:
Te glorificamos, Señor.
Porque con tu resurrección has vencido las tinieblas dando muerte al pecado y a la muerte y nos ofreces la vida en plenitud:
Te glorificamos, Señor.
Porque Tú eres el Viviente, el que nos renueva y nos permite vivir una vida nueva:
Te glorificamos, Señor.
Porque tu resurrección ha colmado de alegría a todos los pueblos y les abre esperanzas de paz y libertad:
Te glorificamos, Señor.
Porque hoy enriqueces a tu Iglesia con la vida de los nuevos bautizados:
Te glorificamos, Señor.
Porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna:
Te glorificamos, Señor.
Porque la luz del sepulcro vacío y el mensaje de la resurrección guían nuestra fe y allanan nuestro camino:
Te glorificamos, Señor.
Celebrante:
Te glorificamos y te pedimos que tu gracia renueve nuestras vidas, las sumerja en tu misterio y un día disfrutemos en plenitud de tu resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Regocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Pascual I
El misterio pascual
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo nuestra Pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Domingo de Resurrección
Resucitó de entre los muertos
— La Resurrección del Señor, fundamento de nuestra fe. Jesucristo vive: esta es la gran alegría de todos los cristianos.
— La luz de Cristo. La Resurrección, una fuerte llamada al apostolado.
— Apariciones de Jesús: el encuentro con su Madre, a quien se aparece en primer lugar. Vivir este tiempo litúrgico muy cerca de la Virgen.
I. En verdad ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad1.
“Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar el cuerpo muerto de Jesús. —Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro, salido ya el sol (Mc 16, 1-2). Y entrando, se quedan consternadas porque no hallan el cuerpo del Señor. —Un mancebo, cubierto de vestidura blanca, les dice: No temáis: sé que buscáis a Jesús Nazareno: non est hic, surrexit enim sicut dixit, —no está aquí, porque ha resucitado, según predijo (Mt 28, 5).
“¡Ha resucitado! —Jesús ha resucitado. No está en el sepulcro. —La Vida pudo más que la muerte”2.
La Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil y nuestra fe vacía de contenido3. Además, en la Resurrección de Cristo se apoya nuestra futura resurrección. Porque Dios, rico en misericordia, movido del gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por el pecado, nos dio vida juntamente con Cristo... y nos resucitó con Él4. La Pascua es la fiesta de nuestra redención y, por tanto, fiesta de acción de gracias y de alegría.
La Resurrección del Señor es una realidad central de la fe católica, y como tal fue predicada desde los comienzos del Cristianismo. La importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección de Jesús5. Anuncian que Cristo vive, y este es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que, después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo vive! La Resurrección es el argumento supremo de la divinidad de Nuestro Señor.
Después de resucitar por su propia virtud, Jesús glorioso fue visto por los discípulos, que pudieron cerciorarse de que era Él mismo: pudieron hablar con Él, le vieron comer, comprobaron las huellas de los clavos y de la lanza... Los Apóstoles declaran que se manifestó con numerosas pruebas6, y muchos de estos hombres murieron testificando esta verdad.
Jesucristo vive. Y esto nos colma de alegría el corazón. “Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia (...): en Él, lo encontramos todo; fuera de Él, nuestra vida queda vacía”7.
“Se apareció a su Madre Santísima. —Se apareció a María de Magdala, que está loca de amor. —Y a Pedro y a los demás Apóstoles. —Y a ti y a mí, que somos sus discípulos y más locos que la Magdalena: ¡qué cosas le hemos dicho!
“Que nunca muramos por el pecado; que sea eterna nuestra resurrección espiritual. —Y (...) has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto mis labios sobre su costado abierto”8.
II. Dice bellamente San León Magno9 que Jesús se apresuró a resucitar cuanto antes porque tenía prisa en consolar a su Madre y a los discípulos: estuvo en el sepulcro el tiempo estrictamente necesario para cumplir los tres días profetizados. Resucitó al tercer día, pero lo antes que pudo, al amanecer, cuando aún estaba oscuro10, anticipando el amanecer con su propia luz.
El mundo había quedado a oscuras. Solo la Virgen María era un faro en medio de tantas tinieblas. La Resurrección es la gran luz para todo el mundo: Yo soy la luz11, había dicho Jesús; luz para el mundo, para cada época de la historia, para cada sociedad, para cada hombre.
Ayer noche, mientras participábamos –si nos fue posible– en la liturgia de la Vigilia pascual, vimos cómo al principio reinaba en el templo una oscuridad total, imagen de las tinieblas en las que se debate la humanidad sin Cristo, sin la revelación de Dios. En un instante el celebrante proclamó la conmovedora y feliz noticia: La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu12. Y de la luz del cirio pascual, que simboliza a Cristo, todos los fieles recibieron la luz: el templo quedó iluminado con la luz del cirio pascual y de todos los fieles. Es la luz que la Iglesia derrama sobre toda la tierra sumida en tinieblas.
La Resurrección de Cristo es una fuerte llamada al apostolado: ser luz y llevar la luz a otros. Para eso hemos de estar unidos a Cristo. “Instaurare omnia in Christo, da como lema San Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 1, 10); informar el mundo entero con el espíritu de Jesús, colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Jn 12, 32), cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Cristo con su Encarnación, con su vida de trabajo en Nazareth, con su predicación y milagros por las tierras de Judea y de Galilea, con su muerte en la Cruz, con su Resurrección, es el centro de la creación, Primogénito y Señor de toda criatura.
“Nuestra misión de cristianos es proclamar esa Realeza de Cristo, anunciarla con nuestra palabra y con nuestras obras. Quiere el Señor a los suyos en todas las encrucijadas de la tierra. A algunos los llama al desierto, a desentenderse de los avatares de la sociedad de los hombres, para hacer que esos mismos hombres recuerden a los demás, con su testimonio, que existe Dios. A otros, les encomienda el ministerio sacerdotal. A la gran mayoría, los quiere en medio del mundo, en las ocupaciones terrenas. Por lo tanto, deben estos cristianos llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña”13.
III. La Virgen, que estuvo acompañada por las santas mujeres en las horas tremendas de la crucifixión de su Hijo, no acompañó a estas en el piadoso intento de terminar de embalsamar el Cuerpo muerto de Jesús. María Magdalena y las demás mujeres que le habían seguido desde Galilea han olvidado las palabras del Señor acerca de su Resurrección al tercer día. La Virgen Santísima sabe que resucitará. En un clima de oración, que nosotros no podemos describir, Ella espera a su Hijo glorificado.
“Los evangelios no nos hablan de una aparición de Jesús resucitado a María. De todos modos, como Ella estuvo de manera especialmente cercana a la cruz del Hijo, hubo de tener también una experiencia privilegiada de su resurrección”14. Una tradición antiquísima de la Iglesia nos transmite que Jesús se apareció en primer lugar y a solas a su Madre. En primer término, porque Ella es la primera y principal corredentora del género humano, en perfecta unión con su Hijo. A solas, puesto que esta aparición tenía una razón de ser muy diferente de las demás apariciones a las mujeres y a los discípulos. A estos había que reconfortarlos y ganarlos definitivamente para la fe. La Virgen, que ya había sido constituida Madre del género humano reconciliado con Dios, no dejó en ningún momento de estar en perfecta unión con la Trinidad Beatísima. Toda la esperanza en la Resurrección de Jesús que quedaba sobre la tierra se había cobijado en su corazón.
No sabemos de qué manera tuvo lugar la aparición de Jesús a su Madre. A María Magdalena se le apareció de forma que ella no le reconoció en un primer momento. A los dos discípulos de Emaús se les unió como un hombre que iba de viaje. A los Apóstoles reunidos en el Cenáculo se les apareció con las puertas cerradas... A su Madre, en una intimidad que podemos imaginar, se le mostró en tal forma que Ella conociera, en todo caso, su estado glorioso y que ya no continuaría la misma vida de antes sobre la tierra15. La Virgen, después de tanto dolor, se llenó de una inmensa alegría. “No sale tan hermoso el lucero de la mañana –dice fray Luis de Granada–, como resplandeció en los ojos de la Madre aquella cara llena de gracias y aquel espejo sin mancilla de la gloria divina. Ve el cuerpo del Hijo resucitado y glorioso, despedidas ya todas las fealdades pasadas, vuelta la gracia de aquellos ojos divinos y resucitada y acrecentada su primera hermosura. Las aberturas de las llagas, que eran para la Madre como cuchillos de dolor, verlas hechas fuentes de amor; al que vio penar entre ladrones, verle acompañado de ángeles y santos; al que la encomendaba desde la cruz al discípulo ve cómo ahora extiende sus amorosos brazos y le da dulce paz en el rostro; al que tuvo muerto en sus brazos, verle ahora resucitado ante sus ojos. Tiénele, no le deja; abrázale y pídele que no se le vaya; entonces, enmudecida de dolor, no sabía qué decir; ahora, enmudecida de alegría, no puede hablar”16. Nosotros nos unimos a esta inmensa alegría.
Se cuenta que Santo Tomás de Aquino, cada año en esta fiesta, aconsejaba a sus oyentes que no dejaran de felicitar a la Virgen por la Resurrección de su Hijo17. Es lo que hacemos nosotros, comenzando hoy a rezar el Regina Coeli, que ocupará el lugar del Ángelus durante el tiempo Pascual: Alégrate, Reina del cielo, ¡aleluya!, porque Aquel a quien mereciste llevar dentro de ti ha resucitado, según predijo... Y le pedimos que nosotros resucitemos en íntima unión con Jesucristo. Hagamos el propósito de vivir este tiempo pascual muy cerca de Santa María.
1 Antífona de entrada de la Misa. Cfr. Lc 24, 34; Cfr. Apoc 1, 6. — 2 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, primer misterio glorioso. — 3 Cfr. 1 Cor 15, 14-17. — 4 Ef 2, 4-6. — 5 Cfr Hech 1, 22; 2, 32; 3, 15; etc. — 6 Hech 1, 3. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 102. — 8 ídem, Santo Rosario, primer misterio glorioso. — 9 San León Magno, Sermón 71, 2. — 10 Jn 20, 1. — 11 Jn 8, 12. — 12 Misal Romano, Vigilia pascual. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 105. — 14 Juan Pablo II, Discurso en el santuario de Nª Sª de la Alborada, Guayaquil, 31-I-1985. — 15 Cfr. F. M. Willam, Vida de María, Herder, Barcelona 1974, p. 330. — 16 Fray Luis de Granada, Libro de la oración y meditación, Palabra, 2ª ed., Madrid 1979, 26, 4, 16. — 17 Cfr. Fr. J. F. P., Vida y misericordia de la Santísima Virgen, según los textos de Santo Tomás de Aquino, Segovia 1935, pp. 181-182.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Teresa de Jesús de los Andes Monja Carmelita, Abril 12
Religiosa CarmelitaMartirologio
Romano: En la ciudad de Los Andes, en Chile,
santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar,
virgen, que, siendo novicia en la Orden de
Carmelitas Descalzas, consagró, como ella misma
decía, su vida a Dios por el mundo pecador, muriendo
de tifus a los veinte años de edad (1920).
|

Santa Teresa de los Andes. Parte I
http://www.gloria.tv/?media=436691
Santa Teresa de los Andes. Parte II
Santa Teresa de los Andes. Parte III
Santa Teresa de los Andes. Parte IV
Santa Teresa de los Andes. Parte V
SANTA TERESA DE LOS ANDES-BENDITOS DE MI PADRE
http://www.gloria.tv/?media=33569
http://www.gloria.tv/?media=34920

PALABRAS DE DEL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS A SANTA TERESA DE LOS ANDES
http://www.gloria.tv/?media=304466
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Julio I, Santo Papa, Abril 12
XXXV PapaSe conocen pocos datos de su vida anterior
a la elección para Sumo Pontífice el 6 de febrero del
337, muerto el papa Marcos y después de ocho meses de
sede vacante. El Liber Pontificalis nos dice que era
romano y que su padre se llamaba Rústico. |
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José Moscati, San El médico santo, Abril 12
El Médico Santo
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Zenón de Verona, Santo Obispo, Abril 12
ObispoEtimológicamente significa “relativo a al
dios Zeus”. Viene del griego y del latín. |
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Fuente:
Vatican.va
David Uribe Velasco,
Santo Mártir, 12 de abril
Nació
en Buenavista de Cuéllar, Gro. (Diócesis de Chilapa),
el 29 de diciembre de 1889. |
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Alferio, Santo Abad, Abril 12
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J†A
JMJ
Pax
Ocho días después se les apareció Jesús
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la
resurrección, estaban los discípulos
en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y
en esto entró
Jesús, se puso en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos
se llenaron de
alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los
envío yo".
Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados,
les
quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán
sin
perdonar".
Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos
cuando vino
Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero él les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi
dedo en los
agujeros de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo
creo".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada y Tomás con
ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela en
mi
costado; y no sigas dudando, sino cree".
Tomás respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que
crean que Jesús
es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida
en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
2o. Dom de Pascua Ciclo A - Domingo de la Divina Misericordia (indulgencia plenaria)
Abran su corazón con alegría, den gracias a Dios que los ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya.
Oración Colecta
Oremos:
Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo
con la celebración
anual de las fiestas pascuales; aumenta en nosotros tu gracia,
para que
comprendamos a fondo la
inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del
Espíritu que nos ha
dado vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Los creyentes vivían unidos y todo lo tenían en común
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47
En los primeros días de
la Iglesia, los hermanos eran
constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la
vida común, en la
fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba
impresionada por los
muchos milagros y prodigios que los apóstoles hacían en
Jerusalén.
Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían
bienes y
propiedades y lo repartían entre todos, según las necesidades
de cada uno.
Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el
pan y comían
juntos alabando a Dios con alegría y sencillez de corazón;
toda la gente los
estimaba y el Señor aumentaba cada día el número de creyentes
que aceptaban la
salvación.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 117
La misericordia del Señor es eterna.
Diga la casa de Israel:
Su misericordia es eterna.
Diga la casa de Aarón: Su misericordia es eterna. Digan los
fieles del Señor:
Su misericordia es eterna.
La misericordia del Señor es eterna.
Empujaban para
derribarme, pero Dios me ayudó. El
Señor es mi fuerza y mi alegría, en el Señor está mi
salvación.
La misericordia del Señor es eterna.
La piedra que desecharon
los constructores es ahora la
piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un
milagro patente. Este
es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.
La misericordia del Señor es eterna.
La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9
Bendito sea Dios, Padre
de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran misericordia, por la
resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos concedió
renacer a la
esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni
mancharse, que nos
está reservada como herencia en el cielo. La fuerza de Dios
los custodia en la
fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento
final.
Por esta razón, alégrense, aunque ahora tengan que sufrir un
poco, en pruebas
diversas; a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea
hallada digna de
alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Cristo, nuestro
Señor, que por
la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro acrisola
por el fuego.
A Cristo Jesús no lo han visto, y lo aman; no lo ven, y creen
en él; se llenan
de una alegría
radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de
sus almas, que
es la meta de la fe.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído, dice el Señor. Paz a
ustedes. Dichosos
los que creen sin haber visto.
Aleluya.
Ocho días después se les apareció Jesús
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de
la resurrección, estaban los
discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a
los judíos. Y en
esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los
discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los
envío yo".
Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los
pecados, les
quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les
quedarán sin perdonar".
Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos
cuando vino
Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero él les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi
dedo en los
agujeros de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo
creo".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada y Tomás con
ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela
en mi
costado; y no sigas dudando, sino cree".
Tomás respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin
haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que
crean que Jesús
es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan
vida en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos, amados hermanos, a Cristo, triunfador del pecado y
de la muerte,
que siempre intercede por nosotros:
Respondemos a cada petición: Te rogamos Señor, óyenos.
Para que Cristo, el
Señor, atraiga hacia sí el corazón
de los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera que
busquen los bienes de
allá arriba, donde él está sentado a la derecha de Dios,
roguemos al Señor.
Te rogamos Señor, óyenos.
Para que Cristo, amo
supremo de la creación, haga que
todos los pueblos gocen abundantemente de la paz que en sus
apariciones otorgó
a los discípulos, roguemos al Señor.
Te rogamos Señor, óyenos.
Para que Cristo, el
destructor de la muerte y el
médico de toda enfermedad, se compadezca de los débiles y
desdichados y aleje
del mundo el hambre, las guerras y todos los males, roguemos
al Señor.
Te rogamos Señor, óyenos.
Para que Cristo, el
Señor, salve y bendiga nuestra
parroquia (comunidad), y conceda la paz, la alegría y el
descanso en las
fatigas a los que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su
triunfo, roguemos
al Señor.
Te rogamos Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que en este día, memorial de la Pascua, has
reunido a tu Iglesia
que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre
nuestros corazones
para que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al
partir el pan.
El, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de
los siglos.
Amén.
Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos; Tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La nueva vida en Cristo
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en
este tiempo en que
Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del
mundo; muriendo
destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo sino creyente. Aleluya.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este
sacramento nos
impulse a servirte mejor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
PASCUA. SEGUNDO DOMINGO
LA FE DE TOMAS
- Aparición de Jesús a los Apóstoles estando ausente Tomás. Le comunican que Jesús ha resucitado. Apostolado con quienes han conocido a Cristo, pero no le tratan.
- El acto de fe del Apóstol Tomás. Nuestra fe ha de ser operativa: actos de fe, confianza con el Señor, apostolado.
- La Resurrección es una llamada a manifestar con nuestra vida que Cristo vive. Necesidad de estar bien formados.
I. El primer día de la semana (1), el día en que resucitó el Señor, el primer día del mundo nuevo, está repleto de acontecimientos: desde la mañana, muy temprano (2), cuando las mujeres van al sepulcro, hasta la noche, muy tarde (3), cuando Jesús viene a confortar a sus más íntimos: La paz sea con vosotros, les dice. Y dicho esto les mostró las manos y el costado. En esta ocasión, Tomás no estaba con los demás Apóstoles; no pudo ver al Señor, ni oír sus consoladoras palabras.
Este Apóstol fue el que dijo una vez: Vayamos también nosotros y muramos con él (4). Y en la Ultima Cena expresó al Señor su ignorancia, con la mayor sencillez: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo vamos a saber el camino? (5) Llenos de un profundo gozo, los Apóstoles buscarían a Tomás por Jerusalén aquella misma noche o al día siguiente. En cuanto dieron con él, les faltó tiempo para decirle: ¡Hemos visto al Señor! Pero Tomás, como los demás, estaba profundamente afectado por lo que habían visto sus ojos: jamás olvidaría la Crucifixión y Muerte del Maestro. No da ningún crédito a lo que los demás le dicen: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré (6). Los que habían compartido con él aquellos tres años y con quienes por tantos lazos estaba unido, le repetirían de mil formas diferentes la misma verdad, que era su alegría y su seguridad: ¡Hemos visto al Señor! Tomás pensaba que el Señor estaba muerto. Los demás le aseguraban que vive, que ellos mismos lo han visto y oído, que han estado con Él. Así hemos de hacer nosotros: para muchos hombres y para muchas mujeres Cristo es como si estuviera muerto, porque apenas significa nada para ellos, casi no cuenta en su vida. Nuestra fe en Cristo resucitado nos impulsa a ir a esas personas, a decirles de mil formas diferentes que Cristo vive, que nos unimos a Él por la fe y lo tratamos cada día, que orienta y da sentido a nuestra vida.
De esta manera, cumpliendo con esa exigencia de la fe, que es darla a conocer con el ejemplo y la palabra, contribuimos personalmente a edificar la Iglesia, como aquellos primeros cristianos de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles: crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor (7).
II. A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. Después dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel (8).
La respuesta de Tomás es un acto de fe, de adoración y de entrega sin límites: ¡Señor mío y Dios mío! Son las suyas cuatro palabras inagotables. Su fe brota, no tanto de la evidencia de Jesús, sino de un dolor inmenso. No son tanto las pruebas como el amor el que le lleva a la adoración y a la vuelta al apostolado. La Tradición nos dice que el Apóstol Tomás morirá mártir por la fe en su Señor. Gastó la vida en su servicio.
Las dudas primeras de Tomás han servido para confirmar la fe de los que más tarde habían de creer en Él. “¿Es que pensáis -comenta San Gregorio Magno- que aconteció por pura casualidad que estuviese ausente entonces aquel discípulo elegido, que al volver oyese relatar la aparición, y que al oír dudase, dudando palpase y palpando creyese? No fue por casualidad, sino por disposición de Dios. La divina clemencia actuó de modo admirable para que, tocando el discípulo dubitativo las heridas de la carne de su Maestro, sanara en nosotros las heridas de la incredulidad (...). Así el discípulo, dudando y palpando, se convirtió en testigo de la verdadera resurrección” (9).
Si nuestra fe es firme, también se apoyará en ella la de otros muchos. Es preciso que nuestra fe en Jesucristo vaya creciendo de día en día, que aprendamos a mirar los acontecimientos y las personas como Él los mira, que nuestro actuar en medio del mundo esté vivificado por la doctrina de Jesús. Pero, en ocasiones, también nosotros nos encontramos faltos de fe como el Apóstol Tomás. Tenemos necesidad de más confianza en el Señor ante las dificultades en el apostolado, ante acontecimientos que no sabemos interpretar desde un punto de vista sobrenatural, en momentos de oscuridad, que Dios permite para que crezcamos en otras virtudes...
La virtud de la fe es la que nos da la verdadera dimensión de los acontecimientos y la que nos permite juzgar rectamente de todas las cosas. “Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien nos movemos y existimos (Hech 17, 28); buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre” (10).
Meditemos el Evangelio de la Misa de hoy. “Pongamos de nuevo los ojos en el Maestro. Quizá tú también escuches en este momento el reproche dirigido a Tomás: mete aquí tu dedo, y registra mis manos; y trae tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel (Jn 20, 27); y, con el Apóstol, saldrá de tu alma, con sincera contrición, aquel grito: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20, 28), te reconozco definitivamente por Maestro, y ya para siempre -con tu auxilio- voy a atesorar tus enseñanzas y me esforzaré en seguirlas con lealtad” (11).
¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Señor y mi Dios! Estas palabras han servido de jaculatoria a muchos cristianos, y como acto de fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, al pasar delante de un sagrario, en el momento de la Consagración en la Santa Misa... También pueden ayudarnos a nosotros para actualizar nuestra fe y nuestro amor a Cristo resucitado, realmente presente en la Hostia Santa.
III. El Señor le contestó a Tomás: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído (12). “Sentencia en la que sin duda estamos señalados nosotros -dice San Gregorio Magno‑, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Se alude a nosotros, con tal que vivamos conforme a la fe; porque sólo cree de verdad el que practica lo que cree” (13).
La Resurrección del Señor es una llamada a que manifestemos con nuestra vida que Él vive. Las obras del cristiano deben ser fruto y manifestación del amor a Cristo.
En los primeros siglos la difusión del cristianismo se realizó principalmente por el testimonio personal de los cristianos que se convertían. Era una predicación sencilla de la Buena Nueva: de hombre a hombre, de familia a familia; entre quienes tenían el mismo oficio, entre vecinos; en los barrios, en los mercados, en las calles. Hoy también quiere el Señor que el mundo, la calle, el trabajo, las familias sean el cauce para la transmisión de la fe.
Para confesar nuestra fe con la palabra es necesario conocer su contenido con claridad y precisión. Por eso, nuestra Madre la Iglesia ha hecho tanto hincapié a lo largo de los siglos en el estudio del Catecismo, donde, de una manera breve y sencilla, se contiene lo esencial que hemos de conocer para poder vivirlo después. Ya San Agustín insistía a aquellos catecúmenos a punto de recibir el Bautismo: “Así, pues, el sábado próximo, en que celebraremos la vigilia, si Dios quiere, habréis de dar no la oración (el Padrenuestro), sino el símbolo (el Credo); porque si ahora no lo aprendéis, después, en la iglesia, no se lo habéis de oír todos los días al pueblo. Y, en aprendiéndolo bien, decidlo a diario para que no se olvide: al levantaros de la cama, al ir a dormiros, dad vuestro símbolo, dádselo a Dios, procurando hacer memoria de ello, y sin pereza de repetirlo. Es cosa buena repetir para no olvidar. No digáis: "Ya lo dije ayer, y lo digo hoy, y a diario lo digo; téngolo bien grabado en la memoria". Sea para ti como un recordatorio de tu fe y un espejo donde te mires. Mírate, pues, en él; examina si continúas creyendo todas las verdades que de palabra dices creer, y regocíjate a diario en tu fe. Sean ellas tu riqueza; sean a modo de vestidos para el aderezo de tu alma” (14). ¡A cuántos cristianos habría que decirles estas mismas palabras, pues han olvidado lo esencial del contenido de su fe! Jesucristo nos pide también que le confesemos con obras delante del os hombres. Por eso, pensemos; ¿no tendríamos que ser más valientes en esa o aquella ocasión?, ¿no tendríamos que ser más sacrificados a la hora de sacar adelante nuestros quehaceres? Pensemos en nuestro trabajo, en el ambiente que nos rodea: ¿se nos conoce como personas que llevan vida de fe?, ¿nos falta audacia en el apostolado?, ¿conocemos con profundidad lo esencial de nuestra fe? Terminamos nuestra oración pidiendo a la Virgen, Asiento de la Sabiduría, Reina de los Apóstoles, que nos ayude a manifestar con nuestra conducta y nuestras palabras que Cristo vive.
(1) Jn 20, 1.- (2) Mc 16, 2.- (3) Jn 20, 19.- (4) Jn 11, 16.- (5) Jn 14, 5.- (6) Jn 20, 25.- (7) Hech 5, 14.- (8) Jn 20, 26-27.- (9) SAN GREGORIO MAGNO, Homilías sobre los Evangelios, 26, 7.- (10) CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4.- (11) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 145.- (12) Jn 20, 29.- (13) SAN GREGORIO MAGNO, loc. cit., 26, 9.- (14) SAN AGUSTIN, Sermón 58, 15.
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10 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia

La celebración del Domingo de la Divina de la Misericordia tiene lugar en el segundo Domingo de Pascua ¿Qué es y por qué es tan importante este día para los católicos? Estas son 10 cosas que debes saber al respecto:
1. El Domingo de la Misericordia se basa en revelaciones privadas
La celebración de esta fiesta se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.
2. Forma parte del calendario de la Iglesia por acción de San Juan Pablo II
En el año 2000, San Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de Abril, 2000)
3. Esta revelación privada tiene efectos válidos en la liturgia
En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.
4. La Iglesia invita a celebrar la Divina Misericordia de varias formas
Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]
5. La imagen de la Divina Misericordia fue revelada por Jesús mismo
Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.
En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.
“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".
6. Esta devoción cuenta con oraciones particulares
La Coronilla es un conjunto de plegarias utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.
Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con oraciones diferentes. Puede acceder a la Coronilla en el siguiente enlace.
7. La Divina Misericordia está vinculada al Evangelio del segundo Domingo de Pascua
La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo –tras su resurrección–, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.
Este momento está registrado en Juan 20:19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.
Ese pasaje se lee ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás, en la que lo invita a tocar sus llagas. Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.
8. Los sacerdotes tienen un empoderamiento especial para administrar la Divina Misericordia
En Juan 20, 21-23 dice: “Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’”.
9. La confesión es la acción de la Divina Misericordia hasta el fin de los tiempos
Jesús capacitó a los apóstoles (y sus sucesores en el ministerio) con el Espíritu Santo para perdonar o retener (no perdonar) los pecados.
Debido a que están facultados con el Espíritu de Dios para hacer esto, su administración del perdón es eficaz: realmente elimina el pecado en lugar de ser solo un símbolo de perdón.
10. En las revelaciones privadas Jesús le da suma importancia a su Segunda Venida
Jesús promete regresar en gloria a juzgar al mundo en el amor, como claramente lo dice en su discurso del Reino en los capítulos 13 y 25 de San Mateo.
Solo en el contexto de una revelación pública como es enseñado por el Magisterio de la Iglesia se puede situar las palabras de la revelación privada dada a Sor Faustina:
“Prepararás al mundo para Mí última venida”. (Diario 429)
“Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia”. (Diario 848)
“Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia”. (Diario 965)
“Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita”. (Diario 1160)
“Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia”. (Diario 1588)
“Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia”. (Diario 1146)
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5 buenas razones para rezar la Coronilla de la Divina Misericordia
1. Jesús lo pide
Jesús se le apareció a la religiosa polaca Santa María Faustina Kowalska (1905-1938) y le pidió dar a conocer la misericordia divina a través de tres medios:
a) La imagen con la inscripción “Jesús, en Ti confío”.
Dijo Jesús: “Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá”. (Diario de Santa Faustina #48).
b) La fiesta de la Divina Misericordia, el Segundo Domingo de la Misericordia (este año el 8 de abril).
Dijo Jesús: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores... El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas.” (Ídem, #699).
c) La oración que Él le dictó: “Coronilla de la Divina Misericordia”.
2. Se obtienen gracias extraordinarias
Jesús dijo: “Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta Coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta Coronilla” (Ídem #848).
Dijo: “Hasta el pecador más empedernido, si reza esta Coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita...deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia” (Ídem #687).
Prometió: “Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta Coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón” (Ídem #811).
3. El Papa Francisco lo recomienda
El 23 de abril de 2017 el Papa Francisco presidió el Regina Coeli desde la ventana del estudio pontificio y recordó que la Divina Misericordia "es la piedra angular en la vida de la fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús”. También dijo que es un instrumento contra la violencia y el rencor.
En el Segundo Domingo de Cuaresma de 2016, el Papa Francisco mandó repartir a los fieles en la Plaza de San Pedro “cajitas de Misericordia”, “medicina para el mundo de hoy” que contenían la imagen del Señor de la Divina Misericordia, la explicación de la Coronilla y un Rosario para rezarla.
En su Bula “Misericordie Vultus”, el Papa llama a Santa Faustina “grande apóstol de la misericordia” y pide su intercesión.
4. Es sumamente fácil rezarla
Jesús se la enseñó así a santa Faustina:
Se reza “con un Rosario común, del modo siguiente: Primero rezarás una vez el Padre nuestro, el Ave María y el Credo. Después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras: ‘Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero’. En las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: ‘Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero’. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: ‘Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero’...” (ïdem #476).
5. Sólo toma cinco minutos
En un retiro con un grupo de seminaristas, Sosa Elízaga invitó a rezar en grupo la Coronilla a las 3:00 p.m. diciendo: “sólo toma cinco minutos”. Al terminar, uno comentó: “chequé con mi reloj, y efectivamente son cinco minutos”.
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Diario de Santa Faustina
(Se puede descargar gratis de www.Divina-Misericordia.org Biblioteca)
FIESTA: Domingo siguiente a Pascua, quien se confiese y comulgue obtendrá el perdón total de las culpas y penas (699). Lee 570, 49, 280.
280 Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por el recogimiento interior y por mortificación exterior. Durante tres horas llevé un cinturón [silicio
de hierro], orando incesantemente por los pecadores y para obtener misericordia para el mundo entero; y Jesús me dijo: Hoy Mi mirada se posa con complacencia sobre esta casa.
Fuentes de Misericordia
CONFESIÓN
Cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia (1182). Soy más generoso para los pecadores: por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia (1275). Aún si un alma fuera como un cadáver en descomposición y humanamente sin ninguna posibilidad de restauración y todo estuviera perdido, no es así para Dios: el milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Infelices los que no aprovechan de este milagro de la Misericordia Divina!: lo pedirán en vano, cuando sea demasiado tarde (1448). Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi Justicia (1146). Cuando te acercas a esta Fuente de Mi Misericordia, siempre fluye sobre tu alma la Sangre y el Agua que brotó de Mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete en Mi misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de Mi gracia. Cuando te acercas a la confesión debes saber que Yo Mismo te espero en el confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero Yo Mismo actúo en tu alma... de esta Fuente de la Misericordia las almas sacan gracias exclusivamente con el recipiente de la confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no conocerá límites. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria, porque Mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia los humildes (1602). Lee 1485,1521.
COMUNIÓN: Hágase en mi, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según Tu voluntad… estas palabras elevan al alma a las cumbres de la santidad… pero la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites… recoge de la fuente de la vida no sólo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad…(1487-9). Mi deleite es unirme a ti (570).
15:00 Hora de la Divina Misericordia / Hora del Vía Crucis
En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión (1320). Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. En esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo (1572). Ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal (1320).
Coronilla a la Divina Misericordia
Jesús garantiza la conversión, aunque no sea instantánea, de quien la rece (687). En las cuentas grandes, nos unimos a los sacrificios eucarísticos (Misas) que se celebran en ese momento en el mundo y ofrecemos las Hostias en todos los sagrarios. En las cuentas pequeñas, meditamos la Pasión.
A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad (1731). Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común: primero rezarás una vez el Padre Nuestro y el Ave María y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre Nuestro, dirás las siguientes palabras: “Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad, de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero”; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: “Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero” (476). Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por ellas (848), Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte (754) Rézala incesantemente. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita (687): colmaré su alma de paz, y la hora de su muerte será feliz. Que el alma no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador Misericordioso (1541). Cuando delante de un agonizante se reza esta coronilla, se aplaca la ira Divina y la insondable misericordia envuelve al alma (811). Después de la Misa, Adoración, Rosario y Vía Crucis (recomendando el tradicional, Juan Pablo II creó uno 100% bíblico), es la oración más poderosa para unidad ecuménica: a) los hermanos separados rezan el Credo de los Apóstoles porque es un documento indiscutido del Siglo I y porque consideran ‘católica’ como ‘universal’ y b) El Ave María es 100% bíblico, incluso la intercesión de los Santos (Lc 16, 19-31; además si pedimos a los ‘vivos’ que recen por nosotros, ¿cómo no poder pedir a los que están cara a Dios?), además Lutero rezaba a la Virgen, pero si alguno se niega, puede quedarse callado desde el ‘ruega’.
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¿Sabías que puedes obtener una indulgencia plenaria el Domingo de la Misericordia?
En sus apariciones a Santa Faustina Kowalska, Cristo, bajo la devoción del Señor de la Divina Misericordia; aseguró varias gracias a los que se acercaran a su misericordia.
“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas… Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata”, dijo el Señor en una promesa que hizo a la santa polaca en una de las apariciones místicas que le concedió.
Más adelante, San Juan Pablo II instituyó oficialmente la indulgencia plenaria para esta fiesta.
En el 2002, esta promesa de Cristo se hizo “oficial” en la Iglesia cuando, por mandato del Papa polaco, la Santa Sede publicó el “decreto sobre las indulgencias recibidas en la Fiesta de la Divina Misericordia”, un don que también puede alcanzar a los enfermos y los navegantes en altamar.
En el segundo Domingo de Pascua, que este año se celebra el 8 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.
“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.
Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.
También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.
Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.
Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.
Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.
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Fuente:
Corazones.org
Expedito, Santo Mártir, Abril 19
MártirSan Expedito fue comandante de una legión
romana y como tal defendió al Imperio ante las
invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en
cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del
emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy
Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus
compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes,
Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria
a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San
Jorge.
en
Alemania y Sicilia y se le invocaba en casos de
urgencia (Attwater). ORACION
A SAN EXPEDITO |
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León IX, Papa CLII Papa, Abril 19
CLII PapaSe llamaba Bruno de Dagsburgo y estaba
emparentado con la familia real de Alemania. Había
nacido en 1002, en Alsacia, de un hogar cristiano y
muy culto. |
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Emma de Sajonia, Santa Joven noble, Abril 19
Joven NobleEtimológicamente significa “Dios con
nosotros”, de la lengua hebrea; “gentil, fraterna”, de
la lengua alemana. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Conrado de Ascoli, Beato Religioso Franciscano,
Abril 19
Sacerdote de la Primera OrdenNació en Ascoli Piceno, de la familia
Miliani, el 18 de septiembre de 1234. Junto con
Jerónimo Masci, el futuro Nicolás IV, se hizo
religioso en Ascoli y estudió en el Sacro convento de
Asís y en Perusa, donde obtuvo el título de doctor. |
J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Gloria a ti, Señor.
El mismo día de la
resurrección, iban dos discípulos a un pueblo llamado Emaús,
situado a unos once
kilómetros de Jerusalén; iban comentando todo lo que había
sucedido. Mientras
conversaban y discutían, Jesús se acercó y comenzó a caminar con
ellos. Pero
sus ojos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó:
"¿De qué vienen hablando por el camino?"
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
"¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido
estos días en
Jerusalén?" El les preguntó:
"¿Qué ha pasado?"
Ellos le respondieron:
"Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y
palabras
ante Dios y todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y nuestros
jefes lo
entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Nosotros
esperábamos que él fuera el libertador de Israel.Y ya ves, hace
tres días que
sucedió esto.
Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
desconcertado, pues
fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y
vinieron contando
que habían visto unos ángeles, que les habían dicho que estaba
vivo. Algunos de
los nuestros fueron también al sepulcro y hallaron todo como
habían dicho las
mujeres; pero a El no le vieron".
Entonces Jesús les dijo:
"¡Qué insensatos y duros de corazón son para creer lo anunciado
por los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para
entrar en su
gloria?"
Y comenzando por Moisés y siguiendo con los profetas les explicó
los pasajes de
la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo donde iban él hizo ademán de seguir
adelante, pero ellos le
insistieron diciendo:
"Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto oscurecerá".
Y entró para quedarse con ellos. Sentados a la mesa, tomó el
pan, pronunció la
bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los
ojos y lo
reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
"¡Con razón nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el
camino y nos
explicaba las Escrituras!"
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde
encontraron
reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
"Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón".
Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y
cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Aclamen al Señor, habitantes todos de la tierra: canten a su nombre, denle gracias y alábenlo. Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos
la dignidad de
hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y
esperanza, el día glorioso
de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14.22-33
El día de Pentecostés,
se presentó Pedro con los Once,
levantó la voz y dijo:
"Escúchenme israelitas: Les hablo de Jesús de Nazaret, el
hombre que Dios
acreditó ante ustedes mediante los milagros, prodigiosos y
señales que ustedes
bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios,
Jesús fue
entregado, y ustedes por medio de los paganos lo clavaron en
la cruz. Pero Dios
lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era
posible que la muerte
lo retuviera bajo su dominio, pues David dice refiriéndose a
él:
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no
vacilaré. Por eso se me
alegra el corazón, goza mi lengua y mi carne descansa
esperanzada. Porque no me
entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción. Me has
enseñado el camino de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia".
Hermanos, permítanme hablarles con toda claridad: el patriarca
David murió y lo
enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el
día de hoy. Pero,
como era profeta y sabía que Dios le había prometido con
juramento que un
descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética
habló de la
resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte
ni sufrió la
corrupción.
Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello nosotros
somos testigos.
Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre
el Espíritu Santo
prometido, y ahora lo ha comunicado, como lo están viendo y
oyendo".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 15
Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.
Protégeme,
Dios mío, pues eres mi
refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es
la parte que me
ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.
Bendeciré
al Señor que me aconseja;
hasta de noche me instruye internamente.Tengo siempre presente
al Señor, con él
a mi lado jamás tropezaré. Señor, enséñanos el camino de la
vida. Aleluya Por
eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vive
tranquilo: porque tú no
me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra la
corrupción.
Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.
Enséñame
el camino de la vida, sáciame
de gozo en tu presencia, de alegría perpetua junto a ti.
Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.
Ustedes han sido rescatados con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Hermanos: Si ustedes
llaman Padre a Dios, que juzga
imparcialmente a cada uno, según sus obras, vivan siempre con
temor filial
durante su peregrinar por la tierra.
Bien saben que de su estéril manera de vivir, heredada de sus
padres, los ha
rescatado Dios: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino
con la sangre
preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, al cual
Dios había
elegido antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes
lo ha manifestado
en estos tiempos.
Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre
los muertos y lo
llenó de gloria. De esta forma, su fe y su esperanza están
puestas en Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, haz que comprendamos la Sagrada Escritura.
Enciende nuestro
corazón mientras nos hablas.
Aleluya.
Lo reconocieron al partir el pan
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Gloria a ti, Señor.
El mismo día de la
resurrección, iban dos discípulos a
un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de
Jerusalén; iban
comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y
discutían, Jesús
se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban
velados y no lo
reconocieron. El les preguntó:
"¿De qué vienen hablando por el camino?"
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
"¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido
estos días en
Jerusalén?" El les preguntó:
"¿Qué ha pasado?"
Ellos le respondieron:
"Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y
palabras
ante Dios y todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y
nuestros jefes lo
entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Nosotros
esperábamos que él fuera el libertador de Israel.Y ya ves,
hace tres días que
sucedió esto.
Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
desconcertado, pues
fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y
vinieron contando
que habían visto unos ángeles, que les habían dicho que estaba
vivo. Algunos de
los nuestros fueron también al sepulcro y hallaron todo como
habían dicho las
mujeres; pero a El no le vieron".
Entonces Jesús les dijo:
"¡Qué insensatos y duros de corazón son para creer lo
anunciado por los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para
entrar en su
gloria?"
Y comenzando por Moisés y siguiendo con los profetas les
explicó los pasajes de
la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo donde iban él hizo ademán de seguir
adelante, pero ellos le
insistieron diciendo:
"Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto
oscurecerá".
Y entró para quedarse con ellos. Sentados a la mesa, tomó el
pan, pronunció la
bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los
ojos y lo
reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
"¡Con razón nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el
camino y nos
explicaba las Escrituras!"
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde
encontraron
reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
"Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a
Simón".
Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino
y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos, amados hermanos y hermanas, a Cristo, triunfador
del pecado y de la
muerte que siempre intercede por nosotros:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, el
Señor, atraiga hacia su corazón a
los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera que busquen
los bienes de
allá arriba, donde él está sentado a la derecha de Dios,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, rey
supremo de la creación, haga que
todos los pueblos gocen abundantemente de la paz que en sus
apariciones otorgó
a los discípulos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, el
destructor de la muerte y el
médico de toda enfermedad, se compadezca de los débiles y
desdichados y aleje
del mundo el hambre, las guerras y todos los males, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, el
Señor, salve y bendiga nuestra
comunidad y conceda la paz, la alegría y el descanso en las
fatigas a los que
hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su triunfo, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que en este día, memorial de la Pascua, has
reunido a tu Iglesia
que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre
nuestros corazones
para que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al
partir el pan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones
que te presentamos llenos de
júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar
también de la
felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
glorificarte
siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que
Cristo, nuestra
Pascua, ha sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio
pleno cumplimiento a
lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y
ofreciéndose a sí
mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo
sacerdote, víctima y
altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Oremos:
Mira, Señor, con bondad a tus hijos que has renovado por medio
de los sacramentos
y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Pascua. Tercer domingo
El día del Señor
— El domingo, día del Señor.
— Las fiestas cristianas. Sentido de las festividades. La Santa Misa, centro de la fiesta cristiana.
— El culto público a Dios. El descanso dominical y festivo.
I. “El día llamado del Sol se reúnen todos en un mismo lugar, quienes habitan en la ciudad y los que viven en el campo... Y nos reunimos todos en este día, en primer lugar, porque, en este día, que es el primero de la semana, Dios creó el mundo (...) y porque es el día en que Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos”1. El sábado judío dio paso al domingo cristiano desde los mismos comienzos de la Iglesia. Desde entonces, cada domingo celebramos la Resurrección de Cristo.
El sábado era en el Antiguo Testamento día dedicado a Yahvé. Dios mismo lo instituyó2 y mandó que el pueblo israelita se abstuviera de ciertos trabajos en esa jornada, para dedicarse a honrar a Dios3. También era el día en el que se congregaba la familia y se celebraba el fin de la cautividad en Egipto. Con el paso del tiempo, los rabinos complicaron el precepto divino, y en tiempos de Jesús existía una serie de minuciosas y agobiantes prescripciones que nada tenían que ver con lo que Dios había dispuesto sobre el sábado.
Los fariseos chocaron frecuentemente con Jesús por estas cuestiones. Sin embargo, el Señor no menospreció el sábado, no lo suprimió como día dedicado a Yahvé; por el contrario, parece ser su día predilecto: acude ese día a las sinagogas a predicar, y muchos de sus milagros fueron realizados en día de sábado.
La Sagrada Escritura, en innumerables pasajes, había dado siempre un concepto alto y noble del sábado. Era el día establecido por Dios para que su pueblo le diese un culto público, y la total dedicación de la jornada aparece como una obligación grave4. La importancia del precepto se deduce también de la repetición de ese mandato a lo largo de la Escritura. En ocasiones, los Profetas señalan como causa de los castigos de Dios sobre su pueblo el no haber guardado sus sábados.
El descanso sabático era de naturaleza estrictamente religiosa, y por eso culminaba y se manifestaba en la oblación de un sacrificio5.
Las fiestas de Israel, y particularmente el sábado, eran signo de la alianza divina y un modo de expresar el gozo de saberse propiedad del Señor y objeto de su elección y de su amor. Por eso cada fiesta estaba ligada a un acontecimiento de salvación.
Sin embargo, aquellas fiestas solo contenían la promesa de una realidad que aún no había tenido lugar. Con la Resurrección de Jesucristo, el sábado deja paso a la realidad que anunciaba, la fiesta cristiana. El mismo Jesús habla del reino de Dios como de una gran fiesta ofrecida por un rey con ocasión de las bodas de su hijo6, en quien somos invitados a participar de los bienes mesiánicos7. Con Cristo surge un culto nuevo y superior, porque tenemos también un nuevo Sacerdote, y se ofrece una nueva Víctima.
II. Después de la Resurrección, el primer día de la semana fue considerado por los Apóstoles como el día del Señor, dominica dies8, cuando Él nos alcanzó con su Resurrección la victoria sobre el pecado y la muerte. Por eso los primeros cristianos tenían las reuniones litúrgicas en domingo. Y esta ha sido la constante y universal tradición hasta nuestros días. “La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen desde el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón día del Señor o domingo”9.
Este precepto de santificar las fiestas regula un deber esencial del hombre con su Creador y Redentor. En este día dedicado a Dios le damos culto especialmente con la participación en el Sacrificio de la Misa. Ninguna otra celebración llenaría el sentido de este precepto.
Junto al domingo, la Iglesia determinó las fiestas que conmemoran los principales acontecimientos de nuestra salvación: Navidad, Pascua, Ascensión, Pentecostés, otras fiestas del Señor y las fiestas de la Virgen. Junto a estas, los cristianos celebraron desde el principio el die natalis o aniversario del martirio de los primeros cristianos. Las fiestas cristianas llegaron incluso a ordenar el mismo calendario civil. Siguiendo el calendario, la Iglesia “conmemora los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que en cierto modo se hacen presentes en todo momento para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación”10.
El centro y el origen de la alegría de la fiesta cristiana se encuentra en la presencia del Señor en su Iglesia, que es la prenda y el anticipo de una unión definitiva en la fiesta que no tendrá fin11. De ahí la alegría que inunda la celebración dominical, como aparece en la Oración sobre las ofrendas de la Misa de hoy: Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo; y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno. Por eso nuestras fiestas no son un mero recuerdo de hechos pasados, como puede serlo el aniversario de un acontecimiento histórico, sino que son un signo que manifiesta y hace presente a Cristo entre nosotros.
La Santa Misa hace presente a Jesús en su Iglesia y es Sacrificio de valor infinito que se ofrece a Dios Padre en el Espíritu Santo. Todos los demás valores humanos, culturales y sociales de la fiesta deben ocupar un segundo lugar, cada uno en su orden, sin que en ningún momento oscurezcan o sustituyan lo que debe ser fundamental. Junto a la Santa Misa, tienen un lugar importante las manifestaciones de piedad litúrgica y popular, como el culto eucarístico, las procesiones, el canto, un mayor cuidado en el vestir, etc.
Hemos de procurar, mediante el ejemplo y el apostolado, que el domingo sea “el día del Señor, el día de la adoración y de la glorificación de Dios, del santo Sacrificio, de la oración, del descanso, del recogimiento, del alegre encontrarse en la intimidad de la familia”12.
III. Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria, leemos en la Antífona de entrada13.
El precepto de santificar las fiestas responde también a la necesidad de dar culto público a Dios, y no solo de modo privado. Algunos pretenden relegar el trato con Dios al ámbito de la conciencia, como si no debiera tener necesariamente manifestaciones externas. Sin embargo, el hombre tiene el deber y el derecho de rendir culto externo y público a Dios; sería una grave lesión que los cristianos se vieran obligados a ocultarse para poder practicar su fe y dar culto a Dios, que es su primer derecho y su primer deber.
El domingo y las fiestas determinadas por la Iglesia son, ante todo, días para Dios y días especialmente propicios para buscarle y para encontrarle. “Quaerite Dominum. Nunca podemos dejar de buscarlo: sin embargo, hay períodos que exigen hacerlo con más intensidad, porque en ellos el Señor está especialmente cercano, y por lo tanto es más fácil hallarlo y encontrarse con Él. Esta cercanía constituye la respuesta del Señor a la invocación de la Iglesia, que se expresa continuamente mediante la liturgia. Más aún, es precisamente la liturgia la que actualiza la cercanía del Señor”14.
Las fiestas tienen una gran importancia para ayudar a los cristianos a recibir mejor la acción de la gracia. En esos días se exige también que el creyente interrumpa el trabajo para poder dedicarse mejor al Señor. Pero no hay fiesta sin celebración, pues no basta dejar el trabajo para hacer fiesta; tampoco hay fiesta cristiana sin que los creyentes se reúnan para dar gracias, alabar al Señor, recordar sus obras, etcétera. Por eso indicaría poco sentido cristiano plantear el domingo, la fiesta, el fin de semana..., de manera que se hiciera imposible o muy difícil ese trato con Dios. A algunos cristianos tibios les sucede que acaban por pensar que no tienen tiempo para asistir a la Santa Misa, o lo hacen precipitadamente, como quien se libera de una enojosa obligación.
El descanso no es solo una oportunidad para recuperar fuerzas, sino que es también signo y anticipo del reposo definitivo en la fiesta del Cielo. Por eso la Iglesia quiere celebrar sus fiestas incluyendo el descanso laboral, al que por otra parte tienen derecho los fieles cristianos como ciudadanos iguales a los demás; derecho, que el Estado ha de garantizar y proteger.
El descanso festivo no debe interpretarse ni ser vivido como un simple no hacer nada –una pérdida de tiempo–, sino como la ocupación positiva y el enriquecimiento personal en otras tareas. Hay muchos modos de descansar, y no conviene quedarse en el más fácil, que muchas veces no es el que mejor nos descansa. Si sabemos limitar, por ejemplo, el uso de la televisión también los días de fiesta, no repetiremos tanto la falsa excusa de que “no tenemos tiempo”. Al contrario, veremos que esos días podemos pasar más tiempo con la familia, atender a la educación de los hijos, cultivar el trato social y las amistades, hacer alguna visita a unas personas necesitadas, o que están solas o enfermas, etcétera. Es quizá la ocasión que estábamos buscando para poder conversar detenidamente con un amigo; o el momento para que el padre o la madre puedan hablar a solas, al hijo que más lo necesita y escuchar. En general, hay que “... saber tener todo el día cogido por un horario elástico, en el que no falte como tiempo principal –además de las normas diarias de piedad– el debido descanso, de tertulia familiar, la lectura, el rato dedicado a una afición de arte, de literatura o de otra distracción noble: llenando las horas con una tarea útil, haciendo las cosas lo mejor posible, viviendo los pequeños detalles de orden, de puntualidad, de buen humor”15.
1 Liturgia de las Horas. Segunda lectura. San Justino, Apología 1ª 67. — 2 Gen 2, 3. — 3 Ex 20, 8-11; 21, 13; Dt 5, 14. — 4 Cfr. Ex 31, 14-15. — 5 Cfr. Num 28, 9-10. — 6 Cfr. Mt 22, 2-13. — 7 Cfr. Is 25, 6-8. — 8 Apoc 1, 10. — 9 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 106. — 10 Ibídem, 102. — 11 Cfr. Apoc 21, 1 ss; 2 Cor 1, 22. — 12 Pío XII, Aloc. 7-lX-1947. — 13 Sal 65, 1-2. — 14 Juan Pablo II, Homilía, 20-III-1980. — 15 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 111.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
26 de Abril
(4 de abril en Perú)
San Isidoro
Arzobispo de
Sevilla
(año 636)
Isidoro
significa: "Regalo de la divinidad (Isis: divinidad. Doro:
regalo).
Nació en Sevilla en el año 556. Era el menor de cuatro hermanos, todos los cuales fueron santos y tres de ellos obispos. San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina se llamaron sus hermanos.
Su hermano mayor, San Leandro, que era obispo de Sevilla, se encargó de su educación obteniendo que Isidoro adquiriera el hábito o costumbre de dedicar mucho tiempo a estudiar y leer, lo cual le fue de gran provecho para toda la vida.
Al morir Leandro, lo reemplazó Isidoro como obispo de Sevilla, y duró 38 años ejerciendo aquel cargo, con gran brillo y notables éxitos.
Isidoro fue el obispo más sabio de su tiempo en España. Poseía la mejor biblioteca de la nación. Escribió varios libros que se hicieron famosos y fueron muy leídos por varios siglos como por ej. Las Etimologías, que se pueden llamar el Primer Diccionario que se hizo en Europa. También escribió La Historia de los Visigodos y biografías de hombres ilustres.
San Isidoro es como un puente entre la Edad Antigua que se acababa y la Edad Media que empezaba. Su influencia fue muy grande en toda Europa y especialísimamente en España, y su ejemplo llevó a muchos a dedicar sus tiempos libres al estudio y a las buenas lecturas.
Fue la figura principal en el Concilio de Toledo (año 633) del cual salieron leyes importantísimas para toda la Iglesia de España y que contribuyeron muy fuertemente a mantener firme la religiosidad en el país.
Se preocupaba mucho porque el clero fuera muy bien instruido y para eso se esforzó porque en cada diócesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparación a los seminarios que siglos más tarde se iban a fundar en todas partes.
Dice San Ildefonso que "la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas".
Su amor a los pobres era inmenso, y como sus limosnas eran tan generosas, su palacio se veía continuamente visitado por gentes necesitadas que llegaban a pedir y recibir ayudas. De todas las ciencias la que más le agradaba y más recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, y escribió unos comentarios acerca de cada uno de los libros de la S. Biblia. Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas las faltas de su vida pasada y suplicó al pueblo que rogara por él a Dios. A los 80 años de edad murió, el 4 de abril del año 636.
La Santa Sede de Roma lo declaró "Doctor de la Iglesia".
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Fuente:
Devocionario.com
Fray Rafael María Arnáiz
Barón, Santo místico
trapense, 26 de abril
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Nació
en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una
familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En
esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó
sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y
recibió por primera vez la Eucaristía en 1919. Una hermana del convento cisterciense de San Bernardo de Burgos tuvo conocimiento del caso por la familia de la enferma, por lo que las religiosas del convento decidieron rezar una novena dedicada al hermano Rafael para propiciar la curación de la joven. A partir de entonces Begoña comenzó a evolucionar hasta reponerse por completo. También fue nombrado copatrono de la Jornada Mundial de la Juventud del 2011, con sede Madrid (España), por el Papa Benedicto XVI. Su
fiesta se celebra el 26 de abril. ORACIÓN |
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Ricario de Celles, Santo Sacerdote, Abril 26
Nació en Celles, Francia,cuando la región
era aún pagana.Ricario tenía cierto poder y buen
prestigio sobre la población. |
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Fuente:
Martirológio Romano
Pascasio, Santo Abad y Escritor, Abril 26
Escritor y AbadEtimológicamente significa “de pascua”.
Viene de la lengua hebrea. |
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Esteban de Perm, Santo Obispo, Abril 26
Obispo de PermEtimológicamente significa “laureado,
coronado”. Viene de la lengua griega. |
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Alda de Siena, Santa Viuda, Abril 26
ViudaEtimológicamente significa “extremadamente
bella”. Viene de la lengua celta. |
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Fuente:
ACI Prensa
Franca de Piacenza,
Santa Virgen y Abadesa, Abril 26
AbadesaFranca Visalta tenía apenas siete años
cuando entró a educarse en el convento benedictino de
San Sirio de Piacenza. |
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Basilio de Amasea, Santo Obispo, Abril 26
Al inicio del siglo IV Basilio fue
nombrado Obispo de Amasea, y participó en el año 312
en el concilio de Ancira y en el 315 en el de
Neocesarea. |
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Fuente:
Magnificat.ca
Anacleto (Cleto), Santo III Papa, Abril 26
III PapaEl santo papa Anacleto fue natural de
Atenas, hijo de Antioco, y por su mucha santidad y
letras fue puesto en la Silla del Príncipe de los
Apóstoles, por muerte de San Clemente, papa y mártir,
imperando Trajano. Este cruelísimo emperador, viendo
crecer la religión cristiana y disminuir el culto de
sus falsos dioses, levantó la tercera persecución
contra la Iglesia, pensando que con tormentos podría
exterminarla; pero la semilla regada con la Sangre de
los mártires fructificaba más y más. |
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Marcelino, Santo XXIX Papa, Marcelino
XXIX PapaF |
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Fuente:
Archivalencia.org
Julio Junyer Padern,
Beato Sacerdote y Mártir, Abril 26
Nació en Vilamaniscle (Gerona), el 30 de
octubre de 1892. |
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Fuente:
Santopedia.com
Estanislao Kubista,
Beato Sacerdote y mártir, Abril 26
El 28 de setiembre de 1898 nació el P.
Estanislao Kubista en Nysa, Polonia. |
|
Se hizo cargo de la
administración del apostolado de la prensa SVD. |
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J†A
JMJ
Pax
Yo soy la puerta de las ovejas
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a los fariseos:
"Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de
las ovejas,
sino que salta por otro lado, es un ladrón y bandido; pero el
que entra por la
puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guardián y as
ovejas reconocen
su voz, y él llama a cada una por su nombre y las conduce fuera.
Cuando ha
sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas
lo siguen,
porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que
huirán de él, porque
no conocen la voz de los extraños".
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo
que les quería decir.
Por eso añadió Jesús:
"Les aseguro que yo soy la puerta de la ovejas. Todos los que
han venido
antes de mí son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los
escucharon. Yo soy
la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y
salir y encontrará
pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y destruir; yo he
venido para que
tengan vida y la tengan en abundancia".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
4o. Dom de Pascua Ciclo A
Alabemos al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor, la palabra del Señor hizo los cielos. Aleluya.
Oremos:
Dios omnipotente y misericordioso, guíanos a la felicidad
eterna de tu Reino, a
fin de que el débil rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a
donde ya está su
Pastor resucitado. Que vive y reina contigo...
Amén.
Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14.36-41
El día de
Pentecostés se presentó Pedro
con los Once, levantó la voz y dijo:
"Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido
Señor y
Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes crucificaron".
Estas palabras les llegaron al corazón, y preguntaron a Pedro
y a los demás
apóstoles:
"¿Qué tenemos que hacer, hermanos?"
Pedro les contestó:
"Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para
que se les
perdonen sus pecados, y recibirán el Espíritu Santo. Porque
las promesas de
Dios valen para ustedes y para sus hijos y, también, para
todos los que llame
el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos".
Con éstas y otras muchas razones, los instaba y exhortaba,
diciendo:
"Pónganse a salvo de esta generación perversa".
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se
les agregaron unos
tres mil.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El Señor
es mi pastor, nada me falta; en
verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me
conduce para
reparar mis fuerzas.
El Señor es mi pastor. Aleluya.
Por ser un
Dios fiel a sus promesas, me
guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas
oscuras, nada temo,
porque Tú estás conmigo. Tú vara y tu cayado me dan seguridad.
El Señor es mi pastor. Aleluya.
Tú mismo
me preparas la mesa, a despecho
de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi
copa hasta los
bordes.
El Señor es mi pastor. Aleluya.
Ha vuelto a ustedes el pastor y guardián de sus vidas
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25
Hermanos:
Soporten con paciencia los
sufrimientos que les vienen por hacer el bien, cosa agradable
a los ojos de
Dios, pues para esto han sido llamados, ya que también Cristo
sufrió por
ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas.
El no cometió pecado ni hubo engaño en su boca; insultado, no
devolvía los
insultos; maltratado, no profería amenazas, sino que
encomendaba su causa al
único que juzga con justicia. Cargado con nuestros pecados,
subió al madero de
la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la
justicia.
Por sus llagas han sido curados. Andaban descarriados como
ovejas, pero ahora
han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor, conozco mis ovejas y
ellas me conocen a
mí.
Aleluya.
Yo soy la puerta de las ovejas
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a los
fariseos:
"Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de
las ovejas,
sino que salta por otro lado, es un ladrón y bandido; pero el
que entra por la
puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guardián y
as ovejas reconocen
su voz, y él llama a cada una por su nombre y las conduce
fuera. Cuando ha
sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y las
ovejas lo siguen,
porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que
huirán de él, porque
no conocen la voz de los extraños".
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo
que les quería
decir. Por eso añadió Jesús:
"Les aseguro que yo soy la puerta de la ovejas. Todos los que
han venido
antes de mí son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los
escucharon. Yo soy
la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y
salir y encontrará
pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y destruir; yo
he venido para que
tengan vida y la tengan en abundancia".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Levantemos, hermanos y hermanas, nuestros ojos a Cristo,
obispo y pastor de
nuestras almas, y pongamos en sus manos confiadamente nuestras
necesidades:
Contestamos:
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
los obispos, presbíteros y
diáconos, apacienten santamente a los pueblos que tienen
encomendados, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
la paz que Jesucristo concedió
a los discípulos arraigue con fuerza en nuestro mundo, y se
alejen de las
naciones el odio y las guerras, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
los enfermos, los pobres y
todos los que sufren encuentren en Cristo resucitado luz y
esperanza, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
Dios derrame en las familias
cristianas el espíritu de piedad y de renuncia a lo mundano,
de manera que
germinen abundantes vocaciones al ministerio eclesial,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que en tu Hijo, vencedor de la
muerte, nos has
abierto las puertas de la salvación; escucha nuestra oración e
infunde en
nuestro corazón la sabiduría de tu Espíritu, para que no nos
dejemos seducir
por las voces engañosas del mundo y reconozcamos y sigamos
siempre la voz de tu
Hijo, el buen pastor, que nos da vida, y vida abundante, y que
vive y reina,
inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Concédenos, Señor, que este sacrificio
pascual nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu
obra redentora y
nos obtenga la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La nueva vida en Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor; pero
más que nunca en
este tiempo en que Cristo, muestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los
creyentes atraviesan
los umbrales del Reino de los cielos; porque en la muerte de
Cristo nuestra
muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado
todos.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir para salvarnos.
Oremos:
Pastor bueno, vela con solicitud por las ovejas que rescataste
con la sangre
preciosa de tu Hijo, para que puedan gozar de la felicidad
eterna de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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San Felipe y Santiago
Antífona de Entrada
Estos santos varones han sido escogidos por Dios en su infinito amor y han recibido de él la gloria eterna. Aleluya.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que llenas de alegría a tu Iglesia con la festividad
de los santos
apóstoles Felipe y Santiago; concédenos, por su intercesión,
vivir, como ellos,
unidos a tu Hijo para que podamos llegar a contemplarte
eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Después se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-8
Hermanos:
Les recuerdo el Evangelio que
les anuncié, que recibieron y en el que han perseverado. Es el
Evangelio que
los está salvando, si lo conservan tal y como lo anuncié; de no
ser así habrían
creído en vano.
Porque yo les transmití, en primer lugar, lo que a mi vez
recibí: que Cristo
murió por nuestros pecados según las Escrituras, y que fue
sepultado; que
resucitó al tercer día según las Escrituras, y que se apareció a
Pedro y luego
a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a
la vez, de los
que la mayor parte viven todavía, aunque algunos ya han muerto.
Luego se
apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y
después de todos se
me apareció a mí, como si se tratara de un hijo nacido fuera de
tiempo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Sal 18, 2-3.4-5
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.
Los cielos
proclaman la gloria de Dios,
el firmamento anuncia la obra de sus manos. El día al día le
pasa el mensaje,
la noche a la noche le transmite la noticia.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.
No es un
mensaje, no son palabras, no es
una voz que se pueda escuchar; pero por toda la tierra se
extiende su eco, y
hasta los límites del mundo su mensaje.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Felipe, el que me ve a
mí, ve también al
Padre.
Aleluya.
Evangelio
Tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 6-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a Tomás:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al
Padre, sino
por mí. Si me conocieran, conocerían también a mi Padre. Desde
ahora lo
conocen, pues ya lo han visto".
Le dijo Felipe entonces:
"Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta".
Jesús le contestó:
"Llevo tanto tiempo con ustedes, ¿y aún no me conoces, Felipe?
El que me
ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo me pides que les muestre al Padre?
¿No crees que yo
estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que les digo no son
palabras mías. Es el
Padre, que vive en mí, el que está realizando su obra. Deben
creerme cuando
afirmo que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no
creen en mis
palabras, crean al menos en las obras que hago.
Les aseguro que el que cree en mí, hará también las obras que yo
hago, e
incluso otras mayores, porque yo me voy al Padre. En efecto,
cualquier cosa que
pidan en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado
en el Hijo. Les
concederé todo lo que pidan en mi nombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia del Señor en
este día en el
que los bienaventurados apóstoles Felipe y Santiago, siguiendo
el ejemplo de su
Maestro, derramaron su sangre para dar testimonio de la verdad y
pidámosle por
las necesidades de todos los seres humanos.
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Para que la
Iglesia, fiel a las
enseñanzas de los apóstoles Felipe y Santiago, sea, ante el
mundo, sacramento
visible de la presencia invisible de su Señor, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
Dios transforme nuestro mundo y
haga surgir aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva que
anunciaron los
apóstoles de Jesucristo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que la
luz de la fe dé valor a los
que sufren, y la esperanza del Reino anunciado por los apóstoles
disminuya los
sufrimientos de los que lloran, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que a
nosotros, reunidos hoy para
celebrar el martirio de los santos Felipe y Santiago, nos
conceda docilidad
hacia los obispos de la Iglesia, que ocupan hoy el lugar de los
apóstoles,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia y concede tu valor en
abundancia a los
que has dado la misión de extender por todo el mundo la doctrina
apostólica que
ilumina y salva.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta festividad de tus santos apóstoles Felipe y Santiago y concédenos celebrar esta Eucaristía con sincera pureza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Los Apóstoles, pastores del pueblo de Dios
En verdad es
justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso, Pastor eterno.
Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que por medio de los
santos
apóstoles lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre
por guía la
palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la
misión de anunciar
el Evangelio.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
"Señor, muéstranos al Padre y nos basta". "Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto a mi Padre". Aleluya.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que esta sagrada comunión purifique, Señor, nuestros corazones a
fin de que
podamos, como Felipe y Santiago, conocerte y amarte en tu Hijo y
obtengamos así
la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Salta, Argentina
3 de mayo
SAN FELIPE Y SANTIAGO, APÓSTOLES PATRONOS DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SALTA
Solemnidad
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 49, 1-6
Yo te destino a ser la luz de las naciones
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
Él me dijo: «Tú eres mi servidor, Israel, por ti yo me glorificaré».
Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza». Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.
Él dice: «Es demasiado poco que seas mi servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 18, 2-5

R. Resuena su eco por toda la tierra.
El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos;
un día transmite al otro este mensaje
y las noches se van dando la noticia. R.
Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,
resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje,
hasta los confines del mundo. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 1-8
El Señor se apareció a Santiago y a todos los apóstoles
Hermanos: Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí; Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.
Palabra de Dios.
ALELUIA Jn 14, 6b. 9c
«Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida.
Felipe, el que me ha visto ha visto al Padre», dice el Señor.
Aleluia.
EVANGELIO
†Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 6-14
Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?
A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará
también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre. Y Yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, Yo lo haré.»
Palabra del Señor.
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† Meditación diaria
PASCUA. CUARTO DOMINGO
EL BUEN PASTOR. AMOR AL PAPA
- Jesús es el buen Pastor y encarga a Pedro y a sus sucesores que continúen su misión aquí en la tierra en el gobierno de su Iglesia.
- El primado de Pedro. El amor a Pedro de los primeros cristianos.
- Obediencia fiel al Vicario de Cristo; dar a conocer sus enseñanzas. El “dulce Cristo en la tierra”.
I. Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas, y se dignó morir por su grey. Aleluya (1).
La figura del buen Pastor determina la liturgia de este domingo. El sacrificio del Pastor ha dado la vida a las ovejas y las ha devuelto al redil. Años más tarde, San Pedro afianzaba a los cristianos en la fe recordándoles en medio de la persecución lo que Cristo había hecho y sufrido por ellos: por sus heridas habéis sido curados. Porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora os habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas (2). Por eso la Iglesia entera se llena de gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo (3) y le pide a Dios Padre que el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor (4).
Los primeros cristianos manifestaron una entrañable predilección por la imagen del Buen Pastor, de la que nos han quedado innumerables testimonios en pinturas murales, relieves, dibujos que acompañan epitafios, mosaicos y esculturas, en las catacumbas y en los más venerables edificios de la antigüedad. La liturgia de este domingo nos invita a meditar en la misericordiosa ternura de nuestro Salvador, para que reconozcamos los derechos que con su muerte ha adquirido sobre cada uno de nosotros. También es una buena ocasión para llevar a nuestra oración personal nuestro amor a los buenos pastores que Él dejó en su nombre para guiarnos y guardarnos.
En el Antiguo Testamento se habla frecuentemente del Mesías como del buen Pastor que habría de alimentar, regir y gobernar al pueblo de Dios, frecuentemente abandonado y disperso. En Jesús se cumplen las profecías del Pastor esperado, con nuevas características. Él es el buen Pastor que da la vida por sus ovejas y establece pastores que continúen su misión. Frente a los ladrones, que buscan su interés y pierden el rebaño, Jesús es la puerta de salvación (5); quien pasa por ella encontrará pastos abundantes (6). Existe una tierna relación personal entre Jesús, buen Pastor, y sus ovejas: llama a cada una por su nombre; va delante de ellas; las ovejas le siguen porque conocen su voz... Es el pastor único que forma un solo rebaño (7) protegido por el amor del Padre (8). Es el pastor supremo (9).
En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituye a Pedro pastor de su rebaño (10), guía de la Iglesia. Se cumple entonces la promesa que le hiciera poco antes de la Pasión: pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos (11). A continuación le profetiza que, como buen pastor, también morirá por su rebaño.
Cristo confía en Pedro, a pesar de las negaciones. Sólo le pregunta si le ama, tantas veces cuantas habían sido las negaciones. El Señor no tiene inconveniente en confiar su Iglesia a un hombre con flaquezas, pero que se arrepiente y ama con obras.
Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas.
La imagen del pastor que Jesús se había aplicado a sí mismo pasa a Pedro: él ha de continuar la misión del Señor, ser su representante en la tierra.
Las palabras de Jesús a Pedro -apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas- indican que la misión de Pedro será la de guardar todo el rebaño del Señor, sin excepción. Y “apacentar” equivale a dirigir y gobernar. Pedro queda constituido pastor y guía de la Iglesia entera. Como señala el Concilio Vaticano II, Jesucristo “puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión” (12).
Donde está Pedro se encuentra la Iglesia de Cristo. Junto a él conocemos con certeza el camino que conduce a la salvación.
II. Sobre el primado de Pedro -la roca- estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia. La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo (13), y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De aquí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.
Pedro es la firme seguridad de la Iglesia frente a todas las tempestades que ha sufrido y padecerá a lo largo de los siglos. El fundamento que le proporciona y la vigilancia que ejerce sobre ella como buen pastor son la garantía de que saldrá victoriosa a pesar de que estará sometida a pruebas y tentaciones. Pedro morirá unos años más tarde, pero su oficio de pastor supremo “es preciso que dure eternamente por obra del Señor, para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, que, fundada sobre roca, debe permanecer firme hasta la consumación de los siglos” (14).
El amor al Papa se remonta a los mismos comienzos de la Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles (15) nos narran la conmovedora actitud de los primeros cristianos, cuando San Pedro es encarcelado por Herodes Agripa, que espera darle muerte después de la fiesta de Pascua. Mientras tanto la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios. “Observad los sentimientos de los fieles hacia sus pastores -dice San Crisóstomo-. No recurren a disturbios ni a rebeldía, sino a la oración, que es el remedio invencible. No dicen: como somos hombres sin poder alguno, es inútil que oremos por él. Rezaban por amor y no pensaban nada semejante” (16).
Debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizá podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius: Que el Señor le guarde, y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos (17). Todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando “con él y por él” en todas partes del mundo. No se celebra ninguna Misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona y por sus intenciones. El Señor verá también con mucho agrado que nos acordemos a lo largo del día de ofrecer oraciones, horas de trabajo o de estudio, y alguna mortificación por su Vicario aquí en la tierra.
“Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón” (18): ojalá podamos decir esto cada día con más motivo. Este amor y veneración por el Romano Pontífice es uno de los grandes dones que el Señor nos ha dejado.
III. Junto a nuestra oración, nuestro amor y nuestro respeto para quien hace las veces de Cristo en la tierra. “El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo” (19). Por esto, “no cederemos a la tentación, demasiado fácil, de oponer un Papa a otro, para no otorgar nuestra confianza sino a aquel cuyos actos respondan mejor a nuestras inclinaciones personales. No seremos de aquellos que añoran al Papa de ayer o que esperan al de mañana para dispensarse de obedecer al jefe de hoy. Leed los textos del ceremonial de la coronación de los pontífices y notaréis que ninguno confiere al elegido por el cónclave los poderes de su dignidad. El sucesor de Pedro tiene esos poderes directamente de Cristo. Cuando hablemos del sumo Pontífice eliminemos de nuestro vocabulario, por consiguiente, las expresiones tomadas de las asambleas parlamentarias o de la polémica de los periódicos y no permitamos que hombres extraños a nuestra fe se cuiden de revelarnos el prestigio que tiene sobre el mundo el jefe de la Cristiandad” (20).
Y no habría respeto y amor verdadero al Papa si no hubiera una obediencia fiel, interna y externa, a sus enseñanzas y a su doctrina. Los buenos hijos escuchan con veneración aun los simples consejos del Padre común y procuran ponerlos sinceramente en práctica.
En el Papa debemos ver a quien está en lugar de Cristo en el mundo: al “dulce Cristo en la tierra”, como solía decir Santa Catalina de Siena; y amarle y escucharle, porque en su voz está la verdad. Haremos que sus palabras lleguen a todos los rincones del mundo, sin deformaciones, para que, lo mismo que cuando Cristo andaba sobre la tierra, muchos desorientados por la ignorancia y el error descubran la verdad y muchos afligidos recobren la esperanza. Dar a conocer sus enseñanzas es parte de la tarea apostólica del cristiano.
Al Papa pueden aplicarse aquellas mismas palabras de Jesús: Si alguno está unido a mí, ése lleva mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada (21). Sin esa unión todos los frutos serían aparentes y vacíos y, en muchos casos, amargos y dañosos para todo el Cuerpo Místico de Cristo. Por el contrario, si estamos muy unidos al Papa, no nos faltarán motivos, ante la tarea que nos espera, para el optimismo que reflejan estas palabras de Mons. Escrivá de Balaguer: “Gozosamente te bendigo, hijo, por esa fe en tu misión de apóstol que te llevó a escribir: "No cabe duda: el porvenir es seguro, quizá a pesar de nosotros. Pero es menester que seamos una sola cosa con la Cabeza -”ut omnes unum sint!”- por la oración y por el sacrificio"“ (22).
(1) Antífona de comunión.- (2) 1 Pdr 2, 25.- (3) Oración colecta de la Misa.- (4) Ibídem.- (5) Cfr. Jn 10, 10.- (6) Cfr. Jn 10, 9-10.- (7) Cfr. Jn 10, 16.- (8) Cfr. Jn 10, 29.- (9) 1 Pdr 5, 4.- (10) Cfr. Jn 21, 15-17.- (11) Lc 22, 32.- (12) CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 18.- (13) 1 Cor 3, 11.- (14) CONC. VAT. I, Const. Pastor aeternus, cap. 2.- (15) Cfr. Hech 12, 1-12.- (16) SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre los Hechos de los Apóstoles, 26.- (17) Enchiridium indulgentiarum, 1986, n. 39 Oración pro Pontifice.- (18) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 573.- (19) IDEM, Homilía Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.- (20) G. CHEVROT, Simón Pedro, Rialp, Madrid 1967, pp. 126-127.- (21) Jn 15, 5.- (22) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 968.
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SAN FELIPE Y SANTIAGO, APÓSTOLES*
Fiesta
— La llamada de estos Apóstoles.
— Jesús estuvo siempre cerca de sus discípulos, y está ahora junto a nosotros.
— Difundir el mismo mensaje que predicaron los Apóstoles. Contar siempre con los medios sobrenaturales en todo apostolado.
I. Entre aquellos galileos que tuvieron la inmensa dicha de ser elegidos por Jesús para formar parte de sus más íntimos se encuentran Felipe, hijo de Alfeo, y Santiago el Menor.
Santiago nació en Caná de Galilea, cerca de Nazareth, y era pariente del Señor. No nos narra el Evangelio el momento en que Jesús le llamó. La Sagrada Escritura pone de relieve que Santiago ocupaba un puesto preeminente en la Iglesia de Jerusalén1.
Santiago tuvo el privilegio de que el Señor se le apareciera a él personalmente, como leemos en la Primera lectura de la Misa2.
Felipe era natural de Betsaida, la patria de Pedro y de Andrés3; se trataba de una pequeña ciudad próxima al lago de Genesaret. Muy probablemente Felipe era ya amigo de estos dos hermanos. Un día, en la ribera del Jordán, Felipe encontró a Jesús que, en compañía de sus primeros discípulos, se encaminaba hacia Galilea. El Maestro le dijo: Sígueme4. Era el término que Jesús utilizaba para llamar a sus discípulos, de modo parecido al que los rabinos empleaban con sus seguidores. Felipe le siguió enseguida. Y pronto dio a conocer a Cristo, que acaba de convertirse en el centro de su vida, a sus amigos. Encontró Felipe a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas: Jesús de Nazareth, el hijo de José5. Y ante las dudas que manifiesta Natanael, Felipe le da el mayor argumento: Ven y verás. Y fue hasta Cristo y se quedó con Él para siempre.
Jesús nunca defrauda. El apostolado consistirá siempre en poner delante del Señor a nuestros parientes, amigos y conocidos, despejar el camino, quitar los obstáculos para que vean a Jesús, que nos llamó a nosotros y que sabe penetrar en el alma de quienes se le acercan, como ocurrió con Natanael, quien llegaría a ser también uno de los Doce, a pesar de la aparente incredulidad primera y de la falta de disposiciones para aceptar el mensaje de su amigo: ¿Acaso de Nazareth puede salir algo bueno?, había contestado ante la invitación de Felipe. Cuántas veces hemos dicho también nosotros a los que hemos querido acercar a Dios: ¡Ven y verás! Y ninguno que se acercó a Jesús quedó defraudado.
Hoy, Felipe y Santiago son nuestros intercesores ante Jesús. Les encomendamos especialmente el apostolado que estamos llevando a cabo con nuestros amigos y parientes.
II. En el Evangelio de la Misa6 leemos cómo Jesús enseña a sus discípulos, durante la Última Cena, que en el Cielo tienen un lugar preparado para ellos, para que estén por toda la eternidad con Él y que ya conocen el camino... La conversación se prolonga con preguntas de los discípulos y respuestas del Maestro. Es entonces cuando interviene Felipe, con una petición que a todos podría parecer insólita: Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta. Y Jesús, con un reproche cariñoso, le contesta: Felipe, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?¡Cuántas veces, quizá, tendría que hacernos Jesús el mismo reproche que a Felipe! ¡Tantas veces como he estado junto a ti y no te has dado cuenta! Y nos podría enumerar el Señor una ocasión y otra, circunstancias difíciles en las que quizá nos encontramos solos y no estuvimos serenos porque nos faltó el sentido de nuestra filiación divina, la cercanía de Dios. ¡Cuánto bien nos hace hoy la respuesta de Jesús a este Apóstol!, porque en él estamos representados también nosotros.
Jesús revela al Padre; la Humanidad Santísima de Cristo es el camino para conocer y tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Es la contemplación de Jesús el camino ordinario para llegar a la Trinidad Beatísima. En Cristo tenemos la suprema revelación de Dios a los hombres. «Él, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su Muerte y gloriosa Resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la Revelación y la confirma con testimonio divino, a saber, que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y la muerte, y para hacernos resucitar a una vida eterna»7. Él llena por completo nuestra vida. «Él es suficiente para ti –afirma San Agustín–; fuera de Él, ninguna cosa lo es. Bien lo sabía Felipe cuando le decía:Señor, muéstranos al Padre y nos basta»8. ¿Vivimos nosotros con esta convicción?
III. Leemos en la Primera lectura de la Misa de estos dos Apóstoles las palabras de San Pablo a los primeros cristianos de Corinto: Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas...9. Pablo recibió de los Apóstoles un mensaje divino que a su vez él transmite. Fue herencia también de Felipe y de Santiago, que dieron su vida en testimonio de esta verdad. Ellos, como el Apóstol de las gentes, saben bien cuál debe ser el núcleo de su predicación: Jesucristo, Camino hacia el Padre. Es la Buena Nueva que se transmite de generación en generación: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra10, leemos en el Salmo responsorial. Nosotros no tenemos cosas nuevas que dar a conocer. Es la misma Buena Nueva: que Cristo murió por nuestros pecados..., que resucitó...; que vive a nuestro lado..., que nos ama como nunca nadie será capaz de hacerlo..., que nos ha destinado a una eternidad felicísima junto a Él..., a quien veremos cara a cara.
Este es nuestro apostolado: proclamar a todos los vientos y de todas las formas posibles la misma doctrina que predicaban los Apóstoles: que Cristo vive y que solo Él puede calmar las ansias de la inteligencia y del corazón humano, que solo junto a Cristo se puede ser feliz, que Él revela al Padre... Los Apóstoles, como nosotros, encontraron dificultades y obstáculos en la extensión del reino de Cristo; y si hubieran esperado ocasiones oportunas, no nos habría llegado probablemente ese mensaje que da sentido a nuestra existencia. Es posible que ante la falta de medios y ante la resistencia de la gentes, los Apóstoles, y especialmente Felipe, recordaran aquel día en que se encontraron con el gran compromiso de dar de comer a una multitud, sin tener alimentos ni modo de adquirirlos11. Jesús vio a aquella gran muchedumbre que venía hacia Él y dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman estos? Y Felipe hizo cálculos y contestó al Maestro: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco. Ha hecho las cuentas, y los medios que poseen están muy lejos de cubrir las necesidades.
Jesús se siente conmovido y se llena de misericordia una vez más ante aquella multitud tan necesitada de comprensión y de alivio. Pero, además, quiere que sus discípulos no olviden que Él siempre estará a su lado. Yo estaré con vosotros siempre12, les dirá al final de su vida aquí en la tierra. Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me habéis conocido?Dios es el sumando indispensable con el que hemos de contar para que salgan las cuentas. En nuestro apostolado personal con amigos, parientes, conocidos, clientes..., hemos de contar con los doscientos denarios, los medios humanos, siempre insuficientes, y no debemos olvidar que Jesús está siempre presente con su poder y su misericordia. Ahora también está a nuestro lado. Cuanto mayores sean la necesidad en el apostolado y las dificultades personales, mayor ayuda nos prestará Jesús. No dejemos de acudir a Él.
La Virgen, nuestra Madre, por su poderosa intercesión ante Dios, nos facilita siempre el camino.
1 Gal 1, 18-19; Hech 12, 17; Hech 21, 15-18; Gal 2, 9. — 2 2 Cor 15, 7. — 3 Jn 1, 44. — 4 Jn 1, 43. — 5 Jn 1, 45. — 6 Jn 14, 6-14. — 7 Conc. Vat. II. Const. Dei Verbum, 4. — 8 San Agustín, Sermón 334, 4. — 9 1 Cor 15, 3-5. —10 Salmo responsorial. Sal 18, 3. — 11 Cfr. Jn 6, 4 ss. — 12 Cfr. Mt 28, 20.
* Felipe era de Betsaida, como Pedro y Andrés. Fue primero discípulo del Bautista, y siguió después a Jesús, que le llamó para formar parte del grupo de los Doce. Fue este Apóstol el que anunció a Natanael que había encontrado al Mesías, Por San Juan sabemos que estuvo presente en las bodas de Caná donde Jesús realizó su primer milagro. Del relato de la multiplicación de los panes se puede desprender que Felipe era quien se encargaba de los víveres: es él quien con prontitud calcula el dinero necesario -unos 200 denarios- para paliar el hambre de la gente allí reunida. Interviene, junto a Andrés, en el episodio de los peregrinos griegos, gentiles piadosos, que deseaban ver a Jesús. Es también Felipe quien pide al Señor, en el Cenáculo, que le muestre al Padre. Es considerado por la tradición como evangelizador de Frigia (Asia Menor), donde sufrió martirio, siendo crucificado.
Santiago, pariente del Señor, es llamado el Menor, para distinguirlo del hermano de Juan. Fue el primer Obispo de Jerusalén y desarrolló una intensa actividad evangelizadora entre los judíos de esta ciudad. La tradición lo presenta como un hombre austero, exigente consigo mismo y lleno de bondad con los demás. Fue columna de la Iglesia primitiva, junto a Pedro y a Juan. Murió mártir en Jerusalén hacia el año 62. Es autor de una de las Epístolas Católicas.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa
Cruz
La Invención o hallazgo de la Santa Cruz
Año 326
Una canción
religiosa dice: "Venid
oh cristianos - la cruz veneremos - la cruz recordemos - de
Cristo Jesús…
Tengamos siempre en nuestras casas la Santa Cruz. Un crucifijo
que nos recuerde
lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos. Y ojalá besemos de vez
en cuando sus
manos y sus pies. Así lo hacían siempre los santos.
No nos acostemos jamás ni nos levantemos ningún día sin hacer la
señal de la
cruz, bien hecha, despacio, desde la frente hasta el pecho y del
hombro
izquierdo hasta el derecho, y pronunciando los tres Santísimos
nombres del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto trae bendición y
muchos favores
celestiales, y aleja al demonio y libra de muchos males y
peligros.
Oracion:
Por la Señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos
Señor, Dios
Nuestro.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen
Historia:
Con este signo vencerás:
Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general
Constantino, hijo de
Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que
teniendo que
presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio,
jefe de Roma, el
año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual
vio una cruz
luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "Con este
signo
vencerás", y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en
varias
banderas de los batallones y que exclamó: "Confío en Cristo en
quien cree
mi madre Elena". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a
ser
Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por
tres siglos venían
siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.
Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San
Cristótomo y San
Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió
permiso a su
hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la
cual murió Nuestro
Señor. Y que después de muchas y muy profundas excavaciones
encontró tres
cruces. Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las
otras dos,
llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz,
la enferma se
agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo
que estaba
antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó
instantáneamente
la salud. Y entonces Santa Elena, y el obispo de Jerusalén,
Macario, y miles de
devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de
Jerusalén. Y
que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba
a su hijo
muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste
resucitó.
(ACI).- El 3 de mayo en muchos países del mundo se conmemora “la Cruz de mayo”. Esta tradición popular tiene sus orígenes desde muy antiguo en Jerusalén y se sigue festejando en varios pueblos de habla hispana.
La también llamada “Fiesta de las cruces” se celebra en ciudades de España, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago, Argentina, Colombia y Venezuela. En muchos de estos lugares adornan las cruces con coloridas flores, se realizan procesiones, bailes o se venera el madero en los cerros o lugares visibles para toda la población.
Se dice que por el siglo IV el pagano Constantino tenía que enfrentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio. La noche anterior al suceso tuvo un sueño en la que vio una cruz luminosa en los aires y escuchó una voz que le dijo: "Con este signo vencerás".
Al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y exclamó: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". La victoria fue total, Constantino llegó a ser emperador y dio libertad a los cristianos.
Santa Elena, madre del emperador, pidió permiso a su hijo y fue a Jerusalén a buscar la Santa Cruz en la que Cristo murió. Después de muchas excavaciones encontró tres cruces y no sabían cómo distinguir cuál era del Señor.
Es así que llevaron a una mujer agonizante, quien al tocar la primera cruz se agravó más con su enfermedad. En la segunda cruz, la enferma se mantuvo igual, pero al tocar el tercer madero, recuperó la salud.
Santa Elena con el Obispo y los fieles llevaron esta cruz en procesión por las calles de Jerusalén. En el camino había una mujer viuda que llevaba a enterrar a su hijo, por lo que acercaron la Cruz al fallecido y éste resucitó.
Por varios siglos se ha celebrado en Jerusalén y muchos pueblos del mundo el 3 de mayo como la fiesta de la invención o hallazgo de la Santa Cruz. En toda laIglesia Católica la celebración litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz se festeja el 14 de septiembre.
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San Felipe nació en Betsaida y fue discípulo de San Juan el Bautista. Felipe fue uno de los primeros apóstoles llamados por Jesús. Él fue quien preguntó a Jesús sobre la repartición de los panes: “¿Cómo vamos a darle de comer a tanta gente?” (Jn 6, 5-7) y también fueron los paganos quienes deseaban conocer al Señor. (Jn 12, 20-22). Además, Felipe le pidió a Cristo en la última cena que le “muestre al Padre” (Jn 14, 8-11).
Felipe fue además quien pidió permiso a Jesús para ir a enterrar a su padre. “Sígueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos” (Mt 8,21).
Después de la Ascensión, Felipe recibió el Espíritu Santo en Pentecostés, junto con los otros apóstoles y la Virgen María. Posteriormente partió para evangelizar la región de Frigia, actualmente Turquía, Hungría, Ucrania y el Este de Rusia.
San Felipe fue martirizado y murió crucificado y apedreado en Hierápolis. En el siglo VI las reliquias del apóstol fueron llevadas a Roma y colocadas en la Basílica de los Doce Apóstoles. El martirologio de la Edad Media celebraba su fiesta el 1 de mayo pero se cambió la fecha para el 3 de mayo.
Santiago es llamado el “Hijo de Alfeo” y también se le conoce como “El primo del Señor” porque su madre era pariente de la Virgen. A él se le atribuye la autoría de la primera epístola católica. Una de sus frases más profundas y famosas es: “La fe sin obras, está muerta”.
También encontramos en Los Hechos de los Apóstoles menciones al apóstol donde señalan que era muy querido por la Iglesia de Jerusalén y que lo llamaban “el Obispo de Jerusalén”. San Pablo lo considera en su carta a los Gálatas, junto con San Pedro y San Juan, una de las principales columnas de la Iglesia. Además, el Apóstol de Gentes comenta que después de su conversión fue a visitar a Pedro, pero no encontró a ningún discípulo sino a Santiago. Incluso en la última visita de San Pablo a Jerusalén, este fue directamente a la casa de Santiago, donde se reunió con todos los jefes de la Iglesia de Jerusalén. (Hech. 21,15).
En los registros históricos de la época, Santiago es llamado “El Santo”. Los fieles aseguraban que nunca había cometido un pecado grave, ni tomaba licores ni comía carne. Más bien, el apóstol pasaba mucho tiempo orando y fue por eso que se le hicieron callos en las rodillas.
En sus oraciones, le pedía perdón a Dios por los pecados de su pueblo. Por esa razón, la gente lo llamaba: “El que intercede por el pueblo”. Estas acciones conmovieron a muchos judíos y por el ejemplo de Santiago se convirtieron.
El éxito de su evangelización provocó escándalo entre los fariseos y escribas. Por ello, en un día de fiesta el Sumo Sacerdote Anás II, aprovechando la concurrencia, le dijo: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Ante este pedido, Santiago respondió: “"Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios".
Los sumos sacerdotes se enfurecieron por esa respuesta pues temían que todos los judíos se convirtieran al cristianismo. Entonces tomaron a Santiago y lo llevaron a la parte más alta del templo y desde allí lo echaron hacia el precipicio. El apóstol murió de rodillas mientras rezaba: “Padre Dios, te ruego que los perdones porque no saben lo que hacen".
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Santa Madre Maravillas de Jesús
Nació en
Madrid (España) el 4 de noviembre de 1891, siendo la menor de
cuatro hermanos.
Fue bautizada ocho días después en la parroquia de San Sebastián
con el nombre
de María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán. Su padre fue el
señor Luis Pidal y
su madre doña Cristina Chico de Guzmán, Marqueses de Pidal. Su
padre fue primero Ministro de Fomento y más tarde, embajador de
España ante la
Santa Sede.
Recibió una educación selecta y al mismo tiempo, de profunda
religiosidad
católica, por lo que siempre mantuvo un deseo de servir a Dios
y a los
hombres desde la pobreza y la humildad. Su profundo amor al
Señor hizo
que se decidiera el 30 de mayo de 1913, con tan sólo veintiún
años, a realizar
voto perpetuo de castidad en la intimidad de su corazón y, con
él, confirmar su
deseo de hacerse carmelita.
El anhelo de
amar con locura al señor y
corresponderle con excesos al infinito amor a Cristo, le llevó a
entrar en el
Carmelo del Escorial (Madrid) el 12 de octubre de 1919. Tomó el
hábito en 1920
e hizo su primera profesión en 1921. Tenía mucha devoción al
Sagrado Corazón de
Jesús.
De sus largas vigilias ante el Sagrario en el convento de El
Escorial recibe la
inspiración de fundar un carmelo en El Cerro de los Ángeles,
donde se había
erigido un monumento al Sagrado Corazón en 1919 y se había
consagrado a Él la
nación. El 19 de mayo de 1924 la Hermana Maravillas y tres
religiosas del
convento de El Escorial, se instalaron provisionalmente en una
casa de Getafe,
para seguir de cerca el desarrollo de las obras del convento.
El 30
de mayo de 1924 hace su profesión solemne, y en junio de 1926 es
nombrada
Priora de la Comunidad del convento de El Cerro (Madrid), que es
inaugurado el
31 de octubre de 1926.
Con la llegada de la Guerra Civil en España (1936), las
Carmelitas se ven
obligadas a abandonar el convento, llegando a Las Batuecas
(Salamanca), donde
fundó un nuevo carmelo. Finalizada la contienda (1939) regresan
al Cerro de los
Ángeles. Gracias a Dios, aumentan las vocaciones y, con ellas,
surgen
fundaciones de nuevos carmelos tanto en España como en el
extranjero:
Kottayam (India), Mancera, Duruelo, Cabrera, Arenas de San
Pedro, San Calixto,
Aravaca, Montemar y La Aldehuela, entre otros.
Su gran caridad hizo que siempre se interesara por los problemas
de los demás y
se esforzaba por solucionarlos. Desde la clausura de La
Aldehuela fundó un
colegio para niños pobres, e hizo construir una barriada con
numerosísimas
casas y una Iglesia.
Santa Maravillas murió en el Carmelo de la Aldehuela el 11 de
Diciembre de
1974. Fue beatificada en Roma por Juan Pablo II el 10 de Mayo de
1998 y
canonizada por el mismo Papa el 3 de Mayo de 2003 en Madrid.
Oremos
Todo lo que para mi era ganancia lo he estimado pérdida comparado con Cristo. Más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él, lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo. Flp 3, 7-8
Tú, Señor, que todos los años nos alegras con la fiesta de Santa Madre Maravillas de Jesús, concede a los que estamos celebrando su memoria imitar tambien los ejemplos de su vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Calendario de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de Jasna Gora, Polonia.
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Ventura de Spello, Santo Confesor, Mayo 3
Confesor
Etimológicamente significa “augurio”. Viene
de la lengua latina. |
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Estanislao Soltys (Kazimierczyk), Beato |
Louis Soltys
nació el 27 de septiembre
de 1433 en Kazimiers (Polonia) en el seno de una familia de
profundas raíces
cristianas, sus padres fueron Maciej y Jadwiga Soltys, quienes
le proveyeron de
una buena educación en la fe.
Luego de sus estudios superiores recibió sendos doctorados en
teología y
filosofía de Universidad de Jagiello, (Cracovia, Polonia).
Ingresó a la Orden de los Canónigos Regulares Lateranenses en
1456, dedicando
su vida a la Eucaristía y al cuidado de los enfermos y los
pobres, tomando el
nombre Estanislao Kazimierczyk.
Como sacerdote fue reconocido como un gran predicador y
confesor. Prior y
maestro de novicios en su monasterio. Profesor de filosofía y
teología. Amigo
de San Juan de Kanty.
Tal como le sucede a muchos santos, la gente que lo conocía lo
consideraba un
santo en vida, mientras el Padre Estanislao veía su propia vida
como una lucha
constante por alcanzar la santidad.
Ingresó a la casa del Padre el 3 de mayo de 1489 en su población
natal,
Kazimiers.
Juan Pablo II confirmó su culto el 18 de abril de 1993.
El 19 de diciembre de 2009 S.S. Benedicto XVI autorizó la
promulgación del
decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión del
Beato
Estanislao, aún está pendiente se indique la fecha de la
canonización.
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Alejandro I, Santo VI Papa y màrtir, Mayo 3
VI Papa Las fechas exactas de su pontificado son
objeto de polémica entre los historiadores ya que
mientras Duchesne lo sitúa entre el 106 y el 115,
Lightfoot lo sitúa entre el 109 y el 116. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Eduardo José Rosaz, Beato Obispo, Mayo 3
Eduardo Rosaz, obispo de Susa, miembro de
la Orden Franciscana Seglar desde antes de su
ordenación sacerdotal, fundador de la Congregación de
las “Franciscanas Misioneras de Susa”, se distinguió
por su entrega al apostolado y por su celo pastoral;
dedicó gran atención al clero, llevó vida de pobreza y
demostró un exquisito amor a los pobres. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Emilia Bicchieri, Beata Dominica, Mayo 3
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Emilia Bicchieri, Beata |
La Beata
Emilia Bicchieri nació en
Vercelli en 1238.
Habiendo perdido a su madre a muy temprana edad, se puso bajo la
especial
protección de la Madre de Dios.
No accedió a los planes de su padre que la quería casar, y lo
convenció para
que le construyera un convento, el primero de la orden regular
de terciarias
dominicas, del que se convirtió en abadesa a la edad de veinte
años.
Habiendo sido elegida priora contra su voluntad, gobernó con
tacto y habilidad,
tuvo la sabiduría de no ordenar a nadie lo que ella misma no
haría.
Llamaba la atención por la frecuencia con que comulgaba (algo no
común en esos
días). Se le atribuyen muchos éxtasis, visiones y milagros.
Murió el día de su cumpleaños, el 3 de mayo, a la edad de
setenta y cinco años.
Su culto fue aprobado en 1769. Sus reliquias son celosamente
custodiadas en la
Catedral de Berzelli
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Juvenal de Narni, Santo Obispo, Mqyo 3
San Gregorio Magno en el Diálogo (IV, 12) y
en la Homiliae in Evangelium, recuerda a un Obispo de
Narni, de nombre Juvenal (Giovenale), calificándolo de
mártir. Pero el Lanzoni obseva que este pontífice da el
título de mártir aún a los obispos que no murieron por
la fe. El Mismo Gregorio recuerda el sepulcro de san
Juvenal en Narni. El Martirologio de Floro y de Adone lo
mencionan con esta indicación: "Natale sancti Juvenalis
episcopi et confessoris". |
J†A
JMJ
Pax
Yo soy el camino, la verdad y la vida
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"No pierdan la paz, crean en Dios y crean también en mí. En la
casa de mi
Padre hay muchas habitaciones, si no, se lo habría dicho, porque
voy a
prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y
los llevaré
conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y ya
saben el camino a
donde yo voy".
Tomás le dijo:
"Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?"
Jesús le respondió:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino
por mí. Si
me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo
conocen y lo han
visto".
Le dijo Felipe:
"Señor, muéstranos al Padre y nos basta".
Jesús le replicó:
"Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no
me
conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces
por qué dices:
"Muéstranos al Padre?" ¿No crees que yo estoy en el Padre y el
Padre
está en mí?
Las palabras que yo les digo no las digo por mi propia cuenta.
Es el Padre, que
permanece en mí, quien hace las obras que hago yo, y las hará
aún mayores,
porque yo me voy al Padre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
5o. Dom de Pascua Ciclo A
Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos
hijos tuyos,
míranos siempre con amor de Padre; y haz que, cuantos creemos
en Cristo,
obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Eligieron a siete llenos del Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
En
aquellos días, como aumentaba mucho
el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos
griegos contra
los hebreos, de no ser bien atendidas sus viudas en el
servicio de caridad de
todos los días. Los apóstoles convocaron al grupo de los
discípulos y les
dijeron:
"No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para
ocuparnos de la
administración. Por tanto, escojan entre ustedes a siete
hombres de buena
reputación, llenos del Espíritu Santo y sabiduría, y los
encargaremos de este
servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio
de la
palabra".
Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, lleno de fe
y del Espíritu
Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás,
prosélito de
Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les
impusieron las manos
orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén se
multiplicaba grandemente el
número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la
fe.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 32
El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Que los
justas aclamen al Señor; es
propio de los justos alabarlo. Demos gracias a Dios al son del
arpa, que la
lira acompañe nuestros cantos.
El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Sincera es
la palabra del Señor y todas
sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la
tierra llena está
de sus bondades.
El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Cuida el
Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de
hambre les da
vida.
El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9
Hermanos:
Acercándose al Señor Jesús, la
piedra viva rechazada por los hombres, pero escogida y
preciosa a los ojos de
Dios, ustedes también, como piedras vivas, entran en la
edificación del templo
espiritual, para formar un sacerdocio santo destinado a
ofrecer sacrificios
espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Tengan
presente que
está escrito: "Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida
y preciosa;
el que crea en ella no quedará defraudado".
Dichosos, pues, ustedes los que han creído. En cambio, para
aquellos que se
negaron a creer, vale lo que dice la Escritura: "La piedra que
rechazaron
los constructores ha llegado a ser la piedra angular, y
también: tropiezo y
roca de escándalo".
Tropiezan en ella los que no creen en la Palabra, y en esto se
cumple un
designio de Dios. Ustedes, en cambio, son estirpe elegida,
sacerdocio real,
nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que
proclamen la obras
maravillosas del que los llamó de las tinieblas a su luz
admirable.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, si
por mí, dice el
Señor.
Aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"No pierdan la paz, crean en Dios y crean también en mí. En la
casa de mi
Padre hay muchas habitaciones, si no, se lo habría dicho,
porque voy a
prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare sitio, volveré
y los llevaré conmigo,
para que donde estoy yo estén también ustedes. Y ya saben el
camino a donde yo
voy".
Tomás le dijo:
"Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?"
Jesús le respondió:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre,
sino por mí. Si
me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo
conocen y lo han
visto".
Le dijo Felipe:
"Señor, muéstranos al Padre y nos basta".
Jesús le replicó:
"Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía
no me
conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces
por qué dices:
"Muéstranos al Padre?" ¿No crees que yo estoy en el Padre y el
Padre
está en mí?
Las palabras que yo les digo no las digo por mi propia cuenta.
Es el Padre, que
permanece en mí, quien hace las obras que hago yo, y las hará
aún mayores,
porque yo me voy al Padre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y, como pueblo
sacerdotal,
pidámosle por las necesidades de todo el mundo:
A cada petición, respondemos:
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para que
Cristo, Esposo de la Iglesia,
llene de alegría pascual a todos los que se han consagrado a
la extensión de su
reino, roguemos al Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para que
Cristo, piedra angular del
edificio, ilumine con el anuncio evangélico a los pueblos que
aún desconocen la
Buena Nueva de la resurrección, roguemos al Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para que
Cristo, estrella luciente de la
mañana, seque las lágrimas de los que lloran y aleje el dolor
y las penas de
los que sufren, roguemos al Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para que
Cristo, testigo fidedigno y
veraz, nos conceda ser, con nuestra alegría evangélica, sal y
luz para los humanos
que desconocen la victoria de la resurrección, roguemos al
Señor.
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Dios, Padre todopoderoso, que te has revelado en Cristo
como maestro y
redentor; escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que,
acercándonos a él, la
piedra angular desechada por los humanos, pero escogida y
preciosa ante ti,
seamos edificados como templo del Espíritu y sacerdocio
sagrado. Por
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso,
por los siglos de
los siglos.
Amén.
Dios nuestro, que por medio de estos dones nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad justo y necesario, es nuestro
deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que
nunca en este
tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz nacen a la vida eterna, los
creyentes atraviesan
los umbrales del Reino de los cielos; porque en la muerte de
Cristo nuestra
muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado
todos.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Yo soy la vid verdadera, ustedes las ramas, dice el Señor; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.
Oremos:
Ven Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado
en los misterios
de tu Reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de
pecado y vivamos ya
desde ahora, la novedad de la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
PASCUA. QUINTO DOMINGO
SER JUSTOS
- Ser justos con quienes nos relacionamos, con quienes dependen de nosotros, con la sociedad.
- La promoción de la justicia.
- Fundamento y fin de la justicia.
I. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra (1).
La justicia es la virtud cardinal que permite una convivencia recta y limpia entre los hombres. Sin esta virtud, la convivencia se torna imposible; la sociedad, la familia, la empresa dejan de ser humanas y se convierten en lugares donde el hombre atropella al hombre. La justicia regula la convivencia de la sociedad humana en cuanto humana, es decir, basada en el respeto de los derechos personales; “es principio fundamental de la existencia y de la coexistencia de los hombres, como también de las comunidades humanas, de las sociedades y de los pueblos” (2).
Un aspecto de esta virtud atañe a las relaciones con el vecino, con el compañero, con el amigo, con el colega y, en general, con toda persona: regula estas relaciones de los hombres entre sí, dando a cada uno lo que le es debido. Otra faceta de la justicia se refiere a los deberes de la sociedad en relación a lo que a cada individuo le corresponde. Por último, existe otro plano de la justicia, que regula aquello que cada individuo concreto debe a la comunidad a la que pertenece, al todo del que forma parte.
La justicia en una sociedad viene de quienes la componen. Son las personas quienes proyectan en la sociedad su justicia o su injusticia, sobre todo quienes en ellas tienen más responsabilidad. Y esto es válido en la familia, en la empresa, en la nación o en el conjunto de naciones que componen el mundo. Si de verdad queremos que la justicia impere en una sociedad -ya se trate de una aldea o de la nación-, hagamos justos a los hombres que la componen: que cada uno de nosotros comience a ser justo en ese triple plano: con quienes nos relacionamos cada día, con quienes dependen de nosotros, dando lo que debemos a la sociedad de la que formamos parte. Esta es la primera obligación moral de la justicia, ser justos en todos los aspectos de nuestra vida: convivir con rectitud y limpieza, ser justos con la familia, con el vecino... con el Estado. La lucha porque impere una mayor justicia en la sociedad es fruto de una serie de decisiones personales, que van modelando el alma de la persona que ejercita esta virtud. Con actos concretos de justicia, el hombre se moverá cada vez con más facilidad por “una voluntad constante e inalterable de dar a cada uno lo suyo” (3), pues en esto consiste la esencia de esta virtud.
Si hay una tarea noble y bella que corresponde al común de los ciudadanos es precisamente la de trabajar, con responsabilidad personal, por una sociedad más justa, recta y limpia.
II. “Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad” (4). La fe nos lleva a estar presentes, a intervenir muy directamente en los afanes nobles, en las “menudencias de la vida de familia” y “en los conflictos y tareas que definen cada época histórica”... para santificarnos nosotros y santificar esas realidades, haciéndolas más humanas, más justas, para llevarlas a Dios. “Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana (Cfr. TERTULIANO, Apologeticum, 17), no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar” (5).
La fe nos urge porque es grande la necesidad de justicia que existe en el mundo. “Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor.
“Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás” (6).
El cristiano se esfuerza en remediar lo injusto por amor a Jesucristo y a sus hermanos los hombres. El justo, en el pleno sentido de la palabra, es aquel que va dejando a su paso amor y alegría y no transige con la injusticia allí donde la encuentra, ordinariamente en el ámbito en el que se desarrolla su vida: en la familia, en su empresa, en el municipio donde tiene su hogar... Si hacemos examen, es posible que encontremos injusticias que remediar: juicios precipitados contra personas o instituciones, rendimiento en el trabajo, trato injusto a otras personas...
III. El origen, la gran fuerza que mueve al hombre justo, es el amor a Cristo; cuanto más fieles al Señor seamos, más justos seremos, más comprometidos estaremos con la verdadera justicia. Un cristiano sabe que el prójimo, el “otro”, es Cristo mismo, presente en los demás, de modo particular en los más necesitados. “Sólo desde la fe se comprende qué es lo que de verdad nos jugamos con la justicia o la injusticia de nuestros actos: acoger o rechazar a Jesucristo” (7). Este es el gran motor de nuestras acciones. Esto es lo que sólo los cristianos, mediante la fe, podemos ver: Cristo nos espera en nuestros hermanos. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed... Omisiones: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de mis hermanos más pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo (8).
El Señor está en cada hombre que padece necesidad. “Los pobres de la sociedad, personalmente considerados, así como las zonas, los grupos étnicos o culturales, los enfermos, los sectores de la población más pobres y marginados tienen que ser preocupación constante de la Iglesia y de los cristianos. Es preciso aumentar los esfuerzos para estar con ellos y compartir sus condiciones de vida, sentirnos llamados por Dios desde las necesidades de nuestros hermanos, hacer que la sociedad entera cambie para hacerse más justa y más acogedora en favor de los más pobres” (9).
“Hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres” (10). Bastaría examinar nuestro espíritu de atención, de respeto, de afán de justicia, enriquecido por la caridad, para conocer con qué fidelidad seguimos a Cristo. Y al revés, si es profundo y verdadero el trato y el amor a Cristo, ese trato y ese amor se desbordan inconteniblemente hacia los demás.
“Las exigencias espirituales y materiales del servicio cristiano a los demás, son grandes: en la voluntad, en el sentimiento, en las obras. Ante ellas, con la ayuda de la gracia divina, el cristiano ni se acobarda ni se atolondra con un nervioso frenesí de "gestos" sorprendentes. Pero tampoco "se queda tranquilo": caritas enim urget nos: porque nos acucia la caridad de Cristo (2 Cor 5, 14)” (11), que nos lleva más allá de la mera justicia, pero -como es claro- supone haber satisfecho lo que es justo.
“Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente irreprochable y aparezca como tal -enseña el Concilio Vaticano II-, es necesario (...) cumplir antes que nada las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia” (12).
La práctica de la justicia nos lleva a un constante encuentro con Cristo. En último extremo, “hacerle justicia a un hombre es reconocer la presencia de Dios en él” (13).
Por eso también, en el cristiano no puede haber verdadera justicia sino está informada por la caridad (14), porque quedaría a ras de tierra, empequeñecida. Cristo, en nuestras relaciones con el prójimo, quiere más de nosotros. A Él hemos de pedirle “que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad” (15).
(1) Salmo responsorial. Sal 33, 4-5.- (2) JUAN PABLO II, Audiencia General, 8-XI-1978.- (3) SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2-2, q. 58, a. 1.- (4) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 110.- (5) Ibídem, 111.- (6) Ibídem .- (7) P. RODRIGUEZ, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 215.- (8) Cfr. Mt 25, 45.- (9) CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, 28-VI-1985, n. 59.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, o. c., 111.- (11) F. OCARIZ, Amor a Dios, amor a los hombres, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, p. 109.- (12) CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8.- (13) P. RODRIGUEZ, o. c., p. 217.- (14) Cfr. SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2-2, q. 4, a. 7.- (15) J. ESCRIVA DE BALAGUER, o. c., 167.
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Fuente: EWTN
Damián de Molokai (José de Veuster), Santo Sacerdote
Apóstol de los
leprosos, 10 de Mayo, llegada a Molokai (15 de abril, día de su
muerte, fiesta
en Hawai)
Leproso por voluntad divina Martirologio Romano: En Kalavai, de la isla de Molokay, en
Oceanía, beato Damián de Veuster, presbítero de la
Congregación de Misioneros de los Sagrados Corazones
de Jesús y de María, quien, entregado a la asistencia
de los leprosos, terminó él mismo contagiado de esta
enfermedad (1889).
Así fue la llegada a la isla del joven misionero belga Damián: El obispo Maigret, Damián y cincuenta leprosos tomaron el vapor Kilauea y desembarcaron en Kalaupapa (Molokai) en la mañana del 10 de mayo de 1873. Un gran número de leprosos los esperaba. El obispo, preentando a Damián, les dice: "Hasta ahora, hijos míos, habéis estado solos, pero ya no lo estaréis más. Os presento a un sacerdote que quiere ser vuestro padre para vosotros. Os ama tan ardientemente que por vuestra felicidad y la salvación de vuestras almas inmortales no duda en ser uno más de vosotros y pide vivir y morir con vosotros". Así lo relata un periódico de Honolulu con fecha del 17 agosto 1873: "Varias veces habíamos advertido que los pobres leprosos secuestrados en Molokai, donde están sin pastor y sin médico, ofrecían al heroísmo cristiano la ocasión de una hermosa y noble entrega. Nos sentimos felices de poder decir que este héroe ha sido hallado. Cuando el sábado pasado el Kilauea llegó a Kalavao, Monseñor maigret y el P. Damián, sacerdote belga, descendieron a tierra. El venerable obispo, avanzando hacia los leprosos, les diriíó palabras de consuelo y les presentó al buen padre, que voluntariamente se ha ofrecido a vivir con ellos y para ellos. El P. Damián ha tomado esta decisión de improviso. No tiene ni techo, ni más ropa que la que los leprosos puedan ofrecerle ... Sin preocuparnos de la doctrina que profese este hombre, nosotros lo decimos muy alto: ¡Es un héroe cristiano!" Damián contaba 33 años. H llegado a su destino sin retorno. (Osvaldo Aparicio, ss.cc.; DAMIÁN DE MOLOKAI A TRAVÉS DE SUS CARTAS, pg 56-57)
El Padre Damián nació el 3 de enero de
1840, en Tremeloo, Bélgica.
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Películas
Nueva:
http://es.gloria.tv/?media=317986
Blanco y negro:
http://www.gloria.tv/?media=123192
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San Juan de Avila
Misionero.
Director de Almas
(1569)
Juan
significa: "Dios es misericordioso".
San Juan de Avila tuvo el privilegio de ser amigo y consejero de
seis santos:
San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Juan de Dios, San
Francisco de Borja,
San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada. Dicen que él es
la figura más
importante del clero secular español del siglo 16.
Nació en el año 1500. De una familia muy rica, al morir sus padres repartió todos sus bienes entre los pobres y después de tres años de oración y meditación se decidió por el sacerdocio. Estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá y allá hizo amistad con el Padre Guerrero que fue después arzobispo de Granada y su amigo de toda la vida.
Desde el principio de su sacerdocio demostró una elocuencia extraodinaria. El pueblo acudía en gran número a escuchar sus sermones donde quiera que él iba a predicar. Cada predicación la preparaba con cuatro o más horas de oración de rodillas. A veces pasaba la noche entera ante un crucifijo o ante el Santísimo Sacramento encomendando la predicación que iba a hacer después a la gente. Y los resultados eran formidables. Los pecadores se convertían a montones. A sus discípulos les decía: "Las almas se ganan con las rodillas". A uno que le preguntaba como hacer para lograr convertir a alguna persona en cada sermón, le dijo: "¿Y es que Ud. espera convertir en cada sermón a alguna persona?". "No, ¡eso no!", respondió el otro. "Pues por eso es que no los convierte", le dijo el santo, "porque para poder obtener conversiones hay que tener fe en que sí se conseguirán conversiones. ¡La fe mueve montañas!."
A otro que le
preguntaba cuál era la principal cualidad para poder llegar a
ser un buen
predicador, le respondió: "La principal cualidad es: ¡amar
mucho a
Dios!".
Pidió viajar de misionero a América del sur, pero su amigo el
Arzobispo de
Granada le dijo: "Aquí en España también hay muchos a quienes
misionar y
evangelizar. ¡Quédese predicando entre nosotros!". Le obedeció y
se dedicó
a predicar por Andalucía, por todo el sur de España. Y las
conversiones que
conseguía eran asombrosas. Su predicación era fuerte. No
prometía vida en paz a
quienes querían vivir en paz con sus pecados, pero animaba
enormemente a todos
los que deseaban salir de su anterior vida de pecado. Un gran
número de
sacerdotes le seguía para ayudarle a confesar y colaborarle en
la catequesis de
los niños y en la administración de los sacramentos. Ricos y
pobres, jóvenes y
viejos, todos acudían con gusto a escucharle.
Dios le concedió a San Juan de Avila la cualidad especialísima de ejercer un gran ascendiente sobre los sacerdotes. Por eso el Sumo Pontífice lo ha nombrado "Patrono de los sacerdotes españoles". Bastaba con que lo vieran celebrar misa o le oyeran un sermón para que los sacerdotes quedaran muy agradablemente impresionados de su modo de obrar y predicar. Y después en sus sermones, ellos estaban allá entre el público oyéndole con gran atención. El sabio escritor Fray Luis de Granada se colocaba cerca de él, lápiz en mano, e iba escribiendo sus sermones. De cada sermón del santo, sacaba el material para predicar luego diez sermones. Los sacerdotes decían que el Padre Juan de Avila predicaba como si estuviera oyendo al mismo Dios.
Fue reuniendo
grupos de sacerdotes y por medio de hacerles meditar en la
Pasión de Jesucristo
y en la Eucaristía y de rezar y recibir los sacramentos, los iba
enfervorizando
y después los enviaba a predicar. Y los frutos que conseguía
eran inmenoss.
Unos 30 de esos sacerdotes se hicieron después Jesuitas. Otros
colaboraron con
la redforma que San Juan de la Cruz y Santa Teresa hicieron de
los padres
Carmelitas y muchos más llenaron de buenas obras las parroquias
con su gran
fervor.
Un día en Granada, mientras San Juan de Avila pronunciaba un gran sermón, de pronto se oyó en el templo un grito fortísimo. Era San Juan de Dios que había sido antes militar y comerciante y que ahora se convertía y empezaba una vida de santidad admirable. En adelante San Juan de Dios tendrá siempre como consejero al Padre Juan de Avila, a quien atribuirá su conversión.
Los enemigos y envidiosos lo acusaron de que su predicación era demasiado miedosa y de que se proponía hacer que las gentes fueran demasiado espirituales. Y el santo fue llevado a la cárcel y allí estuvo de 1532 a 1533. Aprovechó su prisión para meditar más y crecer en santidad. Cuando se le reconoció su inocencia y fue sacado de la prisión el pueblo lo ovacionó como a un héroe.
A muchas personas les dio dirección espiritual por medio de cartas. Después reunió una colección de esas cartas y las publicó con el título de "Oye hija" y fue un libro muy afamado y que hizo gran bien a los lectores.
Su devoción a la Virgen era tan grande que lo hacía exclamar: "Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin devoción a la Virgen María".
Fundó más de diez colegios y ayudaba mucho a las universidades católicas. Su autoridad y su ascendiente eran muy grandes en todas partes.
Sus últimos 17 años fueron de enormes sufrimientos por su salud que era muy deficiente. En él se cumplía aquello que dijo Jesús: "Mi Padre, al árbol que más quiere, más lo poda, para que produzca mayor fruto". Pero aunque sus padecimientos eran muy intensos, no por eso dejaba de recorrer ciudades y pueblos predicando, confesando, dando dirección espiritual y edificando a todos con su vida de gran santidad. Tres temas le llamaban mucho la atención para predicar: la Eucaristía, el Espíritu Santo y la Virgen María.
Una de sus cualidades más admirables era su gran humildad. A pesar de sus brillantes éxitos apostólicos, siempre se creía un pobre y miserable pecador. Cuando estaba agonizante vio que un sacerdote lo trataba con muy grande veneración y le dijo: "Padre, tráteme como a un miserable pecador, porque eso es lo que he sido y nada más".
Cuando en su última enfermedad los dolores arreciaban, apretaba el crucifijo entre sus manos y exclamaba: "Dios mío, si sí te parece bien que suceda, está bien, ¡está muy bien!".
El 10 de mayo del año 1569, diciendo "Jesús y María" murió santamente. Fue beatificado en 1894 y el Papa Pablo VI lo declaró santo en 1970.
San Juan de Avila: tú que con tus sermones lograste tantas conversiones de pecadores, alcánzanos del Señor Dios, que también nosotros nos convirtamos.
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Antonio (Antonino) Pierozzi de Florencia, Santo Obispo, 10 de mayo
ObispoAntonio Pierozzi, llamado Antonino por su
pequeña estatura, nació en 1389, y era hijo de un
notario florentino. Desde muy joven entró al convento
de los Dominicos, en donde fue recibido por el Beato
Juan Dominici, a quien recitó de memoria las
Decretales de Gracián, para demostrar su preparación
cultural, a pesar de ser autodidacta. Del año 1413,
año de su ordenación sacerdotal, al año 1446, cuando
fue elegido arzobispo de Florencia, ocupó varios
cargos en su Orden: Vicario, Visitador, Prior en
Fiesole, en Roma, en Nápoles y en Florencia.
esconderse en Maremma. Su delicada salud
y los achaques físicos que lo acompañaron desde su
juventud, desde que era novicio, no le impidieron
desarrollar una actividad prodigiosa. A lomo de mula
cabalgaba como un humilde fraile para visitar todas
las parroquias de su diócesis y de las sufragáneas de
Fiesole, Pistoia y Prato. El pueblo florentino lo
amaba mucho, y él defendió sus derechos aun contra el
mismo Cosimo de Medici, de quien era amigo. Humilde e
ingenioso, celoso y bondadoso, el buen pastor se
entregó de lleno a su grey hasta la víspera de su
muerte, el 2 de mayo de 1459. Fue canonizado por
Adriano VI el 31 de mayo de 1523. |
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Fuente:
ChurchForum.org
Job,
Santo
Patriarca, Mayo 10
Patriarca Se llama patriarca a un antiquísimo jefe
religioso de Israel. Así por ej. fueron Patriarcas: Noé,
Abraham, Jacob, Isaac, etc. |
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Solange de Bourges, Santa Virgen y Mártir, Mayo 10
Virgen y Mártir Etimológicamente significa” sola”. Viene de
la lengua latina. |
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Fuente: Vatican.va
Iván
Merz, Beato
Laico, 10 de mayo
LaicoMartirologio Romano: En la ciudad de Zagreb, en Croacia, beato Ivan Merz, que, dedicado al estudio de las letras y a la enseñanza, dio a los jóvenes el ejemplo de un maestro fiel a Cristo y de un laico creyente entregado al bien de la sociedad (1928).
Nació en Banja Luka el 16 de diciembre de
1896, en la Bosnia ocupada por el imperio
austro-húngaro, en una familia liberal; fue bautizado
el 2 de febrero de 1897. En el ambiente multi-étnico y
multi-religioso de su ciudad natal realizó sus
estudios de primaria y secundaria, que terminó cuando
en Sarajevo era asesinado el príncipe heredero
Francisco Fernando (28 de junio de 1914). Por voluntad
de sus padres, y no suya, entró en la Academia militar
de Wiener Noustadt, que abandonó después de tres
meses, molesto por la corrupción del ambiente. En 1915
inició los estudios en la universidad de Viena,
aspirando a ser profesor, para poder dedicarse a la
instrucción y educación de los jóvenes en Bosnia,
siguiendo el ejemplo de su profesor Ljubomir
Marakovic, hacia el que sentía una profunda gratitud
por haberle ayudado a descubrir las riquezas del
catolicismo. |
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Fuente: Clairval.com
Enrique
Rebuschini, Beato
Sacerdote, Mayo 10
Sacerdote Camilo(Siervos de los Enfermos de San Camilo)Enrique había nacido el 28 de abril de
1860 en el norte de Italia, en Gravedona, en la orilla
noroeste del lago Como. Su padre, Domingo, empleado de
intendencia antes de llegar a ser inspector jefe de
impuestos de la provincia de Como, no es partidario de
la religión, y cuando acompaña a su mujer a la
iglesia, se queda fuera. Su madre, Sofía, cristiana
ejemplar, es oriunda de Liorna, en Toscana. De ese
matrimonio habían nacido cinco hijos, siendo Enrique
el segundo. Al final de sus estudios secundarios, al
no poder seguir su inclinación por la vida religiosa a
causa de la oposición de su padre, Enrique se
matricula en la Facultad de Matemáticas de la
Universidad de Pavía. De carácter tranquilo y bien
educado, solamente permanece un año en la Facultad,
cuyo anticlericalismo le produce amargura y desazón. |
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J†A
JMJ
Pax
Yo le rogaré al Padre y él les enviará otro Consolador
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre
que les dé
otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la
verdad. El
mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes,
en cambio, sí
lo conocen, porque habita entre ustedes y está con ustedes.
No los dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no
me verá más,
pero ustedes me verán, y vivirán porque yo sigo viviendo.
Entonces sabrán que
yo estoy con mi Padre, ustedes conmigo y yo con ustedes. El que
acepta mis mandamientos
y los cumple, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo
también lo
amaré y me manifestaré a él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
6o. Dom de Pascua Ciclo A
Con voz de júbilo anúncienlo; que se oiga hasta los rincones de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor y
alegría la
victoria de Cristo resucitado; y que el misterio de su Pascua
transforme
nuestra vida y se manifieste en nuestras obras.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8.14-17
En
aquellos días, Felipe bajó a la
ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud
escuchaba con atención
lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros
que hacía y los
estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus
inmundos lanzando
gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto
despertó gran
alegría en aquella ciudad.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron
de que Samaria
había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a
Juan; ellos
llegaron allí y oraron por los que se habían convertido, para
que recibieran el
Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente
habían sido
bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan
les impusieron
sus manos y ellos recibieron el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Del Salmo 65
Aclamen al Señor en todo el mundo.
Aclamen al
Señor en todo el mundo,
canten salmos a su glorioso nombre, ríndanle honores con sus
alabanzas. Digan:
"¡Qué formidable es nuestro Dios!"
Aclamen al Señor en todo el mundo.
Que se
postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Vengan a
ver las obras de
Dios, sus proezas en favor de la humanidad.
Aclamen al Señor en todo el mundo.
Transformó
el mar en tierra firme, a pie
atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que su poder
gobierna eternamente.
Aclamen al Señor en todo el mundo.
Fieles de
Dios, vengan a escuchar; les
contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios que no
rechazó mi súplica.
Aclamen al Señor en todo el mundo.
Murió en su cuerpo y resucitó glorificado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 15-18
Hermanos:
Veneren en sus corazones a
Cristo Señor, dispuestos siempre a dar razones de su esperanza
al que las
pidiere; pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz
con su
conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la
conducta cristiana de
ustedes, pues es mejor padecer haciendo el bien, si tal es la
voluntad de Dios,
que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una sola vez por los pecados, el
Justo por los
injustos, para llevarnos a Dios. Murió en su cuerpo, pero
volvió a la vida por
el Espíritu.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y
haremos en él, nuestra
morada , dice el Señor.
Aleluya.
Yo le rogaré al Padre y él les enviará otro Consolador
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre
que les dé
otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de
la verdad. El
mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce;
ustedes, en cambio, sí
lo conocen, porque habita entre ustedes y está con ustedes.
No los dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo
no me verá más,
pero ustedes me verán, y vivirán porque yo sigo viviendo.
Entonces sabrán que
yo estoy con mi Padre, ustedes conmigo y yo con ustedes. El
que acepta mis
mandamientos y los cumple, ése me ama; al que me ama, lo amará
mi Padre, y yo
también lo amaré y me manifestaré a él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Unidos a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos,
hermanos y
hermanas, nuestras súplicas al Padre:
A cada petición respondemos: Escúchanos, Padre.
Para que
el que estaba muerto y ahora
vive por los siglos de los siglos, conceda a la Iglesia ser,
con firmeza y valentía,
testimonio perseverante de su resurrección, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el resucitado, que dio a lo
apóstoles su paz, quiera concederla también en abundancia a
todos los pueblos,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el vencedor de la muerte
transforme todos los sufrimientos de los enfermos, de los
moribundos y de todos
los que sufren, en aquella alegría que nunca nadie les podrá
quitar, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Padre.
Para que
el que tiene las llaves de la
muerte y de su reino, nos conceda celebrar un día su
resurrección con los
ángeles y los santos en su reino, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Celebrante:
Oh Dios nuestro, que nos has redimido en Cristo muerto por
nuestros pecados y
resucitado para nuestra justificación; escucha nuestra oración
e infúndenos el
Espíritu de la verdad, para que, llenos de sabiduría, sepamos
siempre dar razón
de nuestra esperanza. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina, inmortal y
glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Que nuestra oración, Señor, y nuestras
ofrendas sean gratas en tu presencia, para que así,
purificados por tu gracia,
podamos participar más dignamente en los sacramentos de tu
amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor
Amén.
Cristo vive por siempre e intercede por nosotros
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero
más que nunca en
este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por
todos ante ti; inmolado,
ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Si me aman, cumplan mis mandamientos, dice el Señor. Yo le rogaré al Padre que les dé otro Abogado, que esté siempre con ustedes. Aleluya.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has
hecho renacer a la
vida eterna; haz que el misterio pascual en el que acabamos de
participar por
medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de
salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
PASCUA. SEXTO DOMINGO
LA ESPERANZA DEL CIELO
- Hemos sido creados para el Cielo. Fomentar la esperanza.
- Lo que Dios ha revelado sobre la vida eterna.
- La resurrección de los cuerpos. El pensamiento del Cielo nos debe llevar a una lucha decidida y alegre por alcanzarlo.
I. En estos cuarenta días que median entre la Pascua y la Ascensión del Señor, la Iglesia nos invita a tener los ojos puestos en el Cielo, nuestra Patria definitiva, a la que el Señor nos llama. Esta invitación se hace más apremiante cuando se acerca el día en que Jesús sube a la derecha del Padre.
El Señor había prometido a sus discípulos que después de un poco de tiempo estaría con ellos para siempre. Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis... (1) El Señor ha cumplido su promesa en estos días en que permanece junto a los suyos, pero esta presencia no se terminará cuando suba con su Cuerpo glorioso al Padre, pues con su Pasión y Muerte nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas (2). De nuevo vendré -les dice- y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy estéis también vosotros (3).
Los Apóstoles, que habían quedado entristecidos por la predicción de las negaciones de Pedro, son confortados con la esperanza del Cielo. La vuelta a la que hace referencia Jesús incluye su segunda venida al fin del mundo (4) y el encuentro con cada alma cuando se separe del cuerpo. Nuestra muerte será eso: el encuentro con Cristo, a quien hemos procurado servir a lo largo de nuestra vida. Él nos llevará a la plenitud de la gloria, al encuentro con su Padre celestial, que es también Padre nuestro. Allí, en el Cielo, donde tenemos preparado un lugar, nos espera Jesucristo, a quien tenemos presente y hablamos en nuestra oración, con el que hemos dialogado tantas veces.
Del trato habitual con Jesucristo nace el deseo de encontrarnos con Él. La fe lima muchas asperezas de la muerte. El amor al Señor cambia por completo el sentido de ese momento final que llegará para todos. “Los que se quieren, procuran verse. Los enamorados sólo tienen ojos para su amor. ¿No es lógico que sea así? El corazón humano siente esos imperativos. Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum tuum, Domine, requiram, buscaré, Señor, tu rostro” (5).
El pensamiento del Cielo nos ayudará a vivir el desprendimiento de los bienes materiales y a superar circunstancias difíciles. Es muy agradable a Dios que fomentemos esta esperanza teologal, que está unida a la fe y al amor, y en muchas ocasiones tendremos especial necesidad de ella. “A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad” (6). También en los momentos en que el dolor y la tribulación arrecien, cuando cueste la fidelidad o la perseverancia en el trabajo o en el apostolado. ¡El premio es muy grande! Y está a la vuelta de la esquina, dentro de no mucho tiempo.
La meditación sobre el Cielo, hacia donde nos encaminamos, debe espolearnos para ser más generosos en nuestra lucha diaria, “porque la esperanza del premio conforta el alma para realizar las buenas obras” (7).
El pensamiento de ese definitivo encuentro de amor, al que somos llamados, nos ayudará a estar vigilantes en las cosas grandes y en las pequeñas, haciéndolas acabadamente, como si fueran las últimas antes de irnos al Padre.
II. No existen palabras para expresar, ni de lejos, lo que será nuestra vida en el Cielo que Dios ha prometido a sus hijos. Sabemos, como recientemente se ha recordado, que “estaremos con Cristo y veremos a Dios (cfr. 1 Jn 3, 2); promesa y misterio admirables en los que consiste esencialmente nuestra esperanza. Si la imaginación no puede llegar allí, el corazón llega instintiva y profundamente” (8).
Será una realidad dichosísima lo que ahora entrevemos por la revelación y que apenas podemos imaginar en nuestro ser actual. En el Antiguo Testamento se describe la felicidad del Cielo evocando la tierra prometida después de tan largo y duro caminar por el desierto. Allí, en la nueva y definitiva patria, se encuentran todos los bienes (9), allí se terminarán las fatigas de tan largo y difícil peregrinaje.
El Señor nos habló de muchas maneras de la incomparable felicidad de quienes en este mundo amen con obras a Dios. La eterna bienaventuranza es una de las verdades que con más insistencia predicó nuestro Señor: La voluntad de mi Padre, que me ha enviado ‑declara-, es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite a todos en el último día. Por tanto, la voluntad de mi Padre... es que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día (10). Oh Padre, dirá en la Ultima Cena, yo deseo ardientemente que aquellos que Tú mes has dado estén conmigo allí donde yo estoy, para que contemplen mi gloria, que Tú me has dado, porque Tú me amaste antes de la creación del mundo (11).
La bienaventuranza eterna es comparada a un banquete que Dios prepara para todos los hombres, en el que quedarán saciadas todas las ansias de felicidad que lleva en el corazón el ser humano (12).
Los Apóstoles nos hablan frecuentemente de esa felicidad que esperamos. San Pablo enseña que ahora vemos a Dios como en un espejo y bajo imágenes oscuras; pero entonces le veremos cara a cara (13), y que la alegría y la felicidad allí son indescriptibles (14).
La felicidad de la vida eterna consistirá ante todo en la visión directa e inmediata de Dios. Esta visión no es sólo un perfectísimo conocimiento intelectual, sino también comunión de vida con Dios, Uno y Trino. Ver a Dios es encontrarse con Él, ser felices en Él. De la contemplación amorosa de las Tres divinas Personas se seguirá en nosotros un gozo ilimitado. Todas las exigencias de felicidad y de amor de nuestro pobre corazón quedarán colmadas, sin término y sin fin. “Vamos a pensar lo que será el Cielo. Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: ni ojo vio, ni oído oyó... Vale la pena, hijos míos, vale la pena” (15).
III. Además del inmenso gozo de contemplar a Dios, de ver y de estar con Jesucristo glorificado, existe una bienaventuranza accidental, por la que gozaremos de los bienes creados que responden a nuestras aspiraciones. La compañía de las personas justas que más hemos querido en este mundo: familia, amigos; y también la gloria de nuestros cuerpos resucitados, porque nuestro cuerpo resucitado será numérica y específicamente idéntico al terreno: es preciso ‑indica San Pablo- que “este” ser corruptible se revista de incorruptibilidad, y que “este” ser mortal se revista de inmortalidad (16). “Este”, el nuestro, no otro semejante o muy parecido. “Importa mucho -afirma el Catecismo Romano- estar persuadidos de que este mismo cuerpo, y sin duda el mismo cuerpo que ha sido propio de cada uno, aunque se haya corrompido y reducido a polvo, sin embargo de eso ha de resucitar” (17). Y San Agustín afirma con toda claridad: “Resucitará esta carne, la misma que muere y es sepultada (...). La carne que ahora enferma y padece dolores, esa misma ha de resucitar” (18). Nuestra personalidad seguirá siendo la misma, y tendremos el propio cuerpo, pero revestido de gloria y esplendor, si hemos sido fieles. Nuestro cuerpo tendrá las cualidades propias de los cuerpos gloriosos: agilidad y sutileza -es decir, no estar sometidos a las limitaciones del espacio y del tiempo-, la impasibilidad -no habrá ya muerte, ni llanto ni gemido, ni habrá más dolor...; ni tendrán ya más hambre, ni más sed..., enjugará Dios toda lágrima de sus ojos (19)-, la claridad, la belleza.
“Creo en la resurrección de la carne”, confesamos en el Símbolo Apostólico. Nuestros cuerpos en el Cielo tendrán características diferentes de las actuales, pero seguirán siendo cuerpos y ocuparán un lugar (20), como ahora el Cuerpo glorioso de Cristo y el de la Virgen. No sabemos cómo ni dónde está ni cómo se forma ese lugar. La tierra de ahora se habrá transfigurado: vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habrán desaparecido... he aquí que hago todas las cosas nuevas (21). Muchos Padres y Doctores de la Iglesia, y también muchos santos, piensan que la renovación de todo lo creado se desprende de la misma revelación.
El recuerdo del Cielo, próxima ya la fiesta de la Ascensión del Señor, nos debe llevar a una lucha decidida y alegre por quitar los obstáculos que se interpongan entre nosotros y Cristo, nos impulsa a buscar sobre todo los bienes que perduran y a no desear a toda costa los consuelos que acaban.
Pensar en el Cielo da una gran serenidad. Nada aquí es irreparable, nada es definitivo, todos los errores pueden ser reparados. El único fracaso definitivo sería no acertar con la puerta que lleva a la Vida. Allí nos espera también la Santísima Virgen.
(1) Jn 14, 19-20.- (2) Cfr. Jn 14, 2.- (3) Jn 14, 3.- (4) Cfr. 1 Cor 4, 5; 11, 26; 1 Jn 2, 28.- (5) J. ESCRIVA DE BALAGUER, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5.- (6) IDEM, Camino, n. 139.- (7) SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis, 348, 18, 1.- (8) S. C. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, 17-V-1979.- (9) Cfr. Ex 3, 17.- (10) Jn 3, 40.- (11) Jn 17, 24.- (12) Cfr. Lc 13, 29; 14, 15.- (13) 1 Cor 13, 12.- (14) 1 Cor 2, 9.- (15) J. ESCRIVA DE BALAGUER, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5.- (16) 1 Cor 15, 53.- (17) Catecismo Romano, parte I, cap. XI, nn. 7-9; Cfr. S. C. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaración acerca de la traducción del artículo “carnis resurrectionem” del Símbolo Apostólico, 14-XII-1983.- (18) SAN AGUSTIN, Sermón 264, 6 .- (19) Cfr. Apoc 21, 3 ss.- (20) Cfr. M. SCHMAUS, Teología dogmática, vol. VII: Los Novísimos, Rialp, Madrid 1961, p. 514.- (21) Cfr. Apoc 21, 1 ss.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Hoy inicia la Novena a San Felipe Neri, patrono de educadores y humoristas
Breve Historia
San Felipe nace en Florencia en 1515. Es uno de los cuatro hijos del notario Francisco Neri y de Lucrecia Soldi. Siendo muy pequeño pierde a su madre pero encuentra el necesario amor materno en la segunda esposa de su padre. Felipe es un niño afable, obediente y amante de la oración. Tiene un carácter muy atrayente y modesto, nunca se le ve hablando mal de nadie. Esta bondad no pasa desapercibida y, por eso, comienzan a llamarle “Pippo Buono”. Sus padres se preocupan por su educación: desde los once años lo llevan a las clases que imparten los padres dominicos del Monasterio de San Marcos. Allí aprende a amar la virtud y a huir de las vanidades del mundo.
Doctrina
“El alma que se ha entregado a Dios es toda de Dios”.
“El amor que se da a los padres y a la sangre, a los estudios o a uno mismo, se le quita a Dios”.
“La cantidad de amor que se pone en las criaturas, se le quita a Dios”.
“Para alcanzar el amor de Dios no existe camino más corto y seguro que desprenderse del amor de las cosas del mundo, - aún de las pequeñas y de poca importancia -, y del amor a sí mismo, prefiriendo que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios y trabajar en su servicio más que nuestra satisfacción y deseo”.
“Quien quiere algo distinto a Cristo no sabe lo que quiere. Quien pide otra cosa que Cristo no sabe lo que pide. Quien obra, pero no por Cristo, no sabe lo que hace”.
Petición particular para este día.
Letanías
San Felipe Ruega por nosotros.
Vaso de Espíritu Santo Ruega por nosotros.
Hijo de María Ruega por nosotros.
Apóstol de Roma Ruega por nosotros.
Consejero de papas Ruega por nosotros.
Voz profética Ruega por nosotros.
Oremos
Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego que abrasó el corazón de San Felipe Neri.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
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San Pascual Bailón
Religioso
(año 1592)
Querido San Pascual: consíguenos del buen Dios un inmenso amor por la Sagrada Eucaristía, un fervor muy grande en nuestras frecuentes visitas al Santísimo y una grande estimación por la Santa Misa.
Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y veréis lo que son los milagros (S. J. Bosco).
Le pusieron por nombre Pascual, por haber nacido el día de Pascua (del año 1540). Nació en Torre Hermosa, Aragón, España.
Es el patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna. Desde los 7 años hasta los 24, por 17 años fue pastor de ovejas. Después por 28 será hermano religioso, franciscano.
Su más grande amor durante toda la vida fue la Sagrada Eucaristía. Decía el dueño de la finca en el cual trabajaba como pastor, que el mejor regalo que le podía ofrecer al niño Pascual era permitirle asistir algún día entre semana a la Santa Misa. Desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo y de vez en cuando se arrodillaba a adorar el Santísimo Sacramento, desde esas lejanías. En esos tiempos se acostumbraba que al elevar la Hostia el sacerdote en la Misa, se diera un toque de campanas. Cuando el pastorcito Pascual oía la campana, se arrodillaba allá en su campo, mirando hacia el templo y adoraba a Jesucristo presente en la Santa Hostia.Un día otros pastores le oyeron gritar: "¡Ahí viene!, ¡allí está!". Y cayó de rodillas. Después dijo que había visto a Jesús presente en la Santa Hostia.
De niño siendo pastor, ya hacía sus mortificaciones. Por ej. la de andar descalzo por caminos llenos de piedras y espinas. Y cuando alguna de las ovejas se pasaba al potrero del vecino le pagaba al otro, con los escasos dineros que le pagaban de sueldo, el pasto que la oveja se había comido.
A los 24 años pidió ser admitido como hermano religioso entre los franciscanos. Al principio le negaron la aceptación por su poca instrucción, pues apenas había aprendido a leer. Y el único libro que leía era el devocionario, el cual llevaba siempre mientras pastoreaba sus ovejas y allí le encantaba leer especialmente las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Sma. Virgen.
Como religioso franciscano sus oficios fueron siempre los más humildes: portero, cocinero, mandadero, barrendero. Pero su gran especialidad fue siempre un amor inmenso a Jesús en la Santa Hostia, en la Eucaristía. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando a Jesús Sacramentado. Por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, varias horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a Nuestro Señor.
Ayudaba cada día el mayor número de misas que le era posible y trataba de demostrar de cuantas maneras le fuera posible su gran amor a Jesús y a María. Un día un humilde religioso se asomó por la ventana y vio a Pascual danzando ante un cuadro de la Sma. Virgen y diciéndole: "Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor". Pocos minutos después el religioso aquel se encontró con el santo y lo vio tan lleno de alegría en el rostro como nunca antes lo había visto así. Cuando los padres oyeron esto, unos se rieron, otros se pusieron muy serios, pero nadie comentó nada.
Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio Arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: "Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes".
Sus superiores lo enviaron a Francia a llevar un mensaje. Tenía que atravesar caminos llenos de protestantes. Un día un hereje le preguntó: "¿Dónde está Dios?". Y él respondió: "Dios está en el cielo", y el otro se fue. Pero enseguida el santo fraile se puso a pensar: "¡Oh, me perdí la ocasión de haber muerto mártir por Nuestro Señor! Si le hubiera dicho que Dios está en la Santa Hostia en la Eucaristía me habrían matado y sería mártir. Pero no fui digno de ese honor". Llegado a Francia, descalzo, con una túnica vieja y remendada, lo rodeó un grupo de protestantes y lo desafiaron a que les probara que Jesús sí está en la Eucaristía. Y Pascual que no había hecho estudios y apenas si sabía leer y escribir, habló de tal manera bien de la presencia de Jesús en la Eucaristía, que los demás no fueron capaces de contestarle. Lo único que hicieron fue apedrearlo. Y él sintió lo que dice la S. Biblia que sintieron los apóstoles cuando los golpearon por declararse amigos de Jesús: "Una gran alegría por tener el honor de sufrir por proclamarse fiel seguidor de Jesús".
Lo primero que hacía al llegar a algún pueblo era dirigirse al templo y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas adorando a Jesús Sacramentado.
Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado.
Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento como cuando ayudaba a Misa o cuando podía estarse un rato orando ante el Sagrario del altar.
Pascual nació en la Pascua de Pentecostés de 1540 y murió en la fiesta de Pentecostés de 1592, el 17 de mayo (la Iglesia celebra tres pascuas: Pascua de Navidad, Pascua de Resurrección y Pascua de Pentecostés. Pascua significa: paso de la esclavitud a la libertad). Y parece que el regalo de Pentecostés que el Espíritu Santo le concedió fue su inmenso y constante amor por Jesús en la Eucaristía.
Cuando estaba moribundo, en aquel día de Pentecostés, oyó una campana y preguntó: "¿De qué se trata?". "Es que están en la elevación en la Santa Misa". "¡Ah que hermoso momento!", y quedó muerto plácidamente.
Después durante su funeral, tenían el ataúd descubierto, y en el momento de la elevación de la Santa Hostia en la misa, los presentes vieron con admiración que abría y cerraba por dos veces sus ojos. Hasta su cadáver quería adorar a Cristo en la Eucaristía. Los que lo querían ver eran tantos, que su cadáver lo tuvieron expuesto a la veneración del público por tres días seguidos.
Por 200 años muchísimas personas, al acercarse a la tumba de San Pascual oyeron unos misteriosos golpecitos. Nadie supo explicar el porqué pero todos estaban convencidos de que eran señales de que este hombre tan sencillo fue un gran santo. Y los milagros que hizo después de su muerte, fueron tantos, que el Papa lo declaró santo en 1690.
El Sumo Pontífice nombró a San Pascual Bailón Patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna.
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Restituta, Santa Virgen y Mártir, Mayo 17
Virgen y Mártir Etimológicamente significa “restablecida”.
Viene de la lengua latina. |
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Emiliano de Vercelli, Santo Obispo, 17 de mayo
Obispo de Vercelli Martirologio
Romano: En Vercelli, de la provincia de
Liguria, en Italia, san Emiliano (s. VI).
Jesús dice: Ama a Dios tu Señor con todo tu
corazón, con toda tu alma y toda tu fuerza. Ama a tu
prójimo como a ti mismo. Estos son los dos mandamientos
más importantes. |
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Antonia Mesina, Beata Virgen y Mártir, Mayo 17
Mártir de la pureza Antonia Mesina nació en Cerdeña, el 21 de
junio de 1919, la segunda de una familia de diez hijos.
Era prima del famoso bandolero sardo de los años 60,
Graziano Mesina. |
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Fuente: Vatican.va
Julia Salzano, Beata Fundadora, 17 de mayo
Virgen y
Fundadora Martirologio Romano: En Casoria, cerca de Nápoles, en la Campania, en Italia, beata Julia Salzano, virgen, quien fundó la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón, para enseñar la doctrina cristiana y difundir la devoción hacia la Eucaristía
Hija de Diego, capitán de los lanceros de
Fernando II, Bey de Nápoles, y de Adelaida Valentino,
Julia Salzano nació en Santa María Capua Vetere,
provincia de Caserta, el 13 de octubre de 1846. |
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Fuente:
Redentoristas.org,ar
Iván Ziatyk, Beato Sacerdote y Mártir, 17 de mayo
Iván Ziatyk nace el 26 de diciembre de 1899
en la aldea de Odrekhova, a una veintena de kilómetros
al sureste de la ciudad de Sanok (ahora territorio
polaco). Sus padres, Stefan y Maria, son campesinos
pobres. A los 14 años, Iván pierde al padre. La madre y
el hermano mayor, Mykhailo, que asume el papel de padre,
deben pensar en la educación del niño. |
J†A
JMJ
Pax
Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28,16-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los
once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el
que Jesús los
había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos
titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado
todo poder
en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las
naciones,
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu,
Santo; y
enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado. Y sepan
que yo estaré con
ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Hombres de Galilea, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto marcharse. Aleluya.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, llenar nuestro corazón de
gratitud y de alegría
por la gloriosa Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, ya que su
triunfo es también
nuestra victoria; pues a donde Ilegó él, nuestra cabeza,
tenemos la esperanza
cierta de Ilegar nosotros que somos miembros de su cuerpo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Se fue elevando a la vista de sus apóstoles
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
En mi primer libro,
querido Teófilo, escribí acerca de
todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió
al cielo, después
de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los
apóstoles que
había elegido. A ellos se les apareció después de la Pasión,
les dio numerosas
pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver
por ellos y les
habló del Reino de Dios. Un día, estando con ellos a la mesa,
les mandó:
"No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la
promesa de mi
Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua;
dentro de pocos días
ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo".
Los ahí reunidos le preguntaron: "Señor, ¿ahora sí vas a
restablecer la soberanía de Israel?"
Jesús les contestó:
"A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el
Padre ha
determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo
descienda sobre
ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en
Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra".
Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos hasta que una
nube lo ocultó a
sus ojos.
Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les
presentaron dos
hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
"Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo
Jesús que
los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto
alejarse".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 46
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan,
pueblos todos; aclamen al
Señor, de gozo Ilenos; que el Señor, el Altísimo, es terrible
y de toda la tierra,
rey supremo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre
voces de júbilo y trompetas, Dios,
el Señor, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de
nuestro Dios; al rey
honremos y cantemos todos.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque
Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas
las naciones desde
su trono santo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Lo hizo sentar a su derecha en el cielo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,17-23
Hermanos: Pido al Dios
de nuestro Señor Jesucristo, el
Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de
reflexión para
conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que
comprendan cuál es la
esperanza que da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la
herencia que Dios
da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su
poder para con
nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su
fuerza poderosa.
Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo
hizo sentar a su
derecha en el cielo por encima de todos los ángeles,
principados, potestades,
virtudes y dominaciones y por encima de cualquier persona, no
sólo del mundo
actual, sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y
a él mismo lo
constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y
la plenitud del
que lo consuma todo en todo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, Aleluya,
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor, y sepan
que yo estaré con
ustedes todos los días hasta el fin del mundo.
Aleluya.
Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28,16-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los
once discípulos se fueron a
Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado.
Al ver a Jesús,
se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se
acercó a ellos y
les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la
tierra. Vayan,
pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el
nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu, Santo; y enseñándolas a cumplir todo
cuanto yo les he
mandado. Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días,
hasta el fin del
mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor.
Celebrante:
Hermanos y hermanas, acudamos con confianza a Jesucristo, el
Señor, que subió
al cielo y allí vive cerca del Padre para orar por nosotros.
(Respondemos: Te rogamos,Señor, óyenos).
Por la santa Iglesia de
Dios: para que alcance la
unidad que quiso para ella su Fundador y, fiel a su misión,
anuncie el
Evangelio a toda criatura, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por el pueblo de Israel
y por todos los pueblos del
universo: para que conozcan al único Dios verdadero y a su
enviado Jesucristo,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los enfermos: para
que el Padre que glorificó el
cuerpo de su Hijo, cure también los dolores de nuestra carne,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por nuestra comunidad,
para que espere sin desfallecer
la venida del Reino y viva siempre en la unidad de la Iglesia,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor nuestro, Jesucristo, que para manifestar las maravillas
de tu majestad
subiste al cielo ante tus apóstoles; concédenos la ayuda de tu
bondad y, según
tu promesa, permanece siempre con nosotros. Tú que vives y
reinas, inmortal y
glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Acepta, Señor, este sacrificio que vamos a ofrecerte en acción de gracias por la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía eleve nuestro espíritu a los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de la Ascensión
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque Jesús, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la
muerte, ha
ascendido hoy ante el asombro de los ángeles a lo más alto del
cielo, como
mediador entre Dios y lo hombres, como juez de vivos y
muertos.
No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha
querido precedernos
como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo,
vivamos con la
ardiente
esperanza de seguirlo en su reino.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría, y
también los coros
celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el
himno de tu
gloria:
Oremos:
Dios todopoderoso, que ya desde este mundo nos haces
participar de tu vida
divina; aviva en nosotros el deseo de la patria eterna, donde
nos aguarda
Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro, que vive y reina por los
siglos de los
siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
Pascua. Séptimo domingo
Decenario al Espíritu Santo
El Don de Sabiduría
- Nos da un conocimiento amoroso de Dios, y de las personas y las cosas creadas en cuanto hacen referencia a Él. Está íntimamente unido a la virtud de la caridad.
- Mediante este don participamos de los mismos sentimientos de Jesucristo en relación a quienes nos rodean. Nos enseña a ver los acontecimientos dentro del plan providencial de Dios, que siempre se manifiesta como Padre nuestro.
- El don de sabiduría y la vida de contemplación en nuestra vida ordinaria.
I. Existe un conocimiento de Dios y de lo que a Él se refiere al que sólo se llega con santidad. El Espíritu Santo, mediante el don de sabiduría, lo pone al alcance de las almas sencillas que aman al Señor: Yo te glorifico, Padre, Señor del Cielo y de la tierra ‑exclamó Jesús delante de unos niños-, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños (1). Es un saber que no se aprende en libros sino que es comunicado por Dios mismo al alma, iluminando y llenando de amor a un tiempo la mente y el corazón, el entendimiento y la voluntad. Mediante la luz que da el amor, el cristiano tiene un conocimiento más íntimo y gustoso de Dios y de sus misterios.
“Cuando tenemos en nuestra boca una fruta, apreciamos entonces su sabor mucho mejor que si leyéramos las descripciones que de ella hacen todos los tratados de Botánica. ¿Qué descripción podría ser comparable al sabor que experimentamos cuando probamos una fruta? Así, cuando estamos unidos a Dios y gustamos de Él por la íntima experiencia, esto nos hace conocer mucho mejor las cosas divinas que todas las descripciones que puedan hacer los eruditos y los libros de los hombres más sabios” (2). Este conocimiento se experimenta de manera particular en el don de la sabiduría.
De manera semejante a como una madre conoce a su hijo a través del amor que le tiene, así el alma, mediante la caridad, llega a un conocimiento profundo de Dios que saca del amor su luz y su poder de penetración en los misterios. Es un don del Espíritu Santo porque es fruto de la caridad infundida por Él en el alma y nace de la participación de su sabiduría infinita. San Pablo oraba por los primeros cristianos, para que fuesen fortalecidos por la acción de su Espíritu (...), para que (...), arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento (3). Comprender, estando cimentados en el amor..., dice el Apóstol. Es un conocimiento profundo y amoroso.
Santo Tomás de Aquino enseña (4) que el objeto de este don es Dios mismo y las cosas divinas, en primer lugar y de modo principal, pero también lo son las cosas de este mundo en cuanto se ordenan a Dios y de Él proceden.
A ningún conocimiento más alto de Dios podemos aspirar que a este saber gustoso, que enriquece y facilita nuestra oración y toda nuestra vida de servicio a Dios y a los hombres por Dios: La sabiduría -dice la Sagrada Escritura- vale más que las piedras preciosas, y cuanto hay de codiciable no puede comparársele (5). La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza (...). Todo el oro ante ella es un grano de arena, y como el lodo es la plata ante ella. La amé más que a la salud y a la hermosura y antepuse a la luz su posesión, porque el resplandor que de ella brota es inextinguible. Todos los bienes me vinieron juntamente con ella (...), porque la sabiduría es quien los trae, pero yo ignoraba que fuese ella la madre de todos (...), Es para los hombres un tesoro inagotable, y los que de él se aprovechan se hacen partícipes de la amistad de Dios (6).
El don de sabiduría está íntimamente unido a la virtud teologal de la caridad, que da un especial conocimiento de Dios y de las personas, que dispone al alma para poseer “una cierta experiencia de la dulzura de Dios” (7), en Sí mismo y en las cosas creadas, en cuanto se relacionan con Él.
Por estar este don tan hondamente ligado a la caridad, estaremos mejor dispuestos para que se manifieste en nosotros en la medida en que nos ejercitemos en esta virtud. Cada día son incontables las oportunidades que tenemos a nuestro alcance de ayudar y servir a los demás. Pensemos hoy en nuestra oración si son abundantes estos pequeños servicios, si realmente nos esforzamos por hacer la vida más amable a quienes están junto a nosotros.
II. “Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida” (8). Con la visión profunda que da al alma este don, el cristiano que sigue de cerca al Señor contempla la realidad creada con una mirada más alta, pues participa de algún modo de la visión que Dios tiene en Sí mismo de todo lo creado. Todo lo juzga con la claridad de este don.
Los demás son entonces una ocasión continua para ejercer la misericordia, para hacer un apostolado eficaz acercándolos al Señor. El cristiano comprende mejor la inmensa necesidad que tienen los hombres de que se les ayude en su caminar hacia Cristo. Se ve a los demás como a personas muy necesitadas de Dios, como Jesús las veía.
Los santos, iluminados por este don, han entendido en su verdadero sentido los sucesos de esta vida: los que consideramos como grandes e importantes y los de apariencia pequeña. Por eso, no llaman desgracia a la enfermedad, a las tribulaciones que han debido padecer, porque comprendieron que Dios bendice de muchas maneras, y frecuentemente con la Cruz; saben que todas las cosas, también lo humanamente inexplicable, coopera al bien de los que aman a Dios (9).
“Las inspiraciones del Espíritu Santo, a las que este don hace que seamos dóciles, nos aclaran poco a poco el orden admirable del plan providencial, aun y precisamente en aquellas cosas que antes nos dejaban desconcertados, en los casos dolorosos e imprevistos, permitidos por Dios en vista de un bien superior” (10).
Las mociones de la gracia a través del don de sabiduría nos traen una gran paz, no sólo para nosotros, sino también para el prójimo; nos ayudan a llevar la alegría allí donde vamos, y a encontrar esa palabra oportuna que ayuda a reconciliar a quienes están desunidos. Por eso a este don corresponde la bienaventuranza de los pacíficos, aquellos que, teniendo paz en sí mismos, pueden comunicarla a los demás. Esta paz, que el mundo no puede dar, es el resultado de ver los acontecimientos dentro del plan providente de Dios, que no se olvida en ningún momento de sus hijos.
III. El don de sabiduría nos da una fe amorosa, penetrante, una claridad y seguridad en el misterio inabarcable de Dios, que nunca pudimos sospechar. Puede ser en relación a la presencia y cercanía de Dios, o a la presencia real de Jesucristo en el Sagrario, que nos produce una felicidad inexplicable por encontrarnos delante de Dios. “Permanece allí, sin decir nada o simplemente repitiendo algunas palabras de amor, en contemplación profunda, con los ojos fijos en la Hostia Santa, sin cansarse de mirarle. Le parece que Jesús penetra por sus ojos hasta lo más profundo de ella misma...” (11).
Lo ordinario, sin embargo, será que encontremos a Dios en la vida corriente, sin particulares manifestaciones, pero con la íntima seguridad de que nos contempla, que ve nuestros quehaceres, que nos mira como hijos suyos... En medio de nuestro trabajo, en la familia, el Espíritu Santo nos enseña, si somos fieles a sus gracias, que todo aquello es el medio normal que Dios ha puesto a nuestro alcance para servirle aquí y contemplarle luego por toda la eternidad.
En la medida en que vamos purificando nuestro corazón, entendemos mejor la verdadera realidad del mundo, de las personas (a quienes vemos como hijos de Dios) y de los acontecimientos, participando en la visión misma de Dios sobre lo creado, siempre según nuestra condición de creaturas.
El don de sabiduría ilumina nuestro entendimiento y enciende nuestra voluntad para poder descubrir a Dios en lo corriente de todos los días, en la santificación del trabajo, en el amor que ponemos por acabar con perfección la tarea, en el esfuerzo que supone estar siempre dispuestos a servir a los demás.
Esta acción amorosa del Espíritu Santo sobre nuestra vida sólo será posible si cuidamos con esmero los tiempos que tenemos especialmente dedicados a Dios: la Santa Misa, los ratos de meditación personal, la Visita al Santísimo... Y esto en las temporadas normales y en las que tenemos un trabajo que parece superar nuestra capacidad de sacarlo adelante; cuando tenemos una devoción más fácil y sencilla y cuando llega la aridez; en los viajes, en el descanso, en la enfermedad... Y junto al cuidado de estos momentos más particularmente dedicados a Dios, no ha de faltarnos el interés para que en el trasfondo de nuestro día se encuentre siempre el Señor. Presencia de Dios alimentada con jaculatorias, acciones de gracias, petición de ayuda, actos de desagravio, pequeñas mortificaciones que nacen con ocasión de nuestra labor o que buscamos libremente...
“Que la Madre de Dios y Madre nuestra nos proteja, con el fin de que cada uno de nosotros pueda servir a la Iglesia en la plenitud de la fe, con los dones del Espíritu Santo y con la vida contemplativa. Cada uno realizando los deberes personales, que le son propios; cada uno en su oficio y profesión, y en el cumplimiento de las obligaciones de su estado, honre gozosamente al Señor” (12).
(1) Mt 11, 25.- (2) L. M. MARTINEZ, El Espíritu Santo, Studium, 60 ed., Madrid 1959, p. 201.- (3) Ef 3, 16-19.- (4) Cfr. SANTO TOMAS, Suma Teológica, 1, q. 45, a. 2.- (5) Prov 8, 11.- (6) Sab 7, 8-14.- (7) SANTO TOMAS, Suma Teológica, 1-2, 1. 112, a. 5.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 133.- (9) Cfr. Rom 8, 28.- (10) R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, Palabra, 40 ed., Madrid 1982, vol. II, p. 195.- (11) A. RIAUD, La acción del Espíritu Santo en las almas, Palabra, 40 ed., Madrid 1983, p. 82.- (12) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 316.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote
Fiesta en España, Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela
El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesia universal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.
Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.
La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Asimismo, ésta contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.
Además de España, otras Conferencias Episcopales incluyeron esta fiesta en sus calendarios particulares como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. En algunas diócesis este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.
San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.
“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.
Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza
En el Nuevo Testamento con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real:
"Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pedro 2,9)
En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma:
"Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Hebreos 4,14-16)
La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza:
"Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Hebreos 5,5-6)
La misma carta a los Hebreos añade:
"Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Hebreos 9,11)
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SOLEMNIDAD DE
MARIA, AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS.
Patrona principal de la Familia Salesiana.
1. Era llamada “Auxiliadora” por los primeros cristianos
Los primeros cristianos en Grecia, Egipto, Antioquía, Éfeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de “Auxiliadora”, que en griego es “Boetéia” y significa “La que trae auxilios venidos del cielo”.
El primer Padre de la Iglesia que llamó a la Virgen María con el título de “Auxiliadora” fue San Juan Crisóstomo en al año 345, en Constantinopla.
El Santo dijo: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”. También la reconocieron con este nombre Proclo en el 476 y Sebas de Cesarea en el 532.
2. Intercedió en las batallas de Lepanto y Viena
En el año 1572, el Papa San Pío V, después de la victoria del ejército cristiano sobre los turcos musulmanes en la batalla de Lepanto, ordenó celebrar el 7 de octubre la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se invocara a “María Auxilio de los cristianos”. Ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente a toda la cristiandad de ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.
En 1683 los turcos atacaron Viena durante el Pontificado de Inocencio XI. Bajo el mando del rey de Polonia, Juan Sobieski, venció al ejército turco confiando en la ayuda de María Auxiliadora, inclusive con un ejército inferior en fuerzas. Al poco tiempo fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 países.
3. Su fiesta nació en tiempos de la Revolución Francesa
La historia de la fiesta de María Auxiliadora se remonta a los años siguientes a la Revolución Francesa, la cual había propinado un duro golpe a la Iglesia.
El Papa Pío VII fue apresado en el Palacio de Fontainebleau por el emperador francés Napoleón Bonaparte y dedicó sus oraciones a María Auxiliadora para que protegiera a la Iglesia.
Los ruegos del Papa fueron escuchados y en 1814 Napoleón firmó su abdicación. En 1815, cuando la Iglesia había recuperado su posición y poder espiritual, el Papa instituyó la fiesta de María Auxiliadora el 24 de mayo para perpetuar el recuerdo de su regreso a Roma tras el cautiverio.
4. Su fiesta se celebraba en Ucrania desde el siglo XI
El nombre de “Auxiliadora” le fue dado a la Virgen María en Ucrania desde el año 1030 por haber liberado aquella región de la invasión de tribus paganas. Desde entonces, en ese país, la Iglesia Ortodoxa celebra la fiesta de María Auxiliadora cada 1 de octubre.
5. Se apareció ante San Juan Bosco
San Juan Bosco fue un gran propagador del amor a esta advocación mariana, porque la misma Virgen se le apareció en 1860 para señalarle el lugar en Turín (Italia) donde debía ser construido un templo en su honor. Asimismo, pidió ser honrada bajo el título de “Auxiliadora”.
En 1863 San Juan Bosco inició la construcción de la iglesia con unos cuantos centavos, pero con la intercesión de María Santísima, el 9 de junio de 1868, solo 5 años después, tuvo lugar la consagración del templo.
El Santo solía decir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen", desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.
6. Tres Papas le tuvieron devoción
El Papa San Juan XXIII cultivó una especial devoción a la Auxiliadora, cuya imagen, tomada de un número del Boletín Salesiano, colgaba en la pared cerca de su cama. La proclamó Patrona del Concilio con los títulos de Auxilium Christianorum y Auxilium Episcoporum.
El 28 de mayo de 1963, ya gravemente enfermo, bendijo con profunda emoción las dos coronas destinadas al cuadro de la Virgen en la Basílica del Sagrado Corazón de Roma.
Por su parte, San Juan Pablo II solía acudir y orar en la capilla de María Auxiliadora de la iglesia de San Estanislao de Kostka (Cracovia) entre 1938 y 1944. En esta iglesia, el 3 de noviembre de 1946 celebró una de sus primeras Misas como sacerdote.
El Papa Francisco, durante su visita apostólica a Turín en 2015 por los 200 años del nacimiento San Juan Bosco, contó que durante su infancia fue educado en un colegio salesiano donde aprendió a amar a María Auxiliadora.
“Yo allí aprendí a amar a la Virgen, los salesianos me formaron en la belleza, en el trabajo, y esto creo que es un carisma suyo, me formaron en la afectividad y esto era una característica de Don Bosco”, dijo.
La historia de un milagro poco conocido de Don Bosco y María Auxiliadora

La presencia de Don Bosco en la ciudad italiana de Génova está ligada a muchas anécdotas, historias y también algunos milagros como el que relata el sacerdote salesiano P. Mauricio Verlezza.
El P. Verlezza, responsable de la Obra de Don Bosco en Sampierdarena (Génova), desde donde salieron las primeras expediciones misioneras hacia Argentina, contó a ACI Prensa que el santo sacerdote celebró una Misa en 1872 en la que participaba una gran cantidad de benefactores.
Al final, y luego de escuchar su catequesis, todos pasaron por la sacristía de la Catedral de San Siro para recibir la bendición del fundador de los salesianos. A cada uno le obsequiaba una medallita de María Auxiliadora.
“Las medallitas que tenía en una pequeña bolsa eran muy pocas y el milagro fue que todos pudieron recibirla, pese a que la bolsita que el secretario le dio a Don Bosco realmente tenía poquísimas”.
Aquí, explicó también el sacerdote, “San Juan Bosco miraba sus sueños misioneros con un mapamundi que se conserva en el pequeño cuarto en el que reposaba durante su permanencia en Sampierdarena”.
“Uno solo es mi deseo: que sean felices en el tiempo y en la eternidad”, dejó escrito a sus jóvenes Don Bosco, que San Juan Pablo II declaró “padre y maestro de la juventud”.
San Juan Bosco partió a la Casa del Padre un 31 de enero de 1888, después de haber hecho vida aquella frase que le dijo a su alumno Santo Domingo Savio: “aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”.
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La Iglesia ha experimentado muchas veces la valiosísima ayuda de la Madre de Dios en las persecuciones promovidas por los enemigos de la fe cristiana. Por esto, ya desde los primeros tiempos de la era cristiana, prevaleció la costumbre de invocar a la Santísima Virgen en tiempo de persecución con el título de «Auxilio de los cristianos».
Cuando Pío VII (+1823), expulsado de la Sede de Pedro por la fuerza de las armas, se hallaba detenido bajo estrecha vigilancia, y toda la Iglesia rogaba intensamente por él por la intercesión de la Santísima Virgen, sucedió de improviso que el Sumo Pontífice fue liberado y, habiendo regresado a Roma, fue restituido al Solio pontificio el día 24 de mayo de 1814.
Por este motivo, Pío VII estableció una fiesta en honor de la Virgen Madre bajo el apelativo de «Auxilio de los cristianos», (Auxilium christianorum) para que se celebrara perpetuamente en Roma el día 24 de mayo, feliz aniversario de su regreso a la Urbe. Esta fiesta se celebra en muchas Iglesias particulares e Institutos religiosos, principalmente en la Sociedad de San Francisco de Sales, fundada por San Juan Bosco (+1888).
La primera lectura de esta Misa recuerda la gran batalla que, por designio de Dios, se ha establecido, desde los orígenes del género humano, entre la Mujer y la Serpiente. Se propone efectivamente:
- o bien Génesis 3, 1-6. 13-15, donde resuenan las amenazadoras palabras de Dios a la Serpiente y el primer anuncio de la futura victoria del Hijo de la Mujer: «Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón» (v. 15);
- o bien Apocalipsis 12, 1-3a. 7-12ab. 17, donde se narra proféticamente la batalla del enorme dragón o serpiente primordial (cf. vv. 3. 9) contra la Mujer vestida de sol, coronada con doce estrellas (cf. v. 1) y contra «el resto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (v. 17), esto es, contra la Iglesia representada en la visión de la Virgen María.
La lectura del Evangelio (Jn 2, 1-11) muestra el auxilio que la Santísima Virgen presta sin cesar a la Iglesia -significada en los discípulos que creen en Jesús (cf. v. 11) y en los que toman parte en el banquete de bodas (cf. v. 2)-, fortaleciendo la fe de los cristianos y socorriéndolos en sus necesidades.
Los textos eucológicos celebran a Dios, que ha constituido «a la Madre de (su) amado Hijo / en madre y auxiliadora del pueblo cristiano» (Oración colecta, Prefacio), «para que, bajo su protección, / participe valientemente en el combate de la fe, / persevere con fidelidad en la enseñanza de los apóstoles, / y camine seguro entre las dificultades del mundo» (Prefacio; cf. Oración colecta, Oración sobre las ofrendas).
Los textos de esta Misa, a excepción del Prefacio, se han tomado, con algunas variantes, del Propria missarum de la Sociedad de San Francisco de Sales (Tipografía Políglota Vaticana 1974, pp. 35-40) Y de la Congregación de Clérigos Regulares de San Pablo (Curia General, Roma 1981, pp. 25-29).
La celebración puede comenzar con este canto tradicional a María Auxiliadora:
En la historia de Don Bosco como un sueño tú apareces
cual maestra que transforma fieros lobos en corderos
y Juanito va aprendiendo la lección de tu dulzura
que es el rostro del amor de nuestro Dios.
María Auxiliadora, poder que se hace ternura.
Señora,
Madre de Cristo, socorre al
pueblo de Dios.
Cada casa salesiana es hogar donde tú habitas
cada joven es un hijo del que cuidas con cariño,
cada pobre se enriquece al sentirte como madre
protegido por tu amor y tu bondad.
María Auxiliadora, poder que se hace ternura,
Señora, Madre de Cristo, socorre al pueblo de Dios
Vencedora poderosa en históricas batallas
donde el único enemigo que sucumbe es el pecado,
hoy la Iglesia perseguida necesita de tu auxilio;
tú eres fuerza para andar y caminar.
María Auxiliadora, poder que se hace ternura,
Señora, Madre de Cristo, socorre al pueblo de Dios.
Introducción
"María Auxiliadora, poder que se hace ternura,
Señora, Madre de Cristo, socorre al pueblo de Dios".
Así reza el estribillo de (este) conocido cántico a María Auxiliadora (que hemos entonado al comienzo de la celebración). En él pedimos la materna protección de María para el Pueblo de Dios que es esta Iglesia peregrina en el tiempo que así como nació, también vive, combate y avanza gracias a la fuerza que recibe de la Santísima Eucaristía.
Que experimentemos el socorro de la gloriosa siempre Virgen María, Auxilio de los cristianos, y que de ella aprendamos a vivir intensamente este encuentro comunitario con Dios, que es la Santa Misa, Sacrificio de Cristo.
Antífona de entrada Cf. Jdt 13, 19
Tu alabanza estará siempre en la boca de todos los que recuerden la hazaña de Dios.
Oración colecta
Oh, Dios, que has constituido a la Madre de tu amado Hijo en madre y auxiliadora del pueblo cristiano, concede a tu Iglesia vivir bajo su protección y alegrarse con una paz duradera. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de la Palabra
Primera lectura
La lectura del Libro del Apocalipsis describe la gran batalla entre la antigua Serpiente y la Descendencia de la Mujer elegida por Dios, batalla aquella, que existe desde el principio y que durará hasta el final de los tiempos.
Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal
Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab
Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, y gritaba entre los espasmos del parto, y por el tormento de dar a luz.
Apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas.
Se trabó una batalla en el cielo; Miguel y sus ángeles declararon guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no vencieron, y no quedó lugar para ellos en el cielo. Y al gran dragón, a la serpiente primordial que se llama diablo y Satanás, y extravía la tierra entera, lo precipitaron a la tierra y a sus ángeles con él.
Se oyó una gran voz en el cielo:
–«Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos lo vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.»
Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.
Palabra de Dios.
O bien:
Lectura del libro del Génesis 3, 1-8
La incansable asechanza de la Serpiente y la paternal solicitud de Dios por su pueblo. Son las dos realidades con las que tendrá que convivir la humanidad hasta el final de los tiempos.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
–¿Cómo es que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer respondió a la serpiente:
–Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; sólo del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»
La serpiente replicó a la mujer:
–No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; tomó un fruto, comió, y ofreció a su marido, el cual comió.
Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.
El Señor Dios dijo a la mujer:
–¿Qué es lo que has hecho?
Ella respondió:
–La serpiente me engañó y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.
Palabra de Dios
Salmo responsorial Jdt 16, 13. 14. 15 (R.: 1d)
R. Ensalzad e invocad el nombre del Señor.
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible. R.
Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede existir sin tu voz. R.
Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles. R.
Aleluya Cf. Lc 1, 45
Dichosa la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.
Evangelio
El primer milagro de Jesús es fruto de la intervención de su Madre, auxiliadora de los necesitados.
Jesús comenzó sus signos
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11.
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
— No les queda vino.
Jesús le contestó:
— Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes:
— Haced lo que él diga.
Había allí colocadas, seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
— Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
— Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo:
— Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
Palabra del Señor.
Oración de los fieles
R. Que la Madre Auxiliadora nos proteja, Señor.
-De la tentación de imponer nuestras propias ideas y de sembrar la división en el seno de la Iglesia, te rogamos...R.
-De la arrogancia de ser contestatarios con respecto a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, te rogamos...R.
-Del pecado de adulterar u oscurecer la celebración de estos Sagrados Misterios, mutilando, añadiendo o modificando las normas litúrgicas a nuestro arbitrio, con un pretendido espíritu de "creatividad", te rogamos...R.
-De las ideologías de ayer y de hoy, que nos arrebatan la libertad que el Hijo de Dios nos adquirió al precio de su Sangre preciosa, te rogamos...R.
-De la tibieza fustigada por el Señor en las Escrituras, que nos hace sacrificar la justicia y la verdad en favor de aquellos que concita el beneplácito de las masas, te rogamos...R.
-De la cerrazón de corazón que nos lleva a una ciega obstinación en el error, rechazando la Misericordia de Dios y el fiel auxilio de su Madre santa, te rogamos...R.
Ofertorio
Por la gracia del Sacrificio de alabanza, para cuya realización presentamos estos dones, podemos vivir en plenitud el misterio de la comunión de los santos, e invocar a la Virgen Madre en nuestras necesidades, con la certeza de ser siempre escuchados.
Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza al celebrar con alegría la memoria de la Madre de tu Hijo; haz que, con el auxilio de esta madre, experimentemos tu ayuda en todas las necesidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
La Bienaventurada Virgen María, Madre y Auxiliadora del pueblo cristiano
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque has constituido a la Inmaculada Virgen María,
Madre de tu Hijo,
en madre y auxiliadora del pueblo cristiano,
para que, bajo su protección,
participe valientemente en el combate de la fe,
persevere con fidelidad en la enseñanza de los apóstoles,
y camine seguro entre las dificultades del mundo,
hasta alcanzar gozoso la Jerusalén del cielo.
Por eso, Señor,
con todos los ángeles
te aclamamos ahora y por siempre, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Comunión
Como tantos otros santos, San Juan Bosco nos enseñó a profesar un gran amor a la Eucaristía, a la Virgen María y al Papa.
De Jesús hecho Pan, al que estamos por recibir, obtenemos todos los bienes porque lo acogemos a Él, que es el Sumo Bien.
En María, encontramos el refugio y el auxilio contra todo aquello que quiera alejarnos de Jesús.
Y en el Sucesor de Pedro hallamos la garantía y la certeza de la legitimidad del culto que a Dios Uno y Trino profesamos.
Antífona de comunión Dt 10, 21a
El Señor será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor hazañas.
Oración después de la comunión
Recibidos estos sacramentos del cielo y apoyados en el auxilio de la santísima Virgen María, te pedimos, Señor, que, despojados del hombre viejo, nos revistamos de Jesucristo, autor de la nueva humanidad. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Despedida
"María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros".
Que esta invocación no se aparte de nuestro corazón, para que podamos experimentar la verdad de las palabras de Don Bosco, que decía: "Confíen en María Auxiliadora y verán lo que son los milagros".
http://veritasl.blogspot.com.ar/2015/09/misas-de-la-virgen-xlii-tiempo.html
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Otro texto:
ANTIFONA DE ENTRADA Jdt 13, 18b - 19
Bendita eres, Virgen María,
de Dios, el Altísimo,
más que todas las mujeres de la tierra;
él ha engrandecido tanto tu nombre,
que tu alabanza estará siempre
en la boca de todos los que recuerden
la hazaña de Dios. (T.P. Aleluya.)
Se dice gloria.
ORACION COLECTA
Señor, Dios nuestro,
que hiciste a la Virgen María
Madre y Auxiliadora de los cristianos;
concede, por su intercesión, a la Iglesia
la fuerza de tu Espíritu
para superar con paciencia y amor todas las pruebas
y participar ya desde ahora
en la victoria de Cristo, tu Hijo.
Él, que vive y reina contigo…
Se dice credo.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Padre, las súplicas y ofrendas
de tu pueblo
en la solemnidad de María, Auxiliadora de los cristianos;
concédenos, por su intercesión,
progresar en la fe, en la esperanza y en la caridad,
para que seamos cada vez más conformes a Cristo Señor,
que se entregó a sí mismo por la vida del mundo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
PREFACIO
P. El
Señor esté con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
P. Levantemos
el corazón.
T. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
P. Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
T. Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias,
es bueno bendecir tu nombre,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Te alabamos,
te bendecimos y te glorificamos
en la solemnidad de la Virgen María,
Auxiliadora de los cristianos.
Porque ella,
humilde esclava y modelo de toda virtud,
respondió plenamente a tu designio de amor
cooperando, por la obediencia de la fe y el ardor de la caridad,
a la obra de Cristo, nuestro salvador.
Y, unida a él
en la gloria,
continúa su misión para con la Iglesia:
con cuidado materno ayuda y asiste a sus hijos
en las luchas y en los peligros,
mientras caminan hacia la Jerusalén del cielo.
Por este don
de tu benevolencia,
el cielo y la tierra se unen en común alegría
para cantar un cántico nuevo:
Santo, Santo, Santo...
ANTIFONA DE COMUNION Juan 2, 1 - 5
Hubo una boda
en Cana de Galilea.
María dijo a los sirvientes:
Haced lo que él diga (T.P. Aleluya)
O bien: Lucas 1, 48, 38
Desde ahora
me felicitarán todas las generaciones,
porque el poderoso ha hecho grandes obras por mí.
Aquí está la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra. (T.P. Aleluya)
ORACION DESPUES DE COMUNION
Padre, que nos has alimentado con el pan
del cielo,
Jesucristo, nacido de la Virgen María
y resucitado como primicia de la nueva creación;
concédenos
caminar hacia ti en la novedad de vida
y colaborar a la llegada de tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
BENDICION SOLEMNE
Dios Padre,
que quiso
que María fuese Auxiliadora del pueblo cristiano,
derrame sobre ustedes la abundancia de su amor.
R/ Amén.
Cristo Jesús,
vencedor de la muerte,
que desde la cruz nos dio a María por madre,
los haga participar en la riqueza de su vida.
R/ Amén.
El Espíritu Santo, que descendió sobre los apóstoles
reunidos en el cenáculo con la Virgen María,
los haga en el mundo testigos de la resurrección.
R/ Amén
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
R/ Amén.
LECTURAS
PRIMERA LECTURA
Apareció una figura portentosa: una mujer vestida de sol.
A lo largo de
la historia, las fuerzas del mal luchan sin
tregua contra el bien; en la Virgen María, primicia de la
Iglesia,
el bien obtiene la mayor victoria,
en virtud de la redención de Cristo.
Lectura del libro del Apocalipsis 12, 1. 3a. 7—12a. 17
Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada de doce estrellas.
Apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos.
Se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles declararon la guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no vencieron, y no quedó lugar para ellos en el cielo. Y al gran dragón, a la serpiente primordial que se llama diablo y Satanás y extravía la tierra entera, lo precipitaron a la tierra, y sus ángeles con él.
Se oyó
entonces una gran voz en el cielo:
«ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba
ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le
vencieron en virtud de la Sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos, y los que m oráis en sus tiendas».
Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL Ap. 15, 3b - 4
R/ Grandes y maravillosas son tus obras, Señor.
Grandes y
maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no
temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
SEGUNDA LECTURA
Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
La
encarnación del Hijo de Dios en María constituye
el punto culminante de la historia de la salvación:
la llamada a ser hijos de Dios por el don del Espíritu Santo.
Lectura de la carta del apóstol san pablo a los Gálatas 4, 4 - 7
Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama ¡Abba! (Padre).
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios.
ALELUYA Y VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO
R. Aleluya, Aleluya.
Madre dichosa
y Virgen Inmaculada,
ruega por nosotros ahora y siempre
ante Dios neustro Señor.
R. Aleluya.
EVANGELIO
Su madre dijo a los sirvientes: «haced lo que él diga».
Gracias al milagro realizado por la intervención de María, crece la fe de los discípulos en Jesús.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 2, 1—11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el
vino, y la madre de Jesús le dijo:
«No tienen vino».
Jesús le
contestó:
«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dijo
a los sirvientes:
«Haced lo que él diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les
dijo:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les
mandó:
« sacad ahora y llevádselo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
Palabra del Señor.
https://sites.google.com/site/admacaribe/24demayo
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† Meditación diaria
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Aquí algunos datos que quizás no conocías sobre María Auxiliadora:
1. María era llamada “Auxiliadora” por los primeros cristianos
Los primeros cristianos en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de “Auxiliadora”, que en griego es "Boetéia" y significa "La que trae auxilios venidos del cielo".
El primer Padre de la Iglesia que llamó a la Virgen María con el título de "Auxiliadora" fue San Juan Crisóstomo en al año 345, en Constantinopla. El santo dijo: "Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios". También la reconocieron con este nombre Proclo en 476 y Sebas de Cesarea en el 532.
2. María Auxiliadora intercedió en las batallas de Lepanto y Viena
En el año 1572, el Papa San Pío V, después de la victoria del ejército cristiano sobre los turcos (musulmanes) en la batalla de Lepanto, ordenó celebrar el 7 de octubre la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se invocara a “María Auxilio de los cristianos”. Ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.
En 1683 los turcos atacaron Viena durante el Pontificado de Inocencio XI. Y bajo el mando del rey de Polonia, Juan Sobieski, con un ejército inferior de fuerzas venció al ejército turco confiando en la ayuda de María Auxiliadora. Al poco tiempo fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 países.
3. La fiesta nació en tiempos de la Revolución Francesa
La historia del establecimiento de la fiesta de María Auxiliadora se remonta a años que sucedieron a la Revolución Francesa, la cual había propinado un duro golpe a la Iglesia.
El Papa Pío VII fue apresado en el Palacio de Fontainebleau por el emperador francés Napoleón Bonaparte y dedicó sus oraciones a María Santísima “Auxilio de los Cristianos” para que protegiese a la Iglesia.
Los ruegos del Papa fueron escuchados y en 1814 Napoleón firmó su abdicación. En 1815, cuando la Iglesia había recuperado su posición y poder espiritual, el Papa instituyó la fiesta de María Auxiliadora en el día 24 de mayo para perpetuar el recuerdo de su regreso a Roma tras su cautiverio en Francia.
4. La fiesta de María Auxiliadora se celebraba en Ucrania desde el siglo XI (once)
El nombre de “Auxiliadora” le fue dado a la Virgen María en Ucrania (Rusia) desde el año 1030 por haber liberado a aquella región de la invasión de tribus paganas. Desde entonces en Ucrania, la iglesia ortodoxa celebra la fiesta de María Auxiliadora cada 1 de octubre.
5. María Auxiliadora se apareció ante San Juan Bosco
San Juan Bosco fue un gran propagador del amor a esta advocación mariana porque la misma Virgen María se le apareció en 1860 para señalarle el lugar en Turín (Italia) donde debía ser construido un templo en su honor; asimismo, pidió ser honrada bajo el título de "Auxiliadora".
En 1863 San Juan Bosco inició la construcción de la iglesia con unos cuantos centavos, pero con la intercesión de María Santísima, el 9 de junio de 1868 -solo 5 años después- tuvo lugar la consagración del templo.
El santo solía decir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen", desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.
6. Tres Papas fueron devotos de María Auxiliadora
El Papa San Juan XXIII cultivó una especial devoción a la Auxiliadora, cuya imagen tomada de un número del Boletín Salesiano, colgaba en la pared cerca de su cama. La proclamó Patrona del Concilio con los títulos de Auxilium Christianorum, Auxilium Episcoporum, y el 28 de mayo de 1963, ya gravemente enfermo, bendijo con profunda emoción las dos coronas destinadas al cuadro de la Auxiliadora en la Basílica del Sagrado Corazón de Roma.
Por su parte, San Juan Pablo II solía acudir a la iglesia de San Estanislao de Kostka de los Salesianos, en Cracovia, entre los años 1938 y 1944, y a menudo oraba en la capilla de María Auxiliadora. En esta iglesia, el 3 de noviembre de 1946, celebró una de sus primeras misas como sacerdote.
El Papa Francisco, durante su visita apostólica a Turín en 2015 por los 200 años del nacimiento del fundador de los salesianos, San Juan Bosco, contó que durante su infancia fue educado en un colegio salesiano y aprendió a amar a María Auxiliadora:
“Yo allí [en un colegio salesiano] aprendí a amar a la Virgen, los Salesianos me formaron en la belleza, en el trabajo, y esto creo que es un carisma suyo, me formaron en la afectividad y esto era una característica de Don Bosco”, aseguró.
Historia de
la devoción a María Auxiliadora en la Iglesia Antigua.
Los cristianos
de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía,
Efeso, Alejandría y
Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre
de Auxiliadora,
que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia",
que
significa "La
que trae auxilios venidos del cielo". Ya
San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345,
la llama "Auxilio
potentísimo" de los seguidores de Cristo.
Los dos títulos
que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia,
Turquía, Egipto)
son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el
año 476 el gran
orador Proclo decía: "La Madre de Dios es nuestra
Auxiliadora
porque nos trae auxilios de lo alto". San
Sabas de Cesarea
en el año 532 llama a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren"
y
narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una
imagen de Nuestra
Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la "Auxiliadora
de los enfermos" se volvió sumamente popular
entre la
gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Melone, año 518,
llama a María "Auxiliadora
de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda
de los que somos
débiles" e insiste en que recemos para que
Ella sea
también "Auxiliadora
de los que gobiernan" y así
cumplamos lo que dijo Cristo: "Dad al gobernante lo que es del
gobernante" y lo que dijo Jeremías: "Orad por la nación donde
estáis
viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las iglesias de
las
naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra
el 1º de
octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre
el 24 de
mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560:
"María es
Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los
que ya están en
el cielo". San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el
primero
en propagar esta jaculatoria: "María Auxiliadora rogad por
nosotros".
Y repite: "La "Virgen es auxiliadora para
conseguir la
salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora
en la hora de la
muerte". San Germán, Arzobispo de
Constantinopla, año 733,
dijo en un sermón: "Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los
pobres,
valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora
de los ejércitos
para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes
para que nos
consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que
necesita de tu
ayuda".
La batalla de
Lepanto.
En el siglo
XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo
no había la
tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a
donde llegaban
imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera
cristiano. Cada
año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de
muerte y de
destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con
invadir a la misma
Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto
de la Virgen
María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a
defender a sus
colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se
fueron en busca del
enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos
ejércitos en un sitio
llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y
88,000
soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de
empezar la
batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa
Misa,
comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre
de
Dios. Terminados
estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército
contrario. Al
principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues
el viento
corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían
sus barcos que
eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero
luego - de manera
admirable - el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las
velas de los
barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra
las naves
enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y
en poco rato
derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que
mientras la batalla
se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de
fieles recorría a
cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría
las calles de Roma
rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida
victoria San Pío
V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de
octubre, la fiesta
del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta
oración: MARÍA
AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.
El Papa y
Napoleón.
El siglo
pasado sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón
llevado por la
ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo
Pontífice, el Papa
Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y
no se veían
esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más
poderoso
gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su
presencia, y su
ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo
Pontífice hizo entonces
una promesa: "Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna
prisión, te
honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica". Y
muy
pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: "Las
excomuniones del
Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis
soldados", vio
con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde
había ido a
batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil
se les iba
cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso
ejército, volvió
humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se
encontró con que
sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual
lo atacó y le
proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el
que antes se
atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste
prisión el
resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede
pontificia y el 24 de
mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria
de este noble
favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada
24 de mayo se
celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de
gracias a la
madre de Dios.
San Juan
Bosco y María Auxiliadora.
El 9 de junio
de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María
Auxiliadora. La
historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre
de Dios. su
constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16
de agosto de
1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de
padre. Para poder
ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna.
La Sma. Virgen
se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera
"ciencia y
paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños
pobres.
Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le
construyera un templo y
que la invocara con el título de Auxiliadora.
Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos.
Pero fueron
tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en
favor de sus
devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran
Basílica. El santo
solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un
milagro de
la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó a extenderse
por el
mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de
Auxiliadora, y son
tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la
invocan con ese
título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más
populares.
San Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María Auxiliadora
y veréis
lo que son milagros" y recomendaba repetir muchas veces esta
pequeña
oración: "María
Auxiliadora, rogad por nosotros". El
decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen
grandes favores
del cielo.
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uente: archimadrid.es
Vicente
de Lerin, Santo
Abad, Mayo 24
AbadMonje fervoroso y santo del monasterio de Lerin que se distinguió en su esfuerzo por clarificar la sana teología. Profundo teólogo y escritor insigne influyó con su obra Commonitorio en la teología de su tiempo y en la elaboración teológica posterior. Siempre se propuso indagar lo que cree y siente la Iglesia catolica. |
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Donaciano y Rogaciano, Santos Mártires, Mayo 24
<h4mártires></h4mártires> Etimológicamente
significa “dado y orante”. Vienen de la lengua latina. |
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David de Escocia, Santo Rey, Mayo 24
Rey de EscociaEtimológicamente
significa “amigo, tierno”. Viene de la lengua hebrea. |
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Fuente: Vaticanradio.org
Luis
Zeferino Moreau, Beato
Obispo y Fundador, Mayo 24
Obispo y Fundador de la Comunidad de las Hermanas de San José
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Fuente: Franciscanos.org
Juan
de Prado, Beato
Sacerdote y Mártir, Mayo 24
Sacerdote
franciscano español, misionero y mártir en Marruecos. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Simeón
el Estilita el Joven, Santo
Estilita, 24 de mayo
Alrededor
del año 517, nació Simeón en Antioquia, de una mujer
llamada Marta, que también es venerada como santa. Su
padre, natural de Edessa, pereció en un terremoto
cuando Simeón tenía cinco años. Desde entonces, se
contaban cosas extrañas sobre el chiquillo, quien
acabó por alejarse de su ciudad natal y anduvo errante
por las montañas hasta llegar a un pequeño monasterio
en el que se refugió y, por expreso deseo, se puso
bajo la guía y la tutela de un estilita muy conocido
que se llamaba Juan. Durante el resto de su vida, el
ermitaño se ocupó de Simeón, quien también construyó
su pilar cerca del de su maestro. Desde la edad de
siete años, antes de haber perdido sus dientes de
leche, Simeón estableció su morada en la columna. Muy
pronto la fama de su excentricidad, de su santidad y
de sus poderes para realizar milagros, se extendió
tanto que, para evitar la constante visita de
peregrinos, Simeón se retiró a vivir en la cumbre de
una roca, sobre una montaña inaccesible que llegó a
conocerse con el nombre de Monte de Maravillas. Por
entonces, tenía veinte años. Una década después, como
resultado de una visión, estableció un monasterio para
sus discípulos y mandó levantar una nueva columna para
él mismo, a la que fue conducido, solemnemente, por
dos obispos. |
J†A
JMJ
Pax
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la resurrección, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron
de alegría al
ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados,
Dios se
los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los
retendrá».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
PENTECOSTÉS (8o dom de pascua)
El Espíritu del Señor llena la tierra; él da unidad a todas las cosas y hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.
Oremos:
Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a
tu Iglesia
extendida por todas las naciones; concede al mundo entero los
dones de tu
Espíritu Santo y continúa realizando hoy, en el corazón de tus
fieles, la
unidad
y el amor de la primitiva Iglesia.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al
llegar el día de Pentecostés,
estaban los discípulos todos juntos en el mismo lugar. De
repente vino del
cielo un gran ruido, semejante a la ráfaga de un viento
impetuoso, y llenó
toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron
lenguas como de
fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.
Todos
quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar
en lenguas
extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse.
Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos piadosos
venidos de todas
las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa
y
quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su
propia
lengua. Todos, sorprendidos y admirados, decían:
«¿No son galileos todos los que hablan? Entonces, ¿cómo es que
cada uno
de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? Entre
nosotros hay
partos, medos, elamitas, y los que vivimos en Mesopotamia,
Judea y
Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la
parte de Libia
que limita con Cirene; los romanos que estamos de paso, judíos
y
prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en
nuestras
lenguas las grandezas de Dios».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 103, 1ab-24ac.29bc-30.31 y 34
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al
Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Cuántas
son tus obras,
Señor! La tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Si retiras tu
soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu Espíritu, los
creas, y renuevas
la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria al
Señor por siempre, que se alegre el Señor por sus obras.
¡Ojalá le sea
agradable mi canto!, yo pondré mi alegría en el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7.12-13
Hermanos:
Nadie puede decir «Jesús
es Señor», si no está movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
hay diversidad
de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad
de actividades,
pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para
el bien de
todos.
Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y
todos los miembros
del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un solo
cuerpo,
así también Cristo. Porque todos nosotros, judíos y no judíos,
esclavos o
libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin
de formar
un solo cuerpo; y también todos participamos del mismo
Espíritu.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
O bien:
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-17.
Hermanos: Los que viven de acuerdo con la carne, no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne, sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará la vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes. Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Y si ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios “Abba”, es decir: “Padre”. El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.
Palabra
de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
Ven,
Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos
el
fuego de tu amor.
Aleluya.
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la resurrección, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se
llenaron de alegría al
ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los
pecados, Dios se
los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los
retendrá».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
O bien:
† Lectura del santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan14, 15-16. 23b-26.
Gloria a ti, Señor.
Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. Quien me ama, será fiel a mi palabra y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. Quien no me ama, no es fiel a mis palabras: La palabra que ustedes oyen no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanas y hermanos, e invoquemos a Cristo, que,
entronizado a la
derecha de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo
prometido, y pidámosle
que lo derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo:
(A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor).
Oremos
a Cristo, el buen pastor de
la Iglesia, que nos mereció la efusión del Espíritu Santo, y
pidámosle que sean
iluminados por este mismo Espíritu el Papa, nuestros obispos y
todos los demás
pastores de la Iglesia, a fin de que conduzcan su rebaño por
las sendas de la
salvación, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Pidamos
también al Señor
resucitado, que envió su Espíritu en forma de lenguas para
destruir la división
de Babel, que congregue en la unidad y conceda la paz a todas
los pueblos y
naciones del mundo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Supliquemos
al vencedor de la
muerte que envíe el Consolador a los que sufren, para que
encuentren fuerza y
consuelo en la contemplación del misterio pascual y les dé la
firme esperanza
de que están llamados a la resurrección y a la felicidad de su
reino, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Pidamos
al Hijo de Dios, que desde
el Padre nos ha enviado el Espíritu Santo, que este mismo
Espíritu nos recuerde
constantemente sus palabras y nos dé la fuerza que necesitamos
para dar
testimonio de él hasta los confines del mundo, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Terminemos
nuestra oración
pidiendo al mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los
muertos, que
permanezca en nosotros y nos disponga para ser piedras vivas
del templo eterno
de Dios, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que quienes
nos disponemos a
clausurar, con la solemnidad de hoy, las fiestas pascuales,
renovados y
fortalecidos por tu Espíritu, vivamos continuamente la novedad
pascual y
lleguemos también a las fiestas de la pascua eterna. Por
Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los
siglos.
Amén.
Señor, que el Espíritu Santo nos
haga comprender mejor, según la promesa de tu
Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del
Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso
y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy
el Espíritu
Santo
sobre los que habías adoptado como hijos por su participación
en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la
Iglesia
naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los
pueblos; el
Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los
que el pecado
había
dividido en diversidad de lenguas.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda
de alegría,
y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar
el
himno de tu gloria:
Todos quedaron llenos de Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios.
Oremos:
Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por
medio de tus
sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la
presencia viva
del
Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener
nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Solemnidad de Pentecostés
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
— La fiesta judía de Pentecostés. El envío del Espíritu Santo. El viento impetuoso y las lenguas de fuego.
— El Paráclito santifica continuamente a la Iglesia y a cada alma. Correspondencia a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo.
— Correspondencia: docilidad, vida de oración, unión con la Cruz.
I. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya1.
Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías; muchos israelitas peregrinaban a Jerusalén en estos días para adorar a Dios en el Templo. El origen de la fiesta se remontaba a una antiquísima celebración en la que se daban gracias a Dios por la cosecha del año, a punto ya de ser recogida. Después se sumó en ese día el recuerdo de la promulgación de la Ley dada por Dios en el monte Sinaí. Se celebraba cincuenta días después de la Pascua, y la cosecha material que los judíos festejaban con tanto gozo se convirtió, por designio divino, en la Nueva Alianza, en una fiesta de inmensa alegría: la venida del Espíritu Santo con todos sus dones y frutos.
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban2. El Espíritu Santo se manifiesta en aquellos elementos que solían acompañar la presencia de Dios en el Antiguo Testamento: el viento y el fuego3.
El fuego aparece en la Sagrada Escritura como el amor que lo penetra todo, y como elemento purificador4. Son imágenes que nos ayudan a comprender mejor la acción que el Espíritu Santo realiza en las almas: Ure igne Sancti Spiritus renes nostros et cor nostrum, Domine... Purifica, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón...
El fuego también produce luz, y significa la claridad con que el Espíritu Santo hace entender la doctrina de Jesucristo: Cuando venga aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa... Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará5. En otra ocasión, Jesús ya había advertido a los suyos: el Paráclito, el Espíritu Santo... os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho6. Él es quien lleva a la plena comprensión de la verdad enseñada por Cristo: “habiendo enviado por último al Espíritu de verdad, completa la revelación, la culmina y la confirma con testimonio divino”7.
En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu Santo es frecuentemente sugerida por el “soplo”, para expresar al mismo tiempo la delicadeza y la fuerza del amor divino. No hay nada más sutil que el viento, que llega a penetrar por todas partes, que parece incluso llegar a los cuerpos inanimados y darles una vida propia. El viento impetuoso del día de Pentecostés expresa la fuerza nueva con que el Amor divino irrumpe en la Iglesia y en las almas.
San Pedro, ante la multitud de gente que se congrega en las inmediaciones del Cenáculo, les hace ver que se está cumpliendo lo que ya había sido anunciado por los Profetas8: Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne...9. Quienes reciben la efusión del Espíritu no son ya algunos privilegiados, como los compañeros de Moisés10, o como los Profetas, sino todos los hombres, en la medida en que reciban a Cristo11. La acción del Espíritu Santo debió producir, en los discípulos y en quienes les escuchan, tal admiración, que todos estaban fuera de sí, llenos de amor y alegría.
II. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés no fue un hecho aislado en la vida de la Iglesia. El Paráclito la santifica continuamente; también santifica a cada alma, a través de innumerables inspiraciones, que son “todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a nuestra vida eterna”12. Su actuación en el alma es “suave y apacible (...); viene a salvar, a curar, a iluminar”13.
En Pentecostés, los Apóstoles fueron robustecidos en su misión de testigos de Jesús, para anunciar la Buena Nueva a todas las gentes. Pero no solamente ellos: cuantos crean en Él tendrán el dulce deber de anunciar que Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación. Y sucederá en los últimos días, dice el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. Y sobre mis siervos y mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días y profetizarán14. Así predica Pedro la mañana de Pentecostés, que inaugura ya la época de los últimos días, los días en que ha sido derramado de una manera nueva el Espíritu Santo sobre aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios, y llevan a cabo su doctrina.
Todos los cristianos tenemos desde entonces la misión de anunciar, de cantar las magnalia Dei15, las maravillas que ha hecho Dios en su Hijo y en todos aquellos que creen en Él. Somos ya un pueblo santo para publicar las grandezas de Aquel que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable16.
Al comprender que las santificación y la eficacia apostólica de nuestra vida dependen de la correspondencia a las mociones del Espíritu Santo, nos sentiremos necesitados de pedirle frecuentemente que lave lo que está manchado, riegue lo que es árido, cure lo que está enfermo, encienda lo que es tibio, enderece lo torcido17. Porque conocemos bien que en nuestro interior hay manchas y partes que no dan todo el fruto que debieran porque están secas, y partes enfermas, y tibieza, y también pequeños extravíos, que es preciso enderezar.
Nos es necesario pedir también una mayor docilidad; una docilidad activa que nos lleve a acoger las inspiraciones y mociones del Paráclito con un corazón puro.
III. Para ser más fieles a las constantes mociones e inspiraciones del Espíritu Santo en nuestra alma “podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad (...), vida de oración, unión con la Cruz”.
Docilidad, “en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera”18.
El Paráclito actúa sin cesar en nuestra alma: no decimos una sola jaculatoria si no es por una moción del Espíritu Santo19, como nos señala San Pablo en la Segunda lectura de la Misa. Él está presente y nos mueve en la oración, al leer el Evangelio, cuando descubrimos una luz nueva en un consejo recibido, al meditar una verdad de fe que ya habíamos considerado, quizá, muchas veces. Nos damos cuenta de que esa claridad no depende de nuestra voluntad. No es cosa nuestra sino de Dios. Es el Espíritu Santo quien nos impulsa suavemente al sacramento de la Penitencia para confesar nuestros pecados, a levantar el corazón a Dios en un momento inesperado, a realizar una obra buena. Él es quien nos sugiere una pequeña mortificación, o nos hace encontrar la palabra adecuada que mueve a una persona a ser mejor.
Vida de oración, “porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana requiere un diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo (...). Acostumbrémonos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas”20.
Unión con la Cruz, “porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano (...). El Espíritu Santo es fruto de la Cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos”21.
Podemos terminar nuestra oración haciendo nuestras las peticiones que se contienen en el himno que se canta en la Secuencia de la Misa de este día de Pentecostés: Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, padre de los pobres; ven dador de las gracias; ven, lumbre de los corazones. Consolador óptimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio. Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto. ¡Oh luz santísima!, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles (...). Concede a tus fieles que en Ti confían, tus siete sagrados dones. Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo22.
Para tratar mejor al Espíritu Santo nada tan eficaz como acercarnos a Santa María, que supo secundar como ninguna otra criatura las inspiraciones del Espíritu Santo. Los Apóstoles, antes del día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús23.
1 Antífona de entrada. Misa de la vigilia, Rom 5, 5; 8, 11. — 2 Hech 2, 1-2. — 3 Cfr. Ex 3, 2. — 4 Cfr. M. D. Philippe, Misterio de María, Rialp, Madrid 1986, 352-355. — 5 Jn 16, 13-14. — 6 Jn 14, 26. — 7 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 4. — 8 Jl 2, 28. — 9 Hech 2, 17. — 10 Cfr. Núm. 11, 25. — 11 Cfr. Jn 7, 39. — 12 San Francisco de Sales, Introd. a la vida devota II, 18. — 13 San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1. — 14 Hech 2, 17-18. — 15 Hch 2, 11. — 16 1 Pdr 2, 9. — 17 Cfr. Misal Romano, Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 18 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 135. — 19 Cfr. 1 Cor 12, 3. — 20 San Josemaría Escrivá, o. c., 136. — 21 Ibídem, 137. — 22 Misal Romano, Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 23 Cfr. Hech 1, 14.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa Petronila de Roma, virgen y mártir
En
Roma, en el cementerio de Domitila, en la vía Ardeatina, santa
Petronila,
virgen y mártir.
A medida que el hagiógrafo avanza en la familiaridad con las Vitae Sanctorum y las Actas de los martirios de los santos comprueba, entre susto y fascinación, los esfuerzos de escritores anteriores -algunos lo hacen desde los albores de la historia cristiana- por pasar a la posteridad los modelos de fe y vida que ellos han visto o cuyas noticias han recibido oralmente, o quizá tuvieron entre sus manos documentación anterior que no ha sobrevivido al tiempo. Lo hicieron movidos por el cariño agradecido a los que supieron ser fieles y transmitieron el heroísmo de sus virtudes de la mejor manera que pudieron; con frecuencia estaban por la labor de dejar en el mejor papel posible al santo protagonista de su relato y por ello no es infrecuente notar añadiduras a la personalidad que relatan, aunque sea acumulando dones, milagros y hechos portentosos que demuestren más y más a quienes les escuchan o a sus posibles lectores la complacencia de Dios en sus santos.
Posiblemente éste fuera el intento del autor anónimo que dejó por escrito la vida de santa Petronila llamada también con los nombres de Perina, Petronela y Pernela. La total carencia de datos da origen a la historia apócrifa claramente imaginativa que pondera excelsas virtudes -ésas que intenta poner como paradigma en la mente de los lectores- y que carga las tintas más sobre las bondades de las situaciones del entorno que sobre la misma realidad personal que lógicamente desconoce.
Pues bien; el tiempo es el siglo primero y el lugar de la narración, Roma; Petronila está presentada como hija de san Pedro. Su máximo anhelo es padecer por Jesús que tanto quiso padecer por ella. Una extraña enfermedad la mete en cama con agudísimos dolores imposibles de aliviar; pero su semblante alegre y su actitud llena de optimismo demuestran a todos los que van a visitarla la aceptación voluntariosa y complacida de Petronila que, por fin, puede sufrir algo por su Señor. Se prolonga por mucho tiempo la postración. Entre los creyentes romanos se empiezan a correr rumores; ¿cómo es posible conciliar tamaño sufrimiento de Petronila con la actitud permisiva del padre Pedro, si es verdad que sólo su sombra llegaba a curar a enfermos, hace unos años, en Jerusalén?, ¿será que Pedro ha perdido virtud?, ¿será esto una muestra de falta de cariño?, ¿no deben preocuparse los padres por la salud de los hijos?... Un día Pedro reúne a una gran multitud de creyentes en Cristo en su casa y manda con imperio a su hija: «Petronila, levántate y sírvenos la mesa». Asombrados y estupefactos contemplan a la dulce joven incorporarse del lecho y salir dispuesta al cumplimiento del encargo toda llena de facultades. Terminada su misión vuelve a la cama, recupera la enfermedad con incremento de sufrimiento y ya no se restablecerá hasta después del martirio de Pedro.
No ha hecho mella en su físico el terrible padecimiento soportado, se han rejuvenecido sus facciones y hasta se diría que se ha multiplicado la belleza previa a la enfermedad. Ahora dedica Petronila todas sus energías a la oración y a la caridad. Parece un hada madrina que con vara mágica va solucionando problemas de cristianos irradiando continuamente el influjo benéfico ante cualquier necesidad: pobres, lisiados, enfermos, ciegos, leprosos y todo tipo de carenciales van a visitarla y salen pletóricos de felicidad. Por toda Roma corre un inmenso e imparable rumor que transmite de boca a boca la explosión de la caridad de Jesucristo patente en las obras de Petronila.
Pero hay más. Por todo lo relatado, no es extraño el enamoramiento del joven Flaco que se acerca con gran séquito de criados y esclavos a solicitar el consentimiento para hacerla su esposa. La reacción ahora de la virgen es de indecible sorpresa; pero guarda las formas, agradece al noble joven enamorado el honor que le hace y pide suave y dulcemente tres días para reflexionar al término de los cuales debe Flaco enviarle sus doncellas y criadas para que la acompañen.
Todo es llanto en Petronila. Jesucristo llena su corazón; no quiere romper la unidad del amor; sólo a Jesús quiere como Esposo. Pasa los tres días encerrada, en compañía de Felícula, dada al ayuno, a continua oración, penitencias y súplicas al Señor. El último día del retiro llega el presbítero Nicodemus, le celebró la misa, le dio la Comunión y contempló cómo moría Petronila al pie del altar consumida de amor. Las criadas de Flaco que ya esperaban jubilosas trocaron el cortejo de nupcial en fúnebre para llevarla a enterrar.
Esta leyenda, redactada hacia el siglo VI nos la transmiten las actas legendarias de Nereo y Aquileo, y posiblemente se urdió basándose en el parecido fonético del nombre de Petronilla con el de Pedro, la mención de una supuesta hija de Pedro (pero sin que diga el nombre) en un apócrifo del siglo II, y la cercanía de la tumba de Petronilla con la de los santos Nereo y Aquileo. Lo único que realmente sabemos hoy de la santa es lo que supone el elogio del Martirologio: que el culto es verdaderamente antiguo, ya que su tumba estaba identificada y adornada, y deducimos que fue mártir por un fresco de mediados del siglo IV encontrado en su tumba, en el que figura vestida con la túnica de los mártires, con las letras griegas «yr» junto a su nombre, que podrían ser el resabio de la palabra «mártir».
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Fuente:
Enciclopedia Católica
Bautista (Camila) Varano, Beata. Abadesa, 31 de
mayo
Abadesa Martirologio Romano: En Camerino, del Piceno, en Italia, beata Bautista (Camila) Varano, abadesa del monasterio de clarisas fundado por su mismo padre, donde experimentó grandes tribulaciones, pero también consolaciones místicas (1524).
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J†A
JMJ
Pax
Dios mandó a su Hijo al mundo, para que se salve por él
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 16-18
Gloria a ti, Señor.
"Tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no
perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no
mandó a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se
salve por
él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está
condenado, porque
no ha creído en el Hijo único de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
SANTÍSIMA TRINIDAD (A)
Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.
Oremos:
Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de
la verdad y el
Espíritu de la santificación para revelar a los humanos tu
admirable misterio;
concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la
eterna Trinidad y
adorar su unidad todopoderosa.
Por nuestro Señor Jesucristo....
Amén.
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso
Lectura del libro del Exodo 34, 4b-6.8-9
En aquellos
días, Moisés subió de madrugada a la montaña del Sinaí, como le
había mandado
el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor
bajó en la
nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del
Señor. El Señor
pasó ante él proclamando:
"Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y
rico en
clemencia y lealtad".
Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo:
"Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque
éste es
un pueblo de cabeza dura; perdona nuestras culpas y pecados y
tómanos como
heredad tuya".
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Daniel 3
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres,
Señor, Dios de nuestros padres, a ti gloria y alabanza por los
siglos. Bendito
tu nombre santo y glorioso; a él gloria y alabanza por los
siglos.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres
en el templo de tu santa gloria. Bendito eres sobre el trono de
tu reino.
Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los
abismos. Bendito
eres en la bóveda del cielo.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13
Hermanos: Alégrense,
trabajen por su perfección, anímense, tengan un mismo sentir y
vivan en paz. Y
el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense
mutuamente con el
beso santo.
Los saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la
comunión del
Espíritu Santo esté siempre con ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Al Dios que es,
que era y que
vendrá.
Aleluya.
Dios mandó a su Hijo al mundo, para que se salve por él
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 16-18
Gloria a ti, Señor.
"Tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no
perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no
mandó a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se
salve por
él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está
condenado, porque
no ha creído en el Hijo único de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Dios, Padre entrañable, que por
Jesucristo nos
ha revelado su amor y que escucha complacido los gemidos
inefables con que el
Espíritu intercede por nosotros:
(Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.)
Para que Dios
Padre, creador todopoderoso del universo, lleve el mundo a su
plenitud y haga
nacer aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva que nos ha
prometido, en la que
la humanidad entera encontrará la felicidad y podrá contemplar
su rostro
glorioso, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el
Hijo Unigénito de Dios, que se hizo hombre para desposarse con
la Iglesia,
infunda en ella un amor semejante al suyo, como corresponde a su
condición de
esposa amada, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el
Espíritu del Señor, que enriquece al mundo con sus dones, sea
padre para los
pobres, consuelo para los tristes, salud para los enfermos y
fuerza para los
decaídos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los
que conocemos el misterio de la vida íntima de Dios, uno en tres
Personas,
tengamos celo para anunciarlo a quienes lo desconocen, a fin de
que también
ellos encuentren gozo y descanso en Dios, que se nos ha revelado
como Padre,
Hijo y Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Padre fiel y misericordioso, que enviaste al mundo a tu Hijo
Unigénito y
quisiste que tu Espíritu fuera para nosotros principio de vida,
constructor de
unidad y fuente de amor; escucha nuestras oraciones, fortalece
nuestra fe e
inspíranos sentimientos de paz y esperanza para que, reunidos en
la comunión de
tu Iglesia, bendigamos siempre tu nombre glorioso y santo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Por la invocación de tu santo nombre, Señor, santifica estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en ofrenda perenne a tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un
solo Señor; no
una sola
Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que
creemos de tu
gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo,
y también del
Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción.
De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna
divinidad, adoramos
tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su
dignidad.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles y todos los coros
celestiales, que
no cesan de aclamarte con una sola voz:
Como son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Padre! .
Oremos:
Al confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna y en su
unidad
indivisible, concédenos, Señor y Dios nuestro, encontrar la
salud del alma y
del cuerpo en el sacramento que hemos recibido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
39. LA SANTISIMA TRINIDAD*
Solemnidad
- Revelación del misterio trinitario.
- El trato con cada una de las Personas divinas.
- Oración a la Trinidad Beatísima.
I. Tibi laus, Tibi gloria, Tibi gratiarum actio... A Ti la alabanza, a Ti la gloria, a Ti hemos de dar gracias por los siglos de los siglos, "oh Trinidad Beatísima! (1).
Después de haber renovado los misterios de la salvación -desde el Nacimiento de Cristo en Belén hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés-, la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, misterio inefable de la vida íntima de Dios.
Poco a poco, con una pedagogía divina, Dios fue manifestando su realidad íntima, nos ha ido revelando cómo es Él, en Sí, independiente de todo lo creado. En el Antiguo Testamento da a conocer sobre todo la Unidad de su Ser, y su completa distinción del mundo y su modo de relacionarse con él, como Creador y Señor. Se nos enseña de muchas maneras que Dios, a diferencia del mundo, es increado; que no está limitado a un espacio (es inmenso), ni al tiempo (es eterno). Su poder no tiene límites (es omnipotente): Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón -nos invita la liturgia-que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro (2). Sólo Tú, Señor.
El Antiguo Testamento proclama sobre todo la grandeza de Yahvé, único Dios, Creador y Señor de todo el Universo. Pero también se revela como el pastor que busca a su rebaño, que cuida a los suyos con mimo y ternura, que perdona y olvida las frecuentes infidelidades del pueblo elegido... A la vez, se va manifestando la paternidad de Dios Padre, la Encarnación de Dios Hijo, que es anunciada por los Profetas, y la acción del Espíritu Santo, que lo vivifica todo.
Pero es Cristo quien nos revela la intimidad del misterio trinitario y la llamada a participar en él.Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo (3). Él nos reveló también la existencia del Espíritu Santo junto con el Padre y lo envió a la Iglesia para que la santificara hasta el fin de los tiempos; y nos reveló la perfectísima Unidad de vida entre las divinas Personas (4).
El misterio de la Santísima Trinidad es el punto de partida de toda la verdad revelada y la fuente de donde procede la vida sobrenatural y a donde nos encaminamos: somos hijos del Padre, hermanos y coherederos del Hijo, santificados continuamente por el Espíritu Santo para asemejarnos cada vez más a Cristo. Así crecemos en el sentido de nuestra filiación divina. Esto nos hace ser templos vivos de la Santísima Trinidad.
Por ser el misterio central de la vida de la Iglesia, la Trinidad Beatísima es continuamente invocada en toda la liturgia. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu fuimos bautizados, y en su nombre se nos perdonan los pecados; al comenzar y al terminar muchas oraciones, nos dirigimos al Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad del Espíritu Santo. Muchas veces a lo largo del día repetimos los cristianos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. "-"Dios es mi Padre! -Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración.
"-¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón.
"-¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino.
"Piénsalo bien. -Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo" (5).
II. La vida divina -a cuya participación hemos sido llamados- es fecundísima. Eternamente el Padre engendra al Hijo, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Esta generación del Hijo y la espiración del Espíritu Santo no es algo que aconteció en un momento determinado, dejando como fruto estable las Tres Divinas Personas: esas procedencias (los teólogos las llaman "procesiones") son eternas.
En el caso de las generaciones humanas, un padre engendra a un hijo, pero ese padre y ese hijo permanecen después del mismo acto de engendrar, incluso aunque muera uno de los dos. El hombre que es padre no sólo es "padre": antes y después de engendrar es "hombre". La esencia, sin embargo, de Dios Padre está en que todo su ser consiste en dar la vida al Hijo. Eso es lo que lo determina como Persona divina, distinta de las demás. En la vida natural, el hijo que es engendrado tiene otra realidad. Pero la esencia del Unigénito de Dios es precisamente ser Hijo (6). Y es a través de Él, haciéndonos semejantes a Él, por un impulso constante del Espíritu Santo, como nosotros alcanzamos y crecemos en el sentido de nuestra filiación divina. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido no un Espíritu de esclavitud para recaer en el temor; sino un Espíritu de adopción, que nos hace gritar: Abba! ( ¡Padre!). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo (7).
La paternidad y la filiación humanas son algo que acontece a las personas, pero no expresan todo su ser. En Dios, la Paternidad, la Filiación y la Espiración constituyen todo el Ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (8).
Desde que el hombre es llamado a participar de la misma vida divina por la gracia recibida en el Bautismo, está destinado a participar cada vez más en esta Vida. Es un camino que es preciso andar continuamente. Del Espíritu Santo recibimos constantes impulsos, mociones, luces, inspiraciones para ir más deprisa por ese camino que lleva a Dios, para estar cada vez en una "órbita" más cercana al Señor. "El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!
"Hemos corrido como el ciervo, que ansía las fuentes de las aguas (Sal 41, 2); con sed, rota la boca, con sequedad. Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna (cfr. Jn 4, 14). Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas" (9).
III. La Trinidad Santa habita en nuestra alma como en un templo. Y San Pablo nos hace saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado (10). Y ahí, en la intimidad del alma, nos hemos de acostumbrar a tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. "Tú, Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco" (11), le decimos en la intimidad de nuestra alma.
"¡Oh, Dios mío, Trinidad Beatísima! Sacad de mi pobre ser el máximo rendimiento para vuestra gloria y haced de mí lo que queráis en el tiempo y en la eternidad. Que ya no ponga jamás el menor obstáculo voluntario a vuestra acción transformadora (...). Segundo por segundo, con intención siempre actual, quisiera ofreceros todo cuanto soy y tengo; y que mi pobre vida fuera en unión íntima con el Verbo Encarnado un sacrificio incesante de alabanza de gloria de la Trinidad Beatísima (...).
"¡Oh, Dios mío, cómo quisiera glorificaros! ¡Oh, si a cambio de mi completa inmolación, o de cualquier otra condición, estuviera en mi mano incendiar el corazón de todas vuestras criaturas y la Creación entera en las llamas de vuestro amor, qué de corazón quisiera hacerlo! Que al menos mi pobre corazón os pertenezca por entero, que nada me reserve para mí ni para las criaturas, ni uno solo de sus latidos. Que ame inmensamente a todos mis hermanos, pero únicamente con Vos, por Vos y para Vos (...). Quisiera, sobre todo, amaros con el corazón de San José, con el Corazón Inmaculado de María, con el Corazón adorable de Jesús. Quisiera, finalmente, hundirme en ese Océano infinito, en ese Abismo de fuego que consume al Padre y al Hijo en la unidad del Espíritu Santo y amaros con vuestro mismo infinito amor (...).
"Padre Eterno, Principio y Fin de todas las cosas! Por el Corazón Inmaculado de María os ofrezco a Jesús, vuestro Verbo Encarnado, y por Él, con Él y en Él, quiero repetiros sin cesar este grito arrancado de lo más hondo de mi alma: Padre, glorificad continuamente a vuestro Hijo, para que vuestro Hijo os glorifique en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos (Jn 17, 1).
"Oh, Jesús, que habéis dicho: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelárselo (Mt 11, 27)!: ""Mostradnos al Padre y esto nos basta!" (Jn 14, 8).
"Y Vos, "oh, Espíritu de Amor!, enseñadnos todas las cosas (Jn 14, 26) y formad con María en nosotros a Jesús (Gal 4, 19), hasta que seamos consumados en la unidad (Jn 17, 23) en el seno del Padre (Jn 1, 18). Amén" (12).
(1) Trisagio angélico.- (2) Primera lectura. Ciclo B. Dt 4, 39.- (3) Mt 11, 27.- (4) Evangelio de la Misa. Ciclo C. Jn 16, 12-15.- (5) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Forja, n. 2.- (6) Cfr. J. M. PERO-SANZ, El Símbolo atanasiano, Palabra, Madrid 1976, p. 51.- (7) Segunda lectura. Ciclo C. Rom 8, 14-17 .- (8) UN CARTUJO, La Trinidad y la vida interior, Rialp, Madrid 1958, 2ª ed., pp. 45-47.- (9) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 306-307.- (10) Segunda lectura. Ciclo C. Rom 5, 5.- (11) SANTA CATALINA DE SIENA, Diálogo, 167.- (12) SOR ISABEL DE LA TRINIDAD, Elevación a la Santísima Trinidad, en Obras completas, Ed. Monte Carmelo, 4ª ed., Burgos 1985, pp. 757-758.
*La Iglesia celebra hoy el misterio central de nuestra fe, la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, el misterio inefable de la vida íntima de Dios. La liturgia de la Misa nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Divinas Personas: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La fiesta fue establecida para todo Occidente en 1334 por el Papa Juan XXII, y quedó fijada para este domingo después de la venida del Espíritu Santo, el último de los misterios de nuestra salvación. Hoy podemos repetir muchas veces, despacio, con particular atención: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
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DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
40. INHABITACION DE LA SANTISIMA TRINIDAD EN EL ALMA
- Presencia de Dios, Uno y Trino, en el alma en gracia.
- La vida sobrenatural del cristiano se orienta al conocimiento y al trato con la Santísima Trinidad.
- Templos de Dios.
I. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (1), respondió Jesús en la Ultima Cena a uno de sus discípulos que le había preguntado por qué se habría de manifestar a ellos y no al mundo, como los judíos de aquel tiempo pensaban de la aparición del Mesías. El Señor revela que no sólo Él, sino la misma Trinidad Beatísima, estaría presente en el alma de quienes le aman, como en un templo (2). Esta revelación constituye "la sustancia del Nuevo Testamento" (3), la esencia de sus enseñanzas.
Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- habita en nuestra alma en gracia no sólo con una presencia de inmensidad, como se encuentra en todas las cosas, sino de un modo especial, mediante la gracia santificante (4). Esta nueva presencia llena de amor y de gozo inefable al alma que va por caminos de santidad. Y es ahí, en el centro del alma, donde debemos acostumbrarnos a buscar a Dios en las situaciones más diversas de la vida: en la calle, en el trabajo, en el deporte, mientras descansamos... "Oh, pues, alma hermosísima -exclamaba San Juan de la Cruz- que tanto deseas saber el lugar donde está tu Amado para buscarle y mirarte con él, ya se te dice que tú misma eres el aposento donde él mora y el lugar y escondrijo donde está escondido; que es cosa de gran contentamiento y alegría para ti ver que todo tu bien y esperanza está tan cerca de ti que esté en ti o, por mejor decir, tú no puedes estar sin él. Cata -dice el Esposo- que el reino de Dios está dentro de vosotros (Lc 17, 21); y su siervo el Apóstol San Pablo: Vosotros -dice- sois templos de Dios (2 Cor 6, 16)" (5).
Esta dicha de la presencia de la Trinidad Beatísima en el alma no está destinada sólo para personas extraordinarias, con carismas o cualidades excepcionales, sino también para el cristiano corriente, llamado a la santidad en medio de sus quehaceres profesionales y que desea amar a Dios con todo su ser, aunque, como señala Santa Teresa de Jesús, "hay muchas almas que están en la ronda del castillo (del alma), que es adonde están los que le guardan, y no se les da nada entrar dentro, ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar, ni quién está dentro..." (6). En ese "precioso lugar", en el alma que resplandece por la gracia, está Dios con nosotros: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Esta presencia, que los teólogos llaman inhabitación, sólo difiere por su condición del estado de bienaventuranza de quienes ya gozan de la felicidad eterna en el Cielo (7). Y aunque es propia de las Tres divinas Personas, se atribuye al Espíritu Santo, pues la obra de la santificación es propia del Amor.
Esta revelación que Dios hizo a los hombres, como en confidencia amorosa, admiró desde el principio a los cristianos, y llenó sus corazones de paz y de gozo sobrenatural. Cuando estamos bien asentados en esta realidad sobrenatural -Dios, Uno y Trino, habita en mí- convertimos la vida -con sus contrariedades, e incluso a través de ellas- en un anticipo del Cielo: es como meternos en la intimidad de Dios y conocer y amar la vida divina, de la que nos hacemos partícipes.
"Océano
sin fondo de la vida divina!
Me he llegado a tus márgenes con un ansia de fe.
Di, ¿qué tiene tu abismo que a tal punto fascina?
¡Océano sin fondo de la vida divina!
Me atrajeron tus ondas... "y ya he perdido pie! (8).
II. El cristiano comienza su vida en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y en este mismo Nombre se despide de este mundo para encontrar en la plenitud de la visión en el Cielo a estas divinas Personas, a quienes ha procurado tratar aquí en la tierra. Un solo Dios y Tres divinas Personas: ésta es nuestra profesión de fe, la que los Apóstoles recogieron de labios de Jesús y transmitieron, la que creyeron desde el primer momento todos los cristianos, la que el Magisterio de la Iglesia ha enseñado siempre. Los cristianos de todos los tiempos, en la medida en que avanzaban en su caminar hacia Dios, han sentido la necesidad de meditar esta verdad primera de nuestra fe y de tratar a cada una de Ellas. Santa Teresa de Jesús nos cuenta en su Vida cómo meditando precisamente una de las más antiguas reglas de fe sobre el misterio trinitario -el llamado Símbolo Atanasiano o Quicumque- recibió especiales gracias para penetrar en esta maravillosa realidad. "Estando una vez rezando el Quicumque vult - escribe la Santa-, se me dio a entender la manera cómo era un solo Dios y tres Personas tan claro, que yo me espanté y me consolé mucho. Hízome grandísimo provecho para conocer más la grandeza de Dios y sus maravillas, y para cuando o pienso o se trata de la Santísima Trinidad, parece entiendo cómo puede ser, y es me mucho contento" (9).
Toda la vida sobrenatural del cristiano se orienta a ese conocimiento y trato íntimo con la Trinidad, que viene a ser "el fruto y el fin de toda nuestra vida" (10). Para este fin hemos sido creados y elevados al orden sobrenatural: para conocer, tratar y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, que habitan en el alma en gracia. De estas divinas Personas, el cristiano llega a tener en esta vida "un conocimiento experimental" que, lejos de ser una cosa extraordinaria, está dentro de la vía normal de la santidad (11). Santidad a la que es llamada la madre de familia que apenas tiene tiempo para atender y sacar adelante el hogar, el obrero que comienza su trabajo antes del amanecer, el enfermo al que no le permite hacer nada su enfermedad... Dios, en su amor infinito por cada alma, desea ardientemente darse a conocer de esa manera íntima y amorosa a quienes de verdad siguen tras las huellas de su Hijo.
En ese camino hacia la Trinidad, a la que deben conducir todos nuestros empeños, llevamos como Guía y Maestro al Espíritu Santo. Yo rogaré al Padre - había prometido el Señor, y su palabra no puede fallar- y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, Yo volveré a vosotros (12). En este vosotros nos incluimos, dichosamente, quienes hemos sido bautizados y, de modo particular, quienes queremos seguir a Jesús de cerca, desde el lugar y las circunstancias donde la vida nos ha situado. Es dulce meditar que este misterio inaccesible a la sola razón humana se hace luminoso con la luz de la fe y la ayuda del Espíritu Santo: a vosotros se os han dado a conocer los misterios del Reino de los Cielos (13). Pidámosle hoy que nos guíe en ese camino lleno de luz.
III. A la vez que pedimos al Espíritu Santo un deseo grande de purificar el corazón, hemos de desear este encuentro íntimo con la Beatísima Trinidad, sin que nos detenga el que quizá cada vez vemos con más claridad nuestras flaquezas y nuestra tosquedad para con Dios. Cuenta Santa Teresa que al considerar la presencia de las Tres divinas Personas en su alma "estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como es mi alma"; entonces, le dijo el Señor: "No es baja, hija, pues está hecha a mi imagen" (14). Y la Santa quedó llena de consuelo. A nosotros nos puede hacer un gran bien considerar estas palabras como dirigidas a nosotros mismos, y nos animarán a proseguir en ese camino que acaba en Dios. También debemos tratar a quienes cada día encontramos y hablamos como poseedores de un alma inmortal, imagen de Dios, que son o pueden llegar a ser templos de Dios. Sor Isabel de la Trinidad, recientemente beatificada, escribía a su hermana, al tener noticia del nacimiento y bautizo de su primera sobrina: "Me siento penetrada de respeto ante este pequeño santuario de la Santísima Trinidad... Si estuviese a su lado, me arrodillaría para adorar a Aquel que mora en ella" (15).
La Iglesia nos recomienda alimentar la piedad con un sólido alimento, y por eso hemos de rezar o meditar esas reglas de fe y las oraciones compuestas para alabanza de la Trinidad: el Símbolo Atanasiano o Quicumque (que antiguamente los cristianos recitaban cada domingo después de la homilía, y que aún hoy muchos recitan y meditan en honor de la Santísima Trinidad), el Trisagio Angélico, especialmente en esta Solemnidad, el Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo... Cuando, con la ayuda de la gracia, aprendemos a penetrar en estas prácticas de devoción es como si volviéramos a oír las palabras del Señor: dichosos vuestros ojos, porque ven; y dichosos vuestros oídos, porque oyen: pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver los que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron (16).
Terminamos este rato de oración repitiendo en nuestro corazón, con San Agustín: "Señor y Dios mío, mi única esperanza, óyeme para que no sucumba al desaliento y deje de buscarte. Que yo ansíe siempre ver tu rostro. Dame fuerzas para la búsqueda, Tú que hiciste que te encontrara y que me has dado esperanzas de un conocimiento más perfecto. Ante Ti está mi firmeza y mi debilidad: sana ésta, conserva aquélla. Ante Ti está mi ciencia y mi ignorancia: si me abres, recibe al que entra; si me cierras el postigo, abre al que llama. Haz que me acuerde de Ti, que te comprenda y te ame. Acrecienta en mí estos dones hasta mi reforma completa (...).
"Cuando arribemos a tu presencia, cesarán estas muchas cosas que ahora hablamos sin comprenderlas, y Tú permanecerás todo en todos, y entonces modularemos un cántico eterno, alabándote unánimemente, y hechos en Ti también nosotros una sola cosa" (17).
La contemplación y la alabanza a la Trinidad Santa es la sustancia de nuestra vida sobrenatural, y ése es también nuestro fin: porque en el Cielo, junto a nuestra Madre Santa María -Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: "más que Ella, sólo Dios! (18)-, nuestra felicidad y nuestro gozo será una alabanza eterna al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.
(1) Jn 14, 23.- (2) Cfr. 1 Cor 6, 19.- (3) TERTULIANO, Contra Praxeas, 31.- (4) Cfr. SANTO TOMAS,Suma Teológica, 1, q. 43, a. 3.- (5) SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 7.- (6) SANTA TERESA, Moradas primeras, 5, 6.- (7) Cfr. LEON XIII, Enc. Divinum illud munus, 9-V-1897.- (8) SOR CRISTINA DE ARTEAGA, Sembrad, Ed. Monasterio de Santa Paula, Sevilla 1982. LXXXV.- (9) SANTA TERESA, Vida, 39, 25.- (10) SANTO TOMAS, Comentario al Libro IV de las Sentencias, I, d. 2, q. 1, exord.- (11) Cfr. R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, I, p. 118.- (12) Jn 14, 16-18.- (13) Mt 13, 11.- (14) SANTA TERESA DE JESUS, Cuentas de conciencia, 41ª, 2.- (15) SOR ISABEL DE LA TRINIDAD, Carta a su hermana Margarita, en Obras completas, p. 466.- (16) Mt 13, 16-17.- (17) SAN AGUSTIN, Tratado sobre la Trinidad, 15, 28, 51.- (18) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 496.
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Venerable Mateo Talbot
+ 7 de junio, 1925
SU VIDA
Muy joven todavía, un obrero auxiliar de Dublín, llamado Mateo (Matt) Talbot, empezó a beber y parecía que pronto sería una víctima más del alcoholismo. Aunque todas las mañanas, al despertarse de su borrachera, sentía una infinita vergüenza ante Dios y ante el mundo por su falta de carácter, y aunque su madre le rogaba casi de rodillas que cambiase su vida, todos los días de pago olvidaba sus promesas y buenas intenciones, llegando a vender cuanto llevaba encima para satisfacer su vicio. No era ninguna pena o sufrimiento especial lo que lo impulsaba hacia la cantina, sino una absoluta carencia de voluntad y responsabilidad.
A pesar de su pobreza era un muchacho alegre que mantenía en alto su fe y, cuando no estaba bebido, sus padres no tenían por qué avergonzarse de él.
Repentinamente, cuando ya había cumplido
24 años de edad y se le notaban los signos inconfundibles del
bebedor, arrojó
un día el vaso con licor por la ventana y juró que no volvería a
beber ni una
gota de alcohol. Jamás confió a nadie la causa de esta repentina
decisión; se
llevó el secreto a la tumba. Las causas de su transformación,
aparentemente, no
fueron ni un sentimiento de hastío o repugnancia, ni el temor
natural a la
ruina corporal, sino más bien se originó por un profundo
movimiento de la
gracia de Dios, una gracia que aún no se apagaba en su alma.
Ante un sacerdote juró Matt Talbot renunciar en lo futuro al alcohol. No se fió de sus propias fuerzas, sino que, con la bendición de la Iglesia, con la fuerza del Señor, quiso emprender la lucha contra sus malas inclinaciones y resistió con heroísmo. Sin hacer caso a las burlas de los compañeros, dejaba pasar la botella si se la presentaban. Sin embargo, esa renuncia de ninguna manera le pareció una penitencia suficiente para expiar el pecado que lo había dominado durante diez largos años.
Dejó de fumar, prescindió de la comida completa del mediodía y vivía rigurosamente, como un ermitaño. Se conformaba con pocas horas de sueño después de sus diez horas de trabajo. Al estilo de los penitentes medievales, llevaba una cadena bajo la ropa de trabajo. Su jornada comenzaba a las dos de la madrugada. De rodillas rezaba hasta que las campanas llamaban a misa; después de escucharla se presentaba entre los primeros a la obra. A la hora del almuerzo se retiraba a una choza para proseguir sus rezos sin que lo vieran. Durante muchas noches cuidaba a algún amigo enfermo o leía libros religiosos.
Todo lo que logró ahorrar de su escaso salario se lo pasó a cuatro seminaristas de la misión en China, para sus estudios.
Nadie sabía de sus penitencias y de sus sacrificios voluntarios. Durante cuarenta años sólo fue uno más en la fila gris de los obreros que, al amanecer, marchaban por las calles de Dublín rumbo a su pesado trabajo, para regresar agotados al anochecer. El 7de junio de 1925 Matt Talbot, ya de 70 años, cayó desmayado en plena calle. Murió allí mismo, antes de que una mano solícita lo pudiese ayudar. A raíz de su muerte se manifestó la santidad oculta de este hombre sencillo, que había comprendido la palabra del Señor: "... el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mt. 11,12)".
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Isaac y compañeros, Mártires Mártires, Junio 7
Mártires En la ciudad los moros están cansados de
matar; los cristianos que conviven allí están cansados
también de aguantar insolencias y de sufrir
humillaciones con peligro. Bastantes han preferido la
salida y se han instalado en los alrededores, ocupando
las cuevas de la montaña donde viven como ermitaños. Son
más de los que se esperaba; casi se puede decir que han
formado un cinturón cercando la ciudad de los emires.
Con frecuencia reciben la visita de Eulogio que les
conforta con la palabra clara, fuerte y enérgica que
deja en sus almas regustos de mayor entrega a Dios,
mezclada con deseos de fidelidad a la fe cristiana y a
los derechos de la patria. |
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Mártires Mozárabes
Santos Pedro presbítero, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habencio y Jeremías monjes, y mártires mozárabes 1
Se llaman
mozárabes los cristianos que vivieron en tierra de musulmanes en
España
(711-1492) manteniendo su fe. En general, se puede decir que
llevaron una vida
muy difícil, y los que aquí enumeramos pagaron su fidelidad a
Cristo con el
martirio. También hoy son un modelo para el que quiera vivir al
Evangelio
fielmente.
El elenco de los santos mozárabes, que recoge el "Martyrologium
Romanum" (Roma 2001), está compuesto en su mayoría por mártires,
y por
unos pocos confesores. Tenemos relatos de los martirios de la
mayoría de ellos,
escritos por contemporáneos, que los conocieron personalmente,
y, que incluso
compartieron la cárcel con ellos, y, posteriormente, padecieron
el martirio.
Estos hombres y mujeres son mártires en el verdadero sentido de
la palabra, es
decir, que padecieron la muerte violenta por no renegar de su
fe, y por
practicar libremente el cristianismo, dando así un "testimonio"
inapelable de la Resurrección de Jesucristo. Llevaron una vida
santa, de
oración, amor a Dios y al prójimo, sin usar la violencia,
detestable para un
cristiano, y recibieron la muerte que ni deseaban, ni buscaban,
con una
inexplicable entereza y paz del alma, haciendo el bien, y no
causando el mal.
Fueron, en definitiva, buenos imitadores de Jesucristo, el Dios
único, que se
hizo Hombre y bajó a la tierra para salvarnos.
(1) Cf.CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM "Martyrologium
Romanum" (Roma 2001).
(2) SAN EULOGIO, "Memorial de los santos"; "Documento
martirial"; "Apologético de los mártires"; ÁLVARO DE
CÓRDOBA, "Vida de Eulogio".
Oremos
Que la poderosa intercesión de los santos mártires Pedro, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habencio y Jeremías la valentía de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
María Teresa de Soubiran, Santa Fundadora, 7 de junio
Fundadora de la Sociedad de María Auxiliadora La familia Soubiran pertenecía a la antigua
nobleza. Sus orígenes datan por lo menos del siglo XIII,
y entre sus antecesores indirectos se cuentan San Luis de
Francia, San Eleazar de Sabran y su esposa la
Beata Delfina, Santa
Roselina de Villeneuve, Santa
Isabel de Hungría y buena parte de las familias reales de
Europa. En el segundo cuarto del siglo XIX, el jefe de
la familia Soubiran era José de Soubiran la Louviere,
quien vivía en Castelnaudary, cerca de Carcasona. José
se casó con Noemí de Gélis de l´Isle d´Albi. Sofía
Teresa Agus tina María, segunda hija de este matrimonio,
nació el 16 de mayo de 1835. |
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Fuente:
www.huerto.yocreo.com
Antonio María Gianelli, Santo Obispo y Fundador, Junio 7
Obispo y Antonio Gianelli nace en tierra Ligur, en
Cereta, pequeña fracción de Carro, en una famila
pobrísima que cultiva tierras arrendadas. En la escuela
para niños fundada por el Párroco de Castello, realiza
sus primeros estudios. |
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Fuente:
Enciclopedia Católica | ACI
Prensa
Roberto de Newminster, Santo Abad cisterciense, Junio 7
Nació en el distrito de Craven (Yorkshire),
probablemente en el pueblo de Gargrave; murió el 7 de
junio de 1159. |
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Fuente:
Carmelnet.org
Ana de San Bartolomé, Beata Carmelita Descalza, Junio 7
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Nació el 10.10.1549 en Almendral (Avila),
de familia pobre en bienes materiales, pero muy buenos
cristianos. |
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J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 51-58)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yoles voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Jesús les dijo: "Yo les aseguro:
Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre,tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá parasiempre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Solemnidad: El Cuerpo y la Sangre de Cristo
En los lugares donde esta Solemnidad no es de precepto, se celebra -como día propio- el domingo siguiente a la Santísima Trinidad.
Hoy EWTN.com difunde la Misa Solemne del Papa en Roma, ya sea por TV paga o internet.
Favor de rezar para que se cumpla el pedido de Jesús de que se celebre esta fiesta, el Jueves siguiente a la fiesta de la Santísima Trinidad, en todas las diócesis: para ello es necesario que el poder político lo declare feriado y que los votantes lo reclamen. “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.”
Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.
En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.
Por el 1264 el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.
La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion.
El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.
Bendito sea el Señor
Fortalécenos en tu amor Señor
Antífona de Entrada
Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo lossagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención.
Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del Deuteronomio (8, 2-3. 14-16)
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por eldesierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos ono.
El te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, llenode serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná queno conocían tus padres".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 147
Bendito sea el Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. El refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Bendito sea el Señor.
El mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. El envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente.
Bendito sea el Señor.
Le muestra a Jacob sus pensamientos, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo ni le ha confiado a otrosus proyectos.
Bendito sea el Señor.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (10, 16-17)
Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos unea Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, por que todos comemosdel mismo pan.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Secuencia
Forma abreviada iniciando en el *
Al Salvador alabemos, que es nuestro pastor y guía. Alabémoslo con himnos y canciones de alegría. Alabémoslo sin límites y con nuestras fuerzastodas; pues tan grande es el Señor, que nuestra alabanza es poca.
Gustosos hoy aclamamos a Cristo, que es nuestro pan, pues él es el pan de vida, que nos da vida inmortal.
Doce eran los que cenaban y les dio pan a los doce. Doce entonces lo comieron, y, después, todos los hombres. Sea plena la alabanza y llena dealegres cantos; que nuestra alma se desborde en todo un concierto santo.
Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución de este banquete divino, el banquete del Señor.
Esta es la nueva Pascua, Pascua del único Rey, que termina con la alianza tan pesada de la ley. Esto nuevo, siempre nuevo, es la luz de la verdad,que sustituye a lo viejo con reciente claridad.
En aquella última cena Cristo hizo la maravilla de dejar a sus amigos el memorial de su vida.
Enseñados por la Iglesia, consagramos pan y vino, que a los hombres nos redimen, y dan fuerza en el camino.
Es un dogma del cristiano que el pan, se convierte en carne, y lo que antes era vino queda convertido en sangre.
Hay cosas que no entendemos, pues no alcanza la razón; mas si las vemos con fe, entrarán al corazón. Bajo símbolos diversos y en diferentesfiguras, se esconden ciertas verdades maravillosas, profundas.
Su sangre es nuestra bebida; su carne, nuestro alimento; pero en el pan o en el vino Cristo está todo completo. Quien lo come, no lo rompe, no lo parte ni divide; el es el todo y la parte; vivo está en quien lo recibe.
Puede ser tan sólo uno el que se acerca al altar, o pueden ser multitudes: Cristo no se acabará. Lo comen buenos y malos, conprovecho diferente; no es lo mismo tener vida que ser condenado a muerte.
A los malos les da muerte y a los buenos les da vida. ¡Qué efecto tan diferente tiene la misma comida! Si lo parten, no te apures; sólo parten lo exterior; en el mínimo fragmento entero late el Señor.
Cuando parten lo exterior, sólo parten lo que has visto; no es una disminución de la persona de Cristo. * El pan que del cielo baja es comida deviajeros. Es un pan para los hijos. ¡No hay que tirarlo a los perros!
Isaac, el inocente, es figura de este pan, con el cordero de Pascua y el misterioso maná.
Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero. Apaciéntanos y cuídanos y condúcenos al cielo. Todo lo puedes y sabes, pastor deovejas, divino. Concédenos en el cielo gozar la herencia contigo. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá
para siempre.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 51-58)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yoles voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Jesús les dijo: "Yo les aseguro:
Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre,tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá parasiempre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Unidos en un mismo Pan y en el mismo Vino, oremos a Jesús que ha querido quedarse sacramentalmente entre nosotros y digámosle:
Te lo pedimos, Señor.
Para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean alimento y bebida para todos los hombres y mujeres que tienen hambre y sed de Dios.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Para que el Cuerpo del Señor, que hoy recorre las calles de los pueblos y las ciudades, transforme a su paso los corazones.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Para que los niños que reciben hoy por primera vez a Jesús sacramentado dejen que Él los alimente a lo largo de su vida.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Para que el sacramento del amor fortalezca la unidad de los discípulos de Cristo. Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Para que el Cuerpo y la Sangre de Jesús sean viático eficaz para los enfermos y les dé su paz y su consuelo.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Para que el Señor que se nos da como alimento nos ayude a vivir en comunión de amor los unos con los otros.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, nuestras oraciones, sé Tú nuestro único alimento, sacia nuestra hambre y sed de Ti, para que fortalecidos en tu amor, nosdispongamos a celebrar contigo el banquete eterno del cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz, simbolizados en las ofrendas sacramentales que te presentamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio de la Eucaristía I
El sacrificio y el sacramento de
Cristo
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso yeterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el sacrificio perdurable, se ofreció a ti como víctima salvadora, y nos mandó que loofreciéramos como memorial suyo.
En efecto, cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada pornosotros, quedamos limpios de nuestros pecados.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Túque vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
Jueves después de la Santísima Trinidad
EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO*
Solemnidad
— Amor y veneración a Jesús Sacramentado.
— Alimento para la vida eterna.
— La procesión del Corpus Christi.
I. Lauda, Sion, Salvatorem... Alaba, Sión, al Salvador; alaba al guía y al pastor con himnos y cánticos1. Hoy celebramos esta gran Solemnidad en honor del misterio eucarístico. En ella se unen la liturgia y la piedad popular, que no han ahorrado ingenio y belleza para cantar al Amor de los amores. Para este día, Santo Tomás compuso esos bellísimos textos de la Misa y del Oficio divino. Hoy debemos dar muchas gracias al Señor por haberse quedado entre nosotros, desagraviarle y mostrarle nuestra alegría por tenerlo tan cerca: Adoro te, devote, latens Deitas..., te adoro con devoción, Dios escondido..., le diremos hoy muchas veces en la intimidad de nuestro corazón.
En la Visita al Santísimo podremos decirle al Señor despacio, con amor: plagas, sicut Thomas, non intueor..., no veo las llagas, como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que te ame.
La fe en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía llevó a la devoción a Jesús Sacramentado también fuera de la Misa. La razón de conservar las Sagradas Especies, en los primeros siglos de la Iglesia, era poder llevar la comunión a los enfermos y a quienes, por confesar su fe, se encontraban en las cárceles en trance de sufrir martirio. Con el paso del tiempo, la fe y el amor de los fieles enriquecieron la devoción pública y privada a la Sagrada Eucaristía. Esta fe llevó a tratar con la máxima reverencia el Cuerpo del Señor y a darle un culto público. De esta veneración tenemos muchos testimonios en los más antiguos documentos de la Iglesia, y dio lugar a la fiesta que hoy celebramos.
Nuestro Dios y Señor se encuentra en el Sagrario, allí está Cristo, y allí deben hacerse presentes nuestra adoración y nuestro amor. Esta veneración a Jesús Sacramentado se expresa de muchas maneras: bendición con el Santísimo, procesiones, oración ante Jesús Sacramentado, genuflexiones que son verdaderos actos de fe y de adoración... Entre estas devociones y formas de culto, «merece una mención particular la solemnidad del Corpus Christi como acto público tributado a Cristo presente en la Eucaristía (...). La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración»2. Especialmente el día de hoy ha de estar lleno de actos de fe y de amor a Jesús Sacramentado.
Si asistimos a la procesión, acompañando a Jesús, lo haremos como aquel pueblo sencillo que, lleno de alegría, iba detrás del Maestro en los días de su vida en la tierra, manifestándole con naturalidad sus múltiples necesidades y dolencias; también la dicha y el gozo de estar con Él. Si le vemos pasar por la calle, expuesto en la Custodia, le haremos saber desde la intimidad de nuestro corazón lo mucho que representa para nosotros... «Adoradle con reverencia y con devoción; renovad en su presencia el ofrecimiento sincero de vuestro amor; decidle sin miedo que le queréis; agradecedle esta prueba diaria de misericordia tan llena de ternura, y fomentad el deseo de acercaros a comulgar con confianza. Yo me pasmo ante este misterio de Amor: el Señor busca mi pobre corazón como trono, para no abandonarme si yo no me aparto de Él»3. En ese trono de nuestro corazón Jesús está más alegre que en la Custodia más espléndida.
II. El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre4, nos recuerda la Antífona de entrada de la Misa.
Durante años el Señor alimentó con el maná al pueblo de Israel errante por el desierto. Aquello era imagen y símbolo de la Iglesia peregrina y de cada hombre que va camino de su patria definitiva, el Cielo; aquel alimento del desierto es figura del verdadero alimento, la Sagrada Eucaristía. «Este es el sacramento de la peregrinación humana (...). Precisamente por esto, la fiesta anual de la Eucaristía que la Iglesia celebra hoy contiene en su liturgia tantas referencias a la peregrinación del pueblo de la Alianza en el desierto»5. Moisés recordará con frecuencia a los israelitas estos hechos prodigiosos de Dios con su Pueblo: No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud...6.
Hoy es un día de acción de gracias y de alegría porque el Señor se ha querido quedar con nosotros para alimentarnos, para fortalecernos, para que nunca nos sintamos solos, La Sagrada Eucaristía es el viático, el alimento para el largo caminar de la vida hacia la verdadera Vida. Jesús nos acompaña y fortalece aquí en la tierra, que es como una sombra comparada con la realidad que nos espera; y el alimento terreno es una pálida imagen del alimento que recibimos en la Comunión. La Sagrada Eucaristía abre nuestro corazón a una realidad totalmente nueva7.
Aunque celebramos una vez al año esta fiesta, en realidad la Iglesia proclama cada día esta dichosísima verdad: Él se nos da diariamente como alimento y se queda en nuestros Sagrarios para ser la fortaleza y la esperanza de una vida nueva, sin fin y sin término. Es un misterio siempre vivo y actual.
Señor, gracias por haberte quedado. ¿Qué hubiera sido de nosotros sin Ti? ¿Dónde íbamos a ir a restaurar fuerzas, a pedir alivio? ¡Qué fácil nos haces el camino desde el Sagrario!
III. Un día que Jesús dejaba ya la ciudad de Jericó para proseguir su camino hacia Jerusalén, pasó cerca de un ciego que pedía limosna junto al camino. Y este, al oír el ruido de la pequeña comitiva que acompañaba al Maestro, preguntó qué era aquello. Y quienes le rodeaban le contestaron: Es Jesús de Nazareth que pasa8.
Si hoy, en tantas ciudades y aldeas donde se tiene esa antiquísima costumbre de llevar en procesión a Jesús Sacramentado, alguien preguntara al oír también el rumor de las gentes: «¿qué es?», «¿qué ocurre?», se le podría contestar con las mismas palabras que le dijeron a Bartimeo: es Jesús de Nazareth que pasa. Es Él mismo, que recorre las calles recibiendo el homenaje de nuestra fe y de nuestro amor. ¡Es Él mismo! Y, como a Bartimeo, también se nos debería encender el corazón para gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Y el Señor, que pasa bendiciendo y haciendo el bien9, tendrá compasión de nuestra ceguera y de tantos males como a veces pesan en el alma. Porque la fiesta que hoy celebramos, con una exuberancia de fe y de amor, «quiere romper el silencio misterioso que circunda a la Eucaristía y tributarle un triunfo que sobrepasa el muro de las iglesias para invadir las calles de las ciudades e infundir en toda comunidad humana el sentido y la alegría de la presencia de Cristo, silencioso y vivo acompañante del hombre peregrino por los senderos del tiempo y de la tierra»10. Y esto nos llena el corazón de alegría. Es lógico que los cantos que acompañen a Jesús Sacramentado, especialmente este día, sean cantos de adoración, de amor, de gozo profundo. Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor; Dios está aquí, venid, adoremos a Cristo Redentor... Pange, lingua, gloriosi... Canta, lengua, el misterio del glorioso Cuerpo de Cristo...
La procesión solemne que se celebra en tantos pueblos y ciudades de tradición cristiana es de origen muy antiguo y es expresión con la que el pueblo cristiano da testimonio público de su piedad hacia el Santísimo Sacramento11. En este día el Señor toma posesión de nuestras calles y plazas, que la piedad alfombra en muchos lugares con flores y ramos; para esta fiesta se proyectaron magníficas Custodias, que se hacen más ricas cuanto más cerca de la Forma consagrada están los elementos decorativos. Muchos serán los cristianos que hoy acompañen en procesión al Señor, que sale al paso de los que quieren verle, «haciéndose el encontradizo con los que no le buscan. Jesús aparece así, una vez más, en medio de los suyos: ¿cómo reaccionamos ante esa llamada del Maestro? (...).
»La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las ciudades del mundo. Pero esa presencia (...) no debe ser cosa de un día, ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la memoria que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra (...).
»Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con Él se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí (Jn 12, 32)»12.
1 Secuencia Lauda, Sion, Salvatorem. — 2 Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 24-II-1980. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 161. — 4 Antífona de entrada, Sal 80, 17. — 5 Juan Pablo II, Homilía, 4-VI-1988. — 6 Primera lectura. Ciclo A. Cfr. Dt 8, 2-3; 14-16. — 7 Cfr. Evangelio de la Misa. Ciclo C. Lc 9, 11-17. — 8 Lc 18, 37. — 9 Cfr. Hech 10, 38. — 10 Pablo VI, Homilía, 11-VIII-1964. — 11 Cfr. J. Abad y M. Garrido, Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Palabra, Madrid 1988, pp. 656-657. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., 156.
* Esta Solemnidad se remonta al siglo xiii. Primero fue establecida para la diócesis de Lieja, y el Papa Urbano IV la instituyó en 1264 para toda la Iglesia. El sentido de esta fiesta es la consideración y el culto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El centro de la fiesta había de ser, según describía ya el Papa Urbano IV, un culto popular reflejado en himnos y alegría. Santo Tomás de Aquino, a petición del Papa, compuso para el día de hoy dos oficios en 1264, que han alimentado la piedad de muchos cristianos a lo largo de los siglos. La procesión de la Custodia por las calles engalanadas de muchos lugares testimonia la fe y el amor del pueblo cristiano hacia Cristo que vuelve a pasar por nuestras ciudades y pueblos. La procesión nació a la par que la fiesta.
En los lugares donde esta Solemnidad no es de precepto, se celebra -como día propio- el domingo siguiente a la Santísima Trinidad.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Autor: Archidiócesis de
Madrid
Digna, Anastasio y Félix, Santos Mártires en Córdoba,
Junio 14
Mártires Fueron martirizados en Córdoba el 14 de
Junio. |
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Beata Francisca de Paula de Jesús
«Nhá Chica», primera beata laica y negra de Brasil
En Baependi, Minas Gerais (Brasil), beata Francisca de Paula de Jesús, llamada popularmente «Nhá Chica», que vivió en su estado laical una consagración completa al Señor.
Francisca de Paula de Jesús, que había nacido en Santo Antônio do Rio das Mortes, distrito de São João del-Rei (Minas Geraes), fue trasadada a Baependi -en el mismo Estado- siendo aún pequeña. Vino acompañando a su madre y a su hermano Teotônio, dos años mayor. Entre las pocas pertenencias, traían una imagen de Nuestra Señora de la Concepción.
En 1818, cuando Nhá Chica tenía apenas 10 años de edad, murió la madre, dejando a los dos hermanos al cuidado de Dios y de la Virgen María, que poco a poco fue conquistando el corazón de Nhá Chica. Ella la llamaba cariñosamente "Minha Sinhá" (es decir, Mi Señora), y no hacía nada sin primero consultarla.
Nhá Chica supo administrar muy bien y hacer prosperar la herencia espiritual que recibiera de su madre. Nunca se casó, rechazó con libertad todas las propuestas de casamiento que le hicieran. Fue toda del Señor. Se prodigaba con todos, pobre o ricos, y con los más necesitados. Atendía a todos los que la buscaban, sin discriminar a nadie, y para todos tenía una palabra de consuelo, un consejo o una promesa de oración. Aún muy joven, era solicitada para dar consejos, hacer oración o hacer sugerencias a los que se dedicaban al comercio. Muchos no tomaban decisiones sin consultarla primero, y por muchas personas ella era considerada una "santa", pero a quienes querían saber quién era ella, les respondía con tranquilidad: "... es porque rezo con fe".
Su fama de santidad se fue esparciendo de tal modo que las personas de muy lejos comenzaron a visitar Baependi para conocerla, conversar con ella, hablarle de sus dolores y necesidades, y sobre todo para pedirle oraciones. A todos atendía con la misma paciencia y dedicación; pero los días viernes no atendía a nadie: era el día en que lavaba su propia ropa y se dedicaba con más fuerza a la oración y la penitencia, en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor. A las tres de la tarde intensificaba sus oraciones, y mantenía una particular veneración a la Virgen de la Concepción, con la que trataba familiarmente, como con una amiga.
Nhá Chica era analfabeta, pero lo único que deseaba de la lectura era poder leer las Sagradas Escrituras, sin embargo, cuando se la leían, era feliz. Compuso una Novena a Nuestra Señora de la Concepción, y en su honor construyó, al lado de su casa, un pequeño oratorio donde veneraba la imagen recibida de su madre, y ante la cual rezaba piadosamente por todos aquellos que se le encomendaban. Esa imagen se conserva hasta hoy en la casita donde vivió, sobre el altar de la antigua capilla.
Nhá Chica murió el 14 de junio de 1895, con 87 años de edad, pero fue sepultada recién el día 18, en el interior de la capilla que ella había construido. Las personas que estaban allí sintieron exalarse del cuerpo un misterioso perfume de rosas durante los cuatro días que duró el funeral. Ese perfume fue de nuevo sentido el 18 de junio de 1998, 103 años después, por las autoridades eclesiásticas y los miembros del tribunal eclesiástico para la causa de beatificación, y también por los trabajadores en ocasión de la exhumación del cuerpo. Los retos mortales se encuentran actualmente en el santuario, donde pueden ser venerados por los fieles.
En 1954 la iglesita de Nhá Chica fue confiada a las Hermanas Franciscanas del Señor. Desde entonces comenzó junto a la iglesia una obra de asistencia social para niños necesitados que viene siendo mantenida por los devotos de Nhá Chica.
La "Iglesita de Nhá Chica", después de haber pasado por reformas, llego a ser lo que es hoy, el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción, que acoge peregrinos de todo Brasil y de diversas partes del mundo. Muchos fieles que visitan el lugar piden gracias y oran con fe. Algunos vuelven a agradecer y registran las gracias recibidas. Actualmente (año 2013) en el "Registro de gracias del Santuario", pueden leerse aproximadamente 20 mil gracias alcanzadas por intercesión de Nhá Chica.
Según consta en el acta de beatificación, el milagro que dio fin al proceso canónico fue la perfecta y constante sanación de D. Ana Lucía Meirelles Leite de una cardiopatia congenita.
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Los santos mártires de Córdoba fueron un grupo de cristianos mozárabes que fueron condenados a muerte por no abdicar de su fe cristiana ante la opresión de los reyes musulmanes Abderramán II (822-852) y Mohamed I (852-886) en el Emirato de Córdoba.
El Emirato de Córdoba fue una monarquía característica de Oriente Medio y el Mundo Árabe, pero que existió en la península Ibérica (Europa) entre 756 y 929. En este lugar habitaron los llamados cristianos mozárabes, una población cristiana de origen hispano-visigodo que vivió en el territorio de al-Ándalus y que fue mermada con el pasar del tiempo.
Gracias a la hagiografía Eulogio de Córdoba hoy se conoce el registro de ejecución de 48 cristianos que desafiaron la ley islámica. En su mayoría hicieron declaraciones públicas de rechazo del islam y proclamación del cristianismo.
Todos, menos dos, residían en Córdova o en los monasterios de la sierra y en lugares aledaños, como eremitas. Fueron 38 hombres y 10 mujeres de todas las edades, con evidente predominio de los jóvenes.
De ellos, 35 fueron clérigos —sacerdotes, diáconos o monjes— y 12 seglares. Cuatro procedían de familia totalmente musulmana; cinco de matrimonios mixtos y tres más, antiguos cristianos islamizados, que volvieron al seno del cristianismo".
Todos, excepto dos, Sancho y Argimiro, fueron decapitados. Su fiesta se celebra el 14 de Junio.
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Fuente: Enciclopédia
Católica | ACI Prensa
Metodio de Constantinopla, Santo Patriarca, Junio 14
Patriarca de Constantinopla Defensor de imágenes durante la segunda
persecución iconoclasta, nació en Siracusa a finales del
siglo octavo; murió en Constantinopla el 14 de Junio de
846. |
J†A
JMJ
Pax
No tengan miedo a los que matan el cuerpo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
"No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a
descubrirse;
no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de
noche,
repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo
desde las
azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar
el alma. Teman,
más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el
cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin
embargo, ni uno
solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En
cuanto a ustedes,
hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no
tengan miedo,
porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me
reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante
mi Padre del
cielo; pero al que me niegue delante los hombres, yo también lo
negaré ante mi
Padre del cielo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
12O. DOM ORD CICLO A
Firmeza es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para sus fieles. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre.
Oremos:
Padre misericordioso: tú que nunca dejas de tu mano a quienes
has hecho
arraigar en tu amistad, concédenos vivir siempre movidos por tu
amor y un filial
temor de ofenderte.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados
Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13
En aquel
tiempo dijo Jeremías:
"Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: Denunciemos a
Jeremías,
denunciemos al profeta del terror.
Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que
tropezara y me
cayera, diciendo:
"Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de
él".
Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis
perseguidores
caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de
su fracaso y su
ignominia será eterna e inolvidable.
Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo
más profundo
de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos,
porque a ti he
encomendado mi causa.
Canten y alaben al Señor, porque él ha salvado la vida de su
pobre de la mano
de los malvados".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 68
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Por ti he
sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy
y advenedizo,
aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de
tu casa, el
odio del que te odia, en mí recae.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
A ti, Señor,
elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a
tu clemencia
Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en
tu ternura
vuelve a mí tus Ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Se alegrarán,
al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más
ánimo, porque el
Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra
encadenado. Que lo
alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
El don de Dios supera con mucho al delito
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15
Hermanos: Por
un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró
la muerte, y
así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Antes de la ley de Moisés ya existía pecado en el mundo y, si
bien es cierto
que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la
muerte reinó
desde Adán hasta Moisés, aún sobre aquellos que no pecaron como
pecó Adán,
cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás,
Adán era figura de
Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si
por el pecado de
un solo
hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un
solo hombre,
Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la
vida y la gracia
de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
El Espíritu de la Verdad dará testimonio de mí, dice el Señor, y
también
ustedes serán mis testigos.
Aleluya.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
"No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a
descubrirse;
no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de
noche,
repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo
desde las
azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar
el alma. Teman,
más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el
cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin
embargo, ni uno
solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En
cuanto a ustedes,
hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no
tengan miedo,
porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me
reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante
mi Padre del
cielo; pero al que me niegue delante los hombres, yo también lo
negaré ante mi
Padre del cielo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Elevemos, hermanos, nuestros ojos al Señor, y esperemos
confiados su ayuda
salvífica.
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad.)
Por el santo
Padre el Papa, por nuestros obispos y por todos los sacerdotes y
diáconos de
Jesucristo, roguemos al señor.
Señor, ten piedad.
Por el buen
tiempo, por el fruto de las investigaciones de los estudiosos y
por la
prosperidad de nuestro trabajo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por las
vírgenes consagradas al Señor y por los religiosos que trabajan
en nuestras
comunidades, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por los que
hacen el bien en nuestras parroquias y por los que cuidan de los
pobres y de
los enfermos, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Señor Jesucristo, que has confiado a nuestras débiles fuerzas el
anuncio
profético de tu Palabra, escucha las oraciones de tu pueblo y
sostennos con la
fuerza de tu Espíritu; para que nunca nos avergoncemos de
nuestra fe,
confesemos con valentía tu nombre y merezcamos así que, el día
de tu
manifestación, te pongas de nuestra parte ante tu Padre del
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta,
Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza, a fin de
que purifiques
nuestros
corazones y podamos
corresponder a tu amor con nuestro amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Nuestra salvación por el Hijo de Dios hecho hombre
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque manifestaste admirablemente tu poder no sólo al socorrer nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sin prever el remedio en la misma debilidad humana, y así de lo que fue causa de nuestra ruina hiciste el principio de nuestra salvación, por Cristo nuestro Señor. Por Él los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente"
Los ojos de todos los humanos te miran, Señor, llenos de esperanza, y Tú das a cada uno su alimento.
Señor, todopoderoso, que nos has renovado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos que la participación en esta Eucaristía nos ayude a obtener la plenitud de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
DUODÉCIMO DOMINGO CICLO A
VIVIR SIN MIEDOS
- Valentía en la vida corriente.
- Nuestra fortaleza se fundamenta en la conciencia de nuestra filiación divina.
- Valentía y confianza en Dios en las grandes pruebas y en lo pequeño de la vida corriente.
I. Nos pide el Señor en el Evangelio de la Misa (1) que vivamos sin miedo, como hijos de Dios. En ocasiones nos encontramos con gentes angustiadas y atemorizadas por las dificultades de la vida, por acontecimientos adversos y por obstáculos que se agrandan cuando sólo se cuenta con las fuerzas humanas para salir adelante. Con frecuencia vemos también a cristianos que parecen atenazados por un miedo vergonzoso para hablar claro de Dios, para decir que no a la mentira, para mostrar, cuando sea necesario, su condición de fieles discípulos de Cristo; se teme al qué dirán, al comentario desfavorable, a ir contracorriente, a llamar la atención... Y, ¿cómo no va a llamar la atención un discípulo de Cristo en ambientes de costumbres paganizadas, en los que los valores económicos son a menudo los supremos valores? Jesús nos dice que no nos preocupemos demasiado por la calumnia y la murmuración, si éstas llegan. No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. ¡Qué pena si más tarde se descubriera que tuvimos miedo de proclamar a los cuatro vientos la verdad que el Señor nos había confiado!: Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. Si alguna vez callamos debe ser porque en ese momento lo oportuno es callar, por prudencia sobrenatural, por caridad; nunca por temor o por cobardía. No somos los cristianos amigos de la oscuridad y de los rincones, sino de la luz, de la claridad en la vida y en la palabra. Vivimos unos tiempos en los que se hace más necesario proclamar la verdad sin ambigüedades, porque la mentira y la confusión están perdiendo a muchas almas. La sana doctrina, las normas morales, la rectitud de conciencia en el ejercicio de la profesión o a la hora de vivir las exigencias del matrimonio, el sentido común... gozan algunas veces de menos prestigio, por absurdo que parezca, que una doctrina chocante y errada, a la que se califica de “valiente” o se la tiñe de un color de progreso...
No tengamos miedo a perder el brillo de un prestigio sólo aparente, o a sufrir la murmuración, y alguna vez la calumnia, por no ir con la corriente o la moda del momento. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del Cielo, nos dice el Señor. Y compensa con creces las incomprensiones que podamos sufrir al vivir con valentía y audacia santa en medio de un mundo que en muchas ocasiones se encuentra incapacitado para entender otros valores que no sean los puramente materiales.
Considero -dice San Pablo- que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros (2). “Por tanto -comenta San Cipriano-, ¿quién no va a esforzarse por lograr tan gran gloria, por hacerse amigo de Dios, por gozar enseguida con Cristo, por recibir los premios divinos tras los tormentos y suplicios de la tierra? Si es una gloria para los soldados de este mundo volver triunfantes a su patria después de abatir al enemigo, ¿cuánta mayor y plausible gloria será, una vez vencido el diablo, volver triunfantes al cielo (...); llevar allá los trofeos victoriosos (...); sentarse al lado de Dios cuando venga a juzgar, ser coheredero con Cristo, equipararse a los ángeles y disfrutar con los Patriarcas, con los Apóstoles y con los Profetas de la posesión del Reino de los Cielos?” (3).
II. Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte (4), con alegría en medio de dificultades, incluso graves, con obstáculos que exigirán esfuerzo y sacrificio, con enfermedades, serenos ante un futuro quizá incierto... Así nos pide el Señor que vivamos. Y esto será posible si consideramos muchas veces al día que somos hijos de Dios, y de modo particular cuando nos asalte la inquietud, la zozobra, la oscuridad. ¿Acaso no se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.
El Señor declara el inmenso cariño que nos tiene y el gran valor que poseen para Él los hombres. San Jerónimo, comentando este pasaje del Evangelio de la Misa, escribe: “Si los pajarillos, que son de tan escaso precio, no dejan de estar bajo providencia y cuidado de Dios, ¿cómo vosotros, que por la naturaleza de vuestra alma sois eternos, podréis temer que no os mire con particular cuidado Aquel a quien respetáis como a vuestro Padre?” (5).
La filiación divina nos hace fuertes en medio de las flaquezas personales, de los obstáculos con los que tropezamos, de las dificultades de un ambiente frecuentemente alejado de Dios y que se opone, a veces con agresividad, a los ideales cristianos. Pero el Señor está conmigo, como soldado fuerte, nos hace llegar el profeta Jeremías en la Primera lectura de la Misa (6). Es el grito de esperanza y de seguridad del Profeta, cuando se encuentra solo, en medio de sus enemigos. Mi Padre Dios está conmigo como soldado fuerte, podemos repetir nosotros cuando veamos cerca el peligro y cerrado el horizonte. Dominus, illuminatio mea et salus mea, quem timebo? El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? (7).
Ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (8), proclamaba el Apóstol San Juan en medio de grandes dificultades que provenían del mundo pagano en el que los cristianos, como ciudadanos corrientes, ejercían los oficios y profesiones más variadas y realizaban un apostolado eficaz. Y del cimiento seguro de una fe inconmovible surge una moral de victoria que no es engreimiento ni ingenuidad, sino la firmeza alegre del cristiano que, a pesar de sus miserias y limitaciones personales, sabe que esa victoria la ha ganado Cristo con su Muerte en la Cruz y con su gloriosa Resurrección. Dios es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? A nadie y a nada, Señor. ¡Tú eres la seguridad de mis días!
III. Nos exhorta Jesús a no temer nada, excepto al pecado, que quita la amistad con Dios y conduce a la eterna condenación. Ante las dificultades debemos ser fuertes y valerosos, como corresponde a hijos de Dios: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo -nos dice el Señor-, pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. El santo temor de Dios es un don del Espíritu Santo que facilita la lucha decidida contra el pecado, contra aquello que separe de Él, y nos mueve a huir de las ocasiones de pecar, a no fiarnos de nosotros mismos, a tener presente en todo momento que tenemos los “pies de barro”, frágiles y quebradizos. Los males corporales, incluida la muerte, no son nada en comparación con los males del alma, el pecado.
Fuera del temor de perder a Dios -que es cuidado filial, precaución de no ofenderle-, nada debe inquietarnos. En determinados momentos de nuestro caminar podrán ser grandes las tribulaciones que padezcamos, y el Señor nos dará entonces las gracias necesarias para sobrellevarlas y crecer en la vida interior: Te basta mi gracia (9), nos dirá Jesús.
El que asistió a Pablo nos sacará adelante a nosotros. En esos momentos invocaremos al Señor con fe y con humildad. “¡Señor!, no te fíes de mí. Yo sí que me fío de Ti. Y al barruntar en nuestra alma el amor, la compasión, la ternura con que Cristo Jesús nos mira, porque Él no nos abandona, comprenderemos en toda su hondura las palabras del Apóstol: virtus ininfirmitate perficitur (2 Cor 12, 9): con fe en el Señor, a pesar de nuestras miserias -mejor, con nuestras miserias-, seremos fieles a nuestro Padre Dios; brillará el poder divino, sosteniéndonos en medio de nuestra flaqueza” (10).
De ordinario, sin embargo, será en lo pequeño donde manifestaremos la fortaleza y la valentía: al rechazar una invitación, con educación, pero con firmeza, para concurrir a un lugar o asistir a un espectáculo en el que un buen cristiano debe sentirse incómodo; a la hora de manifestar el acuerdo o desacuerdo ante la orientación que los profesores quieren dar a la educación de los hijos; a la hora de cortar esa conversación menos limpia, o en el momento de invitar a un amigo a unas clases de formación, o de provocar esa conversación que puede desembocar en el consejo delicado y oportuno que le acerque a la Confesión sacramental... Son con frecuencia las pequeñas cobardías las que frenan o impiden un apostolado de horizontes grandes. Son también las “pequeñas valentías” las que hacen eficaz una vida.
“A la hora del desprecio de la Cruz, la Virgen está allá, cerca de su Hijo, decidida a correr su misma suerte. -Perdamos el miedo a conducirnos como cristianos responsables, cuando no resulta cómodo en el ambiente donde nos desenvolvemos: Ella nos ayudará” (11).
(1) Mt 10, 26-33.- (2) Rom 8, 18.- (3) SAN CIPRIANO, Epístola a Fortunato, 13.- (4) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 132.- (5) SAN JERONIMO, Comentario al Evangelio según San Mateo, 10, 29-31.- (6) Cfr. Jer 20, 10-13.- (7) Sal 27, 1.- (8) 1 Jn 5, 4.- (9) 2 Cor, 12, 9.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 194.- (11) IDEM, Surco, n. 977.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Luis Gonzaga, patrono de la juventud cristiana
Año 1591
(Luis en alemán significa: batallador glorioso).
San Luis Gonzaga nació en Castiglione, Italia, en 1568.
Hijo del marqués de Gonzaga; de pequeño aprendió las artes militares y el más exquisito trato social. Siendo niño sin saber lo que decía, empezó a repetir palabras groseras que les había oído a los militares, hasta que su maestro lo corrigió. También un día por imprudencia juvenil hizo estallar un cañón con grave peligro de varios soldados. De estos dos pecados lloró y se arrepintió toda la vida.
La primera comunión se la dio San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán.
San Luis estuvo como edecán en palacios de altos gobernantes, pero nunca fijó sus ojos en el rostro de las mujeres. Y así se libró de muchas tentaciones.
Su director espiritual fue el gran sabio jesuita San Roberto Belarmino, el cual le aconsejó tres medios para llegar a ser santo: 1º. Frecuente confesión y comunión. 2º. Mucha devoción a la Sma. Virgen. 3ro. Leer vidas de Santos.
Ante una imagen de la Sma. Virgen en Florencia hizo juramento de permanecer siempre puro. Eso se llama "Voto de castidad".
Cuando iba a hacer o decir algo importante se preguntaba: "¿De qué sirve esto para la eternidad?" y si no le servía para la eternidad, ni lo hacía ni lo decía.
Una vez arrodillado ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, le pareció que la Sma. Virgen le decía: "¡Debes entrar en la Compañía de mi Hijo!". Con esto entendió que su vocación era entrar en la Comunidad Compañía de Jesús, o sea hacerse jesuita.
Le pidió permiso al papá para hacerse religioso, pero él no lo dejó. Y lo llevó a grandes fiestas y a palacios y juegos para que se le olvidara su deseo de ser sacerdote. Después de varios meses le preguntó: "¿Todavía sigue deseando ser sacerdote?", y el joven le respondió: "En eso pienso noche y día". Entonces el papá le permitió entrar de jesuita. (En un desfile de orgullosos jinetes en caballos elegantes, Luis desfiló montado en un burro y mirando hacia atrás. Lo silbaron pero con eso dominó su orgullo).
En 1581 el joven Luis Gonzaga, que era seminarista y se preparaba para ser sacerdote, se dedicó a cuidar a los enfermos de la peste de tifo negro. Se encontró en la calle a un enfermo gravísimo. Se lo echó al hombro y lo llevó al hospital para que lo atendieran. Pero se le contagió el tifo y Luis murió el 21 de junio de 1591, a la edad de sólo 23 años. Murió mirando el crucifijo y diciendo "Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor".
La mamá logró asistir en 1621 a la beatificación de su hijo.
San Luis Gonzaga tuvo que hacer muchos sacrificios para poder mantenerse siempre puro, y por eso la Santa Iglesia Católica lo ha nombrado Patrono de los Jóvenes que quieren conservar la santa pureza. El repetía la frase de San Pablo: "Domino mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, no sea que enseñando a otros a salvarse, me condene yo mismo".
Sufría mucho de mal de riñones y esta enfermedad lo obligaba a quedarse días enteros quieto en su cama. Pero esta quietud le trajo un gran bien: le permitió dedicarse a leer las Vidas de Santos, y esto lo animó muchísimo a volverse mejor. (A veces sentía remordimiento porque le parecía que deseaba demasiado irse al cielo). Su confesor San Roberto, que lo acompañó en la hora de la muerte, dice que Luis Gonzaga murió sin haber cometido ni un sólo pecado mortal en su vida.
Apenas el hijo se hizo religioso su padre empezó a volverse mucho más piadoso de lo que era antes y murió después santamente. Luis renunció a todas las grandes herencias que le correspondían con tal de poder hacerse religioso y santo.
Santa Magdalena de Pazzi vio en un éxtasis o visión a San Luis en el cielo, y decía: "Yo nunca me había imaginado que Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el paraíso".
Un oficio muy importante que hizo San Luis durante su vida fue ir de ciudad en ciudad poniendo la paz entre familias que estaban peleadas. Cuando él era enviado a poner paz entre los enemistados, estos ante su gran santidad, aceptaban hacer las paces y no pelear más. El era extraordinariamente amable y bien educado.
Después de muerto se apareció a un jesuita enfermo, y lo curó y le recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
San Luis fue avisado en sueños que moriría el viernes de la semana siguiente al Corpus, y en ese día murió. Ese viernes es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
La oración que la Iglesia le dirige a Dios en la fiesta de este santo le dice: "Señor: ya que no pudimos imitar a San Luis en la inocencia, que por lo menos lo logremos imitar en la penitencia. Amén".
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Fuente: www.diocesismalaga.es
Lázaro, Santo Leproso, Junio 21
Lázaro, Santo
Este es un caso insólito, aunque no único; La fusión de un Lázaro sano y santo (que si existió) con otro Lázaro leproso y ficticio, pero soporte de un modelo de santidad evangélica, contado y aprobado por el mismísimo Jesús: He aquí el quid del tema de tal fusión.
Las fuentes verídicas para un resultado incorrecto, pero rico en consecuencias de arte, devoción y caridad muy valiosas.” son los dos relatos evangélicos siguientes y bien conocidos de todos:
La resurrección, por Jesucristo, de su amigo Lázaro de Betania (Jn, XI,1-44 y XII,1-11) y la parábola del pobre ulceroso Lázaro y el rico Epulón (Lc, XVI,16-31). El amigo y hospedero de Jesús era sanote y por esto mismo, no venía a la medida para referencia directa con los de piel enferma y , por esto, segregados de la sociedad, pero era acogedor.
El de la parábola carece de cuerpo (es ficticio), pero sí que se le presenta llagado, también con el nom¬bre de Lázaro y etiquetado por Cristo (en la parábola) como ciudadano apto para el cielo o santo modélico, en especial para santos leprosos y asimilados.
La coincidencia del nombre y posesión de virtudes: caridad acogedora en el hombre de Betania y la humildad postulante en el modelo para padecidos, son genes estupendos para crear un tipo: en esta circunstancia. San Lázaro.
Ya que las dos fuentes evangélicas las tenemos todos a mano ¿para qué copiarlas aquí?
Pero, visto lo visto, parece conveniente, por el sentir devocional y artístico de los siglos, que no conviene una dicotomía y que debe seguir en los altares la imagen del Lázaro leproso, pero recordando que tan sólo es un personaje ficticio ceado por Jesús como referente de santidad.
Y, por otro lado, celebrar al Lázaro sano y acogedor u hospedero en las liturgias.
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Fuente: ServitasCadiz.com
Tomás de Orvieto, Beato Servita, Junio 21
Tomás de Orvieto, Beato
El beato Tomás nació en Orvieto, ciudad de Umbría, a fines del siglo XIII o principios del XIV.
Para alcanzar con mayor seguridad la patria celestial, en lo cual estaban concentrados todos sus pensamientos y anhelos, decidió consagrarse completamente a Dios en una familia religiosa y, por su acendrado afecto hacia la Virgen, pidió y que fue admitido en la Orden de los Siervos de santa María. En él resplandecieron con luz meridiana las virtudes típicas de los Siervos, consideradas como carisma de nuestra Orden: la humildad, la caridad fraternal, el espíritu de servicio, la misericordia. En efecto, - como se lee en los Anales de la Orden -; “con el objeto de dedicarse de una vez para siempre al servicio de la Virgen […] y de sus siervos”, pidió ser agregado en el número de los frailes que la gente suele llamar “legos”.
Durante muchos años pidió limosna de puerta en puerta y, ejerciendo este oficio, mostró suma afabilidad, paciencia y caridad- Sentía una entrañable compasión por los pobres, a quienes no sólo daba con alegría de lo que sobraba de la mesa de los frailes, sino también del sustento que le era necesario. Dios miró con agrado la sencillez con que el Beato desempeñaba su actividad y según el testimonio de antiguos escritores, manifestó su aprobación con diversos prodigios. Las imágenes del beato Tomás, algunas de ellas notables por sus antigüedad y valor artístico, lo representan cargado con la alforja y llevando una ramita de higuera en la mano o dando, en pleno invierno, unos a higos a una mujer embarazada deseoso de esos frutos. En tales imágenes los artistas han querido expresar la solicitud de este hombre de Dios para con todos los que pedían su ayuda, y su poder de intercesión ante Dios, del cual podía obtener milagros.
El humilde siervo de la Virgen murió en Orvieto, el año 1343, como se lee en la Crónica de fray Miguel Poccianti; su cuerpo recibió honrosa sepultura en la iglesia de los Siervos de esta misma ciudad. Por los milagros, cada vez más frecuentes, los habitantes de Orvieto muy pronto empezaron a tributarle una gran devoción y a celebrar su memoria. Este culto, popular e inmemorable, fue ratificado y confirmado por el papa Clemente XIII en el año 1768.
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Fuente: Vatican.va
José Isabel Flores Varela, Santo Mártir Mexicano, Junio 21
José Isabel Flores Varela, Santo
Nació en Santa María de la Paz, de la parroquia de San Juan Bautista del Teúl, Zac. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 28 de noviembre de 1866. Capellán de Matatlán, de la parroquia de Zapotlanejo, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara).
Por 26 años derramó la caridad de su ministerio en esa capellanía, siendo para todos un padre bondadoso y abnegado que los edificó con su pobreza, su espíritu de sacrificio, su piedad y su sabiduría.
Un antiguo compañero, a quien el Padre Flores había protegido, lo denunció ante el cacique de Zapotlanejo y fue apresado el 18 de junio de 1927, cuando se encaminaba a una ranchería para celebrar la Eucaristía.
Fue encerrado en un lugar degradante, atado y maltratado; el cacique le hizo escuchar música al mismo tiempo que le ofrecía: “Oye, qué bonita música, si afirmas acatando las leyes, te dejo en libertad”. Sin alterarse, el mártir le expresó: “Yo voy a oír una música mejor en el cielo”. El Padre José Isabel cumplía la palabra expresada varias veces: “Antes morir que fallarle a Dios”.
El 21 de junio de 1927 fue conducido, en la noche, al camposanto de Zapotlanejo. Intentaron ahorcarlo pero no pudieron. Ordenó el jefe que le dispararan, pero el soldado, que reconoció al sacerdote que lo había bautizado, se negó a hacerlo, entonces enfurecido el verdugo asesinó al soldado. Misteriosamente las armas no hicieron fuego contra el Padre Flores por lo que uno de aquellos asesinos sacó un gran cuchillo y degolló al valeroso mártir.
El Papa Juan
Pablo II lo canonizó, junto
a otros 24 mártires méxicanos el 21 de mayo de 2000.
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Rodolfo de Bourges, Santo Obispo, Junio 21
Rodolfo de Bourges, Santo
Obispo de Bourges
Etimológicamente significa “glorioso”. Viene de la lengua alemana.
Este Obispo, que murió el 21 de junio del año 866, era hijo del conde de Cahors.
Tan buena educación le dieron los padres que no tuvieron la menor duda en dejar que fuese él quien eligiese el lugar, la vocación y la libre voluntad para vivir religiosamente.
Esta libertad se transgrede hoy por otros motivos que, por supuesto, no tienen que ver nada con la libertad del hijo a la hora de seguir su vocación. Hoy prima el dinero ante todo y sobre todo.
Rodolfo llegó a ser obispo de Bourges. El abad Bertrand de Solignac y otros benedictinos célebres lo habían preparado muy bien para ser monje y abad en varios monasterios.
Con este bagaje cultural religioso y un buen grado de santidad, aceptó gustoso el nombramiento de obispo de Bourges.
Durante su episcopado asistió a varios sínodos. El más importante, sin duda alguna, fue el Meaux en el 845.
Pero no solamente se preocupaba de estar al día en cosas o temas de la Iglesia, sino que también se dedicaba a la gente pobre, a fundar nuevos monasterios en su diócesis.
Quedan de sus escritos un Sumario de Instrucciones Pastorales dedicadas al clero.
Consta de 45 capítulos. Tenía un gran talento para la diplomacia. Tan acertadamente supo solucionar todos los problemas que se presentaron en su tiempo, que todo el mundo le llamaba cariñosamente “El Padre de la patria”.
Una de sus grandes tareas pastorales fue la educación y la enseñanza centradas en la comunión diaria.
Murió hacia el año 866.
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Santa María Anna Cope
Maria Anna Cope (1838-1918), religiosa alemana de las Hermanas de la Tercera Orden Franciscana de Syracuse, Nueva York. Su nombre era Bárbara. Fue conocida como la madre Maria de Molokai. Nacida en Alemania, murió en Molokai, Hawai. Evangelizó a los leprosos de Molokai.
Nació en Heppenheim, Gran Ducado de Hesse, el 23 de enero de 1838. Su familia emigró a Estados Unidos y se nacionalizó. Se estableció en Utica, donde permaneció toda su vida. Estudió allí en una escuela católica. Después de trabajar en una fábrica doce años para ayudar a la familia, debido a la debilidad del padre, entró en las Hermanas de la Tercera Orden Regular Franciscana, con sede en Syracuce, al norte de Nueva York. Profesa en 1860, elegida superiora general en 1873, ese mismo año fue llamada a Honolulu por el rey de Hawai para cuidar del gran número de leprosos. En 1888, se trasladó a la isla de Molokai, donde estaba el asilo para leprosos de Kaulapapa, para asistir san Damián de Veuster, SS.CC, en sus últimos meses de vida, contagiado por la enfermedad, y para seguir con su la obra de cuidar y curar a los leprosos.
En 1885, recibió la condecoración de Dama Compañera de la Real Orden de Kapiʻolani por sus servicios, de manos del rey Kalākaua.
Apoyó la construcción de la iglesia de Santa Filomena y del colegio católico de San Francisco de Asís. Fundó una lavandería para las leprosas y un coro para las iglesias. Exigió, a gritos, comida y medicamentos para los leprosos. Tras la muerte de Veuster en 1889, Cope fue llamada a Honolulu para que regresara a Syracuse pero ella se negó y decidió establecer su residencia en Kaulapapa, donde murió el 9 de agosto de 1918.
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Inocencio de Mérida, Santo Obispo, Junio 21
Inocencio de Mérida, Santo
Obispo
Su vida hizo honor a su nombre.
Parece ser que su candidez y humildad jalonaron su ministerio en Mérida, capital de la provincia Lusitana, en el tiempo de la España visigoda.
Se cuenta de él que su santidad y penitencia las ponía al servicio para impetrar las lluvias, tan deseadas en los tiempos de sequía, presidiendo rogativas, que siempre eran escuchadas por el Omnipotente.
Cuando lo eligieron para ser consagrado obispo, era, según se nos dice, el último en el orden de los diáconos. Y lo consagraron para servir a la diócesis emeritense como sucesor del gran obispo visigodo Masona que abrió la “Edad de Oro” del episcopado de Mérida. “Después de él fue elegido un virtuoso varón, de suma santidad y llaneza, llamado Inocencio, cuya condición la expresa bien su propio nombre. Inocente, en verdad, y cándido; que a nadie juzgó, a nadie condenó, a nadie enjuició; y vivió humilde y piadoso todos los días de su vida”
Asistió al Concilio de Toledo del año 610 que preside San Leandro de Sevilla en tiempos de Gundemaro.
Debió estar pocos años al frente de su sede.
J†A
JMJ
Pax
El que no toma su cruz, no es digno de mí. Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus apóstoles:
"El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de
mí; el
que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y
el que no toma
su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la
salvará.
Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a
mí, recibe al
que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa
de profeta; el
que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de
justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno
de estos
pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá
su
recompensa".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
13o. Dom Ord Ciclo A
Pueblos todos, aplaudan; aclamen al señor con gritos de júbilo.
Oremos:
Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho
hijos de la luz,
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer
siempre en el
esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Este es un hombre de Dios
Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11.14-16a
Un día
pasaba Eliseo por la ciudad de
Sunén y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a
comer. Desde entonces
siempre que Eliseo pasaba por allí, iba a comer a su casa. En
una ocasión, ella
le dijo a su marido:
"Yo sé que este hombre que con tanta frecuencia nos visita, es
un hombre
de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña
habitación. Le pondremos
allí cama, mesa, silla y lámpara, para que se quede allí,
cuando venga a
visitarnos".
Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunén, subió a la
habitación y se recostó
en la cama. Entonces le dijo a su criado:
"¿Qué podemos hacer por esta mujer?"
El criado le dijo:
"Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano".
Entonces dijo Eliseo:
"Llámala".
El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta.
Entonces Eliseo
le dijo:
"El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en
tus
brazos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenido, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa,d el odio del que te odia, en mí recae.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven a mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro. Escúchame Señor, pues eres bueno en la ternura vuelve a mi mis ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra desencadenado. Que lo alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.
El bautismo nos sepultó con Cristo para que llevemos una vida nueva
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4.8-11
Hermanos:
Todos los que hemos sido
incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido
incorporados a
su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él
en su muerte,
para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la
gloria del
Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de
que también
viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado
de entre los
muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre
él, porque al
morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al
resucitar, vive ahora para
Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos
para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación
consagrada a Dios, para
que proclamen las obras maravillosas de Aquél que los llamó de
las tinieblas a
su luz admirable.
Aleluya.
El que no toma su cruz, no es digno de mí. Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
apóstoles:
"El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno
de mí; el
que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
y el que no toma
su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la
salvará.
Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe
a mí, recibe al
que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá
recompensa de profeta; el
que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de
justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a
uno de estos
pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá
su
recompensa".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones,
para que podamos
alegrarnos al recibir su ayuda:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor)
Por los
ministros de la Iglesia que han
consagrado su vida al Señor y por todos los pueblos que adoran
al Dios
verdadero, roguemos a Cristo, el Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
el tiempo sea bueno y todos
podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella sucesión de
las diversas
estaciones, roguemos al Dios que con sabiduría gobierna el
mundo.
Escúchanos, Señor.
Encomendémonos
mutuamente al Señor,
pongamos nuestras existencias en sus manos y oremos con
confianza al autor y
guardián de todo lo que tenemos y poseemos.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Padre santo, Dios todopoderoso, la oraciones de tu
pueblo e infunde en
nosotros la sabiduría y la fuerza del Espíritu Santo; para
que, unidos a
Cristo, sigamos el camino de la cruz dispuestos a perder
nuestra vida, para
manifestar al mundo nuestra esperanza en el Reino que nos
tienes preparado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Concédenos, Señor, participar dignamente
en esta Eucaristía, por medio de la cual tú te dignas hacernos
partícipes de
los frutos de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque manifestaste admirablemente tu poder, no sólo al
socorrer nuestra débil
naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino al haber
previsto el remedio en
la misma debilidad humana, y de lo que era nuestra ruina haber
hecho nuestra
salvación, por Cristo, Señor nuestro.
Por Él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno, y nosotros nos unimos
a su voces
cantando humildemente tu alabanza:
Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea que Tú me has enviado, dice el Señor.
Oremos:
Padre santo y todopoderoso: que el Cuerpo y la Sangre de tu
Hijo que hemos
ofrecido y recibido en comunión, sean para nosotros principio
de vida nueva; y
concédenos que, unidos a ti por el amor, demos frutos que
permanezcan para siempre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Décimo tercer Domingo
ciclo a
AMOR A DIOS
— Dios es quien únicamente merece ser amado de modo absoluto y sin condiciones. Los afectos humanos rectos se elevan y ennoblecen cuando se ama a Dios sobre todos los demás amores.
— No hay tasa ni medida en el amor a Dios.
— Manifestaciones del amor a Dios.
I. Jesús nos enseña en incontables ocasiones que Dios ha de ser nuestro principal amor; a las criaturas debemos amarlas de modo secundario y subordinado. En el Evangelio de la Misa1 nos advierte, con palabras que no dejan lugar a dudas: Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. Y aún más: Quien ame su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por Mí, la encontrará.
Dios es únicamente quien merece ser amado de un modo absoluto y sin condiciones; todo lo demás debe serlo en la medida en que es amado por Dios. El Señor nos enseña el auténtico amor y nos pide que amemos a la familia y al prójimo, pero ni aun estos amores debemos anteponerlos al amor de Dios, que ha de ocupar siempre el primer lugar. Amando a Dios se enriquecen, crecen y se purifican los demás amores de la tierra, se ensancha el corazón y se hace verdaderamente capaz de querer, superando las barreras y reservas del egoísmo, presente siempre en cada criatura. Los amores limpios de esta vida se elevan y ennoblecen aún más cuando se ama a Dios como lo primero.
Para querer a Dios como Él pide es necesario, además, perder la propia vida, la del hombre viejo. Es necesario morir a las tendencias desordenadas que inclinan al pecado, morir a ese egoísmo, a veces brutal, que lleva al hombre a buscarse sistemáticamente en todo lo que hace2. Dios quiere que conservemos lo sano y recto que tiene la naturaleza humana, lo bueno y distinto de todo hombre: nada de lo positivo y perfecto, de lo verdaderamente humano, se perderá. La vida de la gracia lo penetra y lo eleva, enriqueciendo así la personalidad del cristiano que ama a Dios. El hombre, cuanto más muere a su yo egoísta, más humano se vuelve y está más dispuesto para la vida sobrenatural.
El cristiano que lucha por negarse a sí mismo encuentra una nueva vida, la de Jesús. Respetando lo propio de cada uno, la gracia nos transforma para adquirir los mismos sentimientos que Cristo tiene sobre los hombres y los acontecimientos; vamos imitando sus obras, de tal manera que nace un nuevo modo de actuar, sencillo y natural, que mueve a las gentes a ser mejores; nos llenamos de los mismos deseos de Cristo: cumplir la voluntad del Padre, que es expresión clara del amor. El cristiano se identifica con Jesús, conservando su propio modo de ser, en la medida en que, con la ayuda de la gracia, se va despojando de sí mismo: tengo deseos de disolverme para estar con Cristo3, exclamaba San Pablo.
El amor a Dios no puede darse por supuesto; si no se cuida, muere. Si, por el contrario, nuestra voluntad se mantiene firme en Él, las mismas dificultades lo encienden y fortalecen. El amor a Dios se alimenta en la oración y en los sacramentos, en la lucha contra los defectos, en el esfuerzo por mantener viva su presencia a lo largo del día mientras trabajamos, en las relaciones con los demás, en el descanso... La Sagrada Eucaristía debe ser especialmente la fuente donde se sacie y se fortalezca nuestro amor al Señor. Amar es, en cierto modo, poseer ya el Cielo aquí en la tierra.
II. Por la elevación al orden de la gracia, el cristiano ama con el mismo amor de Dios, que se le da como don inefable4. Esta es la esencia de la caridad, que se recibe en el Bautismo y que el cristiano puede disponerse a incrementar con la oración, los sacramentos y el ejercicio de las buenas obras.
Infundido en el alma del cristiano, este amor “debe ser la regla de todas las acciones. Del mismo modo que los objetos que construimos se consideran correctos y ultimados si se ajustan al proyecto trazado previamente, también cualquier acción humana será recta y virtuosa cuando concuerde con la regla divina del amor; y si se aparta de ella, no será buena ni perfecta”5. Para que todas nuestras obras puedan ser pesadas y medidas por esa regla, el alma en gracia no recibe el amor divino como algo extraño. La caridad no destruye, sino que ordena, imprimiendo esa unidad del querer tan propia del amor de Dios. Para esto perfecciona y eleva nuestra voluntad.
La caridad, con la que amamos a Dios y en Dios al prójimo, fructifica en la medida en que se pone en ejercicio: cuanto más se ama, más capacidad tenemos para amar. “Y si lo que ama no lo posee totalmente, tanto sufre cuanto le falta por poseer (...). Mientras esto no llega, está el alma como en un vaso vacío que espera estar lleno; como el que tiene hambre y desea la comida; como el enfermo que llora por su salud; y como el que está colgado en el aire y no tiene dónde apoyarse”6.
No hay tasa ni medida para amar a Dios. Él espera ser amado con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente7. Siempre podrá crecer el amor a Dios; Él dice a sus hijos, a cada uno en particular: Con amor eterno te amé; por eso, compadecido de ti, te atraje a Mí8.
Pidamos al Señor que nos persuada de esta realidad: solo hay un amor absoluto, que es la fuente de todos los amores rectos y nobles. Y aquel que ama a Dios, es quien mejor y más ama a sus criaturas, a todas; a algunas “es fácil amarlas; a otras, es difícil: no son simpáticas, nos han ofendido o hecho mal; solo si amo a Dios en serio, llego a amarlas en cuanto hijas de Dios y porque Él me lo manda. Jesús ha fijado también cómo amar al prójimo, esto es, no solo con el sentimiento, sino con los hechos: (...) tenía hambre en la persona de mis hermanos más pequeños, ¿me habéis dado de comer? ¿Me habéis visitado cuando estaba enfermo?”9. ¿Me ayudasteis a llevar las cargas cuando eran demasiado pesadas para llevarlas Yo solo?
Amar al prójimo en Dios no es amarlo mediante un rodeo: el amor a Dios es un atajo para llegar a nuestros hermanos. Solo en Dios podemos entender de verdad a los hombres todos, comprenderlos y quererlos, aun en medio de sus errores y de los nuestros, y de aquello que humanamente tendería a separarnos de ellos o a pasar a su lado con indiferencia.
III. Nuestro amor a Dios solo es respuesta al suyo, pues Él nos amó primero10, y es el amor que Dios pone en nuestra alma para que podamos amar. Por eso le rogamos: Dame, Señor, el amor con el que quieres que te ame.
Correspondemos al amor de Dios cuando queremos a los demás, cuando vemos en ellos la dignidad propia de la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios, creada con un alma inmortal y destinada a dar gloria a Dios por toda la eternidad. Amar es acercarse a ese hombre herido que cada día está en nuestro mismo camino, vendarle las heridas, atenderle y cuidar de él en todo11; esmerarse de modo particular en acercarle al Señor, pues la lejanía de Dios es siempre el mayor de los males, el que pide más atención, el más urgente. El apostolado es una magnífica señal de que amamos a Dios y camino para amarle más.
El amor se manifiesta en muchas ocasiones en ser agradecidos. Cuando el Señor, después de haber expuesto la parábola de los deudores, pregunta a Simón el Fariseo: ¿Cuál de los dos amará más a quien les prestó el dinero?12, utiliza el verbo amar como sinónimo de estar agradecido, y nos descubre así la esencia del afecto que los hombres deben a su principal acreedor, Dios. La etimología nos desvela también el hondo sentido de la Eucaristía, que no es otra cosa que hacimiento de gracias por ese don del amor que ella misma nos concede.
Correspondemos al amor de Dios cuando luchamos contra lo que nos aparta de Él. Es necesario pelear cada día, aunque sea en pequeñas cosas, porque siempre encontraremos barreras que intentarán separarnos de Dios: defectos de carácter, egoísmos, pereza que impide acabar bien el trabajo...
Amamos a Dios cuando convertimos la vida en una incesante búsqueda de Él. Se ha dicho que no solo no busca Dios a los hombres, sino que sabe ocultarse para que nosotros le busquemos. Lo encontramos en el trabajo, en la familia, en las alegrías y en el dolor... Implora nuestro afecto, y no solo pone en nuestro corazón el deseo de buscarle, sino que nos anima constantemente a ello. ¡Si pudiéramos comprender el amor que Dios nos tiene! Si pudiéramos decir como San Juan: nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene13, todo nos resultaría más fácil y sencillo.
En esto hemos de convertir toda nuestra vida: en una búsqueda constante de Jesús en las horas buenas y en las que parecen malas, en el trabajo y en el descanso, en la calle y en medio de la familia. Esta empresa, la única que da sentido a las demás, no podemos llevarla a cabo solos. Acudimos a Santa María, y le decimos: “No me dejes, ¡Madre!: haz que busque a tu Hijo; haz que encuentre a tu Hijo; haz que ame a tu Hijo... ¡con todo mi ser! —Acuérdate, Señora, acuérdate”14. Enséñame a tenerle como el primer Amor, Aquel que amo en Sí mismo y de modo absoluto, por encima de los demás amores.
“¿Qué soy yo para Ti, oh Señor, para que mandes que te ame, y si no lo hago te enojes conmigo y me amenaces con grandes miserias? ¿Es acaso pequeña la miseria de no amarte?”15.
1 Mt 10, 37-42. — 2 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, vol. I, p. 538 ss. — 3 Cfr. Flp 1, 21-23. — 4 Cfr. 1 Jn 4, 2. — 5 Santo Tomás, Sobre el doble precepto de la caridad, Prólogo. — 6 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 9, 6. — 7 Cfr. Mt 22, 37-38. — 8 Jer 31, 3. — 9 Juan Pablo II, Audiencia general 27-IX-1978. — 10 1 Jn 4, 19. — 11 Cfr. Lc 10, 30- 37. — 12 Lc 7, 42. — 13 1 Jn 4, 16. — 14 San Josemaría Escrivá, Forja, Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, n. 157. — 15 San Agustín, Las Confesiones, I, 5, 5.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Irineo
Obispo y escritor
Año 203
Irineo significa: amigo de la paz.
(Irene - paz).
San Irineo es considerado como uno de los padres de la Iglesia, porque en la antigüedad con su sabiduría y sus escritos libró a la cristiandad de las dañosísimas enseñanzas de los Gnósticos, y supo detener a esta secta que amenazaba con hacer mucho mal.
En una hermosa carta San Irineo le dice a un amigo suyo que se pasó a los gnósticos: "Te recuerdo que siendo yo un niño, allá en Asia Menor me eduqué junto al gran obispo Policarpo. Y también tú aprendiste con él, antes de pasarte a la perniciosa secta. ¡Con qué cariño recuerdo las enseñanzas de este gran sabio Policarpo! Podría señalar todavía el sitio donde se colocaba para enseñar, y su modo de andar y de accionar, y los rasgos de su fisonomía y las palabras que dirigía a la muchedumbre. Podría todavía repetir (aunque han pasado tantos años) las palabras con las cuales nos contaba como él había tratado con Juan el Evangelista y con otros que conocieron personalmente a Nuestro Señor. Y como el apóstol Juan les repetía las mismas palabras que el Redentor dijo a ellos y les contaba los hechos maravillosos que ellos presenciaron cuando vivieron junto al Hijo de Dios. Todo esto lo repetía muchas veces Policarpo y lo que él enseñaba estaba totalmente de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Yo oía todo aquello con inmensa emoción y se me quedaba grabado en el corazón y en la memoria. Y lo pienso y lo medito, y lo recuerdo, con la gracia de Dios cada día".
Y después de anotar tan hermosos recuerdos de su niñez le dice al gnóstico: "en la presencia del Señor Dios, te puedo asegurar que aquel santo anciano Policarpo, si oyera las herejías gnósticas que tú enseñas, se taparía los oídos y exclamaría: '¡Oh Dios: que cosas tan horribles me ha tocado escuchar en mi vida! ¡A que excesos de error se ha llegado en estos tiempos! ¿Por qué tengo que escuchar semejantes errores?', y saldría huyendo de aquél lugar donde se escuchan tus dañosas enseñanzas".
San Irineo nació en el Asia Menor hacia el año 125 y como lo dice en su carta, tuvo el privilegio de ser educado por San Policarpo, un santo que fue discípulo del evangelista San Juan. Después se fue a vivir a Lyon que era la ciudad más comercial y populosa de Francia en ese tiempo.
Era el sacerdote más sabio de Lyon y por ello los católicos de esta ciudad lo enviaron a Roma como jefe de una embajada que tenía como oficio obtener que el Sumo Pontífice concediera su perdón a un grupo de cristianos que antes habían sido infieles pero que ahora querían otra vez ser fieles a la Santa Religión.
Y sucedió que mientras él estaba en Roma estalló en Lyon la terrible persecución en la cual murieron el obispo San Potino y un inmenso número de mártires. Irineo hubiera sido también martirizado si se hubiera encontrado en esos días en Lyon. Pero cuando regresó ya se había calmado la persecución. Dios lo tenía destinado para defender con sus escritos la Santa Religión.
A su regreso a Lyon fue proclamado por el pueblo como sucesor del obispo San Potino, y se dedicó con todo su entusiasmo a enfervorizar a sus cristianos y a defenderlos de los errores de los herejes.
En su tiempo se difundió mucho una de las herejías que más daño han hecho a la religión Católica y que aún existe en muchas partes. La secta de los gnósticos. Estos enseñan un sinfín de errores y no se basan en las Sagradas Escrituras sino en doctrinas raras e inventadas por los hombres. Creen en la reencarnación y se imaginan que con la sola mente humana se logran conseguir todas las soluciones a todos los problemas, sin la necesidad de la fe y de la revelación.
San Irineo que era un gran estudioso, se propuso analizar bien detenidamente todos los errores de los gnósticos y publicó cinco libros en los cuales los fue desenmascarando y les fue quitando su piel de oveja para que parecieran los lobos que eran. Él no atacaba con amargura, pero iba presentando lo absurdas que son las enseñanzas de los gnósticos. Se preocupaba más por convertir que por confundir y por eso era muy moderado y muy suave en sus ataques al enemigo. Pero de vez en cuando se le escapan algunas saetas como estas: "Con un poquito de ciencias raras que aprenden, los gnósticos ya se imaginan que bajaron directamente del cielo; se pavonean como gallos orgullosos y parece que estuvieran andando de gancho con los ángeles".
Los libros de Irineo contra los gnósticos fueron traducidos a los idiomas más extendidos de ese entonces y se divulgaron por todas las iglesias y con ellos se logró detener la peligrosa secta y librar a la religión de errores sumamente dañinos.
14 años después de su primera embajada fue enviado otra vez Irineo a Roma a pedir al Papa que quitara la excomunión a algunos cristianos que no habían querido obedecer las leyes de la Iglesia en cuanto a las fechas para la Semana Santa y Pascua. Y obtuvo el perdón del Sumo Pontífice. Por lo cual la gente decía que estaba haciendo honor a su nombre que significa: "Amigo de la paz".
No se sabe a ciencia cierta si Irineo murió mártir o murió de muerte natural. Pero lo que sí es cierto es que sus escritos han sido siempre de gran provecho espiritual para los cristianos.
Quiera Dios, por intercesión de este santo, enviar siempre a su Iglesia Católica, escritores que defiendan la religión y animen a todos a ser mejores seguidores de Jesucristo.
Los que enseñen a otros la santidad brillaran como estrellas por toda la eternidad. (Profeta Daniel 12, 3)
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Heinrado, Santo El loco por Cristo, Junio 28
El loco por Cristo Etimológicamente significa “protector de un Estado”. Viene de la lengua alemana.
El Evangelio es levadura que purifica y eleva a quienes se dejan llevar por su vida y enseñanza. Este joven, originario de Suabia, fue, sin lugar a dudas, una de las figuras más populares en toda la Edad Media.
Sus padres eran simples trabajadores. No sospechaban que su hijo inclinara su vida por el sacerdocio. L razón es muy sencilla: era algo que no se estilaba en aquellos ambientes. Más o menos como ocurre hoy día.
Como muchos otros, salió en peregrinación para Tierra Santa. Debió vivir allí tan intensamente las huellas de Cristo, que, a su vuelta, le pusieron por nombre “El Loco por Cristo”.
Durante cuarenta años, se dedicó a recorrer Alemania en plan de peregrino. Era tan sencillo y tan bueno que todo el mundo lo trataba como al propio Jesús.
En sus correrías apostólicas y sacrificadas, se acercó a un monasterio en Renania, Alemania. Cundo estuvo ante la presencia del abad de dicho lugar santo, Heinrado le increpó su poca santidad de vida. Y mandó que le diera una paliza.
Otra vez en Wesffalia, un cura le lanzó los perros para que dejase cuanto antes la parroquia.
La misma emperatriz Cunegunda ordenó que lo azotaran porque había dicho que él era hermano del emperador. Cuando el castigo hubo terminado, le dice a ella:" Tenemos el mismo Padre en los cielos".
Santa Cunegunda lo lamentó y le pidió perdón. Y tal como había sido, así murió; solo y abandonado en una cabaña. |
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Fuente: Franciscanos.net
Vicenta Gerosa, Santa Co-fundadora, Junio 28
Co-Fundadora del Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña de Lovere Vicenta Gerosa nació en Lovere, el el año 1784, sobre el lago de Isso (Lombardía) de familia de comerciantes acomodados y prósperos.
Fue bautizada con el nombre de Catalina Gerosa, su infancia transcurrió parte en el colegio, incomodada por varios lutos y vicisitudes políticas. Debió también acostumbrarse al trabajo, pero su ocupación preferida era recoger a otras jóvenes para adiestrarlas en varios trabajos domésticos y estar juntas en oración.
Era de gran provecho para su alma la presencia de dos sacerdotes santos, deseosos de desarrollar las obras de caridad. Le llegó un nuevo impulso con la llegada de Bartolomea Capitanio. Pronto Vicenta fue atraída por su entusiasmo, y aceptó fundar con ella una Congregación consagrada a la caridad para con los necesitados y particularmente los enfermos. Con anterioridad se había inscrito en la Tercera Orden franciscana, y del franciscanismo había aprendido un espíritu profundamente evangélico.
Con sólo 26 años en 1833 muere Bartolomea Capitanio: su muerte pareció comprometerlo todo; pero Vicenta recibió consejos para continuar y fue así como superando una a una las dificultades de las diversas aprobaciones del gobierno austríaco y de la Iglesia, el 25 de marzo de 1835 se pudo proceder a la vestición en el nuevo Instituto. Desde entonces el Instituto se difundía y las casas se multiplicaban. La gran prueba del cólera en 1836 reveló al pueblo a aquellas nuevas hermanas como verdaderos ángeles de caridad.
Sólo en 1841 pudo tener lugar la ceremonia de la profesión religiosa.
Vicenta Gerosa viene a ser al primera en el Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña. No quiso asumir el título de superiora, sino de hermana mayor. Redactó con particular sabiduría las Constituciones del Instituto pensando en la formación espiritual e intelectual de las nuevas hermanas. Sin grandes dotes de ingenio, sin gran cultura, Sor Vicenta Gerosa fue una maravillosa directora de espíritu y una hábil organizadora.
Ella conocía al Crucificado, es decir, conocía el secreto del sacrificio, de la paciencia, por lo cual la serenidad y la confianza la acompañaban constantemente.
En 1840 una carta apostólica de Gregorio XVI aprobaba el Instituto de Lovere. A la muerte de la hermana mayor, a los 63 años de edad el 20 de junio de 1847, ya se contaban 24 casas del Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña esparcidas por todo el mundo, desde Palestina hasta América. También esto movió a Pío XII a la canonización de Santa Vicenta el 18 de mayo de 1950. |
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Fuente: Enciclopedia Católica | ACI Prensa
Pablo I, Santo XCIII Papa, 28 de junio
XCIII Papa Martirologio Romano: En Roma, san Pablo I, papa, quien, afable y misericordioso, por la noche, en silencio, visitaba las casas de los enfermos pobres, prestándoles ayuda. Defensor de la fe ortodoxa, escribió a los emperadores Constantino y León, para que restituyeran el culto a las sagradas imágenes. Muy devoto de los santos, cuidó de trasladar desde los cementerios en ruinas al interior de la ciudad, en los diversos títulos y monasterios, los cuerpos de los mártires, en medio de himnos y cánticos (767).
Etimológicamente: Pablo = Aquel que es pequeño o débil, es de origen latino
Fecha de nacimiento desconocida; muerto en Roma el 28 de Junio de 767.
Era hermano de Esteban II. Habían sido educados para el sacerdocio en el palacio Laterano. Esteban confió a su hermano, que aprobaba la línea de conducta del Papa con respecto al rey Pipino, muchos asuntos eclesiásticos, entre otros la restauración a los Estados Romanos de las ciudades que habían sido tomadas por los reyes lombardos Astolfo y Desiderio; Desiderio prometió devolver estas ciudades.
Mientras Pablo estaba con su hermano moribundo en el Laterano, una parte de los romanos se reunió en casa del arcediano Teofilacto para asegurar la elección de éste a la sede papal. Sin embargo, inmediatamente después del entierro de Esteban (murió el 26 de Abril de 757) Paulo fue elegido por una gran mayoría, y recibió su consagración episcopal el 29 de Mayo.
Pablo continuó la política de su antecesor hacia el rey de los francos, Pipino, y por eso mantuvo la supremacía papal sobre Roma y los distritos de Italia central frente a los esfuerzos de los lombardos y el Imperio de Oriente. Pipino envió una carta al pueblo romano, exhortándole a permanecer fiel a San Pedro.
En la respuesta enviada por el senado y el pueblo de Roma al rey franco, se urgía a éste para que completara la extensión de la provincia romana que él había arrebatado a los bárbaros, y a perseverar en la obra que había comenzado. En 758 le nació una hija a Pipino, y el rey envió al Papa las ropas usadas en el bautismo como presente, renovando de esta forma el patrocinio papal.
Pablo le dio las gracias e informó a Pipino de la acción hostil de Desiderio, que había incumplido su promesa de entregar las ciudades de Imola, Osimo, Ancona y Bolonia a Roma, y también había devastado la Pentápolis en su expedición contra los rebeldes duques de Spoleto y Benevento. Los dos ducados fueron conquistados y anexionados por Desiderio (758). En Benevento Desiderio mantuvo una conferencia con el embajador griego Georgios, y acordaron una alianza mutua de bizantinos y lombardos en Italia central. En su camino de regreso Desiderio llegó a Roma, y cuando el Papa le pidió la devolución de las antedichas ciudades, rehusó obedecer. Prometió devolver Imola, pero a condición de que el Papa persuadiera a Pipino de devolverle los rehenes lombardos que el rey franco se había llevado, algún tiempo antes, en la época de su segunda victoria sobre el rey lombardo Astolfo. Si Paulo no hacía esto, Desiderio lo amenazaba con ir a la guerra contra él.
El Papa estaba en un gran apuro. Encontraba difícil incluso conseguir que el rey franco fuera informado de su situación. Dio dos cartas al obispo Jorge de Ostia y al sacerdote romano Esteban, sus embajadores a Pipino, que hicieron el viaje con el mensajero franco Ruperto. En la primera carta destinada a garantizar a los embajadores un viaje seguro a través del territorio lombardo, daba su conformidad a las demandas de Desiderio y pedía a Pipino que accediera a los deseos de los lombardos firmando un tratado de paz y devolviendo los rehenes.
Al mismo tiempo los enviados tenían que dar al rey franco una segunda carta secreta, en la que el Papa le comunicaba los últimos sucesos, le informaba del acuerdo de Desiderio con los bizantinos para la conquista de Ravena, e imploraba a Pipino que viniera en ayuda del Papa, a castigar al rey lombardo y a forzarle a entregar las ciudades que retenía. Hacia el final de 759 otra embajada fue enviada a Pipino. A primeros de 760 dos embajadores francos, el obispo Remigio de Ruán, hermano de Pipino, y el duque Ansgar, se presentaron ante Desiderio, quien prometió devolver su patrimonio a la Iglesia Romana en Abril, y también entregar las ciudades pedidas por el Papa.
Pero de nuevo rehusó llevar a efecto sus promesas, las demoró, e incluso se introdujo por la fuerza en territorio romano. Una vez más Pablo imploró la ayuda del rey franco. La situación se hizo aún más amenazadora por la acción bizantina. Georgios había ido del sur de Italia a la corte de Pipino y allí había vencido al embajador papal, Marino. Pese a todos sus esfuerzos Georgios no pudo hacer cambiar de opinión a Pipino. En 760 se extendió por toda Italia la noticia de que una gran flota bizantina estaba navegando hacia Roma y el reino franco.
Más tarde se informó que los bizantinos pretendían enviar un ejército a Roma y Ravena. El arzobispo Sergio de Ravena recibió una carta del emperador bizantino, en la que buscaba obtener la sumisión voluntaria de los habitantes de Ravena. El mismo intento se hizo en Venecia. Sergio envió la carta del emperador al Papa, y el Papa lo notificó a Pipino. En caso de guerra con el Imperio de Oriente era importante asegurarse el apoyo de los lombardos y consiguientemente Pipino deseaba llegar a un acuerdo con Desiderio. Enseguida el rey lombardo mostró mejor disposición en la cuestión del patrimonio romano incluido en territorio lombardo, y cuando visitó Roma en 765, las disputas fronterizas entre el Papa y él fueron arregladas.
El rey franco mandó ahora a Desiderio a ayudar al Papa a recobrar el patrimonio romano en las regiones del sur de Italia bajo gobierno bizantino, y a apoyar los derechos eclesiásticos del Papa frente a los obispos de estos distritos. La oposición de Pablo a los planes del emperador Constantino Coprónimo no tenía realmente base política. El propósito del Papa era defender la ortodoxia eclesiástica en lo referente a la doctrina de la Trinidad y a la veneración de las imágenes contra el emperador de Oriente. Pablo despachó repetidamente legados y cartas referentes a la veneración de las imágenes al emperador de Bizancio. Constantino envió embajadores a Europa Occidental que, al presentarse ante el rey Pipino, no disimularon su intención de negociar con él lo referente a cuestiones dogmáticas, además de sobre la sumisión del exarcado de Ravena a la soberanía bizantina. Los legados papales también se presentaron ante Pipino en relación con estas cuestiones. A su vuelta, los legados pudieron dar garantías de nuevo al Papa sobre las opiniones del gobernante franco, que mantuvo junto a sí a dos de los embajadores papales, el obispo Jorge y el sacerdote Pedro.
En 767 se celebró un sínodo franco en Gentilly, cerca de París, en el que se mantuvieron las doctrinas de la Iglesia relativas a la Trinidad y la veneración de las imágenes. Pablo mostró gran actividad y celo en alentar la vida religiosa en Roma. Convirtió su hogar paterno en monasterio, y cerca de él construyó la iglesia de San Silvestro in Capite. La creación de esta iglesia condujo a la celebración de un sínodo en Roma en 761. A esta iglesia y a otras iglesias de Roma, Pablo trasladó los huesos de numerosos mártires desde sus deteriorados santuarios de las catacumbas devastadas por los lombardos en 756.
Trasladó las reliquias de Santa Petronila (vid.) de la catacumba de Santa Domitila a una capilla en San Pedro, erigida por su predecesor para este fin. La leyenda de Santa Petronila motivó que en esa época fuera considerada hija de San Pedro, y como tal se convirtió en la patrona especial romana de los gobernantes francos. Paulo también construyó un oratorio de la Santísima Virgen en San Pedro, y una iglesia en honor de los Apóstoles en la Vía Sacra, más allá del Foro Romano. Murió cerca de la iglesia de San Pablo Extramuros, donde había ido durante el calor del verano. Fue enterrado en esta iglesia, pero tres meses después su cuerpo fue trasladado a San Pedro. El "Liber Pontificalis" también alaba la caridad cristiana y benevolencia del Papa a la que se unía su firmeza. Pablo es venerado como santo. |
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Fuente: Vatican.va
María Pía Mastena, Beata Fundadora, Junio 28
Fundadora de las Religiosas del Santo Rostro MARÍA PÍA MASTENA nació el 7 de diciembre de 1881 en Bovolone, provincia de Verona.
Los testigos hablan de los padres de la beata como óptimos cristianos y muy fervorosos en la práctica religiosa y en el ejercicio de la caridad. De los cuatro hermanos, el último, Tarcisio, profesó en la Orden de los Capuchinos y él murió también en olor de santidad.
La futura beata recibió con gran fervor el 19 de marzo de 1891 la primera comunión, en cuya ocasión emitió privadamente el voto de castidad. El 29 de agosto recibió el sacramento de la Confirmación. Durante su adolescencia frecuentó asiduamente las funciones religiosas y se comprometió en las actividades de la parroquia, especialmente como catequista.
Sintió pronto la llamada a la vida religiosa, continuando su ideal en el que sobresale su gran devoción a la Eucaristía y al Santo Rostro. A la edad de 14 años, pidió entrar en el convento, pero solo en 1901 fue aceptada como postulante en el Instituto de las Hermanas de la Misericordia de Verona.
Con el permiso de los Superiores, el 11 de abril de 1903, el mismo día que —sin saberlo— volaba al cielo la mística de Lucca, S. Gema Galgani, pronunció el “ voto privado de víctima “.
El 29 de septiembre de 1902 vistió el hábito religioso y el 24 de octubre de 1904 emitió los votos religiosos, imponiéndosele el nombre de Sor Passitea del Niño Jesús. La Beata vivió con generosa intensidad espiritual esta primera etapa de su vida religiosa y la recordará siempre como un tiempo de gracia y de bendición, hablando siempre con estima y agradecimiento de los superiores y de las religiosas del instituto Hermanas de la Misericordia. El fervor encontrado en este instituto la moverá a pronunciar más adelante el voto de buscar en todo lo más perfecto.
Se dedicó a la enseñanza en diversos lugares de la región véneta, residiendo 19 años en Miañe, dedicándose además a un intenso apostolado entre los alumnos de todas las edades, enfermos e inválidos.
Buscando secundar sus anhelos contemplativos, el 15 de abril de 1927, con la autorización de sus superiores y el “ nulla osta “ de la Santa Sede, entró en el monasterio cisterciense de Veglie.
El 15 de noviembre de 1927, animada por el Obispo de Vittorio Veneto, abandonó el Monasterio, volvió a la enseñanza y emprendió la fundación de una nueva Congregación llamada Religiosas del Santo Rostro. Erigida canónicamente el 8 de diciembre de 1936, después de muchos sufrimientos, fue reconocida como Congregación de Derecho Pontificio el 10 de diciembre de 1947.
En el futuro toda su actividad la dedicó a consolidar y extender la Congregación, promoviendo nuevas iniciativas en favor de los pobres, de los que sufren y de los enfermos, confiando al Instituto el carisma de “ propagar, reparar, restablecer la imagen del dulce Jesús en las almas “.
Murió en Roma el 28 de junio de 1951.
El 13 de noviembre de 2005 la beatificó S.S. Benedicto XVI. |
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Juan (John) Southworth, Santo Sacerdote y Mártir, 28 de junio
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, san Juan Southworth, presbítero y mártir, quien, por ejercer su sacerdocio en ese país, tuvo que soportar cárceles y destierros, y bajo Oliverio Cromwell fue condenado a muerte. Cuando vio el patíbulo preparado en Tyburn, exclamó que era para él lo que fue la cruz para Cristo (1654).
Etimológicamente: Juan = Dios es misericordioso, es de origen hebreo.
Nació en el año 1592 en Samlesbury, Lancashire, Inglaterra.
Estudiado y se ordenó en la Universidad Inglesa, en Douai, Francia. Regresó a Inglaterra 13 de octubre de 1619 para atender a los católicos y lograr conversiones.
Arrestado y condenado a la muerte por su fe en Lancashire en 1627, estuvo en varias prisiones. Oyó la confesión final de San Edmundo Arrowsmith justo unos minutos antes de que aquel mártir fuera llevado al patíbulo.
A través de la intercesión de Reina Henrietta Maria, él y otros quince sacerdotes fueron puestos bajo la protección del embajador francés y el 11 de abril de 1630 de abril fue enviado al destierro en Francia.
Poco después, el Padre Juan regresó a Inglaterra y trabaja con San Henry Morse. Ellos laboraron incansable e intrépidamente ayudando a los enfermos durante el brote de la plaba de 1636.
Fue arrestado nuevamente por su fe en Westminster el 28 de noviembre de 1637. Estuvo encarcelado hasta el 16 de julio de 1640 de julio cuando lo dejaron en libertad por sus buenas obras en favor de los más necesitados.
Nuevamente arrestado el 2 de diciembre de 1640, fue encontrado culpable del crimen de ejercer el sacerdocio, y se lo condenó a muerte. Después de 14 años en prisión durante los cuales trabajó ayudó acualquier prisionero que mostrara interés en la fe.
El 28 de junio de 1654, fue ahorcado, arrastrado y descuartizado en Tyburn. Sus fuestos fueron rescatados por el embajador español en Inglaterra y enviados a la Universidad Inglesa en Douai.
Durante la revolución francesa los restos fueron escondidos para evitar su destrucción, se los reencontró en el año 1927 y actualmente están en la Catedral de Westminster en Londres.
Es uno de los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales.
Fue canonizado el 25 de octubre de 1970 por el Papa Pablo VI. |
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Argimiro de Cabra y de Córdoba, Santo Mártir, Junio 28
Monje Mártir Martirologio Romano: En Córdoba, en la provincia hispánica de Andalucía, san Argimiro, mártir, que en la persecución bajo los sarracenos en tiempo de Mohamed II, siendo monje, y ya avanzado en edad, fue invitado por el juez a negar a Cristo, pero, por peseverar en la confesión de la fe, fue atormentado en el potro y finalmente traspasado por una lanza (856).
Etimología: Argimiro = Ejercito famoso, viene del germano
Argimiro, nació en Egabro, actual Cabra; y murió en Córdoba, el 28 de junio de 856. Fue un religioso mozárabe en Al-Andalus, venerado como santo con el nombre de San Argimiro o San Argimiro de Cabra.
Argimiro fue durante algún tiempo censor del emirato en Egabro, y al apartarse de la administración se retiró a un monasterio en Córdoba. Fue conducido ante un juez acusado de profesión del cristianismo y haber injuriado al profeta Mahoma. Tras algunos días detenido y encerrado en prisión, fue reconducido al juez que se esforzó en convencerlo pero no lograron hacerle cambiar de parecer.
Se le condenó a que fuese decapitado, sucediendo el martirio el 28 de junio de 856, día en el que la Iglesia lo conmemora.
Su cuerpo permaneció en el patíbulo durante muchos días hasta que por orden del juez fue trasladado a la basílica de San Acisclo, cerca de su sepulcro y el de San Perfecto |
J†A
JMJ
Pax
Soy manso y humilde de corazón
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús exclamó:
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has
revelado a la gente
sencilla. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al
Hijo sino el Padre,
y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la
carga y yo los aliviaré.
Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y
humilde de
corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi
carga
ligera".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
14O. DOM ORD CICLO A
Recordaremos, Señor, los dones de tu amor en medio de tu templo. Que todos los seres humanos de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu misericordia.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo has redimido
al mundo de la
esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de una santa
alegría y,
después en el cielo, de la felicidad eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Tu rey viene humilde a ti
Lectura del libro del profeta Zacarías 9, 9-10
Esto dice el
Señor:
"Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija
de
Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso,
humilde y montado
en un burrito.
El hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra
y de Jerusalén,
los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y
anunciará la paz a las
naciones. Su poder se extenderá de mar a mar y desde el gran río
hasta los
últimos rincones de la tierra".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
del salmo 144
Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
Dios y rey
mío, yo te alabaré, bendeciré tu nombre siempre y para siempre.
Un día tras
otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte.
Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
El Señor es
compasivo y misericordioso, lento par enojarse y generoso para
perdonar. Bueno
es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus
criaturas.
Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
El Señor es
siempre fiel a sus palabras, y lleno de bondad en sus acciones.
Da su apoyo el
Señor al que tropieza y al agobiado alivia.
Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
Que alaben,
Señor, todas tus obras, y que todos tus fieles te bendigan. Que
proclamen la
gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
Si con el Espíritu dan muerte a los bajos deseos del cuerpo, vivirán
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9.11-13
Hermanos:
Ustedes no viven conforme el desorden egoísta del hombre, sino
conforme al
Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente
en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el
Espíritu del
Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en
ustedes, entonces
el Padre que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les
dará vida a sus
cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en
ustedes.
Por tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del
hombre, para
hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes
viven de ese
modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la
ayuda del
Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
Soy manso y humilde de corazón
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús exclamó:
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has
revelado a la gente
sencilla. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al
Hijo sino el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el
Hijo se lo
quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la
carga y yo los
aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy
manso y humilde
de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi
carga
ligera".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras súplicas y
acoja nuestras
peticiones:
(A cada petición respondemos: Roguemos, al Señor)
Oremos a Dios
Padre por el Papa N., por nuestro obispo, N. y por todos
aquellos a los que se
han confiado nuestras almas; que nuestro Señor les dé fuerza y
sabiduría para
dirigir y gobernar santamente las comunidades que les han sido
encomendadas y
puedan así dar buena cuenta cuando se les pida.
Roguemos, al Señor
Oremos
también para que Dios nos conceda la paz; que él, que es la
verdadera paz y el
origen de toda concordia, transmita la paz del ciclo a la
tierra, la paz
espiritual para nuestras almas y la paz temporal para nuestros
días.
Roguemos, al Señor
Pidamos por
los que se esfuerzan en seguir las sendas del Evangelio, para
que nuestro Señor
los mantenga en este santo propósito hasta el fin de sus días;
oremos también
por los que viven en pecado, para que nuestro Señor les dé la
gracia de
convertirse, hacer penitencia y purificarse en el sacramento del
perdón y
alcanzar así la salvación eterna.
Roguemos, al Señor
Oremos,
finalmente, a Dios nuestro Señor por los fieles difuntos, que
han salido ya de
este mundo, especialmente por nuestros familiares, amigos y
bienhechores, para
que el Señor, por su gran misericordia, los reciba en su gloria
y los coloque
entre los santos y elegidos.
Roguemos, al Señor
Celebrante:
Señor Dios, que has revelado a los sencillos las riquezas de tu
reino, escucha
nuestras oraciones y haz que, como discípulos de tu Hijo,
llevemos con él el
yugo suave de la cruz y anunciemos a los hermanos el descanso
eterno que solo
se encuentra en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que el
sacrificio que vamos a ofrecerte, nos purifique, Señor, y nos
ayude a conformar
cada día más nuestra vida con los ejemplos de tu Hijo
Jesucristo, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Historia de la salvación
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída;
con su muerte,
destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en
su ascensión,
nos abrió el camino de tu Reino.
Por eso,
con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin
cesar:
Vengan a mí todos los que están agobiados y oprimidos y yo los auxiliaré, dice el Señor.
Oremos:
Dios omnipotente y eterno, que nos has alimentado con el
sacramento de tu
amor,
concédenos vivir siempre en tu amistad y agradecer continuamente
tu
misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Décimo cuarto Domingo
ciclo a
ALIVIAR A LOS DEMÁS DE SUS CARGAS
— El ejemplo de Cristo.
— Ser compasivos y misericordiosos. La carga del pecado y de la ignorancia.
— Acudir a Cristo cuando nos resulte más costoso el peso de la vida. Aprender de Santa María a olvidarnos de nosotros mismos.
I. De manera bien diferente a como muchos fariseos se comportaban con el pueblo, Jesús viene a librar a los hombres de sus cargas más pesadas, echándolas sobre Sí mismo. Venid a Mí todos los fatigados y agobiados -dice Jesús a los hombres de todos los tiempos-, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera1.
Junto a Cristo se vuelven amables todas las fatigas, todo lo que podría ser más costoso en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El sacrificio junto a Cristo no es áspero y rebelde, sino gustoso. Él llevó nuestros dolores y nuestras cargas más pesadas. El Evangelio es una continua muestra de su preocupación por todos: "en todas partes ha dejado ejemplos de su misericordia"2, escribe San Gregorio Magno. Resucita a los muertos, cura a los ciegos, a los leprosos, a los sordomudos, libera a los endemoniados... Alguna vez ni siquiera espera a que le traigan al enfermo, sino que dice: Yo iré y le curaré3. Aun en el momento de la muerte se preocupa por los que le rodean. Y allí se entrega con amor, como víctima de propiciación por nuestros pecados; y no solo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo4.
Nosotros debemos imitar al Señor: no solo no echando preocupaciones innecesarias sobre los demás, sino ayudando a sobrellevar las que tienen. Siempre que nos sea posible, asistiremos a otros en su tarea humana, en las cargas que la misma vida impone: "Cuando hayas terminado tu trabajo, haz el de tu hermano, ayudándole, por Cristo, con tal delicadeza y naturalidad que ni el favorecido se dé cuenta de que estás haciendo más de lo que en justicia debes.
"—¡Esto sí que es fina virtud de hijo de Dios!"5.
Nunca deberá parecernos excesiva cualquier renuncia, cualquier sacrificio en bien de otro. La caridad ha de estimularnos a mostrar nuestro aprecio con hechos muy concretos, buscando la ocasión de ser útiles, de aligerar a los demás de algún peso, de proporcionar alegrías a tantas personas que pueden recibir nuestra colaboración, sabiendo que nunca nos excederemos suficientemente.
Liberar a los demás de lo que les pesa, como haría Cristo en nuestro lugar. A veces consistirá en prestar un pequeño servicio, en dar una palabra de ánimo y de aliento, en ayudar a que esa persona mire al Maestro y adquiera un sentido más positivo de su situación, en la que quizá se encuentre agobiada por hallarse sola. Al mismo tiempo, podemos pensar en esos aspectos en los que de algún modo, a veces sin querer, hacemos un poco más onerosa la vida de los demás: los caprichos, los juicios precipitados, la crítica negativa, la falta de consideración, la palabra que hiere.
II. El amor descubre en los demás la imagen divina, a cuya semejanza hemos sido hechos; en todos reconocemos el precio sin medida que ha costado su rescate: la misma Sangre de Cristo6. Cuanto más intensa es la caridad, en mayor estima se tiene al prójimo y, en consecuencia, crece la solicitud ante sus necesidades y penas. No solo vemos a quien sufre o pasa un apuro, sino también a Cristo, que se ha identificado con todos los hombres: en verdad os digo, cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí lo hicisteis7. Cristo se hace presente en nosotros en la caridad. Él actúa constantemente en el mundo a través de los miembros de su Cuerpo Místico. Por eso, la unión vital con Jesús nos permite también a nosotros decir: venid a Mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. La caridad es la realización del Reino de Dios en el mundo.
Para ser fieles discípulos del Señor hemos de pedir incesantemente que nos dé un corazón semejante al suyo, capaz de compadecerse de tantos males como arrastra la humanidad, principalmente el mal del pecado, que es, sobre todos los males, el que más fuertemente agobia y deforma al hombre. La compasión fue el gesto habitual de Jesús a la vista de las miserias y limitaciones de los hombres: Siento compasión de la muchedumbre...8, recogen los Evangelistas en tonos diversos. Cristo se conmueve ante toda suerte de desgracias que encontró a su paso por la tierra, y esa actitud misericordiosa es su postura permanente frente a las miserias humanas acumuladas a lo largo de los siglos. Si nosotros nos llamamos discípulos de Cristo debemos llevar en nuestro corazón los mismos sentimientos misericordiosos del Maestro.
Pidamos al Señor en nuestra oración personal la ayuda de su gracia, para sentir compasión, en primer lugar, por aquellos que sufren el mal inconmensurable del pecado, los que están lejos de Dios. Así entenderemos cómo el apostolado de la Confesión es la mayor de las obras de misericordia, pues damos la posibilidad a Dios de verter su perdón generosísimo sobre quien se había alejado de la casa paterna. ¡Qué gran carga quitamos a quien estaba oprimido por el pecado y se acerca a la Confesión! ¡Qué gran alivio! Hoy puede ser un buen momento para preguntarnos: ¿a cuántas personas he llevado a hacer una buena Confesión?, ¿a qué otras puedo ayudar?
Quitar cargas a quienes viven más estrechamente ligados a nuestra vida por tener la misma fe, el mismo espíritu, los mismos lazos de sangre, el mismo trabajo...: "mirad, ciertamente, por todos los indigentes con benevolencia general –insiste San León Magno–, pero acordaos especialmente de los que son miembros del Cuerpo de Cristo y nos están unidos por la unidad de la fe católica. Pues más debemos a los nuestros por la unión en la gracia que a los extraños por la comunidad de naturaleza"9.
Aliviemos en la medida en que nos sea posible a tantos que soportan la dura carga de la ignorancia, especialmente de la ignorancia religiosa, que "alcanza hoy niveles jamás vistos en ciertos países de tradición cristiana. Por imposición laicista o por desorientación y negligencia lamentables, multitudes de jóvenes bautizados están llegando a la adolescencia con total desconocimiento de las más elementales nociones de la fe y la Moral y de los rudimentos mismos de la piedad. Ahora, enseñar al que no sabe significa, sobre todo, enseñar a los que nada saben de Religión, significa "evangelizarles", es decir, hablarles de Dios y de la vida cristiana"10. ¡Qué peso tan grande el de aquellos que no conocen a Cristo, que han sido privados de la doctrina cristiana o están imbuidos del error!
III. No encontraremos camino más seguro para seguir a Cristo y para encontrar la propia felicidad que la preocupación sincera de liberar o aligerar de su lastre a quienes van cansados y agobiados, pues Dios dispuso las cosas "para que aprendamos a llevar las cargas unos de otros; porque no hay ninguno sin defecto, ninguno sin carga; ninguno que sea suficiente para sí, nadie tampoco que sea lo suficiente sabio para sí"11. Todos nos necesitamos. La convivencia diaria requiere esas mutuas ayudas, sin las cuales difícilmente podríamos ir adelante.
Y si alguna vez nos encontramos nosotros con un peso que nos resulta demasiado duro para nuestras fuerzas, no dejemos de oír las palabras del Señor: Venid a Mí. Solo Él restaura las fuerzas, solo Él calma la sed. "Jesús dice ahora y siempre: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. Efectivamente, Jesús está en una actitud de invitación, de conocimiento y de compasión por nosotros; es más, de ofrecimiento, de promesa, de amistad, de bondad, de remedio a nuestros males, de confortador y, todavía más, de alimento, de pan, de fuente de energía y de vida"12. Cristo es nuestro descanso.
El trato asiduo con Nuestra Madre Santa María nos enseña a compadecernos de las necesidades del prójimo. Nada le pasó inadvertido a Ella, porque hasta los más pequeños apuros se hicieron patentes ante el amor que llenó siempre su Corazón. Ella nos facilitará el camino hacia Cristo cuando tengamos más necesidad de descargar en Él nuestras preocupaciones: "sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo"13.
1 Mt 11, 28-30. — 2 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 25, 6. — 3 Mt 7, 7. — 4 1 Jn 2, 2. — 5 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 440 — 6 Cfr. 1 Pdr 1, 18. — 7 Mt 25, 40 — 8 Mc 8, 2. — 9 San León Magno, Sermón 89. — 10 J. Orlandis, 8 Bienaventuranzas, EUNSA, Pamplona 1982, pp. 104-105. — 11 T. Kempis, Imitación de Cristo, Madrid 1873, I, 16, 4 — 12 Pablo VI, Homilía 12-VI-1977. — 13 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 293.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Antonio
María Zaccaria
Sacerdote y
fundador
Año 1539.
En este sacerdote que murió muy joven, sí
que se cumplió aquella frase del Libro de la Sabiduría en la S.
Biblia
"Vivió muy poco tiempo, pero hizo obras como si hubiera tenido
una vida
muy larga".
Nació en Cremona, Italia, en 1502. Quedó huérfano de padre cuando tenia muy pocos años. Su madre, viuda a los 18 años, renunció a nuevos matrimonios que se le ofrecían con tal de dedicarse totalmente a la educación de su hijita y los resultados que obtuvo fueron admirables.
Estudió medicina en la Universidad de Padua, y allí supo cuidarse muy bien para huir de las juergas universitarias y así conservar la santa virtud de la castidad. Desde joven renunció a los vestidos elegantes y costosos, y vistió siempre como la gente pobre, y el dinero que ahorraba con esto, lo repartía entre los más necesitados.
A los 22 años se graduó de médico y su gran deseo era dedicarse totalmente a atender a las gentes más pobres, la mayor parte de las veces gratuitamente, y aprovechar su profesión para ayudarles también a sus pacientes a salvar el alma y ganarse el cielo. Pero unos años después, sus directores espirituales le aconsejaron que hiciera también los estudios sacerdotales, y así logró ordenarse de sacerdote. Así fue doblemente médico: de los cuerpos y de las almas.
Antonio María tuvo siempre desde muy pequeño un inmenso amor por los pobres. Ya en la escuela, volvía a veces a casa sin saco, porque lo había regalado a algún pobrecito que había encontrado por ahí tiritando de frío. Durante sus años de profesional y sacerdote, todo lo que consigue lo reparte entre los más necesitados.
Se trasladó a Milán (la ciudad de mayor número de habitantes en Italia) porque en esa gran ciudad tenía más posibilidades de extender su apostolado a muchas gentes. Y allí, por medio de la hermana Luisa Torelli fundó la comunidad de las hermanas llamadas "Angelicales" (nombre que les pusieron porque su convento se llamaba de "Los Santos Angeles"). El fin de esta comunidad era preservar a las jovencitas que estaban en peligro de caer en vicios, y redimir y volver al buen camino a las que ya habían caído. Estas hermanas le ayudaron muchísimo a nuestro santo en todos sus apostolados.
Luego con otros compañeros fundó la Comunidad llamada "Clérigos de San Pablo" los cuales, por vivir en un convento llamado de San Bernabé, fueron llamados por la gente "Los Padres Bernabitas". Esta congregación tenía por fin predicar para convertir a los pecadores, extender por todas partes la devoción a la Pasión y muerte de Cristo, y a su santa Cruz. Y esforzarse lo más posible por tratar de obtener la renovación de la vida espiritual y piadosa entre el pueblo, que estaba muy decaida y relajada. Estos religiosos hicieron tanto bien en la ciudad y sus alrededores que unos años mas tarde, San Carlos, gran arzobispo de Milán, dirá de ellos: "Son la ayuda más formidable que he encontrado en mi arquidiócesis".
San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.
Otra de sus grandes devociones era la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas, para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que sus oyentes meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor. Y una tercera devoción que lo acompaño en sus años de sacerdocio fue un enorme entusiasmo por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba hasta el extremo, y de ellas predicaba, y a sus discípulos les insistía en que leyeran tan preciosas cartas frecuentemente, y que meditaran en sus importantísimas enseñanzas. A él le sucedió lo que le ha pasado a miles y millones de creyentes en el mundo entero, que al leer las Cartas de San Pablo han descubierto en ellas unos mensajes celestiales tan interesantes que quedan entusiasmados para siempre por su lectura y meditación.
A nuestro santo le correspondió vivir en los tiempos difíciles en los que en Alemania el falso reformador Lutero proclamaba una falsa reforma en la religión, y en Roma y España, San Ignacio y sus jesuitas empezaban a trabajar por conseguir una verdadera reforma de la Iglesia, y muchísimos católicos sentían un intenso deseo de que empezara una era de mayor fervor y menos frialdad y maldad. San Antonio María fue uno de los que con su enorme apostolado preparó la gran Reforma de la Iglesia Católica que iba a traer el Concilio de Trento.
Siendo aún muy joven, sintió que de tanto trabajar por el apostolado, le faltaban las fuerzas. Se fue a casa de su santa madre, y en sus brazos murió el 5 de julio de 1539. Tenía apenas 37 años, pero había hecho labores apostólicas como si hubiera trabajado por tres docenas de años más. El Papa León XIII lo declaró santo en 1897. Y nosotros le pedimos a San Antonio Zaccaría, que pida mucho al buen Dios para que la Iglesia Católica se renueve día por día y no vaya a caer nunca en la relajación y que no se enfríe nunca en el santo fervor que Nuestro Señor quiere de cada uno de los creyentes.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Atanasio
el Atonita, Santo
Abad, 5 de julio
AbadMartirologio Romano: En el monte Athos, san Atanasio,
hegúmeno, humilde y pacífico, que estableció la vida
cenobítica en la Gran Laura (c. 1004).
El Monte Athos, o sea el pico oriental
del triple promontorio con que la península Calcídica
penetra en el Mar Egeo, ha sido durante mil años el
principal centro del monaquismo bizantino. Esa
"república monástica", como se la ha llamado, no está
en comunión con la Santa Sede desde hace muchos siglos
Pero, a los comienzos de su organización y en los
siglos anteriores, cuando el Monte Athos estaba
poblado por pequeñas colonias de ermitaños, constituía
un centro de ortodoxia católica en un sentido
diferente del actual. Quien organizó el conjunto de
monasterios en el Monte Athos, fue San Atanasio. Nació
en Trebizonda, hacia el año 920. Era hijo de un
antioqueño y recibió en el bautismo el nombre de
Abraham. Hizo sus estudios en Constantinopla, donde;
llegó a ser profesor. Cuando ejercía en dicha ciudad
el oficio de maestro, conoció a San Miguel Maleinos y
a su sobrino Nicéforo Focas. Este último había de
convertirse en su protector, al ocupar el trono
imperial. Abraham tomó el hábito en el monasterio que
San Miguel gobernaba en Kimina de Bitinia y recibió el
nombre de Atanasio. Ahí vivió hasta el año 958, más o
menos. El monasterio de Kimina era una "laura", es
decir, una serie de celdas aisladas, construidas
alrededor de una iglesia. Cuando murió San Miguel
Maleinos, Atanasio, previno que iban a elegirle abad,
y huyó al Monte Athos. Ahí le reservaba Dios una
responsabilidad todavía más pesada que el cargo de
abad que había rehuido. |
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Fuente: Santopedia.com
Marta,
Santa
Laica, 5 de julio
Madre de San Simeón Estilita, el JovénMartirologio Romano: En el monte Admirable, en Siria,
santa Marta, madre de san Simeón Estilita el Joven
(551)
Nacida en Antioquía a inicios del siglo
VI, Marta, aunque en su juventud había hecho un voto
de virginidad, contrajo matrimonio con Juan,
originario de Edesa, por obediencia a sus padres y por
una revelación durante un sueño, en la que San Juan
Bautista le anunciaba el nombre que tendría el hijo
que nacería de ella. |
J†A
JMJ
Pax
Salió el sembrador a sembrar
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23
Gloria a ti, Señor.
Un día salió Jesús de
la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del lago. Se
reunió en torno
suyo tanta gente, que tuvo que subirse a una barca, donde se
sentó, mientras la
gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de
muchas cosas en
parábolas y les dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la
semilla, unos
granos cayeron al borde del camino; vinieron los pájaros y se
los comieron.
Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca
tierra; allí
germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando
salió el sol, los
brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron.
Otros cayeron entre
espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las
plantitas. Otros granos
cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno;
otros, sesenta; y
otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".
Los discípulos se le acercaron y le preguntaron:
"¿Por qué les hablas por medio de parábolas?"
Jesús les respondió:
"A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino
de los
cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará
en la
abundancia; pero al que tiene poco, aún eso poco se le quitará.
Por eso les
hablo por medio de parábolas, porque viendo no ven y oyendo no
oyen ni
entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que
dice: "Oirán
una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero
no verán;
porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos
y tapado sus
oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos,
ni comprender
con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los
salve".
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo
les aseguro
que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes
ven y no lo
vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del
sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le
llega el diablo
y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que
significan los granos
que cayeron al borde del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la
palabra y la acepta
inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la
deja echar raíces,
y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de
la palabra,
sucumbe.
Lo sembrado entre espinos representa a aquél que oye la palabra,
pero las
preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la
sofocan y queda sin
fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a
quienes oyen la
palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno;
otros, el sesenta;
y otros, el treinta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.
Oremos:
Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu
Evangelio para que
vuelvan al camino de la verdad; concede a cuantos nos llamamos
cristianos
imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de
él.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La Lluvia hará germinar la tierra
Lectura del profeta Isaías 55, 10-11
Esto dice el Señor:
"Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá,
sino después
de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin
de que dé semilla
para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de
mi boca: no
volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y
cumplirá su
misión".
Palabra de Dios.
te alabamos, Señor.
Del Salmo 64
Señor, danos siempre de tu agua.
Señor, tú
cuidas de la tierra, la riegas
y la colmas de riquezas. Las nubes del Señor van por los
campos, rebosantes de
agua, como acequias.
Señor, danos siempre de tu agua.
Tú
preparas la tierra para el trigo:
riega los surcos, aplanas los terrenos, reblandeces el suelo
con la lluvia,
bendices los renuevos.
Señor, danos siempre de tu agua.
Tú coronas
el año con tus bienes, tus
senderos derraman abundancia, están verdes los pastos del
desierto, las colinas
con flores adornadas.
Señor, danos siempre de tu agua.
Los prados
se visten de rebaños, de
trigales los valles se engalanan. Todo aclama al Señor. Todo
le canta.
Señor, danos siempre de tu agua.
Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23
Hermanos: Considero que
los sufrimientos de esta vida
no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará
en nosotros;
porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia,
la revelación de
esa gloria de los hijos de Dios.
La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer,
sino por la
voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo
esta esperanza:
que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de
la corrupción,
para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el
presente y sufre
dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los
que poseemos las
primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que
se realice a
plenitud nuestra condición de hijos de Dios, la redención de
nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador.
Aleluya.
Salió el sembrador a sembrar
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23
Gloria a ti, Señor.
Un día salió Jesús de la
casa donde se hospedaba y se
sentó a la orilla del lago. Se reunió en torno suyo tanta
gente, que tuvo que
subirse a una barca, donde se sentó, mientras la gente
permanecía en la orilla.
Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les
dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la
semilla, unos
granos cayeron al borde del camino; vinieron los pájaros y se
los comieron.
Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca
tierra; allí
germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando
salió el sol,
los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se
secaron. Otros cayeron
entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las
plantitas. Otros
granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento
por uno; otros,
sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".
Los discípulos se le acercaron y le preguntaron:
"¿Por qué les hablas por medio de parábolas?"
Jesús les respondió:
"A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino
de los
cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará
en la
abundancia; pero al que tiene poco, aún eso poco se le
quitará. Por eso les
hablo por medio de parábolas, porque viendo no ven y oyendo no
oyen ni
entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que
dice: "Oirán
una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar,
pero no verán;
porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus
ojos y tapado sus
oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los
oídos, ni comprender
con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los
salve".
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen.
Yo les aseguro
que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que
ustedes ven y no lo
vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del
sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende,
le llega el diablo
y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que
significan los granos
que cayeron al borde del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la
palabra y la acepta
inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la
deja echar raíces,
y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa
de la palabra,
sucumbe.
Lo sembrado entre espinos representa a aquél que oye la
palabra, pero las
preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la
sofocan y queda sin
fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a
quienes oyen la
palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno;
otros, el sesenta;
y otros, el treinta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Que nuestras oraciones lleguen, hermanos, a la presencia del
Señor, y que
nuestros ruegos sean escuchados por el que escruta el corazón
humano:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Pidamos la sabiduría del
Hijo de Dios para los que
proclaman con fidelidad la palabra divina, y para todos los
ministros que
sirven a la Iglesia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por Israel, el pueblo de
la antigua alianza, por los cristianos
separados de la Iglesia católica y apostólica y por los que no
conocen al Dios
verdadero, invoquemos al Señor, dueño de toda verdad.
Escúchanos, Señor.
Por los que viven lejos
de su casa, por los
encarcelados, por los débiles y oprimidos y por los justos que
sufren
persecución, oremos a Jesús, el Salvador.
Escúchanos, Señor.
Invoquemos con fe y
devoción al Señor de la gloria,
para que proporcione paz y felicidad a quienes ahora estamos
aquí, huéspedes en
la casa del Señor, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y aumenta en
nosotros el deseo
sincero de acoger la semilla de tu palabra; haz que esta
simiente sea también
sembrada en los surcos de toda la humanidad y fructifique en
obras de justicia
y paz, para que se manifieste a la humanidad la bendita
esperanza de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno.
Porque creaste el universo entero, determinaste el ciclo de
las estaciones, y
al ser humano, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las
maravillas del
mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la creación, y, al
contemplar tus
grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor
nuestro.
A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido, nos ayude a amarte más y a servirte mejor cada día.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Décimo
quinto Domingo
ciclo a
PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
— La semilla y el camino. La falta de recogimiento interior impide la unión con Dios.
— El pedregal y los espinos. Necesidad del sacrificio y del desprendimiento en la vida sobrenatural.
— Correspondencia a la gracia. Dar fruto.
I. San Mateo nos dice en el Evangelio de la Misa1 que Jesús se sentó junto al mar y se le acercó tanta gente para oír su palabra que hubo de subirse a una barca, mientras la multitud le escuchaba desde la orilla. El Señor, sentado ya en la pequeña embarcación, comenzó a enseñarles: Salió un sembrador a sembrar, y la semilla cayó en tierra muy desigual.
En Galilea, terreno accidentado y lleno de colinas, se destinaban a la siembra pequeñas extensiones de terreno en valles y riberas; la parábola reproduce la situación agrícola de aquellas tierras. El sembrador esparce a voleo su semilla, y así se explica que una parte caiga en el camino. La semilla caída en estos senderos era pronto comida por los pájaros o pisoteada por los transeúntes. El detalle del suelo pedregoso, cubierto solo por una delgada capa de tierra, correspondía también a la realidad. A causa de su poca profundidad, brota la semilla con más rapidez, pero el calor la seca con la misma prontitud por carecer de raíces profundas. El terreno donde cae la buena semilla es el mundo entero, cada hombre; nosotros somos también tierra para la simiente divina. Y aunque la siembra es realizada con todo amor –es Dios que se vuelca en el alma–, el fruto depende en buena parte del estado de la tierra donde cae. Las palabras de Jesús nos muestran con toda fuerza la responsabilidad que tiene el hombre de disponerse para aceptar y corresponder a la gracia de Dios.
Parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Oyen la palabra de Dios, pero viene luego el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón. El camino es la tierra pisada, endurecida; son las almas disipadas, vacías, abiertas por completo a lo externo, incapaces de recoger sus pensamientos y guardar los sentidos, sin orden en sus afectos, poco vigilantes en los sentimientos, con la imaginación puesta con frecuencia en pensamientos inútiles; son también las almas sin cultivo alguno, nunca roturadas, acostumbradas a vivir de espaldas al Señor. Son corazones duros, como esos viejos caminos continuamente transitados. Escuchan la palabra divina, pero con suma facilidad el diablo la arranca de sus almas. “Él no es perezoso, antes bien, tiene los ojos siempre abiertos y está siempre preparado para saltar y llevarse el don que vosotros no usáis”2.
Necesitamos pedir al Señor fortaleza para no ser jamás como estos que “se parecen al camino donde cayó la semilla: negligentes, tibios y desdeñosos”3. Negligencia y tibieza que se manifiestan en la falta de contrición y de arrepentimiento, y de una lucha decidida contra los pecados veniales. La primera vez que el Sembrador arrojó su semilla en la tierra de nuestra alma fue en el Bautismo. ¡Cuántas veces desde entonces nos ha dado su gracia abundante! ¡Cuántas veces pasó cerca de nuestra vida, ayudando, alentando, perdonando! Ahora, en la intimidad de la oración, calladamente, podemos decirle: “¡Oh, Jesús! Si, siendo ¡como he sido! –pobre de mí–, has hecho lo que has hecho...; si yo correspondiera, ¿qué harías?
“Esta verdad te ha de llevar a una generosidad sin tregua.
“Llora, y duélete con pena y con amor, porque el Señor y su Madre bendita merecen otro comportamiento de tu parte”4.
II. Otra parte cayó en pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Este pedregal representa a las almas superficiales, con poca hondura interior, inconstantes, incapaces de perseverar. Tienen buenas disposiciones, incluso reciben la gracia con alegría, pero, llegado el momento de hacer frente a las dificultades, retroceden; no son capaces de sacrificarse por llevar a cabo los propósitos que un día hicieron, y estos mueren sin dar fruto.
Hay algunos, enseña Santa Teresa, que después de vencer a los primeros enemigos de la vida interior “acabóseles el esfuerzo, faltóles ánimo”, dejaron de luchar, cuando solo estaban “a dos pasos de la fuente del agua viva que dijo el Señor a la Samaritana que quien la bebiere no tendrá sed”5. Hemos de pedir al Señor constancia en los propósitos, espíritu de sacrificio para no detenernos ante las dificultades, que necesariamente hemos de encontrar. Comenzar y recomenzar una y otra vez, con santa tozudez, empeñándonos en llegar a la santidad a la que Jesús nos llama, y para la que nos da las gracias necesarias. “El alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que puede para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo lo que puede, no se queda satisfecha y piensa que no ha hecho nada”6, enseña San Juan de la Cruz.
Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Son los que oyen la palabra de Dios, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril.
El amor a las riquezas, la ambición desordenada de influencia o de poder, una excesiva preocupación por el bienestar y el confort, y la vida cómoda son duros espinos que impiden la unión con Dios. Son almas volcadas en lo material, envueltas en “una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar. Los ojos que se quedan como pegados a las cosas terrenas, pero también los ojos que, por eso mismo, no saben descubrir las realidades sobrenaturales”7; están como ciegos para lo que verdaderamente importa.
Dejar que el corazón se aficione al dinero, a las influencias, al aplauso, a la última comodidad que pregona la publicidad, a los caprichos, a la abundancia de cosas innecesarias, es un grave obstáculo para que el amor de Dios arraigue en el corazón. Es difícil que quien está poseído por esta afición a tener más, a buscar siempre lo más cómodo, no caiga en otros pecados. “Por eso –comenta San Juan de la Cruz– el Señor los llamó en el Evangelio espinas, para dar a entender que el que los manoseare con la voluntad, quedará herido de algún pecado”8.
Enseña San Pablo que quien pone su corazón en los bienes terrenos como si fueran bienes absolutos comete una especie de idolatría9. Este desorden del alma lleva con frecuencia a la falta de mortificación, a la sensualidad, a apartar la mirada de los bienes sobrenaturales, pues se cumplen siempre aquellas palabras del Señor: donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón10. En este mal terreno quedará indudablemente sofocada la semilla de la gracia.
III. Lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.
Dios espera de nosotros que seamos un buen terreno que acoja la gracia y dé frutos; más y mejores frutos produciremos cuanto mayor sea nuestra generosidad con Dios. “Lo único que nos importa –comenta San Juan Crisóstomo– es no ser camino, ni pedregal, ni cardos, sino tierra buena (...). No sea el corazón camino donde el enemigo se lleve, como el pájaro, la semilla pisada por los transeúntes; ni peñascal donde la poca tierra haga germinar enseguida lo que ha de agostar el sol; ni abrojal de pasiones humanas y cuidados de la vida”11.
Todos los hombres pueden convertirse en terreno preparado para recibir la gracia, cualquiera que haya sido su vida pasada: el Señor se vuelca en el alma en la medida en que encuentra acogida. Dios nos da tantas gracias porque tiene confianza en cada uno; no existen terrenos demasiado duros o baldíos para Él, si se está dispuesto a cambiar y a corresponder: cualquier alma se puede convertir en un vergel, aunque antes haya sido desierto, porque la gracia de Dios no falta y sus cuidados son mayores que los del más experto labrador. Supuesta la gracia, el fruto solo depende del hombre, que es libre de corresponder o no. “La tierra es buena, el sembrador el mismo, y las simientes las mismas; y sin embargo, ¿cómo es que una dio ciento, otra sesenta y otra treinta? Aquí la diferencia depende también del que recibe, pues aun donde la tierra es buena, hay mucha diferencia de una parcela a otra. Ya veis que no tienen la culpa el labrador, ni la semilla, sino la tierra que la recibe; y no es por causa de la naturaleza, sino de la disposición de la voluntad”12.
Examinemos hoy en la oración si estamos correspondiendo a las gracias que el Señor nos está dando, si aplicamos el examen particular a esas malas raíces del alma que impiden el crecimiento de la buena semilla, si limpiamos las hierbas dañinas mediante la Confesión frecuente, si fomentamos los actos de contrición, que tan bien preparan el alma para recibir las inspiraciones de Dios. “No podemos conformarnos con lo que hacemos en nuestro servicio a Dios, como un artista no se queda satisfecho con el cuadro o la estatua que sale de sus manos. Todos le dicen: es una maravilla; pero él piensa: no, no es esto; yo querría más. Así deberíamos reaccionar nosotros.
“Además, el Señor nos da mucho, tiene derecho a nuestra más plena correspondencia..., y hay que ir a su paso”13. No nos quedemos atrás.
1 Mt 13, 1-23. — 2 Card. J. H. Newman, Sermón para el Domingo de Sexagésima: Llamadas de la gracia. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 44, 3. — 4 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 388. — 5 Santa Teresa, Camino de perfección, 19, 2. — 6 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 1. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 6. — 8 San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo 3, 18, 1 — 9 Cfr. Col 3, 5. — 10 Lc 12, 34. — 11 San Agustín, Sermón 101, 3. — 12 San Juan Crisóstomo, loc. cit. — 13 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 385.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

santos padres de Santa Teresita de Lisieux
San Luis Martin y Santa Celia Guérin, padres de Santa Teresita de Lisieux, fueron el primermatrimonio en ser canonizado en una misma ceremonia en la historia de la Iglesia.
“Los santos esposos (…) vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas Santa Teresa del Niño Jesús”, dijo el Papa Francisco el 18 de octubre del 2015 durante la Misa de canonización.
La familia, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar la ciudad francesa de Alençon y trasladarse a Lisieux.
Luis Martín trabajó como relojero y joyero, y Celia Guérin como pequeña empresaria de un taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad.
Luis Martin nació en Burdeos (Francia) en 1823 y falleció en Arnières-sur-Iton (Francia) en 1894. Mientras que Maria Celia Guérin nació en San Saint-Denis-Sarthon (Francia) en 1831 y falleció en Alençon (Francia) en 1877.
Ambos fueron personas devotas desde muy jóvenes. Durante su juventud y antes de conocerse, María Celia quiso llevar una vida religiosa en el monasterio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, mientras que Luis Martin sintió el mismo deseo de consagrar su vida a Dios y se dirigió al monasterio del Gran San Bernardo.
Ninguno fue aceptado puesto que Dios tenía otro plan para ellos.
Los jóvenes se conocieron y el entendimiento fue tan rápido que contrajeron matrimonio el 13 de julio de 1858, a solo tres meses de su primer encuentro.
Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente, participación en la vida parroquial.
De su unión nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente.
Entre las cinco hijas que sobrevivieron estaba Santa Teresita, la futura santa patrona de las misiones, que es una fuente preciosa para comprender la santidad de sus padres: educaban a sus hijas para ser buenas cristianas y ciudadanas honradas.
Al morir su esposa Celia en 1877, Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia y sus hijas pequeñas. Se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia; de este modo la tía Celina pudo cuidar de las hijas.
Entre 1882 y 1887 Luis acompañó a tres de sus hijas al Carmelo. El sacrificio mayor fue separarse de Teresa, que entró en el Carmelo a los 15 años e iniciaría su camino a la santidad.
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San Juan
Gualberto
Religioso
benedictino
Año 1073
Nació en
Florencia, de familia muy rica y
su único hermano fue asesinado. Era heredero de una gran fortuna
y su padre
deseaba que ocupara altos puestos en el gobierno.
Un Viernes Santo iba este santo por un camino rodeado de varios militares amigos suyos, y de pronto se encontró en un callejón al esesino de su hermano. El enemigo no tenía a donde huir, y Juan dispuso matarlo allí mismo. El asesino se arrodilló, puso sus brazos en cruz y le dijo: "Juan, hoy es Viernes Santo. Por Cristo que murió por nosotros en la cruz, perdóname la vida". Al ver Gualberto aquellos brazos en cruz, se acordó de Cristo crucificado. Se bajó de su caballo. Abrazó a su enemigo y le dijo: "Por amor a Cristo, te perdono".
Siguió su camino y al llegar a la próxima iglesia se arrodillo ante la imagen de Cristo crucificado y le pareció que Jesús inclinaba la cabeza y le decía: "Gracias Juan".
Desde aquel día su vida cambió por completo. En premio de su buena acción, Jesús le concedió la vocación, y Juan dejó sus uniformes militares y sus armas y se fue al convento de los monjes benedictinos de su ciudad a pedir que lo admitieran como religioso. Su padre se opuso totalmente y exigió al superior del convento que le dovolvieran a Juan inmediatamente.
Cuando el papá vio al antiguo guerrero convertido en sencillo y piadoso monje se echó a llorar, y dándole su bendición se retiró.
En aquellos tiempos, el peor defecto que había en la Iglesia era la Simonía, es decir, algunos compraban los altos cargos, y así llegaban a dirigir la Santa Iglesia algunos hombres indignos. En el convento de florencia, donde estaba Juan, se murió el superior, uno de los monjes fue con el obispo y con dinero hizo que lo nombraran superior a él. También el obispo había comprado su cargo.
Gualberto no pudo soportar esta indignidad y se retiró de aquel convento con otros monjes y antes de salir de la ciudad, declaró publicamente en la plaza principal que el superior del convento y el obispo merecían ser destituidos porque habían cometido el pecado de simonía. Más tarde logró que los destituyeran.
Fundador. Se fue a un sitio muy apartado y silencioso, llamado Valleumbroso y allá fundó un monasterio de mojes benedictinos que se propusieron cumplir exactamente todo lo que San Benito había recomendado a sus monjes. El monasterio llegó a ser muy famoso y le llegaron vocaciones de todas partes. Con los mejores religiosos de su nuevo convento fue fundando varios monasterios más y así logró difundir por muchas partes de Italia las buenas costumbres, y fue atacando sin misericordia la simonía y las costumbres corrompidas. Las gentes sentían gran veneración por él.
Después de haber logrado que muchas personas abandonaran sus vicios y se convirtieran y que muchos sacerdotes empezara a llevar una vida santa, y gozando del enorme aprecio del Papa y de numerosos obispos, murió el 12 de julio de 1073, dejando muchos monasterios de religiosos que trataban de imitarlo en sus virtudes y llegaron a gran santidad.
Que sus ejemplos sean de gran provecho para nuestra alma.
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Proclo e Hilarión, Santos Mártires, 12 de julio
Mártires Martirologio Romano: En Ancira, de Galacia, santos Proclo e Hilarión, mártires en tiempo del emperador Trajano y del prefecto Máximo (s. II).
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Fuente:
Santiebeati.it
Inés Lê Thi Thành, Santa Mártir, 12 de julio
Madre de Familia y Mártir Martirologio Romano: En la provincia de Ninh Binh, en
Tonquín también, santa Inés Lê Thi Thành (Dê), mártir,
madre de familia, que en tiempo del emperador Thiêu
Tri fue cruelmente atormentada a causa de haber
ocultado en su casa a un sacerdote, muriendo en la
cárcel por negarse a abjurar de su fe (1841).
Ha sido siempre muy lo difícil hallar
noticias seguras sobre los mártires, ya desde los
primeros siglos de la era cristiana, ya también a veces
para mártires de la era moderna, sobre todo si vivían en
algún rincón apartado del planeta, esto ocurre con Santa
Inés Lê Thi Thành, de nacionalidad vietnamita. Inés
nació en el 1781 cerca de a Ba Den, en los alrededores
de Tranh Hoa en Vietnam. |
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Fuente:
Corazones.org
Verónica, Santa La mujer que secó la sangre de Jesús, 12
de julio
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Etimología: Verónica = Aquella que es la verdadera
imagen o Aquella que es la imagen verdadera, viene de
de la palabra latina "vero" y de la palabra griega
"eikom". |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Juan el Ibérico, Santo Abad, 12 de julio
Abad Etimológicamente significa “Dios es
misericordia”. Viene de la lengua hebrea. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Juan Jones, Santo Mártir, Julio 12
Sacerdote y mártir de la Primera Orden
Franciscana Martirologio Romano: En Londres, Inglaterra, san Juan
Jones, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores,
mártir, el cual, oriundo de Gales, abrazó la vida
religiosa en Francia, y por haber entrado en
Inglaterra como sacerdote, siendo reina Isabel I, fue
condenado a pena capital, consumando el martirio en la
horca (1598). |
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Ignacio Clemente Delgado, Santo |
San Clemente Ignacio Delgado Cebrián,Obispo
Martirologio
Romano: En la ciudad de Nan Dinh, en
Tonquín, san Clemente Ignacio Delgado Cebrián, obispo y
mártir, que después de
pasar cincuenta años predicando el Evangelio, fue encarcelado
por orden del
emperador Minh Mang a causa de su fe en Cristo y murió en la
cárcel, donde tuvo
que sufrir mucho (1838).
Etimología: Ignacio = ardiente. Viene del latín.
Clemente = valiente, cariñoso. Viene de la lengua griega
S.S. Juan Pablo II. En un solo día, el 19 de junio de 1988, el
Papa canonizó a
117 mártires que habían derramado su sangre por Cristo, en
diversos momentos,
en Conchinchina, Annalll y Tonkíll, hoy Vietnam del Norte.
Era hasta ahora la canonización más numerosa. El Papa pedía que
estos Santos
fueran semillas fecundas de nuevas y numerosas vocaciones
misioneras.
Entre los 117 mártires había 11 españoles y un grupo de
franceses, junto con
una gran mayoría de nativos. Había obispos, sacerdotes
seculares, religiosos
dominicos, miembros de la fraternidad laical dominicana,
catequistas, un
seminarista y numerosos laicos de todas las clases sociales.
Todos murieron
víctimas de horrendos suplicios, de hambre, sed, asfixia,
torturas, insultos y
burlas. Todos murieron amando y perdonando.
Entre los 11 españoles -todos de la familia dominicana - había 6
obispos. Estos
son los nombres de los nuevos Santos: Mateo, Francisco, Jacinto,
José, Domingo,
Jerónimo, José María, Melchor, Pedro, Valentín e Ignacio
Clemente.
Ignacio Clemente nació en Villafeliche (Zaragoza) el 1762. Sus
padres se
llamaban Francisco Delgado y Teresa Cebrián-Melús. De ellos y de
un tío
sacerdote recibió desde niño una esmerada educación cristiana.
Profesó en los Dominicos de Calatayud y se ofreció para ir al
Extremo Oriente.
Ya no volvería más. Casi un año duró la azarosa travesía, por el
Atlántico,
México y el Pacífico. Ordenado Sacerdote en Filipinas, es
nombrado obispo por
Pío VI, a sus 31 años, en 1794, para el Tonkín Oriental.
Entre terribles dificultades y persecuciones, durante casi medio
siglo de
entrega misionera, se hizo todo para todos, con frutos
abundantes de
conversiones, consiguiendo también muchas vocaciones nativa.
Traicionado y
encarcelado, "a gusto daré mi vida por Cristo" exclamó. Fue
enjaulado
y expuesto al ardor del calor insoportable, hasta desfallecer y
morir el 12 de
Julio de 1838. "Todo lo soportó con increíble paciencia", dijo
Gregorio XVI.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Paterniano, Santo Obispo, 12 de julio
Obispo Martirologio Romano: En Fano, en la región del Piceno, en Italia, san Paterniano, obispo (s. IV).
Según una antigua tradición, San Paterniano
nació en Fano alrededor de 275. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Nabor y Félix, Santos Mártires, 12 de julio
Mártires Martirologio Romano: En Milán, ciudad de la Liguria, santos
Nabor y Félix, mártires, que, siendo soldados oriundos
de Mauritania, se dice que sufrieron el martirio en
Laus Pompeia (hoy Lodi) y fueron sepultados en Milán
(c. 304).
Los Santos Nabor y Félix derramaron su sangre por Cristo durante la persecución de Diocleciano (303). En tiempos posteriores, las legendarias actas de estos santos han aparecido, reproducidas de las actas de otros mártires (Víctor, Firmus, y Rusticus). Según éstas, que tienen un incalculable valor histórico, Nabor y Félix eran soldados del ejército romano de Maximiano Hercúleo. Al descubrirse que seguían a Cristo fueron condenados a muerte en Milán y se les decapitó en Lodi. Estos santos testigos de la fe fueron sepultados en Milán y sobre su tumba se erigió una iglesia. Posteriormente, en 1164, sus restos se trasladaron a Colonia, Alemania. San Ambrosio exaltó las virtudes de estos dos mártires. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Fortunato y Hermágoras, Santos Mártires, 12 de julio
Mártires Martirologio Romano: En Aquileia, en los confines de
Venecia, santos Fortunato y Hermágoras, mártires.
Según una tradición que data del siglo
VIII, San Marcos el Evangelista, antes de ir a fundar la
Iglesia de Alejandría, fue enviado por San Pedro a
evangelizar Aquilea. El Apóstol predicó ahí el
Evangelio, reforzó su predicación con milagros y
convirtió a muchos paganos. Al partir de Aquilea, nombró
obispo a un "distinguido personaje", llamado Hermágoras,
a quien San Pedro confirió la consagración episcopal. |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos Completando el santoral de este
día, 12 de julio
San Vivenciolo, obispo |
J†A
JMJ
Pax
Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha
† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 24-43
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
propuso esta parábola a la gente:
"El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena
semilla en
su campo; pero, mientras los trabajadores dormían, llego un
enemigo del dueño,
sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las
plantas y se empezaba
a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron
los trabajadores
a decirle al amo:
"Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde,
pues,
salió esta cizaña?"
El amo les respondió:
"De seguro lo hizo un enemigo mío".
Ellos le dijeron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el
trigo. Dejen
que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha, y cuando
llegue la cosecha,
diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en
gavillas para
quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero"".
Luego les propuso esta otra parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que
uno
siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las
semillas, pero
cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se
convierte en un
arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las
ramas".
Les dijo también otra parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó
una mujer
y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por
fermentar".
Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y
sin parábolas
nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta:
"Abriré mi
boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto
desde la
creación del mundo".
Luego despidió a la gente y se fue a su casa. Entonces se le
acercaron sus
discípulos y le dijeron:
"Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó:
" El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el
campo es el
mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña
son los
partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo,
el tiempo de
la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así
sucederá al fin del
mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que
arranquen de su Reino
a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los
malvados, y los arrojen
en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su
Padre. El que tenga
oídos, que oiga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno.
Oremos:
Míranos, Señor, con amor y multiplica en nosotros los dones de
tu gracia para
que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre
fieles en el
cumplimiento de tus mandatos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Al pecador le das tiempo para que se arrepienta
Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13.16-19
No hay más Dios que tú,
Señor, que cuidas de todas las
cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la
justicia de tus
sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por
ser el Señor de
todos, eres misericordioso con todos.
Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano y
castigas a
quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo tú el dueño de la
fuerza, juzgas con
misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el
poder y lo usas
cuando quieres.
Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser
humano, y has
llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador
le das tiempo
para que se arrepienta.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 85
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Puesto que
eres, Señor, bueno y
clemente, y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi
oración y a mi
súplica da respuesta pronta.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Señor,
todos los pueblos vendrán para
adorarte y darte gloria, pues sólo tú eres Dios, y tus obras,
Señor, son
portentosas.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Dios
entrañablemente compasivo, todo
amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión de mí, pues
clamo a ti, Señor,
a toda hora.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
El espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27
Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros
dolores.
Aleluya.
Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha
† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 24-43
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
propuso esta parábola a la
gente:
"El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena
semilla en
su campo; pero, mientras los trabajadores dormían, llego un
enemigo del dueño,
sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las
plantas y se
empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces fueron los
trabajadores a decirle al amo:
"Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De
dónde, pues,
salió esta cizaña?"
El amo les respondió:
"De seguro lo hizo un enemigo mío".
Ellos le dijeron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el
trigo. Dejen
que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha, y cuando
llegue la cosecha,
diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en
gavillas para
quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero"".
Luego les propuso esta otra parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza
que uno
siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas
las semillas, pero
cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se
convierte en un
arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en
las ramas".
Les dijo también otra parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que
tomó una mujer
y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó
por fermentar".
Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas,
y sin parábolas
nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta:
"Abriré mi
boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba
oculto desde la
creación del mundo".
Luego despidió a la gente y se fue a su casa. Entonces se le
acercaron sus
discípulos y le dijeron:
"Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó:
" El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el
campo es el
mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la
cizaña son los
partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el
diablo, el tiempo de
la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los
ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así
sucederá al fin del
mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que
arranquen de su Reino
a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los
malvados, y los arrojen
en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su
Padre. El que tenga
oídos, que oiga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, al Dios de misericordia que
auxilie nuestra
pequeñez, para que podamos invocar su nombre con los
sentimientos que él desea:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Por la paz y concordia
de las Iglesias, por la unión
de todos los cristianos y por la salvación de nuestras almas,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los responsables de
las naciones, para que bajo su
gobierno tengamos una vida feliz y pacífica, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que están lejos
de casa, por los enfermos, los
encarcelados y los que sufren, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por nuestra comunidad
reunida en la fe, la piedad y el
temor de Dios, por los que hacen el bien a nuestras parroquias
y por los que
ayudan a los pobres, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Que nos sostenga, Señor, la fuerza y la paciencia de tu amor,
para que la
palabra evangélica, semilla sembrada y levadura escondida en
la Iglesia,
fructifique en nosotros; y se refuerce nuestra esperanza en
ver nacer una humanidad
nueva que Cristo, con su retorno glorioso, hará brillar como
el sol.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste a término y perfección los sacrificios de la antigua alianza, acepta y bendice estos dones, como aceptaste y bendijiste los de Abel, para que lo que cada uno te ofrece, sea de provecho para la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prendas de la Pascua eterna
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
En ti vivimos, nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos
en este mundo, no
sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino
que poseemos ya en
prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua
eterna, porque tenemos
las primicias del Espíritu, por el que resucitaste a Jesús de
entre los
muertos.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con
los ángeles:
Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza.
Oremos:
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,
míranos con
bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para
poder vivir como
hijos tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
DECIMOSEXTO DOMINGO CICLO A
LA CIZAÑA DE LA MALA DOCTRINA
- Actualidad de la parábola de la cizaña.
- Dar buena doctrina, tarea de todos. Utilizar los medios a nuestro alcance.
- Ahogar la cizaña con la abundancia de buena semilla. No desaprovechar ningunaocasión.
I. El Señor nos propone en el Evangelio de la Misa la parábola del trigo y de la cizaña (1). El mundo es el campo donde el Señor siembra continuamente la semilla de su gracia: simiente divina que al arraigar en las almas produce frutos de santidad. ¡Con cuánto amor nos da Jesucristo su gracia! Para Él, cada hombre es único, y para redimirlo no vaciló en asumir nuestra naturaleza humana. Nos preparó como tierra buena y nos dejó su doctrina salvadora. Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. La cizaña es una planta que se da generalmente en medio de los cereales y crece al mismo tiempo que éstos. Es tan parecida al trigo que antes de que se forme la espiga es muy difícil al ojo experto del labriego distinguirla de él. Más tarde se diferencia por su espiga más delgada y su fruto menudo; se distingue sobre todo porque la cizaña no sólo es estéril sino que además, mezclada con harina buena, contamina el pan y es perjudicial para el hombre (2). Sembrar cizaña entre el trigo era un caso de venganza personal que se dio no pocas veces en Oriente. Las plagas de cizaña eran muy temidas por los campesinos, pues podían llegar a perder toda una cosecha.
Los Santos Padres han visto en la cizaña una imagen de la mala doctrina, del error (3), que, sobre todo al principio, se puede confundir con la verdad misma, porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad (4) y difícilmente se distinguen; pero, después, el error siempre produce consecuencias catastróficas en el pueblo de Dios.
La parábola no ha perdido nada de actualidad: muchos cristianos se han dormido y han permitido que el enemigo sembrara la mala semilla en la más completa impunidad. Han surgido errores sobre casi todas las verdades de la fe y de la moral. Cómo hemos de estar vigilantes, con nosotros y con quienes de alguna manera dependen de nosotros, con aquellas publicaciones, programas de televisión, lecturas, etc., que son una verdadera siembra de error, de mala doctrina! Cómo hemos de cuidar los medios a través de los cuales nos llega la formación, la sana doctrina! Es necesario velar día y noche, y no dejarse sorprender; vigilar para poder ser fieles a todas las exigencias de la vocación cristiana, para no dar cabida al error, que pronto lleva a la esterilidad y al alejamiento de Dios. Vigilancia sobre nuestro corazón, sin falsas excusas de edad o de experiencia, y sobre aquellas personas que Dios nos ha encomendado.
II. Muchos estragos han producido el error y la ignorancia. El Profeta Oseas, mirando a su pueblo y viéndolo lejos de la felicidad para la que estaba llamado, escribió: languidece mi pueblo por falta de conocimiento (5). (A cuántos vemos nosotros que andan metidos en la tristeza, en el pecado, en el desconsuelo, en la desorientación más grande, por falta de la verdad de Dios! Muchas personas se dejan arrastrar por las modas y por las ideas impuestas por unos pocos que están en lugares de gran influencia, o se ven deslumbrados por falsos razonamientos, con complicidad casi siempre de las malas pasiones.
El enemigo de Dios y de las almas ha utilizado todos los medios humanos posibles. Así vemos cómo se desfiguran unas noticias, cómo se silencian otras, cómo se propagan ideas demoledoras sobre el matrimonio a través de seriales de televisión de gran alcance, o tratan de ridiculizar el valor de la castidad y del celibato, se propugna el aborto o la eutanasia, o se siembra la desconfianza ante los sacramentos y se da una idea pagana de la vida, como si Cristo no hubiera venido a redimirnos y a recordarnos que nos espera el Cielo. Y esto con una constancia y un empeño increíbles. El enemigo no descansa.
Nosotros, quienes queremos seguir los pasos del Maestro, no nos vamos a quedar quietos, como si las cosas fueran irreparables y nada tuviera ya remedio. A la historia se le puede imprimir un rumbo distinto porque no está predeterminada al mal y Dios nos ha dado la libertad para que sepamos conducirla a Él. Ésta es tarea de todos: a cada cristiano, esté donde esté, le atañe la misión de sacar a los hombres de su ignorancia y de sus errores. Aunque hay profesiones que pueden tener una mayor influencia en la vida pública, todos podemos y debemos sembrar buena semilla con simpatía, con amabilidad, con oportunidad, en la propia familia, entre los amigos, entre los compañeros de trabajo o de estudios, en el ámbito en el que nos movemos: mostrando con valentía la belleza de la verdad; desenmascarando el error; facilitando a otros los medios de formación oportunos, como cursos de retiro, círculos de estudio, dirección espiritual; aconsejando un buen libro con contenido doctrinal; animando a los demás con el propio ejemplo a que se comporten como buenos cristianos. Muchos se sentirán fortalecidos por nuestra conducta serena y firme, y podrán hacer frente a esa avalancha de mala doctrina que vemos a nuestro alrededor; ellos mismos se convertirán en focos de luz para otros que andan en la oscuridad. Y veremos cómo en tantos casos se cumplen aquellas palabras de Tertuliano referidas al mundo pagano, que rechazaba la doctrina de Jesucristo: dejan de odiar, quienes dejan de ignorar (6).
Debemos sacar el máximo provecho a las mil oportunidades que nos presenta la vida ordinaria para sembrar la buena semilla de Cristo: con motivo de un viaje, al leer el periódico, al charlar con los vecinos, a propósito de la educación de los hijos, al participar en el Colegio profesional, al emitir el voto en unas elecciones... En muchas ocasiones, surgirán con espontaneidad, como parte de la vida; otras, con la ayuda de la gracia y con garbo humano, sabremos provocarlas. Así servimos a Cristo; somos su voz en el mundo.
III. La abundancia de cizaña sólo puede contrarrestarse con mayor abundancia aún de buena doctrina: vencer al mal con el bien (7), con ejemplo de vida y coherencia de conducta, que es naturalidad. El Señor nos llama a buscar la santidad en medio del mundo, en el cumplimiento de los deberes ordinarios; y esta llamada reclama de nosotros una presencia activa en las realidades humanas nobles que de alguna manera nos atañen. No basta lamentarse ante tantos errores y ante medios tan poderosos para difundirlos, sobre todo en un momento en el que una sutil persecución condena a la Iglesia a morir de inedia, relegándola fuera de la vida pública y, sobre todo, impidiéndole intervenir en la educación, en la cultura, en la vida familiar.
No son derechos nuestros: son de Dios, y a nosotros, los católicos, Él los ha confiado..., ¡para que los ejercitemos! (8).
Es hora de salir al descubierto con todos los medios, pocos o muchos, que tengamos a nuestro alcance, y con la disposición de no desaprovechar una sola ocasión que se nos presente. Hemos de decir también a nuestros amigos, a quienes siguen o comienzan a dar sus primeros pasos tras el Maestro, que Él les necesita para que tantas gentes no queden sin conocerle y sin amarle. Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración: ¿qué puedo hacer yo -en mi familia, en el trabajo, en la escuela, en la agrupación social o deportiva a la que pertenezco, entre mis vecinos...- para que Cristo esté realmente presente con su gracia y su doctrina en esas personas? A qué medios de formación podría sacarles mayor provecho? Las modas pasan, y aquellos aspectos contrarios a la doctrina de Jesucristo que perduren, los cambiaremos los cristianos con empeño, con alegría, con una santa tozudez humana y sobrenatural. La Primera lectura de la Misa nos anima a confiar en el poder de Dios: Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total y reprimes la audacia de los que no lo conocen (9). Nada es inevitable, todo puede llevar otro rumbo, si hay hombres y mujeres que aman a Cristo y están santamente empeñados en que las costumbres sean más conformes con el querer de Dios. Para eso se precisa la ayuda de la gracia, que no falta, y que cada uno, cada una, quiera realmente ser instrumento del Señor allí donde está, para mostrar con el ejemplo y con la palabra que la doctrina de Jesucristo es la única que puede traer la felicidad y la alegría al mundo: es menester que (...) llevéis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para dar "vuestro tono" a la sociedad con la que conviváis.
- Y, entonces, si has cogido ese espíritu, estoy seguro de que me dirás con el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo: "Influimos tanto en el ambiente!" (10).
(1) Mt 13, 24-43.- (2) Cfr. F. PRAT, Jesucristo, su vida, su doctrina, su obra, JUS, 20 ed. , México 1948, vol. I, p. 289.- (3) Cfr. SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 47; SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. II, p. 240; etc.- (4) SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. II, p. 238.- (5) Os 4, 6.- (6) TERTULIANO, Ad nationes, 1, 1.- (7) Cfr. Rom 12, 21.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 310.- (9) Sab 12, 17.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 376.
___________________________________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Fuente: ACIprensa.com
Arsenio, Santo Anacoreta, Julio 19
Anacoreta Etimológicamente significa “viril”. Viene de la lengua griega. |
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Macrina la Joven, Santa Biografía, julio 19
|
Julio 19
Etimológicamente significa
“resplandeciente”. Viene de la lengua griega. |
![]()
Justa y Rufina, Santas Mártires, 19 de julio 287

Mártires
|
___________________________________________________________________________________________
San Símaco, Papa
Nació en Córcega y subió al pontificado en 498. Discutida su elección durante mucho tiempo y negada su legitimidad por el emperador Anastasio, Teodorico, rey de Italia, se declaró por su validez y expulsó al antipapa Lorenzo.
Uno de los primeros actos de su pontificado fue la convocación de un concilio en Roma (marzo de 499); en él se determinó que sería pontífice legítimo el que obtuviese la mayor parte de los sufragios del clero romano.
Entretanto, el emperador Atanasio publicó un libelo acusando a Símaco de maniqueísmo, a pesar de que el pontífice había desterrado a muchos de éstos al Africa.
San Enodio de Pavía se encargó de refutar este libelo difamatorio contra el papa, que murió en 514. Roma.
J†A
JMJ
Pax
Vende cuanto tiene y compra aquel campo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a sus discípulos:
"El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un
campo: el
que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y
vende cuanto
tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en
perlas finas, que,
al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la
compra.
El Reino de los cielos se parece también a la red que los
pescadores echan en
el mar y recoge toda clase de peces; cuando se llena la red, los
pescadores la
sacan a la playa y se sientan a escoger los
pescados, ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo
mismo sucederá al
final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos
de los buenos
y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la
desesperación.
¿Han entendido todo esto?"
Ellos le contestaron:
"Sí".
El les dijo:
"Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los
cielos es
semejante a un padre de familia, que va sacando de su tesoro
cosas nuevas y
cosas antiguas".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Adoremos a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa, él es la fuerza y el poder de su pueblo.
Oremos:
Padre santo todopoderoso, protector de los que en ti confían:
ten misericordia
de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de
la tierra, a fin
de que no nos impidan alcanzar los del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Pediste sabiduría
Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5.7-12
En aquellos días, el
Señor se le apareció al rey
Salomón en sueños y le dijo:
"Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré".
Salomón le respondió:
"Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi
padre, porque
se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de
corazón. Más aún,
también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has
hecho que un hijo
suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío,
que yo, tu
siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no
soy más un muchacho
y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en
medio de este
pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo.
Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que
sepa gobernar a
tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal.
Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo
tuyo tan
grande?"
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y
le dijo:
"Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni
la muerte
de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo
lo que me has
pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha
habido antes ni lo
habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me
has pedido: tanta
gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar
contigo".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el
hombre de conducta
intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es
fiel a sus
enseñanzas y lo busca de todo corazón.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Muéstrame,
Señor, el camino de tus leyes
y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y
a guardarla de
todo corazón.
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30 Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes los llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
Vende cuanto tiene y compra aquel campo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a sus discípulos:
"El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un
campo: el
que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va
y vende cuanto
tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en
perlas finas, que,
al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y
la compra.
El Reino de los cielos se parece también a la red que los
pescadores echan en
el mar y recoge toda clase de peces; cuando se llena la red,
los pescadores la
sacan a la playa y se sientan a escoger los
pescados, ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo
mismo sucederá al
final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los
malos de los buenos
y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la
desesperación. ¿Han
entendido todo esto?"
Ellos le contestaron:
"Sí".
El les dijo:
"Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los
cielos es
semejante a un padre de familia, que va sacando de su tesoro
cosas nuevas y
cosas antiguas".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, el auxilio del Espíritu Santo,
para que inspire
nuestras oraciones y ruegue con nosotros por las necesidades
del mundo:
Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para los que empiezan a
conocer a Cristo y desean la
gracia del bautismo, y para los que preparan el bautismo de
sus hijos, pidamos
el favor de Dios todopoderoso.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para nuestra comunidad,
para todos los que habitan en
ella y para todos los pueblos y naciones, pidamos al Señor paz
y prosperidad
abundantes.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para los que persiguen a
la Iglesia y para los
pecadores que viven intranquilos, pidamos la luz del Espíritu
y la gracia de la
conversión.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los que estamos aquí
reunidos y por aquellos por
los que queremos rezar, pidamos al Señor que nos guarde en la
fe y nos reúna en
el Reino de su Hijo.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Dios, que en Cristo nos has hecho descubrir el tesoro
escondido y la
perla de gran valor, concédenos la luz de tu Espíritu; para
que, viviendo en
medio del mundo, sepamos valorar las riquezas inestimables de
tu Reino y, para
poseerlas, estemos dispuestos a renunciar a todo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y concédenos que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La salvación por la obediencia de Cristo
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso, que no sólo
nos enviaste como
redentor a tu propio Hijo, sino que lo quisiste en todo
semejante a nosotros,
menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que
amabas en él. Con su
obediencia, nos devolviste
aquellos dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo:
Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.
Oremos:
Señor, que esta Eucaristía, memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo,
nos ayude a corresponder al don inefable de su amor y a
procurar cada día
nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO CICLO A
LA RED BARREDERA
- La red es imagen de la Iglesia, en la que hay justos y pecadores.
- A la Iglesia pertenecen sus hijos manchados por el pecado, pero no sus manchas. No debemos dejar que se juzgue a nuestra Madre por lo que precisamente no es: los errores de quienes no han sido fieles a su vocacióncristiana.
- Frutos de santidad.
I. El Evangelio de la Misa (1) nos presenta diversas parábolas acerca del Reino de los Cielos: el tesoro escondido, la perla de gran valor que encuentra un comerciante en perlas finas, la red barredera que echan en el mar y recoge toda clase de peces, unos buenos y otros malos. Al final se reúnen los buenos en un cesto y los malos se tiran. Esta red echada en el mar es imagen de la Iglesia, en cuyo seno hay justos y pecadores. En otros lugares el Señor enseña esta misma realidad: en su Iglesia, hasta el fin de los tiempos, habrá santos y quienes se han marchado de la casa paterna, malgastando la herencia recibida en el Bautismo; y todos pertenecen a ella, aunque de diverso modo.
Mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Heb 7, 26), no conoció el pecado (cfr. 2 Cor 5, 21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cfr. Heb 2, 17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación (2). Los pecadores, no obstante sus pecados, siguen perteneciendo a la Iglesia, por los valores espirituales que aún subsisten en ellos: el carácter indeleble del Bautismo y de la Confirmación, la fe y la esperanza teologales..., y por la caridad que llega a ellos en razón de los demás cristianos que luchan por ser santos. Quedan asociados a quienes se empeñan cada día por amar más a Dios, de la misma manera que un miembro enfermo o paralítico participa y recibe el influjo de todo el cuerpo.
La Iglesia sigue viviendo en sus hijos que no poseen ya la gracia. Lucha en ellos contra el mal que los corroe; se esfuerza por retenerlos en su seno, por vivificarlos continuamente al ritmo de su amor. Los conserva como se conserva un tesoro del que no se desprende uno más que cuando se ve obligado a ello. Y no es que quiera cargar con un peso muerto. Tan sólo espera que a fuerza de paciencia, de mansedumbre, de perdón, el pecador que no se haya separado totalmente de ella volverá para vivir en plenitud; que la rama adormecida, por la poca savia que en ella quedaba, no será cortada ni arrojada al fuego eterno, sino que tendrá tiempo para volver a florecer (3). La Iglesia no se olvida un solo día de que es Madre. Continuamente pide por sus hijos que se hallan enfermos, espera con infinita paciencia, trata de ayudarles con una caridad sin límites. Nosotros debemos hacer llegar hasta el Señor nuestras oraciones, y ofrecer el trabajo, el dolor, las fatigas, por aquellos que, perteneciendo a la Iglesia, no participan de la inmensa riqueza de la gracia, esa corriente de vida que fluye sin cesar, principalmente a través de los sacramentos. De modo muy particular debemos pedir cada día por aquellos con quienes nos unen vínculos más estrechos para que, si están enfermos, recobren plenamente la salud espiritual.
II. Aunque en el Pueblo de Dios existan miembros alejados de la gracia vivificante y sean incluso causa de escándalo para muchos, la Iglesia misma, sin embargo, está libre de todo pecado. De ella se puede decir, de modo analógico y acomodado, lo que se dice de Cristo: es de arriba, no de abajo; es de origen divino. Cristo la tomó como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla, la unió a Sí mismo como su cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo, para gloria de Dios (...). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta continuamente y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles; se expresa de las maneras más diversas en cada uno de los que, según su condición de vida, tienden a la perfección de la caridad, edificando a los demás+ (4). Ella sabe que no es una formación de este mundo, ni un poder cultural religioso, ni una institución política, ni una escuela científica, sino una creación del Padre celestial por medio de Jesucristo. *En Ella ha depositado Cristo, el Enviado del Padre, su palabra y su obra, su vida y su salvación, y en Ella los dejó para todas las generaciones venideras+ (5).
Los pecadores pertenecen a la Iglesia, a pesar de sus pecados; todavía pueden volver a la casa paterna, aunque sea en el último instante de su vida. Por el Bautismo, llevan en sí una esperanza de reconciliación que ni aun los pecados más graves pueden borrar. El pecado que la Iglesia encuentra en su seno no es parte de ella; es, por el contrario, el enemigo contra el que habrá de luchar hasta el final de los tiempos, especialmente a través del sacramento de la Confesión. Sí pertenecen a ella sus hijos manchados por el pecado, pero no sus manchas. Sería bien triste que nosotros, sus hijos, dejáramos que se juzgara a la Iglesia precisamente por lo que no es.
Como recordaba en una ocasión Juan Pablo II, la Iglesia *es Madre, en la que renacemos a la vida nueva en Dios; una madre debe ser amada. Ella es santa en su Fundador, medios y doctrina, pero formada por hombres pecadores; hay que contribuir positivamente a mejorarla, a ayudarla hacia una fidelidad siempre renovada, que no se logra con críticas corrosivas+ (6).
Cuando se habla de los defectos de la Iglesia en el pasado o en el presente, o se dice que la Iglesia debe purificar sus faltas, se olvida que esas faltas y esos errores se dieron y se dan precisamente por personas, con responsabilidad personal, que no vivieron su vocación cristiana y no llevaron a cabo la doctrina que Cristo dejó a su Iglesia; se olvida que Cristo la ha adquirido para Sí, por medio de su Sangre (7), que la ha purificado desde el comienzo para que aparezca en su presencia totalmente resplandeciente, sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, sino santa e inmaculada (8), que es la Casa de Dios, columna y soporte de la verdad (9).
*Si amamos a la Iglesia no surgirá nunca en nosotros ese interés morboso de airear, como culpa de la Madre, las miserias de algunos de los hijos. La Iglesia, Esposa de Cristo, no tiene por qué entonar ningún mea culpa. Nosotros sí (...). Éste es el verdadero meaculpismo, el personal, y no el que ataca a la Iglesia, señalando y exagerando los defectos humanos que, en esta Madre Santa, resultan de la acción en Ella de los hombres hasta donde los hombres pueden, pero que no llegarán nunca a destruir -ni a tocar, siquiera- aquello que llamábamos la santidad original y constitutiva de la Iglesia+ (10).
III. La Iglesia es santa y fuente de santidad en el mundo. Nos ofrece continuamente los medios para encontrar a Dios. *Esta piadosa Madre brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra siempre pureza; en las santísimas leyes, con que a todos manda y en los consejos del Evangelio, con que nos amonesta; y finalmente en los dones celestiales y carismas, con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores+ (11).
Es fuente de santidad y la causa de la existencia de tantos santos a lo largo de los siglos. Primero fueron los mártires, que dieron su vida en testimonio de la fe que profesaban. Luego, la historia de la humanidad ha conocido el ejemplo de tantos hombres y mujeres que ofrecieron su vida por amor a Dios para ayudar a sus hermanos en todas las miserias y necesidades. No hay apenas indigencia humana que no haya despertado en la Iglesia la vocación de hombres y mujeres para solucionarla, llegando al heroísmo. Y son muchos, también hoy, los padres y madres de familia que gastan callada y heroicamente su vida, sacando la familia adelante en cumplimiento de la vocación que han recibido de Dios, y hombres y mujeres que en medio del mundo se han entregado por entero al Señor, viviendo la virginidad o el celibato, y, siendo ciudadanos corrientes, dan una especial gloria y alegría a Dios, santificándose en sus respectivas profesiones y ejerciendo un apostolado eficaz entre sus compañeros. La Iglesia es santa porque todos sus miembros están llamados a la santidad, *lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella+ (12).
En virtud de la santidad de su Fundador, la Iglesia, Esposa de Cristo, es siempre joven y siempre bella, sin mancha ni arruga (13), digna siempre de la complacencia divina. La santidad de la Iglesia es algo permanente y no depende del número de cristianos que vivan su fe hasta las últimas consecuencias, pues es santa por la acción constante en ella del Espíritu Santo, y no por el comportamiento de los hombres. Por esto, aun en los momentos más graves, *si las claudicaciones superasen numéricamente las valentías, quedaría aún esa realidad mística -clara, innegable, aunque no la percibamos con los sentidos- que es el Cuerpo de Cristo, el mismo Señor Nuestro, la acción del Espíritu Santo, la presencia amorosa del Padre+ (14).
Pidamos al Señor que nosotros, miembros del Pueblo de Dios, de su Cuerpo Místico, crezcamos en santidad personal y seamos así buenos hijos de la Iglesia Santa. *Se necesitan -dice Juan Pablo II- heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy+ (15).
(1) Mt 13, 44-52.- (2) CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 8.- (3) CH. JOURNET, Teología de la Iglesia, Desclée de Brouwer, Bilbao 1960, p. 258.- (4) CONC. VAT. II, loc. cit., 39.- (5) M. SCHMAUS, Teología dogmática, vol. IV, La Iglesia, p. 603.- (6) JUAN PABLO II, Homilía en Barcelona, 7-XI-1982.- (7) Hech 20, 28.- (8) Ef 5, 27.- (9) 1 Tim 3, 15.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amar a la Iglesia, p. 25.- (11) PIO XII, Enc. Mystici Corporis, 29-VI-1943, 30.- (12) CONC. VAT. II, loc. cit. , 39.- (13) Cfr. Ef 5, 25-27.- (14) J. ESCRIVA DE BALAGUER, o. c. , p. 47.- (15) JUAN PABLO II, Discurso al Simposio de Obispos Europeos, 11-X-1985.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Joaquín y Santa Ana
Por sus frutos los conoceréis
De los sermones de san Juan Damasceno, obispo, Damasco, Siria, 675 - 749.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.
¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.
Oración
Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Santa Ana
Milagrosa novena para obtener un feliz embarazo y parto en honor a los 9 meses que la Virgen María estuvo en el seno de Santa Ana: meditar dicho misterio mientras se reza 9 AveMarías cada día, durante 9 días. ¡Se ruega probarla y recomendarla!

26 de julio
Meditación
Grande es la dignidad de Santa Ana por ser la Madre de la Virgen María, predestinada desde toda la eternidad para ser Madre de Dios, la santificada desde su concepción, Virgen sin mancilla y mediadora de todas las gracias. Nieto de Santa Ana fue el hijo de Dios hecho hombre, el Mesías, el Deseado de las naciones. María es el fundamento de la gloria y poder de Santa Ana a la vez que es gloria y corona de su madre.
La santidad de Santa Ana es tan grande por las muchas gracias que Dios le concedió. Su nombre significa "gracia". Dios la preparó con magníficos dones y gracias. Como las obras de Dios son perfectas, era lógico que Él la hiciese madre digna de la criatura más pura, superior en santidad a toda criatura e inferior solo a Dios.
Santa Ana tenía celo por hacer obras buenas y esforzarse en la virtud. Amaba a Dios sinceramente y se sometió a su santa voluntad en todos los sufrimientos, como fue su esterilidad por veinte años, según cuenta la tradición. Esposa y madre fue fiel cumplidora de sus deberes para con el esposo y su encantadora hija María.
Muy grande es el poder intercesor de Santa Ana. Ciertamente santa amiga de Dios, distinguida sobre todo por ser la abuela de Jesús en cuanto Hombre.
La Santísima Trinidad le concederá sus peticiones: el Padre, para quien ella gestó, cuidó y educó a su hija predilecta; el Hijo, a quien le dió madre; el Espíritu Santo, cuya esposa educó con tan gran solicitud.
Esta Santa privilegiada sobresale en mérito y gloria, cercana al Verbo encarnado y a sus Santísima Madre. Sin duda que Santa Ana tiene mucho poder ante Dios. La madre de la Reina del Cielo, que es poderosa por su intercesión y Madre de misericordia, es también llena de poder y de misericordia.
Tenemos muchos motivos para escoger a Santa Ana como nuestra intercesora ante Dios. Como abuela de Jesucristo, nuestro hermano según la carne, es también nuestra abuela y nos ama a nosotros sus nietos. Nos ama mucho porque su nieto Jesús murió por nuestra salvación y María, su hija, fue proclamada Madre nuestra bajo la Cruz. Nos ama de verdad en atención a las dos Personas que ella amó más en esta vida: a Jesús y a María. Si su amor es tan grande su intercesión no será menos. Debemos, por tanto acudir a ella con tal confianza en nuestras necesidades. No hay la menor duda de que esto agrada a Jesús y a María, quienes la amaron tan profundamente. Se celebra la fiesta de Santa Ana el 26 de julio.
La Palabra de Dios
El logrará la
bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación. Sal
24, 5
“¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!
Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. Mt 13, 16-17
Oraciones propias de la Novena
Gloriosa Santa Ana, quiero honrarte con especial devoción. Te escojo, después de la Santísima Virgen, por mi madre espiritual y protectora. Te encomiendo mi alma y mi cuerpo, todos mis intereses: espirituales y temporales y los de mi familia.
Te consagro mi mente, para que en todo se guíe por la luz de la fe; para que se conserve puro y lleno de amor a Jesús, a María, a José y a ti misma; mi voluntad para que, como la tuya, este siempre conforme con la de Dios.
Buenísima Santa Ana, desbordante de amor para cuantos te invocan y de compasión con los que sufren. Confiadamente pongo ante ti la necesidad de que me concedas están gracia en particular (mencione el favor que desea)
Te suplico recomiendes mi petición a tu Hija, la Santísima Virgen María, para que ambas, María y tu, la presentéis a Jesús. Por tu valiosa intercesión sea cumplido mi deseo.
Pero si lo que pido no fuere voluntad de Dios, obténme lo que sea de mayor bien para mi alma. Por el poder y gracia con que Dios te ha bendecido dame una mano y ayúdame.
Te pido sobre todo, misericordiosísima Santa Ana, me ayudes a dominar mis malas inclinaciones de mi estado de vida y de practicar las virtudes que sean más necesarias para mi salvación.
Como tu, haz que yo logre por el perfecto amor a Dios ser para El en vida y en muerte. Que después de haberte amado y honrado en la tierra con verdadera devoción de hijo pueda, por tus oraciones, tener el privilegio de amarte y honrarte en el Cielo con los ángeles y Santos por toda la eternidad.
Bondadosísima Santa Ana, madre de aquella que es nuestra vida, muestra tu dulzura y dame esperanza, intercede ante tu Hija, para que yo alcance la paz.
Memorare a Santa Ana
Recuerda,
gloriosa Santa Ana, pues tu nombre significa gracia y
misericordia, que nunca
se ha oído decir que uno solo de cuantos se acogieron a tu
protección o han
implorado tu auxilio y buscado tu intercesión hayan sido
desamparados.
Yo, pecador, animado de tal confianza, acudo a ti, santa madre de la Inmaculada Virgen María y encantadora abuela del Salvador. No rechaces mi petición, antes bien escucha y accede a mis ruegos. Amén.
Oración a San Joaquín y Santa Ana
Insigne y glorioso patriarca San Joaquín y bondadosísima Santa Ana, ¡cuánto es mi gozo al considerar que fueron escogidos entre todos los santos de Dios para dar cumplimiento divino y enriquecer al mundo con la gran Madre de Dios, María Santísima! Por tan singular privilegio, han llegado a tener la mayor influencia sobre ambos, Madre e Hijo, para conseguirnos las gracias que más necesitamos.
Con gran confianza recurro a su protección poderosa y les encomiendo todas mis necesidades espirituales y materiales y las de mi familia. Especialmente la gracia particular que confío a su solicitud y vivamente deseo obtener por su intercesión.
Como ustedes fueron ejemplo perfecto de vida interior, obténgame el don de la más sincera oración. Que yo nunca ponga mi corazón en los bienes pasajeros de esta vida.
Denme vivo y constante amor a Jesús y a María. Obténganme también una devoción sincera y obediencia a la Santa Iglesia y al Papa que la gobierna para que yo viva y muera con fe, esperanza y perfecta caridad.
Que yo siempre invoque los santos Nombres de Jesús y de María, y así me salve.
Letanía en honor a Santa Ana
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa Ana, ruega por nosotros
Descendente de la familia de David,
Hija de los patriarcas,
Fiel esposa de San Joaquín,
Madre de María, la Virgen Madre de Dios,
Amable madre de la Reina del Cielo,
Abuela de nuestro Salvador,
Amada de Jesús, María y José,
Instrumento del Espíritu Santo
Ricamente dotada de las gracias de Dios,
Ejempol de piedad y paciencia en el sufrimiento,
Espejo de obediencia,
Ideal del autentico feminismo,
Protectora de las vírgenes,
Modelo de las madres cristianas,
Protectora de las casadas,
Guardián de los niños,
Apoyo de la vida familiar cristiana,
Auxilio de la Iglesia,
Madre de misericordia,
Madre merecedora de toda confianza,
Amiga de los pobres,
Ejemplo de las viudas,
Salud de los enfermos,
Cura de los que sufren del mal,
Madre de los enfermos,
Luz de los ciegos,
Voz de quienes no pueden hablar,
Oído de los sordos,
Consuelos de los afligidos,
Alentadora de los oprimidos,
Alegría de los ángeles y Santos,
Refugio de los pecadores,
Puerto de salvación,
Patrona de la buena muerte,
Auxilio de cuantos recurren a ti,
Cordero de Dios que quitas los pecado del mundo,
perdónanos Señor,
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
escúchanos Señor,
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
ten piedad de nosotros,
Ruega por nosotros buenísima Santa Ana,
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno te has complacido en escoger a Santa Ana para que de ella naciera la Madre de tu amado hijo. Haz, te rogamos, que cuantos la honramos con especial confianza podamos, por su intercesión, alcanzar la vida eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Fuente: Vatican.va
Jorge Preca, Santo Presbítero Fundador, 26 de julio
Presbítero maltés, promotor del laicado. Fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana, para el apostolado de la catequesis. Martirologio Romano: En La Valetta, capital de la isla de Malta, beato Jorge Preca, presbítero, que se entregó amorosamente a la formación catequética de los niños y fundó la Sociedad de la Doctrina Cristiana, cuya misión es ser testigos de la Palabra de Dios y propagarla.
Etimología: Jorge = Aquel que trabaja la tierra, es de origen griego
Nació en La Valletta, Malta, el 12 de febrero de 1880. El 17 de febrero fue bautizado en la iglesia parroquial de la Santísima Virgen María de Puerto Salvo.
En 1888 la familia se trasladó a la ciudad comercial de Hamrun —poco distante de La Valletta—, en cuya iglesia parroquial recibió la Confirmación y la primera Comunión.
Terminado el bachillerato, entró al seminario. Era muy apreciado por sus compañeros, a los que solía hacer breves reflexiones espirituales. Especialmente marcaron su vida, como una meta y una misión, las palabras que le dirigió un día su confesor y director espiritual: "Dios te ha elegido para enseñar a su pueblo".
Fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1906. Durante algunas semanas sólo salió de casa para celebrar la santa misa; el resto del tiempo lo pasaba en oración y contemplación.
Algunos lo definieron "el san Felipe Neri de Malta". Se propuso como objetivo principal de su vida preparar a los jóvenes para que ellos a su vez dieran la necesaria formación religiosa a los demás. Recién ordenado sacerdote comenzó a reunirse con algunos jóvenes de Hamrun para formarlos en la lectura de la sagrada Escritura. Así nació, en marzo de 1907, la "Sociedad de la Doctrina Cristiana".
Al inicio, don Jorge llamó a su asociación "Societas Papiduum et Papidissarum", pues quería que tuvieran una devoción filial al Vicario de Cristo. Pero luego, escogió como nombre Museum —museo para conservar la palabra de Dios—, palabra que el siervo de Dios convirtió en un acróstico: Magister, utinam sequatur Evangelium universus mundus, es decir: "Maestro, ojalá que todo el mundo siga el Evangelio". Ese fue el gran anhelo que impulsó a don Jorge a lo largo de toda su vida.
En el año 1910 se inauguró la sección femenina. Con el paso del tiempo se fue definiendo la fisonomía de la Sociedad: laicos, trabajadores, célibes, totalmente entregados al apostolado de la catequesis, tanto de niños como de adultos, una vida de gran disciplina, modestia en el vestido, una serie de oraciones para rezar de memoria cada cuarto de hora ("El reloj del Museum"), una hora de catequesis cada día en centros abiertos en casi todas las parroquias de las islas maltesas, y luego una hora de formación permanente.
La Sociedad atravesó momentos de dificultad y prueba. En 1909 don Jorge recibió la orden de cerrar todos los centros, y obedeció sin quejas. Ante las protestas de los párrocos el obispo revocó la orden. En los años 1914-1915 aparecieron en los periódicos de Malta artículos infamantes contra la Sociedad, pero don Jorge pidió a todos los socios que los aceptaran con mansedumbre y serenidad.
La erección canónica de la Sociedad de la Doctrina Cristiana tuvo lugar el 12 de abril de 1932. Durante la segunda guerra mundial se desarrolló, desempeñando su actividad en casi todas las parroquias de las islas de Malta y de Gozo.
Don Jorge se prodigó como apóstol del Evangelio. Escribió numerosos libros de dogmática, ascética y moral. Pero sobre todo destacó por la divulgación de la palabra de Dios, traducida al maltés, presentada en textos breves, fáciles de memorizar, o en libritos de meditación. Como consejero y director espiritual, brilló por su prudencia y sabiduría. Mucha gente acudía a él para recibir una palabra de consuelo y aliento.
Fue también gran apóstol del misterio de la Encarnación. Propagó la devoción a las palabras "Verbum Dei caro factum est" (Jn 1, 14), estableciendo que los miembros de la Sociedad las tomaran como lema. Y les pidió que, la víspera de Navidad, organizaran en cada aldea una celebración en honor de Jesús Niño.
En los momentos de prueba se encomendó totalmente a la protección de la Virgen. El 21 de julio de 1918 se inscribió en la Tercera Orden Carmelitana, eligiendo, al profesar, el nombre de fray Franco. Además, quiso que todos los socios, y los niños que frecuentaban sus secciones, llevaran el escapulario del Carmen. Tuvo una devoción particular a la Virgen del Buen Consejo y divulgó con empeño la medalla milagrosa.
En 1952 la Sociedad comenzó su apostolado fuera de Malta: cinco miembros fueron enviados a Australia. Hoy tiene centros en Inglaterra, Albania, Kenia, Sudán y Perú.
Después de una vida de entrega total al apostolado, don Jorge murió, con fama de santidad, el 26 de julio de 1962 en su casa en Santa Venera, Malta.
El Papa Juan Pablo II lo beatificó el 9 de mayo de 2001 en Malta.
El Papa Benedicto XVI lo canonizó el 3 de Junio de 2007 en ceremonia efectuada en la Plaza de San Pedro. |
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Fuente: aica.org
María Pierina de Micheli, Beata Religiosa, 26 de julio
Religiosa En Centonara D´Artò, provincia de Novara, Italia, Beata Maria Pierina de Micheli (en el siglo Giuseppina), religiosa del Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires, Argentina. († 1945)
Fecha de Beatificación: 30 de mayo de 2010 durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.
El 11 de septiembre de 1890 nació en Milán (Italia) Josefina De Micheli. A la edad de 12 años, un Viernes Santo, esperando el turno para besar el crucifijo oyó una voz interior que le dijo: “¿Nadie me da un beso de amor en el Rostro para reparar el beso de Judas?”. Llegado el momento, como ella misma lo relata, le dio un fuerte beso con todo el ardor de su corazón. Con el pasar de los años, esta devoción fue creciendo.
En Milán, cerca de la casa de la familia De Micheli, en 1912 se establece una comunidad de la congregación “Hijas de la Inmaculada Concepción”, venida de la Argentina, a la que el párroco de San Pietro in Sala le confía el oratorio femenino.
El 15 de octubre de 1913, a la edad de 23 años, Josefina ingresa a esta Congregación y es recibida por la Fundadora, Sierva de Dios María Eufrasia Iaconis.
Al año siguiente, en la ceremonia de la vestición religiosa, recibe el nombre de María Pierina. Cuatro años después de emitir los primeros votos, es destinada con otras compañeras a la Casa Madre de la Congregación, en Buenos Aires. Allí, en 1921, se consagra para siempre, con la emisión de los votos perpetuos, y en noviembre del mismo año, vuelve a Milán.
Luego de ser durante varios años Superiora de Milán, en 1939 pasa a Roma como Superiora de una nueva casa y en 1940 recibe el nombramiento de Superiora Regional.
Ese escapulario, reemplazado luego por la medalla, será “un arma de defensa, un escudo de fortaleza, una prenda de amor y misericordia que Jesús quiere dar al mundo”. Promete a los que la lleven y hagan los días martes una visita al Santísimo Sacramento, “ser fortificados en la fe, prontos a defenderla y a superar todas las dificultades internas y externas” y además “una muerte serena bajo la mirada de su Divino Hijo”.
Transcurridos los duros años de la Segunda Guerra Mundial y apenas le fue posible, la Madre Pierina parte el 7 de junio de 1945 de Roma hacia Milán en un camión, con el deseo de volver a ver a las Hermanas.
En los primeros días de julio llega a la casa “Santo Volto” (Santo Rostro) en Centonara D´Artò, provincia de Novara, donde habían trasladado el Noviciado. Enferma gravemente y allí, el 26 de julio de 1945, a la edad de 54 años, se duerme en el Señor rodeada por sus hijas espirituales.
Carisma específico de la Madre María Pierina
María Pierina De Micheli vivió intensamente el carisma de las “Hijas de la Inmaculada Concepción”. Amó profundamente a la Virgen Inmaculada con un corazón siempre dispuesto a aceptar la voluntad de Dios. Manifiesta en su Diario: “Quiero pedir cada día a la Virgen la gracia de vivir en un abandono gozoso…”.
Como don personal experimentó un incondicional amor al Divino Rostro de Jesús, que se le presentó numerosas veces, haciéndole participar de sus sufrimientos y pidiéndole que se entregase como reparadora por la santificación de los sacerdotes y la conversión de los pecadores, gozando también de las consolaciones propias de los místicos.
La medalla que ella acuñó fue instrumento de numerosas gracias y se sigue difundiendo a lo largo de los años.
Congregación Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires
La familia religiosa de las Hijas de la Inmaculada Concepción nació en Buenos Aires en 1904, fundada por la Sierva de Dios María Eufrasia Iaconis.
Sus miembros se sienten llamadas a vivir su identidad eclesial con un carisma particular, inspirando la vida espiritual y el apostolado en el misterio de la Inmaculada Concepción.
Animadas de esta específica espiritualidad mariana, las Hijas de la Inmaculada Concepción están disponibles a la Voluntad de Dios, a favor de los hermanos, cultivando una gran apertura a las necesidades de la Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Fundadora, una mujer fuerte y fiel, que enfrentó grandes dificultades, dispuesta a cualquier sacrificio por el bien de la Congregación.
La Madre María Eufrasia Iaconis llegó a la Argentina a fines del siglo XIX, y su primera tarea fue la asistencia a los enfermos en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Más tarde se lanzó a la tarea educativa, fundando colegios en diversas provincias del país. Su espíritu incansable y generoso la llevó a fundar también en Milán, Italia. Falleció el 2 de agosto de 1916, a la edad de 48 años.
Sus hijas, con el deseo de ser la presencia de María en el mundo de hoy, desarrollan su apostolado en colegios, hospitales, hogares de ancianos, pensionados, guarderías infantiles, 1arroquias y obras misioneras.
En la Argentina se encuentran presentes en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. El carisma se ha extendido a Italia, España, Brasil, Chile y México. |
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Tito Brandsma, Beato Presbítero y Mártir, 26 de julio
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beato Tito Brandsma, presbítero de la Orden de los Carmelitas, mártir, holandés de nacimiento, que por defender la Iglesia y la dignidad del hombre sufrió con ánimo sereno toda clase de quebrantos y vejaciones, dando ejemplo de una caridad sin límites, tanto en favor de sus hermanos concautivos como de sus mismos verdugos (1942).
El beato Tito Brandsma nació en Bolsward, Holanda, 23 de febrero de 1881; murió en Dachau, Alemania, el 26 de julio de 1942) fue un sacerdote carmelita y profesor de filosofía holandés conocido por su vehemente oposición a la ideología nazi y a sus pronunciamientos en contra de la misma desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
Procedente de una familia tradicional católica, Brandsma se incorporó a la orden de los carmelitas el 17 de septiembre de 1898, donde recibió el nombre religioso Titus (Tito).
Ordenado sacerdote en 1905, Brandsma fue un estudioso brillante de la mística carmelita, disciplina en la que se doctoró en filosofía en Roma en 1909. A continuación, enseñó en varias escuelas en los Países Bajos. Entre sus logros se encuentra una traducción de las obras de Santa Teresa de Ávila al holandés.
La abundante documentación recogida por el estudioso en su publicación del misticismo holandés es la base para el actual Instituto Tito Brandsma de Nijmegen, dedicado al estudio de la espiritualidad.
Brandsma fue uno de los fundadores de la Universidad Católica de Nijmegen (actualmente Universidad Radboud), donde se convirtió en profesor de filosofía e historia de la mística durante el curso 1923-1924]]. Más tardefue elegido Rector Magnífico.
El padre Brandsma también trabajó como periodista y fue consejero eclesiástico de varios periódicos católicos a partir de 1935. Fue su lucha contra la propagación de la ideología nazi y por la educación y la libertad de prensa lo trajo que llamó la atención de los nazis.
Fue detenido en enero de 1942, cuando trataba de persuadir a los periódicos católicos holandeses para que no incluyesen propaganda nazi en sus ediciones, contraviniento la ley nazi para los territorios ocupados.
Previamente había colaborado en la elaboración una Carta Pastoral que se leyó en todas las parroquias por la que los obispos holandeses condenaban oficialmente las medidas antisemitas nazis y las primeras deportaciones de judíos. En dicha carta se afirmaba que el nazismo era incompatible per se con el catolicismo.
Después de la carta, los nazis deportaron a los primeros c. de 3000 judíos procedentes de los Países Bajos, todos ellos convertidos al catolicismo.
El mismo Brandsma fue detenido en 1942 y trasladado a Dachau el 13 de junio, después de haber sido prisionero en Scheveningen, Amersfoort, y Cleves. En Dachau fueron reunidos la mayoría de los prisioneros cristianos detenidos por los nazis.
Brandsma murió el 26 de julio de 1942, a causa una inyección letal administrada por un médico de las SS Allgemeine.
Fue beatificado el 3 de noviembre de 1985 por Juan Pablo II. Su fiesta se celebra el día 27 de julio.
En 2005, Tito Brandsma fue elegido por los habitantes de Nijmegen como el ciudadano más grande de la ciudad en su historia. |
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Fuente: preguntasantoral.blogia.com
Camila Gentilli, Beata Mártir, 26 de julio
Mártir Martirologio Romano: En Septémpeda (hoy San Severino Marche), en el Piceno, beata Camila Gentili, martirizada por su propio esposo (s. XIV/XV).
Etimológicamente: Camila = Aquella que es mensajera de Dios, es de origen hebreo.
Camilla Gentilli de Rovellone vivió a finales del siglo XV en San Severino, Italia. Sus padres, miembros de la nobleza, eran los señores Rovellone y Brandina parte de la familia Giusti. Como era costumbre de aquellos tiempos entre poderosas familias, Camilla fue entregada como esposa a Battista Santucci, un violento individuo que tenía fuertes sentimientos de antipatía por los Giusti, probablemente las dos familias buscaban evitar futuros conflictos entre ellas, pero eso no impide que nosotros ahora no seamos capaces de entender esas situaciones. La historia cuenta que Camilla era una mujer llena de cualidades: mansa, pacífica, disciplinada, y que todos quienes la conocían la estimaban por su bondad. Tenía todos los dones que en aquellos tiempos se demandaba a una esposa.
En el 1482 Battista mató a Pierozzo Grassi, miembro de la familia Giusti, y lógicamente fue enjuiciado por ese acto, la condena era la muerte, pero se salvó gracias a la intervención de Camilla, que interpuso todos sus recursos para ello, y que agregó a sus personales esfuerzos sus oraciones. Pese haber recibido semejante favor, Battista no sólo no lo correspondió, sino que su irracional odio hacia la familia de su esposa se incrementó, y agregó a la lista de sus enemigos personales a su esposa, llegó a prohibirle que ella pudiera visitar a su madre, cosa que Camila nunca aceptó, por lo que sus visitas nunca se interrumpieron.
Eso indignó a Battista, quien ideó minuciosamente su venganza, aparentando un cariño que no era habitual en él, planteó a su mujer el proyecto de pasar unos días, solos y juntos, en Uvaiolo, en donde tenían una quinta. Ella, con la esperanza de que su esposo estabiera cambiando, aceptó encantada. Arribaron a su propiedad el 26 de julio de 1486, y una vez solos, él la acuchilló cruelmente, clavando el arma en su costado izquierdo, en donde está el corazón, para luego abrir de un solo corte su cuello, ella tan sólo pudo invocar al Señor y perdonó a su verdugo.
Battista tuvo la desvergüenza de pretender escabullirse, pero dada su vinculación a aquellas propiedades, y a sus antecedentes, se convirtió en el principal sospechoso y al poco tiempo se reveló toda la verdad, logrando así ganarse el desprecio de toda la sociedad. No quedan registros de cuál fue su condena.
El cuerpo de Camilla fue enterrado en la iglesia de Santa Maria dal Mercato (actual iglesia de San Doménico) que era donde la familia Gentilli tenía su mausoleo. En la actualidad su tumba sigue siendo destino de peregrinos que piden gracias e intercesión a la hoy beata. Entre sus devotos encontramos a Prospero Lambertini, cardenal de Bolonia, quien al llegar a ser papa tomó el nombre de Benedicto XV. El 15 de enero de 1841, S.S. Gregorio XVI la proclamó Beata y estableció su fiesta para el 27 de julio, día posterior al de su entrada al reino de Dios. |
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Bartolomea Capitanio, Santa Virgen Fundadora, 26 de julio
Virgen Fundadora |
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de las Hermanas de la Caridad de María Niña |
Martirologio Romano: En Luere, de la Lombardía, santa Bartolomea Capitanio, virgen, fundadora junto con santa Vicenta Gerosa del Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña. Murió a los veintisiete años, atacada por la tisis o más bien consumida por su caridad (1833).
(1807-1833) Nació en Lovere, en Bergamo, en la región de Lombardía en el norte de Italia.
Desde niña, Santa Bartolomea se mostró precoz y despierta, y siempre mostró interés por enseñar. Con todo su afán por aprender, a los 11 años ingresó al monasterio de las Clarisas de Lovere, y en 1822 obtiene certificación de educadora.
Dos años después regresó al hogar familiar, donde abrió una pequeña escuela para muchachas pobres. Sucedió que por su actividad pedagógica tuvo contacto con otra persona nacida también en Lovere, y que también alcanzaría la santidad.
En efecto, Santa Bartolomea Capitanio entra en contacto con Santa Vicenta Gerosa (1784-1847) (28 de junio), quien sería su amiga, compañera y asociada.
En 1829, Santa Bartolomea comenzó a trabajar como directora en el hospital para pobres que habían fundado las hermanas Gerosa en la misma villa de Lovere.
Cuando Santa Bartolomea y Santa Vicenta se conocen más íntimamente e intercambian ideas, ambas contemplan la grandiosa posibilidad de trabajar juntas en favor de la juventud, especialmente de género femenino.
Así fundan entre las dos la Congregación de Hermanas de María Niña, en 1832, instalándose en un antiguo edificio abandonado que llevaba el nombre de Casa Gaya, y que la gente empezó a llamar “El Conventito”.
Luego de hacer solemnes votos de pobreza, obediencia y caridad, se ofrendaron a sí mismas al servicio de los pobres. Su Instituto abarcaba escuela, orfelinato y congregaciones, y se daban tiempo además de atender el hospital.
El proyecto de ambas fue creciendo con rapidez asombrosa, acogiendo cada vez a más discípulas. Sin embargo, cuando apenas era el comienzo de una obra que llegaría a ser por demás fructífera, Santa Bartolomea falleció súbitamente, a la edad de 26 años.
A pesar de su breve vida, Santa Bartolomea Capitanio destacó en la perfección del servicio a los demás. Fue canonizada junto con Santa Vicenta Gerosa en 1950 por el papa Pío XII.
Santa Bartolomea nos enseña la importancia de enseñar a los niños mediante el amor. |
†
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al
enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de
allí en barca a
un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió
por tierra desde
los pueblos. Al desembarcar vio Jesús a la muchedumbre, se
compadeció de ella y
curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus
discípulos a
decirle:
"Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente
para que
vayan a las aldeas y compren algo de comer".
Pero Jesús les replicó:
"No hace falta que vayan; denles ustedes de comer".
Ellos le replicaron:
"No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados".
El les dijo:
"Tráiganmelos".
Luego mandó que la gente se recostara en la hierba. Tomó los
cinco panes y los
dos pescados, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición,
partió los
panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a
la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían
sobrado se llenaron
doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin
contar a las
mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos su oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin sus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que lea. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdenos en sus intenciones y misas!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/?media=200354
Película completa (1 hora): http://www.gloria.tv/?media=417295
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. Idolatramos aquello que preferimos a Él (descanso, comida, trabajo, compañía, flojera). Por eso, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15). “Te amo, pero quiero verte todos los días, y menos los de descanso”. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice eso a otro? ¿Le ama realmente? Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es necesaria la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, demorar en bautizar a los niños, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado, etc. Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa.
† Misal
Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.
Oremos:
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad
inagotable sobre los que
te suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor
de los que te
alaban como creador y como guía.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Dense prisa y coman
Lectura del profeta Isaías 55, 1-3
Esto dice el Señor:
"Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que
no tienen
dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen leche y vino sin
pagar.
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en
lo que no
alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán
platillos sustanciosos.
Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré
con ustedes una
alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 144
Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.
El Señor
es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el
Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus criaturas.
Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.
A ti,
Señor, sus ojos vuelven todos y tú
los alimentas a su tiempo. Abres, Señor, tus manos, generosas
y cuantos viven
quedan satisfechos.
Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.
Siempre es
justo el Señor en sus
designios y están llenas de amor todas sus obras. No está
lejos de aquéllos que
lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.
Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35.37-39
Hermanos:
¿Quién podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las
tribulaciones?
¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El
peligro? ¿La
espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias
a Aquél que nos
ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la
vida, ni los ángeles
ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes
de este mundo, ni
lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarnos del
amor que nos ha
manifestado Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra
que sale de la boca
de Dios.
Aleluya.
Comieron todos hasta quedar satisfechos
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al
enterarse Jesús de la muerte de
Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio
tranquilo y apartado.
Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.
Al desembarcar vio
Jesús a la muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los
enfermos. Como ya se
hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle:
"Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la
gente para que
vayan a las aldeas y compren algo de comer".
Pero Jesús les replicó:
"No hace falta que vayan; denles ustedes de comer".
Ellos le replicaron:
"No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados".
El les dijo:
"Tráiganmelos".
Luego mandó que la gente se recostara en la hierba. Tomó los
cinco panes y los
dos pescados, alzó la mirada al cielo, pronunció una
bendición, partió los
panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran
a la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían
sobrado se llenaron
doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres,
sin contar a las
mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos y hermanas, hermanos, a Dios Padre, pidámosle que
escuche nuestras
oraciones y roguémosle con fe que venga en auxilio de nuestras
necesidades:
Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.
Oremos por el Papa, por
nuestros obispos y sacerdotes,
para que el Señor los haga santos y les conceda el espíritu de
la sabiduría, a
fin de que proclamen con rectitud la verdadera Palabra,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Oremos por los que están
lejos de sus hogares, por los
viajeros, por los que se encuentran en peligro, para que el
Señor les conceda
un ángel que los proteja y los aleje de todo mal, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Oremos por hombres y
mujeres de todos los pueblos y
todas las religiones, para que el Señor les revele su bondad y
dirija su camino
hacia el conocimiento de la verdad plena, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Oremos por nuestros
hermanos que han muerto en el
Señor; que Dios perdone sus pecados, acoja sus almas junto a
él y los conduzca
al descanso de la luz y de la paz, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor Dios, que con el ejemplo de compasión de tu Hijo hacia
los pobres y los
que sufren nos manifiestas tu amor de Padre; escucha nuestras
oraciones y haz
que el pan, que tu providencia multiplica, nuestra caridad lo
reparta, y que la
participación en tus sacramentos nos abra siempre al diálogo y
al servicio de
los necesitados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Santifica, Señor, estos
dones y por medio del sacrificio
de tu Hijo, transforma toda nuestra vida en una continua
ofrenda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y
en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo,
Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de
las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Nos has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y satisface todos los gustos.
Oremos:
Protege, Señor, continuamente a quienes renuevas y fortaleces
con esta
Eucaristía y hazlos dignos de alcanzar la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Décimo octavo Domingo
ciclo a
LOS BIENES MESIÁNICOS
— Multiplicación de los panes. Jesús cuida de quienes le siguen.
— Este milagro es, además, figura de la Sagrada Eucaristía, en la que el Señor se da como alimento.
— Buscar al Señor en la Comunión como aquellas gentes que se olvidaban hasta de lo indispensable para no perderle. Preparar cada Comunión como si fuera la única de nuestra vida.
I. Nos has dado, Señor, Pan del Cielo que encierra en sí toda delicia1.
El Evangelio de la Misa2 relata cómo el Señor se alejó en una barca, Él solo, hacia un lugar desierto. Pero muchos se enteraron y le siguieron a pie desde las ciudades. Al desembarcar vio a esta multitud que le busca y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos. Los sana sin que se lo pidan, porque, para muchos llegar hasta allí llevando incluso enfermos impedidos, ya era suficiente petición y expresión de una fe grande. San Marcos3 señala, a propósito de este pasaje, que Jesús se detuvo largamente enseñando a esta multitud que le sigue, porque andaban como ovejas sin pastor, de tal manera que se hizo muy tarde. Se le pasa el tiempo al Señor con aquellas gentes, y los discípulos, no sin cierta inquietud, se sienten movidos a intervenir, porque la hora es avanzada y el lugar desierto: despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos, le dicen. Y Jesús les sorprende con su respuesta: No tienen necesidad de ir, dadles vosotros de comer. Y obedecen los Apóstoles; hacen lo que pueden: encuentran cinco panes y dos peces. Es de notar que eran como unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Jesús realizará un portentoso milagro con estos pocos panes y peces, y con la obediencia de quienes le siguen.
Después de mandar que se acomodaran en la hierba, Jesús, tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, recitó la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta que quedaron satisfechos. El Señor cuida de los suyos, de quienes le siguen, también en las necesidades materiales cuando es necesario, pero busca nuestra colaboración, que es siempre pobre y pequeña. “Si le ayudas, aunque sea con una nadería, como hicieron los Apóstoles, Él está dispuesto a obrar milagros, a multiplicar los panes, a cambiar las voluntades, a dar luz a las inteligencias más oscuras, a hacer –con una gracia extraordinaria– que sean capaces de rectitud los que nunca lo han sido.
“Todo esto... y más, si le ayudas con lo que tengas”4. Entonces comprendemos mejor lo que nos dice San Pablo en la Segunda lectura: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? (...). Mas en todas estas cosas vencemos por aquel que nos amó. Porque persuadido estoy que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor5.
Ni las adversidades en la vida personal (pequeños o grandes fracasos, dolor, enfermedad...), ni las dificultades que podamos encontrar en el apostolado (resistencia de las almas en ocasiones a recibir la doctrina de Cristo, hostilidad de un ambiente que huye de la Cruz y del sacrificio...) podrán separarnos de Cristo, nuestro Maestro, pues en Él encontramos siempre la fortaleza.
II. El relato del milagro comienza con las mismas palabras y con las mismas actitudes con que los Evangelios y San Pablo nos han transmitido la institución de la Eucaristía6. Tal coincidencia nos hace ver7 que el milagro, además de ser una muestra de la misericordia divina de Jesús con los necesitados, es figura de la Sagrada Eucaristía, de la cual hablará el Señor poco después, en la sinagoga de Cafarnaún8. Así lo han interpretado muchos Padres de la Iglesia. El mismo gesto del Señor –elevar los ojos al cielo– lo recuerda la Liturgia en el Canon Romano de la Santa Misa: Et elevatis oculis in caelum, ad Te Deum Patrem suum omnipotentem... Al recordarlo nos preparamos para asistir a un milagro mayor que la multiplicación de los panes: la conversión del pan en su propio Cuerpo, que es ofrecido sin medida como alimento a todos los hombres.
El milagro de aquella tarde junto al lago manifestó el poder y el amor de Jesús a los hombres. Poder y amor que harán posible también que encontremos el Cuerpo de Cristo bajo las especies sacramentales, para alimentar, a todo lo largo de la historia, a las multitudes de los fieles que acuden a Él hambrientas y necesitadas de consuelo. Como expresó Santo Tomás en la secuencia que compuso para la Misa del Corpus Christi: Sumit unus, sumunt mille... “Lo tome uno o lo tomen mil, lo mismo tomen este que aquel, no se agota por tomarlo...”.
“El milagro adquiere así todo su significado, sin perder nada de su realidad. Es grande en sí mismo, pero resulta aún mayor por lo que promete: evoca la imagen del buen pastor que alimenta a su rebaño. Se diría que es como un ensayo de un orden nuevo. Multitudes inmensas vendrán a tomar parte del festín eucarístico, en el que serán alimentadas de manera mucho más milagrosa, con un manjar infinitamente superior”9.
Esta multitud que acude al Señor revela la fuerte impresión que su Persona había producido en el pueblo, pues tantos se disponen a seguir a Jesús hasta las alturas desiertas, a gran distancia de los caminos importantes y de las aldeas. Suben sin provisiones, no quieren perder tiempo en ir a procurárselas por miedo a perder de vista al Señor. Un buen ejemplo para cuando nosotros tengamos alguna dificultad para visitarle o recibirle. Por encontrar al Maestro vale la pena cualquier sacrificio.
San Juan nos indica que el milagro causó un gran entusiasmo en aquella multitud que se había saciado10. “Si aquellos hombres, por un trozo de pan –aun cuando el milagro de la multiplicación sea muy grande–, se entusiasman y te aclaman, ¿qué deberemos hacer nosotros por los muchos dones que nos has concedido, y especialmente porque te nos entregas sin reserva en la Eucaristía?”11.
En la Comunión recibimos cada día a Jesús, el Hijo de María, el que realizó aquella tarde este grandioso milagro. “Nosotros poseemos, en la Hostia, al Cristo de todos los misterios de la Redención: al Cristo de la Magdalena, del hijo pródigo y de la Samaritana, al Cristo resucitado de entre los muertos, sentado a la diestra del Padre (...). Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros debería revolucionar nuestra vida (...); está aquí con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo (...)”12. Nos espera y nos echa de menos cuando nos retrasamos.
III. Los ojos de todos te están aguardando, // tú les das la comida a su tiempo; // abres la mano, // y sacias de favores a todo viviente, leemos en el Salmo responsorial13.
Jesús, realmente presente en la Sagrada Eucaristía, da a este sacramento una eficacia sobrenatural infinita. Nosotros, cuando deseamos expresar nuestro amor a una persona le damos algún objeto, nuestros conocimientos, le hacemos favores y le prestamos ayudas, procuramos estar pendientes de la persona amada..., pero siempre encontramos un límite: no podemos darnos nosotros mismos. Jesucristo sí puede: se nos da Él mismo, uniéndonos a Él, identificándonos con Él. Y nosotros, que le buscamos con más deseos y más necesidad que aquellas gentes que se olvidan incluso del alimento hasta hallarle, le encontramos cada día en la Sagrada Comunión. Él nos espera, a cada uno. No aguarda a que le pidamos: nos cura de nuestras flaquezas, nos protege contra los peligros, contra las vacilaciones que pretenden separarnos de Él, y aviva nuestro andar. Cada Comunión es una fuente de gracias, una nueva luz y un nuevo impulso que, a veces sin notarlo, nos da fortaleza para la vida diaria, para afrontarla con garbo humano y sobrenatural, y para que nuestros quehaceres nos lleven a Él.
La participación de estos beneficios depende, sin embargo, de la calidad de nuestras disposiciones interiores, porque los sacramentos “producen un efecto mayor cuanto más perfectas son las disposiciones en que se los recibe”14. Disposiciones habituales de alma y cuerpo, de deseos cada vez mayores de limpieza y de purificación, acudiendo a la Confesión con la periodicidad que hemos establecido en la dirección espiritual, o antes si fuera necesario o solo conveniente. El amor nos llevará a una honda piedad eucarística. “Esta –señalaba Juan Pablo II en su primer viaje a España– os acercará cada vez más al Señor; y os pedirá el oportuno recurso a la Confesión sacramental, que lleva a la Eucaristía, como la Eucaristía lleva a la Confesión”15. Los dos sacramentos, que hacen al alma más delicada y más fino y puro el amor, están íntimamente relacionados.
Cuanto más se acerca el momento de comulgar, más vivo se ha de hacer el deseo de preparación, de fe y de amor. “¿Has pensado en alguna ocasión cómo te prepararías para recibir al Señor, si se pudiera comulgar una sola vez en la vida?
“—Agradezcamos a Dios la facilidad que tenemos para acercarnos a Él, pero... hemos de agradecérselo preparándonos muy bien, para recibirle”16, como si fuera la única Comunión de toda nuestra vida, como si fuera la última; una vez será la última, y poco después nos encontraremos cara a cara con Jesús, con quien tan íntimamente unidos estuvimos en el sacramento. ¡Cómo nos alegrarán las muestras de fe y de amor que le manifestamos!
A quienes has alimentado con este Pan del Cielo, Señor, protégelos con tu auxilio y concédeles alcanzar la redención eterna, le pedimos con la liturgia de la Misa17.
1 Is 55, 1-3. — 2 Mt 14, 13-21. — 3 Mc 6, 33-44. — 4 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 675. — 5 Rom 8, 35; 37-39. — 6 Cfr. Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 22, 19; 1 Cor 11, 25. — 7 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Jn 6, 11 y Mc 6, 41. — 8 Cfr. Jn 6, 26-59. — 9 M. J. Indart, Jesús en su mundo, Herder, Barcelona 1963, pp. 265-266. — 10 Jn 6, 14. — 11 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 304. — 12 M. M. Philipon, Los sacramentos en la vida cristiana, Palabra, Madrid 1980, p. 116. — 13 Sal 144, 15-16. 14 San Pío X, Decr. Sacra Tridentina Synodus, 20-XII-1905. — 15 Juan Pablo II, Alocución 31-X-1982. — 16 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 828. — 17 Oración después de la Comunión.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Francisco y la Porciúncula: Sepa cómo obtener indulgencia plenaria hoy y mañana

Fiesta de Santa María de los Ángeles
La Indulgencia puede ganarse en cualquier Iglesia Parroquial ó en una Iglesia Franciscana.
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San Francisco de Asís pidió a Cristo,
mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el
gran perdón o “indulgencia de la Porciúncula”,
confirmada por mi venerado predecesor el Papa Honorio
III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces
empezó la actividad misionera que llevó a Francisco y a
sus frailes a algunos países musulmanes y a varias
naciones de Europa. Allí, por último, el Santo acogió
cantando a “nuestra hermana la muerte corporal” (Cántico
de las criaturas). De la experiencia del Poverello de
Asís, la iglesita de la Porciúncula conserva y difunde
un mensaje y una gracia peculiares, que perduran todavía
hoy y constituyen un fuerte llamamiento espiritual para
cuantos se sienten atraídos por su ejemplo. A este
propósito, es significativo el testimonio de Simone
Weil, hija de Israel fascinada por Cristo: “Mientras
estaba sola en la capillita románica de Santa María de
los Angeles, incomparable milagro de pureza, donde san
Francisco rezó tan a menudo, algo más fuerte que yo me
obligó, por primera vez en mi vida, a arrodillarme”
(Autobiografía espiritual). La Porciúncula es uno de los
lugares más venerados del franciscanismo, no sólo muy
entrañable para la Orden de los Frailes Menores, sino
también para todos los cristianos que allí, cautivados
por la intensidad de las memorias históricas, reciben
luz y estímulo para una renovación de vida, con vistas a
una fe más enraizada y a un amor más auténtico. Por
tanto, me complace subrayar el mensaje específico que
proviene de la Porciúncula y de la indulgencia vinculada
a ella” Con estas palabras comenzaba el mensaje de Juan
Pablo II en 1999, dirigido al Ministro General de la
Orden Franciscana, en la reapertura de la Basílica y de
la capilla de la Porciúncula. |
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San
Eusebio de Vercelli
Obispo
Año 371
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Eusebio significa "piadoso". Nació en Cerdeña, Italia. Al morir su padre, su madre lo llevó a vivir a Roma, donde el Papa Liberio lo tomó bajo su protección, lo educó y lo ordenó de sacerdote. Poco después en la ciudad de Vercelli, al norte de Italia, murió el obispo, y el pueblo y los sacerdotes proclamaron a Eusebio como el nuevo obispo, por su santidad y sus muchos conocimientos. San Ambrosio dice que el obispo Eusebio de Vercelli fue el primero en Occidente al cual se le ocurrió organizar a sus sacerdotes en grupos para formarse mejor y ayudarse y animarse a la santidad. Para este santo su más importante labor como obispo era tratar de que sus sacerdotes llegaran a la santidad. Fue obispo de Vercelli por 28 años. Una de sus grandes preocupaciones era instruir al pueblo en religión. Y él mismo iba de parroquia en parroquia instruyendo a los feligreses. En aquellos tiempos se estaba extendiendo una terrible herejía llamada Arrianismo, que enseñaba que Cristo no era Dios. Los más grandes santos de la época se opusieron a tan tremendo error, pero el jefe de gobierno, llamado Constancio, la apoyaba. Hicieron entonces una reunión de obispos en Milán, para discutir el asunto, pero Eusebio al darse cuenta de que el ejercito del emperador iba a obligarlos a decir lo que él no aceptaba, no quiso asistir. Constancio le ordenó que se hiciera presente, y el santo le avisó que iría, pero que no aceptaría firmar ningún error. Y así lo hizo. A pesar de que hereje emperador lo amenazó con la muerte, él no quiso aceptar el que Jesucristo no sea Dios, por esto fue desterrado. Fue llevado encadenado hasta Palestina y encerrado en u cuartucho miserable. Los herejes lo arrastraron por las calles y lo insultaron, pero él seguía proclamando que Jesucristo sí es Dios. En una carta suya cuenta los espantosos sufrimientos que tuvo que padecer por permanecer fiel a su santa religión, y expresa su deseo de poder morir sufriendo por el Reino de Dios. Al morir Constancio, su sucesor decretó la libertad de Eusebio y éste pudo volver a su amada diócesis de Vercelli. San Jerónimo dice que toda la ciudad sintió enorme alegría por su llegada y que su vuelta fue como el termino de un tiempo de luto y dolor. EL resto de su vida lo empleó junto con grandes santos como San Atanasio y San Hilario en atacar y acabar la herejía de los arrianos, y en propagar por todas partes la santa religión. Murió el 1 de agosto del año 371. La Iglesia lo considera mártir, no porque haya muerto martirizado, sino porque en sus tiempos de prisión tuvo que soportar sufrimientos horrorosos, y los supo sobrellevar con gran valentía. El repetía: " Puedo equivocarme en muchas cosas, pero jamás quiero dejar de pertenecer a la verdadera religión". |
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Fuente:
Corazones.org
Nuestra Señora de los Ángeles Patrona de Costa Rica, 2 de
agosto
Patrona de Costa Rica La ciudad de Cartago, como muchas otras en
la época colonial, segregaba a los blancos de los indios
y mestizos. A todo el que no fuera blanco puro se le
había prohibido el acceso a la ciudad, donde una cruz de
piedra señalaba la división y los límites. |
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Ceferino Giménez Malla, Beato Un gitano en los altares, 2 de agosto
Mártir Martirologio Romano: En Barbastro, en España, beato Ceferino Giménez Malla, mártir de raza gitana. Se dedicó a promover la paz y la concordia entre su pueblo y los pueblos vecinos. En la persecución ya citada, al ver a un sacerdote arrastrado por las calles por las milicias populares y salir en su defensa, le detuvieron y, finalmente, conducido al cementerio, fue fusilado, con el rosario en sus manos, consumando así su peregrinación por la tierra (1936).
Un día apareció en la fachada del Vaticano
el cuadro de un Santo del todo excepcional. Nunca se
había visto uno semejante. Y el Papa lo declaraba Beato,
digno de los altares y presentado a la veneración de los
fieles como ejemplo de vida cristiana... |
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Pedro Julián Eymard, Santo Presbítero y Fundador, Apóstol
de la
Eucaristía, 2 de agosoto
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Fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento Martirologio Romano: San Pedro Julián Eymard, presbítero, el cual fue primeramente sacerdote diocesano y después miembro de la Compañía de María. Adorador eximio del Misterio eucarístico, fundó nuevas congregaciones, una de clérigos y otra de mujeres, para fomentar y difundir la piedad hacia el Santísimo Sacramento. Murió en la aldea La Mure, cerca de Grenoble, en Francia, donde había nacido (1868).
Nació en La Mure, al este de Francia, por
donde poco antes (1799) había pasado el papa Pío VI,
prisionero del Directorio -órgano ejecutivo del gobierno
republicano francés desde el 1795-, dando bendiciones, y
poco después (1815) pasó también Napoleón, el fugado de
la isla de Elba, con cantos bélicos triunfales. Pedro
fue hijo de un labrador arruinado que cambió el oficio
por el de afilador ambulante -de algo hay que vivir- y
contrajo segundas nupcias con una buena mujer de pueblo
que le dio a Pedro nacido entre hermanastros. |
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Alfreda, Santa Princesa, 2 de agosto
Princesa
Alfreda fue el nombre que tomó en su vida
monástica, había sido bautizada como Eteldrita. Era
princesa de sangre. |
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Fuente:
Mercaba.org
Juana de Aza, Beata Madre de Santo Domingo, 2 de agosto
Madre de Santo Domingo de Guzmán Martirologio Romano: En Caleruega, población igualmente de Castilla, conmemoración de la beata Juana, madre de santo Domingo, que, llena de fe, hizo grandes obras de misericordia en favor de los pobres y necesitados (s. XIII inc.).
De Juana de Aza la verdad es que no se
saben muchas cosas. Y las que se saben pueden reducirse
prácticamente a dos: primera, que fue la madre de Santo
Domingo de Guzmán, y segunda, que fue una mujer
compasiva que en cierta ocasión, estando fuera su
marido, repartió entre los pobres una cuba de vino
generoso. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Pedro de Osma, Santo Monje y Obispo, 2 de agosto
Monje y Obispo Martirologio Romano: En Palencia, en la región hispánica de Castilla, muerte de san Pedro, obispo de Osma. Fue primeramente monje, después archidiácono de la Iglesia de Toledo y, finalmente, elevado a la sede de Osma, recientemente liberada del dominio mahometano, la cual organizó con pastoral celo (1109).
Nacido Pedro en Bourges, en Francia, hacia
el año 1040, recibió de sus piadosos padres una sólida
educación cristiana, y habiéndose formado
convenientemente en las letras, según la costumbre del
tiempo, se dedicó a la carrera de las armas, en las que
dio buenas pruebas de su carácter intrépido y decidido,
y no menos de la elevación de su espíritu. Consciente,
pues, de los gravísimos peligros a que en esta vida se
exponía, e ilustrado por Dios sobre las vanidades del
mundo, determinó entregarse a su servicio en la vida
religiosa. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Esteban I, Santo XXIII Papa, 2 de agosto
XXIII Papa Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calisto, san Esteban I, papa, que prohibió rebautizar a los herejes que buscaban la plena comunión con la Iglesia, para que no quedase oscurecida la unión bautismal de los cristianos con Cristo, que debe realizarse una sola vez (257).
Fue hijo de Julio, ciudadano romano. Nació
hacia el fin del siglo II, y aunque se tienen pocas
noticias de los primeros años de su niñez, hay razones
para creer que su familia era cristiana. Se dedicó al
estudio de las letras humanas y divinas, pero
singularmente al de la ciencia de los Santos; y en poco
tiempo se hizo un lugar distinguido entre los fieles de
Roma. Siendo de poca edad fue recibido en el clero. Los
Papas San Cornelio y San Lucio, sus predecesores,
hicieron juicio de que no debían dejar escondida debajo
del celemín aquella brillante antorcha. Ordenáronle de
diácono, y después le hicieron arcediano de la Iglesia
romana (nombre dado en la antigüedad al principal de los
diáconos) dándole al mismo tiempo jurisdicción de
vicario. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Francisco Tomás Serer, Beato Presbítero y Mártir, 2 de
agosto
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Madrid, en España, beato Francisco Tomás Serer, presbítero de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que que, en el furor creciente de la persecución contra la fe, mereció derramar su sangre por Cristo (1936).
Nace el 11 de octubre de 1911 en Alcalalí,
pueblo de la provincia de Alicante y de la diócesis de
Valencia. Aprende las primeras letras en el pueblo y, a
los doce años, sus padres lo llevan a la escuela
seráfica de Godella de los terciarios capuchinos, donde
estudia latín y humanidades y hace su noviciado. El 15
de septiembre de 1928 emite sus primeros votos
religiosos y el 20 de diciembre de 1933, los perpetuos.
El 24 de mayo de 1934 recibe el presbiterado. El resto
de su vida lo dedica al servicio de la juventud
extraviada en centros destinados a la misión propia de
la congregación. Durante el verano de 1935 realiza un
viaje de estudios por Francia y Bélgica para dar solidez
científica a los métodos pedagógicos de la congregación,
a la vez que inicia la carrera de medicina en la
Universidad Central de Madrid. Durante la persecución
religiosa de 1936 halla cobijo en Madrid, en casa de
unos bienhechores. Allí espera a que llegue al refugio
su superior, el P. Bienvenido Mª de Dos Hermanas. Ante
la tardanza, y arriesgando su vida, vuelve los pasos en
su búsqueda. Al amanecer del día siguiente, tres de
agosto, apareció su cadáver junto a las tapias del
Reformatorio del Príncipe de Asturias, en Madrid. El
amor filial le llevó a ir en busca de su superior,
entregando su vida en el intento, por lo que fue un
mártir del amor de Cristo. El P. Francisco era muy
elegante, más bien delgado y de aspecto normal. De
carácter dulce y extremamente amable. Era muy piadoso y
en el pueblo causaba una impresión ejemplar. Fue un
religioso exquisitamente bueno e inteligente, razón por
la que le distinguían los superiores. Según sus
biógrafos, se mostraba muy prudente, hablaba muy poco y
siempre con acierto. El tono de su voz era suave y
dulce. En él tenía puestas el Instituto grandes
esperanzas. Fue el benjamín de los mártires de la
Familia Amigoniana. |
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Fuente:
ACIprensa.com
Francisco Calvo Burillo, Beato Presbítero y Mártir, 2 de
agosto
Mártir Dominico Martirologio Romano: En la aldea de Híjar, cerca de Teruel, en España, beato Francisco Calvo Burillo, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que, en el furor creciente de la persecución contra la fe, padeció el martirio
El P. Paco representa la bondad y la
servicialidad en persona. Piadoso instrumento para que
personas pudientes ejercitasen la caridad entre los
pobres de Híjar, a quienes el Padre tenía en gran
consideración y les ayudaba en todo lo que podía.
Profesor estimado y escritor popular bien valorado, fue
a la vez un director espiritual que benefició a muchas
almas. De escasa salud aprovechaba el verano para
reponerse junto a su anciana madre. Hombre de bien, que
tanto bien había hecho a otros, sin embargo fue
detenido. Doce horas en la cárcel le prepararon para el
martirio y despedirse de su madre como “tu hijo en
agonía”. |
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Fuente:
vocationist.org
Justino Russolillo, Venerable Sacerdote y Fundador, 2 de
agosto
Sacerdote y Fundador En Pianura, Italia, Justino María Russolillo, sacerdote, párroco y fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones († 1955)
Padre Justino Russolillo nació el 18 de
enero 1891 y fue bautizado en Pianura (Nápoles), al día
siguiente. Después de terminar los estudios en su ciudad
natal, ingresó en el Seminario de Pozzuoli, donde se
distinguió por su inteligencia, humildad y piedad. El
Obispo Zezza y Marquis Zampaglione estaban contentos de
pagar la matrícula de dicho Seminario al piadoso y
brillante seminarista. |
J†A
JMJ
Pax
Mándame ir hacia Ti andando sobre el agua
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33
Gloria a Ti, Señor.
Después que se sació
la gente Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la
barca y se le
adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y
después de
despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la
noche estaba
Él solo allí.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida
por las olas,
porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús
andando sobre
el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se
asustaron y gritaron
de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo:
"¡Ánimo, soy Yo, no tengan miedo!"
Pedro le contestó:
"Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti andando sobre el agua".
Él le dijo:
"Ven".
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose
a Jesús; pero,
al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a
hundirse y gritó:
"¡Señor, sálvame!"
Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
"¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?"
En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca
se postraron
ante Jesús diciendo:
"Realmente eres el Hijo de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Acuérdate, Señor, de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.
Oremos:
Dios eterno y todopoderoso, a quien confiadamente podemos
llamar ya Padre
nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos
adoptivos tuyos,
para que podamos gozar después de esta vida, de la herencia
que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Aguarda en la montaña al Señor
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9.11-13b
Al llegar a la montaña
de Dios, el Horeb, el profeta
Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo:
"Sal de la cueva y quédate en la montaña para ver al Señor,
porque el
Señor va a pasar".
Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un
viento huracanado,
que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el
Señor no estaba en
el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no
estaba en el
terremoto. Después vino un fuego; pero el Señor no estaba en
el fuego. Después
del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo,
Elías se cubrió
el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 84
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Escucharé
las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra
salvación y la gloria
del Señor habitará en la tierra.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
La
misericordia y la verdad se
encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad
brotó en la tierra y
la justicia vino del cielo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Cuando el
Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá
camino al Señor e irá
siguiendo sus pisadas.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos
Lectura
de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 9, 1-5
Hermanos:
Les hablo con toda
verdad en Cristo; no miento. Mi
conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que
tengo una infinita
tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para
bien de mis
hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a
quienes pertenece la
adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las
promesas. Ellos
son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la
carne, nació
Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por
los siglos de los
siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra.
Aleluya.
Mándame ir hacia Ti andando sobre el agua
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33
Gloria a Ti, Señor.
Después que se sació la
gente Jesús apremió a sus
discípulos a que subieran a la barca y se le
adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente.
Y después de
despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada
la noche estaba
Él solo allí.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida
por las olas,
porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó
Jesús andando sobre
el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se
asustaron y gritaron
de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo:
"¡Ánimo, soy Yo, no tengan miedo!"
Pedro le contestó:
"Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti andando sobre el
agua".
Él le dijo:
"Ven".
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua
acercándose a Jesús; pero,
al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a
hundirse y gritó:
"¡Señor, sálvame!"
Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
"¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?"
En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la
barca se postraron
ante Jesús diciendo:
"Realmente eres el Hijo de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para que,
acordándose de su
promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido en su
nombre:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.)
Por la paz que desciende
del cielo, por la unión de
las Iglesias y por la salvación de nuestras almas, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que trabajan por
el bien de los pobres, por
los que ayudan a los ancianos y por los que cuidan a niños y
desvalidos,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que están
abatidos o sometidos a una prueba,
por los que están en peligro, por el retorno de los
extraviados y por la
libertad de los encarcelados, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que en este
momento están orando con nosotros,
por los que hemos pedido en nuestras oraciones y por el reposo
eterno de
nuestros hermanos difuntos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios omnipotente y eterno, que con tu poder dominas la
creación; escucha
nuestras oraciones y haz que te reconozcamos presente y activo
en todos los
acontecimientos de nuestra historia, para que sepamos así
afrontar las pruebas
con serenidad y avancemos confiados hacia la paz de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones
que le has dado a tu Iglesia
para que pueda ofrecértelos, y
transformarlos en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El día del Señor
En verdad es justo
bendecirte y darte gracias, Padre
santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has
convocado en tu casa en
este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la
comunión del pan
único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el
domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu
descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu
misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los
santos, cantamos
unánimes el himno de tu gloria:
Glorifica al Señor, Jerusalén, que te alimenta con lo mejor de su trigo.
Oremos:
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance
en la luz de tu
verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Décimo
noveno Domingo
ciclo a
DIOS SIEMPRE AYUDA
— Nunca falló a sus amigos.
— Cristo es el asidero firme al que debemos agarrarnos.
— Confianza en Dios. Nunca llega tarde para socorrernos, si acudimos a Él con fe y ponemos en cada caso los medios oportunos.
I. La Primera lectura de la Misa1 nos presenta al Profeta Elías que, cansado y desalentado por muchas tribulaciones, se refugió en una gruta del Horeb, el monte santo, donde Dios se manifestó a Moisés. Allí recibió esta indicación: sal y aguarda al Señor. Y pasó un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos, y después hubo un terremoto y fuego. Pero Dios no estaba ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego. Llegó después un viento suave, como un susurro, y se manifestó el Señor de esta forma, expresando así su misteriosa espiritualidad y su delicada bondad con el hombre débil. Elías se sintió reconfortado para la nueva misión que el Señor quería que llevara a cabo.
El Evangelio2 nos relata una de las tempestades que sufrieron los Apóstoles sin que Jesús estuviera con ellos en la barca. Tuvo lugar después de la multiplicación de los panes y de los peces. El Señor les mandó que embarcaran y se dirigieran a la otra orilla del lago, mientras Él despedía a las gentes, pues se había hecho tarde. Jesús, desde lo alto de un monte donde está recogido en oración, no olvida a sus discípulos. Se ha levantado un viento fuerte en contra, y el Señor ve cómo luchan contra el oleaje y contra el viento para llegar donde Él les ha indicado. Terminada su oración, se dispone a ayudarles.
En la cuarta vigilia de la noche, al amanecer, Jesús se acercó a la barca, que estaba batida por las olas y en peligro de zozobrar. El Evangelio nos señala que los discípulos pasaron miedo al ver a Jesús andando sobre las aguas revueltas, creyendo que era un fantasma. Y San Marcos, que recoge los recuerdos inolvidables de San Pedro, nos ha dejado escrito que Jesús hizo ademán de pasar de largo. Todos comenzaron a gritar. Entonces Jesús se acercó un poco más y les dijo: Tened confianza, soy Yo, no temáis. Eran palabras consoladoras, que también nosotros hemos oído muchas veces de formas diferentes en la intimidad del corazón, ante sucesos que nos han podido desconcertar y en situaciones difíciles y apuradas.
Si nuestra vida es el cumplimiento de lo que Dios quiere de nosotros –como Elías, que se encaminó al monte Horeb por mandato de Dios, como los Apóstoles, que cumplen lo que Jesús les ha dicho, aunque el viento les era contrario–, nunca nos faltará la ayuda divina. En la debilidad, en la fatiga, en las situaciones más apuradas, Jesús se presenta y nos dice: Soy Yo, no temáis. Nunca falló a sus amigos3. Y si nosotros no tenemos otro fin en la vida que buscar su amistad y servirle, ¿cómo nos va a abandonar cuando el viento de las tentaciones, del cansancio, de las dificultades en el apostolado nos sea contrario? Él no pasa de largo. “Si tenéis confianza en Él y ánimos animosos, que es muy amigo Su Majestad de esto, no hayáis miedo que os falte nada”4. ¿Qué nos va a faltar si somos sus amigos en medio del mundo, si le queremos seguir día tras día entre tantos que le abandonan?
II. Cuando los Apóstoles oyeron a Jesús se llenaron de paz. Entonces, Pedro dirigió a Jesús una petición llena de audacia y de valentía: Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas. Y el Maestro, que se encontraba todavía a unos metros de la harca, le contestó: Ven. Pedro tuvo mucha fe, y cambió la seguridad de la barca por la confianza en las palabras del Señor: bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús. Fueron unos momentos impresionantes de firmeza y de amor.
Pero Pedro dejó de mirar a Jesús y se fijó más en las dificultades que le rodeaban, y al ver que el viento era tan fuerte se atemorizó. Olvidó por un momento que la fuerza que le sostenía en medio del agua no dependía de las circunstancias, sino de la voluntad del Señor, que domina el cielo y la tierra, la vida y la muerte, la naturaleza, los vientos, el mar... Pedro comenzó a hundirse, no por el estado de la mar, sino por la falta de confianza en Quien todo lo puede. Y gritó a Jesús: ¡Señor, sálvame! Y enseguida, Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Cristo es el asidero firme al que debemos agarrarnos en momentos de debilidad o de cansancio, cuando veamos que nos hundimos. ¡Señor, sálvame!, le diremos con fuerza en nuestra oración.
A veces, el cristiano deja de mirar a Jesús y se fija en otras cosas que alejan de Dios y le ponen en peligro de perder pie en su vida de fe y de hundirse, si no reacciona con prontitud. Desde el momento en que alguien comience a no ver clara su fe o la vocación recibida de Dios, “que se examine con lealtad. No dejará de descubrir que desde algún tiempo su vida de piedad está un tanto relajada, la oración es más rara o menos atenta, y es menos exigente consigo mismo. ¿No renueva un pecado cuya gravedad se oculta a sí mismo deliberadamente? De seguro que ya no reprime con la misma energía sus pasiones, si es que no consiente con complacencia en alguna de ellas. Un resentimiento que se fomenta contra otro, una cuestión de interés en que nuestra honradez no es total, una amistad demasiado absorbente, o sencillamente el despertar de bajos instintos que no se rechazan con bastante prontitud, no hace falta más para que se levanten nubes entre Dios y nosotros. Y la fe se oscurece”5. Cabe el peligro entonces de achacar esa situación culpable a las circunstancias externas, cuando el mal está más bien en el propio corazón.
Para salir a flote, Pedro solo tuvo que asir la fuerte mano del Señor, su Amigo y su Dios. Aunque poco, algo tuvo que poner el discípulo de su parte. Es la colaboración de la buena voluntad que siempre nos pide Dios. “Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracia, cuando les llama con una vocación específica, es como si les tendiera una mano, una mano paterna llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor, porque nos busca uno a uno, como hijas e hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad. Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que Él nos acerca: Dios nos pide un esfuerzo, prueba de nuestra libertad”6.
Ese pequeño esfuerzo que el Señor pide a sus discípulos de todos los tiempos para sacarlos a flote de una mala situación puede ser muy diverso: intensificar la oración; ser más sinceros y dóciles en la dirección espiritual; remover una mala ocasión; obedecer con prontitud y docilidad de corazón; poner, junto a la oración, unos medios humanos que están a nuestro alcance, aunque sean muy pequeños... Junto a Cristo se ganan todas las batallas, pero debemos tener una confianza sin límites en Él. “Reza seguro con el Salmista: “¡Señor, Tú eres mi refugio y mi fortaleza, confío en Ti!”.
“Te garantizo que Él te preservará de las insidias del “demonio meridiano” –en las tentaciones y... ¡en las caídas!–, cuando la edad y las virtudes tendrían que ser maduras, cuando deberías saber de memoria que solo Él es la Fortaleza”7.
III. Pedro se mantuvo en pie en medio de las dificultades más grandes mientras actuó con sentido sobrenatural, con fe, confiado en el Señor. Después, para salir a flote, para recibir la ayuda de Dios, hubo de poner de su parte, pues “cuando falta nuestra cooperación cesa también la ayuda divina”8. Aunque fue el Señor quien lo sacó adelante.
Pedro recuperó de nuevo la fe y la confianza en Jesús. Con Él subió a la barca. Y en ese instante cesó el viento, se hizo la calma en el mar y en el corazón de los discípulos, y le reconocieron como a su Señor y a su Dios: los que estaban en la barca le adoraron diciendo: Verdaderamente, eres el Hijo de Dios.
Las dificultades en las que experimentaremos la propia debilidad, las mismas flaquezas, servirán para encontrar a Jesús, que nos tiende su mano y se mete en nuestro corazón, dándonos una paz inmensa en medio de cualquier tribulación. Hemos de aprender a no temer nunca a Dios, que se presenta en lo ordinario y también en las tormentas de los sufrimientos, físicos y morales, de la vida: Tened confianza, soy Yo, no temáis. Dios nunca llega tarde para socorrernos, y ayuda siempre en cada necesidad. Él llega, aunque sea de modo misterioso y oculto, en el momento oportuno. Y cuando por alguna razón nos encontramos en una situación penosa, con el viento en contra, Él se acerca. Quizá haga ademán de pasar de largo para que nosotros le llamemos. No tardará en llegar a nuestro lado.
Y si alguna vez sentimos que no hacemos pie, que nos hundimos, repitamos la súplica de Pedro: Señor, ¡sálvame! No dudemos de su Amor, ni de su mano misericordiosa, no olvidemos que “Dios no manda imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas y ayuda para que puedas”9.
¡Qué seguridad tan grande da el Señor! “Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas donde me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo. Esta es mi seguridad, este es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.
“Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña”10. No dejemos su mano; Él no deja la nuestra.
Terminamos nuestra oración poniendo por intercesora a la Santísima Virgen; Ella nos ayuda a clamar confiadamente con las preces litúrgicas: renueva, Señor, las maravillas de tu amor11; haz que vivamos firmemente anclados en Ti.
1 1 Rey 19, 9; 11-13. — 2 Mt 14, 22-33. — 3 Cfr. Santa Teresa, Vida, 11, 4, — 4 ídem, Fundaciones, 27, 12. — 5 G. Chevrot, Simón Pedro, Rialp, 14ª ed., Madrid 1982, pp. 62-63. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 17. — 7 ídem, Forja, n. 307. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 50, 2. — 9 San Agustín, Sobre la naturaleza y la gracia, 43. — 10 San Juan Crisóstomo, Homilía antes de partir para el destierro. — 11 Liturgia de las Horas. Domingo de la III semana, Preces de Vísperas.
___________________________________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Fuente: Vatican.va
Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Santa Monja Mártir, 9 de agosto
Monja Mártir
Martirologio
Romano: Santa
Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein, virgen de la Orden
de las Carmelitas
Descalzas y mártir, la cual, nacida y educada en la religión
judía, después de haber
enseñado filosofía durante algunos años entre grandes
dificultades, recibió por
el bautismo la nueva vida en Cristo y la desarrolló bajo el
velo de religiosa,
hasta que, en tiempo de un régimen hostil a la dignidad del
hombre y de la fe,
fue desterrada y encarcelada, muriendo en la cámara de gas del
campo de
exterminio de Oswiecim o Auschwitz, cerca de Cracovia, en
Polonia (1942).
Etimológicamente: Teresa = Aquella que es experta en la caza, es de origen griego.
Película la Settima Stanza (la Séptima Morada es el nivel máximo de perfección espiritual, la mayoría de nosotros apenas vamos por la 2da o 3era habitación según “las Moradas” de Santa Teresa de Jesús. ¡despertemos! Aún hay mucho por exigirnos espiritualmente)
http://es.gloria.tv/?media=129680
Documental en inglés: http://en.gloria.tv/?media=17093
Cuando Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. "Esto hizo, más que ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija más pequeña". Precisamente esta fecha de su nacimientó fue para la carmelita casi un vaticinio.
El padre, comerciante de maderas, murió cuando Edith no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva. Edith perdió la fe en Dios. "Con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar".
Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, más para tener una base de sustento en el futuro que por auténtica pasión. Su verdadero interés era la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización "Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto". Más tarde escribía: " como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas".
En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo concreto. "Retorno al objetivismo". Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también con el filósofo Max Scheler y este encuentro atrajo su atención sobre el catolicismo. Pero todo esto no la hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el pan en el futuro y, en 1915, superó con la máxima calificación el examen de Estado. No obstante, no comenzó el periodo de formación profesional.
Al estallar la primera guerra mundial escribía: "ahora ya no tengo una vida propia". Siguió un curso de enfermería y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Fueron tiempos difíciles para ella. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su juventud. Al cerrar el hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo en Brisgovia, donde obtuvo el doctorado "summa cum laude" con una tesis "Sobre el problema de la empatía ".
Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar. "Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido". En las últimas páginas de su tesis de doctorado escribió: "ha habido personas que, tras un cambio imprevisto de su personalidad, han creído encontrar la misericordia divina". ¿Cómo llegó a esta afirmación?
Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de Husserl en Gottinga, Adolf Reinach y su esposa. Adolf Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al Evangelio. Edith tenía cierta renuencia ante el encuentro con la joven viuda.
Con gran sorpresa encontró una creyente. "Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que transmite a sus portadores... Fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo". Más tarde escribirá: "lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada".
En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: "Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto".
Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la libre docencia, algo que, por aquel entonces, era inalcanzable para una mujer. A este respecto, Husserl se pronunciaba así en un informe: "Si la carrera universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la podría recomendar encarecidamente más que a cualquier otra persona para el examen de habilitación". Más tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a causa de su origen judío.
Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en defensa de la psicología y de las humanidades. Pero lee también el Nuevo Testamento, Kierkegaard y el opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se le puede simplemente leer, sino que es necesario ponerlo en práctica.
En el verano de 1921 fue durante unas semanas a Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad".
Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración".
En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el día de la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la estirpe de Abraham. Estaba erguida ante la fuente bautismal, vestida con el blanco manto nupcial de Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. "Había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios". Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo intelectualmente, sino de manera tangible, de pertenecer a la estirpe de Cristo. En la fiesta de la Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también al Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de Espira en su capilla privada.
Después de su conversión, lo primero que hizo fue volver a Breslau. "Mamá, soy católica". Las dos lloraron. Hedwig Conrad-Martius escribió: "mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay engaño" (cf. Jn 1, 47).
Inmediatamente después de su conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales, el Vicario general de Espira y el Padre Przywara, S.J., le impiden dar este paso. Acepta entonces un empleo de profesora de alemán e historia en el Instituto y seminario para maestros del Convento dominico de la Magdalena de Espira hasta Pascua de 1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer, del convento de Beuron, hace largos viajes para dar conferencias, sobre todo sobre temas femeninos. "Durante el período inmediatamente precedente y también bastante después de mi conversión... creía que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros otras muchas cosas..., creo, incluso, que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe "salir de sí mismo", en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para vivir". Su programa de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios del período precatólico de Newmann y la obra Quaestiones disputatae de veritate de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al diálogo con la filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la incitó a escribir también obras filosóficas propias. Aprendió que es posible "practicar la ciencia al servicio de Dios... sólo por tal motivo he podido decidirme a comenzar una serie de obras científicas". Encuentra siempre las fuerzas necesarias para su vida y su trabajo en el convento benedictino de Beuron, al que va para pasar allí las fiestas más importantes del año eclesiástico.
En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de nuevo obtener la habilitación para la libre docencia en Breslau y Friburgo. Todo en vano. Compone entonces una obra sobre los principales conceptos de Tomás de Aquino: "Potencia y acción". Más tarde hará de este ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título de Endliches und ewiges Sein (Ser finito y Ser eterno) en el convento de las Carmelitas de Colonia. No fue posible imprimir esta obra durante su vida.
En 1932 se le asigna una cátedra en una institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología. Aquí encuentra la manera de unir ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión a otros. Durante toda su vida sólo quiso ser "instrumento de Dios". "Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él ".
En 19331a noche se cierne sobre Alemania. "Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío". El artículo de la ley de los nazis sobre la raza ariana hizo imposible que continuara su actividad docente. "Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido en una extranjera en el mundo".
El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo que estuvo en Espira había hecho ya el voto de pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. "Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella".
Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido (la fe cristiana)? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios? " . Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith tomó el tren para Colonia. "No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la voluntad de Dios". Cada semana escribirá después una carta a su madre. No recibirá respuesta. Su hermana Rosa le mandará noticias de casa.
El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio de las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril, tuvo lugar la ceremonia de toma de hábito. El Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz.
Escribe en 1938: "bajo la Cruz entendí el destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto". El 21 de abril de 1935 hizo los votos temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el momento de renovar los votos, murió su madre en Breslau. "Hasta el último momento mi madre ha permanecido fiel a su religión. Pero, puesto que su fe y su firme confianza en su Dios... fue lo ultimo que permaneció vivo en su agonía, confío en que haya encontrado un juez muy clemente y que ahora sea mi más fiel abogada, para que también yo pueda llegar a la meta".
En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es mi ejercicio ".
La entrada de Edith Stein en el convento de las Carmelitas no fue una huida. "Quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos a Dios ". Dio cuenta a Dios sobre todo de su pueblo.
"Pienso continuamente en la reina Ester, que fue sacada de su pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo " (31.10.1938).
El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda. Allí redacta su testamento el 9 de junio de 1939.
"Ya desde ahora acepto con gozo, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me haya destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y muerte... de manera que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la paz del mundo... ".
Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas. Allí había escrito, entre otras cosas, De la vida de una familia judía. "Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea". Ante "la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio a los judíos..., nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el deber de dar testimonio".
En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-1942. En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia crucis (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)". Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: " La ciencia de la Cruz ".
El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro pueblo".
Junto con otros muchos otros judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de los judíos. "Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir así... cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá más tarde: "para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia de Dios".
Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.
Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo ".
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Fuente: L´oservatore Romano
Faustino Oteiza, Beato Presbítero y Mártir, 9 de agosto
Martirologio Romano: En la ciudad de Azanuy (Huesca), España, beatos Faustino Oteiza, presbítero, y Florentín Felipe, religioso, ambos de la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, mártires, que, en tiempo de persecución, entregaron su vida por Cristo (1936).
El p. Faustino Oteiza Segura había nacido en Ayegui (Navarra) y contaba 46 años al morir. Desde niño quería ser como uno de aquellos jóvenes escolapios que estudiaban en el cercano monasterio de Irache, a quienes pedía estampitas al verlos cruzar su pueblo en largas filas. Nos ha dejado tres cartas en que describe el martirio de sus hermanos de comunidad, reuniendo datos en que coinciden las trece historias de estos mártires escolapios. He aquí algunos pasajes:
-Tenemos tres mártires en toda la extensión de la palabra, padre provincial. Hasta la fecha el Señor no me ha juzgado digno de derramar mi sangre por Jesucristo. No sé si me concederá tanta dicha como la otorgada a mis santos hermanos. Aunque el Señor me infunde bastante fortaleza, puede considerar cómo estará mi corazón. Nos ha visitado casi todo el pueblo, condoliéndose de nuestra desgracia. Los de Peralta estaban empeñados en salvarnos, pero temían a los forasteros venidos armados en camiones. Los del pueblo procuraron apaciguarlos. Al hno. Florentín lo salvaron por anciano y a mí por enfermo. El p. Segura, el hno. David y yo nos abrazamos tiernamente y nos dijimos: Adiós, hasta el cielo. Radiantes de alegría, se presentaron a los guardias que los llevaron al lugar del suplicio, Siento no participar en su dicha. Tal vez, como inútil, el Señor me tenga reservada la pobre condición del criado de Job, que se libró de la catástrofe para darla a conocer al amo y que muertes tan gloriosas no pasen desapercibidas. En fin, padre mío, si nos vemos en la tierra, hasta entonces, y si no, hasta el cielo. Rueguen para que el Señor se compadezca de nuestros perseguidores a quienes perdonamos de todo corazón. (1-VIII-1936).
Este periodista del misterio fue asesinado una semana después de estas cartas. Había sido maestro de 23 promociones del pueblo. Al descubrir entre sus verdugos a un discípulo, le dijo:”Antonio, ¿vas a matar a tu maestro?”. Aquel hombre huyó sollozando.
Fueron beatificado el 1 de Octubre de 1995 por Juan Pablo II |
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Fuente: Franciscanos.net
Juan de Fermo (o de la Verna), Beato Franciscano, 9 de agosto
Franciscano Martirologio Romano: En el monte Alvernia, también en la Toscana, beato Juan de Fermo, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que vivió solitario, dominando su cuerpo con abstinencia y penitencia admirables (1322).
Etimología: Juan = Dios es misericordia. Viene de la lengua hebrea.
León XIII el 24 de junio de 1880 aprobó su culto.
Juan de la Verna nació en Fermo, en las Marcas, en 1259 de familia acomodada. A la edad de 10 años fue encomendado a los canónigos regulares de San Agustín, pero después prefirió ingresar entre los Hermanos Menores para satisfacer su deseo de vida retirada y penitente. Su decisión coincidió con un período de inquietud en la Orden de los Hermanos Menores de las Marcas. En este ambiente fue escrito por un marquesano de la misma circunscripción de Fermo, el célebre libro de “Las Florecillas de San Francisco”. El autor de las “Florecillas” dedicó algunas narraciones al Beato Juan de la Verna, a quien en varios lugares declara haber conocido.
Aspirando a una mayor soledad Juan abandonó en 1292 a sus cohermanos de las Marcas para retirarse a la Verna, la montaña donde San Francisco buscó refugio y recibió los estigmas. Su larga permanencia en el santo monte hasta su muerte le dio el apelativo de “Juan de la Verna”.
Un día, estando en oración, se le apareció San Francisco y le dijo: “He aquí, hijo mío, los Estigmas que deseas ver!” y le mostró las manos, los pies y el costado dejándolo inundado de celestial consuelo. Por tres meses gozó de la presencia habitual de su Angel custodio que lo visitaba en su celda y hablaba con él de la Pasión del Salvador y de los gozos del cielo. En la Verna, entre las muchas capillas también está la del Beato Juan de la Verna antecedida de un murito que encierra un pequeño espacio rectangular. Varias veces fue visto en aquel lugar paseándose y hablando familiarmente con Jesús. Tenía gran devoción a las almas del Purgatorio, elevaba al Señor fervientes oraciones en sufragio de ellas; entre otras, celebrando la Misa el 2 de noviembre en la conmemoración de todos los difuntos, mientras elevaba la hostia suplicó a Dios, por los méritos de Jesús víctima, librar del Purgatorio a los difuntos, y vio una multitud de almas salir del lugar de expiación y subir al cielo. Era tanta la alegría que inundaba su corazón en la oración, que rogaba al Señor que le quitara tal dulzura.
Los últimos años de su vida los dedicó al ministerio apostólico. Evangelizó ciudades y pueblos en la provincia de Arezzo, recorrió la mayor parte del norte y del centro de Italia: Florencia, Pisa, Siena, convirtiendo pecadores, reduciendo herejes al seno de la madre Iglesia. Hacía prodigios, tuvo el don de profecía y intuición de los corazones, leía en las mentes como en un libro abierto, recordaba a los penitentes las culpas que olvidaban al confesarse. Preparaba las predicaciones en el silencio de la oración. Decía: “Cuando predico, me persuado de que no soy yo quien habla y enseño las verdades divinas, sino Dios mismo quien habla por mí”. Fue amigo de Fray Jacopone de Todi y le administró los últimos sacramentos cuando estaba próximo a la muerte.
Juan previó la hora de su muerte, por lo cual se apresuró a regresar de Cortona a La Verna y el 9 de agosto de 1322 su bendita alma se fue a recibir en el cielo la recompensa de sus trabajos apostólicos y de sus méritos. Tenía 63 años. |
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Cándida María de Jesús, Beata Fundadora, 9 de agosto
Fundadora de la Congregación de las Hijas de Jesús Martirologio Romano: En Salamanca, en España, beata Cándida María de Jesús (Juana Josefa) Cipitria, que fundó la Congregación de las Hijas de Jesús, para colaborar en la formación cristiana de los niños (1912).
Nació en el caserío de Berrospe, Andoain (Guipúzcoa, País Vasco, España) el día 31 de mayo de 1845, fue bautizada con el nombre de Juana Josefa Cipitria y Barriola.
En 1854 la familia Cipitria y Barriola se mudó a Tolosa. En 1862 deja tierra vasca, rumbo a Burgos, donde siendo aún joven, tuvo que cuidar de sus hermanos menores en una familia numerosa, para ello ingresa a trabajar con la familia del magistrado Jose de Sabater. A la vez que daba los primeros pasos en la vida de piedad.
Siguiendo a la familia Sabater, a Valladolid, en el año 1868, en la Iglesia del Rosarillo, conoce al P. Miguel San José Herranz, sacerdote jesuita, quien le ayuda a aumentar su actitud de penitencia y oración, que son dos caminos necesarios para tomar toda decisión importante, es aquí que siente el llamado a responder a las necesidades de aquella turbulenta sociedad española, lo que le lleva fundar una "Congregación con el nombre de Hijas de Jesús, dedicada a la salvación de las almas, por medio de la educación e instrucción de la niñez y juventud”.
Será finalmente en Salamanca, el 8 de diciembre de 1871, cuando con otras cinco mujeres da inicio a la Congregación cpm la Eucaristía celebrada en la iglesia de la Clerecía.
Juana Josefa tiene 26 años cuando empieza la redacción las Constituciones del nuevo Instituto y la formación de las aspirantes. El P. Herranz le presta ayuda poniendo a su alcance el Sumario de las Constituciones ignacianas.
En poco tiempo la congregación se expande creando instituciones a lo largo de España creando escuelas en Peñaranda de Bracamonte, Arévalo, Tolosa, Segovia, Medina del Campo, etc.
Tras este primer paso, el 3 de octubre de 1911 el primer grupo de religiosas de las Hijas de Jesús embarcan rumbo al Brasil, donde abrirán nuevas casas. Éste habrá sido sólo el primer paso de la expansión internacional de la Congregación.
Después de su muerte el 9 de agosto de 1912 las Hijas de Jesús, pretenden seguir los caminos evangélicos como lo hizo la Madre Cándida Mª de Jesús.
Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996.
El 3 de julio de 2009 S.S. Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto concerniente a un milagro atribuido a la intercesión de la Beata Cándida María, su canonización se realizará el 17 de octubre de 2010. |
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Fuente: Vatican.va
Francisco (Franz) Jägerstätter, Beato Mártir Laico, 9 de agosto
Mártir Laico Martirologio Romano: En Brandeburgo, Alemania, beato Francisco Jägerstätter, mártir (1943)
Franz Jägerstätter nació el 20 de mayo de 1907 en la aldea de St. Radegung, Austria, a pocos kilómetros de la frontera con Baviera. Durante su adolescencia y su juventud se distinguió por su alegría y vitalidad. A pesar de las tentaciones propias de su edad, permaneció siempre firmemente arraigado en los principios de la fe. Rezaba todos los días y recibía con frecuencia los sacramentos.
En 1931 su padre, propietario de una granja, enfermó gravemente, y Franz se vio obligado a ocuparse de ella para mantener a la familia. En 1936 contrajo matrimonio con Franziska Schwaniger. Tuvieron tres hijas: Rosalía, María y Luisa. Los esposos eran católicos practicantes, profundamente devotos y recibían diariamente la sagrada Comunión.
Llamado a cumplir el servicio militar en 1943, en pleno conflicto mundial, declaró que como cristiano no podía servir a la ideología nazi y combatir una guerra injusta. Su vida y su elección reflejaban su radicalismo evangélico, que no admitía réplicas, sino que provocaba e interpelaba. El padre José Karobath, su párroco, tras una conversación con él pocos días antes de que lo reclutaran, escribió: "Me ha dejado sin palabras, porque tenía las argumentaciones mejores. Queríamos que desistiera, pero se imponía siempre citando las Escrituras". En el siervo de Dios se reflejaba su serenidad sufrida y su adhesión al significado pleno del mensaje evangélico: en él la coherencia era una señal distintiva, no por prejuicios ideológicos o por un pacifismo abstracto, sino porque manifestaba con sencillez y firmeza su fidelidad a los valores en los que creía.
Ante el terror nazi, ante la oscuridad de las conciencias y el consiguiente olvido de Dios, Franz elevó su voz sin alardes, pero con gran valor, para defender a la Iglesia de la furia anticlerical y para anunciar con su ejemplo el amor al prójimo, hermano en Cristo y no un enemigo contra el cual combatir.
A este propósito, son clarificadoras las palabras del cardenal Christoph Schönborn, o.p., arzobispo de Viena: "Considerar el martirio como una participación en el combate escatológico contra las fuerzas del poder no era simplemente una fantasía delirante de la Iglesia de los orígenes. Una figura tan límpida como la del mártir Franz Jägerstätter, campesino de Austria, nos permite comprender cuán actual es esta concepción. Su testimonio franco, que lo llevó a rechazar el servicio militar en el ejército del Reich de Hitler, desvela las fuerzas que aquí luchan entre sí".
Franz fue procesado por insumisión por un tribunal militar reunido en Berlín, que el 6 de julio de 1943 lo condenó a muerte. Permaneció detenido desde marzo hasta mayo de 1943 en la prisión militar de Linz; desde allí fue trasladado a una cárcel en Brandeburgo, en espera de la ejecución de la sentencia. Quienes compartieron con él aquellos meses testimoniaron que soportó las pruebas con infinita paciencia, en particular el profundo dolor de la despedida de su esposa y de sus hijas. A su esposa envió una serie de cartas, en las que destaca continuamente su entrañable e inquebrantable amor a la familia, a la Iglesia y a Dios, así como su petición de perdón por todos los sufrimientos que podía haber ocasionado con su decisión de oponerse a la guerra.
El 9 de agosto de 1943, poco antes de ser guillotinado, el p. Jochmann le administró los últimos sacramentos y le preguntó si necesitaba algo. El siervo de Dios le respondió con gran entereza: "Tengo todo, tengo las sagradas Escrituras, no necesito nada".
Fue beatificado el 26 de octubre de 2007. |
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Fuente: Vatican.va
Mariana (Bárbara) Cope de Molokai, Beata Religiosa, 9 de agosto
Religiosa Martirologio Romano: En Molokai, beata Mariana Cope de Molokai, virgen de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia, dueña de un corazón extraordinario. (1918)
Nació en Heppenheim, Hessen-Darmstadt (Alemania), el 23 de enero de 1838. Sus padres fueron Peter Kobb, agricultor, y Bárbara Witzenbacher. La bautizaron con el nombre de Bárbara. Al año siguiente, la familia emigró a Estados Unidos y se estableció en Útica, Estado de Nueva York. Su padre obtuvo la ciudadanía americana y la dio a sus hijos. La familia adoptó el apellido Cope.
Bárbara estudió en la escuela parroquial de San José, en Útica; hizo la primera comunión en 1848.
Siendo aún adolescente, aceptó un puesto en una fábrica de ropa para ayudar económicamente a la familia. A los 15 años quería entrar en el convento, pero, al ser la hija mayor y tener a su cargo a su madre impedida, a sus tres hermanos menores y a su padre inválido, tuvo que esperar nueve años para cumplir su deseo. Durante esos años de espera se pusieron claramente de manifiesto su paciencia y su espíritu alegre.
En 1860 una rama independiente de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia se estableció en Útica y Syracuse, ciudades ubicadas en el área central de Nueva York. Dos años más tarde, a la edad de 24 años, Bárbara ingresó en la orden y posteriormente emitió la profesión religiosa, tomando el nombre de Mariana. El apostolado de la orden consistía en la educación de los hijos de inmigrantes alemanes. Aprendió el alemán, la lengua de sus padres, y fue destinada a abrir y dirigir nuevas escuelas.
Dotada de cualidades naturales de gobierno, pronto formó parte del equipo directivo de su comunidad, que en 1860 estableció dos de los primeros cincuenta hospitales generales de Estados Unidos, que alcanzaron gran renombre: Santa Isabel de Útica (1866) y San José de Syracuse (1869). Los dos siguen siendo en la actualidad florecientes centros médicos. Ambos hospitales, equipados con medios extraordinarios para su tiempo, ofrecían sus servicios a todos los enfermos sin distinción de nacionalidad, credo o color. A menudo criticaban a la madre Mariana por atender a los "excluidos" de la sociedad: los alcohólicos y las madres solteras.
En medio de las dificultades más serias, la madre Mariana logró realizar un servicio apostólico sobresaliente con los más pobres de entre los pobres. Fue elegida provincial de su congregación en 1877 y, de nuevo, por unanimidad en 1881.
En 1883, cuando las islas Hawai eran una lejana monarquía en el océano Pacífico, sólo la madre Mariana respondió a una petición urgente de los reyes de Hawai: se necesitaban enfermeras para los leprosos del país. "No tengo miedo a la enfermedad —aseguró—. Para mí será la alegría más grande servir a los leprosos desterrados...". Más de cincuenta comunidades religiosas habían declinado la petición de los reyes.
Al llegar al hospital de leprosos de Kakaako, Honolulú, se encontró con problemas muy serios. Su intención era volverse a Syracuse después de establecer la misión en Hawai. Sin embargo, las malas condiciones higiénicas del hospital, la falta de alimentación adecuada y la precaria atención médica, la impulsaron a cambiar sus planes. Las autoridades eclesiásticas y el Gobierno de Hawai pronto se convencieron de la importancia de su presencia para el éxito de la misión.
Fueron numerosos sus logros en favor de los enfermos y de las personas sin hogar en Hawai. En 1884 el Gobierno le pidió que estableciera el primer hospital general en la isla de Maui. En 1885, cuando sólo las Hermanas Franciscanas podían hacerse cargo de los hijos de los pacientes leprosos, abrió un albergue para ellos en los terrenos del hospital de Oahu. El rey la condecoró con una preciada medalla en reconocimiento de su acción en favor del pueblo de Hawai.
En 1888 la madre Mariana respondió una vez más a la solicitud de ayuda del Gobierno. El hospital de Oahu se había cerrado y los pacientes leprosos eran enviados a la aislada colonia de Kalaupapa, en Molokai. El padre Damián de Veuster había contraído la lepra en 1884 y su muerte era ya inminente. En 1889, después de la muerte del padre Damián, aceptó la dirección del hogar para los varones, además del trabajo con las mujeres y las niñas.
La madre Mariana vivió treinta años en una lejana península de la isla de Molokai, exiliada voluntariamente con sus pacientes. Debido a su insistencia, el Gobierno dio leyes para proteger a los niños. La enseñanza, tanto de la religión como de las otras asignaturas, estaba al alcance de todos los residentes capaces de acudir a las clases. Dando ejemplo, promovió en aquella árida tierra la siembra y el cultivo de árboles, arbustos y flores. Conocía por su nombre a cada uno de los residentes en la colonia y cambió la vida de quienes se veían forzados a vivir allí, introduciendo la limpieza, el sentido de la dignidad y un sano esparcimiento. Les daba a conocer que Dios amaba y cuidaba con cariño de los abandonados.
Los historiadores de su tiempo se referían a ella como a "una religiosa ejemplar, de un corazón extraordinario". Era una mujer que no buscaba protagonismo. Su lema, según testificaron las Hermanas, era: "Sólo por Dios".
Murió el 9 de agosto de 1918. Fue beatificada el 14 de mayo de 2005. |
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Fuente: Decarcaixent.com
Germán (José María) Garrigues Hernández, Beato Presbitero y Mártir, 9 de agosto
Presbitero y Mártir Martirologio Romano: En el pueblo de Carcaixent, en la región de Valencia, también en España, beato Germán (José María) Garrigues Hernández, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que, en el furor de la persecución contra la fe, superó la tortura de su cuerpo con una muerte preciosa (1936).
José María Garrigues Hernández nació en Carcagente (Valencia) el 12 de febrero de 1895, y recibió el bautismo el mismo día. Fueron sus padres D. Juan Bautista Garrigues y D.ª María Ana Hernández. El padre perteneció a diversas asociaciones religiosas y profesó en la Orden Tercera de San Francisco. De los ocho hijos del matrimonio, tres fueron capuchinos. Siguiendo los pasos de su hermano Domingo, José María ingresó en el Seminario Seráfico de la Magdalena de Masamagrell (Valencia), vistiendo el hábito el 13 de agosto de 1911. Emitió la profesión simple el 15 de agosto del año siguiente, y la solemne el 18 de diciembre de 1917. Fue ordenado sacerdote el 9 de febrero de 1919.
Después de la ordenación los superiores lo dedicaron a la enseñanza. Su primer destino fue el convento de Totana, como profesor en el colegio de San Buenaventura. Posteriormente fue destinado al Seminario Seráfico de Masamagrell. Pasó luego a Ollería como vicemaestro de novicios, y finalmente a Alcira, donde residió los últimos diez años de su vida.
El P. Germán destacó por su carácter bondadoso y la afabilidad en el trato. Cuando fue vicemaestro de novicios dejó un grato recuerdo con su porte sereno y la sonrisa que siempre tenía en los labios. Atento cumplidor de sus obligaciones religiosas, expresaba en ellas el buen espíritu de que estaba animado. En Alcira, lugar que por más tiempo se benefició de su acción, tuvo a su cargo la escuela gratuita que acogía a los niños del barrio en el que estaba situada la residencia de los religiosos. Visitaba a los enfermos, procurando además socorrerles en sus necesidades materiales. Fomentó el culto en la capilla, atendiendo el confesonario y organizando una schola cantorum.
En febrero de 1936 la comunidad de Alcira fue disuelta debido al clima de inseguridad, y el P. Germán quedó incorporado al convento de Valencia. Dado el ambiente de persecución, el P. Germán comentó en una ocasión: “Si Dios me quiere mártir, me dará fuerzas para sufrir el martirio”. Después de los sucesos de julio pasó a residir con su madre y una hermana en Carcagente. Allí se dedicó a la oración y a otros ejercicios de piedad, e incluso bautizó en la misma casa a una niña. Se mostraba tranquilo, pues no había hecho nada malo a nadie. Al advertirle el peligro que corría, contestó: “¿Qué cosa mejor que morir por Dios?”. La persecución contra la Iglesia arreciaba. El templo parroquial y las iglesias de los franciscanos y las dominicas fueron pasto de las llamas, e incluso requisaron cuadros e imágenes religiosas de los domicilios para quemarlas en la plaza pública. Fueron asesinados muchos católicos de la ciudad.
La primera víctima fue el P. Germán. Al anochecer del día 9 de agosto se presentaron en la casa de los Garrigues tres milicianos para practicar un registro. El P. Germán les acompañó en la búsqueda. Al salir a la calle para quemar los cuadros religiosos que habían requisado, un vecino les dijo que el hombre que los había acompañado era un fraile. Regresaron a la casa, y preguntaron por él, ordenándole acompañarles. Fue conducido al comité, y al cabo de una hora lo llevaron al cuartel de la Guardia Civil, que había sido convertido en cárcel. Al filo de la medianoche lo subieron a un coche, llevándolo al puente de la vía férrea sobre el río Júcar. Le ordenaron que se colocara sobre el puente, y entonces el P. Germán se arrodilló, habiendo besado antes las manos a los verdugos y perdonándoles. Hicieron fuego sobre él, y cayó malherido a un terraplén. Bajaron y lo remataron. Al día siguiente el Juzgado de Carcagente ordenó levantar el cadáver, que fue conducido al Hospital Municipal, donde las religiosas que habían quedado allí como enfermeras lo reconocieron y limpiaron. En su rostro estaba dibujada la sonrisa que en vida le había caracterizado.
El 11 de marzo del año 2001, el papa Juan Pablo II beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España (1936-39). |
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Guillermo Plaza Hernández, Beato Presbítero y Mártir, 9 de agosto
Presbítero y Màrtir Martirologio Romano: En el lugar de Argés, cerca de Toledo, España, beato Guillermo Plaza Hernández, presbítero de la Sociedad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y mártir, que en el furor de la persecución contra la Iglesia entregó su espíritu (1936).
Nació en Yuncos, Toledo, en una familia de fuertes raíces cristianas católicas. Llevado por su vocación de consagrarse al Señor en 1920 hizo los estudios teológicos en la Casa de Probación que la Hermandad de Operarios Diocesanos tiene en Tortosa, recibió la Orden Sacerdotal el 26 de junio de 1932.
Hasta septiembre de 1935 ejerció el cargo de prefecto de disciplina en el Seminario Diocesano de Zaragoza, luego fue trasladado al Seminario Conciliar de San Ildefonso de Toledo.
El 9 de agosto de 1936, en Cobisa (Toledo), fue aprendido por milicianos y luego de robarle lo fusilaron.
El papa Juan Pablo II, lo beatificó el 1 de octubre de 1995 junto a otros ocho sacerdotes de la Sociedad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, todos rectores y maestros en Seminarios.
La lista la encabeza el padre Pedro Ruiz de los Paños y la completan: José Sala Pico, Guillermo Plaza Hernández, Recaredo Centelles Abad, Antonio Perulles Estivill, Martín Martínez Pascual, José Pascual Carda Saporta, Isidro Bover Oliver, José Peris Polo; éste es un primer grupo de nueve beatificado, sobre un total de treinta sacerdotes de la Hermandad, absurdamente asesinados. |
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Fuente: www.diogirardota.org
Rubén de Jesús López Aquilar y compañeros, Beatos Religioso Mártir, 9 de agosto
Mártir Hospitalario Martirologio Romano: En Barcelona, en España, beatos Rubén de Jesús López Aguilar y sus seis compañeros, religiosos de la Orden de San Juan de Dios y mártires, que, en la persecución contra la fe, sufrieron la muerte por odio a la vida religiosa y así pasaron a presencia del Señor (1936).
El Beato y mártir Rubén de Jesús López Aguilar nació en Concepción Antioquia-Colombia el 12 de abril de 1908. Hijo de Joaquín López y Efigenia Aguilar, los cuales tuvieron 14 hijos, siendo el segundo de ellos nuestro hermano Rubén.
Muerta la madre, el padre contrae nuevas nupcias de las que nacen otros siete hijos.
Sintió su vocación al sacerdocio desde la adolescencia, pero la falta de recursos frustró sus deseos juveniles. Estudió hasta segundo de primaria y preocupado por la pobreza de su familia busca trabajo en otras regiones: las minas de Yolombó y Alejandría y el túnel de la Quiebra. Siempre se distinguió por ser magnífico compañero y amigo compartiendo lo que tenía. Desarrolló allí su magnífica corpulencia que ayudaría posteriormente en el trabajo con los enfermos.
Sus hermanos, algunos de los cuales aún viven, hablan de su nobleza y piedad desde niño .No quería pelearse con ellos, aunque le pegaran y su padre le empujara a defenderse.
Cuentan del amor a María, la Virgen Santísima, de su respeto y admiración por las mujeres. En todo veía la voluntad de Dios, "Bendito sea mi Dios" era su frase más comun. Pero ese Dios le mostró el camino para seguirlo cuando los hermanos de San Juan de Dios vinieron en promoción vocacional a Concepción, y a través del Padre Villegas (Párroco) le contactaron.
Rubén entro al postulantado el 2 de diciembre de 1930 en Bogotá. Allí se dedicó al estudio y a las labores de los distintos sanatorios y hospitales de la comunidad. El 7 de marzo de 1931 ingresa al noviciado. según sus compañeros siempre supo ser fuerte frente a las dificultades. el 27 de marzo de 1935 profesa temporalmente y ese mismo año hace su profesión solemne.
Fue seleccionado para viaja a España y así preparase mejor en todos sus tareas. Pero antes habría de servir en la guerra de 1933 entre Perú y Colombia, donde demostró ampliamente su amor a los enfermos y su espíritu de oración y obediencia curando y acompañando los soldados en la ciudad de Pasto.
En España sufre con los combates de la guerra civil, pues llega el 30 de marzo de 1935 y se dedica de nuevo a los enfermos en los hospitales de la comunidad.
Desde allí escribe a la familia contando su viaje en barco y la situación crítica de violencia indiscriminada imperante en España.
El 5 de agosto de 1936, no sin antes defender su fe y su vocación con valentía, es cruelmente asesinado con sus compañeros.
Sus restos reposan en una fosa común no plenamente idenificada.
Sus compañeros en el martirio fueron:: Arturo (Luis) Ayala Niño, Juan Bautista (José) Velázquez Peláez, Eugenio (Alfonso Antonio) Ramírez Salazar, Esteban (Gabriel) Maya Gutiérrez, Melquíades (Raimundo) Ramírez Zuluaga y Gaspar (Luis Modesto) Páez Perdono.
Formanparte del grupo de 71 mártires hospitalarios beatificado en la plaza de San Pedro el 25 de octubre de 1992 por S.S. Juan Pablo II. |
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Florentino Asensio Barroso, Beato Obispo y Mártir, 9 de agosto
Obispo y Mártir Martirologio Romano: En Barbastro, también en España, beato Florentino Asensio Barroso, obispo y mártir, que en el furor de la persecución contra la Iglesia, acribillado a balazos, dio testimonio con su sangre de la fe que había predicado constantemente al pueblo que tuvo encomendado (1936).
Era hijo de Jacinto Asensio, venededor ambulante, y de Gabina Barroso. Nació en Villasexmir, 16 de octubre de 1877.
Ingresó muy joven en el seminario, siendo ordenado el 1 de junio de 1901. Fue párroco de Villaverde de Medina durante año y medio, siendo trasladado posteriormente a Valladolid, donde el arzobispo José María Cos y Macho le fue confiando sucesivamente su secretaría particular, la mayordomía de palacio y la cátedra de Metafísica en el Seminario. Durante quince años fue confesor del Seminario.
Su celo pastoral le dio fama, y en 1935 el Nuncio Apostólico Federico Tedeschini le comunicó que el Papa Pío XI lo proponía a la dignidad episcopal con sede en Barbastro (Huesca). Fue consagrado obispo en Valladolid el 26 de enero de 1936. Tomó posesión de la Sede de Barbastro por procurador el 8 de marzo de aquel año, entrando discretamente el 15 para evitar disturbios anticatólicos.
Con la sublevación militar fue arrestado en su palacio, y encarcelado el 22 de julio de 1936. Interrogado y torturado, fue finalmente fusilado por los milicianos al cabo de dos semanas.
El Papa Juan Pablo II lo beatificó el 4 de mayo de 1997. |
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Fuente: LaPueblaDeCastro.com
Román, Santo Mártir, 9 de agosto
Mártir Laico Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de san Lorenzo, en la vía Tiburtina, san Román, mártir (c. 258).
La vida de nuestro santo estuvo muy ligada a la de San Lorenzo, y es por eso que la Iglesia celebra su fiesta en la víspera de San Lorenzo. Sólo sabemos que Román era un soldado a las órdenes del emperador Valeriano. Como tal, participaba activamente en la persecución de cristianos, y probablemente fue él quien capturó a San Lorenzo.
Estuvo presente en su interrogatorio, y ya entonces comenzó a pensar en todo lo que decía aquel hombre. Román había escuchado muchas historias acerca de los cristianos: que eran caníbales, que practicaban el incesto y que se entregaban a extrañas orgías. Pero nada de eso correspondía con la actitud de su prisionero, que no hacía más que hablar del amor de Dios y de la fe en un mundo mejor. Días más tarde, cuando tuvo que presenciar la tortura de San Lorenzo, Román seguía meditando. ¿Era posible que, efectivamente, Dios hubiera venido al mundo y se hubiera dejado matar sólo por amor?
Fue entonces cuando reparó en la actitud del mártir ante los tormentos. No gritaba, ni imploraba perdón, y mucho menos parecía dispuesto a abjurar de su fe. Nuestro santo pensó que tal valor y alegría no podían ser meramente humanos: sin duda estaban inspirados por un ser superior, quizá aquel Jesús del que hablaba San Lorenzo. En ese momento vio a un ángel que estaba limpiando amorosamente las heridas del preso. Ya no lo dudó más: en su corazón se convirtió al cristianismo, y así se lo manifestó al mártir al oído.
Deseando bautizarse, se ofreció para escoltar al prisionero hasta la celda. Una vez allí buscó un poco de agua e imploró al santo que oficiase el sacramento: San Lorenzo lo hizo encantado, feliz que su martirio diese frutos tan rápidos.
Después del bautismo, Román no pudo contenerse, y le reveló al emperador que se había vuelto cristiano a través del ejemplo de aquel hombre. Valerio no lo dudó ni un instante: lo despojó del rango de soldado imperial y ordenó que fuese decapitado. |
J†A
JMJ
Pax
Mujer, ¡qué grande es tu fe!
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer
cananea le salió al
encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten
compasión de mí.
Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se
acercaron y le
rogaban:
"Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros".
El les contestó:
"Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa
de
Israel".
Ella se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo:
"¡Señor,
ayúdame!"
El le respondió:
"No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los
perritos". Pero ella replicó:
"Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las
migajas que caen
de la mesa de sus amos".
Entonces Jesús le respondió:
"Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas".
Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Dios nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte.
Oremos:
Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a
fin de que,
amándote en todo y sobre todo, podamos obtener aquellos bienes
que no podemos
nosotros ni siquiera imaginar
y has prometido tú a los que te aman.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Conduciré a los extranjeros a mi monte santo
Lectura del libro del profeta Isaías 56, 1. 6-7
Esto dice el Señor:
"Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia,
porque mi
salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de
manifestarse.
A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo,
amarlo y darle
culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se
mantienen fieles a mi
alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de
alegría en mi casa de
oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi
altar, porque mi casa
será casa de oración para todos los pueblos".
Palabra de Dios.
Ta alabamos, Señor.
Del salmo 66
Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Ten piedad
de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu
bondad y los
pueblos tu obra salvadora.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Las
naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a
los pueblos y riges
en la tierra a las naciones.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Que te
alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios
y que le rinda
honor el mundo entero.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32
Hermanos: Tengo algo que
decirles a ustedes, los que
no son judíos, y trato de desempeñar lo mejor posible este
ministerio. Pero
esto lo hago también para ver si provoco los celos de los de
mi raza y logro
salvar a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido
reconciliación para el
mundo, ¿qué no será su reintegración, sino resurrección de
entre los muertos?
Porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección.
Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han
alcanzado su misericordia
con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma,
los judíos, que
ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes
alcanzaran la
misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto,
Dios ha permitido
que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos
su misericordia.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las
enfermedades y dolencias
del pueblo.
Aleluya.
Mujer, ¡qué grande es tu fe!
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
se retiró a la comarca de Tiro
y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se
puso a gritar:
"Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está
terriblemente
atormentada por un demonio".
Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se
acercaron y le
rogaban:
"Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros".
El les contestó:
"Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la
casa de
Israel".
Ella se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo:
"¡Señor,
ayúdame!"
El le respondió:
"No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a
los
perritos". Pero ella replicó:
"Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las
migajas que caen
de la mesa de sus amos".
Entonces Jesús le respondió:
"Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas".
Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Presentemos, hermanos, nuestras súplicas al Señor y pidámosle
que atienda a sus
hijos, según las necesidades de cada uno de ellos:
Respondemos: Te rogamos Señor.
Roguemos al Señor por
quienes, a causa de su
enfermedad, porque están al servicio de sus hermanos o por
cualquier otro
motivo, no han podido venir a celebrar con nosotros el
domingo; a fin de que,
ya que no pueden participar de la alegría de esta celebración,
no se vean
privados nunca del gozo del Señor.
Te rogamos Señor.
Roguemos por los que
ayudan a los pobres o hacen obras
de misericordia en favor de sus hermanos, para que Dios premie
abundantemente
el bien que hacen, y lo que reparten a sus hermanos el Señor
lo multiplique y
lo convierta para ellos en premio de vida eterna.
Te rogamos Señor.
Roguemos por los que
están de viaje, por los que
tienen que vivir fuera de su hogar o alejados de sus
familiares y amigos, para
que Dios los proteja de todo peligro, los ayude en sus
dificultades y les
conceda retornar, sanos y salvos, a sus hogares.
Te rogamos Señor.
Roguemos finalmente por
nosotros mismos, para que el
Señor nos haga perseverar en la fe cristiana, nos ayude a
conocer más y más el
Evangelio de Cristo, fortalezca nuestra voluntad en el bien,
nos guarde de todo
mal y nos conceda alcanzar la vida eterna.
Te rogamos Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que con el ejemplo de tu Hijo, manso y humilde
de corazón, nos
has manifestado tu designio de salvar a todos los hombres,
escucha nuestras
oraciones y revístenos de los mismos sentimientos de Cristo,
para que, con
nuestras obras y palabras, demos siempre testimonio de tu amor
fiel.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones
que te presentamos para esta
Eucaristía a fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos
has dado, podamos
recibir de ti tu misma vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo
bendecirte y darte gracias, Padre
santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has
convocado en tu casa en
este día de fiesta.
Hoy, tu familia reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los
santos, cantamos
unánimes el himno de tu gloria:
Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia.
Oremos:
Tú que nos hecho partícipes de la vida de Cristo en este
sacramento,
transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo, para que
participemos también de su
gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo
Domingo
ciclo a
EL VALOR DE LA ORACIÓN
— Cómo pedir. El Señor atiende con especial solicitud la oración por los hijos.
— Cualidades de la oración: perseverancia, fe y humildad. Buscar la ayuda de otros para que unan su oración a la nuestra.
— Pedir en primer lugar por las necesidades del alma, y por las materiales en la medida en que nos acerquen a Dios.
I. En el Evangelio de la Misa1, San Mateo nos dice que Jesús se retiró con sus discípulos a la región de Tiro y Sidón. Pasó de la ribera del mar de Galilea a la del Mediterráneo. Allí se le acercó una mujer gentil, perteneciente a la antigua población de Palestina –el país de Canaán– donde se asentaron los israelitas. Y a grandes voces le decía: ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! ¡Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio!
El Evangelista consigna que Jesús, a pesar de los gritos de la mujer, no respondió palabra. Este primer encuentro tuvo lugar, según indica San Marcos, en una casa, y allí la mujer se postró a sus pies2. El Señor, aparentemente, no le hizo el menor caso.
Después, Jesús y sus acompañantes debieron de salir de la casa, pues San Mateo escribe que los discípulos se le acercaron para decirle: Atiéndela para que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros. La mujer persevera en su clamor, pero Jesús se limita a decirle: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de Israel. Esta madre, sin embargo, no se dio por vencida: se acercó y se postró ante Él diciendo: ¡Señor, ayúdame! ¡Cuánta fe!, ¡cuánta humildad!, ¡qué interés tan grande en su petición!
Jesús le explica mediante una imagen que el Reino había de ser predicado en primer lugar a los hijos, a quienes componían el pueblo elegido: No está bien -le dice- tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. Pero la mujer, con profunda humildad, con fe sin límites, con una constancia a toda prueba, no se echó atrás: Es verdad, Señor -le contesta-, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. Se introduce en la parábola, conquista el Corazón de Cristo, provoca uno de los mayores elogios del Señor y el milagro que pedía: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase como tú quieres. Y quedó sana su hija en aquel instante. Fue el premio a su perseverancia.
Las buenas madres que aparecen en el Evangelio manifiestan siempre solicitud por sus hijos. Saben dirigirse a Jesús en petición de ayuda y de dones. Una vez será la madre de Santiago y de Juan la que se acerque al Señor para pedirle que reserve un buen puesto para sus hijos. Otra vez será aquella viuda de Naín que llora detrás de su hijo muerto y consigue de Cristo, quizá con una mirada, que se lo devuelva con vida... La mujer que nos presenta el Evangelio de hoy es el modelo acabado de constancia que deben meditar quienes se cansan pronto de pedir.
San Agustín nos cuenta en sus Confesiones cómo su madre, Santa Mónica, santamente preocupada por la conversión de su hijo, no cesaba de llorar y de rogar a Dios por él; y tampoco dejaba de pedir a las personas buenas y sabías que hablaran con él para que abandonase sus errores. Un día, un buen obispo le dijo estas palabras, que tanto la consolaron: “¡Vete en paz, mujer!, pues es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”3. Más tarde, el propio San Agustín dirá: “si yo no perecí en el error, fue debido a las lágrimas cotidianas llenas de fe de mi madre”4.
Dios oye de modo especial la oración de quienes saben amar; aunque alguna vez parezca que guarda silencio. Espera a que nuestra fe se haga más firme, más grande la esperanza, más confiado el amor. Quiere de todos un deseo más ferviente –como el de las madres buenas– y una mayor humildad.
II. La oración de petición ocupa un lugar muy importante en la vida de los hombres. Aunque el Señor nos concede de hecho muchos dones y beneficios sin haberlos pedido, otras gracias ha dispuesto otorgarlas a través de nuestra oración, o de la de aquellos que se encuentran más cerca de Él. Enseña Santo Tomás5 que nuestra petición no se dirige a cambiar la voluntad divina, sino a obtener lo que ya había dispuesto que nos concedería si se lo pedíamos. Por eso es necesario pedir al Señor incansablemente, pues no sabemos cuál es la medida de oración que Dios espera que colmemos para otorgarnos lo que quiere darnos. Hemos de solicitar también a otras personas que rueguen por las intenciones santamente ambiciosas que tenemos en nuestro corazón, y por todo aquello que deseamos obtener del Señor. El mismo Santo Tomás explica que una de las causas de que Jesús no respondiera enseguida a esta mujer fue porque quería que los discípulos intercedieran por ella, para hacernos ver de esta manera lo necesaria que es, para conseguir algunas cosas, la intercesión de los santos6. El milagro extraordinario que le pedía esta mujer gentil necesitó también una oración excepcional, acompañada de mucha fe y de mucha humildad. Perseverar es la condición primera de toda petición: es preciso orar siempre y no desfallecer7, enseñó el mismo Jesús. “Persevera en la oración. –Persevera, aunque tu labor parezca estéril. –La oración es siempre fecunda”8. La petición de la mujer cananea fue eficaz desde el primer momento. Jesús solo esperó a que se dispusiera su corazón para recibir el gran don que solicitaba.
Hemos de pedir con fe. La misma fe “hace brotar la oración y la oración, en cuanto brota, alcanza la firmeza de la fe”9; ambas están íntimamente unidas. Esta mujer tenía una fe grande: “cree en la Divinidad de Cristo, cuando le llama Señor; y en su Humanidad cuando le dice Hijo de David. No pide ella nada en nombre de sus méritos; invoca solo la misericordia de Dios diciendo: “Ten piedad”. Y no dice ten piedad de mi hija, sino de mí, porque el dolor de la hija es el dolor de la madre; y a fin de moverle más a compasión, le cuenta todo su dolor; por eso sigue: Mi hija es malamente atormentada por el demonio. En estas palabras descubre al Médico sus heridas y la magnitud y especie de su enfermedad; la magnitud, cuando le dice: Es atormentada malamente; la especie, por las palabras: por el demonio”10.
La constancia en la oración nace de una vida de fe, de confianza en Jesús que nos oye incluso cuando parece que calla. Y esta fe nos llevará a un abandono pleno en las manos de Dios. “Dile: Señor, nada quiero más que lo que Tú quieras. Aun lo que en estos días vengo pidiéndote, si me aparta un milímetro de la Voluntad tuya, no me lo des”11 Solo quiero lo que Tú quieres y porque Tú lo quieres.
III. Esta mujer que pide y recibe nos enseña con su ejemplo una cualidad más de la buena oración: la humildad. La oración debe brotar de un corazón humilde y arrepentido de sus pecados: Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies12, el Señor, que nunca desprecia un corazón contrito y arrepentido, resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes13. A quien se sabe servus pauper et humilis14.
El Señor desea que le pidamos muchas cosas. En primer lugar, lo que se refiere al alma, pues “grandes son las enfermedades que la aquejan, y estas son las que principalmente quiere curar el Señor. Y, si cura las del cuerpo, es porque quiere desterrar las del alma”15. Suele suceder que “apenas nos aqueja una enfermedad corporal, no dejamos piedra por mover hasta vernos libres de su molestia; estando, en cambio, enferma nuestra alma, a veces todo son vacilaciones y aplazamientos (...): hacemos de lo necesario accesorio, y de lo accesorio necesario. Dejamos abierta la fuente de los males y pretendemos secar los arroyuelos”16. Para el alma podemos pedir gracia para luchar contra los defectos, más rectitud de intención en lo que hacemos, fidelidad a la propia vocación, luz para recibir con más fruto la Sagrada Comunión, una caridad más fina, docilidad en la dirección espiritual, más afán apostólico... También quiere el Señor que roguemos por otras necesidades: ayuda para sobreponernos a un pequeño fracaso; trabajo, si nos falta; la salud... Y todo en la medida en que nos sirva para amar más a Dios. No queremos nada que, quizá con el paso del tiempo, nos alejaría de lo que verdaderamente nos debe importar: estar siempre junto a Cristo.
A Jesús le es especialmente grato que pidamos por otros. “La necesidad nos obliga a rogar por nosotros mismos, y la caridad fraterna a pedir por los demás. Es más aceptable a Dios la oración recomendada por la caridad que aquella que está motivada por la necesidad”17, enseña San Juan Crisóstomo.
Hemos de orar, en primer lugar, por aquellas personas a quienes nos une un vínculo más fuerte, y por aquellas que el Señor ha puesto a nuestro cuidado. Los padres tienen una especial obligación de pedir por sus hijos; mucho más si estos estuvieran alejados de la fe o el Señor hubiera manifestado una particular predilección por ellos llamándolos a un camino de entrega. Y para que Dios nos oiga con más prontitud, acompañemos con obras nuestra petición: ofreciendo horas de trabajo o de estudio por esa intención, aceptando por Dios el dolor y las contrariedades, ejerciendo la caridad y la misericordia en toda oportunidad.
Los cristianos de todos los tiempos se han sentido movidos a presentar sus peticiones a través de santos intercesores, del propio Ángel Custodio, y muy singularmente a través de Nuestra Madre Santa María. Dice San Bernardo que “subió al Cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación”18. No dejemos de acudir cada día a Nuestra Señora; mucho nos va en ello.
1 Mt 15, 21-28. — 2 Mc 7, 24-25. — 3 San Agustín, Las Confesiones, 3, 12, 21. — 4 ídem, Tratado sobre el don de la perseverancia, 20, 53. — 5 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 2. — 6 ídem, Catena Aurea, vol. II, p. 338. — 7 Lc 18, 1. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 101. — 9 San Agustín, Sermón 115. — 10 Santo Tomás, Catena Aurea, vol. II, pp. 336-337. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 512. — 12 Sal 50, 19. — 13 Cfr. Pdr 5, 5; Sant 4, 6. — 14 Cfr. Liturgia de las Horas. Himno del oficio de lecturas en la Solemnidad del “Corpus et Sanguis Christi”. — 15 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 14, 3. — 16 Ibídem. — 17 ídem, en Catena Aurea, vol. I, p. 354. — 18 San Bernardo, Sermón en la Asunción de la B. Virgen María, 1. 1.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Esteban rey de Hungría Año 1038
Esteban significa: "coronado" (estebo= corona).
Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría.
Fue bautizado
por San Adalberto y tuvo la
suerte de casarse con Gisela, la hermana de
San Enrique
de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.
Valiente guerrero y muy buen organizador, logró derrotar en fuertes batallas a todos los que se querían oponer a que él gobernara la nación, como le correspondía, pues era el hijo del mandatario anterior.
Cuando ya hubo derrotado a todos aquellos que se habían opuesto a él cuando quiso propagar la religión católica por todo el país y acabar la idolatría y las falsas religiones, y había organizado la nación en varios obispados, envió al obispo principal, San Astrik, a Roma a obtener del Papa Silvestre II la aprobación para los obispados y que le concediera el título de rey. El sumo Pontífice se alegró mucho ante tantas buenas noticias y le envío una corona de oro, nombrándolo rey de Hungría. Y así en el año 1000 fue coronado solemnemente por el enviado del Papa como primer rey de aquel país.
El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario. Ordenó que cada 10 pueblos debían construir un templo, y a cada Iglesia se encargaba de dotarla de ornamentos, libros, cálices y demás objetos necesarios para mantener el personal de religiosos allá. Lo mismo hizo en Roma.
La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria, que la gente exclamaba: "¡Ahora sí se van a acabar los pobres!". El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores, pero prefería siempre a los más pobres, diciendo: "Ellos representan mejor a Jesucristo, a quien yo quiero atender de manera especial".
Para conocer mejor la terrible situación de los más necesitados, se disfrazaba de sencillo albañil y salía de noche por las calles a repartir ayudas. Y una noche al encontrarse con un enorme grupo de menesterosos empezó a repartirles las monedas que llevaba. Estos, incapaces de aguardar a que les llegara a cada quien un turno para recibir, se le lanzaron encima, quitándole todo y lo molieron a palos. Cuando se hubieron alejado, el santo se arrodilló y dio gracias a Dios por haberle permitido ofrecer aquel sacrificio. Cuando narró esto en el palacio, sus empleados celebraron aquella aventura, pero le aconsejaron que debía andar con más prudencia para evitar peligros. El les dijo: " Una cosa sí me he propuesto: no negar jamás una ayuda o un favor. Si en mí existe la capacidad de hacerlo".
A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.
La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: " El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras".
Dios, para poderlo hacer llegar a mayor santidad, permitió que en sus últimos años Esteban tuviera que sufrir muchos padecimientos. Y uno de ellos fue que su hijo en quien él tenía puestas todas sus esperanzas y al cual había formado muy bien, muriera en una cacería, quedando el santo rey sin sucesor. El exclamó al saber tan infausta noticia: "El Señor me lo dio, el Señor me los quitó. Bendito sea Dios". Pero esto fue para su corazón una pena inmensa.
Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más.
El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente. Desde entonces la nación Húngara siempre ha sido muy católica. A los 45 años de muerto, el Sumo Pontífice permitió que lo invocaran como santo y en su sepulcro se obraron admirables milagros.
Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.
Los 5 consejos de San Esteban de Hungría que ayudaron a su hijo a ser santo también

1.- Conservar la fe
“En primer lugar, te ordeno, te aconsejo, te recomiendo, hijo amadísimo, si deseas honrar la corona real, que conserves la fe católica y apostólica con tal diligencia y desvelo que sirvas de ejemplo a todos los súbditos que Dios te ha dado, y que todos los varones eclesiásticos puedan con razón llamarte hombre de auténtica vida cristiana, sin la cual ten por cierto que no mereces el nombre de cristiano o de hijo de la Iglesia”.
2.- El don de la vigilancia y protección
“En el palacio real, después de la fe ocupa el segundo lugar la Iglesia, plantada primero por Cristo, nuestra cabeza, transplantada luego y firmemente edificada por sus miembros, los apóstoles y los santos padres, y difundida por todo el orbe. Y, aunque continuamente engendra nuevos hijos, en ciertos lugares ya es considerada como antigua”.
“En nuestro reino, hijo amadísimo, debe considerarse aún joven y reciente, y, por esto, necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos ha concedido sin merecerlo, no llegue a ser destruido o aniquilado por tu desidia, por tu pereza o por tu negligencia”.
3.- El mismo trato con todos
“Hijo mío amantísimo, dulzura de mi corazón, esperanza de una descendencia futura, te ruego, te mando que siempre y en toda ocasión, apoyado en tus buenos sentimientos, seas benigno no sólo con los hombres de alcurnia o con los jefes, los ricos y los del país, sino también con los extranjeros y con todos los que recurran a ti. Porque el fruto de esta benignidad será la máxima felicidad para ti”.
4.- Compasivo y misericordioso
“Sé compasivo con todos los que sufren injustamente, recordando siempre en lo íntimo del corazón aquella máxima del Señor: Misericordia quiero y no sacrificios. Sé paciente con todos, con los poderosos y con los que no lo son”.
5.- Fuerte y honesto
“Sé, finalmente, fuerte; que no te ensoberbezca la prosperidad ni te desanime la adversidad. Sé también humilde, para que Dios te ensalce, ahora y en el futuro. Sé moderado, y no te excedas en el castigo o la condena. Sé manso, sin oponerte nunca a la justicia. Sé honesto, de manera que nunca seas para nadie, voluntariamente, motivo de vergüenza. Sé púdico, evitando la pestilencia de la liviandad como un aguijón de muerte”.
“Todas estas cosas que te he indicado someramente son las que componen la corona real; sin ellas nadie es capaz de reinar en este mundo ni de llegar al reino eterno”.
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Fuente: EWTN.com
Roque, Santo Peregrino, 16 de agosto
Peregrino y Taumaturgo Martirologio Romano: En la Lombardía, san Roque, que,
nacido en Montpellier, del Languedoc, en Francia,
adquirió fama de santidad peregrinando piadosamente y
curando por toda Italia a los afectados de peste (c.
1379)
Este santo se ha hecho famoso en el mundo
por los grandes favores que consigue a favor de pobres y
enfermos. Su popularidad ha sido verdaderamente
extraordinaria cuando a pueblos o regiones han llegado
pestes o epidemias, porque consigue librar de la
enfermedad y del contagio a muchísimos de los que se
encomiendan a él. Quizás él pueda librarnos de epidemias
peligrosas. |
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Fuente:
vidasejemplares.org
Serena, santa Emperatriz Romana, 16 de agosto
Emperatriz Martirologio Romano: Santa Serena de Roma, emperatriz, mujer del emperador Diocleciano. Convertida y bautizada por San Ciriaco, practicó la religión católica en el palacio del emperador y salvó las vidas de muchos cristianos, interponiendo su valimiento ante aquel monstruo de crueldad.
Santa Serena fue emperatriz romana de finales del siglo III. Fue esposa nada menos que de Diocleciano. La cruelísima persecución que desencadenó este emperador contra los cristianos en los últimos años de su reinado, después de un largo período de paz, movió a piedad el corazón de Serena, que intercedió repetidamente ante su esposo para que pusiera fin a tantos y tan crueles martirios. Pero no amainó la tormenta, sino que fue in crescendo. Y llegó a ser tal la admiración que despertó en Serena el valor de los cristianos, que acabó sintiéndose atraída por aquella fe tan recia y se convirtió al cristianismo, siendo bautizada por san Ciríaco. A pesar de la severidad con que se perseguía a los cristianos, Serena pudo practicar su fe en la corte sin ser molestada por nadie. La corte imperial era inaccesible a los jueces, y el emperador amaba demasiado a su esposa como para incomodarse por su fe después de haberla tolerado tantos años. Pudo por tanto Serena acabar sus días en paz, reconfortando a los cristianos perseguidos. La Iglesia la elevó al honor de los altares y conmemora su fiesta el 16 de agosto, el día siguiente de la Asunción |
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Fuente: ACIprensa.com
Gabriel Mª de Benifayó (José María Sanchís Mompó), Beato
Religioso y
Mártir, 16 de agosto
Religioso y Mártir Martirologio Romano: En la localidad de Picasent, en el territorio de Valencia, en España, beato Gabriel María de Benifayo (José María Sanchís Mompó), religioso de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que, por la violencia de los enemigos de la Iglesia, emigró al Señor (1936).
José María Sanchis Mompó, su verdadero
nombre, nace el 8 de octubre de 1866 en Benifayó de
Espioca, diócesis y provincia de Valencia. Fueron sus
padres Gabriel y Vicenta. |
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Fuente: Franciscanos.org
Enrique de Almazora (Enrique García Beltrán), Beato
Diácoo y Mártir, 16
de agosto
Diácono y Mártir Martirologio Romano: En la localidad de Benicasim, cerca de Castellón, España, beato Enrique de Almazora (Enrique García Beltrán), diácono de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que, sufriendo el martirio, tuvo parte en la victoria de Cristo (1936).
Nació en Almassora (Castellón) el 16 de
marzo de 1913, y fue fusilado el 16 de agosto de 1936 en
La Pedrera (Castellón) a la edad de 23 años. |
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Fuente: Franciscanos.org
Plácido García Gilabert, Beato Sacerdote y Mártir, 16 de
agosto
Sacerdote y Mártir Martirologio Romano: En Denia, en el territorio de Alicante, España, beato Plácido García Gilabert, religioso de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que llevó a cabo un glorioso combate por su amor a Cristo (1936).
Nació el día 1 de enero de 1895 en
Benitachell, provincia de Alicante y diócesis de
Valencia. Al día siguiente fue bautizado y se le impuso
el nombre de Miguel. Su familia, profundamente
cristiana, gozaba de gran estima, y en ella aprendió a
amar y servir al Señor. Hizo los estudios primarios en
las escuelas nacionales de su pueblo, destacando entre
sus compañeros por sus dotes intelectuales y por su
carácter bondadoso, avispado y organizador; era siempre
el primero de clase. En 1907, a los doce años, ingresó
en el Seminario menor franciscano de Benissa (Alicante),
donde cursó las Humanidades con notable aprovechamiento. |
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Fuente:
MadresDeDesamparados.org
Petra de San José (Ana Josefa Pérez Florido), Beata
Fundadora, 16 de
agosto
Fundadora de la Congregación Martirologio Romano: En Barcelona, en España, beata Petra de San José (Ana Josefa) Pérez Florido, virgen, que ofreció con alegría un cuidado asiduo a los ancianos abandonados y fue fundadora de la Congregación de Hermanas Madres de los Desamparados (1906).
La Beata Petra de San José nació el 7 de
diciembre de 1845, en el Valle de Abdalajís (Málaga). En
el bautismo recibió el nombre de Ana Josefa. Fue la más
pequeña de cinco hermanos. Sus padres, José Pérez Reina
y María Florido González, la educaron en un ambiente
familiar verdaderamente cristiano. |
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Fuente: Santiebeati.it
Tomás Gengoro y compañeros, Beatos Mártires, 16 de agosto
Mártires Martirologio Romano: En Kokura, también en Japón, beatos mártires Simón Bokusai Kiota, catequista, y Magdalena, su esposa; Tomás Gengoro y su esposa María, y el hijo de ambos, Jacobo, todavía niño, que, por orden del prefecto Yetsundo y por odio hacia el nombre de Cristo, fueron crucificados cabeza abajo (1620).
Simón Bokusai Kiota y Magdalena su esposa,
Tommaso Gengoro, María su esposa y su Jacobo paro, bajo
la acusación de haber enseñado la doctrina cristiana a
pesar de los edictos del emperador, fueron condenados a
ser crucificados a cabeza abajo, como san Pedro, la
orden fue dada por Yetsundo, prefecto de Kokura, capital
de Bougen. |
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Fuente: Franciscanos.net
Juan de Santa Marta, Beato Presbítero y Mártir, 16 de
agosto
Presbítero y Mártir Martirologio Romano: En Kioto, de Japón, beato Juan de Santa Marta, presbítero de la orden de los Hermanos Menores y mártir, que, mientras era conducido al lugar del suplicio, iba predicando al pueblo y cantando el salmo Alabad al Señor, todas las gentes (1618).
(1578‑1618) Beatificado por Pío IX el 7 de julio de
1867. |
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Fuente: Ocarm.org
Ángel Agustín Mazzinghi, Beato Presbítero, 16 de agosto
Presbítero Martirologio Romano: En Florencia, de la Toscana, beato Ángel Agustín Mazzinghi, presbítero de la Orden de los Carmelitas (1438).
Nació en Florencia, de la ilustre familia
de los Mazinghi, alrededor de 1386. Ya grandito, a sus
25 años, allá por 1414, abrazó la vida del Carmelo en la
recién iniciada “Observancia de Las Selvas”, que
intentaban vivir la Regla carmelita en toda su pureza. |
J†A
JMJ
Pax
Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo,
cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta
pregunta a sus
discípulos:
"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"
Ellos le respondieron:
"Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros,
que
Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó:
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"
Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:
"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!, porque esto no te lo ha
revelado
ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te
digo a ti que tú
eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes
del infierno
no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de
los cielos; todo
lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo
que desates en la
tierra quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era
el Mesías.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Escucha, Señor, y respóndeme; salva a tu fiel que confía en ti. Piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco.
Oremos:
Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo
sentir,
concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos
prometes, para
que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda
encontrar nuestro
corazón la felicidad verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro
Lectura del libro del profeta Isaías 22, 19-23
Así dice el Señor a
Sebná, mayordomo de palacio:
"Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo. Aquel
mismo día
llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías; le vestiré
tu túnica, le
ceñiré tu banda, y le traspasaré tus poderes.
Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa
de Judá. Pondré
la llave del palacio de David sobre su hombro.
Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo
abrirá. Lo fijaré
como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la
casa de su
padre".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 137
Señor, tu amor perdura eternamente.
De todo
corazón te damos gracias, Señor,
porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de
tus ángeles, te
adoraremos en tu templo.
Señor, tu amor perdura eternamente.
Señor, te
damos gracias por tu lealtad y
por tu amor; siempre que te invocamos, nos oíste y nos
llenaste de valor.
Señor, tu amor perdura eternamente.
Se
complace el Señor en los humildes y
rechaza al engreído. Señor, tu amor perdura eternamente; obra
tuya soy, no me
abandones.
Señor, tu amor perdura eternamente.
Todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Ya está cerca el día del Señor. Ya viene el Señor a salvarnos.
Aleluya.
Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, cuando
llegó Jesús a la región de
Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"
Ellos le respondieron:
"Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías;
otros, que
Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó:
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"
Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:
"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!, porque esto no te lo ha
revelado
ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te
digo a ti que tú
eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los
poderes del infierno no
prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de
los cielos; todo lo
que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que
desates en la
tierra quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él
era el Mesías.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Hermanos y hermanas: pidamos al Señor que venga en nuestro
auxilio, y por el
honor de su nombre escuche nuestra oración:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, en su
infinita bondad, se acuerde
del santo Padre, el Papa N. y de todos los demás obispos que
anuncian la
palabra de Dios; para que bendiga a los sacerdotes y diáconos
y, en su gran
misericordia, se acuerde de todos los fieles que aman a
Jesucristo, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda a
los que trabajan la tierra
lluvias oportunas y buenas cosechas, dé sabiduría a los
investigadores, acierto
a los que enseñan, docilidad y constancia a los que estudian y
otorgue a todos
cuanto necesitan en cada momento, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
infunda en el corazón de los
pecadores un vivo y sincero arrepentimiento de sus culpas, les
conceda el perdón
de sus pecados y les dé fuerza para no recaer en el mal, a fin
de que donde
creció el pecado, más desbordante sea la misericordia divina,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
conceda sus dones a nuestros
familiares, amigos, bienhechores y a todos aquellos a quienes
recordamos; para
que, a cambio de las riquezas que nos han dado, obtengan las
riquezas
inmortales; y, en lugar de los bienes temporales, alcancen los
bienes eternos,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor, Padre santo, fuente de toda sabiduría, que mostraste al
apóstol Pedro la
soberanía de tu Hijo, escucha la oraciones de tu pueblo y haz
que nuestra fe
encuentre siempre su más sólido fundamento en las enseñanzas
del sucesor de
Pedro; y que todos los pueblos, iluminados por la luz de tu
Espíritu,
reconozcan en Jesús de Nazaret al Cristo vivo y glorioso y
lleguen a ser
piedras vivas de tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Dios nuestro, que por
medio de un sacrificio único, el
de Cristo en la Cruz, nos has adoptado como hijos tuyos,
concede siempre a tu
Iglesia el don de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo entero, estableciste el continuo retorno de las estaciones, y al ser humano, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la creación, y, al contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro.
A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin
cesar:
La tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que alegra el corazón humano.
Oremos:
Completa, Señor, en nosotros la obra redentora de tu amor, y
danos la fortaleza
y generosidad necesarias para que podamos cumplir en todo tu
santa voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo
primer Domingo
ciclo a
EL PAPA, FUNDAMENTO PERPETUO DE LA UNIDAD
— Jesús promete a Pedro que será la roca sobre la que edificará su Iglesia.
— Amor al Papa.
— Donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí encontramos a Dios. Acoger la palabra del Papa y darla a conocer.
I. El Evangelio de la Misa1 presenta a Jesús con sus discípulos en Cesarea de Filipo. Habían llegado a aquella región después de dejar Betsaida y de emprender el camino del Norte por la ribera oriental del lago2. Mientras caminan, Jesús pregunta a los Apóstoles: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y después que ellos le dijeran las diversas opiniones de las gentes, Jesús les interpela directamente: Pero vosotros, ¿quién decís que soy Yo? “Todos nosotros –comenta el Papa Juan Pablo II– conocemos ese momento en el que no basta hablar de Jesús repitiendo lo que otros han dicho..., no basta recoger una opinión, sino que es preciso dar testimonio, sentirse comprometido por el testimonio y después llegar hasta los extremos de las exigencias de ese compromiso. Los mejores amigos, seguidores, apóstoles de Cristo fueron siempre los que percibieron un día dentro de sí la pregunta definitiva, que no tiene vuelta de hoja, ante la cual todas las demás resultan secundarias y derivadas: “Para ti, ¿quién Soy Yo?”“3. La vida y todo el futuro “depende de esa respuesta nítida y sincera, sin retórica ni subterfugios, que pueda darse a esa pregunta”4.
La interpelación dirigida a todos aquellos que le siguen, encuentra un especial eco en el corazón de Pedro, quien, movido por una singular gracia, contesta: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le llama bienaventurado por la respuesta llena de verdad, en la que confiesa abiertamente la divinidad de Aquel en cuya compañía llevan ya meses. Este es el momento escogido por Cristo para comunicar a Pedro que sobre él recaerá el Primado de toda su Iglesia: Y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que alares sobre la tierra quedará atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra quedará desatado en los Cielos. Será la roca, el fundamento firme sobre el que Cristo construirá su Iglesia, de tal manera que ningún poder podrá derribarla. Y el mismo Señor ha querido que diariamente se sienta apoyado y protegido por la veneración, el amor y la oración de todos los cristianos. ¿Cómo es nuestra oración diaria por su persona y por sus intenciones? Es mucha su responsabilidad, y no podemos dejarlo solo. Si deseamos estar muy unidos a Cristo, lo hemos de estar en primer lugar con quien hace sus veces aquí en la tierra. “Que la consideración diaria del duro peso que grava sobre el Papa y sobre los obispos, te urja a venerarles, a quererles con verdadero afecto, a ayudarles con tu oración”5.
II. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en los Cielos...
Las llaves indican poder: Colgaré de un hombro las llaves del palacio de David, se lee en la Primera lectura6 a propósito de Eliacín, mayordomo del palacio real. El poder prometido a Pedro, y que le será conferido después de la resurrección7, es inmensamente superior. No se le dan las llaves de un reino terreno, sino del Reino de los Cielos, del Reino que no es de este mundo pero se incoa aquí y durará eternamente. Pedro tiene el poder de atar y desatar, es decir, de absolver o condenar, de acoger o de excluir. Es tan grande este poder que aquello que decida en la tierra será ratificado en el Cielo. Para ejercerlo, cuenta con una asistencia especial del Espíritu Santo.
Desde el primer día en que conoció a Jesús se llamará para siempre Petrus, piedra. Y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia8. Con este cambio de nombre quiso indicar el Señor la nueva misión que le será encomendada: la de ser el cimiento firme del nuevo edificio, la Iglesia. “Es como si el Señor le dijera –escribe San León Magno–, “Yo soy la piedra inquebrantable, Yo soy la piedra angular (...), el fundamento fuera del cual nadie puede edificar; pero también tú eres piedra, porque por mi virtud has adquirido tal firmeza, que tendrás juntamente conmigo, por participación, los poderes que Yo tengo en propiedad”“9.
Desde los comienzos de la Iglesia, los cristianos han venerado al Papa. El Príncipe de los Apóstoles es nombrado siempre en primer lugar10 y hace frecuente uso de una especial autoridad ante los demás: propone la elección de un nuevo Apóstol que ocupe el lugar de Judas11, toma la palabra en Pentecostés y convierte a los primeros cristianos12, responde ante el Sanedrín en nombre de todos13, castiga con plena autoridad a Ananías y Safira14, admite en la Iglesia a Cornelio, el primer gentil15, preside el Concilio de Jerusalén y rechaza las pretensiones de algunos cristianos provenientes del judaísmo acerca de la necesidad de la circuncisión, afirmando que la salvación solo se obtiene en Jesucristo16.
Estos poderes espirituales tan grandes son dados a Pedro para bien de la Iglesia, y, como esta ha de durar hasta el fin de los tiempos, esos poderes se trasmitirán a quienes sucedan a Pedro a lo largo de la historia. El Magisterio de la Iglesia siempre ha subrayado esta verdad; la Constitución dogmática sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano II, afirma: “este santo Concilio, al seguir las huellas del Vaticano I, enseña y declara con él, que Jesucristo, Pastor eterno (...), puso en Pedro el principio visible y el perpetuo fundamento de la Unidad de la Fe y de la Comunión. Esta doctrina de la institución, perpetuidad, fuerza y razón de ser del sagrado primado del Romano Pontífice, y de su magisterio infalible, este santo Concilio la propone nuevamente como objeto firme de fe a todos los fieles”17. El Romano Pontífice es el sucesor de Pedro; unidos a él estamos unidos a Cristo. Es su Vicario aquí en la tierra, el que hacía sus veces.
Nuestro amor al Papa no es solo un afecto humano, fundamentado en su santidad, en simpatía, etc. Cuando acudimos a ver al Papa, a escuchar su palabra, lo hacemos por ver, tocar y oír a Pedro, al Vicario de Cristo; es el “dulce Cristo en la tierra”, en expresión de Santa Catalina de Siena, sea quien sea. “Tu más grande amor, tu mayor estima, tu más honda veneración, tu obediencia más rendida, tu mayor afecto ha de ser también para el Vice-Cristo en la tierra, para el Papa.
“Hemos de pensar los católicos que, después de Dios y de nuestra Madre la Virgen Santísima, en la jerarquía del amor y de la autoridad, viene el Santo Padre”18.
III. Una antigua fórmula resume en muy pocas palabras el contenido de la doctrina acerca del Romano Pontífice: ubi Petrus, ibi Ecclesia, ibi Deus19. Donde está Pedro, allí está la Iglesia, y allí también encontramos a Dios. “El Romano Pontífice –enseña el Concilio Vaticano II–, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles”20. “Y ¿qué sería de esta unidad si no hubiera uno puesto al frente de toda la Iglesia, que la bendijese y la guardase, y que uniese a todos sus miembros en una sola profesión de fe y los juntase con un lazo de caridad y de unión?”21. Quedaría rota la unión en mil pedazos y andaríamos como ovejas dispersas, sin una fe segura en que creer, sin un camino claro que andar.
Nosotros queremos estar con Pedro, porque con él está la Iglesia, con él está Cristo; y sin él no encontraremos a Dios. Y porque amamos a Cristo, amamos al Papa: con la misma caridad. Y como estamos pendientes de Jesús, de sus deseos, de sus gestos, de su vida toda, así nos sentimos unidos al Romano Pontífice hasta en los menores detalles: le amamos sobre todo por Aquel a quien representa y de quien es instrumento. “Ama, venera, reza, mortifícate –cada día con más cariño– por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confió a Pedro”22.
En los Hechos de los Apóstoles se pone de manifiesto el amor y la devoción que los primeros cristianos sentían hacia Pedro: sacaban los enfermos a las plazas y los ponían en lechos y camillas para que, al pasar Pedro, al menos su sombra alcanzase a alguno de ellos23. Se contentaban con que les llegara la sombra de Pedro. ¡Sabían bien que muy cerca de él estaba Cristo! Recibimos con su palabra una claridad meridiana en medio de las doctrinas confusas que proclaman –hoy, como en el pasado– tantos falsos profetas y tantos falsos doctores. Tengamos hambre de conocer las enseñanzas del Papa y de darlas a conocer en nuestro ambiente. Ahí está la luz que ilumina las conciencias; hagamos el propósito de recibir su palabra con docilidad y obediencia interna, con amor24.
1 Mt 16, 13-20. — 2 Cfr. Mc 8, 27; Lc 9, 18. — 3 Juan Pablo II, Homilía de la Misa en Belo Horizonte, 1-VII-1980. — 4 Ibídem. — 5 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 136. — 6 Is 22, 19-23. — 7 Cfr. Jn 21, 15-18. — 8 Jn 1, 42. — 9 San León Magno, Homilía 4. — 10 Mt 10, 2 ss.; Hech 1, 13. — 11 Hech 1, 15-22. — 12 Hech 2, 14-36. — 13 Hech 4, 8 ss. — 14 Hech 5, 1 ss. — 15 Hech 10, 1 ss. — 16 Hech 15, 7-10. — 17 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 18. — 18 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 135. — 19 San Ambrosio, Comentario al Salmo XII, 40, 30. — 20 Conc. Vat. II, loc. cit., 23. — 21 Gregorio XVI, Enc. Commissum divinitus, 15-VI-1835. — 22 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 134. — 23 Hech 5, 15. — 24 Cfr. Conc. Vat. II, loc. cit., 25.
___________________________________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Rosa de Lima, Santa La primera mujer declarada santa de todo el continente americano

|
Patrona
de Perú, América y las Filipinas
Etimológicamente
significa” rosa, jardín florido”. Viene de la lengua
latina. |
Para conocer más sobre esta santa:
01:35:34
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SANTA ROSA DE LIMA # 1 /2
http://gloria.tv/?media=153921
SANTA ROSA DE LIMA # 2 /2
http://www.gloria.tv/?media=153914
http://gloria.tv/?media=116140
DICHOS DE SANTOS-SANTA ROSA DE LIMA
Oraciones a Santa Rosa de Lima
MINIRRESUMEN SOBRE LA VIDA DE SANTA ROSA DE LIMA.
http://gloria.tv/?media=180835
BIOGRAFÍA DE SANTA ROSA DE LIMA
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Padre Pío, Santo
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CAMINO A LA SANTIDAD "PADRE PIO"
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Biografía “ En cuanto a mí,¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! “ (Gal 6, 14).
Padre Pío de
Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de
su vida y de
su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y
su gloria.
Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio
de la inmolación
de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la
imitación de
Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera
podido decir “con
Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien
vive en mí”
(Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios
le había
concedido con especial generosidad a través de su ministerio,
sirviendo a los
hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos,
y engendrado
una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.
Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.
El 6 de enero
de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la
orden de los
Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes
vistió el
hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el
año de noviciado,
emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de
1907 la profesión
solemne.
Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.
Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.
En el orden de la caridad
social se comprometió en
aliviar los dolores y las miserias de tantas familias,
especialmente con la
fundación de la “Casa del Alivio
del
Sufrimiento”, inaugurada el 5 de mayo de 1956. Para el Siervo de
Dios la fe era
la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado
asiduamente a
la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio
con Dios. Decía:
“En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La
oración es la
llave que abre el corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la
aceptación de
la voluntad misteriosa de Dios.
Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.
El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.
Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios. Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.
Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad. Aceptó en silencio las numerosas intervenciones de las Autoridades y calló siempre ante las calumnias. Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.
Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedeció en todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.
Se
consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios,
lleno de
miserias y a la vez de favores divinos. En medio de tanta
admiración del mundo,
repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.
Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente, en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente.
La hermana muerte lo
sorprendió preparado y sereno el
23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. La concurrencia
a su funeral
fue extraordinaria.
El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de la muerte
del Siervo de
Dios, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden
Capuchina, dijo de
él: “!Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido
en torno a sí!
Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un
sabio? ¿Porqué
tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con
humildad, confesaba
desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un
representante visible
de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de
sufrimiento”.
Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.
En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de milagros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y a toda clase de personas.
De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas Clarior” concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso Peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.
El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.
Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino, de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997 y fue reconocida su validez con decreto del 26 de septiembre de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio, siendo Ponente Mons. Andrea M. Erba, y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.
El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.
Los Estigmas
Un día, el 2
de septiembre de 1915, doña Josefa llamó a su hijo: "¡Padre Pío!
¡Padre
Pío!" Después de unos momentos, su hijo salió de la cabaña
agitando las
manos, como si se las hubiera quemado.
Su madre de carácter siempre alegre, se sonrió y le dijo: ¿Qué
trae ahora que
viene tocando la guitarra con las dos manos?
"No es nada", contestó el
Padre Pío, "dolores
insignificantes".
En realidad el Padre Pío acababa de recibir los estigmas
invisibles. Ya antes
había sentido dolores en los pies y en las manos.
En 1912 los dolores se extendieron al corazón. En una carta de
aquel tiempo,
así escribía: "El corazón, las manos y los pies, me parecen
estar
traspasados por una espada".
El 10 de octubre de 1915 comunicó a su director espiritual,
Padre Agustín,
haber recibido los estigmas invisibles, sintiendo, especialmente
en algunos
días "agudísimo dolor".
Un día en que
estaba en el coro con los demás religiosos, después de que
terminó el rezo de
la Liturgia de las Horas, todos se retiraron, quedando solamente
el Padre Pío
recogido en su oración personal junto al padre Arcángel. Al
toque de la
campanilla para la comunidad, los dos se levantan. Las manos del
Padre Pío
están sangrando. El Padre Arcángel preocupado, le pregunta: "¿Se
ha
herido?".
Con paso incierto y con el rostro pálido se fue a presentar al
Superior, quien
al verlo quedó petrificado. Además de las manos y los pies,
también el costado
sangraba abundantemente. Lo raro también era que la sangre no
coagulaba y,
además, emanaba un agradable perfume.
El Superior enseguida pone al tanto al Padre Provincial. Como es
de imaginar,
la noticia no duró mucho tiempo oculta. El estupor y la alegría
llenó los
corazones de miles de personas, que iban a ver al "santo". Todo
el
mundo quería confesarse con el Padre Pío o participar en su
Santa Misa.
El caso preocupó mucho al
Superior Provincial quién se
propuso estudiar bien su caso. Pidió fotografías y las envió,
junto con un
amplio reporte a la Santa Sede. Como respuesta, recibió la orden
de
intensificar el estudio médico y sustraer al Padre Pío de la
curiosidad
popular. Se le prohibió celebrar misa en público y confesar.
El Padre Pío calla y obedece. Durante dos largos años vivió una
vida perfecta
de claustro y bajo las órdenes de los médicos, que no
encontraban las causas
naturales de sus heridas, no dejaban en paz al padre.
Un día un doctor le hizo esta pregunta:
-Padre, dígame ¿Por qué tiene lesiones exactamente allí y no en
otra parte?
-Más bien debería ser usted el que me conteste, doctor: ¿por qué
he de tenerlas
en otras partes y no allí?
Al Padre Pío no le faltaban ni el sentido del humor ni las
respuestas sagaces.
la Bilocación
En el convento de San
Elías de Pennisi, Fray Pío
experimentó por primera vez el fenómeno de la bilocación. La
noche del 18 de
enero de 1905, mientras se encontraba en el coro, recogido en
profunda oración,
se sintió trasladado a una casa señorial de la ciudad de Údine,
donde estaba
muriéndose un hombre y naciendo una niña.
El caso curioso fue narrado por el mismo religioso que, por
obediencia lo puso
por escrito y, después de muchos años, por la joven que entonces
había nacido.
"Hace
días- escribe Fray Pío- me pasó algo insospechado: Mientras me
encontraba en el
coro con Fray Atanasio, eran como las 23 horas del 18 de este
mes cuando me
encontré en una casa señorial donde moría un papá mientras nacía
una niña. Se
me apareció entonces la Santísima Virgen que me dijo: ‘Te confío
esta criatura,
es una piedra preciosa en su estado bruto. Trabájala, límpiala,
hazla lo más
brillante posible, porque un día quiero usarla para adornarme…’
Le contesté a
la Virgen: ‘¿Cómo podría ser posible, si yo soy todavía un
estudiante y no sé
si un día podré tener la suerte y la alegría de ser sacerdote? Y
aunque llegue
a ser sacerdote, ¿cómo podré ocuparme de esta niña, viviendo yo
tan lejos de
aquí?’ La Virgen me respondió: ‘No dudes. Será ella quien irá a
buscarte, pero
antes la encontrarás en la Basílica de San Pedro en Roma’.
Después de esto… me
encontré otra vez en el coro".
Este escrito fue cuidadosamente guardado por el director
espiritual del Padre
Pío, el padre Agustín de San Marco en Lamis. La niña de la que
se habla en el
escrito se llama Giovanna Rizzani. Su Papá estaba inscrito en la
Masonería.
Durante su última enfermedad, su lujosa residencia fue
rigurosamente vigilada
día y noche por los masones, situada en la calle Tiberio de
Ciani No. 33 de la
ciudad italiana de Údine. Esto, para impedir el paso de
cualquier sacerdote.
Horas antes de morir, su esposa Leonilde- que era muy religiosa-
estaba cerca
del lecho del moribundo recogida en oración y lágrimas. De
repente vio salir de
la recámara y alejarse por el pasillo a un fraile capuchino. Se
levantó
enseguida, lo llamó y lo siguió mientras el fraile desaparecía.
La señora estaba extremadamente angustiada pensando en su esposo
que se moría
sin los auxilios religiosos. En aquel momento, oyó gemir al
perro que estaba
amarrado en el jardín de la casa, como si el animal percibiera
la muerte ya
próxima del amo.
La señora, no
aguantando el gemido del perro, fue a soltarlo. En esos momentos
sintió los
dolores del parto y allí mismo dio a luz a una niña. El
administrador de la
casa corrió para ayudarle. De lejos vieron la escena los dos
masones que
vigilaban la entrada y también el párroco que quería entrar a la
casa para
auxiliar al moribundo.
El administrador, después de que ayudó a la señora a alcanzar la
recámara, bajó
indignado contra los masones que impedían el paso al sacerdote y
les gritó:
"Dejen entrar al padre. Ustedes pueden impedirle que asista al
moribundo,
pero no tienen derecho a impedirle que vaya a bautizar a la niña
que acaba de
nacer prematuramente".
Fue así como se dejó pasar al sacerdote, que además de bautizar
a la niña,
administró los últimos sacramentos al moribundo arrepentido.
A la muerte del señor Juan Bautista Rizzani, la joven viuda se
trasladó a Roma
con sus papás. Allí, la pequeña Giovanna creció educada
cristianamente.
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San Andrés
Huberto Fournet
Fundador de la Comunidad
de Hermanas de la Santa Cruz
(1752-1834)

SU VIDA
Este fue el muchacho que cuando era estudiante firmaba sus libros con esta frase: "Andrés, que nunca será ni religioso ni sacerdote". Y Dios le hizo la jugada de hacerlo sacerdote y fundador de una orden de religiosas. Nació cerca de Poitiers (Francia) en 1752.
En sus primeros años era rebelde y molestón y la única que medio lo podía soportar era su propia madre. Pero esta santa mujer se propuso hacer de esa fierecilla un buen pastor, que salvara otras almas que estuvieran en dificultades.
Su mamá era supremamente generosa con los pobres. Andrés la criticaba porque le parecía que ella daba demasiado, y le decía que a los pobres había que darles las sobras únicamente. Ella le dijo un día: "Mira, vas a la mesa, echas en una bandeja las mejores frutas, los panes más grandes y los traes y los regalas al pobre que está en la puerta pidiendo. Recuerda que lo que se dé al necesitado se le da a Nuestro Señor, y que para el Señor siempre se da lo mejor". En el momento el muchacho no entendió la lección, pero más tarde hará de este consejo de su madre una ley para toda su vida.
Los papás lo enviaron a un colegio a estudiar interno, pero Andrés era el promotor de todos los desórdenes. Parecía que tuviera cien pulgas debajo de la camisa. No era capaz de estarse quieto. Al fin el rector, como castigo, lo hizo encerrar en un cuarto oscuro. Pero el inquieto estudiante se fugó de allí y se fue para la casa. Cuando su padre ya le iba a dar por ello un tremendo castigo, la mamá intercedió por él y obtuvo que le perdonara el castigo con tal de que volviera al colegio y se portara bien. Así lo prometió y así lo cumplió. En adelante su conducta fue excelente.
Al empezar sus estudios de filosofía en Poitiers, perdió el poco fervor que tenía y se dedicó a una vida mundana y de continuos paseos y fiestas y bailes. Pero todo esto le dejaba un vacío inmenso en el alma y una insatisfacción completa y horrible.
Sin consultar a ninguno de su familia se entró de militar. Pero cuando quiso visitar a sus familiares, ninguno lo quiso aceptar. Y tuvo la mamá que ir al ejército y pagar una fuerte multa para que lo licenciaran y lo dejaran retirarse. Quiso buscar puesto como empleado público, pero tenía una letra tan enredada que en todas las oficinas donde pidió empleo fue rechazado.
Fue entonces cuando le recomendaron que se fuera a pasar unas semanas con un tío sacerdote, párroco, que tenía fama de santo. Y allí en compañía de este hombre de Dios, le llegó a Andrés el cambio total en su comportamiento y en su modo de pensar, y se dedicó a los estudios eclesiásticos, y a la oración y la meditación.
Fue ordenado sacerdote y enviado como ayudante de su tío el párroco.
Empezó a predicar y lo hacía con palabras muy elegantes y rebuscadas. Un día al empezar el sermón se le olvidó todo y tuvo que suspender su sermón. Su tío, el anciano párroco, le dijo: "Es que lo que buscas es lucirte y aparecer bien ante los demás, y eso no le gusta a Dios. Debes predicar con más sencillez". Cambió entonces de método y en adelante la gente comentaba: "Antes el padrecito aparecía como muy sabio, pero nadie le entendía nada. Ahora habla como nosotros, y su predicación nos vuelve mejores".
Cuando ya lo nombraron párroco, Andrés se dedicó a vivir muy elegantemente con lujosas comodidades en su casa cural. Más le interesaba aparecer como un señor muy importante que como un santo sacerdote. Su madre seguía rezando mucho por él. Y un día que había preparado un gran almuerzo para los más ricos de la parroquia llegó un pordiosero a pedirle limosna y entró hasta el comedor. El Padre le dijo que no tenía nada para darle, y el otro observando esas mesas tan bien servidas le dijo: "¿Y todo esto qué es?". Y mirándolo fijamente le dijo: "Padre Andrés, usted vive más como un rico que como un pobre, como lo manda Cristo". Esta frase le impresionó inmensamente al joven párroco. Esa noche se fue a la iglesia y le pidió perdón a Nuestro Señor y desde el día siguiente quitó todos los lujos de su casa parroquial, y se dedicó por completo a ayudar a los pobres. En adelante en vez de invitar a los ricos se iba a visitar a los más abandonados. Desde que dejó su vida de lujos y de comilonas y se dedicó a gastar todo lo que recibía a favor de los pobres, la santidad de Andrés empezó a crecer notablemente.
En 1789 estalló la terrible Revolución Francesa que asesinó a miles de católicos y persiguió sin compasión a todos los sacerdotes. El Padre Andrés tuvo que esconderse y los guardias de la revolución lo buscaban por todas partes. Un día cuando estaba escondido en un armario en una familia, al oír que los perseguidores amenazaban a los demás de la casa, salió y se les presentó a los militares, y estos quedaron tan impresionados ante su venerable presencia, que se fueron y no se lo llevaron preso.
El Padre Andrés se disfrazó de labrador y se fue a vivir en la finca de una señora muy católica. Pero un día llegaron allá los enviados del gobierno en busca de él para llevárselo y matarlo. La señora y Andrés estaban charlando junto a la chimenea cuando de repente llegaron los gendarmes preguntando por el sacerdote. La dama sin más ni más le dio una cachetada al padre diciéndole: "Váyase inmediatamente a hacer sus oficios y deje de estar por aquí sin hacer nada". Los militares creyeron que era un servicial de la casa y no lo siguieron, y así él pudo salir huyendo. Después decía por burla: "Fue lo mejor que usted podía hacer. Si no, me habrían descubierto".
Después tuvo que salir huyendo hacia España y allá estuvo cinco años. Cuando suavizó la persecución, volvió a su querida parroquia de Maillé y se dedicó a reavivar el fervor de sus parroquianos predicándoles misiones y dedicando muchas horas a confesar. Todos lo querían.
Tuvo la suerte de encontrar una mujer con grandes cualidades para la vida religiosa, Santa Isabel Bichier, y con ella fundó la Comunidad de Hermanas de la Santa Cruz, que se llaman también, hermanas de San Andrés. Él fue hasta su muerte el director espiritual de esa comunidad. Un día en que las religiosas no tenían casi harina para hacer pan para sus muchos niños pobres, el santo le dio la bendición a un poco de harina, y con ella pudieron hacer pan para todos.
Muchos laicos y sacerdotes lo buscaban para que les diera dirección espiritual porque tenía el don de saber aconsejar muy bien.
El 13 de mayo de 1834 pasó a gozar de la paz del Señor
Para nosotros la vida de San Andrés Fournet es un ejemplo de cómo aunque en nuestros primeros años no hayamos sido muy fervorosos, si tenemos buena voluntad y deseo de tener contento a Dios, podremos ir avanzando notablemente hacia la santidad.
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Fuente: Archidiócesis de
Madrid
Zacarías e Isabel, Santos Padres de Juan el Bautista,
Septiembre 23
Padres de Juan el Bautista Martirologio Romano: Conmemoración de
los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan
Bautista, Precursor del Señor. Isabel, al recibir a
su pariente María en su casa, llena de Espíritu
Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre
todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de
espíritu profético, ante el hijo nacido alabó a Dios
redentor y predicó la próxima aparición de Cristo,
Sol de Oriente, que procede de lo Alto. |
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Fuente: Archidiócesis de
Madrid
Tecla de Iconio, Santa Mártir, Septiembre 23
Mártir Martirologío Romano: En Seleucia, de
Cilicia, santa Tecla, virgen y mártir, originaria de
Iconio, en Licaonia (s. inc.). |
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magnificat.qc.ca
Lino, Santo II Papa y Mártir, Septiembre 23
II Papa de la Iglesia Martirologio Romano: En Roma,
conmemoración de san Lino, papa, a quien, según
testimonio de san Ireneo, los santos apóstoles le
encomendaron el episcopado de la Iglesia fundada en
la Urbe. Pablo apóstol lo recuerda como compañero
(s. I).
los instituyeron como obispos y como
diáconos de los futuros creyentes. Más tarde impusieron
esta regla: que después de su muerte hombres probados
deberían sucederlos en el ministerio". |
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Sosso (Sosio) de Misena, Santo Diacono y Mártir, Septiembre 23
Diácono y Mártir Martirologio Romano: En Misena de
Campania, en Italia, san Sosso (antes Sosio),
diácono y mártir, quien, al decir del papa san
Símaco, deseando proteger de la muerte a su obispo,
consiguió también él el martirio con igual precio y
gloria (c. 305). |
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Fuente: Vatican.va
Emilia Tavernier Gamelin, Beata Viuda y Fundadora,
Septiembre 23
|
Fundadora de la Congregación de |
Hermanas de la Providencia Martirologio Romano:En Montreal, en la
provincia de Quebec, en Canadá, beata María Emilia
Tavernier, religiosa, que, al perder el marido y los
hijos, se entregó a cuidar a los necesitados,
fundando la Congregación de las Hermanas de la
Providencia, en favor de los huérfanos, ancianos y
débiles mentales (1851). |
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Bernardina María Jablonska, Beata Cofundadora, Septiembre 23
Cofundadora de la Congregación de En Cracovia, en Polonia, beata
Bernardina Jablonska, virgen, cofundadora de la
Congregación de Hermanas Servidoras de los Pobres,
siempre solícita para con los necesitados y enfermos
(1940). |
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Elena Duglioli Dall’Olio, Beata Viuda, Septiembre 23
Esta viuda boloñesa no ha tenido, por
desgracia, biógrafos muy objetivos: en un intento de
ensalsar la figura, inventaron detalles cada cual más
fantasioso. |
J†A
JMJ
Pax
Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te
escucha,
habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar
de una o dos
personas para que todo lo que se diga conste por boca de dos o
tres testigos.
Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la
comunidad le
hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado
en el cielo, y
todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de
acuerdo para pedir
algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues
donde dos o
tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
23o. Dom Ord Ciclo A
Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad.
Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y hacernos hijos
tuyos, míranos siempre
con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo,
obtengamos la verdadera
libertad y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Si no amonestas al malvado, te pediré cuentas de su vida
Lectura
del libro del profeta
Ezequiel
33, 7-9
Esto
dice el Señor:
"A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la
casa de Israel;
cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás
de mi parte.
Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque
es malvado, y tú
no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado
morirá por su
culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.
En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él
no lo deja,
morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan,
lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de
júbilo, y démosle
gracias.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él, nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle
caso al Señor, que nos
dice: "No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en
el
desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto
mis obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
La plenitud de la ley es el amor
Lectura
de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos
13, 8-10
Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás y todos los otros, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y
nos ha
encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Aleluya.
Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si
te escucha,
habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte
acompañar de una o dos
personas para que todo lo que se diga conste por boca de dos o
tres testigos.
Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a
la comunidad le
hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará
atado en el cielo, y
todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el
cielo.
Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de
acuerdo para pedir
algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá;
pues donde dos o
tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, al Señor, Padre todopoderoso,
que escuche
nuestras plegarias y atienda a nuestras peticiones:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la
santa Iglesia de Dios, para
que el Señor le conceda la paz y la unidad, la guarde de todo
mal y acreciente
el número de sus hijos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la
paz del mundo, para que cesen
las rivalidades entre las naciones, renazca en los corazones
el amor y arraigue
entre todos los pueblos la mutua comprensión, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que Dios, Padre todopoderoso,
purifique al mundo de todo error, devuelva la salud a los
enfermos, aleje el
hambre, abra las prisiones injustas conceda el regreso a los
que añoran la
patria, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que el Señor nos conceda
perseverar en la fe hasta el fin de nuestra vida, y, después
de la muerte, nos
admita en el reino de la felicidad, de la luz y de la paz,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Jesucristo, que has prometido que el Padre del cielo
escucharía la
plegaria de los que se reúnen en tu nombre; danos un espíritu
y un corazón nuevos
para que, amándonos los unos a los otros, cumplamos de verdad
tu ley. Tú, que
vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Dios nuestro, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo entero, determinaste el continuo retorno de las estaciones, y al ser humano, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del mundo para que, en tu nombre, dominara la creación, y, al contemplar la grandeza de tus obras, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro.
A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Como el venado busca el agua de los ríos, así sedienta mi alma te busca a ti, Dios mío.
Oremos:
Tú que nos has instruido con tu palabra y alimentado con tu
Eucaristía,
concédenos, Señor, aprovechar estos dones para que vivamos
aquí unidos a tu
Hijo y podamos, después, participar de su vida inmortal.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo
tercer Domingo
ciclo a
REZAR EN FAMILIA
— La oración en familia es muy grata al Señor.
— Algunas prácticas de piedad en el hogar.
— Una familia que reza unida, se mantiene unida: el Santo Rosario.
I. Jesús manifiesta con frecuencia que la salvación y la unión con Dios es, en último extremo, asunto personal: nadie puede sustituirnos en el trato con Dios. Pero Él también ha querido que nos apoyemos unos en otros y nos ayudemos en el caminar hacia la meta definitiva. Esta unión, tan grata al Señor, se ha de poner especialmente de manifiesto entre aquellos que tienen los mismos vínculos de espíritu o de la sangre. Esta unidad, que exige poner en juego tantas virtudes, es tan deseada por el Señor, que ha prometido, como un don especial, concedernos más fácilmente aquello que le pidamos en común. Así lo leemos en el Evangelio de la Misa1: Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los Cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.
La Iglesia ha vivido desde siempre la práctica de la oración en común2, que no se opone ni sustituye a la oración personal privada por la que el cristiano se une íntimamente a Cristo. Muy grata al Señor es, de modo particular, la oración que la familia reza en común; es uno de los tesoros que hemos recibido de otras generaciones para sacar abundante fruto y transmitirlo a las siguientes. “Hay prácticas de piedad –pocas, breves y habituales– que se han vivido siempre en las familias cristianas, y entiendo que son maravillosas: la bendición de la mesa, el rezo del Rosario todos juntos (...), las oraciones personales al levantarse y al acostarse. Se tratará de costumbres diversas, según los lugares; pero pienso que siempre se debe fomentar algún acto de piedad, que los miembros de la familia hagan juntos, de forma sencilla y natural, sin beaterías.
“De esa manera, lograremos que Dios no sea considerado un extraño, a quien se va a ver una vez a la semana, el domingo, a la iglesia; que Dios sea visto y tratado como es en realidad: también en medio del hogar, porque, como ha dicho el Señor, donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20)”3.
“Esta plegaria –enseña el Papa Juan Pablo II, comentando este pasaje del Evangelio– tiene como contenido “la misma vida de familia” (...): alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muertes de personas queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de petición, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos. Además, la dignidad y responsabilidad de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración”4.
La plegaria en común comunica una particular fortaleza a la familia entera. La primera y principal ayuda que prestamos a los padres, a los hijos, a los hermanos, consiste en rezar con ellos y por ellos. La oración fomenta el sentido sobrenatural, que permite comprender lo que ocurre a nuestro alrededor y en el seno de la familia, y nos enseña a ver que nada es ajeno a los planes de Dios: en toda ocasión se nos muestra corno un Padre que nos dice que la familia es más suya que nuestra. También en aquellos sucesos que sin estar cerca de Él serían incomprensibles: la muerte de una persona querida, el nacimiento de un hermano minusválido, la enfermedad, la estrechez económica... Junto al Señor, amamos su santa voluntad, y las familias, lejos de separarse, se unen más fuertemente entre sí y con Dios.
II. Si alguno no cuida de los suyos y principalmente de su casa, ha negado la fe y es peor que un infiel5, escribe San Pablo a Timoteo, recordando la obligación que todos tenemos hacia aquellos que el Señor nos ha encomendado. Una de las principales obligaciones de los padres con respecto a sus hijos –también, en ocasiones, de los hermanos mayores con los más pequeños– es la de enseñarles en la infancia los modos prácticos de tratar a Dios. Esta tarea es de tal necesidad que es casi insustituible. Con los años, estas primeras semillas siguen dando sus frutos, quizá hasta la misma hora de la muerte. Para muchos, este ha sido su bagaje espiritual, del que se han servido en la adolescencia y cuando ya han pasado los años de la madurez. “La Sagrada Escritura nos habla de esas familias de los primeros cristianos –la Iglesia doméstica, dice San Pablo (1 Cor 16, 19)–, a las que la luz del Evangelio daba nuevo impulso y nueva vida.
“En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir –más que enseñar– esa piedad a los hijos”6.
La familia cristiana ha sabido transmitir, de padres a hijos, oraciones sencillas y breves, fácilmente comprensibles, que forman el primer germen de la piedad: jaculatorias a Jesús, a Nuestra Madre Santa María, a San José, al Ángel de la Guarda... Oraciones de siempre, mil y mil veces repetidas en los hogares cristianos de toda época y condición. Los hijos aprenden pronto estas enseñanzas y oraciones que ven hechas vida en sus padres. Cuando son un poco mayores, han asimilado e incorporado el sentido de la bendición de la mesa, de dar gracias después de haber comido, el ofrecer a la Virgen algo que les cuesta..., saludar con un beso o una mirada a las imágenes de Nuestra Madre, acudir a su Ángel Custodio al entrar o salir de casa...
¡Cuántos niños, ahora hombres y mujeres, recuerdan con emoción la explicación, sencilla pero exacta, que les dio su madre o su hermano mayor de la presencia real de Cristo en el Sagrario! ¡O la primera vez que vieron a su madre pedir por una necesidad urgente, o a su padre hacer con piedad una genuflexión reverente! Rezar en una familia en la que Cristo está presente debe ser natural, porque Él es un personaje más de la casa, al que se ama sobre todas las cosas.
Precisamente cuando el ambiente sea menos favorable para la oración y la piedad, hemos de conservar como un tesoro mayor estas prácticas que hacen más fuerte el mismo amor humano y nos acercan más a nuestro Padre Dios.
III. Ubi caritas et amor, Deus ibi est, “donde hay caridad y amor, allí está Dios”7, canta la Liturgia del Jueves Santo. Cuando los cristianos nos reunimos para orar, entre nosotros se encuentra Cristo, que escucha complacido esa oración fundamentada en la unidad. Así hacían también los Apóstoles: Perseveraban unánimes en la oración, con las mujeres y con María, la Madre de Jesús8. Era la nueva familia de Cristo.
La plegaria familiar por excelencia es el Santo Rosario. “La familia cristiana –enseña el Papa Juan Pablo II– se encuentra y consolida su identidad en la oración. Esforzaos por hallar cada día un tiempo para dedicarlo juntos a hablar con el Señor y a escuchar su voz. ¡Qué hermoso resulta que en una familia se rece, al atardecer, aunque sea una sola parte del Rosario!
“Una familia que reza unida, se mantiene unida; una familia que ora, es una familia que se salva.
“¡Actuad de manera que vuestras casas sean lugares de fe cristiana y de virtud, mediante la oración rezada todos juntos!”9.
Al comenzar a rezar el Santo Rosario en un hogar, quizá al principio solo lo hagan los padres; después se unirá un hijo, la abuela... Unas veces se podrá rezar durante un viaje en coche, o bien se establecerá una hora de común acuerdo; quizá, en algunos países, antes de cenar o inmediatamente después... El Rosario y el rezo del Ángelus -señalaba en otra ocasión el Pontífice- “deben ser para todo cristiano y aún más para las familias cristianas como un oasis espiritual en el curso de la jornada, para tomar valor y confianza”10. “¡Ojalá resurgiese la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia!”11.
La Iglesia ha querido conceder innumerables gracias e indulgencias cuando se reza el Santo Rosario en familia. Pongamos los medios necesarios para fomentar esta oración tan grata al Señor y a su Madre Santísima, y que es considerada como “una gran plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero”12. Es un buen soporte en el que se apoya la unidad familiar y la mejor ayuda para hacer frente a sus necesidades.
1 Mt 18, 19-20. — 2 Cfr. Hech 12, 5. — 3 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 103. — 4 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Familiaris consortio, 22-XI-1981, 59. — 5 1 Tim 5, 8. — 6 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 103. — 7 1 Jn 4, 12. — 8 Hech 1, 14. — 9 Juan Pablo II, Discurso a las familias, 24-III-1984. — 10 ídem, Ángelus en Otranto, 5-X-1980. — 11 ídem, Homilía 12-X-1980. — 12 Juan XXIII, Alocución 29-IX-1961.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Santos Cleto y Donaciano
("Ilustre", en griego, el primero; "Regalado", en latín, el segundo)
Vivieron en el siglo V. Ambos fueron obispos. Cleto fue quemado vivo. Donaciano murió en el desierto, deportado por el Rey Hunerico, en torno al año 484.
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Fuente: Archidiócesis de Madrid
Eleuterio, Santo Abad, 6 de septiembre
Abad
Fue un santo abad del monasterio de San Marcos Evangelista en Espoleto. Debió ser un hombre de grandes y probadas virtudes por los relatos que se conocen de su vida a través del gran Papa Gregorio Magno que fue contemporáneo, conocido personal, amigo y hasta una de las personas que salió beneficiada del trato con el santo abad. De hecho, cuenta San Gregorio de su amigo que, un buen día y con una sola bendición, el abad Eleuterio consiguió curarlo de un vehemente deseo de ingerir alimentos que él sufría. Además, refiere el mismo Papa, su santidad era tan grande que hasta llegó a resucitar un muerto.
Pero lo que llama la atención al relator de la vida del santo es un acontecimiento que tiene valor de ejemplaridad y estímulo para los hombres que, llenos de dificultades, limitaciones y pecados, viven soportando sus faltas de virtud y sufriendo los propios fracasos. Por eso la figura de este santo es más cercana, al ser víctima de su propio desmoronamiento.
Unas monjas habían confiado al santo abad la custodia de un niño atormentado por el Diablo. Como pasaran varios días sin notarse fenómenos extraños, el abad comentó a sus monjes que Satanás tenía asustadas a las pobres monjas, pero que ahora estaba con miedo y por eso no se manifestaba.
Al punto, el mal espíritu se apoderó del niño y de inmediato comenzó a maltratarlo.
Eleuterio cayó en la cuenta de que su expresión fue de soberbia y presunción. Lloró dolorido su pecado y pidió a los monjes oraciones y penitencias para que cesaran los embates del Demonio.
Una simple frase con un poco de vanidad hizo que Satanás se sintiese en terreno propio y se necesitase la oración y mortificación de todos para expulsarlo. |
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Fuente: Mercaba.org
Bertrán de Garrigue, Santo Presbítero Dominico, 6 de septiembre
Presbítero Martirologio Romano: En el monasterio cisterciense de Boschette (o Vauluisant), cerca de Orange, en la Provenza en Francia, memoria del beato Bertrán (Bertrando) de Garrigues, presbítero, uno de los primeros discípulos de santo Domingo y siempre fiel a sus consignas (1230).
Fecha de beatificación: El 14 de julio de 1881, el Papa León XIII confirmó su culto.
Tiempos de crisis y de profunda transformación social. El refinamiento y la frivolidad de costumbres penetraron en Occidente con el botín y las novedades importadas por los cruzados. Por otra parte, se apreció una sensible disminución del espíritu de sumisión y obediencia al Pontífice, como consecuencia natural de los ataques de los emperadores. Estas contiendas y, sobre todo, las Cruzadas agotaron los recursos de la Iglesia, que, sin embargo, sentía las necesidades de una Europa a oscuras, impotente para soportar la avalancha de las diversas invasiones de los pueblos bárbaros y paganos.
El espectáculo era realmente desolador. Pero la reacción no se hizo esperar. La vida monástica cobró una vitalidad espléndida, insospechada. Aparte de las dos reformas benedictinas —cistercienses y cartujos—, surgieron otras nuevas Ordenes y Congregaciones. Francisco de Asís ha escuchado la llamada divina apremiante y, desposándose con la pobreza, se ha lanzado por aldeas y ciudades predicando penitencia. La misma llamada oyeron el obispo de Osma, Diego de Acevedo, y Domingo de Guzmán al llegar en embajada de paz a Tolosa. Dice el Beato Jordán de Sajonia, refiriéndose a Domingo de Guzmán, que en cuanto advirtió que los habitantes de aquel país habían caído en la herejía, llenóse de compasión su pecho misericordioso, considerando las innumerables almas que vivían engañadas". Fue entonces cuando, inflamados de caridad, marcharon a Roma y expusieron a Inocencio III un amplio plan de evangelización en tierra de cumanos, al que hubieron de renunciar por indicación del Pontífice, que ordenó al santo obispo el regreso a su diócesis para proseguir allí su gobierno y la reforma del cabildo.
Obedientes y dóciles a los deseos del Papa, Diego de Acevedo y Domingo de Guzmán emprendieron su viaje de retorno a España sin sospechar la gran sorpresa que la Providencia les reservaba en Montpellier y que transformaría su retirada en marcha victoriosa.
Cuando llegaron a esta ciudad, en la primavera de 1206, coincidieron con una asamblea de obispos y abades cistercienses de la región, presidida por un legado pontificio. Se hallaban reunidos para estudiar la grave situación e iniciar una campaña definitiva contra la herejía. Solicitaron el consejo del santo y prudente obispo de Osma y las palabras de éste fueron una invitación a abrazar la pobreza evangélica, comenzando por renunciar a toda ostentación y aparato. Esta sería el arma más eficaz para combatir y acabar con las críticas propagadas por las sectas. Y dando ejemplo el santo obispo, puso por obra sus recomendaciones, despidiendo a todo su séquito, quedándose en el Lanquedoc con Domingo de Guzmán y un grupo de clérigos. Los abades repitieron la escena y se reservaron tan sólo los libros imprescindibles para el rezo y la controversia. La empresa había comenzado. Apiñados alrededor del buen obispo de Osma, aquella primera expedición de animosos apóstoles inició su ruta, saliendo de Montpellier hacia la capital de la herejía. A pie, sin dinero, en voluntaria pobreza, van predicando la fe católica. A su paso, los herejes se inquietan y arrecian sus ataques. Pero la marcha hasta Tolosa fue triunfal, ya que su presencia, sus discursos y muchas veces sus milagros despertaron la conciencia de muchas pobres gentes.
Embarcado en esta colosal obra de predicación y apostolado permaneció el santo obispo de Osma hasta mediado el año 1207. Pero comprendiendo que la ausencia de su diócesis se había prolongado demasiado y temeroso de ser juzgado negligente de su gobierno, decidió regresar a España, dejando al frente de aquella empresa de evangelización a su querido subprior e inseparable compañero Domingo de Guzmán. Los propósitos del obispo eran visitar la diócesis y volver para dedicarse plenamente a esta gran obra, soñando "ordenar en aquella región, con asentimiento del Papa, algunos varones idóneos que se dedicasen a confutar errores y a estar prontos para defender la verdad de la fe". Pero la muerte puso fin a todos sus planes. La Providencia había reservado la realización de aquellos ambiciosos proyectos a Domingo de Guzmán y sus frailes, los hermanos predicadores...
La noticia de la muerte del santo obispo se difundió rápidamente y, al conocerla los que con el habían quedado en aquellas tierras de Tolosa, se volvieron a sus casas. "Fray Domingo quedó solo allí en la brega de la predicación. Algunos le siguieron algún tiempo." Pero inaccesible al desaliento, prosiguió incansable su actividad apostólica.
Fue en esta época verdaderamente heroica de Domingo de Guzmán cuando se asoció Bertrán de Garriga, apellidado así por el lugar de su nacimiento, en la diócesis de Nimes. Corazón generoso y alma noble, no pudo menos de vibrar y sentirse contagiado por la santidad y elocuencia de fray Domingo. Según afirma uno de sus biógrafos, "fue escogido por la Providencia para llenar en el corazón del bienaventurado Domingo el vacío que don Diego de Acevedo había dejado". Desde entonces le vemos con frecuencia al lado de fray Domingo, gozando de su más pura amistad y apareciendo en las crónicas como compañero inseparable en muchos de sus viajes, haciéndole partícipe en numerosos milagros. Imitador de la santidad de fray Domingo, llegó a ser —en frase de Bernardo Guidón— verdadera imagen de Domingo de Guzmán".
La corrupción, las guerras y el desorden seguían estragando las costumbres y minando la autoridad de la Iglesia. Los legados pontificios presentaron a Inocencio III un informe de la situación, ante el cual, viendo el Papa que los medios pacíficos de persuasión eran insuficientes, expidió la Bula de Cruzada contra los herejes del Lanquedoc, confiando así poder acabar con tales males. En un principio el llamamiento del Pontífice no halló eco entre los nobles, pero el asesinato de Pedro de Castelnau, legado pontificio, perpetrado por los herejes, levantó una fuerte indignación y movió a los condes de Tolosa a tomar las armas y emprender la Cruzada, poniendo al frente a Simón de Montfort. Unidos se batían en aquel territorio los dos caudillos de la causa de la Iglesia: Domingo de Guzmán y sus compañeros con la palabra y Simón de Montfort y sus huestes con la espada.
Por aquella época fue propuesto fray Domingo para ocupar diversas sedes, pero siempre se resistió a aceptar estas dignidades alegando: "Tengo que ocuparme de mi nueva plantación de predicadores y de las monjas de Prulla, que me pertenecen". Precisamente entonces se habían unido algunos discípulos más y se arregló el problema del alojamiento gracias a la donación de dos grandes casas que entregó a fray Domingo un caballero de Tolosa llamado Pedro de Seila, que más tarde sería prior de Limoges. Desde aquel momento fijaron su residencia en Tolosa, viviendo en aquellas casas juntos, acostumbrándose a una vida más humilde y conforme con las costumbres de los religiosos. Fue aquélla la cuna de la futura Orden de Hermanos Predicadores. Y no habían transcurrido tres meses allí instalados fray Domingo y sus diez compañeros, cuando el obispo Fulco les nombra predicadores contra la herejía en su diócesis.
En agosto de 1215 salió el obispo Fulco hacia Roma para asistir al IV Concilio de Letrán, y le acompañó fray Domingo, esperando poder exponer juntos al Papa su proyecto de fundación de una Orden que se llamase y fuese de Predicadores. Pero antes de partir para Roma, fray Domingo escogió a Bertrán de Garriga para superior de aquella incipiente comunidad, que había de constituir el núcleo básico de la nueva Orden. En este período el grupo de predicadores alternaba su apostolado con la asistencia a las lecciones de Teología de un insigne maestro que había traído el obispo Fulco para regentar estas enseñanzas en la catedral de Tolosa. Era deseo expreso de fray Domingo que sus discípulos adquiriesen una sólida preparación científica para luego poder discutir con los herejes.
Mientras fray Domingo se encontró ausente, Bertrán de Garriga recibió algunos compañeros más en la comunidad, pues según las crónicas, al regresar Domingo de Roma, la pequeña familia religiosa había aumentado, eran ya dieciséis... En el mes de febrero de 1216 estaba fray Domingo de vuelta en Tolosa con su comunidad. La Cuaresma la consagraron a la predicación y después, durante las fiestas de Pascua —seguramente en el convento de Prulla—, se dedicaron a tratar los problemas de la fundación y las sugerencias hechas a fray Domingo por el Papa y el cardenal Hugolino. En primer lugar eligieron por Regla la de San Agustín. Una vez escogida la Regla y redactadas las Constituciones, urgía la erección del primer convento sobre el que recaería directamente la aprobación del Pontífice. El obispo Fulco, con asentimiento del cabildo, otorgó a fray Domingo y sus frailes la capilla de San Román, junto a la cual levantaron el convento. Pero, estando ocupados en la fundación, llegó la noticia de la muerte de Inocencio III y la designación de Honorio III como sucesor en el Pontificado. No demoró más fray Domingo su viaje a Roma, presentando al nuevo Papa la causa de su Orden. La acogida no pudo ser mejor. Honorio III confirmó la Orden de los Hermanos Predicadores y la tomó bajo su especial protección.
Cuando en la primavera de 1217 regresó a Tolosa con las dos encomiásticas bulas de confirmación de la Orden, su pequeña comunidad debió saltar de gozo. Pero una visión profética que tuvo fray Domingo le hizo comprender los peligros que se cernían sobre la ciudad. En la visión II se le mostró —cuenta el Beato Jordán— un árbol de grandes proporciones y agradable aspecto, en cuyas ramas se cobijaban muchas aves. Resquebrajóse el árbol y los pájaros que en él anidaban huyeron". Entendió aquel hombre, lleno del espíritu de Dios, a través de la visión, que el conde de Montfort, príncipe y tutor de muchos desvalidos, iba a morir en breve. Domingo y sus frailes, que se amparaban bajo la singular protección del conde, tomaron el partido de las aves. Pese a lo reducido de su número, había llegado la hora de la dispersión. Así fue como a los pocos días de la visión salieron los dieciséis de Tolosa para refugiarse en el monasterio de Prulla, auténtica cuna de la Orden. Notificó Domingo a los obispos y al mismo conde de Montfort de su propósito decidido de dispersar sus frailes por el mundo. Invocado el Espíritu Santo, una vez reunidos los frailes, les manifestó su resolución y, aunque todos se admirasen de tan prematura dispersión, conocían bien la santidad de fray Domingo y en él habían depositado su fe y esperanza.
Domingo reunió a sus hijos en el monasterio de Prulla, para que Nuestra Señora, que había alcanzado del Señor la fundación de la Orden, bendijera la dispersión de los frailes por el mundo. Tuvo lugar precisamente aquel "Pentecostés dominicano" en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen del año 1217. Después de la más tierna y patética de las despedidas, marcharon cuatro frailes hacia España y siete a París. Mateo de Francia iba como superior de la nueva comunidad de París y con él salió fray Bertrán de Garriga, a quien el beato Jordán presenta en este momento como "varón de gran santidad y de un rigor inexorable para consigo, acérrimo mortificador de su carne, que había copiado en muchas cosas la vida ejemplar de su maestro Santo Domingo". Con ellos iban otros dos frailes para estudiar en la universidad. Uno de ellos, fray Lorenzo de Inglaterra, antes de entrar en París, tuvo una visión, revelándole el Señor muchas noticias acerca de la fundación, lugar del convento y prosperidad de la comunidad, que pronto se vería favorecida con selectas vocaciones. Los otros tres compañeros designados a París, entre los que se encontraba fray Manés, hermano de Santo Domingo, habían llegado antes. Todos ellos marchaban con el mismo fin; "para estudiar, predicar y fundar un convento".
Una vez instalados los frailes en París, fray Bertrán de Garriga regresó a Tolosa. La situación se agravaba por días en la capital del Languedoc, hervía la insurrección, que, al fin, estalló, y en el asalto a las murallas de Tolosa murió Simón de Montfort. Pero el convento de San Román, custodiado por fray Bertrán y la pequeña comunidad, se salvó.
Por aquellos días fray Domingo abandona Roma para cursar visita a las distintas fundaciones, Estamos ya avanzado el otoño de 1218. Pudo comprobar al pasar por Prulla, Tolosa y cruzar la región del Lanquedoc que, pese a los acontecimientos, la "Santa Predicación" se había extendido y enraizado. Continuó su viaje a España, donde consolidó la fundación de Madrid y fundó en Segovia, recorriendo muchas ciudades. Regresó a Francia y de nuevo pasó por Prulla y Tolosa, donde tomó por compañero a fray Bertrán de Garriga para reanudar la ruta hacia París.
En las Vidas de los Frailes Predicadores, de Gerardo de Frachet, se recoge aquí el milagro que tuvo lugar durante este viaje. Caminando fray Bertrán con el santo fundador hacia París, después de hacer noche en el santuario de Nuestra Señora de Rocamador, se les unieron al paso unos peregrinos alemanes que, oyéndoles cantar salmos y la letanía de la Virgen, no pudieron menos de sentirse edificados. Al llegar a una aldea les invitaron a quedarse y les obsequiaron espléndidamente, y así cuatro días seguidos. Al quinto día el bienaventurado Domingo manifestó a fray Bertrán, enternecido: "Fray Bertrán, tengo por cierto que cosecharemos cosas carnales de estos peregrinos, si no sembramos en ellos bienes espirituales. Por tanto, si te parece, arrodillémonos y pidamos al Señor nos otorgue entender y hablar su idioma para que podamos predicarles a Jesucristo". Así lo hicieron y, con gran asombro de los peregrinos, comenzaron a hablar alemán, caminando juntos aún otros cuatro días, hablándoles de Jesucristo, hasta llegar a Orleáns, donde los alemanes, que deseaban ir a Chartres, se despidieron de ellos, encomendándose a sus oraciones.
Al día siguiente dijo el bienaventurado Domingo a fray Bertrán: "Hermano, he aquí que estamos ya para entrar en París, y si supieran los frailes el milagro que el Señor ha realizado con nosotros, nos tendrían por santos, siendo, en verdad, pecadores..., así es que por obediencia te prohibo que digas algo mientras yo viva. Y así lo hizo fray Bertrán. Pero después de la muerte del bienaventurado Domingo contó estas cosas a los frailes".
También el Beato Jordán relata otro milagro que le contó fray Bertrán. En cierta ocasión, viajando con el bienaventurado Domingo, estalló una gran tormenta y la lluvia inundaba los caminos. Entonces el maestro Domingo hizo la señal de la cruz y pudieron proseguir la marcha sin que el agua les tocase, formándose una especie de cortina protectora a tres codos de distancia según andaban. Este hecho tuvo lugar entre Montreal y Carcasona. La devoción popular para perpetuar este suceso levantó una ermita, que la Revolución Francesa destruyó, erigiendo el pasado siglo un monumento con la siguiente inscripción: "Aquí, en el siglo XIII fueron milagrosamente preservados de la lluvia torrencial el glorioso Santo Domingo y su compañero San Bertrán de Garriga. Santo Domingo y San Bertrán, rogad por nosotros y libradnos de las tormentas".
Los últimos años de Santo Domingo fueron de una fecundidad sorprendente. Viajes, fundaciones, visitas a monasterios, negociaciones con el Papa, con los prelados y con los príncipes, envíos de misioneros a las regiones más remotas y un celo infatigable en la predicación, que se traducía en nuevas y escogidas vocaciones. Preocupado por la organización de la Orden, aún pudo celebrar los dos primeros Capítulos Generales. En el segundo, el año 1221, celebrado también en Bolonia, se dividió la Orden en ocho provincias, siendo nombrado fray Bertrán de Garriga prior provincial de la región meridional francesa, llamada Provenza. Uno de sus principales cuidados, sobre todo al morir el santo fundador, fue el sostenimiento y aliento de las monjas de Prulla, procurando conservar el espíritu que Santo Domingo les había infundido. Y fiel discípulo suyo, recorrió a pie el Languedoc predicando y atrayendo a las gentes con su ejemplo, levantando muchos conventos...
Su fundación predilecta era Montpellier. Allí tuvo lugar un notable episodio que nos cuenta Gerardo de Frachet en la Vida de los Frailes: "...casi todos los días celebraba la misa por sus pecados. Y advirtiendo esto fray Benito, varón bueno y prudente, le preguntó por que tan pocas veces ofrecía la misa por los difuntos y, en cambio, con tanta frecuencia por sus pecados. A lo cual respondió fray Bertrán: "Porque los difuntos, por quienes ora la lglesia, ya están seguros y es cierto que llegarán a la gloria. Mas nosotros pecadores nos vemos en muchos peligros y azares". Díjole fray Benito: "Decidme, carísimo prior, si aquí hubiera dos mendigos igualmente pobres, pero uno de ellos tuviera los miembros sanos, ¿a quién auxiliarías primero?". "A aquel que se pudiera valer menos", respondió fray Bertrán. Entonces añadió fray Benito: "Así son los difuntos, los cuales no tienen boca para confesar, ni oídos para oír, ni ojos para llorar, ni manos para trabajar, ni pies para caminar, sino que sólo esperan y desean nuestra ayuda; mas los pecadores, además de sufragios, se pueden valer de los demás miembros". Mas como ni por esas razones se convenciese fray Bertrán, se le apareció la noche siguiente un difunto terrible, que le golpeó duramente con un féretro de madera, el cual le despertó, espantó y atormentó más de diez veces aquella noche. En cuanto amaneció, fray Bertrán se levantó, llamó a fray Benito y, acercándose devotamente llorando al altar, ofreció desde entonces la misa por los difuntos".
El año 1230, siendo todavía provincial, difundida su fama de santidad por la región, estando predicando a las monjas cistercienses de Botichet, una rápida enfermedad le condujo a la muerte. Su cuerpo, que recibió sepultura en el cementerio de las monjas, fue hallado incorrupto después de veintitrés años. Durante el Cisma de Occidente los dominicos le trasladaron al convento de Orange, donde recibió culto público por privilegio de Martín V. Pero en el siglo XVI, asaltada y saqueada la iglesia, pereció en el incendio llevado a cabo por los herejes.
León XIII ratificó sus méritos y confirmó su culto, fijando la fecha del 6 de septiembre para conmemorar su fiesta. Los cronistas e historiadores de su época son unánimes en los elogios de sus singulares virtudes, resaltando su humildad, espíritu de penitencia y oración. |
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Onesiforo y Porfirio, Santos Mártires, 6 de septiembre
Mártires Martirologio Romano: Conmemoración también de san Onesíforo, que sirvió muchas veces a san Pablo en Efeso y, sin sentir vergüenza por sus cadenas, llegado a Roma, se interesó solícitamente por su suerte (s. I).
Estos dos mártires, murieron en el año 80. El primero fue un fiel discípulo y colaborador de san Pablo.
Lo nombra en su carta a Timoteo: "Quiera el Señor darte la gracia al bueno de Onesíforo porque a menudo me animaba ; nunca se avergonzó de verme encadenado, pero cuando llegó a Roma, me buscó por todos sitios con gran valentía y, gracias a mí, quiso el Señor concederle la gracia de encontrar misericordia".
Y en otro versículo dice de él así: "Saluda a Prisca y Aquila y al inestimable Onesíforo".
La tradición añade que Onesíforo siguió los pasos de san Pablo a España y volvió al Este, en donde fue martirizado durante el reinado de Domiciano en Helesponto, atado a caballos salvajes.
Porfirio, un fiel amigo del primero, compartió su trabajo y el mismo martirio.
El Señor estuvo cerca de ellos para darles el valor de anunciar su Evangelio y ser colaboradores de un gran apóstol del Evangelio. |
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Zacarías, Santo Profeta, 6 de septiembre
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Profeta del Antiguo Testamento Martirologio Romano: Conmemoración de san Zacarías, profeta, vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión, anunciando al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, entraría triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento.
Zacarías es uno de los profetas menores, a quien se atribuye el libro que lleva su nombre. Su nombre significa Yaveh Ha Recordado. Zacarías se llama a sí mismo hijo de Berekías hijo de Idó (Zac 1:1,7) pero en otros pasajes se omite el nombre de Berekías. Probablemente nació en algún lugar de Babilonia, puesto que su actividad profética empezó tan solo diecisiete años después del regreso del exilio, y es razonable pensar que para entonces tenía más de diecisiete años, aunque todavía se le consideraba joven.
Yahveh se valió de Zacarías y Ageo para animar a Zorobabel, al sumo sacerdote Jesúa y a los exiliados que habían regresado a terminar la reconstrucción del templo de Yaveh, aun cuando todavía estaba en vigor una prohibición del gobierno persa. La profecía de Zacarías contiene mensajes que pronunció con ese fin durante un período de dos años y un mes.
Una de las profecías que recoge el libro de Zacarías en el capitulo 11 y versículos 12 y 13 hace referencia directa al precio (treinta piezas de plata) que los principales de los sacerdotes ofrecieron a Judas por entregarles a Jesús. Ver el evangelio de San Mateo en el capítulo 26 y versículo 15. |
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Magno de Füssen, Santo Abad, 6 de septiembre
Abad Martirologio Romano: En el monasterio de Füssen, en Baviera (Alemania), san Magno, abad (s. VIII). |
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Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.
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SAN MAGNO DE FÜSSEN nació cerca de St. Gallen, en la actual Suiza, aunque son pocos los datos biográficos que se conocen de este santo.
Las referencias que tenemos de la vida de San Magno provienen primordialmente de comentarios de sus compañeros San Columbano y San Galo.
Junto con ellos, San Magno fue designado por Witkerp, el obispo de Augsburgo, para evangelizar rincones de Alemania que todavía eran paganos. Hacia 746 San Magno estuvo activo en la región de Algovia, o Allgäu, en el sur de Baviera, donde fundó el monasterio de Füssen.
Según la tradición, San Magno habría recibido el bastón de San Columbano cuando falleció. En el camino de vuelta se le habría aparecido un dragón, pero por medio del bastón lo habría derrotado fácilmente.
También se narra que con el mismo bastón San Magno sometió a un oso que había invadido su huerto, y que con el bastón era capaz de ahuyentar víboras y alimañas.
Durante su vida, San Magno, abad de Füssen, presenció las pugnas que concluyeron con la victoria de los francos sobre los alamanes.
A pesar de la actividad política de Witkerp, obispo y superior suyo, San Magno siempre prefirió fomentar actividades que beneficiaran a la población local, como la minería.
A San Magno de Füssen se le ha considerado tradicionalmente el “Apóstol de Algovia”. Se le venera todavía en el sur de Baviera y Suavia, en el Tirol y en Suiza, se le invoca en la labranza como protector contra insectos y animales perniciosos. |
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Fuente: Santopedia.com
María de los Apóstoles (Teresa von Wüllenweber), Beata Cofundadora, Septiembre 5
Cofundadora de la Congregación de las Heemanas del Divino Salvador Martirologio Romano: En Roma, beata María de los Apóstoles (María Teresa) von Wüllenweber, virgen, alemana de origen, que, inflamada por el ardor misionero, fundó el Instituto de las Hermanas del Divino Salvador, en Tívoli, del Lacio (1907)
Teresa Wüllenweber nació en el castillo de Myllendonk, Alemanía, el 19 de Febrero de 1833, siendo sus padres el Barón Thedoro Wüllenweber y la Baronesa Elizabeth Lefort.
Cronología
1848 – 1850 2 años en el Internado de la Benedictinas en Lieja (Bélgica)
1850 – 1857 7 años en Myllendonk (Alemania) Misiones parroquiales
1857 – 1863 6 años en la Congregación del Sagrado Corazón; votos temporales
1863 – 1868 En Myllendonk 3 semanas en convento de la Visitación
1868 – 1871 Con las Hermanas de la Adoración Perpetua; noviciado
1871 – 1876 Myllendonk; voto misionero privado; arrienda Neuwerk
1876 – 1882 Instituto Santa Bárbara dirigido por ella; compra Neuwerk
1882 Bajo la dirección del P. Jordán; sigue en Neuwerk
Tras largos años de búsqueda, descubre que en Alemania se necesitan nuevas fundaciones para enfrentar el Kulturkampf; lucha contra la religión.
Alquila un convento en Neuwerk y comienza una fundación de “hermanas Misioneras Alemanas”
Cuando oigo hablar sobre las misiones Experimento en mi interior una verdadera urgencia Un amor y un anhelo que De otro modo son desconocidos para mi…
La gente del pueblo pensaba que el convento debía convertirse en hospital.
Teresa pensaba que debía servir para todo uso bueno De hecho lo primero que recibió fueron niñas huérfanas y niños pobres.
El párroco escribió unos estatutos para que todo funcionara.
Teresa insistía en normas conventuales.
Las jóvenes que llegaban lo tomaban como algo de paso.
El alcalde quería que fuera un hospital.
Empresarios querían que fuera para sus empleadas en dificultad.
O sea que todo el mundo metía la cuchara en el asunto.
Desde Suiza, las Hijas del Divino Amor, hicieron un contrato de colaboración, pero hubo de romperse
También estuvo en negociaciones con el Verbo Divino (Arnold Janssen), misioneros, pero tampoco llegó a cuajar.
Hemos despachado hasta aquí en pocas líneas los 50 primeros años de vida de Teresa, aunque ella veía que “el hecho de que sus esfuerzos fueran compensados con un modesto resultado, era una prueba difícil y humillante, que aceptaba como la voluntad de Dios”.
El 12 de abril de 1882 leyó una nota en una revista con el siguiente contenido: “Sociedad Apostólica Instructiva (SAI): fundada en Roma por Juan Bautista Jordán con dos sacerdotes: Bernhard Lüthen y Friedrich von Leonhardi. El propósito: extender, proclamar y fortalecer la fe católica en todas partes del mundo en el espíritu de los Apóstoles. Los miembros se dividen en tres grupos:
1.- Sacerdotes y laicos: aquellos que lo dejan todo, según el ejemplo de los apóstoles y se dedican exclusivamente al propósito de la Sociedad.
2.- Hombres instruidos que, sin dejar su ocupación, contribuyen a los esfuerzos científicos o literarios de la Sociedad;
3.- Todos los que se esfuerzan por cumplir sus deberes en el espíritu de la Sociedad”.
Jordán visitó a Teresa el 4 de julio: “Me dio la impresión de ser un humilde, verdadero, celoso apóstol (se quedó tres días) mi primer y único deseo es pertenecer a esta Sociedad siempre más estrechamente hasta mi muerte. Amado Dios, ¡gracias a ti por siempre!”
A los pocos días escribió la siguiente poesía con la melodía latina de “O Sanctissima”:
Oh santa, venerable única Sociedad! Apostólica, celosa por las almas, noble Sociedad! Crece firmemente, multiplícate, difúndete por todas partes! abarca y renueva el universo! Atrae hacia ti pastores de almas, atrae maestros, educadores, mujeres consagradas -Oh, condúcelos y guíalos a todos ellos! Recristianiza la patria; evangeliza a los infieles; protege a los niños huérfanos - Oh, enséñales e instrúyelos a todos ellos! Motiva a los padres a la fidelidad, a las madres, a la santa formación de los hijos, a los administradores públicos a la honradez - llámales a la santidad a todos ellos! Imparte la verdadera sabiduría a los doctos; dale profundidad a las artes; consagra y transforma el mundo del trabajo. Oh, hazlo... hazlo! Ilumina a tus propios líderes, enciéndeles el corazón y el alma de modo que, realmente, no busquen sino sólo a Jesús! Oh santa, venerable, única Sociedad! Apostólica, celosa por las almas, noble Sociedad!
5 sep de 1882: “Por la presente prometo, con pleno conocimiento de lo que estoy haciendo, obedecer al P. J. B. Jordán, Fundador de la Sociedad Apostólica Instructiva, en todo lo que es conforme a la ley y vivir en espíritu de pobreza, como también de acuerdo a la santa castidad. A través de este compromiso mío me propongo comprometerme con el P. Juan Bautista Jordán provisionalmente por un año a ser contado a partir de la fecha de hoy.”
Fundación Santa Bárbara en Neuwerk. Radicalidad de Teresa:
“El día 6… ante notario, di mi convento y las tres casas a la Primera Orden, a los tres Fundadores”.
Y trabaja distribuyendo la revista “Missionär” = El misionero, otras publicaciones, así como la Liga Angélica con niños y vendiendo “piedras de construcción”, para recaudar fondos.
En mayo del 83 Jordán visita Neuwerk, anima a las Hermanas, y Teresa escribe “Hice votos perpetuos”.
En Neuwerk sigue trabajando durante unos años hasta que Jordán la llama para ir a Tívoli, cerca de Roma para comenzar con la actual rama femenina de las Salvatorianas. Se desprende fácilmente de la casona de Neuwerk y sale con ánimo para Roma el 21 de noviembre de 1888.
A excepción de María, ninguna de las Hermanas había estado lejos de su pueblo natal. Les costó adaptarse y casi cada día había alguna que estaba enferma.
“La congregación de las Hermanas será grande, si está cimentada en la cruz, no desistan, el Señor ayuda”, les escribió Jordán.
Llegadas a Roma con varias candidatas de Munich que se incorporaron en el trayecto, se prepararon con unos retiros para recibir el hábito el 8 de Diciembre, quedando fundadas las salvatorianas. Teresa von Wüllenweber, cambió su nombre por María de los Apóstoles. En total eran 5 Hermanas. Jordán les invitó a ser santas.
El 25 de marzo del 89, con dispensa especial, pudo hacer la madre María sus votos perpetuos, por su preparación y porque estaba destinada a ser madre superiora.
Escribe en su diario:
“Debo estar muy agradecida, porque mi vida está completa con el fin de vivir enteramente una nueva vida hasta la muerte para darme totalmente a la Sociedad, venga lo que sea. Hacer todo de acuerdo al espíritu del Fundador”
Durante los primeros meses no tuvieron grandes dificultades económicas, pues el padre de María vendió los muebles de Neuwerk y otras pertenencias y pudo seguir ayudando a su hija.
En estos primeros momentos el P. Lüthen era el confesor ordinario de las Hermanas, dándoles a la vez conferencias sobre la santa regla y clases de italiano. Los padres Otto y Thomas también ayudaron mucho.
A finales de 1890 podían salir algunas Hermanas como misioneras para Assam, en la India, a fin de acompañar a los padres que ya llevaban allá unos meses.
María estaba contenta por ello, dado su espíritu misionero.
El tiempo en Tívoli era dedicado especialmente a la formación y al apostolado con los niños y los pobres.
Bastantes Hermanas estuvieron enfermas y algunas murieron. La casa se llenó con más de 50 candidatas. Era hora de pensar en ir a fundar a Roma (lo cual estaba prohibido por el momento).
En 1893 son enviadas 3 Hermanas muy jóvenes a Ecuador.
La experiencia les dicta que deben prepararse mejor como maestras, y se funda una institución para ello.
Entra el tifus, terrible enfermedad, en la casa y mueren varias Hermanas jóvenes. Varias tienen que salir de Tívoli para no contagiarse y es el momento de ir a Roma, aunque no son aceptadas de forma definitiva en la ciudad.
Se comenta de ella, que en el trato con las jóvenes fue siempre amable, y que la trataban como una compañera más que como una superiora.
Aunque el guión de superioras de entonces exigía ser duras, y exigir con frecuencia humillaciones, que probaran a las candidatas, sin embargo supo disculparse cuando a alguna por esos motivos se le salían las lágrimas.
“La superiora debe ser como un saco cargado sobre un asno, que no le importe si la suben o bajan, así debe ser una superiora. Si le dan el cargo o se lo quitan, debe ser lo mismo para ella”.
En 1894 se pueden establecer de forma definitiva en Roma.
Además de las propias tareas de formación, se dedican a dar catequesis en una parroquia cercana y a atender a menesterosos en un centro cercano.
El 30 de mayo del 95 son enviadas las 3 primeras Hermanas a Estados Unidos. Fueron creciendo tanto que era difícil encontrar trabajo para todas en Roma.
Testamento de la Madre María:
“Espero confiadamente que mis buenas hermanas orarán mucho por mi y continuarán trabajando con santo celo por la propia santificación, deseosas de hacer al prójimo el verdadero bien adheridas al espíritu del Fundador de la Sociedad del Divino Salvador”. (antes de 1903)
Por ese entonces ya eran más de 150 religiosas, y habían sido reconocidas oficialmente en Roma, y M. de los Apóstoles escribe:
“Las cosas ahora han cambiado, querida. Algunas veces llegan veinte cartas en un día y necesitan respuesta. Puesto que nuestra Congregación ha crecido, también debe crecer nuestro espíritu de sacrificio y un verdadero amor interior debe unirnos estrechamente, de modo que ni la desconfianza ni el resentimiento se arraiguen entre nosotras”.
En diciembre de 1905, a pesar de su edad y sus achaques fue reelegida como Superiora General por unanimidad, queriendo mostrar así el amor hacia ella y la unidad congregacional.
El 25 de diciembre de 1907, fiesta de Navidad, muere rodeada de Hermanas y de Salvatorianos en gran paz.
Como resumen de la vida de María de los Apostoles podemos decir que:
Buscó siempre la voluntad de Dios, No se desanimó en tiempos de oscuridad y de cruz. Amó mucho a la Iglesia y a la gente sencilla. Fue una intrépida misionera junto con Jordán,
No pudo salir a países lejanos a misionar, pero envió a jóvenes religiosas a hacerlo, y comprendió que la misión está cerca de casa y lejos de la misma.
Su carácter fue sencillo y afable, su conversación amigable y espontánea, su forma de vida –aún siendo baronesa- sencilla, pobre y abnegada. Su entrega: radical, constante y perseverante.
Fue beatificada el 13 de octubre de 1968 y su fiesta se celebra el 5 de Septiembre |
J†A
JMJ
Pax
No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Pedro
se acercó a Jesús y le preguntó:
"Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta
siete veces?"
Jesús le contestó:
"No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".
Y les propuso esta parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar
cuentas con
sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que
le debía mucho
dinero. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él con
su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la
deuda. El empleado,
arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
El rey tuvo lástima de aquel empleado, lo soltó y hasta le
perdonó la deuda.
Pero, al salir, aquel servidor encontró a uno de sus compañeros
que le debía
poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo
estrangulaba mientras
le decía:
"Págame lo que me debes".
El compañero se le arrodilló y le rogaba:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la
cárcel hasta
que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y
fueron a contar
al rey lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
"Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo
suplicaste.
¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero,
como yo tuve
compasión de ti?"
Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no
lo soltaran
hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual
no perdona de
corazón a su hermano".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
A los que esperan en ti, Señor, concédeles tu paz y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo.
Oremos:
Míranos, Señor, con ojos de misericordia y haz que
experimentemos vivamente tu amor, para que podamos servirte
con todas nuestras
fuerzas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Perdona la ofensa a tu prójimo, para obtener el perdón
Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30; 28, 1-7
Cosas abominables son el
rencor y la cólera; sin
embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del
vengativo y
llevará rigurosa cuenta de sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se
te perdonarán
tus pecados. El que le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso
pedir la salud al
Señor?
El que no tiene compasión de su semejante, ¿cómo pide perdón
de sus pecados?
Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de
sus pecados,
¿hallará quién interceda por él?
Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del
sepulcro y guarda
los mandamientos.
Ten presente los mandamientos y no guardes rencor a tu
prójimo. Recuerda la
alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 102
El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al
Señor, alma mía; que todo mi
ser bendiga su santo nombre. Bendice al señor alma mía, y no
te olvides de sus
beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor,
perdona tus pecados y cura tus
enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de
amor y ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor
no nos condena para siempre, ni
nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras
culpas, ni nos
paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Como desde
la tierra hasta el cielo, así
es grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus
hijos, así es
compasivo el Señor con quien lo ama.
El Señor es compasivo y misericordioso.
En la vida y en la muerte somos del Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los
unos a los otros,
como yo los he amado.
Aleluya.
No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Pedro
se acercó a Jesús y le
preguntó:
"Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta
siete veces?"
Jesús le contestó:
"No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".
Y les propuso esta parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar
cuentas con sus
empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que le
debía mucho
dinero. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él con
su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la
deuda. El empleado,
arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
El rey tuvo lástima de aquel empleado, lo soltó y hasta le
perdonó la deuda.
Pero, al salir, aquel servidor encontró a uno de sus
compañeros que le debía
poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo
estrangulaba mientras
le decía:
"Págame lo que me debes".
El compañero se le arrodilló y le rogaba:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en
la cárcel hasta
que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación
y fueron a contar
al rey lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
"Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo
suplicaste.
¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero,
como yo tuve
compasión de ti?"
Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que
no lo soltaran
hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada
cual no perdona de
corazón a su hermano".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia de Dios y
pidámosle que
escuche las oraciones de los que hemos puesto nuestra
confianza en él:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para
los obispos, los presbíteros y
los diáconos una vida santa, tal como corresponde a su
ministerio, y el premio
abundante de su trabajo, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para
los que gobiernan las naciones
y tienen bajo su poder el destino de los pueblos, el don de la
prudencia y el
espíritu de justicia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para
los enfermos e impedidos, la
fortaleza necesaria a fin de que no se desanimen ante las
dificultades y vivan
alegres en la esperanza de los bienes eternos, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para
nosotros mismos, para nuestros
familiares, amigos y bienhechores, que nos conserve y aumente
los bienes que
con tanta generosidad nos ha concedido, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor, Dios compasivo y misericordioso, que siempre perdonas a
los que perdonan
a sus hermanos; escucha nuestras oraciones y crea en nosotros
un corazón nuevo,
que, como reflejo del de Cristo, olvide las ofensas recibidas
y recuerde a los
demás hasta qué punto tú nos amas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con
bondad, los dones y plegarias de tu
pueblo y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude a
la salvación de
todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prendas de la Pascua eterna
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
En ti vivimos, nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos
en este mundo, no
sólo
experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que
poseemos ya en prenda
la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna,
porque tenemos las
primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre
los muertos.
Por eso, Señor,
te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los
ángeles:
Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los humanos se acogen a la sombra de tus alas.
Oremos:
Que la gracia de esta comunión nos transforme, Señor, tan
plenamente que no sea
ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el que impulse, de ahora en
adelante, nuestra
vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
___________________________________________________________________________________________
13 de
septiembre
Salta: Solemnidad de LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL MILAGRO
(triduo junto con la Exaltación de la Cruz y el Señor del Milagro)

Con María del Milagro hemos recuperado la esperanza. Nos acercamos a ella con confianza para renovar el Pacto de Amor con el Señor. Nos ponemos de pie y cantamos.
INTRODUCCIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA: Escuchemos la Palabra de Dios que da vida a su pueblo.
1 Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía, más que a todas las mujeres de la tierra
Lectura del
libro de Judit
13, 18b-20; 15, 9
Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía, más que a todas
las mujeres de la tierra; y bendito sea el Señor Dios, creador
del cielo y de
la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de
nuestros
enemigos.
Nunca olvidarán los hombres la confianza que has demostrado
y siempre recordarán el poder de Dios.
Que Dios te exalte para siempre, favoreciéndote con sus
bienes. Porque no vacilaste en exponer tu vida, al ver la
humillación de
nuestro pueblo, sino que has conjurado nuestra ruina,
procediendo resueltamente
delante de nuestro Dios.
¡Tú eres la gloria de Jerusalén, tú el gran orgullo de
Israel, tú el insigne honor de nuestra raza!
Palabra de Dios.
SALMO Lc 1, 46-47. 48-49. 50-51. 52-53. 54-55 (R.:
49)
R. ¡Tú eres la gloria de nuestro pueblo!
Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. R.
Porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo! R.
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón. R.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre. R.
2 Reproducir la imagen de su Hijo
Lectura de la
carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8,
28-32
Hermanos:
Sabemos, que Dios dispone todas las cosas para el bien de
los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio.
En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los
predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera
el Primogénito
entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los
llamó; y a los que
llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los
glorificó.
¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con
nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su
propio Hijo,
sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él
toda clase de
favores?
Palabra de Dios.
ALELUIA Sal 147, 20
Aleluia.
A ningún otro pueblo trató así, ni le dio a conocer sus
mandamientos.
Aleluia.
EVANGELIO
¡Feliz el seno que te llevó!
† Lectura
del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo:
Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en
medio de la multitud y le dijo: «¡Feliz el seno que te llevó y
los pechos que
te amamantaron!»
Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la
Palabra de Dios y la practican.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Permanecemos de pie para recibir la bendición con el Evangeliario.
Podemos tomar asiento.
DESPUÉS DE LA HOMILÍA: Meditemos brevemente en silencio.
PRESENTACIÓN DE LOS DONES: Podemos tomar asiento. Damos inicio a la Liturgia de la Eucaristía cantando.
COMUNIÓN: La caridad, la concordia, el amor fraterno son fruto de la Eucaristía. Vayamos al encuentro de Dios-Amor.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
(Canta el coro)
“TE ROGAMOS, ÓYENOS”
Para que la Iglesia, en las celebraciones del Milagro, revitalice su identidad y su misión. OREMOS…
Para que los pastores del Pueblo de Dios anuncien con valentía el Amor Redentor y sean testigos de la Misericordia. OREMOS…
Para que el debate sobre la educación religiosa nos lleve a valorarla como un servicio al desarrollo de las personas, de las familias, de la sociedad y de los vínculos entre todos los hombres. OREMOS…
Para que aprendamos con Jesús Eucaristía a trabajar día a día por una Iglesia que camina en medio de la gente. OREMOS…
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Vigésimo
cuarto Domingo
ciclo a
EL PERDÓN ILIMITADO
— Perdonar siempre con prontitud y de corazón,
— Si aprendemos a querer a todos y a disculpar, ni siquiera tendremos que perdonar, porque no nos sentiremos ofendidos.
— El Sacramento del perdón nos mueve a ser misericordiosos con los demás.
I. Dios concede su perdón a quien perdona. La indulgencia que empleemos con los demás es la que tendrán con nosotros. Esta es la medida. Y este, el sentido de los textos de la Misa de hoy. La Primera lectura1 nos dice: Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor y pedir la salud al Señor?
El Señor perfecciona esta ley extendiéndola a todo hombre y a cualquier ofensa, porque con su Muerte en la Cruz nos ha hecho a todos los hombres hermanos y ha saldado el pecado de todos. Por eso, cuando Pedro –convencido de que proponía algo desproporcionado– le pregunta a Jesús si debe perdonar hasta siete veces a su hermano que le ofende, el Señor le responde: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete2, es decir, siempre. La caridad de Cristo no es setenta veces superior al comportamiento más esmerado de los mejores cumplidores de la Ley, sino que es de otra naturaleza, infinitamente más alta. Es otro su origen y su fin. Nos enseña Jesús que el mal, los resentimientos, el rencor, el deseo de venganza, han de ser vencidos por esa caridad ilimitada que se manifiesta en el perdón incansable de las ofensas. Él nos alentó a pedir en el Padrenuestro de esta manera: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Por eso, como recuerda hoy la Liturgia de las Horas3, cuando rezamos el Padrenuestro hemos de estar unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros. Solo así atraeremos sobre nosotros la misericordia infinita de Dios.
Para perdonar de corazón, con total olvido de la injuria recibida, hace falta en ocasiones una gran fe que alimente la caridad. Por eso las almas que han estado muy cerca de Cristo ni siquiera han tenido necesidad de perdonar porque, por grandes que hayan sido las injurias, las calumnias..., no se sintieron personalmente ofendidas, pues sabían que el único mal es el mal moral, el pecado; los demás agravios no llegaban a herirles.
Examinemos hoy si guardamos en el corazón algún agravio, algo de rencor por una injuria real o imaginada. Pensemos si nuestro perdón es rápido, sincero, de corazón, y si pedimos al Señor por aquellas personas que, quizá sin darse cuenta, nos hicieron algún daño o nos ofendieron. “Cincuenta mil enojos que te hagan, tantos has de perdonar (...). Más adelante ha de ir tu paciencia que su malicia; antes se ha de cansar el otro de hacerte mal que tú de sufrirlo”4.
II. A veces son cosas pequeñas las que nos pueden herir: un favor que no nos agradecen, una recompensa que esperábamos y nos es negada, una palabra que nos llega en un momento malo o de cansancio... Otras, pueden ser más graves: calumnias sobre lo que más queremos en este mundo, interpretaciones torcidas de aquello que hemos procurado hacer con rectitud de intención... Sea lo que fuere, para perdonar con rapidez, sin que nada quede en el alma, necesitamos desprendimiento y un corazón grande orientado hacia Dios. Esa grandeza de alma nos llevará a pedir por las personas que, de una forma u otra, nos ocasionaron algún perjuicio. “¿No suelen ser amados más tiernamente los enfermos que los sanos?”, se pregunta un clásico castellano. Y a continuación aconseja: “Sé médico de tus enemigos y los bienes que les hagas serán brasas que pongas sobre sus cabezas y les enciendan en el amor (Col 3, 13). Piensa en los medios de perfección que te suministra el que te persigue... Más aprovechó Herodes a los niños (Mt 2, 16) con su odio que el amor de sus propios padres, pues los hizo mártires”5. La actitud del perdón cristiano y, cuando sea necesario, la defensa justa y serena de los propios derechos o los de aquellos que nos están encomendados, servirán para acercar a Dios a quienes hayan podido cometer injusticias. Así lo hicieron los primeros cristianos cuando hubieron de soportar calumnias y persecuciones. “Permitidles –aconsejaba San Ignacio de Antioquía a los primeros fieles, mientras él se encaminaba al martirio– que, al menos por vuestras obras, reciban instrucción de vosotros. A sus arrebatos de ira responded con vuestra mansedumbre. Oponed a sus blasfemias vuestras oraciones; a su extravío, vuestra firmeza en la fe; a su fiereza, vuestra dulzura, y no pongáis empeño alguno en comportaros como ellos. Mostrémonos hermanos suyos por nuestra amabilidad; en cuanto a imitar, solo hemos de esforzarnos en imitar al Señor”6. Él está dispuesto a perdonarlo todo de todos. San Pablo, siguiendo al Maestro, exhortaba así a los cristianos de Tesalónica: Estad atentos para que nadie devuelva mal por mal, al contrario, procurad siempre el bien Mutuo7. Y a los de Colosas les apremiaba: Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros8. Si aprendemos a disculpar ni siquiera tendremos que perdonar, porque no nos sentiremos ofendidos. Mal viviríamos nuestro camino de discípulos de Cristo si al menor roce –en el hogar, en la oficina, en el tráfico...– se enfriase nuestra caridad y nos sintiéramos ofendidos y separados. A veces –en materias más graves, donde se hace más difícil la disculpa– haremos nuestra la oración de Jesús: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen9. Otras veces bastará con sonreír, devolver el saludo, tener un detalle amable para restablecer la amistad o la paz perdida. Las pequeñeces diarias no pueden ser motivo para que –casi siempre por soberbia, por susceptibilidad– perdamos la alegría, que debe ser algo habitual y profundo en nuestra vida.
III. El Señor, después de responder a Pedro sobre la capacidad ilimitada de perdón que hemos de tener, expuso la parábola de los dos deudores para enseñarnos el fundamento de esta manifestación de la caridad. Debemos perdonar siempre y todo, porque es mucho –sin medida– lo que Dios nos perdona, ante lo cual lo que debemos tolerar a los demás apenas tiene importancia: cien denarios (un talento equivalía a unos seis mil denarios). De ahí que solo sepan perdonar las almas humildes, conscientes de lo mucho que se les ha remitido. “Del mismo modo que el Señor está siempre dispuesto a perdonarnos, también nosotros debemos estar prontamente dispuestos a perdonarnos mutuamente. Y ¡qué grande es la necesidad de perdón y reconciliación en nuestro mundo de hoy, en nuestras comunidades y familias, en nuestro mismo corazón! Por esto el sacramento específico de la Iglesia para perdonar, el sacramento de la penitencia, es un don sumamente preciado.
“En el sacramento de la penitencia, el Señor nos concede su perdón de modo muy personal. Por medio del ministerio del sacerdote, vamos a nuestro Salvador con el peso de nuestros pecados. Manifestamos nuestro dolor y pedimos perdón al Señor. Entonces, a través del sacerdote, oímos a Cristo que nos dice: Tus pecados quedan perdonados (Mc 2, 5): Anda y en adelante no peques más (Jn 8, 11). ¿No podemos oír también que nos dice al llenarnos de su gracia salvífica: “Derrama sobre los otros setenta veces siete este mismo perdón y misericordia”?”10. ¡Qué gran escuela de amor y de generosidad es la Confesión! ¡Cómo agranda el corazón para comprender los defectos y errores de los demás! Del confesonario debemos salir con capacidad de querer, con más capacidad de perdonar11. La tarea de la Iglesia y de cada cristiano en todos los tiempos, aunque ahora en nuestros días parece más urgente, es “profesar y proclamar la misericordia en toda su verdad”12, derramar sobre todos los que cada día encontramos en los diversos caminos la misericordia ilimitada que hemos recibido de Cristo.
Pidamos a Nuestra Señora un corazón grande, como el suyo, para no detenernos demasiado en aquello que nos puede herir, y para aumentar nuestro espíritu de desagravio y de reparación por las ofensas al Corazón misericordioso de Jesús.
1 Eclo 27, 33; 28, 1-9. — 2 Cfr. Evangelio de la Misa. Mt 18, 21-35. — 3 Liturgia de las Horas, Preces de las II Vísperas. — 4 San Juan de Ávila, Sermón 25, para el Domingo XXV después de Pentecostés, en Obras Completas, BAC, Madrid 1970, vol. II, p. 352. — 5 F. de Osuna, Ley del amor santo, 40-43, en Místicos franciscanos, BAC, vol. I, pp. 580-610. — 6 San Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios, X, 1-3. — 7 1 Tes 5, 15. — 8 Col 3, 13. — 9 Lc 23, 34. — 10 Juan Pablo II, Ángelus 16-IX-1984. — 11 Cfr. F. Sopeña, La Confesión, Rialp, Madrid 1957, p. 132. — 12 Juan Pablo II. Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 13.
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Nuestra Señora de las lágrimas

La veneración a la “Virgen de las lágrimas” proviene de un admirable prodigio que se verificó en el Colegio de los Padres jesuitas de Salta durante los días 4, 5 y 6 de agosto de 1749.
La imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas se venera en la Catedral de Salta, también es llevada en procesión cada año con el Señor y la Virgen del Milagro. Va en andas sobre una base de claveles rosados, compartiendo la belleza, el cuidado y el fervor de que son objetos los Patronos de Salta.
Pero no se trata de una imagen más entre la que tienen sus altares en la nave lateral de la Catedral. Ella también está cargada de una historia prodigiosa, tiene sus devotos y está sólidamente asociada a la fiesta mayor de cada septiembre.
La figura es muy dulce y tiene una serena hermosura. Es una pequeña pintura al óleo que el hermano jesuita José Grimau copió de una imagen de Nuestra Señora de la Concepción que había en el sagrario del Colegio Máximo de los Padres Jesuitas de Córdoba.
La imagen cordobesa quizás fuera, dicen, copia de una de las vírgenes del pintor italiano Carlos Dolci, que nació y vivió en Florencia entre 1616 y el 1686. Podría. Pero Dolci viste sus vírgenes con tocados más complicados-con pliegues y cubriendo totalmente los cabellos- y vestidos más cerrados en el escote. La expresividad tiende a subrayar el dolor y el éxtasis manifiesto en los ojos elevados. Hay una “Virgen en oración”, de Giovanni Battista Salvi, llamado Sassoferrato, contemporáneo de Dolci, que guardaría más semejanzas.
Nuestra María de las Lágrimas está en actitud orante, con las manos juntas en paralelo; los dedos se tocan pero las bases no, lo que denota calma interior. No es una “Dolorosa”. La cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, el mentón algo retraído, la frente lisa, los ojos bajos: el conjunto es suave y amable; comunica paz y bondad.
La historia dice que la pintura estaba en la celda del padre Juan de Arriaga, sobre su mesa de escribir en un estante para libros. El 4 de agosto de 1749, el religioso vio gotas de humedad brotando de los ojos, el rostro y el cuello de la Señora; mojó sus dedos en ella y probó: sabían como lágrimas. Movió los objetos para investigar de dónde provenía la humedad, pero no encontró nada.
Al día siguiente se repitió el fenómeno. El jesuita avisó a sus hermanos y fueron todos a contemplar el hecho que duró dos horas y media. Trasladaron entonces la imagen a la Iglesia y la colocaron en un sitio preferencial, sobre el Sagrario, en el altar mayor. El 5 de octubre, fiesta del Rosario, las lágrimas vuelven a fluir y lo hace por dos días seguidos. El obispo, residente en Córdoba, pidió una relación jurada de lo ocurrido. Pero explicación, lo que se dice explicación, no hay.
En 1952 se corona con aprobación Pontificia la imagen de la Virgen de Las Lagrimas.
http://www.parroquiaconsolacion.com/virgen-las-lagrimas/

San Juan Crisóstomo, Patrono de los predicadores, Año 407
A este santo arzobispo de Constantinopla, la gente le puso el apodo de "Crisóstomo" que significa: "boca de oro", porque sus predicaciones eran enormemente apreciadas por sus oyentes. Es el más famoso orador que ha tenido la Iglesia. Su oratoria no ha sido superada después por ninguno de los demás predicadores.
Nació en Antioquía (Siria) en el año 347. Era hijo único de un gran militar y de una mujer virtuosísima, Antusa, que ha sido declarada santa también.
A los 20 años Antusa quedó viuda y aunque era hermosa renunció a un segundo matrimonio para dedicarse por completo a la educación de su hijo Juan.
Desde sus primeros años el jovencito demostró tener admirables cualidades de orador, y en la escuela causaba admiración con sus declamaciones y con las intervenciones en las academias literarias. La mamá lo puso a estudiar bajo la dirección de Libanio, el mejor orador de Antioquía, y pronto hizo tales progresos, que preguntado un día Libanio acerca de quién desearía que fuera su sucesor en el arte de enseñar oratoria, respondió: "Me gustaría que fuera Juan, pero veo que a él le llama más la atención la vida religiosa, que la oratoria en las plazas".
Juan deseaba mucho irse de monje al desierto, pero su madre le rogaba que no la fuera a dejar sola. Entonces para complacerla se quedó en su hogar pero convirtiendo su casa en un monasterio, o sea viviendo allí como si fuera un monje, dedicado al estudio y la oración y a hacer penitencia.
Cuando su madre murió se fue de monje al desierto y allá estuvo seis años rezando, haciendo penitencias y dedicándose a estudiar la S. Biblia. Pero los ayunos tan prolongados, la falta total de toda comodidad, los mosquitos, y la impresionante humedad de esos terrenos le dañaron la salud, y el superior de los monjes le aconsejó que si quería seguir viviendo y ser útil a la sociedad tenía que volver a la ciudad, porque la vida de monje en el desierto no era para una salud como la suya.
El llegar otra vez a Antioquía fue ordenado de sacerdote y el anciano Obispo Flaviano le pidió que lo reemplazara en la predicación. Y empezó pronto a deslumbrar con sus maravillosos sermones. La ciudad de Antioquía tenía unos cien mil cristianos, los cuales no eran demasiado fervorosos. Juan empezó a predicar cada domingo. Después cada tres días. Más tarde cada día y luego varias veces al día. Los templos donde predicaba se llenaban de bote en bote. Frecuentemente sus sermones duraban dos horas, pero a los oyentes les parecían unos pocos minutos, por la magia de su oratoria insuperable. La entonación de su voz era impresionante. Sus temas, siempre tomados de la S. Biblia, el libro que él leía día por día, y meditaba por muchas horas. Sus sermones están coleccionados en 13 volúmenes. Son impresionantemente bellos.
Era un verdadero pescador de almas. Empezaba tratando temas elevados y de pronto descendía rápidamente como un águila hacia las realidades de la vida diaria. Se enfrentaba enardecido contra los vicios y los abusos. Fustigaba y atacaba implacablemente al pecado. Tronaba terrible su fuerte voz contra los que malgastaban su dinero en lujos e inutilidades, mientras los pobres tiritaban de frío y agonizaban de hambre.
El pueblo le escuchaba emocionado y de pronto estallaba en calurosos aplausos, o en estrepitoso llanto el cual se volvía colectivo e incontenible. Los frutos de conversión eran visibles.
El emperador
Teodosio decretó nuevos impuestos. El pueblo de Antioquía se
disgustó y por
ello armó una revuelta y en el colmo de la trifulca derribaron
las estatuas del
emperador y de su esposa y las arrastraron por las calles. La
reacción del
gobernante fue terrible. Envió su ejército a dominar la ciudad y
con la orden
de tomar una venganza espantosa. Entre la gente cundió la alarma
y a todos los
invadió el terror. El Obispo se fue a Constantinopla, la
capital, a implorar el
perdón del airado emperador y las multitudes llenaron los
templos implorando la
ayuda de Dios.
Y fue entonces cuando Juan Crisóstomo aprovechó la ocasión para pronunciar ante aquel populacho sus famosísimos "Discursos de las estatuas" que conmovieron enormemente a sus miles de oyentes logrando conversiones. Esos 21 discursos fueron quizás los mejores de toda su vida y lo hicieron famoso en los países de los alrededores. Su fama llegó hasta la capital del imperio. Y el fervor y la conversión a que hizo llegar a sus fieles cristianos, obtuvieron que las oraciones fueran escuchadas por Dios y que el emperador desistiera del castigo a la ciudad.
En el año 398, habiendo muerto el arzobispo de Constantinopla, le pareció al emperador que el mejor candidato para ese puesto era Juan Crisóstomo, pero el santo se sentía totalmente indigno y respondía que había muchos que eran más dignos que él para tan alto cargo. Sin embargo el emperador Arcadio envió a uno de sus ministros con la orden terminante de llevar a Juan a Constantinopla aunque fuera a la fuerza. Así que el enviado oficial invitó al santo a que lo acompañara a las afueras de la ciudad de Antioquía a visitar las tumbas de los mártires, y entonces dio la orden a los oficiales del ejército de que lo llevaran a Constantinopla con la mayor rapidez posible, y en el mayor secreto porque si en Antioquía sabían que les iban a quitar a su predicador se iba a formar un tumulto inmenso. Y así fue que tuvo que aceptar ser arzobispo.
Apenas posesionado de su altísimo cargo lo primero que hizo fue mandar quitar de su palacio todos los lujos. Con las cortinas tan elegantes fabricaron vestidos para cubrir a los pobres que se morían de frío. Cambió los muebles de lujo por muebles ordinarios, y con la venta de los otros ayudó a muchos pobres que pasaban terribles necesidades. El mismo vestía muy sencillamente y comía tan pobremente como un monje del desierto. Y lo mismo fue exigiendo a sus sacerdotes y monjes: ser pobres en el vestir, en el comer, y en el mobiliario, y así dar buen ejemplo y con lo que se ahorraba en todo esto ayudar a los necesitados.
Pronto, en sus elocuentes sermones empezó a atacar fuertemente el lujo de las gentes en el vestir y en sus mobiliarios y fue obteniendo que con lo que muchos gastaban antes en vestidos costosísimos y en muebles ostentosos, lo empezaran a emplear en ayudar a la gente pobre. El mismo daba ejemplo en esto, y la gente se conmovía ante sus palabras y su modo tan pobre y mortificado de vivir.
En aquellos tiempos había una ley de la Iglesia que ordenaba que cuando una persona se sentía injustamente perseguida podía refugiarse en el templo principal de la ciudad y que allí no podían ir las autoridades a apresarle. Y sucedió que una pobre viuda se sintió injustamente perseguida por la emperatriz Eudoxia y por su primer ministro y se refugió en el templo del Arzobispo. Las autoridades quisieron ir allí a apresarla pero San Juan Crisóstomo se opuso y no lo permitió. Esto disgustó mucho a la emperatriz. Y unos meses más tarde Eudoxia peleó con su primer ministro y se propuso echarlo a la cárcel. Él corrió a refugiarse en el templo del arzobispo y aunque la policía de la emperatriz quiso llevarlo preso, San Juan Crisóstomo no lo permitió. El ministro que antes había querido llevarse prisionera a una pobre mujer y no pudo, porque el arzobispo la defendía, ahora se vio él mismo defendido por el propio santo. Eudoxia ardía de rabia por todo esto y juraba vengarse pero el gran predicador gritaba en sus sermones: "¿Cómo puede pretender una persona que Dios le perdone sus maldades si ella no quiere perdonar a los que le han ofendido?"
Eudoxia se unió con un terrible enemigo que tenía Crisóstomo, y era Teófilo de Alejandría. Este reunió un grupo de los que odiaban al santo y entre todos lo acusaron de un montón de cosas. Por ej. Que había gastado los bienes de la Iglesia en repartir ayudas a los pobres. Que prefería comer solo en vez de ir a los banquetes. Que a los sacerdotes que no se portaban debidamente los amenazaba con el grave peligro que tenían de condenarse, y que había dicho que la emperatriz, por las maldades que cometía, se parecía a la pérfida reina Jetzabel que quiso matar al profeta Elías, etc., etc.
Al oír estas acusaciones, el emperador, atizado por su esposa Eudoxia, decretó que Juan quedaba condenado al destierro. Al saber tal noticia, un inmenso gentío se reunió en la catedral, y Juan Crisóstomo renunció uno de sus más hermosos sermones. Decía: "¿Qué me destierran? ¿A qué sitio me podrán enviar que no esté mi Dios allí cuidando de mí? ¿Qué me quitan mis bienes? ¿Qué me pueden quitar si ya los he repartido todos? ¿Qué me matarán? Así me vuelvo más semejante a mi Maestro Jesús, y como El, daré mi vida por mis ovejas..."
Ocultamente fue enviado al destierro, pero sobrevino un terremoto en Constantinopla y llenos de terror los gobernantes le rogaron que volviera otra vez a la ciudad, y un inmenso gentío salió a recibirlo en medio de grandes aclamaciones.
Eudoxia, Teófilo y los demás enemigos no se dieron por vencidos. Inventaron nuevas acusaciones contra Juan, y aunque el Papa de Roma y muchos obispos más lo defendían, le enviaron desterrado al Mar Negro. El anciano arzobispo fue tratado brutalmente por algunos de los militares que lo llevaban prisionero, los cuales le hacían caminar kilómetros y kilómetros cada día, con un sol ardiente, lo cual lo debilitó muchísimo. El trece de septiembre, después de caminar diez kilómetros bajo un sol abrasador, se sintió muy agotado. Se durmió y vio en sueños que San Basilisco, un famoso obispo muerto hacía algunos años, se le aparecía y le decía: "Animo, Juan, mañana estaremos juntos". Se hizo aplicarlos últimos sacramentos; se revistió de los ornamentos de arzobispo y al día siguiente diciendo estas palabras: "Sea dada gloria a Dios por todo", quedó muerto. Era el 14 de septiembre del año 404.
Eudoxia murió unos días antes que él, en medio de terribles dolores.
Al año siguiente el cadáver del santo fue llevado solemnemente a Constantinopla y todo el pueblo, precedido por las más altas autoridades, salió a recibirlo cantando y rezando.
El Papa San Pío X nombró a San Juan Crisóstomo como Patrono de todos los predicadores católicos del mundo.
Que Dios nos siga enviando muchos predicadores como él.
¿Si Dios está con nosotros, quién podrá contra nosotros? (San Pablo Rom.8).
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Marcelino de Cartago, Santo Martír Laico, Septiembre 13
Mártir Laico Martirologio Romano: En Cartago, en África, san Marcelino,
mártir, que siendo alto funcionario imperial muy
relacionado con los santos Agustín y Jerónimo, se le
acusó de ser partidario del usurpador Heraclión y, aún
siendo inocente, por defender la fe católica fue
asesinado por los herejes donatistas (413).
El martirio de Marcelino, alto funcionario
imperial y amigo de san Agustín, está unido al cisma
donatista que destrozó durante un siglo la Iglesia
africana. |
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Ketevan de Georgia Mártir, 13 de spetiembre
Máritr
Cuando alguien habla la verdad, dígala
quien la diga, se puede pensar que viene de lo alto. |
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Eulogio, Santo Patriarca de Alejandría, 13 de septiembre
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Patriarca de Alejandría
Etimológicamente significa “bien tratado”.
Viene de la lengua hebrea. |
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J†A
JMJ
Pax
¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos esta parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al
amanecer,
salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar
con ellos en
pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez
a media
mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:
"Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo".
Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo. Por
último, salió
también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en
la plaza y les
dijo:
"¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?"
Ellos le respondieron:
"Porque nadie nos ha contratado".
El les dijo:
"Vayan también ustedes a mi viña".
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:
"Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por
los últimos
hasta que llegues a los primeros".
Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y
recibieron un
denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que
recibirían más; pero
también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo,
comenzaron a
reclamarle al propietario, diciéndole:
"Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin
embargo, les
pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y
del
calor".
Pero él respondió a uno de ellos:
"Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en
que te
pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle
al que llegó al
último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que
yo quiero? ¿O
vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?"
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros,
los
últimos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios.
Oremos:
Dios nuestro, que en el amor a ti y a nuestro prójimo has
querido resumir toda
tu ley, concédenos descubrirte y amarte en nuestros hermanos
para que podamos
alcanzar la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes
Lectura del libro de Isaías 55, 6-9
Busquen al Señor
mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su
camino y el criminal
sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a
nuestro Dios, que es
rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus
caminos no son mis
caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a
la tierra, así
aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a
sus pensamientos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 144
Bendeciré al Señor eternamente.
Un día
tras otro bendeciré tu nombre y
no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el
Señor, por ser su
grandeza incalculable.
Bendeciré al Señor eternamente.
El Señor
es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el
Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus criaturas.
Bendeciré al Señor eternamente.
Siempre es
justo el Señor en sus
designios y están llenas de amor todas sus obras. No esta
lejos de aquellos que
lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
Bendeciré al Señor eternamente.
Para mí, la vida es Cristo y la muerte, una ganancia
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20-24.27
Hermanos:
Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte Cristo será
glorificado en mí. Porque
para mí, la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Pero si
el continuar
viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto,
no sabría yo qué
elegir.
Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte el deseo de morir y
estar con
Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de
permanecer en vida,
porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a
ustedes toca,
lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones para que comprendamos las
palabras de tu Hijo.
Aleluya.
¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos esta
parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al
amanecer,
salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar
con ellos en
pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra
vez a media
mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:
"Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea
justo".
Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo.
Por último, salió
también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban
en la plaza y les
dijo:
"¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?"
Ellos le respondieron:
"Porque nadie nos ha contratado".
El les dijo:
"Vayan también ustedes a mi viña".
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:
"Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por
los últimos
hasta que llegues a los primeros".
Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y
recibieron un
denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que
recibirían más; pero
también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo,
comenzaron a
reclamarle al propietario, diciéndole:
"Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin
embargo, les
pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día
y del
calor".
Pero él respondió a uno de ellos:
"Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos
en que te
pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero
darle al que llegó al
último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo
que yo quiero? ¿O
vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?"
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los
primeros, los
últimos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, por todos los seres humanos y por
sus necesidades,
para que nunca falte a nadie la ayuda de nuestro amor:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Por el santo Padre, el
Papa, por nuestros obispos,
presbíteros y diáconos; para que cuiden santamente el pueblo
que tienen
encomendado, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los gobernantes, por
los responsables del bien
común y por los que tienen en sus manos las riquezas del
mundo; para que
fomenten la justicia, el bienestar, la paz y la libertad,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por los que padecen
hambre y otras necesidades, por
los que están enfermos o se sienten oprimidos, por los que
añoran la patria o
viven lejos de sus familias y de sus hogares; para que
experimenten el consuelo
y la fortaleza de Dios, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios nos
conceda el gozo del Espíritu, el
perdón de los pecados, la perseverancia en la fe y en las
buenas obras y la
salvación eterna de nuestras almas, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Padre justo y Dios lleno de bondad, que das a los primeros lo
mismo que a los
últimos, escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos
que, como el cielo
aventaja a la tierra, así tus caminos aventajan a los
nuestros; y que es un
gran honor haber sido llamados, desde el amanecer, a trabajar
en tu viña.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, las ofrendas de tu pueblo, para que alcance en el sacramento eucarístico los bienes en que ha creído por la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso, que no sólo
nos enviaste como
redentor a tu propio Hijo, sino que lo quisiste en todo
semejante a nosotros,
menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que en
él amabas. Con su
obediencia has restaurado aquellos dones que por nuestra
desobediencia habíamos
perdido.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los
ángeles y los santos
diciendo:
Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ¡ojalá esté firme mi camino para cumplir tus preceptos!
Oremos:
Que tu auxilio, Señor, nos acompañe siempre a los que
alimentas con tus
sacramentos, para que por ellos y en nuestra propia vida
recibamos los frutos
de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo
quinto Domingo
ciclo a
LA VIÑA DEL SEÑOR
— Los planes de Dios. El honor de trabajar en su viña.
— En la viña del Señor hay lugar y trabajo para todos.
— Sentido positivo de las circunstancias que rodean nuestra vida. Ahí y no en otro lugar quiere el Señor que nos santifiquemos y llevemos a cabo un fecundo apostolado.
I. En la vida de las personas se dan momentos particulares en los que Dios concede especiales gracias para encontrarle. La inminencia de la vuelta del destierro del pueblo elegido supone uno de esos momentos privilegiados de cercanía del Señor.
Muchos hebreos se contentaban con volver a ver la ciudad santa, Jerusalén. En esto estaba su esperanza y su alegría. Pero Dios exige más, pide el abandono del pecado, la conversión del corazón. Por eso pregona por boca del Profeta Isaías, según leemos en la Primera lectura de la Misa1: Mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos... Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes más altos que vuestros planes. ¡Tantas veces nos quedamos cortos ante las maravillas que Dios nos tiene preparadas! ¡En tantos momentos nuestros planteamientos se quedan pequeños!
En los textos de la liturgia de la Misa de este domingo, la Iglesia nos recuerda el misterio de la sabiduría de Dios, siempre unido a unos deseos redentores: Yo soy la salvación del Pueblo, dice el Señor: si me invocan en la tribulación, los escucharé y seré siempre su Señor2. Y en el Evangelio3, el Señor quiere que consideremos cómo esos planes redentores están íntimamente relacionados con el trabajo en su viña, cualesquiera que sean la edad o las circunstancias en que Dios se ha acercado y nos ha llamado para que le sigamos. El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Ajustó con ellos el jornal en un denario y los envió a trabajar. Pero hacían falta brazos, y el amo salió en otras ocasiones, desde la primera hora de la mañana hasta el atardecer, a buscar más jornaleros. Al final, todos recibieron la misma paga: un denario. Entonces, los que habían trabajado más tiempo protestaron al ver que los últimos llamados recibían la misma paga que ellos. Pero el propietario les respondió: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?... Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con mis asuntos?
No quiere el Señor darnos aquí una enseñanza de moral salarial o profesional. Nos dice que en el mundo de la gracia todo, incluso lo que parece que se nos debe como justicia por las obras buenas realizadas, es un puro don. El que fue llamado al alba, en los comienzos de su vida, a seguir más de cerca a Cristo, no puede presumir de tener mayores derechos que el que lo ha sido en la edad madura, o quizá a última hora de su vida, en el crepúsculo. Y estos últimos no deben desalentarse pensando que quizá es demasiado tarde. Para todos el jornal se debe a la misericordia divina, y es siempre inmenso y desproporcionado por lo que aquí hayamos trabajado para el Señor. La grandeza de sus planes está siempre por encima de nuestros juicios humanos, de no mucho alcance.
Nosotros, llamados a la viña del Señor a distintas horas, solo tenemos motivos de agradecimiento. La llamada, en sí misma, ya es un honor. “Ninguno hay –afirma San Bernardo–, a poco que reflexione, que no halle en sí mismo poderosos motivos que le obliguen a mostrarse agradecido a Dios. Y nosotros especialmente, porque nos escogió para sí y nos guardó para servirle a Él solo”4.
II. Id también vosotros a mi viña.
Entre los males que aquejan a la humanidad, hay uno que sobresale por encima de todos: son pocas las personas que de verdad, con intimidad y trato personal, conocen a Cristo; muchos quizá mueran sin saber apenas que Cristo vive y que trae la salvación a todos. En buena parte dependerá de nuestro empeño el que muchos lo busquen y lo encuentren: “tanto es el trabajo que a todos espera en la viña del Señor. El “dueño de la casa” repite con más fuerza su invitación: Id vosotros también a mi viña”5. ¿Podremos permanecer indiferentes ante tantos que no conocen a Cristo? “Examine cada uno lo que hace –exhorta San Gregorio Magno–, y vea si trabaja ya en la viña del sembrador. Porque el que en esta vida procura el propio interés no ha entrado todavía en la viña del Señor. Pues para Él trabajan (...) los que se desvelan por ganar almas y se dan prisa por llevar a otros a la viña”6.
En el campo del Señor hay lugar y trabajo para todos: jóvenes y viejos, ricos y pobres, para hombres y mujeres que se encuentran en la plenitud de la vida y para quienes ya ven acercarse su atardecer, para los que parecen disponer de mucho tiempo libre y para los que han de hacer grandes esfuerzos y sacrificios por estar cada día con la familia... Incluso los niños, afirma el Concilio Vaticano II, “tienen su propia capacidad apostólica”7, y ¡qué fecundidad la de su apostolado en tantas ocasiones! Y los enfermos, ¡cuánto bien pueden hacer! “Por consiguiente, se impone a todos los cristianos la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra”8.
Nadie que pase junto a nosotros en la vida deberá decir que no se sintió alentado por nuestro ejemplo y por nuestra palabra a amar más a Cristo. Ninguno de nuestros amigos, ninguno de nuestros familiares debería decir al final de sus vidas que nadie se ocupó de ellos.
III. El Papa Juan Pablo II, comentando esta parábola9, invitaba a mirar cara a cara este mundo nuestro con sus inquietudes y esperanzas: un mundo –añadía el Pontífice– cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades más graves que las que describía el Concilio Vaticano II en uno de sus documentos10. “De todas formas –comentaba el Papa–, es esta la viña, y es este el campo en que los fieles laicos están llamados a vivir su misión. Jesús les quiere, como a todos sus discípulos, sal de la tierra y luz del mundo (Cfr. Mt 5, 13-14)”.
No son gratas al Señor las quejas estériles, que suponen falta de fe, ni siquiera un sentido negativo y pesimista de lo que nos rodea, sean cuales fueran las circunstancias en las que se desarrolle nuestra vida. Es esta la viña, y es este el campo donde el Señor quiere que estemos, metidos en medio de esta sociedad, con sus valores y sus deficiencias. Es en la propia familia –esta y no otra– en la que nos hemos de santificar y la que hemos de llevar a Dios, en el trabajo que cada día nos espera, en la Universidad o en el Instituto... Esa es la viña del Señor donde Él quiere que trabajemos, sin falsas excusas, sin añoranzas, sin agrandar las dificultades, sin esperar oportunidades mejores. Para realizar ese apostolado tenemos las gracias necesarias. Y en esto se fundamenta todo nuestro optimismo. “Dios me llama y me envía como obrero a su viña; me llama y me envía a trabajar para el advenimiento de su Reino en la historia. Esta vocación y misión personal define la dignidad y la responsabilidad de cada fiel laico y constituye el punto de apoyo de toda la obra formativa (...). En efecto, Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que a sus ovejas las llama a cada una por su nombre (Jn 10, 3). Pero el eterno plan de Dios se nos revela a cada uno solo a través del desarrollo histórico de nuestra vida y de sus acontecimientos, y, por tanto, solo gradualmente: en cierto sentido, de día en día”11. En cada jornada somos llamados por Dios para llevar a cabo sus planes de redención; en cada situación recibimos ayudas sobrenaturales eficaces para que las circunstancias que nos rodean nos sirvan de motivo para amar más a Dios y para realizar un apostolado fecundo.
San Pablo, en la Segunda lectura de la Misa12, escribe a los cristianos de Filipo: Me encuentro en esta alternativa: por un lado deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. ¡Tanta era su esperanza en Cristo, tanto su amor a aquellos primeros cristianos que había llevado a la fe! Pablo escribe estando encarcelado y sufriendo a causa de quienes, por rivalidad, quieren entorpecer su obra. Sin embargo, esto no le quita la paz y la serenidad, y no deja de seguir trabajando en la viña del Señor con los medios de que dispone. Rechacemos el pesimismo y la tristeza si alguna vez no obtenemos los resultados que esperábamos. “No admitas el desaliento en tu apostolado. No fracasaste, como tampoco Cristo fracasó en la Cruz. ¡Ánimo!... Continúa contra corriente, protegido por el Corazón Materno y Purísimo de la Señora: Sancta María, refugium nostrum et virtus!, eres mi refugio y mi fortaleza.
“Tranquilo. Sereno... Dios tiene muy pocos amigos en la tierra. No desees salir de este mundo. No rehúyas el peso de los días, aunque a veces se nos hagan muy largos”13.
1 Is 55, 6-9. — 2 Antífona de entrada. — 3 Mt 20, 1-16. —4 San Bernardo, Sermón 2, para el Domingo VI después de Pentecostés, 1. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 3. — 6 San Gregorio Magno, Homilías sobre el Evangelio, 19, 2. — 7 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositaten, 12. — 8 Ibídem, 3. — 9 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit., 3. — 10 Cfr. Conc. Vat. II. Const. Gaudium et spes. — 11 Juan Pablo II, loc. cit., 58. — 12 Flp 1, 20-24; 27. — 13 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, Rialp. 2ª ed., Madrid 1981, XIII, n. 3.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Hoy se inicia la Novena a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

El 29 de septiembre laIglesia celebrará la Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, quienes aparecen en la Biblia con misiones importantes de Dios.
Por ello, aquí una novena en honor de estos tres amigos del cielo que tienen la tarea de defender al hombre en la lucha contra los planes del demonio.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
¡Señor mío,
Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad
infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la
penitencia que me
fuere impuesta.
Amén.
Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal.
Y tú, María, reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo para que obtengamos gracia, salvación y auxilio. Amén.
Oración a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael:
San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Te imploramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable, para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.
San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te imploramos, para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.
San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Te imploramos, hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre el camino del amor en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.
Ayudadnos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante de Dios. Protegednos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra envidia y desconfianza, contra nuestra suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados. Desligadnos de los lazos del pecado y de toda atadura al mundo.
Desatad la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.
Clavad en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor.
Buscad en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que se derramó por nosotros. Buscad en nosotros las lágrimas de vuestra Reina vertidas por nuestra causa. Buscad en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor.
Ayudadnos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo. Ayudadnos en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen solapadamente.
Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna. Amén.
(Se dicen las intenciones de la novena y se rezan tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Invocaciones finales
San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros. Amén.
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Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros, Santos Mártires Coreanos, Septiembre 20
Santos Martires Coreanos
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Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros, Santos |
21 de agosto de
1821 en Solmoe (Corea). Sus padres eran Ignacio Kim
Chejun y Ursula Ko. Era niño cuando la familia se
trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones.
Su padre murió mártir el 26 de septiembre de 1839.
También su bisabuelo Pío Kim Chunhu había muerto
mártir en el año 1814, después de diez años de
prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre
Maubant lo invitó a ingresar al seminario.
Fue enviado al seminario de
Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con
el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron
rechazados.
Se ordenó diácono en China en el
año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por
su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni
siquiera vio a su madre quien, pobre y sola, tenía que
mendigar la comida. En una pequeña embarcación de
madera guió, a los misioneros franceses hasta Shangai,
a la que arribaron soportanto peligrosas tormentas.
En Shangai recibió la ordenación
sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de
agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote
coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el
regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy.
Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año,
arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.
El 5 de junio de 1846 fue
arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los
pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros
franceses que estaban en China. Inmediatamente fue
enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos
de ministros no lo querían condenar por sus vastos
conocimientos y dominar varios idiomas. Otros
ministros insistieron en que se le aplicara la pena de
muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado
en Saenamt´õ el 16 de septiembre de 1846, a la edad de
veintiséis años.
Antes de morir
dijo: ¡Ahora comienza la eternidad!
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Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros, Santos |
y con serenidad
y valentía se acercó al martirio.
Pablo Chong Ha-Sang nació
en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una
noble familia tradicional. Después del martirio de su
padre, Agustín Chong Yakjong, y de su hermano mayor
Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió
mucho. Pablo tenía siete años. Su madre, Cecilia Yu
So-sa, vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban
en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su
devota madre.
A los veinte años dejó su
familia para reorganizar la iglesia católica en Seúl y
pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a
Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se
le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea.
Él y sus compañeros escribieron al papa para que
enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de
los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se
estableció el vicariato apostólico de Corea y se
nombró su primer obispo encargando a la Sociedad de
las Misiones Extranjeras de París la evangelización de
Corea.
Pablo introdujo al obispo Ímbert
en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su
ministerio. Monseñor Ímbert pensó que Pablo podía ser
sacerdote y comenzó a enseñarle teología... Mientras
tanto brotó una nueva persecución. El obispo pudo
escapar a Suwon. Pablo, su mamá y su hermana Isabel
fueron arrestados en el año 1839.
Aguantó las torturas hasta que
fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de
septiembre. Poco después también su madre y su hermana
sufrieron el martirio.
Los dos forman parte de 103
mártires canonizados por S.S. Juan Pablo II el 6 de
mayo de 1984, en Seúl, Corea.
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San Pedro de Arbués
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San Pedro de Arbués, nació en Aragón (España) en 1441.
Como tenía muy especiales cualidades intelectuales, sus padres lo enviaron a estudiar a la famosa Universidad de Bolonia, donde impresionó a superiores y compañeros, por la exquisita amabilidad de su trato y el rendimiento excepcional en los estudios.
Habiéndose graduado de doctor en ambos derechos, volvió a España y allá fue nombrado Canónigo o monseñor de la Catedral de Zaragoza.
Fue encargado luego de defender la religión católica contra los herejes que querían enseñar doctrinas falsas. Estos trataron de sobornarlo ofreciéndole grandes cantidades de dinero si dejaba de oponérseles. Como no lo lograron, dispusieron matarlo. Varias veces se salvó milagrosamente de criminales atentados.
A quienes le aconsejaban que se consiguiera guardaespaldas, les respondía: "¿Para qué? Si muero asesinado, muero por defender la fe católica. ¿Qué mayor honor puedo esperar?"
Varios herejes se juntaron con los judíos más anticatólicos de Zaragoza y se propusieron atacar al santo cuando fuera a la catedral a orar. Sabían que cada noche entraba al templo y se arrodillaba por bastante tiempo a rezar.
Y el 14 de septiembre de 1485, estando él de rodillas orando devotamente, salieron los asesinos que se habían escondido en la oscura catedral y lo asesinaron.
Sus últimas palabras fueron: "Muero por Jesucristo. Alabado sea su santo nombre". El pueblo que conocía la gran amabilidad y la santidad de vida de este sacerdote reaccionó violentamente, y si no hubiera sido porque el Señor Arzobispo salió a las calles a defender a los herejes, esa misma noche los habrían linchado a todos en la ciudad.
El autor intelectual del crimen se suicidó en la prisión. Los autores materiales fueron sentenciados a muerte.
Inmensa muchedumbre acompañó al santo mártir en su funeral, y después en su sepulcro se consiguieron muchos favores de Dios muy admirables.
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Eustaquio, Santo Biografía, 20 de septiembre
Septiembre 20
Etimológicamente significa “cargado de
bellas espigas”. Viene de la lengua griega. |
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Paloma, Santa Mártir, 19 de septiembre
Mártir
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Eusebia, Beata Máritr, 20 de septiembre
Mártir
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Fuente: Mercaba.org
Francisco
de Posadas, Beato
Sacerdote, 20 de septiembre
PresbíteroMartirologio
Romano: En Córdoba, en España, beato
Francisco de Posadas, presbítero de la Orden de
Predicadores, que durante cuarenta años predicó a
Cristo en su región, sobresaliendo por su humildad y
caridad (1713).
Del padre
Posadas se ha dicho que tenía la pobreza de San
Francisco de Asís, la austeridad y poder taumatúrgico
de San Francisco de Paula, la dulzura y sabiduría de
San Francisco de Sales, el celo por la fe de San
Francisco de Regis, la obediencia y temple de San
Francisco Javier. |
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Fuente: Enciclopedia
Católica | ACI Prensa
Agapito I, Santo LVII Papa, Septiembre 20
LVII PapaReinó del 535-536.
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Fuente: Vatican.va
María
Teresa de San José, Beata
Fundadora, 20 de septiembre
Virgen, Fundadora de las
|
J†A
JMJ
Pax
Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
"¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al
primero y
le ordenó:
"Hijo, ve a trabajar hoy en la viña''.
Él le contestó:
"Ya voy, señor", pero no fue. El padre se dirigió al segundo y
le
dijo lo mismo. Éste le respondió:
"No quiero ir", pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo
la
voluntad del padre?"
Ellos le respondieron:
"El segundo".
Entonces Jesús les dijo:
"Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han
adelantado
en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan,
predicó el camino
de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las
prostitutas,
sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se
han arrepentido
ni han creído en él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra Ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero, haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia.
Oremos:
Dios nuestro, que con tu perdón y tu misericordia nos das la
prueba más
delicada de tu omnipotencia, apiádate de nosotros, pecadores,
para que no
desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Cuando el pecador se arrepiente, salva su vida
Lectura del libro del profeta Ezequiel 18, 25-28
Esto dice el Señor:
"Si ustedes comentan: "No es justo el proceder del Señor",
escucha, casa de Israel: ¿Conque es injusto mi proceder? ¿No
es más bien el
proceder de ustedes el injusto? Cuando el justo se aparta de
su justicia,
comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió. Y
cuando el pecador
se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la
justicia, él mismo
salva su vida. Si recapacita y se aparta de los delitos
cometidos, ciertamente
vivirá y no morirá".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 24
Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Descúbrenos,
Señor, tus caminos, guíanos
con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador
y tenemos en Ti
nuestra esperanza.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Acuérdate,
Señor, que son eternos tu
amor y tu ternura. Según ese amor y esa ternura, acuérdate de
nosotros.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Porque el
Señor es recto y bondadoso
indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a
los humildes y
descubre a los pobres sus caminos.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús
Lectura
de la carta del apóstol san
Pablo a los Filipenses 2, 1-11
Hermanos:
Si alguna fuerza tiene
una advertencia de Cristo, si
de algo sirve una exhortación nacida del amor, si nos une el
mismo Espíritu y
si ustedes me profesan un afecto entrañable, llénenme de
alegría teniendo todos
una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas
aspiraciones y una sola
alma. Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción;
antes bien, por
humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí
mismo y no busque
su propio interés, sino el del prójimo. Tengan los mismos
sentimientos que tuvo
Cristo Jesús.
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las
prerrogativas de su
condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí
mismo, tomando la
condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así,
hecho uno de
ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso
la muerte, y una
muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y
le otorgó el
nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús
todos doblen la
rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos
reconozcan públicamente
que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; Yo las conozco y
ellas me siguen.
Aleluya.
Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a los sumos sacerdotes y a
los ancianos del pueblo:
"¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver
al primero y
le ordenó:
"Hijo, ve a trabajar hoy en la viña''.
Él le contestó:
"Ya voy, señor", pero no fue. El padre se dirigió al segundo y
le
dijo lo mismo. Éste le respondió:
"No quiero ir", pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos
hizo la
voluntad del padre?"
Ellos le respondieron:
"El segundo".
Entonces Jesús les dijo:
"Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les
han adelantado
en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan,
predicó el camino
de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y
las prostitutas,
sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto,
se han arrepentido
ni han creído en él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos, por todos los humanos y por todas sus
necesidades, para que a
nadie falte nunca la ayuda de nuestra caridad:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
vivifique su Iglesia, le conceda
santos y numerosos ministros que iluminen y santifiquen a los
fieles, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda a
los gobernantes el deseo de
ser justos e infunda en los responsables de los pueblos el
sentido de la unidad
de la familia humana, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los que buscan
a Dios sinceramente encuentren
la verdad que desean y, habiéndola encontrado, descansen
contemplándola,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
perdone nuestras culpas, no permita
que recaigamos en el pecado y nos libre de una muerte
imprevista, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, siempre dispuesto a acoger a los publicanos y
pecadores que se
convierten y se proponen actuar con justicia y con bondad;
escucha las
oraciones de tu pueblo y danos un sincero espíritu de
penitencia, para que,
teniendo los sentimientos propios de Cristo, podamos alcanzar
la paz y el
perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Padre misericordioso, nuestros dones y conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, fuente de toda bendición para tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque quisiste reunir de nuevo, por la sangre de tu Hijo y la
acción del
Espíritu Santo, a los hijos dispersos por el pecado; de este
modo tu Iglesia,
unificada por virtud y a imagen de la Trinidad, aparece ante
el mundo como
cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, para alabanza de tu
sabiduría infinita.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de
alegría:
Recuerda, Señor, la promesa que le hiciste a tu fiel; en ella he puesto toda mi esperanza y ha sido ella mi consuelo en la aflicción.
Oremos:
Que esta Eucaristía, Señor, renueve nuestro cuerpo y nuestro
espíritu para que
participemos de la herencia gloriosa de tu Hijo, cuya muerte
hemos anunciado y
compartido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo
sexto Domingo
ciclo a
LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA
— Parábola de los dos hijos enviados a la viña. La obediencia nace del amor.
— El ejemplo de Cristo. Obediencia y libertad.
— Deseos de imitar a Jesús.
I. ¿Qué os parece? comenzó Jesús dirigiéndose a los que le rodeaban. Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Pero él le contestó: No quiero. Sin embargo se arrepintió después y fue. Lo mismo dijo al segundo. Y este respondió: Voy, señor; pero no fue. Preguntó Jesús cuál de los dos hizo la voluntad del padre. Y todos contestaron: el primero, el que de hecho fue a trabajar a la viña. Y Jesús prosiguió: En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os van a preceder en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron1.
El Bautista había señalado el camino de la salvación, y los escribas y fariseos, que se ufanaban de ser fieles cumplidores de la voluntad divina, no le hicieron caso. Estaban representados por el hijo que dice “voy”, pero de hecho no va. En teoría eran los cumplidores de la Ley, pero a la hora de la verdad, cuando llega a sus oídos la voluntad de Dios por boca de Juan, no la cumplen, no supieron ser dóciles al querer divino. En cambio, muchos publicanos y pecadores atendieron su llamada a la penitencia y se arrepintieron: están representados en la parábola por el hijo que al principio dijo “no voy”, pero en realidad fue a trabajar a la viña. Obedeció, agradó a su padre con las obras.
El mismo Señor nos dio ejemplo de cómo hemos de llevar a cabo ese querer divino, que se nos manifiesta de formas tan diversas, “pues en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los Cielos, nos reveló su misterio y efectuó la redención con la obediencia”2. San Pablo, en la Segunda lectura de la Misa3, nos pone de manifiesto el amor de Jesucristo a esta virtud: siendo Dios, se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. En aquellos tiempos la muerte de cruz era la más infamante, pues estaba reservada a los peores criminales. De ahí que la expresión máxima de su amor a los planes salvíficos del Padre consistió en obedecer hasta la muerte y muerte de cruz.
Cristo obedece por amor; ese es el sentido de la obediencia cristiana: la que se debe a Dios, la que debemos prestar a la Iglesia, a los padres, a los superiores, la que de un modo u otro rige la vida profesional y social. Dios no quiere servidores de mala gana, sino hijos que quieran cumplir su voluntad con alegría, que obedezcan. Cuenta Santa Teresa que, estando un día considerando la gran penitencia que llevaba a cabo una buena mujer conocida suya, le entró una santa envidia pensando que ella también la podría hacer, si no fuera por el mandato expreso que había recibido de su confesor. De tal manera quería emular a aquella mujer penitente que pensó si sería mejor no obedecer en este consejo al confesor. Entonces, le dijo Jesús: “Eso no, hija; buen camino llevas y seguro. ¿Ves toda la penitencia que hace?; en más tengo tu obediencia”4.
II. La obediencia de Jesús –como nos enseña San Pablo– no consistió simplemente en dejarse someter a la voluntad del Padre, sino que fue Él mismo quien se hizo obediente: su obediencia activa asumió como propios los designios del Padre y los medios para alcanzar la salvación del género humano.
Una de las señales más claras de andar en el buen camino, el de la humildad, es el deseo de obedecer5, “mientras que la soberbia nos inclina a hacer la propia voluntad y a buscar lo que nos ensalza, y a no querer dejarnos dirigir por los demás, sino dirigirlos a ellos. La obediencia es lo contrario de la soberbia. Mas el Unigénito del Padre, venido del Cielo para salvarnos y sanarnos de la soberbia, se hizo obediente hasta la muerte en la cruz”6. Él nos ha enseñado por dónde hemos de dirigir nuestros pasos: lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero, recitan hoy los sacerdotes en la Liturgia de las Horas7.
La obediencia nace de la libertad y conduce a una mayor libertad. Cuando el hombre entrega su voluntad en la obediencia conserva la libertad en la determinación radical y firme de escoger lo bueno y lo verdadero. Quien elige una autopista para llegar antes y con más seguridad a su destino, no se siente coaccionado por los límites y las indicaciones que encuentra; la cuerda que liga al alpinista con sus compañeros de escalada no es atadura que le perturbe –aunque le tenga firmemente sujeto–, sino vínculo que le da seguridad y le evita caer al abismo; los ligamentos que unen las diversas partes del cuerpo no son ataduras que impiden los movimientos, sino garantía de que estos se realicen con soltura y firmeza. El amor es lo que hace que la obediencia sea plenamente libre. ¿Cómo pensar que Cristo –que tanto amó y nos inculcó esta virtud– no lo fuera? “Para quien quiere seguir a Cristo, la ley no es pesada. Solo se convierte en una carga si no se acierta a ver en ella la llamada de Jesús o no se tienen ganas de seguir esa llamada. Por lo tanto, si la ley resulta a veces pesada, puede ser que haya que mejorar no tanto la ley como nuestro empeño por seguir a Cristo.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Jn 14, 15). Por esto es por lo que quiero obedecerte a Ti y obedecer a tu Iglesia, Señor; no principalmente porque yo vea la racionalidad de lo que se manda (aunque esa racionalidad es tantas veces evidente), sino –principalmente– porque quiero amarte, y demostrarte mi amor. Y también porque estoy convencido de que tus mandamientos proceden del amor y me hacen libre. Corro por los caminos de tus mandamientos, pues Tú dilatas mi corazón... Andaré por camino espacioso, porque busco tus preceptos (Sal 119, 32-45)”8.
III. Mejor es la obediencia que las víctimas9, leemos en la Sagrada Escritura. “Y con razón –comenta San Gregorio Magno– se antepone la obediencia a las víctimas, porque mediante las víctimas se inmola la carne ajena, y en cambio por la obediencia se inmola la propia voluntad”10, lo más difícil de entregar, porque es lo más íntimo y propio que poseemos. Por eso es tan grata al Señor, y de ahí el empeño de Jesús, a quien los vientos y el mar le obedecen11, por enseñarnos con su palabra y con su vida que el camino del bien, de la paz del alma y de todo progreso interior pasa por el ejercicio de esta virtud. Ya en el Antiguo Testamento estaba escrito: Vir obediens loquetur victoriam12, el que obedece alcanza la victoria, “el que obedece, vence”, obtiene la gracia y la luz necesaria, pues recibe el Espíritu Santo, que Dios otorga a los que obedecen13. “¡Oh virtud de obedecer, que todo lo puedes!”14, exclamaba Santa Teresa. Por ser tantos los bienes que se derivan del ejercicio de esta virtud y el camino que lleva más derechamente a la santidad, el demonio tratará de interponer muchas falsas razones y excusas para no obedecer15.
Con todo, la necesidad de obedecer no proviene solo de los bienes tan grandes que reporta al alma, ni de una eficacia organizativa..., sino de su íntima unión con la Redención: es parte esencial del misterio de la Cruz16. Por tanto, el que pretendiera poner límites a la obediencia querida por Dios, limitaría a la vez su unión con Cristo y difícilmente podría identificarse con Él, fin de toda la vida cristiana, porque habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, el cual, teniendo la naturaleza de Dios..., no obstante se anonadó a Sí mismo tomando forma de siervo17.
El deseo de imitar a Cristo nos ha de llevar a preguntarnos frecuentemente: ¿hago en este momento lo que Dios quiere, o me dejo llevar por el capricho, la vanidad, el estado de ánimo? ¿Sé oír la voz del Señor en los consejos de la dirección espiritual? ¿Es mi obediencia sobrenatural, interna, pronta, alegre, humilde y discreta?18.
Pidamos a Nuestra Señora un gran deseo de identificarnos con Cristo mediante la obediencia, aunque alguna vez nos cueste. “Obedece sin tantas cavilaciones inútiles... Mostrar tristeza o desgana ante el mandato es falta muy considerable. Pero sentirla nada más, no solo no es culpa, sino que puede ser la ocasión de un vencimiento grande, de coronar un acto de virtud heroico.
“No me lo invento yo. ¿Te acuerdas? Narra el Evangelio que un padre de familia hizo el mismo encargo a sus dos hijos... Y Jesús se goza en el que, a pesar de haber puesto dificultades, ¡cumple!; se goza, porque la disciplina es fruto del Amor”19.
1 Mt 21, 28-32. — 2 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 3 Flp 2, 1-11. — 4 Santa Teresa, Cuentas de conciencia, 20. — 5 Santo Tomás, Comentario a la Epístola a los Filipenses, 2, 8. — 6 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. II, p. 683. — 7 Liturgia de las Horas, I Vísperas. Sal 119, 105. — 8 C. Burke, Autoridad y libertad en la Iglesia, p. 75. — 9 1 Sam 15, 22. — 10 San Gregorio Magno, Moralia, 14. — 11 Mt 8, 27. — 12 Prov 21, 28. —13 Hech 5, 32. — 14 Santa Teresa, Vida, 18, 7. — 15 Ídem, Fundaciones, 5, 10. — 16 Cfr. Santo Tomás, Comentario a la Epístola a los Romanos, V, 8, 5. — 17 Flp 2, 5-7. — 18 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, qq. 104 y 105; q. 108, aa. 5 y 8. — 19 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 378.
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Película:

http://gloria.tv/?media=123188
MONSIEUR VINCENT-PELICULA DE SAN VICENTE DE PAUL-subt.español
The incorrupt body of St. Vincent de Paul.
DICHOS DE SANTOS-SAN VICENTE DE PAUL
El Señor
Dios que es tan bueno, siga
enviando al mundo muchos
Vicentes como este, para bien de todos los necesitados.
Dichoso el que se compadece del pobre.
Dios lo bendecirá (Salmo 41).
Vicente significa: "Vencedor,
victorioso".
Nació San Vicente en el pueblecito de
Pouy en Francia, en 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando
a sus padres
en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente
generoso en
ayudar a los pobres.
Los papás lo enviaron a estudiar con los
padres franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse, y a
los 20 años, en
1600 fue ordenado de sacerdote.
Dice el santo que al principio de su
sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera
brillante, pero
Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes.
1º. El Cautiverio. Viajando por el mar,
cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como
esclavo a
Túnez donde estuvo los años 1605, 1606 y 1607 en continuos
sufrimientos.
2º. Logró huir del cautiverio y llegar a
Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se
le perdieron 400
monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo
acusándolo de
ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y
solamente
respondía: "Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero". A
los
seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la
verdad. San Vicente
al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: "Es
muy
provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que
tome nuestra defensa".
3º. La tercera prueba fue una terrible
tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara
de esa tentación
a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue
para su alma
"la noche oscura". A los 30 años escribe a su madre contándole
que
amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su
vida retirado
en una humilde ermita. Cae a los pies de un crucifijo, consagra
su vida
totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces
cuando empieza
su verdadera historia gloriosa.
Hace voto o juramento de dedicar toda su
vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará
sino en los
pobres. Se pone bajo la dirección espiritual del Padre Berule
(futuro cardenal)
sabio y santo, hace Retiros espirituales por bastantes días y se
lanza al
apostolado que lo va a volver famoso.
Dice el santo "Me di cuenta de que
yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que
con un modo de
ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las
almas. Y
entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio
de comportarme,
en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día
por
transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable". Y
en verdad
que lo consiguió de tal manera, que varios años después, el gran
orador
Bossuet, exclamará: "Oh Dios mío, si el Padre Vicente de Paúl es
tan
amable, ¿Cómo lo serás Tú?".
San Vicente contaba a sus discípulos:
"Tres veces hablé cuando estaba de mal genio y con ira, y las
tres veces
dije barbaridades". Por eso cuando le ofendían permanecía
siempre callado,
en silencio como Jesús en su santísima Pasión".
Se propuso leer los escritos del amable
San Francisco de Sales y estos le hicieron mucho bien y lo
volvieron manso y
humilde de corazón. Con este santo fueron muy buenos amigos.
Vicente se hace amigo del Ministro de la
marina de Francia, y este lo nombra capellán de los marineros y
de los
prisioneros que trabajan en los barcos. Y allí descubre algo que
no había
imaginado: la vida horrorosa de los galeotes. En ese tiempo para
que los barcos
lograran avanzar rápidamente les colocaban en la parte baja unos
grandes remos,
y allá en los subterráneos de la embarcación (lo cual se llama
galera) estaban
los pobres prisioneros obligados a mover aquellos pesados remos,
en un ambiente
sofocante, en medio de la hediondez y con hambre y sed, y
azotados
continuamente por los capataces, para que no dejaran de remar.
San Vicente se horrorizó al constatar
aquella situación tan horripilante y obtuvo del Ministro, Sr.
Gondi, que los
galeotes fueran tratados con mayor bondad y con menos crueldad.
Y hasta un día,
él mismo se puso a remar para reemplazar a un pobre prisionero
que estaba
rendido de cansancio y de debilidad. Con sus muchos regalos y
favores se fue
ganando la simpatía de aquellos pobres hombres.
El Ministro Gondi nombró al Padre Vicente
como capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas.
Y allí nuestro
santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban
totalmente la religión.
Que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque
callaban casi todo.
Y que no tenían quién les instruyera. Se consiguió un grupo de
sacerdotes
amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas
y el éxito fue
clamoroso. Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar
los sermones y
se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de
fundar su
Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y
ayudar a las gentes
más necesitadas. Son ahora 4,300 en 546 casas.
El santo fundaba en todas partes a donde
llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las
gentes más pobres.
Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba
unas religiosas
que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente
bien dotada de
cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac,
con ella fundó
a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad femenina
más numerosa que
existe en el mundo. Son ahora 33,000 en 3,300 casas y se dedican
por completo a
socorrer e instruir a las gentes más pobres y abandonadas, según
el espíritu de
su fundador.
San Vicente poseía una gran cualidad para
lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres.
Reunía a las
señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta
convicción acerca de la
necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas
daban cuanto
dinero encontraban a la mano. La reina (que se confesaba con él)
le dijo un
día: "No me queda más dinero para darle", y el santo le
respondió:
"¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las
orejas?", y ella le regaló también sus joyas, para los pobres.
Parece casi imposible que un solo hombre
haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos
sitios, y a tan
diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente
de Paúl. Había
hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y
lo fue
cumpliendo día por día con generosidad heroica. Fundó varios
hospitales y
asilos para huérfanos. Recogía grandes cantidades de dinero y lo
llevaba a los
que habían quedado en la miseria a causa de la guerra.
Se dio cuenta de que la causa principal
del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes
no estaban
bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer
a un pueblo es
dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se
preparaban al
sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran
sacerdotes,
los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los
deberes del
sacerdocio. Luego con los religiosos fundados por él, fue
organizando
seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de
manera que
llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos. Aún ahora los
Padres Vicentinos
se dedican en muchos países del mundo a preparar en los
seminarios a los que se
preparan para el sacerdocio.
San Vicente caminaba muy agachadito y un
día por la calle no vio a un hombre que venía en dirección
contraria y le dio
un cabezazo. El otro le dio un terrible bofetón. El santo se
arrodilló y le
pidió perdón por aquella su falta involuntaria. El agresor
averiguó quien era
ese sacerdote y al día siguiente por la mañana estuvo en la
capilla donde le
santo celebraba misa y le pidió perdón llorando, y en adelante
fue siempre su
gran amigo. Se ganó esta amistad con su humildad y paciencia.
Siempre vestía muy pobremente, y cuando
le querían tributar honores, exclamaba: "Yo soy un pobre
pastorcito de
ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo
siendo siempre un
campesino simplón y ordinario".
En sus últimos años su salud estaba muy
deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas
y numerosas
obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no
amaba a Dios.
Exclamaba: "No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario
hacer que mis
prójimos lo amen también".
El 27 de septiembre de 1660 pasó a la
eternidad a recibir el premio prometido por Dios a quienes se
dedican a amar y
hacer el bien a los demás. Tenía 80 años.
El Santo Padre León XIII proclamó a este
sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones
católicas de caridad.
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Fuente: Franciscanos.org
Elzeario
o Elzearo, Santo
Laico, 27 de septiembre
LaicoMartirologio
Romano: En París, en Francia, san Elzearo de
Sabran, conde de Arian, que viviendo la virginidad y
todas las virtudes con su esposa, la beata Delfina,
murió en la flor de la edad (1323).
Elzeario
de Sabrán y Delfina de Provenza, esposos, vivieron
virginalmente el matrimonio. Vistieron el hábito de
la Tercera Orden Franciscana, cuyo espíritu orientó
y conformó sus vidas. De condición noble y rica,
distribuían abundantes limosnas a los pobres, y se
dedicaban de continuo a la oración y a las obras
buenas. La Beata Delfina vivió 35 años en santa
viudez. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Lorenzo
de Ripafratta, Beato
Presbítero, 27 de septiembre
Presbítero DominicoMartirologio
Romano: En la ciudad de Pistoia, de la
región de la Toscana, en Italia, beato Lorenzo de
Ripafratta, presbítero de la Orden de Predicadores,
que vivió fielmente durante sesenta años la vida
regular con dedicación asidua a la pastoral
sacramental de la Penitencia (1456).
Los biógrafos
del Beato Lorenzo no consignan el lugar preciso de su
nacimiento, pero por su nombre se puede suponer que
fue en Ripafratta, en la región toscana de Italia,
cerca de Pisa (Italia). Se desconocen datos fidedignos
de su vida, anteriores a su incorporación a la orden
de predicadores en Pisa siendo diácono. |
___________________________________________________________________________________________
Terencio y Fidencio de Todi, Santos Mártires, 27 de septiembre
MártiresEstos mártires,
juntamente con otros compañeros salieron de Siria
hacia Roma. |
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J†A
JMJ
Pax
Alquilará el viñedo a otros viñadores
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del
pueblo esta
parábola:
"Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con
una
cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el
vigilante y luego lo
alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir
su parte de los
frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados,
golpearon a
uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a
otros criados,
en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último,
les mandó a su propio hijo, pensando:
"A mi hijo lo respetarán".
Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
"Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su
herencia".
Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con
esos
viñadores?"
Ellos le respondieron:
"Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a
otros
viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
Entonces Jesús agregó:
"¿No han leído nunca la Escritura que dice:
"La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra
angular.
Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?"
Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino
de Dios y se le
dará a un pueblo que produzca sus frutos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
27a. Dom Ord Ciclo A
Todo depende de tu voluntad, Señor, y nadie puede resistirse a ella. Tú has hecho los cielos y la tierra y las maravillas que contienen. Tú eres el Señor del universo.
Oremos:
Padre lleno de amor, que nos concedes siempre más de lo que
merecemos y
deseamos, perdona misericordiosamente nuestras ofensas y
otórganos aquellas
gracias que no hemos sabido pedirte y tú sabes que
necesitamos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La viña del Señor es la casa de Israel
Lectura del libro del profeta Isaías 5, 1-7
Voy a
cantar, en nombre de mi amado, una
canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera
fértil. Removió la
tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas;
edificó en medio una
torre y excavó un lagar. El esperaba que su viña diera buenas
uvas, pero la
viña dio uvas agrias.
Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les
ruego que sean
jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña,
que yo no lo
hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas,
las dio agrias?
Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña: le
quitaré su cerca y
será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La
convertiré en un
desierto, nadie la podará ni le quitará los cardos; crecerán
en ella los
abrojos y las espinas; mandaré a la nubes que no lluevan sobre
ella.
Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de
Israel, y los
hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba
de ellos que
obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades;
él esperaba justicia
y sólo se oyen reclamaciones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 79
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor, tú
trajiste de Egipto una vid;
arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió
sus sarmientos
hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor,
¿por qué has derribado su cerca,
de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla
los animales
salvajes, y las bestias del campo destrozarla?
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor,
Dios de los ejércitos, vuelve tus
ojos, mira tu viña y visítala; protege la planta sembrada por
tu mano, el
renuevo que tú mismo cultivaste.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Ya no nos
alejaremos de ti; consérvanos
la vida; alabaremos tu poder. Restablécenos, Señor, Dios de
los ejércitos;
míranos con bondad y estaremos a salvo.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9
Hermanos:
No se inquieten por nada; más
bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios, quien
sobrepasa toda
inteligencia, y él custodiará sus corazones y sus pensamientos
en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y
noble, cuanto hay
de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que
sea virtud y
merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y
recibido de mí, todo lo
que yo he dicho y me han visto hacer; y así, el Dios de la paz
estará con
ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido entre el mundo, dice el Señor, para que
vayan y den fruto y
su fruto permanezca.
Aleluya.
Alquilará el viñedo a otros viñadores
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
"Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó
con una
cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el
vigilante y luego lo
alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para
pedir su parte de los
frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los
criados, golpearon a
uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo
a otros criados,
en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo
modo. Por último,
les mandó a su propio hijo, pensando:
"A mi hijo lo respetarán".
Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
"Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su
herencia".
Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará
con esos
viñadores?"
Ellos le respondieron:
"Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo
a otros
viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
Entonces Jesús agregó:
"¿No han leído nunca la Escritura que dice:
"La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la
piedra angular.
Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?"
Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el
Reino de Dios y se le
dará a un pueblo que produzca sus frutos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Hermanos y hermanas:
sintiéndonos solidarios con las ansias y esperanzas de todos
los seres humanos,
dirijamos al Padre nuestra oración.
Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la
Iglesia: para que, fiel a su
Maestro, aparezca ante el mundo como sal de la tierra y luz
que ilumina en las
tinieblas, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por la paz
del mundo: para que se alejen
de los pueblos el hambre, las calamidades y las guerras,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por
quienes en el mundo padecen hambre o
enfermedad, por los emigrantes, los desterrados, por los
privados de libertad y
todos los que sufren, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Por
nosotros mismos: para que nuestras
vidas se vayan transformando en testimonio transparente del
amor de Dios,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Protege, Señor, con amor constante a tu Iglesia y no abandones
la viña que tú
mismo has plantado; cultívala con misericordia, enriquécela
incesantemente con
sarmientos vigorosos y haz que, injertados en Cristo, la
verdadera cepa, todos
demos frutos de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, este sacrificio de
alabanza que tú mismo instituiste, y realiza en nosotros la
obra de
santificación que con su muerte nos mereció tu Hijo, que vive
y reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
El misterio pascual ha hecho de nosotros el pueblo de Dios
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso
y eterno, por
Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de
las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Bueno es el Señor para los que esperan en él, para las almas que lo buscan.
Oremos:
Concédenos, Señor todopoderoso, que de tal manera saciemos
nuestra hambre y
nuestra sed en estos sacramentos, que nos transformemos en lo
que hemos
recibido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Vigésimo séptimo Domingo
ciclo a
EN LA VIÑA DEL AMADO
— Parábola de la viña.
— Los frutos agrios.
— Los frutos que Dios espera.
I. La liturgia de la Misa, a través de una de las más bellas alegorías, nos habla del amor de Dios por su pueblo y de la falta de correspondencia de este. La Primera lectura1 recoge la llamada canción de la viña y describe a Israel como una plantación de Dios, llena de todos los cuidados posibles. Voy a cantar a mi amado el canto de la viña de sus amores. Tenía mi amado una viña en un fértil collado. La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le dio agrazones. Puesta en el mejor lugar, con los mejores cuidados, lo normal era que diera buenos frutos, pero la viña produjo uvas agrias. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá -continúa el Profeta-, juzgad entre mi viña y yo. ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo esperando que diera uvas, dio agrazones?
Palestina era un lugar rico en viñedos, y los profetas del Antiguo Testamento recurrieron con frecuencia a esta imagen, tan conocida por todos, para hablar del pueblo elegido. Israel es la viña de Dios, la obra del Señor, la alegría de su corazón2: Yo te había plantado de la cepa selecta3; Tu madre era como una vid plantada a orillas de las aguas4... El mismo Señor, como se lee en el Evangelio de la Misa5, refiriéndose al texto de Isaías, nos revela la paciencia de Dios, que manda uno tras otro en busca de frutos a sus mensajeros, los profetas del Antiguo Testamento, para terminar enviando a su Hijo amado, al mismo Jesús, al que matarían los viñadores: Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Es una referencia clara a la crucifixión, que tuvo lugar fuera de los muros de Jerusalén.
La viña es ciertamente Israel, que no correspondió a los cuidados divinos, y también lo somos la Iglesia y cada uno de nosotros: “Cristo es la verdadera vid, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en Él por medio de la Iglesia, y sin Él nada podemos hacer (Jn 15, 1-5)”6.
Meditemos hoy junto al Señor si encuentra frutos abundantes en nuestra vida; abundantes, porque es mucho lo que se nos ha dado. Frutos de caridad, de trabajo bien hecho, de apostolado con amigos y familiares, jaculatorias, actos de amor a Dios y de desagravio a lo largo del día, contradicciones bien aceptadas, pequeños servicios a quienes comparten el mismo trabajo o el mismo hogar. Examinemos también si, a la vez, somos origen de esas uvas agrias que son los pecados, la tibieza, la mediocridad espiritual aceptada, las faltas de las que no hemos pedido perdón al Señor...
II. Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar... “La cercó de vallado, esto es –comenta San Ambrosio–, la defendió con la muralla de la protección divina, para que no sufriera fácilmente por las incursiones de las alimañas espirituales..., y cavó un lagar donde fluyera, espiritualmente, el fruto de la uva divina”7. Han sido muchos los cuidados divinos que hemos recibido. La cerca, el lagar y la torre significan que Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. ¿Cómo esperando que diera uvas produjo agrazones?
El pecado es el fruto agrio de nuestras vidas. La experiencia de las propias flaquezas está patente en la historia de la humanidad y en la de cada hombre. “Nadie se ve enteramente libre de su debilidad, de su soledad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo, modelo, maestro, salvador y vivificador”8. Nuestros pecados están íntimamente relacionados con esa muerte del Hijo amado, de Jesús: Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
Para producir los frutos de vida que Dios espera todos los días de cada uno (frutos de la caridad, del apostolado, del trabajo bien hecho...), necesitamos, en primer lugar, pedir al Señor y fomentar un santo aborrecimiento a todas las faltas, incluso las veniales, que ofenden a Dios. Los descuidos en la caridad, los juicios negativos sobre los demás, las impaciencias, los agravios guardados, la dispersión de los sentidos internos y externos, el trabajo mal hecho..., “hacen mucho daño al alma. —Por eso, “capite nobis vulpes parvulas, quae demolluntur vineas”, dice el Señor en el “Cantar de los Cantares”: cazad las pequeñas raposas que destruyen la viña”9. Es necesario que una y otra vez nos empeñemos en rechazar todo aquello que no es grato al Señor. El alma que aborrece el pecado venial deliberado, poco a poco va ganando en delicadeza y en finura en el trato con el Maestro.
Las flaquezas han de ayudarnos a fomentar los actos de reparación y de desagravio, y la contrición sincera por esas faltas. Así como pedimos perdón por una ofensa a una persona querida y procuramos compensarla con algún acto bueno, mucho mayor debe ser nuestro deseo de reparación cuando el ofendido es Jesús, el Amigo de verdad. Entonces Él nos sonríe y devuelve la paz a nuestras almas. Convertimos así en frutos espléndidos lo que estaba perdido. “Pide al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a tu Madre, que te hagan conocerte y llorar por ese montón de cosas sucias que han pasado por ti, dejando –¡ay!– tanto poso... —Y a la vez, sin querer apartarte de esa consideración, dile: dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, ya vacío todo mi yo, llénalo de Ti: que no me apegue a nada de aquí abajo; que siempre me sostenga el Amor”10.
III. En la Segunda lectura11 leemos estas palabras de San Pablo a los cristianos de Filipos: Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Las realidades terrenas y las cosas nobles de este mundo son buenas y pueden llegar a tener un valor divino. Pues, como escribía San lreneo, “por el Verbo de Dios, todo está bajo la influencia de la obra redentora, y el Hijo de Dios ha sido crucificado por todos, y ha trazado el signo de la Cruz sobre todas las cosas”12. Son los asuntos que cada día tenemos entre manos (el trabajo, la familia, la amistad, las preocupaciones que la vida lleva consigo, las pequeñas alegrías diarias...) lo que hemos de convertir en frutos para Dios, pues “no se puede decir que haya realidades –buenas, nobles, y aun indiferentes– que sean exclusivamente profanas, una vez que el Verbo de Dios ha fijado su morada entre los hijos de los hombres, ha tenido hambre y sed, ha trabajado con sus manos, ha conocido la amistad y la obediencia, ha experimentado el dolor y la muerte”13. Todo lo humano noble puede ser santificado y ofrecido a Dios.
Cada jornada se nos presenta con incontables posibilidades de ofrecer frutos agradables al Señor: desde el vencimiento primero de la mañana –el minuto heroico– al levantarnos, hasta esa pequeña mortificación que supone el llevar con buen ánimo el excesivo tráfico o un ligero malestar que nos mantiene indispuestos. Son muchas, en este día irrepetible, las ocasiones de sonreír a los demás, de tener una palabra amable, de disculpar un error... En el trabajo, el Señor espera esos pequeños frutos que nacen cuando nos esforzamos en hacerlo bien: la puntualidad, el orden, la intensidad... Para producir estos frutos hemos de empeñarnos en mantener la presencia de Dios a lo largo del día, con jaculatorias, actos de amor..., una mirada a una imagen de la Virgen o al crucifijo..., acordándonos del Sagrario más cercano al lugar donde nos encontramos... El que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada... En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos Míos14.
Nuestra Madre Santa María nos enseñará a vivir cada día con la urgencia de dar muchos frutos a Dios, y a evitar decididamente que en nuestra vida se den frutos agrios.
1 Is 5, 1-7. — 2 Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 8. — 3 Jer 2, 21. — 4 Ez 19, 10. — 5 Mt 21, 33-43. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 6. — 7 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, 20, 9. — 8 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 8. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 329. — 10 ídem, Forja, n. 41. — 11 Flp 4, 6-9. — 12 San Ireneo, Demostración de la predicación apostólica. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 112. — 14 Jn 15, 5-8.
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4 de octubre
SAN FRANCISCO DE ASÍS*
Memoria
— La pobreza de San Francisco. La pobreza en el cristiano corriente.
— Especial necesidad de esta virtud en nuestros días. Manifestaciones y modo de vivirla.
— Frutos de esta virtud.
I. En un momento en que eran grandes el brillo externo y el poder político y social de muchos eclesiásticos, el Señor llamó a San Francisco para que su vida pobre fuera como un fermento nuevo en aquella sociedad que, por su apegamiento a los bienes materiales, se alejaba más y más de Dios. Con él afirma Dante “nace un sol al mundo”1, un instrumento de Dios para enseñar a todos que la esperanza ha de estar puesta solo en Él.
Un día, orando en la Iglesia de San Damián, oyó estas palabras: Ve y repara mi casa en ruinas. Tomando al pie de la letra esta locución divina, empleó sus fuerzas en reparar aquella ruinosa capilla, y después se dedicó a restaurar otros templos. Pero enseguida comprendió que la pobreza como expresión de su vida entera habría de ser un gran bien para la Iglesia; la llamaba Señora2, al modo como los caballeros medievales llamaban a sus damas y los cristianos se dirigen a la Madre de Dios. La restauración de la Cristiandad habría de venir por el desprendimiento de los bienes materiales, pues la pobreza bien vivida, según el propio estado, permite poner nuestra esperanza en Dios y solo en Él. Un día de febrero de 1209, habiendo oído Francisco las palabras del Evangelio: No llevéis oro, ni plata, ni alforja... tuvo un gesto clamoroso para mostrar que nada es bueno si se prefiere a Dios, y se despojó de sus vestidos y del cinturón de cuero, tomó un basto sayal, se ciñó una soga y se puso en camino, confiado en la Providencia.
La pobreza es una virtud cristiana que el Señor pide a todos religiosos, sacerdotes, madres de familia, abogados, estudiantes..., pero es evidente que los cristianos en medio del mundo han de vivirla de un modo bien distinto a San Francisco y a los religiosos que, por su propia vocación, han de dar un testimonio en cierto modo público y oficial de su consagración a Dios. Igual ocurre con las demás virtudes cristianas la templanza, la obediencia, la humildad, la laboriosidad..., que, siendo virtudes que han de vivir todos aquellos que quieran seguir a Cristo, cada uno ha de aprender a vivirlas según la propia vocación a la que fue llamado.
La pobreza del cristiano corriente se hace “a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros”3. El fiel laico ha de aprender como se aprende un camino, una ruta que se desea seguir a armonizar “dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios. Pobreza real, que se note y se toque hecha de cosas concretas, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor”4. A la vez, la condición secular, el estar en medio del mundo, exige al cristiano “ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades”5.
¿Se plasma esta virtud de la pobreza y desprendimiento en mi vida, en detalles concretos, reales? ¿La amo, la practico en mi propia condición? ¿Estoy plenamente convencido de que sin ella no podría seguir a Cristo? ¿Puedo decir “soy de verdad pobre de espíritu”, por estar realmente desprendido de lo que uso?, ¿aunque posea bienes, de los que he de ser administrador que rendirá cuentas a Dios?
“Despégate de los bienes del mundo. Ama y practica la pobreza de espíritu: conténtate con lo que basta para pasar la vida sobria y templadamente.
-Si no, nunca serás apóstol”6.
II. El Señor hace resonar en todos los tiempos sus palabras: no podéis servir a Dios y a las riquezas7. Es imposible agradar a Dios, llevarle por todos los caminos de la tierra, si al mismo tiempo no estamos dispuestos a hacer renuncias a veces costosas en la posesión y disfrute de los bienes materiales. Particularmente importante en nuestros días resulta ese aviso del Señor, que a muchos puede parecer extraño, cuando un desmedido afán de comodidades alimenta a diario la codicia de las gentes. Son muchos los que aspiran a tener más, a gastar más, a conseguir el mayor número de placeres posibles, como si ese fuera el fin del hombre sobre la tierra.
En la práctica, esa pobreza real tiene muchas manifestaciones. En primer lugar, estar desprendidos de los bienes materiales, disfrutándolos como bondad creada de Dios que son, pero sin considerar necesarias para la salud, para el descanso... cosas de las que se puede prescindir con un poco de buena voluntad. “Hemos de exigirnos en la vida cotidiana, con el fin de no inventarnos falsos problemas, necesidades artificiosas, que en último término proceden del engreimiento, del antojo, de un espíritu comodón y perezoso. Debemos ir a Dios con paso rápido, sin pesos muertos ni impedimentos que dificulten la marcha”8. Esas necesidades artificiosas pueden referirse a instrumentos de trabajo, a artículos de deporte, prendas de vestir, etc.
San Agustín aconsejaba a los cristianos de su tiempo: “Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta”9. ¡Qué bien conocía el corazón humano! Porque la verdadera pobreza cristiana es incompatible, no solo con los bienes superfluos, sino también con la inquieta solicitud de los necesarios. Si se diera esa apetencia desordenada..., indicaría que su vida espiritual se está deslizando hacia la tibieza, hacia el desamor.
La pobreza se manifiesta en cumplir acabadamente el propio quehacer profesional; en el cuidado de los instrumentos de trabajo, sean nuestros o no, de la ropa, del propio hogar...; en evitar gastos desproporcionados, aunque los pague la empresa en la que trabajamos; en “no considerar de verdad- cosa alguna como propia”10; en escoger para nosotros lo peor, si la elección pasa inadvertida11 (¡cuántas oportunidades en la vida familiar!); en aceptar con paz y alegría la escasez, la falta incluso de lo necesario; en evitar gastos personales motivados por el capricho, la vanidad, el deseo de lujo, la poltronería; en ser austeros con nosotros mismos comida, bebida... y generosos siempre con los demás.
Un día mandó San Francisco erigir en la iglesia del convento una gran cruz para sus frailes, y al colocarla les dijo: “Este debe ser vuestro libro de meditación”. El Poverello de Asís había comprendido bien dónde estaban las verdaderas riquezas de la vida y el carácter relativo de todo lo terreno. Hoy, cuando es tan fuerte la presión externa de un ambiente impregnado de materialismo, hemos de amar los cristianos esta virtud con particular empeño.
III. De la pobreza se derivan muchos frutos. En primer lugar, el alma se dispone para los bienes sobrenaturales y el corazón se ensancha para ocuparse sinceramente de los demás. Pidamos hoy al Señor por intercesión de San Francisco la gracia de comprender con más hondura cómo la pobreza cristiana vivida hasta sus últimas consecuencias es un don que ya tiene su premio en esta vida. El Señor da al alma desprendida una especial alegría, incluso en medio de las privaciones de lo que parecía más necesario. “Muchos se sienten desgraciados, precisamente por tener demasiado de todo. –Los cristianos, si verdaderamente se conducen como hijos de Dios, pasarán incomodidad, calor, fatiga, frío... Pero no les faltará jamás la alegría, porque eso –¡todo!- lo dispone o lo permite Él, que es la fuente de la verdadera felicidad”12.
La pobreza verdadera nos permita disponer de nosotros mismos para entregarnos a Cristo, forma suprema de libertad que nos abre sin reservas ni restricciones a la amorosa Voluntad de Dios, como nos enseña el mismo Cristo. Para amarla –querer ser pobres, cuando todo parece inducir a querer ser ricos13– es necesario comprender bien que la pobreza como virtud –como toda virtud– es algo bueno y positivo para el hombre: le pone en condiciones de vivir según el querer divino, utilizando los bienes materiales para ganar el Cielo y ayudar a que el mundo sea más justo, más humano.
La virtud de la pobreza es consecuencia de la vida de la fe. En la Sagrada Escritura, la pobreza expresa la condición de quien se ha puesto, absolutamente, en manos de Dios, dejando en Él las riendas de la propia vida, sin buscar otra seguridad. Se trata de la rectitud de espíritu de quien no quiere depender de los bienes de la tierra, aunque se posean. Es el firme propósito de no tener más que un solo Señor, porque nadie puede servir a dos señores14. Cuando a quien se sirve es a la riqueza, al dinero, a los bienes terrenos sean cuales fueren, estos se convierten en un ídolo. Es esa idolatría de la que San Pablo advertía a los primeros cristianos que ni siquiera debía de nombrarse entre ellos.
Muchos cristianos se ven hoy tentados por esa idolatría moderna del consumo, que les hace olvidar la inmensa riqueza del amor a Dios, que es lo único que puede llenar su corazón. En esta sociedad en la que tanto abunda el afán por las riquezas, por la comodidad, por un desmedido bienestar, nuestra vida sobria y desprendida servirá de fermento para llevarla a Dios, como hizo San Francisco en su tiempo.
Al terminar nuestra oración, pedimos al Santo de Asís, con palabras del Papa Juan Pablo II, que sepamos ser levadura en medio del mundo. Así pedía el Pontífice su intercesión ante la tumba donde reposan los restos de San Francisco: “Tú, que acercaste tanto a Cristo a tu época, ayúdanos a acercar a Cristo a la nuestra, a nuestros tiempos difíciles y críticos. ¡Ayúdanos! Estos tiempos esperan con grandísima ansia, por más que muchos hombres de nuestra época no se den cuenta. Nos acercamos al año 2000 después de Cristo. ¿No serán tiempos que nos preparen a un renacimiento de Cristo, a un nuevo Adviento?”15. La Virgen Nuestra Señora nos enseñará, con una vida sobria y desprendida, a ser protagonistas de este nuevo renacer.
1 Dante Alighieri, La divina comedia, Paraíso, XI, 5, 54. — 2 Cfr. San Francisco de Asís, Testamento de Siena, 4, en Escritos, biografía, documentos de la época, BAC, Madrid 1985, p. 125. — 3 C. para la Doctrina de la Fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 4 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 110. — 5 Ibídem. — 6 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 631. — 7 Lc 16, 13. — 8 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 125. — 9 San Agustín, Sermón 85, 6. — 10 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 524. — 11 Cfr. ídem, Camino, n. 635. — 12 ídem, Surco, n. 82. — 13 Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. La verdad os hará libres, 20-XI-1990, n. 18. — 14 Cfr. Mt 6, 24. — 15 Juan Pablo II, Homilía en Asís, 5-XI-1978.
* San Francisco nació en Asís (Italia), en el seno de una familia acomodada, en 1182. Vivió y predicó infatigablemente la pobreza y el amor de Dios a todos los hombres. Fundó la Orden religiosa de los Franciscanos; con Santa Clara, las Damas Pobres (Clarisas); y la Tercera Orden, para seglares. Murió el año 1226.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Francisco de Asís
Oh, Señor, haz de mí un
instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino
consolar;
Ser comprendido, sino comprender;
Ser amado, como amar.
Porque es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
Amén. su Vida
FRANCISCO
Y CLARA EN ESPANOL LATINO
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Francisco, juglar de
Dios … el Simple; Elogio del hermano fuego; Admirable cena con
la hermana Clara;Francisco besa
al leproso; Un almuerzo para quince días; Caridad de …
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San Francisco de Asís película
San Francisco de
Asís
película 1:45:21 SanFrancisco de Asís
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Hermano
sol hermana luna
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con Mickey Rourke
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Documental San Francisco de
Asís
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Dibujos animados
26:36
San Francisco de Asís
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San Francisco de Asís -
Dibujos Animados
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Francisco y Bernardo piden limosna
producida en PaxVox de
Paxtv canal 17 UHF Lima-Perú.
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Florecillas de S.
Francisco-1 episodio
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UHF Lima-Perú. Texto tomado
de: San Francisco de Asís. Escritos. Biografías.
Documentos de la época
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PaxVox de Paxtv canal 17
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PaxVox de Paxtv canal 17
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San Francisco y el Caballero Cortés
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San Francisco Predica a los Pajarillos
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De cómo San Francisco mandó al hermano León que lavase …
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San Francisco y el Hermano León Rezaron Maitines sin …
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De cómo San Francisco hizo dar vueltas al Hermano Maseo
PaxVox de Paxtv canal 17
UHF Lima-Perú.
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12 hechos fascinantes
1. Los retratos más antiguos de San Francisco se encuentran en Italia

El primero (izquierda) se encuentra en el monasterio benedictino de Subiaco. Lo hicieron durante una visita al monasterio; en éste San Francisco no tiene aureola ni estigmas.
El segundo fresco (derecha) se halla en la Basílica inferior de Asís y fue pintado por Cimabue. El fresco completo representa a la Virgen con el Niño entronizados, cuatro ángeles y San Francisco.
2. Se le llamó Francisco por el pueblo de Francia
Su padre, Pedro Bernardone, fue un comerciante que trabajaba en Francia. Como se encontraba en dicho país cuando nació su hijo, la gente le apodó "Francesco" (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan.
3. Fue prisionero de guerra durante un año
Cuando tenía cerca de 19 años, antes de su conversión, se unió al ejército y luchó en una guerra que se libró entre las ciudades de Perugia y Asís. Fue hecho prisionero durante un año, pero finalmente fue liberado ileso.
4. Su vida se inspiró en Mateo 10,9
En Mateo 10,9, Jesús dice a sus discípulos: "no lleven oro, plata o monedas en el cinturón" cuando viajen para predicar el Evangelio. Se sintió inspirado a hacer lo mismo y comenzó a viajar para predicar el arrepentimiento en pobreza.
5. En el plazo de un año ganó 11 seguidores
Para el año 1210 había 12 de ellos en total, es decir, igual número que los apóstoles. Entonces, Francisco redactó una regla breve e informal que consistía principalmente en los consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Con ella se fueron a Roma a presentarla para la aprobación del Papa. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad y viviendo de las limosnas que la gente les daba.
6. El Papa Inocencio III decidió apoyar a los franciscanos después de un sueño sobrenatural
El Papa Inocencio III se mostró adverso al darle apoyo a Francisco y su nuevo grupo de seguidores. Entonces, tuvo un sueño en el que vio a Francisco sosteniendo con su cuerpo la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de la diócesis de Roma, que estaba a punto de derrumbarse.
El Santo Padre interpretó el sueño como una indicación de que Francisco y su grupo podrían servir de apoyo a la Iglesia, y así les dio el reconocimiento oficial como una orden.
7. Asistió al IV Concilio de Letrán, donde conoció a Santo Domingo de Guzmán
El IV Concilio de Letrán fue el concilio ecuménico 12 de la Iglesia Católica en el que se ratificó la transubstanciación y la primacía papal, entre otras cosas. Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores o Dominicos, también estuvo presente.
8. Visitó a un sultán musulmán, le predicó el Evangelio y lo desafió a un juicio “de fuego” con el fin de probar la verdad del cristianismo
Durante la quinta cruzada, Francisco y un acompañante viajaron a territorio musulmán para visitar al sultán de Egipto y Siria, Al-Kamil.
El Santo predicó ante el sultán, y para demostrar su gran fe en la religión cristiana, desafió a los presentes a un "juicio de fuego", que consistía en que él y un musulmán caminen por un sendero en llamas, con la idea de que el seguidor de la religión verdadera debía ser protegido por Dios.
Francisco se ofreció a ir en primer lugar, pero Al-Kamil rechazó el desafío. No obstante, el sultán quedó tan impresionado por su fe que le dio permiso a Francisco para predicar en su tierra.
9. Detuvo los milagros de un franciscano fallecido
En 1220, Francisco se retiró del gobierno de la Orden y nombró como su Vicario a Pedro Cattani. Sin embargo, Pedro murió sólo cinco meses después. Los visitantes a su tumba reportaron muchos milagros, lo que llevó a grandes multitudes al lugar. Las muchedumbres causaban problemas en la zona por lo que Francisco le rezó a Cattani para se detuvieran los milagros, y estos cesaron.
10. Recibió los estigmas mientras realizaba un ayuno de 40 días
Los estigmas son una condición en la que las heridas de Cristo aparecen sobrenaturalmente en el cuerpo de una persona. Un franciscano que lo acompañó dijo: "de repente vio una visión de un serafín, un ángel de seis alas en una cruz. Este ángel le dio el don de las cinco llagas de Cristo".
Esto sucedió en 1224 durante un ayuno de 40 días en el Monte Alvernia, cuando se preparaba para la Fiesta de San Miguel Arcángel, el 29 de septiembre.
11. La primera piedra de la Basílica de San Francisco de Asís se colocó al día siguiente de su canonización
Francisco murió el 3 de octubre de 1226. Fue declarado Santo por el Papa Gregorio IX el 16 de julio de 1228, y al día siguiente el Santo Padre puso personalmente la primera piedra de la nueva basílica de San Francisco de Asís.
12. Su tumba se perdió durante siglos hasta que fue redescubierta en 1818
Su cuerpo fue trasladado a su basílica en 1230, pero pronto fue ocultado por los franciscanos para protegerlo de los invasores sarracenos. La ubicación de su cuerpo quedó en el olvido, y no fue redescubierto hasta casi seis siglos después, en 1818.
Biografía
Dicen que a San Francisco lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman.
Nació en Asís (Italia) en 1182. Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: "el pequeño francesito". Cuando joven a Francisco lo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo. Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida. Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.
Francisco no
llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena
enfermedad oyó que una
voz del cielo le decía: "¿Por qué dedicarse a servir a los
jornaleros, en
vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?". Entonces
se volvió
a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar
en serio
acerca de su futuro. La gente al verlo tan silencioso y
meditabundo comentaba
que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: "Sí,
estoy
enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora
que
existe". Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí
sabía muy
bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera
de vivir que
fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como
vivió Jesús. Y se
fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a
los pobres.
Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de
llagas y sintió un
gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina
que le decía que
si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos.
Entonces se
acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que
sentía, le besó las
llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios
una gran fuerza
para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor
de los demás.
Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los
hospitales y a los
pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.
Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: "Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas". Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente. Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: "Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos". El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.
Se fué por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: "¿Usted quién es? – Él respondió: - Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey". Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios. Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo. La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa "pequeño terreno". Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen
En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: "Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente". Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta. Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: "No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro".
El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: "mi Dios y mi todo". Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez. Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba. En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: "No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio". Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula. Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.
A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: "trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma".
Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse moja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las Damas Pobres o Clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.
Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño. Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.
Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado. Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado "El Capítulo de las esteras", se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.
Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: "El Amor no es amado". Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.
Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes. Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa. Por no cuidarse bien de las clientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.
San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. "Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar", etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era "Paz y bien".
Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (Franciscanos, Capuchinos, Clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.
Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios. Fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Petronio de Bolonia, Santo Obispo, 4 de octubre
Octubre 4
|
Aurea (u Oriana) de París, Santa Abadesa, 4 de octubre
Abadesa
Etimológicamente significa “ encantadora,
de oro”. Viene de la lengua griega. |
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Fuente:
Sanantoniocolegio.com
Alfredo Pellicer Muñoz, Beato Mártir, 4 Octubre
Nació en Bellreguart, provincia Valencia,
el 10 de abril de 1914, y lo bautizaron el día 14,
imponiéndole el nombre de Jaime. Aprendió las primeras
letras en las escuelas nacionales de su pueblo, hasta
que, a los once años, ingresó en el Seminario menor
franciscano de Benissa (Alicante), donde cursó los
estudios del bachillerato. |
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Fuente: Fratefrancesco.org
Tomás de Celano, Beato Compañero y biógrafo de San
Francisco de Asís, 4
Octubre
Fray Tomás, hijo de los condes de Marsi o
de Celano Berardo y Margarita Gualtieri, nació por el
año 1190. Recibió una excelente formación humanista con
el estudio de las letras clásicas, de la Escritura y de
los Padre de la Iglesia. En 1215, sintiéndose llamado
por el Señor, profesó en manos de Francisco la Regla de
los Hermanos Menores, aprobada oralmente por Inocencio
III seis años antes. En su primera Vida del santo
recuerda su experiencia: "Loado sea el buen Dios, que
tuvo a bien, por su sola benignidad, acordarse de mí y
de otros muchos: y es que, una vez que entró en España,
se enfrentó con él, y, para evitar que continuara
adelante, le mandó una enfermedad que le hizo retroceder
en su camino. Volvióse a la iglesia de Santa María de la
Porciúncula, y al poco tiempo se le unieron, muy
gozosos, algunos letrados y algunos nobles..." (1Cel
56-57). |
___________________________________________________________________________________________
Fuente: Redentoristas.org
Francisco Xavier Seelos, Beato Redentorista, misionero en
Estados
Unidos, 4 Octubre
Francisco Xavier Seelos nace el 11 de enero
de 1819 en Füssen, en la católica región de Baviera
(Alemania). Es bautizado el mismo día en la iglesia
parroquial de san Mang. El deseo de ser sacerdote es muy
temprano en él, admirado por las cosas del Evangelio. En
1842, tras concluir sus estudios de filosofía entra en
el seminario diocesano. |
J†A
JMJ
Pax
Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los
ancianos del
pueblo, diciendo:
"El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un
banquete de
bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los
invitados, pero
éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les
dijeran:
"Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los
otros
animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda".
Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro
a su negocio y
los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y
los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las
cuales dieron muerte
a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les
dijo a sus
criados:
"La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no
fueron
dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al
banquete de
bodas a todos los que encuentren".
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que
encontraron,
malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados.
Cuando el rey
entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre que
no iba vestido
con traje de fiesta y le preguntó: "Amigo, ¿cómo has entrado
aquí sin
traje de fiesta?"
Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los
criados:
"Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí
será el
llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y
pocos los
escogidos"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón.
Oremos:
Te pedimos, Señor, que tu gracia nos inspire y acompañe
siempre, para que
podamos descubrirte en todos y amarte y servirte en cada uno.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor preparará un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros
Lectura del libro del profeta Isaías 25, 6-10
En aquel día, el Señor
del universo preparará sobre
este monte un festín con platillos suculentos para todos los
pueblos; un
banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El
arrancará en este
monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el
paño que oscurece a
todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor
Dios enjugará
las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra
la afrenta de su
pueblo. Así lo ha dicho el Señor. En aquel día se dirá:
"Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara.
Alegrémonos
y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del
Señor reposará en
este monte".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El Señor
es mi pastor, nada me falta; en
verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me
conduce para
reparar mis fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Por ser un
Dios fiel a sus promesas, me
guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas
oscuras, nada temo,
porque tú estás conmigo. Tu vara y tu bastón me dan seguridad.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tú mismo
me preparas la mesa, a despecho
de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi
copa hasta los
bordes.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tu bondad
y tu misericordia me
acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del
Señor por años
sin término.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14.19-20
Hermanos: Yo sé lo que
es vivir en pobreza y también
lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo
a comer bien que
a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez.
Todo lo puedo unido
a Aquél que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien
en socorrerme
cuando me vi en dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con
esplendidez todas
las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria
a Dios, nuestro
Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Que el padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras
mentes para que
podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su
llamamiento.
Aleluya.
Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
volvió a hablar en parábolas a
los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
"El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un
banquete de
bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los
invitados, pero
éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les
dijeran:
"Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y
los otros
animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda".
Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo,
otro a su negocio y
los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron
y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las
cuales dieron muerte
a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les
dijo a sus
criados:
"La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no
fueron
dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al
banquete de
bodas a todos los que encuentren".
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que
encontraron,
malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados.
Cuando el rey
entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre
que no iba vestido
con traje de fiesta y le preguntó: "Amigo, ¿cómo has entrado
aquí sin
traje de fiesta?"
Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los
criados:
"Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas.
Allí será el
llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y
pocos los
escogidos"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante: Llenos de confianza en el Señor, oremos, hermanos y hermanas, por todos los seres humanos y por todas sus necesidades:
Respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda el
espíritu de paciencia y de
caridad a los cristianos perseguidos por su nombre y los ayude
a ser testigos
fieles y verídicos de su Evangelio, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda
prudencia a los gobernantes y honradez
a todos los gobernados, a fin de que se mantengan la armonía y
la justicia en
la sociedad, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, el
único que puede hacer prosperar
el trabajo del ser humano, bendiga los esfuerzos de los
trabajadores y haga que
la tierra dé frutos abundantes para todos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios no permita
que en la hora de nuestra
muerte, desesperados y sin acordarnos de él, nos sintamos como
arrancados de
este mundo, sino que, confiados y con una gran paz, lleguemos
a la vida feliz y
eterna, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, que invitas a todos los seres humanos al
banquete de tu Hijo,
escucha nuestras súplicas y concédenos la sabiduría de
Espíritu, para que
sepamos discernir y anunciar la esperanza a la que estamos
llamados y la gloria
que nos tienes reservada en la mesa del reino de tu Hijo, que
vive y reina por
los siglos de los siglos.
Amén.
Acepta, Señor, nuestras
ofrendas, y concédenos que
esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de
las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Los que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no carecen de nada.
Oremos:
Te pedimos, Señor, humildemente, que el Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo que hemos
recibido en alimento, nos comuniquen su misma vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Vigésimo
octavo Domingo
ciclo a
LOS INVITADOS AL BANQUETE
— Nos espera el Cielo. Correspondencia a la llamada del Señor. Ayudar a otros a que no rehúsen la invitación.
— Llamada a participar de la intimidad divina. No existen excusas razonables para no asistir a la Cena del Rey.
— Voluntad salvadora de Cristo. Nuestro afán apostólico se ha de dirigir a todas las almas.
I. La liturgia de este domingo presenta la salvación como un banquete regio, símbolo de todos los bienes, al que Dios nos invita. Preparará el Señor de los ejércitos para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos... Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos... Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todas las gentes...1. Desde antiguo, y mediante símbolos fácilmente comprensibles, los Profetas habían anunciado el Cielo como destino definitivo de la humanidad. El mismo Dios nos habría de conducir hasta ese monte santo. Así lo expresa el Salmo responsorial: El Señor es mi pastor... me conduce hacia fuentes tranquilas. Me guía por el sendero justo... Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan... Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor, por años sin término2.
Jesús es nuestro Pastor y de mil maneras nos invita a seguirle, pero no quiere obligarnos a ir contra nuestra voluntad. Y aquí está el misterio del mal: los hombres podemos rehusar este ofrecimiento. El Evangelio de la Misa nos habla de este rechazo. El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Y, según la costumbre, el rey envió a sus siervos para recordar a los invitados que ya estaba todo preparado y que se les esperaba. Ante la sorpresa del rey, los convidados no quisieron ir. Y el Señor, queriendo expresar la solicitud de Dios con sus hijos, relata en la parábola que el soberano volvió a enviar de nuevo a sus servidores: Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo ya preparado mi banquete... La bondad de Dios se expresa en esta divina insistencia y en la exuberancia de los bienes: he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. A pesar de todo, los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otros a sus negocios, los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos. En otras parábolas (la de los viñadores, por ejemplo) se exigía algo debido, el fruto de lo que se había dejado para administrarlo; aquí, en cambio, nada se exige, se ofrece todo. ¡Y es rechazado! El Señor ofrece bienes inimaginables, y los hombres en muchas ocasiones no los valoramos. Con mucha pena debió Jesús relatar esta parábola. Es la repulsa al amor de Dios a través de los siglos.
Los convidados pueden estar representados hoy, entre otros, por esos hombres que, sumergidos en sus asuntos y negocios terrenos, parecen no necesitar para nada de Dios. Y cuando son avisados de que el Cielo les espera, reaccionan con violencia, como en la parábola. A pesar de todo, tenemos la obligación santa de acercarnos a los que nos rodean, «de sacudirles de su modorra, de abrir horizontes diferentes y amplios a su existencia aburguesada y egoísta, de complicarles santamente la vida, de hacer que se olviden de sí mismos y que comprendan los problemas de los demás.
»Si no, no eres buen hermano de tus hermanos los hombres, que están necesitados de ese “gaudium cum pace” —de esta alegría y esta paz, que quizá no conocen o han olvidado»3. Muchos responderán y llegarán a tiempo al banquete.
II. La imagen del banquete es considerada en otros lugares de la Sagrada Escritura como símbolo de intimidad y de salvación. He aquí que estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo4. Y se repite una y otra vez la solicitud de Dios, el afán divino por una intimidad mayor, que tendrá su culminación en el encuentro definitivo con Él en el Cielo, dentro de un tiempo, quizá no muy largo. ¡Ábreme, hermana mía, amada mía...! Que está mi cabeza cubierta de rocío y mis cabellos de escarcha de la noche5, dice Dios al alma de tantas maneras. ¿Cómo es nuestra correspondencia a las mil llamadas que nos hace llegar el Señor? ¿Cómo es nuestra oración, que nos adentra en la intimidad con Dios, pues el Cielo comienza ya aquí en la tierra? ¿Nos excusamos fácilmente ante un compromiso de un mayor amor, de una más honda correspondencia? ¿Nos sentimos responsables de que llegue a muchos la invitación divina? ¿Nos interesa y preocupa la salvación de todos aquellos que conocemos?
Es muy grave rechazar la invitación divina, vivir como si Dios no fuera importante y el encuentro definitivo con Él estuviera tan lejano que no mereciera la pena prepararse para él. Ante la salvación, bien absoluto, no hay ninguna excusa que sea razonable: ni campos, ni negocios, ni salud, ni bienestar... Hoy los pretextos que algunos aducen para no acudir a las amables invitaciones del Señor son iguales a los que leemos en la parábola: sus preocupaciones terrenas, como si lo de aquí abajo fuera lo definitivo; otros varían, «pero el hecho sigue siendo el mismo: no aceptan la salvación de Dios y se excluyen voluntariamente por preferir otra cosa. Se quedan con lo que eligen, pierden lo que rechazan»6. ¡Qué pena tan grande nos debe producir el comprobar cómo muchos –por unas razones u otras– parecen rechazar la intimidad con Dios y ponen en peligro su salvación eterna!
Pero el Señor quiere que se llene su casa, su actitud es siempre salvadora: Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a todos los que encontréis. Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Nadie queda excluido de la intimidad divina. Solo aquel que se aparta a sí mismo, que resiste la amable invitación del Señor, repetida una y otra vez.
«Ayúdanos, Señor –exclamaba San Agustín–, a dejarnos de malas y vanas excusas y a ir a esa cena... No sea la soberbia impedimento para ir al festín, alzándonos con jactancia, ni nos apegue a la tierra una curiosidad mala, distanciándonos de Dios, ni nos estorbe la sensualidad las delicias del corazón. Haz que acudamos... ¿Quienes vinieron a la cena, sino los mendigos, los enfermos, los cojos, los ciegos? (...). Vendremos como pobres, pues nos invita quien, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecer con su pobreza a los pobres. Vendremos como enfermos, porque no han menester médico los sanos sino los que andan mal de salud. Vendremos como lisiados y te diremos: Endereza mis pasos conforme a tu palabra (Sal 118, 113). Vendremos como ciegos y te pediremos: Ilumina mis ojos para que jamás duerma en la muerte (Sal 12, 4)»7.
III. Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas... Son palabras dirigidas a nosotros, a todos los cristianos, pues la voluntad salvadora de Dios es universal8: abarca a todos los hombres de todas las épocas. Cristo, en su Amor por los hombres, busca la conversión de cada alma con infinita paciencia, hasta el extremo de morir en la Cruz. Cada hombre puede decir de Jesús: me amó y se entregó a Sí mismo por mí9. De esta actitud salvadora del Maestro participamos quienes queremos ser sus discípulos. Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron... Como a Jesús, nos ha de interesar la salvación de todas las almas. El portero que nos indica la puerta del ascensor, el médico que nos acaba de extender una receta, la señora que sube al autobús en la parada siguiente a la nuestra, los niños que salen del colegio, el profesor que anuncia el día del examen... todos son objeto del desvelo divino y, por eso mismo, parte importante de nuestro afán apostólico. «Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro.
»Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna»10.
Nos urge a los cristianos llevar a las almas, una a una, hasta el Señor. La misma solicitud con que Cristo nos anima, nos conforta, hemos de tener nosotros con quienes tratamos todos los días, siguiendo el consejo: «lleva a todos sobre ti, como a ti te lleva el Señor»11. Hemos de abrir nuevos horizontes a su existencia, a veces encerrada en unas aspiraciones solamente terrenas, cortas; descubrirles la necesidad de tratar cada día a Dios con confianza; animarles a ofrecer sus trabajos; ayudarles a que encuentren la raíz de muchas de sus vacilaciones, del vacío interior que a veces experimentan... Nadie puede pasar a nuestro lado sin que nuestras palabras y nuestras obras le hayan hablado de Dios. El pensamiento de su salvación eterna y de su felicidad temporal, que no alcanzarán fuera de Dios, nos empujará a buscar la ocasión oportuna o a crearla para que, con paciencia, les llegue la llamada del Señor. Tiene que dolernos su ignorancia religiosa, su visión pobre y terrena de las cosas.
Nuestra Madre Santa María nos enseñará a tratar a cada persona con el interés y el aprecio con que la mira su Hijo.
1 Primera lectura, Is 25, 6-10. — 2 Salmo responsorial, Sal 22, 1-6. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 900. — 4 Apoc 3, 20. — 5 Cant 5, 2. — 6 F. Suárez, Después, Rialp, Madrid 1978, p. 172. — 7 San Agustín, Sermón 112, 8. — 8 Cfr. 1 Tim 2, 4. — 9 Gal 2, 20. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 13. — 11 San Ignacio de Antioquía, Epístola a Policarpo, 1, 2.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa María Soledad Torres
|
Esta es la santa fundadora de las
hermanas Siervas de María, Ministras de los enfermos, que tienen
126 casas en
el mundo con 2,380 religiosas.
Nació en 1826 en Madrid (España), hija de modestos comerciantes que la instruyeron muy bien en la religión.
Estudió con las hermanas Vicentinas y al ver la dedicación total de estas religiosas a los más pobres, se entusiasmó por la vida religiosa. Pero era muy débil de salud y no fue admitida en la comunidad. Solamente a la edad de 25 años logrará cumplir su anhelo de ser religiosa.
El párroco de un barrio pobre de Madrid se entristecía al ver que muchos enfermos morían en el más completo abandono y sin recibir los santos sacramentos. Y pensó en reunir a un grupo de mujeres piadosas que visitaran a los enfermos en sus domicilios y les ayudaran a bien morir.
Al enterarse Soledad Torres de este deseo del párroco se presentó a él para ofrecerse a ayudarle en tan caritativa misión. Ella desde niña había asistido a varios moribundos y sentía un gusto especial por asistir a enfermos y moribundos. Era una gracia que le había concedido el Espíritu Santo. Aunque el sacerdote le rechazó en una primera entrevista porque le parecía muy débil y enfermiza para esas labores, después se dio cuenta de que era un alma de Dios y con ella y seis compañeras más, fundó el 15 de agosto de 1851, la comunidad de Siervas de María o Ministros de los enfermos.
La novedad de esta comunidad era que ellas debían asistir a domicilio y totalmente gratis a los enfermos que lo solicitaran.
Por aquellos tiempos llegó a Europa la terrible epidemia del cólera y en los hospitales no cabían los enfermos. Muchos de ellos eran abandonados por sus familiares por temor al contagio. Fue entonces cuando María Soledad y sus religiosas se multiplicaron por todas partes para atender a los más abandonados.
El fundador de la comunidad se fue de misionero a lejanas tierras y el sucesor se dejó creer de cuentos y habladurías y destituyó a Soledad del cargo de superiora. Ella se alegró de poder asemejarse a Cristo en padecer incomprensiones y persecuciones. En sus visitas a Jesús Sacramentado obtenía fuerzas para sufrir con paciencia y por amor a Dios. Después se supo la verdad de todo y fue restablecida en su cargo, y bajo su dirección se extendió admirablemente su congregación. Murió la santa el 11 de octubre de 1887 a la edad de 61 años. Fue canonizada por Pablo VI en 1970.
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Fuente:
Vatican.va
Juan XXIII, Santo CCLXI Papa, Octubre 11
Película: http://gloria.tv/?media=229659
CCLXI
Papa Nació
en el seno de una numerosa familia campesina, de
profunda raigambre cristiana. Pronto ingresó en el
Seminario, donde profesó la Regla de la Orden
franciscana seglar. Ordenado sacerdote, trabajó en su
diócesis hasta que, en 1921, se puso al servicio de la
Santa Sede. En 1958 fue elegido Papa, y sus cualidades
humanas y cristianas le valieron el nombre de "papa
bueno". Juan Pablo II lo beatificó el año 2000 y
estableció que su fiesta se celebre el 11 de octubre. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Alejandro Sauli, Santo Obispo de Pavía, Octubre 11
Obispo Se
cuenta que Alejandro Sauli era muy joven todavía cuando
se presentó un día con un crucifijo en la mano ante una
multitud que asistía a un espectáculo de acróbatas y
saltimbanquis, y predicó severamente contra ese tipo de
diversiones frívolas, con gran asombro de todos los
presentes. Aunque el santo exageró tal vez un tanto al
proceder así; ese gesto puede considerarse como un
símbolo de su vida, ya que se consagró por entero a la
restauración del orden cristiano en la atmósfera de
negligencia y fríaldad religiosas de mediados del siglo
XVI. Alejandro nació en Milán en 1535, pero su familia
era originaria de Génova. A los diecisiete años, ingresó
en la congregación de los clérigos regulares barnabitas.
Sus superiores le enviaron a proseguir sus estudios en
el colegio que la congregación tenía en Pavía, y el
santo pagó de su bolsillo la obra de ensanchamiento de
la biblioteca del establecimiento. En 1556, después de
su ordenación sacerdotal, empezó a enseñar filosofía y
teología en la Universidad. El obispo de la ciudad le
tomó pronto por teólogo suyo, y la reputación de
Alejandro como predicador empezó a crecer rápidamente.
El éxíto que tuvo en Pavía fue tan grande, que San
Carlos Borromeo le invitó a predicar en la catedral; a
sus sermones asistieron el propio San Carlos y el
cardenal Sfondrati quien fue más tarde Papa con el
nombre de Gregorio XIV. Las ardientes palabras del joven
barnabita arrancaron lágrimas a ambos personajes,
quienes le tomaron por confesor; San Carlos Borromeo
siguió dirigiéndose con él muchos años. En 1567, el P.
Sauli fue elegido preboste general de su congregación.
Aunque no tenía más que treinta y ocho años, parecía
bastante seguro de sí mismo como para oponerse al
parecer de San Pío V y de san Borromeo. En efecto, el
cardenal Borromeo, quien era protector de los
"Humiliati" que quedaban, había recibido la misión de
reformarlos, ya que dichos frailes eran tan ricos como
de costumbres poco edificantes. Para ello decidió fundir
a los "Humiliati" con la fervorosa congregación de los
barnabitas, recientemente fundada. Pero San Alejandro,
aunque estaba dispuesto hacer cuanto pudiera por ayudar
a los "Humiliati", no se sentía oblígado a aceptar una
medida que podía hacer daño a sus hijos, y San Carlos
Borromeo tuvo que renunciar a su propósito. |
___________________________________________________________________________________________
Zenaida, Santa Biografía, 11 de octubre
|
Octubre 11
Etimológicamente
significa “la que recibe la vida de Zeus”. Viene de la
lengua griega. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Jaboco de Ulm, Beato Religioso, 11 Octubre
El
Beato Jacobo nació en 1407, en Ulm de Alemania, en el
seno de la respetable familia de los Griesinger. A los
veinticinco años partió de su patria a Italia, donde se
enroló como soldado en Nápoles; pero, disgustado por las
costumbres licenciosas de sus compañeros de filas y al
comprobar que su buen ejemplo no les hacía mella,
abandonó el ejército y entró a servir como secretario a
un abogado de Capua. |
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Meinardo de Letonia, Santo Primer Obispo de Letonia, 11 Octubre
San Meinardo (1134/36-1196).
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J†A
JMJ
Pax
Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se
reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús,
con preguntas
insidiosas, en algo de qué pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos
del partido de
Herodes, para que le dijeran:
"Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el
camino de Dios,
y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie.
Dinos, pues, qué piensas:
¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
"Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la
moneda del tributo".
Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
"¿De quién es esta imagen y esta inscripción?"
Le respondieron:
"Del César".
Y Jesús concluyó:
"Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas.
Oremos:
Dios eterno y todopoderoso a quien confiadamente podemos
llamar ya Padre
nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos
adoptivos tuyos,
para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia
que nos has
prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor tomó de la mano a Ciro para someter ante él a las naciones
Lectura del profeta Isaías 45, 1.4-6
Así habló el Señor a
Ciro, su ungido, a quien ha
tomado de la mano para someter ante él a las naciones y
desbaratar la potencia
de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede
nada cerrado.
"Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te
llamé por tu
nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras.
Yo soy el Señor
y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos
sepan, de oriente a
occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y
no hay
otro".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 95
Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos
al Señor un canto nuevo, que le
cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos al los
pueblos; de nación
en nación sus maravillas.
Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos
al Señor, porque él es grande,
más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses
paganos, que ni
existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.
Cantemos la grandeza del Señor.
Alaben al
Señor, pueblos de orbe,
reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su
nombre. Ofrézcanle en
sus atrios sacrificios.
Cantemos la grandeza del Señor.
Caigamos
en su templo de rodillas.
Tiemblen ante el Señor los atrevidos. "Reina el Señor",
digamos a los
pueblos . El gobierna a las naciones con justicia.
Cantemos la grandeza del Señor.
Recordamos nuestra fe, esperanza y caridad
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5
Pablo, Silvano y Timoteo
deseamos la gracia y la paz a
la comunidad cristiana de los Tesalonicenses, congregada por
Dios Padre y por
Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos
presentes en
nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin
cesar las obras
que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que
ha emprendido su
amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo,
nuestro Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él
es quien los ha
elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre
ustedes no se llevó
a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del
Espíritu Santo, que
produjo en ustedes abundantes frutos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Iluminen al mundo con la paz del Evangelio reflejada en su
vida.
Aleluya.
Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se
reunieron los fariseos para ver la
manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en
algo de qué pudieran
acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con
algunos del partido de
Herodes, para que le dijeran:
"Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el
camino de Dios,
y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie.
Dinos, pues, qué
piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
"Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la
moneda del
tributo".
Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
"¿De quién es esta imagen y esta inscripción?"
Le respondieron:
"Del César".
Y Jesús concluyó:
"Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es
de
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Invoquemos, hermanos y hermanas, al Señor, que quiere que
todos los seres
humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad:
Respondemos: Escúchanos, Señor.
Para que el Señor avive
el corazón de los fieles, los
empuje a trabajar en la salvación de todos los seres humanos y
en el anuncio
del Evangelio a todos los pueblos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que sean
desterradas todas las divisiones que
separan a pueblos y razas, y se mantengan firmes en la
sociedad humana la
igualdad y la justicia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que los emigrantes,
los exiliados, los rechazados
por la sociedad y abandonados puedan regresar a la patria, y
para que el Señor
conceda a todos un corazón bondadoso para con los pobres y
forasteros, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Dios infunda en
nuestros corazones su
Espíritu de amor; a fin, de que, revestidos con los mismos
sentimientos de
Cristo, demos frutos de misericordia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios de sabiduría y misericordia, que con tu poder diriges
misteriosamente las
voluntades libres de tus criaturas; escucha nuestras oraciones
y no permitas
que ninguno abuse del poder que ha recibido, sino que toda
autoridad humana
sirva al bien común, de acuerdo con la palabra de tu Hijo, y
la humanidad
entera te reconozca a ti como a único Dios verdadero.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Concédenos, Señor, ofrecerte estos dones con un corazón libre para que tu gracia pueda purificarnos en estos misterios que ahora celebramos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El día del Señor
En verdad es justo y
necesario, bendecirte y darte
gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque
nos has
convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu palabra y en la
comunión del pan
único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el
domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu
descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu
misericordia.
Con esta gozosa esperanza y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Oremos:
La participación frecuente en esta Eucaristía nos sea
provechosa, Señor, para
que disfrutemos de tus beneficios en la tierra y crezca
nuestro conocimiento de
los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
__________________________________________________________________________________________
† Meditación diaria
Vigésimo
noveno domingo
ciclo a
DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS
— Colaboradores leales en la promoción del bien común.
— La dimensión religiosa del hombre.
— La fe, una luz poderosa.
I. La Primera lectura de la Misa1 nos muestra cómo Dios elige sus instrumentos de salvación donde quiere. Para sacar a su Pueblo del destierro se valdrá de Ciro, un rey pagano. También se sirve el Señor de la autoridad política para hacer el bien, pues nada queda fuera de su dominio paternal.
En el Evangelio del día2, ante una pregunta insidiosa, Jesús reafirma el deber de obedecer a la autoridad civil. Unos fariseos, unidos a los herodianos, con los que habían hecho causa común para atacar al Señor, le preguntaron si era lícito pagar el tributo al César. El pago de estas contribuciones era considerado por algunos como una colaboración con el poder extranjero, que con su autoridad –pensaban– limitaba el dominio de Dios sobre el Pueblo elegido. Si el Maestro lo admitía, los fariseos le podrían considerar como colaborador del dominio romano, y desacreditarlo ante una buena parte del pueblo; si se oponía, los herodianos, amigos del poder establecido, tendrían motivo para denunciarle a la autoridad romana.
Jesús da una respuesta de una hondura divina, más allá de lo que le habían preguntado, y contesta a la vez con toda exactitud a la cuestión que le han planteado. No se limita al sí o al no. Dad al César lo que es del César, enseña el Maestro, lo que le corresponde (tributos, obediencia a las leyes justas...), pero no más de ello, porque el Estado no tiene una potestad y un dominio absolutos. Como ciudadanos normales, los cristianos tienen “el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común”3. Por su parte, las autoridades están gravemente obligadas a comportarse con equidad y justicia en la distribución de cargas y beneficios, a servir al bien común sin buscar el provecho personal, a legislar y gobernar con el más pleno respeto a la ley natural y a los derechos de la persona: a la vida desde el momento de su concepción, el primero de todos los derechos; protección a la familia, origen de toda sociedad; libertad religiosa; derecho de los padres a la educación de los hijos... ¡Ay de los que dan leyes inícuas!4, clama el Señor por boca del Profeta Isaías.
Deber de todos los cristianos es rogar al Señor por los que están constituidos en autoridad, pues es mucha la responsabilidad que tienen sobre sí. Por nuestra parte, los cristianos hemos de ser ciudadanos que cumplen con exactitud sus deberes para con la sociedad, para con el Estado, para con la empresa en la que trabajamos...: no deben existir colaboradores más leales en la promoción del bien común. Y esta fidelidad nace a la vez de nuestra conciencia, pues esas prestaciones deben ser también para nosotros los cristianos camino de santidad: el pago de los impuestos justos, el ejercicio responsable del voto, la colaboración en las iniciativas que lleven a una mejora de la ciudad o del pueblo, la intervención en la política si a eso nos sentimos llamados... Examinemos hoy delante del Señor si verdaderamente podemos ser ejemplo para muchos por nuestra colaboración, por el sentido positivo con que nos disponemos siempre a promover el bien de todos.
II. El Señor, ante la pregunta de fariseos y herodianos, reconoció el poder civil y sus derechos, pero avisó claramente que deben respetarse los derechos superiores de Dios5, pues la actividad del hombre no se reduce a lo que cae bajo el ámbito de la ordenación social o política. Existe en él una dimensión religiosa profunda, que informa todas las tareas que lleva a cabo y que constituye su máxima dignidad. Por eso, sin que nadie le preguntara, añadió el Señor: Dad... a Dios lo que es de Dios.
Cuando el cristiano actúa en la vida pública, en la enseñanza, en cualquier empeño cultural..., no puede guardar su fe para mejor ocasión, pues “la distinción establecida por Cristo no significa, en modo alguno, que la religión haya de relegarse al templo –a la sacristía– ni que la ordenación de los asuntos humanos haya de hacerse al margen de toda ley divina y cristiana”6. Por el contrario, los cristianos han de ser luz y sal allí donde se encuentren, han de convertir el mundo, con frecuencia el pequeño mundo en el que se desarrolla su vida, en un lugar más humano y habitable, donde los hombres encuentren con más facilidad el camino que les lleva a Dios. Los seglares cumplen “la misión de la Iglesia en el mundo, ante todo, con la concordancia entre su vida y su fe, con la que se convierten en luz del mundo; con la honradez en todos los negocios, la cual atrae a todos hacia el amor de la verdad y del bien y, finalmente, a Cristo y a la Iglesia; con la caridad fraterna, por la que, participando en las condiciones de vida, trabajo y sufrimientos y aspiraciones de los hermanos, disponen insensiblemente los corazones de todos hacia la acción de la gracia salvadora; con la plena conciencia de su papel en la edificación de la sociedad, por la que se esfuerzan en llenar de magnanimidad cristiana su actividad doméstica, social y profesional”7.
III. El cristiano, al actuar en la vida pública, al expresar su opinión ante esos temas fundamentales que configuran una sociedad, lleva consigo una luz poderosa, la luz de la fe. Sabe muy bien que las enseñanzas de Dios, expuestas por el Magisterio de la Iglesia, no solo no suponen un obstáculo para el bien de las personas y de la sociedad, o para el progreso científico. Por el contrario, son una guía para su realización. Cuando, por ejemplo, el cristiano advierte la índole indisoluble que por su naturaleza tiene todo verdadero matrimonio, está señalando una pista de bien social, una garantía para que se conserve sana una sociedad8. Está aportando un dato importantísimo para el bien de todos. Por eso, no tiene una postura encogida, preocupada por las opciones que le están vedadas. ¡Es mucho lo que tiene que aportar al mundo, como hicieron los cristianos de los primeros tiempos! Debe saber que, si tiene una conciencia bien formada en aquellos criterios básicos, puede prestar un bien inmenso a sus conciudadanos. ¡Tiene en sus manos una gran luz en medio de tanta oscuridad!
No debe ocurrir lo que señalaba el Cardenal Luciani, más tarde Juan Pablo I: “En esta sociedad se ha creado un enorme vacío moral y religioso. Todos parecen espasmódicamente lanzados hacia conquistas materiales: ganar, invertir, rodearse de nuevas comodidades, pasarlo bien (...). Dios –que debería invadir nuestra vida– se ha convertido, en cambio, en una estrella lejanísima, a la que solo se mira en determinados momentos. Creemos ser religiosos porque vamos a la iglesia, tratando después de llevar fuera de la iglesia una vida semejante a la de tantos otros, entretejida de pequeñas o grandes trampas, de injusticias, de ataques a la caridad, con una falta absoluta de coherencia”9. No es así como podremos dar a Dios lo que es de Dios, sino con el testimonio de una vida coherente, sintiéndonos hijos de Dios igual en el parlamento que en la conversación amable en casa de unos amigos, con el convencimiento de que solo en el seno de la Iglesia se guardan los valores que pueden llenar ese “tremendo vacío moral y religioso”. Una sociedad sin estos valores está abocada a una creciente agresividad y también a una progresiva deshumanización. Dios no es “una estrella lejanísima”, inoperante, sino una poderosa luz que da sentido a todo el quehacer humano. Somos los cristianos, unidos a otros hombres de buena voluntad, los que tenemos la posibilidad de salvar este mundo. ¡Cómo vamos a estar encogidos cuando defendemos el valor de la vida humana desde sus comienzos –frente a las aberraciones a las que pueden dar lugar las manipulaciones genéticas–, o el derecho de los padres a la educación de sus hijos, a que se les imparta una enseñanza católica en las escuelas si así lo desean!
...A Dios lo que es de Dios. Del Señor es la vida de los hombres, desde su concepción; y la familia, a la que santificó en Nazaret, basada en un matrimonio indisoluble, como Él mismo lo declaró ante el escándalo de los que le escuchaban; y la conciencia de los hombres, que debe ser formada para que sea luz que ilumine sus caminos; y la fuente de la vida, que los hombres no pueden cegar...
Todo en nuestra vida es del Señor, ¿cómo nos vamos a reservar parcelas donde Él no pueda estar presente? Pidamos a Nuestra Señora que nos dé la alegría santa de sentirnos en toda ocasión hijos de Dios, y de actuar como tales con responsabilidad personal.
1 Primera lectura, Is 45, 1; 4-6. — 2 Mt 22, 15-21. — 3 Conc. Vat., II, Const. Gaudium et spes, 75. — 4 Is 10, 1. — 5 Cfr. Conc. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, 11. — 6 San Josemaría Escrivá, Cartas, 9-I-1959. —7 Conc. Vat. II, Decl. Apostolicam actuositatem, 13. — 8 Cfr. J. M. Pero-Sanz, Creyentes en la sociedad, BAC, Madrid 1981, p. 30. — 9 A. Luciani, Ilustrísimos señores, p. 219.
___________________________________________________________________________________________

San Lucas
Evangelista
|
Lucas significa: "luminoso,
iluminado" (viene del latín "luce" = luz).
San Lucas escribió dos libros muy famosos: el tercer Evangelio y Los Hechos de los apóstoles. Es un escritor muy agradable, y el que tiene el estilo más hermoso en el Nuevo Testamento. Sus dos pequeños libros se leen con verdadero agrado.
Era médico. San Pablo lo llama "Lucas, el médico muy amado", y probablemente cuidaba de la quebrantada salud del gran apóstol.
Era compañero de viajes de San Pablo. En los Hechos de los apóstoles, al narrar los grandes viajes del Apóstol, habla en plural diciendo "fuimos a... navegamos a..." Y va narrando con todo detalle los sucesos tan impresionantes que le sucedieron a San Pablo en sus 4 famosos viajes. Lucas acompañó a San Pablo cuando éste estuvo prisionero, primero dos años en Cesarea y después otros dos en Roma. Es el único escritor del Nuevo Testamento que no es israelita. Era griego.
El poeta Dante le dio a San Lucas este apelativo: "el que describe la amabilidad de Cristo". Y con razón el Cardenal Mercier cuando un alumno le dijo: "Por favor aconséjeme cuál es el mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo", le respondió: "El mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo se llama: El Evangelio de San Lucas". Un autor llamó a este escrito: "El libro más encantador del mundo".
Como era médico era muy comprensivo. Dicen que un teórico de oficina, ve a las gentes mejor de lo que son. Un sociólogo las ve peor de lo que son en realidad. Pero el médico ve a cada uno tal cual es. San Lucas veía a las personas tal cual son (mitad debilidad y mitad buena voluntad) y las amaba y las comprendía.
En su evangelio demuestra una gran estimación por la mujer. Todas las mujeres que allí aparecen son amables y Jesús siempre les demuestra gran aprecio y verdadera comprensión.
Su evangelio es el más fácil de leer, de todos los cuatro. Son 1,200 renglones escritos en excelente estilo literario. Lo han llamado "el evangelio de los pobres", porque allí aparece Jesús prefiriendo siempre a los pequeños, a los enfermos, a los pobres y a los pecadores arrepentidos. Es un Jesús que corre al encuentro de aquellos para quienes la vida es más dura y angustiosa.
También se ha llamado: "el evangelio de la oración", porque presenta a Jesús orando en todos los grandes momentos de su vida e insistiendo continuamente en la necesidad de orar siempre y de no cansarse de orar.
Otro nombre que le han dado a su escrito es el "evangelio de los pecadores", porque presenta siempre a Jesús infinitamente comprensivo con los que han sido víctimas de las pasiones humanas. San Lucas quiere insistir en que el amor de Dios no tiene límites ni rechaza a quien desea arrepentirse y cambiar de vida. Por eso los pecadores leen con tanto agrado y consuelo el evangelio de San Lucas. Es que fue escrito pensando en ellos.
Su evangelio es el que narra los hechos
de la infancia de Jesús, y en él se han inspirado los más
famosos pintores para
representar en imágenes tan amables escenas.
Dicen que murió soltero, a la edad de 84
años, después de haber gastado su vida en hacer conocer y amar a
Nuestro Señor
Jesucristo.
________________________________________________________________Fuente:
Franciscanos.org
Pedro
de Alcántara, Santo
Penitente, Octubre 18
PenitenteMartirologio Romano: En la villa de
Arenas, en la región española de Castilla, san
Pedro de Alcántara, presbítero de la Orden de los
Hermanos Menores, que adornado con el don de
consejo y de vida penitente y austera, reformó la
disciplina regular en los conventos de la Orden en
España, siendo consejero de santa Teresa de Jesús
en su obra reformadora de la Orden de los
Carmelitas (1562). |
___________________________
Pedro de Tsetinia, Santo Obispo, 18 de octubre
Octubre 18
Etimológicamente significa “roca”. Viene de
la lengua hebrea. |
___________________________________________________________________________________________
Justo de Auxerre, Santo Mártir, 18 de octubre
Mártir
|
J†A
JMJ
Pax
Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los
fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se
acercaron a Jesús y
uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El les dijo:
"Amarás al Señor tu Dios como todo tu corazón, con toda tu alma,
con todo
tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El segundo
es
semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos dos
mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Que se alegren los que buscan al Señor, recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y
caridad; y, para
conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Si explotan a las viudas y a los huérfanos, se encenderá mi ira contra ustedes
Lectura del libro del Éxodo 22, 21-27
Esto dice el Señor:
-No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros
fueron ustedes en
Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los
explotas y ellos
gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré
morir a espada,
dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos
huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita
contigo, no serás
con él un usurero cargándole intereses. Si tomas en prenda el
manto de tu
prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no
tiene otro vestido
para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? si
grita a mí, yo lo
escucharé, porque yo soy compasivo.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del Salmo 17
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
Yo te amo,
Señor; tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
Dios mío,
peña mía, refugio mío, escudo
mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi
alabanza, y quedo
libre de mis enemigos.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
Viva el
Señor, bendita sea mi Roca, sea
ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia
de tu ungido.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y esperar la vuelta de su Hijo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10
Hermanos: Saben cuál fue nuestra actuación entre ustedes para
vuestro bien. Y
vosotros seguisteis nuestro
ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra entre tanta lucha
con alegría del
Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los
creyentes de
Macedonia y de Acaya. Desde vuestra comunidad, la palabra del
Señor del Señor
ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas
partes; nuestra fe
en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no
teníamos
necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los
detalles de la
visita que os hicimos: cómo abandonando los ídolos, les
devolvisteis a Dios
para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la
vuelta de su Hijo
Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los
muertos y que los
libra del castigo futuro.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y
haremos en él nuestra
morada, dice el Señor.
Aleluya.
Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los
fariseos, al oír que había hecho
callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le
preguntó para
ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El les dijo:
"Amarás al Señor tu Dios como todo tu corazón, con toda tu
alma, con todo
tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El
segundo es
semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos
dos mandamientos
sostienen la Ley entera y los Profetas.
Palabra de Dios.
Celebrante:
Confiados en que la oración de los pobres llega hasta el
Señor, elevemos con
humildad nuestras peticiones a Dios:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor
conceda el espíritu de consejo,
fortaleza, ciencia y piedad a nuestro obispo N. y a todos los
pastores de la
Iglesia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los gobiernos
de las naciones edifiquen sus
comunidades en la paz, equilibrando toda desigualdad injusta,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor alivie
los dolores de los que sufren
en el cuerpo o en el espíritu y les dé fuerza para no
desfallecer ante la
tribulación, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que mantenga a
nuestras familias firmes en la concordia
y seguras en su gracia y amistad, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios nuestro, refugio en las adversidades, escucha nuestras
oraciones y haz
que, llenos de tu Espíritu, abandonemos los ídolos, nos
volvamos sinceramente a
ti y cumplamos plenamente el mandamiento de amarte a ti con
todo el corazón y
al prójimo como a nosotros mismos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Vuelve tu mirada, Señor, sobre las ofrendas que te presentamos, para que nuestra celebración sea para tu gloria y tu alabanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo en la cruz, nos libró de eterna muerte y, resucitando, nos dio vida eterna. Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Que podamos celebrar tu victoria y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes.
Oremos:
Lleva a su término en nosotros, Señor, lo que significan estos
sacramentos,
para que un día poseamos plenamente cuanto celebramos ahora en
estos ritos
sagrados.
Por Jesucristo, Señor nuestro.
Amén
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† Meditación diaria
Trigésimo
Domingo
ciclo a
CREADOS PARA LA ALEGRÍA
— El Señor quiere discípulos alegres. Lo necesario para conseguir la felicidad “no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”.
— El primer mandamiento y la alegría.
— Llevar la alegría a quienes Dios ha puesto cerca de nuestra vida.
I. La Antífona de entrada de la Misa1 nos invita a la alegría y nos señala el camino para encontrarla: Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Cuando no buscamos a Dios es imposible estar contentos. La tristeza nace del egoísmo, del afán de compensaciones, del descuido de las cosas de Dios y de las de nuestros hermanos los hombres..., de estar pendientes de nosotros mismos, en definitiva. Sin embargo, el Señor nos ha creado para la alegría. Nos quiere más alegres cuanto más cerca de Sí nos llama. Ya en el Antiguo Testamento se anuncia: No temas, tierra; alégrate y gózate porque son muy grandes las cosas que hace el Señor... Alegraos y gozaos, hijos de Sión, en el Señor, vuestro Dios, que os dará la lluvia a su tiempo y hará descender sobre vosotros la temprana y la tardía de otras veces2.
Para nosotros los cristianos, la alegría es una verdadera necesidad. Cuando el alma está alegre se vierte hacia fuera y tiene alas para volar hacia Dios y para excederse en el servicio a los demás; un corazón alegre está más cerca de Dios, se dispone para llevar a cabo empresas grandes y es estímulo para sus hermanos. La tristeza paraliza los mejores propósitos de santidad y de apostolado, y oscurece el ambiente. Es un gran mal. Por eso, San Pablo repetía una y otra vez a los primeros cristianos: Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: alegraos3. Por otra parte, en medio de las fuertes contradicciones que estaban padeciendo, la alegría era su fortaleza y el mejor medio para atraer a otros a la fe.
La tristeza no se origina por dificultades o sufrimientos más o menos graves, sino por dejar de mirar a Jesús. Enseña Santo Tomás que este mal del alma es un verdadero vicio causado por el desordenado amor de sí mismo, y es causa de otros muchos males4. Es como una raíz enferma que solo produce frutos amargos. La tristeza origina muchas faltas de caridad, despierta el afán de compensaciones y permite, con frecuencia, que el alma no luche con prontitud en las tentaciones que provienen de la sensualidad.
“Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”5, pues la alegría es el primer efecto del amor, y la tristeza el fruto estéril del egoísmo, de la pereza..., del desamor, en definitiva. “La tristeza mueve a la ira y al enojo; y así experimentamos que, cuando estamos tristes, fácilmente nos enfadamos y nos airamos por cualquier cosa; y más, hace al hombre sospechoso y malicioso, y algunas veces turba de tal modo que parece que quita el sentido y saca fuera de sí”6. El alma entristecida cae con facilidad en el pecado y se queda sin fuerzas para el bien; es camino cierto para la derrota. Como la polilla al vestido, y la carcoma a la madera, así la tristeza daña el corazón del hombre7.
Si alguna vez sentimos que nos ronda esta mala enfermedad del alma, o que ya se ha introducido dentro, examinemos dónde tenemos puesto el corazón. ““Laetetur cor quaerentium dominum”. —Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
“—Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza”8. ¡Qué difícil es estar triste –aun en medio del dolor, de la pobreza, de la enfermedad...– cuando de verdad andamos con la mirada puesta en el Señor, y somos generosos en lo que nos está pidiendo en esa situación, quizá humanamente difícil! Como San Pablo, podremos decir siempre: estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en medio de las tribulaciones9. Si buscamos realmente al Señor en nuestra vida, nada podrá quitarnos la paz y la alegría. El dolor purificará el alma, y las mismas penas se transformarán en gozo.
II. Laetetur cor quaerentium Dominum... que se alegren los corazones que buscan al Señor.
El Evangelio de la Misa de este domingo10 invita a la alegría, porque es una llamada al amor. El mandamiento del amor es a la vez el de la alegría, pues esta virtud “no es distinta de la caridad, sino cierto acto y efecto suyo”11. De aquí que el índice de nuestra unión con Dios venga señalado por la alegría y el buen humor que ponemos en el cumplimiento del deber, en el trato con los demás, en el modo como llevamos el dolor y las contradicciones.
Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle por el mandamiento principal de la ley, Jesús les respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Esto es lo que necesitamos: dirigirnos a Dios con todo lo que tenemos y somos, servir al prójimo, abrirnos a él, y olvidarnos de nosotros mismos, huir de la preocupación por estar más cómodos, dejar nuestra vanidad y el orgullo a un lado, poner la mirada lejos de nosotros..., amar.
Muchos piensan que van a ser más felices cuando posean más cosas, cuando sean más admirados..., y se olvidan de que solo necesitamos “un corazón enamorado”. Y ningún amor puede llenar nuestro corazón, que fue hecho por Dios para alcanzar su plenitud en los bienes eternos, sin el Amor. Los demás amores limpios –los otros no son amores– adquieren su verdadero sentido cuando buscamos al Señor sobre todas las cosas. Por el contrario, ni el egoísta, ni el envidioso, ni quien tiene puesta su alma en los bienes de la tierra... gustarán de aquella alegría que prometió Jesús a los suyos12, porque no sabrá querer, en el sentido más profundo y noble de la palabra. “Mas esta fuerza tiene el amor, si es perfecto: que olvidamos nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así, que, aunque sean grandísimos trabajos, entendiendo contentamos a Dios. se nos hacen dulces”13. Todas las dificultades y tribulaciones son llevaderas de la mano del Señor.
III. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte... Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza14, rezamos al Señor con las palabras del Salmo responsorial.
En Él encontramos la seguridad y todo lo que necesitamos, también la alegría y la paz en cualquier situación por la que estemos pasando. Por eso, no dejaremos nunca de tratarlo personalmente, con intimidad, cada día. Mucho nos va en ello.
La alegría y la paz que bebemos en esa fuente inagotable que es Cristo, hemos de llevarlas a quienes Dios ha puesto más cerca de nosotros, a nuestros hogares, que no han de ser en ningún momento tristes, ni oscuros, ni tensos por las incomprensiones y los egoísmos, sino “luminosos y alegres”15, como fue aquel donde vivió Jesús con María y José. Cuando en el lenguaje habitual se dice “esa casa parece un infierno”, enseguida se nos viene a la mente un hogar sin amor, sin alegría, sin Cristo. Un hogar cristiano debe ser alegre porque en él está el Señor que lo preside, y porque ser discípulos suyos significa, entre otras cosas, vivir esas, virtudes humanas y sobrenaturales a las que tan íntimamente está unida la alegría: generosidad, cordialidad, espíritu de sacrificio, simpatía, empeño por hacer la vida más amable a quienes están cerca...
Hemos de llevar esta alegría serena, resultado de tratar diariamente al Señor, a nuestro lugar de trabajo, a la calle, a las relaciones con los clientes, a quien nos pregunta por una dirección en una ciudad que le es desconocida... Muchos se encuentran tristes e inquietos y necesitan, ante todo, ver la alegría que el Señor nos ha dejado para ponerse ellos también en camino. ¡Cuántos han descubierto el sendero que lleva a Dios a través de la alegría cristiana, hecha vida en un compañero de trabajo, en un amigo...!
Este gozo cristiano es también el estado de ánimo necesario para el cumplimiento de las obligaciones propias. Y cuanto más elevadas sean estas, tanto más habrá de elevarse nuestra alegría16. Cuanto mayor sea nuestra responsabilidad (padres, sacerdotes, superiores, maestros...), mayor también la obligación de tener esa alegría para comunicarla. El rostro del Señor debía resplandecer de alegría, y su paz se manifestó incluso en su Pasión y Muerte. También en esos momentos quiso darnos ejemplo para que le imitáramos si el camino de la vida se nos hiciera cuesta arriba.
El recurso a Nuestra Madre Santa María –Causa nostrae laetitiae, Causa de nuestra alegría– nos permitirá encontrar fácilmente el camino de la paz y del gozo verdadero, si alguna vez lo perdemos. Enseguida comprenderemos que esa senda que conduce a la alegría es la misma que lleva a Dios.
1 Antífona de entrada. Sal 104, 34. — 2 Ioel 2, 21-23. — 3 Flp 4, 4 . — 4 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 28, a. 4, — 5 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 795. — 6 San Gregorio Magno, Moralia, 1, 31, 31. — 7 Prov 25, 20. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 666. — 9 2 Cor 7, 4. — 10 Mt 22, 34-40. — 11 Santo Tomás, o. c. 2-2, q. 28, a. 3. — 12 Cfr. Jn 16, 22. — 13 Santa Teresa, Fundaciones, 5, 10. — 14 Salmo responsorial. Sal 17, 2-4; 47; 51. — 15 Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 22. — 16 Cfr. P. A. Reggio, Espíritu sobrenatural y buen humor, p. 24.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
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Autor: n/a | Fuente: Archidiócesis de
Madrid |
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Biografía: 25 de octubre de 715 |
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Autor: P. Felipe Santos | Fuente:
Catholic.net |
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Mártires, patronos de los zapateros, 25 de octubre |
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40 Mártires de Inglaterra y Gales, Santos |
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Mártires, 25 de octubre |
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Autor: Magnificat.ca | Fuente:
Magnificat.ca |
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Esposos y mártires, 25 Octubre |
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Canna, Santa |
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Esposa y madre, Siglo VI, 25 Octubre |
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Autor: P. Felipe Santos | Fuente:
Catholic.net |
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Viuda, 25 de octubre |
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Autor: Wikipédia | Fuente: Wikipédia |
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Obispo, 25 Octubre |
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Autor: Archimadrid.com | Fuente:
Archimadrid.com |
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Mártires, 25 Octubre |
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J†A
JMJ
Pax
Dichosos los pobres en el Espíritu
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, al ver tanta gente Jesús subió a la montaña, se sentó y
se le acercaron
sus discípulos; enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino
de los
cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos
serán
saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos obtendrán
misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán
hijos de
Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de
ellos es el Reino
de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan
contra ustedes
toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense,
porque su
premio será grande en los cielos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Todos los Santos (1o. de nov)
Antífona de Entrada
Alegrémonos en el Señor al celebrar este día la solemnidad de Todos los Santos; por la cual se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios omnipotente y eterno, que otorgas a tu Iglesia la alegría
de celebrar en
esta solemnidad los méritos y la gloria de todos los Santos;
concede a tu
pueblo, por intercesión de todos estos hermanos nuestros, la
abundancia de tu
misericordia y tu perdón.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Vi una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos lo pueblos y lenguas
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 7, 2-4.9-14
Yo, Juan, vi
otro ángel que venía del oriente; traía el sello del Dios vivo y
gritó con voz
poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la
tierra y al mar:
"¡No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que
marquemos
con el sello en la frente a los servidores de nuestro Dios!"
Y oí el número de los que habían sido marcados: eran ciento
cuarenta y cuatro
mil, de todas las tribus de Israel.
Vi luego una muchedumbre enorme que nadie podía contar. Gentes
de toda nación,
raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero,
vestidos con
túnicas blancas y con palmas en sus manos. Y clamaban con voz
poderosa:
"¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el
trono, y del
Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, alrededor
de los ancianos
y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro a tierra ante el
trono y adoraron
a Dios, diciendo:
"Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor,
poder y
fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén".
Entonces uno de los ancianos me preguntó:
"¿Quiénes son y de dónde han venido éstos que llevan túnicas
blancas?"
Yo le respondí:
"Señor mío, lo sabrás".
El me dijo:
"Estos son los que vienen de la gran persecución, los que han
lavado y
blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 23, 1-2.4ab.5-6
Estos son los que buscan al Señor.
Del Señor es
la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes,
pues él la
estableció sobre los mares, él la fundó sobre los ríos.
Estos son los que buscan al Señor.
¿Quién subirá
al monte del Señor? ¿Quién podrá estar en su recinto sagrado? El
hombre de
manos puras y limpio corazón.
Estos son los que buscan al Señor.
Este recibirá
la bendición del Señor, y Dios, su salvador, lo proclamará
inocente.
Estos son los que buscan al Señor.
Segunda Lectura
Veremos a Dios tal cual es
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3
Queridos
hermanos: Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el
Padre: hasta
el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El
mundo no nos conoce,
porque no lo ha conocido a él.
Hermanos queridos, ahora ya somos hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo
que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos
semejantes a él, porque
lo veremos tal cual es.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Vengan a mí todos lo que están cansados y agobiados, y yo los
aliviaré, dice el
Señor.
Aleluya.
Evangelio
Dichosos los pobres en el Espíritu
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, al ver tanta gente Jesús subió a la montaña, se sentó y
se le acercaron
sus discípulos; enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino
de los
cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos
serán
saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos obtendrán
misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán
hijos de
Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de
ellos es el Reino
de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan
contra ustedes
toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense,
porque su
premio será grande en los cielos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Iluminados con el ejemplo de los santos, que fueron en su vida
sal de la tierra
y luz del mundo, y uniendo nuestra oración a la de la inmensa
multitud de los
que ya están en presencia del Señor, oremos confiadamente al
Señor:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Para que el
Señor suscite en su Iglesia ejemplos de una santidad heroica que
atraiga a los
no creyentes a Cristo, y conceda a a todos los bautizados
redescubrir que Dios
los llama a la santidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
nuestros hermanos que no conocen la luz y la hermosura del
Evangelio de Cristo
sean liberados de las tinieblas, entren en el reino de la luz y
compartan la
herencia de los santos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que el
ejemplo de los santos, que experimentaron que para entrar en el
Reino de Dios
hay que sufrir muchas tribulaciones, fortalezca a los que sufren
y se tambalean
en su combate, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que
quienes hoy nos hemos reunido para celebrar la solemnidad de
Todos los Santos,
nos encontremos con nuestros familiares y amigos difuntos en el
reino glorioso
de Jesucristo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor, Padre santo, que has glorificado en tu Reino a los
siervos fieles que
han velado esperando la llegada del Esposo, escucha nuestra
oración y no
permitas que se apaguen nuestras lámparas, y así merezcamos
entrar en el
banquete de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los
siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, el sacrificio de alabanza que te ofrecemos al celebrar hoy la fiesta de todos los santos que gozan ya de tu vida inmortal, y concédenos experimentar siempre su protección y su ayuda en nuestro camino hacia ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La gloria de la Iglesia, nuestra Madre
En verdad es
justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
Porque hoy nos concedes celebrar la gloria de Todos los Santos,
asamblea de la
Jerusalén celestial que eternamente te alaba.
Hacia ella, aunque peregrinos en la tierra, nos encaminamos
alegres, guiados
por la fe y
animados por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en
ellos encontramos
ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.
Por eso,
unidos a estos santos y a los coros de los ángeles, te
glorificamos y cantamos
diciendo:
Antífona de la Comunión
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios; bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Dios nuestro, fuente única de toda santidad y admirable en todos
tus santos;
haz que este sacramento nos encienda en el fuego de tu amor y
nos prepare para
la alegría de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
1 de noviembre
TODOS LOS SANTOS*
Solemnidad
— Personas que se santificaron a través de una vida corriente.
— Todos hemos sido llamados a la santidad.
— La caridad, distintivo de los que han alcanzado la bienaventuranza.
I. Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de todos los santos: de esta solemnidad se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios1.
La fiesta de hoy recuerda y propone a la meditación común algunos componentes fundamentales de nuestra fe cristiana señalaba el Papa Juan Pablo II-. En el centro de la Liturgia están sobre todo los grandes temas de la Comunión de los Santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se hallan en las condiciones descritas por Jesús. Pero la clave de la fiesta que hoy celebramos “es la alegría, como hemos rezado en la antífona de entrada: Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos; y se trata de una alegría genuina, límpida, corroborante, como la de quien se encuentra en una gran familia donde sabe que hunde sus propias raíces...”2. Esta gran familia es la de los santos: los del Cielo y los de la tierra.
La Iglesia, nuestra Madre, nos invita hoy a pensar en aquellos que, como nosotros, pasaron por este mundo con dificultades y tentaciones parecidas a las nuestras, y vencieron. Es esa muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, según nos recuerda la Primera lectura de la Misa3. Todos están marcados en la frente y vestidos con vestiduras blancas, lavadas en la sangre del Cordero4. La marca y los vestidos son símbolos del Bautismo, que imprime en el hombre, para siempre, el carácter de la pertenencia a Cristo, y la gracia renovada y acrecentada por los sacramentos y las buenas obras.
Muchos Santos de toda edad y condición- han sido reconocidos como tales por la Iglesia, y cada año los recordamos en algún día preciso y los tomamos como intercesores para tantas ayudas como necesitamos. Pero hoy festejamos, y pedimos su ayuda, a esa multitud incontable que alcanzó el Cielo después de pasar por este mundo sembrando amor y alegría, sin apenas darse cuenta de ello; recordamos a aquellos que, mientras estuvieron entre nosotros, hicieron, quizá, un trabajo similar al nuestro: oficinistas, labriegos, catedráticos, comerciantes, secretarias...; también tuvieron dificultades parecidas a las nuestras y debieron recomenzar muchas veces, como nosotros procuramos hacer; y la Iglesia no hace una mención nominal de ellos en el Santoral. A la luz de la fe, forman “un grandioso panorama: el de tantos y tantos fieles laicos a menudo inadvertidos o incluso incomprendidos; desconocidos por los grandes de la tierra, pero mirados con amor por el Padre, hombres y mujeres que, precisamente en la vida y actividad de cada jornada, son los obreros incansables que trabajan en la viña del Señor; son los humildes y grandes artífices por la potencia de la gracia, ciertamente del crecimiento del Reino de Dios en la historia”5. Son, en definitiva, aquellos que supieron “con la ayuda de Dios conservar y perfeccionar en su vida la santificación que recibieron”6 en el Bautismo.
Todos hemos sido llamados a la plenitud del Amor, a luchar contra las propias pasiones y tendencias desordenadas, a recomenzar siempre que sea preciso, porque “la santidad no depende del estado soltero, casado, viudo, sacerdote, sino de la personal correspondencia a la gracia, que a todos se nos concede”7. La Iglesia nos recuerda que el trabajador que toma cada mañana su herramienta o su pluma, o la madre de familia dedicada a los quehaceres del hogar, en el sitio que Dios les ha designado, deben santificarse cumpliendo fielmente sus deberes8.
Es consolador pensar que en el Cielo, contemplando el rostro de Dios, hay personas con las que tratamos hace algún tiempo aquí abajo, y con las que seguimos unidas por una profunda amistad y cariño. Muchas ayudas nos prestan desde el Cielo, y nos acordamos de ellas con alegría y acudimos a su intercesión.
Hacemos hoy nuestra aquella petición de Santa Teresa, que también ella misma escuchará, en esta Solemnidad: “¡Oh ánimas bienaventuradas, que tan bien os supisteis aprovechar, y comprar heredad tan deleitosa...! Ayudadnos, pues estáis tan cerca de la fuente; coged agua para los que acá perecemos de sed”9.
II. En la Solemnidad de hoy, el Señor nos concede la alegría de celebrar la gloria de la Jerusalén celestial, nuestra madre, donde una multitud de hermanos nuestros le alaban eternamente. Hacia ella, como peregrinos, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y animados por la gloria de los Santos; en ellos, miembros gloriosos de su Iglesia, encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad10.
Nosotros somos todavía la Iglesia peregrina que se dirige al Cielo; y, mientras caminamos, hemos de reunir ese tesoro de buenas obras con el que un día nos presentaremos ante nuestro Dios. Hemos oído la invitación del Señor: Si alguno quiere venir en pos de Mí... Todos hemos sido llamados a la plenitud de la vida en Cristo. Nos llama el Señor en una ocupación profesional, para que allí le encontremos, realizando aquella tarea con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural: ofreciéndola a Dios, ejercitando la caridad con las personas que tratamos, viviendo la mortificación en su realización, buscando ya aquí en la tierra el rostro de Dios, que un día veremos cara a cara. Esta contemplación trato de amistad con nuestro Padre Dios podemos y debemos adquirirla a través de las cosas de todos los días, que se repiten muchas veces, con aparente monotonía, pues “para amar a Dios y servirle, no es necesario hacer cosas raras. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide que sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar así a Dios en el camino de sus vidas”11.
¿Qué otra cosa hicieron esas madres de familia, esos intelectuales o aquellos obreros..., para estar en el Cielo? Porque a él queremos ir nosotros; es lo único que, de modo absoluto, nos importa. Esta santa decisión tiene mucha importancia para los demás. Si, con la gracia de Dios y la ayuda de tantos, alcanzamos el Cielo, no iremos solos: arrastraremos a muchos con nosotros.
Quienes han llegado ya, procuraron santificar las realidades pequeñas de todos los días; y si alguna vez no fueron fieles, se arrepintieron y recomenzaron el camino de nuevo. Eso hemos de hacer nosotros: ganarnos el Cielo cada día con lo que tenemos entre manos, entre las personas que Dios ha querido poner a nuestro lado.
III. Muchos de los que ahora contemplan la faz de Dios quizá no tuvieron ocasión, a su paso por la tierra, de realizar grandes hazañas, pero cumplieron lo mejor posible sus deberes diarios, sus pequeños deberes diarios. Tuvieron errores y faltas de paciencia, de pereza, de soberbia, tal vez pecados graves. Pero amaron la Confesión, y se arrepintieron, y recomenzaron. Amaron mucho y tuvieron una vida con frutos, porque supieron sacrificarse por Cristo. Nunca se creyeron santos; todo lo contrario: siempre pensaron que iban a necesitar en gran medida de la misericordia divina. Todos conocieron, en mayor o menor grado, la enfermedad, la tribulación, las horas bajas en las que todo les costaba; sufrieron fracasos y tuvieron éxitos. Quizá lloraron, pero conocieron y llevaron a la práctica las palabras del Señor, que hoy también nos trae la Liturgia de la Misa: Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os aliviaré12. Se apoyaron en el Señor, fueron muchas veces a verle y a estar con Él junto al Sagrario; no dejaron de tener cada día un encuentro con Él.
Los bienaventurados que alcanzaron ya el Cielo son muy diferentes entre sí, pero tuvieron en esta vida terrena un común distintivo: vivieron la caridad con quienes les rodeaban. El Señor dejó dicho: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros13. Esta es la característica de los Santos, de aquellos que están ya en la presencia de Dios.
Nosotros nos encontramos caminando hacia el Cielo y muy necesitados de la misericordia del Señor que es grande y nos mantiene día a día. Hemos de pensar muchas veces en él y en las gracias que tenemos, especialmente en los momentos de tentación o de desánimo.
Allí nos espera una multitud incontable de amigos. Ellos “pueden prestarnos ayuda, no solo porque la luz del ejemplo brilla sobre nosotros y hace más fácil a veces que veamos lo que tenemos que hacer, sino también porque nos socorren con sus oraciones, que son fuertes y sabias, mientras las nuestras son tan débiles y ciegas. Cuando os asoméis en una noche de noviembre y veáis el firmamento constelado de estrellas, pensad en los innumerables santos del Cielo, que están dispuestos a ayudarnos...”14. Nos llenará de esperanza en los momentos difíciles. En el Cielo nos espera la Virgen para darnos la mano y llevarnos a la presencia de su Hijo, y de tantos seres queridos como allí nos aguardan.
1 Antífona de entrada. — 2 Juan Pablo II, Homilía 1-XI-1980. — 3 Apoc 7, 9. — 4 Cfr. Apoc 7, 3-9. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 17. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 40. — 7 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, p. 67. — 8 Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, cit. — 9 Santa Teresa, Exclamaciones, 13, 4. — 10 Cfr. Misal Romano, Prefacio de la Misa. — 11 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 55. — 12 Aleluya. Mt 11, 28. — 13 Jn 13, 34-35. — 14 R. A. Knox, Sermón a los colegiales de Alli Hallws, 1-XI-1950.
* La Iglesia nos invita a levantar el pensamiento y a dirigir la oración a esa inmensa multitud de hombres y mujeres que siguieron a Cristo aquí en la tierra y se encuentran ya con Él en el Cielo. La fiesta se celebra en toda la Iglesia desde el siglo viii. En ella se nos recuerda que la santidad es asequible a todos, en las diversas profesiones y estados, y que para ayudarnos a alcanzar esa meta debemos vivir el dogma de la Comunión de los Santos.
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Rainero de Santosepulcro, Santo Confesor, 1 de noviembre
Confesor
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Fuente:
SagradaFamilia.net
Licinio (Lucinio) de Santo Obispo, Noviembre 1
Obispo de Angers del siglo VIIMartirologio
Romano: En
Anjou, en Neustria, san Licinio, obispo, a quien el
papa san Gregorio I Magno encomendó los monjes que
se dirigían a Inglaterra (c. 618). |
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Fuente:
Carmelnet.org / Carmelitas.info
Nuño de Santa Maria Alvares Pereira,
Santo Carmelita,
1 Noviembre
Fundador de la
casa de Braganza, nació en Sernache de Bomjardím,
Portugal, el 24.6.1360 del noble caballero D. Alvaro,
Gran Prior de los Caballeros de San Juan de Jerusalén. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Austremonio de Armenia, Santo Obispo, 1 Noviembre
No sabemos con
certeza mucho sobre este santo sino que fue misionero
en Armenia, lo mismo que San Estremonio, y que se le
venera como apóstol y primer obispo de Clermont. |
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Cesario de Terracina, Santo Mártir, 1 Noviembre
Existía en
Terracina, Italia, la bárbara costumbre de que, en
ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese
voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios
tutelar de la ciudad. |
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Juan y Jacobo de Persia, Santos Mártires, 1 Noviembre
Los santos Juan, Obispo, y Jacobo, presbítero, que fueron encarcelados durante el reinado de Sapor II y al cabo de un año consumaron su maritiro muertos por decapitación por espada. |
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Jerónimo Hermosilla, Santo Mártir dominico, 1 Noviembre
Obispo y
martiriza en Vietnam. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Marcelo de París, Santo Obispo, 1 Noviembre
Se cuenta que
San Marcelo nació en París. |
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Pedro Almató Ribera, Santo Mártir, 1 Noviembre
En la diócesis
catalana de Vic está el pueblo de San Feliu Saserra,
en donde el año 1830 vio la primera luz el que habría
de ser sacerdote misionero dominico y mártir de
Vietnam, Pedro, en el seno de la familia Almató y
Ribera. Entró como dominico en el convento de Ocaña en
1847. |
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Fuente:
Vatican.va
Teodor Romza, Beato Obispo y mártir, 1 Noviembre
Obispo y
administrador apostólico de Mukacevo (1911-1947).
Mártir |
___________________________________________________________________________________________
_Fuente:
Dominicos.org
Valentín de Berri Otxoa, Santo Obispo y mártir, 1 de noviembre
Obispo y Mártir DominicoMartirologio
Romano: En
la ciudad de Hai Duong, en Tonquín, santos mártires
Jerónimo Hermosilla y Valentían Barrio Ochoa,
obispos, y Pedro Almató Ribeira, presbíteros de la
Orden de Predicadores, que fueron decapitados por
orden del emperador Tu Duc (1861).
|
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Vigor de Bayeux, Santo Obispo, 1 Noviembre
Vigor nació en
Artois, en la Francia septentrional, y vivió en la
época de Childeberto I. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Iberopuebla.edu.mx
Rupert Mayer, Beato Se opuso al nazismo, 1 Noviembre
El P. Rupert
Mayer s.j. fue una persona que supo sostener sus
convicciones. Al terminar la educación secundaria
indicó a su padre que él deseaba ser jesuita. Como él
le pidiera que se ordenara antes de sacerdote, estudió
filosofía y teología. Ordenado, durante un año se
desempeñó como Vicario en una parroquia. Ingresó a la
Compañía en el Noviciado de Feldkirch, Austria, el 1
de octubre de 1900. Más tarde él mostraría igual
firmeza en la oposición al Movimiento Nacional
Socialista de Adolfo Hitler. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Omar (Audomaro), Santo Obispo, 1 de noviembre
ObispoMartirologio Romano: En el territorio de Théouranne, en Flandes, san Audomaro, que, siendo discípulo de san Eustasio, abad de Luxeuil, fue elegido obispo de los Marinos y renovó allí la fe cristiana (c. 670).
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Benigno, Santo Mártir, 1 de noviembre
Noviembre 1
Etimológicamente
significa “bueno”. Viene de la lengua latina. |
J†A
JMJ
Pax
Ya viene el esposo, salgan a su encuentro
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos esta parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que, tomando
sus
lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran
descuidadas y
cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero
no llevaron
aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio,
llevaron cada una un
frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba,
les entró sueño
a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito:
"¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!"
Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a
preparar sus lámparas,
y las descuidadas dijeron a las previsoras:
"Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están
apagando".
Las previsoras les contestaron:
"No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan
mejor a
donde lo venden y cómprenlo".
Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que
estaban listas
entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más
tarde llegaron
las otras jóvenes y dijeron:
"Señor, señor, ábrenos".
Pero él les respondió:
"Yo les aseguro que no las conozco".
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor, Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
32a. Dom Ord Ciclo A
Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias.
Oremos:
Ayúdanos, Señor, a dejar en tus manos paternales todas
nuestras preocupaciones,
a fin de que podamos entregarnos con mayor libertad a tu
servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Encuentran la sabiduría aquéllos que la buscan
Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16
Radiante e
incorruptible es la
sabiduría; con facilidad la contemplan quienes la aman, ella
se deja encontrar
por quienes la buscan y se anticipa a darse a conocer a los
que la desean.
El que madruga por ella no se fatigará, porque la hallará
sentada a su puerta.
Darle la primacía en los pensamientos es prudencia consumada;
quien por ella se
desvela pronto se verá libre de preocupaciones.
A los que son dignos de ella, ella misma sale a buscarlos por
los caminos; se
les aparece benévola y colabora con ellos en todos sus
proyectos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 62
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Señor, tú
eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como
el suelo reseco
añora el agua.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Para
admirar tu gloria y tu poder, con
este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que
la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Podré así
bendecirte mientras viva y
levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma;
te alabaré con
jubilosos labios.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
A los que murieron en Jesús, Dios los llevará con él
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18
Hermanos:
No queremos que ignoren lo que
pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que
no tienen esperanza.
Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera
debemos creer que,
a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.
Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que
nosotros, los que
quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos
ninguna ventaja sobre
los que ya murieron.
Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de
un arcángel y el
Señor mismo bajará del cielo. Entonces, los que murieron en
Cristo resucitarán
primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos
arrebatados,
juntamente con ellos entre nubes por el aire, para ir al
encuentro del Señor, y
así estaremos siempre con él.
Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el
Hijo del hombre.
Aleluya.
Ya viene el esposo, salgan a su encuentro
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos esta parábola:
"El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que,
tomando sus
lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas
eran descuidadas y
cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero
no llevaron
aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio,
llevaron cada una un
frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba,
les entró sueño
a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito:
"¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!"
Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a
preparar sus
lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras:
"Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se
están
apagando".
Las previsoras les contestaron:
"No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras.
Vayan mejor a
donde lo venden y cómprenlo".
Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que
estaban listas
entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más
tarde llegaron las
otras jóvenes y dijeron:
"Señor, señor, ábrenos".
Pero él les respondió:
"Yo les aseguro que no las conozco".
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la
hora".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor, Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, por todos los seres humanos y sus
necesidades,
para que nunca le falte a nadie la ayuda de nuestra caridad:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
la Iglesia viva en paz, crezca
constantemente, se extienda por todo el mundo y persevere con
alegría en la
presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
el Señor conceda a los que
gobiernan el espíritu de sabiduría y de prudencia, a fin de
que rijan a sus
pueblos pensando en la paz común y en el bien y la prosperidad
de sus pueblos,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
Dios Padre libere al mundo de
toda falsedad, hambre y miseria, y auxilie a los perseguidos,
a los encarcelados
y a los que son tratados injustamente, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
todos nosotros realicemos
nuestro trabajo con espíritu cristiano y consigamos frutos
abundantes por
nuestras obras, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Dios, que miras complacido a los que aman tu sabiduría y
te das a conocer
a los que la buscan, escucha nuestras oraciones y haznos
dignos partícipes del
banquete de bodas de tu Hijo; que no se apague el aceite de
nuestras lámparas
mientras esperamos la venida de Cristo, sino que, preparados
para salir a su
encuentro, podamos entrar con él en su banquete nupcial.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Mira, Señor, con bondad los dones que te presentamos, a fin de que el sacramento de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos alcance de ti la vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La Iglesia unificada en el vínculo de la Trinidad
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Pues quisiste reunir de nuevo, por la sangre de tu Hijo y la
acción del
Espíritu Santo, a los hijos dispersos por el pecado; y de este
modo tu Iglesia,
unificada a imagen de tu unidad trinitaria, aparece ante el
mundo como cuerpo
de Cristo y templo del Espíritu, para alabanza de tu sabiduría
infinita.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho; entonaré himnos al Dios altísimo.
Oremos:
Alimentados con los dones de la salvación, te pedimos, Padre
de misericordia,
que por este sacramento con que ahora nos fortaleces nos hagas
un día ser
partícipes de la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Trigésimo
segundo Domingo
ciclo a
PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES
— Cristo es el esposo que llega.
— El juicio particular.
— Prepararnos cada día para el juicio: el examen de conciencia.
I. La parábola que leemos en el Evangelio de la Misa1 se refiere a una escena ya familiar al auditorio que escucha a Jesús, porque de una manera o de otra todos la habían presenciado o habían sido protagonistas del suceso. El Señor no se detiene, por este motivo, en explicaciones secundarias, conocidas por todos. Entre los hebreos, la mujer permanecía aún unos meses en la casa de sus padres después de celebrados los desposorios. Más tarde, el esposo se dirigía a la casa de la mujer, donde tenía lugar una segunda ceremonia, más festiva y solemne; desde allí se dirigían al nuevo hogar. En casa de la esposa, esta esperaba al esposo acompañada por otras jóvenes no casadas. Cuando llegaba el esposo, las que habían acompañado a la novia, junto con los demás invitados, entraban con ellos y, cerradas las puertas, comenzaba la fiesta.
La parábola, y la liturgia de la Misa de hoy, se centra en el esposo que llega a medianoche, en un momento inesperado, y en la disposición con que encuentra a quienes han de participar con él en el banquete de bodas. El esposo es Cristo, que llega a una hora desconocida; las vírgenes representan a toda la humanidad: unos se encontrarán vigilantes, con buenas obras; otros, descuidados, sin aceite para las lámparas. Lo anterior es la vida; lo posterior –la llegada del esposo y la fiesta de bodas–, la bienaventuranza compartida con Cristo2. La parábola se centra, pues, en el instante en que llega Dios para cada alma: el momento de la muerte. Después del juicio, unos entran con Él en la bienaventuranza eterna y otros quedan tras una puerta para siempre cerrada, que denota una situación definitiva, como Jesús había revelado también en otras ocasiones3. Ya el Antiguo Testamento señala, a propósito de la muerte: Si un árbol cae al sur o al norte, permanece en el lugar en que ha caído4. La muerte fija al alma para la eternidad en sus buenas o malas disposiciones.
Las diez vírgenes habían recibido un encargo de confianza: aguardar al esposo, que podía llegar de un momento a otro. Cinco de ellas fijaron todo su interés en lo importante, en la espera, y emplearon los medios necesarios para no fallar: las lámparas encendidas con el aceite necesario. Las otras cinco estuvieron quizá ajetreadas en otras cosas, pero se olvidaron de lo principal que tenían que hacer aquella tarde, o lo dejaron en segundo término. Para nosotros lo primero en la vida, lo verdaderamente importante, es entrar en el banquete de bodas que Dios mismo nos ha preparado. Todo lo demás es relativo y secundario: el éxito, la fama, la pobreza o la riqueza, la salud o la enfermedad... Todo eso será bueno si nos ayuda a mantener la lámpara encendida con una buena provisión de aceite, que son las buenas obras, especialmente la caridad.
No debemos olvidarnos de lo esencial, de lo que hace referencia al Señor, por lo secundario, que tiene menor importancia e incluso, en ocasiones, ninguna. Como solía decir San Josemaría Escrivá, “hay olvidos que no son falta de memoria, sino falta de amor”5; significan más bien descuido y tibieza, apegamiento a lo temporal y terreno, y desprecio, quizá no explícitamente formulado, de las cosas de Dios. “Cuando lleguemos a la presencia de Dios, se nos preguntarán dos cosas: si estábamos en la Iglesia y si trabajábamos en la Iglesia. Todo lo demás no tiene valor. Si hemos sido ricos o pobres, si nos hemos ilustrado o no, si hemos sido dichosos o desgraciados, si hemos estado enfermos o sanos, si hemos tenido buen nombre o malo”6. Examinemos en la presencia del Señor qué es realmente lo principal de nuestra vida en estos momentos. ¿Buscamos al Señor en todo lo que hacemos, o nos buscamos a nosotros mismos? Si Cristo viniera hoy a nuestro encuentro, ¿nos encontraría vigilantes, esperándole con las manos llenas de buenas obras?
II. A medianoche se oyó la voz: ¡Ya está ahí el esposo! ¡Salid a su encuentro!
Inmediatamente después de la muerte tendrá lugar el juicio llamado particular, en el que el alma, con una luz recibida de Dios, verá en un instante y con toda profundidad los méritos y las culpas de su vida en la tierra, sus obras buenas y sus pecados. ¡Qué alegría nos darán entonces las jaculatorias que hemos rezado al encontrar un Sagrario camino del trabajo, las genuflexiones –verdaderos actos de adoración y de amor ante Jesús presente en aquel Altar–, las horas de trabajo ofrecidas a Dios, la sonrisa que tanto nos costó la tarde en que nos hallábamos tan cansados, los esfuerzos por acercar a este amigo al sacramento de la Confesión, las obras de misericordia, la ayuda económica y el tiempo empleado para sacar adelante aquella obra buena, la prontitud con que nos arrepentimos de nuestros pecados y flaquezas, la sinceridad en la Confesión...! ¡Qué dolor por las veces que ofendimos a Dios, las horas de estudio o de trabajo que no merecieron llegar hasta el Señor, las oportunidades perdidas para hablar de Dios en aquella visita a unos amigos, en aquel viaje...! ¡Qué pena por tanta falta de generosidad y de correspondencia a la gracia!, ¡qué pena por tanta omisión!
Será Cristo quien nos juzgue. Él ha sido constituido por Dios como juez de vivos y muertos7. San Pablo recordaba esta verdad de fe a los primeros cristianos de Corinto: Todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, bueno o malo8. Siendo fieles cada día en lo pequeño, utilizando las obras más corrientes para amar y servir a Cristo, no nos dará temor presentarnos ante Él; por el contrario, tendremos un inmenso gozo y mucha paz: “Será gran cosa a la hora de la muerte –escribía Santa Teresa de Jesús– ver que vamos a ser juzgadas por quien hemos amado sobre todas las cosas. Seguras podemos ir con el pleito de nuestras deudas. No será ir a tierra extraña, sino propia; pues es a la de quien tanto amamos y nos ama”9.
Inmediatamente después de la muerte, el alma entrará al banquete de bodas o se encontrará con las puertas cerradas para siempre. Los méritos o la falta de ellos (los pecados, las omisiones, las manchas que han quedado sin purificar...) son para las almas –enseña Santo Tomás de Aquino– lo que la ligereza y el peso para los cuerpos, que les hace ocupar inmediatamente su lugar propio10.
Meditemos hoy sobre el estado de nuestra alma y el sentido que le estamos dando a los días, al trabajo..., y repitamos, rectificando la intención de lo que no vaya según Dios, la oración que nos propone el Salmo responsorial de la Misa: Mi alma está sedienta de Ti, Señor, Dios mío. // Oh Dios, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo, // mi alma, está sedienta de Ti; mi carne tiene ansia de Ti, // como tierra reseca, agostada, sin agua11. Sé bien, Señor, que nada de lo que hago tiene sentido, si no me acerca a Ti.
III. “Hay olvidos que no son falta de memoria, sino falta de amor”. La persona que ama no se olvida de la persona amada. Cuando el Señor es lo primero no nos olvidamos de Él. Estamos entonces en actitud vigilante, no adormecidos, como nos pide Jesús al final de la parábola: Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora.
Para disponernos a ese encuentro con el Señor y no experimentar sorpresas de última hora, debemos ir adquiriendo un conocimiento más profundo de nosotros mismos, ahora que es tiempo de merecimiento y de perdón. Porque si entrásemos en cuenta con nosotros mismos -escribe San Pablo a los de Corinto-, ciertamente no seríamos juzgados12: no se descubriría, con sorpresa, nada que ya antes no hubiésemos conocido y reparado. Para eso necesitamos hacer bien el examen diario de conciencia, que ponga ante nuestros ojos, con la luz divina, los motivos últimos de nuestros pensamientos, obras y palabras, y poder aplicar con prontitud los remedios oportunos. Cada día de nuestra vida es como una página en blanco que el Señor nos concede para escribir algo bello que perdure en la eternidad: “a veces recorro velozmente todas las hojas escritas y dejo volar también las páginas blancas, esas sobre las cuales nada he escrito aún, porque todavía no ha llegado el momento. Y siempre, misteriosamente, se me quedan algunas entre las manos, esas mismas que no sé si llegaré a escribir, porque no sé cuándo me pondrá el Señor por última vez ese libro ante los ojos”13.
Nosotros no sabemos por cuánto tiempo aún podremos repasar, corregir y rectificar las páginas que ya hemos escrito, y cada noche nuestro examen de conciencia personal –valiente, sincero, delicado, profundo– nos servirá para pedir perdón por lo que en ese día no hemos hecho según el querer divino, y procuraremos encontrar los remedios para el futuro. Lo normal será que este examen diario nos permita preparar con hondura la Confesión. La consideración de las verdades eternas nos ayudará a que el examen sea sincero, sin engañarnos a nosotros mismos, sin ocultar o disimular lo que nos avergüenza o humilla nuestra soberbia y nuestra vanidad.
El examen de conciencia bien hecho en la presencia del Señor “te dará un gran conocimiento de ti mismo, y de tu carácter y de tu vida. Te enseñará a amar a Dios y a concretar en propósitos claros y eficaces el deseo de aprovechar bien tus días... Amigo, coge en tus manos el libro de tu vida y vuelve cada día sus páginas, para que no te sorprenda su lectura el día del juicio particular y no hayas de avergonzarte de su publicación el día del juicio universal”14. El Señor llama necias a estas vírgenes que no supieron preparar su llegada. No hay una necedad mayor.
Acudamos, al terminar este rato de oración, a Nuestra Señora, Reina y Madre de misericordia, vida y dulzura, esperanza nuestra, para que nos ayude a purificar nuestra vida y a llenarla de frutos. Acudamos también al Ángel Custodio, quien “nos acompaña siempre como testigo de mayor excepción. Él será quien, en tu juicio particular, recordará las delicadezas que hayas tenido con Nuestro Señor, a lo largo de tu vida. Más: cuando te sientas perdido por las terribles acusaciones del enemigo, tu Ángel presentará aquellas corazonadas íntimas –quizá olvidadas por ti mismo–, aquellas muestras de amor que hayas dedicado a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo.
“Por eso, no olvides nunca a tu Custodio, y ese Príncipe del Cielo no te abandonará ahora, ni en el momento decisivo”15.
1 Mt 25, 1-13. — 2 Cfr. F. Prat, Jesucristo, Jus, México 1946, vol. II, p. 241. — 3 Cfr. Lc 13, 25; Mt 7, 23. — 4 Eccl 11, 3. — 5 Cit. por F. Suárez, Después, p. 121. — 6 Card. J. H. Newman, Sermón para el Domingo de Septuagésima: el juicio. — 7 Hech 10, 42 — 8 2 Cor 5, 10. — 9 Santa Teresa, Camino de perfección, 40, 8. — 10 Santo Tomás, Suma Teológica, Suppl., q. 69. a. 1. — 11 Salmo responsorial. Sal 62, 2. — 12 1 Cor 11, 31. — 13 S. Canals, Ascética meditada, p. 137. — 14 Ibídem, p. 140. — 15 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 693.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
|
Beata Isabel de la Trinidad
Su espiritualidad Fue más su vida misma que su doctrina.
Esta sólo en parte fue escrita por ella. "La
Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar,
la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me
parece que he encontrado mi cielo en la tierra,
puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma.
El día que comprendí eso todo se iluminó para mí." Amó profundamente su vocación carmelita y
trató de amar y de imitar a la "Janua coeíi", como
llamaba a la Virgen Purísima. Su mensaje Que corramos por el camino de la santidad,
que el Espíritu Santo Su oración Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a la Beata Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad, concédenos, por su intercesión, que también nosotros, permaneciendo en el amor de Cristo, merezcamos ser transformados en templos del Espíritu de Amor, para alabanza de tu gloria. Amén. |
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Fuente:
Franciscanos.net
María Crucificada (Isabel María) Satellico, Beata Virgen
Clarisa, 8
Noviembre
(1706‑ 1745), Virgen de la Segunda Orden.
Beatificada por Juan Pablo II el de 10 de octubre de
1993. |
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Fuente:
Osanet.org
Isaías Boner, Beato Sacerdote Agustino, 8 Noviembre
El 8 de noviembre de 1471 moría en Cracovia
(Polonia). Había sido profesor de teología en la
universidad, maestro de vida religiosa y espiritual,
amigo y confidente de los santos y beatos del denominado
felix saeculum Cracoviae, como Juan Kancio († 1474) o el
canónigo regular Estanislao Kazimiercyk, el Casimiritano
(† 1489), de todos conocido por su celo apostólico, vida
austera, piedad mariana, y su saber unir la quietud de
la oración con el ansia agustina de la búsqueda. |
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Los Cuatro Santos Coronados Mártires, 8 Noviembre
Recordamos a cuatro hermanos mártires:
Severo, Severino, Carpóforo y Victorino, que vivieron en
la última parte del siglo III y a comienzos del IV. |
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Fuente:
Catholic.net
Godofredo de Amiens, Santo Obispo, 8 Noviembre
Monje
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Adeodato, Santo LXVIII Papa, 8 Noviembre
El Papa Adeodato I, o Deusdedit, fue
pontífice en un momento en que se empezaba a sentir cada
vez más claro y fuerte el sentimiento de intolerancia y
de independencia hacia el poder bizantino. |
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Fuente:
Franciscanos.net
Juan Duns Escoto, Beato Doctor Sutil, 8 Noviembre
Sacerdote, doctor sutil y mariano
(1265‑1308). Juan Pablo II aprobó su culto el 20 de
marzo de 1993. |
J†A
JMJ
Pax
Se sentará en el trono de su gloria y separará a los unos de los otros
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús
a sus discípulos:
"Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria,
acompañado de
todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces
serán congregadas
ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los
otros, como aparta
el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a
su derecha y a
los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su
derecha.
"Vengan, benditos de mi padre; tomen posesión del reino
preparado para ustedes
desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me
dieron de comer,
sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron,
estuve desnudo y
me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a
verme".
Los justos le contestarán entonces:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,
sediento y te
dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o
desnudo y te
vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a
ver?"
Y el rey les dirá:
"Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más
insignificante de mis
hermanos, conmigo lo hicieron".
Entonces dirá también a los de la izquierda:
"Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado
para el
diablo y sus ángeles;
porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no
me dieron de
beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me
vistieron,
enfermo y encarcelado y no me visitaron".
Entonces ellos le responderán:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o
desnudo,
enfermo o encarcelado y no te asistimos?"
Y él les replicará:
"Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquéllos
más
insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán
éstos al castigo
eterno y los justos a la vida eterna"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las
cosas en tu Hijo muy
amado, Rey del universo; haz que toda criatura, liberada de la
esclavitud del
pecado, sirva a tu majestad y te alabe eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
A ustedes, ovejas mías, los voy a juzgar
Lectura del profeta Ezequiel 34, 11-12.15-17
Esto dice el Señor:
"Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así
como el pastor
vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas,
así velaré yo por
mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se
dispersaron un día
de niebla y oscuridad.
Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré reposar,
dice el Señor
Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la
descarriada; curaré a la
herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y
fuerte, la cuidaré. Yo
las apacentaré con justicia.
En cuanto a ti, rebaño mío, he aquí que yo voy a juzgar entre
oveja y oveja,
entre carneros y machos cabríos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El Señor
es mi pastor, nada me falta; en
verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me
conduce para
reparar mis fuerzas.
El señor es mi pastor, nada me falta.
Tú mismo
me preparas la mesa, a despecho
de mis adversarios me unges la cabeza de perfume y llenas mi
copa hasta los
bordes.
El señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad
y tu misericordia me
acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del
Señor por años
sin término.
El señor es mi pastor, nada me falta.
Cristo le entregará el Reino a su Padre.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26a.28
Hermanos: Cristo
resucitó, y resucitó como primicia de
todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte,
también por un
hombre vendrá la resurrección de los muertos.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos
volverán a la
vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como
primicia; después, a la
hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando, después de haber
aniquilado todos los
poderes
del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene
que reinar hasta
que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El
último de los
enemigos en ser aniquilado, será la muerte. Al final, cuando
todo se le haya
sometido, Cristo mismo se someterá al Padre, y así Dios será
todo en todas las
cosas.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino
que llega, el
reino de nuestro Padre David!
Aleluya.
Se sentará en el trono de su gloria y separará a los unos de los otros
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo
Jesús a sus discípulos:
"Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria,
acompañado de
todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces
serán congregadas
ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los
otros, como aparta
el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas
a su derecha y a
los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su
derecha.
"Vengan, benditos de mi padre; tomen posesión del reino
preparado para
ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento
y me dieron de
comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me
hospedaron, estuve
desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y
fueron a
verme".
Los justos le contestarán entonces:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,
sediento y te
dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o
desnudo y te
vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a
ver?"
Y el rey les dirá:
"Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más
insignificante de mis
hermanos, conmigo lo hicieron".
Entonces dirá también a los de la izquierda:
"Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado
para el
diablo y sus ángeles;
porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y
no me dieron de
beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no
me vistieron,
enfermo y encarcelado y no me visitaron".
Entonces ellos le responderán:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o
desnudo,
enfermo o encarcelado y no te asistimos?"
Y él les replicará:
"Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquéllos
más
insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán
éstos al castigo
eterno y los justos a la vida eterna"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Dirijamos hermanos y hermanas, llenos de confianza, nuestras
súplicas a Cristo,
supremo Señor de la vida y de la muerte y rey de todas las
criaturas del cielo
y de la tierra:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los pastores y
fieles de la Iglesia se
esfuercen con celo para reconciliar al universo con Dios y en
pacificar por la
sangre de la cruz de Jesucristo a todas las criaturas,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que la semilla
evangélica, escondida en las
diversas religiones y culturas, germine y se manifieste, y
todos los seres humanos
reconozcan con gozo que Cristo es Señor, para gloria de Dios
Padre, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que quienes aún
viven bajo el dominio de la
ignorancia, el pecado o el sufrimiento sean trasladados al
reino de Cristo y
encuentren el fin de sus penas, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los que hoy
celebramos la solemnidad de
Cristo, Señor supremo del universo, a quien están destinadas
todas las cosas,
participemos también un día en la herencia del pueblo santo,
en el reino de la
luz, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que, para edificar tu reino en
medio de los cambios
y dificultades de la historia, has constituido a tu Hijo rey
único y pastor
universal de todos los seres humanos; escucha nuestras
oraciones y afianza en
nosotros la certeza de que llegará el día en que, aniquilado
el último enemigo,
la muerte, Cristo, tu Hijo, someterá a ti su reino, y tú lo
serás todo para
todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Al ofrecerte el sacrificio de la reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad y la paz.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu
único Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que,
ofreciéndose a sí
mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la
cruz, consumara el
misterio de la redención humana; y, sometiendo a su poder la
creación entera,
entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la
verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el
reino de la justicia,
el amor y la paz.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz.
Oremos:
Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos,
Señor, que quienes
nos gloriamos en obedecer aquí los mandatos de Cristo, Rey del
universo,
podamos con él vivir eternamente en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Último
domingo del tiempo ordinario
Jesucristo. Rey del Universo
EL REINADO DE CRISTO
— Un reinado de justicia y de amor.
— Que Cristo reine en primer lugar en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en todas las acciones...
— Extender el Reino de Cristo.
I. El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz1, nos recuerda una de las Antífonas de la Misa.
La Solemnidad que celebramos “es como una síntesis de todo el misterio salvífico”2. Con ella se cierra el año litúrgico, después de haber celebrado todos los misterios de la vida del Señor, y se presenta a nuestra consideración a Cristo glorioso, Rey de toda la creación y de nuestras almas. Aunque las fiestas de Epifanía, Pascua y Ascensión son también de Cristo Rey y Señor de todo lo creado, la de hoy fue especialmente instituida para mostrar a Jesús como el único soberano ante una sociedad que parece querer vivir de espaldas a Dios3.
En los textos de la Misa se pone de manifiesto el amor de Cristo Rey, que vino a establecer su reinado, no con la fuerza de un conquistador, sino con la bondad y mansedumbre del pastor: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentran las ovejas dispersas, así seguiré Yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad4. Con esta solicitud buscó el Señor a los hombres dispersos y alejados de Dios por el pecado. Y como estaban heridos y enfermos, los curó y vendó sus heridas. Tanto los amó que dio la vida por ellos. “Como Rey viene para revelar el amor de Dios, para ser el Mediador de la Nueva Alianza, el Redentor del hombre. El Reino instaurado por Jesucristo actúa como fermento y signo de salvación para construir un mundo más justo, más fraterno, más solidario, inspirado en los valores evangélicos de la esperanza y de la futura bienaventuranza, a la que todos estamos llamados. Por esto en el Prefacio de la celebración eucarística de hoy se habla de Jesús que ha ofrecido al Padre un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”5. Así es el Reino de Cristo, al que somos llamados para participar en él y para extenderlo a nuestro alrededor con un apostolado fecundo. El Señor ha de estar presente en familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo... “Ante los que reducen la religión a un cúmulo de negaciones, o se conforman con un catolicismo de media tinta; ante los que quieren poner al Señor de cara a la pared, o colocarle en un rincón del alma...: hemos de afirmar, con nuestras palabras y con nuestras obras, que aspiramos a hacer de Cristo un auténtico Rey de todos los corazones.... también de los suyos”6.
II. Oportet autem illum regnare..., es necesario que Él reine...7.
San Pablo enseña que la soberanía de Cristo sobre toda la creación se cumple ya en el tiempo, pero alcanzará su plenitud definitiva tras el juicio universal. El Apóstol presenta este acontecimiento, misterioso para nosotros, como un acto de solemne homenaje al Padre: Cristo ofrecerá como un trofeo toda la creación, le brindará el Reino que hasta entonces le había encomendado8. Su venida gloriosa al fin de los tiempos, cuando haya establecido el cielo nuevo y la tierra nueva9, llevará consigo el triunfo definitivo sobre el demonio, el pecado, el dolor y la muerte10.
Mientras tanto, la actitud del cristiano no puede ser pasiva ante el reinado de Cristo en el mundo. Nosotros deseamos ardientemente ese reinado: ¡Oportet illum regnare...! Es necesario que reine en primer lugar en nuestra inteligencia, mediante el conocimiento de su doctrina y el acatamiento amoroso de esas verdades reveladas; es necesario que reine en nuestra voluntad, para que obedezca y se identifique cada vez más plenamente con la voluntad divina; es preciso que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se interponga al amor a Dios; es necesario que reine en nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo11; en nuestro trabajo, camino de santidad... “¡Qué grande eres Señor y Dios nuestro! Tú eres el que pones en nuestra vida el sentido sobrenatural y la eficacia divina. Tú eres la causa de que, por amor de tu Hijo, con todas las fuerzas de nuestro ser, con el alma y con el cuerpo podamos repetir: oportet illum regnare!, mientras resuena la copla de nuestra debilidad, porque sabes que somos criaturas”12.
La fiesta de hoy es como un adelanto de la segunda venida de Cristo en poder y majestad, la venida gloriosa que llenará los corazones y secará toda lágrima de infelicidad. Pero es a la vez una llamada y acicate para que a nuestro alrededor el espíritu amable de Cristo impregne todas las realidades terrenas, pues “la esperanza de una tierra nueva no debe atenuar, sino más bien estimular, el empeño por cultivar esta tierra, en donde crece ese cuerpo de la nueva familia humana que ya nos puede ofrecer un cierto esbozo del mundo nuevo. Por lo tanto, aunque haya que distinguir con cuidado el progreso terreno del desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo, el progreso terreno, en cuanto que puede ayudar a organizar mejor la sociedad humana, es de gran importancia para el Reino de Dios.
“Los bienes de la dignidad humana, de la comunión fraterna y de la libertad –es decir, todos los bienes de la naturaleza y los frutos de nuestro esfuerzo– los volveremos a encontrar, después de que los hayamos propagado (...), y esta vez ya limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva al Padre el Reino eterno y universal (...). El Reino está ya presente misteriosamente en esta tierra; y cuando el Señor venga alcanzará su perfección”13. Nosotros colaboramos en la extensión del reinado de Jesús cuando procuramos hacer más humano y más cristiano el pequeño mundo que nos rodea, el que cada día frecuentamos.
III. A la pregunta de Pilato, contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo... Y ante la nueva interpelación del Procurador, respondió: Yo soy Rey. Para esto he nacido...14. No siendo de este mundo, el Reino de Cristo comienza ya aquí. Se extiende su reinado en medio de los hombres cuando estos se sienten hijos de Dios, se alimentan de Él y viven para Él. Cristo es un Rey a quien se le ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra, y gobierna siendo manso y humilde de corazón15, sirviendo a todos, porque ha venido no a ser servido, sino a servir, y dar su vida para la redención de muchos. Su trono fue primero el pesebre de Belén, y luego la Cruz del Calvario. Siendo el Príncipe de los reyes de la tierra16, no exige más tributos que la fe y el amor.
Un ladrón fue el primero en reconocer su realeza: Jesús -le decía con una fe sencilla y humilde-, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino17. El título que para muchos fue motivo de escándalo y de injurias, será la salvación de este hombre en el que ha ido arraigando la fe, cuando más oculta parecía estar la divinidad del Salvador, que “concede siempre más de lo que se le pide: el ladrón solo pedía que se acordase de él; pero el Señor le dice: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso. La vida consiste en habitar con Jesucristo, y donde está Jesucristo allí está su Reino”18.
En la fiesta de hoy oímos al Señor que nos dice en la intimidad de nuestro corazón: Yo tengo sobre ti pensamientos de paz y no de aflicción19, y hacemos el propósito de arreglar en nuestro corazón lo que no sea conforme con el querer de Cristo. A la vez, le pedimos poder colaborar en esa tarea grande de extender su reinado a nuestro alrededor y en tantos lugares donde aún no le conocen. “A esto hemos sido llamados los cristianos, esa es nuestra tarea apostólica y el afán que nos debe comer el alma: lograr que sea realidad el reino de Cristo, que no haya más odios ni más crueldades, que extendamos en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico del amor”20. Esto solo lo lograremos acercando a muchos a Jesús, mediante un apostolado constante y eficaz entre las personas que diariamente pasan cerca de nuestra vida.
Para hacer realidad nuestros deseos acudimos, una vez más, a Nuestra Señora. “María, la Madre santa de nuestro Rey, la Reina de nuestro corazón, cuida de nosotros como solo Ella sabe hacerlo. Madre compasiva, trono de la gracia: te pedimos que sepamos componer en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean, verso a verso, el poema sencillo de la caridad, quasi fluvium pacis (Is 66, 12), como un río de paz. Porque Tú eres mar de inagotable misericordia”21.
1 Antífona de comunión, Sal 28, 10-11. — 2 Juan Pablo II,, Homilía 20-XI-1983. — 3 Cfr. Pío XI, Enc. Quas primas, 11-XII-1925. — 4 Primera lectura, Ciclo A. Ez 34, 11-12. — 5 Juan Pablo II, Alocución 26-XI-1989. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, 608. — 7 Segunda lectura. Ciclo A. 1 Cor 15, 25. — 8 Cfr. Ibídem, 1 Cor 15, 23-28. — 9 Apoc 21, 1-2. — 10 Cfr. Sagrada Biblia, Epístolas de San Pablo a los Corintios, EUNSA, Pamplona 1984, nota a 1 Cor 15, 23-28. — 11 Cfr. Pío XI, Enc. Quas primas, cit. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 181 — 13 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39. — 14 Jn 18, 36-37. - 15 Cfr. Mt 11, 29. — 16 Segunda lectura. Ciclo B. Apoc 1, 5. — 17 Lc 23, 42. — 18 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. —19 Jer 29, 11. — 20 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 183. — 21 Ibídem, 187.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Santa Cecilia
Mártir
Año 177
Santa Cecilia
bendita, dile a Dios que también nosotros prefiramos
mil muertes antes que ser infieles a nuestra santa religión.
No ofendas a nadie ni en mucho ni en poco (S. Biblia Ecl. 5,
15).
Por más de mil años Santa Cecilia ha sido
muy venerada en la Iglesia Católica.
Una tradición muy antigua dice que pertenecía a una de
las principales
familias de Roma, que acostumbraba vestir una túnica de tela muy
áspera y que
había consagrado a Dios su virginidad.
Sus padres la comprometieron en matrimonio con un joven
llamado
Valeriano, pero Cecilia le dijo a éste que ella había hecho voto
de virginidad
y que si él quería ver al ángel de Dios debía hacerse cristiano.
Valeriano se
hizo instruir por el Papa Urbano y fue bautizado. Luego entre
Cecilia y
Valeriano convencieron a Tiburcio, el hermano de éste, y
lograron que también
se hiciera cristiano.
Las historias antiguas dicen que Cecilia veía a su ángel
de la guarda.
El alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar los
cadáveres de los
cristianos. Pero Valeriano y Tiburcio se dedicaron a sepultar
todos los cadáveres
de cristianos que encontraban. Por eso fueron arrestados.
Llevados ante el
alcalde, éste les pidió que declararan que adoraban a Júpiter.
Ellos le dijeron
que únicamente adoraban al verdadero Dios del cielo y a su Hijo
Jesucristo.
Entonces fueron ferozmente azotados y luego les dieron muerte.
Los dos santos
mártires animaban a los demás cristianos de Roma a sufrir con
gusto todos los
horrores, con tal de no ser infieles a la santa religión.
En seguida la policía arrestó a Cecilia y le exigió que
renunciara a la
religión de Cristo. Ella declaró que prefería la muerte antes
que renegar de la
verdadera religión. Entonces fue llevada junto a un horno
caliente para tratar
de sofocarle con los terribles gases que salían de allí, pero en
vez de
asfixiarse ella cantaba gozosa (quizás por eso la han nombrado
patrona de los
músicos). Visto que con este martirio no podían acabar con ella,
el cruel
Almaquio mandó que le cortaran la cabeza. La santa, antes de
morir le pidió al
Papa Urbano que convirtiera su hermosa casa en un templo para
orar, y así lo
hicieron después de su martirio. Antes de morir, había repartido
todos sus
bienes entre los pobres.
En 1599 permitieron al escultor Maderna ver el cuerpo
incorrupto de la
santa y él fabricó una estatua en mármol de ella, muy hermosa,
la cual se
conserva en la iglesia de Santa Cecilia en Roma. Está acostada
de lado y parece
que habla.
En Roma había ya en el año 545 un templo dedicado a esta
gran
Santa.
___________________________________________________________________________________________
Miguel de Tver, Santo Mártir, 22 Noviembre
Noviembre 22
Etimológicamente significa “¿quién
como Dios?”. Viene de la lengua hebrea. |
___________________________________________________________________________________________
Filemón y Apia, Santa Mártires, 22 Noviembre
Discípulos de San Pablo
Etimológicamente significa “lo
mismo”. Viene de la lengua latina. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Pedro Esqueda Ramírez, Santo Mártir, 22 Noviembre
Nació en San Juan de los Lagos, Jal.
(Diócesis de San Juan de los Lagos), el 29 de abril de
1887. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Salvador Lilli y compañeros mártires, Beato Mártires, 22
Noviembre
Salvatore Lilli nació en Capadocia,
provincia italiana de Aquila, el 19 de junio de 1853. En
1870 entró en la Orden franciscana. En 1873 tuvo que
proseguir los estudios en Tierra Santa, pues el Gobierno
italiano había suprimido las Órdenes religiosas. Recibió
la ordenación sacerdotal en Jerusalén, el 16 de abril de
1878. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente: ACI
Prensa
Tomás Reggio, Beato Obispo, 22 Noviembre
Nació en Génova (Italia) el 9 de
Enero de 1818 de una familia noble. Aunque si podría
prever para él una carrera brillante, a los 20 años
decidió ser sacerdote dejando todo para atrás. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
LaSalle.org
Elías Julián Torrijo, Beato Mártir Lasallista, 22
Noviembre
Julián Torrijo Sánchez nació en
Torrijo del Campo, Teruel, el 17 de noviembre de 1900.
Fue bautizado el 18 del mismo mes. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Lasalle.org
Beltrán Francisco Lahoz, Beato Mártir Lasallista, 22
Noviembre
Francisco Lahoz Moliner nació en
Campos, Teruel, el 15 de octubre de 1912. Fue bautizado
al día siguiente de su nacimiento. |
J†A
JMJ
Pax
Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 33-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVd HYPERLINK "http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs"XAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal

Adviento (1er.dom) Ciclo B
Antífona de entrada
A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida
de Cristo con
la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su
derecha el día
del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
¡Ojalá, Señor, rasgaras el cielo y bajaras!
Lectura del profeta Isaías 63, 16b-17;19; 64, 3b-8
Tú, Señor,
eres nuestro padre y nuestro redentor; ése es tu nombre desde
siempre. ¿Por
qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y
dejas endurecer
nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete por amor
a tus siervos,
a las tribus que son de tu heredad. Ojalá rasgaras los cielos y
b ajaras,
estremeciendo las montañas con tu presencia.
Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia.
Jamás se oyó decir,
ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales
cosas en favor de
los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica
alegremente la
justicia y no pierde de vista tus mandamientos.
Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre
rebeldes. Todos
éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso;
todos estábamos
marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban,
como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en
ti, porque nos
ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.
Sin embargo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el
barro y tú el
alfarero; todos somos hechura de tus manos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del Salmo 79
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Escúchanos,
pastor de Israel; tú que estás rodeado de querubines,
manifiéstate, despierta
tu poder y ven a salvarnos.
Señor, muéstranos tu
favor y sálvanos.
Señor, Dios
de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala;
protege la cepa
plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
Señor, muéstranos tu
favor y sálvanos.
Que tu
diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido.
Ya no nos
alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
Señor, muéstranos tu
favor y sálvanos.
Segunda Lectura
Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 3-9
Hermanos:
Les deseamos la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y de Cristo
Jesús, el Señor.
Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha
concedido a
ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha
enriquecido con
abundancia en todo lo que se refiere a la palabra y al
conocimiento; porque el
testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a
tal grado, que
no carecen de ningún don ustedes, los que esperan la
manifestación de nuestro
Señor Jesucristo. él los hará permanecer irreprochables hasta el
fin, hasta el
día de su advenimiento. Dios es quien los ha llamado a la unión
con su Hijo
Jesucristo, y Dios es fiel.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Aleluya.
Evangelio
Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 33-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, y pidámosle confiadamente
que despierte
su poder y venga a salvarnos.
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que
los fieles despierten del sueño de sus indolencias y reciban con
alegría la
salvación que se acerca, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor,
óyenos.
Para que se
afiance la paz en el mundo, y las riquezas de la creación se
transformen en
instrumento de progreso y bienestar para todos los humanos,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor,
óyenos.
Para que el
Señor, con su venida, alivie los dolores de los enfermos, dé paz
y alegría a
los que sufren en su espíritu y libre al mundo de sus males,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor,
óyenos.
Para que
nosotros mismos vivamos siempre alerta, sin que las
preocupaciones de la vida
nos impidan mantenernos en pie cuando llegue el Hijo del hombre,
roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor,
óyenos.
Celebrante:
Señor Dios, Padre y Redentor nuestro, que nunca olvidas las
obras de tus manos;
escucha las plegarias de tu pueblo y no permitas que nos
desviemos de tu
camino, sino que, como siervos responsables, vivamos siempre en
vela,
aguardando la venida de tu Hijo Jesucristo. él, que vive y reina
por los siglos
de los siglos.
Amén.
Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, este pan y este vino, escogidos de los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta Eucaristía que nos permites celebrar ahora, en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Las dos venidas de Cristo
En verdad
es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte
gracias siempre y en
todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor
nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan
de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la
salvación; para
que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando
así la
plenitud de su obra, podamos recibir los bienes
prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la comunión
El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto.
Oración después de la comunión
Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos
sacramentos con los
que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el
valor de los
bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Adviento. Primer domingo
ADVIENTO: EN LA ESPERA DEL SEÑOR
— Vigilantes ante la llegada del Mesías.
— Principales enemigos de nuestra santidad: las tres concupiscencias. La Confesión, medio para preparar la Navidad.
— Vigilantes mediante la oración, la mortificación y el examen de conciencia.
I. Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro con Cristo, acompañados por las buenas obras1.
Quizá hayamos tenido la experiencia –decía R. Knox en un sermón sobre el Adviento2– de lo que es caminar en la noche y arrastrar los pies durante kilómetros, alargando ávidamente la vista hacia una luz en la lejanía que representa de alguna forma el hogar. ¡Qué difícil resulta apreciar en plena oscuridad las distancias! Lo mismo puede haber un par de kilómetros hasta el lugar de nuestro destino, que unos pocos cientos de metros. En esa situación se encontraban los profetas cuando miraban hacia adelante en espera de la redención de su pueblo. No podían decir, con una aproximación de cien años ni de quinientos, cuándo habría de venir el Mesías. Solo sabían que en algún momento la estirpe de David retoñaría de nuevo, que en alguna época se encontraría una llave que abriría las puertas de la cárcel; que la luz que solo se divisaba entonces como un punto débil en el horizonte se ensancharía al fin, hasta ser un día perfecto. El pueblo de Dios debía estar a la espera.
Esta misma actitud de expectación desea la Iglesia que tengamos sus hijos en todos los momentos de nuestra vida. Considera como una parte esencial de su misión hacer que sigamos mirando al futuro, aunque ya se ha cumplido el segundo milenio de aquella primera Navidad, que la liturgia nos presenta inminente. Nos alienta a que caminemos con los pastores, en plena noche, vigilantes, dirigiendo nuestra mirada hacia aquella luz que sale de la gruta de Belén.
Cuando el Mesías llegó, pocos le esperaban realmente. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron3. Muchos de aquellos hombres se habían dormido para lo más esencial de sus vidas y de la vida del mundo.
Estad vigilantes, nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa. Despertad, nos repetirá San Pablo4. Porque también nosotros podemos olvidarnos de lo más fundamental de nuestra existencia.
Convocad a todo el mundo, anunciadlo a las naciones y decid: Mirad a Dios nuestro Salvador, que llega. Anunciadlo y que se oiga; proclamadlo con fuerte voz5. La Iglesia nos alerta con cuatro semanas de antelación para que nos preparemos a celebrar de nuevo la Navidad y, a la vez, para que, con el recuerdo de la primera venida de Dios hecho hombre al mundo, estemos atentos a esas otras venidas de Dios, al final de la vida de cada uno y al final de los tiempos. Por eso, el Adviento es tiempo de preparación y de esperanza.
“Ven, Señor, y no tardes”. Preparemos el camino para el Señor que llegará pronto; y si advertimos que nuestra visión está nublada y no vemos con claridad esa luz que procede de Belén, de Jesús, es el momento de apartar los obstáculos. Es tiempo de hacer con especial finura el examen de conciencia y de mejorar en nuestra pureza interior para recibir a Dios. Es el momento de discernir qué cosas nos separan del Señor, y tirarlas lejos de nosotros. Para ello, este examen debe ir a las raíces mismas de nuestros actos, a los motivos que inspiran nuestras acciones.
II. Como en este tiempo queremos de verdad acercarnos más a Dios, examinaremos a fondo nuestra alma. Allí encontraremos los verdaderos enemigos que luchan sin tregua para mantenernos alejados del Señor. De una forma u otra, allí están los principales obstáculos para nuestra vida cristiana: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida6.
“La concupiscencia de la carne no es solo la tendencia desordenada de los sentidos en general (...), no se reduce exclusivamente al desorden de la sensualidad, sino también a la comodidad, a la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil, lo más placentero, el camino en apariencia más corto, aun a costa de ceder en la fidelidad a Dios (...).
“El otro enemigo (...) es la concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar (...).
“Los ojos del alma se embotan; la razón se cree autosuficiente para entender todo, prescindiendo de Dios. Es una tentación sutil, que se ampara en la dignidad de la inteligencia, que Nuestro Padre Dios ha dado al hombre para que lo conozca y lo ame libremente. Arrastrada por esa tentación, la inteligencia humana se considera el centro del universo, se entusiasma de nuevo con el seréis como dioses (Gen 3, 5) y, al llenarse de amor por sí misma, vuelve la espalda al amor de Dios.
“La existencia nuestra puede, de este modo, entregarse sin condiciones en manos del tercer enemigo, de la superbia vitae. No se trata solo de pensamientos efímeros de vanidad o de amor propio: es un engreimiento general. No nos engañemos, porque este es el peor de los males, la raíz de todos los descaminos”7.
Puesto que el Señor viene a nosotros, hemos de prepararnos. Cuando llegue la Navidad, el Señor debe encontrarnos atentos y con el alma dispuesta; así debe hallarnos también en nuestro encuentro definitivo con Él. Necesitamos enderezar los caminos de nuestra vida, volvernos hacia ese Dios que viene a nosotros. Toda la existencia del hombre es una constante preparación para ver al Señor, que cada vez está más cerca, pero en el Adviento la Iglesia nos ayuda a pedir de una manera especial; Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad: enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador8.
Prepararemos este encuentro en el sacramento de la Penitencia. Cercana ya la Navidad de 1980, el Papa Juan Pablo II estuvo con más de dos mil niños en una parroquia romana. Y comenzó la catequesis: ¿Cómo os preparáis para la Navidad? Con la oración, responden los chicos gritando. Bien, con la oración, les dice el Papa, pero también con la Confesión. Tenéis que confesaros para acudir después a la Comunión. ¿Lo haréis? Y los millares de chicos, más fuerte todavía, responden: ¡Lo haremos! Sí, debéis hacerlo, les dice Juan Pablo II. Y en voz más baja: El Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño Dios.
Así lo haremos también nosotros en las semanas que faltan para la Nochebuena, con más amor, con más contrición cada vez. Porque siempre podemos recibir con mejores disposiciones este sacramento de la misericordia divina, como consecuencia de examinar más a fondo nuestra alma.
III. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad sobre aviso, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo (...). Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa: si a la tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o a la mañana. No sea que cuando viniere de repente, os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo a todos digo, velad9.
Para mantener este estado de vigilia es necesario luchar, porque la tendencia de todo hombre es vivir con los ojos puestos en las cosas de la tierra. Especialmente en este tiempo de Adviento, no vamos a dejar que se ofusquen nuestros corazones con la glotonería y embriaguez y los cuidados de esta vida, y perder de vista así la dimensión sobrenatural que deben tener todos nuestros actos. San Pablo compara esta vigilia sobre nosotros a la guardia que hace el soldado bien armado que no se deja sorprender10. “Este adversario enemigo nuestro por dondequiera que pueda procura dañar; y pues él no anda descuidado, no lo andemos nosotros”11.
Estaremos alerta si cuidamos con esmero la oración personal, que evita la tibieza y, con ella, la muerte de los deseos de santidad; estaremos vigilantes si no descuidamos las mortificaciones pequeñas, que nos mantienen despiertos para las cosas de Dios. Estaremos atentos mediante un delicado examen de conciencia, que nos haga ver los puntos en que nos estamos separando, casi sin darnos cuenta, de nuestro camino.
“Hermanos –nos dice San Bernardo–, a vosotros, como a los niños, Dios revela lo que ha ocultado a los sabios y entendidos: los auténticos caminos de la salvación. Meditad en ellos con suma atención. Profundizad en el sentido de este Adviento. Y, sobre todo, fijaos quién es el que viene, de dónde viene y a dónde viene, para qué, cuándo y por dónde viene. Tal curiosidad es buena. La Iglesia universal no celebraría con tanta devoción este Adviento si no contuviera algún gran misterio”12.
Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará, leemos en las antífonas de la liturgia.
Santa María, Esperanza nuestra, nos ayudará a mejorar en este tiempo de Adviento. Ella espera con gran recogimiento el nacimiento de su Hijo, que es el Mesías. Todos sus pensamientos se dirigen a Jesús, que nacerá en Belén. Junto a Ella nos será fácil disponer nuestra alma para que la llegada del Señor no nos encuentre dispersos en otras cosas, que tienen poca o ninguna importancia ante Jesús.
1 Colecta de la Misa del día. — 2 Cfr. R. A. Knox, Sermón sobre el Adviento, 21-XII-1947. — 3 Jn 1, 11.— 4 Cfr. Rom 13, 11. — 5 Salmo responsorial. Lunes de la I Semana de Adviento. — 6 1 Jn 2, 16. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 5-6. — 8 Salmo responsorial de la Misa del día. Ciclo C. Sal 24. — 9 Mc 13, 33-37. Evangelio de la Misa del día. Ciclo B. — 10 Cfr. 1 Tes 5, 4-11. — 11 Santa Teresa, Camino de perfección, 19, 13. — 12 San Bernardo, Sermón sobre los seis aspectos del Adviento, 1.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

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Fuente: Vatican.va
María Magdalena de la
Encarnación, Beata
Fundadora, Noviembre 29
Fundadora de la Orden de Nació
en Porto Santo Stefano (Italia) el 16 de abril de 1770,
en el seno de una familia fervientemente católica. Fue
bautizada al día siguiente con los nombres de Catalina
María Francisca Antonia. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Redento de la Cruz (Tomás
Rodríguez),
Beato Mártir Carmelita, 29 Noviembre
El
Beato Redento, en el siglo. Tomas Rodríguez, había
nacido en Portugal el 1598. Su pueblo era Paredes. De
muy joven se embarco hacia las Indias Orientales y allí
vistió el hábito de religioso carmelita como Hermano.
Estuvo en varios conventos. En Goa, muchos años de
sacristán. Allí conoció al P. Dionisio. Al vestir el
habito carmelita se puso el nombre de Redento de la
Cruz. De veras que amó siempre tiernamente la Cruz de
Jesucristo y sus propias cruces. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Dionisio de la Natividad
(Pedro
Berthelot), Beato Mártir Carmelita, 29 Noviembre
Dionisio
se llamó en el siglo Pedro Berthelot y nació en
Honfleur-Calvados (Francia) el 12 de diciembre de 1600.
A1 vestir el hábito de religioso carmelita cambió su
nombre por el de Dionisio de la Natividad con el que
ahora se le conoce. |
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Alvaro Pelagio, Santo Obispo de Corone, 29 de noviembre
|
Noviembre 29
Etimológicamente
significa “totalmente sabio”. Viene de la lengua
alemana. |
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Alfredo Simón Colomina, Beato Mártir Jesuita, 29 Noviembre
Nacido
en Valencia el 18 de marzo 1877. |
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Fuente: Archidiócesis de
Madrid
Saturnino de Tolosa,
Santo Obispo y
Mártir, 29 de noviembre
Obispo y Mártir
|
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San
Gregorio
Taumaturgo
Año 268
Señor: Aumenta nuestra fe.
|
Se llama "taumaturgo" al que hace muchos
milagros. A este santo le pusieron ese nombre porque
según decía la gente, desde tiempos de Moisés, no se
había visto a un simple hombre conseguir tantos
milagros como los que obtuvo él. |
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6 de diciembre. 7º Día de la Novena
REFUGIO DE LOS PECADORES
— La Virgen y el sacramento de la Penitencia.
— Su actitud misericordiosa para con los pecadores.
— Nuestro refugio.
I. Salve, llena de gracia, eres llamada clementísima para los pecadores, porque contemplas misericordiosa nuestra miseria1.
Desde muy antiguo fue costumbre en algunos lugares representar a Nuestra Señora con un gran manto debajo del cual se encuentran, con rostros de paz, todo género de gentes: papas y reyes, comerciantes y campesinos, hombres y mujeres... A algunos, que no se cobijaron bien bajo este manto protector, se les ve heridos por alguna flecha: el perezoso es representado sentado y con la flecha en una pierna anquilosada, el goloso con el plato en la mano y la flecha en el vientre...2. Refugium peccatorum: desde siempre los cristianos la han visto como amparo y refugio de los pecadores, donde acudimos a protegernos, como por instinto, en momentos de mayor tentación o dificultades más grandes, o cuando quizá no hemos sido fieles al Señor. Ella es el atajo que nos facilita la vuelta rápida a Jesús.
En los primeros siglos de nuestra fe, los Santos Padres, al tratar del misterio de la Encarnación del Verbo, afirmaron con frecuencia que el seno virginal de María fue el lugar donde se realizó la paz entre Dios y los hombres. Ella, por su especialísima unión con Cristo, ejerce una maternidad sobre los hombres que consiste en “contribuir a restaurar la vida sobrenatural en las almas”3; por esta maternidad, forma parte muy especial del plan querido por Dios para librar al mundo de sus pecados. Para eso, “se consagró totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo bajo Él y con Él al misterio de la redención”4; estuvo asociada a la expiación de Cristo por todos los pecados del mundo, padeció con Él y fue corredentora en todos los momentos de la vida de Jesús, y de modo muy particular en el Calvario, donde ofreció a su Hijo al Padre y Ella se ofreció juntamente con Él: “Verdaderamente María se ha convertido en la aliada de Dios en virtud de su maternidad divina en la obra de la reconciliación”5. Por esto, suelen comentar muchos teólogos que la Virgen está de algún modo presente en la Confesión sacramental, donde se nos conceden particularmente las gracias de la redención. “Si alguien separa del sacramento de la penitencia la coexpiación de María, introduce entre Ella y Cristo una división que ni existió nunca ni puede ser admitida (...), puesto que es Cristo mismo quien asume en su expiación toda la cooperación expiatoria de su Madre”6.
Muy cerca de la Confesión se encuentra siempre María: está presente en el camino que lleva a este sacramento, disponiendo el alma para que, con humildad, sinceridad y arrepentimiento, se llegue a este sacramento de la misericordia divina. Ella ejerce una labor maternal importantísima, facilitando el camino de la sinceridad y moviendo suavemente a esa fuente de la gracia. En el apostolado de la Confesión, Ella es la primera aliada. Si alguna vez avergüenzan particularmente las faltas cometidas, es el Refugio primero al que hay que acudir. Y Ella, poco a poco, con su gracia maternal, hace fácil lo que al principio quizá resultaba difícil. Si un hijo se ha alejado de la casa paterna, ¿qué madre no estaría dispuesta a facilitarle el regreso? “La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su Hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a Él, para decirle que no lo perderemos Más”7.
Santa María, Refugio de los pecadores, nuestro refugio, danos el instinto certero de acudir a Ti cuando nos hayamos alejado, aunque sea poco, del amor de tu Hijo, Danos el don de la contrición.
II. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores...
Siempre es posible el perdón. El Señor desea nuestra salvación y la limpieza de nuestra alma más que nosotros mismos. Dios es todopoderoso, es nuestro Padre y es Amor. Y Jesús dice a todos, y a nosotros también: no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores8. Él nos llama y en esta Novena con más fuerza para que, con la ayuda de su Madre, nos despeguemos del egoísmo, de pequeños rencores quizá, faltas de amor, juicios precipitados sobre los demás, faltas de desprendimiento... Debemos acercarnos a la gran fiesta de Nuestra Señora con un corazón más limpio. En la intimidad del corazón, debemos sentir esa llamada a una mayor pureza interior. Una tradición muy antigua narra la aparición del Señor a San Jerónimo. Jesús le dijo: Jerónimo, ¿qué me vas a dar?, a lo que el Santo respondió: Te ofreceré mis escritos. Y Cristo replicó que no era suficiente. ¿Qué te entregaré entonces?, ¿mi vida de mortificación y de penitencia? La respuesta fue: Tampoco me basta. ¿Qué me queda por dar?, preguntó Jerónimo. Y Cristo le contestó: Puedes darme tus pecados, Jerónimo9. A veces puede costar reconocer ante Dios los pecados, las flaquezas y los errores: darlos sin envoltura alguna, como son, sin justificación, con sinceridad de corazón, llamando a cada cosa por su nombre. Dios los toma porque es lo que nos separa de Él y de los demás, lo que nos hace sufrir, lo que impide una verdadera vida de oración. Dios los desea para destruirlos, para perdonarlos, y darnos a cambio una fuente de Vida.
Enseña San Alfonso M.ª de Ligorio que el principal oficio que el Señor encomendó a María es ejercitar la misericordia, y que todas sus prerrogativas las pone María al servicio de la misma10.
Resulta sorprendente, gozosamente sorprendente, la insistencia de Jesús en su llamada constante a los pecadores, pues el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido11. A través del ejercicio de esta actitud misericordiosa para con todos, le conocieron muchos de quienes vivieron cerca de Él: los fariseos y los escribas murmuraban y, decían: éste recibe a los pecadores y come con ellos12. Y, ante el asombro de todos, libra a la mujer adúltera de la humillación a que está siendo sometida, y luego la despedirá, perdonada, con estas sencillas palabras: Vete y no peques más13. Siempre es así Jesús. Nunca entre en nuestra mente recomendaba el Cardenal Newman la idea de que Dios es un amo duro, severo14. Esta imagen es la que se puede formar quien se comportaría de esa manera -con enfado, con dureza, con frialdad; quien se sintiera ofendido por otro. Pero Dios no es así, nos quiere más, nos busca más cuanto peor es nuestra situación.
La misión de María no es ablandar la justicia divina. Dios es siempre bueno y misericordioso. La misión de Nuestra Señora es la de disponer nuestro corazón para que podamos recibir las innumerables gracias que el Señor nos tiene preparadas. “¿No será María un suave y poderoso estímulo para superar las dificultades inherentes a la Confesión sacramental? Más aún, ¿no invita Ella a la aceptación de esas dificultades para transformarlas en medio de expiación de las culpas propias y ajenas?”15. Acudamos siempre a Ella mientras nos preparamos y disponemos a recibir este sacramento.
Santa María, “Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma”16.
III. Sancta María, refugium nostrum et virtus... Refugio y fortaleza nuestra.
La palabra refugio viene del latín lugere, huir de algo o de alguien... Cuando se acude a un refugio se huye del frío, de la oscuridad de la noche, de una tormenta; y se busca seguridad, abrigo y resguardo. Cuando acudimos a Nuestra Señora, encontramos la única protección verdadera contra las tentaciones, el desánimo, la soledad... Muchas veces solo el hecho de comenzar a rezarle es suficiente para que la tentación desaparezca, para recuperar la paz y el optimismo. Si en algún momento encontramos más dificultades y las tentaciones aprietan, hemos de acudir con prontitud a guarecernos bajo el manto de Nuestra Señora. “Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. No desconfíes. Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma”17.
En Ella siempre encontraremos cobijo y protección. Ella “consuela nuestro temor, mueve nuestra fe, fortalece nuestra esperanza, disipa nuestros temores y anima nuestra pusilanimidad”18. Sus hijos, percibiendo su amor de madre, se refugian en Ella implorando perdón, y “al contemplar su espiritual belleza se esfuerzan por librarse de la fealdad del pecado, y al meditar sus palabras y ejemplos se sienten llamados a cumplir los mandatos de su Hijo”19.
Madre mía, Refugio de los pecadores, enséñanos a reconocer nuestros pecados y a arrepentirnos de ellos. Sal a nuestro encuentro cuando nos resulte difícil el camino de vuelta hasta tu Hijo, cuando nos sintamos perdidos.
1 Misas de la Virgen María, n. 14. Antífona de la Misa Madre de la reconciliación. — 2 Cfr. M. Trens, María. Iconografía de la Virgen en el arte español, pp. 274 ss. — 3 Conc. Vat. II Const. Lumen gentium, 61. — 4 Ibídem, 56. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, n. 35. — 6 A. Bandera, La Virgen María y los sacramentos, Rialp, Madrid 1978, p. 173. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 278. — 8 Mt 9, 13. — 9 Cfr. F. J. Sheen, Desde la Cruz, p. 16. — 10 San Alfonso Mª. de Ligorio, Las glorias de María, VI. 3, 5. — 11 Mt 18, 11. — 12 Mt 11, 19. — 13 Jn 8, 11. — 14 Card. J. H. Newman, Sermón para el Domingo IV después de Epifanía. — 15 A. Bandera, o. c., pp. 179-180. — 16 Juan Pablo II, Oración a la Virgen de Guadalupe, enero 1979. — 17 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 498. — 18 San Bernardo, Homilía en la Natividad de la Virgen María, 7. — 19 Cfr. Misas de la Virgen María, n. 14. Prefacio de la Misa Madre de la reconciliación.
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6 de diciembre
SAN NICOLÁS DE BARI*
Memoria
— Los santos amigos de Dios, son nuestros intercesores ante Él. San Nicolás.
— Necesidad de los bienes humanos y materiales.
— Generosidad y desprendimiento en los bienes. Acudir a San Nicolás en las necesidades económicas.
I. Leemos en el Antiguo Testamento cómo, cuando el Señor se disponía a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra en castigo por sus pecados, intercedió Abrahán ante Él: Si hubiera cincuenta justos en la ciudad, ¿los exterminarías acaso y no perdonarías al lugar por los cincuenta justos?... Y le dijo Yahvé: si hallare en Sodoma cincuenta justos, perdonaría por ellos a todo el lugar. Pero Abrahán insistía lleno de confianza: ¿Y si se hallaren allí cuarenta?..., ¿veinte?... ¿Y si se hallaren allí diez? Y le contestó Yahvé: por los diez no la destruiría1. La respuesta del Señor es siempre misericordiosa.
También Moisés acudía a la misericordia divina, invocando a los que habían sido amigos de Dios: acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Jacob, tus siervos2. De Jeremías, ya difunto, se lee: este es el amador de la nación, que ora mucho por el pueblo y por la ciudad santa3. En el Evangelio vemos cómo un centurión envía a unos ancianos, amigos del Señor, para que intercedan por él. Y estos, cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: Merece que le hagas esto, pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga4. Jesús escuchó complacido a los judíos que hablaban en favor de este gentil: merece que le hagas esto... El mismo San Pablo pedía a los cristianos de Roma: os suplico, hermanos, por Nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que me ayudéis con vuestras oraciones, rogando por mí al Señor5. Y comenta San Jerónimo al hablar de los hermanos ya muertos: “si los Apóstoles y los mártires, cuando estaban encerrados en un cuerpo y tenían motivos para ocuparse de sí mismos, oraban por los demás, ¡cuánto más, después de la corona, la victoria y el triunfo!”6.
Desde siempre creyó la Iglesia que los santos que gozan ya de la eterna bienaventuranza, y las benditas almas del Purgatorio, son nuestros grandes aliados e intercesores. Ellos atienden nuestras peticiones y las presentan al Señor, avaladas por los méritos que adquirieron aquí en la tierra con su vida santa.
De San Nicolás, cuya fiesta celebramos hoy, se cuenta que fue muy generoso aquí en la tierra con la fortuna que heredó de unos padres ricos, cuando él era aún joven. Por eso se le considera intercesor en las necesidades materiales y económicas.
El Fundador del Opus Dei le tenía una gran devoción, y contaba que un día, abrumado ante muchos problemas económicos, se acordó de San Nicolás momentos antes de comenzar la celebración de la Santa Misa. Le hizo esta promesa en la sacristía: “si me sacas de esto, te nombro Intercesor”. Pero, al subir las gradas del altar, se arrepintió de las condiciones, y le dijo: “y si no me sacas, te nombro igual”. Salió adelante en aquellas circunstancias y acudió a la intercesión del Santo otras muchas veces7.
Muchas personas a lo largo de los siglos han acudido a San Nicolás ante situaciones económicas difíciles en la familia, en el trabajo, en las obras apostólicas, que frecuentemente han de tener una base económica. No temamos pedir al Señor estas ayudas materiales que Él mismo nos invita a solicitar cuando recitamos el Padrenuestro: danos hoy nuestro pan de cada día. Y muchas veces lo podemos pedir por mediación de los santos.
II. Mientras estemos en la tierra vamos a necesitar medios materiales y humanos, tanto para el sostenimiento de la propia familia como de aquellas tareas apostólicas que el Señor nos pida que promovamos o que colaboremos de alguna manera en ellas. Los bienes económicos son eso: bienes; se convierten en males cuando no sirven para hacer el bien; cuando hay un apegamiento desordenado que impide ver los sobrenaturales. San León Magno enseña que Dios no solo nos ha dejado los bienes espirituales, sino también los corporales8, para que los orientemos al bien humano y sobrenatural de los demás.
El mismo Jesús enseñó a los Apóstoles la necesidad de emplear medios humanos. En la primera misión apostólica les indicó expresamente: no llevéis bolsa ni alforja... Les deja sin apoyo material alguno para que vean que es Él, Jesús, quien da la eficacia. Comprendieron entonces que las curaciones, las conversiones, los milagros no se debían a sus cualidades humanas, sino al poder de Dios. Sin embargo, cuando está ya próxima la partida, complementa aquella primera enseñanza: ahora, el que tenga bolsa, que la lleve; y del mismo modo alforja9. Aunque los medios sobrenaturales son los principales en todo apostolado, quiere el Señor que utilicemos todos los medios humanos a nuestro alcance como si no existiera ninguno sobrenatural; los económicos, también.
Jesús mismo, para realizar su misión divina quiso servirse a menudo de medios terrenos: unos cuantos panes y unos pececillos, un poco de barro, la ayuda material de aquellas piadosas mujeres que le seguían...
Cuando sintamos la necesidad en la familia, en las obras apostólicas en las que colaboramos, etc., no dudemos en acudir al Señor. No olvidemos cómo su primer milagro, por intercesión de Nuestra Señora, se realizó para sacar de apuros a unos recién casados en un asunto que no era de vital importancia. ¿Cómo no nos va a atender a nosotros, si alguna vez le necesitamos? Pero no nos olvidemos tampoco de hacer todo lo que esté de nuestra parte, como aquellos sirvientes de Caná que llenaron de agua las tinajas hasta arriba10: pusieron todo lo que estaba en sus manos.
Alguna vez, en situaciones económicas apuradas, este texto puede dar paz a nuestras almas: “Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez.
“Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre ¡tu Madre! a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos”11.
III. Se darán en nuestra vida ocasiones en las que el Señor aliente nuestra generosidad, y contribuyamos con nuestros medios económicos muchos o apenas ninguno al sostenimiento de la Iglesia o de instituciones buenas que promueven obras de cultura o de asistencia a gentes más necesitadas. También es posible que, además, debamos recaudar fondos para esas obras. Muchas páginas del Nuevo Testamento nos muestran el empeño de los discípulos de Cristo y de los primeros cristianos por allegar medios para la extensión del Evangelio. Vemos, por ejemplo, a Mateo, de buena posición económica, que desborda gratitud hacia Cristo12. Y aquel grupo de mujeres que sigue al Señor y le asistían con sus bienes13. Y esos otros discípulos gentes hacendadas, como José de Arimatea, que cede su sepulcro al Maestro y costea su sudario14; o Nicodemo, que se ocupa de comprar gran cantidad de mirra y áloes para embalsamar el Cuerpo del Señor15. De igual modo, observamos el heroico comportamiento de los primeros cristianos que vendían sus posesiones y demás bienes16, y todos los que tenían posesiones o casas, vendiéndolas, traían el precio de ellas y lo ponían a los pies de los Apóstoles17.
San Pablo organizará colectas en Antioquía, en Galacia, en Macedonia, en Grecia para socorrer a los fieles de Jerusalén, provocando la emulación de unos y otros18. Cuando el Apóstol escribe a los cristianos de Corinto les agradece su generosidad en la colecta que llevan a cabo, les alienta en su propósito y les dice: porque esto es lo que os conviene19. Y Santo Tomás, comentando estas palabras, resalta el provecho que se saca del desprendimiento de los bienes en favor de otros: “El bien de la piedad es más útil para quien la ejerce que para aquel que la recibe. Porque quien la ejerce saca de allí un provecho espiritual, mientras quien la recibe solo temporal”20. La limosna es uno de los principales remedios para curar las heridas del alma, que son los pecados21, y atrae siempre la misericordia divina.
Junto a nuestra generosidad y desprendimiento de los bienes, hemos de fomentar en nuestros amigos esa buena disposición del alma, que conseguirá del Señor tantas bendiciones para ellos y sus familias. “He aquí una tarea urgente: remover la conciencia de creyentes y no creyentes hacer una leva de hombres de buena voluntad, con el fin de que cooperen y faciliten los instrumentos materiales necesarios para trabajar con las almas”22. Nos puede servir, para terminar, esta frase que anima al esfuerzo, a la generosidad y al desprendimiento: “pensad ¿cuánto os cuesta también económicamente- ser cristianos?”23.
San Nicolás será nuestro aliado en el Cielo para ser generosos con Dios y con nuestros hermanos, y buscar estos medios económicos necesarios en la tierra. Acudamos a él. Cerca de Dios sigue siendo generoso con los que le invocan.
1 Cfr. Gen 18, 24-32. — 2 Ex 32, 13. — 3 2 Mac 15, 14. — 4 Cfr. Lc 7, 1-10. — 5 Rom 15, 30. — 6 San Jerónimo, Contra Vigilantium, 1, 6. — 7 Cfr A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, 155, 161, 256, 470. — 8 San León Magno, Homilías, 10, 1. — 9 Lc 22, 36. — 10 Jn 2, 7. — 11 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 807. — 12 Mt 9, 9-10. — 13 Lc 8, 3. — 14 Mc 15, 46. — 15 Jn 19, 39. — 16 Hech 2, 45. — 17 Hech 4, 34-35. — 18 2 Cor 8, 8. — 19 2 Cor 8, 10. — 20 Santo Tomás, Comentario a la Segunda Carta a los Corintios, in loc. — 21 Cfr. Catecismo Romano, IV, 14, 23. — 22 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 24. — 23 ídem, Amigos de Dios, 126.
* San Nicolás de Bari nació en Patara hacia el año 270, fue Obispo de Mira en Licia (actualmente Turquía) y murió un 6 de diciembre entre los años 345 y 352. Su culto se extendió con rapidez en Oriente y se propagó más tarde en Occidente, principalmente después del traslado de sus reliquias a Bari (Italia) en el siglo xi. Son muy numerosas las iglesias e imágenes que se le han dedicado.
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San Nicolás
Obispo
Año 345
San Nicolás
bendito, ruégale a Dios
que
nos libre de todo peligro del alma y del cuerpo.
Su nombre significa "Protector y defensor de pueblos".
Este santo fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.
Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama "San Nikolaus", lo empezaron a llamar Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).
De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes datos curiosos.
Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: "sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto".
Tenía un tío que era obispo y este lo consagró como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después quiso visitar la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se había muerto. Al fin dijeron: "elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo". Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira.
La especialidad
de este santo fueron los
milagros tan numerosos que logró conseguir de Dios. Lo pintaban
con unos niños,
porque los antiguos contaban que un criminal hirió a cuchillo a
varios niñitos,
y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea.
También pintan
junto a él a una señorita, porque en su ciudad había un anciano
muy pobre con
tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo
pobres. Entonces
el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la
ventana una bolsa
con monedas de oro, y así el anciano logró casar a sus hijas muy
bien.
Es Patrono de los marineros, porque estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: "Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos". Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció.
Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes. Y fueron absueltos.
El emperador Licino decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba, para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos.
Luego apareció la herejía de Arrio que decía que Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.
Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.
En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.
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Pedro Pascual, Santo Mártir Mercedario, 6 Diciembre
Mártir Mercedario
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Emilio y compañeros, Santos Mártires, 6 de diciembre
Dionisia, Mayórico, Dativa, Leoncia, Tercio, Bonifacio, Servio y Emiliano (Emilio)
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Abraham de Kratia, Santo Monje, 6 de diciembre
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Diciembre 6
Etimológicamente significa “hombre excelso,
padre de muchos”. Viene de la lengua hebrea. |
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Luisa María Frías Cañizares, Beata Mártir, 6 Diciembre
Nacida el 20 de junio de 1896 en Valencia,
murió en Picadero de Paterna,Valencia, España, el 6 de
Diciembre de 1936. |
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J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (1, 6-8.19-28)
Gloria a ti, Señor.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” El reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” El les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”.
Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVd HYPERLINK "http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs"XAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Tercer Domingo de Adviento
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador
El Espíritu del Señor está sobre mí
Antífona de Entrada
Estad siempre alegres en el Señor os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.
No se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (61, 1-2.10-11)
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas.
Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Lucas 1
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega, de generación en generación, a los que lo temen.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (5, 16-24)
Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (1, 6-8.19-28)
Gloria a ti, Señor.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” El reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” El les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”.
Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Con espíritu agradecido y con sencillez de corazón, oremos a Dios que nos anuncia la paz, y nos da la esperanza. Digamos unidos a toda la Iglesia:
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que la voz de la Iglesia y de sus pastores, resuene en este tiempo con mayor fuerza proclamando con gozosa esperanza el evangelio de Jesucristo, raíz profunda de los auténticos derechos humanos. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que los estados protejan y fomenten el desarrollo de los pueblos más necesitados, renunciando a los egoístas intereses particulares. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que la Palabra de Dios mueva a todos los cristianos y hombres de buena voluntad a ser, según el mandato de Cristo, solidarios con los más necesitados como una exigencia esencial de nuestra vocación al servicio del Reino de Dios y su justicia. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que, reconociendo las maravillas que Dios obra en la historia, como María, vivamos en constante acogida de su Palabra, en activo servicio a su proyecto, y en solícita y alegre caridad con los que sufren o están tristes. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que en este tiempo de gracia, los que se han consagrado al Señor, vivan a impulso de su Espíritu en una creciente fidelidad a sus insinuaciones y en una amorosa entrega a su vocación. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Para que todos los hombres reconozcamos, en Jesús, al Mesías que nos trae la paz, y allanemos sus caminos en los corazones más endurecidos, con nuestra oración constante y con nuestra entrega generosa. Oremos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Celebrante:
Escucha, Señor, nuestras súplicas y nuestra acción de gracias; haz que amemos siempre tu voluntad y que no ahoguemos nunca la llama de tu Espíritu que nos llama a ser fieles a Ti, que sellaste con nosotros una promesa de salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio de Adviento I
Las dos venidas de Cristo
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Tercer domingo
LA ALEGRÍA DEL ADVIENTO
— Adviento: tiempo de alegría y de esperanza. La alegría es estar cerca de Jesús; la tristeza, perderle.
— La alegría del cristiano. Su fundamento.
— Llevar alegría a los demás. Es imprescindible en toda labor de apostolado.
I. La liturgia de la Misa de este domingo nos trae la recomendación repetida que hace San Pablo a los primeros cristianos de Filipos: Estad siempre alegres en el Señor, de nuevo os lo repito, alegraos1 y a continuación el Apóstol da la razón fundamental de esta alegría profunda: el Señor está cerca.
Es también la alegría del Adviento y la de cada día: Jesús está muy cerca de nosotros. Está cada vez más cerca. Y San Pablo nos da también la clave para entender el origen de nuestras tristezas: nuestro alejamiento de Dios, por nuestros pecados o por la tibieza.
El Señor llega siempre a nosotros en la alegría y no en la aflicción. “Sus misterios son todos misterios de alegría; los misterios dolorosos los hemos provocado nosotros”2.
Alégrate, llena de gracia, porque el Señor está contigo3, le dice el Ángel a María. Es la proximidad de Dios la causa de la alegría en la Virgen. Y el Bautista, no nacido aún, manifestará su gozo en el seno de Isabel ante la proximidad del Mesías4. Y a los pastores les dirá el Ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador...5. La Alegría es tener a Jesús, la tristeza es perderle.
La gente seguía al Señor y los niños se le acercaban (los niños no se acercan a las personas tristes), y todos se alegraban viendo las maravillas que hacía6.
Después de los días de oscuridad que siguieron a la Pasión, Jesús resucitado se aparecerá a sus discípulos en diversas ocasiones. Y el Evangelista irá señalando una y otra vez que los Apóstoles se alegraron viendo al Señor7. Ellos no olvidarán jamás aquellos encuentros en los que sus almas experimentaron un gozo indescriptible.
Alegraos, nos dice hoy San Pablo. Y tenemos motivos suficientes. Es más, poseemos el único motivo: El Señor está cerca. Podemos aproximarnos a Él cuanto queramos. Dentro de pocos días habrá llegado la Navidad, nuestra fiesta, la de los cristianos, y la de la humanidad, que sin saberlo está buscando a Cristo. Llegará la Navidad y Dios nos espera alegres, como los pastores, como los Magos, como José y María.
Nosotros podremos estar alegres si el Señor está verdaderamente presente en nuestra vida, si no lo hemos perdido, si no se han empañado nuestros ojos por la tibieza o la falta de generosidad. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera del que lleva a Dios, al final solo se halla infelicidad y tristeza. La experiencia de todos los que, de una forma o de otra, volvieron la cara hacia otro lado (donde no estaba Dios), ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. No puede haberla.
Encontrar a Cristo, y volverlo a encontrar, supone una alegría profunda siempre nueva.
II. Exulta, cielo, alégrate, tierra, romped a cantar, montañas, porque vendrá nuestro Señor8. En sus días florecerá la justicia y la paz9.
El cristiano debe ser un hombre esencialmente alegre. Sin embargo, la nuestra no es una alegría cualquiera, es la alegría de Cristo, que trae la justicia y la paz, y solo Él puede darla y conservarla, porque el mundo no posee su secreto.
La alegría del mundo la proporciona lo que enajena..., nace precisamente cuando el hombre logra escapar de sí mismo, cuando mira hacia fuera, cuando logra desviar la mirada del mundo interior, que produce soledad porque es mirar al vacío. El cristiano lleva su gozo en sí mismo, porque encuentra a Dios en su alma en gracia. Esta es la fuente permanente de su alegría.
No nos es difícil imaginar a la Virgen, en estos días de Adviento, radiante de alegría con el Hijo de Dios en su seno.
La alegría del mundo es pobre y pasajera. La alegría del cristiano es profunda y capaz de subsistir en medio de las dificultades. Es compatible con el dolor, con la enfermedad, con los fracasos y las contradicciones. Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar10, ha prometido el Señor. Nada ni nadie nos arrebatará esa paz gozosa, si no nos separamos de su fuente.
Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. En esos momentos que un hombre sin fe consideraría como golpes fatales y sin sentido, el cristiano descubre al Señor y, con Él, un bien mucho más alto. “¡Cuántas contrariedades desaparecen, cuando interiormente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona! Se renueva, con distintos matices, ese amor de Jesús por los suyos, por los enfermos, por los tullidos, que pregunta: ¿qué te pasa? Me pasa... Y, enseguida, luz o, al menos, aceptación y paz”11. “¿Qué te pasa?”, nos pregunta. Y le miramos y ya no nos pasa nada. Junto a Él recuperamos la paz y la alegría.
Tendremos dificultades, como las han tenido todos los hombres, pero estas contrariedades –grandes o pequeñas– no nos quitan la alegría. La dificultad es algo ordinario con lo que debemos contar, y nuestra alegría no puede esperar épocas sin contrariedades, sin tentaciones y sin dolor. Es más, sin los obstáculos que encontramos en nuestra vida no habría posibilidad de crecer en las virtudes.
El fundamento de nuestra alegría debe ser firme. No se puede apoyar exclusivamente en cosas pasajeras: noticias agradables, salud, tranquilidad, desahogo económico para sacar la familia adelante, abundancia de medios materiales, etcétera, cosas todas buenas, si no están desligadas de Dios, pero por sí mismas insuficientes para proporcionarnos la verdadera alegría.
El Señor nos pide estar alegres siempre. Cada uno mire cómo edifica, que en cuanto al fundamento, nadie puede tener otro sino el que está puesto, Jesucristo12. Solo Él es capaz de sostenerlo todo en nuestra vida. No hay tristeza que Él no pueda curar: no temas, ten solo fe13, nos dice. Él cuenta con todas las situaciones por las que ha de pasar nuestra vida, y también con aquellas que son resultado de nuestra insensatez y de nuestra falta de santidad. Para todos tiene remedio.
En muchas ocasiones, como en este rato de oración, será necesario que nos dirijamos a Él en un diálogo íntimo y profundo ante el Sagrario; y que abramos nuestra alma en la Confesión, en la dirección espiritual personal. Allí encontraremos la fuente de la alegría, y nuestro agradecimiento se manifestará en mayor fe, en una crecida esperanza, que aleje toda tristeza, y en preocupación por los demás.
Dentro de poco, de muy poco, el que viene llegará. Espera, porque ha de llegar sin retrasarse14, y con Él llega la paz y la alegría; con Jesús encontramos el sentido a nuestra vida.
III. Un alma triste está a merced de muchas tentaciones. ¡Cuántos pecados se han cometido a la sombra de la tristeza! Cuando el alma está alegre se vierte hacia afuera y es estímulo para los demás; la tristeza oscurece el ambiente y hace daño. La tristeza nace del egoísmo de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia ante el trabajo, de la falta de mortificación, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios.
El olvido de uno mismo, el no andar excesivamente preocupados en las propias cosas es condición imprescindible para poder conocer a Cristo, objeto de nuestra alegría, y para poder servirle. Quien anda excesivamente preocupado de sí mismo difícilmente encontrará el gozo de la apertura hacia Dios y hacia los demás.
Y para alcanzar a Dios y crecer en la virtud debemos estar alegres.
Por otra parte, con el cumplimiento alegre de nuestros deberes podemos hacer mucho bien a nuestro alrededor, pues esa alegría lleva a Dios. Recomendaba San Pablo a los primeros cristianos: Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo15. Y frecuentemente, para hacer la vida más amable a los demás, basta con esas pequeñas alegrías que, aunque de poco relieve, muestran con claridad que los consideramos y apreciamos: una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio, evitar tragedias por cosas de poca importancia que debemos dejar pasar y olvidar. Así contribuimos a hacer más llevadera la vida a las personas que nos rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios.
En muchas ocasiones el regato lleva a la fuente. Esas muestras de alegría conducirán a quienes nos tratan habitualmente a la fuente de toda alegría verdadera, a Cristo nuestro Señor.
Preparemos la Navidad junto a Santa María. Procuremos también prepararla en nuestro ambiente, fomentando un clima de paz cristiana, y brindemos muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, y pocas pruebas hay tan convincentes como la alegría habitual del cristiano, también cuando lleguen el dolor y las contradicciones. La Virgen las tuvo abundantes al llegar a Belén, cansada de tan largo viaje, y al no encontrar lugar digno donde naciera su Hijo; pero esos problemas no le hicieron perder la alegría de que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.
1 Flp 4, 4. — 2 P. A. Reggio, Espíritu sobrenatural y buen humor, Madrid 1966, p. 20. — 3 Lc 1, 28. — 4 Lc 2, 4. — 5 Lc 2, 10-11. — 6 Lc 13, 7. — 7 Cfr. Jn 20, 20. — 8 Is 49, 13. — 9 Sal 71, 7. — 10 Jn 16, 22. — 11 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 249. — 12 1 Cor 3, 11. — 13 Lc 8, 50. — 14 Heb 10, 37. — 15 Gal 6, 2.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Santa Lucía
Mártir
Año 304
Santa Lucía bendita: concédenos
desde el cielo
que nos envíe Dios sus luces para ver siempre
lo que debemos hacer, decir y evitar, y hacerlo,
decirlo y evitarlo siempre.
Lucía significa: "la que
lleva luz".
A esta santa la pintan con una bandeja con dos ojos, porque antiguas tradiciones narraban que a ella le habían sacado los ojos por proclamar su fe en Jesucristo.
Nació y murió en Siracusa (ciudad de Italia), en la cual se ha encontrado una lápida del año 380 que dice: "N. N. Murió el día de la fiesta de Santa Lucía, para la cual no hay elogios que sean suficientes". En Roma ya en el siglo VI era muy honrada y el Papa San Gregorio le puso el nombre de esta santa a dos conventos femeninos que él fundó (en el año 590).
Dicen que cuando era muy niña hizo a Dios el voto o juramento de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre (que era viuda), casarla con un joven pagano. Por aquellos días la mamá enfermó gravemente y Lucía le dijo: "Vamos en peregrinación a la tumba de Santa Águeda. Y si la santa le obtiene la curación, me concederá el permiso para no casarme". La madre aceptó la propuesta. Fueron a la tumba de la santa y la curación se produjo instantáneamente. Desde ese día Lucía obtuvo el permiso de no casarse, y el dinero que tenía ahorrado para el matrimonio lo gastó en ayudar a los pobres.
Pero el joven que se iba a casar con ella, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que ella era cristiana, lo cual estaba totalmente prohibido en esos tiempos de persecución. Y Lucía fue llamada a juicio.
El juez se dedicó a hacerle indagatorias y trataba de convencerla para que dejara de ser cristiana. Ella le respondió: "Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor de mi Señor Jesucristo".
El juez le preguntó: "Y si la sometemos a torturas, será capaz de resistir?".
La jovencita respondió:
"Si, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor".
El juez la amenazó con hacerla llevar a una casa de prostitución para ser irrespetada. Ella le respondió: "Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha si no acepta ni consiente el mal" (Santo Tomás de Aquino, el gran sabio, admiraba mucho esta respuesta de Santa Lucía)
Trataron de llevarla a una casa de maldad, pero ella se quedó inmóvil en el sitio donde estaba y entre varios hombres no fueron capaces de moverla de allí, la atormentaron, y de un golpe de espalda le cortaron la cabeza.
Mientras la atormentaban, animaba a los presentes a permanecer fieles a la religión de Jesucristo hasta la muerte.
Por siglos ha sido muy invocada para curarse de enfermedades en los ojos.
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Fuente:
Corazones.org
Juana Francisca de
Chantal, Santa
Co-Fundadora, 12 de diciembre
Co-Fundadora de la Orden de la Visitación de Santa María Martirologio Romano:
Santa Juana
Francisca Frémiot de Chantal, religiosa, que siendo
primero madre de familia, tuvo como fruto de su
cristiano matrimonio seis hijos, a los que educó
piadosamente, y muerto su esposo, bajo la dirección de
san Francisco de Sales abrazó con decisión el camino
de la perfección y realizó obras de caridad, en
especial para con los pobres y enfermos. Dio comienzo
a la Orden de la Visitación de santa María, que
dirigió también prudentemente, y su muerte tuvo lugar
en Moulins, junto al Aller, cerca de Nevers, en
Francia, el día trece de diciembre (1641).
persona muy activa, llena de múltiples
proyectos para la gloria de Dios y la santificación de
las almas. Estableció no menos de ochenta y seis casas
de la Orden. Se estima que escribió no menos de once mil
cartas, que son verdaderas gemas de profunda
espiritualidad. Más de dos mil de éstas se conservan
todavía. La fundación de tantas casas en tan pocos años,
la forzó a viajar mucho, cuando los viajes eran un
verdadero trabajo. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina04
Odilia u Otilia, Santa
Patrona de
Alsacia, 13 de diciembre
En la época de Childerico II, había en Alsacia
un señor feudal franco, llamado Adalrico, casado con
Bereswinda. A fines del siglo VII, tuvieron una hijita
ciega, que nació en Obernheim, en los Vosgos. Adalrico,
que tomó esa desgracia como una ofensa personal y una
injuria al honor de su familia, en la que nunca había
sucedido nada semejante, se dejó arrastrar por una
cólera que no entendía razones. |
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Fuente:
Wikipédia
Juan Marinoni, Beato
Co-fundador de
los Montes de Piedad, 13 Diciembre
Juan Marinoni, llamado en el siglo Francisco,
nació en Venecia en 1490, de una familia oriunda de
Bérgamo. |
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Judoco, Santo Presbítero y Eremita, 13 Diciembre
En Neustria septentrional, san Judoco,
presbítero y eremita, quien, siendo hijo de Jutael, rey
de Armórica, y hermano de san Judicael, para no ser
obligado a suceder a su padre abandonó la patria y se
dedicó a la vida eremítica en Runiacum que luego cambió
su nombre a Saint-Josse-sur-Mer. |
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Fuente:
Vatican.va
María Magdalena de la
Pasión (Constanza
Starace), Beata Fundadora, 13 Diciembre
Fundadora de las Religiosas Compasionistas Nació en Castellammare di Stabia, provincia de
Nápoles (Italia), el 5 de septiembre de 1845. Fue
bautizada con el nombre de Costanza. Su madre, muy
piadosa, la consagró a la Virgen de los Dolores. A la
edad de 4 años comenzó a frecuentar la escuela, donde se
relacionó con niñas pobres. Seguramente esta experiencia
dejó una huella profunda en su corazón. |
J†A
JMJ
Pax
Concebirás y darás a luz un hijo
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, el ángel
Gabriel fue enviado por Dios
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada
con un varón
de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba
María. Entró el
ángel a donde ella estaba y le dijo:
"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba
qué querría decir
semejante saludo. El ángel le dijo:
"No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a
concebir y a
dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande
y será llamado
Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su
padre, y él
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no
tendrá fin".
María le dijo entonces al ángel:
"¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?"
El ángel le contestó:
"El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo
te cubrirá
con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será
llamado Hijo de
Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que a pesar de su vejez,
ha concebido un
hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no
hay nada
imposible para Dios".
María contestó:
"Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has
dicho".
Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Adviento (4o.dom) Ciclo B
Antífona de Entrada
Cielos, destilen su rocío; nubes, lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al Salvador.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del
ángel hemos
conocido la encarnación de tu Hijo; para que lleguemos, por su
pasión y su
cruz, a la gloria de la resurrección.
El, que vive
y reina
contigo ...
Amén.
Primera Lectura
El reino de David permanecerá para siempre en presencia del Señor
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-11. 14.16
Tan pronto como el rey
David se instaló en su palacio
y el Señor le concedió descansar de todos los enemigos que lo
rodeaban, el rey
dijo al profeta Natán:
"¿Te has dado cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro,
mientras el
arca de Dios sigue alojada en una tienda de campaña?"
Natán le respondió:
"Anda y haz todo lo que te dicte el corazón, porque el Señor
está
contigo".
Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo:
"Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto:
¿Piensas
que vas a ser tú el que me construya una casa para que yo habite
en ella? Yo te
saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que
fueras el jefe de mi
pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas,
acabaré con tus
enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la
tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para
que habite en
su propia tierra.
Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo
han venido
haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar
a mi pueblo,
Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y
cuando tus días
se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres,
engrandeceré a tu
hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Yo seré para
él un padre y
él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para
siempre ante mí,
y tu trono será estable eternamente".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 88
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Proclamaré sin cesar la
misericordia del Señor y daré
a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho:
"Mi amor es
para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos.
Proclamaré sin cesar la
misericordia del
Señor.
Un juramento hice a David,
mi servidor, una alianza
pacté con mi elegido: Consolidaré tu dinastía para siempre y
afianzaré tu trono
eternamente.
Proclamaré sin cesar la
misericordia del
Señor.
El me podrá decir: Tú eres
mi Padre, el Dios que me
protege y que me salva. Yo jamás le retiraré mi amor, ni violaré
el juramento
que le hice".
Proclamaré sin cesar la
misericordia del
Señor.
Segunda Lectura
Se ha revelado el misterio oculto durante siglos
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27
Hermanos: A Aquél que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del evangelio
Aleluya,
aleluya.
Yo soy la esclava del Señor; que se cumpla en mí lo que me has
dicho.
Aleluya.
Evangelio
Concebirás y darás a luz un hijo
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, el ángel
Gabriel fue enviado por Dios
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada
con un varón
de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba
María. Entró el
ángel a donde ella estaba y le dijo:
"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba
qué querría decir
semejante saludo. El ángel le dijo:
"No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a
concebir y a
dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande
y será llamado
Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su
padre, y él
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no
tendrá fin".
María le dijo entonces al ángel:
"¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?"
El ángel le contestó:
"El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo
te cubrirá
con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será
llamado Hijo de
Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que a pesar de su vejez,
ha concebido un
hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no
hay nada
imposible para Dios".
María contestó:
"Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has
dicho".
Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, el auxilio del Señor, para que,
apiadado del
pobre y del oprimido, venga a salvar a la humanidad de sus
males:
A cada petición, respondemos: Ven, Señor, a liberarnos.
Para que todos los fieles
se dispongan a recibir a
Cristo como lo recibió María; y como ella, conserven sus
palabras en el
corazón, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para que aquellos hermanos
y hermanas que han
abandonado las prácticas cristianas, pero acudirán al templo en
las próximas
fiestas de Navidad, descubran la buena noticia del Evangelio, no
como un rayo
fugaz en la noche, sino como luz permanente que ilumina y alegra
toda la vida,
roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para que las fiestas del
nacimiento del Señor alejen
las tinieblas de quienes viven sumergidos en dudas e
incertidumbres, y colmen
los deseos de quienes se sienten descorazonados y tristes,
roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Para que el nacimiento de
Cristo nos ayude a renunciar
a los deseos mundanos y a vivir sobria y honradamente esperando
la aparición
definitiva del Señor, roguemos al Señor.
Ven, Señor, a liberarnos.
Celebrante:
Dios de bondad y misericordia, que eliges a los humildes para
llevar a término
tus designios de salvación, escucha nuestras plegarias y concede
a tu Iglesia
los dones del Espíritu Santo; para que, a imitación de María,
acoja a tu Hijo,
el Verbo de la vida, y se alegre como madre feliz de una
descendencia santa e
incorruptible.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso
y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con
inefable amor de
madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los
hombres. El mismo
Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de
su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y
cantando su
alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Enmanuel, que quiere decir "Dios-con-nosotros".
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, tú que nos has dado en este sacramento la prenda de
nuestra salvación,
concédenos, Padre todopoderoso prepararnos cada día con mayor
fervor para
celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo. El, que vive y
reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
Adviento. Cuarto domingo
ADVIENTO, TIEMPO DE ESPERANZA
— Santa María, Maestra de esperanza. Origen del desánimo y del desaliento. Jesucristo, el bien supremo.
— El objeto de nuestra esperanza.
— Confianza en el Señor. Nunca llega tarde para darnos la gracia y las ayudas necesarias.
I. El espíritu del Adviento consiste en buena parte en vivir cerca de la Virgen en este tiempo en el que Ella lleva en su seno a Jesús. La vida nuestra es también unadviento un poco más largo, una espera de ese momento definitivo en el que nos encontraremos por fin con el Señor para siempre. El cristiano sabe que este adviento ha de vivirlo junto a la Virgen todos los días de su vida si quiere acertar con seguridad en lo único verdaderamente importante de su existencia: encontrar a Cristo en esta vida, y después en la eternidad.
Y para preparar la Navidad, ya tan cercana, nada mejor que acompañar en estos días a Santa María, tratándola con más amor y más confianza.
Nuestra Señora fomenta en el alma la alegría, porque con su trato nos lleva a Cristo. Ella es «Maestra de esperanza. María proclama que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48). Humanamente hablando, ¿en qué motivos se apoyaba esa esperanza? ¿Quién era Ella, para los hombres y mujeres de entonces? Las grandes heroínas del Viejo Testamento –Judit, Ester, Débora– consiguieron ya en la tierra una gloria humana (...). ¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza»1.
No cae en desaliento quien padece dificultades y dolor, sino el que no aspira a la santidad y a la vida eterna, y el que desespera de alcanzarlas. La primera postura viene determinada por la incredulidad, por el aburguesamiento, la tibieza y el excesivo apegamiento a los bienes de la tierra, a los que considera como los únicos verdaderos. El desaliento, si no se le pone remedio, paraliza los esfuerzos para hacer el bien y superar las dificultades. En ocasiones, el desánimo en la propia santidad está determinado por la debilidad del querer, por miedo al esfuerzo que comporta la lucha ascética y tener que renunciar a apegamientos y desórdenes de los sentidos. Tampoco los aparentes fracasos de nuestra lucha interior o de nuestro afán apostólico pueden desalentarnos: quien hace las cosas por amor a Dios y para su Gloria nofracasa nunca: «Convéncete de esta verdad: el éxito tuyo –ahora y en esto– era fracasar. –Da gracias al Señor y ¡a comenzar de nuevo!»2. «No has fracasado: has adquirido experiencia–. ¡Adelante!»3.
Dentro de pocos días veremos en el belén a Jesús en el pesebre, lo que es una prueba de la misericordia y del amor de Dios. Podremos decir: «En esta Nochebuena todo se para en mí. Estoy frente a Él: no hay nada más que Él, en la inmensidad blanca. No dice nada, pero está ahí... Él es Dios amándome»4. Y si Dios se hace hombre y me ama, ¿cómo no buscarle? ¿Cómo perder la esperanza de encontrarle si Él me busca a mí? Alejemos todo posible desaliento; ni las dificultades exteriores ni nuestra miseria personal pueden nada ante la alegría de la Navidad que ya se acerca.
II. La esperanza se manifiesta a lo largo del Antiguo Testamento como una de las características más esenciales del verdadero pueblo de Dios. Todos los ojos están puestos en la lejanía de los tiempos, por donde un día llegaría el Mesías: «los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la Salvación, en la que, paso a paso, se prepara la venida de Cristo al mundo»5.
En el Génesis se habla ya de la victoria de la Mujersobre los poderes del mal, de un mundo nuevo6.
El profeta Oseas anuncia que Israel se convertirá y florecerá en el amor antiguo7. Isaías, en medio de las decepciones del reinado de Ezequiel, anuncia la venida del Mesías8, Miqueas señalará a Belén de Judá como el lugar de su nacimiento9.
Faltan pocos días para que veamos en el belén a Nuestro Señor, a quien todos los profetas anunciaron, la Virgen cuidó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su Nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza10.
Jesucristo proclama, desde el pesebre de Belén hasta el momento de su Ascensión a los cielos, un mensaje de esperanza. Jesús mismo es nuestra única esperanza11. Él es la garantía plena para alcanzar los bienes prometidos. Miramos hacia la gruta de Belén, «en vigilante espera», y comprendemos que solo con Él nos podemos acercar confiadamente a Dios Padre12.
El Señor mismo nos señala que el objeto principal de la esperanza cristiana no son los bienes de esta vida, que la herrumbre y la polilla corroen y los ladrones desentierran y roban13, sino los tesoros de la herencia incorruptible, y en primer lugar la felicidad suprema de la posesión eterna de Dios.
Esperamos confiadamente que un día nos conceda la eterna bienaventuranza y, ya ahora, el perdón de los pecados y su gracia. Como una consecuencia, la esperanza se extiende a todos los medios necesarios para alcanzar ese fin. Desde este aspecto particular, también los bienes terrenales pueden caer en el ámbito de la esperanza, pero solo en la medida y en la manera con que Dios los ordena a nuestra salvación.
Vamos a luchar, estos días y siempre, con todas nuestras fuerzas contra esas formas menores de desesperación que son el desánimo, el desaliento y el estar preocupados casi exclusivamente por los bienes materiales.
La esperanza lleva al abandono en Dios y a poner todos los medios a nuestro alcance, para una lucha ascética que nos impulsará a recomenzar muchas veces, a ser constantes en el apostolado y pacientes en la adversidad, a tener una visión más sobrenatural de la vida y de sus acontecimientos. «En la medida en que el mundo se canse de su esperanza cristiana, la alternativa que le queda es el materialismo, del tipo que ya conocemos; esto y nada más. Su experiencia del cristianismo ha sido como la experiencia de un gran amor, el amor de toda una vida... Ninguna voz nueva (...) tendrá ningún atractivo para nosotros si no nos devuelve a la gruta de Belén, para que allí podamos humillar nuestro orgullo, ensanchar nuestra caridad y aumentar nuestro sentimiento de reverencia con la visión de una pureza deslumbradora»14.
III. Escuchadme, los desanimados, que os creéis lejos de la victoria. Yo acerco mi victoria; no está lejos, mi salvación no tardará15.
Nuestra esperanza en el Señor ha de ser más grande cuanto menores sean los medios de que se dispone o mayores sean las dificultades. En cierta ocasión en que Jesús vuelve a Cafarnaúm, nos dice San Lucas16 que todos estaban esperándole. En medio de aquella multitud sobresale un personaje que el Evangelista destaca diciendo que era un jefe de sinagoga y pide a Jesús la curación de su hija: se postró a sus pies; no tiene reparo alguno en dar esta muestra pública de humildad y de fe en Él.
Inmediatamente, a una indicación del Señor, todos se ponen en movimiento en dirección a la casa de Jairo. La niña, de doce años, hija única, se estaba muriendo. Debe de estar ya agonizando. Precisamente entonces, cuando han recorrido una parte del camino, y al amparo de la multitud, una mujer que padece una enfermedad que la hace impura según la ley se acerca por detrás y toca el extremo del manto del Señor. Es también una mujer llena de una profunda humildad.
Jairo había mostrado su esperanza y su humildad postrándose delante de todos ante Jesús. Esta mujer pretende pasar inadvertida, no quería entretener al Maestro; pensaba que era demasiado poca cosa para que el Señor se fijara en ella. Le basta tocar su manto.
Ambos milagros se realizarán acabadamente. La mujer, en la que había fracasado la ciencia de tantos médicos, será curada para siempre, y la hija de Jairo vivirá plena de salud a pesar de que cuando llega la comitiva después del retraso sufrido en el trayecto, haya muerto.
Durante el suceso con la hemorroísa, ¿qué ocurre con Jairo? Parece que ha pasado a segundo plano, y no es difícil imaginarlo un tanto impaciente, pues su hija se le moría cuando la dejó para buscar al Maestro. Cristo, por el contrario, no aparenta tener prisa. Incluso parece no dar importancia a lo que ocurre en casa de Jairo.
Cuando Jesús llega, la niña ya había muerto. Ya no hay posibilidad de salvarla; parece que Jesús ha acudido tarde. Y precisamente ahora, cuando humanamente no queda nada por hacer, cuando todo invita al desaliento, ha llegado la hora de la esperanza sobrenatural.
Jesús no llega nunca tarde. Solo se precisa una fe mayor. Jesús ha esperado a que se hiciese «demasiado tarde», para enseñarnos que la esperanza sobrenatural también se apoya, como cimiento, en las ruinas del esperar humano y que solo es necesario una confianza sin límites en Él, que todo lo puede en todo momento.
Nos recuerda este pasaje nuestra propia vida, cuando parece que Jesús no viene al encuentro de nuestra necesidad, y luego nos concede una gracia mucho mayor. Nos recuerda tantos momentos junto al Sagrario en que nos ha parecido oír palabras muy semejantes a estas: No temas, ten solo fe. Esperar en Jesús es confiar en Él, dejarle hacer. Más confianza, cuanto menores sean los elementos en que humanamente nos podamos apoyar.
La devoción a la Virgen es la mayor garantía para alcanzar los medios necesarios y la felicidad eterna a la que hemos sido destinados. María es verdaderamente «puerto de los que naufragan, consuelo del mundo, rescate de los cautivos, alegría de los enfermos»17. Pidámosle que sepamos esperar, en estos días que preceden a la Navidad y siempre, llenos de fe, a su Hijo Jesucristo, el Mesías anunciado por los Profetas. «Ella precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor (Cfr. 2 Pdr 3, 10)»18.
1 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 286. — 2 ídem, Camino, n. 404. — 3 Ibídem, n. 405. — 4 J. Leclerq, Siguiendo el año litúrgico, Madrid 1957, p. 78. — 5 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 55. —6 Cfr. Gen 8, 15. — 7 Os 2, 16-25. — 8 Is 7, 9-14. — 9 Cfr. Miq 5, 2-5. — 10 Prefacio II de Adviento. — 11 Cfr. 1 Tim 1, 1. — 12 1 Tim 3, 12. — 13 Mt 6, 19. — 14 R. A. Knox, Sermón sobre la Navidad, 29-XII-1953. — 15 Cfr. Is 46, 12-13. — 16 Lc 8, 40-56. — 17 San AlfonsoMª de Ligorio, Visita al Stmo. Sacramento, 2. — 18 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 68.
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Adviento. 20 de diciembre
LA VOCACIÓN DE MARÍA. NUESTRA VOCACIÓN
— La Virgen, elegida desde la eternidad.
— Nuestra vocación. Correspondencia.
— Imitar a la Virgen en su espíritu de servicio a los demás.
I. Estamos ya muy próximos a la Navidad. Ahora va a cumplirse la profecía de Isaías: Una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y se llamará Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”1.
El pueblo hebreo estaba familiarizado con las profecías que señalaban a la descendencia de Jacob, a través de David, como portadora de las promesas mesiánicas. Pero no podía imaginar tanto: el Mesías iba a ser el mismo Dios hecho hombre.
Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer2. Y esta mujer, elegida y predestinada desde toda la eternidad para ser la Madre del Salvador, había consagrado a Dios su virginidad, renunciando al honor de contar entre su descendencia directa al Mesías. Desde la eternidad fui yo predestinada –dice el libro de los Proverbios, prefigurando ya a Nuestra Señora–, desde los orígenes, antes que la tierra fuese3.
Son muchos los frutos que podemos obtener en estos días con el trato y amor a la Virgen. Ella misma nos dice: Como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. Yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza.
Venid a mí cuantos deseáis y saciaos de mis frutos. Porque recordarme es más dulce que la miel, y poseerme, más rico que el panal de miel4.
María aparece como la Madre virginal del Mesías, que dará todo su amor a Jesús, con un corazón indiviso, como prototipo de la entrega que el Señor pedirá a muchos.
Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió al Arcángel Gabriel a Nazaret, donde vivía la Virgen. La piedad popular presenta a María recogida en oración mientras escucha, atentísima, el designio de Dios sobre Ella, su vocación: Dios te salve, llena de gracia, le dice el Ángel...5 como leemos en el Evangelio de la Misa de hoy.
Y la Virgen da su pleno asentimiento a la voluntad divina: Hágase en mí según tu palabra6. Desde ese momento acepta y comienza a realizar su vocación; consiste esta vocación en ser Madre de Dios y Madre de los hombres.
El centro de la humanidad, sin saberlo, se encuentra en la pequeña ciudad de Nazaret. Allí está la mujer más amada de Dios, Aquella que es también la más amada del mundo, la más invocada de todos los tiempos. En la intimidad de nuestro corazón, ahora, en nuestra oración personal, le decimos: ¡Madre! ¡Bendita eres entre todas las mujeres!
En función de su Maternidad, fue rodeada de todas las gracias y privilegios que la hicieron digna morada del Altísimo. Dios escogió a su Madre y puso en Ella todo su Amor y su Poder. No permitió que la rozara el pecado: ni el original, ni el personal. Fue concebida Inmaculada, sin mancha alguna. Y le concedió tantas gracias “que por debajo de Dios no se pudiera concebir mayor, y que nadie, fuera de Dios, pudiera alcanzar a comprender”7. Su dignidad es casi infinita.
Todos los privilegios y todas las gracias le fueron dadas para llevar a cabo su vocación. Como en toda persona, la vocación fue el momento central de su vida: Ella nació para ser Madre de Dios, escogida por la Trinidad Beatísima desde la eternidad.
También es Madre nuestra, y en estos días se lo queremos recordar muchas veces. Con una oración antigua, que hacemos nuestra, le podemos decir nosotros: Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas de mí.
II. La vocación es también en cada uno de nosotros el punto central de nuestra vida. El eje sobre el que se organiza todo lo demás. Todo o casi todo depende de conocer y cumplir aquello que Dios nos pide.
Seguir y amar la propia vocación es lo más importante y lo más alegre de la vida. Pero a pesar de que la vocación es la llave que abre las puertas de la felicidad verdadera, hay quienes no quieren conocerla, prefieren hacer su propia voluntad en vez de la Voluntad de Dios, quedarse en una ignorancia culpable en vez de buscar con toda sinceridad el camino en que serán felices, alcanzarán con seguridad el Cielo y harán felices a otros muchos.
El Señor hace llamamientos particulares: también hoy. Nos necesita. Además, a todos nos llama con una vocación santa: una invitación a seguirle en una vida nueva cuyo secreto Él posee: si alguno quiere venir en pos de mí...8. Todos hemos recibido por el Bautismo una vocación para buscar a Dios en plenitud de amor. “Porque no es la vida corriente y ordinaria, la que vivimos entre los demás conciudadanos, nuestros iguales, algo chato y sin relieve. Es, precisamente en esas circunstancias, donde el Señor quiere que se santifique la inmensa mayoría de sus hijos.
“Es necesario repetir una y otra vez que Jesús no se dirigió a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él, para realizar –en el lugar donde estamos– su misión divina.
“Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad”9.
La llamada del Señor a una mayor entrega nos urge, entre otras razones, porque la mies es mucha y los operarios pocos10. Y hay mieses que se pierden cada día porque no hay quien las recoja.
Hágase en mí según tu palabra, dice la Virgen11. Y la contemplamos radiante de alegría. Nosotros, mientras hacemos nuestra oración, nos podemos preguntar: ¿Busco a Dios en mi trabajo o en mi estudio, en mi familia, en la calle... en todo? ¿Soy audaz en el apostolado? ¿Quiere el Señor algo más de mí?
III. Ante la Voluntad de Dios, la Virgen tiene una sola respuesta: amarla. Al proclamarse la esclava del Señor, acepta sus designios sin limitación alguna. En la antigüedad, cuando está plenamente vigente la esclavitud, se valora en toda su fuerza y profundidad esta expresión de María. El esclavo, se puede decir, no tenía voluntad propia, ni otro querer fuera del de su amo. La Virgen acepta con suma alegría no tener otro querer que el de su Amo y Señor. Se entrega al Señor sin limitación alguna, sin poner condiciones.
Imitando a la Virgen, no queramos tener otra voluntad y otros planes sino los de Dios. Y esto en cosas trascendentales para nosotros (en nuestra propia vocación) y en las pequeñas cosas ordinarias de nuestro trabajo, familia, relaciones sociales.
Uno de los misterios del Adviento es el que contemplamos como segundo misterio de gozo del Santo Rosario: la Visitación. Pero vamos a fijarnos en un aspecto concreto del servicio a los demás que lleva consigo la vocación: el orden de la caridad.
Esta delicada visita de nuestra Madre a su prima Santa Isabel es también una manifestación del orden de la caridad. Amor a todos, porque todos son o pueden ser hijos de Dios, hermanos nuestros. Pero amor, en primer término, a los que están más cerca, a aquellos con quienes nos unen especiales lazos: nuestra familia. Ese orden ha de manifestarse también con obras, no solo con el afecto. Pensemos ahora en el trato con nuestra familia, en las mil oportunidades que nos brinda de ejercitar, de un modo natural, la caridad, el espíritu de servicio.
Queremos vivir estos días de Adviento con el mismo espíritu de servicio con que los vivió nuestra Madre. Apoyados en la entrega humilde de María, vamos a pedirle como buenos hijos que nos ayude para que, cuando el Señor venga, encuentre nuestro corazón dispuesto y sin reservas, dócil a sus mandatos, a sus consejos, a sus sugerencias.
“Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a la puerta de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia”12.
1 Primera lectura de la Misa, Is 7, 14. — 2 Gal 4, 4. — 3 Prov 8, 23-31. — 4 Eclo 24, 23-24. — 5 Lc 1, 28-33. — 6 Lc 1, 38. — 7 Pío XI, Bula Ineffabilis Deus. — 8 Mt 16, 24. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 110. — 10 Cfr. Mt 9, 37. — 11 Lc 1, 38. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., 174.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Santo Domingo de
Silos
Abad
Año 1073
Santos
como el de hoy, que nos siga mandando
Dios siempre y en todas partes. Amén.
Sed
prudentes como serpientes y
sencillos como palomas (Jesucristo).
Domingo significa: "el que está consagrado a Dios". (Dominus: Dios).
Domingo de Silos es el primer santo que lleva este nombre. Después de él muchos santos más llevarán tan hermoso nombre.
Nació en La Rioja, España, cerca del año 1000.
Era hijo de agricultores, y sus primeros años los pasó como pastor de ovejas. El resto de su vida lo pasará como pastor de almas. El oficio del pastor despertó en su espíritu el gusto por la soledad y por la oración contemplativa. Pensaba retirarse al desierto a vivir vida de soledad absoluta, pero en sueños recibió un aviso de que era mejor entrar de religioso.
Entró de religioso con los Padres Benedictinos en el famoso monasterio de san Millán de la Cogolla y allí hizo grandes progresos espirituales, y recibió de Dios el don de saber interpretar muy bien las enseñanzas de la Sagrada Biblia. Y tenía tan buenas cualidades que llegó a ser superior del convento. En sólo dos años restauró totalmente aquella edificación que ya estaba deteriorada.
Un día llegó un rey de Navarra a exigirle que le entregara los cálices sagrados y lo más valioso que hubiera en el convento, para dedicar todo esto a los gastos de guerra. Santo Domingo se le enfrentó valientemente y le dijo: "Puedes matar el cuerpo y a la carne hacer sufrir. Pero sobre el alma no tienes ningún poder. El evangelio me lo ha dicho, y a él debo creer – que sólo al que al infierno puede echar el ama, a ese debo temer". Y no le entregó al rey ninguna de las posesiones sagradas del monasterio.
El rey de Navarra, lleno de indignación desterró al abad Domingo, y lo hizo salir de allí, pero fue un destierro inmensamente provechoso, porque al saberlo el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar y le confió el Monasterio de Silos, que estaba en un sitio estéril y alejado y se hallaba en estado de total abandono y descuido, tanto en lo material como en lo espiritual.
Domingo demostró ser un genio organizador, un talento para la restauración. Levantó un monasterio ideal. Una hermosa capilla, con una sacristía que es una obra de arte. Hizo un gran salón para que los monjes se dedicaran a copiar las Sagradas Escrituras y las obras de los santos (en ese tiempo no había imprentas). Formó una biblioteca llena de los mejores libros de ese tiempo. Organizó una droguería en la cual las gentes de los alrededores encontraban remedios baratísimos (y muchas veces regalados, para los más pobres).
Aquella casa se volvió un hervidero de trabajadores. Unos cultivaban plantas de uvas, o árboles de olivos; otros se dedicaban a escribir o pintar. Era una casa donde todos se dedicaban a trabajar, rezar, cantar, hacer progresar el monasterio y ganarse así un buen premio para el cielo. Aquel inmenso edificio estaba siempre abierto para solucionar las miserias de los vecinos. El Monasterio de Silos llegó a ser uno de los más famosos de España.
Santo Domingo de Silos se propuso reunir ayudas para libertar a los cristianos que estaban prisioneros y esclavos de los musulmanes, y logró libertar a más de 300. Por eso lo pintan casi siempre acompañado de hombres con cadenas, a los cuales les consiguió la libertad. Así estaba él preparando lo que más tarde harían los Padres Mercenarios con San Pedro Nolasco, libertando cautivos.
El santo no era capaz de negar un favor cuando podía hacerlo. De todas partes llegaban gentes a pedir ayudas. Pero también sabía no dejarse engañar. Una vez llegaron unos mentirosos a pedirle vestidos y para conmoverlo dejaron sus mejores ropas escondidas en una cueva cercana y se presentaron vestidos de harapos. El santo se dio cuenta de esto y envió a un monje a que trajera esos vestidos y con ellos hizo un gran paquete y le dijo a los pedigüeños: - "Con mucho gusto les damos la ropa que necesitan. Tomen este paquete lleno de ropa y vayan a la cueva cercana y allá se la reparten". Ellos se fueron muy contentos y al llegar allá se dieron cuenta de que eran los mismos vestidos que habían dejado allí escondidos
Una noche llegaron unos ladrones a robarse toda la cosecha del monasterio. El santo los dejó trabajar toda la noche y a la madrugada, cuando ya estaba todo recogido, en costales y empacado, mandó a sus monjes con garrotes a decirles que muchas gracias por haberlos reemplazado en recoger la cosecha y que podían irse. Pero para que no se fueran demasiado tristes les envió un desayuno como pago por el trabajo de toda esa noche.
Este santo obtuvo de Dios muchísimos milagros para quienes se encomendaban a sus oraciones. El biógrafo, que escribió su vida poco tiempo después de la muerte del santo, dice que no había enfermedad que las oraciones de este santo no lograra curar. Otro testigo de aquel tiempo afirma: "Nunca vi a un enfermo, ni a un sano, a quien no le alegrara él con su boca o con su mano". Llegó hasta a anunciar la fecha de su propia muerte.
96 años después de su muerte, nuestro santo se apareció en sueños a la mamá de Santo Domingo de Guzmán para anunciarle que tendría un hijo que sería un gran apóstol. Por eso cuando el niño nació le pusieron el nombre de Domingo en honor del santo de Silos. Es por ello también que muchas mamás en España se encomiendan al santo Domingo de Silos para obtener que su hijo nazca bien y que sea una buena persona después.
El 20 de diciembre del año 1073 voló al cielo este santo en cuyo honor sigue existiendo todavía el famoso monasterio de Santo Domingo de Silos.
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Coren, Santo Confesor, 20 de diciembre
Diciembre 20
Etimológicamente
significa “ corazón”. Viene de la lengua latina. |
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“Nadie llegó jamás a la inmortalidad sino por el camino de la aflicción; y he aquí un gran motivo de consuelo para tofo en nuestras penas. (San Francisco de Sales). |
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Miguel Piaszczynski, Beato Sacerdote y Mártir, 20 Diciembre
Nacido
en Lomsa, Polonia, el 1 de Noviembre de 1885 |
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Ursicino de Jura, Santo Eremita, 20 Diciembre
Ursicino
era un monje irlandés compañero de San Columba. |
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Fuente:
Wikipédia
Ceferino, Santo XV
Papa, 20
Diciembre
XV Papa
|
J†A
JMJ
Pax
El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Gloria a ti, Señor.
Transcurrido el tiempo de
la purificación de María,
según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén
para
presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: "Todo
primogénito
varón será consagrado al Señor", y también para ofrecer, como
dice la ley,
"un par de tórtolas o dos pichones".
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y
temeroso de Dios,
que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu
Santo, el cual le
había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías
del Señor. Movido
por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban
con el niño
Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó
en brazos y bendijo
a Dios diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que
me habías
prometido, porque mis ojos ha visto a tu Salvador, al que has
preparado para
bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y
gloria de tu
pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes
palabras. Simeón
los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció:
"Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos
en Israel,
como signo que
provocará contradicción, para que queden al descubierto los
pensamientos de
todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser. Era una
mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y
tenía ya ochenta
y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de
noche,
sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel
momento, dando
gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la
liberación de
Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se
volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y
fortaleciéndose, se
llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
La Sagrada Familia Ciclo B (Id=48)
Cuando esta fiesta se celebra en domingo se dice "credo".
Antífona de Entrada
Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia
de tu Hijo, el
modelo perfecto para nuestras familias; concédenos practicar sus
virtudes
domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que
podamos gozar de
la alegría eterna en el hogar del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
El que teme al Señor, honra a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6.14-17a
El Señor honra al Padre en
los hijos y respalda la
autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre
queda limpio de
pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.
Quien honra a su padre, encontrará alegría en los hijos y su
oración será
escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el
que obedece al
Señor, es consuelo de su madre.
Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes
tristeza; aunque
chochee, ten paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú
en pleno vigor.
El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a
cuenta de tus
pecados.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 127
Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso el que teme al
Señor y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al
Señor.
Su mujer, como vid
fecunda, en medio de su casa; sus
hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al
Señor.
Esta es la bendición del
que teme al Señor: "Que
el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de
Jerusalén todos los
días de tu vida".
Dichoso el que teme al
Señor.
Segunda Lectura
La vida en familia, de acuerdo con el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios
los ha elegido a ustedes,
los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos,
magnánimos,
humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y
perdónense cuando tengan
quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y
sobre todas
estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta
unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que
han sido
llamados, como
miembros de un solo cuerpo.
Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
Enséñense y
aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón
lleno de gratitud,
alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo
lo que digan y
todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole
gracias a Dios
Padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el
Señor. Maridos
amen a sus
esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a
sus padres,
porque eso es
agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos,
para que no se
depriman.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la Palabra de
Cristo habite en
ustedes con toda su riqueza.
Aleluya.
Evangelio
El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Gloria a ti, Señor.
Transcurrido el tiempo de
la purificación de María,
según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén
para
presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: "Todo
primogénito
varón será consagrado al Señor", y también para ofrecer, como
dice la ley,
"un par de tórtolas o dos pichones".
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y
temeroso de Dios,
que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu
Santo, el cual le
había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías
del Señor. Movido
por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban
con el niño
Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó
en brazos y bendijo
a Dios diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que
me habías
prometido, porque mis ojos ha visto a tu Salvador, al que has
preparado para
bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y
gloria de tu
pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes
palabras. Simeón
los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció:
"Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos
en Israel,
como signo que
provocará contradicción, para que queden al descubierto los
pensamientos de
todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser. Era una
mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y
tenía ya ochenta
y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de
noche,
sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel
momento, dando
gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la
liberación de
Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se
volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y
fortaleciéndose, se
llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Jesucristo, el Señor, que para
santificar la
familia quiso compartir la vida de un hogar humano:
A cada petición respondemos:
Por tu misericordia, Señor, óyenos.
Para que el Señor, que
quiso participar de la vida de
familia en el hogar de María y José, mantenga en paz y armonía a
todas las
familias cristianas, roguemos al Señor.
Por tu misericordia,
Señor, óyenos.
Para que los novios tengan
la presencia de Dios en la
vivencia de su amor mutuo y se preparen santamente para su
matrimonio, roguemos
al Señor.
Por tu misericordia,
Señor, óyenos.
Para que Dios ilumine y
consuele a las familias
desunidas, a los esposos que han de vivir separados por causa
del trabajo, a
los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos y a los
que lloran la
muerte de sus familiares, roguemos al Señor.
Por tu misericordia,
Señor, óyenos.
Para que nos esforcemos
por vivir en paz y armonía con
nuestros familiares y con los miembros de nuestra comunidad,
superando con bondad,
comprensión y caridad fraterna nuestras mutuas desavenencias,
roguemos al
Señor.
Por tu misericordia,
Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor, Dios nuestro, que has querido que tu Hijo, engendrado
antes de todos los
siglos, fuera miembro de una familia humana; escucha nuestras
súplicas y haz
que los padres de familia participen de la fecundidad de tu
amor, y que sus
hijos crezcan en sabiduría, entendimiento y gracia ante ti y
ante los seres
humanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Al ofrecerte, Señor, este sacrificio de expiación, te suplicamos, por intercesión de la Virgen, Madre de Dios, y de san José, que guardes a nuestras familias en tu gracia y en tu paz verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Cristo, luz del mundo
En verdad es justo y
necesario,es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de
tu gloria
brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que
conociendo a Dios
visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros
celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los seres humanos.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre nuestro, que nos amas y nos perdonas: concede a cuantos
acabamos de
alimentarnos con este sacramento celestial, imitar siempre los
ejemplos de la
Sagrada Familia, para que, después de las pruebas de esta vida,
podamos gozar
eternamente de su compañía en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Primer domingo después de Navidad (primer Viernes si la Fiesta de la Madre de Dios cae Domingo)
Fiesta de la Sagrada Familia
LA FAMILIA DE NAZARET
— Jesús quiso comenzar la Redención del mundo enraizado en una familia.
— La misión de los padres. Ejemplo de María y de José.
— La Sagrada Familia, ejemplo para todas las familias.
I. Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él1.
El Mesías quiso comenzar su tarea redentora en el seno de una familia sencilla, normal. Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar. Nada ocurre de extraordinario en estos años de Nazaret, donde Jesús pasa la mayor parte de su vida.
José era el cabeza de familia; como padre legal, él era quien sostenía a Jesús y a María con su trabajo. Es él quien recibe el mensaje del nombre que ha de poner al Niño: Le pondrás por nombre Jesús; y los que tienen como fin la protección del Hijo: Levántate, toma al Niño y huye a Egipto. Levántate, toma al Niño y vuelve a la patria. No vayas a Belén, sino a Nazaret. De él aprendió Jesús su propio oficio, el medio de ganarse la vida. Jesús le manifestaría muchas veces su admiración y su cariño.
De María, Jesús aprendió formas de hablar, dichos populares llenos de sabiduría, que más tarde empleará en su predicación. Vio cómo Ella guardaba un poco de masa de un día para otro, para que se hiciera levadura; le echaba agua y la mezclaba con la nueva masa, dejándola fermentar bien arropada con un paño limpio. Cuando la Madre remendaba la ropa, el Niño la observaba. Si un vestido tenía una rasgadura buscaba Ella un pedazo de paño que se acomodase al remiendo. Jesús, con la curiosidad propia de los niños, le preguntaba por qué no empleaba una tela nueva; la Virgen le explicaba que los retazos nuevos cuando se mojan tiran del paño anterior y lo rasgan; por eso había que hacer el remiendo con un paño viejo... Los vestidos mejores, los de fiesta, solían guardarse en un arca. María ponía gran cuidado en meter también determinadas plantas olorosas para evitar que la polilla los destrozara. Años más tarde, esos sucesos aparecerán en la predicación de Jesús. No podemos olvidar esta enseñanza fundamental para nuestra vida corriente: «la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor a Dios!»2.
Entre José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseos de hacerse la vida feliz mutuamente. Así es la familia de Jesús: sagrada, santa, ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir con exactitud la voluntad de Dios. El hogar cristiano debe ser imitación del de Nazaret: un lugar donde quepa Dios y pueda estar en el centro del amor que todos se tienen.
¿Es así nuestro hogar? ¿Le dedicamos el tiempo y la atención que merece? ¿Es Jesús el centro? ¿Nos desvivimos por los demás? Son preguntas que pueden ser oportunas en nuestra oración de hoy, mientras contemplamos a Jesús, a María y a José en la fiesta que les dedica la Iglesia.
II. En la familia, «los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores de la fe, mediante la Palabra y el ejemplo»3. Esto se cumplió de manera singularísima en el caso de la Sagrada Familia. Jesús aprendió de sus padres el significado de las cosas que le rodeaban.
La Sagrada Familia recitaría con devoción las oraciones tradicionales que se rezaban en todos los hogares israelitas, pero en aquella casa todo lo que se refería a Dios particularmente tenía un sentido y un contenido nuevo. ¡Con qué prontitud, fervor y recogimiento repetiría Jesús los versículos de la Sagrada Escritura que los niños hebreos tenían que aprender!4. Recitaría muchas veces estas oraciones aprendidas de labios de sus padres.
Al meditar estas escenas, los padres han de considerar con frecuencia las palabras del Papa Pablo VI recordadas por Juan Pablo II: «¿Enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el Rosario en familia? (...) ¿Sabéis rezar con vuestros hijos, con toda la comunidad doméstica, al menos alguna vez? Vuestro ejemplo en la rectitud del pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común, vale una lección de vida, vale un acto de culto de mérito singular; lleváis de este modo la paz al interior de los muros domésticos: Pax huic domui. Recordad: así edificáis la Iglesia»5.
Los hogares cristianos, si imitan el que formó la Sagrada Familia de Nazaret, serán «hogares luminosos y alegres»6, porque cada miembro de la familia se esforzará en primer lugar en su trato con el Señor, y con espíritu de sacrificio procurará una convivencia cada día más amable.
La familia es escuela de virtudes y el lugar ordinario donde hemos de encontrar a Dios. «La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.
»Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría...»7.
Esta virtudes fortalecerán la unidad que la Iglesia nos enseña a pedir: Tú, que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares, haz que las familias vean crecer la unidad8.
III. Una familia unida a Cristo es un miembro de su Cuerpo místico y ha sido llamada «iglesia doméstica»9. Esa comunidad de fe y de amor se ha de manifestar en cada circunstancia, como la Iglesia misma, como testimonio vivo de Cristo. «La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino, como la esperanza de la vida bienaventurada»10. La fidelidad de los esposos a su vocación matrimonial les llevará incluso a pedir la vocación de sus hijos para dedicarse con abnegación al servicio del Señor.
En la Sagrada Familia cada hogar cristiano tiene su ejemplo más acabado; en ella, la familia cristiana puede descubrir lo que debe hacer y el modo de comportarse, para la santificación y la plenitud humana de cada uno de sus miembros. «Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida»11.
La familia es la forma básica y más sencilla de la sociedad. Es la principal «escuela de todas las virtudes sociales». Es el semillero de la vida social, pues es en la familia donde se ejercita la obediencia, la preocupación por los demás, el sentido de responsabilidad, la comprensión y ayuda, la coordinación amorosa entre las diversas maneras de ser. Esto se realiza especialmente en las familias numerosas, siempre alabadas por la Iglesia12. De hecho, se ha comprobado que la salud de una sociedad se mide por la salud de las familias. De aquí que los ataques directos a la familia (como es el caso de la introducción del divorcio en la legislación) sean ataques directos a la sociedad misma, cuyos resultados no se hacen esperar.
«Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, sea también Madre de la “Iglesia doméstica”, y, gracias a su ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una pequeña Iglesia de Cristo. Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de sus familias.
»Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente, como en Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza»13.
De modo muy especial le pedimos hoy a la Sagrada Familia por cada uno de los miembros de nuestra familia, por el más necesitado.
1 Lc 2, 39-40. — 2 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 148. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 4 Cfr. Sal 55, 18; Dan 6, 11; Sal 119. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 60. — 6 Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 22. — 7 Ibídem, 23. — 8 Preces. II Vísperas del día 1 de enero. — 9 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 10 Ibídem, 35. — 11 Pablo VI, Aloc. Nazaret, 5-I-1964. — 12 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 52. — 13 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 86.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Consagremos al mundo a la Sagrada Familia:
En la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, publicada en abril de 2016, el Papa Francisco incluyó una hermosa oración dirigida a la Sagrada Familia.
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.
Favor de rezar para que todo el mundo se consagre al Sacratísimo Corazón Eucarístico de la Sagrada Familia de la Santísima Trinidad
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San Juan Evangelista
Año 100
San Juan
Evangelista: consíguenos de
Dios
la gracia especial de leer con fe y cariño tu santo evangelio,
y obtener de su lectura gran provecho para nuestra alma.
Dios es amor (San Juan).

Juan significa: "Dios es misericordioso".
Este apóstol tuvo la inmensa dicha de ser el discípulo más amado por Jesús. Y se ha hecho muy famoso por haber compuesto el cuarto evangelio.
Nació en Galilea. Era hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Su oficio era el de pescador. Parece que fue uno de los dos primeros discípulos de Jesús, junto con Andrés. Los dos eran también discípulos de Juan Bautista y un día al escuchar que el Bautista señalaba a Jesús y decía: "Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo", se fueron detrás de Él. Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le respondieron: "Señor: ¿dónde habitas?". Y Jesús les dijo: "Vengan y verán". Y se fueron con él y estuvieron en su compañía toda la tarde recibiendo sus enseñanzas. Durante toda su vida, jamás Juan podrá olvidar el día, la hora y el sitio en que se encontró por primera vez con Jesucristo. Fue el momento más decisivo de su existencia.
Juan estaba después un día con su hermano Santiago, y con sus amigos Simón y Andrés, remendando las redes a la orilla del lago, cuando pasó Jesús y les dijo: "Vengan conmigo y los haré pescadores de almas". Inmediatamente, dejando a su padre y a su empresa pequeña, se fue con Cristo a dedicarse para siempre y por completo a extender el Reino de Dios.
Juan evangelista hizo parte, junto con Pedro y Santiago, del pequeño grupo de preferidos que Jesús llevaba a todas partes y que presenciaron sus más grandes milagros. Los tres estuvieron presentes en la Transfiguración, y presenciaron la resurrección de la hija de Jairo. Los tres presenciaron la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos. Junto con Pedro, fue este apóstol encargado por Jesús de prepararle la Última Cena.
Al ver la
mamá de Santiago y Juan
que Jesús los prefería tanto, y aconsejada por ellos dos, que
eran bien
orgullosos, se atrevió a pedirle al Señor una gracia muy
especial: que cuando
él empezara a reinar, nombrara a Juan primer ministro y a
Santiago ministro
también. Jesús le respondió que el señalar los primeros puestos
en el Reino de
los cielos le correspondía al Padre Celestial, y que estos ya
estaban
determinados para otros. Los demás apóstoles se indignaron
contra estos dos
vanidosos, pero Jesús aprovechó aquella ocasión para recordarles
que en el
Reino de los cielos ocuparán los primeros puestos los que se
hayan dedicado a
prestar servicios humildes a los demás.
A Juan y su hermano Santiago les puso Jesús un sobrenombre: "Hijos del trueno". Y esto se debió a que un día fueron los apóstoles a pedir hospedaje en un pueblo de samaritanos (que odiaban a los judíos) y nadie les quiso proporcionar nada. Entonces estos dos hermanos, que eran violentos, le propusieron a Jesús que les mandara a aquellos maleducados samaritanos alguno de los rayos que tenía desocupados por allá en las nubes. Jesús tuvo que regañarlos porque no habían comprendido todavía que Él no había venido a hacer daño a ninguno, sino a tratar de salvar a cuantos más pudiera. Más tarde estos dos hermanos tan vanidosos y malgeniados, cuando reciban el Espíritu Santo, se volverán humildes y sumamente amables y bondadosos.
En la Última Cena tuvo el honor de recostar su cabeza sobre el corazón de Cristo.
Juan Evangelista fue el único de los apóstoles que estuvo presente en el Calvario al morir Jesús. Y recibió de Él en sus últimos momentos el más precioso de los regalos. Cristo le encomendó que se encargara de cuidar a la Madre Santísima María, como si fuera su propia madre, diciéndole: "He ahí a tu madre". Y diciendo a María: "He ahí a tu hijo".
El domingo de la resurrección, fue el primero de los apóstoles en llegar al sepulcro vacío de Jesús. Se fue corriendo con Pedro (al oír la noticia de que el sepulcro estaba vacío), pero como era más joven, corrió a mayor velocidad y llegó primero. Sin embargo por respeto a Pedro lo dejó entrar a él primero y luego entró él también y vio y creyó que Jesús había resucitado.
Después de la resurrección de Cristo, cuando la segunda pesca milagrosa, Juan fue el primero en darse cuenta de que el que estaba en la orilla era Jesús. Luego Pedro le preguntó al Señor señalando a Juan: "¿Y éste qué será?". Jesús le respondió: "Y si yo quiero que se quede hasta que yo venga, a ti qué?". Con esto algunos creyeron que el Señor había anunciado que Juan no moriría. Pero lo que anunció fue que se quedaría vivo por bastante tiempo, hasta que el reinado de Cristo se hubiera extendido mucho. Y en efecto vivió hasta el año 100, y fue el único apóstol al cual no lograron matar los perseguidores.
Después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, Juan iba con Pedro un día hacia el templo y un pobre paralítico les pidió limosa. En cambio le dieron la curación instantánea de su enfermedad. Con este milagro se convirtieron cinco mil personas, pero los apóstoles fueron llevados al tribunal supremo de los judíos que les prohibió hablar de Jesucristo. Pedro y Juan les respondieron: "Tenemos que obedecer a Dios, antes que a los hombres". Los encarcelaron, pero un ángel llegó y los libertó. Otra vez los pusieron presos y les dieron 39 azotes a cada uno. Ellos salieron muy contentos de haber tenido el honor de sufrir esta afrenta por amor al Señor Jesús, y siguieron predicando por todas partes.
Juan, para cumplir el mandato de Jesús en la cruz, se encargó de cuidar a María Santísima como el más cariñoso de los hijos. Con Ella se fue a evangelizar a Éfeso y la acompañó hasta la hora de su gloriosa muerte.
El emperador Dominiciano quiso matar al apóstol San Juan y lo hizo echar en una olla de aceite hirviente, pero él salió de allá más joven y más sano de lo que había entrado, entonces fue desterrado de la isla de Patmos, donde fue escrito el Apocalipsis.
Después volvió otra vez a Éfeso donde escribió el Evangelio según San Juan, que es el libro que lo ha hecho tan famoso. Este libro tiene un estilo elevadísimo e impresionantemente hermoso. Agrada mucho a las almas místicas, y ha convertido a muchísimos con su lectura.
A San Juan Evangelista lo pintan con un águila al lado, porque es el escritor de la Biblia que se ha elevado a más grandes alturas de espiritualidad con sus escritos. Ningún otro libro tiene tan elevados pensamientos como en su evangelio.
Dice San Jerónimo que cuando San Juan era ya muy anciano se hacía llevar a las reuniones de los cristianos y lo único que les decía siempre era esto: "hermanos, ámense los unos a otros". Una vez le preguntaron por qué repetía siempre lo mismo, y respondió: "es que ese es el mandato de Jesús, y si lo cumplimos, todo lo demás vendrá por añadidura".
San Epifanio dice que San Juan murió hacia el año cien, a los 94 años de edad. Poco antes había ido a un monte tenebroso a convertir a un discípulo suyo que se había vuelto guerrillero, y lo logró convertir volviéndolo bueno otra vez. Dicen los antiguos escritores que amaba mucho a todos pero que les tenía especial temor a los herejes porque ellos con sus errores pierden muchas almas.
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Fabiola de Roma, Santa Matrona romana, 27 de diciembre
Etimológicamente significa “frijol”. Viene de
la lengua latina. |
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Loreta o Lorena Fusconi, Santa Religiosa, 27 de diciembre
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Diciembre 27
Etimológicamente significa “laurel”. Viene de
la lengua latina. |
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Fuente:
ArchiBurgos.org
Alfredo Parte, Beato
Mártir
Escolapio, 27 Diciembre
El P. Alfredo se nos presenta como un testigo
de Cristo en estos tiempos modernos, víctima de la
intolerancia que desencadenó la dura guerra civil
española en los años 1.936-39. |
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Fuente:
Vatican.va
Francisco Spoto, Beato
Sacerdote y
Mártir, 27 Diciembre
Francisco Spoto nació al 8 de julio de 1924,
en Raffadali (Italia). Los padres lo educaron para una
fe profunda y genuina y ellos lo transmitieron un gran
sentido del deber. La familia, la escuela y la parroquia
eran las atmósferas frecuentadas por Francisco: sus
educadores y los padres en primer lugar se dieron cuenta
de que en ese muchacho bueno, conciente y sensible
estaba madurando el germen de la vocación al servicio de
Dios y de los hermanos. |
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José María Corbín Ferrer, Beato Mártir de Valencia, 27 Diciembre
Nació en Valencia, el 26 de Diciembre de 1914. |
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Fuente:
Vatican.va
Sara Salkahazi, Beata
Mártir, 27 de
iciembre
Nació el 11 de mayo de 1899 en Kassa-Košice,
Eslovaquia. Provenía de una familia acomodada. Era una
mujer inteligente, profesora y periodista. En contacto
con sus alumnos, conoció los problemas sociales de los
pobres, que después denunció en sus artículos
periodísticos. Para ampliar sus horizontes y
experimentar directamente lo que implicaba ser
discriminado, aprendió el oficio de encuadernadora y
también trabajó para una modista. Se afilió al partido
social cristiano y fue redactora de su periódico,
ocupándose sobre todo de problemas sociales femeninos. |
J†A
JMJ
Pax
Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 6b-11
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, Juan predicaba
diciendo:
"Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno
de
postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. Yo
los bautizo con
agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
Por esos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue
bautizado por Juan en
el Jordán. En cuanto salió del agua, vio abrirse los cielos y al
Espíritu que
bajaba sobre él como una paloma. Se oyó entonces una voz que
venía del cielo:
"Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Bautismo del Señor (B)
Antífona de Entrada
Apenas se bautizó el Señor se abrió el cielo, y el Espíritu Santo se posó sobre él como una paloma. Y se oyó la voz del Padre, que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo en el
Jordán quisiste
revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu
Espíritu Santo;
concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del
Espíritu, perseverar
siempre en tu benevolencia.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Este es mi siervo, en quien me complazco
Lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-4.6-7
Esto
dice el Señor:
"Este es mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me
complazco.
He puesto sobre él mi espíritu para que manifieste el derecho a
las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles; no romperá la
caña
resquebrajada, ni apagará la mecha que apenas arde. Manifestará
firmemente el
derecho, y no se debilitará ni se cansará hasta implantarlo en
la tierra. Los
pueblos lejanos anhelan su enseñanza.
Yo, el Señor, te llamé, según mi plan salvador; te tomé de la
mano, te formé y
te hice mediador del pueblo y luz de las naciones, para que
abras los ojos a
los ciegos, sacar prisioneros de la cárcel, y del calabozo a los
que viven en
tinieblas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 28, 1a.2.3ac-4.3b y 9b-10
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Alaben
al Señor, hijos de Dios,
alaben la gloria del nombre del Señor, póstrense ante el Señor
cuando
manifiesta su grandeza.
El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
La
voz del Señor sobre las
aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor
es potente, la
voz del Señor es majestuosa.
El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
El
Dios de la gloria ha tronado,
el Señor arrasa los bosques. El Señor domina las aguas
desbordadas, el Señor se
sienta como rey eterno.
El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
Segunda Lectura
Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret
Lectura del libro de los Hechos a los Apóstoles 10, 34-38
En
aquellos días, Pedro se
dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa con estas
palabras:
"Ahora comprendo que Dios no hace distinción de personas, sino
que acepta
a quien lo honra y obra rectamente sea de la nación que sea. El
envió su
palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia de la
paz por medio
de Jesucristo, que es Señor de todos.
Ustedes están enterados de lo que ha ocurrido en Judea,
comenzando por Galilea,
después del bautismo predicado por Juan. Me refiero a Jesús de
Nazaret, a quien
Dios ungió con el poder del Espíritu Santo. El pasó haciendo el
bien y sanando
a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: Este es
mi Hijo amado;
escúchenlo.
Aleluya.
Evangelio
Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 6b-11
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, Juan predicaba
diciendo:
"Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno
de
postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. Yo
los bautizo con
agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
Por esos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue
bautizado por Juan en
el Jordán. En cuanto salió del agua, vio abrirse los cielos y al
Espíritu que
bajaba sobre él como una paloma. Se oyó entonces una voz que
venía del cielo:
"Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro Salvador, que quiso ser
bautizado para
santificar nuestro bautismo y renovar por él a la humanidad
caída, y pidámosle
que se compadezca de quienes ha querido que fueran sus hermanos:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Para
que Cristo, el Siervo de
Dios, en quien el Padre se complace, mire con amor a todos los
que se preparan
para el bautismo o la confirmación o preparan el bautismo de sus
hijos,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para
que Cristo, el Elegido de
Dios para llevar el derecho a las naciones, ilumine a los que
buscan a Dios con
sinceridad de corazón, les haga oír la voz magnífica y potente
del Padre, que
los llama a escuchar a su Hijo amado y los conduzca hacia el
bautismo, roguemos
al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para
que Cristo, el Enviado del
Padre, que no quiebra la caña resquebrajada ni apaga la mecha
que apenas arde,
conceda la salud a los que viven oprimidos por el diablo,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para
que Cristo, el Hijo amado,
que quiso ser bautizado en el Jordán para dar fuerza a nuestro
bautismo, nos
haga descubrir y amar la grandeza del bautismo cristiano, don
del amor de Dios
a la humanidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Padre todopoderoso, que haces resonar tu voz magnífica en las
aguas del
bautismo y en la unción de la confirmación; escucha nuestras
oraciones y
concede a los bautizados cumplir fielmente las promesas de su
bautismo y ser
testigos valientes de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, los dones que te presentamos al conmemorar el bautismo y manifestación de tu Hijo amado, y conviértelos en aquel mismo sacrificio con el que Cristo lavó misericordiosamente los pecados del mundo.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Prefacio
El bautismo, inicio de la vida nueva
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado
signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste
descender tu voz desde
el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba
entre nosotros; y
por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste
a tu siervo
Jesús para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado
a anunciar la
salvación a los pobres.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la
tierra te aclamamos,
diciendo sin cesar:
Antífona de la Comunión
Este es de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Oración después de la Comunión
Oremos:
A cuantos hemos participado del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
concédenos,
Señor, escuchar con fe su palabra, para que así podamos
llamarnos hijos tuyos y
serlo de verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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En España y otros países
Fiesta
del Bautismo del Señor
Libro
de Isaías 55,1-11.
Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta
y sus ganancias, en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí,
escuchen bien y vivirán.
Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David.
Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano
de
naciones.
Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te
conocía correrá
hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel,
que te
glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras
está
cerca!
Que el malvado abandone su camino
y el hombre perverso, sus pensamientos;
que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión,
a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos,
ni los caminos de ustedes son mis caminos
-oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven
a él sin haber
empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para
que dé la
semilla al sembrador y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que yo quiero
y cumple la misión que yo le encomendé.
Libro de
Isaías 12,2-4bcd.5-6.
Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel!
Epístola I de San
Juan 5,1-9.
Queridos hermanos:
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que
ama al Padre ama
también al que ha nacido de él,
La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios
y cumplimos sus
mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus
mandamientos no son
una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria
que triunfa
sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es
el Hijo de
Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el
agua, sino con
el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el
Espíritu es la
verdad.
Son tres los que dan testimonio:
el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo.
Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón
tenemos que aceptar
el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.
Evangelio según San
Marcos 1,7-11.
Juan predicaba, diciendo:
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni
siquiera soy
digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus
sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará
con el Espíritu
Santo".
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue
bautizado por Juan
en el Jordán.
Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el
Espíritu Santo
descendía sobre él como una paloma;
y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en
ti tengo
puesta toda mi predilección."
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† Meditación diaria
Domingo
después de Epifanía
El Bautismo del Señor
EL SEÑOR ES BAUTIZADO. NUESTRO BAUTISMO
— Jesús quiso ser bautizado. Institución del Bautismo cristiano. Agradecimiento.
— Efectos del Bautismo: limpia el pecado original, nueva vida, filiación divina, etcétera.
— Incorporación a la Iglesia. Llamada a la santidad y al apostolado. Bautismo de los niños.
I. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua y he aquí que se le abrieron los Cielos y vio al espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi hijo, el amado, en quien me he complacido1.
En la solemnidad de hoy conmemoramos el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en las aguas del río Jordán. Sin tener mancha alguna que purificar, quiso someterse a este rito de la misma manera que se sometió a las demás observancias legales, que tampoco le obligaban. Al hacerse hombre, se sujetó a las leyes que rigen la vida humana y a las que regían en el pueblo israelita, elegido por Dios para preparar la venida de nuestro Redentor. Juan cumplió, con energía, la misión de profetizar y suscitar un gran movimiento de penitencia como preparación inmediata al reino mesiánico.
El Señor deseó ser bautizado, dice San Agustín, “para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad”2.
Con el bautismo de Jesús quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo con la determinación progresiva de sus elementos, y lo impuso como ley universal el día de su Ascensión: Me fue dado todo poder en el Cielo y en la tierra, dirá el Señor; id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo3.
En el Bautismo recibimos la fe y la gracia. El día en que fuimos bautizados fue el más importante de nuestra vida. De igual modo que “la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos como un leño seco, nunca hubiéramos dado frutos de vida sin esta lluvia gratuita de lo alto”4. Nos encontrábamos, antes de recibir el Bautismo, con la puerta del Cielo cerrada y sin ninguna posibilidad de dar el más pequeño fruto sobrenatural.
Hoy nuestra oración nos puede ayudar a dar gracias por haber recibido este don inmerecido y para alegrarnos por tantos bienes como Dios nos concedió. “La gratitud es el primer sentimiento que debe nacer en nosotros de la gracia bautismal; el segundo es el gozo. Jamás deberíamos pensar en nuestro bautismo sin un profundo sentimiento de alegría interior”5.
Hemos de agradecer la purificación de nuestra alma de la mancha del pecado original, y de cualquier otro pecado si lo hubo, en el momento de recibir el Bautismo. Todos los hombres somos miembros de la familia humana que en su origen fue dañada por el pecado de nuestros primeros padres. Este “pecado original se transmite juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y se halla como propio en cada uno”6. Pero Jesús dotó al Bautismo de una especialísima eficacia para purificar la naturaleza humana y liberarla de ese pecado con el que hemos nacido. El agua bautismal significa y opera de un modo real lo que el agua natural evoca: la limpieza y la purificación de toda mancha e impureza”7.
“Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo: no se te ocurra –nos exhorta San León Magno– ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo”8.
II. Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo en el Jordán quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo: concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, la perseverancia continua en el cumplimiento de tu voluntad9.
El Bautismo nos inició en la vida cristiana. Fue un verdadero nacimiento a la vida sobrenatural. Es la nueva vida que predicaron los Apóstoles y de la que habló Jesús a Nicodemo: En verdad te digo que quien no naciera de arriba no podrá entrar en el reino de Dios... Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu10.
El resultado de esta nueva vida es cierta divinización del hombre y la capacidad de producir frutos sobrenaturales.
La dignidad del bautizado está como velada muchas veces, por desgracia, en la existencia ordinaria; por eso nosotros, al igual que hicieron los santos, hemos de esforzarnos en vivir conforme a esa dignidad.
Nuestra más alta dignidad, la condición de hijos de Dios, que se nos comunica en el Bautismo, es consecuencia de la nueva generación. Si la generación humana da como resultado la “paternidad” y la “filiación”, de modo semejante aquellos que son engendrados por Dios son realmente hijos suyos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos realmente! Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos...11.
En el momento del Bautismo, por la efusión del Espíritu Santo, se produce el milagro de un nuevo nacimiento. El agua bautismal se bendice en la noche de Pascua y en la oración se pide: Así como el Espíritu Santo descendió sobre María y produjo en Ella el nacimiento de Cristo, así descienda Él sobre su Iglesia y produzca en su claustro materno (la pila bautismal) el renacer de los hijos de Dios.
A esta expresión tan gráfica corresponde esta profunda realidad: el bautizado renace a una nueva vida, a la vida de Dios, por eso es su “hijo”. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo12.
Demos muchas gracias a nuestro Padre Dios que ha querido dones tan inconmensurables, tan fuera de toda medida, para cada uno de nosotros. ¡Qué gran bien nos puede hacer el considerar frecuentemente estas realidades! “Padre –me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central–, pensaba en lo que usted me dijo... ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, “engallado” el cuerpo y soberbio por dentro... ¡hijo de Dios!
“Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la “soberbia”“13.
III. En la Iglesia nadie es un cristiano aislado. A partir del Bautismo, el cristiano forma parte de un pueblo, y la Iglesia se le presenta como la verdadera familia de los hijos de Dios. “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente”14. Y el Bautismo es la puerta por donde se entra a la Iglesia15.
“Y en la Iglesia, precisamente por el bautismo, somos llamados todos a la santidad”16, cada uno en su propio estado y condición, y a ejercer el apostolado. “La llamada a la santidad y la consiguiente exigencia de santificación personal, es universal: todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad, y todos hemos recibido, con el bautismo, las primicias de esa vida espiritual que, por su misma naturaleza, tiende a la plenitud”17.
Otra verdad íntimamente unida a esta condición de miembro de la Iglesia es la del carácter sacramental, “un cierto signo espiritual e indeleble” impreso en el alma18. Es como el resello de posesión de Cristo sobre el alma del bautizado. Cristo tomó posesión de nuestra alma en el momento de ser bautizado. Él nos rescató del pecado con su Pasión y Muerte.
Con estas consideraciones comprendemos bien el deseo de la Iglesia de que los niños reciban pronto estos dones de Dios19. Desde siempre ha urgido a los padres para que bauticen a sus hijos cuanto antes. Es una muestra práctica de fe. No se atenta a su libertad, como no se les causó agravio alguno por darles la vida natural, ni por alimentarles, limpiarles y curarles, cuando no podían ellos pedir estos bienes. Por el contrario, tienen derecho a recibir esa gracia. ¡Qué buen apostolado habremos de hacer en muchos casos!: con amigos, compañeros, conocidos...
En el caso del Bautismo está en juego algo infinitamente mayor que ningún otro bien: la gracia y la fe; quizá, la salvación eterna. Solo por ignorancia y por una fe dormida se puede explicar que muchos niños queden privados, por sus propios padres ya cristianos, del mayor don de su vida. Nuestra oración se dirige a Dios hoy, para que no permita que esto suceda.
Hemos de agradecer a nuestros padres que, quizá a los pocos días de nacer, nos llevaran a recibir este santo sacramento.
1 Mt 3, 16-17. — 2 San Agustín, Sermón, 51, 33. — 3 Mt 28, 13. — 4 San Ireneo, Trat. contra las herejías, 3, 17. — 5 Columba Marmion, Le Christ, vie de l’ame, Abbaye de Maredsous, 1933, pp. 186 y 203-204. — 6 Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, Roma 1967, 16. — 7 Cfr. 1 Cor 6, 11; Jn 3, 3-6. — 8 San León Magno, Homilía de Navidad, 3. — 9 Oración colecta de la Misa. — 10 Jn 3, 3-6. — 11 Cfr. 1 Jn 3, 1-9. — 12 Cfr. Rom 8, 14-17. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 274. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 9. — 15 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 14; Decr. Ad Gentes, 7. — 16 Cfr. ídem, Const. Lumen gentium, 11 y 42. — 17 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Ed. Palabra, 5ª ed. 1979, p. 111. — 18 Dz 852. — 19 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instrucción, 20-X-1980; Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 867.
_____________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Gregorio X, Beato CLXXXIV Papa, 10 Enero
La personalidad de Teobaldo Visconti, que fue
papa desde 1272 hasta 1276 con el nombre de Gregorio X,
demuestra la verdad de la afirmación de san Pablo: Dios
elige lo que es débil al parecer de los criterios
corrientes de los hombres, y sabe darle el vigor
necesario para llevar a cabo su plan. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
E W T N
Pablo de Tebas, Santo
Ermitaño,
Enero 10
Ermitaño Martirologio Romano:
En la Tebaida
(hoy Egipto), san Pablo, eremita, uno de los primeros
en abrazar la vida monástica (s. IV). Oh Señor: Tu que moviste a San Pablo el primer
ermitaño a dejar las vanidades del mundo e irse a la
soledad del desierto a orar y meditar, concédenos
también a nosotros, dedicar muchas horas en nuestra
vida, apartados del bullicio mundanal, a orar, meditar y
a hacer penitencia por nuestra salvación y por la
conversión del mundo. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Francisca de Sales
(Leonia Aviat), Santa
Fundadora, 11 Enero
Fundadora de la Congregación de Oblatas de
San Francisco de Sales |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Gonzalo de Amarante,
Beato Dominico,
10 Enero
Tagilde, del obispado de Braga, es el pueblo
portugués que le vió nacer. Por la discreción que desde
pequeño demostró el Arzobispo de Braga lo toma bajo su
techo preparándolo para el sacerdocio. Luego le
encomienda la Abadía de San Pelayo por sus cualidades.
Es muy responsable y celoso de sus ovejas a las que
acerca a Jesucristo más con las obras que con los
sermones, por ello adopta unas ropas de mendigo y,
arreciando en la penitencia, da en limosna a los pobres
cuanto le llega. |
___________________________________________________________________________________________
Guillermo de Bourges, Santo Obispo, 10 Enero
Nació en Nevers, Francia, de familia noble y
murió en Bourges, Francia, en 1209. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Wikipédia
Agatón, Santo LXXIX
Papa, 10 Enero
Nació en Palermo en fecha no conocida, murió
en Roma el 10 de enero de 681. |
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Fuente:
SanPablo.com.co
Aldo, Santo Eremita,
10 Enero
De este santo se conoce muy poco, ni siquiera
el lugar y fecha de nacimiento. Parece que vivió en el
siglo VIII, cuando la humanidad estaba amenazada por el
islamismo. Se conoce sí el lugar de su sepultura: en
Pavía, primero en la capilla de San Columbano y después
en la basílica de San Miguel. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
ACI Prensa
Ana de los Ángeles
Monteagudo, Beata
Dominica, 10 Enero
Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602, hija
del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la
arequipeña Francisca Ponce de León. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Franciscanos.org
Gil de Lorenzana
(Bernardino de Bello),
Beato Eremita Frenciscano, 10 Enero
Gil, en el siglo Bernardino De Bello, nació en
Laurenzana, al sur de Italia, en la región de
Basilicata, hacia el año 1443,en el seno de un hogar
modesto y cristiano. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
María Dolores Rodriguez
Sopeña, Beata
Fundadora, 10 de enero
Fundadora del Movimiento de Laicos Sopeña, Martirologio Romano: En Madrid, capital de España, beata María Dolores Rodríguez Sopeña, virgen, la cual dio muestras de su gran caridad cristiana al dedicarse a los más abandonados de la sociedad de su tiempo, acercándose especialmente a los suburbios de las mayores ciudades, y para anunciar el Evangelio y atender a los pobres y a los obreros en cuestiones sociales, fundó el Instituto de la Damas Catequistas y la Obra de la Doctrina (1918).
Dolores Rodríguez Sopeña nace en Vélez Rubio
(Almería), el 30 de diciembre de 1848, cuarta entre
siete hermanos. Sus padres, Tomás Rodríguez Sopeña y
Nicolasa Ortega Salomón, castellanos, se habían
trasladado desde Madrid a esa localidad por motivos de
trabajo. Don Tomás había terminado su carrera judicial
demasiado joven, por lo que no podía ejercer y consigue
un empleo como administrador de las fincas de los
marqueses de Vélez. |
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina02
Pedro Orseolo, Santo
Monje eremita,
10 Enero
La vocación de San Pedro Orseolo o Urseolo es
una de las más extrañas que registra la historia
eclesiástica. |
J†A
JMJ
Pax
Vieron dónde vivía y se quedaron con él
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, estaba Juan el
Bautista con dos de sus discípulos y, fijando los ojos en Jesús
que pasaba,
dijo:
"Este es el cordero de Dios".
Los dos discípulos lo oyeron decir esto y siguieron a Jesús. El
se volvió hacia
ellos y, viendo que lo seguían, les preguntó:
"¿Qué buscan?"
Ellos contestaron:
"¿Maestro, donde vives?".
El les dijo:
"Vengan lo verán".
Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel
día; eran como
las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan
era Andrés, el
hermano de Simón Pedro. El primero a quien encontró Andrés fue a
su hermano
Simón, y le dijo:
"Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir Cristo).
Y lo llevó a Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo:
"Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas" (es
decir Pedro).
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
2o. Dom Ord Ciclo B
Antífona de Entrada
Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y
la tierra;
escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los
días de nuestra
vida transcurran en tu paz.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Habla, Señor, tu siervo te escucha
Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10.19
En
aquellos días, Samuel estaba
durmiendo en el santuario del Señor, donde estaba el arca de
Dios. El Señor
llamó a Samuel:
"Samuel, Samuel".
El respondió:
"Aquí estoy".
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
"Aquí estoy, porque me has llamado".
Respondió Elí:
"No te he llamado, vuelve a acostarte".
Y Samuel fue a acostarse. Pero el Señor lo llamó otra vez:
"Samuel".
Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo:
"Aquí estoy, porque me has llamado.
Respondió Elí:
"No te he llamado, hijo mío, acuéstate de nuevo".
Samuel no conocía todavía al Señor, pues no se le había revelado
la palabra del
Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue
donde estaba Elí
y le dijo:
"Aquí estoy, porque me has llamado".
Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven,
y le aconsejó:
"Ve a acostarte, y si te llaman, respondes: Habla, Señor, que tu
siervo
escucha".
Samuel fue y se acostó en su sitio. Vino el Señor, se acercó y
lo llamó como
las otras veces:
"Samuel, Samuel".
Samuel respondió:
"Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras
dejó de
cumplirse.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 39, 2.4ab.7-8.8b-9.10
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Puse
toda mi esperanza en el
Señor; él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito; puso en mi
boca un canto
nuevo, un himno a nuestro Dios.
Aquí estoy, Señor, para
hacer tu
voluntad.
Tú
no quieres sacrificios ni
ofrendas, pero hiciste que te escuchara; no pides holocaustos ni
víctimas;
entonces yo digo: "Aquí estoy", para hacer lo que está escrito
en el
libro acerca de mí.
Aquí estoy, Señor, para
hacer tu
voluntad.
Amo
tu voluntad, Dios mío, llevo
tu ley en mi interior. He proclamado tu fidelidad en la gran
asamblea; tú
sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor, para
hacer tu
voluntad.
Segunda Lectura
Sus cuerpos son miembros de Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a.17-20
Hermanos:
El cuerpo no es para
la lujuria, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Dios,
por su parte,
que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros con su
poder.
¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? En cambio, el
que se une al
Señor se hace un solo espíritu con él.
Eviten la lujuria. Cualquier otro pecado cometido por el hombre
queda fuera del
cuerpo; pero el lujurioso peca contra su propio cuerpo. ¿O es
que no saben que
su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios
y que habita en
ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque han sido
comprados ¡y a qué
precio!; den, pues, gloria a Dios con su cuerpo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Hemos encontrado a Cristo, el Mesías. La gracia y la verdad nos
han llegado por
él.
Aleluya.
Evangelio
Vieron dónde vivía y se quedaron con él
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, estaba Juan el
Bautista con dos de sus discípulos y, fijando los ojos en Jesús
que pasaba,
dijo:
"Este es el cordero de Dios".
Los dos discípulos lo oyeron decir esto y siguieron a Jesús. El
se volvió hacia
ellos y, viendo que lo seguían, les preguntó:
"¿Qué buscan?"
Ellos contestaron:
"¿Maestro, donde vives?".
El les dijo:
"Vengan lo verán".
Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel
día; eran como
las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan
era Andrés, el
hermano de Simón Pedro. El primero a quien encontró Andrés fue a
su hermano
Simón, y le dijo:
"Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir Cristo).
Y lo llevó a Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo:
"Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas" (es
decir Pedro).
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Pidamos, hermanos y hermanas, a Dios nuestro Padre, en cuyas
manos están los destinos
del universo, que escuche las oraciones de su pueblo.
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Por
la santa Iglesia de Dios,
para que Dios, nuestro Señor, le conceda la paz y la unidad y la
proteja en
todo el mundo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
los gobernantes de nuestra
patria y de todas las naciones, para que Dios, nuestro Señor,
dirija sus
pensamientos y decisiones hacia una paz verdadera, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
los que están en camino de
conversión y por los que se preparan a recibir el bautismo, para
que Dios,
nuestro Señor, les abra la puerta de su misericordia y les dé
parte en la vida
nueva de Cristo Jesús, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
nuestros familiares y amigos
que no están ahora aquí con nosotros, para que Dios, nuestro
Señor, escuche sus
oraciones y lleve a realidad sus deseos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que muestras los signos de tu presencia en la
Iglesia, en nuestra
asamblea y en todos los hermanos; escucha las oraciones de esta
familia tuya y
no permitas que nunca dejemos de estar atentos a ninguno de los
signos que nos
ofreces para manifestar tu plan de salvación, a fin de que nos
convirtamos en
apóstoles y profetas de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva a cabo la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor
nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de
llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las
tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad, para que,
alimentados del mismo
pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Segundo
Domingo
ciclo b
PUREZA Y VIDA CRISTIANA
— La santa pureza, condición indispensable para amar a Dios y para el apostolado.
— Necesidad de una buena formación para vivir esta virtud. Diversos campos en los que crece la castidad.
— Medios para vencer.
I. Pasadas las fiestas de Navidad, en las que hemos considerado principalmente los misterios de la vida oculta del Señor, vamos a contemplar en este tiempo, de la mano de la liturgia, los años de su vida pública. Desde el comienzo de su misión vemos a Jesús buscando a sus discípulos y llamándolos a su servicio, como hizo Yahvé en épocas anteriores, según nos muestra la Primera lectura de la Misa, en la que se nos narra la vocación de Samuel1. El Evangelio nos señala cómo el Señor se hace encontradizo con aquellos tres primeros discípulos, que serían más tarde fundamento de su Iglesia2: Pedro, Juan y Santiago.
Seguir a Cristo, entonces y ahora, significa entregar el corazón, lo más íntimo y profundo de nuestro ser, y nuestra misma vida. Se entiende bien que para seguir al Señor sea necesario guardar la santa pureza y purificar el corazón. Nos lo dice San Pablo en la Segunda lectura3: Huid de la fornicación... ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados mediante un gran precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo. Nadie como la Iglesia ha enseñado jamás la dignidad del cuerpo. “La pureza es gloria del cuerpo humano ante Dios. Es la gloria de Dios en el cuerpo humano”4.
La castidad, fuera o dentro del matrimonio, según el estado y la peculiar vocación recibida, es absolutamente necesaria para seguir a Cristo y exige, junto a la gracia de Dios, la lucha y el esfuerzo personal. Las heridas del pecado original (en la inteligencia, en la voluntad, en las pasiones y afectos) no desaparecieron con él cuando fuimos bautizados; por el contrario, introducen un principio de desorden en la naturaleza: el alma, en formas muy diversas, tiende a rebelarse contra Dios, y el cuerpo contra la sujeción al alma; los pecados personales remueven el mal fondo que dejó el pecado de origen y abren las heridas que causó en el alma.
La santa pureza, parte de la virtud de la templanza, nos inclina prontamente y con alegría a moderar el uso de la facultad generativa, según la luz de la razón ayudada por la fe5. Lo contrario es la lujuria, que destruye la dignidad del hombre, debilita la voluntad hacia el bien y entorpece el entendimiento para conocer y amar a Dios, y también para las cosas humanas rectas. Frecuentemente, la impureza lleva consigo una fuerte carga de egoísmo, y sitúa a la persona en posiciones cercanas a la violencia y a la crueldad; si no se le pone remedio, hace perder el sentido de lo divino y trascendente, pues un corazón impuro no ve a Cristo que pasa y llama; queda ciego para lo que realmente importa.
Los actos de renuncia (“no mirar”, “no hacer”, “no desear”, “no imaginar”), aunque sean imprescindibles, no lo son todo en la castidad; la esencia de la castidad es el amor: es delicadeza y ternura con Dios, y respeto hacia las personas, a quienes se ve como hijos de Dios. La impureza destruye el amor, también el humano, mientras que la castidad “mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida”6.
La pureza es requisito indispensable para amar. Aunque no es la primera ni la más importante de las virtudes, ni la vida cristiana se puede reducir a ella, sin embargo, sin castidad no hay caridad, y es esta la primera virtud y la que da su perfección y el fundamento a todas las demás7.
Los primeros cristianos, a quienes San Pablo dice que han de glorificar a Dios en su cuerpo, estaban rodeados de un clima de corrupción, y muchos de ellos provenían de ese ambiente. No os engañéis -les decía el Apóstol-. Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros... heredarán el reino de Dios. Y eso fuisteis alguno de vosotros...8. A estos les señala San Pablo que han de vivir con esmero esta virtud poco valorada, incluso despreciada en aquellos momentos y en aquella cultura. Cada uno de ellos ha de ser un ejemplo vivo de la fe en Cristo que llevan en el corazón y de la riqueza espiritual de la que son portadores. Lo mismo nosotros.
II. Debemos tener la convicción firme de que la santa pureza se puede vivir siempre, aunque sea muy fuerte la presión contraria, si se ponen los medios que nos da Dios para vencer y se evitan las ocasiones de peligro.
Para vivirla, es indispensable tener una buena formación, tratando esta materia con finura y sentido sobrenatural, pero con claridad y sin ambigüedades, en la dirección espiritual, para completar o rectificar de este modo las ideas poco exactas que se puedan tener. A veces, problemas mal calificados de escrúpulos están motivados porque no se terminó de hablar a fondo de ellos, y se resuelven cuando se refieren con claridad los hechos objetivos en la dirección espiritual y en la Confesión.
El cristiano que de verdad quiere seguir a Cristo ha de unir la pureza de alma a la pureza del cuerpo: tener ordenados los afectos, de tal manera que Dios ocupe en todo momento el centro del alma. Por eso, la lucha por vivir esta virtud y por crecer en ella se ha de extender también al campo de los afectos, a la “guarda del corazón”, y a todas aquellas materias que indirectamente puedan facilitarla o dificultarla: mortificación de la vista, de la comodidad, de la imaginación, de los recuerdos.
Para luchar con eficacia en adquirir y perfeccionar esta virtud debemos, en primer lugar, estar hondamente convencidos de su valor, de su absoluta necesidad y de los incontables frutos que produce en la vida interior y en el apostolado. Esta gracia es necesario pedírsela al Señor, porque no todos lo entienden9. Otra condición que fundamenta la eficacia de esta lucha es la humildad: tiene auténtica conciencia de su propia debilidad quien se aparta decididamente de las ocasiones peligrosas; quien reconoce con contrición y sinceridad sus descuidos concretos; quien pide la ayuda necesaria; quien reconoce con agradecimiento el valor de su cuerpo y de su alma.
Quizá, según épocas o circunstancias, una persona deberá luchar con más intensidad en un campo, y a veces en otro bien diverso: la sensibilidad que, sin mortificación, podría estar más viva por no haberse evitado causas voluntarias más o menos remotas; lecturas que, aunque no sean claramente impuras, pueden dejar en el alma un clima de sensualidad; falta de cuidado en la guarda de la vista...
Otros campos relacionados con esta virtud de la santa pureza, y que es preciso cuidar y guardar, son: los sentidos internos (imaginación, memoria), que, aunque no se detuvieran directamente en pensamientos contra el noveno mandamiento, son con frecuencia ocasiones de tentaciones, y supone muy poca generosidad con el Señor no evitarlos; la guarda del corazón, que está hecho para amar, y al que debemos darle un amor limpio según la propia vocación, y en el que siempre debe estar Dios ocupando el primer lugar. No podemos ir con el corazón en la mano, como ofreciendo una mercancía10. Relacionadas con la guarda del corazón están la vanidad, la tendencia a llamar la atención, a ser el centro; el afán desmedido de encontrar siempre respuestas afectivas por parte de los demás; las preferencias y predilecciones menos ordenadas...
III. Para seguir a Cristo con un corazón limpio y para ser apóstol en medio de las circunstancias que a cada uno le han tocado vivir es necesario ejercitar una serie de virtudes humanas y otras sobrenaturales, apoyados en la gracia, que nunca nos faltará si ponemos lo que está de nuestra parte y la pedimos con humildad.
Entre las virtudes humanas que ayudan a vivir la santa pureza está la laboriosidad, el trabajo constante, intenso. Muchas veces los problemas de pureza son de ocio o de pereza. También son necesarias la valentía y la fortaleza para huir de la tentación, sin caer en la ingenuidad de pensar que aquello no hace daño, sin falsos pretextos de edad o de experiencia. La sinceridad plena, contando toda la verdad, con claridad, estando prevenidos contra el “demonio mudo”11, que tiende a engañarnos, quitando entidad al pecado o a la tentación, o agrandándolo para hacernos caer en la tentación de la “vergüenza de hablar”. La sinceridad es completamente necesaria para vencer, pues sin ella el alma se queda sin una ayuda imprescindible.
Ningún medio sería suficiente si no acudiéramos al trato con el Señor en la oración y en la Sagrada Eucaristía. Allí encontramos siempre la ayuda necesaria, las fuerzas que hacen firme la propia flaqueza, el amor que llena el corazón, siempre insatisfecho con todo lo de este mundo porque fue creado para lo eterno. En el sacramento de la Penitencia purificamos nuestra conciencia, recibimos gracias específicas del sacramento para vencer en aquello, quizá pequeño, en lo que fuimos vencidos, y también la fortaleza que da siempre una verdadera dirección espiritual.
Si queremos entender el amor a Jesucristo como lo entendieron los Apóstoles, los primeros cristianos y los santos de todos los tiempos, es necesario vivir esta virtud de la santa pureza; si no, nos pegamos a la tierra y no entendemos nada.
Acudimos a Santa María, Mater Pulchrae Dilectionis12, Madre del Amor Hermoso, porque Ella crea en el alma del cristiano la delicadeza y la ternura filial donde puede crecer esta virtud. Y nos concederá la recia virtud de la pureza si acudimos con amor y confianza.
1 Cfr. 1 Sam 3, 3-10; 19. — 2 Cfr. Jn 1, 35-42. — 3 Cfr. 1 Cor 6, 13-15; 17-20. — 4 Juan Pablo II, Audiencia general 18-III-1981. — 5 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica 2-2, q. 151 a. 2, ad 1. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 25. — 7 Cfr. J. L. Soria, Amar y vivir la castidad, Palabra, Madrid 1976, p. 45. — 8 Cfr. 1 Cor 6, 9-10. — 9 Mt 19, 11. — 10 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 146. — 11 Cfr. ibídem, n. 236. — 12 Eclo 24, 24.
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San Antonio, Abad

Conocemos la vida del abad Antonio, cuyo nombre significa "floreciente" y al que la tradición llama el Grande, principalmente a través de la biografía redactada por su discípulo y admirador, san Atanasio, a fines del siglo IV.
Este escrito, fiel a los estilos literarios de la época y ateniéndose a las concepciones entonces vigentes acerca de la espiritualidad, subraya en la vida de Antonio -más allá de los datos maravillosos- la permanente entrega a Dios en un género de consagración del cual él no es históricamente el primero, pero sí el prototipo, y esto no sólo por la inmensa influencia de la obrita de Atanasio.
En su juventud, Antonio, que era egipcio e hijo de acaudalados campesinos, se sintió conmovido por las palabras de Jesús, que le llegaron en el marco de una celebración eucarística: "Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres...".
Así lo hizo el rico heredero, reservando sólo parte para una hermana, a la que entregó, parece, al cuidado de unas vírgenes consagradas.
Llevó inicialmente vida apartada en su propia aldea, pero pronto se marchó al desierto, adiestrándose en las prácticas eremíticas junto a un cierto Pablo, anciano experto en la vida solitaria.
En su busca de soledad y persiguiendo el desarrollo de su experiencia, llegó a fijar su residencia entre unas antiguas tumbas. ¿Por qué esta elección?. Era un gesto profético, liberador. Los hombres de su tiempo -como los de nuestros días - temían desmesuradamente a los cementerios, que creían poblados de demonios. La presencia de Antonio entre los abandonados sepulcros era un claro mentís a tales supersticiones y proclamaba, a su manera, el triunfo de la resurrección. Todo -aún los lugares que más espantan a la naturaleza humana - es de Dios, que en Cristo lo ha redimido todo; la fe descubre siempre nuevas fronteras donde extender la salvación.
Pronto la fama de su ascetismo se propagó y se le unieron muchos fervorosos imitadores, a los que organizó en comunidades de oración y trabajo. Dejando sin embargo esta exitosa obra, se retiró a una soledad más estricta en pos de una caravana de beduinos que se internaba en el desierto.
No sin nuevos esfuerzos y desprendimientos personales, alcanzó la cumbre de sus dones carismáticos, logrando conciliar el ideal de la vida solitaria con la dirección de un monasterio cercano, e incluso viajando a Alejandría para terciar en las interminables controversias arriano-católicas que signaron su siglo.
Sobre todo, Antonio, fue padre de monjes, demostrando en sí mismo la fecundidad del Espíritu. Una multisecular colección de anécdotas, conocidas como "apotegmas" o breves ocurrencias que nos ha legado la tradición, lo revela poseedor de una espiritualidad incisiva, casi intuitiva, pero siempre genial, desnuda como el desierto que es su marco y sobre todo implacablemente fiel a la sustancia de la revelación evangélica. Se conservan algunas de sus cartas, cuyas ideas principales confirman las que Atanasio le atribuye en su "Vida".
Antonio murió muy anciano, hace el año 356, en las laderas del monte Colzim, próximo al mar Rojo; al ignorarse la fecha de su nacimiento, se le ha adjudicado una improbable longevidad, aunque ciertamente alcanzó una edad muy avanzada.
La figura del abad delineó casi definitivamente el ideal monástico que perseguirían muchos fieles de los primeros siglos.
No siendo hombre de estudios, no obstante, demostró con su vida lo esencial de la vida monástica, que intenta ser precisamente una esencialización de la práctica cristiana: una vida bautismal despojada de cualquier aditamento.
Para nosotros, Antonio encierra un mensaje aún válido y actualísimo: el monacato del desierto continúa siendo un desafío: el del seguimiento extremo de Cristo, el de la confianza irrestricta en el poder del Espíritu de Dios. ___________________________________________________________________________________________
Dia 17/01 San Antonio (abad, blanco)
Antífona de Entrada
Los justos crecerán como palmeras; se elevarán tan alto como los cedros del Líbano plantados en la casa del Señor; en medio de sus patios darán flores.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que concediste a san Antonio, abad, dejar por tu
amor cuanto tenía,
para servirte heroicamente en el desierto, otórganos, por sus
méritos, superar
nuestro egoísmo y amarte a ti sobre todas las cosas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 6, 10-13.18
Hermanos:
Busquen su fuerza en el Señor y en su invencible poder. Ponemos
las armas que
Dios da para poder resistir a las estratagemas del diablo,
porque nuestra lucha
no es contra hombres de carne y hueso, sino contra las fuerzas
sobrehumanas y
supremas del mal, que dominan este mundo de tinieblas.
Por eso, tomen las armas que Dios para poder resistir en el día
fatal y,
después de actuar a fondo, mantener las posiciones. Oren en toda
ocasión con la
ayuda del Espíritu. Tengan vigilias en las que oren con
constancia por todo el
pueblo santo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 15
El Señor es el lote de mi heredad.
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: "Tú eres mi
bien".
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.
El Señor es el lote de mi
heredad.
Bendeciré
al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye
internamente. Tengo
siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
El Señor es el lote de mi
heredad.
Me
enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia, de
alegría perpetua a tu derecha.
El Señor es el lote de mi
heredad.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Si mantienen mi palabra, serán de verdad discípulos míos y
conocerán la verdad,
dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio
Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-26
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó:
"Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la
vida
eterna?"
Le respondió Jesús:
"¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el
bueno:
Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los
mandamientos".
El replicó:
"¿Cuáles?"
Jesús le dijo:
"No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás
falso
testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como
a ti
mismo".
Le dijo entonces el joven:
"Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?"
Jesús le dijo:
"Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales
el dinero
a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y
sígueme".
Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era
muy rico.
Entonces, Jesús dijo a sus discípulos:
"Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de
los
cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el
ojo de una aguja,
que un rico entre en el Reino de los cielos".
Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron:
"Entonces ¿quién podrá salvarse?"
Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió:
"Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es
posible".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, estos dones que humildemente te presentamos en la conmemoración de san Antonio, abad, y líbranos de nuestro apego a los bienes materiales para que te poseamos a ti como única riqueza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Acción de los santos en la Iglesia
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte
gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y
eterno, por
Cristo, señor nuestro.
Porque con la vida de tus santos enriqueces a tu Iglesia con
formas siempre
nuevas de admirable santidad, y nos das pruebas indudables de tu
amor por
nosotros; y también, porque su ejemplo nos impulsa y su
intercesión nos ayuda a
colaborar en el misterio de la salvación.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles
y santos
diciendo:
Antífona de la Comunión
Si quieres ser perfecto, dice el Señor, vende lo que posees, reparte el dinero entre los pobres y, después, ven y sígueme.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Por medio de esta Eucaristía concédenos, Señor, la fuerza
necesaria para vencer
siempre, a ejemplo de san Antonio, abad, las tentaciones del
enemigo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
ACIprensa.com
Jenaro Sánchez
Delgadillo, Santo
Sacerdote y Mártir, 17 de enero
Sacerdote y Mártir Martirologio
Romano: En la ciudad de
Tocolatlán, en México, san Jenaro Sánchez Delgadillo,
presbítero, mártir durante la persecución mexicana
(1927).
Nació el 19 de septiembre de 1886 en Agualele,
población cercana a Zapopan, Jalisco. Sus padres fueron
Cristóbal Sánchez y Julia Delgadillo, de condición
humilde y cristianos observantes, que en el pueblo
gozaban de estima por ser personas muy buenas. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
NotiDiocesis.com
Roselina (Rosalina) de
Villeneuve, Santa
Religiosa, 17 de enero
Religiosa Martirologio
Romano: En Fréjus, ciudad
de la Provenza, en Francia, santa Roselina, priora de
Celle-Roubaud, de la Orden de la Cartuja, que se
distinguió por su abnegación y por su austeridad en la
comida, el sueño y el ayuno (1329).
Virgen y monja de la Orden de la Cartuja que
debido a sus magníficas virtudes fue nombrada priora del
convento de Celle-Roubaud, en Fréjus, ciudad de la
Provenza, en Francia, distinguiéndose además durante
toda su vida por su abnegación y por su austeridad en la
comida, el sueño y el ayuno. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Santiebeati.it
Sulpicio el Pío, Santo
Obispo, 17 de
enero
Obispo Martirologio Romano: En Bourges, ciudad de Aquitania, san Sulpicio, llamado el Pío, obispo, que habiendo pasado del palacio real al episcopado, su mayor preocupación fue el cuidado de los pobres (647).
San Sulpicio II, llamado “el Pío”, fue obispo
de Bourges, en la Francia centro-septentrional. Su vida,
escrita poco después de su muerte, narra una versión
bastante clásica de su juventud, es decir, el pasaje de
una vida agitada a la renuncia a sus bienes y la
completa donación a los pobres, seguida de una conducta
muy austera: rígidos ayunos, oración nocturna,
recitación cotidiana del salterio entero. |
J†A
JMJ
Pax
Arrepiéntanse y crean en el Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Gloria a ti, Señor.
Después
del arresto de Juan el
Bautista, Jesús se fue a Galilea proclamando la buena noticia de
Dios. Decía:
"El plazo se ha cumplido el. El Reino de Dios está llegando.
Conviértanse
y crean en el Evangelio".
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano
Andrés que estaban
echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les
dijo:
"Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres".
Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su
hermano Juan.
Estaban en la barca reparando las redes. Jesús los llamó
también; y ellos,
dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus trabajadores, se
fueron con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
3er. Dom Ord Ciclo B
Antífona de Entrada
Canten al Señor un cántico nuevo, cante al Señor toda la tierra. Honor y majestad le preceden, fuerza y esplendor están en su templo.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu
voluntad, para
que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre
de tu Hijo
predilecto. Que vive y reina contigo...
Amén.
Primera Lectura
Los habitantes de Nínive se arrepintieron de su mala conducta
Lectura del libro del profeta Jonás 3, 1-5.10
En
aquellos días, vino de nuevo
la palabra del Señor a Jonás:
"Vete ahora mismo a Nínive, la gran capital, y proclama allí lo
que yo te
diré".
Jonás partió de inmediato a Nínive, como le había mandado el
Señor. Nínive era
una ciudad enorme; se necesitaban tres días para recorrerla.
Jonás entró en la
ciudad y caminó durante todo un día, pregonando:
"Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y todos,
desde el más grande
hasta el más pequeño, se vistieron con ropa de penitencia.
Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se
arrepintió y no llevó
a cabo el castigo con que los había amenazado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame,
Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas. Guíame en tu verdad; enséñame, pues tú
eres el Dios que
me salva.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Acuérdate,
Señor, de que tu
ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí, por tu amor, por
tu bondad,
Señor.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
El
Señor es bueno y recto y
señala el camino a los pecadores; guía por la senda del bien a
los humildes,
les enseña el camino.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Segunda Lectura
Este mundo que vemos es pasajero
Lectura de la primera carta de apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31
Hermanos: Les digo esto: el tiempo se termina. En lo que falta, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo pasa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; conviértanse y crean
en el
Evangelio.
Aleluya.
Evangelio
Arrepiéntanse y crean en el Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Gloria a ti, Señor.
Después
del arresto de Juan el
Bautista, Jesús se fue a Galilea proclamando la buena noticia de
Dios. Decía:
"El plazo se ha cumplido el. El Reino de Dios está llegando.
Conviértanse
y crean en el Evangelio".
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano
Andrés que estaban
echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les
dijo:
"Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres".
Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su
hermano Juan.
Estaban en la barca reparando las redes. Jesús los llamó
también; y ellos,
dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus trabajadores, se
fueron con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Dios Padre todopoderoso, en cuyas
manos está el
destino del universo, y pidámosle confiadamente que escuche las
oraciones de su
pueblo:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Por
la santa Iglesia de Dios
para que busque cada día con mayor afán el rostro de su Señor, y
sus fieles se
esfuercen en purificarse de todas sus faltas y pecados, roguemos
al Señor.
Señor, ten piedad.
Por
los que gobiernan las
naciones, para que trabajen con interés y constancia por la paz
y bienestar de
los ciudadanos, a fin de que reine entre los pueblos la justicia
y la paz,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por
los enfermos, los
encarcelados y por todos los que sufren, para que Dios, Padre de
misericordia,
venga en auxilio de sus males, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por
todos lo que estamos aquí
reunidos, para que el Señor nos conceda perseverar en la fe y
progresar en el
mutuo amor, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios nuestro, que en Cristo, el Verbo eterno, nos has dado la
plenitud de tu
palabra: escucha la oración de la Iglesia y haz que sintamos la
urgencia de
convertirnos a ti y de adherirnos con toda el alma al Evangelio,
para que toda
nuestra vida anuncie a los que dudan y viven alejados al único
salvador de los
seres humanos, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, que vive y
reina por los
siglos de siglos.
Amén.
Oración Sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos para esta Eucaristía en la que se realiza un glorioso intercambio; a fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La salvación por la obediencia de Cristo
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no sólo nos
enviaste como
redentor a tu propio Hijo, sino que lo quisiste en todo
semejante a nosotros,
menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que en él
amabas. Con su
obediencia nos devolviste aquellos dones que por nuestra
desobediencia habíamos
perdido.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles
y los santos
diciendo:
Antífona de la Comunión
Acudan al Señor, pongan en él su confianza y no quedarán defraudados.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Te damos gracias, Señor, por habernos alimentado con el Cuerpo y
la Sangre de
tu Hijo y te pedimos que este don tuyo sea para nosotros fuente
inagotable de
vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
_____________________________________________________________________
† Meditación diaria
Tercer
Domingo
ciclo b
Desprendimiento para seguir a Cristo
— Los discípulos, dejadas todas las cosas, siguen a Jesús. Necesidad de un desprendimiento completo para responder a las llamadas que nos dirige el Señor.
— Algunos detalles de pobreza cristiana y de desprendimiento.
— La limosna y el desprendimiento de los bienes materiales.
I. El Evangelio de la Misa nos narra la llamada de Cristo a cuatro de sus discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan1. Los cuatro eran pescadores y se encuentran trabajando, echando las redes o arreglándolas, cuando Jesús pasa y les llama. Estos Apóstoles ya conocían al Señor2 y se habían sentido profundamente atraídos por su Persona y por su doctrina. El llamamiento que ahora reciben es el definitivo: Seguidme y os haré pescadores de hombres. Jesús, que les ha buscado en medio de su trabajo, emplea un símil sacado de su profesión, la pesca, para señalarles su nueva misión.
Estos pescadores, al instante, lo dejaron todo para seguir al Maestro. También de San Mateo se nos dice que, relictis omnibus, dejadas todas las cosas, se levantó de la mesa donde cobraba los tributos y se fue con Cristo. Y el resto de los Apóstoles, cada uno en las peculiares circunstancias en que los encontró Jesús, debieron de hacer lo mismo.
Para seguir a Cristo es necesario tener el alma libre de todo apegamiento: del amor a sí mismo en primer lugar, de la excesiva preocupación por la salud, del futuro..., de las riquezas y bienes materiales. Porque cuando el corazón se llena de los bienes de la tierra, ya no queda lugar para Dios. A unos les pedirá el Señor la renuncia absoluta para disponer de ellos con más plenitud, como hizo con los Apóstoles, con el joven rico3, con tantos, a lo largo de los siglos, que han encontrado en Él su tesoro y su riqueza. Y a todo el que pretenda seguirle, le exige Cristo un desprendimiento efectivo de sí mismo y de lo que tiene y usa. Si este desasimiento es real, se manifestará en muchos hechos de la vida ordinaria, pues siendo bueno el mundo creado, el corazón tiende a apegarse desordenadamente a las criaturas y a las cosas. Por eso necesita el cristiano una vigilancia continua y un examen frecuente, para que los bienes creados no impidan la unión con Dios, sino que sean un medio para amarle y servirle. “Vigilen, pues, todos para ordenar rectamente sus afectos –advierte el Concilio Vaticano II–, no sea que, en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que les aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad, según el aviso del Apóstol: Los que usan de este mundo, no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)”4. Estas palabras de San Pablo a los cristianos de Corinto, que recoge la Segunda lectura de la Misa, son una invitación a poner nuestro corazón en lo eterno, en Dios.
La renuncia que pide el Señor ha de ser efectiva y concreta. Como dirá más tarde el mismo Jesús, es imposible servir a Dios y a las riquezas5. Si renunciamos a la propia vida por Cristo, con más motivo hemos de hacerlo con los bienes pasajeros que, en definitiva, duran poco y valen poco.
II. El desasimiento cristiano no es desprecio de los bienes materiales, si se adquieren y se utilizan conforme a la voluntad de Dios, sino hacer realidad en la propia vida aquel consejo del Señor: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura6. Cuanto mayor es el desprendimiento, se descubre que mayor es la capacidad de querer a los demás y de apreciar la bondad y belleza de la creación.
Pero un corazón tibio y dividido, dado a compaginar el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, muy pronto desalojará a Cristo de su corazón y se encontrará prisionero de los bienes, que entonces se han convertido para él en males. No debemos olvidar que todos arrastramos como secuela del pecado original la tendencia a una vida más fácil, al aburguesamiento, al afán de dominio, a la preocupación por el futuro. A esta tendencia, que existe en todo corazón, se une la carrera desenfrenada por la posesión y el disfrute de medios materiales, como si fuera lo más importante de la vida, que parece extenderse cada vez más en la sociedad en que vivimos. En todas partes se observa una clara tendencia, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero. Es una gran presión que se hace sentir por todas partes y que no debemos olvidar, si queremos de verdad mantenernos libres de estas ataduras para seguir a Cristo y ser ejemplos vivos de templanza, en medio de esa sociedad que debemos conducir hasta el Señor. La abundancia y el disfrute de bienes materiales nunca darán la felicidad al mundo; el corazón humano solo encontrará en su Dios y Señor la plenitud para la que fue creado. Cuando no se actúa con la necesaria fortaleza para vivir ese desprendimiento, “el corazón queda entonces triste e insatisfecho; se adentra por caminos de un eterno descontento y acaba esclavizado ya en la tierra, víctima de esos mismos bienes que quizá se han logrado a base de esfuerzos y renuncias sin cuento”7.
La pobreza y el desasimiento cristianos no tienen nada que ver con la suciedad y dejadez, con el desaliño o la falta de educación. Jesús va bien vestido. Su túnica, confeccionada seguramente por su Madre, es en el Calvario objeto de sorteo, porque era sin costura y de un solo tejido de arriba abajo8; era una vestidura orlada9. También observamos cómo en casa de Simón nota la falta de las normas usuales de educación y le echa en cara que no le haya ofrecido agua para lavarse los pies ni le haya saludado con el beso de la paz y que no unja su cabeza con óleo...10. La casa de la Sagrada Familia en Nazaret era modesta, limpia, sencilla, ordenada, alegre, sin desperfectos no recompuestos por dejadez o desidia, agradable, donde daba gusto estar. Frecuentemente no faltarían unas flores o algún pequeño detalle de adorno colocado con gusto.
La pobreza del cristiano que se ha de santificar en medio del mundo está muy ligada al trabajo del que vive y sostiene a su familia; en el estudiante su pobreza se relaciona con un estudio serio y un tiempo bien aprovechado, con la clara conciencia de que contrae con su formación una deuda con la sociedad y con los suyos, y que debe prepararse con competencia para ser útil; la pobreza de la madre de familia estará íntimamente unida al cuidado de su hogar, de la ropa, de los muebles..., para que duren, al prudente ahorro, que la llevará a evitar los caprichos personales, al examen de calidades en lo que compra, lo que supondrá en ocasiones recorrer más de una tienda, comparar precios... Y en relación a los hijos, ¡cómo agradecen luego el haber sido educados con esa cierta austeridad, que entra por los sentidos y que no necesita demasiadas explicaciones cuando se ve hecha vida en los padres! Y esto aunque se trate de una familia de posición desahogada. Los padres les dejan una gran herencia cuando descubren que el trabajo es el mejor y más sólido capital, cuando muestran el valor de las cosas y enseñan a gastar teniendo en cuenta las necesidades que padecen muchos en la tierra, cuando les educan para ser generosos.
III. El desprendimiento efectivo de los bienes supone sacrificio. Un desprendimiento que no cuesta es poco real. El estilo de vida cristiana supone un cambio radical de actitud frente a los bienes terrenos: se procuran y se usan no como si fueran un fin, sino como medio para servir a Dios, a la familia, a la sociedad. El fin de un cristiano no es tener cada vez más, sino amar más y más a Cristo, a través de su trabajo, de su familia, también a través de los bienes. La generosa preocupación por las necesidades ajenas que vivían los primeros cristianos11 y que San Pablo enseñó a vivir también a los fieles de las comunidades que iba fundando, será siempre un ejemplo de permanente vigencia: un cristiano jamás podrá contemplar con indiferencia las necesidades espirituales o materiales de los demás, y debe poner los medios para contribuir generosamente a solucionar esas necesidades. Unas veces con su aportación económica, otras cediendo su tiempo para obras buenas, sabiendo que entonces no solo se remedian las necesidades de los santos (de otros hermanos en la fe), sino que también se contribuye mucho a la gloria del Señor12.
La generosidad en la limosna a personas necesitadas o a obras buenas ha sido siempre una manifestación, no única, del desprendimiento real de los bienes y del espíritu de pobreza evangélica. Limosna, no solo de lo superfluo, sino aquella que se compone principalmente a base de sacrificios personales, de pasar necesidad en algún campo. Esta ofrenda, hecha con sacrificio de aquello que nos parecía quizá necesario, es gratísima al Señor. La limosna brota de un corazón misericordioso, y “es más útil para quien la ejerce que para aquel que la recibe. Porque quien la ejerce saca de allí un provecho espiritual, mientras quien la recibe solo temporal”13.
El Señor, como a los Apóstoles, nos ha invitado a seguirle, cada uno en unas peculiares condiciones, y para responder a esa llamada debemos vigilar si también nosotros hemos dejado todas las cosas, aunque de hecho tengamos que usar de ellas. Examinemos si somos generosos con lo que tenemos y usamos, si estamos desprendidos del tiempo, de la salud, si nuestros amigos nos conocen por ser personas que habitualmente viven con sobriedad, si somos generosos en la limosna, si evitamos gastos que son en el fondo capricho, vanidad, aburguesamiento, si cuidamos aquello que usamos: libros, instrumentos de trabajo, ropa; veamos, en definitiva, si nuestro deseo de seguir al Señor va acompañado del necesario desprendimiento de las cosas, y si este desprendimiento es real, si se expresa en hechos concretos. También Jesús pasa a nuestro lado; no dejemos que por cuatro cosas –basura las llama San Pablo14–, estemos retrasando esa unión más honda con Cristo.
1 Mc 1, 14-20. — 2 Jn 1, 35-42. — 3 Mc 10, 21. — 4 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 5 Lc 16, 13. — 6 Mt 6, 33. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 118. — 8 Jn 19, 23. — 9 Mt 9, 20; 14, 36. — 10 Lc 7, 36-50. — 11 Cfr. Hech 2, 44-47. — 12 2 Cor 9, 12. — 13 Santo Tomás, Comentario a la 2ª Epístola a los Corintios, 8, 10. — 14 Flp 3, 8.
__________________
24 de enero. 7º Día del Octavario
MARÍA, MADRE DE LA UNIDAD
— Madre de la unidad en el momento de la Encarnación.
— En el Calvario.
— En la Iglesia naciente de Pentecostés.
I. Saldrás con júbilo al encuentro de los hijos de Dios, Virgen María, porque todos se reunirán para bendecir al Señor del mundo1.
La Iglesia, llevada por un ferviente deseo de congregar en la unidad a los cristianos y a todos los hombres, suplica a Dios, por intercesión de la Virgen, que todos los pueblos se reúnan en un mismo pueblo de la nueva Alianza2. La Iglesia está persuadida de que la causa de la unidad de los cristianos está íntimamente relacionada con la Maternidad espiritual de la Santísima Virgen María sobre todos los hombres, y de modo particular sobre los cristianos3. El Papa Pablo VI la invocó en diversas ocasiones con el título de Madre de la unidad4. Juan Pablo II dirigía a Nuestra Señora esta oración llena de amor y de confianza: “Tú que eres la primera servidora de la unidad del Cuerpo de Cristo, ayúdanos, ayuda a todos los fieles, que sienten tan dolorosamente el drama de las divisiones históricas del cristianismo, a buscar continuamente el camino de la unidad perfecta del Cuerpo de Cristo mediante la fidelidad incondicional al Espíritu de Verdad y de Amor...”5.
La Iglesia nació en cierto modo con Cristo y creció ya en la casa de Nazareth juntamente con Él, puesto que la Iglesia, en su realidad invisible y misteriosa, es el mismo Cristo místicamente desarrollado y vivo en nosotros. Y María, por su divina maternidad, es Madre de la Iglesia entera desde sus comienzos6. Todos formamos un solo Cuerpo, y María es Madre de ese Cuerpo místico. ¿Y qué madre va a permitir que sus hijos se separen y se alejen de la casa paterna? ¿A quién recurrir con más seguridad de ser escuchados que a Santa María, Madre?
San Bernardo, en una página bellísima, nos describe a todas las creaturas invocando a María para que en la Anunciación pronunciara el fiat, el hágase, que había de traer la salvación para todos. Cielo y tierra, pecadores y justos, presente, pasado y futuro se congregan en Nazareth en torno a María7. Cuando Nuestra Señora dio su consentimiento, se hizo realidad su Maternidad sobre Cristo y sobre la Iglesia y, en cierto modo, sobre toda la creación. El pecado había disgregado la unidad del género humano y perturbado todo el orden del Universo. María fue la criatura escogida para hacer posible la Encarnación del Hijo de Dios y, con su consentimiento, fue también causa de la recapitulación de todas las cosas que Cristo habría de llevar a cabo a través de la Redención.
La Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, tuvo en la Encarnación –y, por consiguiente, en el seno mismo de María– el principio primero de su unidad. La Virgen Santísima fue la Madre de la unidad de la Iglesia en su más profunda realidad, pues dio la vida a Cristo en su seno purísimo. Cristo, “autor de la fe íntegra y amante de la unidad, eligió para sí una Madre incorrupta de alma y cuerpo y quiso como Esposa a la Iglesia una e indivisa”8.
II. Cristo consumó la Redención en el Calvario. El nuevo Pacto, sellado con la Sangre derramada en la Cruz, unía de nuevo a los hombres con Dios, y los congregaba a la vez entre sí. El Señor –enseña San Pablo– destruyó todos los muros de división y formó una Iglesia única, un solo pueblo9. La diversidad de razas, de naciones, de lenguas, de condiciones sociales, no sería obstáculo para esa unidad que Cristo nos dio con su Muerte en la Cruz. En aquel instante en que se consumaba la Redención, surgía el nuevo Pueblo de los hijos de Dios, unificados en torno a su Cruz y redimidos con su Sangre. “Elevado sobre la tierra, en presencia de la Virgen Madre, congregó en la unidad a tus hijos dispersos, uniéndolos a sí mismo con los vínculos del amor”10.
La Virgen, en aquellas horas de la pasión, alimentaba en su Corazón sacratísimo los mismos sentimientos de su Hijo, quien en la tarde anterior se había despedido de sus discípulos con un mensaje de fraternidad, dirigiendo al Padre una plegaria que culminaba en aquella petición por la unidad, que nosotros también, en unión con Él, hemos repetido quizá tantas veces: ut omnes unum sint, sicut tu, Pater, in me et ego in te..., que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti...11. Esta unidad que pide Jesús para los suyos es reflejo de la que existe entre las tres Personas divinas, y de la que participó Nuestra Señora en un grado incomparable y absolutamente extraordinario12.
Nuestra Señora, al pie de la Cruz, estaba unida íntimamente a su Hijo, corredimiendo con Él. Allí, Jesús, viendo a su Madre y al discípulo al que amaba, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa13. Nuestra Madre Santa María estuvo siempre unida a su Hijo, como ninguna criatura lo ha estado ni lo estará jamás, y de modo muy particular en aquellos últimos momentos en los que se consumaba nuestra redención. En el Calvario “mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la Cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cfr. Jn 19, 25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús, agonizante en la Cruz, como madre al discípulo”14, en el que estábamos representados todos los hombres. Ella es Madre de todo el género humano y especialmente de todos aquellos que por el Bautismo hemos sido incorporados a Cristo. ¿Cómo podríamos olvidarnos, en estos días en que pedimos insistentemente la unidad, de la Madre que congrega en la única casa a todos los hijos?
El Concilio Vaticano II nos recordaba la necesidad de volver nuestra mirada hacia la Madre común: “ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que Ella (...) interceda en la comunión de todos los santos ante su Hijo, hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el título de cristianos como los que todavía desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad”15. A Ella acudimos pidiéndole que este amor a la unidad nos mueva a crecer cada vez más en un apostolado sencillo, constante y eficaz: “Invoca a la Santísima Virgen; no dejes de pedirle que se muestre siempre Madre tuya: “monstra te esse Matrem!”, y que te alcance, con la gracia de su Hijo, claridad de buena doctrina en la inteligencia, y amor y pureza en el corazón, con el fin de que sepas ir a Dios y llevarle muchas almas”16.
III. Vuelto a Ti y sentado a tu derecha, envió sobre la Virgen María, en oración con los Apóstoles, el Espíritu de la concordia y de la unidad, de la paz y del perdón17.
La Iglesia, por voluntad de Jesucristo, tuvo desde el principio una unidad visible, en la fe, en la única esperanza, en la caridad, en la oración, en los sacramentos, en los pastores por los que iba a ser gobernada, al frente de los cuales fue puesto Pedro. Esta unidad visible, externa, debía constituir como una señal de su carácter divino, porque sería una manifestación de la presencia de Dios en ella. Así lo pidió Jesús en la Última Cena18. Así vivieron los primeros cristianos: unidos entre ellos, bajo la autoridad de los Apóstoles.
Cuando los Apóstoles están reunidos en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo, allí está Nuestra Señora con ellos. Aquellos pocos son la primera célula de la Iglesia universal. “María está en el centro de ella, como corazón que le da vida en lo más íntimo”19. Los Apóstoles perseveraban en la oración con María, la Madre de Jesús20. Las personas y los detalles que describe San Lucas son como atraídos por la figura de María, que ocupa el centro del lugar donde se han congregado los íntimos de Jesús. “La tradición ha contemplado y meditado este cuadro y ha concluido que en él aparece la maternidad que la Virgen ejerce sobre toda la Iglesia, tanto en su origen como en su desarrollo”21. En torno a María permanecen unidos quienes recibirán el Espíritu Santo. Pedro constituye la unidad interna de la Iglesia. “María creaba una atmósfera de caridad, de solidaridad, de unánime conformidad. Ella era, por consiguiente, la mejor colaboradora de Pedro y de los Apóstoles en la organización y en el gobierno”22.
Después de su Asunción a los Cielos, María ha velado sin cesar por la unidad de los miembros de su Hijo, y cuando estos no han acogido esta maternal protección que los mantenía unidos, no ha cesado de interceder para que vuelvan a la plena comunión en el seno de la Iglesia. A nosotros nos hace experimentar sentimientos de fraternidad, de comprensión y de paz. “La experiencia del Cenáculo no reflejaría la hora de gracia de la efusión del Espíritu, si no tuviese la gracia y la alegría de la presencia de María. Con María, la Madre de Jesús (Hech 1, 14), se lee en el gran momento de Pentecostés (...). Ella. Madre del amor y de la unidad, nos une profundamente para que, como la primera comunidad nacida del Cenáculo, seamos un solo corazón y una sola alma. Ella, “Madre de la unidad”, en cuyo seno el Hijo de Dios se unió a la humanidad, inaugurando místicamente la unión esponsalicia del Señor con todos los hombres, nos ayude para ser “uno” y para convertirnos en instrumentos de unidad (...)”23.
1 Misal Romano, Misa de Santa María, Madre y Reina de la unidad, Antífona de entrada. — 2 Ibídem, Colecta. — 3 Cfr. León XIII, Enc. Auditricem populi, 5-IX-1895. — 4 Cfr. Pablo VI, Insegnamenti, vol. II, p. 69. — 5 Juan Pablo II, Radiomensaje en la conmemoración del Concilio de Éfeso, 7-VI-1981. — 6 Pablo VI, Discurso al Concilio, 21-IX-1964. — 7 Cfr. San Bernardo, Homilías sobre la Virgen Madre, 2. — 8 Misal Romano, loc. cit., Prefacio. — 9 Cfr. Ef 2, 14 ss. — 10 Misal Romano, loc. cit., Prefacio. — 11 Jn 17, 21. — 12 Cfr. Juan Pablo II, Homilía 30-I-1979. — 13 Jn 19, 26-27. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58, — 15 Ibídem, 69. — 16 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 986. — 17 Misal Romano, loc. cit., Prefacio. — 18 Jn 17, 23. — 19 R. M. Spiazzi, María en el misterio cristiano, Studium, Madrid 1958, p. 69. — 20 Hech 1, 14. — 21 Sagrada Biblia, Hechos de los Apóstoles, EUNSA, Pamplona 1984, in loc. — 22 R. M. Spiazzi, o. c., p. 70. — 23 Juan Pablo II, Homilía 24-III-1980.
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24 de enero
SAN FRANCISCO
DE SALES*
Obispo y Doctor de la Iglesia
Memoria
— La afabilidad.
— Las virtudes de convivencia, esenciales para el apostolado.
— El respeto hacia las personas y el cuidado de las cosas.
I. San Francisco de Sales trabajó intensamente, primero como presbítero, por la fidelidad a la Sede Romana de todos los cristianos de su patria; luego, como Obispo, fue un ejemplo de Buen Pastor con los sacerdotes y los demás fieles, adoctrinándolos incesantemente con su palabra y con sus escritos.
La liturgia de la Misa nos mueve a pedir al Señor imitar la mansedumbre y el amor de San Francisco de Sales para que también podamos alcanzar la gloria del Cielo1. Por esta razón, vamos a meditar sobre las virtudes de la afabilidad y de la mansedumbre, en las que, permaneciendo firme en la verdad, sobresalió el santo Obispo de Ginebra, de manera particular en el trato con todas las personas, también con quienes pensaban y actuaban de modo bien diverso al suyo.
De estas virtudes que hacen posible o facilitan la convivencia, y que tan necesarias nos son a todos, decía el Santo que “es preciso tener gran provisión y muy a mano, pues se han de estar usando casi de continuo”2. Para el apostolado, la vida en familia, la amistad..., son indispensables.
Todos los días nos encontramos con personas muy diferentes en el trabajo, en la calle, entre los mismos parientes más próximos..., con caracteres y modos de ser muy diversos, y es muy grato al Señor que nos ejercitemos en la convivencia con todos. Santo Tomás de Aquino señala que se requiere una virtud particular -que encierra en sí otras muchas que parecen pequeñas que “cuide de ordenar las relaciones de los hombres con sus semejantes, tanto en los hechos como en las palabras”3. Estas virtudes nos llevan a esforzarnos en toda situación para hacer la vida más grata a quienes nos rodean. Ellas hacen amables las relaciones entre los hombres, y son una verdadera ayuda mutua en nuestro camino hacia el Cielo, que es a donde queremos ir; no causan quizá una gran admiración, pero cuando faltan se echan mucho de menos y las relaciones entre los hombres se vuelven tirantes y difíciles. Son virtudes opuestas, por su misma naturaleza, al egoísmo, al gesto destemplado, al malhumor, a las faltas de educación, al desorden, a los gritos e impaciencias, a vivir sin tener en cuenta a quienes están cerca. La conversación agradable, el trato lleno siempre de respeto, se ha de ejercitar en el trabajo, en el tráfico..., y de un modo particular con los que habitualmente convivimos, “a lo cual faltan grandemente los que en la calle parecen ángeles, y en la propia casa, diablos”4, señalaba el Santo. Examinemos hoy nosotros cómo es el trato, la conversación..., principalmente con aquellos que el Señor ha puesto a nuestro lado, con quienes convivimos o trabajamos codo a codo. La afabilidad abre las puertas de la amistad y, por tanto, del apostolado.
II. Formando parte de la virtud de la afabilidad, de la que nos ha dejado tantos ejemplos y consejos San Francisco de Sales, se encuentran muchas virtudes que quizá no son muy llamativas, pero que constituyen el entramado de la caridad y del trato apostólico: la benignidad, por la que se trata y juzga a los demás y a sus actuaciones con delicadeza; la indulgencia ante los defectos y errores de los demás; la educación y la urbanidad en palabras y modales; la simpatía, que en determinadas ocasiones será necesario cultivar con particular esmero; la cordialidad; la gratitud; el respeto; el elogio oportuno ante las cosas buenas que hacen los demás... El cristiano sabrá convertir los múltiples detalles de estas virtudes humanas en otros actos de la virtud de la caridad, al hacerlos también por amor a Dios. La caridad hace de estas mismas virtudes hábitos más firmes, más ricos en posibilidades, y les da un horizonte más elevado. Además, el cristiano sabrá ver en sus hermanos, con la ayuda de la gracia, a hijos de Dios, que siempre merecen las mejores muestras de consideración.
Para estar abiertos a todos, para convivir con personas tan diferentes (por la edad, religión, formación cultural, temperamento...), nos enseña San Francisco que en primer lugar hemos de ser humildes, pues “la humildad no es solamente caritativa, sino también dulce. La caridad es la humildad que aparece al exterior y la humildad es la caridad escondida”5; ambas virtudes están estrechísimamente unidas. Si luchamos por ser humildes, sabremos “venerar la imagen de Dios que hay en cada hombre”6, mirándolo con hondo respeto.
Respetar es valorar, mirar a los demás descubriendo lo que valen. La palabra respeto viene del latín respectus, consideración, miramiento7. Saber convivir exige respetar a las personas, y también a las cosas, porque son bienes de Dios y están al servicio del hombre. Se ha dicho con verdad que las cosas muestran su secreto solo al que las respeta y ama. Respetar la naturaleza tiene su más hondo sentido en que forma parte de la creación y, a través de ella, se da gloria a Dios. El respeto es condición para contribuir a la mejora de los demás. Cuando se avasalla a otro, se hace ineficaz el consejo, la corrección o la advertencia.
En el Evangelio sorprende gozosamente comprobar cómo los Evangelistas se refieren con cierta frecuencia a las miradas del Señor, como si tuviesen algo muy particular. Nos dicen que Jesús miró con cariño a aquel muchacho que se le acercó con deseos de ser mejor; miró con ternura a la viuda pobre que tan generosa se mostró con las cosas de Dios, echando en el cepillo del Templo lo poco que tenía para su sustento; y miró con simpatía a Zaqueo, subido en el árbol... Jesús miraba a todos con un inmenso respeto: a los sanos y a los enfermos, a niños y mayores, a mendigos, a pecadores... Es siempre el ejemplo que hemos de imitar en nuestra convivencia diaria. Ver a las gentes, a todos, con simpatía, con aprecio y cordialidad. Si mirásemos a las gentes como las ve el Señor, no nos atreveríamos a juzgarlas negativamente. “En aquellos que naturalmente no nos resultan simpáticos veríamos almas rescatadas por la Sangre de Cristo, que forman parte de su Cuerpo Místico y que quizá estén más cerca que la nuestra de su divino Corazón. No pocas veces nos acaece pasar largos años al lado de almas bellísimas sin que echemos de ver su hermosura”8. Miremos a nuestro alrededor y tratemos de ver a quienes cada día encontramos en la propia casa, en la oficina, en medio del tráfico de la ciudad, a quienes esperan su turno junto a nosotros en el dentista o en la farmacia. Examinemos junto a Jesús si los vemos con ojos amables y misericordiosos, como los mira Él.
III. Enseñaba San Francisco que “hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo”9. El Santo hubo de llevar muchas veces a la práctica este espíritu de comprensión con las personas que estaban en el error y de firmeza ante el error mismo, pues una buena parte de su vida estuvo dedicada a procurar que muchos calvinistas volvieran al catolicismo. Y esto en unos momentos en que las heridas de la separación eran particularmente profundas. Cuando, por indicación del Papa, fue a visitar a un famoso pensador calvinista ya octogenario, el Santo comenzó el coloquio con amabilidad y cordialidad, preguntando: “¿Se puede uno salvar en la Iglesia católica?”. Después de un tiempo de reflexión, el calvinista respondió afirmativamente. Aquello abrió una puerta que parecía definitivamente cerrada10.
La comprensión, virtud fundamental de la convivencia y del apostolado, nos inclina a vivir amablemente abiertos a los demás; a mirarlos con una mirada de simpatía que nos lleva a aceptar con optimismo la trama de virtudes y defectos que existen en la vida de todo hombre y de toda mujer. Es una mirada que alcanza las profundidades del corazón y sabe encontrar la parte de bondad que existe siempre en él. De la comprensión nace una comunidad de sentimientos y de vida. Por el contrario, de los juicios negativos, frecuentemente precipitados e injustos, se origina siempre la distancia y la separación.
El Señor, que conoce las raíces más profundas del actuar humano, comprende y perdona. Cuando se comprende a los demás es posible ayudarlos. La samaritana, el buen ladrón, la mujer adúltera, Pedro que reniega, Tomás Apóstol que no cree..., y tantos otros en aquellos tres años de vida pública y a lo largo de los siglos se sintieron comprendidos por el Señor y dejaron que la gracia de Dios les penetrara el alma. Una persona comprendida abre su corazón y se deja ayudar.
Casi al final de su vida, San Francisco escribía al Papa acerca de la misión que se le había encomendado: “Cuando llegamos a esta región, apenas si se podía encontrar un centenar de católicos. Hoy, apenas quedan un centenar de herejes”11. Nosotros le pedimos, en su festividad, que nos enseñe a vivir ese entramado de las virtudes de la convivencia, que sepamos ejercitarlas diariamente en las situaciones más comunes, y que sean una firme ayuda para el apostolado que, con la gracia de Dios, debemos llevar a cabo. Señor, Dios nuestro, Tú has querido que el Santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos12.
1 Misal Romano, Oración después de la comunión de la Misa del día — 2 Cfr. San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, III, 1. — 3 Santo Tomás, Suma Teológico, 2-2. q. 114, a. 1. — 4 San Francisco de Sales, o.c., III, 8. — 5 ídem. Conversaciones espirituales, 11, 2. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 230. — 7 Cfr. J. Corominas, Diccionario crítico etimológico, Gredos, Madrid 1987, voz Respeto. — 8 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, II, p. 734. — 9 San Francisco de Sales, Epistolario, fragm. 110, en Obras completas, BAC, Madrid 1954, vol. II, p. 744. — 10 Cfr. ídem, Meditaciones sobre la Iglesia, BAC, Madrid 1985, Introducción, p. 8. — 11 Cfr. ibídem, citado en Introducción, p. 10. — 12 Misal Romano, Oración colecta de la Misa del día.
* Nació en Saboya el año 1567. Una vez ordenado sacerdote, trabajó intensamente por la restauración católica de su patria. Nombrado Obispo de Ginebra, estuvo lleno de santo celo para sostener en la piedad y en la doctrina a sacerdotes y fieles. A ellos dedicó numerosos escritos. Falleció en Lyón el 28 de diciembre de 1622. Su fiesta se celebra el 24 de enero porque en este día, al año siguiente de su muerte, se trasladaron sus restos mortales a su sepultura definitiva en Annecy. Fue beatificado en el año 1661 y canonizado cuatro años más tarde. Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia y Pío XI lo proclamó Patrono de los periodistas y escritores católicos.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Virgen de la
Paz
Los orígenes de la imagen de la Virgen de la Paz se remontan
probablemente al
siglo VII, asociado con San Ildefonso de Toledo (606-667), un
arzobispo de
Toledo, España, destacado por su devoción a la Virgen María. La
tradición
relata que durante una noche de diciembre Ildefonso entró en la
Catedral de
Santa María de Toledo, impresionado por una gran iluminación
dentro del templo,
a lo que reporta ver a la Virgen sentada en la silla del
arzobispo, un acto que
fue interpretado como aprobación a las enseñanzas de Ildefonso.
San Ildefonso
murió el 23 de enero, y el 24 de enero se ha dedicado a recordar
el milagro.
También se cuenta que en el año 1085, durante la invasión
musulmana a España,
hubo una batalla en la que se disputaba la Catedral de Santa
María de Toledo.
Los atacantes se habían asentado en España, y planeaban
convertir la catedral
en una mezquita, en cuestión de un año los jefes musulmanes
cambiaron de
parecer y retornaron el templo a los cristianos. El incidente se
produjo
durante la víspera del 24 de enero, y los seguidores de la Santa
Virgen
aseguran que tenía que ver con la Virgen de la Paz, quien
milagrosamente había
actuado para salvaguardar la fe cristiana.
La zona donde ahora está erigido el monumento a la Virgen de la
Paz era habitada
por una sociedad aborigen conocida como Eskuke, lugar donde se
produjo una
sublevación indígena dirigida por el Cacique Pitijoc, de la
etnia
Kuikas—quienes, según la hipótesis Chibchano-Paezano, tenían una
misma raíz que
los Chibchas y Muiscas colombianos—en contra de los colonos
venidos de
España. El 9 de octubre de 1557 se fundó la ciudad de
Trujillo y se
instauró la fe de la Virgen de la Paz.
Monumento a la Virgen de la Paz en Trujillo (Venezuela)

El Monumento a la Virgen de la Paz es una colosal escultura conmemorativa de la Virgen María, realizada completamente en concreto, levantada a 11 km al suroeste de la ciudad de Trujillo, en Venezuela. Con 46,72 metros de altura, 16 metros de ancho, 18 de profundidad en la base y unas 1200 toneladas, es la escultura habitable más alta de América.
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San Francisco de
Sales
Obispo, patrono de los periodistas
(1567-1622)
Se dice que escribía de día hojas clandestinas y la metía por debajo de las puertas, de noche. Por esa razón, se ganó el premio "patrono de los periodistas".
Escribía como un ángel. De forma, que los franceses lo tienen entre sus clásicos de literatura.
Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales. Familia exquisita. Le llevan a estudiar a la universidad de París. Luego a Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais. Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le recibe con entusiasmo.
Hay un libro: "Introducción a la vida devota", cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquello tiempos. Un libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual.
"¿No es una barbaridad -decía él- querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?"
Hay una amistad que no se puede olvidar: la que mantuvo con Juana Chantal; con ella fundó la Orden de la Visitación.
Una virtud: la dulzura de este hombre, de quien dicen que en su juventud tenía tan mal genio.
Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio. Pero para demostrar que esta virtud no se consigue de la noche a la mañana, he aquí un detalle precisamente referida a nuestro santo.
Se cuenta que al hacerle al autopsia, le encontraron su hígado endurecido como un piedra. Esto se explica por la enorme violencia que tuvo que hacerse este hombre de fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y bondadoso en el trato.
Esa dulzura de la que hablamos antes, no le fue fácil conseguirla.
San Francisco de Sales escribió: "No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo"
Libros:
El arte de aprovechar nuestras faltas - San Francisco de …
INTRODUCCION VIDA DEVOTA --SAN FRANCISCO DE SALES
TRATADO DEL AMOR DE DIOS-SAN FRANCISCO DE SALES
En las fuentes de la alegría. Textos de san Francisco de …
El combate espiritual - P: Lorenzo Scupoli (libro de …
Conversaciones espirituales con San Francisco de Sales
San Francisco de Sales "a través del cristal"
El Año Litúrgico en compañía de San Francisco de Sales
10:02De acuerdo a
visions de San Francisco de
Sales
(el primer capítulo puede saltearse)
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #1
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #2
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #3
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #4
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #5
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA #6 FINAL
San Francisco de Sales, tras sus pasos
Lugares y mensaje de SAN FRANCISCO DE SALES
Vida de San Francisco de Sales
Acordaos a la Sma. Virgen María (en audio)
Biografía (Audio)
http://gloria.tv/?media=182760
http://gloria.tv/?media=182941
http://gloria.tv/?media=183393
http://gloria.tv/?media=183708
Versión descargable (advertencia, convicción radio tiene contenidos que no aceptan el Concilio Vaticano II):
San Francisco de Sales 1 de 16
San Francisco de Sales 2 de 16
San Francisco de Sales 3 de 16
San Francisco de Sales 4 de 16
San Francisco de Sales 5 de 16
San Francisco de Sales 6 de 16
San Francisco de Sales 7 de 16
San Francisco de Sales 8 de 16
San Francisco de Sales 9 de 16
San Francisco de Sales 10 de 16
San Francisco de Sales 11 de 16
San Francisco de Sales 12 de 16
San Francisco de Sales 13 de 16
San Francisco de Sales 14 de 16
San Francisco de Sales 15 de 16
San Francisco de Sales 16 de 16
Audio Libro: Introducción a la Vida Devota Parte I San …
Audio Libro: Introducción a la Vida Devota Parte II San …
Audio Libro: Introducción a la Vida Devota Parte III San …
Audio Libro: Introducción a la Vida Devota Parte IV San …
Audio Libro: Introducción a la Vida Devota Parte V San …
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 1.
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 2.
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 3.
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 4.
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 5.
SAN FRANCISCO DE SALES, (GUIA ESPIRITUAL) 6.
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Fuente:
Franciscanos.org
Paula Gambara Costa, Beata Terciaria Franciscana, 24 de
enero
Terciaria Franciscana Martirologio
Romano: En Binaco, cerca
de Milán, en la Lombardía (hoy Italia), beata Paula
Gambara Costa, viuda, que perteneció a la Tercera
Orden de San Francisco y se distinguió por la
paciencia con que soportó a su violento esposo hasta
lograr su conversión, así como por la caridad
exquisita que demostró hacia los pobres (1515).
Nace en Brescia (Italia), de la noble familia
de los Gambara, en la segunda mitad del siglo XV, y es
educada esmeradamente por sus padres, saliendo la joven
inclinada a la piedad y las buenas obras. |
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Fuente:
Santiebeati.it || EWTN.com
Vicente Lewoniuk y doce
compañeros,
Beatos Mártires, 24 de enero
Laicos Mártires Martirologio
Romano: En Pratulin, en la
región de Siedlce, en Polonia, beatos Vicente Lewoniuk
y doce compañeros, mártires, que por no haber cedido a
las amenazas y halagos de los que querían apartarlos
de la Iglesia católica, y por no haber querido
entregar las llaves de la parroquia, fueron heridos
mortalmente y asesinados.(1874)
El beato Vicente (Wincenty) Lewoniuk y sus 12
compañeros eran católicos de Rito Bizantino que viven en
Podlasie, la región oriental de la Polonia actual. En el
siglo XVIII después del reordenamiento fronterizo del
reino de Polonia-Lituania, esta área terminó siendo
parte del imperio ruso. Los 13 Mártires Vicente
(Wincenty) Lewoniuk,
nacido en Krzyczew (Polonia) en 1849, casado, de 25años.
Hombre piadoso y de buena reputación. Fue el primero en
dar la vida en defensa de la iglesia y por ello ocupa el
primer lugar del presente grupo. |
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Fuente:
libro RICORDATI, SIGNORE, DEI NOSTRI PADRI
Timoteo Giaccardo, Beato
Sacerdote,
24 de enero
Sacerdote Martirologio
Romano: En Roma, beato
Timoteo (José) Giaccardo, presbítero, que instruyó a
muchos discípulos en la Pía Sociedad de San Pablo,
para anunciar el Evangelio por medio de los
instrumentos de comunicación social (1948).
ORACIÓN |
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Fuente:
Dominicaspresentacion.com
Marie (María) Poussepin,
Beata
Fundadora, Enero 24
Virgen
y Fundadora del Martirologio
Romano: En el
lugar de Sainville, en la región de Chartres, en
Francia, beata María Poussepin, virgen, fundadora
del Instituto de las Hermanas Dominicas de la
Caridad y de la Presentación de la Santísima Virgen
María, para ayudar a los pastores de almas en la
formación de las jóvenes y para la asistencia de
pobres y enfermos. |
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J†A
JMJ
Pax
No enseñaba como los escribas, sino con autoridad
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo llegó Jesús a
Cafarnaún y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar a la
gente que
estaba admirada de su enseñanza, porque enseñaba con autoridad y
no como los
escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo,
que se puso a
gritar:
"¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has
venido a
destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios".
Jesús le ordenó:
"¡Cállate y sal de ese hombre!"
El Espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un
alarido, salió de él.
Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros:
"¿Qué es ésto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda
incluso a
los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!"
Y muy pronto se extendió su fama por toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
4o. Dom Ord Ciclo B
Antífona de Entrada
Sálvanos, Señor Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y, con el mismo
amor, amar a
nuestros prójimos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Les daré un profeta y pondré mis palabras en su boca
Lectura
del libro del Deuteronomio
18, 15-20
En
aquellos días, habló Moisés
al pueblo diciendo:
"El Señor tu Dios suscitará en medio de tus hermanos un profeta
como yo. A
él lo escucharán. Es lo que pediste al Señor tu Dios en el
Horeb:
"No quiero escuchar más la voz del Señor mi Dios, ni quiero
volver a ver aquel
gran fuego, para no morir".
El Señor me respondió:
"Dicen bien; yo suscitaré en medio de sus hermanos un profeta
como tú;
pondré mis palabras en su boca y él les dirá lo que yo le mande.
A quien no
escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo mismo le
pediré cuentas.
Pero el profeta que tenga el atrevimiento de anunciar en mi
nombre lo que yo no
le haya mandado decir o hable en nombre de otros dioses,
morirá"".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, cantemos alegres al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva; entremos en su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Señor, que no seamos
sordos a tu voz.
Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas que él apacienta.
Señor, que no seamos
sordos a tu voz.
¡Ojalá escuchen hoy su voz!: "No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando me tentaron sus antepasados, y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras".
Señor, que no seamos
sordos a tu voz.
Segunda Lectura
La mujer soltera se preocupa de las cosas del Señor
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
7, 32-35
Hermanos:
Quiero que estén
libres de preocupaciones. Y mientras el soltero está en
situación de
preocuparse de las cosas del Señor y de cómo agradar a Dios, el
casado debe
preocuparse de las cosas de esta vida y de cómo agradar a su
esposa, y por eso
está dividido.
En la misma forma, la mujer sin marido y la soltera están en
situación de
preocuparse de las cosas del Señor, consagrándose a él en cuerpo
y alma. La
casada, en cambio, se preocupa de las cosas de esta vida y de
cómo agradar a su
esposo.
Les digo esto no para ponerles una trampa, sino para su
provecho, teniendo en
cuenta lo que es noble y facilita la dedicación plena al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los
que vivían en
tierra de sombras una luz resplandeció.
Aleluya.
Evangelio
No enseñaba como los escribas, sino con autoridad
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo llegó Jesús a
Cafarnaún y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar a la
gente que
estaba admirada de su enseñanza, porque enseñaba con autoridad y
no como los
escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo,
que se puso a
gritar:
"¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has
venido a
destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios".
Jesús le ordenó:
"¡Cállate y sal de ese hombre!"
El Espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un
alarido, salió de él.
Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros:
"¿Qué es ésto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda
incluso a
los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!"
Y muy pronto se extendió su fama por toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos, hermanos y hermanas, con corazón unánime y plegaria
ferviente a
Dios Padre, fuente y origen de todo bien:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Por
la santa Iglesia, reunida
aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
nuestra comunidad, por su
prosperidad y por todos los que en ella viven, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
los que están de viaje, por
los enfermos y prisioneros, por los pobres y todos los que
sufren, roguemos al
Señor.
Escúchanos, Señor.
Por
nuestros hermanos difuntos,
para que Dios los reciba en su reino de luz y felicidad,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que en Cristo, tu Hijo, nos has dado el único
maestro de
sabiduría y el verdadero libertador de las fuerzas del mal;
escucha nuestras
oraciones y haznos fuertes en la confesión de la fe, para que
proclamemos
siempre, de palabra y de obra tu verdad y demos testimonio de
cómo son felices
cuantos en ti ponen su esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, estos dones que
te presentamos en señal de sumisión a ti, y conviértelos en el
sacramento de
nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El día del Señor
En
verdad es justo bendecirte y
darte gracias, Padre Santo, fuente de la verdad y de la vida,
porque nos has
convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la
comunión del pan
único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el
domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu
descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu
misericordia.
Con esta gozosa esperanza y unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos
unánimes el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que acabamos
de recibir,
nos ayude, Señor, a vivir más profundamente nuestra fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
_____________________________________________________________________
† Meditación diaria
Cuarto
Domingo
ciclo b
LA ESCLAVITUD DEL PECADO
— Cristo ha venido a librarnos del demonio y del pecado.
— La malicia del pecado.
— El carácter liberador de la Confesión. La lucha para evitar los pecados veniales.
I. El Evangelio de la Misa de este domingo1 nos habla de la curación de un endemoniado. La victoria sobre el espíritu inmundo –eso significa Belial o Belcebú, nombre que se asigna en la Escritura al demonio2– es una señal más de la llegada del Mesías, que viene a liberar a los hombres de su más temible esclavitud: la del demonio y el pecado.
Este hombre atormentado de Cafarnaún decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú, el Santo de Dios! Y Jesús le mandó con imperio: Calla, y sal de él. Y se quedaron todos estupefactos.
No se excluye –enseña Juan Pablo II– que en ciertos casos el espíritu maligno llegue incluso a ejercitar su influjo no solo sobre las cosas materiales, sino también sobre el cuerpo del hombre, por lo que se habla de «posesiones diabólicas»3. No resulta siempre fácil discernir lo que hay de preternatural en estos casos, ni la Iglesia condesciende o secunda fácilmente la tendencia a atribuir muchos hechos o intervenciones directas al demonio; pero en principio no se puede negar que, en su afán de dañar y conducir al mal, Satanás pueda llegar a esta extrema expresión de su superioridad4. La posesión diabólica aparece en el Evangelio acompañada ordinariamente de manifestaciones patológicas: epilepsia, mudez, sordera... Los posesos pierden frecuentemente el dominio sobre sí mismos, sobre sus gestos y palabras; en ocasiones son instrumentos del demonio. Por eso, estos milagros que realiza el Señor manifiestan la llegada del reino de Dios y la expulsión del diablo fuera de los dominios del reino: Ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera5. Cuando vuelven los setenta y dos discípulos, llenos de alegría por los resultados de su misión apostólica, le dicen a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Y el Maestro les contesta: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo6. Desde la llegada de Cristo el demonio se bate en retirada, aunque es mucho su poder y «su presencia se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios»7; mediante el pecado mortal muchos hombres quedan sujetos a la esclavitud del demonio8, se alejan del reino de Dios para penetrar en el reino de las tinieblas, del mal; en un grado u otro, se convierten en instrumento del mal en el mundo, y quedan sometidos a la peor de las esclavitudes. En verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado9. Y el dominio del diablo puede adoptar otras formas de apariencia más normal, menos llamativa.
Debemos permanecer vigilantes, para discernir y rechazar las insidias del tentador, que no se concede pausa en su afán de dañarnos, ya que, tras el pecado original, hemos quedado sujetos a las pasiones y expuestos al asalto de la concupiscencia y del demonio: fuimos vendidos como esclavos al pecado10. «Toda la vida humana, individual y colectiva, se presenta como lucha –lucha dramática– entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Es más: el hombre se siente incapaz de someter con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas»11. Por eso, hemos de dar todo su sentido a la última de las peticiones que Cristo nos enseñó en el Padrenuestro: líbranos del mal, manteniendo a raya la concupiscencia y combatiendo, con la ayuda de Dios, la influencia del demonio, siempre al acecho, que inclina al pecado.
Además del hecho histórico concreto que nos muestra el Evangelio, con la luz de la fe podemos ver en este poseso a todo pecador que quiere convertirse a Dios, librándose de Satanás y del pecado, pues Jesús no ha venido a liberarnos «de los pueblos dominadores, sino del demonio; no de la cautividad del cuerpo, sino de la malicia del alma»12.
«Líbranos, oh Señor, del Mal, del Maligno; no nos dejes caer en la tentación. Haz, por tu infinita misericordia, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo»13.
II. La experiencia de la ofensa a Dios es una realidad. Y con facilidad el cristiano descubre esa huella profunda de mal y ve un mundo esclavizado por el pecado14. La Iglesia nos enseña que existen pecados mortales por naturaleza –que causan la muerte espiritual, la pérdida de la vida sobrenatural–, mientras otros son veniales, los cuales, aunque no se oponen radicalmente a Dios, obstaculizan el ejercicio de las virtudes sobrenaturales y disponen para caer en pecados graves.
San Pablo nos recuerda que fuimos rescatados a un precio muy alto15 y nos exhorta con firmeza a no volver de nuevo a la esclavitud; hemos de ser sinceros con nosotros mismos, para evitar reincidir, avivando en nuestras almas el afán de santidad. «El primer requisito para desterrar ese mal (...), es procurar conducirse con la disposición clara, habitual y actual, de aversión al pecado. Reciamente, con sinceridad, hemos de sentir –en el corazón y en la cabeza– horror al pecado grave. Y también ha de ser nuestra la actitud, hondamente arraigada, de abominar del pecado venial deliberado, de esas claudicaciones que no nos privan de la gracia divina, pero debilitan los cauces por los que nos llega»16.
El pecado mortal es la peor desgracia que le puede suceder a un cristiano. Cuando este se mueve por el amor, todo sirve a la gloria de Dios y para servicio de sus hermanos los hombres, y las mismas realidades terrenas son santificadas: el hogar, la profesión, el deporte, la política... Por el contrario, cuando se deja seducir por el demonio, su pecado introduce en el mundo un principio de desorden radical, que lo aleja de su Creador y es causa de todos los horrores que en él se encuentran. Pidamos al Señor esa pureza de conciencia que nos lleve a no cohonestar, a no acostumbrarnos, a abominar de toda ofensa a Dios; hemos de hacer nuestro aquel lamento –de fuerte sentido de desagravio– del profeta Jeremías: Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos sobremanera, dice Yahvé. Un doble crimen ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, fuente de agua viva, para excavarse cisternas agrietadas incapaces de retener el agua17. Aquí reside la maldad del pecado: en que los hombres, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, sino que se envanecieron con sus razonamientos y quedó su insensato corazón lleno de tinieblas..., dando culto y sirviendo a las criaturas en lugar de adorar al Creador18.
El pecado, un solo pecado, ejerce, de una forma a veces oculta y otras visible y palpable, una misteriosa influencia sobre la familia, los amigos, la Iglesia y sobre la entera humanidad. Si un sarmiento enferma, todo el organismo se resiente; si un sarmiento queda estéril, la vid no produce ya el fruto que de ella se esperaba; es más, otros sarmientos pueden también enfermar y morir.
Renovemos hoy el firme propósito de alejarnos de todo aquello (espectáculos, lecturas inconvenientes, ambientes donde desentona la presencia de un hombre, de una mujer que sigue a Cristo...) que pueda ser ocasión de ofender a Dios. Amemos mucho el sacramento de la Penitencia y enseñemos a amarlo con una profunda catequesis sobre este sacramento, y meditemos con frecuencia la Pasión del Señor para entender más la malicia del pecado. Pidamos al Señor que sea una realidad en nuestras vidas esa sentencia popular llena de sentido: «antes morir que pecar».
III. Si nos percatamos –nunca penetraremos bastante en la realidad del mysterium iniquitatis que es el pecado– de la malicia de la ofensa a Dios, nunca plantearemos la lucha en la frontera de lo grave y lo leve, pues el pecado mayor está en «despreciar la pelea en esas escaramuzas, que calan poco a poco en el alma, hasta volverla blanda, quebradiza e indiferente, insensible a las voces de Dios»19. Los pecados veniales realizan este funesto efecto en las almas que no luchan con firmeza para evitarlos, y constituyen un excelente aliado del demonio, empeñado en dañar. Sin matar la vida de la gracia, la debilitan, hacen más difícil el ejercicio de las virtudes y apenas se oyen las insinuaciones del Espíritu Santo y, si no se reacciona con energía, disponen para faltas y pecados graves. «¡Qué pena me das mientras no sientas dolor de tus pecados veniales! —Porque, hasta entonces, no habrás comenzado a tener verdadera vida interior»20. Pidamos al Señor su luz, su amor, su fuego que nos purifique, para no empequeñecer nunca la grandeza de nuestra vocación, para no quedar atrapados en la mediocridad espiritual a la que lleva la lucha lánguida, floja, ante las faltas veniales.
Para luchar contra los pecados veniales el cristiano ha de darles la importancia que tienen: son los causantes de la mediocridad espiritual, de la tibieza, y los que hacen realmente dificultoso el camino de la vida interior. Los santos han recomendado siempre la Confesión frecuente, sincera y contrita como medio eficaz contra estas faltas y pecados, y camino seguro para ir adelante. «Ten siempre verdadero dolor de los pecados que confiesas, por leves que sean –aconsejaba San Francisco de Sales–, y haz firme propósito de la enmienda para en adelante. Muchos hay que pierden grandes bienes y mucho aprovechamiento espiritual porque, confesándose de los pecados veniales como por costumbre y cumplimiento, sin pensar enmendarse, permanecen toda la vida cargados de ellos»21.
Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestros corazones22, nos exhorta el Salmo responsorial de la Misa. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a tener un corazón cada vez más limpio y más fuerte, capaz de rechazar todo lazo que oprima y de abrirse a Dios, como Él espera de cada cristiano.
1 Mc 1, 21-28. — 2 Cfr. Mc 5, 2-9. — 3 Cfr. Juan Pablo II, Audiencia general, 13-VIII-1986. — 4 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit. — 5 Jn 12, 31. — 6 Lc 10, 17-18. — 7 Juan Pablo II, loc. cit. — 8 Cfr. Conc. de Trento, Sesión XIV, cap. 1. — 9 Jn 8, 34. — 10 Cfr. Rom 8, 14. — 11 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 13. — 12 San Agustín, Sermón 48. — 13 Juan Pablo II, loc. cit. — 14 Cfr. Conc. Vat. II, loc. cit., 2. — 15 Cfr. 1 Cor 7, 23. — 16 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 243. — 17 Jer 2, 12-13. — 18 Rom 1, 21-25. — 19 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 77. — 20 ídem, Camino, n. 330. — 21 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, II, 19. — 22 Salmo responsorial, Sal 94, 1-2; 6-7; 8-9.
_____________________________________________________________________
† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Juan
Bosco
Presbítero (1815-1888)
Era natural de la aldea de
los Becchi, a 25 kilómetros
de Turín. En esta historia no puede faltar la figura de la
madre, Margarita,
mujer incomparable, que educó a sus hijos en la pobreza y
fortaleza del más
alto nivel.
Cuando era jovencito, Juan iba con su madre al mercado a vender los productos del campo. Era un mozarrón despierto y vigoroso que aún no sabía leer.
En esto, se le ocurre ser sacerdote. Y para iniciar sus experiencias, atrae los domingos a la gente junto a su casa, en un predio donde crecían dos perales. Allí hace de saltimbanqui y prestidigitador. Así entretiene santamente a todos los convecinos.
Empieza a estudiar en una escuela pública, a 5 kilómetros de su pueblo. Luego entra a estudiar en el liceo de Chieri. Para pagar sus estudios trabaja en toda clase de oficios. Por fin, a sus 26 años celebra la primera misa en Turín. Lo primero que hace es recoger chiquillos de la calle. Le siguen como si fuera un titiritero. Para eso funda los Oratorios de San Francisco de Sales. Más tarde, para atender a esa gente pequeña, funda la Congregación de los Padres Salecianos, que se extiende pronto por toda Italia, Francia y España. Es el educador de los tiempos modernos; se hace periodista, predica, confiesa, escribe y propaga la devoción a María Auxiliadora, publica libros de ciencia y religión. Es el auténtico tipo de audaz soldado de Cristo.
En la Italia del siglo pasado, uno de los divertimentos más esperados de los pobres era los que traían los titiriteros.
Hubo cierta "troupe" que, a
sabiendas,
representaba sus obras a la hora de la misa y, claro, las
gentes, en especial
los niños, se "salteaban" la misa.
Pero había un niño, Juan Bosco, que se decidió a hacer algo para que los niños volvieran a la misa.
Se las arregló para aprender trucos de prestidigitación, malabarismos y otras habilidades por el estilo. Para eso, observó mucho, entrenó más y se ejercitó con los amigos.
Más tarde llegó a desafiar a los titiriteros y malabaristas, les ganó las apuestas y se tuvieron que ir de allí humillados.
Juan se hizo dueño del domingo, de los compañeros y amigos. Comenzó de niño los domingos y acabó moviendo masas de jóvenes, organizando su tiempo libre, montando talleres y escuelas profesionales...
Se inventó el sistema de "educar jugando y aprender gozando".
Su espíritu de saltimbanqui le daba agilidad al cuerpo y ponía alas a su vocación de educador.
Les decía a los niños: "Haremos muchos juegos y entretenimientos sin que tengan que pagar nada, pero con una condición: que vengan después todos conmigo a la iglesia".

![]()
Vida de Don Bosco en historieta:
http://gloria.tv/?media=131599
04:01
UN HOMBRE UN SANTO-DIBUJOS DON BOSCO
Sueños y visiones de Don Bosco
Bajar el documento "1000 máximas de Don Bosco"
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Vatican.va
Candelaria de San José,
Beata
Fundadora, Enero 31
Fundadora
de las Susana Paz Castillo Ramírez, tercera hija del
matrimonio de Francisco de Paula Paz Castillo y María
del Rosario Ramírez, nació en Altagracia de Orituco
(Estado Guárico, Venezuela), el 11 de agosto de 1863. |
J†A
JMJ
Pax
Curó a muchos enfermos de diversos males
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a
casa de Simón
y de Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo
dijeron a
Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le
quitó la fiebre y
se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron todos los
enfermos y
endemoniados.
La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a
muchos de
diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los
dejaba hablar,
pues sabían quién era.
Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue
a un lugar
solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron
en su busca.
Cuando lo encontraron, le dijeron:
"Todos te buscan".
Jesús les contestó:
"Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar
también allí,
pues para esto he venido".
Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea,
expulsando los
demonios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVd HYPERLINK "http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs"XAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Catecismo 2181: La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio (cf CIC can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave.”
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
5o. Dom Ord Ciclo B
Antífona de Entrada
Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y
defiéndela
siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Se me han asignado noches de dolor
Lectura del libro de Job 7, 1-4.6-7
En aquel
día, Job tomó la palabra y dijo:
"La vida del hombre sobre la tierra es como vida de soldado, y
sus días,
como los de un jornalero; como esclavo, suspira por la sombra,
como jornalero,
espera su salario. Meses de desengaño me han llegado, y noches
de sufrimiento
me han tocado. Al acostarme digo: "¿Cuándo será de día?". La
noche se
me hace interminable y las pesadillas no me abandonan hasta el
amanecer.
Mis días corren más rápido que la aguja, se han acabado al
terminarse el hilo.
Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver
la
felicidad".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 146, 1-2.3-4.5-6
Alabemos al Señor, nuestro Dios.
¡Qué bueno
es cantar a nuestro Dios, qué agradable y hermoso es alabarlo!
El Señor
reconstruye Jerusalén, congrega a los dispersos de Israel.
Alabemos al Señor,
nuestro Dios.
El sana a
los que tienen quebrantado el corazón y venda sus heridas;
cuenta el número de
las estrellas y llama a cada una por su nombre.
Alabemos al Señor,
nuestro Dios.
Grande y
omnipotente es nuestro Señor, su sabiduría no tiene límite. El
Señor engrandece
a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados.
Alabemos al Señor,
nuestro Dios.
Segunda Lectura
¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19.22-23
Hermanos:
Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una
obligación que
tengo, ¡y pobre de mí si no anunciara el Evangelio! Merecería
recompensa si
hiciera esto por propia iniciativa, pero si cumplo con una
misión que otro me
ha confiado ¿dónde está mi recompensa? Está en que, anunciando
el Evangelio, lo
hago gratuitamente, no haciendo valer mis derechos por la
evangelización.
Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles. He
tratado de
adaptarme lo más posible a todos, para salvar como sea a
algunos. Y todo esto
lo hago por el Evangelio, del cual espero participar.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros
dolores.
Aleluya.
Evangelio
Curó a muchos enfermos de diversos males
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a
casa de Simón
y de Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo
dijeron a
Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le
quitó la fiebre y
se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron todos los
enfermos y
endemoniados.
La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a
muchos de
diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los
dejaba hablar,
pues sabían quién era.
Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue
a un lugar
solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron
en su busca.
Cuando lo encontraron, le dijeron:
"Todos te buscan".
Jesús les contestó:
"Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar
también allí,
pues para esto he venido".
Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea,
expulsando los
demonios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Padre del Unigénito, al Hijo del
Dios eterno y
al Espíritu, fuente de todo bien:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos, Señor).
Para la
Iglesia inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo el
mundo, pidamos la
plena riqueza del amor de Dios, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para los
que gobiernan los pueblos y tienen en sus manos el destino de
los hombres,
pidamos el espíritu de justicia y el deseo de servir con
dedicación a sus
ciudadanos, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Por los
débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren
persecución, oremos a
Jesús, el Salvador, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para
nosotros mismos, pidamos al Señor un temor filial, un amor
ferviente, una vida
feliz y una santa muerte, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que nos has manifestado tu amor por medio de tu
Hijo, que soportó
nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores, escucha las
oraciones de tu
pueblo y haz que, siguiendo el ejemplo de Cristo, compartamos
los sufrimientos
de nuestros hermanos y animemos a los que sufren iluminándolos
con la luz de la
esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, estos dones que te presentamos en señal de sumisión a ti,
y conviértelos
en el sacramento de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El día del Señor
En verdad
es justo bendecirte y darte gracias, Padre Santo, fuente de la
verdad y de la
vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la
comunión del pan
único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el
domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu
descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu
misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
Antífona de la Comunión
Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor Dios, que has querido hacernos partícipes de un mismo pan
y de un mismo
cáliz, concédenos vivir tan unidos en Cristo que fructifiquemos
con gozo para
la salvación del mundo.
El, que vive y reina por lo siglos de los siglos.
Amén.
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† Meditación diaria
Quinto Domingo
ciclo b
DIFUNDIR LA VERDAD
— Urgencia y responsabilidad de llevar la doctrina del Señor a todos los ambientes.
— El apostolado y el proselitismo nacen del convencimiento de poseer la verdad, la única verdad salvadora. Cuando se pierde ese convencimiento no se encuentra sentido a la difusión de la fe.
— Fidelidad a la doctrina que se ha de transmitir.
I. Como en tantas ocasiones, Jesús se levantó de madrugada y se retiró fuera de la ciudad, para orar. Allí le encontraron los Apóstoles, y le dijeron: Todo el mundo te busca. Y el Señor les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido1.
La misión de Cristo es la de evangelizar, llevar la Buena Nueva hasta el último rincón de la tierra, a través de los Apóstoles2 y de los cristianos de todos los tiempos. Esta es la misión de la Iglesia, que cumple así el mandato del Señor: Id y predicad a todas las gentes..., enseñándoles a cumplir todo cuanto os he mandado3. Los Hechos de los Apóstoles narran muchos pormenores de aquella primera evangelización; el mismo día de Pentecostés, San Pedro predica la divinidad de Jesucristo, su Muerte redentora y su Resurrección gloriosa4. San Pablo, citando al Profeta Isaías, exclama con entusiasmo: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Nueva!5. Y la Segunda lectura de la Misa nos habla de la responsabilidad de este anuncio gozoso de la verdad que salva: Porque si yo evangelizo, no es para mí motivo de gloria, porque es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!6.
Con estas mismas palabras de San Pablo, la Iglesia ha recordado con frecuencia a los fieles la llamada que el Señor les hace para llevar la doctrina de Cristo a todas partes, aprovechando cualquier ocasión7.
San Juan Crisóstomo salía al paso de las posibles disculpas ante esta gratísima obligación: “Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe por la salvación de los demás (...). No digas: no puedo ayudarles, pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. Las propiedades de las cosas naturales no se pueden negar: lo mismo sucede con esto que afirmamos, pues está en la naturaleza del cristiano obrar de esta forma (...). Es más fácil que el sol no luzca ni caliente que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas. No digas que es una cosa imposible; lo imposible es lo contrario (...). Si ordenamos bien nuestra conducta, todo lo demás seguirá como consecuencia natural. No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara que brilla tanto”8.
Preguntémonos si en nuestro ambiente, en el lugar donde vivimos y donde trabajamos, somos verdaderos transmisores de la fe, si acercamos a nuestros amigos a una mayor frecuencia de sacramentos. Examinemos si nos urge el apostolado como exigencia de nuestra vocación, si sentimos la misma responsabilidad de aquellos primeros, pues la necesidad no es hoy menor..., es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!
II. El apostolado y el proselitismo que atraen a la fe o a una mayor entrega a Dios nacen del convencimiento de poseer la Verdad y el Amor, la verdad salvadora, el único amor que colma las ansias del corazón, siempre insatisfecho. Cuando se pierde esta certeza no se encuentra sentido a la difusión de la fe. Entonces, incluso en ambientes cristianos, se llega a pensar que no se puede influir para que los no cristianos –por ejemplo, ante las leyes en favor del divorcio y del aborto– apoyen una ley recta, según el querer divino. También pierde sentido el llevar la doctrina de Cristo a otras regiones donde todavía no ha llegado o no está hondamente arraigada la fe; en todo caso, la misión apostólica se convierte en una mera acción social en favor de la promoción de esos pueblos, olvidando el tesoro más rico que podrían darles: la fe en Jesucristo, la vida de la gracia... Son cristianos en los que la fe se ha debilitado y han olvidado, quizá, que la verdad es una, que hace más humanos a los hombres y a los pueblos, y abre el camino del Cielo.
Es importante que la fe lleve a plantearse acciones sociales, pero “el mundo no puede contentarse simplemente con reformadores sociales. Tiene necesidad de santos. La santidad no es un privilegio de pocos; es un don ofrecido a todos... Dudar de esto significa no acabar de entender las intenciones de Cristo”9, omitir la esencia de su mensaje.
La fe es la verdad, e ilumina nuestra razón, la preserva de errores, y sana las heridas y la facilidad que nos dejó el pecado original para desviarnos del camino. De aquí proviene la seguridad del cristiano, no solo en lo que se refiere estrictamente a la fe, sino a todas aquellas cuestiones que están conexas con ella: el origen del mundo y de la vida, la dignidad intocable de la persona humana, la importancia de la familia... La fe es luz que ilumina el caminar del hombre. Esto nos lleva –enseña Pablo VI– a tener “una actitud dogmática, sí, que quiere decir que está fundada no en ciencia propia, sino en la Palabra de Dios (...). Actitud que no nos ensoberbece, como poseedores afortunados y exclusivos de la verdad, sino que nos hace fuertes y valientes para defenderla, amorosos para difundirla. Nos lo recuerda San Agustín: sine superbia de veritate praesumite, sin soberbia estad orgullosos de la verdad”10.
Es un inmenso don haber recibido la fe verdadera, pero a la vez una gran responsabilidad. La vibración apostólica del cristiano que es consciente del tesoro recibido no es fanatismo: es amor a la verdad, manifestación de fe viva, coherencia entre el pensamiento y la vida. Proselitismo, en el sentido noble y verdadero de la palabra, no es de ninguna manera atraer a las almas con engaños o violencia, sino el esfuerzo apostólico por dar a conocer a Cristo y su llamada a todo hombre, querer que las almas conozcan la riqueza que Dios ha revelado y se salven, que reciban la vocación a una entrega plena a Dios, si esta es la voluntad divina. Este proselitismo es una de las tareas más nobles que el Señor nos ha encomendado.
III. En este empeño por difundir la fe, siempre con respeto y aprecio por las personas, no cabe transmitir medias verdades por temor a que la plenitud de la verdad y las exigencias de una auténtica vida cristiana puedan chocar con el pensamiento de moda y con el aburguesamiento de muchos. La verdad no tiene términos medios, y el amor sacrificado no admite rebajas ni puede ser objeto de compromisos. Condición de todo apostolado es la fidelidad a la doctrina, aunque esta se presente difícil de cumplir en algunos casos, e incluso exija un comportamiento heroico, o al menos lleno de fortaleza. No se pueden omitir temas como la generosidad al poner los medios para tener una familia numerosa, exigencias de la justicia social, entrega plena a Dios cuando Él llama a seguirle... No se puede pretender agradar a todos disminuyendo, según conveniencias humanas, las exigencias del Evangelio: Hablamos -escribía San Pablo a los tesalonicenses-, no como quien busca agradar a los hombres, sino solo a Dios11. No es buen camino pretender hacer fácil el Evangelio, silenciando o rebajando los misterios que se han de creer y las normas de conducta que han de vivirse. Nadie ha predicado ni predicará el Evangelio con mayor credibilidad, energía y atractivo que Jesucristo, y hubo quienes no le siguieron fielmente. Tampoco podemos olvidar que, hoy como siempre, predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, pero poder de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos12. Sin embargo, nos debemos esforzar siempre en adaptarnos a la capacidad y circunstancias de quien pretendemos llevar hasta el Señor, como Él nos enseña a lo largo del Evangelio, que hizo asequible a todos.
La fidelidad a Cristo nos lleva a transmitir fiel y eficazmente lo que hemos recibido. Ahora, igual que en tiempos de los primeros cristianos, cuando comenzaba la primera evangelización de Europa y del mundo, debemos anunciar a nuestros amigos y conocidos, a los colegas... la Buena Nueva de la misericordia divina, la alegría de seguir muy de cerca a Cristo en medio de nuestros quehaceres. Y ese anuncio comporta la necesidad de cambiar de vida, de hacer penitencia, de renunciar a sí mismos, de estar desprendidos de los bienes materiales, de ser castos, de buscar con humildad el perdón divino, de corresponder a lo que Él quiere de cada uno de nosotros desde la eternidad.
El afán de que muchos sigan a Cristo debe empujarnos a vivir mejor la caridad con todos, a poner más medios para acercarlos antes al Señor, que los espera: ¡la caridad de Cristo nos urge!13. Este fue el motor de la incansable actividad apostólica de San Pablo, y será también lo que nos impulse a nosotros; el amor al Señor nos llevará a sentir la urgencia apostólica y a no desaprovechar ninguna ocasión que se nos presente. Es más, en muchas circunstancias seremos nosotros quienes provocaremos esas oportunidades, que de otra forma nunca tendrían lugar.
Todo el mundo te busca... El mundo tiene hambre y sed de Dios. Por eso, junto a la caridad, la esperanza. Nuestros amigos y conocidos, incluso los más alejados, también tienen necesidad y deseos de Dios, aunque muchas veces no los manifiesten. Y, sobre todo, el Señor los busca a ellos.
Pidamos a la Santísima Virgen el afán apostólico y proselitista que tuvieron los Apóstoles y los primeros cristianos.
1 Mc 1, 29-39. — 2 Mc 3, 14. — 3 Mt 18, 19-20. — 4 Cfr. Hech 2, 38.— 5 Rom 10 15; Is 52, 7. — 6 1 Cor 9, 16. — 7 Cfr. Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 6. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 20. — 9 Juan Pablo II, Discurso a los educadores católicos 12-lX-1987. — 10 Pablo VI, Alocución 4-VIII-1965. — 11 1 Tes 2, 3-4. — 12 1 Cor 1, 23-24. — 13 2 Cor 5, 14.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Tobías
(año 700 a.
C.)
Tobías significa: "Dios es
bueno".
Uno de los libros más agradables de la Sagrada Escritura es el de Tobías. Si abrimos nuestra Biblia, allá donde el índice nos dice que está el Libro de Tobías y nos dedicamos a leerlo, pasaremos ratos verdaderamente agradables en esta lectura. Allí se cuenta lo siguiente:
Tobías fue siempre un exacto cumplidor de sus deberes religiosos. Siendo todavía muy joven, cuando sus familiares se apartaron de la verdadera religión y empezaron a adorar al becerro de oro, él en cambio nunca quiso adorar ese ídolo y era el único que en su familia iba en las grandes fiestas a Jerusalén a adorar al verdadero Dios. Y siempre daba la décima parte de lo que ganaba para el templo y para los pobres.
Se casó con una mujer de su propia religión, llamada Ana, y tuvo un hijo al cual le puso también el nombre de Tobías.
Cuando el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Nínive, Tobías tuvo que ir también allá en destierro, pero allá le concedió Dios la simpatía de los gobernantes y llegó a ocupar un alto puesto en la administración del gobierno. Aprovechó el buen sueldo que tenía para hacer sus buenos ahorros y prestó a un amigo suyo, que vivía en una ciudad lejana, los dineros que había logrado conseguir.
Después hubo cambio de gobierno y el nuevo rey, llamado Senaquerib, atacó a Jerusalén, pero por milagro de Dios no pudo tomarla, y volvió lleno de rabia a Nínive y empezó a perseguir a los israelitas que allí había. Quitó el cargo a Tobías y éste quedó en pobreza.
El rey hizo morir a muchos israelitas y prohibió que los sepultaran, pues quería que los dejaran en los campos para que los devoraran los cuervos. Pero Tobías, que era muy piadoso y muy caritativo, se dedicó de noche a sepultar los cadáveres de sus paisanos. Y un día volvió a casa muy cansado de estos trabajos y se sentó junto a una pared y se quedó dormido. Y arriba había un nido de golondrinas y de allá le cayó estiércol caliente en los ojos y quedó ciego. Y así estuvo por 4 años.
Como Tobías estaba ciego, su esposa tuvo que emplearse en una fábrica de tejidos, para ganar el sustento. Y un día a ella le regalaron un cabrito. Tobías al oír balar al animalito le dijo a la mujer: "Cuidado, no sea que te hayas robado ese cabrito. Si es ajeno hay que devolverlo, porque preferimos ser totalmente pobres a tener que quitar a alguien nada". La esposa al oírle esto lo insultó y le dijo: "¿De qué le han servido tantas limosnas que regalaba y tantas oraciones que rezaba? Mire a qué estado tan desdichado ha llegado".
Tobías, lleno de tristeza ante estas palabras, se retiró a llorar y rezaba diciendo: "Dios mío, todos estos sufrimientos nos llegan por los pecados que hemos cometido. Señor, apiádate de mí, y si he de seguir sufriendo tantas humillaciones, más bien acuérdate de mí, y llévame hacia Ti".
Mientras tanto, allá, en una ciudad lejana, una joven estaba también siendo humillada terriblemente. Se llamaba Sara. Se había casado siete veces, pero cada vez que se casaba, antes de que su esposo se le acercara llegaba el demonio Asmodeo y mataba al hombre. Y un día Sara regañó justamente a una sirvienta, y ésta, para desquitarse, le dijo: "Que nadie vea hijos tuyos, porque eres una asesina de siete maridos". Al oír semejante infamia, la joven Sara se fue a la azotea a llorar y hasta le llegó el deseo de suicidarse, pero rechazó este mal pensamiento porque aquello traería muchos sufrimientos a sus padres. Entonces oró a Dios diciendo: "Señor, tú sabes que yo he hecho siempre lo mejor posible por tener un buen comportamiento. Oh Señor, si he de seguir escuchando semejantes insultos de la gente, prefiero más bien que me lleves a Ti y me saques de esta vida. Pero si crees que lo mejor es que yo siga viviendo en esta tierra, te suplico que me libres de esta pena tan grande".
Y las dos oraciones llegaron al mismo tiempo al cielo. La de Tobías, que había sido humillado, y la de Sara, que había sido insultada. Y Dios dispuso responder a estas dos plegarias enviándoles un ángel a ayudarlos.
En aquel tiempo se acordó Tobías de que el amigo Gabael que vivía en una ciudad lejana le debía dinero que él le había prestado. Y llamó a su hijo Tobías y le dijo: "Vaya a la plaza y busque un buen hombre que lo quiera acompañar durante el largo y peligroso viaje, y dígale que le pagaremos el sueldo debido durante todo el tiempo que dure el viaje".
Y entonces envió Dios al ángel San Rafael disfrazado de hombre, el cual se le ofreció a Tobías para acompañarlo en el largo recorrido. Tobías padre lo aceptó porque parecía ser muy buena persona.
Antes de que su hijo se despidiera para partir, Tobías le dio estos consejos: "Tu mejor tesoro será siempre tener temor de ofender a Dios, y alejarte de todo pecado. Te conviene pedir siempre consejo a los que son prudentes y bien instruidos. Debes bendecir a Dios en toda circunstancia. Pídele que sean buenos todos tus comportamientos y que lleguen a buen fin tus proyectos. Te aconsejo que compartas tus alimentos con los hambrientos y tus comodidades con los que no las tienen. Todo cuanto no necesites debes darlo a los pobres. No hagas nunca a nadie lo que no quieres que te hagan a ti. Jamás se te vaya a ocurrir casarte con una mujer que no sea de nuestra santa religión. No pierdas el tiempo, porque la ociosidad es la madre de la miseria. Haz limosnas con generosidad, pero con alegría y sin echar en cara lo que regalas. Recuerda que el dar limosna libra de muchos males. Trata siempre con mucho cariño a tu madre. Recuerda lo mucho que ella ha sufrido por ti. Recuerda que si te esfuerzas por pórtate bien, el Señor Dios te concederá muchos éxitos".
Bendecido por su padre emprendió Tobías a la lejana ciudad de Ragués, acompañado por el ángel Rafael. La mamá lloraba mucho y estaba desconsolada, pero Tobías le decía: "No te afanes tanto, que Dios, que nos ama y nos protege, hará que nuestro hijo logre ir y volver sin que le suceda nada malo".
Y al llegar al río Tigris, Tobías entró al agua, pero un enorme pez se le lanzó a morderlo. El ángel le gritó: "Agarre fuerte al pez y láncelo fuera". Así lo hizo. Y en seguida Rafael le dijo: "Ábralo y sáquele la hiel, y el corazón, que nos van a ser muy útiles". Tobías sacó la hiel y el corazón del pez y los envolvió y los guardó.
Al llegar a la ciudad de Ecbatana, se hospedaron en casa del israelita Raguel, padre de Sara, la joven que había orado con tanta tristeza. Tobías se enamoró de Sara, pero Raguel le contó que el demonio había matado a los otros siete que habían tratado de casarse con ella. Rafael le dijo a Tobías que podía casarse tranquilamente, pues él alejaría al demonio Asmodeo. Se celebraron las bodas muy festivamente y Tobías y Sara rezaron con mucha fe pidiendo a Dios que bendijera su matrimonio. Tobías dijo: "Señor: tú sabes que no me caso por satisfacer mis pasiones, sino por formar un hogar donde se honre al verdadero Dios y se practique la verdadera religión". Y Sara también rezó encomendando a Dios su nuevo hogar. Y el ángel Rafael ató al demonio Asmodeo y lo llevó a un desierto y no permitió que les hiciera daño a los esposos.
Mientras en la familia se celebraban fiestas en honor de los desposados, el ángel Rafael fue hasta donde vivía Gabael y presentándole el recibo de Tobías, cobró el dinero que le debía y lo trajo. Y con este dinero y con toda la herencia que los papás de Sara le dieron a su hija se dispusieron a regresar a Nínive.
Tobías y su esposa Sara volvieron a Nínive, donde los ancianos padres estaban ya muy angustiados por su ausencia. El ángel le dijo: "Tan pronto te encuentres con tu padre, refriégale en los ojos la hiel del pescado". Así lo hizo el joven, y apenas su padre lo abrazó, el le refregó por los ojos la hiel, y se le cayeron unas escamas y recobró la vista y empezó a bendecir a Dios delante de todos.
Tobías le dijo a su hijo: ¿qué le daremos a este compañero tan bueno que tantos favores nos ha hecho? Démosle la mitad de todo lo que hemos conseguido. Pero el ángel les dijo: "Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre delante de Dios. El Señor me envió a ayudarlos, porque El ha escuchado todas las oraciones que ustedes le han dirigido. Porque eras aceptable a Dios por eso te permitió sufrimientos para que consiguieras mayores premios. Pero cuando ustedes rezaban angustiados, yo llevaba sus oraciones ante el Trono de Dios".
Y continuo diciendo: "No sientan nunca vergüenza de contar a todos los favores que Dios les ha hecho. Recuerden que la limosna borra muchos pecados. La oración y el hacer sacrificios hacen inmenso bien. Los que se dedican a pecar son enemigos de la propia felicidad. Pero los que se dedican a repartir limosnas consiguen muchos favores de Dios".
Ellos se arrodillaron para venerar al ángel, y éste desapareció.
Y así la familia de Tobías gozó en adelante de mucha paz y felicidad porque Dios los bendecía mucho y los ayudaba siempre, y ellos siguieron todos siendo fieles a la santa y verdadera religión.
Familias como ésta, sí en verdad merecen ser imitadas por todas nuestras familias.
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Teodoro de Heraclea,
Mártir Mártir,
7 de febrero
Mártir
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Lucas el Joven, San Ermita, 7 de febrero
|
Ermita
Etimológicamente significa “ luminoso”. Viene
del griego y latín. |
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Nivardo y Hermanos Monje del siglo XII, 7 de febrero
Monje
del siglo XII
Etimológicamente significa “relativo a la
nieve” o “Nirvana” (Tenerife). Viene de la lengua
latina. |
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Fuente:
Vatican.va
Rosalía Rendu, Beata
Virgen, 7 de
febrero
Hija de la Caridad Martirologio
Romano: En la ciudad de
París, en Francia, beata Rosalía (Juana María) Rendu,
virgen de la Hijas de la Caridad, que trabajó
incansablemente en una vivienda de los suburbios más
pobres de la ciudad, dispuesta como refugio para
necesitados, visitando en sus casas a los pobres. En
tiempo de luchas civiles trabajó a favor de la paz y
convenció a muchos jóvenes y a ricos para que se
dedicasen a obras de caridad (1856).
Jeanne Marie se preocupa mucho por
corresponder bien a las exigencias de su nueva vida. Su
salud se resiente tanto por la tensión de su espíritu
como por la falta de ejercicio físico. Siguiendo el
consejo del médico y de su padrino, señor Emery, envían
a Jeanne Marie a la casa de las Hijas de la Caridad del
barrio Mouffetard, para dedicarse al servicio de los
pobres. Allí permanecerá 54 años. |
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Fuente:
Corazones.org
Pio IX, Beato CCLV
Papa, 7 de
febrero
CCLV Papa Martirologio Romano: En Roma, beato Pío IX, papa, que proclamó la verdad de Cristo, a quien estaba íntimamente unido, e instituyó muchas sedes episcopales, promoviendo el culto de la Santísima Virgen María y convocando el Concilio Vaticano I (1878).
Pío IX, en el siglo Giovanni Maria Mastai
Ferretti, nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia. Fué
elegido pontífice el 16 de junio de 1846, suscitando
esperanzas en los ambientes patrióticos liberales y
católicos: uno de los primeros actos fue la promulgación
de una amnistía para los prisioneros políticos y
consintió algunas reformas en el Estado Pontificio. En
los primeros dos años del pontificado, se ganó el título
de papa liberal, patriótico y reformador. |
J†A
JMJ
Pax
Se le quitó la lepra y quedó limpio
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un
leproso y le
suplicó de rodillas:
"Si quieres, puedes limpiarme".
Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:
"¡Quiero, queda limpio!"
Inmediatamente le desapareció la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad:
"No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece
por tu purificación
lo que mandó Moisés, para que les conste que has quedado sano".
El, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar
entusiasmado lo
ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en
ninguna ciudad.
Tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios, y aún así
seguían acudiendo a
él de todas partes.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: w HYPERLINK "http://www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm"ww.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtub HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk"e.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Catecismo 2181: La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio (cf CIC can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave.”
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
6o. Dom Ord Ciclo B antes Cuaresma
Antífona de Entrada
Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.
Se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los
corazones rectos y
sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos
hagan dignos de
esa presencia tuya.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
El leproso vivirá solo, fuera del campamento
Lectura del libro del Levítico 13, 1-2.44-46
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
"Cuando alguno tenga en la piel un tumor, una úlcera o mancha
reluciente,
y se le forme en la piel una llaga como de lepra será llevado al
sacerdote
Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. Se trata de un leproso, y
el sacerdote
lo declarará impuro.
El leproso llevará las vestiduras rasgadas, los cabellos
revueltos y la barba
rapada, e irá gritando: "¡Impuro, impuro!" Mientras le dure la
lepra,
será impuro. Vivirá aislado y tendrá su morada fuera del
campamento".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 31, 1-2.5.11
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Dichoso el que fue absuelto de su culpa y
a quien se
perdonó su pecado. Dichoso el hombre a quien el Señor no le
tiene en cuenta su
falta y en cuyo espíritu no hay engaño.
Perdona, Señor, nuestros
pecados.
Pero reconocí ante ti mi pecado, no te
oculté mi falta;
pensé: "Confesaré al Señor mis culpas". Y tú perdonaste mi falta
y mi
pecado.
Perdona, Señor, nuestros
pecados.
Alégrense, justos, y regocíjense con el
Señor, den
gritos de felicidad los rectos de corazón.
Perdona, Señor, nuestros
pecados.
Segunda Lectura
Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-33; 11, 1
Hermanos: Ya coman, ya beban, o hagan
cualquier otra
cosa, háganlo todo para gloria de Dios. Y no sean ocasión de
pecado ni para
judíos, ni para paganos, ni para la Iglesia de Dios; hagan como
yo, que procuro
dar gusto a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el
de los demás,
para que se salven.
Traten de imitarme, como yo imito a Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes de Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su
pueblo.
Aleluya.
Evangelio
Se le quitó la lepra y quedó limpio
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un
leproso y le
suplicó de rodillas:
"Si quieres, puedes limpiarme".
Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:
"¡Quiero, queda limpio!"
Inmediatamente le desapareció la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad:
"No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece
por tu
purificación lo que mandó Moisés, para que les conste que has
quedado
sano".
El, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar
entusiasmado lo
ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en
ninguna ciudad.
Tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios, y aún así
seguían acudiendo a
él de todas partes.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, al Dios de misericordia y
pidámosle su ayuda
para poder invocar su nombre con sentimientos que le agraden:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos, Señor).
Por la paz de todo el mundo, por la
prosperidad de las
santas Iglesias y por la unión de todos los seres humanos,
roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Por nuestros gobernantes, para que bajo
su dirección
tengamos una vida feliz y pacífica, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Por la conservación de la naturaleza, por
la abundancia
de las cosechas y por el progreso del mundo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Por nuestros familiares y amigos que han
muerto en la
esperanza de la resurrección, para que Dios les conceda el
reposo eterno,
roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, nuestras oraciones, líbranos del pecado que
divide y de las
discriminaciones que degradan; haz que sepamos ver siempre en el
rostro del
leproso, del pobre y del desvalido la imagen sangrante de Cristo
en la cruz,
para que así nos dispongamos a colaborar en la obra de la
redención humana y a
proclamar ante los seres humanos tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos purifique y nos renueve; concédenos tu ayuda para obtener la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Las maravillas de la creación
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo entero, estableciste el continuo
retorno de las
estaciones, y al hombre, formado a tu imagen y semejanza,
sometiste las
maravillas del mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la
creación, y, al
contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por
Cristo, Señor
nuestro.
A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Antífona de la Comunión
El Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir este
pan eucarístico,
por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Sexto
Domingo
ciclo b
LA LEPRA DEL PECADO
— El Señor viene a curar nuestros males más profundos. Curación de un leproso.
— La lepra, imagen del pecado. Los sacerdotes perdonan los pecados in persona Christi.
— Apostolado de la Confesión.
I. La curación de un leproso que narra el Evangelio de la Misa1 debió de conmover mucho a las gentes y fue objeto frecuente de predicación en la catequesis de los Apóstoles. Así nos lo hace ver el hecho de ser recogido con tanto detalle por tres Evangelistas. De ellos, San Lucas precisa que el milagro se realizó en una ciudad, y que la enfermedad se encontraba ya muy avanzada: estaba todo cubierto de lepra2, nos dice.
La lepra era considerada entonces como una enfermedad incurable. Los miembros del leproso eran invadidos poco a poco, y se producían deformaciones en la cara, en las manos, en los pies, acompañadas de grandes padecimientos. Por temor al contagio, se les apartaba de las ciudades y de los caminos. Como se lee en la Primera lectura de la Misa3, se les declaraba por este motivo legalmente impuros, se les obligaba a llevar la cabeza descubierta y los vestidos desgarrados, y habían de darse a conocer desde lejos cuando pasaban por las cercanías de un lugar habitado. Las gentes huían de ellos, incluso los familiares; y en muchos casos se interpretaba su enfermedad como un castigo de Dios por sus pecados. Por estas circunstancias, extraña ver a este leproso en una ciudad. Quizá ha oído hablar de Jesús y lleva tiempo buscando la ocasión para acercarse a Él. Ahora, por fin, le ha encontrado y, con tal de hablarle, incumple las tajantes prescripciones de la antigua ley mosaica. Cristo es su esperanza, su única esperanza.
La escena debió de ser extraordinaria. Se postró el leproso ante Jesús, y le dijo: Señor, si quieres puedes limpiarme. Si quieres... Quizá se había preparado un discurso más largo, con más explicaciones..., pero al final todo quedó reducido a esta jaculatoria llena de sencillez, de confianza, de delicadeza: Si vis, potes me mundare, si quieres, puedes... En estas pocas palabras se resume una oración poderosa. Jesús se compadeció; y los tres Evangelistas que relatan el suceso nos han dejado el gesto sorprendente del Señor: extendió la mano y le tocó. Hasta ahora todos los hombres habían huido de él con miedo y repugnancia, y Cristo, que podía haberle curado a distancia –como en otras ocasiones–, no solo no se separa de él, sino que llegó a tocar su lepra. No es difícil imaginar la ternura de Cristo y la gratitud del enfermo cuando vio el gesto del Señor y oyó sus palabras: Quiero, queda limpio.
El Señor siempre desea sanarnos de nuestras flaquezas y de nuestros pecados. Y no tenemos necesidad de esperar meses ni días para que pase cerca de nuestra ciudad, o junto a nuestro pueblo... Al mismo Jesús de Nazaret que curó a este leproso le encontramos todos los días en el Sagrario más cercano, en la intimidad del alma en gracia, en el sacramento de la Penitencia. “Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma. Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres –y Tú quieres siempre–, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza; siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus”4; todas las miserias de nuestra vida.
Hoy debemos recordar que las mismas flaquezas y debilidades pueden ser la ocasión para acercarnos más a Cristo, como le ocurrió a este leproso. Desde aquel momento sería ya un discípulo incondicional de su Señor. ¿Nos acercamos nosotros con estas disposiciones de fe y de confianza a la Confesión? ¿Deseamos vivamente la limpieza del alma? ¿Cuidamos con esmero la frecuencia con que hayamos previsto recibir este sacramento?
II. Los Santos Padres vieron en la lepra la imagen del pecado5 por su fealdad y repugnancia, por la separación de los demás que ocasiona... Con todo, el pecado, aun el venial, es incomparablemente peor que la lepra por su fealdad, por su repugnancia y por sus trágicos efectos en esta vida y en la otra. “Si tuviésemos fe y si viésemos un alma en estado de pecado mortal, nos moriríamos de terror”6. Todos somos pecadores, aunque por la misericordia divina estemos lejos del pecado mortal. Es una realidad que no debemos olvidar; y Jesús es el único que puede curarnos; solo Él.
El Señor viene a buscar a los enfermos, y Él es quien únicamente puede calibrar y medir con toda su tremenda realidad la ofensa del pecado. Por eso nos conmueve su acercamiento al pecador. Él, que es la misma Santidad, no se presenta lleno de ira, sino con gran delicadeza y respeto. “Así es el estilo de Jesús, que vino a dar cumplimiento, no a destruir.
“Al sanar, al curar de la lepra, el Señor realiza grandes signos. Estos signos servían para manifestar la potencia de Dios ante las enfermedades del alma: ante el pecado. La misma reflexión se desarrolla en el Salmo responsorial, que proclama precisamente la bienaventuranza del perdón de los pecados: Dichoso el que ha sido absuelto de su culpa... (Sal 31, 1). Jesús sana de la enfermedad física, pero al mismo tiempo libera del pecado. Se revela de esta forma como el Mesías anunciado por los Profetas, que tomó sobre Sí nuestras enfermedades y asumió nuestros pecados (cfr. Is 53, 3-12) para liberarnos de toda enfermedad espiritual y material (...). Así, pues, un tema central de la liturgia de hoy es la purificación del pecado, que es como la lepra del alma”7.
Jesús nos dice que ha venido para eso: para perdonar, para redimir, para librarnos de esa lepra del alma, del pecado. Y proclama su perdón como signo de omnipotencia, como señal de un poder que solo Dios mismo puede ejercer8. Cada Confesión es expresión del poder y de la misericordia de Dios; los sacerdotes ejercitan este poder no en virtud propia, sino en nombre de Cristo –in persona Christi–, como instrumentos en manos del Señor. “Jesús nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió –decía Juan Pablo II a los sacerdotes–, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que Él es quien actúa por medio de nosotros (...). Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la Penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: Tus pecados te son perdonados”9. Oímos a Cristo en la voz del sacerdote.
En la Confesión nos acercamos, con veneración y agradecimiento, al mismo Cristo; en el sacerdote debemos ver a Jesús, el único que puede sanar nuestras enfermedades. ““Domine!” –¡Señor!–, “si vis, potes me mundare” si quieres, puedes curarme.
“—¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! —No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: “volo, mundare!” —quiero, ¡sé limpio!”10. Jesús nos trata con suprema delicadeza y amor cuando más necesitados nos encontramos a causa de las faltas y pecados.
III. Hemos de aprender de este leproso: con su sinceridad se pone delante del Señor, e hincándose de rodillas11 reconoce su enfermedad y pide que le cure.
Le dijo el Señor al leproso: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Nos imaginamos la inmensa alegría del que hasta ese momento era leproso. Tanto fue su gozo que, a pesar de la advertencia del Señor, comenzó a proclamar y divulgar por todas partes la noticia del bien inmenso que había recibido. No se pudo contener con tanta dicha para él solo, y siente la necesidad de hacer partícipes a todos de su buena suerte.
Esta ha de ser nuestra actitud ante la Confesión. Pues en ella también quedamos libres de nuestras enfermedades, por grandes que pudieran ser. Y no solo se limpia el pecado; el alma adquiere una gracia nueva, una juventud nueva, una renovación de la vida de Cristo en nosotros. Quedamos unidos al Señor de una manera particular y distinta. Y de ese ser nuevo y de esa alegría nueva que encontramos en cada Confesión hemos de hacer partícipes a quienes más apreciamos, y a todos. No nos debe bastar el haber encontrado al Médico, debemos hacer llegar la noticia, a través de nuestro apostolado personal, a muchos que no saben que están enfermos o que piensan que sus males son incurables. Llevar a muchos a la Confesión es uno de los grandes encargos que Cristo nos hace en estos momentos en que verdaderas multitudes se han alejado de aquello que más necesitan: el perdón de sus pecados.
En ocasiones, tendremos que comenzar por una catequesis elemental, aconsejándoles quizá libros de fácil lectura y explicándoles, con un lenguaje que entiendan, los puntos fundamentales de la fe y de la moral. Les ayudaremos a ver que su tristeza y su vacío interior provienen de la ausencia de Dios en sus vidas. Con mucha comprensión les facilitaremos incluso el modo de hacer un examen de conciencia profundo, y les animaremos a que acudan al sacerdote, quizá el mismo con el que nosotros nos confesamos habitualmente, a que sean sencillos y humildes y cuenten todo lo que les aleja del Señor, que les está esperando. Nuestra oración, el ofrecer por ellos horas de trabajo y alguna mortificación, el confesarnos nosotros mismos con la frecuencia que tengamos prevista, atraerá de Dios nuevas gracias eficaces para esas personas que deseamos se acerquen al sacramento, a Cristo mismo.
Aquel día fue inolvidable para el leproso. Cada encuentro nuestro con Cristo es también inolvidable, y nuestros amigos, a quienes hemos ayudado en su caminar hasta Dios, jamás olvidarán la paz y la alegría de su encuentro con el Maestro. Y se convertirán a su vez en apóstoles que propagan la Buena Nueva, la alegría de confesarse bien. Nuestra Madre Santa María nos concederá, si acudimos a Ella, el gozo y la urgencia de comunicar los grandes bienes que el Señor –Padre de las Misericordias– nos ha dejado en este sacramento.
1 Mc 1, 40-45. — 2 Lc 5, 12. — 3 Lev 13, 1-2; 44-46. — 4 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 93. — 5 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 25, 2. — 6 Santo Cura de Ars, citado por Juan XXIII en Carta Sacerdotii nostri primordia. — 7 Juan Pablo II, Homilía 17-II-1985. — 8 Cfr. Mt 9, 2 ss. — 9 Juan Pablo II, Homilía en el estadio de Maracaná, Río de Janeiro, 2-VII-1980. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 142. — 11 Mc 1, 40.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
14 de febrero
SANTOS
CIRILO Y METODIO*
Patronos y evangelizadores de Europa
Memoria
— La evangelización de los pueblos eslavos.
— A un nuevo paganismo se debe responder con una nueva evangelización.
— Promover y transmitir las costumbres cristianas de la vida corriente.
I. Cirilo y Metodio dedicaron su vida a la conversión del pueblo eslavo, y desarrollaron este servicio misionero “en unión tanto con la Iglesia de Constantinopla, por la que habían sido enviados, como con la sede de Roma, por la cual fueron confirmados. De este modo, manifestaban la unidad de la Iglesia”1.
El Papa ha recordado frecuentemente los fundamentos cristianos del ser de Europa, de tal manera que “la identidad europea es incomprensible sin el cristianismo”, “y precisamente en él se hallan aquellas raíces comunes de las que ha madurado la civilización del continente, su cultura, su dinamismo, su actividad, su capacidad de expansión constructiva también en los demás continentes; en una palabra, todo lo que constituye su gloria”2. El mismo nombre de Europa aparece tardíamente y tiene unas connotaciones puramente geográficas, mientras que para designar la unidad cultural que tiene unos mismos fundamentos se empleaba el apelativo de Cristiandad u otro similar3.
Cuando a un edificio le fallan sus cimientos se puede derrumbar con suma facilidad. Por eso, el Papa, ante el continuo deterioro de la fe, dirige esos apremiantes llamamientos, a todos y a cada uno, para una nueva evangelización de Europa. “La Iglesia de hoy –decía a los jóvenes peregrinos en Santiago de Compostela– se prepara a una nueva cristianización, que se presenta a sus ojos como un desafío, al cual deberá responder adecuadamente como en tiempos pasados”4. Son palabras dirigidas a nosotros.
En algunos casos se trata de llevar a cabo una nueva implantación del Cristianismo, como la que realizaron los Santos Cirilo y Metodio entre los pueblos eslavos, comenzando por lo más fundamental, pues en algunos lugares parece como si hubiera vuelto de nuevo el paganismo, y de un modo más absoluto que en los pueblos primitivos, pues estos al menos mantenían unas creencias religiosas. Y esta es una tarea que nos toca a todos, comenzando por recristianizar el ambiente que nos rodea y sus costumbres; en primer lugar, los más cercanos: hablemos de Dios, con claridad y sin respetos humanos, como lo único que puede dar sentido al hombre y a la sociedad; enseñemos que cualquier iniciativa humana que no tenga presente al Creador está condenada al fracaso; ayudemos en la tarea de la Iglesia de enseñar el Catecismo; invitemos, con audacia, a nuestros amigos a medios de formación cristiana, sin dar a nadie como perdido o irrecuperable; aconsejemos buenos libros; facilitemos a otros el camino que conduce al encuentro con Cristo a través de la Confesión...
II. El Cristianismo le dio su ser a Europa y configuró su unidad, en la que se integró una muchedumbre de pueblos y de razas, de cultura y de procedencias bien diversas, que se asentaron a lo largo del tiempo y forjaron una convivencia bajo unos mismos principios cristianos. La conversión de Europa no fue empresa breve, sino que se prolongó durante más de un milenio. “Fue una empresa con avances y retrocesos, con triunfos y aparentes fracasos, a la que cada pueblo contribuyó con lo mejor de su genio y figura; una empresa en la que la Providencia de Dios quiso contar, como siempre, con la cooperación del hombre. Ante todo, la conversión de Europa fue un acontecimiento religioso y, a la vez, el factor esencial en la formación de la civilización occidental”5.
Aún hoy el alma de Europa permanece unida en puntos muy esenciales, pues, además de su origen común, tiene idénticos valores cristianos y humanos, al menos en el substrato de muchas de sus leyes y costumbres. Mantiene valores que debe al Cristianismo, como la dignidad de la persona humana, el sentimiento de justicia y de libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia y el deseo de cooperación y de paz, que son notas que la caracterizan6.
A la vez, nos encontramos con una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral, con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres7. No son pocos los pueblos que han admitido en sus legislaciones leyes que ni siquiera son humanas, como es la ley del aborto, que hace retroceder la civilización a épocas de barbarie y degradación. Pero a un nuevo paganismo en las ideas y en las costumbres se responde con una nueva evangelización. Ha sido siempre propio del cristiano ahogar el mal en abundancia de bien. Y eso es lo que nos pide el Señor que llevemos a cabo con esas personas –pocas o muchas, jóvenes o mayores– que están a nuestro alcance.
Muchas veces han resonado en nuestros oídos las palabras del Papa en Santiago de Compostela, en su primera visita a España: “Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes”8.
Dios se quiere valer ahora de nosotros para recristianizar la sociedad desde sus mismos cimientos, como hicieron los primeros cristianos y continuaron después tantas generaciones. Sin abandonar el lugar profesional y familiar. ¡Cuánto bien podemos hacer! Para eso es necesario que llevemos una vida de fe viva, que cuidemos con esmero cada día el tiempo que dedicamos a la oración, “tratando a solas con quien sabemos nos ama”9. Es preciso que toda nuestra actividad tenga su centro y su raíz en la Santa Misa, que sepamos acudir al sacramento de la Penitencia, donde se purifica el alma, se rejuvenece y se llena de alegría.
III. Cuando Pablo y sus colaboradores inmediatos atravesaban Frigia y la región de Galacia, el Espíritu Santo les hacía caminar hacia adelante sin permitir que se detuvieran en las ciudades del camino. Por fin, en Tróade, Pablo tuvo una visión: un macedonio estaba de pie y le suplicaba diciendo: Ven a Macedonia y ayúdanos10. Era una llamada apremiante, gracias a la cual se inició la evangelización de Europa. Esa misma llamada hemos de sentir nosotros de gentes que nos rodean y que, en ocasiones, han olvidado o tienen confundidos los rudimentos de la fe. También nos dicen: “Ven y ayúdanos”.
Es probable que el Señor no nos pida que marchemos lejos, pues el medio que frecuentamos cada día es el lugar donde el Señor quiere que hagamos esa nueva cristianización, con fe y optimismo, sin pararnos ante las dificultades, pues “si los obstáculos son grandes, también es más abundante la gracia divina: será Él quien los remueva, sirviéndose de cada uno como de una palanca”11. Aprovecharemos todas las circunstancias que cada día nos salen al paso: el nacimiento o la muerte de un pariente o conocido, la enfermedad, los festejos familiares, las pequeñas alegrías que podemos ayudar a sobrenaturalizar, el ofrecer un tiempo para dar catequesis...; siempre tendremos ocasión de aconsejar un buen libro que acerque a Dios, o de dar un consejo a quien está pasando un mal momento...; insinuaremos la posibilidad de bendecir una casa que se comienza a habitar; enseñaremos a pedir ayuda al Ángel Custodio en las pequeñas o grandes necesidades que se presentan; daremos ejemplo a la hora de bendecir la mesa y de dar gracias por los alimentos recibidos; sugeriremos el colocar una imagen de la Virgen en la casa, que indica que allí hay alguien que cree y ama a la Madre de Dios... Son pequeñas costumbres que heredamos de otras generaciones de cristianos y que debemos transmitir, pues en ellas se plasma y se hace práctica una vida de fe. Dios se hace cotidiano en mil pequeños momentos, en el saludo, al convertir en una ofrenda grata al Señor el trabajo diario, en el modo de plantear las vacaciones o el descanso... La fe lo penetra todo, para enriquecerlo y sobrenaturalizarlo. A la vez, lo hace más humano.
El convencimiento firme de que la misma vocación cristiana nos lleva a dar a conocer a Cristo es un paso adelante en esa empresa que el Papa pide a todos. Si cada cristiano fuera consecuente con su fe, no tardaríamos en cambiar el mundo: lo habríamos convertido en un lugar más humano, donde la convivencia resultaría más fácil y grata, porque estaría más cerca de Dios. Comencemos esa labor por nosotros mismos y movamos a otros a que también la continúen. Así, el apostolado será como la piedra caída en el lago, que origina una onda y esta otra...12, sin fin. Pidamos al Señor, con la liturgia de la Misa, que nos conceda, por intercesión de los santos hermanos Cirilo y Metodio, la gracia de aceptar tu Palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe13.
A Santa María, Mater Ecclesiae y Regina mundi, le pedimos “una Iglesia rejuvenecida, firme en la unidad, renovada en el afán de santidad y en el afán apostólico de todos sus miembros”14, para que Jesús reine en todos los corazones y en todas las actividades de los hombres.
1 Juan Pablo II, Const. Apost. Egregiae virtutis, 31-XII-1980. — 2 ídem, Discurso en Santiago de Compostela, 9-XI-1982, 2. — 3 Cfr. L. Suárez, Raíces cristianas de Europa, Palabra, 2ª ed., Madrid 1986, p. 6 ss. — 4 Juan Pablo II, Discurso en Santiago de Compostela, 19-VIII-1989. — 5 J. Orlandis, La conversión de Europa al cristianismo, Rialp, Madrid 1988, pp. 11 ss. — 6 Cfr. Juan Pablo II, Discurso en Santiago de Compostela, 9-XI-1982, 4. — 7 ídem, Discurso 6-XI-1981. — 8 ídem, Discurso en Santiago de Compostela, 9-XI-1982. — 9 Santa Teresa, Vida, 8, 2. — 10 Hech 16, 9. — 11 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 10. — 12 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 831. — 13 Misal Romano, Oración colecta de la Misa. — 14 A. del Portillo, o. c., n. 12.
* Cirilo y Metodio eran el menor y el mayor de una familia de siete hermanos. Nacieron en Tesalónica (Grecia), y eran hijos de un alto funcionario de la Administración bizantina. Cirilo adquirió en Constantinopla una cuidada formación, llegando a ser profesor de la Universidad imperial. Metodio, después de haber sido gobernador y haber tenido una agitada vida política, profesó en un monasterio de Bitinia. Ambos dedicaron su vida a la evangelización de los pueblos eslavos. Para facilitar esta labor, Cirilo, experto lingüista, acometió la inmensa tarea de componer un alfabeto para expresar por escrito los sonidos de la lengua eslava, que carecía de caracteres escritos. Tradujo los principales textos de la Sagrada Escritura y de la liturgia; años más tarde, Metodio completó la obra de su hermano.
Cirilo murió en Roma el 14 de febrero del año 869, recibiendo sepultura junto a las reliquias de San Clemente, que él había llevado a la Ciudad Eterna. Metodio falleció el 6 de abril del año 885. Su cuerpo fue trasladado posteriormente a Roma y reposa junto al de su hermano. Juan Pablo II los nombró, junto a San Benito, Patronos de Europa por su labor evangelizadora con los pueblos eslavos.
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Apóstoles de los Eslavos y Copatrones de Europa
San Cirilo,
Monje, y San Metodio, Obispo
(869 y 884)
Eran dos hermanos. En el mundo se llamaban Constanino y Miguel. Recibieron sus nombres de Cirilo y Metodio al entrar a la vida religiosa.
Son los dos grandes apóstoles de los países eslavos, como por ejemplo: Yugoslavia, Checoslovaquia, Bulgaria, Serbia, Croacia, etc.
Nacieron en Tesalónica, Grecia. Su padre era un importante funcionario gubernamental. En su ciudad se hablaban varios idiomas, y entre ellos el eslavo. Fueron siete hermanos. Metodio era el mayor y Cirilo el menor de todos.
Cirilo y Metodio ejercieron su misión evangelizadora en el
imperio de la Gran
Moravia. Este Estado surgió a comienzos del siglo noveno. Su
centro se hallaba
en Moravia, en la actualidad parte oriental de la República
Checa. También
pertenecían a la Gran Moravia territorios eslovacos y su
influencia se extendía
hasta Bohemia.
En la Gran Moravia propagaban el cristianismo misioneros de Italia Septentrional y principalmente de la vecina Baviera. A mediados del siglo noveno Moravia ya era cristiana, mas el príncipe Rostislav, deseando obtener plena independencia con respecto al imperio franco oriental - la posterior Alemania-, solicitó al emperador de Bizancio, Miguel III, de Constantinopla, el envío de sacerdotes cultos que afianzasen el cristianismo en la Gran Moravia y estableciesen una organización eclesiástica independiente de Baviera. El emperador de Bizancio encargó la misión a dos cultos hermanos, Cirilo y Metodio, oriundos de Salónica, que dominaban la lengua eslava.
Cirilo y Metodio llegaron al imperio de la Gran Moravia en el año 863 y desarrollaron aquí una extraordinaria labor religiosa y cultural. Los hermanos Cirilo y Metodio nacieron en el seno de una familia griega radicada en Salónica. Cirilo cuya labor misionera en la Gran Moravia se extendiera durante cuatro años, aportó grande y fundamentalmente la cultura granmorava, así por ejemplo, el alfabeto compuesto de 38 letras, el que reflejaba la gran riqueza sonora del eslavo antiguo. La escritura eslava de Cirilo recibió el nombre de glagólica.
Cirilo es también el fundador de la literatura eslava. Elaborada la escritura eslava, de inmediato se enfrascó en la traducción de libros religiosos al eslavo antiguo. El primer libro traducido por Cirilo fue el evangeliario, elemento indispensable para celebrar las misas y para la catequesis. Con ayuda de sus discípulos vertió al eslavo antiguo también el misal, el apostolario y otros libros litúrgicos.
Al concluir en Moravia la traducción de los cuatro evangelios, Cirilo escribió el prólogo de esta obra, llamado Proglas. Se trata de una composición poética, escrita en versos, según los cánones griegos, considerada una obra fundamental de la literatura eslava.
Terminados sus cuatro años misioneros en la Gran Moravia, Cirilo viajó a Roma e ingresó en un convento de monjes griegos. Falleció a los 50 días de su estancia en la Ciudad Eterna, el 14 de febrero del 869. Al morir, el primer educador y maestro de los eslavos tenía tan sólo 42 años.
Metodio, hermano de Cirilo y colaborador en la misión en la Gran Moravia, nació alrededor del año 815, también en Salónica. El padre lo destinó a la carrera militar para la cual Metodio tenía notables dotes.
Disgustado por violentos sucesos en la corte bizantina, Metodio renunció al puesto de comandante militar e ingresó en un convento ubicado al pie del Olimpo. Metodio se desempeñó cómo archidiácono del templo de Hagia Sofia, de Constantinopla,y como profesor de filosofía.
Metodio fue el arzobispo metropolitano de los granmoravos, aunque no siempre encontró la comprensión y el respaldo del príncipe de la Gran Moravia, Svatopluk.
Bajo la dirección de Metodio se desarrolló la escuela literaria morava de la cual salieron las traducciones al eslavo antiguo de todos los libros del Viejo y del Nuevo Testamento. La traducción de las Sagradas Escrituras fue realizada en la Gran Moravia en ocho meses. Metodio la dictó a los escribanos que utilizaban una especie de taquigrafía.
San Metodio murió el 6 de abril del año 885 y fue enterrado en su templo metropolitano en Moravia. La tradición sitúa el lugar de su sepultura en Velehrad, Moravia del Sur. Sin embargo, el desmoronamiento del imperio de la Gran Moravia como consecuencia de las incursiones de los magiares ocasionó la destrucción de los asentamientos.
*Información de Radio
Praga.
Carta Encíclica de S.S. Juan Pablo II sobre Los Apóstoles de los
Eslavos
Slavorum
Apostoli
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Valentín, Santo Patrono de los enamorados, 14 de febrero
|
Hay que remontarse al año 270. Con tu corazón
de enamorado, te es fácil entusiasmarte con la vida de
tu patrono. Si para las diversas realidades de la vida
existe un patrono, no podía faltar uno para lo más bello
de la creación: el amor humano entre hombre y mujer.
San Francisco de Sales, aconsejaba a los jóvenes prometidos que imiten las virtudes de San Valentín. |
San
Valentín es para nosotros una ciertísima lección de vida
cristiana, llevada
hasta el heroísmo, hasta la más plena identificación con Cristo:
el martirio.
Situémonos a finales del siglo III. Es la era de los mártires.
Por todo el
Imperio romano corre el huracán de la persecución.
Valentín, presbítero romano, residía en la capital del Imperio,
reinando
Claudio II. Su virtud y sabiduría le habían granjeado la
veneración de los
cristianos y de los mismos paganos. Por su gran caridad se había
hecho
merecedor del nombre de padre de los pobres.
No podía ser desconocida de la corte imperial la influencia que
ejercía en
todos los ambientes romanos, y quiso el mismo emperador
conocerlo
personalmente. Valentín, en aquella entrevista, no dejaría de
interceder en
favor de su fe católica y contra el estado de persecución en que
a menudo se
encontraba sumida la Iglesia.
El soberano, que estaba interesado en granjearse la amistad y la
colaboración
del inteligente sacerdote cristiano, escuchó con agrado sus
razones. Por eso
intentó disuadirle del que él creía exagerado fanatismo; a lo
que replicó
Valentín evangélicamente: “Si conocierais, señor, el don de
Dios, y quién es
Aquel a quien yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a
tan soberano
dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais
conmigo al solo
Dios verdadero”.
Asistieron a la entrevista, un letrado del emperador y
Calfurnio, prefecto de
la ciudad, quienes protestaron enérgicamente de las atrevidas
palabras
dirigidas contra los dioses romanos, calificándolas de
blasfemas. Temeroso
Claudio II de que el prefecto levantara al pueblo y se
produjeran tumultos,
ordenó que Valentín fuese juzgado con arreglo a las leyes.
Interrogado por Asterio, teniente del prefecto, Valentín
continuó haciendo
profesión de su fe, afirmando que es Jesucristo “la única luz
verdadera que
ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.
El juez, que tenía una hija ciega, al oír estas palabras,
pretendiendo
confundirle, le desafió: “Pues si es cierto que Cristo es la luz
verdadera, te
ofrezco ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz
a los ojos de
mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas,
y entonces yo
seré también cristiano”.
Valentín hizo llamar a la joven a su presencia, y elevando a
Dios su corazón
lleno de fe, hizo sobre sus ojos la señal de la cruz,
exclamando: “Tú que eres,
Señor, la luz verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva”.
Al pronunciar estas palabras, la muchacha recobró milagrosamente
la vista.
Asterio y su esposa, conmovidos, se arrojaron a los pies del
Santo, pidiéndole
el Bautismo, que recibieron, juntamente con todos los suyos,
después de
instruidos en la fe católica.
El emperador se admiró del prodigio realizado y de la conversión
obrada en la
familia de Asterio; y aunque deseara salvar de la muerte al
presbítero romano, tuvo
miedo de aparecer, ante el pueblo, sospechoso de cristianismo. Y
San Valentín,
después de ser encarcelado, cargado de cadenas, y apaleado con
varas nudosas
hasta quebrantarle los huesos, unióse íntima y definitivamente
con Cristo, a
través de la tortura de su degollación.
San
Valentín fue martirizado en la Via Flaminia hacia el año 270,
seguramente en
los inicios de la primavera, cuando en la naturaleza se anticipa
el júbilo
expectativo de la fecundidad y de la pujanza. En los siglos
antiguos y medievales,
empiezan a venir a Roma numerosos peregrinos, entrando por la
Puerta Flaminia,
que se llamó Puerta de San Valentín, porque allí, en recuerdo de
su martirio,
el Papa Julio I, en el siglo IV, mandó construir en su honor una
basílica.
Esos romeros coincidían con los días del aniversario del Santo;
y de retorno a
sus países, se llevarían de él o de su templo alguna reliquia o
memoria. Ahora
bien: no es cosa rara en la primitiva Iglesia el empeño de
cristianizar fiestas
o costumbres de matiz pagano, y en primavera no faltaban en la
Roma gentílica
festejos dedicados al amor y a sus divinidades. Fácilmente se
inclinaría a los
fieles a invocar a San Valentín —mártir primaveral— como
protector del amor
honesto. La invocación brotaría en Roma y sería transportada por
los romeros a
sus tierras y naciones, principalmente por los que cruzaban la
Puerta Flaminia,
norte arriba de Europa.
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
www.turismomoquegua.com.pe/SF.htm || P. Felipe
Santos
Fortunata, Santa
Patrona de Baucina,
14 de febrero
|
Patrona de Baucina Etimológicamente significa “afortunada”. Viene
de la lengua latina. |
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Alejandra de Egipto Ermita, 14 de febrero
|
Febrero 14
Etimológicamente significa “dominadora de los
hombres”. Viene de la lengua griega. |
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Juan Bautista de la Concepción, Santo Reformador Trinitario, Febrero 14
Reformador
de la Orden Trinitaria Hijo de labradores acomodados, nació en
Almodóvar del Campo, Ciudad Real, 10 de julio de 1561. |
J†A
JMJ
Pax
Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, el Espíritu
impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás lo puso a
prueba durante
cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles lo servían.
Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando
la buena
noticia de Dios. Decía:
"El plazo se ha cumplido; el reino de Dios está llegando.
Conviértanse y
crean en el Evangelio".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
1er. Dom de cuaresma Ciclo B
Antífona de Entrada
Me invocarán y yo los escucharé; los libraré y los glorificaré, prolongaré los días de su vida.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que las prácticas anuales propias
de la Cuaresma
nos ayuden a progresar en el conocimiento de Cristo y a llevar
una vida más
cristiana.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Pondré mi arco iris en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra
Lectura
del libro del Génesis
9, 8-15
En
aquel tiempo Dios dijo a Noé
y a sus hijos:
"Voy a establecer mi alianza con ustedes, con sus descendientes
y con
todos los seres vivos que los han acompañado: aves, ganados,
bestias del campo;
con todos los animales que han salido del arca con ustedes y que
ahora pueblan
la tierra. Esta es mi alianza con ustedes: ningún ser vivo
volverá a ser exterminado
por las aguas del diluvio, ni tendrá lugar otro diluvio que
destruya la
tierra".
Y continuó Dios:
"Esta es la señal de la alianza que establezco para siempre con
ustedes y
con todos los seres vivos que los han acompañado: pondré mi arco
en las nubes;
ésa será la señal de mi alianza con ustedes y con todos los
vivientes de la
tierra, y las aguas del diluvio no volverán a exterminar los
seres vivos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame,
Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas, guíame en tu verdad; enséñame, pues tú
eres el Dios que
me salva.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Acuérdate,
Señor, de que tu
ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí por tu amor, por
tu bondad,
Señor.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
El
Señor es bueno y recto,
señala el camino a los pecadores; guía por la senda del bien a
los humildes,
les enseña el camino.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Segunda Lectura
El agua del diluvio es un símbolo del bautismo que los salva
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22
Hermanos:
También Cristo murió
una sola vez por los pecadores, el inocente por los culpables,
para conducirlos
a Dios. En cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a
la vida por el
Espíritu, el cual le impulsó a proclamar el mensaje a los
espíritus
encarcelados, es decir, a aquellos que no quisieron creer cuando
en los días de
Noé Dios los soportaba pacientemente mientras se construía el
arca en la que
unos pocos -ocho personas- se salvaran navegando por el agua.
Aquello anunciaba anticipadamente el bautismo que ahora los
salva y que no
consiste en limpiar la suciedad corporal, sino en implorar de
Dios una
conciencia limpia en virtud de la resurrección de Cristo, el
cual, ascendido al
cielo, está a la derecha de Dios y tiene sometidos a los
ángeles, potestades y
dominaciones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor
y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que
sale de la boca
de Dios.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Evangelio
Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, el Espíritu
impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás lo puso a
prueba durante
cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles lo servían.
Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando
la buena
noticia de Dios. Decía:
"El plazo se ha cumplido; el reino de Dios está llegando.
Conviértanse y
crean en el Evangelio".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Intercedamos, amados hermanos y hermanas, ante la divina
clemencia, implorando
la misericordia divina en favor de todos los seres humanos y
suplicando el
perdón para cuantos hemos pecado.
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Para
que en este tiempo de
Cuaresma, Dios conceda a todos los fieles la fuerza necesaria
para luchar
contra el mal, convertirse de su mala conducta y retornar al
camino del bien,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que quienes abundan en
bienes de la tierra sepan moderar el uso de sus propias riquezas
en provecho de
los necesitados y no vivan absortos en los bienes de este mundo,
roguemos al
Señor. Te rogamos, Señor, óyenos.
Señor, ten piedad.
Para
que quienes se ha alejado
de la Iglesia a causa de nuestros escándalos o de nuestra
tibieza se
reincorporen a la familia de Dios; y a nosotros el Señor nos
perdone el pecado
de escándalo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por
los que reciben escándalo
por nuestra falta de coherencia: para que también a través de
nuestra
conversión, vuelvan a experimentar la seguridad en el poder del
Evangelio,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que nuestros corazones
lleguen a ser, por medio de la penitencia cuaresmal, aquella
tierra fecunda en
la que la palabra de Dios produce fruto del ciento por uno,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Señor Dios, paciente y misericordioso, que, a través de las
distintas etapas de
la historia, renuevas tu alianza con todas las generaciones,
escucha nuestras
súplicas y prepara nuestros corazones a escuchar a tu Hijo
amado; para que, por
medio de estos días de penitencia, alcancemos una verdadera
conversión del
corazón y renovemos nuestra alianza contigo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Te pedimos, Señor, que estos dones que vamos a ofrecerte, nos dispongan convenientemente para el santo tiempo de la Cuaresma que estamos iniciando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Las tentaciones del Señor
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor, al abstenerse durante cuarenta
días de tomar
alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal
y, al rechazar
las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del
pecado; de este
modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
podremos pasar un
día a la Pascua que no acaba.
Por eso,
con los ángeles y santos, te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin cesar:
Antífona de la Comunión
El Señor te cubrirá con su protección; bajo sus alas encontrarás refugio.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe,
aumente la
esperanza, refuerce la caridad, y nos enseñe a sentir hambre de
Cristo, que es
el pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que proceda
de su boca.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Cuaresma. Primer domingo
LAS TENTACIONES DE JESÚS
— El Señor permite que seamos tentados para que crezcamos en las virtudes.
— Las tentaciones de Jesús. El demonio nos prueba de modo parecido.
— El Señor está siempre a nuestro lado. Armas para vencer.
I. “La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación, que culminan en la Cruz y en la gloria de la Pascua. Cuarenta días de oración y de penitencia. Al terminar, tuvo lugar la escena que la liturgia de hoy ofrece a nuestra consideración, recogiéndola en el Evangelio de la Misa: las tentaciones de Cristo (Cfr. Mt 4, 1-11).
“Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender –Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno–, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene”1.
Es la primera vez que interviene el diablo en la vida de Jesús y lo hace abiertamente. Pone a prueba a Nuestro Señor; quizá quiere averiguar si ha llegado ya la hora del Mesías. Jesús se lo permitió para darnos ejemplo de humildad y para enseñarnos a vencer las tentaciones que vamos a sufrir a lo largo de nuestra vida: “como el Señor todo lo hacía para nuestra enseñanza –dice San Juan Crisóstomo–, quiso también ser conducido al desierto y trabar allí combate con el demonio, a fin de que los bautizados, si después del bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por eso, como si no fuera de esperar”2. Si no contáramos con las tentaciones que hemos de padecer abriríamos la puerta a un gran enemigo: el desaliento y la tristeza.
Quería Jesús enseñarnos con su ejemplo que nadie debe creerse exento de padecer cualquier prueba. “Las tentaciones de Nuestro Señor son también las tentaciones de sus servidores de un modo individual. Pero su escala, naturalmente, es diferente: el demonio no va a ofreceros a vosotros ni a mí –dice Knox– todos los reinos del mundo. Conoce el mercado y, como buen vendedor, ofrece exactamente lo que calcula que el comprador tomará. Supongo que pensará, con bastante razón, que la mayor parte de nosotros podemos ser comprados por cinco mil libras al año, y una gran parte de nosotros por mucho menos. Tampoco nos ofrece sus condiciones de modo tan abierto, sino que sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad no tarda mucho en señalarnos a vosotros y a mí cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra fe católica”3.
El Señor, como se nos recuerda en el Prefacio de la Misa de hoy, nos enseña con su actuación cómo hemos de vencer las tentaciones y además quiere que saquemos provecho de las pruebas por las que vamos a pasar. Él “permite la tentación y se sirve de ella providencialmente para purificarte, para hacerte santo, para desligarte mejor de las cosas de la tierra, para llevarte a donde Él quiere y por donde Él quiere, para hacerte feliz en una vida que no sea cómoda, y para darte madurez, comprensión y eficacia en tu trabajo apostólico con las almas, y... sobre todo para hacerte humilde, muy humilde”4.Bienaventurado el varón que soporta la tentación –dice el Apóstol Santiago– porque, probado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman5.
II. El demonio tienta aprovechando las necesidades y debilidades de la naturaleza humana.
El Señor, después de haber pasado cuarenta días y cuarenta noches ayunando, debe encontrarse muy débil, y siente hambre como cualquier hombre en sus mismas circunstancias. Este es el momento en que se acerca el tentador con la proposición de que convierta las piedras que allí había en el pan que tanto necesita y desea.
Y Jesús “no solo rechaza el alimento que su cuerpo pedía, sino que aleja de sí una incitación mayor: la de usar del poder divino para remediar, si podemos hablar así, un problema personal (...).
“Generosidad del Señor que se ha humillado, que ha aceptado en pleno la condición humana, que no se sirve de su poder de Dios para huir de las dificultades o del esfuerzo. Que nos enseña a ser recios, a amar el trabajo, a apreciar la nobleza humana y divina de saborear las consecuencias del entregamiento”6.
Nos enseña también este pasaje del Evangelio a estar particularmente atentos, con nosotros mismos y con aquellos a quienes tenemos una mayor obligación de ayudar, en esos momentos de debilidad, de cansancio, cuando se está pasando una mala temporada, porque el demonio quizá intensifique entonces la tentación para que nuestras vidas tomen otros derroteros ajenos a la voluntad de Dios.
En la segunda tentación, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles de que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra. Y le respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Era en apariencia una tentación capciosa: si te niegas, demostrarás que no confías en Dios plenamente; si aceptas, le obligas a enviar, en provecho personal, a sus ángeles para que te salven. El demonio no sabe que Jesús no tendría necesidad de ángel alguno.
Una proposición parecida, y con un texto casi idéntico, oirá el Señor ya al final de su vida terrena: Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él7.
Cristo se niega a hacer milagros inútiles, por vanidad y vanagloria. Nosotros hemos de estar atentos para rechazar, en nuestro orden de cosas, tentaciones parecidas: el deseo de quedar bien, que puede surgir hasta en lo más santo; también debemos estar alerta ante falsas argumentaciones que pretendan basarse en la Sagrada Escritura, y no pedir (mucho menos exigir) pruebas o señales extraordinarias para creer, pues el Señor nos da gracias y testimonios suficientes que nos indican el camino de la fe en medio de nuestra vida ordinaria.
En la última de las tentaciones, el demonio ofrece a Jesús toda la gloria y el poder terreno que un hombre puede ambicionar. Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: —Todas estas cosas te daré si postrándote delante de mí, me adoras. El Señor rechazó definitivamente al tentador.
El demonio promete siempre más de lo que puede dar. La felicidad está muy lejos de sus manos. Toda tentación es siempre un miserable engaño. Y para probarnos, el demonio cuenta con nuestras ambiciones. La peor de ellas es la de desear, a toda costa, la propia excelencia; el buscarnos a nosotros mismos sistemáticamente en las cosas que hacemos o proyectamos. Nuestro propio yo puede ser, en muchas ocasiones, el peor de los ídolos.
Tampoco podemos postrarnos ante las cosas materiales haciendo de ellas falsos dioses que nos esclavizarían. Los bienes materiales dejan de ser bienes si nos separan de Dios y de nuestros hermanos los hombres.
Tendremos que vigilar, en lucha constante, porque permanece en nosotros la tendencia a desear la gloria humana, a pesar de haberle dicho muchas veces al Señor que no queremos otra gloria que la suya. También a nosotros se dirige Jesús: Adorarás al Señor Dios tuyo; y a Él solo servirás. Y eso es lo que deseamos y pedimos: servir a Dios en la vocación a la que nos ha llamado.
III. El Señor está siempre a nuestro lado, en cada tentación, y nos dice: Confiad: Yo he vencido al mundo8. Y nosotros nos apoyamos en Él, porque, si no lo hiciéramos, poco conseguiríamos solos: Todo lo puedo en Aquel que me conforta9. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?10.
Podemos prevenir la tentación con la mortificación constante en el trabajo, al vivir la caridad, en la guarda de los sentidos internos y externos. Y junto a la mortificación, la oración: Velad y orad para no caer en la tentación11. También debemos prevenirla huyendo de las ocasiones de pecar por pequeñas que sean, pues el que ama el peligro perecerá en él12, y teniendo el tiempo bien ocupado, principalmente cumpliendo bien nuestros deberes profesionales, familiares y sociales.
Para combatir la tentación “habremos de repetir muchas veces y con confianza la petición del padrenuestro: no nos dejes caer en la tentación, concédenos la fuerza de permanecer fuertes en ella. Ya que el mismo Señor pone en nuestros labios tal plegaria, bien estará que la repitamos continuamente.
“Combatimos la tentación manifestándosela abiertamente al director espiritual, pues el manifestarla es ya casi vencerla. El que revela sus propias tentaciones al director espiritual puede estar seguro de que Dios otorga a este la gracia necesaria para dirigirle bien”13.
Contamos siempre con la gracia de Dios para vencer cualquier tentación. “Pero no olvides, amigo mío, que necesitas de armas para vencer en esta batalla espiritual. Y que tus armas han de ser estas: oración continua; sinceridad y franqueza con tu director espiritual; la Santísima Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia; un generoso espíritu de cristiana mortificación que te llevará a huir de las ocasiones y evitar el ocio; la humildad del corazón, y una tierna y filial devoción a la Santísima Virgen: Consolatrix afflictorum et Refugium peccatorum, consuelo de los afligidos y refugio de los pecadores. Vuélvete siempre a Ella confiadamente y dile: Mater mea, fiducia mea; ¡Madre mía, confianza mía!”14.
1 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 61. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 13, 1. — 3 R. A. Knox,Sermones pastorales, p. 79. — 4 S. Canals, Ascética Meditada, 14ª ed., Madrid 1980, p. 127. — 5 Sant 1, 12. — 6 San Josemaría Escrivá, loc. cit. — 7 Mt 27, 42. — 8 Jn 16, 33. — 9 Flp 4, 13. — 10Sal 26, 1. — 11 Mt 26, 41. — 12 Eccl 3, 27. — 13 B. Baur, En la intimidad con Dios, Herder. Barcelona 1975, 10ª ed., p. 121. — 14 S.Canals, o. c., p. 128.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
San Pedro
Damián, Cardenal,
Obispo de Ostia, Doctor de la Iglesia (año 1072).
Damián significa: el que doma su cuerpo. Domador de sí mismo.
San Pedro Damián fue un hombre austero y rígido que Dios envió a la Iglesia Católica en un tiempo en el que la relajación de costumbres era muy grande y se necesitaban predicadores que tuvieran el valor de corregir los vicios con sus palabras y con sus buenos ejemplos. Nació en Ravena (Italia) el año 1007.
Quedó huérfano muy pequeñito y un hermano suyo lo humilló terriblemente y lo dedicó a cuidar cerdos y lo trataba como al más vil de los esclavos. Pero de pronto un sacerdote, el Padre Damián, se compadeció de él y se lo llevó a la ciudad y le costeó los estudios. En honor a su protector, en adelante nuestro santo se llamó siempre Pedro Damián.
El antiguo cuidador de cerdos
resultó tener una
inteligencia privilegiada y obtuvo las mejores calificaciones en
los estudios y
a los 25 años ya era profesor de universidad. Pero no se sentía
satisfecho de
vivir en un ambiente tan mundano y corrompido, y dispuso hacerse
religioso.
Estaba meditando cómo entrarse a un convento, cuando recibió la visita de dos monjes benedictinos, de la comunidad fundada por el austero San Romualdo, y al oírles narrar lo seriamente que en su convento se vivía la vida religiosa, se fue con ellos. Y pronto resultó ser el más exacto cumplidor de los severísimos reglamentos de su convento.
Pedro, para lograr dominar sus pasiones sensuales, se colocó debajo de su camisa correas con espinas (cilicio, se llama esa penitencia) y se daba azotes, y se dedicó a ayunar a pan y agua. Pero sucedió que su cuerpo, que no estaba acostumbrado a tan duras penitencias, empezó a debilitarse y le llegó el insomnio, y pasaba las noches sin dormir, y le afectó una debilidad general que no le dejaba hacer nada. Entonces comprendió que las penitencias no deben ser tan exageradas, y que la mejor penitencia es tener paciencia con las penas que Dios permite que nos lleguen, y que una muy buena penitencia es dedicarse a cumplir exactamente los deberes de cada día y a estudiar y trabajar con todo empeño.
Esta experiencia personal le fue de gran utilidad después al dirigir espiritualmente a otros, pues a muchos les fue enseñando que en vez de hacer enfermar al cuerpo con penitencias exageradas, lo que hay que hacer es hacerlo trabajar fuertemente en favor del reino de Dios y de la salvación de las almas.
En sus años de monje, Pedro Damián aprovechó aquel ambiente de silencio y soledad para dedicarse a estudiar muy profundamente la Sagrada Biblia y los escritos de los santos antiguos. Esto le servirá después enormemente para redactar sus propios libros y sus cartas que se hicieron famosas por la gran sabiduría con la que fueron compuestas.
En los ratos en que no estaba rezando o estudiando, se dedicaba a labores de carpintería, y con los pequeños muebles que construía ayudaba a la economía del convento.
Al morir el superior del convento, los monjes nombraron como su abad a Pedro Damián. Este se oponía porque se creía indigno pero entre todos lo lograron convencer de que debía aceptar. Era el más humilde de todos, y pedía perdón en público por cualquier falta que cometía. Y su superiorato produjo tan buenos resultados que de su convento se formaron otros cinco conventos, y dos de sus dirigidos fueron declarados santos por el Sumo Pontífice (Santo Domingo Loricato y San Juan de Lodi. Este último escribió la vida de San Pedro Damián).
Muchísimas personas pedían la dirección espiritual de San Pedro Damián. A cuatro Sumos Pontífices les dirigió cartas muy serias recomendándoles que hicieran todo lo posible para que la relajación y las malas costumbres no se apoderaran de la Iglesia y de los sacerdotes. Criticaba fuertemente a los que son muy amigos de pasear mucho, pues decía que el que mucho pasea, muy difícilmente llega a la santidad.
A un obispo que en vez de dedicarse a enseñar catecismo y a preparar sermones pasaba las tardes jugando ajedrez, le puso como penitencia rezar tres veces todos los salmos de la Biblia (que son 150), lavarles los pies a doce pobres y regalarles a cada uno una moneda de oro. La penitencia era fuerte, pero el obispo se dio cuenta de que sí se la merecía, y la cumplió y se enmendó.
Los dos peores vicios de la Iglesia en aquellos años mil, eran la impureza y la simonía. Muchos sacerdotes eran descuidados en cumplir su celibato, o sea ese juramento solemne que han hecho de esforzarse por ser puros, y además la simonía era muy frecuente en todas partes. Y contra estos dos defectos se propuso luchar Pedro Damián.
Varios Sumos Pontífices, sabiendo la gran sabiduría y la admirable santidad del Padre Pedro Damián, le confiaron misiones delicadísimas. El Papa Esteban IX lo nombró Cardenal y Obispo de Ostia (que es el puerto de Roma). El humilde sacerdote no quería aceptar estos cargos, pero el Papa lo amenazó con graves castigos si no lo aceptaba. Y allí, con esos oficios, obró con admirable prudencia. Porque al que es obediente consigue victorias.
Resultó que el joven emperador Enrique IV quería divorciarse, y su arzobispo, por temor, se lo iba a permitir. Entonces el Papa envió a Pedro Damián a Alemania, el cual reunió a todos los obispos alemanes, y valientemente, delante de ellos le pidió al emperador que no fuera a dar ese mal ejemplo tan dañoso a todos sus súbditos, y Enrique desistió de su idea de divorciarse.
Sus sermones eran escuchados con mucha emoción y sabiduría, y sus libros eran leídos con gran provecho espiritual. Así, por ejemplo, uno que se llama "Libro Gomorriano", en contra de las costumbres de su tiempo. (Gomorriano, en recuerdo de Gomorra, una de las cinco ciudades que Dios destruyó con una lluvia de fuego porque allí se cometían muchos pecados de impureza). A los Pontífices y a muchos personajes les dirigió frecuentes cartas pidiéndoles que trataran de acabar con la Simonía, o sea con aquel vicio que consiste en llegar a los altos puestos de la Iglesia comprando el cargo con dinero (y no mereciéndolo con el buen comportamiento). Este vicio tomó el nombre de Simón el Mago, un tipo que le propuso a San Pedro apóstol que le vendiera el poder de hacer milagros. En aquel siglo del año mil era muy frecuente que un hombre nada santo llegara a ser sacerdote y hasta obispo, porque compraba su nombramiento dando mucho dinero a los que lo elegían para ese cargo. Y esto traía terribles males a la Iglesia Católica porque llegaban a altos puestos unos hombres totalmente indignos que no iban a hacer nada bien sino mucho mal. Afortunadamente, el Papa que fue nombrado al año siguiente de la muerte de San Pedro Damián, y que era su gran amigo, el Papa Gregorio VII, se propuso luchar fuertemente contra ese vicio y tratar de acabarlo.
La gente decía: el Padre Damián es fuerte en el hablar, pero es santo en el obrar, y eso hace que le hagamos caso con gusto a sus llamadas de atención.
Lo que más le agradaba era retirarse a la soledad a rezar y a meditar. Y sentía una santa envidia por los religiosos que tienen todo su tiempo para dedicarse a la oración y a la meditación. Otra labor que le agradaba muchísimo era el ayudar a los pobres. Todo el dinero que le llegaba lo repartía entre la gente más necesitada. Era mortificadísimo en comer y dormir, pero sumamente generosos en repartir limosnas y ayudas a cuantos más podía.
El Sumo Pontífice lo envió a Ravena a tratar de lograr que esa ciudad hiciera las paces con el Papa. Lo consiguió, y al volver de su importante misión, al llegar al convento sintió una gran fiebre y murió santamente. Era el 21 de febrero del año 1072. Inmediatamente la gente empezó a considerarlo como un gran santo y a conseguir favores de Dios por su intercesión.
El Papa lo canonizó y lo declaró Doctor de la Iglesia por los elocuentes sermones que compuso y por los libros tan sabios que escribió.
San Pedro Damián: consíguenos de Dios la gracia de que nuestros sacerdotes y obispos sean verdaderamente santos y sepan cumplir fielmente su celibato.
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Fuente:
Oremosjuntos.com
Noël (Natal) Pinot, Beato
Mártir,
Febrero 21
Presbítero y Mártir Martirologio
Romamo: En Anjou, en
Francia, beato Natal Pinot, presbítero y mártir, el
cual, durante la Revolución Francesa, siendo párroco,
mientras se preparaba para celebrar misa fue detenido
y, revestido con los ornamentos litúrgicos a modo de
burla, llevado al patíbulo como al altar del
sacrificio (1794). |
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Fuente:
Oremosjuntos.com
Eleonora o Leonor de
Inglaterra
Reina y religiosa, Febrero 21
Etimológicamente: Leonor = Eleonor =
Eleonor = Aquella que es audaz, es de origen gálico.
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Fuente:
ar.geocities.com/misa_tridentina01
Eustaquio (Eustacio) de
Antioquía, Santo
Obispo, Febrero 21
Obispo Martirologio
Romano: Conmemoración de
san Eustacio, obispo de Antioquía, el cual, célebre
por su doctrina, fue desterrado a Trajanópolis, en
Tracia, en tiempo del emperador arriano Constancio, a
causa de su fe católica, y allí descansó en el Señor
(c. 338). |
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Fuente:
Santopedia.com
María Enriqueta (Ana
Catalina) Dominici,
Beata Religiosa, Febrero 21
Religiosa Martirologio
Romano: En Turín, del
Piamonte, beata María Enriqueta (Ana Catalina)
Dominici, de las hermanas de Santa Ana y de la
Providencia, que gobernó sabiamente y engrandeció su
Instituto durante treinta años hasta su muerte (1894). |
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Roberto Southwell, Santo Mártir Jesuita, Febrero 21
Presbítero y Mártir Martirologio
Romano: También en
Londres, san Roberto Southwell, presbítero de la
Compañía de Jesús y mártir, que durante varios años
ejerció su ministerio en la ciudad y sus alrededores y
compuso escritos espirituales. Detenido por ser
sacerdote, por orden de la misma reina fue duramente
torturado, terminando su martirio al ser colgado en
Tyburn (1595). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando
santoral de este día, Febrero 21
San
Germán, abad |
J†A
JMJ
Pax
Este es mi Hijo amado
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, Jesús se llevó
a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a una montaña alta
y se
transfiguró en su presencia. Sus vestidos se volvieron de una
blancura
deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos.
Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
"Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres chozas: una para
ti, otra
para Moisés y otra para Elías".
Estaban tan asustados que no sabía lo que decía. Vino entonces
una nube que los
cubrió y se oyó una voz desde la nube:
"Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
En ese momento miraron alrededor y vieron sólo a Jesús con
ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a
nadie lo que
habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de
entre los
muertos.
Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí qué querría
decir aquello
de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
2o. Dom de cuaresma Ciclo B
Antífona de Entrada
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Señor, Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo;
alimenta nuestra
fe con tu palabra y purifica los ojos de nuestro espíritu, para
que podamos
alegrarnos en la contemplación de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
El sacrificio de nuestro patriarca Abrahán
Lectura
del libro del Génesis
22, 1-2. 9-13.15-18
En
aquel tiempo, Dios le puso
una prueba a Abrahán y lo llamó:
"¡Abrahán, Abrahán!"
El respondió:
"Aquí estoy".
Y Dios le dijo:
"Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de
Moria y
ofrécemelo allí en sacrificio, en la montaña que yo te
indicaré".
Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abrahán
levantó un altar y
acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el
altar, encima de
la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del
Señor lo llamó
desde el cielo:
"¡Abrahán, Abrahán!"
El contestó:
"Aquí estoy".
El ángel le dijo:
"No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas ningún daño.
Ya veo que
temes a Dios y que no me niegas a tu hijo único".
Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por
los cuernos en
un matorral. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio en
lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a llamar a Abrahán desde el cielo y le
dijo:
"Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto
y no
haberme negado a tu hijo único, te bendeciré y multiplicaré tu
descendencia
como las estrellas del cielo y las arenas de la playa. Tus
descendientes
conquistarán las ciudades de sus enemigos.
En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la
tierra, porque me
has obedecido".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 115, 10.15.16-17.18-19
Siempre confiaré en el Señor.
Yo
seguía confiando, incluso
cuando pensaba: "¡Qué desgraciado soy!" El Señor siente
profundamente
la muerte de los que lo aman.
Siempre confiaré en el
Señor.
Señor,
yo soy tu siervo, hijo de
tu esclava: rompiste mis ataduras. Te ofreceré un sacrificio de
acción de
gracias invocando tu nombre.
Siempre confiaré en el
Señor.
Cumpliré
mis promesas al Señor
en presencia de todo el pueblo, en los atrios de la casa del
Señor, en medio de
ti, Jerusalén.
Siempre confiaré en el
Señor.
Segunda Lectura
Dios nos entregó a su propio Hijo
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 31b-34
Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si es el que salva? ¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros?
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
"Este es mi
Hijo amado: escúchenlo".
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Evangelio
Este es mi Hijo amado
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo, Jesús se llevó
a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a una montaña alta
y se
transfiguró en su presencia. Sus vestidos se volvieron de una
blancura
deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos.
Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
"Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres chozas: una para
ti, otra
para Moisés y otra para Elías".
Estaban tan asustados que no sabía lo que decía. Vino entonces
una nube que los
cubrió y se oyó una voz desde la nube:
"Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
En ese momento miraron alrededor y vieron sólo a Jesús con
ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a
nadie lo que
habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de
entre los
muertos.
Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí qué querría
decir aquello
de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Padre de la misericordia,
árbitro de nuestros
actos y Dios que escudriña lo profundo de nuestros corazones, y,
con espíritu
contrito, pidámosle que escuche la oración de su pueblo
penitente:
(Respondemos: Señor, ten piedad).
Para
que Dios conceda a sus
fieles vivir estos días de Cuaresma con verdadero espíritu de
penitencia y
prepararse a celebrar con fruto el sacramento del perdón,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que quienes se han apartado
del camino del bien y han muerto a causa del pecado, escuchen en
estos días de
Cuaresma la voz del Hijo de Dios y vivan, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que Dios inspire
sentimientos de caridad a los que tienen riquezas y multiplique
los bienes de
la tierra en bien de todos, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que la penitencia cuaresmal
aleje de nosotros el amor desordenado a los bienes visibles y
sane nuestra
aridez espiritual con el deseo de los bienes del cielo, roguemos
al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Señor, Padre santo, que no perdonaste a tu Hijo, sino que lo
entregaste por
nosotros, pecadores, escucha nuestras súplicas y fortalécenos en
la obediencia
a la fe, para que, siguiendo en todo las huellas de Jesucristo,
seamos
transfigurados con él en la luz de la gloria.
Por Jesucristo, Señor nuestro.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que
esta ofrenda, Señor, nos
obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el
cuerpo y en el
alma, para que podamos celebrar dignamente las festividades de
la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La transfiguración del Señor
En
verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor, después de anunciar su muerte a
los discípulos,
les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para
testimoniar, de
acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de
la
resurrección.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la
tierra te aclamamos
diciendo sin cesar:
Antífona de la Comunión
Este es mi Hijo amado, en quien me complazco: escúchenlo.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el
Cuerpo glorioso
de tu Hijo, nos permites participar ya, desde este mundo, de los
bienes eternos
de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
CUARESMA. SEGUNDO DOMINGO
DEL TABOR AL CALVARIO
- Lo que importa es estar siempre con Jesús. Él nos da la ayuda necesaria para seguir adelante.
- Fomentar con frecuencia, y especialmente en los momentos más difíciles, la esperanza del Cielo.
- El Señor no se separa de nosotros. Actualizar esa presencia de Dios.
I. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro, rezamos en la Antífona de entrada de la Misade hoy (1). El Evangelio nos cuenta lo que sucedió en el Tabor. Poco antesJesús había declarado a sus discípulos, en Cesarea de Filipo, que iba a sufrir y padecer en Jerusalén, a morir a manos de los príncipes de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas. Los Apóstoles habían quedado sobrecogidos y entristecidos por este anuncio. Ahora, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte (2), para orar (3). Sonlos tres discípulos que serán testigos de su agonía en el huerto de los Olivos. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente (4). Y le ven conversar con Elías y Moisés, queaparecían gloriosos y le hablaban de su muerte, que había de cumplirse enJerusalén (5).
Seis días llevaban los Apóstoles entristecidos por la predicación de Cesarea de Filipo. La ternura de Jesús hace que ahora contemplen su glorificación. San León Magno dice que “el principal fin de la transfiguración eradesterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz” (6). Nunca olvidarían los Apóstoles esta “gota de miel” que Jesús les daba en medio de suamargura. Muchos años más tarde San Pedro tiene perfectamente nítido estos momentos: ... cuando desde aquella extraordinaria gloria se le hizo llegar esta voz: Éste es mi Hijo querido, en quien me complazco. Esta voz, enviada del cielo, la oímos nosotros estando con Él en el monte santo (7). ElApóstol lo recordaría hasta el final de sus días.
Siempre hace así Jesús con los suyos. En medio de los mayores padecimientos da el consuelo necesario para seguir adelante.
Este destello de la gloria divina transportó a los Apóstoles a una inmensa felicidad, que hace exclamar a San Pedro: Señor, ¡bueno es permanecer aquí! Hagamos tres tiendas... Pedro quiere alargar aquella situación. Pero, como dirá más adelante el Evangelista, no sabía lo que decía; porquelo bueno, lo que importa, no es hallarse aquí o allí, sino estar siempre conJesús, en cualquier parte, y verle detrás de las circunstancias en que noshallamos. Si estamos con Él, es igual que nos encontremos en medio de losmayores consuelos del mundo, o en la cama de un hospital entre doloresindecibles. Lo que importa es sólo eso: verle y vivir siempre con Él. Es loúnico verdaderamente bueno e importante en esta vida y en la otra. Si permanecemos con Jesús, estaremos muy cerca de los demás y seremos felices, sea cual sea nuestro lugar y la situación en que nos encontremos. Vultum tuum, Domine, requiram: Deseo verte y buscaré tu rostro, Señor, enlas circunstancias ordinarias de mi jornada.
II. San Beda, comentando el pasaje del Evangelio de la Misa, dice queel Señor, “en una piadosa permisión, les permitió (a Pedro, a Santiago y aJuan) gozar durante un tiempo muy corto la contemplación de la felicidadque dura siempre, para hacerles sobrellevar con mayor fortaleza la adversidad” (8). El recuerdo de aquellos momentos junto al Señor en el monte fuesin duda una gran ayuda en tantas situaciones difíciles de la vida de estostres Apóstoles.
La existencia de los hombres es un caminar hacia el Cielo, nuestra morada (9). Caminar en ocasiones áspero y dificultoso, porque con frecuencia hemos de ir contra corriente y tendremos que luchar con muchos enemigosde dentro de nosotros mismos y de fuera. Pero quiere el Señor confortarnos con la esperanza del Cielo, de modo especial en los momentos más duros o cuando la flaqueza de nuestra condición se hace más patente: “A lahora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomentala virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad” (10). Allí “todo esreposo, alegría y regocijo; todo serenidad y calma, todo paz, resplandor yluz. Y no luz como ésta de que gozamos ahora y que, comparada con aquélla, no pasa de ser como una lámpara junto al sol... Porque allí no hay noche, ni tarde, ni frío, ni calor, ni mudanza alguna en el modo de ser, sinoun estado tal que sólo lo entienden quienes son dignos de gozarlo. No hayallí vejez, ni achaques, ni nada que semeje corrupción, porque es el lugar yaposento de la gloria inmortal...
“Y por encima de todo ello, el trato y goce sempiterno de Cristo, delos ángeles..., todos perpetuamente en un sentir común, sin temor a Satanás ni a las asechanzas del demonio ni a las amenazas del infierno o de lamuerte” (11).
Nuestra vida en el Cielo estará definitivamente exenta de todo posibletemor. No sufriremos la inquietud de perder lo que tenemos, ni desearemos tener algo distinto. Entonces verdaderamente podremos decir con SanPedro: Señor, ¡qué bien estamos aquí! El atisbo de gloria que tuvo el Apóstol lo tendremos en plenitud en la vida eterna. “Vamos a pensar lo que seráel Cielo. Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuálescosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imagináis qué serállegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amorque se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me preguntomuchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, todala maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso se barro que soyyo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello delApóstol: ni ojo vio, ni oído oyó... Vale la pena, hijos míos, vale la pena” (12).
El pensamiento de la gloria que nos espera debe espolearnos en nuestra lucha diaria. Nada vale tanto como ganar el cielo. “Y con ir siempre conesta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, sios llevare el Señaor con alguna sed en esta vida, daros ha de beber contoda abundancia en la otra y sin temor de que os haya de faltar” (13).
III. Una nube los envolvió enseguida (14). Recuerda a aquella otra queacompañaba a la presencia de Dios en el Antiguo Testamento: La nube envolvió el tabernáculo de la reunión y la gloria de Yahvé llenaba todo el lugar (15). Era la señal que garantizaba las intervenciones divinas: Yahvé dijo aMoisés: Yo vendré a ti en una nube densa, para que vea el pueblo que yohablo contigo y tengan siempre fe en ti (16). Esa nube envuelve ahora en elTabor a Cristo y de ella surge la voz poderosa de Dios Padre: Este es miHijo, el Amado, escuchadle a él. Y Dios Padre habla a través de Jesucristo a todos los hombres de todos los tiempos. Su voz se oye en cada época, de modo singular a travésde la enseñanza de la Iglesia, que “busca continuamente los caminos paraacercar este misterio de su Maestro y Señor al género humano: a los pueblos, a las naciones, a las generaciones que se van sucediendo, a todo hombre en particular” (17).
Al alzar sus ojos no vieron a nadie sino sólo a Jesús (18). Y no estabanElías y Moisés. Sólo ven al Señor. Al Jesús de siempre, que en ocasionespasa hambre, que se cansa, que se esfuerza para ser comprendido... A Jesús, sin especiales manifestaciones gloriosas. Lo normal para los Apóstolesfue ver al Señor así, lo excepcional fue verlo transfigurado.
A este Jesús debemos encontrar nosotros en nuestra vida ordinaria, en medio del trabajo, en la calle, en quienes nos rodean, en la oración, cuando perdona, en el sacramento de la Penitencia, y, sobre todo, en la Sagrada Eucaristía, donde se encuentra verdadera, real y sustancialmente presente. Pero normalmente no se nos muestra con particulares manifestaciones. Más aún, hemos de aprender a descubrir al Señor detrás de lo ordinario, de lo corriente, huyendo de la tentación de desear lo extraordinario.
Nunca debemos olvidar que aquel Jesús con el que estuvieron en elmonte Tabor aquellos tres privilegiados es el mismo que está junto a nosotros cada día. “Cuando Dios os concede la gracia de sentir su presencia ydesea que le habléis como al amigo más querido, exponedle vuestros sentimientos con toda libertad y confianza. Se anticipa a darse a conocer a losque le anhelan (Sab 6, 14). Sin esperar a que os acerquéis a Él, se anticipacuando deseáis su amor, y se os presenta, concediéndoos las gracias y remedios que necesitáis. Sólo espera de vosotros una palabra para demostraros que está a vuestro lado y dispuesto a escucharos y consolaros: Sus oídos están atentos a la oración (Sal 33, 16) (...).
“Los demás amigos, los del mundo, tienen horas que pasan conversando juntos y horas en que están separados; pero entre Dios y vosotros, si queréis, jamás habrá una hora de separación” (19).
¿No será nuestra vida distinta en esta Cuaresma, y siempre, si actualizáramos más frecuentemente esa presencia divina en lo habitual de cadadía, si procuráramos decir más jaculatorias, más actos de amor y de desagravio, más comuniones espirituales...? “Para tu examen diario: ¿he dejadopasar alguna hora, sin hablar con mi Padre Dios?... ¿He conversado con Él, con amor de hijo? -¡Puedes!” (20).
(1) Antífona de entrada. Sal 26, 8-9.- (2) Cfr. Mc 9, 2.- (3) Cfr. Lc 9, 28.- (4) Lc 9, 29.- (5) Cfr. Lc 9, 31.- (6) SAN LEON MAGNO, Sermón, 51, 3.- (7) 2 Pdr 1, 17-18.- (8) SAN BEDA, Comentario sobre San Marcos 8, 30; 1, 3.- (9) Cfr. 2 Cor, 5, 2.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 139.- (11) SAN JUAN CRISOSTOMO, Epístola 10 Teodoro, 11.- (12) J. ESCRIVA DE BALAGUER, en Hoja informativa n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5.- (13) SANTA TERESA, Camino de perfección, 20, 2.- (14) Cfr. Mc 9, 7.- (15) Ex 40, 34-35.- (16) Ex 19, 9.- (17) JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis, 7.- (18) Mt 17, 8.- (19) S. ALFONSO M0 DE LIGORIO, Cómo conversar continua y familiarmente con Dios, Ed. Crítica, Roma 1933, 63.- (20) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 657.
5º DOMINGO DE SAN JOSÉ
24. DOLORES Y GOZOS (II)
- Huida a Egipto.
- La vuelta a Nazaret.
- Jesús perdido y hallado en el Templo.
I. Un día, instalada ya probablemente en una casa modesta de Belén, la Sagrada Familia recibió la inesperada y sorprendente visita de los Magos, con sus dones de homenaje al Niño Dios. Pero enseguida, después que se marcharon estos ilustres personajes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (1).
A la gran alegría de la visita de aquellos hombres importantes, siguió el abandono de la casa recién instalada y de la pequeña clientela que ya tendría José en Belén, el dirigirse a un país extraño y desconocido para él y, sobre todo, el temor a Herodes, que buscaba al Niño para matarlo. Una vez más, la claridad y la penumbra en que Dios deja tantas veces a los que elige: junto a unas alegrías que no tienen comparación posible, sufrimientos grandes. Dios no quiere a los suyos lejos de la alegría ni tampoco de la Cruz (2). El Señor, «amador de los hombres -señala San Juan Crisóstomo al comentar este pasaje-, mezclaba trabajos y dulzuras, estilo que Él sigue con todos los santos. Ni los peligros ni los consuelos nos los da continuos, sino que de unos y otros va Él entretejiendo la vida de los justos. Tal hizo con José» (3).
La Sagrada Familia se puso en camino enseguida, como había dicho el ángel, y llevarían lo indispensable para el camino. «Porque José era pobre, le fue fácil partir a la primera señal. ¡Su fortuna no era para él ningún obstáculo! Ninguna clase de impedimenta, habrían dicho los latinos. Empuña su bastón de viaje, su humilde montura -la que le asigna la tradición: un burro- y en ella se va sin más con María y el Niño Dios. Pasará inadvertido por esa misma pobreza. Y porque José, además de su pobreza, practica la humildad y la obediencia en sus más altos grados, obedece sin retrasos y sin queja a las órdenes celestiales» (4).
Mientras tanto, muchos niños menores de dos años de toda aquella comarca dieron su vida por Jesús, sin saberlo. Este martirio les abrió enseguida las puertas del Cielo y gozan ahora de una felicidad eterna contemplando a la Sagrada Familia. Sus madres fueron santificadas por el dolor que sufrieron en sus almas, y se convirtió para ellas en instrumento de salvación.
San José, con esfuerzo grande, quizá en los comienzos sin saber si tendría con qué alimentar a la Sagrada Familia al día siguiente, hubo de reconstruir de nuevo su hogar. Después de un tiempo, encontraría una estabilidad, pues pondría todos los medios humanos a su alcance para que así fuera. A pesar de encontrarse en tierra extraña, aquel tiempo, quizá años, José tuvo el gozo y la alegría de la convivencia con Jesús y María, que tendría presente el resto de sus días. Quizá más tarde, de nuevo en Nazaret, recordarían aquella época como «los años de Egipto» y hablarían de las preocupaciones y sufrimientos del viaje y de los primeros meses, pero también de la paz que gozaron ellos, los padres, al ver a Jesús que crecía y aprendía las primeras oraciones de sus labios.
Jesús aparece junto a la Cruz desde los comienzos, y, con Él, las personas que más amaba y quienes más le amaban, María y José. El Santo Patriarca sufrió, pero no se impacientó ante esos planes divinos difíciles de entender; tampoco nosotros «debemos sorprendernos demasiado por la contradicción, el dolor o la injusticia, ni tampoco perder por ello la serenidad. Todo está previsto» (5).
II. La Sagrada Familia permaneció en Egipto hasta la muerte de Herodes (6). Muerto Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a tierra de Israel; pues han muerto ya los que atentaban contra la vida del niño (7). Así lo hizo José; pero «en las diversas circunstancias de su vida, el Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Al contrario: coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana. Cuando vuelve de Egipto oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá (Mt 2, 22). Ha aprendido a moverse dentro del plan divino y, como confirmación de que efectivamente Dios quiere eso que él entrevé, recibe la indicación de retirarse a Galilea» (8). Y se fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret... (9).
José levanta una vez más su hogar y pretende dirigirse a Judea, con toda probabilidad a Belén, de donde partieron para Egipto. Pero Dios Padre tampoco en esta ocasión quiso ahorrar las dificultades, el miedo, a los que más quería en la tierra. Por el camino debió de enterarse José de que Arquelao, que tenía la misma fama de ambición y de crueldad que su padre, reinaba en Judea. Y él llevaba un tesoro demasiado valioso para exponerlo a cualquier peligro, y temió ir allá. Mientras reflexionaba dónde sería más conveniente para Jesús instalarse -siempre es Jesús lo que motiva las decisiones de su vida- fue avisado en sueños y marchó a la región de Galilea. En Nazaret encontró antiguos amigos y parientes, se adaptó a una nueva tierra, la suya, y vivió con Jesús y María unos años de felicidad y de paz.
Nosotros pedimos a María y a José que, para amar más a Dios, sepamos aprovechar las contrariedades y dificultades que la vida lleva consigo y que no nos desconcertemos si, por querer seguir al Señor un poco más de cerca, nos sentimos a veces más próximos a la Cruz, como una bendición y signo de predilección divina. «Oh Virgen bendita, que supiste aprovecharte tan bien de tu permanencia en tierra extranjera, ayúdanos a servirnos bien de la nuestra en este valle de lágrimas! Que a ejemplo tuyo ofrezcamos a Dios nuestros trabajos, molestias y dolores para que Jesucristo reine más íntimamente en nuestras almas y en las almas de nuestros prójimos» (10). A San José le pedimos que nos haga fuertes en las dificultades, mirando siempre a Jesús, que también está muy cerca de nosotros. Él será nuestra fuerza.
III. En el último dolor y gozo contemplamos a Jesús perdido y hallado en el Templo.
Estaba prescrito en la Ley que todos los israelitas debían realizar una peregrinación al Templo de Jerusalén en las tres fiestas principales: Pascua, Pentecostés y los Tabernáculos. Esta prescripción obligaba a partir de los doce años. Cuando se vivía a más de una jornada de camino, bastaba con que acudieran en una de ellas. La Ley nada decía de las mujeres, pero la costumbre era que acompañasen al marido. María y José, como buenos israelitas, iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años subió a Jerusalén con sus padres (11). Para el viaje, cuando se tardaba más de una jornada, se reunían varias familias y hacían juntos el camino. Nazaret distaba cuatro o cinco jornadas de Jerusalén.
Una vez terminada la fiesta, que duraba una semana, las pequeñas caravanas se volvían a reunir en las afueras de la ciudad y emprendían el regreso. Los hombres iban en una, y las mujeres formaban otra; los niños hacían el camino indistintamente con una u otra. Hombres y mujeres se reunían al anochecer para la comida de la tarde.
Cuando María y José se reunieron al finalizarla primera etapa del viaje, notaron enseguida la ausencia de Jesús. Al principio creyeron que iba en algún otro grupo, y se pusieron a buscarle. ¡Nadie había visto a Jesús durante el viaje! La siguiente jornada, entera, la pasaron indagando sobre el Niño: hicieron un día de camino buscándolo entre parientes y conocidos. «Nadie tenía la menor noticia! María y José estaban con el corazón encogido, llenos de angustia y de dolor. ¿Qué podía haber ocurrido? Aquella noche antes de volver a Jerusalén debió de ser terrible para ellos. Al día siguiente, muy temprano, regresaron a Jerusalén, y allí preguntaron por todas partes. ¿Dónde estaba Jesús? ¿Qué había ocurrido? Preguntan, describen a su hijo, pero nadie sabe nada. «Prosiguen su búsqueda -él con el rostro contraído, ella curvada por el dolor-, enseñando a las generaciones futuras cómo hay que comportarse cuando se tiene la desgracia de perder a Jesús» (12).
Quizá lo peor de todo fue el aparente silencio de Dios. Ella, la Virgen, era la preferida de Dios; él, José, había sido escogido para velar por ambos y tenía, también, experiencias de la intervención de Dios en los asuntos de los hombres. ¿Cómo, al cabo de dos días de clamar al Cielo, de buscar incesantemente y cada vez con mayor ansiedad, el Cielo permanecía mudo a sus súplicas y a sus sufrimientos? (13). A veces Dios calla en nuestra vida, parece que lo hemos perdido. Unas veces, por nuestra culpa; otras, parece que Él se esconde para que le busquemos. «Jesús: que nunca más te pierda...» (14), le decimos en la intimidad de nuestro corazón.
Al tercer día, cuando parecían agotadas ya todas las posibilidades, encontraron a Jesús. Imaginemos el gozo que inundaría las almas de María y de José, sus rostros resplandecientes al volver a casa con el autor de la alegría, con el mismo Dios, que se había perdido y que acababan de encontrar. Llevarían al Niño en medio de los dos, como temiendo perderle de nuevo; o, al menos -si no temían perderle-, queriendo gozar más de su presencia, de la que durante tres jornadas habían estado privados: tres días que les habían parecido siglos por la amargura del dolor.
«Jesús: que nunca más te pierda...». A San José le pedimos que nunca perdamos a Jesús por el pecado, que no se oscurezca nuestra mirada por la tibieza, para tener claro su amable rostro. Le pedimos que nos enseñe a buscarlo con todas las fuerzas -como lo único necesario- si alguna vez tenemos la desgracia de perderlo.
(1) Mt 2, 13.- (2) Cfr. SAGRADA BIBLIA, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Mt 2, 14.- (3) SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 8.- (4) L. CRISTIANI, San José, Patrón de la Iglesia universal, p. 78.- (5) F. SUAREZ, José, esposo de María, p. 168.- (6) Mt 2, 14.- (7) Mt 2, 19.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 42.- (9) Mt 2, 23.- (10) A. TANQUEREY, La divinización del sufrimiento, p. 120.- (11) Cfr. Lc 2, 41-42.- (12) M. GASNIER, Los silencios de San José, p. 129.- (13) Cfr. F. SUAREZ, o. c. , p. 190.- (14) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, quinto misterio gozoso.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

La Beata Antonia nació en Florencia en el año 1401. Fue una mujer que quedó viuda de joven y de las primeras religiosas que se consagró a Dios en el convento de las Hermanas Terciarias Regulares de San Francisco de Asís en Florencia (Italia), pese a la oposición de su familia que quería casarla de nuevo.
En 1430, un año después de entrar al claustro, se le nombró superiora del convento de Santa Ana en Foligno, y después de tres años, fue enviada al convento de Santa Isabel en Aquila. Aquí tuvo como director espiritual a San Juan de Capistrano, quien, junto con San Bernardino de Siena, promovía la llamada “observancia” de San Francisco de Asís.
Antonia sentía la urgencia de una regla más estricta para vivir la pobreza y la caridad. Por ello San Juan Capistrano, con la aprobación del Papa Nicolás V, le cedió el monasterio de Corpus Christi, que otra orden acababa de construir.
Allí la Beata se retiró con once de sus religiosas en 1447 para practicar la regla original de Santa Clara de Asís, en todo su rigor. San Juan de Capistrano le encomendó la dirección del monasterio para que fuera modelo del nuevo espíritu “observante” también en la Segunda Orden, rama femenina franciscana.
Por muchos años fue superiora modelo, reformadora de las costumbres, ejemplo de virtudes y de obediencia. Durante 15 años tuvo que soportar una dolorosa enfermedad, además de una multitud de severas pruebas espirituales.
Falleció a los 71 años el 28 de febrero de 1472. La ciudad de Aquila la veneró como santa desde su muerte y su culto fue confirmado en 1847.
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San Leandro
Arzobispo
(año 600)
Leandro significa: hombre con fuerza de león. (Le = león, Andro = fuerza).
San Leandro se ha hecho famoso porque fue el que logró que se convirtieran al catolicismo las tribus de visigodos que invadieron a España y el que logró que su rey se hiciera un fervoroso creyente.
Su madre era hija Teodorico, rey de los Ostrogodos, que invadieron a Italia. Tuvo tres hermanos santos. San Fulgencio, obispo de Ecija. San Isidoro, que fue el sucesor de Leandro en el arzobispado de Sevilla, y Santa Florentina.
Desde niño se distinguió Leandro por su facilidad para hablar en público y por la enrome simpatía de su personalidad. Siendo muy joven entró de monje a un convento de Sevilla y se dedicó a la oración, al estudio ya la meditación.
Cuando murió el obispo de Sevilla, el pueblo y los sacerdotes lo eligieron a él para que lo reemplazara. Desde entonces Leandro se dedicó por completo a convertir a los arrianos, esos herejes que negaban que Jesucristo es Dios. El rey de los visigodos, Leovigildo, era arriano, pero San Leandro obtuvo que el hijo del rey, San Hermenegildo, se hiciera católico. Esto disgustó enormemente al arriano Leovigildo, el cual mandó matar a Hermenegildo. El joven heredero del trono prefirió la muerte antes que renunciar a su verdadera religión y murió mártir. La Iglesia lo ha declarado santo. La conversión de Hermenegildo fue un fruto de las oraciones y de las enseñanzas de San Leandro.
Leandro fue enviado con una embajada o delegación a Constantinopla y allá trabó amistad con San Gregorio Magno, que era embajador del Sumo Pontífice. Desde entonces estos dos grandes santos y sabios tuvieron una gran amistad que fue de mucho provecho para el uno y el otro. Se escribían, se consultaban y se aconsejaban frecuentemente. Y se cumplió lo que dice la Sagrada Escritura: "Encontrar un buen amigo, es mejor que encontrar un tesoro".
El rey desterró al obispo Leandro por haber convertido a Hermenegildo al catolicismo. Y el santo aprovechó el destierro para escribir dos libros contra el arrianismo, probando que Jesucristo sí es verdadero Dios y que los herejes que dicen que Cristo no es Dios, están totalmente equivocados.
El rey Leovigildo estando moribundo se dio cuenta de la injusticia que había hecho al desterrar a Leandro y lo mandó volver de España y antes de morir le recomendó que se encargara de la educación de su hijo y nuevo rey de España, Recaredo. Y esto fue algo providencial, porque el santo obispo se dedicó a instruir sumamente bien en la religión a Recaredo y lo hizo un gran católico. Y luego San Leandro demostró tal sabiduría en sus discusiones con los jefes arrianos que logró convertirlos al catolicismo. Y así toda España se hizo católica: El rey Recaredo , sus ministros y gobernadores y los jefes de los arrianos. El que más alegría sintió por esto fue el Sumo Pontífice San Gregorio Magno, el cual envió a San Leandro una carta de felicitación y lo nombró Arzobispo.
San Leandro reunió a todos los obispos de España en un Concilio en Toledo y allí dictaron leyes sumamente sabias para obtener la santificación de los sacerdotes, y el buen comportamiento de los fieles católicos. Para recordarle a la gente que Jesucristo es Dios como el Padre y el Espíritu Santo, mandó este buen arzobispo que en la Santa Misa se recitara el Credo que ahora se dice en las Misas de los domingos (costumbre que después siguió la Iglesia católica en todo el mundo).
Dios, a las personas que quiere hacer llegar a mayor santidad las hace sufrir más, para que ganen más premios en el cielo. San Leandro sufrió de muchas enfermedades con gran paciencia. Y uno de los males que más lo atormentó fue la gota, en las piernas (o inflamación dolorosa de las articulaciones por cristalización del ácido úrico). El Papa San Gregorio, que también sufría de ese mismo mal, le escribió diciéndole: "Dichosa enfermedad que nos hace ganar méritos para el cielo y al obligarnos a estar quietos nos brinda la ocasión de dedicarnos más al estudio y a la oración".
San Leandro murió en el año 596 y España lo ha considerado siempre como un gran benefactor y como Doctor de la Iglesia.
San Leandro bendito: que también los gobernantes de ahora se conviertan como tu discípulo Recaredo, en fervientes católicos. Amen.
Quien aparta a un pecador de su mal camino, asegura su propia salvación (Apóstol Santiago)
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Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Hilario, Santo XLVI
Papa, 28 (29) de
febrero
Febrero 28 (Febrero 29 en años bisiestos)
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Fuente:
Magnificat.ca
Román, Santo Abad, 28
Febrero
Son escasas las noticias que han llegado hasta
nosotros de este ilustre ermitaño y célebre fundador de
Monasterios, sobre todo de su juventud y formación
intelectual. Parece que apenas tenía estudios pero sí
gozaba de una sabiduría e inteligencia nada comunes y
que en su hogar familiar había recibido una esmerada
educación cristiana que, a pesar de las no pocas
dificultades por las que el trajín de la vida le
arrastró, jamás llegó a olvidar. |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
LaVerdadCatolica.org
Daniel Brottier, Beato
Sacerdote, 28
Febrero
Nació en La Ferté Saint-Cyr (Francia), su
biógrafo no escribió datos de su familia y su niñez,
sólo se tienen datos biográficos a partir de su ingreso
en el seminario diocesano y al ser ordenado sacerdote de
la Congregación del Espíritu Santo. |
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Fuente:
Franciscanos.org
Timoteo Trojanowski,
Beato Mártir, 28
Febrero
1908 - 1942 |
|
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Carlo Gnocchi, Beato Presbítero y Fundador, 28 de febrero
Presbítero
y Fundador Cuando comas un ñoqui, reza “Don Gnocchi (se pronuncia igual), ruega por nosotros” Fecha de beatificación: 25 de octubre de 2009 en la Plaza del Duomo de Milán (Italia). Durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI
Carlo Gnocchi nació en San Colombano al
Lambro, en Milán, Italia, el 25 de octubre de 1902 fue
un sacerdote italiano, creador de la "Fondazione Pro
Juventute" (actual Obra Don Gnocchi), que ayuda a los
niños con discapacidad múltiple. Para bajar las películas, hacer clic en SAVE y luego en DOWNLOAD |
PELICULA FATHER OF MERCY P.1 ESPAÑOL
http://gloria.tv/?media=336177
PELICULA FATHER OF MERCY P.2 ESPAÑOL
PELICULA FATHER OF MERCY P.4 ESPAÑOL
J†A
JMJ
Pax
Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 14-21
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a
Nicodemo:
"Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el
desierto, el
Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo
el que crea en
él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que
todo el que crea
en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su
Hijo al mundo
para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree
en él no será
condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está
condenado, por no
haber creído en el Hijo único de Dios.
El motivo de está condenación está en que la luz vino al mundo,
pero los
hombres prefirieron la oscuridad a la luz, porque su conducta
era mala. Todo el
que obra mal detesta la luz y la rehúye por medio a que su
conducta quede
descubierta. Sin embargo, aquel que actúa conforme a la verdad,
se acerca a la
luz, para que se vea que toda su conducta está inspirada por
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
4o. Dom de cuaresma Ciclo B
Antífona de Entrada
Alégrate Jerusalén, y todos los que la aman, reúnanse. Regocíjense con ella todos los que participan de su duelo y quedarán saciados con la abundancia de sus consuelos.
No se dice "Gloria".
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que has reconciliado contigo a la humanidad entera
por medio de
tu Hijo, concede al pueblo cristiano prepararse con fe viva y
entrega generosa
a celebrar las fiestas de la Pascua.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
La ira del Señor desterró a su pueblo; su misericordia lo liberó
Lectura del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16.19-23
En
aquellos días, todos los
sumos sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las
abominaciones
idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el
Señor se había
consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus antepasados, en
su afán de salvar
a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros. Pero
se burlaron de
ellos, menospreciaron sus palabras, y se mofaron de sus
profetas, colmando así
la ira del Señor contra su pueblo, hasta el punto que ya no hubo
remedio.
El templo del Señor fue consumido por las llamas, las murallas
fueron
demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos
preciosos destruidos.
Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de
la espada, los
cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta que
se estableció el
imperio persa. Así se cumplió la palabra del Señor pronunciada
por Jeremías:
"La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que
recupere sus
años de descanso sabático".
El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la
profecía de
Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia,
que publicó de
palabra y por escrito por todo su reino este edicto:
"Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha
dado todos
los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un
templo en Jerusalén
de Judá. Los que de entre ustedes pertenezcan a su pueblo, que
regresen, y que
el Señor su Dios esté con ellos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 136, 1-2.34.5.6
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Junto
a los ríos de Babilonia
nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión; en los sauces de
la orilla
colgábamos nuestras cítaras.
Tu recuerdo, Señor, es mi
alegría.
Los
que allí nos deportaron nos
pedían canciones, y nuestros opresores, alegría: "Canten para
nosotros una
canción Sión".
Tu recuerdo, Señor, es mi
alegría.
¿Cómo
cantar una canción al
Señor en tierra extrajera? Si me olvido de ti, Jerusalén, que se
me seque la
mano derecha.
Tu recuerdo, Señor, es mi
alegría.
Que
se me pegue la lengua al
paladar, si no me acuerdo de ti, si tú no eres, Jerusalén, mi
mayor alegría.
Tu recuerdo, Señor, es mi
alegría.
Segunda Lectura
Muertos por los pecados, ustedes han sido salvados por la gracia
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10
Hermanos:
Dios, que es rico en
misericordia y nos tiene un inmenso amor, aunque estábamos
muertos por nuestros
pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo -¡por pura gracia
han sido
salvados!-, nos resucitó y nos sentó junto a Cristo Jesús en el
cielo. De este
modo quiso mostrar a los siglos venideros la inmensa riqueza de
su gracia, por
la bondad que nos manifiesta en Cristo Jesús.
Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe; y
esto no es algo
que venga de ustedes, sino que es un don de Dios; no viene de
las obras, para
que nadie pueda enorgullecerse. Somos hechura de Dios, creados
en Cristo Jesús
para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano
como norma de conducta.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para
que todo el que
crea en él tenga vida eterna.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Evangelio
Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 14-21
Gloria a ti, Señor.
En
aquel tiempo dijo Jesús a
Nicodemo:
"Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el
desierto, el Hijo
del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que
crea en él
tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que
todo el que crea
en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su
Hijo al mundo
para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree
en él no será
condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está
condenado, por no
haber creído en el Hijo único de Dios.
El motivo de está condenación está en que la luz vino al mundo,
pero los
hombres prefirieron la oscuridad a la luz, porque su conducta
era mala. Todo el
que obra mal detesta la luz y la rehúye por medio a que su
conducta quede
descubierta. Sin embargo, aquel que actúa conforme a la verdad,
se acerca a la
luz, para que se vea que toda su conducta está inspirada por
Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas al Señor, que no desea la muerte del
pecador, sino
que se convierta y viva y, pidámosle que tenga misericordia de
su pueblo
penitente:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Para
que Dios aumente la fe y
fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos
días
cuaresmales el sacramento de la penitencia, y les conceda un
verdadero
arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que el Señor abra la
inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que
lleguen al
conocimiento de la verdad, y en la fe encuentren aquel descanso
que tanto desea
su corazón, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que Dios conceda su ayuda a
los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a
todos aquellos
que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo, roguemos
al Señor.
Señor, ten piedad.
Para
que todos nosotros
perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e
iluminados, a
las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios bueno y fiel, que nunca dejas de llamar a los que se
extravían para que se
conviertan y vuelvan a ti y, en tu Hijo elevado sobre la cruz,
nos curas de las
heridas del Maligno; escucha nuestras oraciones y concédenos tu
gracia, para
que, renovados en el espíritu, podamos corresponder a los dones
de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El camino del éxodo en el desierto cuaresmal
En
verdad es justo bendecir tu
nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro camino
hacia la luz
pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la
humanidad
reconciliada en el amor.
Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del
desierto
cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón
contrito y
humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza,
convocado para
bendecir tu nombre, escuchar tu palabra, y experimentar con gozo
tus
maravillas.
Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros
de tu gloria,
proclamamos el canto de tu alabanza:
Antífona de la Comunión
Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus del Señor, según la costumbre de Israel a celebrar el nombre del Señor.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Dios nuestro, luz que alumbra a todo ser humano que viene a este
mundo, ilumina
nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que
nuestros
pensamientos te sean agradables y te amemos con toda sinceridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
Cuaresma. Cuarto domingo
LA ALEGRÍA EN LA CRUZ
— La alegría es compatible con la mortificación y el dolor. Se le opone la tristeza, no la penitencia.
— La alegría tiene un origen espiritual, surge de un corazón que ama y se siente amado por Dios.
— Dios ama al que da con alegría.
I. Alégrate, Jerusalén; alegraos con ella todos los que la amáis, gozaos de su alegría..., rezamos en la Antífona de entrada de la Misa: Laetare, Ierusalem...1.
La alegría es una característica esencial del cristiano, y la Iglesia no deja de recordárnoslo en este tiempo litúrgico para que no olvidemos que debe estar presente en todos los momentos de nuestra vida. Existe una alegría que se pone de relieve en la esperanza del Adviento, otra viva y radiante en el tiempo de Navidad; más tarde, la alegría de estar junto a Cristo resucitado; hoy, ya avanzada la Cuaresma, meditamos la alegría de la Cruz. Es siempre el mismo gozo de estar junto a Cristo: “solo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todos nuestros pecados y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre”2.
Este domingo es tradicionalmente conocido con el nombre de Domingo “Laetare”, por la primera palabra de la Antífona de entrada. La severidad de la liturgia cuaresmal se ve interrumpida en este domingo que nos habla de alegría. Hoy está permitido que –si se dispone de ellos– los ornamentos del sacerdote sean color rosa en vez de morados3, y que pueda adornarse el altar con flores, cosa que no se hace los demás días de Cuaresma4.
La Iglesia quiere recordarnos así que la alegría es perfectamente compatible con la mortificación y el dolor. Lo que se opone a la alegría es la tristeza, no la penitencia. Viviendo con hondura este tiempo litúrgico que lleva hacia la Pasión –y por tanto hacia el dolor–, comprendemos que acercarnos a la Cruz significa también que el momento de nuestra Redención se acerca, está cada vez más próximo, y por eso la Iglesia y cada uno de sus hijos se llenan de alegría: Laetare, alégrate, Jerusalén, y alegraos con ella todos los que la amáis.
La mortificación que estaremos viviendo estos días no debe ensombrecer nuestra alegría interior, sino todo lo contrario: debe hacerla crecer, porque nuestra Redención se acerca, el derroche de amor por los hombres que es la Pasión se aproxima, el gozo de la Pascua es inminente. Por eso queremos estar muy unidos al Señor, para que también en nuestra vida se repita, una vez más, el mismo proceso: llegar, por su Pasión y su Cruz, a la gloria y a la alegría de su Resurrección.
II. Alegraos siempre en el Señor, otra vez os digo: alegraos5. Con una alegría que es equivalente a felicidad, a gozo interior, y que lógicamente también se manifiesta en el exterior de la persona.
“Como es sabido, existen diversos grados de esta “felicidad”. Su expresión más noble es la alegría o “felicidad” en sentido estricto, cuando el hombre, a nivel de sus facultades superiores, encuentra la satisfacción en la posesión de un bien conocido y amado (...). Con mayor razón conoce la alegría y felicidad espiritual cuando su espíritu entra en posesión de Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable”6. Y continúa diciendo Pablo VI: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen: es espiritual. El dinero, el “confort”, la higiene, la seguridad material, no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza, forman parte, por desgracia, de la vida de muchos”7.
El cristiano entiende perfectamente estas ideas expresadas por el Romano Pontífice. Y sabe que la alegría surge de un corazón que se siente amado por Dios y que a su vez ama con locura al Señor. Un corazón que se esfuerza además para que ese amor a Dios se traduzca en obras, porque sabe –con el refrán castellano– que “obras son amores y no buenas razones”. Un corazón que está en unión y en paz con Dios, pues, aunque se sabe pecador, acude a la fuente del perdón: Cristo en el sacramento de la Penitencia.
Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa del domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes...8. Los sufrimientos y las tribulaciones acompañan a todo hombre en la tierra, pero el sufrimiento, por sí solo, no transforma ni purifica; incluso puede ser causa de rebeldía y de desamor. Algunos cristianos se separan del Maestro cuando llegan hasta la Cruz, porque ellos esperan la felicidad puramente humana, libre de dolor y acompañada de bienes naturales.
El Señor nos pide que perdamos el miedo al dolor, a las tribulaciones, y nos unamos a Él, que nos espera en la Cruz. Nuestra alma quedará más purificada, nuestro amor más firme. Entonces comprenderemos que la alegría está muy cerca de la Cruz. Es más, que nunca seremos felices si no nos unimos a Cristo en la Cruz, y que nunca sabremos amar si a la vez no amamos el sacrificio. Esas tribulaciones, que con la sola razón parecen injustas y sin sentido, son necesarias para nuestra santidad personal y para la salvación de muchas almas. En el misterio de la corredención, nuestro dolor, unido a los sufrimientos de Cristo, adquiere un valor incomparable para toda la Iglesia y para la humanidad entera. El Señor nos hace ver, si acudimos a Él con humildad, que todo –incluso aquello que tiene menos explicación humana– concurre para el bien de los que aman a Dios9. El dolor, cuando se le da su sentido, cuando sirve para amar más, produce una íntima paz y una profunda alegría. Por eso, el Señor en muchas ocasiones bendice con la Cruz.
Así hemos de recorrer “el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma”10.
III. El cristiano se da a Dios y a los demás, se mortifica y se exige, soporta las contrariedades... y todo eso lo hace con alegría, porque entiende que esas cosas pierden mucho de su valor si las hace a regañadientes: Dios ama al que da con alegría11. No nos tiene que sorprender que la mortificación y la Penitencia nos cuesten; lo importante es que sepamos encaminarnos hacia ellas con decisión, con la alegría de agradar a Dios, que nos ve.
““¿Contento?” —Me dejó pensativo la pregunta.
“—No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente –en el corazón y en la voluntad– al saberse hijo de Dios”12. Quien se siente hijo de Dios, es lógico que experimente ese gozo interior.
La experiencia que nos transmiten los santos es unánime en este sentido. Bastaría recordar la confidencia que hace el apóstol San Pablo a los de Corinto: ... estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones13. Y conviene recordar que la vida de San Pablo no fue fácil ni cómoda: Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez14. Pues bien, con todo lo que acaba de enumerar, San Pablo es veraz cuando nos dice: estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones.
Tenemos cerca la Semana Santa y la Pascua, y por tanto el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud quedará consumado. Si alguna vez hemos tenido miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo. Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz. Además, “¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?”15.
1 Is 66, 10-11. — 2 Juan Pablo II, Alocución, 1-III-1980. — 3 Misal Romano, Ordenación General, n. 308. — 4 Caeremoniale Episcoporum, 1984, n. 48. — 5 Flp 4, 4. — 6 Pablo VI, Exhor. Apos. Guadete in Domino, 9-V-1975, I. — 7 Ibídem. — 8 Oración sobre las ofrendas, Dom. IV de Cuaresma. — 9 Cfr. Rom 8, 28. — l0 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II, 3. — 11 2 Cor 9, 7. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 61. — 13 2 Cor 7, 4. — 14 2 Cor 11, 24-27. — 15 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

Santa Matilde
Reina
Matilde significa: "valiente en la batalla"
Era descendiente del famoso guerrero Widukind e hija del duque de Westfalia. Desde niña fue educada por las monjas del convento de Erfurt y adquirió una gran piedad y una fortísima inclinación hacia la caridad para con los pobres.
Muy joven se casó con Enrique, duque de Sajonia (Alemania). Su matrimonio fue excepcionalmente feliz. Sus hijos fueron: Otón primero, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, Arzobispo de Baviera; Gernerga, esposa de un gobernante; y Eduvigis, madre del famoso rey francés, Hugo Capeto.
Su esposo Enrique obtuvo resonantes triunfos en la lucha por defender su patria, Alemania, de las invasiones de feroces extranjeros. Y él atribuía gran parte de sus victorias a las oraciones de su santa esposa Matilde.
Enrique fue nombrado rey, y Matilde al convertirse en reina no dejó sus modos humildes y piadosos de vivir. En el palacio real más parecía una buena mamá que una reina, y en su piedad se asemejaba más a una religiosa que a una mujer de mundo. Ninguno de los que acudían a ella en busca de ayuda se iba sin ser atendido.
Era extraordinariamente generosa en repartir limosnas a los pobres. Su esposo casi nunca le pedía cuentas de los gastos que ella hacía, porque estaba convencido de que todo lo repartía a los más necesitados. Tampoco se disgustaba por las frecuentes prácticas de piedad a que ella se dedicaba, la veía tan bondadosa y tan fiel que estaba convencido de que Dios estaba contento de su santo comportamiento.
Después de 23 años de matrimonio quedó viuda, al morir su esposo Enrique. Cuando supo la noticia de que él había muerto repentinamente de un derrame cerebral, ella estaba en el templo orando. Inmediatamente se arrodilló ante el Santísimo Sacramento y ofreció a Dios su inmensa pena y mandó llamar a un sacerdote para que celebrara una misa por el descanso eterno del difunto. Terminada la misa, se quitó todas sus joyas y las dejó como un obsequio ante el altar, ofreciendo a Dios el sacrificio de no volver a emplear joyas nunca más.
Su hijo Otón primero fue elegido emperador, pero el otro hermano Enrique, deseaba también ser jefe y se declaró en revolución. Otón creyó que Matilde estaba de parte de Enrique y la expulsó del palacio. Ella se fue a un convento a orar para que sus dos hijos hicieran las paces. Y lo consiguió. Enrique fue nombrado Duque de Baviera y firmó la paz con Otón. Pero entonces a los dos se les ocurrió que todo ese dinero que Matilde afirmaba que había gastado en los pobres, lo tenía guardado. Y la sometieron a pesquisas humillantes. Pero no lograron encontrar ningún dinero. Ella decía con humor: "Es verdad que se unieron contra mí, pero por lo menos se unieron".
Y sucedió que a Enrique y a Otón empezó a irles muy mal y comenzaron a sucederles cosas muy desagradables. Entonces se dieron cuenta de que su gran error había sido tratar tan mal a su santa madre. Y fueron y le pidieron humildemente perdón y la llevaron otra vez a palacio y le concedieron amplia libertad para que siguiera repartiendo limosnas a cuantos le pidieran.
Ella los perdonó gustosamente. Y le avisó a Enrique que se preparara a bien morir porque le quedaba poco tiempo de vida. Y así le sucedió.
Otón adquirió tan grande veneración y tan plena confianza con su santa madre, que cuando se fue a Roma a que el Sumo Pontífice lo coronara emperador, la dejó a ella encargada del gobierno de Alemania.
Sus últimos años los pasó Matilde dedicada a fundar conventos y a repartir limosnas a los pobres. Otón, que al principio la criticaba diciendo que era demasiado repartidora de limosnas, después al darse cuenta de la gran cantidad de bendiciones que se conseguían con las limosnas, le dio amplia libertad para dar sin medida. Dios devolvía siempre cien veces más.
Cuando Matilde cumplió sus 70 años se dispuso a pasar a la eternidad y repartió entre los más necesitados todo lo que tenía en sus habitaciones, y rodeada de sus hijos y de sus nietos, murió santamente el 14 de marzo del año 968.
Matilde: reina santa y generosa: haz que todas las mujeres del mundo que tienen altos puestos o bienes de fortuna, sepan compartir sus bienes con los pobres con toda la generosidad posible, para que así se ganen los premios del cielo con sus limosnas en la tierra.
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Arnaldo, Beato Abad, 14 Marzo
Abad de Santa Justina de Padua |
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Giacomo Cusmano, Beato Fundador, 14 Marzo
El Beato Giacomo Cusmano nació el día 15 de
marzo del año 1834 en la ciudad de Palermo, Italia. |